Adolfo G. Viejo y joven de espíritu
21/03/2013
Asturias, órgano, clásica, conciertos, música Adolfo Gutiérrez Viejo, órgano, Bach, conciertos, música 1 comentario
Miércoles 20 de marzo, 20:00 horas. XXXVI Semana de Música Religiosa de Avilés, Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery. Recital Bach, Adolfo Gutiérrez Viejo (órgano).
Un monumento al trabajo como el propio Bach se merece el leonés afincado en Asturias Adolfo G. Viejo capaz de seguir en activo para seguir dando a conocer al público la magnificencia de la obra organística del Kantor de Leipzig. No creo saber los años de estudio y práctica que supone haber tocado la integral de Bach en distintos órganos de la geografía europea.
En Avilés afrontó un programa valiente para un instrumento nuevo que no domina aunque contase con la inestimable ayuda de Chema. Y la dificultad de las obras elegidas estriba, como en todo Bach, en la exactitud de cada nota y figura con el registro adecuado para evitar un empacho de semicorcheas con hipo si se me permite la comparación. En este sentido resultado mejor los Corales (BWV 645, tocado de memoria, y BWV 688 sobre todo) que la Passacaglia y fuga en Do m. BWV 582 donde tuve la sensación de conducir con niebla nocturna sin luz al final del trayecto iniciado con plena confianza.
Obras como la Fantasía y fuga en Sol m. BWV 542 piden claridad de registros que no hubo, quedando desde abajo todo embarullado y con sensación caótica que dista mucho de lo buscado en la consola por Johann Sebastian Viejo: «la música es un diálogo de Dios consigo mismo antes de la creación del mundo» (Goethe sobre Bach). Lo mismo en la traicionera Fuga en Re m. BWV 529 del Primer movimiento de la Sonata para violín solo en Sol m. Pero el maestro valiente dejó la conocida Toccata y fuga en Re m. BWV 565 para el final con el ímpetu de juventud y todo el poderío Acitores, acertando en sonoridades y aires arriesgados porque la cobardía no existe para los músicos.
Felicitar al Maestro Adolfo por una vida dedicada a hacer felices a los demás desde la docencia, interpretación y composición. Pocos a su edad pueden mirar para atrás y ver tanto recorrido. Escucharle en Avilés no sólo era un tributo obligado sino otro signo más de generosidad que muchos de los presentes premiamos con nuestros aplausos sentidos en el corazón.
Un dúo poco escuchado
20/03/2013
Asturias, órgano, conciertos, música órgano, Bach, conciertos, G. Nivers, Händel, Juan Pedro Romero, música, oboe, Rubén Díez, Telemann Deja un comentario
Lunes 18 de marzo, 20:00 horas. Iglesia de Sto. Tomás de Cantorbery: Juan Pedro Romero Nieto (oboe), Rubén Díez García (órgano). Obras de Bach, Telemann, Buxtehude, Händel y Guillaume Gabriel Nivers.
Segundo concierto de la XXXVI Semana de Música Religiosa de Avilés nuevamente con artistas de casa de reconocido prestigio, el primero profesor en el conservatorio avilesino y de la OSPA, el segundo compaginando su labor pastoral con la organística, con todo el sacrificio que conlleva. Y esta vez no hablaremos de crisis porque el dúo oboe-órgano no es habitual escucharlo en vivo y de ambos instrumentos tenemos unos músicos de primera en Asturias capaces de un concierto impresionante no solo por lo novedoso del formato: alternando obras y arreglos que supusieron todo un colorido tímbrico por el sonido tan peculiar de la doble caña en un instrumento siempre importantísimo en la orquesta a lo largo de su historia, pero que en el repertorio barroco toma aún más protagonismo si cabe.
Comenzaba en solitario Rubén Díez con una obra de calado como es el Praeludium et Fuge BWV 532 (Bach) por exigencia, virtuosismo en manos y pies, combinación de pedales a teclado, manos separadas y sobre todo poder lograr ese crescendo progresivo a lo largo de esta maravillosa obra del Cantor. Cada concierto del praviano es siempre un placer al comprobar su estudio riguroso tanto de las partituras como de los registros siempre distintos y apropiados dependiendo del instrumento que tenga delante, y el nuevo de Acitores puede dar sonoridades adaptadas al estilo, esta vez puramente barroco.
