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Rotunda claridad alemana

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Sábado 5 de abril, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Radio-Sinfonieorchester Stuttgart des SWR, Nikolaj Znaider (violín), Stéphane Denève, director. Obras de J. Sibelius y A. Bruckner.

Se está poniendo interesante la temporada concertística en la capital de Asturias, casi de Austria no ya por la oferta de obras sino por la calidad de los intérpretes. Y en 72 horas nada menos que dos orquestas alemanas abriendo boca la de Radio Stuttgart en gira con la batuta del francés Denève. Pese a cierta uniformidad sonora en las orquestas de hoy en día, más en las de primera línea, está claro que las alemanas marcan diferencias, y así pudimos disfrutar de una formación ideal para el gran repertorio sinfónico por plantilla y calidad. Impresionante equilibrio sonoro en todas las secciones con fortísimos que nunca resultan estridentes, una cuerda incisiva siempre presente incluso ante las masas sonoras, una madera de tímbricas aterciopeladas pero sobre todo «los bronces» que diría mi recordado Max Valdés, todos los metales y especialmente las trompas, terciopelo en color, afinación, gusto por el sonido desde una musicalidad que las obras elegidas ayudaron a paladear aún más. Sumemos unos timbales que mandan sin molestar y refuerzan la seguridad del resto. Finalmente la colocación vienesa casi puedo llamarla colocación Milanov puesto que es la que tenemos desde su llegada a la OSPA, siendo ideal para repertorios como el de este primer sábado abrileño. Con estos mimbres la dirección titular está capacitada para recrear sin imponer, dejando que la música fluya ante unos profesionales que demostraron calidad además de cantidad.

El programa se cocinó a la manera tradicional: aperitivo breve, primer plato de concierto con solista y tras el descanso el manjar fuerte. Del finlandés Sibelius su El retorno a casa de Lemminkäinen, op. 22, nº 4, una suite para gran orquesta con ese final breve pero intenso al ocupar a toda la plantilla traída para la ocasión y más que un calentamiento de la orquesta radiofónica (¡qué importantes son!). Último número -más conocido el segundo «Cisne de Tuonela«- de las «Cuatro leyendas del Kalevala» que inspiran al compositor más importante de Finlandia en la búsqueda de una identidad nacional desde el lenguaje musical. Gran orquestador construye este cierre de suite con amplia paleta tímbrica y dinámica partiendo de una métrica para conseguir ritmos endiablados como de una cabalgada del protagonista en un final acelerando, con los metales claramente heróicos que hicieron las delicias del oyente escuchándolos con una claridad y transparencia bien llevada desde el podio, siempre en esa línea de rotundidad y claridad apuntada al inicio.

El Concierto para violín en re mayor, op. 47 además de ser uno de los más logrados por la conjunción entre solista y orquesta, contando con melodías sobrecogedoras como la del primer movimiento, exige un virtuoso en perfecta comunión con orquesta y director, pues no en vano Sibelius era violinista de profesión. El solista danés, de padres judíos polacos, Nikolaj Znaider también es una reputada batuta, lo que se notó desde el inicio del Allegro moderato conocedor de la concertación. La gama dinámica del acompañamiento sinfónico nunca impidió percibir con claridad el sonido de su «Kreisler» Guarnierius del Gesu (1741) del que saca emociones desde una técnica siempre al servicio de la partitura. Un placer escuchar cómo las melodías pasaban de su violín a los cellos en perfecta continuidad colorista, el colchón de las maderas o los fraseos concertados por Denève. La coda final fue brillante y plena preparando la hondura del Adagio di molto lírico a más no poder, maderas preparando la melodía solista desde unos redondeados pizzicati y nunca enturbiada por los metales, pese a las disonancias, nueva muestra del buen hacer por parte de todos. Pero las dificultades máximas llegarían con el Allegro, ma non tanto debido al virtuosismo e integración exigida al solista con la orquesta, no del todo superada al cien por cien pero que dejó muestras más que sobradas de una musicalidad suprema del violinista danés.

El mal sabor de boca nos lo quitó con la propina bachiana («Gavota en rondó» de la Partita nº 3 en mi mayor BWV 1006) donde el Guarnieri llenó de magia un auditorio que parece ir ganando acústica con el envejecimiento de la madera, cual buena barrica para la música.

Las sinfonías de Bruckner son una auténtica locura, universo de revisiones que el propio compositor realiza y vuelve locos a directores, editores y discófilos incluso con las numeraciones. Esta Sinfonía nº 4 en mi bemol mayor, WAB 104, conocida como «Romántica«, inaugura las llamadas sinfonías «en mayor» y la versión escuchada es de 1878/80, revisados los dos primeros movimientos y con un Scherzo nuevo, abreviando el final que reescribe completamente en 1880. Estrenada en Viena el 20 de febrero de 1881 por Hans Richter y dedicada al príncipe Constantino de Hohenlohe, no se publicó hasta 1936 por Robert Haas. Hubo correcciones de detalle entre 1887 y 1888 como las que aparecen en la edición Nowak pero no es el caso de la escuchada en Oviedo, también algo más larga, por lo que los «culos inquietos» se marcharon al descanso, ganando todos…

Bruckner compone una obra diría que épica, con resonancias medievales tan de los románticos y considerada por los historiadores como de las más luminosas del compositor, algo que su titular desde 2011 tuvo claro desde el principio jugando con claroscuros increíbles en esta orquesta radiofónica alemana que respondió a todo cuanto el maestro francés les exigió, siempre con elegancia y precisión. Los cuatro movimientos resultaron un devenir de sensaciones, pecados y penitencias hechas música, orquesta cual registros orgánicos divinos donde redimir malos pensamientos y envidias. La gama dinámica y tímbrica exhibida por los músicos de Stuttgart la recordaré por la contención en cada familia y la disciplina exigida desde una dirección impecable preocupada siempre en conservar todos los planos sonoros, desde los más presentes a los recónditos. El Allegro molto moderato complejísimo pero claro y legible, perfecto, con unas violas melosas, cautivadoras, sin caer en embelesamientos ante la fuerza de la naturaleza hecha metales en caída imperceptible, sólo rota por el redoble de timbales, y así un desarrollo de la forma sonata para enseñar en los conservatorios cómo un humilde y veterano autodidacta puede alcanzar recetas insuperables desde su obstinación. Otro incomprendido de su tiempo, como Mahler, con quien comparte mucho más que dolor en el alma.

