Inicio

Pasión lírica con más amor que desdicha

2 comentarios

Viernes 13 de febrero, 20:15 horas. Sociedad Filarmónica de Vigo, Auditorio Centro Cultural Afundación, Vigo. Pasión Lírica «Entre el amor y la desdicha»: Beatriz Díaz (soprano), Belén Elvira (mezzo), Juan Antonio Álvarez Parejo (piano). Arias y dúos de ópera y zarzuela.

En pleno siglo XXI mantener sociedades filarmónicas es toda una labor épica, abonados que van dejando por razones obvias su gran afición y poca juventud que tome el relevo. Lástima porque siguen siendo la escuela formativa para mayores auditorios tanto para intérpretes como público. En ellas podemos seguir disfrutando de la llamada música de cámara y recitales líricos con piano que llenarían grandes salas con orquesta.

Ferrol, Coruña y Vigo aunaron esfuerzos para lograr un recital de auténtica pasión con dos mujeres de larga trayectoria y un pianista que ha dedicado toda su vida a este género, acompañando voces que siguen triunfando.

La asturiana de Bóo Beatriz Díaz, la canaria de Lanzarote Belén Elvira y el madrileño Álvarez Parejo organizaron un programa para esta pequeña gira gallega que hizo las delicias del público conocedor de casi todo lo escuchado (más allá de la edad), arias y dúos para soprano y mezzo donde las voces lograron triunfar tanto en solitario como juntas gracias a un empaste perfecto, algo difícil de encontrar en estos tiempos, con alternancia de números que hicieron aún más atractivo el concierto.

La primera parte la abriría Mascagni con su Cavalleria Rusticana, la escena y oración a piano solo emulando una orquesta con esa música siempre bella, antes del Voi lo sapete, o mamma de la mezzo canaria, continuando con Puccini y dos delicias suyas, Tu che di gel sei cinta de «Turandot» que parece escrito para la asturiana, y el dúo de las flores de Madame Butterfly, dulzura allerana y el perfecto entendimiento entre los tres intérpretes. Esta temporada de ópera en Oviedo pude escuchar dos versiones de Butterfly y el esperado «Samson et Dalila» (Saint-Saëns) del que Belén Elvira desgranó la conocida Mon coeur s’ouvre à ta voix convincente, como si las mezzo canarias tuviesen un don para este rol. Las joyas brillaron con Beatriz Díaz en el «Faust» (Gounod) de Ah! Je ris des me voir, gusto y escena siempre de la mano, con esos rubati impecables y bien entendidos desde el piano, antes de la conocida Barcarolle, dúo de «Los cuentos de Hoffmann» (Offenbach) que confirmó el empaste de ambas voces, a unísono como una sola, con los planos en perfecto equilibrio y un piano siempre pendiente de las protagonistas. El cierre operístico de la primera parte lo puso Bizet con la conocida Habanera de «Carmen» ideal para la mezzo canaria hoy con piano, y Les filles du Cadix (Delibes) que en la voz de la asturiana son otra delicia en versión recital que nunca cansa escuchar, destacando lo difícil que resulta cantar en francés sin cambiar el color de voz, algo que lograron ambas.

El llamado género chico lo es solo de nombre, junto con una zarzuela que seguimos sin saber vender incluso en recital, pese a contar con páginas hermosísimas y de igual o mayor calidad que muchas de sus «hermanas mayores».

La selección adecuada, exigente y nuevamente completa en registros, escena y acompañamiento, destacando El dúo No merece ser feliz de «Los Gavilanes» (Guerrero) con madre e hija convincentes o el agradecido Todas las mañanitas de «Don Gil de Alcalá» (Penella), donde sólo faltó hacer los coros al público. Sobrios el ¿Qué te importa que no venga? (Serrano) de «Los claveles» por la canaria, y  la petenera Tres horas antes del díaLa marchenera«) de Moreno Torroba por la asturiana, en registros y colores de voz apropiados para ambas para deleitar y recrearse aún más en las siguientes romanzas solistas de la Canción de Paloma de «El barberillo de Lavapiés» (Barbieri), endemoniada para pianistas acompañantes (como toda reducción orquestal) y más para sopranos que logren cantar todo lo escrito además de interpretarla escénicamente, a lo que Beatriz Díaz nos tiene acostrumbrados ¡Brabóo!, y el Chotis del Eliseo de «La Gran Vía» (Chueca), tan castizo en todo que nadie diría que Belén Elvira sea canaria, más un «organillero» de lujo el piano de Parejo. Nada mejor que un poco de humor todos juntos con una página compleja en partitura, con cambios de ritmo difíciles de encajar, y escena simpática como es el dúo de «Los sobrinos del Capitán Grant» (Fernández Caballero), ese En Inglaterra los amantes… donde Miss Ketty Beatriz y Soledad Belén nos hicieron reír con su escenificación, sin escatimar nada en un canto nuevamente bien ensamblado, templado y acertado.

Largos aplausos y dos regalos en solitario también españoles, ese El vito de Obradors que Beatriz Díaz defiende como un auténtico «lied» español mientras Álvarez Parejo protagoniza al fin algo puramente pianístico y no orquestal, exigencias bien resueltas por ambos intérpretes, y La tarántula de «La Tempranica» (G. Giménez), con Belén Elvira que da a lo pícaro altura artística en esta mezzo de amplio registro. Excelente recital con auténtica pasión donde entre el amor y la desdicha reflejadas en las partituras estuvo el buen hacer y calidad de los tres intérpretes.

Como curiosidad seguirán viaje hasta el Baluarte de Pamplona para hacer una antología de zarzuela con coros, orquesta y distintos solistas, comentando que mi admirada Beatriz Díaz cantaba estos recitales gallegos a caballo entre su reciente Oscar de Ballo en la ópera de Bolonia y la Clementina (Boccherini) de mayo en la Zarzuela madrileña. No está nada mal un recital con ambos géneros, más allá de mantener repertorio porque siempre son grandes cuando hay calidad en los intérpretes, algo que se corrobora en cada actuación.

