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La música interior de Santa Teresa

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Jueves 15 de octubre (festividad de Santa Teresa de Jesús), 21:00 horas. Catedral de León, XII Ciclo Música Históricas del CNDM, en coproducción con el XXXII Festival Internacional de Órgano Catedral de León (FIOCLE). Capella de Ministrers: Catherine King (mezzo), Carles Magraner (viola da gamba), Ariel Abramovich (vihuela): Mística: Paisajes sonoros del itinerario fundacional de Santa Teresa de Jesús. Obras de Juan del Enzina, anónimos, Diego PisadorLuis de Narváez, Francisco Guerrero, Miguel de Fuenllana, Antonio de Cabezón, Bartolomé Escobedo, Esteban Daza, Alonso Mudarra, Luys de MilánAdrián de MoxicaEntrada libre.

Nada mejor para comenzar esta crónica que un poema de la propia santa de Ávila en este 2015 donde se conmemora su quinto centenario:

¡Oh hermosura que excedéis
a todas las hermosuras!
Sin herir dolor hacéis,
y sin dolor deshacéis,
el amor de las criaturas.
Oh ñudo que así juntáis
dos cosas tan desiguales,
no sé por qué os desatáis,
pues atado fuerza dais
a tener por bien los males.
Juntáis quien no tiene ser
con el Ser que no se acaba;
sin acabar acabáis,
sin tener que amar amáis,
engrandecéis nuestra nada.

La música podría ser la destinataria de tan bellas palabras juntando dos cosas tan desiguales y necesarias como música y silencio, pues el recital de este trío resultó no ya un paisaje interior sino toda una sesión de recogimiento por parte de una feligresía no toda melómana pero igualmente entregada a una meditación más allá de la mística ante los textos elegidos, cantados o instrumentales que la formación valenciana -aunque plenamente internacional- fue desgranando durante más de una hora, como si música y silencio formasen un todo para que «Nada te turbe» volviendo a la Santa precisamente en el día de su festividad.

La voz femenina más natural es la clasificada como mezzosoprano, y así resultó la británica, canto natural, por momentos íntimo pero bien proyectado, con la dificultad del idioma y la dicción clara perdida a menudo por la sonoridad catedralicia que sin embargo compensó unos instrumentos perfectamente percibidos y contrastados, la viola de gamba del solista valenciano, tan cantarina como la humana y en otros momentos grave cual cuerda masculina, más la vihuela del argentino punteando, haciendo el contracanto y solista en sus páginas propias.

Música y textos de la época de la santa en su itinerario español, música como oración sin palabras incluso por compositores también clérigos, latín o castellano antiguo, alternancias instrumentales y vocales en este paisaje sonoro que todos caminamos con respeto casi olvidado. Partituras de distintos cancioneros, formas instrumentales variadas desde villancicos y villanescas a fantasías espirituales, romances y pavanas con sus glosas emparejados con textos de Santa Teresa, bellezas y recogimiento individuales y compartidos desde el silencio interrogante del alma a cargo de este trío con larga trayectoria como Capella de Ministrers. Las notas del programa explican bien este itinerario:

«En su libro Las fundaciones, la santa de Ávila apunta en varias ocasiones la presencia de “mucha música” en sus andanzas y hechos fundacionales. Es un paisaje místico que trata de pintar el concierto de la Capella de Ministrers, que recoge ejemplos de los cancioneros de Palacio y Uppsala. Coetánea de Teresa de Jesús fue la gran música española para vihuela, pero también la gloriosa polifonía, como la de Guerrero o Escobedo de esta velada, ese canto de órgano, tan sutil como un cristal, pues “que un punto o compás que se yerre, disuena toda la música”, como afirma Santa Teresa en el Libro de la vida«.

Dejo el programa así como los textos enlazados, destacando en el terreno instrumental la marcha anónima inicial Sacris Solemnis, la Fantasía del primer tono por gesolreut (de Los seys libros del Delphin (1538) de Narváez o la otra de Mudarra para acariciar la vihuela tenue de Abramovich, las obras de nuestro genio Cabezón,  Tiento X (del Libro de Cifra Nueva) o Para quién crié yo cabellos, romance y pavana con su glosa, recreando el dúo de cuerda tímbricas corales y de tecla siempre con mimo, aunque sería con la mezzo donde alcanzaron los momentos más intensos y bien dosificados a lo largo del concierto.

Nadie mejor que el salmantino Juan del Enzina para comenzar a disfrutar del recital, pero especialmente nuestro gran polifonista Francisco Guerrero con Si tus penas no pruebo, cántico espiritual, con voz y viola primero, voz y vihuela después y ensamblando el trío en orgánico canto realzando los textos, o las últimas Adiós mi amor, instrumental original para dos vihuelas donde la cuerda realmente cantó esta canción para ministriles de Lerma, y Niño Dios d’amor herido, «Canto de cisne blanco. Oh Señor mío y Esposo mío, ya es llegada la hora tan deseada» (Sta. Teresa), incluyendo recitado por parte de Magraner (que a mitad de concierto dirigió unas palabras a un ensimismado auditorio) más la voz de mezzo casi poniendo música celestial a las canciones y villanescas espirituales.

