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El Ateneo Musical de Mieres cumple su primer año

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Esta asociación mierense con el nombre de Ateneo Musical de Mieres, se crea el 23 de junio de 2018, un proyecto ambicioso a largo plazo que comienza su singladura con la banda de música dirigida por el maestro Antonio Cánovas Moreno, y en tan breve espacio de tiempo comienza sus ensayos el último trimestre del pasado año en el salón de actos de la Feria de Muestras, un espacio infrautilizado que nos sirve para trabajar, no siempre en las mejores condiciones, pero con todas las ganas y luchando «contra viento y marea» como dice el dicho. Realmente nueve meses dan para mucho, habiendo realizado varias actuaciones que paso a detallar, ilustrando esta entrada con fotografías y carteles así como enlaces a todo aquello que considero digno de mención de este corto pero intenso recorrido cultural del que me enorgullezco ser su presidente.

No podíamos perder un capital humano que se nos iba por razones que no ha lugar comentar, dejándonos nuevamente huérfanos en Mieres, así que nos pusimos manos a la obra y tras la lectura de un manifiesto inicial con el apoyo de numerosas personalidades del mundo de la cultura, quedábamos constituidos como asociación cultural y con una banda de música prometedora. Nuestro agradecimiento al Ayuntamiento de Mieres que cuenta con nosotros dentro de su amplia oferta musical y cultural, a los medios de comunicación que nos apoyaron desde el principio, a Joaquín García González por diseñarnos tanto el logo como la cartelería de captación de socios y colaboradores, a J. R. Viejo que con su cámara inmortaliza muchos buenos momentos de nuestra banda, a los comercios y empresas locales que nos ayudan a mantener este proyecto, a los músicos sin los que nada es posible, y por supuesto a nuestros socios, rondando los 200 en un año, y que confiaron desde la presentación y a lo largo de estos doce meses de vida en un Ateneo de largo recorrido donde la música es nuestra seña de identidad, abierta a cualquier manifestación que la tenga presente, aunque lo más visible y auténtico elemento vertebrador del mismo sea la banda llamada a llevar siempre desde la excelencia el nombre de Mieres.
No queremos olvidarnos de nuestros ilustres Amadeo Gancedo, socio honorífico, y a Julián Burgos, socio nº 1, triste y recientemente desaparecidos en muy corto espacio de tiempo.

Paso a desgranar las actuaciones, de las que la crítica musical corresponde a otros, pues no creí oportuno ni ético hacerlo personalmente en ningún momento, pese a mi total implicación con este proyecto y el conocimiento del tema como siempre he realizado desde esta ventana.

8 de septiembre: Llanes, fiestas de La Guía, nuestra primera actuación estrenando instrumentos de percusión y corbatas para uniformarnos en una cita imperdible del oriente asturiano donde Mieres siempre ha estado presente con un recordado «Tren de Madera» que unía ambas villas y donde Los Nardos del granadino maestro Alonso suenan continuamente.

11 de noviembre: Moreda, San Martín (Los Humanitarios), la llamada fiesta del otoño asturiano donde incorporamos una sección de gaitas participando por primera vez en el desfile de carrozas una banda de música, la del Ateneo Musical de Mieres.

Ya dentro de nuestro concejo empezábamos el último trimestre del año cargados de ilusión y proyectos que nos llenarían de alegría y ganas de seguir trabajando en la línea de unir repertorios habituales y propios.

20 de octubre: Homenaje en el Pozo Fortuna de Turón (organizado por el Ayuntamiento de Mieres), una breve actuación plagada de emoción y sentimientos en el homenaje a las víctimas de la represión franquista.

17 de noviembre: la «verdadera» presentación de la Banda Sinfónica del Ateneo Musical de Mieres para festejar Santa Cecilia en el Auditorio Teodoro Cuesta, un lleno que agotó las invitaciones y auténtica “puesta de largo” en la capital del concejo aunque la patrona musical sea el día 22. Ahí estrenamos el pasodoble del compositor toresano David Rivas Ateneo Musical de Mieres dedicado a nuestra asociación y un orgullo para todos, con un programa exigente del que tenemos vídeos en nuestro canal de YouTube.

En este concierto también contamos con la colaboración en el Joropo (Moisés Moleiro) con el cuatro venezolano en las manos del avilesino Moisés Arnáiz, del ovetense Jorge Areces a la gaita junto a un grupo de la Banda de Gaitas de Mieres que dirige, en La Noche Celta, así como del presentador de la TPA el mierense Laudelino Martínez Fernández, Laude para todos, que cantó el tema de Víctor Manuel Asturias, quien nos envió un vídeo de salutación junto a los compositores de los que interpretamos sus obras: el citado David Rivas, Ramón Prada (La Noche Celta) y José Alberto Pina (The Gosht Ship).

2 de diciembre: actuación en la carpa del Parque Jovellanos de Mieres para la Asociación Cultural Santa Bárbara en su fiesta anual, retomando bailables y músicas festivas en un entorno amigable y gastronómico alrededor del picadillo de chorizo.

Segundo gran reto de nuestra programación al tratarse de un concierto temático donde las músicas y poemas de Federico García Lorca ocuparon este proyecto que esperamos poder exportar a otras ciudades dada la calidad y actualidad del mismo, con otro lleno histórico en el Auditorio Teodoro Cuesta.

En el mismo participaron la cantante Nerea Vázquez Torres junto a las actrices mierenses Eliana Sánchez y Patricia Suárez, más el irremplazable técnico y músico Marco Castañón.

20 de diciembre: Concierto de Navidad junto al Orfeón de Mieres en la Iglesia de San Juan Bautista, primera colaboración con la centenaria y laureada agrupación coral que dirige Carlos Ruiz de Arcaute donde no faltaron villancicos españoles e internacionales con arreglos para banda y coro que hicieron las delicias de un público que abarrotó el templo ubicado en La Pasera y separado del emblemático barrio de Requejo por el río San Juan.

La Cadena COPE en Mieres nos hizo una entrevista donde contamos nuestro particular fin de año compartiendo micrófono con José Carlos Muñiz Fernández, presidente de AMICOS (Asociación Mierense de la Cocina Solidaria).

22 de diciembre: Pasacalles solidario para recaudar fondos destinados a la asociación AMICOS, música navideña con villancicos inundando los lugares más típicos de Mieres y donde nos encontramos con Víctor Manuel que aceptó gustosamente posar con nosotros y saludarnos en persona ante la imposibilidad de hacerlo el día de nuestra “puesta de largo”, aunque lo tuvimos presente con su vídeo grabado momentos antes del concierto que dio en Avilés el 28 de octubre.

El año 2019 arrancó con la grabación y posterior emisión el domingo 20 de enero del programa de la TPA “De Romandela” dedicado a Mieres (disponible en la web a la carta), donde abríamos la cuarta temporada de la mano de su presentador Laude Martínez que sigue apoyando nuestro Ateneo Musical de Mieres desde su creación y no perdió la ocasión de repetir su versión del Asturias que volvió a emocionarle porque cantar con una banda en directo no es algo habitual para nadie.

6 de febrero: la solidaridad está entre nuestros objetivos y no podíamos rechazar la invitación de la Asociación Española contra el Cáncer en Asturias desde la delegación mierense presidida por Loli Olavarrieta, que organizaría por vez primera fuera de Oviedo su concierto solidario anual.

Varios grupos de cámara de nuestro Ateneo ofrecieron una actuación de gran calidad con distintos músicos de nuestra banda de música: dúos con piano de violonchelo, trompeta, trombón o flauta, un trío de clarinete, flauta y piano, más dos cuartetos de clarinetes y saxofones, compartiendo escenario con el Coro Minero de Turón, tradición y juventud unidas en historias con música.

10 de marzo: desde la Concejalía de Igualdad del Ayuntamiento con motivo del “Día internacional de las mujeres” estuvimos actuando en el Auditorio mierense con un concierto titulado “De Ellas” donde además de interpretar obras compuestas exclusivamente por mujeres como Carmen Loriente, autora del pasodoble Sosia (componente de nuestra banda) y la gallega Magdalena Argibay autora de O faro dos brigantes que vino hasta Mieres para escuchar su composición. Dirigieron dos de nuestros valores al alza: Elba Rodal (clarinete) y Lara González (oboe), ambas con larga experiencia a la batuta desde su juventud como así lo demostraron, llegando a sonar un fragmento en el programa de Radio Nacional «Entre dos luces» (anunciando nuestro concierto en Vega de Arriba de mayo) que presenta Carlos Santos «La Libreta Colorá«, un gran seguidor de nuestro Ateneo.

También participó como narradora en La bella durmiente de María Mendoza nuestra querida Eliana Sánchez a quien siempre le agradecemos su colaboración desinteresada con el Ateneo Musical de Mieres.

El nº 53 del Magazine CL (Ciudad Lineal) que se distribuye gratuitamente por el concejo de Mieres, nos dedicó varias páginas donde recogíamos la actividad desarrollada por nuestro Ateneo hasta marzo, parte de la cual queda aquí reflejada.

