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Renacer en Pravia

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Sábado 2 de junio, 20:30 horas. XXIII Festival de Órgano Cajastur, Iglesia de Santa María la Mayor, Pravia. Jennifer Vera Martínez (corneto barroco) y Juan José Montero Ruiz (órgano): Il vero modo de diminuir.

En un ambiente italianizante por las músicas seleccionadas y la colocación del órgano praviano en un lateral, llegaba al festival un dúo realmente poco escuchado pese a gozar de fama en los tiempos del repertorio escuchado y del posterior barroco: el corneto de la cubana Jennifer Vera y el órgano del toledano Juan José Montero, dos músicos cuya trayectoria formativa y de concertistas es realmente amplia, el toque francés y el catalán, que en el caso del maestro Montero hay que citar su conocimiento de la construcción y afinación de órgano y cémbalos con Gerard Albert de Graaf (el mismo del Echevarría de Santa Marina la Real de León tan parecido al de Pravia), sin olvidar su faceta como compositor.

Las obras presentadas resultaron realmente originales y curiosas por tratarse casi todas ellas del Renacimiento a base de la técnica de la disminución, un procedimiento a base de contrapunto que presenta el tema elegido en valores menores que los de su exposición, también considerada un estilo de ornamentación pura muy en boga hasta el Barroco, en la que los motivos melódicos se descomponen, unas veces por el autor de esa disminución pero sin olvidar las no escritas que en estos repertorios corren a cargo del intérprete. Así escuchamos mucho repertorio de polifonía vocal adaptado a lo instrumental donde el adorno u ornamentación son protagonistas en ambos intérpretes.

Aunque el programa esté en la web, si quiero puntualizar algunos detalles. El concierto lo abrían a dúo calentando instrumentos, alternando también obras a órgano sólo, con un corneto que resultó plenamente «vocal» en fraseos que luego variaban pero siempre perfectamente integrado con los registros del órgano, empastado, buscando la misma afinación cual tubería añadida, incluso con las oscilaciones del aire en ellas. Difícil la ejecución pero redonda en resultados.

Destacar la elección de registros medios y graves en el órgano buscando esa homogeneidad tímbrica y tan sólo algunos «extremos» en las intervenciones solistas pero manteniendo un color a lo largo del concierto que nunca abusó de los tutti ni la trompetería.

Me encantaron el Vadam et circuibo civitatem de Victoria en la disminución de G. B. Bovicelli, el Ancor que col partire de Rore en la de G. B. Spadi y sobre todo el Io son ferito, hai lasso de Palestrina en la del primero citado.

El virtuosismo desde el buen gusto caracterizó cada ornamento y con unos tiempos apropiados para recrearse en ello, siendo muy loable el esfuerzo del corneto en la búsqueda de la limpieza melódica siempre bien arropada por el órgano. De las obras a órgano sólo destacar la Toccata del terzo tono (Merulo) y Susana en jour (glosada de Hernando de Cabezón) de registros plenos y perfecto equilibrio en los teclados, para quedarnos con la no muy rápida ni virtuosa pero llena de encanto Tocatte pour l’elevatione de Frescobaldi, placer sonoro que rematarían a dúo con la Canzone nº 2, a 4 de G. Gabrielli, alegría final quasi barroca con sonoridades plenas, colofón de un concierto renacentista que con instrumentos y repertorio apropiado siempre resultan gratificantes.

Dos David mejor que uno

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Viernes 1 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de abono nº 14, OSPA, David Moen (tuba), David Lockington (director). Obras de Samuel Jones y Johannes Brahms.
Siempre es un orgullo que los solistas de la OSPA den un paso al frente y se conviertan en protagonistas, y en el penúltimo de abono nuestro tuba titular estrenaba en Europa el concierto compuesto entre 2004 y 2005 por Samuel Jones (Mississippi, 1935) y estrenado por la Seattle Symphony en 2006.

El Concierto para tuba resultó todo un descubrimiento como obra sinfónica, no ya por el lucimiento del solista, capaz de momentos líricos donde el sonido del «bajo en Fa» tomaba colores de trompa hasta el virtuosismo del último movimiento (Largo-Allegro molto) en perfecto dúo con el flautín (César González, compañero en Candás del propio David) con unos contrastes tímbricos tan bien logrados, sino por la escritura para la orquesta desde un dominio del lenguaje romántico con el tamiz de un compositor de nuestro tiempo. Las notas al programa (enlazadas en los compositores, al inicio de la entrada) escritas por Diana Díaz ayudan a comprender no ya la obra en sí sino todo el trasfondo del tercer movimiento como homenaje sonoro al ingeniero aeronáutico James P. Crowder, con una tuba perfectamente ensamblada con la orquesta más allá de la familia de metales, compañeros habituales de atriles que empastaron a la perfección, siempre bien llevados por el otro David, Lockington que volvió a mostrar un estilo claro, conciso, atento al detalle y conocedor de la orquesta hasta hacerla sonar como si la plantilla fuese la deseada. Destacable toda la interpretación de David Martin Moen que volvió para regalarnos ese Elogio a la música de Schubert tras el esfuerzo físico y musical que el concierto de Jones supuso, agradeciéndole todos el trabajo y estreno para un instrumento que no suele tener el protagonismo de este caluroso inicio de junio.

