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Con todos los sentidos

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Sábado 4 de octubre, 23:00 horas.  Noche Blanca 2014: Campo de San Francisco, Oviedo. «Zapico a la carta. Música y comida improvisada. Forma Antiqva celebra 15 años». Aarón Zapico (clave), Daniel Zapico (tiorba), Pablo Zapico (guitarra barroca y archilaúd), Pedro Martino (chef de «Naguar«. Obras de Caldara, Händel, Kapsperger, José de Nebra, Purcell, D. Scarlatti y otros.

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En las antiguas instalaciones de la Escuela de Hostelería, conocida popularmente como el «Pavo Real» los hermanos Zapico quisieron celebrar sus 15 años con un concierto a la carta y música para todos los sentidos, donde el público elegía obra asociada a unos ingredientes que el cocinero Pedro Martino del afamado Restaurante «Naguar», preparaba mientras sonaban tres obras por sorteo, que los agraciados degustarían después el plato resultante ante la imposibilidad de invitarnos a todos.

Propuesta original para un evento que en el caso citado no estaba muy iluminado aunque la gente acudió de más a menos, mucho público en los dos primeros «platos», con duraciones nunca superiores a los 15 minutos para dar tiempo al cocinero, y menguando a medida que avanzaba la noche.

La carta resultó una auténtica caja de sorpresas, hubo «platos» que no salieron (curiosamente faltaron pan y huevos) más algunos que el azar hizo repetir aunque nunca sean iguales en cocina musical y gastronómica. Como recordaba entre plato y plato, funcionaba parecido a los primeros reproductores de CDs que tenían la posibilidad «Randomize» o «Shuffle» donde alterando el orden original resultaba una escucha totalmente distinta que en este caso afectaba a los propios intérpretes. Claro que Forma Antiqva en su genuina formación son capaces de realizar todas las combinaciones posibles de los mismos ingredientes para conseguir resultados siempre increíbles, tal es el dominio de las obras y el entendimiento más que fraternal entre los hermanos Zapico. Del «artista fogonero» faltó catar los productos, todos a la vista, pero el listón lo tuvo alto y era hipnotizante verle cocinar sobre la marcha en un espectáculo muy europeo por fusión, entorno y horario noctámbulo.

Tras explicar el proceso y en un ambiente festivo, casi familiar, proyectando imágenes de estos años, con amigos de los langreanos en ellas pero también entre el público, músicos de distintas formaciones y curiosos que se apuntan a todo a pesar de una noche fría y lluviosa, los regalos fueron saliendo al escenario. Primeros ingredientes Händel y su Ritorna, oh caro dolce mio tesoro asociado a una chuleta de vacuno que tenía una pinta increíble, combinada con chocolate, el Fandango de D. Scarlatti, y productos de la mar, las Diferencias sobre las folías, combinación de mar y montaña en la cocina con el toque dulce, y los manjares Zapico de su repertorio en estado puro. Un entrante realmente potente, sutil, maridaje de elementos de la tierra universales en olor, sabor (para quien lo probó), vista y oído, imposible evadirse con el chisporroteo de la sartén como si de un instrumento más se tratase… y el tacto siempre metafórico.
El siguiente plato a preparar también chocolate que se desechó para no repetir, setas de temporada con el Bayle del Gran Duque, hongos asturianos también universales como la carne que parece omnipresente y las hortalizas, crudas o preparadas, Quella Clizia innamorata (A. Caldara) con los toques personales de los distintos chefs, el culinario y los musicales, sumándose siempre plantas de la Passacaglia de Kapsperger que no pueden faltar  como el perejil de Arguiñano. Preparación y presentación de lujo, las cuerdas templadas, fraseos claros como cada ingrediente, ornamentaciones que engrandecen sabores para paladear con el oído.
Otro pase ya en la medianoche, con frío afuera y calor en el interior del «pavo», el chocolate goloso del siempre rico Fandango scarlattiano que puedes tomar solo o mojando, cítricos de nuevo con Kapsperger y las improvisaciones sobre Chaconas, más los quesos de la Xácara, maridaje casi imposible en la cocina y cercano en la tarima, maravillando la preparación y evolución de cada ingrediente musical para conformar un plato único.
El final trajo frutos secos de Purcell y su Chaconne: dance for the Chinese, unas grasas con oliva virgen, tuétano o cañamina que decimos en Asturias con ese impresionante arreglo para dúo de tiorba y archilaúd para A Dios, prenda de mi amor (J. de Nebra) antes de completar con más carne de vacuno astur para Händel, todo universal por supranacional, muestra que además de necesitar productos de primera, que siempre lo son, la cocina puede rematar o estropear la materia prima. Nuestros protagonistas representan la seguridad desde la especialidad y el conocimiento de ingredientes, preparación, presentación y placer final, música para todo los sentidos en otra apuesta por acercar el arte a todos los públicos desde la calidad y seriedad nunca reñida con la informalidad y originalidad de la oferta nocturna gastromusical.
Feliz cumpleaños a la familia Zapico, porque parece que fue ayer pero «quince años tiene mi amor» donde la trayectoria es impresionante y el futuro alentador luchando contra los elementos desde Asturias al mundo, y con la música por montera, regalándoles mi lema bloguero.

Buenos deseos pero incertidumbre

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Viernes 3 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, OSPA, Abono 1, Javier Perianes (piano), Rossen Milanov (director). Obras de Mozart, Grieg y Chaikovski (notas al programa de Ramón G. Avello en los links de los compositores).

Arranca la temporada 2014-2015 de la orquesta de todos los asturianos, primero en Gijón y a continuación Oviedo, con la Consejera de Educación, Cultura y Deporte de testigo, el búlgaro Milanov en el podio titular y el onubense Javier Perianes pianista solista que siempre aporta esos detalles que resultan diferenciadores para un programa conservador equilibrando conocido y olvidado.

