Inicio

Tesoros barrocos en Oviedo

2 comentarios

Jueves 28 de mayo, 20:00 horas. Sala de cámara, Auditorio de Oviedo. «Primavera barroca»: Raquel Andueza (soprano), Al Ayre Español, Eduardo López Banzo (clave y dirección). Tesoros españoles en América, obras de José de Torres, A. Corelli, Giovanni Zamboni Romano y Juan Cabanilles.

Clausura de altura para este ciclo primaveral en colaboración con el CNDM y el Ayuntamiento de Oviedo, que sin llegar a llenar sigue atrayendo un público fiel a la música barroca y melómanos en general, «redescubriendo» esta tarde a José de Torres Martínez Bravo (1670-1738) con cuatro cantadas recuperadas por el propio López Banzo por encargo del propio CNDM en 2013, un género bien explicado en las notas que dejo aquí mismo, maravillas perdidas en su mayoría pero que «debemos seguir grabando y escuchando» como comentaba al final del concierto el músico aragonés antes de regalarnos otro «grave» de una cantata profana, pues no sólo de la religión vivían los compositores, destacando que también fue editor fundando en Madrid una Imprenta de Música en 1699, colaborando a publicar tanto obras suyas como de contemporáneos así como tratados teóricos importantísimos.

Con un sexteto de calidad y sonido impecables y el propio López Banzo al clave, la formación resultó excelente ropaje de una Raquel Andueza que canta como pocas estos repertorios, auténtico placer escucharla poniendo siempre «ánima e corpo«, dicción extraordinaria para unos textos hermosísimos subrayados por una instrumentación donde el barroco Torres muestra un magisterio y estilo propios para unas cantatas que mantienen estructura italiana con el sello español, tesoros que traspasaron fronteras e incluso el océano Atlántico, ayudando a preservar muchas de ellas.

Protagonismo vocal pero sin olvidar intercalar distintas obras contemporáneas para solaz de los músicos de Al Ayre Español,  la Sonata da chiesa a trè, op. 3 nº 12 de Arcangelo Corelli con seis movimientos bien contrastados, puro barroco donde disfrutamos con la cuerda tratada como nadie por un violinista como el italiano que escribía desde el conocimiento directo: un dúo de violines (Sylvan James y Kepa Arteche) en eco perfecto de color haciendo uno, contrapuestos a un solístico cello de James Bush coprotagonista en virtuosismo, y un violone en pizzicato (Xisco Aguiló) redondeando una sonoridad rotunda siempre contrapuesta con el archilaúd de Juan Carlos de Mulder, que nos brindó en la segunda parte Alemanda y Giga de la Sonate d’intabolatura di leuto, op. 1 del laudista G. Zamboni Romano (ca. 1650) deliciosa en emociones, pulcritud y buen gusto, como también el propio López Banzo al clave con el Tiento de segundo tono y las Gallardas de Cabanilles, alumno de Torres, música de tecla de calidad excelsa equiparable a muchos contemporáneos, recordándonos que el trabajo de investigación no aparca su faceta interpretativa en la que lleva toda su vida.

Para José de Torres la inclusión del oboe de Rodrigo Gutiérrez en las cantadas (excepto en la que abría la segunda parte) supuso el toque sutil de textura y color, equilibrio con la voz de Raquel Andueza, timbres complementarios y escritura magistral, «relleno» en las notas largas, contestaciones como prolongaciones vocales, respiraciones paralelas, en un dominio del lenguaje por parte del compositor madrileño capaz de mantener la claridad de los textos dedicados al Santísimo o a Nuestra Señora con unas melodías que refuerzan el carácter dramático, instrumentaciones increíbles como por ejemplo en A el abismo de gracia que en el Area «Si solo es amar amoroso gemir» teje la cuerda un pizzicato plenamente moderno y remanso espiritual para acompañar la delicadeza de voz y oboe, adornadas con perlas del archilaúd y dorados ornamentos del clave que emocionaron al público interrumpiendo con unos sinceros aplausos (más que las toses siempre inoportunas) antes de las «inesperadas» Coplas finales movidas y alegres.

Cada una de las cantadas, de las más de cuatrocientas que parece compuso el madrileño, solo se conserva una quinta parte y en Oviedo pudimos disfrutar de cuatro de ellas más la propina de la profana (sólo el movimiento Grave) en la voz natural, única, convincente de Raquel Andueza, madura, técnica al servicio de estas obras, convincente en todos los registros, y la inmensidad (en el amplio sentido de la palabra) de un Eduardo López Banzo liderando proyecto investigador e interpretativo, mimando cada pentagrama, aportando sabiduría y conocimiento (comentaba que hay seis o siete joyas «cantadas» de todas las que ha recuperado), acompañado de unos músicos que redondearon el mejor broche de ciclo posible.

El avance de programación de la próxima temporada promete seguir en esta línea, esperando que los cambios políticos tengan la suficiente cultura y amplitud de miras para entender cómo se planifican las temporadas, los costes y sobre todo el derecho de todos los ciudadanos a la cultura, siendo la música una de nuestras mejores señas de identidad, auténtica «marca» que en momentos donde se ha alcanzado un nivel de excelencia tras décadas de trabajo y esfuerzo la miopía o desconocimiento pueden echar a perder en un abrir y cerrar de urnas. Recuperarlo será entonces imposible y el retroceso sí nos pondrá cien años atrás.

Para Mozart no hace falta escena

3 comentarios

Lunes 25 de mayo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Don Giovanni (Mozart), versión concierto. Johannes Weisser (barítono), Marcos Fink (bajo-barítono), Jeremy Ovenden (tenor), Birgitte Christensen (soprano), Alex Penda (soprano), Sunhae Im (soprano), Tareq Nazmi (bajo), Cor de Cambra del Palau de la Música Catalana (director: Josep Vila i Casañas), Orquesta Barroca de Friburgo, René Jacobs (director).

Mozart cuando está bien interpretado es único, incluso cualquier ópera suya soporta una versión semi-escenificada como la que tuvimos el placer de escuchar en este penúltimo de los conciertos del auditorio (en Barcelona el miércoles 27), con el mítico contratenor René Jacbos al frente de su formación que volvía a convencer en Oviedo tras su anterior «La Finta Giardinera» de hace cinco años, con instrumentos de época incluyendo un fortepiano que hizo las delicias en los recitativos, y un septeto vocal de altura, sin olvidarnos del coro del Palau catalán que dirige un viejo conocido en Asturias como Josep Vila, perfecto en número, presencia y escena, auténticos profesionales.

Cierto que para los cantantes no siempre ayuda tener a la orquesta detrás en vez de ubicada en el foso, pero buscaron posiciones buenas, incluso la idea de la tarima trasera favoreció la emisión vocal, además de dar mucho juego las puertas laterales, tanto del escenario como las de acceso por las butacas, cantar fuera de escena y hasta la aparición del Comendador bajando por todo el patio de butacas hasta subirse a escena. Los sobretítulos, aunque amarillo sobre blanco y con mucha luz, ayudaron a seguir un argumento que la mayoría conocemos al dedillo pero que resulta más cómodo que leerlo en los programas de mano.

Comenzaba mis elogios con el músico belga René Jacobs por todo lo que supone en la interpretación de la música de los siglos XVI al XVIII en las últimos décadas donde Mozart también ha estado siempre presente, y este Don Giovanni de gira con parada en Oviedo lo recordaremos mucho tiempo. Formación ideal en número con ese color instrumental especial que dan los instrumentos llamados antiguos, básicamente la madera y metal, además de la cuerda o el fortepiano sustituyendo a un clave que en el Clasicismo pierde protagonismo, así como los timbales naturales. Supongo que la afinación también estaba más baja que en la actualidad, favoreciendo el lucimiento de los cantantes en los registros extremos, especialmente las voces agudas, y optando por tiempos agradecidos por movidos incluso en las arias más conocidas, tendentes casi siempre a retener velocidades para no comprometer las agilidades, aunque el elenco vocal no tuvo problemas en ningún número, siendo de agradecer unos ornamentos muy trabajados en todos los «da capo». En suma una versión viva que no hace olvidar en ningún momento el drama universal del Don Juan.