13 de abril: en el Parque Jovellanos y dentro de la Folixa na Primavera que naciese allá por 1996 y ya está plenamente consolidada como fiesta sidrera y folklórica, nuestra Banda Sinfónica además del pasacalles previo por las principales arterias mierenses. Como dato emotivo debutó como abanderado Manuel Noval Fernández.

En el auditorio al aire libre del parque, ese que si las piedras sonasen nos llenarían muchas páginas musicales de nuestro Mieres del Camino, nuestra Banda del Ateneo ofreció un concierto a base de pasodobles y bailables que hizo las delicias del público mientras degustaban unos culines de sidra traída de distintos lagares asturianos o llenaban las terrazas adyacentes en un soleado día, poniendo la nota musical de la mañana sabatina con páginas asturianas, del pop español e internacional de los 70 y 80 que algunos espontáneos nos animamos a tararear y hasta marcarse unos pasos de baile quien pudo (mis lectores ya conocen mi mala pata).

Tras este pistoletazo primaveral y festivo, en los dos meses siguientes la Banda Sinfónica del Ateneo Musical de Mieres continuó con sus conciertos dentro del municipio.

12 de mayo: Polígono de Vega de Arriba, sesión vermut para una mañana soleada en sus fiestas de mayo interpretando bailables tradicionales y discotequeros de mis años jóvenes que no pueden faltar en estas actuaciones distendidas, contando de nuevo con Manu de abanderado.

La primera semana de junio tocó presentar los dos últimos eventos del mes, con una rueda de prensa en el Ayuntamiento donde participamos el maestro Cánovas, José Mª Castillo Rojo, un servidor y el concejal de cultura Juan Ponte, con la posterior participación del director musical, inspector y presidente del Ateneo en el informativo matutino de la COPE en Mieres que presenta Sara Rodríguez.

8 de junio: nuestra primera salida de Asturias tuvo lugar a Guardo (Palencia) donde fuimos invitados a participar en el VI Festival Internacional de Bandas de Música ”A tresbandas” que organiza la Asociación Musical de Guardo cuyo objetivo es intercambiar culturas y costumbres con la música como nexo de unión y por donde han desfilado agrupaciones llegadas desde Reino Unido, Holanda, Portugal, EE.UU., China o Puerto Rico en este año 2019.

Todo un honor llevar el nombre de Mieres y Asturias con lo mejor de nuestro repertorio, empezando la mañana con un pasacalles por la palentina localidad minera antes del concierto en la carpa, donde se nos hizo entrega de una placa conmemorativa y el primer corbatín para nuestro estandarte, uniéndose las tres formaciones sinfónicas de Caguas (Puerto Rico), Mieres y Guardo, alternando la dirección sus respectivos titulares, Miguel A. Rivera Trinidad, Antonio Cánovas e Isabel Vélez García donde sonaron El Gato Montés (Penella), Carrascosa (Teixidor) y Los Estudiantes (J. Vélez) para concluir con el Himno de Guardo compuesto en 1956 por Sindimio Allende que fue entonado por todos los presentes junto a la voz solista de Bea Rivera Reyes (arreglado para banda por Carlos De la Fuente Lucas-Torre) en un fin de fiesta donde la posterior comida de hermandad con una directiva siempre volcada con todos, continuó hasta bien entrada la tarde antes del merecido regreso a casa con las primeras luces nocturnas.

15 de junio: Para conmemorar nuestro año de vida nos embarcamos, con la inestimable colaboración de nuestro Ayuntamiento dentro de las fiestas patronales, en organizar el I Festival de Bandas de Música “Villa de Mieres” que queremos se convierta en cita obligada de los amantes de la música de banda y un evento imprescindible dentro de nuestras fiestas de San Juan.

La banda invitada fue la de la Unidad de Música de la Academia Básica del Aire de La Virgen del Camino (León) dirigida por el Capitán Don Julio César Salamanca que trajo también al coro de la academia, quienes a las 11:00 horas iniciaron un pasacalles por el centro de Mieres en una soleada mañana en compañía de nuestra banda anfitriona.

 

A las 12:00 horas con puntualidad británica y tras acomodarse las autoridades civiles y militares más el público que hubo de recoger la invitación completándose el aforo, comenzó el concierto que fue retransmitido en streaming por el canal del Ateneo en Facebook.

Programa variado donde no faltaron temas populares en ambas formaciones así como un sentido Santa Bárbara armonizado por el propio maestro Salamanca que hizo brotar lágrimas de emoción.

Tras la entrega de distintos trofeos y los corbatines conmemorativos para los estandartes, las dos bandas se unieron para interpretar los himnos de Asturias (dirigido por el maestro Cánovas) y el de España (con el capitán Salamanca) poniendo el punto y final de una mañana festiva tras la cual hubo un ágape de hermandad, agradeciendo la presencia de tantas autoridades con la delegada del Gobierno en Asturias, la mierense Delia Losa en cabeza, y recibiendo las felicitaciones de todos por la organización y éxito de este festival, premio al inmenso trabajo realizado por todo el Ateneo Musical de Mieres.

Finalizados exámenes y agenda de conciertos de este primer año, toca cargar las pilas para el próximo curso 2019-2020 con nuevos proyectos que intentaré contar desde aquí, aunque quiero recordar que en estos tiempos las redes sociales son importantes para promocionarse y estamos en todas ellas: Facebook, Instagram, Twitter, incluso el citado canal propio de YouTube donde compartimos parte de las actuaciones realizadas en esta breve pero intensa trayectoria. Como dice nuestro lema

“Queremos crecer contigo”.
GRACIAS A TODOS

Despedida por todo lo alto

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Domingo 16 de junio, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni», concierto extraordinario cierre de Temporada. Juan Diego Flórez (tenor), Cécile Restier (piano). Obras de Bellini, Glinka, Donizetti, Lehár, Bizet, Gounod, Bizet y Verdi. Entrada: 58,50€ (descuento para abonados del ciclo).

Despedida por todo lo alto con Juan Diego Flórez (Lima, 1973) para un ciclo donde el tenor peruano llenó el auditorio poniéndolo en pie sin defraudar nunca, esperado concierto programado inicialmente para el 26 de mayo pasado cancelado por motivos de salud, pero que mantuvo el aforo y programa pese al apretado calendario de esta figura mundial, acompañado de una excelente pianista como  Cécile Restier (Paris, 1981) que tampoco defraudó, haciendo «olvidarnos» del habitual acompañante Vicenzo Scalera.

Obras bien elegidas con los «intermedios» de la pianista francesa en la línea habitual de estos recitales, comenzando con Bellini y tres de sus canciones de concierto aptas igual para cualquier tesitura, casi como arias, perfectas para ir calentando voz y dedos, siempre optando por tiempos adecuados a la buena dicción, Vaga luna, che inargenti, bien lenta, Vanne, o rosa fortunata, algo más ligera, y Ma rendi pur contento gustándose los dos intérpretes, especialmente el limeño.

Sin romper este inicio belcantista la pianista eligió a Mikhail Glinka y su Rondino brillante sobre un tema de Bellini de lucimiento personal claramente ejecutado para dar el descanso vocal antes del aria O di Capellio, generosi amici… È serbato a questo acciaro…L’amo tanto e m’è sì cara de «I Capuleti e i Montecchi» donde Flórez comenzó a dar lo mejor de la velada en el repertorio que domina como pocos.

No podía faltar Gaetano Donizetti, primero el poco escuchado Vals en La mayor (para piano solo) y después dos arias bien distintas: Una furtiva lagrima del Nemorino de «L’elisir d’amore», recogido casi íntimo con un piano discreto (aunque siempre tengo que destacar lo complicadas que son las reducciones orquestales), y tras él volviendo a escena arrancando con el poderoso Edgardo de Tombe degli avi miei… Fra poco a me ricovero de «Lucia di Lamermoor» que cerró la primera parte en calidades «in crescendo» mostrando las cualidades que Arturo Reverter destaca en las notas al programa (enlazadas al inicio en obras): «exquisito, de voz clara y argéntea, de
probada técnica de emisión
» o las que destaca otro crítico como Javier Pérez Senz: «En el arte del buen cantar, Flórez es un maestro; difícil parece encontrar en la actualidad un tenor capaz de un canto más dulce y efusivo, más elegante y sabiamente fraseado«.

Con algo de escepticismo esperaba las arias de Franz Lehár porque idioma y estilo no me cuadran mucho con el color vocal de Flórez (mis referencias son 2K: KrausKaufmann) aunque no sea igual con piano que orquesta de cámara o sinfónica pero cantándolo desde hace años. Comenzaría con Dein ist mein ganzes Herz de «Das Land des Lächelns» algo plano, mejor el Gern hab’ ich die Frau’n geküsst de «Paganini» y culminando con más calidad y poderío el Freunde, das Leben ist Lebenswert de «Giuditta«, antes del Scherzo «vivace» de la Sonata en Re menor (para piano solo) y la parisina Restier luciéndose con el príncipe de la opereta.