Me emocionaron los motetes, tanto el Erravi sicut ovis a 4 del zamorano Bartolomé de Escobedo y el de Bernardino de Ribera (o Bernardino de Sahagún) Virgo prudentissima donde la polifonía resultó viva con la voz cantada con recogimiento cual rezo de la mezzo y las otras voces instrumentales en un lujo de interpretación casi coral, así como Dama, mi gran querer de Adrián de Moxica. Otro placer el villancico de Miguel de Fuenllana o el de Esteban Daza de título Dame acogida en tu hato, de nuevo voz alternando el acompañamiento entre los dos instrumentos antes de la plenitud del trío, todas las obras engarzadas al detalle, para terminar regalándonos una villanesca de Guerrero para marchar en paz. Emoción teresiana en un itinerario musical y personal desde la Pulchra Leonina, marco perfecto para este verdadero acto de fe y devoción.

Estrenos cercanos

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Sábado 10 de octubre, 20:00 horas. Teatro Municipal Bergidum, Ponferrada. Ciclo romántico«Cantando a Gil y Carrasco». Patricia Rodríguez Rico (soprano) y Manuel Alejandre Prada (piano). Obras de Alejandre, Schubert, Lortzing, Rossini, Lehár, Arrieta y Giménez. Entrada: 7,50 €.

Llevaba tiempo sin escuchar a la soprano ferrolana, muy solicitada para estrenos gracias a su poderío vocal basado en un trabajo meticuloso y versatilidad, la misma que le trajo hasta la capital de El Bierzo para regalarnos el «Tributo a Gil y Carrasco» opus 64, en homenaje al bicentario de su nacimiento, siete lieder sobre poemas de Enrique Gil y Carrasco del compositor local y pianista Manuel Alejandre Prada. No es accesorio titular esta obra de «lied» puesto que el diálogo y protagonismo de piano y voz marcan esta obra de dificultades extremas para el registro de soprano, con poemas no excesivamente musicales a los que Alejandre intenta sacar más la expresión que la lírica propiamente dicha.

Siete poemas distintos con el sello del músico berciano donde aparecen colores y atmósferas grises, duras, llevadas al discurso melódico en saltos de octavas realmente abismales, medios tonos generadores de indecisión tonal como en El Sil, agudos altísimos en pianísimo o graves profundos sin poder perderse nunca la inteligibilidad de unos textos difíciles caso de Niebla. La soprano gallega hubo de pasar por todos los registros defendiendo una partitura realmente agotadora con detalles de lirismo como en La mariposa o Una gota de rocío que cerraba este ciclo con un pianismo igualmente vertiginoso de arpegios alternando con reposos casi litúrgicos de Campana de una oración sin caer en descriptivismos literales pero sí buscando esa ambientación romántica deudora de muchos compositores volcados en poner música a textos. Obra la de Alejandre que seguramente habrá de «readaptar» al terreno vocal para voces graves o incluso para una mezzo de amplia tesitura en el agudo pueden lograr un color más adaptado a la buena idea del pianista y compositor local.

La segunda parte tras el esfuerzo de la primera, dejó la voz preparada para los dos lieder de Franz Schubert, An die Musik D. 547 y la conocidísima serenata póstuma Stänchen, D. 957 nº 4 con el piano coprotagonizando estas bellísimas perlas románticas de salón, o las arias de opereta vienesa que tan bien le van a Patricia R. Rico como las de Zar und Zimmerman de Lortzing o la balada de Vilja de La Viuda Alegre (Franz Lehár) en el mejor estilo desenfadado y lleno de melodismo que nos imaginaba a la soprano con guantes largos y trajes negros de encaje sin copa de champán pero el mismo aire pícaro de ambas.

No podía faltar entre lo germano nuestro querido bufo Rossini, del que Non si da follia maggiore de «El turco en Italia» volvió a corroborar el dominio técnico de Patricia para unas arias exigentes como las del italiano con un piano reduciendo la orquesta solo en tímbrica porque así trabajó Manuel su siempre impecable y certero acompañamiento.

Y en un recital lírico lo español nada menos que con dos grandes como Arrieta y Pensar en él de «Marina«, género grande compartiendo programa con alemanes e italianos en esta romanza operística de agilidades y hondura interpretativa para rematar con Me llaman la primorosa de «El barbero de Sevilla» de Gerónimo Giménez, la voz que ha ido ganando registro grave y mantiene los agudos de flauta tan característicos de Patricia Rodríguez Rico, no mero juego pirotécnico sino gusto vocal por cualquier página que afronte.

El recital sabatino resultó muy exigente y se volcó en cada partitura, incluyendo una propina de lujo como el conocido O mio babbino caro de «Gianni Schicchi» (Puccini) que gallega y leonés entendieron a uno para comunicar la emoción final a un público que no llenó el coliseo ponferradino pero disfrutaron del estreno y aún más con estos clásicos románticos.
Los medios locales reflejaron el evento y los presentes esperamos volver a escuchar aunque sea grabado, pues siempre reconforta el interés de las jóvenes generaciones de compositores españoles por nuestro patrimonio literario llevándolo al perfecto maridaje con la música como forma de difusión y conocimiento, aunque el novelista de Villafranca del Bierzo fallecido joven -casi obligatorio en su época- Enrique Gil y Carrasco (1815-1846) tenga su sitio en la historia de la literatura en este año romántico.

La OSPA desde La Cuna

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Viernes 9 de octubre, 18:30 horas. Real Sitio de Covadonga, Basílica. Concierto extraordinario OSPA; solistas de violín: Alexander Vasiliev, Eva Meliskova, Héctor Corpus, Pedro Ordieres; director: Rossen Milanov. Obras de Vivaldi y Tchaikovsky. Entrada gratuita.