El rapacín de Candás volvió tras 150 años

Deja un comentario

Lunes 8 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Prendes, Candás: El rapacín de Candás (Gabriel Balart y Francisco García Cuevas). Juan Noval Moro (tenor), Yolanda Montoussé (soprano), Fabio Barrutia (barítono), actores del Grupo Cultural «Xana» de Perlora (Lucía Colunga, Enrique Molina, Carlos Arias Cancio, Rosa Ana Muñoz -y directora de escena-, Francisco Suárez), Coral Polifónica «Aires de Candás» (directores: Marco A. GarcíaElena Rosso), Orquesta Sinfónica «Miguel Barrosa», David Colado (dirección musical).


Tremenda expectación domingo y  lunes más allá de la capital de Carreño ante la recuperación de una obra titulada El rapacín de Candás que dormía en algún baúl pero que siempre tenemos la suerte de encontrarnos musicólogos y estudiosos capaces de recuperarlas, incluso rehabilitarlas ante el mal estado en que se encontraban, pudiendo decir eso de «estreno en tiempos modernos». Ramón Avello explica muy bien en su crítica de la función dominical aparecida este martes 9 en el diario El Comercio, cómo se rescata del olvido una obra que sin ser una joya del teatro lírico sí puede considerarse pionera de los sainetes escritos en asturiano:

Personalmente me sorprendió (como también a algunos conocidos, como un amigo que escribía «tiene partes musicales bonitas, pero finales reiterativos, repitiendo cuatro veces para llegar a la cadencia final. El argumento carece de mayor interés, se puede comparar a un sainete del teatro costumbrista. Le falta la parte cómica, los ballets, etc. de otras zarzuelas») que se doblase escena y canto, aunque supongo que el mayor peso de la parte hablada y además en asturiano, hacía difícil memorizarla a los cantantes, pese a ser más fácil que intentar que los actores cantasen, pues esto no es EE.UU. donde todos los estudios escénicos incluyen la música y el canto.

Que yo conozca los buenos actores que canten son más que los buenos cantantes actuando, aunque algo esté cambiando. Esta vez la separación no ayudó por situarlos abajo, detrás de la orquesta (que tampoco tenía foso) y ni siquiera los actores sobre el escenario estaban ubicados como los cantantes, teniendo un desesquilibrio ubicacional y resultando una suerte de «Escala en HiFi» que muchos de mi edad recordarán en blanco y negro, incluso las producciones de zarzuela donde creía que los actores cantaban hasta que conocí el «play back» con figuras de la lírica que tan solo ponían la voz, primando actores sobre cantantes. De los programas de mano a elegir en asturiano o castellano, tan solo el argumento, datos técnicos de los intérpretes pero sin recordar a los autores, compositor de la obra el catalán Gabriel Balart i Crehuet (1824-1893) junto a los textos o libreto de Francisco García Cuevas.

De lo vivido en la segunda función, nuevamente con lleno total, felicitar al elenco de actores de grupo perlorino, auténticos protagonistas, incluso a la coral local que sí formó parte de la escena, dirigidos por Elena Rosso, quien también formó parte de la acción sobre las tablas. Del trío solista escuchaba por vez primera al barítono y me reencontraba con la pareja principal tenor y soprano, aunque vocalmente no me aportaron mucho ni tampoco pienso que su ubicación ayudase.

Felicitar finalmente a los músicos del conservatorio local reforzados para la ocasión para conseguir una orquesta sinfónica que bajo la dirección de David Colado (quien también es responsable de la revisión y «rehabilitación» de la obra) sacaron adelante este entretenimiento que podía haber sido candasín o mierense, incluso leonés o lucense puesto que ese asturiano «amestao» aún se usa y entiende. Está bien recuperar patrimonio aunque la calidad no lo haga muy exportable, pero es nuestro y vuelve al pueblo. Hacer una grabación para conservar todo el documento sonoro supongo que no sería excesivamente caro aunque el estudio permita licencias que el directo no.

Dejo aquí recortes de prensa con comentarios, críticas y todo lo que este regreso movilizó en Asturias que tenía su capital lírica este puente festivo en Candás.

Clausura de curso con estrenos

5 comentarios

Domingo 7 de diciembre, 19:00 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo. XIII Curso «La voz en la música de cámara»: Concierto de clausura en homenaje al Excmo. Ayuntamiento de Oviedo. Intérpretes: Ana Peinado (soprano), Ana Cristina Tolívar (mezzo), Fernando Fernández (tenor), Oscar Castillo (barítono), Irina Palazhchenko (piano); Santiago Ruiz de la Peña (cello), Nora Suárez (piano); Laura Mota (piano); Marco Antonio Guardado (gaita), Yelyzaveta Tomchuk (piano); Patricia Rodríguez (soprano), María Heres (soprano), Pablo Romero (tenor), Marisa Arderíus (piano); Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo», Rubén Díez (director); Alfonso Peñarroya (piano). Obras de Guillermo Martínez, G. Goltermann, J. S. Bach, Glinka / Balakirev, José Manuel Fernández «Guti»/ Juan Manuel Morán, Sigfrido Cecchini, Pablo Moras / Javier Almuzara, Rubén Díez / Juan Carlos De la Madrid, Santiago Ruiz de la Peña / Carlos Fernández. Entrada libre.

Trece años de un curso que bajo la dirección artística de Begoña García-Tamargo organiza la Asociación Cultural «La Castalia» con patrocinios y colaboraciones diversas que en el largo discurso de la citada profesora (más de un cuarto de hora incluyendo el desmayo de la joven Laura Mota) no solo sirvió de agradecimiento sino que hizo toda una historia del pasado, presente y hasta futuro musical de la ciudad de Oviedo en el terreno musical, en este homenaje al Ayuntamiento que sonó propagandístico dando paso a otra intervención del «alcalde heredero» Agustín Iglesias Caunedo, con todos los intérpretes en el escenario a pie firme escuchando unos discursos que nos llevaron hasta las siete y media de la tarde, avanzando una sorpresa lírica para el próximo año desvelando tan solo que será un elemento estratégico para Oviedo, música y cultura como pasiones de la capital asturiana, integrando otras músicas y creadores como los de este concierto clausura y homenaje. El desmayo citado apenas interrumpió el discurso aunque trastocó el orden del programa, que pudimos escuchar completo con varios estrenos de autores jóvenes, presentes en la sala y profesores muchos de este curso, así como otras obras cercanas en el tiempo de su estreno, sin olvidar los «clásicos», con artistas en formación y otros ya consagrados, dando un nivel algo desigual donde el protagonismo estuvo más en las obras que en los intérpretes salvo casos puntuales.