No podía faltar ópera francesa, comenzando con una mejorable en estilo pero bien sentida y cantada La fleur que tu m’avais jetée, de «Carmen» (Georges Bizet) para proseguir con Charles Gounod pero no el Salut, demeure chaste et pure de «Faust» sino Ah lève toi, soleil de «Romeo et Juliette» que álguien del público contestó «mejor», bien el enamorado Romeo tras el celoso Don José.
Siguiente número de piano solo retomando a Bizet con su Nocturno en Re mayor en las manos de Cécile Restier verdaderamente impecable antes del esperado Verdi con dos arias para rematar la faena demostrando que su repertorio se engrandece como el cuerpo de su voz: Oh dolore de «Attila» y La mia letizia infondere… Come poteva un angelo de «I lombardi» apasionado e incluso brillante, que volvieron a dejarme buen sabor de boca con el esperado, aclamado y mediático Juan Diego Flórez que regresaría al escenario cantando algunas de sus habituales propinas.

Guitarra en mano, público pidiendo a gritos canciones cual comanda de «trattoria», su Perú del alma, comenzando con Chabuca Granda y el canto al gallo Camarón, seguido de un mix que dicen ahora De domingo a domingo en el día del padre en Hispanoamérica enlazado con el Cielito lindo, bromeando con todos, cercano, afable y simpático (su nombre en México es un santo al que se le apareció la Virgen de Guadalupe).
Todavía quedarían dos propinas más con Cécile Restier quien hubo de lidiar con una Granada (Agustín Lara) algo complicada de acompañar pero que Flórez paró con humor y guiños, incluyendo el giros «aflamencado» antes del agudo final, y un inesperado Calaf del «Turandot» pucciniano, el archiconocido Nessun dorma que me hizo saltar las lágrimas recordando a mi tío Paco al que enterrábamos por la mañana y hubiese disfrutado más que yo este concierto como buen melómano que me inició en este mundo único de la música.

Mejor despedida imposible.

Siempre aprendiendo con la lírica

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Oviedo, La Castalia – RIDEA: II Ciclo de Conferencias «Teatro lírico español: escenarios y géneros».

«Muriendo y aprendiendo» es un dicho que va más allá, un auténtico alegato a favor de la educación, pues cada día aprendemos y aprehendemos. La Castalia en colaboración con el RIDEA continúa apostando por la educación en todos los ámbitos, no solo desde el canto sino profundizando y haciéndonos partícipes de novedades, estudios y enfoques de la lírica desde Asturias, y vuelve a organizar este ciclo de conferencias con tres autoridades en la materia y pilares de la universidad asturiana en el campo de la Musicología como María Sanhuesa, Ramón Sobrino y Mª Encina Cortizo.

El miércoles 22 a las 19:30 horas abría fuego mi admirado Ramón Sobrino con «La recuperación de la zarzuela de los siglos XIX y XX«, catedrático de Musicología de la Universidad de Oviedo, músico, investigador, pionero en la utilización de medios informáticos en la edición musical y un verdadero lujo tenerlo entre nosotros. Su verbo fácil, irónico, ameno, docto, plagado de anécdotas desde la sabiduría siempre humilde, nos acercó el trabajo diario de su labor investigadora, la búsqueda de las fuentes originales, los problemas que se encuentran, las trabas burocráticas, las dificultades e imprevistos, pero sobre todo la pasión por la música desde el rigor y el trabajo de un doctor que lleva muchos años en la brecha, en primera persona, en la sombra, asesorando, impartiendo docencia, dirigiendo trabajos y tesis, publicando nuestro patrimonio musical más allá de la zarzuela, aunque esta vez nos hablase de ella.

En una excelente conferencia el doctor Sobrino nos ilustró con los devenires cual Indiana Jones musical buscando el arca perdida con partituras perdidas encontradas en donde menos se esperaba, otras custodiadas en organismos públicos sin acceso, el sumergirse con la amplia prensa de los últimos dos siglos, buceando en los orígenes de nuestra Zarzuela que parece ser más apreciada por los alemanes que por nosotros mismos haciendo impensable no poder interpretar en Berlín ante la falta de partituras… las anécdotas de El barberillo de Lavapiés del genial Barbieri, las instrumentaciones según la plantilla disponible, las correcciones, los guiones y manuscritos, las versiones solo con piano… El dedo en la llaga de la miopía cultural en épocas de nacionalismos como no promocionar ni siquiera en Cataluña la Marina de Arrieta ambientada en Lloret de Mar, la sardana y muchas más músicas de «ida y vuelta» cuando el tango no era argentino, Cuba todavía era española y el chotís ni era escocés sino alemán aunque lo reconozcamos como lo más castizo de Madrí. Tampoco faltaron Chueca o Bretón, Gaztambide y El Juramento, las aventuras de aquellas representaciones, algunas llegando al millar, los cambios climatológicos y teatrales, las adaptaciones al medio, las modas imperantes. Con cada partitura, cada título, cada escenario, Ramón Sobrino nos abría puertas, ojos y oídos con admiración a partes iguales. La recuperación de La Canción del Olvido completa y tantos otros títulos. Tributo lógico y merecido a «los Emilios» Sagi y Casares, junto al recordado Miguel Roa como defensores de nuestra zarzuela en tiempos difíciles.

La Gran Vía del conocimiento, el trabajo incansable en la revisión y a menudo primeras ediciones orquestales de nuestra zarzuela, sin olvidarse el peso y poso histórico del que parece todavía se olvida por parte de muchos críticos a raíz de algunas representaciones cercanas en el tiempo. Defensa de nuestro género desde el magisterio y el conocimiento, el Teatro de la Zarzuela madrileño o el Festival Lírico de Oviedo como únicas temporadas estables, la defensa del quehacer en la investigación con el razonamiento esperado de nuestro doctor o de organismos como la SGAE, el ICCMU como uno de los grandes editores de los últimos títulos que se programan, graban y difunden más allá de nuestra querida España, pues el potencial de nuestro idioma y género musical por excelencia está todavía por descubrir. Por lo menos la base científica es sólida y La Castalia lucha por divulgarla con voces tan preparadas como la de mi admirado Ramón Sobrino.

El martes 28 a las 19:30 horas continuaría este ciclo de tres conferencias, de nuevo con gran asistencia de público, a cargo de Mª Encina Cortizo, tándem perfecto con Sobrino, quien nos hablaría de «La ópera española: un patrimonio por descubrir», realmente para todo un libro, recordando que España es el país que más lírica ha producido y recordando cómo la «Leyenda Negra» de los británicos tan negativamente nos ha afectado e incluso resignándonos a lo largo de siglos tras nuestro poderío en el Renacimiento.
Sin ahondar sobre qué entendemos por ópera española, si autores españoles o libretos en nuestro castellano universal, lo que está claro es la presencia de grandes nombres a quienes incluso se les reconoció mucho más fuera de nuestras fronteras, casos de Falla y La vida breve, Albéniz con su Pepita Jiménez, Henry Clifford, o la trilogía sobre el Rey Arturo comenzando por Merlín (más unos bocetos de Lancelot y Guinevere ni empezada), todas en inglés. El trío de ases lo completaría Granados con María del Carmen Goyescas, de quien Miriam Perandones también nos dio una conferencia en el anterior ciclo de La Castalia.

Cita obligada, siempre docta, los grandes antecedentes de nuestra escena musical donde Lope de Vega escribe La selva sin amor (1629), égloga pastoril conocida pero sin partituras,
Celos aún del aire matan (denominada fiesta grande cantada) de Juan Hidalgo y libreto de Calderón (1660), recordándonos que en 2000 Francesc Bonastre edita y lleva al Teatro Real ese mismo año. La púrpura de la rosa también de Hidalgo desconocemos la partitura pero sabemos que en Perú otra música (de Tomás Torrejón de Velasco), editada por Louise K. Stein utiliza el mismo libreto. Tampoco hay que olvidar otros grandes nombres como Sebastián Durón, Antonio Literes, José de Nebra y hasta el mismísimo Farinelli con todo lo que supone para España.

Se fueron de España otras figuras comenzando por el valenciano Martin y Soler, admirado por Mozart, siguiendo como todos ellos la «ópera italiana» y el periplo por las cortes europeas (descubierta recientemente su tumba en Moscú), también en el siglo XIX el famosísimo tenor y compositor sevillano Manuel García que daría para una conferencia propia por él y toda su familia, el gaditano José Melchor Gomis (1791-1836) en Paris y usando el francés como idioma, y sí se quedaron entre nosotros el catalán Ramón Carnicer (1789-1855) con siete óperas “italianas” estrenadas en Barcelona, la otra capital operística española hasta ficharlo el rey para Madrid, donde llevará otras cuatro.
De Carnicer tienen mucho para enseñarnos Cortizo-Sobrino con años de investigación y ediciones, recordándonos Il dissoluto punito sobre nuestro Don Juan (partitura conservada en el archivo municipal de Madrid) y reestrenado por Alberto Zedda en el Festival Mozart 2006 de La Coruña (con grabación en CD y DVD), después Elena e Malvina (1829) que en 2016 se recupera con problemas de fechas, huelgas, etc. que parece dormir el «sueño de los justos» y sin retransmitir por Radio Clásica pese a haberla grabado con Guillermo García Calvo al frente de un elenco ideal… una lástima porque el esfuerzo para reestrenarla, aunque fuese en versión concierto, no tuvo el premio de la continuidad, escrita al estilo Rossini o Bellini muy difícil de cantar.
Santiago de Masarnau y el romanticismo en voga pedía ya en 1836 el español como idioma y una ópera nacional como otros países (Italia, Francia ¡y hasta Rusia!), con nuevos nombres a recordar dentro del “canon italiano” que casi todos los compositores seguían por ser la moda: Hilarión Eslava, que estrenaba en Cádiz porque la Catedral de Sevilla lo impedía, pero también Tomás Genovés, Baltasar Saldoni, Joaquín Espín y Guillén o Vicente Cuyás, nombres que el ICCMU sigue defendiendo con ediciones críticas.