Arranca la temporada de las bodas de plata de nuestra Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias y nada mejor que haciendo nuevamente este peregrinaje a Covadonga, la cuna de España, con toda la simbología que ello conlleva, de la mano de su titular y con cuatro solistas de la propia formación que afronta un curso de obras señeras alternando con estrenos y visitándonos directores e intérpretes muy vinculados a la orquesta de todos los asturianos.

Largas colas que me recordaban la Novena de la Santina y un lleno en la Basílica con público llegado en autobuses especiales desde las principales ciudades asturianas y en coches particulares, lo que hizo algo lenta la vuelta a casa pero mereciendo la pena, con dos números cuatros que fueron cual campanadas para este éxito sinfónico, congregando a muchos abonados al lado de aficionados y jubilados que aprovecharon una tarde otoñal muy agradecida.

Las cuatro estaciones, op. 8 (1725) de Antonio Vivaldi puede que sea el conjunto de cuatro conciertos más popular y escuchado de la historia por el gran público, agradecida de escuchar en cualquier versión y estilo interpretativo, que además tuvo cuatro solistas de verdadero lujo para cada una de ellas, cuatro violinistas y artistas que dieron su personal impronta arropados por una orquesta de cámara con clave que sonó siempre poderosa en los graves y clara en los agudos, buen entendimiento y equilibrio entre todos, intentando resumir cada uno de los cuatro conciertos y músicos:

Pedro Ordieres nos dejó una primavera asturiana, inicio algo frío y como «intentos de alergia» hasta ir entonándose a medida que avanzaba, calentando el aire con líneas limpias y tiempos nada vertiginosos que buscaron el color desde una versión muy inglesa, como era de esperar en él, bien arropado por una «camerata de casa».
Héctor Corpus brindó un verano atlántico, cálido pero no plomizo, disfrutando los momentos lentos y degustando los vivos en una cascada de refrescantes gotas desde un clave en el punto justo, peso y poso de violín.

Eva Meliskova nos pintó el mejor cuadro de un joven otoño en Praga, con rubatos sentidos y entendidos por Milanov y el «grosso» desde un romanticismo interpretativo que no olvidó la fuente barroca, sonido muy presente y redondo lleno de musicalidad plena para la estación más vivaldiana.
Nadie mejor para el invierno ruso que Alexander Vasiliev, el magisterio de los años como el de los buenos licores, dominador de técnica y discurso melódico capaz de presentarnos los copos de nieve como diamantes tallados en un aro bien engarzado por una camerística formación de pizzicati redondos que el titular llevó de la mano según cada solistas, siendo un metafórico invierno que espera la primavera de una jubilación nunca total en los músicos.

Lo dicho, cuatro estaciones por cuatro magníficos, cuatro historias como cuadros sonoros con distintas lenguas y el mismo idioma de la música bien ejecutada.

Y el último cuatro, el cuadrado como perfección de los cuatro movimientos de la Sinfonía nº 4 en fa menor, opus 36 (1877-1893) de Tchaikovski, para una orquesta en pleno, plena de buen gusto y sonido, ayudada por la excelente acústica del templo tan bien pintado por «el alemán de Corao» esta vez esculpido por «el búlgaro de la OSPA«, conocedor de memoria al detalle esta maravilla sinfónica así como del material humano con el que cuenta para sacar de todas las secciones la mejor versión posible, esta vez plegadas al escultor. La cuerda sonó siempre mordiente, hiriente, trágica y plena, sin problemas en ningún pasaje, la madera siempre impecable con los solistas encajando todos los detalles, más que pilares gárgolas, la percusión bien ubicada y apareciendo en el primer plano preciso, pero sobre todo unos metales afinados, empastados, potentes y brillantes en perfecto equilibrio con el resto de la plantilla, estabilidad total de cada familia instrumental dando presencia a las melodías que conforman esta cuarta de verdadero lujo, edificio musical lleno de emoción desde la sobriedad. Hoy la Basílica de Covadonga se volvió Catedral sonora y la piedra rosada devolvió una música multicolor por la que pasaron todas las estaciones con una predicción «metereológica» optimista tras el concierto desde la cuna.

Recuperando patrimonio musical

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Jueves 8 de octubre, 21:00 horas. Catedral de León, XII Ciclo Música históricas: «La sonata en el siglo XVIII español«. Solistas de la Orquesta Barroca de Sevilla: Alexis Aguado (violín), Guillermo Peñalver (flauta), Mercedes Ruiz (chelo), Alejandro Casal (clave), Ventura Rico (contrabajo). Obras de los Hermanos Pla (Joan Baptista Pla y José Pla), Francisco Manalt, L. Boccherini y Manuel Cavazza. Coproducción FIOCLE y CNDMEntrada gratuita.

Dentro del Festival Internacional de Órgano Catedral de León (FIOCLE) llegaba este concierto recuperando música de cámara que sonaba en aquellos años de transición de estilos, barroco, galante, preclasicismo, con un quinteto de solistas de la Orquesta Barroca de Sevilla, muchos de ellos conocidos y habituales en otras formaciones, que jugaron en número según las obras, trío, cuarteto y quinteto colocados en el crucero de la Pulchra Leonina cuya reverberación ayudó a una sonoridad íntima, jugando con el color y la tímbrica de unas composiciones recuperadas sonando actuales desde una interpretación clara, precisa, conjuntada y escrupulosa.

