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Monteverdi para abrir boca

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Sábado 7 de octubre, 20:00 horas. Inauguración de «Los Conciertos del Auditorio», Oviedo: Balthasar-Neumann-Chor&Solisten, Balthasar-Neumann-Ensemble, Pablo Heras-Casado (director). Claudio Monteverdi (1567-1643): Selva morale e spirituale, SV 252-288 (selección).

Celebración de «el divino» que cumple 450 años para una tarde y noche blanca en Oviedo donde el barroco sigue estando de moda, y para abrir boca nada mejor que el «ensemble» (no en su totalidad) y coro Balthasar-Neumann con el granadino Heras-Casado al frente, haciendo esta escapada asturiana entre los dos conciertos de Madrid, completando esta Selva morale e spirituale y grabando disco con Monteverdi de protagonista, al igual que los conciertos del Auditorio Nacional, esta vez inaugurando nuestra nueva temporada, con lo que supone de trabajo detallista en las obras escuchadas.

Con el título Stylus ecclesiasticus las notas al programa de la doctora María Sanhuesa nos sirvieron para centrar esta selección del grandísimo compositor de Cremona, contando igualmente con los textos traducidos. Y en las obras elegidas de esta «biblia de la música sacra» todo un alarde de buen gusto vocal con un coro donde los solistas se integran en él sin romper nunca esa envidiable unidad de color de las 16 voces que vinieron a Oviedo, cuatro por cuerda destacando solo cinco mujeres, cuatro sopranos y una contralto, completando la plantilla hombres (impresionantes tres contratenores altos por el empaste logrado globalmente), retirándose en algunas obras elementos en búsqueda del equilibrio dinámico y tímbrico. No voy a descubrir al Balthasar-Neumann-Chor pero lo que personalmente me encantó fue la evolución de calidades y emociones a lo largo del concierto, con distintas combinaciones de instrumentos donde siempre estuvo el órgano del omnipresente Michael Behringer, completando, rellenando y aportando esa globalidad vocal con un Heras-Casado preciso especialmente en las dinámicas, algún gesto gratuito de más pero sin confundir, demostrando ser un todoterreno en la dirección, desenvolviéndose con este Monteverdi realmente cómodo por la respuesta siempre exacta de la formación alemana, pese a ligeros desajustes supongo que por cansancio del trasiego Madrid-Oviedo-Madrid y la tensión que supone toda grabación que queda para siempre.

Comenzaron con el Credidi à 8 voci da Capella, SV 275 para todo el coro y un acompañamiento reducido a un continuo de fagot, laúd, tiorba, arpa, violone y órgano, funcional, delicado, antes de proseguir con el Laudate pueri secondo, SV 271 (a 5 voces), retirándose los instrumentistas sin aplauso alguno antes de disfrutar de la Messa à 4 voci da Cappella (I. Kyrie – II. Gloria III. Credo – IV. Sanctus V. Benedictus – VI. Agnus Dei) con el órgano y coro de trece voces, degustando las calidades corales y el incipit gregoriano de los números, la sonoridad masculina bien contrastada con la femenina, antes del amén. Toda el oficio de la música al servicio del texto bien interpretado por un coro envidiable «reforzado» con el órgano que dotaba de redondez y solemnidad esta misa.

Con los mismos mimbres del coro completo y órgano llegó el Magnificat secondo à 4 voci in genere da Capella, SV 282, más luminoso y rico en matices que la misa, como por otra parte era de esperar, finalizando con ese «amen» solo que nos permitió disfrutar el silencio antes de los aplausos siempre contenidos en esta primera parte que finalizaría con el Memento Domine David à 8 voci da Capella, SV 276 retomando el «ensemble» inicial, mayor colorido y riqueza tímbrica donde no siempre instrumentos y voces encajaron sin ensombrecer la labor de conjunto bien llevada por el maestro Heras-Casado.

La segunda parte ya presentó en escena la formación instrumental al completo (de menores efectivos que el total del ensemble) sumándose al continuo inicial dos violines, cuarteto de trombones, una viola de gamba y dos cornetos, riquísima combinación con las dieciséis voces donde estaba la soprano Alicia Amo todavía recordada en Oviedo por su pájaro del bosque de Sigfried. Ella comenzó el salmo Dixit Dominus primo à 8, SV 263 con el doble coro en espejo, búsqueda de sonoridades equilibradas sin excesos, rítmicas rompedoras para su época hoy plenamente asumidas contrastadas con la placidez ingrávida por momentos, todo con el buen gusto que esperábamos, al igual que para el Laudate Dominum secondo, SV 272.

Reducción de efectivos instrumentales al continuo inicial para el Confitebor primo, SV 265 y recolocación coral en tenores, bajos, altos y sopranos con nuevos planos y dinámicas muy trabajadas, siendo la acústica del auditorio ideal en la percepción de todos los detalles para una formación caracterizada por ello.

Volvíamos al orgánico interpretativo con el Laudate Dominum omnes gentes primo, SV 272a (a 5) también reubicando las voces, disfrutando de las cuatro cuerdas enfrentadas ocho y ocho, los efectistas ecos vocales e instrumentales con los cornetti respirando cual cantores y el sustento solvente y seguro del órgano. Emociones y calidades que fueron «in crescendo» como la música del gran Monteverdi.

La recta final con el conocido Beatus primo à 6, SV 268 de dúos vocales femeninos empastadísimos, solistas en el coro de catorce voces (prescindiendo de un alto y un bajo) bien ensambladas con los instrumentos, belleza espiritual, rítmica y dinámicas globales con planos claros, para finalizar en otra colocación vocal (SATB) esta vez sin una soprano y un alto entonando el Gloria à 7, SV 258, a mayor gloria del «divino», fresco, cálido, sentido y bien interpretado con las exigencias vocales en agilidades más el equilibrio instrumental duplicando o completando esta formación «arquitectónica» con Pablo Heras-Casado de maestro de obra en la Selva morale e spirituale, difícil selección de esta inmensidad, bien organizada por los germanos en el programa ovetense que dejó un excelente sabor de boca para continuar más tarde con un barroco instrumental más cercano e igualmente actual.