Otro de las figuras que repasaría la catedrática Cortizo en los años 40 del siglo XIX sería Emilio Arrieta (1821-1894) mas conocido por la zarzuela, estudiando en Milán, componiendo para final de curso la premiada Ildegonda (1845) con libreto de Temístocles Solera, cual Lucia de argumento y mostrando admiración por un Verdi que escucharía en sus años estudiantiles, del que Solera también escribiese varios libretos. RTVE con López Cobos la grabó y es admirable e increíble cómo una opus 1 puede tener tal calidad. Corría 2004 y lo registrarían voces como José Bros, Ana Mª Sánchez, Mariola Cantarero y Carlos Álvarez… Otro tanto sucedería con La conquista di Granata (1850) con libreto también de Solera que se recuperaría en 2006, grabación casi con los mismos intérpretes.
Se llevaría a representar en Giessen (Alemania), un pequeño pueblo donde como anécdota preguntaban si era muy conocida en España. Al menos pudimos escuchar algunos fragmentos gracias a Mª Encina corroborando la calidad de estas dos óperas del maestro Arrieta.
Muchas más anécdotasMarina la ópera en 1871, el papel que desempeñó el gran tenor Tamberlick, el empuje dado por Isabel II, el tiempo pasado hasta los homenajes a Kraus o cómo en 2015 apareció en un silo de cereales de Almagro nuevos números, luego archivo INAEM, con sardana incluida.
Imposible en una conferencia abarcar un título para ella donde había que recordar a muchos más como Felipe Pedrell, un catalán aún sin «recuperar» pese a las corrientes políticas, con la ópera Els Pirineus (buscando completar una trilogía con La Celestina y El Compte Arnau) de armonías wagnerianas pero aires franceses,
Bretón que también compondría óperas al igual que Serrano y Chapí cuya Margarita la tornera (1909) con libreto de Zorrilla pondría un punto y seguido recordando siempre a Luis G. Iberni.

Cerraría el ciclo el martes 4 de junio a la hora habitual de las 19:30 la doctora María Sanhuesa con «El Teatro del Fontán de Oviedo: una caja de sorpresas», organizadora de estas tres conferencias en su segunda edición para «La Castalia», de nuevo aportando aspectos de la tradición lírica de nuestra capital centrada en los recintos y especialmente en un teatro sobre el que lleva años investigando como es el que destronaría el Campoamor, el Fontán, pero también repertorio y figuras.

Oviedo es más que el Campoamor inaugurado en 1892 y los títulos del momento amén de Los Hugonotes de Meyerbeer que con que abriría historia propia pero que ya se había representado en el Fontán. La profesora recordaría al músico Antonio Llanos con obras líricas como Tierra, El Duque de Gandía o El despacho parroquial que bien podían haberse escuchado en aquello tiempos. En esta historia carbayona no se podía olvidar de Luis Arrones o las misceláneas de Luis G. Iberni incluyendo el recopilatorio Delantera de paraíso en su memoria, y es que hubo mucha vida lírica antes del Campoamor con espectáculos y público propio, variopinto del que escribió Clarín con su pluma ácida en su cuento La reina Margarita, pagaban y exigían sin entrar en más aunque Oviedo siempre tuvo afición secular y Leopoldo Alas la vivió en primera persona.

En 1671 se inaugura el corral de comedias del Fontán cruzando datos de distintas fuentes locales pero también encontradas en Almagro, y es que desaparecieron de forma interesada los archivos (para favorecer a unos inquilinos) pero al ser municipal hay actas de los plenos relativos al teatro, que hasta tenía una comisión propia. Mucha prensa del momento (incluyendo el periodo 1871-1936 de El Carbayón), Fermín Canella y sus Memorias asturianas, entre otras muchas citas constatan que a finales del siglo XV ya tenemos información de espectáculos en distintos espacios ovetenses. De 1666 a 1671 se construye un corral de comedias al estilo castellano a cargo del arquitecto Ignacio de Cajigal, con detalles curiosos caso de ser a cielo abierto como era costumbre entonces, pero tuvo otros usos como hospital de campaña y constaba de una estructura complicada sin fachada ni exento, debiendo atravesarse el palacio que hoy ocupa la Biblioteca. Casa de Comedias, Casa Teatro e incluso Casa Mesón fueron las denominaciones y para llegar al teatro se llenaba uno de barro cruzando la plaza que adecentaría el Marqués de San Feliz con su palacio al lado.

María Sanhuesa nos contó que el Patio de Comedias del Fontán siempre tuvo problemas en su estructura, una planta ampliada por la calle Quintana que ni existía por entonces, o su cubierta en 1796 con la reforma al estilo italiano del arquitecto Francisco Pruneda, entrando en un siglo XIX donde seguiría ampliándose, reparando y arreglando, incluso añadiendo un café siguiendo las costumbres. El deterioro iría en aumento hasta 1847 en que se cierra dos años para reformarlo a fondo, incluso apareciendo nuevos problemas como la financiación a base de impuestos municipales sobre el vino y préstamos de la Sociedad Económica Amigos del País para escuela de dibujo (nuestro antiguo «Conservatorio del Rosal»), escuela de Artes y Oficios muchos años.
Modernizar el teatro suponía nueva utillería y decorados así como un telón de boca (del que se conserva un dibujo en Almagro) de José Mª Avrial Flores, con gran éxito por los mismos, ampliándose el aforo hasta las 600 localidades (hasta 1851-52 ni siquiera tenía almacenes propios y luego estas telas se estropearían por la lluvia que en Asturias es habitual).
La reinauguración sería con Ernani en 1849, después Macbeth (1852) -que exigía un nuevo decorado de gruta- aunque se representaba también zarzuela, danza y hasta espectáculos circenses, de títeres, así como compañías aficionadas de distintas sociedades locales.

Sobre el repertorio preferido hay inventario de los decorados antes de la reforma que nos da idea de los títulos: Romeo y Julieta, Medea, el Otello de Rossini, junto a La Gazza Ladra o Barbero, pero también Norma y todo el belcanto. El barítono Giorgio Ronconi (1810-1890) cantante de éxito en 1864 cantó en el Fontán como recoge la prensa, y también el famoso Tamberlick en 1882, algo mermado pero con su fama intacta con un Trovatore donde no dio el agudo de La Pira (sustituído por un clarinete permitido por el propio Verdi) y mi paisano Teodoro Cuesta, flauta de aquellas orquestas, le dedicó un verso como a Lorenzo Abruñedo (1836-1904) espectador primero de estas funciones y después un tenor de fama.
Se repetían títulos pero nada románticos, así era el gusto ovetense, y de las orquestas y coros (hablando cuando no cantaban) siempre de inferior calidad que los cantantes, verdaderas figuras. María Sanhuesa nos contó múltiples anécdotas como quitar los caballos a los carruajes y tirar los «fans» por ellos hasta el hotel, o en el caso de las bailarinas comerse sus zapatillas en señal de admiración, raros gustos culinarios.
Interesante saber que en 1890 el famoso violinista santanderino Jesús de Monasterio interpretaría una obra suya perdida inspirada en su valle de Liébana, como recoge la prensa, o que el aforo alcanzaría las 99 butacas (la número 100 se supone estaba reservada a la autoridad local), con un foso pequeño, mucho frío, goteras…
“Nuestro coliseo de la plaza del pan” como lo describe Clarín en La Regenta, los palcos utilizados igualmente de almacenes, butacas sucias que se rompían y salían los muelles destrozando levitas y vestidos, el polvo abundante y las pulgas incluidas que dan una idea del estado de este espacio escénico en la Vetusta decimonónica.