Aunque quede el último concierto de la temporada, para mí era este viernes el cierre de curso, y nada menos que con la Sinfonía nº en RE M., Op. 73 (Brahms), aún reciente en el oído y una de las obras que han marcado mi memoria de melómano. Precisamente por todo lo que tiene de personal, las exigencias y expectativas reconozco que son altísimas, aunque sabedor del estilo directorial del británico afincado en EE.UU. y la química que ha logrado con la OSPA, la interpretación resultó aseada y adaptada a una orquesta que sigue pidiendo a gritos aumentar la plantilla de cuerda.
Lockington optó por trabajar la textura en los cuatro movimientos y jugar con las dinámicas necesarias que equilibrasen el desajuste para una sinfonía tan densa como la del alemán. Su versión resultó no ya elegante sino serena, sin sobresaltos, equilibrada en tiempos, poco arrebatadora y muy «cantabile», con poso, totalmente distinta de la última del auditorio y complementaria, dos visiones del mismo paisaje sonoro con distintas herramientas pero igual de sinceras, atento a los fraseos más que a la globalidad romántica, contenido pero nunca distante. Como escribe mi querida Diana de esta sinfonía, «es una obra compacta y de una rica inventiva melódica y rítmica… transmite un clima más apacible y luminoso» que la Primera, y así la hizo sonar el ya principal director invitado de la formación asturiana.

El Allegro non troppo se ciñó a la agógica indicada, familias bien ensambladas de las trompas a las maderas y la cuerda siempre incisiva para compensar volúmenes, densidad pero con transparencia. La formación como chelista del maestro británico creo que se notó al sacar de la cuerda grave sonoridades perfectamente empastadas y redondas sin apoderarse nunca del registro en el que se mueven. El Adagio non troppo fue una prueba más de lo indicado, al igual que los pizzicati presentes pero nunca hirientes. El Allegro grazioso, quasi andantino jugó con ese baile tan difícil de encajar por los cambios de ritmo bien solventados por esta orquesta que a lo largo del curso ha ganado en confianza en todas sus secciones (la madera sigue estando impecable), sobre todo cuando se le exige con sabiduría, y el maestro Lockington la ha demostrado. Tras una necesaria afinación total por un calor sofocante unido al duro trabajo de los tres movimientos anteriores, las variaciones del Allegro con spirito nos devolvió la mejor cuerda bien complementada por viento y timbales en la explosión de este movimiento con tintes militares donde Moen hubiera disfrutado, aunque su alumno y amigo, mi tocayo González Merino cumplió igualmente en esa fanfarria que sigue recordándome sonidos de órgano (el de la Iglesia de San Francisco estaba a la misma hora trabajando a dúo con el cornetto).

Buen concierto para una temporada que sin apenas altibajos, nos deja en el horizonte la llegada a esta su casa de Rossen Milanov, y la continuidad de Lockington como principal invitado, con una orquesta ansiosa por seguir alternando el repertorio de siempre junto a estrenos que, cuando tienen calidad, nos hacen disfrutar a todos.

Alumnos con el Maestro Morán

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Jueves 31 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de la Casa de Cultura «Teodoro Cuesta» de Mieres. Alfredo Morán Trío, JAM Session final de curso. Entrada: 3€.

Hace años que conozco a Alfredo Morán, guitarrista enamorado del Jazz, turonés y trabajador como nadie, pero también compositor y profesor quien desde el valle vecino lleva la música allá donde va.
Sin olvidar la faceta interpretativa, presentándose en trío con David Casillas al contrabajo y el polifacético Jaime Moraga a la batería, puso la formación como maestro para su alumnado que subió por primera vez a un escenario como examen fin de curso en este último jueves con la Casa de Cultura de Mieres como tribunal que disfrutó con todos ellos.
La apertura de esta última clase la puso el trío con dos temas del propio Alfredo, Con el viento a favor y un blues todavía «calentito» y estrenado para la ocasión. Después fueron subiéndose con el profe distintos guitarristas con temas de calado, standars y temas reconocidos:

Genaro con Sunny, un heavy descubriendo el jazz (como su padre) Lucas Salinas con Mr. PC homenaje a Paul ChambersLuisma Martínez «el óptico» a dúo con su proFredo desgranando un All folks tranquilo, Nica y el Cantaloupe Island de Hancock

La sorpresa esperada resultó Cristina Álvarez, bajista heavy pero hoy cantando el bolero Tres palabras de Osvaldo Farrés realmente sentido «en clave de jazz«, para continuar Tonín a la guitarra con una versión instrumental algo encorsetada del inolvidable clásico francés Les feuilles mortes (Las hojas muertas). David y Jaime con el «rollingniano» Route 66 en versión más cercana al «original», y nuevamente Cristina cantando sola con Alfredo Make you feel my love de Adele en una versión realmente íntima de auténtica recreación de un tema que sonó «eterno».