Dejo aquí el programa y profesorado del curso, pasando a comentar por alto lo que pudimos escuchar en una sala ideal para estos repertorios, que se llenó más allá de lo esperado.

El primer estreno absoluto Cantos de primavera de Guillermo Martínez sobre texto de F. Hölderlin para cuarteto vocal y piano, de factura académica a la que nos tiene acostumbrados este compositor, con reminiscencias germanas de Mendelssohn o Brahms e incluso los corales luteranos con introducción liederística del piano antes de la intervención vocal en distintos movimientos contrastados no ya en tiempo sino en expresión (lástima la poca claridad textual en las voces) con momentos dramáticos casi «parlatos» que no fueron paralelos siempre en calidad interpretativa, descompensadas las voces donde brilló por volumen la soprano sobre el resto. La creatividad de Guillermo no tiene límites y aún nos esperan muchos estrenos más.

El Allegro del Concierto para violonchelo nº 5 en re menor, op. 76 (G. Goltermann) sirvió para disfrutar de dos jóvenes intérpretes donde las enseñanzas de la música de cámara se centran en ambos, no ya el solista lógico sino en el difícil papel que tiene siempre el llamado pianista acompañante o correpetidor en tanto que las reducciones orquestales no siempre son agradecidas ni fáciles. Los detalles puntuales los conocen ellos mejor que nadie.

Segundo estreno absoluto para una formación original como gaita, piano y narradora: Vals de Naveo de «Guti» y Juan Manuel Morán, dúo de compositores para un dúo musical donde la gaita adquiere categoría sinfónica más que académica por una escritura cromática, exigente para el instrumentista por venir de un compositor que la domina, modos menores siempre agradecidos incluso desde el acompañamiento y coprotagonismo del piano en lenguaje impresionista totalmente actual,  notándose el otro compositor, con percusiones en la caja armónica que ayudan a una expresividad aún mayor con la narración bien dramatizada, y pasajes de arpegios variados en solitario o con la gaita recreando una sonoridad que los amantes del folk calificamos como «celta» pero tratada desde la sala de concierto al incluir una cadenza o fermata de la gaita con un piano de percusión, solo virtuoso lleno de cromatismos, trinos, explotación de los registros agudos hasta el máximo antes del regreso al tema del vals sin perder nunca referencias. Bravo por los compositores y por el trío de intérpretes.

Tercer estreno de la «Suite» del musical de Sigfrido Cecchini La Regenta, que en reducción a piano nos privó de poder degustar todo el trasfondo de una música casi minimalista en el amplio sentido del término y con todas las características a él asociadas (básicamente ritmos ostinatos casi monotónos y líneas de más expresividad narrativa que cantables), con claras referencias a Nyman no sólo en el pobre papel del piano, y también recuerdos de canto gregoriano y música medieval entendida desde la recreación de Carl Orff, melodías nada líricas pensadas más para voces ligeras y amplificadas que las trabajadas en repertorios operísticos. Tomemos esta «suite» más como un avance o trailer de lo que puede suponer la puesta en escena de este musical tan clariniano y de Vetusta como el propio «Coro de vetustenses» de todas las voces solistas destacando el poderío vocal y de buen gusto de la ferrolana Patricia Rodríguez en el papel principal con una partitura que engrandeció desde su arte, superior siempre en presencia y volumen con pasajes extremos donde evitó el griterío hasta ese final «Me llaman la Regenta».

Hermosa la partitura para coro mixto Hoy de Pablo Moras (1983) con texto de Javier Almuzara (1969) a cargo de «la Polifónica» con Rubén Díez dirigiendo, obra escrita con mucho gusto y conocimiento de los recursos corales en interpretación que derrochó empaste y belleza, siendo uno de los momentos álgidos del concierto.

Volví a escuchar distintos fragmentos de la zarzuela La Carrera de América (Rubén Díaz / Juan Carlos de la Madrid) por los mismos intérpretes que en octubre aunque al piano Alfonso Peñarroya y el coro completo y más numeroso que en octubre. De nuevo la soprano Ana Peinado destacó sobre el resto aunque el Aria de Teresa sigo asociándola a la voz de Beatriz Díaz, y también la mejoría en el grave de Pablo Romero, igualmente pensando en un color distinto para los protagonistas, por otra parte difíciles de encontrar y más que apuesten por obras nuevas. Estoy convencido que de contar con un elenco vocal de primera y conociendo la orquestación original, subirla al escenario no debería tener más problemas que el pecuniario.

Mi admirada Laura Mota se repuso del susto y siempre le agradeceremos el esfuerzo porque pocas veces se me caen las lágrimas ante una pianista, pero es que el Preludio de la «Suite Inglesa» BWV 807 (J. S. Bach) me conmovió nada más atacar el inicio. Escucharla es olvidarte de su edad porque su musicalidad, fraseo, gama dinámica, rigor, pulsación y todo lo que queramos añadir en el siempre intrincado estilo del kantor en sus dedos resulta no ya fácil sino hondo cercano a la pura espiritualidad que engrandecen obra e intérprete en perfecta armonía y unión. Es difícil expresar con palabras lo que Laura transmite al teclado. Y La Alondra (Glinka / Balakirev) es otro micromundo opuesto al bachiano, fuegos artificiales limpios, claros, explosión emocional frente a la introspección anterior, pero hilando ambas y como esperando menos aplausos para coser desde su inmaterialidad ambas obras que se aúnan con Mota. Siempre sabe a poco y cada vez más intensa mi escucha.