En 1858 visita la reina Isabel II el teatro además de las minas de Arnao, un teatro donde se fumaba, había malos modales, los caballos esperaban la entrada en escena en otros espectáculos (incluso peleas de gallos) y muchas otras curiosidades hasta su derribo en 1901 (pues en 1892 ya estaba el Campoamor que comparado con el de El Fontán sería «el no va más» para los carbayones).
Clarín retrata perfectamente la historia local incluyendo las obras representadas, conocedor de todo, incluso del ambiente en Su único hijo (donde critica que en Oviedo gusta todo lo italiano aunque sea traduciendo nombres totalmente macarrónicos), La regenta con un paralelismo entre Fermín de Pas y el Barbero de Rossini y hasta los motes utilizados para La tiplina Merlatti y la tiplona Valpucci, cómo se abofetearon en una cómica descripción… En La reina Margarita también aparece una cita del tenor catedralicio Feliciano Candonga al que querían «italianizar» como Fausto Candonguini o incluso anunciarlo como Fausto Scherzo en un argumento digno de El dúo de la Africana.
Al público ovetense también se le critica y es digno de ver en la prensa los títulos de entonces, antes de la inauguración del Campoamor, volviendo a recordar que Los Hugonotes se representaron primero en el Fontán, una auténtica sorpresa para muchos.
En Vetusta no han cambiado mucho las cosas, al menos en lo que a la afición operística se refiere, y «La Castalia» nos sigue descubriendo y defendiendo este apasionante mundo. Gracias a los conferenciantes por sus amenas conferencias, todas con excelente entrada, y Begoña García-Tamargo por su abnegada lucha.

Doña Paquita de Pasqual

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Miércoles 29 de mayo, 20:00 horas. Teatro de la Zarzuela, Madrid; retransmisión en vivo (desde los canales propios del teatro en Facebook, YouTube y Web): Doña Francisquita (música de Amadeo Vives, texto de Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw inspirada en «La discreta enamorada» de Lope de Vega). Adaptación de Lluis Pasqual. Fotos ©TeatroDeLaZarzuela (capturas de pantalla de la emisión).

Desde sus orígenes la escena siempre ha sido objeto de visiones distintas con un mismo original. Teatro y Lírica forman parte de ello y hace años que los directores de escena y dramaturgos han querido revisar, actualizar o versionar con distinto criterio muchas obras maestras. En el caso de la ópera aún tengo mi primer recuerdo de Peter Sellars con un Cossì mozartiano ambientado en el «Despina’s caffe» o más recientemente una Bohème de Damiano Michieletto con la Netrebko, Beczala y sus amigos «yonkis», escenografías que comenzarían a romper moldes en aquella recordada Traviata de Salzburgo con Villazón firmada por Willy Decker, sin olvidarme de los muchos Elisir solo citando DVDs que tengo en casa. De las muchas «actualizaciones» que han pasado por el Campoamor tengo buen recuerdo de unos Diálogos de Carmelitas de Carsen increíbles frente a la época de balnearios, albornoces y toallas (probablemente portuguesas) pero también el Sagi que ambientó en Llanes el archirrepresentado Elisir amén de las óperas barrocas que continúan la línea escénica en boga.

A nuestra zarzuela también ha llegado este interés por las «revisiones» con mayor o menor acierto, pues Calixto Bieito o La Fura resultan habitualmente «taquilleros» además de controvertidos por desvirtuar la acción original (como en tantas óperas), encumbrando a los directores de escena como los divos actuales, obligando a actuar en condiciones antinaturales para cualquier cantante, buscando más la visión estética que la musical, primando la belleza de cantantes más que su voz, una tiranía en la sociedad del placer. No tengo buenos recuerdos en algunos montajes finalizando con un Sobre Verde que sobraba, y en cambio la última Africana presentada por Joan Font resultaba por lo menos respetuosa desde lo actual. Hay que reconocer que los escándalos y las críticas negativas se hacen virales, ayudan a llevar más público, unos por morbo, otros para comprobar y a veces corroborar lo leído, pero los que se estrenen me preocupa se lleven una visión parcial de grandes obras musicales donde la escena sigue ocupando tres cuartas partes de las críticas.

Mi generación creció con el audio (radio, vinilos, cassettes y CD), y tras la llegada de la televisión y el vídeo (luego el LaserDisc, el DVD o el BlueRay) supuso un avance al acercarnos la otra mitad tan importante como la música: la escena. La llamada «era de internet» es la última revolución que en el acceso a la lírica en general supone «universalizar», pero no siempre con la calidad deseada, aunque siempre con excepciones y la controversia siga vigente.

Toda esta introducción viene a cuento por la última producción del Teatro de la Zarzuela coproducida con el Liceu barcelonés y la ópera de Lausanne de Doña Francisquita y música del maestro Vives y un elenco de primeras figuras que con una excelente realización en directo (que disfruté en el televisor) y una toma de sonido impecable, hicieron llegar a todo el mundo (twitter echaba humo) esta joya de nuestro género por excelencia que llegaba con mucha polémica previa no siempre educada y perdiendo el respeto por quienes trabajan en ella, con mucho dinero invertido en vestuario, luces, atrezzo, escena y todo el personal. Si es gratis apagamos en caso de que no guste, si pagamos podemos no aplaudir, pedir la hoja de reclamaciones (porque quien paga tiene derecho a protestar), aportar opiniones razonadas siempre discutibles (el debate mantiene la mente despejada) e incluso silbar o patear al final del aria, romanza o toda la función (he vivido algunos momentos así con cantantes y últimamente más con las escenografías, lanzamiento de zapato incluido), pero nunca faltar al respeto, algo que tristemente se está dando en nuestra sociedad de la que la zarzuela o la ópera tampoco se escapan, fiel reflejo de estos tiempos, y que la zarzuela siempre criticó por ser algo vivo, irrepetible cada día.

Vuelven los tiempos de los escándalos por Jesucristo Superstar, el desnudo de Victoria Vera en Equus y los mal llamados conservadores que enarbolan la bandera de su moralidad y pensamiento único. Tendremos que recuperar aquel espíritu de libertad y de buenos modales que se han perdido.

Lluis Pasqual, como tantos otros, decide cambiar la acción original de Doña Francisquita del Madrid que arrancaba el pasado siglo, a tres momentos en cada acto (1934 grabando un disco, 1964 en aquella televisión del UHF que en la actualidad parece estar en las madrugadas o madrugando, y un ensayo general de nuestros días), teniendo que introducir al narrador que nos explique su personal visión con textos propios (genialmente interpretado por Gonzalo de Castro) y centrarnos en un argumento perdido con escenografía y bellísimo vestuario de Alejandro Andújar, aunque también hay crítica propia de estas «actualizaciones» por parte de Doña Francisca, que la asturiana Mª José Suárez bordó en cada intervención (seguro que también lleva más de cuarenta representaciones). De los tres actos el segundo me pareció el más logrado.

Las voces principales estuvieron a la altura esperada: Sabina Puértolas (Doña Francisquita) en un rol debutado sin problemas aunque le queda «hacerse con él», e Ismael Jordi (Fernando) que está en un momento álgido de rotundidad vocal aunque sigamos recordando al irrepetible Alfredo Kraus (dedicatario de este título). Los dos lucieron en las romanzas y nos dejaron unos dúos impecables.

No se quedaron atrás Ana Ibarra (Aurora), para mí la verdadera triunfadora de la noche en una complicada partitura que defendió con calidad y belleza a «La Beltrana», más Vicenç Esteve (Cardona), junto a un excelente Santos Ariño (Don Matías).

El cuerpo de baile lució y se lució más allá del esperado Fandango donde la incombustible Lucero Tena volvió a brillar como la figura mundial que es con las castañuelas (el público verdaderamente la aclamó), si bien no entendí que se repitiera, no era un bis, con ella sentada, dentro de esa idea de ambientar como ensayo el último acto.

El coro titular que dirige Antonio Fauró ayudó a completar una escena variada y variable (sentados todo el primer acto) pero perfectamente empastados y con los protagonismos esperados, sumando al conjunto desde su calidad habitual.

Redondearon la música la Orquesta de la Comunidad de Madrid y el titular Óliver Díaz, verdadero maestro sacando de todos lo mejor, defendiendo desde el teatro de la calle Jovellanos nuestras partituras, trabajador incansable, cuidando las dinámicas y los tempi que favorecieron el lucimiento de un elenco vocal que dignifica nuestro género, algo que siempre reclamamos para poder exportar nuestro patrimonio musical al resto del mundo.

Personalmente he visto cosas peores y he disfrutado como algunos otros, aunque esta «Doña Paquita de Pasqual» no sea la genuina «Doña Francisquita» sino más bien un homenaje (o salto en el tiempo) desde una óptica no bien explicada o entendida por muchos.

Lamentaciones y bálsamo espiritual

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Jueves 23 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: clausura VI Primavera Barroca – Circuitos CNDMCapella de Ministrers, Carles Magraner (violón y dirección). Cristóbal de Morales (ca. 1500-1553): Super Lamentationes Hieremie Prophete (ca. 1543-1550).

Manuel del Sol ha recuperado por encargo del CNDM en 2016, transcrito y editadas estas seis «Lamentaciones de Jeremías» pasión y muerte compuestas por Cristóbal de Morales, dos de ellas complemento perfecto de las otras cuatro, que en las notas al programa explica el doctor Del Sol tanto el origen del género como las múltiples interpretaciones habidas en el Renacimiento «dependiendo, por norma general, del contexto institucional y los recursos musicales disponibles«. En el caso de la agrupación que dirige Carles Magraner «según la práctica musical de la Capilla Real del emperador Carlos V, donde las lamentaciones se cantaban polifónicamente con acompañamiento instrumental de violones o vihuelas de arco… práctica singular en la historia de este género«.