Mozart es siempre traicionero porque su música es agradecida, terapéuticamente positiva pero exigente de principio a fin. La selección de la suite del ballet de Idomeneo K. 367 se redujo a dos números de los cinco, la Chaconne y el Pas à deux, con los que la OSPA pareció dar el primer aviso de que aún falta rodaje, como si de un coche fuera de punto y funcionando con tres cilindros se tratase: las secciones aunque ensambladas todavía desajustadas y el conjunto aún más (aunque los solistas siguen siendo de seguridad pasmosa), con pasajes poco claros que hacían irreconocible el sonido del motor. Desconozco si la mecánica era fruto de la conducción de Milanov o directamente la necesidad de lubricar pistones, pero no hubo entendimiento, indecisiones en entradas, dinámicas sólo en papel, y había muchas, sin ensamblarse para dejar esa sensación de tirones continuos.

El plenamente romántico Concierto para piano en la menor, op. 16 de Grieg pareció ir tomando el punto a la marcha, pero sólo la magia de Javier Perianes sacó a flote la belleza de una partitura que todos conocen. Faltó unificar el discurso entre solista y director, el instrumento piano con el instrumento orquesta, de nuevo indecisiones en las caídas entre ambos. Cierto que hay momentos donde es imposible no emocionarse y donde las intervenciones de todos llegan solas a lo más profundo, pero faltó química. El aire ligero del primer movimiento Allegro molto moderato resultó más cómodo para el piano frente al Adagio preciso para todos con claridad de líneas exhibida por un Perianes de gamas dinámicas conseguidas y que pareció contagiar a sus compañeros más que al maestro. El Allegro moderato molto e marcato volvió a evidenciar las carencias apuntadas, la orquesta detrás frente al poderío del andaluz en cada cadencia con su impronta interpretativa y la contestación en otro idioma con unos rubati mal entendidos o transmitidos por el director y matices poco cuidados por todos, lo que impidió una mejor interpretación global.

El Nocturno en do sostenido menor, Op. póstumo de Chopin fue la propina que reivindicó la calidad y calidez del pianismo de Javier Perianes en un momento de su carrera que sigue en ascenso y todavía queda recorrido, demostración de lo que Grieg pudo haber sido y no fue.

La Sinfonía nº 2 en do menor, op. 17 «Pequeña Rusia» de Chaikovski no es que se programe tanto como las tres últimas del ruso pese a ser la más cercana al alma de su pueblo por los motivos usados y una orquestación que recuerda a sus correligionarios. Con alguna cara nueva y refuerzos puntuales, la formación asturiana fue entrando en calor pese a los aires nórdicos del concierto, el cuarto cilindro al fin arrancó y el motor retomó el sonido potente al que nos tiene acostumbrados, aunque sólo en el cuarto movimiento, con un Milanov que nunca pisó a fondo aunque se dejó llevar por una partitura con demasiadas curvas tomadas casi por los atajos. Sin hacer paralelismos, está pasándome como con Alonso y Ferrari, deseo siempre lo mejor pero parece que tampoco ganará su tercer mundial, aunque los anteriores ya están en la historia. La temporada es larga, hay paréntesis «obligados» y los conductores deberán conocer y entrenar más con el coche. Los invitados previstos son de primera, pero el maridaje y entendimiento entre todos será necesario para el éxito total, ya que los parciales hacen que parte del público marche al descanso, como si una vez conocida la «pole» el resultado de la carrera volviese a deparar el resultado no deseado.

Entrevista de Javier Neira a Javier Perianes en LNE:

Pocos celos sin pasión

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Otello (Verdi). LXVII Temporada de Ópera de Oviedo. Miércoles 17 de septiembre, 20:00 horas, Casa de la Cultura de Mieres, proyección en directo desde el Teatro Campoamor. Entrada libre. Sábado 20 de septiembre, 20:00 horas, Teatro Campoamor. Entrada última hora: 15 €. Producción de la Ópera de Oviedo. Reparto: Robert Dean Smith (Otello), Juan Jesús Rodríguez (Jago), Maria Luigia Borsi (Desdémona), Mireia Pintó (Emilia), Vicenç Esteve (Cassio), Manuel de Diego (Roderigo), Stefano Palatchi (Ludovico), Damián del Castillo (Montano / Un heraldo). Dirección de escena: Bruno Berger-Gorski. Escenografía y vestuario: Barbara Bloch. Iluminación: Alfonso Malanda. Asistente a la dirección musical: Julio César Picos. Asistente a la dirección de escena: Raúl Vázquez. Coro de la Ópera de Oviedo (director: Patxi Aizpiri). Orquesta Oviedo Filarmonía. Director musial: Yves Abel.

El comunicador Patxi Poncela nos contaba media hora antes de la última representación del primer título que debíamos seguir al nutricionista verdiano y haber comenzado por Rigoletto, pues este Otello, que parece debería haberse titulado Jago, realmente era duro de roer. Sumemos unas voces protagonistas desiguales, una escenografía cutre de cartón piedra y desconchados premonitorios de lo que vendría después, un vestuario pobre y una puesta en escena de las llamadas modernas que nada aportan al entendimiento de la obra por los no iniciados (a mí me servía con cerrar los ojos, aunque mi visión en anfiteatro me hacía perder la piscina – cuadrilátero – cama de arena) hacen imposible degustar un plato que requiere el equilibrio justo aderezado con el gusto durante la cocción y «emplatamiento».

Acudía el miércoles a la proyección en pantalla gigante (sigue suspendiendo la realización y el sonido que llegó por un sólo canal) dentro de la apuesta mierense por acercar la ópera al pueblo, con la ventaja de primeros planos imposibles en el teatro y comprobar la gestualidad de los protagonistas así como una idea global del reparto. Tristemente el directo de la cuarta y última representación fue como la Ley de Murphy donde «todo lo que puede empeorar, empeorará». Parecía el tonto que acudía todos los días a la película del oeste esperando que el vaquero no entrase en la cantina sabedor que todos los días le daban una paliza.