Carmina instabilis

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Viernes 6 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, abono 1: «Música y literatura I», OSPA, Ana Nebot (soprano), David Alegret (tenor), Hugh Russel (barítono), Coros de la FPA (José Esteban García Miranda, maestro de coro), Rossen Milanov (director). Carl Orff (1895-1982): Carmina Burana (1935-1936), «in memoriam Juan Carlos y Olga».

Sabores agridulces en la inauguración de la temporada de abono ovetense con la OSPA y su titular que recordaba, además de guardar todos en pie un minuto de silencio, a los dos componentes fallecidos el pasado agosto: el chelista Juan Carlos Cadenas y la pianista Olga Semouchina, antes de pasar a escuchar el ¿One hit wonder? de Orff como bien nos contaba una hora antes el doctor Alejandro G. Villalibre (autor de las notas al programa enlazadas al principio) en una amena conferencia (¡diez años ya!) sobre un autor no flor de un día ni solo famoso por una obra, aunque esta primera cantata profana junto a su conocido «Método Orff» sean de por sí suficientes para pasar a la posteridad más allá de una biografía algo turbia. Resaltar un lleno nunca visto en la misma así como la excelente entrada para el concierto al sumarse la sala polivalente que se abre esporádicamente y se cerrará cuando era costumbre (sobre la cuestionada seguridad del auditorio mejor no hablar para no seguir agriándome).

Y como la vida del compositor así resultó la interpretación de esta obra que sigue atrayendo al público en general más allá de los fieles abonados, estando todavía viva la interpretación en la Plaza de la Catedral del pasado San Juan carbayón. La belleza e impacto de la partitura se sobrepone a cualquier versión, soportando desde la «furera» a la festiva al aire libre pasando por esta de un primer viernes de octubre donde el calor solo fue climatológico (en un mal llamado veroño) y la calidez con humor vendría del barítono canadiense, todo desde una sensación de inestabilidad a lo largo de la hora y cuarto de duración que transmite una dirección desigual, imprecisa, turbia por momentos, sin criterios claros de agógica y dinámicas que siguen sumándose a errores de bulto como frenar en los piani y acelerar en los forte.

A pesar de todo, la orquesta continúa ganando enteros, sonoridad propia, amplísima gama de matices, solistas de primera que solo necesitan más confianza porque la inseguridad casi se masca en el aire (y sigo cerrando los ojos para no perderme como oyente). La belleza melódica y de texturas instrumentales junto a la riqueza rítmica de Orff es innegable, con dos pianos, celesta, percusión impactante, todos ingredientes que deben cuidarse junto a los balances nunca caprichosos, más en esta cantata donde prima la voz de principio a fin. Para mi gusto volvió el trazo grueso y solo los matices indicados en la partitura, que fueron mejores los pp que los ff.

El Coro de la FPA, junto al infantil que mima y hace crecer Natalia Ruisánchez, continúa en su línea de trabajo sinfónico (en menos de dos semanas afrontará el concierto anual de la Fundación, retomando el cinematográfico Iván El Terrible de Prokofiev pero con Miguel Ortega, que vuelve al frente de la OSPA), amoldándose a cada batuta con el esfuerzo que ello supone, plegándose como profesionales a las indicaciones y vaivenes de tempo, poca precisión que no favoreció mayor enjundia en los tutti con la orquesta. En este Carmina instabilis volvieron a estar a la altura de lo esperado, intervenciones llenas de matices, color uniforme tanto juntos como en las intervenciones separadas de las distintas cuerdas, destacando las voces graves con empaque y homogeneidad así como las contraltos de empaste perfecto, aunque esta vez los «peques» se llevaron la mejor parte por aplomo, seguridad, afinación y color ideal.

Del trío solista el joven barítono canadiense Hugh Russel se tomó muy en serio su participación, no solo cantar con toda la riqueza y cambios de color que su papel exige sino sumándole la escena tan necesaria en esta cantata (Orff así lo entendió), dominador de principio a fin sobrado de facultades y realmente completo. A la soprano ovetense Ana Nebot le faltó la sobrada actuación del canadiense, enamorar In trutina y dominar un papel exigente que requiere interiorización además de proyección (no le ayudó cantar con partitura al bajar la cabeza y perdiéndose emisión), aunque tampoco colaboró la dirección, pero siguen siendo tan hermosas sus intervenciones que al gran público no le importan detalles tan técnicos como poder afrontar recreándose en crescendi, fiatos o agudos pianissimi. Finalmente el barcelonés David Alegret no es un contratenor (al que estamos más acostumbrados) y sus agudos sonaron «apretados» para un tenor lírico-ligero muy mozartiano, haciéndose extraño el color pese a tener dominada su breve intervención.

La OSPA sonará de cine la próxima semana y mozartiana a fin de mes tras el «concierto real» en un octubre de lo más variado que no ha comenzado como (yo) hubiese querido, antes de volver al foso en noviembre. Casi sin respiro volveré mañana al auditorio donde repito inicio de temporada con los conciertos y jornadas de piano… por supuesto también lo contaré desde aquí.

Descubrimientos de López Banzo

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Domingo 1 de octubre, 
21:00 horas. Catedral de León, coproducción del XXXIV Festival Internacional de Órgano Catedral de León (FIOCLE), XXIV Ciclo de «Músicas Históricas de León» y Ayuntamiento de León: 
alumnos del V Curso de interpretación vocal barroca organizado por el CNDM en León: Laura Martínez Boj (soprano), 
Alberto Martínez (barítono), Cristina Bayón Álvarez (soprano) y Carmina Sánchez Picazo (soprano); Eduardo López Banzo (clave y dirección). Obras de G. F. Haendel, J. S. Bach y A. Stradella.

El mes de octubre comienza con el quinto concierto del FIOCLE en La Pulchra en el inicio de las fiestas locales de San Froilán, con uno que ya es tradición, coproducido por el CNDM, trayendo cuatro cantantes seleccionados en el quinto curso de interpretación vocal barroca celebrado el pasado mes de abril (ya está convocado el sexto el marzo próximo) por uno de los grandes de la música antigua española, Eduardo López Banzo (Zaragoza, 1961), y un programa de cuatro cantatas barrocas italianas que nos vuelve a descubrir a unos jóvenes ya afianzados en estas músicas con futuro, voces que sienten este periodo histórico como propio pese a todas las dificultades que entraña su estudio y evolución a lo largo de una carrera profesional que parece ofrecerles más oportunidades que otras «salidas» más líricas o sinfónicas a la vista del panorama nacional e internacional tras comprobar la trayectoria de anteriores «descubrimientos» del maestro maño que precisamente están triunfando en el repertorio barroco.