Si la marcha fúnebre del segundo movimiento pareció seda negra por lo liviano que no oculta el dolor secundario, la agitación («Bewegt») del Scherzo fueron escorzos cinegéticos no sólo por unas trompas en estado de gracia (impresionante Wolfgang Wipfler) sino por una vorágine de matices nunca exagerados, contención antes del éxtasis de un Finale eterno por indicación expresa del compositor: Bewegt, doch nicht zu schnell (animado pero sin precipitación). Cierta religiosidad teresiana esculpida por Bernini como si inspirase al atormentado Anton, sus terrores antes del Hosanna final, credo romántico interpretado desde la magnificencia interior de Denève y la formación de Stuttgart para una profana cuaresma musical irrepetible.

CantamOS PAra crecer sin WERTgüenza

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Jueves 3 de abril, 10:30 y 12:00 horas – Viernes 4 de abril, 10:30 y 12:00 horas. Auditorio de Oviedo. Programa Link Up: «La orquesta canta». OSPA, Rossen Milanov (director). Obras de T. Cabannis, Brackett, Dvořák, Mendelssohn, Beethoven, Stravinsky, J. Papoulis y tradicional norteamericana.

Nuestro maestro Milanov se marcó como primer objetivo nada más llegar a la OSPA acercarla a los públicos del mañana. La primera apuesta fue traer a Europa el proyecto «Link Up» desde el Carnegie Hall, del «Weill Music Institute«, que él conoce en primera persona, «La Orquesta Canta» que fue una auténtica bomba. Y este año repetíamos con «La Orquesta Canta» duplicando la oferta para movilizar a casi 4.000 alumnos de 9 a 13 años de toda Asturias con sus profesores, un esfuerzo que ha tenido el apoyo de toda la comunidad educativa, implicándonos desde el primer día y con la esperanza que la LOMCE de Wert retome la obligatoriedad de la materia de «Música» tanto en Primaria como en Secundaria para no dejarla en residual o incluso hacerla desaparecer si queda relegada a optativa o mera oferta según los centros, pues lo que se ha sembrado y trabajado con varias generaciones acabaré perdido por ideologías que siguen pensando sólo en la flauta dulce (sigue siendo menos cara) como pérdida de tiempo y la llamada música culta para el que quiera dedicarse a ella, eso sí, pagando y en el extranjero, porque parece que tiene más valor. Invertir en cultura es apostar por el futuro. Claro que también apuestan porque hagan deporte al recreo, lo de Educación Física no se parece a la Gimnasia de mis años mozos que parecen desear estos gobernantes nuestros.

La introducción tenía que hacerla porque lo vivido nuevamente estas dos mañanas en el Auditorio por este alumnado va más allá de un mero entretenimiento. Debemos reconocernos en cada escuela de pueblos muy alejados todavía de la capital por lo mal comunicados, institutos pequeños donde no hay más música que la del aula, chavales que no tienen acceso universal a estos eventos, y donde el directo es irrepetible. También centros concertados y privados («me gusta ese uniforme» decía un alumno mío al que le contesté que si lo usase seguramente diría lo contrario) asisten y comparten la universalidad del lenguaje musical, compañerismo haciendo música juntos independientemente de la raza, religión, clase social… Emocionarnos haciendo música entre todos con la flauta dulce pero también con algún incipiente violinista o clarinetista, cantando en castellano o inglés (el año pasado también francés y portugués), bailando y por supuesto escuchando, porque todo esto y mucho más es Link Up. Materiales didácticos excelentes que llegan sin coste alguno a profesores y alumnos, reuniones previas, trabajo de meses que no finaliza en el concierto sino que es aprovechable para siempre. En Asturias podemos presumir de ello y el tiempo dirá. Los medios de comunicación se han hecho eco del evento y su magnitud, aunque la falta de mayor formación musical haya impedido que fuesen más correctos en la información.

Felicitar a toda la «familia OSPA«, dirección, gerencia, músicos, personal de administración y servicios, así como al personal del Auditorio, porque el esfuerzo y trabajo es inconmensurable. Tampoco quiero olvidarme de más protagonistas como Gustavo Moral, animador y pedagogo musical que es otra de las patas donde se asienta el proyecto, y el trío vocal: Amanda Puig que debutaba, y los que repetían del año pasado Sonia de Munck y Julio Morales, aunque ya obtuvieron sobresaliente el curso anterior.

Espero que la Consejería reconozca la inversión en futuro ahora en el presente, pues Milanov lo tiene claro. Mi alumnado disfrutó y seguro seguirán comentando la experiencia entre ellos con todo el rédito en el aula.

La parte musical no quiero olvidarla, pasando con las obras trabajadas. Tras afinar todos, comenzamos con la canción de «Link Up» Ven a tocar, versión española de «Come to Play» (Thomas Cabaniss), a tres voces con distintos niveles de dificultad, siguiendo la canción en inglés Simple Gifts (Brackett) también con opción instrumental o vocal que algunos de los profesores canosos asociamos a una serie televisiva conquistando el Oeste yanqui con la música del gran Copland y su Primavera Apalache.

Sí resonó el auditorio con las flautas a unísono un fragmento del Largo de la Sinfonía del «Nuevo Mundo» (Dvořák), segundo movimiento donde los pequeños mandaron sobre el corno de Juan Pedro Romero y la orquesta con Milanov rendido. También «cantan» solistas instrumentales y el primer movimiento del Concierto de violín (Mendelssohn) lo interpretó Gabriel Ordás de 14 años, un espejo para muchos compañeros que se preguntaban cuánto había que estudiar para tocar así.

Como proyecto pedagógico el alumnado participa con la escucha, preparada con anterioridad y que llamamos «escucha activa» pero donde se siente más implicado es en las obras que ofertan distintos niveles de dificultad instrumental aunque la voz no falla, y así sucedió con la versión del cuarto movimiento de la última sinfonía del sordo de Bonn, himno de una Europa que no ha cubierto expectativas pero musicalmente sigue siendo potencia, superada la versión de «los Ríos» Waldo y Miguel para afrontar una Oda a la alegría (Beethoven) que cada alumno eligió libremente, independientemente de su capacidad.

La parte lúdica pero también lingüística resultó la tradicional americana (en arreglo de Cabaniss) Bought me a cat, calidad total comparada con «El pollito pío» nacional para comprobar que el idioma de Shakespeare se trabaja también desde la música.

Tras proponer combinaciones varias la OSPA nos interpretó el final de El pájaro de fuego (Stravinsky) que seguimos con un musicograma hermoso donde el cuento hecho sonidos cantó.