Con el paso de los siglos esta música sigue siendo una reflexión sobre la barbarie, las guerras, el llanto, la desolación, la muerte, pero también la esperanza. Impresionante el silencio y la emoción que el público presente mantuvo a lo largo de la hora abundante de estas «Super lamentationes» con la Capella de Ministrers en seis «lecciones para el Oficio de tinieblas«, manteniendo todo el espíritu original en combinaciones verdaderamente conmovedoras.

Esta formación se presentaba con las voces de Élia Casanova (superius), Hugo Bolívar (altus), Fran Braojos, Albert Riera y Víctor Sordo (tenores) más Pablo Acosta (bassus) en las voces, así citadas conservando la nomenclatura original de las cuatro voces mixtas (soprano, alto, tenor y bajo), más los violones (violas de gamba) de Lixsania Fernández, Leonardo Luckert
y Jordi Comellas, la tiorba de Robert Cases y el propio Carles Magraner con el violón (viola de arco, violón agudo, evolución de las fídulas y antecedentes del violín), además de la dirección del conjunto, planos sonoros bien claros, matices equilibrados y amplios, empaste vocal e instrumental con protagonismos compartidos junto a la riqueza tímbrica que esta magna obra atesora.

La primera de las recuperaciones históricas que abría las «Lamentaciones de Sión cautiva» (Aleph. Quomodo sedet sola) a cuatro voces iguales fueron presentando sentimientos musicales fiel reflejo de unos textos latinos tan bien encajados por un Morales dominador de la polifonía y avanzado para su tiempo dentro del llamado triunvirato de la Edad de Oro renacentista con Guerrero y Victoria.

Se ampliaba la plantilla vocal a cinco voces mixtas con la segunda de las Lamentaciones (Num. Vigilavit iugum iniquitatum), orfebrería en las violas de gamba con auténticas perlas de la tiorba o el violón de Magraner, más un quinteto vocal equilibrado (se nota el bloque del cuarteto Qvinta Esencia) como sucedería con la segunda recuperación del doctor Manuel del Sol, la tercera lamentación (Heth. Cogitavit Dominus) a cuatro voces mixtas comenzando con cinco cantantes (se sumaría el contratenor en la voz de alto) antes del final con la soprano para todo el «ensemble vocal», la destrucción musicada con dolor y pasión, los claroscuros etéreos y la concentración interior frente a la contrición, una espiritualidad que inundaría la sala de meditaciones individuales a partir de un colectivo de calidad.

Momentos impresionantes en la puesta en escena cuando las primeras cuatro voces se vuelven cantando frente a una de las puertas abovedadas de la sala de cámara, o las cuerdas comienzan con un pizzicato esta lamentación mientras prosiguen las voces a capella, verdadera riqueza tímbrica para mediados del siglo XVI, casi avanzando un Morales barroco que en España siempre tuvo la deuda renacentista, una apuesta segura esta recuperación histórica.

Tras unas palabras del maestro Magraner afrontarían las otras tres lamentaciones, nuevamente combinando voces, todas, cuatro y nuevamente el conjunto completo: Zain. Candidiores nazarei (a 5 voces), el canto «El Señor destruyó a Israel» del Sábado Santo, correspondiente a la Lección II Oficio de Tinieblas, más colorido y pasión, Coph. Vocavi amicos meos (a 4 voces), «Lamentaciones de Sión cautiva» siempre con las dinámicas perfectas bien balanceadas entre todos, y finalmente Phe. Expandit Syon (a 6 voces), el Viernes Santo con su Lección III del Oficio de Tinieblas que ponía el final con las palabras «Jerusalén , conviértete a tu Dios y Señor», la Hierusalem eterna casi metafórica que emerge de sus ruinas, la historia que se repite con un llanto musical lleno de belleza y dolor.

Un primor al oído, auténtico bálsamo musical del gran Cristóbal de Morales en una visión e interpretación que se llevará en breve al disco con esta Capella de Ministrers quienes desde el lunes hasta el jueves estuvieron trabajando al detalle en nuestro auditorio para regalarnos esa paz interior tan necesaria en tiempos convulsos, pues el dolor nos ha dejado en el arte auténticas obras maestras.

Felices veinte años

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Sábado 18 de mayo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Oviedo Filarmonía, Nicolas Altstaedt (violonchelo y director). Obras de Sánchez Verdú, Shostakóvich y Sibelius.

Crítica para La Nueva España del lunes 20 con los añadidos de links (siempre enriquecedores y a ser posibles con los mismos intérpretes en el caso de las obras), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Veinte años para una orquesta son toda una vida, más para una ciudad como Oviedo que clausuraba esta temporada con el reconocimiento de la Fundación Municipal y la Concejalía de Cultura a la Oviedo Filarmonía (OFil) de manos de “Rivi” Sánchez Ramos así como de todo el público presente, muchos fieles seguidores que han sabido esperar por una madurez lejana en aquellos primeros años de la inicial OSCO, pero que con trabajo duro, tenaz, versátil, en todos los repertorios, aprendiendo siempre, han redondeado una campaña completa, pendiente aún de que “Luisa Fernanda” eche el telón al festival lírico.

Otras plumas más preparadas que la mía escribirán esta reciente historia musical de la capital asturiana, pero el último programa de los Conciertos del Auditorio seguro que merecerá capítulo aparte, por un violonchelista y director como el franco-alemán Nicolas Altstaedt (1982) que sacó lo mejor de la OFil, felizmente reforzada en la segunda parte con alumnos del Conservatorio Superior en un programa arriesgado.

Comenzaría con el estreno asturiano (segundo en España tras el Festival de Granada de 2018) de Memoria del rojo compuesta por José Mª Sanchez Verdú (Algeciras, 1968), obra difícil de encajar en el amplio sentido de la palabra, que Altstaedt llevó como si la hubiese dirigido toda su vida, estudiada a fondo, muy trabajadas las texturas y dinámicas orquestales con una tímbrica sinfónica digna de grandes formaciones, y la OFil ya lo es, inspirada en una Alhambra universal de color, dibujo y ornamentos sinestésicos.

Si el concierto para violonchelo nº 1 de Shostakóvich, estrenado por su destinatario y amigo Rostropovich, es endiablado para el solista, simultanearlo con la dirección suponía un reto aún mayor que la OFil y Altstaedt superaron de forma sobresaliente. Escuchar al maestro se hizo más que necesario obligado, con la complicidad del concertino Mijlin o el solista de chelo Ureña cual “alter egodel alemán, total entendimiento en todas las secciones y sonoridades rotundas, dinámicas extremas sin exageraciones, con la trompa de Alberto Ayala. compartiendo protagonismo y virtuosismo con el chelo en esa melodía obsesiva del ruso, llevando los cuatro movimientos del infierno al cielo por agitación, potencia, lirismo (la celesta de Bezrodny una delicia) y entrega, un Moderato de cuerda y trompa atercioleadas previo a la “Cadenza” que acallaría el odiado e inoportuno teléfono, sonidos profundos llenos de emociones de principio a fin sin dejarse nada ninguno de los intérpretes. La propina en pizzicatos a dúo con Mijlin resultó un aperitivo de la tarta final.

Gran orquesta para la Sinfonía nº 1 en mi menor, op. 39 de Sibelius, madurez y trabajo de veinte años que el maestro Altstaedt entendió e hizo entender desde el podio, tiempos y matices extremos rondando el paroxismo, las manos, el gesto amplio, su implicación total para con la obra y sus músicos que nos dejaron el verdadero regalo de aniversario, inspiración finlandesa con sabor ruso. Allegro “enérgico” inicial con los timbales siempre mandando en una gama de matices magistrales, Andante ma non troppo – Lento para paladear las calidades de toda la OFil, el Scherzo brillante y la rotundidad del Finale (Quasi una fantasia), contagiosa explosión sonora para una piñata repleta de música.

Los aplausos merecidos por parte de músicos y auditorio celebrando esta gran temporada de conciertos (el avance de la venidera no se queda atrás) que dará el do de pecho con Juan Diego Flórez en un domingo de elecciones donde ganará la cultura de esta envidiada Viena del Norte que es Oviedo.

Dos almas y un solo latido

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Lunes 13 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Clausura de las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Gautier Capuçon (chelo), Gabriela Montero (piano). Obras de Schumann, Mendelssohn y Rachmaninov.

Los conciertos de mi querida Gabriela Montero son siempre únicos, irrepetibles, con la emoción a flor de piel, sea sola, con orquesta o esta vez de nuevo en Oviedo compartiendo escena nada menos que con el gran cellista francés Gautier Capuçon, siempre acertado en la elección de sus pianistas (Argerich o Yuja Wang entre las algunas), la reunión de dos talentos, dos almas, dos músicos enormes haciendo música juntos y latiendo como un solo corazón. Giras muy largas con distintos programas y con «jet lag» pero suficientemente preparados para comenzar un viaje a dúo desde Oviedo a Las Palmas pasando por Bilbao en un programa romántico que fue de menos a más en intención, emoción, entendimiento y buen hacer entre dos viejos conocidos.