Cuatro cantantes (tres sopranos y un barítono) seleccionados por López Banzo en torno a cantatas de Haendel y Stradella sin faltar una intervención del maestro al clave con una de las suites de Bach. Enormes colas, como es habitual aunque las puertas abrieron media hora antes, colocándome en el lado opuesto del crucero donde se ubicó el escenario, pues creía necesario comprobar la proyección de las distintas voces, aunque la reverberación catedralicia no ayude mucho a entender los textos ni tampoco a degustar el virtuosismo del músico aragonés, que siempre es un lujo ver cómo mima a sus pupilos en unas obras que domina en todos los aspectos, siendo el concierto la auténtica puesta de largo de estas jóvenes voces, colocadas en orden a las cualidades demostradas en el mismo.

Por ampliar datos sobre el repertorio elegido señalar que las tres cantatas de Haendel son producto de sus viajes por Italia, Non sospirar, non piangere escrita entre Florencia y Venecia en 1707-09 y las otras dos de sus primeros meses en Londres (finales de 1710), donde el compositor angloalemán demuestra un perfecto dominio del llamado estilo italiano, apreciable en el romano Stradella como antecedente cercano en el género y ubicado en penúltimo lugar dentro del programa ofrecido para este quinto concierto del FIOCLE y tercero del de Músicas Históricas.

La soprano afincada en Barcelona 
Laura Martínez Boj abría concierto con la cantata Partì l’idolo mio, HWV 147 
de G. F. HAENDEL 
(1685-1759) compuesta en 1710 con el orden habitual de alternancia 
Recitativo – Aria – Recitativo – Aria; de voz todavía «pequeña» en proyección a la que queda igualar color en todos los registros, como a muchas otras, pero con quilates y material sonoro a pulir, de agudos suficientes, los recitativos claros y las arias llevadas con soltura y oficio, notándosela cómoda en este repertorio.

Natural de Almendralejo (Badajoz), el barítono Alberto Martínez prosiguió con Haendel y su cantata arcadiana o pastoral Nel dolce tempo, HWV 135b (1708) en cuatro movimientos (
Recitativo – Aria – Recitativo – Aria
), registro poderoso especialmente en el medio y agudo, aunque los tempi lentos no le ayudaron, siendo más «llevadera» el aria final por un aire donde lució su voz e interpretó con profesionalidad esta forma tan italianizante cual ópera en miniatura por la carga emotiva, sin dificultades técnicas en una carrera ya iniciada con solvencia que le deparará un futuro prometedor.

Del gran 
J. S. BACH
 (1685-1750), 
Eduardo López Banzo eligió la Suite inglesa nº 3 en sol menor, BWV 808 (ca.1715) de sonoridad íntima y contrastes claros en el clave a lo largo de sus movimientos (Prélude – Allemande – Courante – Sarabande – Gavotte et Musette – Gigue
), con el público aplaudiendo el primero, supongo que por no leerse el programa de 1€ del FIOCLE (el gratuito del CNDM no detallaba ni coincidía el orden). Lástima la distancia y reverberación para poder disfrutar aún más de los ornamentos y juegos tímbricos en esta tercera suite inglesa de «mein Gott» entre las cantatas ajenas.

Subiendo el listón de calidad, la soprano sevillana Cristina Bayón Álvarez afrontó la cantata de ALESSANDRO STRADELLA 
(1639-1682) 
Affligetemi pur, memorie amare
 sin problemas de ningún tipo, puede que sobreactuada en cuanto a una gestualidad excesiva en manos y brazos aunque siempre ayude en el fraseo, de voz penetrante y contundente, segura en afinación, color bastante homogéneo y buena proyección durante los cinco números Recitativo – Aria – Recitativo – Aria (adagio) – Recitativo

, de dramatización vocal además de corporal siempre bien arropada por el clave del maestro, respirando y completando una partitura algo más alejada de las de Haendel pero bien elegida para beber de los orígenes.

Personalmente agradable sorpresa supuso la soprano valenciana Carmina Sánchez Picazo que nos (de)volvía a Haendel con su cantata 
Non sospirar, non piangere, HWV 141 (Florencia / Venecia 1709), madurez total pese a su juventud ya asentada en carteles de mayor enjundia, voz que corrió perfectamente en las piedras de la seo leonesa a lo largo de los tres números, también más agradecidos que en las otras tres por la organización tripartita (Aria – Recitativo – Aria
) dejando un excelente sabor de boca tanto técnica como musicalmente, con agilidades precisas y limpias además de toda la teatralización que Haendel volcó en sus cantatas profanas. Bravo.

Un placer saber que la docencia tiene estos regalos que el maestro López Banzo saca a la luz en este León que retoma el pulso musical con el otoño aunque la prensa no ayude a informar del todo.

Concierto duro: KLAUS en KLAIS

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Martes 26 de septiembre, 21:00 horas. XXXIV Festival Internacional de Órgano Catedral de León (FIOCLE), concierto III: Klaus Lang (órgano). Obras de Klaus Lang, Erik Satie, Michelangelo Rossi, J. J. Froberger, G. Frescobaldi y Claudio Merulo. Entrada libre.

Volvíamos a pasar el Pajares para repetir visita a La Pulchra Leonina que volvió a registrar colas antes en el concierto del austríaco Klaus Lang (Graz, 1971) en un programa puedo decir que duro para cualquier aficionado y no digamos para un público que fue cual goteo abandonando el mismo a medida que avanzaba en la interpretación sobre todo de sus propias composiciones.
Como comenta en su web la Academia de órgano Julián de la Órden sobre el organista y compositor «no usa el sonido, sino que el sonido es explorado, dándosele la oportunidad de desvelar su belleza y riqueza intrínseca. Sólo cuando el sonido es simple sonido podemos apreciar lo que realmente es: un fenómeno temporal, es tiempo audible. Klaus Lang entiende el tiempo como materia genuina del compositor y al mismo tiempo también como contenido fundamental de la música.