La propia ópera de Verdi como nos recordaba el radiofonista gijonés nada es lo que parece. La divina Callas insistía en que lo importante es el último acto porque es finamente el que recordamos y levanta todo lo anterior. En Oviedo abucheos y pitos para un Otello nada creíble en ningún aspecto: no es moro, las rastas en el cogote parecieron ubicarle su voz en dicha zona y la angustia cada vez que cantaba era contagiada al público temeroso que no llegase al agudo, siempre apretado, descolocado y gritado.

Dean Smith no tiene color ni sabor para este rol que tiene mucha enjundia (qué distinto de su Tristán o el concertístico Sigmund también en Oviedo), lástima que por momentos en la media voz parecía tomar el camino correcto, pero finalmente recogió la tempestad que no descampó hasta el final. Y del personaje irreconocible, arrodillado más de la cuenta, pintado a lo Braveheart, celos supuestos e incapaz de enamorar y mucho menos convertir a una piadosa mujer cristiana. Una pena no se hubiese suicidado antes y evitásemos la injusta muerte de Desdémona.

«La Borsi» al menos puso el gusto en el canto, la credibilidad de un personaje dificilísimo de crear y cantar, perdonándole incluso el quiebro en el final de la bellísima aria del sauce (el miércoles no lo tuvo) tras crear un ambiente en el teatro de los que permiten cortar el aire. Mi enhorabuena por la pasión y entrega que mantuvo la italiana.

Triunfó Jago, «el malo de la película» interpretado por un Juan Jesús Rodríguez poderoso pero que deberá cuidarse de papeles como éste que pueden mermar su futuro. Casi impecable en su línea de canto faltando gusto en el fraseo al apostar por una dramatización sólo de volúmenes en vez de crear un personaje que actoralmente dominó y venció al resto del elenco.

La Emilia de Mirela Pintó fue de menos a más, tapada literalmente en el cuarteto ubicándola atrás, mejor en el concertante del tercer acto y final en su punto. Ya tenía ganas de volver a escucharla en escena tras el concierto con la OSPA de hace cinco años.

Seguro y en su línea la breve intervención de Lodovico Palatchi, siendo capaz de escuchársele dentro de los truenos y relámpagos vocales. Más discreto el Cassio de Vicenç Esteve que a la vista del conjunto alcanzó el aprobado rapado.

Capítulo aparte merece el «coro de Aizpiri» comprometido de principio a fin, luchando contra los elementos, algo retrasado al inicio o fuera de escena (lógico) pero asentándose todos volviendo a demostrar una profesionalidad y entrega plausible. Era difícil no gritar ante la masa sonora verdiana siempre desbocada, pero consiguieron equilibrar parte del desastre.

La Oviedo Filarmonía afrontaba una partitura con mucho que tocar pero sin mando desde el podio, pues el Maestro Abel no logró amarrar los caballos, desbocados continuamente, olvidando que también había canto en escena (qué distinto del que dirigió a la OSPA hace dos años). Los músicos en foso se limitaron a cumplir órdenes y faltó la química así como degustar lo que es una concertación que en Verdi es siempre exigente, sobre todo en este Otello casi wagneriano con permiso del respetable.

Al menos no tuve que gastar mucho dinero y las entradas baratas funcionan porque daba gusto ver casi todo ocupado, lástima que muchos comiesen este Otello convencidos que estaba al punto. Este restaurante merece platos mejor cocinados y servidos como se debe.

Celebraciones con música, por supuesto

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Viernes 19 de septiembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto Celebración Cruz Roja Española 150 Aniversario. OSPA, Coro de la Fundación P. de Asturias (maestro de coro: José Esteban García Miranda), director: Óliver Díaz. Obras de Bizet, Verdi y Wagner. Entrada por invitación.

Día de fiesta en Oviedo este 19 de septiembre desde hace años conocido como el «Día de América en Asturias» y celebración en este 2014 con Cruz Roja de su 150 aniversario (diez menos en mi tierra) que convocó en el auditorio carbayón a socios, colaboradores, personal técnico y voluntarios para festejar un cumpleaños con conocidos coros de ópera a cargo de dos formaciones asturianas tan solidarias como la propia Cruz Roja, y el maestro Díaz al frente de ambas, haciendo que el lema de esta ONG «cada vez más cerca de las personas» lo extendiésemos a la música.

Primero el vídeo y los discursos habituales de estos eventos donde no se pierde el protocolo, con la presencia y presentación del conocido periodista asturiano Juan Ramón Lucas que fue dando paso a las intervenciones de Agustín Iglesias Caunedo, alcalde de la capital, Esther Díaz, consejera de Bienestar Social y exalcaldesa langreana, y Celia Fernández, presidenta de Cruz Roja de Asturias.

Público no habitual de conciertos pero que disfrutó con la selección musical operística como no podía ser menos en la capital lírica, que está estrenando su LXVII temporada precisamente con Verdi, emparejado con Wagner al igual que en sus aniversarios todavía recientes, aunque fue Bizet y la Suite nº 1 de Carmen la que abría concierto. Independientemente de los aplausos entre números, las conocidas melodías de esta ópera tan española fueron bien «cantadas» por una OSPA y los distintos solistas bien llevados por el asturiano Óliver Díaz, algo sobreactuado gestualmente pero que contagia a todos ímpetu y gusto por las páginas líricas. Con trazo grueso y pocas sutilezas fueron sonando las hermosísimas melodías de Bizet, falto de esa unidad puede que rota ante las interrupciones de un público no muy conocedor de las normas de cortesía habituales aunque mucho más educado mientras la música sonaba, sin toses ni ruidos no deseados.