El Canto a Oviedo con música de Santiago Ruiz de la Peña y letra de Carlos Fernández, para coro mixto y piano no resultó el final apoteósico ni siquiera heróico, incluso monótono por momentos al cantarse a unísono y con un piano meramente acompañante, aunque siempre se agradece escuchar obras cercanas en el tiempo, pero claro que Laura nos dejó el oído demasiado cerrado a nada que viniese a continuación.

Cuatro días para un curso donde profesores y alumnos trabajaron estas obras, bebiendo algunas directamente del compositor lo que da un plus interpretativo, y compartidas con el público como deseado colofón.

CompositoresCurso

Kraus omnipresente 15 años después

1 comentario

Jueves 4 de diciembre, 20:00 horas: Teatro Filarmónica, Oviedo. XII Concierto Homenaje a Alfredo Kraus (en el XV aniversario de su muerte): Francisco Corujo (tenor), Virginia Wagner (soprano), Juan Francisco Parra (piano). Arias, dúos y romanzas de ópera y zarzuela. Organiza: Asociación Lírica Asturiana Alfredo Kraus (ALAAK). Entradas socios y público: 12 € y 15 €.

Ópera y zarzuela, dos géneros líricos que realmente son uno, música escénica que el recordado Kraus dominó como nadie, sabiendo elegir el repertorio haciéndolo único por excelente. El recital en su memoria nos trajo a otro tenor canario, tierra de cantantes mayúsculos, más una soprano argentina repasando arias y dúos de los habituales de nuestro homenajeado siempre presente, elección difícil de cada número para la primera parte universal, romántica, como también la segunda dedicada a lo español, duro y con la memoria auditiva de «El Tenor» en cada romanza, en cada aria. Por supuesto el piano de otro canario inmenso, Juan Francisco Parra capaz de hacer una orquesta con 88 teclas en proceso inverso, nada de reducciones orquestales para el piano, puesto que así trata cada partitura el «maestro correpetidor«, tapa acústica abierta plenamente para degustar cada intervención suya con toda la paleta de matices, duraciones y acompañamiento pendiente de las voces, director musical que ha bebido de la fuente y heredado la honestidad con el respeto a lo escrito. Una delicia captar la duración exacta de cada nota, el pedal en su sitio o esa espera siempre del remate vocal para la caída perfecta en el momento justo.

Cantantes y actores que representaron cada rol con mucho esfuerzo y resultados desiguales, color vocal hermoso el de «Pancho» Corujo aunque debe seguir buscando su camino, no imitar, dominar y hacerse su propio repertorio, similar por otra parte al del irrepetible y siempre único Alfredo Kraus. Trabajador incansable pareció más cómodo con Gounod que con el siempre exigente Verdi o la zarzuela de Sorozábal, muchos kilates y peso que todavía debe saber cargar para hacerla más liviana.

De la soprano apellidada Wagner (el que nunca cantó Don Alfredo) y nacida en Argentina, apenas algunos detalles en Cilea, difícil empaste en los dúos de Manón de Massenet o la Gilda poco creíble, más unas zarzuelas que no lucieron pese a la entrega canora. Curiosamente me gustó su registro grave pero totalmente variable el color incluso en el mismo registro, y momentos de brillo metálico junto a otros imperceptibles pese a estar con acompañamiento pianístico. Interpretativamente no pareció creerse todo lo cantado, las «Sierras de Granada» de La Tempranica (Giménez) no están escritas para ella aunque su profesionalidad sea intachable.

Ni tan siguiera ese conocido dúo final de El Gato Montés de Penella consiguió llegarme un poco, porque además del oído mi piel debe erizarse cuando hay magia. Me cabe la satisfacción de seguir disfrutando con el pianismo sabio, sincero y amigo de un Parra enorme en cada recital, que me tomé como lo que era: un recuerdo a la figura de Alfredo Kraus, más grande cada año, y que escuchando su repertorio sigue siendo referente de mi memoria auditiva e inalcanzable por nadie todavía.

Dura la vida del cantante, difíciles las tesituras agudas, ardua labor igualar color, de sabios elegir las obras para cada voz y en el momento adecuado, mas eterna la búsqueda de la excelencia desde la personalidad individual, algo al alcance de unos pocos privilegiados.

Salitre también en el aire

1 comentario

Jueves 23 de octubre, 19:00 horas. Oviedo, Museo de Bellas Artes de Asturias: «La Carrera de América», conferencia de Juan Carlos De La Madrid.

La capital del Principado estaba este jueves otoñal tomada por la policía pero en «El Bellas Artes» olía a salitre, a puerto pesquero, a emoción en el relato, público con el corazón en ultramar, música bañada en lágrimas y la historia como evasión a un mundo en «la otra capital» en esta tarde donde lo real se palpaba en el museo y lo que en él acontecía, Darío Regoyos, Nicanor Piñole y tantos otros como callados testigos de excepción.

Alfonso Palacio, director del museo, hacía la presentación de una original actividad a partir de un cuadro de mediados del siglo XIX perteneciente a los fondos de nuestra pinacoteca: La corbeta ‘Villa de Avilés’, de William Andrews Nesfield (1793-1881), un buque construido en 1851, que transportó cincuenta mil jóvenes emigrantes entre los años 1853 y 1869.

Y ese cuadro que hoy ocupaba la segunda planta estaba en la charla del polifacético Juan Carlos De La Madrid, autor del libreto de la zarzuela La Carrera de América con música de Rubén Díez Fernández, dos avilesinos nacidos en la llamada Villa del Adelantado de la Florida, tierra de marinos como Pedro Menéndez.

Nos embarcamos en un viaje lejano desde la cercanía del verbo fácil del historiador y la música atemporal del compositor, todo bien aderezado en alternancia equilibrada que siempre evitó naufragios. Al contrario, las felicitaciones tras hora y media de conferencia y música demostraron que el museo está vivo, la música ya no puede faltar, y el tema bien ensamblado hacía imposible varar.

Rubén Díez al piano electrónico y dirección, fue desgranando en medio del relato distintos números de una zarzuela estrenada, como no podía ser menos, en Avilés allá por el 2007, con mi querida Beatriz Díaz, la Sabugo Filarmonía o Gabriel Ureña entre otros.