La Sonata a-moll TWV 41 (Telemann) fue el primer dúo, contrastes en sus cuatro movimientos donde el oboe envolvió el templo avilesino bien arropado por unos registros que empastaron a la perfección y un dúo compenetrado con entradas siempre a tempo: la lenta y recogida Siciliana, el rápido Spirituoso, con pasajes fuertes sin estridencias, el lirismo puro del Andante y el Vivace potente de sonoridad y velocidades bien resuelto por ambos intérpretes.
La Ciacona en minor, Bux WV 160 (Buxtehude) es una obra delicada, reposada, donde la elección de una registración tenue en teclados y pedalier nos trajo nuevas y recogidas tímbricas para una partitura más difícil de lo que su escucha pueda parecer. Nuevo reto conseguido por el Maestro Díez.
El arreglo para este dúo del Adagio del «Osteroratorium» BWV 249 (Bach) le da un protagonismo casi vocal al oboe, capaz de unos reguladores que el órgano barroco no tenía pero sí todo el repertorio para viento, y siendo un número lento el placer de escuchar los fraseos de Juan Pedro Romero resulta una oración interior sin palabras. Otro tanto sucede con el arreglo del conocidísimo Largo de «Xerxes» (Händel), el aria «Ombra mai fu» tantas veces cantada que en la versión instrumental cobra nueva dimensión.
El último escalón para órgano solo es el Kyrie de la «Messe du 2ene ton» (G. Nivers), cinco movimientos de auténtico magisterio por el despliegue en la búsqueda de registros adaptados a cada uno de ellos, dificultades técnicas e interpretativas bien resueltas por el intérprete praviano, gustándome sobremanera el «Recit de Cromhome» central.
El cierre del concierto vendría a dúo que interpretó el Trío sonata nº 3 en Re m., BWV 527 (Bach), para mí con problemas variados en sus tres movimientos (Andante – Adagio e dolce – Vivace) porque el órgano quedó opaco frente al poderío de las frecuencias del oboe, no se logró el empaste de las anteriores obras (cierto que los tiempos lentos son más agradecidos) y la reverberación tampoco ayudó (1). Pese a todo una nueva demostración de virtuosismo para una forma que Bach trabajó durante toda su vida en combinaciones varias, siendo ésta probablemente la menos lograda, aunque el magisterio y belleza de toda la producción bachiana soporta mezclas y el paso del tiempo como nadie. El próximo concierto del miércoles 20 será TODO BACH en el mismo órgano de Federico Acitores con Adolfo Gutiérrez Viejo.
Conciertón inaugural XXXVI SMR de Avilés
18/03/2013
Asturias, órgano, clásica, conciertos, coros, música, sinfónica conciertos, Händel, Iván Cuervo, José Mª Martínez, Judith Busquets, Max Bruch, música, Orquesta Julián Orbón, Pedro Braña, Ramón de Garay, Roberto Morales 3 comentarios
Domingo 17 de marzo, 20:00 horas. Iglesia de San Nicolas de Bari. Coral Avilesina (Elena Baigorri, maestra de coro), Orquesta Julián Orbón, José Mª Martinez (director). Obras de Händel, Ramón de Garay, Max Bruch y Pedro Braña.
Comenzó la XXXVI Semana de Música Religiosa de Avilés en plena recesión económica pero nunca artística porque cuando no se tienen recursos suficientes para ofrecer figuras nacionales o internacionales, los de casa, muchos de ellos también docentes, salen más baratos y en muchos casos de igual calidad. También sirve para enseñar los frutos de tantos años de trabajo (36 la propia semana) y dar oportunidades a nuevos y jóvenes intérpretes de esta tierra mía, aunque como bien contaba al final del concierto Chema, algunos no quieren volver y otros incluso dejan de hablar a la organización… Pero esto es otro cantar.