Verdi salió más centrado y homogéneo, la obertura de Nabucco prepararía este título que resultaría protagonista de la noche, dando entrada al coro cantando el «Patria oppressa» del cuarto acto de Macbeth antes del archiconocido coro de esclavos «Va pensiero» que se bisaría con participación de todos, aunque desconozco la causa de no situarlo tras su obertura. Todavía quedaba otro famoso coro, el «Vedi le Fosche» de Il Trovatore, en ambos un coro afinado, seguro en volúmenes medios y fuertes pero nuevamente corto en los graves aunque menos por la propia escritura vocal de estos conocidos fragmentos verdianos. La orquesta también quedó algo descompensada en el equilibrio entre familias, unos cellos nunca presentes o unos metales con colores no siempre homogéneos. Con todo el coro y la fragua estuvieron bien forjados por Óliver Díaz antes del último Wagner.

Foto © Marta Barbón – OSPA

En la temporada musical asturiana que comienza con paso firme, el coro dirigido por José Esteban Gª Miranda será coprotagonista en marzo nada menos que con la Orquesta del Teatro Mariinski y Valeri Gergiev al frente precisamente con Wagner (primer acto de La Walkiria y segundo de Parsifal), por lo que Los maestros cantores de Nüremberg resultaron un aperitivo para ellos, la Obertura sacó lo mejor de nuestra OSPA entregada al maestro Díaz, y la joya del «Wach auf!… Ehrt Eure deutschen Meister» el mejor colofón para esta formación coral que logró en alemán la sutileza que faltó en italiano, concertación y equilibrio para una partitura enorme.

Difícil era un regalo final optando por repetir o bisar el ya comentado «Va pensiero» participativo, tarareado, con letras inventadas tipo «Va pa’ Siero, camín de Noreña…» o ceñido al papel en algunos coralistas y músicos que compartían emociones, conocedores del simbolismo de un número coral que en Italia sigue siendo himno vigente (también en un 150 aniversario) del que carecemos en España (tal vez buceando alguna zarzuela), aunque los tiempos vayan paralelos. Tras Wagner no habría más pero el poder de comunicación y persuasión de Óliver Díaz hicieron posible el guiño popular de celebrar ideales como los de la homenajeada Cruz Roja con música de ópera.

Aún me quedaba bajar hasta la Plaza de la Catedral a disfrutar con Vuelta Abajo y Los Sabandeños, pero es otro cantar, igualmente irrepetible… la razón de escribir antes de comer y no después de cenar, aunque ya sabe quien me lee, sigue y conoce el menú de este omnívoro musical.

Prensa del sábado 20:

 

Final de verano e inicio de curso

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El verano es tiempo de descanso para muchos aunque los músicos no las tengan, pero tenemos la posibilidad de seguir comprobando su trabajo en los llamados festivales de verano que no pueden faltar en tiempos de crisis, formando parte de la necesaria oferta cultural que toda villa o ciudad debe tener, luchando contra recortes pero apostando por mantener viva esta parte tan nuestra en un turismo que también es fuente de riqueza para la región, debiendo plantearse esta industria en condiciones viendo que las astures decimonónicas están periclitadas y echando el cierre una tras otra.

Este verano 2014 mío también de crisis para el bolsillo, pues solo con los abonos de la OSPA más el conjunto para los Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano se me van nada más y nada menos que 606 € (más que un sueldo para muchos hoy en día), mis escapadas no fueron lejos, como se puede seguir desde este blog, pero quiero defenderlas por lo que suponen.

Oviedo además de una ciudad ideal para vivir lo es para los melómanos todo el año, y el llamado Festival de Verano ofertó conciertos gratuitos en entornos nada habituales, o bien con entradas asequibles, programas que buscan otros públicos, no especializados (sólo en asistir donde no se rasque el bolsillo) en un buen deseo de acercar la llamada música culta a todos. Aunque no estuve en casi ninguno me hubiese encantado estar en alguno para hacer un seguimiento a los jóvenes que dejan ya de ser promesas así como a los veteranos deleitando como en ellos se espera. Tampoco debo olvidarme de los cursos organizados en la capital por la Fundación Príncipe de Asturias y donde el alumnado tiene los conciertos como parte de su formación.

Gijón, enlazando con lo anterior, además de ser capital para la Música Antigua en julio, con cursos para alumnado que siempre aprende y conciertos con profesorado e invitados de lujo, también desde hace quince años también lo es del piano en su mes más festivo, llegando jóvenes de todo el mundo para recibir clases de un claustro internacional que también ofrece conciertos, todo capitaneado por el gijonés afincado en Estados Unidos José Ramón Méndez y su esposa Amy Gustafson, quienes rinden tributo a Jesús González Alonso, el gran concertista local fallecido en el mejor momento de su carrera pero que los que tuvimos la suerte de escucharlo permanece vivo en nuestra memoria. La maratón en la calle de los alumnos y alumnas es un espectáculo puede que único en todo el mundo. Este año también salió puntualmente de su sede en la Laboral, con lo que supone de abrir el abanico dentro del centro geográfico (el llamado ocho asturiano) que reúne la mayor oferta musical.

Y de lo cercano, siempre que puedo acudo al Festival Internacional de Música de Santander, con solera e historia y del que todos los demás ciclos estivales suelen tomar apuntes. La Plaza Porticada en los tiempos de Ataúlfo Argenta y siguientes se pasó recientemente al nuevo y gran Palacio de Festivales sin olvidar otras localidades de Cantabria que atraen con la música a melómanos, turistas y públicos jóvenes en entornos históricos, palacios rehabilitados o iglesias programando con rigor y versatilidad.