Como en las fiestas lo mejor para terminar es música movida, que nos mueva, esta vez con letra mixta en español e inglés, los idiomas más hablados en EE. UU. además de una coreografía muy conseguida que puso literalmente en pie a todos los asistentes, Oye (Jim Papoulis) que si ya se escucha en pasillos y autobuses, tras lo vivido con Link Up seguramente resulte más famosa que la dichosa Macarena de Los del Río si la bailan Obama y Michelle, aunque quienes me conocen y leen saben mi opinión: sólo dos tipos de música, la que nos gusta y la que no (¡Ah! y me visitará esta entrada la CÍA por citar al matrimonio de la Casa Blanca).

De vuelta al instituto seguían cantando, soplando las flautas, los que volvían otro año diciendo que este mucho mejor y preguntando por el tema del que viene, si Wert quiere…

Tiempo presente de Mahler

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Sábado 22 de marzo, 20:30 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Orchestre Symphonique de Montréal (OSM), Kent Nagano (director). Mahler: Sinfonía nº 7 en si menor.

«Canto de la noche» es el sobrenombre de la séptima mahleriana, canción sin voces, en hora poco habitual para un concierto rozando la perfección. En mi mochila sólo me queda una «Sinfonía de los Mil» para cerrar ciclo en vivo, aunque esta venida de Canadá con un californiano admirador de Bernstein, referente y fijo en mi discoteca, será recordada como la pureza instrumental.

Nagano es la elegancia directorial y con su orquesta alcanza cotas de calidad impensables incluso en gira mundial. Pese al cansancio que pueda suponer esta vorágine de ciudades, hoteles, aeropuertos y auditorios (en España sólo Madrid y Oviedo antes de volar a Alemania con escala en Colonia), pensemos que cada concierto siempre es distinto, los ánimos cambian, el tiempo de Mahler ha llegado hace tiempo, y abordar esta sinfonía para los músicos también forma parte de su experiencia vital, más allá de una profesionalidad que brotó a borbotones.

Hacía tiempo que no disfrutaba de una materia prima tan prístina, clara, donde la humanidad parece redimirse como el propio Mahler. Orquesta impresionante no ya en número sino en todas y cada una de sus secciones, solistas envidiables pero sobre todo disciplina y respuesta inmediata a cada gesto del maestro japonés de Berkeley quien reconoce la convergencia del nuevo y el viejo mundo en esta su orquesta. Colocación vienesa con los contrabajos detrás de los violines primeros, arpas de los segundos, percusión con «bronces» atrás, trompas a la izquierda y la madera, toda la inmensidad orquestal de esta séptima, sumándole guitarra y mandolina en el cuarto movimiento para mayor busqueda de sonoridades en auténticos claroscuros de cinco movimientos organizados simétricamente con el Scherzo de pivote indefinido más que sombrío (Schattenhaft).

Si los colores del día anterior eran impresionistas, franceses (Ravel está en el otro programa con Sstravinsky, otra conexión espacio temporal) , delicados, la paleta que «el pintor» exige para este «séptimo cielo» es un lienzo tan especial que debe partir de una tela cara poco habitual, y la sinfónica canadiense lo es en las manos de Nagano. Una delicia escuchar cada instrumento, cada línea melódica, cada contestación, todo en el plano exacto escrito y marcado por Mahler que era igualmente un excelente director de orquesta. Nunca mejor el término «conductor» que utilizan los ingleses porque el titular de la sinfónica canadiense condujo por esta carretera llena de dificultades como si de una autopista al lado del mar se tratase, y sin despeinarse…

Sinfonía con más de cien años esta séptima sigue siendo actual, completa, redonda, tal vez por lo que conlleva de «patetismo del hombre mortal sobre la tierra con sus dudas y sus preguntas, en primera instancia, para proclamar, a renglón seguido, la esperanza y la confianza en una vida mejor» en palabras recogidas por mi admirado Pérez de Arteaga citando a Chamouard, la vigencia de una música que sonó veraz, honrada, emocionada pero contenida en todo momento, ni un grito, ni un borrón, nada accesorio, todo en su sitio, sin disonancias ni líneas etéreas. El sonido resultó de seda por momentos, terciopelo con fortaleza y elegancia, satén nocturno de insinuaciones eróticas en su punto.

Arturo Reverter escribe de esta séptima en las notas al programa que es «composición tan difícil, tan trabada, tan original, tan experimental, quizá la más radical de Mahler desde un punto de vista estructural, arquitectónico, instrumental y armónico», pero tras la escucha de los canadienses con su titular pareció fácil y ligera, siempre original pero muy asentada, y con esos años que hacen curar la juventud, conservadora aunque de lenguaje inalcanzable todavía para la mayoría pobre de espíritu. El propio Nagano decía en la prensa española que «a pesar de la crisis vivimos un momento emocionante en la música», y en Oviedo podemos confirmarlo. Si quedaban interrogantes por las mezclas que subyacen en esta obra mahleriana, la respuesta estuvo en esta séptima sin palabras porque la poética, la ironía, el sarcasmo, la tragedia… todo sonó en su sitio alcanzando cotas irrepetibles.

Llego a casa y mientras escribo, busco links (enlaces) y vuelvo a escucharla con Bernstein en Viena, después Lucerna con Abbado… No más dudas planteadas pero el directo siempre será irrepetible, y la Sinfónica de Montreal con Nagano me han dejado un canto que no se extingue al amanecer sino que permanecerá cual «noche oscura del alma«.

Fresco musical de sensaciones

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Viernes 21 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «Diaghilev y los Ballets Rusos II», abono nº 9 OSPA, Coro «El León de Oro» (director: Marco A. García de Paz), Rossen Milanov (director). Obras de Debussy y Ravel.

Velada pictórica y danzante desde la conferencia previa de María Sanhuesa (también suyas las notas al programa enlazadas en el inicio) titulada «Los colores del sonido: Debussy, Ravel los Ballets Russes«, contando nuevamente con Milanov al frente, lo que se agradece por esa continuidad tan necesaria para alcanzar el mayor entendimiento.

La música de ballet parece ser especialidad de nuestra formación que incluso ha llevado al disco (el último ya con el director búlgaro) aunque tengamos que cerrar los ojos para imaginarnos la escena y cuerpo de baile, precisamente en una ciudad que también tiene su Festival de Danza en el Teatro Campoamor. También domina la orquesta asturiana la música francesa, supongo que más allá de la cercanía geográfica la anímica, pero sobre todo las partituras de los grandes orquestadores, y los de esta tarde de danza lo son, dando lo mejor de ellos, creciéndose en la inmensidad sinfónica.