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Ya sin nervios ni alumnos, el cierre lo pondría Alfredo Morán Trío con su tema Por el parque como perfecta lección de clausura. Pero los alumnos aventajados de «Opsy» quisieron «rebelarse» al jazz desde el heavy, a fin de cuentas la misma lección desde otra interpretación, y así Lucas alternó guitarra y bajo mientras Cristina empezaba al bajo y finalizaba con su voz, alegría vespertina. Un orgullo para el profesor saber que el alumnado saca nota…

Mucho Oro para El León

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Domingo 27 de mayo, 19:00 horas. XVI Festival de Masas Corales «José Mª Díaz Bardales»: Los Peques del León de Oro, Coro Masculino «El León de Oro», Coro Femenino «Aurum», Coro «El León de Oro» (LDO); directores: Elena Rosso Valiña y Marco Antonio García de Paz.

Cinco conciertos en cuatro días pueden parecer muchos para cualquiera aunque mis lectores saben de mi caso ¡no me pierdo uno! (salvo causas mayores). Si a la mañana el órgano era el protagonista, la tarde no podía tener mejor disculpa para este servidor que la música coral, y nada menos que mi coro favorito del que me declaré hace tiempo «leónigan». Pero no solo era el mejor coro de España y Europa sino que «El León» no sólo continúa rugiendo y la cantera está asegurada; preocupados por el espacio que quedaba entre Los Peques y los adultos, presentaban «Aurum», oro en femenino con edades entre 12 y 20 años dirigido por Elena y manteniendo vivo un proyecto que resulta envidiable y espero que contagioso a todos los amantes del mundo coral.

La Iglesia de Nuestra Señora de Fátima estaba rebosante y con un calor que hacía difícil mantener la concentración, pero estos cantantes pueden con todo. «Los Peques del León de Oro» con Elena Rosso siguen siendo una gozada de coro infantil, afinados, disciplinados, trabajadores, con matices tan amplios que sobrecogen, y capaces de afrontar temas realmente difíciles. Nos cantaron Pater noster (Julio Domínguez), Sanctus (Dante Andreo), Zai itxoiten (Javier Busto) incluyendo el lenguaje guestual, Ascendis Deus (Jackson Berkey) para finalizar con esa perla de la música coral desde la óptica juvenil que es Vox Tronica (Tobin Stokes), llevando toda la carga emocional de la electrónica y el baile a un nivel de excelencia que no me extraña asombre a quien la escucha por vez primera, con coreografía incorporada que enriquece todavía más una obra sin texto pero llena de «electricidad vocal». A estas alturas del curso, «Los Peques» lo son de edad pero realmente adultos musicalmente y el orgullo de saber que el futuro ya está aquí.

El Coro Masculino «El León de Oro» que dirige Marco no se quedó atrás al comprobar el nivel de los alevines, afrontando cuatro temas realmente sobrios de hechura aunque personalmente algo más «relajados» que de costumbre, lo que no debe tomárseles en cuenta porque la excelencia es imposible mantenerla siempre y la tensión no es igual que en temporada de competiciones. Salve Nos (Jean Mouton), Miserere (Eva Ugalde), Beati mortui (Mendelssohn) y la dificilísima Incantatio maris aestuosi (Veljo Tormis) fueron desgranándose por las voces graves del LDO, incorporando repertorio de nuestro tiempo con la misma facilidad que el «clásico», destacando la última del estonio y fruto de los concursos donde acuden pues además de triunfar sirven para descubrir (nos) obras corales que son auténticos regalos para melómanos incondicionales y «leónigans» de todo el mundo.

La presentación del Coro Femenino «Aurum» fue un acontecimiento al que pudimos asistir en primera persona. Elena sigue el camino emprendido hace años con «Los Peques» y el nivel alcanzado le permite afrontar unas obras contemporáneas que llevarán próximos concursos internacionales: el motete O quam suavis est (Pierre Villette), la complicada y difícil Virita criosa (Thomas Jennefelt) cantada no ya con gusto sino con delicadeza a la que nunca es ajena su directora, Ave Maris Stella (Eva Ugalde) y Lafa-lafa (Javi Busto), nueva demostración de la calidad de estas chicas que lograron interpretar esta maravilla coral del «doctor», uno de los enamorados del proyecto que en esta obra utiliza recursos como los hoquetus, polirritmias, disonancias endiabladas y unos reguladores extremos que aumentan la dificultad que precisamente resulta el motor y objetivo de la excelencia coral.