Los hermanos Plá, Joan Baptista (ca. 1720-1773) y José (1728-1762), una saga de excelentes instrumentistas de viento afincados en Vic y/o Balaguer, y compositores muy apreciados la Europa de mediados del XVIII, abrieron y cerraron programa con dos Triosonata, la segunda y la sexta de las «6 Sonatas para dos flautas alemanas, violines u oboes bajo para clavicordio o cello» (Londres, 1754), de receta puramente barroca en cuanto a tres movimientos bien contrastados disfrutando de la formación completa de este quinteto, música muy trabajada con peso en el violín y la flauta (Rampal amaba estas música y Peñalver con el traverso superó el nivel del virtuoso francés) en perfecto diálogo y protagonismo bien apoyados por el continuo de chelo a menudo doblado por contrabajo y un clave discreto pero necesario enriqueciendo la paleta tímbrica. El Allegro de la segunda fue bisado al finalizar el concierto y el Largetto de la cuarta ejecutado sin el contrabajo buscando más intimismo y calidez sin el refuerzo grave de los demás movimientos. Sonatas desde el entendimiento de este quinteto que las lleva consigo casi como seña de identidad.

Francisco Manalt (ca. 1710-1759), violinista y compositor de la corte de Fernando VI desde 1735, nos ha dejado su Obra armónica en seis sonatas de cámara de violín y bajo solo (Madrid, 1757) de la que pudimos disfrutar la Sonata en re menor para violín y continuo, un cuarteto prescindiendo de la flauta para lucimiento de todos, Largo andante en trío sin contrabajo que se une en los dos siguientes movimientos, Allegro vivo realmente reluciente además de virtuoso y el Andante Affetuoso de redondez sonora, ensamblados y perfecto entendimiento entre la cuerda frotada y un clave siempre en su sitio, impecable de presencia.

Boccherini centró el concierto con su Sonata en do mayor para violonchelo y continuo, G. 6 (1768) para lucimiento muy especial de Mercedes Ruiz más Alejandro Casal y Ventura Rico (cofundador de la OBS que comentó tras la primera obra la labor de recuperación de esta música sin la cual nuestra historia dejaría páginas en blanco), ese cello que el italiano afincado en Madrid tanto amó y para el que escribió obras clásicas en el repertorio de los grandes instrumentistas, tres movimientos de estructura barroca pero sonido clásico con la firma inimitable de un compositor que siempre ha estado presente en nuestras programaciones gracias en parte a intérpretes como los hermanos Moreno (José Miguel y Emilio Moreno) o Josetxu Obregón por citar dos referentes que siguen trabajando en el repertorio de Boccherini. La cellista cordobesa logró momentos mágicos especialmente en el Largo central y demostró el virtuosismo exigido en los Allegro extremos siempre al servicio de la música, con sus dos excelentes compañeros en un trío maravilloso.

El menos conocido Manuel Cavazza (?-1790), más famoso como oboísta que flautista, aunque debían tocar ambos en la Capilla Real con Felipe V, de ingenio compositivo y conocedor de los instrumentos de viento, también sirvió de lucimiento de Guillermo Peñalver cual «violín de viento» acompañado Mercedes y Alejandro en la Sonata de flauta travesera sola y baxo para la oposición del año 1777, tres movimientos exigentes y contrapuestos donde las propias indicaciones de los tiempos sirven para entender el planteamiento, Allegro con gusto y comodidad de agilidades y registros variados, el Largo cantado con el acompañamiento delicado y un tercer movimiento jugando con los recursos interpretativos: Allegro Regular. Allegro a media voz y gusto. Allegro como antes. Allegro como antes y a media voz. Allegro como antes. Dificultades y exigencias desde una musicalidad demostrada siempre que escucho al flautista sevillano, derrochando talento y facultades, esta vez como solista y protagonista.

Buen concierto en programa y estructura que nos permitió corroborar el nivel de nuestros músicos, exportando una música barroca, frecuentemente sacada a la luz por ellos mismos, que actualmente compite en igualdad de condiciones con formaciones de Pirineos arriba. Y además gente joven que atrae a público de su generación (también de la mía y posteriores) allá donde van. León lo tengo cerca y sigue el festival catedralicio como todos los meses de octubre.

Codalario suma y sigue acertando

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Sábado 3 de octubre, 19:00 horas. Salón de Actos del COAM, Madrid. Premios Codalario de la música 2015. Entrada por invitación.

Codalario, mucho más que un portal web o una revista digital, volvía a la capital de España para presentar su Anuario 2015, ya a la venta por 10 €, mejorando aún los anteriores en cantidad y calidad (convirtiendo esta publicación en una, sino la mejor editada del mundo musical), además de entregar unos premios que ya van por su tercera edición, una «Musa inconclusa» del pintor y escultor Sergio Portela Campos, que están asentándose como referente del panorama musical más allá de nuestras fronteras y que son una ceremonia de reconocimiento a los valores musicales así como el encuentro de distintas figuras y melómanos.