Para ahondar en la grandeza de las dos obras programadas se contaba con la mejor formación coral del momento, y de casa, el LDO que también está preparando su concurso de Londres y antes la Pasión Según San Juan, estando el espíritu bachiano presente el día de su aniversario al sonar la «Badinerie» en un teléfono femenino (por lo que tardó en encontrarlo y apagarlo), que mejor ni comentaré aunque parase el concierto en el momento más «inoportuno» de Ravel…

Nocturnos (Debussy), tríptico sinfónico parece que inspirado en el pintor Whistler, en cierto modo para no seguir etiquetando como impresionista la música de Don Claudio aunque siempre existen paralelismos y referencias coloristas, sentido más decorativo que descriptivo pese a las luces especiales que parecen iluminar cada número. La plantilla ampliada para la obra, sobremanera en el viento madera, percusión, otro arpa, no lo fue en la cuerda aunque les exija aún más trabajo, pero el buscado ambiente etéreo se consiguió desde las primeras «Nubes«, casi de anuncio por lo bien perfiladas y contrastadas hasta el gris, sin necesidad de utilizar pinceles finos. Como confesión que comparto con la doctora Sanhuesa, «Fiestas» es mi número preferido, puede que por la explosión de color sinfónico, la alegría desbordante, el ritmo danzante, los fuegos artificiales, el cortejo o mi pasión noctámbula, estando de acuerdo con el cambio de título del propio Debussy que en principio llamó «Tres escenas en el crepúsculo», curiosamente tocadas dos por no incorporarse siempre el coro femenino de «Sirenas«. Si hace algo más de un año las voces blancas del LDO ya interpretaban esta obra con la OvFi, dejándome enamorado por las «vocalizaciones dificilísimas con polirritmias perfectas, mar dorado más que plateado para dejar flotando en el ambiente una espiritualidad preparatoria de la segunda parte», la madurez global se hizo notar todavía más, auténtico tratamiento instrumental de Debussy que «las chicas de oro» han vuelto a elevar a cotas muy altas (tres mezzos más que las sopranos en perfecto equilibrio de planos) con la complicidad de un Milanov dominador de este nocturno cual marino experto. Las «sirenas de Peñas» no nos hicieron naufragar y en vez de tapar los oídos los abrimos aún más para disfrutar de este hechizo sonoro con ese tema de la coda final que sonó celestial con Juan Pedro Romero «acallando las voces del mar» para fundirlo todo y alcanzar el silencio nocturno hoy con luna llena menguando.

Dafne y Cloe (Ravel) me daría para fabular con más enamoramientos de todos y entre todos, el coro al completo y la orquesta ampliada, el bosque sagrado del auditorio donde aparecen piratas tecnológicos casi fantasmales intentando raptar la pureza sonora y la ayuda siempre del dios Pan musical que alimenta nuestro espíritu y aplaca odios. Se nota la planificación previa para este ballet cuya música pudimos disfrutar completa (no en suite) como la concibió el propio Maurice, totalmente ajustada en efectivos e intenciones aunque reconozcamos la dificultad de ubicar semejante plantilla en un teatro y los bailarines en escena. El encanto de la danza sin que la música pierda ni desvíe la atención fue muy trabajado entre Ravel y Fokine para una partitura que es una «sinfonía coreográfica» en tres partes encargada por el omnipresente Diaghilev, un «gran fresco musical menos preocupado por el arcaismo que por la fidelidad a la Grecia de mis sueños», que también citó María Sanhuesa del Esbozo biográfico dictado por el compositor a Roland-Manuel.

La OSPA volvió a sonar perfecta en cada sección, una plantilla ampliada como ya apunté que es para deslumbrar (no faltó la máquina de viento o eolífono), siendo Milanov quien sacaba a la luz las distintas combinaciones coloristas de familias y solistas en perfecto entendimiento con el maestro. Y el coro como un bloque más imbricado en la ampliación suprema de la paleta orquestal, bien todos o sólo las voces graves, con ausencia de referencias textuales y dificultad añadida que «los leones» superan con el duro trabajo al que les somete Marco A. Gª de Paz, sin perder nunca la globalidad sonora de cada motivo desarrollado con la maestría de un Ravel aún investigador de texturas y rítmicas. El análisis de la obra en la «Guía de la música sinfónica» dirigida por Tranchefort desmenuza la hora de música que pasó volando para goce de intérpretes y público: el lirismo de la trompa y el célebre intervalo de quinta, el enriquecimiento colorista añadido por el coro con las irisaciones de la cuerda y las dos arpas, el violín con un nuevo motivo siempre con la danza presente, en especial la guerrera tras los piratas, «Animado y muy rudo» con una madera portentosa y segura… Destacable el conocido tercer cuadro, «amanecer» cual contraste con los nocturnos debussianos, cantos de pájaros y el coro auténtico sol inundando de luz emergiendo de la orquesta profunda en una técnica sumativa que de forma imperceptible alcanza la apoteosis mágica firmada por Ravel. Y la flauta de Myra Pearse persuasiva, cristalina, apoyando el encuentro de los amados «Dafnis y Cloe» premonitorio de la bacanal de ritmo desenfrenado y ricos colores que esta OSPA atesora.

La fiesta de música colorista, de colores musicales, pareció dar la bienvenida a la recién estrenada primavera y despedida a la «nit del foc» valenciana, una paleta de colores a la que se añadió el dorado coral que pareció pintar Klimt con música francesa. Mahler espera en menos de 24 horas…

Jornada Michael Nyman

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Sábado 15 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Jornadas de Piano «Luis G. Iberni», Michael Nyman, Michael Nyman Band, Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de Michael Nyman.

Protagonismo total de Michael Nyman dentro de las llamadas jornadas de piano, supongo que por el título de la película que más famoso ha hecho al músico británico, puede que por tener nada menos que dos pianos de cola en el escenario del auditorio carbayón, pero evidentemente metido a calzador siendo más válido el otro ciclo de conciertos, y todo porque las etiquetas nunca son buenas y dan lugar a equívocos.

Particularmente me gusta Nyman desde hace décadas cuando Ramón Trecet lo ponía en su programa «Diálogos» y por ser el complemento perfecto de las excelentes y personales películas de Peter Greenaway que no faltaron en este concierto, con pocas sorpresas en un estilo que él mismo bautizó como minimalismo, más como técnica compositiva que por la extensión de sus obras. Por cierto tener a la OvFi y Conti, auténticos todoterrenos colaborando en este concierto es todo un lujo para el propio Nyman, aunque la amplificación de todos unida a los cuidados efectos de sonido (revers y delays varios) dieron una dimensión supongo que impensable para muchos de los presentes.