Del «Coro LDO» con Marco al frente creo que me faltan adjetivos cada vez que los escucho, su repertorio sigue siendo amplio, variado, muy trabajado y premiado allá donde van, pudiendo hacer el mismo comentario que para las voces graves pero sin perder un ápice su estratosférica calidad en las obras que eligieron, tanto el coro completo como en sus distintas combinaciones y colocaciones, siendo de reseñar las últimas donde podemos encontrar las voces mezcladas que dan nueva sonoridad coral más cercana a la escena que al tradicional, y no debemos olvidar que para aunar tradición y modernidad son los mejores con creces: Nesciens Mater (J. Mouton), Laudibus in sanctis (William Byrd), Media vita (Orlando di Lasso), Warum ist das Licht gegeben (J. Brahms) y las dos «últimas» incorporaciones que volvieron a resonar en La Calzada, Neskatx’ ederra (Xabier Sarasola) que yo casi me atrevo a calificar de música celestial, y el Segalariak (Josu Elberdin) redondo, impactante y alegre. Tras dos horas todavía nos regalaron el Trébole (Julio Domínguez) para algarabía y regocijo de todos, sin faroles pero luz vocal por todas partes.

Como apuntaba nada más salir del concierto, con Marco y Elena la familia crece… ¡gracias pareja!, ¡gracias a todos!, y sobre todo ánimo para continuar con este Proyecto LDO que es una feliz realidad con el esfuerzo de tantas personas que hay detrás de estos Leones con Oro de muchos kilates.

Francia en el órgano

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Domingo 27 de mayo, 13:00 horas. XXIII Festival de órgano CajAstur. Soto del Barco, Iglesia de San Pedro: Loïc Malliè. Obras de Grigny, Franck, Messiaen e improvisaciones de Malliè.

La escapada matutina de este domingo pese al agotador sábado no podía perdérmela de ninguna manera, pues escuchar a este maestro francés es un lujo, y realmente el antiguo órgano de Santo Tomás restaurado para Soto, brilló como nuevo en las manos de Malliè. El retraso de casi media hora por causas propias, religiosas (misa con bautizo posterior puede que nos impidiese haber escuchado más programa (¡me faltó Bach!) y alguna propina, pero la hora ejecutada nos hizo quedarnos con ganas de más, aunque siempre suele ser buena señal, lo contrario no lo deseo nunca…

El arranque del Ave maris stella (4 versets) de Grigny fue un abrir boca sin forzar volúmenes ni grandes virtuosismos pero el Coral nº 1 en MI M. (C. Franck) resultó impactante desde el primer acorde. Si bien al intérprete francés parecían gustarles registros en tutti y plenos, los flautados y celestes recobraban unos pianísimos dulces, recogidos, casi íntimos, disfrutando de las combinaciones del renacido órgano de Soto del Barco. El despliegue sonoro sacó el polvo a la tubería, la digitación siempre limpia y la combinación elegida en esta obra de uno de los grandes compositores galos abrió luces para recordarnos esta escuela francesa de órgano en las manos de uno de los alumnos más aventajados.

Pero todavía quedaba escucharle improvisar y donde Malliè es un auténtico genio como así fue con su «Homenaje a Debussy» primoroso de colores quasi orquestales redescubriendo el impresionismo en el órgano explotando todas las posibilidades tímbricas y expresivas no sólo de registración sino con una utilización del pedal dinámico (de volumen) adaptado a las obras en las que se inspiró para esta improvisación: partiendo del flautado del «Preludio a la siesta de un fauno» pudimos deleitarnos con momentos variados de «La mar», «Nubes», melodías de los «Preludes» de piano y siempre desde un magisterio no ya técnico sino armónico por respeto al original y lo que más me asombró, las combinaciones que mejoraron incluso la orquestación original.

Y aún quedaba escuchar Dieu parmi nos de su maestro Messiaen, poderío sonoro, contrastes increíbles sin olvidar la rítmica intrínseca con una claridad para una obra tan compleja que en la interpretación de Malliè brilló sencilla y repleta de emoción. Y la improvisación siguiente no sólo mantuvo el espíritu sino que lo agrandó en toda su ejecución, insuperable en el instrumento heredado que nunca había alcanzado (y creo que tardará) estos niveles de exigencia por parte de un intérprete maestro en todo. El currículo juvenil de Loïc Malliè le dió el cimiento para alcanzar cotas estratosféricas en plena madurez, disfrutando y compartiendo cada momento del concierto, irrepetibles por la propia frugalidad de la vida, atesorándola en la música de órgano francés. Hemos podido escuchar a muchos alumnos suyos realmente buenos, pero el Maestro sigue siendo él.

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Gene y Fred

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Viernes 25 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono nº 13 OSPA; Dylana Jenson (violín), David Lockington (director). Obras de Ginastera, Lalo, Bernstein y Borodin.