Larga la lista de verdaderas autoridades en los distintos campos del saber y artistas españoles a los que admiro (algunos como Joaquín Achúcarro, premiado en la anterior edición, o el director Enrique García Asensio) y sigo desde hace años (Mª José Montiel, Luis Cansino, Svetla Krasteva, Miguel Borrallo, Cecilia Lavilla, Aurelio Viribay, Cristina Faus o Sonia de Munck por citar algunos), convirtiéndose muchas en amistades imperecederas precisamente por compartir la misma pasión.

Sonaba de fondo una grabación de Teresa Berganza y sus Canciones españolas mientras tomábamos asiento en un salón lleno antes del discurso inicial del Aurelio M. Seco, director de la publicación y docente donde no faltaron críticas ni elogios («¿Para cuándo un apoyo decidido, sistemático y estable al mundo de la música?»), sin olvidar a todo el equipo de Codalario o un repaso a los premiados de este año.

El redactor jefe Gonzalo Lahoz hizo de maestro de ceremonias con cercanía, emoción, pasión juvenil pero madura, glosando con cariño a cada premiado, todos presentes en la sala y absortos con las palabras espontáneas del madrileño, porque la palabra también puede ayudar a la música. Y con distintos vídeos fueron subiendo al estrado los premiados leyendo las notas del jurado:

Ruth Iniesta, artista revelación, una joven soprano con larga trayectoria en el musical pero que la zarzuela recuperó para la lírica dando pasos seguros en la ópera, revelación para quienes no la hayan escuchado, ganadora del «Jacinto Guerrero» a la mejor intérprete de música española, y ya para todos «La Iniesta» que decía Gonzalo.

Recién llegado de Aalborg el pianista onubense Javier Perianes galardonado con el premio al mejor artista, al que sigo hace años y admiro por su carrera al margen de lo comercial, que toca lo que le gusta como nadie, que sigue fiel a sus maestros Ana Guijarro o Josep Colom y del que otro maestro como Francisco Jaime Pantín hace una semblanza en el Anuario como sólo él podría. La sencillez hecha arte quiso agradecer el apoyo de su familia, dedicándole especialmente a sus padres (uno vivo y la otra fallecida) todo su excelente quehacer desde su pequeño pueblo de Nerva hasta los mejores teatros del mundo, en solitario o buscado por los grandes directores y orquestas para seguir haciendo historia.

En el caso de José Luis Temes no se premiaba al director sino al autor del mejor producto editorial por el libro El siglo de la zarzuela (de 1850 a 1950) publicado por Siruela dedicado a un género algo denostado por nosotros olvidando que Chile importaba en tres semanas toda la producción de «El Juramento» de Gaztambide desde Madrid con todo lo que suponía, poniendo el acento de un conocedor objetivo de este fenómeno culturalmás trascendental de España.

Decir Alfonso Aijón es lo mismo que Ibermúsica, premio a la mejor entidad que como él mismo decía, casi resulta póstumo tras las dificultades pasadas pero que no restan este homenaje más que merecido para quien desde la iniciativa privada ha traído a España lo mejor del panorama mundial, y quien en sus palabras pidió «un premio para el ministro de Cultura «que se ocupe de una vez de la música».

El momento más esperado y emotivo fue el «Premio homenaje a toda una carrera» para la irrepetible y única Teresa Berganza, emocionada al ver en el vídeo tantos amigos que ya no están, coqueta al decir que los surcos de la cara que aparecen en las geniales fotografías del Anuario podrían haberlos retocado, y especialmente la conversación telefónica con Mirella Freni, haciéndonos partícipes de un diálogo de hermanas, bromeando, preguntando por las familias, íntimo y compartido, grandes figuras de la historia a las que he tenido la suerte de escuchar en vivo varias veces, cercanía de las estrellas que nada tienen de divas pese a ser leyendas vivas.

En compañía de los suyos disfrutó y nos hizo disfrutar de este homenaje a la mezzo madrileña más universal, capaz de cantar como nadie a los españoles, de descubrirnos a Mahler, de hacer una Carmen «interiorizada» y sobre todo el mejor Cherubino de Mozart, con el que se abría la entrega de otra «Musa inconclusa», porque continúa su magisterio. La esperamos pronto en Oviedo.

Regalo musical el de Ruth Iniesta acompañada al piano Steinway por un discreto Miguel Huertas en este recinto de hormigón algo duro de acústica, lo que no dio todo el colorido habitual de la soprano zaragozana que comenzó brava y algo metálica en los sobreagudos con Suis-je gentille ainsi? de «Manon» (Massenet), algunas prisas por parte del público en aplaudir tras cada silencio del aria, sentida de principio a fin, y un piano que debe reducir la orquesta como dificultad añadida, suficiente para entrar en calor antes del aria Quel guardo il cavaliere de «Don Pasquale» (Donizzetti), Norina que debutará en breve con Carlos Chausson en el Gayarre de Pamplona que le va muy bien a su registro, buena coloratura y perfecta dicción italiana.

Había que cerrar este minirrecital con algo tan nuestro y de la propia soprano como la polonesa Me llaman la primorosa de «El barbero de Sevilla» (G. Giménez), una romanza cantada con gracia y frescura en un género donde «La Iniesta» se siente más que cómoda.

Un vino español acompañado de cecina leonesa y queso sirvieron de colofón para charlas entre amigos, conocidos y admiradores así como fotos varias que inmortalizaron una verdadera fiesta de la música gracias a Codalario y su equipo. Ya estamos esperando la edición 2016 que volverá a ocupar preferentemente mi agenda para Madrid.