El punto final al verano lo puso el viernes 5 de septiembre mi querida OSPA con David Lockington al frente, también en mini gira asturiana que recalaba en el Nuevo Teatro de La Felguera con un programa de éxito seguro donde director y distintos maestros explicaban en lenguaje llano compositores y obras, interpretando movimientos conocidos (primero de la «Pastoral» de Beethoven, cuartos de la «Italiana» de Mendelssohn y «Nuevo Mundo» de Dvorak ), el barroco que no debemos olvidar (Vivaldi y el Concerto grosso nº 11 en re menor, op. 3 RV. 565 de «L’Estro Armonico»), otros menos (la novedosa orquestación que Jesús Rueda hace del Lavapiés de Albéniz aprovechando los recursos de la formación con auténtico derroche en la percusión), e incluso alguna novedad para mí (Aaron Jay Kernis y Musica Celestis) con la cuerda que siempre enamora y confirmar que la orquesta, aunque no al completo, con su principal director invitado suena maravillosa y entregada. La temporada promete y habrá solistas que vuelven junto a otros de fama internacional debutando en nuestra tierra.

FOTO © Marta Barbón

El curso escolar arranca tras la Festividad de la Virgen de Covadonga, Patrona de Asturias, y el pistoletazo de salida lo da desde hace 67 años la temporada de ópera de Oviedo, este año comenzando con un Otello que espero doblar (primero en gran pantalla desde Mieres y en vivo en la cuarta función, entradas de último minuto, que a los precios normales no llego, y al espectáculo infantil con Evaristo y Gustavo Moral se me hace imposible asistir) por eso de estar ya todo bien rodado, independientemente de los comentarios ya aparecidos en prensa y redes, pero esto lo contaremos en su momento.

Las vacaciones tocaron a su punto final, retomo la normalidad aunque  la música no deja de sonar nunca… a WERT qué nos deparan los «viernes de dolor» de Moncloa que sólo con musicoterapia puedo sobrellevar lo que me queda.

Últimos apuntes veraniegos

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Sábado 30 de agosto, 20:00 horas. Teatro de La Laboral: Clausura del XV Festival Internacional de Piano de Gijón «Jesús González Alonso», Alberto Nosè (piano). Obras de Beethoven, Debussy y Chopin. Entrada libre.

El verano en cuanto a periodo vacacional toca a su fin y Gijón lleva siendo capital del piano las dos últimas semanas de agosto desde hace quince años, celebrando clases magistrales a los mejores jóvenes pianistas de todo el mundo con profesores capitaneados por el asturiano residente en Nueva York José Ramón Méndez, este año los reconocidos mundialmente Yuan Sheng y Alberto Nosè, galardonados en muchos concursos, siendo el italiano quien cerraba esta edición en el teatro del recinto diseñado por Luis Moya Blanco (1904-1990).

Con un público formado por alumnado, amigos, familiares y muchos aficionados al piano llegados hasta la capital de la Costa Verde, el profesor veronés nacido en 1979 brindó en un Yamaha que respondió bien a un programa básico y presente siempre en la formación instrumental de las ochenta y ocho teclas desde la interpretación profesional tamizada siempre por su visión personal siempre fiel a las partituras, con el toque latino que no se explica ni estudia pero buscan muchos orientales sobrados de técnica.

Para comenzar nada menos que Beethoven y su conocida «Patética», la Sonata en do menor, op. 13, arrancando Grave, con duraciones y silencios perfectos subrayando claroscuros antes de atacar literalmente el Allegro di molto e con brio, discurso diáfano que sería como apuntes pictóricos realizados con carboncillo, cuidadoso en evitar manchar el papel, bien dibujado el romántico y melodioso Adagio cantabile roto por una rabieta que tardó en alejarse con su madre, e interrumpido nuevamente por ruidos de la megafonía (que no se apagó tras las primeras palabras de Amy E. Gustafson, subdirectora del festival) intentando atacar rápido el Rondo: Allegro final aunque con esa ruptura en la limpieza para todos de esta conocida sonata tripartita del genio de Bonn.

Debussy volvió a centrarnos a todos, seleccionando seis preludios (de las dos docenas agrupadas en dos libros) que resultaron auténticas acuarelas, más insolentes y espontáneas que el óleo, jugando con una amplia paleta colorista: La puerta del vino cual gama de robles y uvas de este ritmo de habanera perteneciente al libro segundo, Les collines d’Anacapri más esbozadas y tranquilas del primer libro al igual que La cathedral engloutie impregnada de azules en toda su intensidad con las campanadas realmente marinas, «General Lavine» – eccentric… de postal americana y juguetona (Cakewalk), La fille aux cheveux de lin realmente dorados antes de la explosión colorista de los Feux d’artifice, armonías casi sinfónicas que cierran los veinticuatro preludios del mejor Debussy pianístico.

Tras un breve descanso, el profesor daría su clase final con los 12 estudios Op. 10 de Chopin, auténticas aguadas que no permiten errores, trabajo de todas las técnicas necesarias con la maestría del polaco, algunas más rehechas como con tinta china en los conocidos y bautizados «Tristeza» el tercero o «Revolucionario» el último, con intensidades amplias en los monócromos y tenues donde la policromía abundaba. Rejuvenecí cuarenta años rememorando mis años de estudiante de piano con estas obras cuya partitura recreaba mentalmente mientras el maestro Nosè las hacía llegar tan eternas como siempre.

La despedida tenía que ser cercana, jovial, casi con bolígrafos de colores para regalarnos tres propinas del gran Gershwin: de sus «3 Preludes» los Allegro ben ritmato e deciso primero y tercero en mi bemol, dejando entre ambos la hermosa nana o Blue Lullaby, preludio número 2 llenos de ritmo, pletóricos y juveniles como el alumnado que pudo disfrutar de Música con mayúsculas desde el rigor estilístico de todos, la honestidad en la interpretación y sobre todo el amor por el piano de Alberto Nosè que contagió a todos.

Inmejorable despedida musical de agosto, de periodo vacacional al que debo una entrada resumen en el inicio de septiembre, nuevo curso académico cuando parece que terminábamos hace pocas sonatas… digo semanas.