Primera parte con Leipzig como punto de unión, la Fantasiestücke para violonchelo y piano, op. 73 de Robert Schumann (1810-1856) originalmente para clarinete pero que el cello de Capuçon transporta al lirismo puro, algo corto en sonido, echando de menos una tarima que hiciese de caja de resonancia, y el piano con la tapa abierta para comprobar todos los matices que Montero es capaz de sacar. Tres movimientos cuyos títulos expresan lo que pudimos escuchar: I. Zart und mit Ausdruck (Dulce y con expresión), arranque tenebroso y camerístico, dinámicas ajustadas, melodías y contracantos claros; II. Lebhaft, leicht (Animado, ligero), cristalino en ambos, de la melancolía inicial al optismo, energías bien encauzadas; y el III. Rasch und mit Feuer (Rápidamente y con fuego), apasionado, frenético en ambos, «virtuosismo mutuo… que finaliza de modo épico» como bien escribe Mirta Marcela González en las notas al programa (enlazadas arriba en los autores). Así lo entendía Schumann, su enamorada Clara y los grandes románticos para quienes los términos italianos les quedaban cortos para intentar explicar no ya la intención sino la entrega exigida. Maravilloso entendimiento de dos músicos tan distintos tocando como un solo ente, con muchos años compartiendo escenarios por todo el mundo.

A Félix Mendelsshon-Bartoldy (1809-1847) le debemos el rescate de «Mein Gott Bach», y hay mucho del «kantor» en la Sonata nº 2 para violonchelo y piano en re mayor, op. 58, cuatro escenas más que tiempos, donde los intérpretes dialogan, participan, comparten protagonismo, sin olvidar que todos los compositores elegidos para esta clausura de las jornadas de piano fueron grandes pianistas. Se nota en la escritura predominante aunque el violonchelo canta en todos ellos convirtiendo esta sonata casi en lieder similares a las «Romanzas sin palabras» o incluso corales luteranos donde el teclado quiere evocar al órgano, cuatro movimientos cual relatos llenos de claroscuros sobre los que triunfa siempre la luz. De nuevo admirable el entendimiento en los aires elegidos, en la intención: el I. Allegro assai vivace pletórico, atacado con valentía y con matices increíbles, de los que hacen cortar el silencio, seguido de un técnico y contenido II. Allegretto scherzando, bachiano con juegos de pizzicatos «orgánicos» contestados por el piano; el III. Adagio emocionante por la profundidad en ambos virtuosos, los graves del chelo que vibran como pocos instrumentos mientras el piano suelta destellos y perlas; para terminar el brillante IV. Molto allegro e vivace, perfectamente encajado entre dos solistas que se unen para engrandecer la llamada música de cámara, un dúo como unidad. Impresionante el respeto por el sonido, los finales ajustados en duraciones que quedan flotando en el ambiente derrochando pasión por la música.

Sergei Rachmaninov (1873-1943) no debe faltar en ninguno de los dos músicos porque hay simbiosis interpretativa y amor por unas páginas que tienen mucho de bocetos orquestales. La Sonata para violonchelo y piano en sol menor, op. 19 (1901) es contemporánea del archiconocido segundo concierto para piano y tiene la firma inconfundible del ruso con motivos reconocibles tanto en el piano como en el chelo, lo que se tradujo en una entrega emocional en los cuatro movimientos, un sonido muy cuidado por parte de los dos solistas, la continuidad romántica de la primera parte elevada al altar romántico que nunca debe faltar. El chelo comenzando solo, susurrando el piano en el I. Lento. Allegro moderato, atacando esas melodías sinfónicas dialogadas, individualidades bien entendidas; profundo el II. Allegro scherzando, acoplado al detalle con un «tempo» vertiginoso y limpio, el virtuosismo del ruso para unas melodías únicas desde el chelo de Capuçon y el piano de Montero; momento álgido de emociones el III. Andante, protagonismos alternados con el violonchelo sinfónico y el piano solístico en conjunción envidiable, la grandiosidad de una partitura que toma vida en cada nota con dos músicos entregados antes del IV. Allegro mosso, en la línea del tercer concierto de piano por la potencia sonora en ambos, Gabriela apoteósica, Gautier inconmensurable, despliegue de matices, rubatos encajados, tímbricas redondeadas, vuelos de paloma cantados al cello, cielo azul del piano, poesía musical de dos almas latiendo con un solo corazón. No se puede pedir más en una interpretación cálida, entregada y cercana del mejor Rachmaninov.

Público en pie jaleando una interpretación magistral del ruso de quien nos regalaron su Vocalise en arreglo propio de ambos en otra muestra de Música con mayúsculas, el Sergei que enamora, que no pasa de moda, entendido por los dos intérpretes de altura con una obra intensa y corta. Aún nos dejarían otra personalísima visión del tema más conocido (nº18)  de las Variaciones sobre un tema de Paganini, la reducción orquestal a dúo capaz de convertir lo pequeño en grande, bocetos tan artísticos como el original cuando se interpretan como Capuçon y Montero en un encuentro para el recuerdo.

Todavía hubo tiempo para firmar discos, programas, fotos con compatriotas, invitaciones a queso venezolano y alguna que otra confidencia entre amigos, a pesar del madrugón que les esperaba. Siempre quedamos con ganas de más

La Guapería de Zenet se quedó

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Viernes 10 de mayo, 20:30 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Zenet: La Guapería. Entrada butaca: 26€.

La Guapería llegó… y se quedó reza el estribillo del último trabajo del malagueño Zenet, jaleado por un teatro lleno hasta la bandera con un coro espontáneo del que Tony comentó “sois muchos para una furgoneta”, la que traía a Gijón temas que canta y cuenta, con una iluminación elegante, un sonido perfecto y una banda que siempre es un placer escucharla, mayor o menor pero convincente, empujando, con sus habituales y casi imprescindibles: el venezolano José Taboada (guitarra), los cubanos Moisés Porro (batería y percusión) y Manuel Machado (trompeta y fliscorno) el inmenso, más los maños Raúl Márquez (violín) y Toño Miguel (contrabajo), último fichaje de una «escudería» multinacional que sigue aportando calidades cada vez que suben a escena, músicos de raza, curtidos en ese mestizaje de estilos que Zenet necesita como un traje a medida.

Sea en el Café Central madrileño, en el Cervantes malagueño o en la Plaza Mayor de Gijón, por recordar las últimas veces que les escuché, la banda que acompaña a Zenet siempre convence y enamora, vistiendo los poemas musicales de Javier Laguna como en anteriores trabajos, o convirtiéndose en “ladrones de género” del último CD, tomando prestados temas que se fueron en barco, los robaron y devuelven con el «sello Z» que en vivo siempre es único e irrepetible. Viajes sin moverse de casa, desde la butaca, cerrando los ojos pero abriendo bien los oídos.

Casi dos horas de concierto comenzando con temas de «La Guapería«: Estás equivocada (compuesto por Osvaldo Farrés), Ansias locas (Delfín Figueroa), Devuélveme mis besos del gran Bola de Nieve que muchos recordamos por Olga Guillot ahora atracado en tierra firme aunque siempre de aires marinos, Me gustas (de Javier Lagunaaunque me cueste la vida y seas lo que no me conviene, que aparece en el vídeo clip de estética en blanco y negro pero llena de color, rueda de acordes arrancada con la guitarra de Taboada que crece sumando instrumentos como la escena de todos ellos, llevándonos a su terreno como la propia letra. Desgranando solos en la trompeta de Machado, el violín de Márquez recordando a Grapelli, y los bongos de Porro poniendo la firma de bolero cubano, mexicano, malagueño. Fusiones Zenet que aúnan los ritmos para retornarlos sin tiempo.

Canciones que van conformando nuestra memoria musical porque están rodadas y escuchadas como Cuando te enfadas (de «Si sucede conviene«), Quién sabe rememorando un «Quiéreme mucho» que se autopregunta «no sé quién eres» pero nosotros siempre convencidos con Zenet, no está el piano de Pepe Rivero pero la banda siempre reviste cada canción de verdad, antes de provocarnos con Échame el humo a la cara (con un solo inicial de Machado al fliscorno o flugelhorn genuinamente neoyorquino que mejora incluso la armónica grabada), los temas «slow» que tan bien lleva el boquerón de acento chulesco y gestos canallas subrayando cada pequeña historia, pasando de la luz a la sombra sin perder nunca claridad ni emoción.

ImágenesTranquila, No te empeñes más (Martha Valdés), Es tan difícil (Bola de Nieve), solo con la guitarra de Taboada haciendo fácil lo único, sin piano, letras que conforman ellas solas auténtica lírica, música y poesía íntimas antes de devolvernos la marcha a discos anteriores con Entre tú balcón y mi ventana permutando clarinete por violín, o volvernos a los locales de poca luz y humo ya perdidos con Que será lo que me has dado, surcar Los mares de China con Un beso de esos llevando el timón el contrabajo de Antonio Miguel, o viajar Por debajo de Madrid. Sin paradas, con palabras que mueven y conmueven, Estela, siempre por ella, nuestra «debilidad» A poquito que te roce con mucho swing, trompetas con sordina y violines zíngaros, Tu no yo sí, el recuerdo de Matamoros de aire cubano con humo de habanos y sabor a ron, «quiéreme… bésame» coreado por todos pero sin furgonetas.