El programa de abono que nos reencontró con uno de mis aspirantes preferidos a la titularidad, y nombrado principal director invitado, giró en torno a las danzas, obras conocidas y popularizadas algunas por Dudamel con «La Bolívar» aunque la madurez de la OSPA consiguió el siempre necesario poso y Lockington es la elegancia británica desde el podio atento a cada detalle. Como se respiraba cierto ambiente cinematográfico en estas músicas de danza, sería como comparar a Gene Kelly con Fred Astaire, los dos grandes pero de estilos y repertorios muy distintos, sin olvidarnos de las parejas de baile que ambos tuvieron, y esta vez la «asturiana» resultó Ginger Rogers en vez de Cyd Charisse.

«Estancia» en Argentina es una finca, algunas mayores que todo Extremadura, por lo que cuando llegas a esta tierra te desean «feliz estadía». Alberto Ginastera escribe su ballet Estancia cuya «Suite» de cuatro Danzas Op. 8a (1941) tienen todos los elementos que las orquestas y público desean: ritmos contagiosos, orquestación poderosa, melodías pegadizas, mezcla de popular y sinfónico, contrastes dinámicos y la rememoranza del escenario donde se desenvuelve la acción:

I. Los trabajadores agrícolas prepara el ritmo trepidante que la orquesta logró desde el ataque bien llevada por el maestro inglés, con un empaste total; II. Danza del trigo trajo dinámicas muy cuidadas y la cuerda «pellizcando» con redondez las intervenciones solistas de la calidad a la que nos tienen acostumbrados Myra y Vasiliev; III. Los peones de hacienda breve y bueno, abanico de timbres en una orquestación de nuestro tiempo, y tras la pausa obligada por la sintonía en anfiteatro del Gran Vals de Tárrega típica de «celulares» y maleducadas de edad (1), la IV. Danza final: Malambo, competencia masculina cual cerviches pamperos en taconeo que hasta los músicos incorporaron como si en la partitura se marcase, enriqueciendo aún más esta visión elegante de estas danzas que todas las secciones disfrutaron, especialmente la percusión que este viernes trabajó a destajo. Destacar la precisión siempre necesaria y aún más en esta obra compleja rítmicamente que la sabia batuta logró.

La biografía de Dylana Jenson, esposa de Lockington, es de película cuya banda sonora está escrita para violín. La Sinfonía española, Op. 21 del francés Edouard Lalo es realmente «un concierto para violín y orquesta evitando cadenzas y ejercicios de gran virtuosismo» como comenta Eduardo G. Salueña en las excelentes notas al programa (que están enlazadas al inicio de esta entrada en los nombres de los compositores). La dedicatoria de la obra a Sarasate se nota en los números elegidos (faltó el Intermezzo) por la violinista de origen costarricense, más por la herencia musical del navarro que por fuentes directas del francés de ascendencia española, aunque la habanera sea ya en su época internacional. El sonido de Dylana es cálido, elegante como la dirección y perfecto maridaje musical que la OSPA entendió desde la primera nota del Allegro non troppo, continuando en el Scherzando: Allegro molto con reminiscencias también danzarinas (vals y seguidilla) desde unos rubatos bien conseguidos. El Andante rebosó musicalidad y romanticismo por todas partes, terciopelo sin sensiblerías, para desembocar en el conocido Rondo: Allegro más francés que español pero universal sin perder ese ritmo latente de una obra que Lockington y la OSPA concertaron perfectamente con Jenson.

Nuevo contraste entre siglos para la segunda parte con las danzas como hilo conductor, primero Bernstein y las Danzas sinfónicas de «West Side Story», antídoto para toses (como comentaba un amigo cantante) al resultar muy conocidas, lo que juega siempre a favor, y sobre todo no dar lugar al respiro. Rafa brillando en la batería con todos y cada uno de los números, bien secundado por sus compañeros de percusión, la versión de Lockington volvió a ser elegante, estilizada, de etiqueta frente al chándal, huyendo de sensacionalismos, cuidando el sonido de cada número y con las dinámicas adecuadas en todos ellos, destacando un Mambo muy sinfónico y poderoso, así como el Rumble (Estruendo) de musicalidad nunca ruidosa, y si los metales brillaron con sol, la madera fue sombra perfecta pero la cuerda resultó cual luna llena.

Y si hay danzas sinfónicas poderosas, exigentes para todos pero también agradecidas por lo populares, esas son las Danzas polovtsianas de «El Príncipe Igor» (Borodin). Siempre está bien programar obras del siglo XX sin olvidar la referencia del XIX por todo lo que supone de historia orquestal y bagaje útil para toda formación de nivel que se precie, y la OSPA lleva tiempo ahí. Tras todo lo escuchado anteriormente no había mejor forma de concluir este concierto de danzas que el maestro inglés afincado en EE.UU. supo sacar con brillantez y energía siempre desde una gestualidad clara y concisa. De nuevo todos los solistas pudieron demostrar su excelencia (que es mucha en todos y cada uno de ellos) en las cinco danzas que son más escuchadas que la ópera a la que pertenecen. Arriesgando en tiempos y dinámicas creo que el resultado global fue notable alto sin llegar a sobresaliente, más por lo perentorio de ampliar la sección de cuerda que nos dé el equilibrio perfecto para dinámicas como las que Borodin y tantos otros plantean, aunque la sabiduría desde el podio está precisamente en aminorar el resto. Así pudimos escuchar todo con el volumen correcto sin perder la globalidad ni la importancia de cada nota en su contexto. Examen superado y disfrute total del concierto.