El orden del programa se alteró mínimamente pero personalmente estuvo más acorde con lo global. Comenzó solo Nyman y su banda algo reducida (sin viola, trompa ni trompeta) pero igual de eficaz en la consecución de la sonoridad típica del británico, repasando algunos temas famosos: Chasing Sheep (sintonía radiofónica hace años y perteneciente a la película «El contrato del dibujante»), algo desajustada por parte de la banda a la que le costaba seguir el ritmo del piano, An Eye for Optical Theory del documental de 2008 «Man on Wire» con esos contrastes entre el viento -saxo barítono y soprano antes de la adición en cuanto a suma del resto de la banda-, y cuatro de las siete danzas acuáticas: 1, 2 «Stroking», 4 y 8 «Synchronizing» de las citadas Water Dances con ese sello inimitable, clásico en las lentas y supongo que excesivamente repetitivo para parte del público en las rápidas, casi rock&roll final, alternancia de tiempos y texturas que son el recetario Nyman donde la amplificación y efectos consiguen impactar al oyente, incluso sin las siempre complementarias imágenes para las que estas músicas fueron compuestas, nuevamente Greenaway y «Making a Splash».

El estreno en España de la Sinfonía nº 6 «Ahae», inspirada en el fotógrafo coreano, puso al compositor al frente de la Oviedo Filarmonía con el pianista Patxi Aizpiri cual solista aunque le tocó suplir al propio Nyman, que por cierto es poco pianista pero peor director, si bien tratándose de una obra suya nada que exigirle. Cuatro movimientos contrastados en la más pura receta sinfónica para una plantilla digamos clásica salvo una percusión sin timbales con marimba, vibráfono y tambores. El primer movimiento de aire rápido con recuerdos de «western», un segundo lento de mayor lirismo aunque siempre desde la técnica compositiva de Nyman, un interesante tercer movimiento rápido en ternario marcado por la primera aparición de los parches en un ostinato rítmico de negra dos corcheas negra que evoluciona a un lento cuaternario con las placas dando más colorido aún, todo ello repetido, para finalizar con un llamemos Vivace en compás a siete, amalgamas que le encantan al compositor británico, para finalizar acelerando.

La segunda parte complementó perfectamente la primera tocando todos juntos (salvo el alter ego Nyman Aizpiri) con la dirección de Marzio Conti en MGV (Musique à Grande Vitesse), música para el TGV francés -a gran velocidad, casi implorando por nuestro AVE astur que no llegará ni a gorrión si es que alguna vez hay vías por el túnel ducha- donde el compositor reclamó como intérprete su partitura al bajista eléctrico Martin Elliott, banda integrada y en «diálogos» con la OvFi en total arrebato sonoro y anímico de media hora, repitiendo como «bis» la parte de cierta épica más allá del toque de tambores. Excelente la labor directorial del maestro titular que no sólo marcó entradas sino también matices que no resultan sólo de añadir o quitar instrumentos como el propio compositor hace, técnica medieval que casi siempre funciona, sino en dar el gusto interpretativo que el director italiano dejó claro engrandeciendo una partitura simplemente agradecida, por no llamarla comercial en estos ambientes. Este marzo todavía nos deparará mucha más música: la que gusta y la que no gusta, porque realmente es lo que hay…

Receta Milanov: BB de lo bueno

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Viernes 14 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: «En la gran tradición alemana», Concierto de abono nº 8, OSPA, Suyoen Kim (violín), Pablo Ferrández (cello), Rossen Milanov (director). Obras de Beethoven y Brahms.

El titular Milanov volvía al podio con un programa ya rodado en la maratón bilbaína que es «Musika-Música«, este año dedicada precisamente a las dos B del octavo de abono, y con dos solistas que ya dirigiese en el Auditorio la temporada pasada: la violinista alemana Kim y el cellista madrileño Ferrández, ambos con excelente sabor de boca según mis anotaciones y recuerdos sonoros.

El cocinero búlgaro preparó un menú clásico de encargo en cuanto a ingredientes pero cocinado y condimentado con los toques que logran sutiles diferencias. La elaboración de los ensayos y ejecuciones consiguieron una velada digna de las «3 Bes» conocidas como «Bueno, Bonito y Barato» aunque no resulten calificativos precisamente apropiados para la música, pero jugar con las tres b de los grandes compositores (se sumó Bach en la propina cual sorbete entre las dos partes clásicas en que siguen organizándose los conciertos), sirve incluso para titular entrada en el Blog.

De aperitivo el genio de Bonn: Leonora, Obertura nº 3, op. 72 (Beethoven), para ir calentando motores y percibiendo los ingredientes de primera mano, en su punto de temperatura sin mucho colorido, cual grabados del otro sordo genial como búsqueda de materiales y logrando maestría incluso en «pequeñas obras». Inseguridades puntuales en entradas pero líneas maestras claras.

Los siguientes platos provenían de Hamburgo, menú musical germano en tanto que servido en Viena aunque cocinado por Milanov en nuestros fogones.

El Concierto para violín, violonchelo y orquesta en la menor, op. 102 (Brahms), el «doble concierto» es todo un reto por los difíciles ingredientes que ligaron perfectamente para una salsa contundente al ser de por sí más caros que el azafrán: nada menos que dos Stradivarius en el mismo plato: el rotundo cello de Pablo Ferrández equilibrado con el sutil violín de Suyoen Kim, diálogos de emociones tomados en pequeños bocados o dentro de una soberbia salsa OSPA que funcionó más que como guarnición ingrediente necesario para alcanzar el paladar buscado por Milanov, perfecto concertador de sabores musicales que esta vez buscó colorido en la paleta orquestal delineando ancho con un pincel fino para alcanzar este primer Brahms realmente carnoso. Merecidos y abundantes aplausos para los solistas que nos regalaron esa Invención nº4, BWV 775 de Bach adaptada a dúo funcionando como pausa antes del cierre hamburgués.