En su sentido musical, la materia es el tiempo percibido a través del sonido; el objeto de la música es la experiencia del tiempo a través de la escucha. La música es, así, el tiempo hecho audible».

Comenzar con su ABD. Tryptichon für orgel ya marcó las líneas de lo que vendría a continuación, una investigación de las infinitas posibilidades que «el bicho Klais» esconde, arrancando con la nota A (la) en el pedal con un tutti largo, molesto por momentos sobre el que va construyendo distintos planos sonoros sobre esas tres notas (ABD) arracimadas en octavas variadas investigando tímbricas cercanas a la música electrónica pero poco agradables en una abstracción acústica a la que no estamos acostumbrados y donde el ritmo es tan interiorizado que no trasciende, jugando con intervalos donde el de cuarta llegó a ser casi obsesivo.
La forma de continuar el programa fue un enlazado, con cierto «horror vacui» sonoro, manteniendo notas de unión donde fueron apareciendo los compositores más reconocibles pero como disfrazados a causa de una registración tampoco habitual y salpicada por los otros números improvisados y del Tryptichon, incluso con una monotonía en el tempo buscando nuevamente otra concepción muy personal. Así la sonoridad de Satie resultó similar a la de Froberger olvidándose de estilos o cronologías, y no digamos de la forma «toccata» tal como se entiende, por lo que la escucha en frecuencias extremas y tímbricas hirientes, unidas a la sensación de lentitud propiciada por sonidos de duraciones exageradas, convirtieron este tercer concierto del FIOCLE en un auténtico ejercicio penitente para nuestros oídos que no todos soportaron hasta el final.

Reconozco la labor del «Mago Lang» en esta exploración del sonido y el tiempo y como dice el texto arriba transcrito, le di la oportunidad de desvelar su belleza (personal y de la que discrepo) y riqueza intrínseca que sí la hubo, dudando de lo que se puede entender como «audible» pese a considerarme un omnívoro musical y navegante por aguas turbulentas de todos los estilos y épocas. Pero ni siquiera las páginas conocidas supusieron descanso, contrapunto o luz en un discurrir espacio-temporal con el sonido como disculpa.

Me tomé este concierto como la exploración del KLAIS por KLAUS que sigue asombrando, rugiendo esa La Pulchra donde cabe todo, sacrificio de penitencia en las sillas esta vez aumentado hasta nuestros tímpanos. Por primera vez salí con un dolor de cabeza que solamente el relente de la noche leonesa logró aliviar, llevándome el posterior café con amigos a rememorar la felicidad del Sigfrido ovetense.

 
PROGRAMA

KLAUS LANG
(1971): “ABD. Tryptichon für orgel“- A.
K. LANG: Improvisación.
ERIK SATIE
(1866-1925): Prière des orgues de “Messe des pauvres”.
K. LANG: “ABD. Tryptichon für orgel“- B.
MICHELANGELO ROSSI
(1602-1656): Toccata VII.
JOHANN JAKOB FROBERGER
(1616-1667): Toccata da sonarsi alla Levatione.
GEROLAMO FRESCOBALDI
(1583-1643): Ricercar cromático.
CLAUDIO MERULO
(1533-1604): Toccata del nono tono.
K. LANG: Improvisación.
K. LANG: “ABD. Tryptichon für orgel“- D.

Briggs sinfónico en el KLAIS

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Jueves 21 de septiembre, 21:00 horas. XXXIV Festival Internacional de Órgano Catedral de León (FIOCLE): David Briggs (órgano). Obras de J. S. Bach, F. J. Haydn, D. Briggs, O. Messiaen, M. Ravel, G. Mahler y N. Rimsky-Korsakov. Entrada libre. Precio del programa general: 1 €.

San Mateo además de fiesta en Oviedo (y Logroño), está marcado normalmente en mi calendario como el inicio del FIOCLE hasta noviembre con el patrocinio del CNDM (dentro del ciclo Músicas Históricas de León), que este año alcanza su trigésimocuarta edición mientras sigue presumiendo de su «bicho», el órgano KLAIS ante el que los más reputados intérpretes comienzan a rendir pleitesía y admiración, como este primer concierto con el británico David Briggs (1962), que repetía visita a la Pulchra Leonina tras su participación en Todo Bach, comentando a los presentes en español antes de arrancar el concierto su devoción por un instrumento que en manos como las suyas volvió a sorprender a un público que hizo larguísima cola (llegando por la calle Ancha casi hasta la Casa Botines), porque a León acuden aficionados y peregrinos que mantienen año tras año un festival variado con el «rey de los instrumentos» como verdadero protagonista, articulado en torno a la música francesa en los diecisiete conciertos previstos para esta edición. Enhorabuena.

Si el «bicho» ya está sonando a lo largo del año celebrando los 25 años de la muerte de Olivier Messiaen cual Bach del siglo pasado en cuanto a la magnitud de su producción para órgano, qué mejor que unir a ambos en este primer programa, entretenido y variado donde las transcripciones orquestales junto a las improvisaciones también encontraron hueco. El amante de los pájaros seguirá con su monográfico dentro del festival con Giampaolo Di Rosa pero muchos conciertos también le recuerdan y David Briggs no dudó en sumarse al homenaje.

Como «prueba de fuego», que también se cita en el programa general de este concierto inaugural, nada mejor que comenzar con J. S. BACH (1685-1750) y su popular Toccata y fuga en re menor, BWV 565 para hacer «rugir el bicho» desde unos ornamentos plenamente barrocos pero con registraciones e interpretación de lo más romántica. David Briggs optó por registros puede que «distintos», especialmente en la fuga mezclando nasardos cuya afinación no sea del todo idónea en las contestaciones, así como un rubato continuo pero buscando el contraste típico desde un mayor impacto tímbrico que por la disposición de los tubos consiguió efectos estereofónicos muy logrados.