Para concluir nada mejor que lo también comentado con mi admirado tenor amigo al salir del Auditorio: cómo se nota cuándo los compositores también son directores, conocedores del instrumento para el que escriben desde la realidad sonora y no desde la soledad interior. Lockington se queda otra semana en Asturias, y el programa promete…

(1) La teoría que mantengo tiene explicación: la sintonía es de teléfonos móviles ya «antiguos», habituales en personas de edad que realmente pueden necesitarlo pero con los servicios básicos, y el tiempo empleado para apagarlo suele ser femenino al estar «perdido» dentro de su funda a punto o tela, en el fondo de un bolso lleno al que cuesta acceder. También es «de película»

Manolo Quirós ahora y siempre

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Jueves 24 de mayo, 20:00 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo. «Recordando a Manolo Quirós». Concierto a beneficio de la Cocina Económica de Oviedo. Organiza: Fundación Gvaltier Maldè.

No importa que ya hayan pasado once años de la marcha de Manolo Quirós, pues como se pudo comprobar en el coliseo carbayón, no solo sigue siendo muy querido sino que además es capaz de aunar generaciones y estilos. Él fue la disculpa para corroborar su magisterio, la historia antes y después de Manolín.

Sólo un tema para los muchos artistas que fueron subiendo al escenario, dejándonos con ganas de más.


Cantantes de tonada a los que acompañó en sus inicios y todavía mantienen el tipo, compañeros de escenario, alumnos… todos quisieron estar aunque, como suele suceder, imposible por tiempos y compromisos, «No estan todos los que son… pero son todos los que están», un placer completo.

De los veteranos el siempre seguro Ché de Cabaños, Jorge Tuya con el poderío habitual, y el inconmensurable José Manuel Collado; de las siempre jóvenes Josefina Argüelles recordando lo pioneros entonces de ese «Al pasar por el puertu» en modo menor que sólo un gaiteru como Manolo podían acompañar, la gran Mari Luz Cristóbal Caunedo y una lección quirosana de bien cantar.

Vicente Díaz abría actuaciones con esa Payariega con letra del propio Manolo con el que casi comenzaron un mismo camino que fue ganando ramales sin perder nunca el rumbo, como Manolo Peñayos medio-Nuberu que con la guitarra recordó «a los que no están» haciéndoles estar precisamente a todos.

La evolución de la gaita como folk de raíz actualizado lo retomaron Felpeyu o los hermanos Tejedor, José Manuel y Javier devolviendo a la tierra gaita y tambor, la inspiración, gusto y sabiduría del último compañero de tablas, Héctor Braga, que igual acompañó a la gaita que nos deleitó cantando con el arpa esa «Texedora de Bayu» que tanto le gustaba y cantaba Lolo el de Cornellana.

No faltaron las bandas de gaitas, impensables en aquellos tiempos y que ahora aglutinan más personal del imaginable, la «Ciudad de Oviedo» con Vicente El Pravianu en cabeza, gaitero y constructor como Manolín, entrando al teatro desde la calle al escenario cual obertura solemne, y tras el descanso «Teixo» fundada por el homenajeado y que lleva su nombre también en las notas de su hija como componente de ella.

No pudieron estar, aunque sí en vídeo, Joaquín Pixán con José Ángel Hevia, amigos, maestros e innovadores, nuestro tenor más emprendedor y aventurero, embajador musical con la innovadora gaita MIDI de Hevia que nos dejaron «Ay de mi, que m’escurez» desde la lejanía cercana del Madrid que acogió también a Manolo Quirós en los tiempos de Movieplay

El cierre tenía que ser «Quirós» nada menos que compuesto por otro maestro gaitero, amigo y compañero, Xuacu Amieva con unos músicos de primera.

Y cómo no, el recuerdo de Manolo y la «Misa de Gaita» con su padre Milio,  la variante quirosana primero, la de Salas después con Lolo y Pepe «El Molín», todos con Manolín en esta obra que ha estudiado mi profesor Ángel Medina, autor de la presentación cariñosa y certera, «Semblanza pequeña de un artista grande», de quien tomo sus palabras como si de apuntes musicológicos en una Facultad que muchos de los presentes compartimos:

 

«… para recordar a Manolo Quirós no importan las fechas ni si los aniversarios acaban en cero o en cinco, pues nunca ha dejado -ni dejará- de esttar en la memoria y en el corazón de todos los que aman esta tierra asturiana y la bendición de su música tradicional».