No se olvidó el maestro de incorporar la mandolina en el aria de «la ventana» de Don Juan (tocada impecablemente por uno de los violines primeros), de completar algún recitativo del pianoforte con el violonchelo, o de sacar de sitio un par de contrabajos y un violín, dotándoles de pandereta y pandero para la escena de Zerlina y Masetto, así como poner en pie las maderas para el baile del segundo acto, siempre detalles que hacen del Mozart de Jacobs algo distinto sin perder sabor. Salvo la obertura algo lenta en relación al resto, por otra parte necesariamente lúgubre, la orquesta sonó con ese barniz clásico que «acuna» a las voces incluso en los momentos de tutti, destacando la concertino Petra Müllejans como auténtica directora de esta formación que Don René lleva «de la mano», cuidando sobre todo los recitativos y los concertantes, porque hay tanto entendimiento que los músicos parecen tocar solos.

El coro al completo sólo tiene la intervención del primer acto con Zerlina, mientras las voces graves (siete por cuerda) tienen dos apariciones que resultaron convincentes de volumen, presencia, afinación así como el movimiento escénico donde camisas blancas y después negras es suficiente para convencernos de la acción. Bravo por el coro catalán.

Llegando a las voces protagonistas, intentaré ir de más a menos, debiendo destacar al bajo kuwaití Tareq Nazmi por el esfuerzo de doblar al Comendador y a Masetto, buscando distintos colores para diferenciar los personajes extremos en cuanto a la aparición en escena, convincente bajo para el noble y lirismo en el pastor, muy cantabile en una línea donde no hay bajos profundos sino barítonos «dramáticos», más con estas orquestas y versiones que ayudan al lucimiento.

El barítono noruego de formación danesa Johannes Weisser bordó su Don Juan, altura en todos los sentidos que le dan presencia independientemente de dónde se coloque para cantar, llenando la escena allá donde vaya, perfilando este personaje que resulta cómico dentro del drama, conquistador de todo y no sólo de lo que lleve faldas.

La Donna Anna de la soprano noruega Birgitte Christensen puso muy alto el listón para un rol siempre dramático, de turquesa en el primer acto y riguroso luto en el segundo, de emisión perfecta desde todas sus posiciones, penetrante sin perder dulzura, convincente en todas sus intervenciones.
No se quedó atrás Elvira con la búlgara Alex Penda cuyo personaje crece a lo largo del drama, despechada, enamorada y sacrificada, estados anímicos que llevó en su línea de canto, siendo emocionante su última aria.
La pequeña surcoreana Sunhae Im personificó una Zerlina ideal, bellísimo el dúo Là ci darem la mano, inocencia desde un registro medio y agudo presente, algo menor en el grave (de nuevo la afinación de la orquesta) pero de bellísimo color vocal y musicalidad en cada aria y dúo, escénicamente completa para recrear un papel muy agradecido, de los bombones Mozart que toda soprano desea.
También es un caramelo el Leporello que cantó el porteño de origen esloveno Marcos Fink, más barítono que bajo, mejor actor aún que con la orquesta en los fuertes o en los concertantes quedaba algo oscurecido pero que defendió como un veterano de las tablas, incluso con algún «parlato» para evitar «males mayores». El dúo con Don Juan mantuvo el equilibrio para dos colores vocales bien diferenciados y su «catálogo» lo solventó con profesionalidad aunque falto de más dicción en un «tempo aligerado» por Jacobs y su formación.
Dejo el último al tenor inglés Jeremy Ovenden que fue de menos a más en su Ottavio, color mozartiano a más no poder aunque algo justo de volumen, especialmente en los conjuntos donde no se le apreciaba, pero defendiendo muy bien sus dos arias (Dalla sua pace e Il mio tesoro) bien llevadas de tiempo por el maestro Jacobs, unos ornamentos y agilidades bien afinadas así como una línea de canto muy estudiada. Puede que con la orquesta en el foso gane en presencia pero el escalón inferior respecto al resto pareció claro a casi todos.
Con estos mimbres se armó este Don Giovanni «en concierto» plenamente convincente por la profesionalidad e interpretaciones de todos, difícil encontrar tanto equilibrio en una ópera del genio de Salzburgo, nivel homogéneo o versión más que aseada que se decía antiguamente. Al menos el único móvil que apareció fue el de Don Juan para comprobar que aún no eran las dos de la madrugada antes de su «mandolino» a la luz de la luna. Y es que ni siquiera las tres horas y media parecieron causar toses, aunque los que cenan temprano se fuesen al descanso. Ellos se lo perdieron.
Esta semana aún queda mucha música.
P. D. 1.: Los links mayoritariamente son los del propio reparto escuchado en Oviedo.

Pinturas orquestales

Deja un comentario

Viernes 22 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, concierto de abono 12, OSPA, Ana María Valderrama (violín), David Lockington (director). Obras de Fauré, Saint-Saëns, Respighi y Berlioz.

La violinista prevista para este duodécimo de abono, Dylana Jenson, pareja del principal invitado Lockington, fue sustituida por la madrileña Ana María Valderrama, un agradable descubrimiento que defendió con auténtico vigor el mismo programa diseñado por el maestro británico afincado en EE.UU., quien además tuvo que enfrentarse a problemas mayores ante la falta de educación de una parte del público, aunque no voy a insistir tras la entrada anterior. Buscó e intentó siempre comenzar cada obra en silencio, parando el gesto ante la insistencia del ruido, acallando instantáneamente pero durando apenas un suspiro…

Miriam Perandones, autora de las notas al programa -que dejo enlazadas en los autores- que comienza titulando con una frase del doctor Berlioz: «La instrumentación es exactamente, en música, lo que el color en la pintura», y nada mejor para poder explicar en palabras, siempre difícil, unas obras que la OSPA con Lockington al frente, derrocharon precisamente colorido instrumental, maestros de la orquestación con obras no muy habituales en directo, salvo el concierto de violín, que hicieron disfrutar a todos volviendo la conexión británica, la elegancia y el magisterio directorial capaz de convencer nuevamente de la calidad de la formación asturiana.

Pelléas y Mélisande, suite op. 80 (Fauré) sonó como un fresco de temática teatral ya conocida y musicada, cuatro movimientos que presagian un final dramático sin perder nunca luminosidad. El cuidado del sonido intrínseco en la música francesa requiere trabajar la tímbrica y las dinámicas, algo que Lockington domina e imprime a la orquesta asturiana en cada visita. Un placer disfrutar cada sección delineando melodías que suben y bajan al primer plano gracias al foco orientado hacia ellas desde el conocimiento de la partitura. El Preludio abre el lienzo a la paleta de Don Gabriel, la Hilandera teje los detalles, la Siciliana dibuja las líneas y el conjunto se recompone en La muerte de Mélisande.

Nuestro Sarasate fue el destinatario del Concierto para violín nº 3 en si menor, op. 61 de Saint-Saëns, volviendo a sonar en el Auditorio ejecutado por la primera española ganadora en 2011 del premio que lleva el nombre del virtuoso pamplonés, Ana María Valderrama, poseedora además del don de la juventud de una madurez interpretativa que el director británico entendió a la perfección, sin necesidad de un sonido grande por parte de nadie, cada movimiento fue un lienzo donde el violín solista era el pincel y la orquesta la base en la que dibujar, poniendo los tonos adecuados bien guiada desde el podio, con momentos sublimes, especialmente el unísono del Andantino quasi allegretto con el clarinete tocado como un instrumento de color nuevo hasta tal punto de idéntico fraseo que se alcanzó. Las dos partes del tercer movimiento no necesitaron cargar las tintas para derrochar frescura arropada por una calidez orquestal, fraseos solistas contestados por los distintos atriles en la misma paleta cromática desde el inestable equilibrio de la partitura y el siempre necesario «rubato» de la solista. Aunque cerrase los ojos el color seguía en el aire.

La propina Obsesión, el primer movimiento de la Sonata nº2 de Ysaÿe fue como una plumilla de maestro, intensidades de arco, líneas en mástil, dobles cuerdas creando perspectivas y luces sin sombras con la juvenil técnica desbordante al servicio de una partitura virtuosa.