La Sinfonía nº 1 en do menor, op. 68 es un plato conocido que puede resultar honesto, pasarse o quedarse corto cual siete y medio, pero precisamente por exigente Milanov fue cocinándolo con mimo, maestría y sazonando con detalles. Optó por sobresaltos que fueron ganándome: el inicio más que Un poco sostenuto resultó «retenuto» por la lentitud que parecía remover con cuchara de madera antes de sorprender con el Allegro. Nuevamente la colocación vienesa, la ubicación para proporcionarnos esa espacialidad adecuada a esta enorme obra sinfónica permitió saborear cada bocado. El Andante sostenuto pareció ir engordando la salsa jugando con sutiles cambios de tempi que sacaron a flote detalles impercectibles en una cocción más rápida. No sé si esta grasa es buena para el colesterol pero está claro que «La Primera de Brahms» cocinada por Milanov iba con poso y nada ligera, sólo Un poco allegretto e grazioso daría el toque «light» con alguna incertidumbre metálica siempre compensada por la madera segura y «redonda» sin enturbiar el placentero resultado global. Y es que cocinando e ir sirviendo cada movimiento en distintos platos permitió reconocer la grandiosidad de esta generosa sinfonía -daba gusto ver y escuchar el «pizzicati acelerando»- que desemboca placenteramente en ese cuarto movimiento auténtico microcosmos de emociones, sabores, reminiscencias, deudas y originalidad que en el tratamiento del mejor Rossen permitió redescubrir las papilas gustativas. Adagio para retomar la visión, Più andante para masticar y degustar, más la conclusión del Allegro non troppo, ma con brio, final de un manjar diríamos de toma pan y moja. No siempre lo cocido y conocido podemos redescubrirlo, más este primer Brahms Milanov cocinado con tiempo puso sobre el mantel lo mejor de nuestra despensa musical sin sensación de empacho y con ganas de repetir.

Carnaval exótico portuense

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Domingo 2 de marzo, 18:00 horas. Casa da Música, Oporto: Sala Suggia. «Carnaval Exótico»: Orquestra Sinfónica Do Porto Casa da Música, Tobias Volkmann (director). Obras de Rimski-Korsakov, Nielsen, Tchaikovsky, Ravel y Guo Wenjing. Entrada: 11€ (concierto fuera de temporada).

Rezaba la publicidad del concierto «Júntese a los músicos de la orquesta en la celebración del Carnaval inspirado este año en Oriente y venga disfrazado para este concierto», por lo que el ambiente que se respiraba en la sala principal que lleva el nombre de la famosa cellista local Guihermina Suggia era festivo totalmente, y con aforo completo. Los músicos también iban ataviados y la decoración mínima pero suficiente: globos, puertas orientales, pantalla con sombras chinescas y una inmensa lámpara de Aladino en cartón piedra de la que salió con humo el mago director brasileño Volkmann, luego mudado a mandarín.

El programa tenía muchas y variadas historias para contar con personajes exóticos que nos sugerían múltiples disfraces para un concierto de carnaval, y nada mejor que arrancar con El mar y el barco de Simbad de la siempre evocadora «Sheherazade« (Rimski-Korsakov) que la orquesta local despachó con solvencia y seguridad a pesar de cierta frialdad, siendo la cuerda protagonista, especialmente el concertino español Felipe Rodríguez en sus intervenciones solistas (a la vista de los datos, invitado para este programa, pues lo es de la orquesta lisboeta de la Fundación Gulbenkian).

Mucho más completa la selección de la Suite «Aladino» (Nielsen) donde cada número nos fue dando la talla de esta formación portuense de sonoridades rotundas en los metales, sobre todo las trompetas, más comedida en la madera, percusiones sin exageraciones y una cuerda empastada aunque necesitada de más cuerpo (y efectivos) para equilibrar plantilla, hoy algo ampliada por las obras programadas. Fueron desgranando los números Marcha oriental, Danza hindú, El mercado de Ispahan -de lo más conseguido de la suite- y la Danza de los prisioneros, con esos avances compositivos del danés para un ballet que sólo tiene de infantil el título.

El oboista titular hizo un número de encantamiento donde el folklore húngaro de su tierra dejó paso al de la India, para luego llevar el ritmo del djembé en una hermosa danza del vientre con una bailarina profesional jaleada por todos tras su espectacular baile y figura. Perfecta antesala para los dos números del «Cascanueces« («Quebra-Nozes» en portugués) de Tchaikovski: Danza árabe y Danza china, algunos desajustes probablemente por el ambiente festivo aunque imperdonables en páginas tan conocidas de la música, y con una acústica tan perfecta que percibíamos cada mínimo detalle, con un Volkmann conocedor de estas músicas aunque los músicos no parecieron responder a todas sus órdenes una vez despojado del disfraz de mago…

Mejor el fragmento de Ma Mère l’Oye de Ravel, orquestado por el propio francés en 1911 del original para piano a cuatro manos, Laideronette, emperatriz de las pagodas donde la sonoridad impresionista y la rítmica resultaron bien ejecutadas por la orquesta portuense en esta «premiere«, siendo la obertura Cabalgando en el viento, op. 27 (1997) del chino Guo Wenjing (1956) el perfecto cierre de un concierto de recuerdos orientales muy cinematográficos terminando en ese «Far West» donde los chinos también han tenido protagonismo más allá de la pantalla, asentándose en todo el mundo y siendo parte de nuestra historia cotidiana. La riqueza rítmica y una amplia plantilla orquestal sirvió para mostrar las posibilidades de una orquesta hoy joven en la edad de músicos e historia reciente (desde 2006), con buenas secciones y solistas a la que seguramente su titular Christoph König sacará más partido, así como el paso de invitados que engrandecerán esta formación portuguesa.

Aplausos largos y merecidos que sirvieron para escuchar otro número del Aladino danés no elegido en el concierto, la Blackmoor’s Dance, reafirmando mi opinión de ser Nielsen buena piedra de toque para la orquesta.

Con todo un concierto entretenido y distendido para todos, músicos y público de todas las edades aunque mayoritariamente juvenil para una ciudad que tiene en el complejo diseñado por el arquitecto holandés Rem Koolhaas, el referente musical no ya de sus otras salas sino de todo un excelente contenido acorde a lo que entendemos por «Casa de la Música». La visita guiada en la mañana del sábado fue muy fructífera y enriquecedora si muchos gestores españoles tomasen nota de la importancia que la cultura en general y la música en particular tienen en nuestra sociedad desde un enfoque educativo. Por cierto, Portugal un país intervenido con un IVA del 23% aunque los precios generales estén más baratos que en España… y el cultural ¡13%! (creo que sobran explicaciones)..

Placeres eternos e irrepetibles

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Viernes 21 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: concierto de abono 7, OSPA, Ning Feng (violín), Joana Carneiro (directora). Obras de Adams, Shostakovich y Beethoven.

Algunos seguidores del blog han escrito comentando mis entradas como demasiado optimistas la mayoría de las veces y muy parciales (siempre cierto por personales) dado que apenas asistía a conciertos malos. Aquí viene mi innecesaria defensa, pues hace años que Oviedo es referencia para melómanos aunque no siempre tenga la resonancia mediática que se merece, algo que puedo asegurar es objetivo y no me cansaré de repetir y reflejar. Para una región como la nuestra de apenas un millón de habitantes, concentrados en el centro y en plena crisis industrial, minera, nacional… que la musical siga estando en primera línea con todo tipo de sacrificios pienso que debería tener más eco en un país que se está rompiendo por culpa de unos dirigentes incultos y egoístas.