También jugó el británico con sonidos encontrados esta vez perfectos para las Tres Piezas para reloj musical (de «Flötenuhrstücke«, 1772/93) de FRANZ JOSEPH HAYDN (1732-1809), verdadero juguete en las manos del virtuoso intérprete que brilló mucho más en sus Variations on Greensleeves (2005), en una lenguaje actual lleno de disonancias explorando los registros del KLAIS donde a la conocida melodía tradicional inglesa se la reconocía revestida de unos sonidos y ropajes cercanos al siempre innovador y celebrado OLIVIER MESSIAEN (1908-1992) de quien Briggs eligió Le banquet céleste (1928), registros ya conocidos en el gran órgano alemán que resultaron como si para él fuesen indicados directamente por el galo al inglés.
Comentaba unas líneas más arriba que la música francesa será el eje vertebrador de esta 34º edición del FIOCLE, más allá de Messiaen, y así pudimos disfrutar de «la orquesta KLAIS» gracias a la transcripción que Eugenio Maria Fagiani hizo de La Valse (1919/20) de MAURICE RAVEL (1875-1937), tal vez majestuosa aunque poco clara en su escucha desde mi posición (esta vez a la entrada de la catedral, con la consola colocada en medio del coro y el público sentado en bancos y las «sillas de tortura» plegables rellenando todos los huecos posibles). Hubo momentos de sonoridades más logradas, la utilización del pedal de expresión consiguiendo efectos verdaderamente sinfónicos, la «pegada» del pedalero como contrabajos aerófonos (nunca la cuerda encontrará equivalencia en el órgano o el piano) y por supuesto los registros de trompeterías y lengüetería que ayudaron a darle esa pátina tan impresionista llena de colores de esta partitura inigualable en instrumentación de la que Ravel fue único y Fagiani parece haber buscado casi al detalle, faltando solamente una ejecución a la altura del compositor y transcriptor.

El propio Briggs hizo su propia transcripción del emocionante Adagietto de la Sinfonía nº 5 (1901/02) de GUSTAV MAHLER (1860-1911) que a diferencia con la anterior de Ravel buscó sonoridades propias en vez de intentar recrear unas cuerdas siempre imposibles en un órgano no electrónico. Puede que las emociones y recuerdos que afloran con esta música, en cualquier versión que elijamos, sean especiales para muchos de los presentes, dolor del alma que han hecho del Adagietto de la Quinta un himno a la pena «cantado» desde el respeto a la partitura por parte del organista inglés.
Continuó la fiesta sinfónica en el «bicho KLAIS» con NICOLÁI RIMSKY- KORSAKOF (1844-1908) y su conocidísimo El vuelo del moscardón (1899-1900) en arreglo de Willi Nagel, breve y virtuoso contagiando el humor de esta partitura orquestal que en el órgano con Briggs sirvió de contrapunto emocional del gran Mahler.

Y como David Briggs además de compositor y transcriptor es un reconocido maestro del órgano, las improvisaciones no pueden faltar en un concierto suyo. Así desde dos melodías tan conocidas como la Oda a la alegría de Beethoven más el himno God Save The Queen, el intérprete británico nos dejó una peculiar Improvisación: Tríptico Sinfónico sobre ambos temas con estructura propia, «Introducción y Scherzo – Fuga – Finale», verdadera lección de una técnica que parece haberse recuperado por parte de muchos músicos como siempre se hizo desde los orígenes, esta vez con el lenguaje ya comentado de música atonal pero deudora de toda una vida transitando por la historia de la literatura musical como los propios compositores han afrontado sus obras. Búsqueda de registros que siguen apareciendo nuevos, luminosos como las vidrieras, oscuros como las interioridades pétreas, mosaico sonoro del órgano de Bonn cuyos tubos van tomando recio acento castellano en las catedralicias piedras seculares leoneas. La química entre intérprete e instrumento trasciende a los aficionados que seguiremos peregrinando para disfrutar con tantos maestros como está previsto sigan haciendo Música desde sus teclados, el único lenguaje universal. Un breve regalo de virtuoso con sonoridad americana (si se quiere canadiense) tras hora y media disfrutando.

Esplendor solamente vocal

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Domingo 17 de septiembre, 19:00 horas. Teatro Campoamor, Coro «El León de Oro», Grupo Vocal KEA (director: Enrique Azurza), director: Marco Antonio García de Paz: «El esplendor de la polifonía», obras de Lasso, Victoria, Stanford, Schnittke, Holst y Martin. Entrada butaca: 14 €.

Deberíamos haber celebrado un cumpleaños de oro para conmemorar el del Teatro Campoamor pero solo refulgió el coro asturiano con veinte años «rugiendo», como sus fieles leónigans. La política cultural del ayuntamiento capitalino sigue errando en su concepción musical, manteniéndose a duras penas lo que tantos años ha costado alcanzar, eliminando por equivocadas visiones eventos que eran toda una inversión (nunca gasto) y pergeñando una pobre celebración de estos 125 años donde se mezclan óperas y zarzuelas ya previstas, con intérpretes tan dispares como Rodrigo Cuevas, Estrella Morente e India Martínez en el mismo cartel que Paco Ibáñez con Jerónimo Granda, la Real Banda de Gaitas local con la Oviedo Filarmonía o Barbara Hendricks, que con nuestro laureado coro El León de Oro (LDO), aprovechando que el Caudal pasa por Mieres y el Gafo por La Manjoya, al menos figuran dentro de la mal llamada «música culta» (mejor que clásica). Desconocer la historia del coliseo asturiano parece haberles llevado a «olvidar» los grandes nombres de la lírica o la escena que por sus tablas han pasado y engrandecido sus propias biografías, para hacer un «tótum revolútum» de estilos y públicos en una concepción de la cultura errática y fuera de lugar, confundiendo la  «Excelencia en el gusto por las bellas artes y las humanidades, también conocida como alta cultura» frente a «Los conjuntos de saberes, creencias y pautas de conducta de un grupo social, incluyendo los medios materiales que usan sus miembros para comunicarse entre sí y resolver necesidades de todo tipo«, que hasta la popular y excesivamente consultada Wikipedia© explica más detalladamente.