Cendrillon palaciego

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Viernes 15 de agosto, 20:30 horas. 63 Festival Internacional Santander. Noches Líricas del Palacio de Hualle, Treceño. Cendrillon, opereta de salón de Pauline Viardot, basada en «Cenicienta» de Perrault. Entrada y coctel – cena: 50 €.

Dirección de escena, vídeo e iluminación: Tomás Muñoz
Dirección musical y piano: Aurelio Viribay
Reparto
Cenicienta: Soledad Cardoso (soprano)
Príncipe Encantador: José Manuel Montero (tenor)
Barón de Picorvo: Isidro Anaya (barítono)
Conde Barrigula: Pablo García-López (tenor)
Magalona: Mercedes Lario (soprano)
Armelinda: Marta Knörr (mezzo)

 

Hada madrina: Sonia de Munck (soprano)

Volvía a disfrutar de este proyecto veterano como el Cendrillon madrileño de la Fundación Juan March con un equipo similar, salvo la cenicienta y el barón, pero en un entorno privilegiado, otro marco histórico recuperado de la ruina en 1988 por el tristemente fallecido Henri Jova, y dentro del FIS junto a la Asociación Cultural Amigos de Lírica Palacio de Hualle (constituída en 2011) que preside Raymundo Viana, entre otros patrocinadores.

Si el montaje en Madrid resultó impecable por el maridaje nuevas tecnologías y economía de medios, Tomás Muñoz sacó todo el provecho y partido al propio palacio, puertas, jardines, personajes apareciendo por todas partes, lo que hizo aún más creíble este cuento musical, ópera de salón totalmente exportable cuando se cuenta con un reparto vocal de primera, todos en un momento óptimo para una temporada que en verano no se toma vacaciones, destacando las novedades respecto a Madrid:

La excelente María Cendrillon de Soledad Cardoso, cuya maternidad le ha dado redondez vocal en el grave manteniendo su hermosísimo color, afrontando nuevos papeles que darán muchas alegrías, junto a una presencia escénica ideal para este «juguete musical», y el Picorvo de Isidro Anaya, rol difícil vocal y actoralmente que sacó a flote sin problemas, crecidos todos ante la calidad y equilibrio mostrado por el elenco montañés.

De las hermanas sin madrastra, tanto la soprano Mercedes Lario como la mezzo Marta Knörr cumplieron sin dificultad en sus intervenciones, tanto solistas como dúos y concertantes de empastes perfectos incluso en los diálogos hablados. Sigue enamorando el hada Sonia de Munck por su magisterio total recreando cada personaje que canta, sean carnosos o ligeros, contemporáneos o barrocos, convincente siempre, de nuevo con su perro Fito ideal para completar el elenco femenino.

De las voces masculinas impresionante el príncipe José Manuel Montero que «rehizo» su personaje antes de la entrada del público al recinto mientras degustábamos un Tío Pepe, un pobre de solemnidad que algunos se creyeron al igual que la cenicienta barriendo los soportales mientras nos acomodábamos en las sillas. Vocalmente continúa ganando quilates en el grave -de hecho el papel original es de barítono-, potencia en el medio y calidez en el agudo, recreando su doble papel con el humor innato. Otro tanto del tenor cordobés Pablo García-López, recién finalizada la grabación del Turandot valenciano con Mehta, voz mozartiana ideal que sigue creciendo y enriqueciendo repertorio, siendo este Barrigula un auténtico juguete al que saca todo su jugo, nunca forzado empastando felizmente con todos y gustándose en sus intervenciones solistas.

De Aurelio Viribay solo me cabe admiración desde su dominio técnico no ya del piano sino de esta obra que dibuja desde la primera intervención solística, acompañando con su habitual y reconocida maestría, pendiente de las voces incluso cuando cantan desde el primer piso, auténtico responsable musical cuya discreción siempre es digna de elogio.

Como guiños al entorno y montaje, hacer partícipe a parte del público llamado al baile bajo los arcos palaciegos antes de compartir coctel finalizando el segundo acto, en principio rompiendo la continuidad musical pero logrado hilo conductor al integrarse en la propia obra y retomar el último acto nuevamente acomodados para salir del palacio siendo despedidos por los propios artistas. También destacar la excelente acústica no ya de la piedra sino de la carpa que cubría al público, volúmenes y planos más que suficientes para el piano con tapa abierta totalmente, hermanas y padre proyectando perfectamente tanto desde los balcones del primer piso como en los soportales, y concertantes presentes todas las voces, redondeando una noche de cuento en palacio.

Ofrenda Bruggen de La Tempestad

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Jueves 14 de agosto, 22:00 horas. 63 Festival Internacional de Santander, Ciclo «Marcos históricos»: Santillana del Mar, Claustro de la Colegiata de Santa Juliana. La Tempestad: 1747: «Una ofrenda musical». Música de cámara para Federico II de Prusia. Obras de C. Ph. E. Bach y J. S. Bach. Entrada: 6 €.

Festivales de verano como forma de turismo cultural y en uno de los más asentados de España que sale de la propia capital cántabra para llegar a lugares con historia como es Santillana del Mar. La formación con sede en Murcia fundada en el año 2000, liderada por la clavecinista aragonesa Silvia Márquez y dedicada a la música antigua, acudía como cuarteto para un concierto dedicado a la memoria de Frans Bruggen, fallecido el día anterior y uno de los padres de estas músicas que nunca pasan de moda, siendo las que están captando más público joven, con colas dos horas antes para adquirir unas localidades en la propia colegiata (desconozco la imposibilidad de hacerlo en internet o cajeros) con un programa muy trabajado.