La organista Judith Busquets fue la solista del Concierto para órgano y orquesta en SIbM, Op. 7 nº 3 HWV 308 de Händel, bien resuelto tanto en sus intervenciones solistas como las concertadas con una orquesta bien empastada dirigida con la mano firme y clara del director allerano aunque avilesino de adopción. El orden de los tiempos pudo despistar a algunos que aplaudiendo entre ellos rompieron un poco el buen discurso interpretativo desde el Andante inicial, con algunas notas del famoso «Aleluya», el Órgano ad libitum para disfrute de la solista que utilizó todos los recursos del portativo, un Spiritoso literal en todos los músicos, desde la cuerda a la madera y metal en una fuga de las que el de Halle saca oro e inundaron «la Iglesia de Garralda» y ese Menuet final auténtica danza con protagonismos bien repartidos, aunque hubiese momentos donde el órgano, por ubicación y recursos, quedase algo tapado.
Ramón Fernando de Garay Álvarez (Avilés, 27 de enero de 1761 – Jaén, 8 de enero de 1822) fue un compositor de talla internacional contemporáneo de Mozart, Haydn o Beethoven por citar la terna clásica, prolijo en todos los estilos, aunque mayoritariamente el religioso, pero con nada menos que diez sinfonías que ya han sido grabadas hace dos años por José Luis Temes al frente de la Orquesta de Córdoba con motivo del 250 Aniversario del nacimiento del músico de Sabugo. La Orquesta del Conservatorio Julián Orbón está dando a conocer poco a poco en su propia ciudad parte de esa producción, auténtico patrimonio cultural de la tierra que no podía seguir olvidado, en parte por la inestimable colaboración de mi querida compañera y amiga Mª Luz González Peña, directora del CEDOA -Centro de Documentación y Archivos- de la SGAE (donde trabaja), al hacer llegar estos materiales ya digitalizados a su Avilés del alma.
Chema Mtnez. recoge siempre el guante y esta vez con la Orquesta del Conservatorio avilesino, algo reforzada, nos deleitaron con la Sinfonía nº 9 en MIbM (1817) con sabor de clasicismo vienés en sus académicos cuatro movimientos y plantilla utilizada: Largo-Allegretto, Andantino, Allegro (Minué) y Rondó (Allegro) bien interpretados por una orquesta vigorosa en sonido y fiel a la partitura editada por el ICCMU que está al mismo nivel de muchos contemporáneos del compositor de Sabugo. La figura de Garay ha sido muy poco conocida hasta su reciente recuperación, gracias sobre todo a los trabajos del canónigo Raúl Arias del Valle (durante muchos años archivero de la catedral de Oviedo) y del cronista asturiano Justo Ureña junto al estudioso principal de su figura, Pedro Jiménez Cavallé, musicólogo y catedrático de la Universidad de Jaén, a quien debemos no sólo buena parte de los datos biográficos que hoy podemos ofrecer del maestro sino la revisión de su única ópera Compendio sucinto de la Revolución Española (1815) y de sus diez sinfonías. Decir que suena a Haydn o Mozart no es exagerar, y la prueba está en el triple CD para quien pueda escuchar la grabación patrocinada por la Fundación BBVA y el sello Verso.
Siguiendo con obras poco escuchadas, los solistas Iván Cuervo (clarinete) y Roberto Morales (viola) nos recrearon el Doble concierto en Mi m, Op. 88 (1911) -originalmente para violín y viola– de Max Bruch, tan inspirado como el más famoso de violín y dominador de colores y texturas tanto en los solistas como en la orquesta. Obra exigente para todos en sus cuatro movimientos, brillaron a gran altura destacando la potente sonoridad del Rondó (Allegro) final, los excelentes pasajes solistas y la precisión en la dirección del Maestro Martínez, ajustando los tempi siempre buscando la claridad expositiva.