Amén de gaitas y placa conmemorativa con asistencia de distintas autoridades locales, no se cantó «cumpleaños feliz» pero al menos los compases finales de la última función de Sigfrido y El León de Oro pusieron la música en las horas extremas del día que le correspondía soplar velas a esta longeva historia de un teatro que lleva el nombre de nuestro escritor y periodista naviego Ramón de Campoamor gracias a la sugerencia de otro ilustre, Leopoldo Alas «Clarín».
Y el programa que nuestro coro más internacional y laureado eligió para conmemorar la doble efeméride, veinte y 125 respectivamente, también buscó hacer historia y cronología de la polifonía religiosa «a capella», de Lasso a Martin sin olvidarse de nuestro universal Tomás Luis de Victoria. Difícil búsqueda que tuvo la recompensa para el numeroso público de poder disfrutar todas las excelencias de un coro «amateur» que canta como un profesional para compartir con los tolosarras de KEA una segunda parte al alcance de muy pocas formaciones corales.

La primera parte arrancó con el coro de cámara, otra de las virtudes de los «Leones de Marco» en cuanto a combinaciones posibles dentro de su plantilla, con las Lamentaciones (tertia, primi dei) a cinco voces de Orlando di Lasso (1532-1594), impecables y bien explicadas (como el resto del programa) en las notas de la doctora Diana Díaz González. Sumando efectivos y manteniendo calidad nada menos que el Regina Coeli (Tomás Luis de Victoria, 1548-1611), recogiendo lo sembrado por Peter Phillips, enamorado hace años de este coro, del que dijo «es extraordinariamente inusual encontrar un coro grande capaz de cantar música del Renacimiento
con tanta calidad»
, madurando y posando las enseñanzas para dejarnos una versión íntima, equilibrio y pureza, delicada sin excesos -no suele haberlos en «los leones»- para realzar el texto con la música en la mejor línea del abulense, también de oro como esta polifonía seguidora de Palestrina y Trento pero Contrarreforma elevada a lo sublime.

Salto en el tiempo y nuevo aumento de efectivos, coro ideal para el irlandés Charles Villiers Stanford (1852-1924) y su Beati quorum via. Sacar de nuevo obras ya trabajadas por los luanquinos supone recuperar y volver a descubrir matices y presencias, equilibrios con dinámicas increíbles desde la técnica perfecta al servicio de la música, una belleza polifónica que sigue admirando a todos los amantes de la música vocal.

Aún quedaban dos joyas cercanas en el tiempo, del soviético-alemán Alfred Schnittke (1934-1998) sus Drei geislitche Gesänge (Tres himnos sacros) a 8 voces, un despliegue buscando abrazarnos con el sonido siempre único del coro asturiano donde el derroche es emocional, muy trabajado por todas las cuerdas con exigencias solventadas sin problemas (detalles mínimos que no merece ni mencionar) y Nunc dimittis del británico Gustav Holst (1874-1934), una de las obras emblemáticas de los asturianos que siempre suenan irrepetibles dependiendo del lugar donde la canten, jugando con la acústica que en el Campoamor sigue siendo impecable como la versión del LDO.

Armar una obra para sesenta voces uniendo dos coros me recordó el reto de Sigfrido con las dos orquestas. Cuando la dirección es la correcta y el estudio detallado lleva un trabajo minucioso, los retos se alcanzan y la recompensa del éxito es la deseada. El Grupo Vocal Kea que dirige Enrique Azurza son unos profesionales que ya nos emocionaron hace años en la Semana de Música Religiosa de Avilés, compartiendo con LDO ese monumento cultural que se mantiene pese a todo(s) en la Villa del Adelantado. Compartir escuela de dirección y canto (Musikene es un referente internacional) hace fácil lo difícil, por lo que la Messe pour double choeur a capella (2004) del suizo Frank Martin (1890-1974) nos permitió escuchar en Asturias una interpretación irrepetible por lo plena, con Bach en el origen siempre exigente para todo músico, los cinco números del ordinario de una misa que como decía Marco a la prensa (que dejo al final de esta entrada), «se puede disfrutar con oídos ateos» -algún despistado intentó aplaudir entre el Kyrie y el Gloria-. El empaste y afinación de los dos coros fue encomiable, digno de destacarse para una partitura complicada, de registros extremos en todas las cuerdas, con momentos tensos resueltos con brío y aplomo, volviendo a demostrar lo necesario de un equilibro dinámico entre ellas que pocos consiguen, cambios rítmicos, juegos onomatopéyicos de gran riqueza, pinceladas de calidad e intimismo contrastadas con fortísimos nunca estridentes. Aplaudir el trabajo de los directores y coristas para alcanzar la excelencia buscada, difícil, costosa, sacrificada, cercana pero siempre agradecida. El esplendor de este doble cumpleaños no pudo ser mayor musicalmente.

Y como Bach siempre será «el padre de toda la Música», en mayúsculas para evitar errores de concepción, con el sello dorado de colocar parte del coro rodeando al público del patio de butacas, ampliando escenario y sonoridades, el regalo de Knut Nystedt (1915-2014), al que KEA me descubrió en Avilés, con su Immortal Bach, una recreación mejor que «deconstrucción» del coral Komm, süsser Tod, BWV 478 donde las disonancias y juegos dinámicos alcanzados por este tren (coral) Vasco-Asturiano llegó a la estación de Campoamor como la más cálida ceremonia musical para una efemérides a la que le faltaron otros brillos.

Enlaces:
Dos entrevistas a Marco Antonio García de Paz en la prensa regional:
Crítica de Ramón Avello en El Comercio.

El otro

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Entrada en blogger sin problemas

http://pablosiana.blogspot.com.es/2017/09/esplendor-solamente-vocal.html?m=1

Problemas

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Todo el día intentando una entrada desde el ordenador y no hay forma pero sí desde el teléfono 😪 Cada vez entiendo menos las políticas del lobby

Sigfrido sin miedos

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Miércoles 13 de septiembre, 19:00 horas. Teatro Campoamor, LXX Temporada de Ópera de Oviedo: tercera función: Siegfried (R. Wagner), nueva producción de la Ópera de Oviedo. Entrada último minuto delantera de principal: 30 €.