Con la Ofrenda musical en torno al rey músico de Prusia, como el recordado Bruggen, fue Guillermo Peñalver al traveso quien ejercería de monarca junto al violín de Pablo Prieto y el continuo del cello Guillermo Turina más el clave de la citada Silvia Márquez, abriendo velada nocturna con la Sonata a trío en si menor Wq. 143 (H. 567) para flauta de Carl Philipp Emanuel Bach en tres movimientos (Allegro – Adagio – Presto) bien contrastados e interpretados por el cuarteto, perfecto preámbulo y referente antes de afrontar la gran obra del concierto del padre Bach:

«Una ofrenda musical«, Eine musikalische Opfer BWV 1079, densa, dura, llena de historia partiendo del tema de Federico II que el rey Bach recrearía con dos fugas a tres y seis voces (casi nada), diversos cánones y la sonata final para flauta travesera, violín y bajo continuo, «despliegue de maestría, virtuosismo y laberinto de juegos y variaciones sobre un mismo tema» como la propia profesora Silvia Márquez Chulilla escribe en el programa del concierto, no solo declaración de intentaciones para una interpretación emocionada de principio a fin sólo «rota» por las campanadas de media y completas las once de la noche además del pertinaz teléfono móvil femenino que sigue mostrando su mala educación en cualquier lugar, primero al finalizar el Ricercar a 3 inicial a cargo del clave solo, con sonoridades rotundas en el grave y delicadas en el agudo (no pude fijarme en el modelo) antes de comenzar los cánones sobre el tema regio en las distintas combinaciones instrumentales para solaz y virtuosismo de los músicos: dúos de Cancrizans para violín y chelo, cambiado por el clave en Violin in unissono, el trío con la flauta del Per motum contrarium o el lento per Augmentatione, contrario Motu del cuarteto, segunda y eterna melodía telefónica. Chelo y violín per Tonos con las campanadas de las 22:30 horas y la impresionante Fuga canonica in Epidiapente, cuarteto en estado puro para ir armando la estructura académica compositiva e interpretativa, violín clave, chelo y finalmente la flauta, sin precipitaciones, paladeando la matemática musical.

Tras semejante torbellino los «pianissimi» del Canon perpetuus super Thema Regium despojados del clave prepararon el rápido octavo número Canon perpetuus en «tutti», arcos amplios, respiraciones ajustadas a las frases y nuevamente el clave presente siempre y protagonista en su sitio.

Aún quedaba la recta final: Quaerendo invenietis con el Canon a 2 del clave, esforzandos y amplia gama dinámica en el Canon a 4 y el Ricercar a 6 con el clave solo de Silvia plagado de musicalidad en cada voz, virtuosismo en tecla que engaña al oido cual laud con plectro por las tímbricas encontradas, antes de la Sonata Sopr’Il Sogetto Reale a Traversa, Violino e Continuo que cerraba esta ofrenda y homenajes varios, del propio Bach, de La Tempestad a Bruggen, como repartidos en cada movimiento:

Largo, Allegro, once campanadas sumándose al festín, Andante y Allegro, disfrute por y para todos, emociones que trajeron como propina el bis de uno de los cánones finalizados en do. Marcos históricos para músicas históricas desde la atemporalidad y el rigor incluso de las noches de verano.

Pimiento Verdi, tomate Wagner y vinagre Boadella

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Viernes 25 de julio, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: Festival de Verano. El pimiento Verdi de Albert Boadella. Segunda función. Entrada butaca: 21€ +1€ por compra on-line (todas las fotos de la web excepto programa escaneado y la indicada).

Aunque el bicentenario de Verdi y Wagner fuese en el 2013, como este espectáculo que ya se vió en Madrid por partida doble, el argumento sigue vigente sobre todo en un teatro como el nuestro que acoge la segunda temporada de ópera de España, coliseo habitualmente verdiano como ya he escrito alguna otra vez frente al wagneriano Gijón, algo que se notaba entre los asistentes, como Madrid frente a Barcelona, y curiosamente mientras Radio Clásica emitía en vivo desde Bayreuth un Tanhausser algo accidentado que pude escuchar al inicio y final durante el viaje motorizado desde mi aldea (también cantada) a la capital lírica astur.

Sin entrar en etiquetas, aunque sea puro teatro, está claro que el espectáculo de Boadella no se entiende en su complejidad sin conocer a fondo todo lo que sucede, que es mucho, sobre unas tablas donde los personajes son actores que cantan, porque cantantes que actúan se da por supuesto aunque no siempre sea así, y hasta el público que lo deseó formó parte de la clientela de la taberna restaurante de Sito, el barítono Luis Álvarez Sastre al que disfrutamos mucho más en el pasado Curro Vargas del mismo teatro y sigue siendo actoralmente irremplazable.

Del reparto en escena debo destacar al pianista Borja Mariño en el papel de Fidel, un pedazo de músico que acompañó el complejo montaje musical sin el que no habría nada, y al actor Jesús Agelet, Blas el camarero (realmente importante como si de El Guateque del gran Blake Edwards se tratase), habitual en las cocinas de Boadella desde hace años.

El duelo salpimentado por parejas soprano-tenor estuvo encarnado por María Rey-Joly y José Manuel Zapata (Leonor y Roberto) versus Elvia Sánchez y Antoni Comas (Brunilda y Sigfrido) en un juicio musical casi de judicatura y fiscalía aunque el público jurado se iba decantando hacia Verdi en parte por la caricatura wagneriana (incluida la grosería inicial de mal gusto escupiéndose las parejas en una poco lograda parodia canoril) que con el transcurrir del discurso, especialmente en la recta final donde mezclando los roles triunfó la farsa siendo todos ¡verdianos!, curioso viniendo de un catalán como Albert Boadella, si bien no necesitase veredicto porque el juicio resultó nulo desde el principio, argumentando subjetividad y engaño deliberado por parte de todos, sin culpables ni inocentes.