Para la segunda parte continuamos con esta galería musical pero con un toque académico italiano como Respighi y «Las fuentes de Roma» conformando un tríptico como los renacentistas con Pinos y Fiestas, que rinde culto desde la orquesta al paisaje de la ciudad eterna, esta vez pintando el agua de cuatro fuentes tan distintas que compiten en belleza, instrumentación completísima donde no faltan celesta, piano, arpa y hasta unas campanas fuera de escena que ponen colorido a formas evanescentes, imágenes más que sonidos impresionistas, fluidas en esta nueva paleta pintada por Lockington que hace brillar toda la orquesta, primeros atriles y conjunta, cuatro momentos del día con sus luces dispares que el compositor italiano es capaz de traducir a música como también hiciese Debussy. Obras así permiten el lucimiento de nuestra formación cuando la batuta se convierte en pincel, La fuente del valle Giulia al amanecer, gotas cristalinas desde la madera, La fuente de Tritón por la mañana, rítmica casi como chorros luminosos de variadas texturas, La fuente de Trevi al mediodía grandilocuente, la fotogenia desde los metales poderosos sin «salpicar», y La fuente de la Villa Médici al atardecer, serenidad transmitida por el arpa, el glockenspiel, la flauta y el violín alejándonos con las campanas que nos devuelven a casa. Estados anímicos en fotografías como pinturas velazqueñas que Lockington y la OSPA nos regalaron antes de un final de cuento.

Original acabar con una Obertura como la de Beatriz y Benedicto de Berlioz pero lógica pictórica en cuanto a orquestaciones y escuela francesa, aprovechar todos los colores ya vertidos sobre la paleta para un último lienzo ligero, también luminoso y brillante, preludio de una ópera cómica shakesperiana, «Mucho ruido y pocas nueces» como un pretexto para darle la vuelta saboreando frutos secos sin tanta interrupción, contagiar alegría y luz en un concierto pictórico. Quedan dos más para cerrar una temporada donde el balance resultará positivo aunque falte todavía mucha emoción.

Bochorno y respeto

2 comentarios

Este viernes 22 de mayo, festividad de Santa Rita, acudía a mi concierto de la OSPA con David Lockington, principal director invitado de la formación asturiana, y de nuevo sentí vergüenza ajena, auténtico bochorno e indignación ante las reiteradas faltas de educación por parte de un público inconsciente que parece seguir considerando un concierto como un acto social donde todo vale. Se han perdido valores como el saber estar, la convivencia en armonía, los buenos modales y en estos tiempos de agitación social será difícil recuperar una forma de entender la vida que parece trasnochada. Lo malo es que quienes eran el modelo a seguir, nuestros mayores, están desnortados ante una sociedad permisiva donde ni siquiera una mirada asesina, un gesto de desaprovación y no digamos la osadía de llamar la atención, parecen tenerlo en cuenta.

Estoy harto de los móviles que suenan en un concierto pese a los avisos por megafonía, supongo que desconociendo la utilización de una tecnología que les desborda, incapaces de apagarlos porque no recuerdan el «pin» o simplemente ignorantes de una función como la de «enmudecer» estos artilugios que les sobrepasan. El director esperaba el necesario silencio para arrancar el concierto con un Fauré abriendo velada, pero murmullos, toses y el dichoso teléfono que suena. Ni siquiera entienden el lenguaje corporal, un maestro que vuelve a bajar los brazos esperando deje de emitir sonido el dispositivo. Ni un mal gesto y cuando comienza a fluir la música, otro silbido avisando de mensaje de «guasap», algo más moderno que el público de edad ni conoce, por lo que vislumbro mala educación que tampoco exime de nuevos desconocimientos.

Tras avanzar en el hermosísimo Preludio de la suite de «Pelléas y Melisande» el acompañamiento de toses vuelve a arreciar, un bombardeo por doquier y el problema de los caramelos cuyo manejo parece fácil pero que en vez de buscar rapidez al desenvolver se vuelve calvario antes de alcanzar el objetivo de aplacar una tos que emerge protagonista del concierto.

Supongo que a nadie se le obliga a asistir a un concierto que además cuesta dinero, menos para los mayores de 65 años, pues sería del género idiota, así que vuelvo a preguntarme qué causa lleva a cierto público a esta actitud negativa frente al placer de la música, a comentar con el de al lado supongo, que es mucho, algo de lo que está sonando como si de un CD en la cadena de casa se tratase, o una emisión en la tele de la cafetería, olvidando algo tan básico como «el saber estar», interrumpiendo a quienes entendemos la música en directo como una auténtica liturgia donde el silencio forma parte de la música, necesario para captar cada detalle y obligado para no distraer a los intérpretes con un catálogo de ruidos que aumentan y se multiplican en los espacios entre movimientos. Reconozco que Oviedo no es excepción pero no me sirve la disculpa, sumándose mi sensación de impotencia y bochorno al pensar qué imagen llevarán de nosotros estos intérpretes que lo dan todo sobre el escenario. Hace años me tomaba a risa los comentarios que figuraban en algunos programas norteamericanos como no marcar el compás con el pie, no tararear, no hacer pompas con el chicle, en la línea de letreros en botellas de lejía que indicaban no beber, comparándolo con la vieja Europa donde la ciudadanía entendía la cultura como parte de una formación vital y heredada, el «compórtese como es de esperar», que tristemente hemos perdido.

De la actitud en los museos también habría mucho que escribir, visitantes que se toman una exposición como el salón de su casa, no respetando el espacio mínimo para poder contemplar a la distancia correcta un cuadro, una escultura, saltándose cordones de protección e incluso ¡tocando los cuadros! como pude comprobar aterrorizado en un masificado Museo Casa Dalí en Figueres, no digamos la manía de fotografiar obras que están en los libros (esos desconocidos) y además con «flash», desconocimiento total del peligro que esos destellos de luz suponen para la pintura. Claro que en todos los idiomas fui avisando a costa de parecer yo el maleducado y repugnante. Nuevos ricos para los que la cultura se compra con derecho de pernada.

En pos de una libertad confundida con libertinaje, olvidando que cada una termina donde empieza la del prójimo, no podemos prohibirlo todo esperando el sentido común que sigue siendo el menos común de los sentidos, pero a la vista del cariz que están tomando las cosas, olvidaremos aquél aforismo de Mayo del 68 «Prohibido prohibir» para terminar echando la culpa a la educación, querer poner asignaturas tildadas de inútiles como educación para la convivencia, y olvidando que la educación empieza en casa… No seré yo quien abogue por mano dura pero sí una autodisciplina que se mama desde niños y parece perderse con los años. Tan solo pido respeto y aplicarse el dicho: «donde quiera que fueres haz lo que vieres», pues la mayoría no siempre está en lo cierto. Recuerdo la pintada de «Come mierda, millones de moscas no pueden estar equivocadas», pudiendo contestar en plan pesimista que si costase sería un majar de ricos.

Tenía que soltarlo antes de contaminar mi comentario de este concierto porque mi sonrojo aumenta en cada velada, la mala leche acabará cortándose y agriándose como mi carácter ante tal derroche de mala educación, malas costumbres y auténtica falta de respeto hacia todo el entorno. Harían falta muchos menos programas basura donde todo vale y volver a recuperar unas campañas con dibujos animados cuyo eslogan era «Piense en los demás». Tampoco funcionan las de abandono de perros con ese «Él no lo haría», aunque los mayores se les olvide en alguna gasolinera o aún peor, en sus últimas residencias de las que el siguiente viaje es definitivo.

Mi lucha diaria en el aula es educar en el respeto, pero no puedo trabajar contra una sociedad que está perdiendo sus señas de identidad, y la cultura es el primer síntoma y mejor barómetro. Cabreado no, lo siguiente…

Los diamantes son para las mujeres

2 comentarios

Jueves 21 de mayo, 20:00 horas. Teatro Campoamor: Zarzuela, XXII Festival de Teatro Lírico Español: «Los diamantes de la corona«, música de Francisco Asenjo Barbieri, libreto de Francisco Campodrón, segunda representación. Entrada: Delantera de Principal: 27 € (con gastos de gestión).