Para los docentes y melómanos en Asturias el comienzo del curso lo marca la temporada de ópera ovetense que este año alcanza nada menos que 70 años, cumpliendo con los 125 del Teatro Campoamor, así como el paso por taquilla para la adquisición de abonos de OSPA, Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano, una verdadera «cuesta de septiembre» más allá del Huerna o el Puerto de Pajares, en todos los sentidos.
Inicio de curso musical por todo lo alto, con una conferencia previa cual lección inaugural el pasado día 5 a cargo del maestro Guillermo García Calvo embarcado en completar la tetralogía wagneriana que este 2017 nos trae la tercera entrega de El Anillo del Nibelungo con «Sigfrido«. Si Wagner siempre es mucho, contado por el director madrileño aún se engrandece la figura y obra del compositor, lo que pude comprobar en la tercera función de un miércoles climatológicamente ardiente, como toda la trama de fuego, con excelente entrada pese a las cinco horas largas que suponía esta cita ineludible (parte del público marchó en el segundo descanso, perdiéndose el tercer acto… pero ya sabemos cómo es Vetusta clariniana).
Media hora antes de levantarse el telón, en el salón de té Pachi Poncela avanzaba su «preludio» informal pero documentado para los que venían con tiempo, invitando a disfrutar con la mochila vacía de este cuento para niños de todas las edades, si bien algunos traíamos la lección aprendida sabedores de lo que se avecinaba, máxime tras la citada conferencia del maestro madrileño junto a Carlos Wagner, el diseñador de una original puesta en escena que tapaba el foso para situar los cantantes sobre él, incluso entrando por el patio de butacas o cantando desde Principal, sin utillaje y con un vestuario atemporal pero efectivo, mientras en el escenario una «Orquesta Fantástica Asturiana» con más de cien músicos compartiría el protagonismo musical total.
Y hablo de orquesta fantástica porque se unieron OSPA y Oviedo Filarmonía bajo la dirección de García Calvo para alcanzar una sonoridad única, duro trabajo previo buscando ese ideal wagneriano de riqueza tímbrica, el verdadero color con todos los matices posibles que nunca taparon un elenco vocal muy equilibrado, otro logro alcanzado de un reto titánico. La «orquesta fantástica» nos dejó momentos increíbles de empastes en todas las secciones, el ropaje idóneo para las voces y el protagonismo total en el sitio justo, cuerda sedosa, maderas y metales casi como un órgano, percusión segura, dinámicas y equilibrios perfecto bajo la dirección siempre comprometida, segura y convencida del maestro Guillermo. Desde el inicio hasta el último acto no hubo respiro, pianísimos increíbles, casi camerísticos, contrastes sin miedos como el propio Siegfried, reguladores amplios, potencia caleidoscópica en el inicio del tercer acto que mantuvo el concepto de obra de arte total rematando un trabajo de orfebre para un anillo mágico y una Nothung bien forjada orquestalmente. alternancia de concertinos en cada acto pero una alegría ver compartir atriles a los músicos de ambas formaciones en esta orquesta única que espero poder volver a encontrarla para una Octava de Mahler asturiana…
Con el escenario lleno en todos lo sentidos, las voces elegidas completarían una función que pasará a la historia operística local, comenzando por el tenor ruso Mikhail Vekua como Sigfrido, un verdadero atleta para poder cantar un rol tan exigente, Heldentenor o tenor heróico además de dramático en el buen sentido, desde una clasificación cada vez menos necesaria pero que ayuda a entender este tipo de voz necesaria en estas óperas.
Impresionante la riqueza expresiva, su potencia sin perder lirismo ni buen gusto y el crecimiento del personaje nunca temeroso hasta encontrar a Brunilde, redondeando una actuación magistral sobre el foso, caminando de un lado al otro, corriendo, tumbándose, escenificando sin ningún atrezzo y convenciendo a todos.
Otro tenor y otro color pero igualmente creíble el Mime de Johannes Chum, personaje complejo el malvado enano capaz de pasar de la ternura al odio, la (con)fabulación y la burla, segundo pilar vocal de Sigfrido.
La tercera pata masculina fue el barítono rumano Béla Perencz como Wotan El Viandante (o caminante) apareciendo por el pasillo del patio de butacas con lo que supone a nivel acústico, fue mejorando en cada acto para completar una actuación sobria de este trío protagonista.
Pero el resto, pese a intervenciones «menores» en cuanto a presencia escénica no podían quedar a la zaga en cuanto a calidades.
Destacables a mi gusto el bajo-barítono rumano Zoltan Nagy como Alberich el hermano de Mime, manteniendo el tipo, y las dos sopranos españolas: Maribel Ortega, una Brünnhilde impresionante, segura, de tesitura amplia y redondez en todos los registros, llenando el acto final de belleza vocal junto a Siegfried, más la voz del Pájaro del bosque del segundo acto, Alicia Amo, cantando desde principal (un lujo escucharla tan cerca de mí) y entresuelo, afinada pese a la distancia con la orquesta, color hermoso que esperamos disfrutar mucho tiempo en papeles protagonistas, pero tan necesarios en estas óperas para alcanzar esa calidad vocal global.
Dentro del citado equilibrio vocal el bajo milanés Andrea Mastroni como Fafner me gustó su color y volumen, cerrando elenco en un escalón inferior la mezzo polaca Agnes Zwierko como Erda, breve escénicamente y la única que pareció tener miedo al empuje orquestal detrás con un vibrato algo excesivo pero completando un reparto muy homogéneo para este Sigfried wagneriano.
No entraré en detalles sobre  la representación semiescénica (o más técnicamente «semi stage«) con la que los cantantes afrontaron sus personajes, sin espadas, lanzas o yelmos, aunque el concepto del venezolano Wagner basado en proyecciones sobre la pantalla del fondo y la cortina delante de la orquesta, tuvo de todo. Bien lograda la forja o los vuelos de los estorninos que parecían estar dentro del teatro dando formas cambiantes desde el propio anillo hasta un corazón o una calavera, la lluvia, espadas o incluso el dragón, también la gruta junto a las cartas de la baraja y otras formas más o menos abstractas que no añadían mucho, aunque por momentos se lograban efectos tridimensionales pero desde el patio de butacas parece molestaron más que desde mi ubicación en el segundo piso. La escenografía con estos contenidos generados digitalmente dan mucho juego y en esta concepción donde la orquesta forma parte del propio argumento siendo decorado y protagonista a la vez, personalmente no engrandeció la representación puesto que la música lo inundó todo y cerrando los ojos ponía lo que echaba en falta.
El resto en las manos de Guillermo García-Calvo, orfebre de lujo para perder el miedo a Wagner.
Aún faltando la cuarta y última función, ya han comenzado los ensayos del siguiente título, un trovador verdiano para mantener la sana rivalidad con el alemán, histórica y complemento de dos polos que siguen sumando: el italiano con legión de seguidores, el germano ganando adeptos y nuevos públicos, y en Oviedo, nuestra «Viena del Norte», compartiendo cartel para deleite de operófilos y melómanos en general en un curso 2017-2018 que se avecina de lo más completo.