 

No se puede hablar de arias, dúos o coros verdianos ni wagnerianos -aunque los hubo y muchos, sobre todo el de esclavos de Nabucco– como de guiños a la zarzuela siempre por parte de Sito, que para eso es el dueño de «El Pimiento Verdi».

De Zapata sigue sin gustarme la parte lírica aunque llena escena y sus personajes son creíbles (impresionante la narración futbolística wagneriana), pero como cantante de ópera lo dejo para otros títulos (y espectáculos) que los elegidos por Manuel Coves, asesor musical que se entendió a la perfección con la dirección y dramaturgia de Boadella.

En cambio Antoni Comas pese a personificar «al malo» resultó mejor, completo incluso al piano o la guitarra, puede que como en todas las ficciones donde sabedores del final seguimos disfrutando con los mal llamados perdedores.

El duelo Verdi – Wagner, musical y humano, resulta por momentos hilarante y más hispano que Don Mendo sin venganza, con el pseudolenguaje ítalo o germano bien traído por autor y personajes, morcilleo más leonés que de Burgos.
Y con Elvia Sánchez pese a tener menos protagonismo que María Rey-Joly, sucedió otro tanto, buscado o rebotado, el emparejamiento está más que logrado, los «primeros actores» y los de «reparto» donde todos son excelentes con los mal llamados secundarios sin los que la trama nunca quedaría redonda, blanca o negra… Reconocer a las dobles parejas el esfuerzo vocal que supone cambiar bruscamente de Verdi a Wagner más allá de registros o idiomas, teniendo presente el perdón o ausencia de pena en este juicio que perdimos todos, sobre todo en el desenlace.

Boadella y su equipo han escenificado todos los tópicos de los bicentenarios compositores con humor y amor hacia la ópera donde no faltaron gotas de Rossini, Donizetti o Bellini en botella y chorro desigual para todos los paladares, decayendo siempre en el alemán frente al mejor interpretado italiano, puede que cercano y por ello exigiendo menos, fomentando unos odios que finalmente no son tales, ni siquiera de enfrentamiento futbolístico o gastronómico sino burla del propio drama, tragedia y comedia como dualidad inseparable.

La ensalada de pimiento también llevaba tomate, la cebolla opcional, sal y pimienta en la medida justa, el aceite español, aunque lo etiqueten italianos, y el vinagre catalán en cantidad siempre al gusto del chef, que no necesariamente del cliente, aunque pague, pero todos conocíamos la carta, el menú y el precio. En la taberna de Sito con la fiesta de Blas, pese al chuletón de Ávila, el Rioja mejor que la cerveza e incluso cava extremeño con toda la ironía catalana (para un brindis final esperado donde sólo bebe Blas que para eso es camarero y el resto saben imaginarlo), la ensalada actual admite lo que queramos echarle, incluso sin necesidad de lechuga, y los asturianos también tenemos buen diente. Personalmente satisfecho y con hueco para seguir degustando, que por algo mi amigo Mario Guada me llama «omnívoro».
©Foto Pablo Siana

Un amor de teatro

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Oviedo en verano tampoco se detiene musicalmente y el turismo, tanto regional como nacional e incluso internacional, pienso que lo agracede. Además del llamado «Festival de Verano» que presenta una amplia oferta, personalmente quiero recomendar las visitas teatralizadas al Teatro Campoamor que bajo el título «Vámonos pal Campo Amorrrr» está colgando el cartel de ENTRADAS AGOTADAS con días de antelación, pese a venderse solamente en la propia taquilla, con un precio de 6€.

En Julio los días 11, 12, 18 y 19 fueron un auténtico éxito y en agosto sólo quedarán los días 1, 2, 22 y 23, con dos pases – visitas de una hora- viernes a las 18:30 y 20:00 y sábados 11:30 y 13:00, que van más allá de una visita, por otra parte también con historia sin perder rigor desde el humor.

Se cuenta con el guión y dirección de escena del gran Enrique Viana, un auténtico acierto como en él suele ser norma, una escenografía, iluminación y vestuario muy logrados de Luis A. Suárez, las coreografías de Estrella García y Beatriz Cabrero coordinando al equipo musical formado por Anabel Santiago (tonada), Maria José Suárez (mezzo), Juan Noval Moro (tenor), Marta Mardó (actriz), Julio César Picos (pianista) y Noel García (gaita), todo un plantel de primera desde casa y otro detalle a tener en cuenta, un «Made in Asturias» que supone publicidad y marca propia.

Los grupos de 80 personas van asombrándose desde la misma entrada donde el recibimiento ya capta la atención, para ir desgranando simpáticos diálogos entre dos hermanas que interpretan Marta y María José, con «el servicio» donde Anabel encarna y mejora una actualizada y asturiana Gracita Morales, Juan Noval como el señorito que vuelve «entrado en años»dominando el skate, siempre jugando con palabra (no hay descanso para la risa, sonrisa, doble intención, crítica actual y calidad) y música (variada y reflejo de la que se puede escuchar en el coliseo capitalino) en un viaje que asciende al entresuelo, Salón de Té, volviendo al patio de butacas y finalizando en el escenario para sentirse protagonista por un día.

Podemos escuchar una habanera, un bolero, todo un desfile de fragmentos (como muestrario en rebajas) de arias, quedando con ganas de más, a cargo de Juan y Maria José, sin olvidar la gaita «galáctica» y la impresionante voz de una Anabel ampliando horizontes siempre, además del gijonés Julio César Picos que tiene a su disposición dos pianos verticales en el interior más el de cola sobre el escenario para ser el perfecto «hombre orquesta» salido entre el público. Sin querer contar un argumento realmente bien llevado (con guiños gastronómicos donde el carbayón es más que el pastel típico de Oviedo) para los que acudan en agosto, la recomendación para todas las edades no puede faltar.

La oferta veraniega ovetense es amplia, siendo la musical un referente y esta visita al Campoamor además de original cargada de humor y amor.

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