Cuanto más escucho a Barbieri más me gusta, y no sólo su conocido «barberillo» sino estos diamantes nada brutos y muy pulidos que tengo en grabación histórica con Pilar Lorengar como Catalina, Manuel Ausensi como Rebolledo entre otros, con el Coro de Cantores de Madrid del Maestro Perera y la Gran Orquesta Sinfónica bajo la dirección de Ataulfo Argenta.

Esta segunda de Oviedo no tiene un reparto tan sobresaliente pero todo funcionó a la perfección, compartiendo la misma producción que disfrutó recientemente Madrid. Dejo aquí toda la ficha tanto del reparto como del equipo artístico, puesto que un espectáculo, y «Los diamantes de la corona» lo son en todo su esplendor, originales y nunca copia, ya que este todo conforma una zarzuela de siempre, recuperada en esta edición crítica de Emilio Casares, el gran valedor de todo el Legado Barbieri.

La puesta en escena de José Carlos Plaza es brillante, decorados artísticos, con transición de la cueva al palacio sin interrupción o ese salón del trono de hermosísimas telas; la iluminación excelente, auténtica guía de la acción tanto en las superiores como los cañones laterales, además de  un vestuario elegante y variado que contribuyen a un colorido nunca estridente perfectamente contrastado con el entorno.

El reparto vocal estuvo equilibrado aunque fueron las mujeres quienes ganaron a público y partitura, con una María José Moreno como Catalina y Cristina Faus como Diana convincentes como actrices (el texto hablado resulta tan difícil como cantar, aunque esté recortado) y aún más en sus distintas intervenciones solistas, dúos (qué bien hicieron el bolero Niñas a vender flores del acto segundo) y concertantes. La soprano granadina está en un momento álgido y la última romanza De qué me sirve, ¡oh, cielo! resultó casi un aria de alguna reina de Donizzetti como bien me apuntaba un experto en la lírica, gusto, amplia gama expresiva y emisión perfecta. Por su parte la mezzo valenciana brilló siempre en sus intervenciones conjuntas, pues Barbieri no le da una romanza sola, por otra parte exigiéndole empastar con todos sus compañeros protagonistas, además del citado y conocido dúo con la soprano, que primero arrancan en concertante, o el Si decirle me atreviera con Sandoval en el acto segundo.

Sandoval estuvo bien cantado por el barcelonés Carlos Cosías desde su primera aria ¡Ah! Que estalle el rayo algo contenido, creciendo en los concertantes y marcándose un hermoso dúo con Catalina ¿Por qué me martirizas…? en el segundo acto de tintes belcantistas para una difícil partitura del compositor madrileño. Convincente el barítono Gerardo Bullón como Don Sebastián, como paralelo a la Diana en el sentido de carecer de un número solo pero exigiéndole empastar con el resto de voces, algo que salvo en el quinteto final, consiguió sin problemas. El bilbaíno Fernando Latorre dibujó un Rebolledo completo actoralmente y un poco menos cantando, distintos registros y color vocal, estando más cómodo en el medio y agudo pese a estar «etiquetado» como bajo-barítono, algo que sigo sin compartir del todo por las no siempre acertadas clasificaciones de las voces. Bajó el listón Ricardo Muñiz como Conde de Campoamor, bien las partes habladas pero siempre tapado en las cantadas conjuntas, perdiendo algo de presencia desde el Kyrie final del primer acto, el coro de damas y caballeros del segundo y sobre todo en el quinteto final donde «chirrió» un poco, tirante en el agudo y rompiendo un color bastante homogéneo con las voces graves. Destacar finalmente al actor Joseba Pinela como Antonio, monedero.

Del coro Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» dirigido por el maestro Rubén Díez sólo felicitaciones porque cada aparición suya en escena cumple las expectativas independientemente de las dificultades que deban afrontar, y estos diamantes tienen muchas, vocal y escénicamente, saliendo airosos de todo ello. Tanto las voces graves que comienzan el coro de monederos Vuelta al trabajo, otra parte de militares con Rebolledo al mando y el simpático Kyrie final con Sebastián y el capitán. En el segundo acto bien equilibradas las voces blancas y los conjuntos con un Mil parabienes al lado del quinteto solista, puede que algo precipitados con la orquesta pese al intento de cuadrar desde el foso. Y en el tercer acto tanto el movimiento escénico como los tres coros que cantan redondearon una función exigente, de menos a más hasta la brillante «Marcha de la coronación».

El foso parece el lugar idóneo para la Oviedo Filarmonía, con todas sus secciones equilibradas en volúmenes y presencia perfectamente llevada por el responsable musical, de nuevo Óliver Díaz que saca de ella matices imperceptibles, presencias equilibradas, pendiente de todos los detalles y aprovechando los silencios vocales para ganar en dinámica. Encomiable el cuidado que muestra hacia los cantantes, a los que respeta con escrúpulo, auténtico concertador y conocedor de esta partitura que defiende hasta el último compás. Difíciles las esperas para las largas partes habladas pero atento incluso a los ligeros «recitativos», destacando los golpes de caja china fuera de escena que marcaban pausas escénicas para «comentarios» de los personajes, incluso contestando el propio director como parte de una acción donde la batuta no puede perderse ni una corchea. Habrá que seguir confiando en el maestro asturiano para la lírica ovetense donde se mueve como pez en el agua.

Zarzuela grande la decimonónica cuando todo resulta equilibrado, sin importarnos los quilates de unos diamantes que evidentemente fueron para las mujeres. Buena entrada en el Campoamor que mantiene el nivel de un festival con veintidós años luchando contra vientos y mareas. El viernes será la última función y queda además de la gala de José Bros el próximo viernes 29 de mayo con Conti y la OFil, una esperada «Pepita Jiménez» con música de Isaac Albéniz basada en la homónima de Juan Valera (y en Oviedo con la escenografía rompedora de Calixto Bieito) cerrando ciclo, mes e inicio vacacional (29 de junio y 1-2 de julio), que espero poder contar desde aquí.

Bach deconstruyendo a Soler

2 comentarios

Miércoles 20 de mayo, 20:00 horas. Sala de cámara, Auditorio de Oviedo. «Primavera barroca«: Galdós Ensemble, Iván Martín (piano y dirección). Diálogos Norte-Sur, obras de Antonio Soler y J. S. Bach.

Media entrada en el penúltimo concierto del ciclo primaveral con difícil elección ante la coincidencia para los «leónigans» en el Conservatorio, aunque prima mi abono ya pagado y la siempre única experiencia de escuchar en vivo a Bach, esta vez compartiendo cartel con el Padre Soler, difícil combate y más ante la presencia en el programa de un pianista con ensemble propio desde 2011. Debate hay y para mucho pero me centraré en lo escuchado. Prometo escribir en breve sobre versiones y gustos variados de los llamados clásicos, algo así como la deconstrucción de los cocineros actuales que a partir de los platos de siempre los presentan distintos. Probablemente Bach sea quien mejor soporte todo tipo de (re)construcciones y (re)interpretaciones, algo que llevo probando más de cuarenta años, en parte porque sigue siendo el padre de todas las músicas, le llamo «Mein Gott» y la historia en vez de antes y después de J.C. debería hacerse con J.S. Bach.

Esto viene a colación de la interpretación que el excelente pianista Iván Martín hace con su peculiar formación, esta vez un sexteto (*) que mezcla un violín barroco y un laúd (el programa pone tiorba) con el resto de instrumentos tradicionales en afinación actual de 442 Hz (incluso en el descanso estuvimos «tres locos» disertando sobre la evolución del diapasón desde los 430 a los 438) y para dos grandes compositores que curiosamente descubrí al piano aunque no fuese nunca el destinatario inicial. La belleza de estas partituras excede criterios historicistas e incluso personales, y su escucha desde la libertad de prejuicios me permite saborearla y apreciarla con todos los peros que se quieran.