La soprano María Fidalgo, el tenor Pablo Romero, el cellista Pelayo Cuéllar y varias voces blancas de la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» (de la que el propio Rubén es director adjunto aunque viva en el Teatro Campoamor, como ironizó Juan Carlos), pusieron el complemento a una modélica charla con ilustraciones visuales y musicales. No en vano era «una conferencia en todos los sentidos».

El Intermezzo con piano y cello fue casi obertura para una zarzuela contada y cantada, la belleza del sonido de Pelayo Cuéllar, con música en los genes, y un piano capaz de suplir la orquesta original, realidades entremezcladas con el relato de aquellos emigrantes que viajaban en condiciones infrahumanas casi similares a las pateras que dos siglos después buscan lo mismo, dejando atrás familias, ilusiones, amores como el dúo de Teresa y Andrés, María Fidalgo y Pablo Romero más el coro de mujeres de «la Capilla». Fotografías de los pequeños puertos de Gijón o Avilés desde donde marchaban a hacer fortuna allende los mares, La Habana siempre arrebatadora, Buenos Aires y el puerto del barrio de la Bocca, Caracas…

Relato de viajes y desgracias, idas sin vueltas, tragedias, barcos de vela como cascarones en el Atlántico, añorando al amado como en el «Tema de Andrés» cantado con emoción por María Fidalgo, haciendo resonar la sala que pese a no reunir las mejores condiciones acústicas y tener la orquesta reducida al piano, conmovió desde la hermosísima y sentida melodía compuesta por el músico avilesino para una voz bien timbrada.

La segunda oleada de emigrantes en los años 70 del siglo XIX cambiaron condiciones y tiempo para la misma distancia, vapores y grandes veleros, la independencia de Cuba y esa otra emigración que ya no partía de nuestra tierra por necesitar auténticos puertos pesqueros, emigrantes que cambiaban «la carrera de América» por «América como carrera», otro tipo de tripulaciones, de viaje y de puertos para atravesar el Atlántico en 10 días hasta que la Primera Guerra Mundial truncaría el devenir de la propia historia.

No faltó un poema o chascarrillo a cargo del siempre ameno Juan Carlos De La Madrid, donde la «sorpresa» estaba en decir que nadie la recordaría desde que se escuchó en el estreno, surgiendo la espontánea a cantar «Cuello vuelto», la soprano Patricia Martínez cual cupletista que redondearía estos fragmentos de la primera zarzuela del siglo XXI rememorando el XIX.

Quedaba el colofón y remate para hablar de «El Palacio de Cristal«, un conocido comercio en Cuba del avilesino Servando Ovies, que en una escapada a la tierra con el poderío del emigrante empresario, volvía a Cuba en el «Titanic«, siendo leyenda antes y después, encarnando y uniendo las dos oleadas que De La Madrid nos contó y el elenco cantó.

Andrés vuelve al pueblo, Pablo Romero canta «Luché en La Habana» con el acompañamiento al piano del compositor, historia hecha zarzuela, historia como el cuadro de Nesfield que nos acompañó, o la historia de la nota amarillenta perdida como el barco más famoso de la historia para un «Fin» con banda sonora de cello y piano en la mejor tradición de los inicios del cine, otro tema que los protagonistas de hoy, letra y música, también dominan. Seguramente habrá otra «conferencia-performance», aunque se necesiten patrocinadores y mecenas para poder subir a un escenario «La Carrera de América» completa. Mientras en la calle, mucha policía para algo poco real. El pasado se hizo presente con el verso y la música, la historia cercana y misteriosa como la sal que está en las lágrimas y en la mar.

Beatriz Díaz, esperando a Mimì

3 comentarios

Miércoles 8 de octubre, 20:00 horas. Gijón, Teatro Jovellanos: Sociedad Filarmónica, primer concierto de la temporada: Beatriz Díaz (soprano), Julio Alexis Muñoz (piano). Gala lírica de canción española, zarzuela, opereta y ópera. Precio no socios: 18€ (+1€ de gastos en Tiquexpress).

Siempre es un placer escuchar a nuestra soprano más internacional, y más en casa, donde aún sigue sin ser profeta para desgracia de la legión de seguidores que mueve, como así quedó demostrado con la excelente entrada que mostró el coliseo gijonés en colaboración con la Sociedad Filarmónica local para esta inauguración de temporada y acuerdo, posibilitando la asistencia de no abonados. Personalmente mi agradecimiento por esta feliz idea.

Dejo el programa y las notas aquí porque será imposible detallar cada una de las partituras que Beatriz Díaz desgranó con el excelente pianista canario Julio Alexis Muñoz, seguridad y colaboración necesarias para redondear una noche plagada de emociones por parte de intérpretes y respetable.

La soprano allerana se mostró espléndida en el amplio sentido de la palabra: dándolo todo como en ella es habitual, lo que la hace grandísima artista, con dos vestidos, uno para cada parte como se espera de las figuras, y en un momento vocal más que esplendoroso, de total madurez. No se presentó en Gijón para un recital cualquiera sino de muchos quilates, similar al de hace un año que colgó el cartel de «Sold Out» en Tokio, dejándose jirones del alma en cada obra, interpretación vocal y gestual haciendo un derroche físico y anímico para poder pasar de un personaje a otro y volver a enamorarnos en cada uno de ellos.

Abrir con las Siete canciones populares de Falla es muestra de su poderío actual, cantar con gusto El paño moruno, intimar con la Asturiana tan cercana, desparpajo de la Seguidilla murciana o la Jota, adormecer con una Nana susurrada y rematar con la Canción y El Polo donde el piano, siempre con la tapa abierta, compartió emociones. Qué decir de esas otras maravilla de canciones: Del cabello más sutil (Obradors), sutileza en la línea de canto, matices increíbles con una dinámica amplia y un registro siempre homogéneo, o los Cantares (Poema en forma de canciones) de J. Turina, catálogo de sabiduría interpretativa incluso en las vocalizaciones sin olvidar nunca la raíz popular desde unas obras dignas del género liederístico más reconocidas fuera de la piel de toro. El pianista canario dominador de este repertorio, fue la pareja interpretativa perfecta.