Carlos Abeledo no sólo organizó y presentó, también compartió con todos los presentes momentos personales pasados con Manolo, mucho afecto y admiración hacia el músico pero sobre todo hacia la persona. La grandeza de espíritu lo mantiene siempre vivo entre nosotros.

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Magisterio vasco

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Sábado 19 de mayo, 20:00 horas. XXIII Festival de Órgano CajAstur: Iglesia de San Pedro, Gijón, Esteban Elizondo Iriarte. Obras de Eduardo Torres (1872-1934), Padre José María Nemesio Otaño y Eguino (1880-1956),  José María Beobide (1882-1967) y Jesús Guridi (1886-1961).

A mal tiempo, buena cara, y pese a la lluvia torrencial en el exterior la música de órgano es capaz de atraer como un imán espiritual a tantos seguidores del llamado instrumento rey, y nada menos que con uno de los grandes maestros, el donostiarra Esteban Elizondo, con un programa único casi pleno de su tierra que él ha rescatado de muchos archivos llevándolos por medio mundo, música muy cercana a nuestro tiempo sin olvidar la del gran Guridi.

Todos los compositores elegidos recuerdan la escuela francesa como no podía ser menos por influencia y cercanía, así como la Schola Cantorum tanto parisina como la de Comillas que tanto marcó a esta generación de compositores. Así la selección de diez obras del valenciano Torres rebosó sabores galos con una elección delicada de registros y unos pedales puntuales que ayudaban a redondear una sonoridad típica, desde el Adviento-Ofertorio hasta la Meditación III que cerraba este bloque, reconociendo la Berceuse de la que desconocía su autoría pese a esconderse copias a mano de muchos organistas del norte en tiempos donde las fotocopiadores eran ciencia ficción, así como distintas versiones instrumentales. Impresionante igualmente el número sexto, Ofertorio pascual, de un lirismo apropiado para la ejecución dentro y fuera de la liturgia.

De la colección titulada «El organista español», otra joya musicológica que recobra vida en los órganos románticos que poblaban los templos españoles, llegó la selección con el potente Adagio (1909) del Padre Otaño, exigente en manos y pies con registros más plenos cercanos al tutti, pero con planos sonoros bien diferenciados en los dos teclados y pedalier utilizados por el maestro, limpieza melódica y apoyo armónico realmente académicos en ejecución y escritura.

Otra agradable sorpresa resultó el Ofertorio en Do m. de Beobide, partitura cercana a Widor o al primer Messiaen donde las disonancias sin perder lenguaje tonal brillaron con luz propia en otra lección de registración, siguiendo con las dos obras finales de Guridi, el tercer número del «Tríptico del Buen Pastor» para concluir rebosante el Final en DO Mayor, broche de oro a un programa de su tierra, pues Elizondo ejerce magisterio allá donde va.

El concierto se repitió en la Basílica de Covadonga al día siguiente, supongo que igualmente pletórico en un órgano con mayores posibilidades sonoras que el gijonés, donde la escuela organística vasca tuvo que saber a gloria.

Manolo Quirós sigue en el recuerdo

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Parece que fue ayer… pero han pasado ya once años desde que Manuel Rodríguez Osorio (Ricabo -Quirós-, 1 marzo  de 1949 / Oviedo, 3 marzo de 2001), para todos Manolo Quirós, nos dejase. Del «trío calavera» fue el primero en partir, y cuando se iba a celebrar un merecido homenaje en el décimo aniversario, Manuel Menéndez Lolo de Cornellana quiso marchar con él para seguir echando unos cantarines con sidra celestial. Abeledo siempre ha dicho que se lo debía, aunque como dice el refrán, «El hombre propone y Dios dispone». Y tras mover lo habido y por haber, logró su objetivo de reunir el mundo musical de Manolín para recordar que hay un antes y un después de él. La gaita asturiana está pujante gracias a Manolo Quirós en todo estilo musical y no sólo en el tradicional, siendo como son los genios, un adelantado a su tiempo.
De otras facetas, musicales como la de fabricante de gaitas, investigador, docente, compositor, formaciones (no me olvido su pasado tunante ni tampoco rockero), grabaciones que ya son históricas y colaboraciones allá donde le requiriesen aportando siempre su toque de calidad, hablarán y escribirán otros con más conocimiento; de las humanas supongo que todos tenemos nuestras anécdotas, aunque Carlos se haya quedado «huérfano» y las lágrimas aflorarán siempre que hablemos de Manolín o de Lolo

El próximo jueves 24 de mayo a partir de las 20:00 horas el Teatro Filarmónica será de nuevo capital de la asturianía para un programa que reunirá a muchísimos amigos de Manolo, al menos los que tenían hueco en sus apretadas agendas. Los que no, me consta que participarán de otras formas. Lo recaudado con la entrada (10€) será donado totalmente para la Cocina Económica de Oviedo, pues el espectáculo estoy seguro que no tiene precio, y ya están a la venta en la web, cajeros y Teatro Campoamor.