Enlaces: Tertulia de «La Nueva España»; críticas de: Ramón Avello «El Comercio», Andrea G. Torres «La Nueva España», Aurelio M. Seco «Codalario», Alejandro G. Villalibre «OperaWorld», Javier Labrada «Platea Magazine», y prensa escrita:

Música entre amigos

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Jueves 31 de agosto, 20:00 horas. Festival de Verano Oviedo 2017, Museo Arqueológico: Ana Nebot (soprano), Mario Bernardo (piano). «Sin etiquetas», obras de Haendel, Schubert, R. Strauss, Rossini, Fauré, R. Hahn, Satie, Saint-Saëns, Villa-Lobos, C. Porter y M. Legrand. Invitados: Rubén Menéndez Larfeuil (viola), Pablo García-López (tenor), Marina Pardo (mezzo) y Antony da Cruz (contrabajo).

Brillante clausura de un festival veraniego que volvió a llenar el museo con colas dos horas antes del inicio quedándose público fuera (lástima el aforo reducido) con artistas de casa como la soprano carbayona y el pianista gijonés, sin localismos y además rodeándose de amigos para compartir una tarde «sin etiquetas» del agrado de todos y repasando épocas con estilos distintos.

Para el dúo Nebot-Bernardo comenzar con el barroco y sus agilidades aún en frío, además de la emoción de saberse querida no sería óbice para ir ganando tranquilidad y hondura, también (y tan bien) arropada por compañeros, además de amigos, a lo largo de una hora de buena música en el mejor ambiente.

Tras el inicial Haendel y el aria Ch’io mai vi possa (Que yo pueda un día) de la ópera «Siroe«, vendría la viola de Rubén Menéndez Larfeuil para sumarse a dos grandes bien sentidos por la soprano junto al sólido piano, Schubert con Der Hirt auf dem Felsen (El pastor en la roca) D. 965 de mundos sonoros contrapuestos en expresiones e intensidades (con clarinete hubiese sonado menos intenso), y especialmente el Morgen (Mañana) op. 27 nº 4 de R. Strauss que llegó a alcanzar la milagrosa complicidad del silencio total de un atardecer mágico con «la hermana del violín» tan sentida como la propia voz.

En este repaso entre compañeros llegó el turno al tenor cordobés Pablo García-López para dos dúos muy distintos, Rossini y La Serenata (Notturno) más Fauré Puisqu´ ici-bas toute âme (Pues aquí abajo las almas) preparado por «La Nebot» en solitario con Le papillon et la fleur (La mariposa y la flor) op. 1, nº 1. El nocturno del italiano, contrastado con la común poesía francesa de Victor Hugo en dos voces que se gustan además de actuar para hacer creíbles unos textos que se nos ofrecieron en fotocopias aparte (siempre de agradecer) redondeando este hermanamiento vocal y sentimental entre Asturias y Andalucía que lleva años cimentado, aplaudiendo la generosidad de la anfitriona ovetense por compartir protagonismos.

Verdadera «exquisitez» el Verlaine de L´ heure exquise musicado por Reynaldo Hahn (1874-1947), venezolano de nacimiento con madre vasca y padre germano, pero francés de adopción y formación aunque alemán de pasaporte, universal como todo el programa «sin etiquetas» donde Ana Nebot y Mario Bernardo volvieron a demostrar el trabajo bien hecho, al igual que el siempre ideal Satie con su Je te veux (Te quiero), otra «delicatesen» antes de seguir compartiendo amigos y música, sobre texto de Henry Pacory, poesía musical francesa donde la soprano está en su salsa. Todo un detallazo de Ana cantar colocándose para el otro ala del claustro, aunque la acústica sea buena en cualquier lugar, y siempre atenta a un público que la quiere en su Oviedo natal, aunque hubo turistas de todas partes, incluso del otro lado del charco (a quienes pude saludar al finalizar el recital en «otro encuentro» con la música de punto en común y acercamiento físico más allá de las redes sociales).

Con la mezzo Marina Pardo en un empaste perfecto y el acompañamiento siempre sobrio de Mario Bernardo, escuchamos a Saint-Saëns y su bolero El desdichado, en castellano con la forma original antes de la herencia al actual que bien aclaró Ana Nebot al público antes de cantarlo, ante algún comentario al presentarlo, pues siendo capaz de cantar incluso jazz aún no se ha enfrentado a los grandes éxitos de Miguel Matamoros, Los Panchos y seguidores, aunque nunca se puede rechazar nada, menos cuando hay calidad y emoción.

Y del jazz vendría el contrabajista Tony da Cruz para seguir sumando «sentimiento» desde su compatriota Heitor Villa-Lobos con Melodía Sentimental (letra de Dora Vasconcelos), una nueva visión del folklore brasileño sumado a la canción de concierto donde solo faltó una batería con escobillas para volver a demostrar que no hay etiquetas, solo música bien hecha, al igual que con Cole Porter en So in love (Tan enamorado) de la comedia musical «Kiss me Kate«. Piano más contrabajo en pizzicato como perfecto ropaje a la voz de Ana Nebot navegando cada vez más cómoda en estos repertorios ligeros que se van haciendo merecido hueco en este tipo de recitales camerísticos.

Todavía quedaba el remate con el prolífico compositor de bandas sonoras francés Michel Legrand (1932), y de la película musical “Les Demoiselles de Rochefort” con «la gemela» Marina Pardo en la Chanson des jumelles, teatralización de altura con la redondez del contrabajo y el piano poniendo mentalmente la percusión que seguramente más de uno añadió aunque fuese corporal.

Verdadero regalo Alfonsina y el mar (Ariel Ramírez) cantado por «La Nebot» con naturalidad, cercanía y emoción subrayada por Tony y Mario redondeando el mejor colofón al mes, al ciclo y a las vacaciones dejándonos con ganas de más, sobre todo viendo que los amigos nunca fallan cuando lo son.

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