Pudimos paladear al Iván Martín pianista en la Sonata nº 48 en do menor (ca. 1772) de Soler, con un sonido muy cuidado, claro, potente y cristalino a partir de una pulsación precisa y un empleo del pedal siempre prudente y en su sitio, las sonatas de Soler en estado de gracia que al piano se engrandecen sin perder un ápice de calidad ni sello propio, reminiscencias o influencias italianas de Domenico Scarlatti o Boccherini sin olvidar a José de Nebra en un Madrid que respiraba música por doquier. Las notas al programa tituladas «Bach y el fraile» hacen referencia a esto. Está claro que el estudio de la obra del «pater» por parte del músico canario le permite ahondar y sacar a flote muchos de los entresijos que esconden las partituras del compositor catalán educado en la Escolanía de Montserrat y afincado en el Monasterio de El Escorial, como podríamos apreciar en los dos quintetos con teclado posteriores.

El Concierto para teclado en re menor, BWV 1059 (Bach) se nos presentaba como recuperación histórica y estreno en España, con la historia también explicada en las notas al programa que adjunto a esta entrada, nueve compases tomados de una de las dos sinfonías de la Cantata BWV 35, ya trabajadas por ejemplo por Ton Koopman utilizando una formación más «al uso» con órgano, o el recordado Gustav Leonhardt con su consort, aunque el galdosiano con el piano de Martín ofrezca una paleta totalmente distinta y sin oboe, en la línea de mi admirado Glenn Gould pero camerístico con cuerda frotada salvo el citado laúd, en vez de orquestal. Problemas puntuales de afinación y balance en los violines y «excesiva» presencia del piano (sin tapa acústica) en momentos, si bien la opción sea tan válida como otra, destacando siempre la claridad expositiva de Iván Martín en el Allegro, la pureza melódica del Largo con el contrapunto de un laúd que contrapesaba color y timbres globales, y un vertiginoso Presto (se dice que el único de Bach) para indicar ese punto de rapidez y duración nunca enturbiada en el sexteto y presente siempre el solista que dirige sin problemas desde el piano.

Después de Bach se hacía difícil escuchar el Quinteto con teclado nº 3 en sol mayor (1766) del fraile Soler, cinco movimientos desiguales y como un catálogo de estilos anteriores que nada tienen con Bach y sí con un preclasicismo debido a la elección del piano como teclado. El Largo es hermoso y nuevamente el toque de laúd compensa el colorido global. Bien contrapuestos los tiempos, contrastes entre solista y quinteto más uno, con peso en los graves y algo opacos los agudos.

Tras el descanso el Quinteto con teclado nº 4 en la menor (1766) recobró un poco la presencia de cada instrumento, cuatro movimientos donde las variaciones del Minuetto final dejaron los mejores momentos de Soler, especialmente un dúo viola-chello bien ensamblado entretiendo registros en ambos como si de uno sólo se tratase, o una Sheila Gómez que por fin brilló en su solo, ahora equilibrado en dinámicas. Los rasgueos del laúd también ayudaron a colorear una partitura más bien monócroma aunque llena de contrastes, pues no sólo de lienzos están los museos llenos.

Claro que siempre vence y convence Bach, sobre todo con el conocido Concierto para teclado en re menor, BWV 1052 (1734) que Martín recreo de memoria perfectamente arropado por un quinteto con laúd que presentó una versión nuevamente bien trabajada en el piano, buscando sonoridades opuestas desde unos fuertes casi sinfónicos a unos pianísimos íntimos con un ataque y pedal siempre escrupulosos en la dinámica, así como los finales de cada uno de los tres movimientos según la receta vivaldiana. El «ripieno» laudístico en el Adagio puso el fiel de la balanza tímbrica con el piano desde un fraseo hermosísimo lleno de ornamentos cristalinos con un cello y contrabajos redondeando presencias sonoras.

El regalo ese maravilloso Largo del Concierto nº 5 en fa mayor BWV 1056 o si se prefiere, el del 1059 de la primera parte, que al piano con los pizzicati y rasgueo del laúd resultó «gouldiano» a más no poder, no en vano Iván Martín puede presumir de este acercamiento a Bach desde el amor y respeto a su música, como haría Bussoni aunque en otro estrato.

Lo dicho, escribiremos sobre las deconstrucciones y versiones de Bach no aptas para todos los paladares. Las de esta «Primavera Barroca» saltaron la tradición para servir el mejor producto posible en otro formato.

(*) Galdós Ensemble: Sheila Gómez, violín barroco – José Manuel Fuentes, violín – Jokin Urtasun, viola – Juan Pablo Alemán, violonchelo – Joaquín Clemente, contrabajo – Carlos Oramas, laúd.

Una Clementina para siempre

4 comentarios

Sábado 16 de mayo, 19:00 horas. Teatro de La Zarzuela: «Clementina«, zarzuela en dos actos de Ramón de la Cruz y música de Luigi Boccherini. Director musical: Andrea Marcon. Director de Escena: Mario Gas.  Entrada butaca: 42 €.

Reparto:
Carmen Romeu (Doña Clementina), Vanessa Goikoetxea (Doña Narcisa), Carol García (Doña Damiana), Beatriz Díaz (Cristeta), Juan Antonio Sanabria (Don Urbano), Toni Marsol (Don Lázaro), Xavier Capdet (Marqués de La Ballesta), Manuel Galiana (Don Clemente).

Última de las seis representaciones de esta joya del neoclasicismo escénico español como es «La Clementina» de Boccherini, su única «ópera de salón» que se estrenaba ahora en el Teatro de la Zarzuela tras su paso por el Teatro Español en 2009 también firmada por el regista Mario Gas, producción que ahora regresaba en todo su esplendor vocal e instrumental.

Pocas referencias para un melómano de provincias, una grabación de 1954 pero siempre siguiendo prensa en papel y especialmente electrónica cómo iba dándose este esperado estreno en la línea marcada por Paolo Pinamonti de recuperar nuestro patrimonio, leyendo columnas y comentarios de las anteriores funciones que mejor que uno centraban autor, libretista, época o estilos, además de las correspondientes críticas. Tras escuchar el jueves 14 la retransmisión en directo por Radio Clásica, no siempre fidedigna por la ubicación de los micrófonos pese al esfuerzo de los técnicos de sonido, pero válida para hacernos una visión global, asistía el pasado sábado al siempre irrepetible directo con un retraso anunciado por megafonía a causa del extravío de unas partituras que felizmente aparecieron. Supongo que esto solo pasa en España, pero seguimos siendo diferentes.

Larga obertura a cargo de una ORCAM presentando una partitura con reminiscencias barrocas pero plenamente neoclásica y más ópera bufa que zarzuela de salón, con sus partes habladas bien trabajadas sin las que la acción dramática no sería igual, tanto en el reparto vocal como en el actoral, y sin ataduras historicistas en cuanto a afinaciones (la actual con todo lo que supone para el canto y presencia instrumental) o puesta en escena de la época, elegante, con dos ambientes en uno bien diferenciados, vestuario sabiamente buscado e iluminación adecuada.

Maravillosa elección de las voces por parte del músico de Lucca afincado en Madrid para un libro de Ramón de la Cruz que respira lirismo en su totalidad sin olvidar el carácter cómico de enredos amorosos con cierta crítica: cuatro personajes femeninos con dos sopranos (para las hermanas) y dos mezzos (el aya y una ossia soprano para la criada), y cuatro masculinos de los que dos son cantantes, barítono el maestro de música, y tenor el amante secreto, más dos actores para el fanfarrón marqués y el padre de las chicas. Partitura agradecida en general para voces y orquesta, arias, dúos, tercetos y concertantes fáciles de seguir, melodías incluso pegadizas, sin olvidar la dificultad del texto hablado que en el primer acto ocupa más que la propia música, bien resuelta por todo el reparto y con una puesta en escena muy lograda en un decorado palaciego supongo similar al de la mecenas que encargó esta obra, Doña Faustina Téllez-Girón, condesa-duquesa viuda de Benavente.

Encontrar un elenco español para esta joya resultó igualmente todo un acierto, buscando contrastes en todo desde un respeto a esta edición crítica de Miguel Ángel Marín (en 2013): cantantes jóvenes de largo recorrido lírico que engrandecen un género como la zarzuela, del que Boccherini estoy convencido hubiese aportado su visión italiana de nuestra idiosincrasia, sumando la veteranía actoral adaptada a los propios personajes más una orquesta maleable que bajo la batuta de un especialista como Andrea Marcon elevan a joya este título recuperado para siempre y exportable sin ninguna duda a cualquier coliseo mundial.