La organización corre a cargo de la Fundación Gualtier Maldè, con la colaboración y patrocinio del Ayuntamiento de Oviedo, el Ayuntamiento de Quirós, la Fundación Valdés Salas, el diario La Nueva España, Musical Marcos y la Asociación Lírica Asturiana «Alfredo Kraus» que preside Carlos Abeledo, «llanero solitario» en esta velada emotiva que supongo conducirá en primera persona lo de todos:

«Recordando a Manolo Quirós»

En la primera parte (con alguna sorpresa más):

Banda de Gaitas «Ciudad de Oviedo» Poutpourri Asturiano (Tradicional)

Vicente Díaz Aires de Asturies (Pepín Robles)

Ché de Cabaños (con la gaita de Héctor Braga) Soy de Llangreu (Trad. / J. García)

Manolo Peñayos (Nuberu) Danza Prima (Trad. / M. Peñayos)

Josefina Argüelles «La calandria de Vegadotos» (a la gaita Alfonso Fernández) Al pasar por el puertu (Trad. / J. Argüelles)

Jorge Tuya Tengo de dir al molino (Tradicional).

Y para la segunda parte, también con inesperados y queridos amigos:

Banda de Gaitas «El Teixu-Manolo Quirós« Marcha Vaqueira (Julio Sánchez / Gabino Antuña)

Felpeyu El vieyu (Trad. / L. Prieto)

José Manuel Collado (y a la gaita Héctor Braga) En toda la quintana (Tradicional)

Mari Luz Cristóbal Caunedo Al puertu de Güeria (Tradicional)

Héctor Braga Texedora de Bayu (Tradicional)

José Manuel y Javier Tejedor Jota de centro (Tradicional)

El cierre lo pondrá Xuacu Amieva con su tema Quirós.

Lo dicho, tonada y gaita, pareja inseparable de nuestra Asturias folklórica para recordar que Manolo Quirós suma y sigue cual campeador musical.

P. D. Artículo de Carlos Abeledo en LNE.

Música para el cine

2 comentarios

Jueves 17 de mayo, 20:00 h. Teatro Campoamor, proyección de «Metrópolis» (1927) de Fritz Lang; Oviedo Filarmonía, director: Marzio Conti. Partitura original de Gottfried Huppertz, reconstruída por Berndt Heller. Entrada libre.

Lo bueno no pasa de moda aunque lo llamado antiguo se recupere con etiquetas como vintage o histórico. El cine todavía funciona e incluso recuperamos cintas de los inicios sin olvidar que en las proyecciones siempre había música en directo, un pianista por lo menos…

A raíz del centenario del cine o aquél mundial de fútbol español del Naranjito allá por 1982, en Asturias se organizaron muchos pases con esa ambientación, y tuve la suerte de participar en varias, sin olvidar una muy especial con piano y violín de «La aldea perdida» de Florián Rey en el mismo año que la de Lang, con mi añorado Luis Miguel A. Ruiz de la Peña en el Ateneo gijonés y Juan Bonifacio Lorenzo «Boni», siempre organizando estas historias del Séptimo Arte. Tampoco quiero olvidar «Mieres del Camino» (1928) de Juan Díaz Quesada, en el Teatro Jovellanos de Gijón, otra joya recuperada del Teatro Pombo mierense, y un poco más lejos a un grupo catalán de mi juventud, Pegasus, que realzó en vivo la proyección de «Berlín, sinfonía de una ciudad» precisamente cuando «Metrópolis» volvía a la actualidad en los inicios de los 80 por la banda sonora de Giorgio Moroder.

En Asturias se vive el cine y la música con gran intensidad, Prokofiev ha sonado sin las imágenes de «Alexandre Nevski», llevo años clamando por introducir en los conciertos autores más sinfónicos que algunos programados, y esta vez la Universidad de Oviedo devolvíó la Banda Sonora original a la joya de Fritz Lang con la OvFi en el foso y el maestro Conti con muletas y batuta. La música no es tan vanguardista como la película y abusa de efectos que complementan las imágenes más que subrayar la acción, con la referencia casi obligada del Dies Irae, los giros de una Marsellesa que retomaría incluso «Casablanca» y hasta el Charlestón de su época. En parte entiendo otras bandas para la misma película y hasta la «actualización» electrónica para una película de culto más técnica que argumentalmente. Pese a todo es de agradecer el esfuerzo y la siempre pedagógica idea de mostrarnos el origen de muchas cosas tal y como fueron ideadas, y «Metrópolis» la pudimos contemplar con su música en vivo perfectamente adaptada al film en una concertación exacta para una partitura algo light. Las colas para entrar y el llenazo son dignos de análisis, pero la desbandada al descanso (supongo que no estaba en el guión inicial) también.

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