Cine mudo pero con música

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Sábado 3 de octubre, 12:00 horas. Fundación Juan March, Madrid: Conciertos del Sábado, Ciclo «Clásicos del cine». Improvisar para películas mudas, Javier Pérez de Azpeitia (piano). Entrada gratuita.

La oferta cultural de la Fundación Juan March es encomiable y la música tiene un lugar especial en ella. Durante el mes de octubre se programa un ciclo interesantísimo y personalmente me llamaba la atención acudir a este primer concierto por mi breve relación con el tema. 1982 además del Mundial de Fútbol que tuvo sedes en Gijón y Oviedo también fue año del centenario del cine y además de un Mundial Cultural, un incondicional del séptimo arte como Isaac del Rivero tuvo la idea de hacer un ciclo de películas mudas con acompañamiento al piano en vivo en el salón de actos de la Feria de Muestras, donde tuve la suerte de participar alternando proyecciones con mi recordado Antolín de la Fuente, básicamente películas cómicas de La Pandilla, Keaton, Lloyd o el genial Charlot, pero también La salida de los obreros de la fábrica (Lumière), La casa encantada (Segundo de Chomón) como homenaje al cine español e incluso El gabinete del Doctor Caligari (Wiene), alternando cortos y largometrajes.

Mi experiencia fue increíble y sin visionados previos, pero sirvió para que años después pudiese poner música en directo a La aldea maldita de Florián Rey con el maestro Luis Miguel Ruiz de la Peña al violín en el Ateneo Jovellanos, ya preparando motivos y temas específicos adaptados al trascurrir de la acción. Como mierense repetí en el Teatro Jovellanos invitado por el director de la Filmoteca de Asturias Juan Bonifacio Lorenzo Benavente, Boni para todos, en la proyección y recuperación de la película Mieres del Camino (Juan Díaz Quesada), un acontecimiento que aún recuerdo. Mis únicas referencias eran las «bandas sonoras» añadidas en las proyecciones, muchas con órgano, alguna actualizada como Berlín, sinfonía de una gran ciudad con música de Pegasus, y algunas con orquesta original como Alexander Nevski o Iván el terrible (Eisenstein) con música de Prokofiev, Nosferatu (Murnau) o Metropolis (Lang) incluyendo la «revisión» de Giorgio Moroder, que a lo largo del tiempo he podido revivir como espectador.

El pianista y profesor Javier Pérez de Azpeitia no solo puso la música en vivo a cuatro películas que pudimos disfrutar en pantalla grande sino que también disertó sobre el papel de la improvisación, con todo lo que ello supone, así como la subjetividad, y hasta la forma de trabajar sobre las músicas, algo de agradecer en un mundo recuperado pero no lo suficientemente difundido, por lo que este concierto era impresindible para mi.

La casa encantada (1907) de Chomón, además de una joya de efectos especiales para su época, fue la primera en desgranarse al piano por parte del maestro y hasta de pormenorizar su explicación posterior. Los guiños del piano en perfecta sincronía con la imagen, los motivos tétricos y hasta cómicos por momentos fueron la perfecta banda sonora.

El arranque de Tartüff (1925) de Murnau supuso todo un paso adelante en dificultad y extensión, música específica, original de Giuseppe Becce, y muy trabajada en sonoridades y expresión para una película adaptada o de inspiración teatral, como tantas de su época y que aún continúa pasando casi cien años después.

El toque satírico más que de humor lo puso La princesa de las ostras (1919) de Lubitsch, la música al piano del intérprete vasco el resto, perfecto, acertado en la elección de cada fragmento, variaciones sobre la Marcha Nupcial de Mendelssohn en el mejor estilo improvisatorio (y muy estudiado) y cada situación de la narrativa visual al detalle musical de ritmo infatigable como el propio fox-trot del baile nupcial. El regusto global es premio para el tándem cine-música que siempre han permanecido unidos y algunos compositores se atrevieron a ponerle música propia.

Interesante también la moda de películas inspiradas en zarzuelas, verdaderos éxitos del momento, como Curro Vargas (1923) de José Buchs donde no podían faltar motivos originales de la partitura de Chapí adaptados como el propio discurso cinematográfico, los aires de farruca o la recordada melodía «Soledad mía» del protagonista asociada a cada aparición pero sutilmente moldeada por Pérez de Azpeitia. Con un piano no puede sacarse más partido a una película donde el referente original es eso, recreado para la proyección.

Todo un clásico «de miedo» para finalizar como el Nosferatu (1922) de Murnau, cercano a las composiciones actuales como la de Sánchez Verdú sin perder la idea espacio-temporal de la época y el argumento, con la propia limitación de un instrumento que engrandece la proyección. Bravo por esta banda sonora (Hermann) en directo, única e irrepetible que se podrá volver a escuchar hasta el 4 de noviembre en los audios que la propia fundación coloca en su web, música pura desgajada de las imágenes para la que sonó pero igualmente bellas.

Exprimiendo «el bicho de León»

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Jueves 1 de octubre, 20:30 horas. Catedral de León, Festival Internacional de Órgano, «Bach en la Catedral». Kevin Bowyer (órgano), obras de J. S. Bach. Entrada gratuita.
Larga cola hora y media antes del segundo concierto de la XXXII edición del FIOCLE y continuación del ciclo programado por el CNDM con la integral para órgano de J. S. Bach, que los sábados siguientes también se puede escuchar en el Auditorio Nacional de Música de Madrid con el sugestivo título de «Bach Vermut«, esta vez con el británico Kevin Boyer que preparó un programa perfectamente estructurado y contrastado para sacar todo el partido al nuevo órgano de la Pulchra Leonina construido por Klais en Bonn y que estrenase el gran Jean Guillou hace dos años.