El otro compositor asturiano de la tarde fue Pedro Braña Martínez (Candás, 5 de febrero de 1902 – Salinas, 13 de febrero de 1995), quien durante su larga estancia en Sevilla, de la que es hijo adoptivo, acabó firmando muchas marchas procesionales para su famosa Semana Santa, destacando que tiene una calle con su nombre en el barrio de Nervión de la ciudad Hispalense, sin olvidar obras corales que aún están en los repertorios. La Misa al Sagrado Corazón de Maria tiene las partes del «ordinario» que cantó con seguridad y buen gusto la Coral Avilesina que dirige Elena Baigorri Sáenz, con el acompañamiento de una formación camerística (normalmente con órgano) bajo la siempre atenta dirección de Chema. Cuatro partes donde los textos en latín están bien repartidos entre las voces con una orquesta tejiendo contracantos o subrayando las armonías: el breve Kyrie (Andante sostenido), seguido de un trabajado Gloria (Allegro moderato – Largo – Allegro deciso) brillante en toda su escritura polifónica, un Sanctus (Andante religioso) que bebe de las fuentes clásicas y el Agnus Dei (Andante religioso) tranquilo, dibujado y subrayado por la soprano local Rosa Jorquera en sus solos, con una cuerda cual «órgano imposible» por sonoridades reforzando un bajó armónico. Del compositor candasín -también con calle en su pueblo marinero- fue también el Ave María de propina con la misma solista que puso broche de oro entre merecidísimos aplausos al concierto inaugural de una Semana de Música Religiosa que es historia asturiana todavía viva y resucitando obras desde el duro trabajo y la ilusión por compartirlas.
Calidad de casa frente a la crisis
17/03/2013
Asturias, clásica, conciertos, música, sinfónica Bruch, Chema Martínez, conciertos, Coral Avilesina, Garay, Händel, música, Orquesta Julián Orbón, Pedro Braña Deja un comentario
Arrancaba este Domingo 17 de marzo en la Iglesia de San Nicolás de Bari la XXXVI Semana de Música Religiosa de Avilés con un programa de cinco conciertos con músicos de la tierra, pues los recortes a la cultura no hacen excepciones con la música.
Para comenzar la Orquesta Julián Orbón, la Coral Avilesina de Elena Baigorri, la organista Judith Busquets, el clarinete Iván Cuervo y el viola Roberto Morales, todos dirigidos por el incansable, luchador y excelente docente José Mª Martínez, Chema para todos los amigos, capaz de dar un concierto, del que escribiré con calma en casa, que incorporaba el Concierto para órgano y orquesta Op. 7 nº 3 HWV 308 de Händel, la Novena Sinfonía en MIbM (1817) del avilesino Ramón de Garay, el Doble Concierto en Mi m., Op. 88 para clarinete y viola de Max Bruch y la Misa al Sagrado Corazón de María del candasín Pedro Braña. Obras poco escuchadas, dos compositores asturianos, y con mucho arte de nuestra tierra.
Destacar cómo el propio Chema Martínez pidió al final que todos apoyemos al Conservatorio Julián Orbón de Avilés porque la labor de muchos años, el estudio del alumnado durante miles de horas, el esfuerzo del profesorado y el apoyo de tantos implicados, da la posibilidad de escuchar conciertos como este de apertura de una semana con ¡36 años a sus espaldas! que algunos dirigentes miopes pueden cargarse en una legislatura. Y un pueblo sin música es un pueblo sin historia.
Desde la aldea, más.
FeliciBach
10/03/2013
Asturias, clásica, conciertos, coros, música Auditorio de Oviedo, Bach, Concerto Kölhn, conciertos, Hans-Christoph Rademann, música, RIAS Kammerchor 4 comentarios
No había mejor forma de celebrar mis 22 años de matrimonio que acudir con mi señora, casi religiosamente, a disfrutar de Bach, rememorando nuestro particular Peregrinaje a tierras del Cantor de Leipzig en agosto de 2007, cantado por uno de los coros de referencia y con una agrupación instrumental de la que hay en casa muchas grabaciones.