Carmen Romeu aunque protagonista comparte y contrasta con Vanessa Goikoetxea sus presencias y caracteres opuestos de dos hermanas, vocalmente también, sobria la valenciana y extrovertida la duranguesa (aunque nacida en Palm Beach), ambas de bello sonido y empaste donde la partitura marca perfectamente la línea interpretativa a seguir, puede que un vibrato no siempre expresivo por parte de Romeu en el aria ¡Ay de mí1, Corazón mío y mejor Incauta mariposa, del primer acto o la copla ¡Almas que amor sujetó! en el inicio del segundo, frente a la más pura Goikoetxea en emisión (bella en Del tiempo los rigores e incluso en la «rabieta» Cruel, injusta, ingrata, y sin problemas tampoco en las partes habladas, con un hermoso dúo Duda si vive.

Beatriz Díaz recrea a la criada simpática que llena la escena no ya actoralmente, increíble la dicción y movimientos sobre las tablas, sino vocalmente, excelente Con una buena cara en el primer acto y aún mejor Quien libre ha vivido del segundo. Su registro grave ha ganado presencia sin perder color junto a unos agudos matizados en cada detalle además de sobrada en tesitura, una soprano idónea para esta Cristeta asturiana contrapuesta a la Doña Damiana de Carol García, genialmente caracterizada, equilibrio de caracteres vocales (hermosa aria Vos sois su padre) y dándole la catalana el acento andaluz a esta institutriz o aya seria y hasta odiada por «exigencias del guión» con el color idóneo, caso del dúo con Clementina Blanca paloma.

Estas cuatro voces femeninas marcarán un catálogo de sensaciones vocales según se emparejan, destacando el arranque de la primera escena Huid corazones extrovertido con la asturiana y la vasca en perfecto dúo al que se suma Don Lázaro para completar terceto, frente al introvertido Blanca paloma de Romeu con García en la escena quinta, por citar dos ejemplos.

El Lázaro del catalán Toni Marsol resultó un auténtico caramelo para el barítono por la amplia paleta vocal y sentimental que tiene, arias casi italianas de estilo bufo (Soy puntual y comedido) frente a las más cantables como Sabrá por mis lecciones, con dúos y concertantes dignos de cualquier ópera contemporánea a Boccherini, sumándole solvencia a las partes habladas para crear este personaje que resulta el auténtico triunfante amoroso en el enredo. La partitura para Don Urbano requiere un tenor muy ligero casi «belcantista» por no decir mozartiano, incluso un «tenore di grazia«, pues tiene la parte más dura de toda la obra, así que el canario Juan Antonio Sanabria hubo de «bailar con la más fea» no ya por un personaje enamorado de la que resultará su hermana sino por unas agilidades diríamos casi barrocas al final de la obra en el aria Hablándome al oído que el sábado resultaron mejor que el jueves, convencido que las dificultades puestas por el compositor italiano estaban al servicio del tenor que la estrenó, costumbre por otra parte habitual de escribir las arias a medida del reparto con el que se contaba. El resto, como su aria El amante que se queja o el dúo con Clementina No imploro tus piedades / Tú sola fuiste, lo solventó el tenor canario (algo tiene esa tierra) con gusto y musicalidad. Pese a lo comentado, bien esta pareja masculina que igualmente dejó impronta en sus personajes y completaron un sexteto vocal (Rondó a seis Para que los placeres) bien diseñado e interpretado, decantado hacia las féminas por calidad y cantidad.

Los dos vejestorios, cariñosamente y con toda mi admiración, los bordaron dos actores, catalán y madrileño para seguir contraponiendo, cuyas voces tenemos en nuestra memoria, personajes enfrentados antes amigos perfectamente interiorizados y bien delineados por otro hombre de teatro como Mario Gas, respeto por la acción y el respeto a la retórica de un Capdet histriónico y contagioso para un papel de fanfarrón al que hoy casi tildaríamos de casposo, junto a Manuel Galiana, señor de la escena, verbo claro y bien dicho, realismo conjugado con el humor irónico y el drama contenido, complemento indispensable de la música, contrastes continuos de ordinariez frente a elegancia con el sabor de un entremés pasado a «dramma giocoso» de estilo ilustrado.

La ORCAM de calidad y sonoridad deliciosa en cada sección, una cuerda presente y compacta, con leve desafinación en algún pasaje (el aire acondicionado no es amigo de los instrumentos), madera solvente y trompas presentes con el volumen adecuado, formación titular llevada por Andrea Marcon con el tempo preciso, mimando las voces y atento a un colorido propio a nivel de conjunto que remarcó una «Clementina» agradecida y muy aplaudida por un coliseo lleno en plenas fiestas madrileñas.

Los sobretítulos incluyeron traducción al inglés en las partes cantadas y todas las habladas, siempre con la dificultad de pasar al idioma de Shakespeare la riqueza del cervantino, un acierto del Teatro de la Zarzuela para un público cada vez más internacional, sumándose también a la campaña del Festival «Yo voy al teatro» para personas con discapacidad auditiva y visual y personas mayores, teniendo de vecinos de localidad a una invidente acompañada de su perra guía Shiva que disfrutaron tanto o más que el resto. ¡Viva la zarzuela! este sábado con sesión matutina incluida.

Zarzuela matutina

1 comentario

Sábado 16 de mayo, 12:00 horas. Fundación Juan March (Madrid): Los conciertos del sábado. Ciclo «Zarzuela cómica«: Homenaje a Guillermo Fernández-Shaw (1893-1965). Carmen Solís (soprano), Carlos Crooke (tenor cómico), Aurelio Viribay (piano). Entrada gratuita.

Madrid en fiestas aunque para la música siga siendo la capital, con espectáculos diarios y para todos los públicos. Un lugar que no suele faltar en mis escapadas es la fundación de la calle Castelló, en pleno barrio de Salamanca, de cuya dirección musical se encarga mi admirado Miguel Ángel Marín, esta vez para un merecido homenaje con un concierto que repasaba dúos y romanzas de zarzuela donde la saga Fernández-Shaw se ocupó de los libretos, parte esencial en este género tan nuestro porque no sólo es encontrar los textos sino adaptarlos para ser cantados, de ahí la habitual colaboración de dos libretistas como iremos comprobando. El legado de esta familia se encuentra en la Biblioteca de la Fundación Juan March y se celebran ahora los 50 años del fallecimiento de Guillermo, licenciado en Derecho como su padre Carlos además de periodista en La Época antes de dedicarse a los libretos de zarzuela que hasta 1950 firmaría junto al ovetense Federico Romero. Del hilo argumental en este espectáculo ameno, entretenido y que colgó el cartel de aforo completo se encargó precisamente Carlos Crooke, cual libretista que nos iba narrando argumentos con una mesa y una silla como taller de trabajo de todo escritor, además de cantarlos y escenificarlos con la soprano extremeña Carmen Solís y el talento pianístico de Aurelio Viribay, no ya acompañante o director sino auténtico maestro para muchos artistas de nuestro panorama lírico y trabajador incansable en recuperar veladas como esta matutina de «Los sábados de la Fundación«.

Los compositores y obras elegidas sirvieron para comprobar el talento de Carlos Fernández-Shaw y sus hijos Guillermo y Rafael en perfecto entendimiento para escribir auténticas joyas de nuestra no siempre defendida ni entendida zarzuela.

Guridi escribe su obra «El Caserío» con libro de Guillermo y Romero, eligiéndose el dúo Cuando hay algo que haser para abrir boca con dos voces que funcionarían a la perfección también por separado, y su conocida romanza de tenor Yo no sé qué veo en Anamari, algo más dura para un tenor cómico como Crooke aunque Viribay mimó la partitura de principio a fin.