El organista de Glasgow no solo organizó las obras jugando con tiempos o dificultades sino que con una delicadeza en la técnica, unos ligados asombrosos y especialmente el buen gusto para registrar logró unas sonoridades del «bicho» impresionantes, jugando no ya con el efecto de los dos coros en los teclados IV y V, sino combinando los múltiples registros desde la adaptación ideal para cada motivo, coral o melodía, con pedales siempre en su sitio de presencia y color. Impresionantes los flautados, especialmente el piccolo 1′ y la lengüetería horizontal de dulzaina, solo una mínima parte de los recursos que el gran órgano catedralicio esconde y el tiempo va templando y tomando acento castellano que tan bien le va al cantor.

Nada mejor para «limpiar los tubos» que la Fuga en si menor (sobre un tema de Corelli), BWV 579 (a. 1710?) potente, redonda, sin buscar combinaciones extremas, para entrar con cuatro «Corales de Neumeister« (a. 1705?) donde alternó flautados y caracteres, siempre escuchando las melodías desde registros lo suficientemente agudos para brillar sobre otros teclados y pedalero, Wenn dich Unglück tut greifen an, BWV 1104, Christus, der ist mein Leben, BWV 1112,  Durch Adams Fall ist ganz verderbt, BWV 1101Was Gott tut, das ist wohlgetan, BWV 1116, alternancia celestial y terrenal de amplísima riqueza dinámica.

Al órgano se le llama el rey de los instrumentos y escuchar el Concierto en Re menor (de Antonio Vivaldi), BWV 596 (1713/14) en esta recreación bachiana resultó un prodigio de virtuosismo total en los cinco movimientos, barroco italiano con acento alemán y regusto castellano, el primero potente, el segundo Grave y sereno como El Gran Canal, la Fuga capaz de dibujar la cuerda en los tubos, el Largo e spiccato recreando una flauta hasta en el fraseo o respiraciones, y unas tiorbas desde el propio viento cual punteo para rematar con un allegro plenamente orquestal y telepatía entre el cura pelirrojo y el cantor de Leipzig.
Los aires venecianos se tornaron germanos y profundos, luteranos de inspiración propia y nuevamente contrastados, Ach Gott und Herr, BWV 714 (1715?) recio, bien delineados los temas siempre respaldados por los registros adecuados, y Ein feste Burg ist unser Gott, BWV 720 (¿?), verdadera fiesta ciudadana sin perdonar la referencia divina hecha trompetería.

El virtuosismo al servicio de la música lo puso la Fantasía con imitación en Si menor, BWV 563 (a. 1708), cascada de notas perfectamente delineadas, teclados con la sonoridad buscada al detalle y pureza hecha música de órgano.

Volvía la juventud, aunque toda la obra de Bach es madura, con otros cuatro «Corales de Neumeister» bien colocados en simetría de concierto, elegancia expositiva, equilibrio de planos y redescubrimiento de timbres del Klais, Christe, der du bist Tag und Licht, BWV 1096, Christ, der du bist der helle Tag, BWV 1120, Herr Jesu Christ, du höchstes Gut, BWV 1114 y finalmente Erhalt uns, Herr, bei deinem Wort, BWV 1103, otra verdadera lección combinatoria en todos los sentidos con el doctorado del organista inglés que desde una aparente sobriedad descargaba verdadero arte en cada coral.

Probablemente lo menos agradecido en registros resultase el Contrapunctus VIII (de «El arte de la fuga»), BWV 1080/8 (1742/49), auténtica biblia compositiva e interpretativa que en su dificultad intrínseca no dejó degustar lo suficiente una partitura puede que por un anhelo de querer comunicar el organista británico todo lo que esconde. Esta vez hubo un poco de smog inglés con «cornetos y bajones» que se disipó rápidamente con la Fantasía y fuga en La menor, BWV 561 (¿?), un remate del maestro organista de la Universidad de Glasgow que ha grabado la integral organística del alemán y volvió a demostrar su sabiduría desde una paleta sonora llena de amplísimos claroscuros, registros extremos nunca exagerados, en busca del color adecuado para exprimir «al bicho», vibrante colofón antes de una propina de Paul Halley sobre aires celtas pero muy actual, contemporánea, una música que también defiende Bowyer, con mucho de cinematográfica, aunque a Mein Gott es imposible igualarlo.

Vuelta a casa y estas líneas rápidas, dejando los links oportunos casi todos del propio intérprete británico. Las escapadas a León si son para la música de órgano siempre son un placer y encontrarse con amigos tan melómanos todavía más, aunque haya que madrugar al día siguiente.