En una semana beethoveniana está bien escuchar otras formaciones orquestales con directores no titulares, siempre en el irrepetible directo para comprobar y comparar, inevitable por otra parte pese a la losa que supone haber degustado exquisiteces irrepetibles. Sigo presumiendo de asturiano melómano con un vagaje musical repleto de figuras mundiales que han pasado por la capital del Principado e incluso de otras que el tiempo acabó convirtiendo en tales, habiendo sido Oviedo su debut o trampolín. Compartir estos placeres irrepetibles los hace aún mayores, y este tercer viernes de febrero ha sido uno de ellos.

Esta semana se ponía al frente de nuestra OSPA la directora portuguesa Joana Carneiro, que afrontó un programa titulado «Beethoven eterno» y en sus notas Hertha Gallego de Torres calificaba de «sentido del ritmo», ampliado aún más hasta «apoteósis del ritmo» que escribía mi amigo Ramón Avello en El Comercio para cada obra: reiterativo, obsesivo y demoniaco, y apoteósis de la danza.

De los compositores contemporáneos, John Adams (1947) está entre los preferidos del público, y estos días está en Madrid donde tiene «carta blanca«. De su ópera Nixon en China emerge con protagonismo propio The Chairman Dances: Foxtrot para orquesta (1985) que ponen a prueba formación y dirección sinfónica como en Oviedo, y con buena nota para todos: la maestra portuguesa con ideas muy claras, precisión, claridad en el gesto y dominio de la partitura, más unos músicos que se nota trabajaron duro para superar todas las dificultades de esta partitura con múltiples cambios de compás, ritmo, tiempos y dinámicas, exigente en empastes y de estilo minimalista que puede caer en lo monótono de no mediar la riqueza interpretativa, destacando la sección de percusión siempre segura junto al piano, en esa importancia rítmica deudora de tantos otros compositores que el propio Adams reconoce.

Palabras mayores el Concierto nº 1 para violín en la menor, op. 77 (antes op. 99) de Shostakovich con el virtuoso Ning Feng y un Stradivarius «MacMillan» (1721) afrontando una de las obras más importantes del ruso. El violinista chino optó por una interpretación introspectiva que la directora lusa supo e hizo acompañar en la misma línea, cuatro movimientos que son cual suite incluso en los títulos: el Nocturne transmite dolor desde la densidad orquestal y el lamento solista; el Scherzo auténtica «broma» de buen gusto plagada de polirritmias y efectos tímbricos en y para todos, con una orquesta atenta y entregada (destacar sólo un arpa pero siempre referencia), contagiada del vigor de solista y dirección, algo exagerada pero tal vez necesaria, segundo movimiento calificado por el gran Oistrach que estrenó la obra de «demoníaco y espinoso», siéndolo Feng literalmente; Passacaglia de la hondura sinfónica a que nos tiene acostumbrado el compositor ruso, exigente para todas las secciones que nuevamente estuvieron a la altura de la obra y el solista volviendo a impactarnos desde una interpretación diría que volcánica por el proceso emocional, para finalmente llegar a la chispeante Burlesca que desencajó a más de uno con la intermedia larga cadenza capaz de acallar las siempre incómodas toses desde una interiorización de dolor y angustia que salía a borbotones inundando de desbordante emoción el auditorio, la montaña rusa musical que suelo utilizar metafóricamente para este tipo de grandes conciertos.

Sin menospreciar a una orquesta que se comportó y la buena concertación de la señora Carneiro, lo del virtuoso chino es para recordar y así lo entendimos todos. La versión que nos regaló -como el día antes en Avilés- de Recuerdos de la Alhambra de Tárrega espero volver a escucharla cuando Radio Clásica emita el concierto, visionar y repetir, con un arco inigualable, capaz de recrear los trémolos guitarrísticos y la melodía en esa joya de violín. Silencio de emoción y otro regalo «caprichoso» del demonio oriental de Paganini el endiablado. Eternidad infernal y placeres nada pecaminosos.

Beethoven siempre eterno y apoteosis de la danza con esta explosión de la Sinfonía nº 7 en la mayor, op 92, una de esas sinfonías que no deben faltar en cada temporada porque siempre resultan distintas según la batuta al frente, y la portuguesa sacó lo bueno de la OSPA, puede que por la elección del tempi correcto en cada movimiento, algo que todos los musicólogos y estudiosos reconocen como parte importante para acertar con el carácter de las obras del genio de Bonn. Aplaudir cómo la «maestrina Carneiro« pareció ganarse a los músicos en las obras de la primera parte para poder disfrutar más en la segunda, aunque siga preguntándome porqué mantener el esquema de concierto cuando este viernes podría haber sido al revés y dejarnos al chino como cierre, aunque es probable que no hubiera marchado regalándonos aún más propinas.

Como balance apuntar en el DEBE menor autocomplacencia para algunos atriles en obras que por muy tocadas parecen «olvidar» son tan exigentes como las nuevas, y la interpretación va más allá del pentagrama. En el HABER la autoexigencia de mantener calidades sonoras alcanzadas no ya en «la séptima» sino en todo este séptimo de abono. De momento saldo positivo, pero hay que aumentarlo, no sólo mantenerlo…

Desigual Beethoven Monumental

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Sábado 15 de febrero, 20:00 horas. Teatro Monumental, XXIV Ciclo de Conciertos Universidad Politécnica de Madrid, concierto comienzo segundo trimestre. Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia, Coro de la Universidad Politécnica de Madrid (director: Javier Corcuera), Carmen Yepes (piano), Ana Puche (soprano), Ana Häsler (mezzo), Alain Damas (tenor), Isidro Anaya (bajo), Juan Pablo Simón (director). Obras de Beethoven. Entrada segundo entresuelo: 16€ (2,78€ de IVA ¡el 21%!).

Oportunidad única de escuchar estas dos obras sinfónico-corales de Beethoven en el mismo concierto donde el coro anfitrión, al igual que el resto de músicos, no brillaron con igual intensidad en ambas, con una entrada rozando el lleno y mucho público joven.