Breve pausa para volver con un mantón de Manila y enfrascarnos con las romanzas de zarzuela exigentes a cual más, actriz en cada gesto y cantante con mayúsculas de principio a fin: la «Canción de Paloma» de El barberillo de Lavapiés (Barbieri) exigente para piano por la reducción orquestal realmente endiablada y vocalmente otro tanto, la «Romanza de Roseta» de La labradora (L. Magenti), probablemente lo mejor escrito del valenciano y que nos puso el alma en vilo, y finalizar por «Petenera» de La marchenera de Moreno Torroba, que escuchándolas en voces como la de Beatriz Díaz, revalorizan siempre este género tan nuestro que parece comenzar una nueva etapa.

Si la primera parte resultó dura, la segunda sería demoledora y apta solo para una soprano dúctil, trabajadora, autoexigente y profesional, metiéndose en cada personaje de las siete arias, a cual más difícil, vocalmente como si se tragase dos óperas seguidas y en distintos idiomas: alemán, francés e italiano. «Glück, das mir verlieb» de Die tote stadt (Korngold) me descubrió colores que no conocía en esta «Canción de Marietta», técnicamente perfecta y volcada sentimentalmente con esa nostalgia del amor que se apaga. Contraste anímico en el breve espacio de una a otra con el lied de Vilja de La viuda alegreDie lustige witwe«- de Lehar, lo más conocido de esta opereta tan cercana a nuestros cuplés donde pianista y soprano se entendieron a la perfección para dibujar mentalmente el ambiente de salón.

Vendrían después tres arias francesas que Beatriz Díaz ya ha hecho suyas: «Adieu notre petite table» de Manon (Massenet), emocionándonos todos por su belleza en el canto, su entrega, subrayando todo lo que la partitura indica para recrearlo; un respiro de sentimientos para la conocida «aria de las joyas» de Faust (Gounod), imaginándonos la escena con escucharla y quedarnos hipnotizados en cada gesto, para volver a acongojarnos con otra recreación de Adriana Lecouvreur (Cilea) y su «Io son l’umile ancella«, ampliando repertorios con buen criterio vocal, ensanchando no solo voz o registro sino personajes que la de Bóo se cree de principio a fin.

Y si hay un compositor con el que Beatriz Díaz parece de otra galaxia es Puccini, dos óperas que han disfrutado muchos públicos no precisamente cercanos: «O mio babbino caro» de Gianni Schicchi que con piano resulta aún más indescriptible, y sobre todo «Mi chiamano Mimì» de La Bohème, un rol que sigue esperando pero no puede tardar mucho porque Musetta es el complemento y la tiene igualmente asumida, de hecho la propina primera fue el Vals, siempre un encanto (o unen canto). El público rendido a los pies de nuestra sopranísima tras el sobresfuerzo compensado con el cariño y la satisfacción del trabajo bien hecho. Todavía nos regaló El vito de Obradors para demostrar su apego a la tierra además del desparpajo escénico así como el fondo físico para cantar lo que nos cantó ¡y cómo!, siempre muy bien arropada por el maestro Muñoz al piano. Un portento de mujer a la que seguimos puntualmente. Gratitud infinita.

Vuelve la zarzuela solidaria a Mieres

1 comentario

Jueves 26 de junio, 20:00 horas. Auditorio «Teodoro Cuesta», Mieres: Escuela de Canto y repertorio Vocal Haragei: «Gala de Zarzuela y lírica asturiana«, Entrada 5€ para AMICOS (Asociación Mierense de la Cocina Solidaria).

Elena Pérez-Herrero es una cantante y docente mierense que tiene tras de sí una amplia trayectoria profesional, avalada con distinciones tanto propias como de su alumnado, el cual está triunfando allá donde va. Mujer comprometida siempre, desde «Haragei« nunca se olvida de ese refrán tan musical de «Quien canta su mal espanta», y cuando es necesario arrimar el hombro a causas solidarias siempre está en primera línea, lo que volvió a traerla a su Mieres natal con una representación de su alumnado, nuevo y de siempre, para dejarnos una gala de zarzuela que hizo las delicias de un público menos numeroso del esperado pero igualmente entregado y solidario con Amicos, para quien fue toda la recaudación de taquilla.

Hubo bajas de última hora en el programa previsto por causas ajenas a la organización, como la del pianista y compositor Guillermo Martínez, o los cantantes Faustino Reguero Santimoteo y Fernando García, pero los que acudieron y actuaron en esta gala de zarzuela dieron todo, desde debutantes hasta veteranos, conviviendo y compartiendo el aprendizaje que siempre supone subirse a un escenario.

Sin entrar en valoraciones, comenzar citando a los siempre poco reconocidos pianistas repertoristas, más que acompañantes y auténtico sustento en partituras que resultan diabólicas al reducir la orquesta al teclado, amén de conocer a cada cantante para amoldarse, «respirar» con ellos y completar un éxito del que tienen siempre parte importante: Laura Martín Graña y el joven Marcos Suárez que además hubo de preparar casi a primera vista el repertorio que le correspondería a Guillermo Martínez, con todo lo que ello supone de trabajo añadido. Sobresaliente para este pianista que ha entendido a la perfección el siempre difícil arte del acompañante.

De las dos voces masculinas gustó el color vocal y potencia de Gaspar Braña, y el gracejo en escena de Cristóbal Blanco, mientras que en las femeninas brillaron con luz propia Sandra Gutiérrez y Yolanda Secades, junto a otra joven veterana Elisabeth Expósito, sin desmerecer otras conocidas como Gloria Díaz Morán, Ana Peinado o Azucena Bedia, junto a la debutante Silvia Inés Fraga que pondrá Mieres en su currículo. La elección de romanzas y dúos de zarzuela siempre acordes a las características de cada voz resultó apropiada, incluso dura para algunos, con alguna página poco escuchada y felizmente recuperada, participando incluso los compañeros en los coros puntuales que contagiaron a parte del público, conocedor de estas páginas populares en mi generación y anteriores pero que debemos seguir programando para mantener vivo un repertorio tan nuestro y de igual (o superior) calidad a la ópera.