No tan popular como el vasco pero con los mismos escritores del libreto, el alicantino Ernesto Pérez Rosillo (1893-1968) escribe en 1921 «Las delicias de Capua» de la que escuchamos Por las orillas del Manzanares, romanza realmente deliciosa que nos lleva a los cuadros goyescos más que a las guerras púnicas. A continuación mismos literatos para otro de los grandes músicos de zarzuela como el maestro Jacinto Guerrero con el simpático dúo de Colette y Moisés a ritmo de fox-trot Yo no soy Napoleón de «Las alondras» (1927) donde Carmen Solís y Carlos Crooke recrearon y repescaron un título algo perdido frente a otras más famosas, pese a la calidad de su partitura, continuando con estos gustos de argumentos «militares» y amorosos para «La señora capitana» (libreto de Jackson Veyan) con música de Joaquín «Quinito» Valverde y Tomás Barrera, donde el dúo Dejar las armas podemos ya sacó registros hermosos en la soprano bien contestada por el tenor, papeles adaptados a voz y escena dentro del llamado Género Chico, aunque sólo de extensión.

Volvía el tándem Fernández-Shaw – Romero para una de las zarzuelas más representadas como «La canción del olvido» (Serrano) y la famosa romanza Canta el trovador, que Carmen Solís bordó con gusto arropada por el terciopelo pianístico de Aurelio Viribay.

En pleno San Isidro no podía faltar algo castizo como «El bateo» de Chueca (libreto de Antonio Domínguez y Antonio Paso) con dos números alegres perfectamente entendidos por los intérpretes: el couplet para tenor cómico Yo me llamo Virginio Lechuga jugando con las medias color carmesí, y el dúo con Visita Muy buenos días señor Virginio, declaración amorosa sacando todo el partido a las dos puertas que flanquean el órgano de tubos del salón de la Fundación y aún más este fragmento para unas voces ideales en este repertorio, más duro de lo que aparenta y compuesto parte de él en tiempos donde las tiples y vicetiples no tenían registros tan «claros» como hoy.

El homenaje no podía olvidar al patriarca Carlos quien con José López Silva escriben el libreto de «Las bravías» (Ruperto Chapí), título no muy representado del que disfrutamos el dúo ¿Por qué no te marchas? interpretado con sentimiento y musicalidad sobre las tablas. Y otra partitura que siempre resulta una joya por una música de primera como «La chulapona» (1934) de Moreno Torroba y textos de Guillermo y Romero de quien escogieron el dúo Yo que con las damas, retrechero y chulapón como la verbena de San Cayetano y castizo como un chotis, elegancia de Solís y desparpajo de Crooke, con una orquesta pianística más que manubrio de organillo con Viribay, todos capaces de recrear un número de primera que bisaron al final del concierto.

Para terminar este teatro musical de cámara dedicado a la zarzuela tenía que estar Francisco Asenjo Barbieri y «El barberillo de Lavapiés«, con nada menos que Luis Mariano de Larra como libretista para una maravilla de nuestra historia lírica no ya local sino mundial, plenamente vigente en tiempos donde parece renacer nuestro género musical por excelencia que triunfa allá donde va. Tres números para disfrutar: las seguidillas manchegas En el templo de Marte, la conocidísima romanza Como nací en la calle de la Paloma y el dúo Una mujer que quiere ver a un barbero, los enredos y comidillas de una profesión, aquí con Lamparilla, que ha dado muchas páginas escénicas y nuestro Barbieri eleva a su máxima categoría con unas voces adaptadas al carácter que letra y música reflejan, más una orquestación endiablada al reducirla al piano pero que Aurelio Viribay interpreta como nadie, pudiendo comprobar el excelente momento de Carmen Solís en un repertorio que no es el habitual suyo y un Carlos Crooke feliz y cómodo en unos papeles no siempre valorados y con personajes de nombres poco agradecidos como él mismo contaba en sus interloquios siempre llenos de ironía y buen gusto. Una mañana realmente zarzuelística que servía como aperitivo a la sesión del «templo» en la tarde noche. Pero ésta… será otra historia.

 
P. D. El audio del concierto está disponible en este enlace de la propia Fundación sólo hasta el día 16 de junio de 2015.

Luces y vientos

2 comentarios

Sábado 9 de mayo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio: Sabine Meyer (clarinete), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de Israel López Estelche, C. M. von Weber e I. Stravinski.

El musicólogo y compositor cántabro afincado en Oviedo López Estelche (Santoña, 1983) puede presumir de currículo y de un privilegio al alcance de pocos como que las dos principales orquestas asturianas hayan estrenado sus obras. Aún recuerdo el del 12 de mayo de 2011 con la OSPA dirigida por Max Valdés tras ganar el concurso del XX aniversario con De la eternidad concéntrica (2010) y ahora Lumen (2014) con la OFi y Marzio Conti, a quien está dedicada y encargo de la propia formación ovetense. De sus otras composiciones orquestales me queda escuchar su Trayecto líquido (2014) con la que obtuvo el «Premio Xavier Montsalvatge» de la 25 edición de los Premios Jóvenes Compositores Fundación SGAE-CNDM 2014, pero la línea emprendida por este percusionista en origen volcado en la siempre difícil tarea creativa parece seguir en ascenso. Lumen la analiza perfectamente en las notas al programa el profesor y doctor Ramón Sobrino, y el propio Israel en la entrevista del blog OFil, por lo que mis comentarios a vuelapluma solo hacen referencia a las primeras impresiones, alegrándome que los conciertos incluyan nuevas obras y más si son «en casa» por lo que supone de apuesta por nuevos repertorios, compartiendo además programa con Weber o Stravinski como este sábado con vientos y luces, siendo el ruso uno de los muchos referentes del músico cántabro.

Estudioso de la música de la segunda mitad del siglo XX, con una tesis doctoral sobre el gran compositor bilbaíno Luis de Pablo, las referencias a composiciones de este periodo son varias, buscando un sello propio que parece encontrar en los registros extremos, en el empleo inteligente y detallista de la percusión, y como él mismo reconoce, en la resonancia. Lumen como idea de luminosidad pero supongo que también del propio proceso creativo el cual alcanza momentos casi cegadores precisamente en el uso de tesituras extremas para una plantilla grande que permite esa orquestación brillante con un desarrollo interválico como germen y «disculpa» para hacer juegos tímbricos en todas las secciones. Orquesta compacta, contundente cuando se le exige y etérea en los momentos marcados, sensaciones ligeras pese a esa masa sonora y como cuatro grandes secciones más coda muy fluidas para una obra no muy extensa (unos nueve minutos) que viaja en capas mediante intervenciones puntuales del viento madera, en estado de gracia, y después el metal, también inspirados, arropados por una cuerda algo opaca en presencia (sobre todo los violines), con intervenciones más brillantes del arpa, y sobre todo una amplia y triunfante percusión que no solo lleva una rítmica potente sino también creadora de ambientes y texturas a base de efectos variados (como el arco en el glockenspiel) que además ponen el punto y final bien aguantada la resonancia del gong, triángulo y platillos por el maestro Conti, convencido defensor de una obra que trató con mimo y energía, guante y estilete para este nuevo acierto compositivo de López Estelche.

La virtuosa Sabine Meyer se presentaba con el Concierto nº 1 para clarinete y orquesta en fa menor, op. 73 (Weber), obra difícil de ejecutar y escuchar en vivo (incluso el nº 2), probablemente el concierto estrella para un instrumento poco valorado como solista, y también difícil de concertar, más con un Conti aquejado de lumbalgia que le obligó a continuar dirigiendo el resto del concierto sentado. Claro que Meyer es capaz de mandar desde la primera nota del Allegro, desplegando una cantidad impensable de registros con una musicalidad impactante y una gama dinámica amplísima que la orquesta nunca ocultó en ese estilo aún clásico. El Adagio ma non troppo casi resultó un aria de ópera por el fraseo y «melodismo» en estado puro, destacando la intervención con el trío de trompas como de lo mejor de la obra del compositor alemán, rematando con ese danzarín Rondó que Sabine Meyer pareció bailar, llevando de la mano a la orquesta con la que Conti se limitó a mantener pulsación y rubatos (que no es poco) de la alemana. De propina más Weber, el tercer movimiento (Satz Menuetto) de su Quinteto para clarinete, op. 34, breve, ligerísimo y sólo con la cuerda, ampliando el cuarteto original, más luminosa, dirigida por ella y en la misma línea de belleza virtuosística, impactante, genio y artista con mayúsculas, haciendo fluir notas con un caleidoscopio tímbrico para enamorarnos del clarinete.