La Fantasía para piano, coros y orquesta en do menor, Op. 80 tuvo el total protagonismo de la asturiana Carmen Yepes (1979), afincada como docente en Madrid, protagonista literalmente desde el inicio y a lo largo de esta joya (que estrenase el propio Beethoven como pianista), con auténtica magia ambiental conseguida por el feliz entendimiento y complicidad con el maestro Simón y la OSRMurcia, ésta falta de un poco más sonoridad que sí hubo en el coro que bien conoce Juan Pablo, así como el cuarteto solista al que se sumaron Mónica Cendón (soprano) y Javier Roiz (tenor) del propio coro universitario. Presencia clara y decidida en cada intervención pianística, musicalidad a raudales, conjunción en los tutti siempre desde la característica limpieza sonora y los fraseos impecables de una Carmen Yepes que atesora honestidad y magisterio. Difícil alcanzar esta complicidad para una obra agradecida y perfecto complemento de la Sinfonía Coral que ocuparía toda la segunda parte.

Lástima que la Fantasía resultase la cara de moneda, espejismo porque la Sinfonía nº 9 «Coral» en re menor, Op. 125 fue la cruz, palabras mayores que se les empapizaron a los intérpretes dejándonos una versión insípida, descafeinada y hasta soporífera en el tercer movimiento, más lento que «cantabile». Frente a una orquesta sin cohesión ni sonido propio, desajustada por momentos y a la que la batuta invitada no fue revulsivo capaz de transmitir intenciones, con una gama dinámica algo pobre, la entrada del barítono me sonó incluso ofensiva por emisión, color y afinación mientras el tenor era engullido en la mayor parte de sus intervenciones… se me ponía la carne de gallina esperando la deseada oda de Schiller.

Al menos las damas mantuvieron el tipo, tanto Häsler como la completísima Ana Puche Rosado, única en alcanzar mi ubicación con perfecta proyección y emisión sin problemas junto a la orquesta y bien empastada con el cuarteto vocal pero siempre presente. El coro pudo pulir unos fuertes algo chillones -no gritados- aunque afinados, resultando más ajustado en los pianos, jugando en casa pero en un escalón inferior al de otras formaciones españolas que tienen «la novena» en su repertorio habitual, al menos por lo escuchado en este concierto.

La sensación de esta novena fue de impotencia y cierta desgana que pareció transmitirse a casi todos sobre el escenario, limitándose a una lectura sin implicación alguna para una obra monumental que pareció quedarse en ensayo de pago. No parecían los mismos intérpretes de la Fantasía.

Para corroborar o discrepar de mis opiniones, el concierto será retransmitido por La2 en su horario de «máxima audiencia adormecida» a las 8 de la mañana el próximo 15 de marzo, supongo que aprovechando los medios ubicados para los conciertos de la ORTVE que tiene en este viejo «Monumental Cinema» su sede. Al menos mantenemos coro, orquesta y puestos de trabajo.

Allegro MaestroSO

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Viernes 7 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, OSPA: Concierto de abono nº 6 «El pasado recobrado»: Teo Gheorghiu (piano), Perry So (director), Claudio Abbado in memoriam. Obras de G. Gabrieli, Beethoven y Stravinsky.

Regresaba el alegre maestro Perry So al frente de la OSPA con un programa variado bien comentado por María Antonia Barnés Vigil tanto en las notas al programa (enlazadas en los autores) como en la interesante conferencia previa de la que tomaré su hilo argumental sobre los distintos diálogos y en memoria del director recién fallecido Abbado.

Como ya sucediese la temporada pasada, se introdujo en el programa música camerística, esta vez a cargo de «los bronces» propios para escuchar el efectista G. Gabrieli con dos canzone flanqueando una sonata, obras todas de 1597 (Sacra Symphonia), aunque puestos a innovar hubiese quedado genial haber colocado en los laterales del segundo piso los metales precisamente para disfrutarlo acústicamente en el auditorio cual San Marcos veneciano, y la profesora Barnés hablaba precisamente de «diálogo con la arquitectura» en el caso del compositor italiano. Mejor la Sonata pian’e forte a dos (trompeta, trompa, trombón y trombón bajo más tuba) sin herencia vocal y auténtica delicia de matices (de aquí surgen los términos «piano» y «forte» en cuanto a intensidades, un coro o ambos, entendiendo por tal las balconadas enfrentadas donde se ubicaban en Venecia) que la Canzon primi toni (dos, cuatro, dos) algo destemplada para arrancar, o la Canzon septimi toni nº 2 mejor empastada. Se agradece escuchar música barroca aunque no sea sinfónica sino camerística, si bien no creo que encaje en los conciertos de abono, dejando claro que no la considero menor ni una rebaja incluir a los músicos propios como solistas en la temporada.

El piano de Beethoven siempre es un placer, y de sus conciertos aún tenemos reciente el segundo nada menos que con «la Pires y los vieneses». Probablemente menos escuchado que el «Emperador» pero de preparación, experimentación y muchos puntos en común, el Concierto para piano nº 4 en sol mayor, op. 58 en las manos del joven Teo Gheorghiu resultó globalmente honrado, versión íntima y perfectamente concertada por el maestro So, atento a cada detalle (destacar la recolocación de los contrabajos detrás a la izquierda o la utilización de timbales antiguos), diálogo del director con todos, también el imprescindible entre solista y orquesta, escuchándose en una obra de «diálogo interior». Pese a ser obra nueva en el repertorio del actor y joven pianista suizo de sangre rumana, nacionalidad canadiense y sentimiento londinense, resultó convincente desde el inicio del Allegro moderato, marcando el tiempo a seguir, con claridad sonora y expositiva. Necesitará tiempo para profundizar pero lo apuntado dejó buenas sensaciones tanto en las cadencias como en el Rondo: Vivace impetuoso y contrastado con el Andante con moto donde el diálogo con las violas resultó conmovedor.

La Balada nº 3 en la bemol mayor, op. 47 de Chopin fue una generosa propina corroborando su trayectoria más que prometedora desde su infancia, aunque personalmente no subiese el escalón de emocionarme, algo siempre subjetivo pero nuevamente impecable y con ese ímpetu juvenil.

La segunda parte otro mundo que es el mismo, el nuestro: Stravinsky enamorado de la Venecia que arrancaba el concierto, con la Sinfonía en Do (1939-1940) compuesta entre Europa y Estados Unidos, recuerdos de Beethoven y Tchaikovsky, dos primeros movimientos casi vieneses y los otros dos realmente de slogan «genuino sabor americano», el diálogo con el pasado desde el conocimiento y maestría compositiva y el otro diálogo de director-orquesta que resultó lo mejor de este primer viernes de febrero.

Los cuatro movimientos clásicos desarrollados con maestría y complicidad, la que Perry So alcanza con la OSPA en cada visita, química en esta partitura que volvió a reencontrar lo mejor de nuestra formación sin recuperar excelencias anteriores pero manteniendo una esperanza que todos queremos cristalice en realidad permanente.

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