Paso a citar el programa escuchado la tarde del último jueves de junio, volviendo a felicitar a todos, Elena a la cabeza y presentadora de lujo que también colaboró en los coros, así como a Carlos Muñiz, presidente de AMICOS que agradeció al final de la gala el gesto solidario y dejando ya anunciada la próxima de 2015 que intentará convertirse en cita obligada para la lírica en Mieres, villa musical de primera.

Primera Parte:

Gloria Díaz – Laura Martín: Qué te importa que no venga de «Los Claveles» (José Serrano).

Cristóbal Blanco – Laura MartínChinito soy -tango triste- de «Don Quintín el Amargao» (J. Guerrero).

Ana Peinado – Gaspar Braña – Marcos Suárez: Dúo de «Luisa Fernanda» (F. Moreno Torroba).

Elisabeth Expósito – Marcos SuárezRomanza de Marola de «La Tabernera del puerto» (Pablo Sorozábal).

Gaspar Braña – Marcos SuárezRomanza de Leandro de «La Tabernera del puerto» (Pablo Sorozábal).

Ana Peinado – Marcos Suárez: Romanza de «Chateaux-Margaux» (M. Fernández Caballero).

Gloria Díaz – Cristóbal Blanco – Laura MartínQuiéreme mucho (Gonzalo Roig).

Elisabeth Expósito – Cristóbal Blanco – Marcos Suárez: Dúo Ese pañuelito blanco de «La Chulapona» (F. Moreno Torroba).

Segunda parte:

Sandra Gutiérrez – Marcos SuárezCarceleras de «Las hijas del Zebedeo» (R. Chapí).

Silvia Inés Fraga – Marcos SuárezAnxelinos (Ángel Émbil).

Azucena Bedia – Marcos Suárez: Romanza de Roseta de «Las segadoras» (Leopoldo Magenti).

Silvia Inés Fraga – Azucena Bedia – Marcos Suárez: Dúo de «Don Gil de Alcalá» (M. Penella).

Yolanda Secades – Marcos Suárez: Tango de la Menegilda de «La Gran Vía» (F. Chueca).

Sandra Gutiérrez – Marcos Suárez: Yo he nacido muy chiquita de «El dúo de la Africana» (M. F. Caballero).

Sandra Gutiérrez – Yolanda Secades – Marcos Suárez: Dúo de «Los diamantes de la corona» (F. Asenjo Barbieri).

Una tarde de zarzuela que además resultó ser alimento también para el alma. Gracias como suelo decir al Haragei Team, que sigue sumando esfuerzos, voces y buen hacer musical sin olvidar el necesario lado humano.

Curro Vargas deslumbrante

5 comentarios

Viernes 20 de junio, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Zarzuela – XXI Festival Lírico Español: Curro Vargas (R. Chapí), segunda función.  Entrada butaca: 39,50€ (en TiquExpress).

Con auténtica impaciencia acudía a escuchar este drama lírico en tres actos de casi cuatro horas de duración del que apenas conocía la romanza final de Curro nada menos que por Alfredo Kraus. Si en la conferencia del martes y dentro de las organizadas por la Universidad de Oviedo como «Diálogos de Zarzuela«, Pablo Viar, ayudante de dirección de Graham Vick, junto a Mª Encina Cortizo y sobremanera Emilio Casares, nos pusieron en antecedentes de lo que nos íbamos a encontrar en Oviedo tras su paso en febrero por el Teatro de la Zarzuela de Madrid, lo vivido en esta segunda función del título que clausura el festival de Oviedo se quedó no ya completado sino aumentado con la representación.

Obra más que difícil y exigente para todo el elenco, con una puesta en escena impecable de un genio como el inglés Vick, vestuario, iluminación, cuadro de actores, banda de música, coro de niños, gran coro, y un reparto de primera equilibrado, que necesita dotes actorales casi tanto como las vocales y donde no se escatimaron medios por ninguna parte, alcanzando con este título de Chapí todo un hito en la capital asturiana, digno de figurar incluso como ópera, aunque apostar por una obra tan completa y dura no es fácil, además de tener que encontrar por las propias exigencias un reparto que no se logra ni programando a largo plazo. Pero esta vez sí alcanzamos el pleno de principio a fin.

Por organizar un poco mis impresiones debo comenzar con la propia partitura de una modernidad para 1898 que ya quisieran muchos contemporáneos, y es que Ruperto Chapí conoció de primera mano todo lo que en su época se representaba en Europa, y con Bretón marcarán un estilo que tristemente no les dio de comer y apenas tuvo continuidad para lo que hubiese sido la «Gran ópera española» en unos momentos históricos de crisis que la música escénica también padeció, con un nacionalismo asociado al «andalucismo» que siempre parece ser nuestra imagen exterior, y que Curro Vargas pese a ser un «drama lírico» potente, de orquestación poderosa y un libreto a partir de «El niño de la bola» de Pedro Antonio de Alarcón, dos dramaturgos con oficio como Joaquín Dicenta y Manuel Paso Cano dieron la impronta perfecta para su puesta en escena musical, manteniendo las partes habladas realmente bien encajadas en esta edición crítica para el ICCMU de Javier Pérez Batista, aunque el argumento note el inexorable paso del tiempo.