La música de ballet está presente en Asturias y las dos orquestas parecen rivalizar en obras como esta Petrushka (Stravinski) donde el viento volvió a ganar la partida por firmeza, protagonismo y elección de «iluminación» por parte del titular de la OFil. El subtítulo de Escenas burlescas en cuatro cuadros (versión 1947) resultaron un catálogo del magisterio y genialidad de Stravinski en sus composiciones orquestales, las combinaciones tímbricas donde el metal, especialmente las trompetas, consiguen convencernos del ambiente de Fiesta popular de la semana de carnaval o el final con la muerte de la protagonista, esa marioneta humana. En casa de Petrushka y Con el Moro son los otros dos cuadros de unas escenas donde de nuevo los violines tuvieron momentos oscuros en cuanto a presencia, faltos de más tensión aunque Conti optase por mantener la presencia del viento. Tengo que destacar las intervenciones al piano del virtuoso Sergey Bezrodny que tan importantes son en esta maravillosa Petrushka, y nuevamente la percusión, pues además del protagonismo que Stravinski les confiere a ellos, no defraudaron nunca. Mi sensación de planos sonoros no suficientemente diferenciados la comparo con los focos en cuanto a la opción de iluminar más unas intervenciones que otras, como una puesta en escena del propio ballet (coreografiado por Fokine), y así aunque la cuerda tiene momentos deslumbrantes, disminuir intensidades no debe confundirse con oscuridad ni siquiera con penumbra, como una mesa de luces que en el teatro es capaz de crear ambientes cuando se manejan con maestría e imaginación. La interpretación y los puntos de interés son muy personales, el resultado global sigue siendo bueno pero es en los detalles donde se alcanza la diferencia, incluso el color elegido y hasta el tipo de bombilla, ahora que los halógenos han dejado paso a los «leds«, siempre pensando en el paralelismo sonoro y visual de este ballet de marionetas que resulta la «obra de arte total» wagneriana con el personal estilo ruso de Stravinski. Pese a todo, una velada muy interesante donde sopló un fuerte viento germano y brisas asturianas sin perder luz norteña ni aires danzantes.

 

Link Up: enganchadOS PAra siempre

7 comentarios

Tercer año que la OSPA nos trae «Link Up», un proyecto del Weill Music Institute del Carnegie Hall de Nueva York, una experiencia única dentro de la docencia musical en Asturias que implica alumnado de 1º de Primaria a 2º de Secundaria, este año más de 5.000 chavales de todo el Principado que durante una hora compartieron concierto con Rossen Milanov y nuestra orquesta. Moves, Sing y ahora Rocks, siempre entendiendo el concepto más allá de la mera traducción del inglés.

Muchas emociones antes, durante y después. Antes porque los materiales que editan los norteamericanos, actualizados y traducidos al español (porque también en EE.UU. hablan nuestro idioma aunque la música sea un lenguaje universal) son excelentes y válidos para cualquier nivel, adaptándolos según las necesidades y con criterios abiertos sin olvidar el propio proceso de autoevaluación, cuadernos que fueron repartidos ¡a cada alumno! más una guía didáctica para los profesores. Todo llegó como un regalo de Reyes tras las vacaciones, y desde entonces la clase de música se transformó en «Link Up».

A lo largo de casi cuatro meses hemos podido trabajar con nuestros alumnos todos los elementos que intervienen no ya en la escucha sino desde la práctica como todo el lenguaje musical, el ritmo, la lectura, la flauta dulce, el movimiento, la improvisación, incluso los idiomas… Cada año un repertorio distinto donde sólo repite el «himno Link Up», el Come to play (Cabannis) que es todo un boom, y para este 2015 un plantel variado de compositores, alguno relacionado con la mítica sala neoyorkina como Tchaikovsky, al que algunos creían todavía vivo.

Cada año más sesiones en el Auditorio de Oviedo, esta vez cinco sesiones para poder cumplir la demanda, miércoles 6 a las 12:00, más jueves 7 y viernes 8 con pases a las 10:30 y 12:00. Los músicos de la OSPA con Rossen Milanov que nos ha regalado este proyecto por él trabajado al otro lado del charco, volcados con este proyecto y de nuevo Gustavo Moral de maestro de ceremonias (quien también se reunión con los profesores implicados en diciembre y marzo), alma mater, guía durante el concierto, consejero antes, colaborador y defensor de este «Link Up» que une, «conecta» o aún mejor «engáncha» a la Música, así en mayúsculas. Y por supuesto el trío de solistas que completan un espectáculo más allá de lo que podemos entender por concierto: las sopranos Sonia de Munck y Elena Ramos más el tenor Julio Morales.

Pasatiempos musicales proyectados en la gran pantalla sobre el escenario mientras van ocupando sus localidades «profes y nenos» en una organización impresionante de recursos humanos, debiendo felicitar a tantos implicados: Policía Local, Protección Civil y todo el personal del Auditorio, aunque seguro que me olvido de algunos. Claro que el concierto ya arrancaba en el bus, ensayando los últimos pasajes, repasando letras, todos «enganchados», hasta un servidor con su camiseta «ad hoc».

Llega la hora de la verdad, afinación completada y Ven a tocar con todos participando, cantando, tocando flauta dulce o los instrumentos que estudian estos alumnos (flauta travesera, trompa, clarinete, violín… incluso gaita) porque así funciona «Link Up«. Los solistas y los alumnos conformando todos una gran orquesta y las primeras emociones tras el largo camino hasta aquí.

Sin entrar en el orden real, también hubo momentos de escucha muy trabajados en las aulas, Marte de «Los Planetas» de Holst, casi Star Wars, y sobre todo ese fogoso último movimiento de la Sinfonía nº 4 en fa menor, op. 36 de Tchaikovky para una OSPA con Milanov increíblemente inspirada en todas las secciones, una cuerda precisa y presente, una percusión impactante, una madera en su punto álgido y unos metales inspirados, también presentándose cada familia al alumnado, que las conoce e incluso también a algunos músicos.

De las obras trabajadas destacar In C de Terry Riley por lo que supone de improvisación a partir de nueve patrones, vocales, con flauta e incluso rítmicamente. Especial el O Fortuna de la conocida «Carmina Burana» (Orff), con la primera estrofa repetida pero igualmente efectiva, de respigarse al escucharlo cantado (por los pasillos del Instituto era mejor que «Los 40») y tocado por todos, aunque el empuje multitudinario iba por delante del tempo algo «retraído» que marcaba Milanov.

Y no digamos nada del famoso Bolero (Ravel), no previsto en N.Y. pero sí en Oviedo, incluso una letra adaptada siempre buscando elegir la opción individual. Orgullo tener una alumna capaz de tocar en la travesera todo, más allá de lo escrito, casi como la admirada Myra Pearse, uniéndose los compañeros y todo el auditorio en las partes indicadas, ostinato melódico, rítmico y hasta una coreografía al uso montada el último mes para no perder la presencia del movimiento (siempre marcado por el espacio de la butaca) de los dos anteriores proyectos. Por supuesto protagonismo de toda la orquesta y mención especial para Christian Brandhofer que se habrá «hartado» de tantos boleros…

El tiempo pasó volando y nada mejor que terminar como empezamos, Ven a tocar, ven a cantar, solistas entre el público también intérprete, orquesta cargándose las pilas, Milanov disfrutando y Gustavo en un sin parar, y así ¡tres días! que resultarán impagables por lo que ha supuesto para todos.

La vuelta al cole, al insti, otra fiesta, un disfrute y experiencia única, algunos estuvieron en los tres proyectos, otros en los últimos, algunos se estrenaban, todos compartieron emociones, vivencias, y además seguimos con la música a todas partes, queda curso y el trabajo bien hecho tiene recompensa. Felicidades a todo el alumnado asturiano y sobre todo gracias a todos los que han hecho posible que sigamos «LinkeUpeándonos». Esperamos ya el 2016 para volver a empezar… como la película oscarizada o el famoso tema de Cole Porter.

Older Entries Newer Entries