Los alemanes están de mini gira por España (Kursaal de San Sebastián, Auditorio de Oviedo, Baluarte de Pamplona, Palau de la Música Catalana de Barcelona) con un recital bien armado y los Motetes 225 a 29 como eje vertebrador, intercalando las sinfonías de diversas Cantatas. Gustavo Moral Álvarez en las excelentes notas al programa de Oviedo titula «Música para sentirse en el centro del mundo» y para los que amamos a Bach sobre todas las cosas y a sus intérpretes como a nosotros mismos, escuchar estas obras siempre es alivio de espíritu, pues pese a ser «fúnebres» cuatro de los cinco motetes de esta tarde, «no son visiones tristes o dolientes de la muerte sino que nos confortan y consuelan, preparando el alma para el tránsito hacia la vida eterna, donde gozará la presencia de Dios» que escribe Rafael Banús en las notas del Baluarte.
El concierto comenzaba con el Motete BWV 226, credenciales de coro para no dudar de lo que esperaba: empaste, afinación, equilibrio, técnica prodigiosa al servicio de una música que subraya siempre el texto bíblico, y un conjunto instrumental perfecto para el acompañamiento colla parte aunque algo titubeante en el fagot u órgano, como si aún no acertase Rademann con ellos, más centrado en las voces a doble coro.
La Sinfonía de la Cantata BWV 21 dio protagonismo al concertino y al español Rodrigo Gutiérrez en el oboe, que el director casi llevó de la mano para una formación historicista que domina este repertorio, donde el tempo lento resultó conmovedor y el entendimiento comenzó a fluir.
El Motete BWV 228 volvió a traer un coro envidiable acompañado de un continuo que sí funcionó, con un órgano portativo, cello y contrabajo redondeando colores, «No temas, estoy contigo».
La Sinfonía de la Cantata BWV 42 sirvió para gozar los solos de concertino, oboes y fagot, más «entonados» aún, cual preludio para el primer gran motete de la noche, el conocido Jesu, meine Freude BWV 227, doble coro del que salen los cuatro solistas para renovar «mi alegría», color vocal idéntico en la división, disfrute de fugados, destacando hasta los silencios tras los nichts (nada) del texto, toda la gama posible de matices, arte vocal con mayúsculas como no puede ser menos en un coro profesional que interpretó este Bach de Sto. Tomás de forma magistral, siempre bien arropado por la orquesta y continuo. De agradecer el respeto del público que no aplaudió hasta finalizar esta primera parte, como pasaría con la segunda, aportando ese clima de espiritualidad que la música de El Cantor es capaz de transmitir.
El oboista español bordó sus intervenciones en la Sinfonía de la Cantata BWV 156 con reminiscencias o regusto italiano, que Bach conocía, y buen gusto interpretativo, dando paso al Motete BWV 229. Mismos calificativos y aún mayor compenetración entre todos, con un Rademann convincente por convencido, voces todas bien dirigidas, sonsacando estos tratados casi matemáticos del gran Bach.
La Sinfonía de la Cantata BWV 49 tuvo en el órgano al solista correspondiente, algo desigual en sus intervenciones, como si hubiese retardo en los ataques y cromatismos, pero sin pega a sus hermosas ornamentaciones, así como el oboe d’amore / da caccia español que tuvo su merecido minuto de gloria compartido con el corno inglés y fagot, más una cuerda siempre en su sitio, sinfonía de alegría contagiosa y quasi brandemburguesa.
Para cerrar Singet dem Herrn ein neus Lied, BWV 225, «Cantad al Señor un cántico nuevo», aire festivo y jubiloso, uno de los motetes más duros para doble coro que los berlineses bordaron técnica e interpretativamente con un cuarteto de solistas nuevamente impactantes junto a «los de Colonia». Qué maravilla escuchar las agilidades cual instrumentos de viento, registros extremos con un color siempre cuidado en igualarse, dinámicas nunca exageradas, afinación perfecta, contrastes de «tempi» sin fisuras, seguridad aplastante para esta joya bachiana, atreviéndose incluso a bisar el Aleluya. Mejor aniversario de boda imposible.



