Todos los solistas sin excepción tienen que rendir a tope en cada intervención, partitura llena de pasajes comprometidos, a menudo en el límite de su tesitura, en la llamada zona de paso que pone en riesgo cada intervención y con una orquesta por momentos «wagneriana» o si se prefiere «verista» como toda la obra. El reparto de Oviedo, parecido al madrileño, resultó creíble en cada uno de los solistas, tanto física como musicalmente, citándolos en el orden del programa:

Cristina Faus (Soledad) de colores variados y dicción irregular por momentos, con volumen algo desigual según los registros (lógico en una mezzo cantando este papel de soprano dramática), intimismo en sus momentos, lirismo siempre delineando esa esposa y madre con el remordimiento en lucha con su auténtico amor. Milagros Martín (Doña Angustias) inconmensurable, no ya en su línea de canto donde dio una lección, sino actoralmente con un verbo bien proyectado, convincente para la viuda madre y abuela, que en ningún momento fue tapada por una orquesta vigorosa. Fresca y sincera la Rosina de Ruth González, esos «segundos papeles» que son necesariamente exigentes para poder completar una función redonda, al igual que La Tía Emplastos de Aurora Frías, tal vez menos «cantábiles» pero metidas en su papel. El auténtico triunfador y protagonista fue el asturiano Alejandro Roy dibujando un Curro Vargas asociado a su físico y voz, demoledor para cualquier cantante desde su primera aparición en escena, con registros poderosos llenos de matices, un grave contundente, un medio cautivador y un agudo arrebatador, capaz de recrear cada una de las emociones que su personaje exige. Solo, en dúo y sobremanera en los concertantes «tutti» su emisión resultó arrolladora sin perder nunca la seguridad y el convencimiento de este papel que nadie se atreve por sus exigencias. El desgaste es mayor que tres Cavaradossi pero el plus de Roy en casa es casi una marcha extra. Israel Lozano como Timoteo resultó mejor declamado que cantado, en parte por una puesta en escena que en su principal intervención requiere un esfuerzo por subir de espaldas la escalera.

El Don Mariano de Joan Martín-Royo fue desigual pero también convincente actor, si bien el color y empaste con Soledad no fuese de lo que más me emocionó. Parecido el Capitán Velasco de Gerardo Bullón aunque el peso escénico siempre resultó equilibrado y seguro. El segundo triunfador, además con el personaje más exigente desde el punto de vista actoral, fue Luis Álvarez Sastre, el Padre Antonio que además de dar por su aspecto la perfección del papel, cantó con una gama estilística según el momento dramático realmente bella. El Alcalde Airam de Acosta es personaje bien dibujado y con menos peso musical que resolvió con profesionalidad. Del trío de arrieros además de encajar perfectamente con la idea escénica de Vick, simpáticos todos comenzando con Francisco Javier Sánchez Marín, continuando con Sebastiá Peris y rematando con Juan Manuel Padrón un zurdo que también toca la guitarra en vivo, completando la escena un niño (alternando Jorge Correas Pérez y Diego Cortés Alonso). La figuración auténticamente profesional, desde los que representan tres burros humanamente burros, hasta los soldados y costaleros totalmente metidos en sus papeles como las distintas señoritas que por momentos llenaron la escena sin dar sensación de agobio, al contrario, movimiento bien organizado y sabiamente llevado por el ayudante de escena.

Ya que cito la amplia figuración debo hacer un punto aparte con la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» que dirige Rubén Díez Fernández. Para Curro el coro es tan protagonista, sino más, que los propios solistas, pues en cada uno de los actos se les exige y mucho a todas las cuerdas, graves y blancas, separadas y  enconjunto, sin olvidar un movimiento sobre las tablas que dominan como si de profesionales se tratase. Salvo un pequeño desajuste en el tercer acto, solventaron las dificultades que la partitura presenta, unida a la puesta en escena que les hizo cantar de espaldas, en movimiento e incluso fuera de escena. Un placer comprobar cómo están comportándose en óperas y zarzuelas alcanzando un nivel muy alto. Muy bien los niños del Coro de la Escuela de Música Divertimento, ángeles y querubines encaramados al fondo pero de emisión clara y afinación exacta.

Sobre el escenario también pudimos disfrutar de la colaboración de varios miembros de la Banda de Música «Ciudad de Oviedo» que además de dar realismo a la procesión del segundo acto, completaron ese escenario que a la vista de los efectivos pareció más grande de lo que realmente es. Los leves problemas de ajustes en el tempo se debieron más a la falta de visión del foso cuando desfilaban que no cuando tocaron situados en la «grada» trasera dentro del escenario.

Aquí tendría que detenerme para hablar de la puesta en escena diseñada por Graham Vick donde luces y sombres se conjugaron a partir de una estética muy de los años 60 en todo (apropiadísimo el vestuario), con la visión que un británico pueda tener de la Semana Santa malagueña, por otra parte nada transguesora. Simbolismos de todo tipo en un escenario redondo móvil que da mucho juego a los elementos sobre él colocados, incluso los que descienden y luego se anclan, dignos de analizar uno a uno como hizo Pablo Viar en la conferencia citada del martes pasado, más otros que fui descubriendo: los globos de colores cúpula de iglesia y verbena primaveral sureña después, las escaleras de tijera, el sofá, la mesa del despacho, el archivador, el olivo, la gran cruz, la tómbola colgante final… incluso la originalidad de utilizar los palcos-bolsas laterales del primer y segundo piso para ubicar en ellos personajes y balconadas de flores, agrandando un escenario que tiene las dimensiones que tiene. Igualmente me pareció genial la irrupción por el patio de butacas de Curro en el baile del tercer acto, sin dejarme una iluminación muy bien diseñada subrayando esos contrastes del libreto capaces de resolver momentos de tensión con los guiños de sainete que equilibran un drama auténticamente de libro y políticamente incorrecto en estos tiempos nuestros donde el dicho «la maté porque era mía» constituye delito y causa prisión inmediata. Auténticas genialidades para una escena pletórica en el amplio sentido de la palabra donde todo funcionó con precisión británica.

Para el final dejo a la Oviedo Filarmonía que en el foso de este «su festival» sonó empastada, equilibrada, comedida para una orquestación realmente impresionante que puede a las voces, pero que el maestro Martín Baeza-Rubio supo mantener en el punto exacto, mimando a todas las voces, marcando cada entrada y dando la confianza y seguridad necesarias para que todo encaje en una obra tan completa como Curro Vargas  que el director de Almansa llevó con mando en plaza tanto en el escenario como bajo él.

Buen cierre para la temporada lírica que tiene el domingo a las 19:00 horas la última función y de propina la Gala Lírica con la soprano Cristina Toledo, ganadora del XIV Concurso Jacinto Guerrero, con la Oviedo Filarmonía y Andrés Salado a la batuta el sabado 28 en este mismo y gran Campoamor, que será protagonista también en el Festival de Verano, aunque lo contaremos otro día.

Newer Entries