Músicas en verano, toma uno

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Finalizada la temporada ordinaria, entendiendo como tal la coincidente con mi curso escolar, el verano también tiene su hueco musical en mis vacaciones, siendo habitual lecturas variadas a las que dedicaré alguna entrada, escuchar Radio Clásica (ahí está Bayreuth o los PROMS siempre completados por unos comentarios del magnífico José Luis Pérez de Arteaga que continúa asombrándome cada vez que le escucho), pero donde tampoco faltan otras retransmisiones «on line» o en streaming, así como una agenda veraniega de ciclos que llenan muchos festivales, algunos también gracias a Internet en la pantalla del ordenador con sonido conectado a la cadena de música, y por culpa de la dichosa crisis, recortes, sueldo congelado hace años pese a los calores, pérdida de poder adquisitivo y demás «robos consentidos», también tengo recitales y conciertos cercanos, donde el Falstaff de Verdi que dirigirá Muti en Oviedo me recortó parte del presupuesto estival, pero no podía faltar a esta cita única en España desde casa, que contaremos con detalle como es costumbre, incluso algunos más desde las páginas del diario La Nueva España.

Quiero comenzar recordando el Gianni Schicchi con escenografía de Woody Allen (que estuvo de turismo por Asturias despreocupado de la capital) desde el Teatro Real en «El Palco de La2″ el pasado día 12 de julio que también pude seguir en la propia web de RTVE (de donde son las capturas de pantalla), precedido de unos fragmentos -ni siquiera completo– del llamado «concierto» (!) de Plácido Domingo que parece pegó la espantá como protagonista, intentando complacer a los que pagaron su entrada con este «formato«, supongo que sin hacerles mucha gracia ni tampoco a los compañeros de reparto que tuvieron más trabajo del previsto.

Olvidando críticas que siempre son muy distintas del auténtico e inigualable directo, me hubiera gustado que hubiesen retransmitido también las Goyescas de Granados que completaban el programa doble, en un encaje de función algo difícil de entender. Mi apuesta hubiese sido Il trittico pucciniano al completo, como debería ser «lo habitual».

En el reparto estuvieron una convincente Maite Alberola como Lauretta, y el «sustituto» Lucio Gallo, más que correcto en el papel protagonista aunque me hubiese encantado tener a Luis Cansino de suplente porque está en un momento vocal excelente (el actoral lleva tiempo), como demostró en su impecable Marco. También la mezzo asturiana María José Suárez encarnó con seguridad y convencimiento a La Ciesca, para entender lo importante de un reparto equilibrado que augure un resultado total más que aceptable (también quiero citar al tenor barcelonés Albert Casals como Rinuccio o a la mezzo Elena Zilio en el papel de Zita), y una puesta en escena algo oscura (al menos en pantalla) con la dirección de Giuliano Carella al frente de una OSM titular del teatro que sonó siempre en su sitio, aunque hubiese cortes en la retransmisión y una toma de sonido no todo lo buena que cabría esperar del ente público que todos pagamos con nuestros impuestos.

Totalmente distinta la siempre irrepetible Traviata verdiana desde el Liceu retransmitida al aire libre en varios lugares de Cataluña y en el Canal 33 de la televisión autonómica catalana la noche del 18 de julio, con interacción en Twitter© (#Traviata33 y #liceualafresca) realmente interesante como encuentro de melómanos de todo el mundo con escenografía conocida de McVicar también algo oscura aunque la luz de la partitura y la entrega de todo el reparto fue digna de recordarse.

La conexión estuvo precedida del «introito» a cargo de Ramón Gener que tras su catalana «Òpera en texans» ha dado el salto nacional (con perdón) con «This is Opera».

Con todo mi arsenal tecmológico desplegado (ordenador, tableta y móvil) pude disfrutar escuchando, capturando pantallas y realizando comentarios desde la comodidad de casa, destacando la Violeta de la soprano rumana Anita Hartig, enamorándonos a todos por entrega y carisma, el Alfredo del tenor jerezano Ismael Jordi creciéndose en cada intervención, con un color vocal realmente hermoso, y un Giorgio Germont poderoso de Gabriele Viviani que sin ser Leo Nucciel barítono«), a los que también escuchamos en Oviedo, completó un trío protagonista equilibrado, creíble, sin sobreactuaciones.

Como siempre los mal llamados secundarios lograron una representación para recordar, con el Gastone asturiano Jorge Rodríguez-Norton entre ellos.

Evelino Pidò fue el responsable musical al frente de la orquesta y coros del Liceu que completaron La Traviata de realización impresionante para alcanzar un éxito que llegó a millones de espectadores gracias a estas iniciativas que deberían convencer a los ignorantes recalcitrantes, algunos metidos en política, que la ópera es accesible a todos los públicos y no es el espectáculo de élite que algunos quieren seguir manteniendo para un alejamiento de la realidad en busca de populismos y prioridades mal entendidas. No hablaremos de las subvenciones para la cultura, que es un derecho, ni todo el empleo que genera la música en todos los países, auténtica inversión y motor de una sociedad que se ha sacrificado para tener algo irrenunciable, como otros logros que con la disculpa del momento intentan quitarnos.

De la pasión por la música y más por la ópera hay que dar la bienvenida a un nuevo blog, El palco número 18 que curiosamente arranca con La Traviata de Verdi, como no podría ser menos, a cargo de otra apasionada que firma «Pauline Viardot«, con quien seguimos tuiteando después de «la fresca». Sólo tenemos esta vida y debemos vivirla en plenitud y apasionadamente, porque de lo contrario sólo nos quedará ignominia, un erial oscuro y  arrasado sobre el que no volveremos a poder construir absolutamente nada.

Defender la música es apostar por el futuro. Disfrutarla ya es otra cosa que requiere educación, tiempo, y sobre todo querer. Desde aquí continuaremos…

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