Como en una película el título último cerca de las diez y media de la noche tras una sesión continua de Oscar sin palomitas, La palabra fin (Chico Novarro) de esta Guapería en coche descapotable que realmente fue Demasiado (Gradelio Pérez con el vistobueno de su hijo Alain), confesiones íntimas de Zenet, «demasiado tiempo» perdiéndose con el público, «La Guapería llegó y se quedó» en nuestro recuerdo sonoro y emocional.

Público en pie, agradecido, enamorado y sin amplificar, solos Machado, Taboada, Márquez y Zenet sentado a pie de escenario para volver a Soñar contigo. Aún hubo tiempo para firmar discos, sacar fotos y charlar un poco.

La magia de La Africana

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Jueves 9 de mayo, 20:00 horas. Teatro Campoamor, XXVI Festival de Teatro Lírico Español: El Dúo de La Africana, zarzuela cómica en un acto (música de Manuel Fernández Caballero, libreto de Miguel Echegaray). Nueva producción del Teatro Campoamor con dirección musical de Miquel Ortega y escena de Joan Font (Comediants).

Penúltimo título del vigésimosexto festival de zarzuela ovetense que volvía a programar esta obra llena de magia estrenada en el Teatro Apolo de Madrid un 13 de mayo de 1893 que sigue cautivando actualizada con todo el respeto al original, añadiendo lo necesario para mantener vigente el «metateatro» desde antes de comenzar la función.

Oviedo sigue haciendo historia lírica y tras la capital madrileña es referente nacional e internacional produciendo esta mágica zarzuela del murciano Fernández Caballero (1835-1906) donde el «género chico» se hace grande pues todo estuvo medido para hacer disfrutar al público fiel y entendido, que sigue llenando el Teatro Campoamor hasta general, de una tarde entretenida, lluviosa (dentro y fuera), con un plantel completo apostando por la calidad global sin tachas para ninguno.

La magia puso el toque nuevo de esta producción con Raúl Alegría que fue apareciendo a lo largo de la representación «intentando buscar una magia que pueda entrar en esta nueva versión; finalmente, gracias a la magia, se podrá llegar al final de la representación» en palabras del propio Joan Font, otro mago de la escena. Muy aplaudidos los números destacando el final donde la actriz Carmen Gloria García (Dña. Serafina) remataría la ilusión de esta puesta en escena llena de humor, guiños operísticos al propio Meyerbeer que también inaugurase el Teatro en 1892 aunque con Los Hugonotes pero permitámonos la licencia de pensar que fuese con La Africana.

Auténtico divertimento escénico esta preparación de la ópera como «disculpa» para enlazar las relaciones de todo tipo comenzando por las vocales del trío protagonista: nuestra soprano Beatriz Díaz volvía a encarnar La Antonelli (que hiciese hace años en Avilés), no solo acento sevillano sino gracejo, simpatía, llenando escena y enamorando a todos, Yo he nacido muy chiquita pero cantando con grandeza, potencia e intimismo, buen gusto y dicción, empaste en los dúos con Giussepini Comprende lo grave de mi situación y el popular No cantes más La Africana, amén de la comicidad en cada aparición con Oh! Selika, Io t’adoro. Impresionante el tenor santanderino Alejandro del Cerro, el Pepe valenciano tornado a nombre de payaso que esgrimía Doña Serafina buscando a su hijo (genial las proyecciones y efectos), entrega total en escena, torrente de voz siempre con musicalidad y engrandeciendo este personaje con enjundia, galán «bon vivant» de canto poderoso. Y completísimo el Querubini del barítono mejicano Jorge Eleazar, joven bien caracterizado de maduro con un timbre redondo que busca siempre la emisión correcta y el empaste global, al que sumarle una verdadera recreación del celoso y tacaño empresario marido de La Antonelli.
Completó el elenco protagonista el polifacético Josep Zapater quien como Inocencio también se marcó un excelente número de guitarra eléctrica junto a Noèlia Pérez (Amina) haciendo un rockero Oh! Selika, redondeando una interpretación de primera en este ensayo de «gran ópera» con una compañía modesta, barata porque «nadie cobra», que brilló como todo el espectáculo.

Nuevamente el coro titular que dirige Pablo Moras mantuvo un gran nivel, especialmente las voces blancas desde su aparición por el patio de butacas con paraguas y chubasqueros continuada por las graves algo adelantadas en la primera entrada pero rápidamente «enganchados» a una dinámica ágil, una Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» que esta vez matizó sus muchas intervenciones, tanto en la Mazurca como en el Coro de la Murmuración de una zarzuela que tienen bien trabajada.

Y parte del éxito volvió a estar en el foso donde Miquel Ortega Pujol no solo sacó una sonoridad ideal de la Oviedo Filarmonía sino que nunca descuidó el escenario, atento a cada voz, mimándolas, respetando la esencia y marcando todo para transmitir esa seguridad necesaria «arriba» desde «abajo». Al maestro compositor catalán también le debemos el fragmento adicional para el cuerpo de baile (otro acierto lleno de calidad las seis) ambientando esa puesta en escena con unas Variaciones «africanas» partiendo de los motivos del coro enriqueciendo la maravillosa partitura del prolífico Fernández Caballero, que con este «Dúo» rinde pequeños tributos a Donizetti o Rossini desde un humor inteligente y una escritura muy completa.

La vida es puro teatro canta un bolero, pero tras este penúltimo título ovetense, la zarzuela es magia, la de la escena musical española.

El músico valiente

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Martes 7 de mayo, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, concierto 9 del año, 1990 de la Sociedad Filarmónica de Oviedo: Dúo Gabriel Ordás (violín), Damián Hernández (piano). Obras de Bach, Schubert y Beethoven.

Hace años que sigo la trayectoria de Gabriel Ordás (Oviedo, 1999) quien a pesar de su juventud lleva casi toda la vida dedicándose a la música, escuchándola, tocando el violín, el piano, en solitario y también cámara o hasta orquesta (aún le recuerdo en un LinkUp de hace cinco años con la OSPA que me enamoró) y sobre todo su faceta de compositor con estrenos que puedo presumir de haberlos comentado y disfrutado. Hay que ser muy valiente en estos tiempos para compaginar los estudios obligatorios con la práctica musical y llevarlo todo como Gabriel lo hace, siempre con el apoyo de una familia sin la cual nada sería posible.

Valentía igualmente es enfrentarse al Bach elegido para su presentación en la centenaria sociedad filarmónica carbayona, la desnudez del salto sin red de la impresionante Sonata nº1 en sol menor, BWV 1001, dejando fluir la música a borbotones, con una técnica aún sin depurar que no le impide entregarse en cada nota, en cada compás, en cada frase. Impresionante el Adagio inicial sentido para afrontar la complicada Fuga (Allegro) que multiplica las sonoridades, la Siciliana muy «cantabile» y el vertiginoso Presto final.

Si en la sonata Gabriel Ordás dejaba muestras de un talento innato y madurez interpretativa, la Chacona perteneciente a la Partita nº 2 en re menor, BWV 1004 es un nuevo salto al vacío, el Bach interiorizado, memorizado y muy trabajado, un reto que pocos profesionales afrontan en concierto pero que el ovetense ofreció sin miedo ni complejos. Maravilloso escucharle y observar un arco lleno de plasticidad desde una amplia gama sonora al servicio de las endiabladas partituras del genio de Eisenach.

Francisco Damián Hernández Díez (Oviedo, 1973) compartió excelencia desde el piano, primero con la Sonata nº 1 en re mayor, Op. 137 de Schubert, obra que siempre recordaré de mis años jóvenes en primer año de música de cámara. Hernández y Ordás forman un dúo que entiende la música sin complicaciones pero con mucho trabajo conjunto, todo fluye con naturalidad, los diálogos, los acompañamientos, el saber dónde están los encuentros, los planos de cada uno, los protagonismos sin divismos. Excelente sonata tripartita con el Allegro Vivace final chispeante, exigente para ambos y luminoso en su interpretación.

La juventud como eterna primavera sonó con la homónima Sonata nº 5 en fa mayor para violín y piano, Op. 24 de Beethoven, dos intérpretes con muchas horas de estudio afrontando con frescura los cuatro movimientos, diálogos chispeantes, matices, movimientos desenfadados pero llenos de hondura, una asombrosa madurez para esta sonata exigente tanto para el piano como para el violín, sin apenas respiros y demostrando la grandiosidad de hacer música a dúo.

El regalo una adaptación del aria para tenor «Enamorado» de la ópera de cámara Doña Esquina compuesta por Gabriel Ordás, el sentimiento del intérprete con su composición, el canto desde el violín con el piano orquestal de Damián Hernández, siempre un placer cada concierto y más comprobar la evolución del talento musical y humano de un joven de su generación para quien la literatura, la música y todo el arte es afición, esperando sea pronto también profesión.

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