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Carta a SS. MM.

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Muy señores nuestros, si ustedes me permiten este correcto trato epistolario:
Como todavía me queda algo de inocencia (serán los años), lo único que les pido a Los Magos (lo de reyes sigo sin llevarlo bien por esta tendencia mía a La República) tras los pasados «Años Mahler» sin lograrlo, es poder escuchar en Asturias la Octava Sinfonía «De los Mil» con todas nuestras orquestas (OSPAOvFil, la Filarmónica de Asturias, la Universitaria ya renacida, la OCAS, nuestros coros («El León de Oro», grandes, chicas doradas y peques, igual que el de la Fundación Príncipe y también la Escolanía San Salvador…) con nuestros solistas, que tenemos un montón y de primera en mi querida Asturias donde elegir: Beatriz DíazElena Pérez HerreroAna Nebot, Mª José SuárezLola Casariego, Alejandro RoyDavid MenéndezMiguel Ángel ZapaterJuan Noval-Moro… (algunos «adoptados» o directamente de nuestra familia cordobesa).
Mantengo mi ilusión de tener a Pablo González como director de un acontecimiento que me copió Dudamel, al que le perdono casi todo… incluso que mi tocayu lo llevase a Barcelona en sus años como titular y seguro repetirá ahora desde la OCRTVE.
Pablo González y Mahler .
Es la ilusión infantil en este día aunque tampoco quiero olvidarme de Forma Antiqva, para quienes vuelvo a pedir un Grammy clásico (se lo merecen, sobre todo los hermanos Zapico, que en 2018 siguieron «a tope» y haciendo historia siempre volando desde casa,, celebrando 20 años y  nuevo disco Concerto Zapico 2 a pesar de su obligada mudanza de la capital).
También sigo recordando a mis queridos pianistas con la mierense nacida en la capital Carmen Yepes a la cabeza (trabajado duramente desde Madrid), sin olvidarme de Judith JáureguiDiego Fernández Magdaleno.
Mantengo ilusión y pido más composiciones de Rubén Díez, no sé si por fin la zarzuela marinera, ya que de Jorge Muñiz ya llegó su Fuenteovejuna al Campoamor, y del siempre «redescubierto» Guillermo Martínez o de Gabriel Ordás me consta que este 2019 seguirán inspirados y en su línea de estrenos.
Por no perder la esperanza pido para los llamados «gestores culturales» que se olviden de su otra crisis, la intelectual que parece contagiosa como la gripe, y den mucho más trabajo a los de casa, no por patriotismos sino por calidad contrastada, incluso cambiar alguna vez de agencia de contratación… y sobre todo ¡no más recortes ni cierres!.
No sé si ya les han escrito pidiendo para mis jóvenes violinistas favoritos (Ignacio Rodríguez, y María Ovín aún en la OSPA) que van creciendo, para traerles mucho éxito en sus trabajos fuera o en casa, aunque yo me sumo a esos mismos deseos, y de lo pedido en años pasados faltaron muchas cosas (supongo que por pedigüeño) pero a mi edad no tengo freno, parece que me hizo la boca un diputado…
Para mi adorada Beatriz Díaz ya les escribiré otra carta porque se merece todo lo que traigan en 2019 y más. Además de darles las gracias de nuevo por Luca y por su vuelta con triunfo a la ópera ovetense, espero le llegue pronto esa Mimí, a ser posible en el Teatro Real de Madrid aunque en Italia saben que es muy querida y Londres, Nueva York o Viena aún no se hayan enterado… pero Vds. lo saben por ser Magos.
Para la Ópera necesitaría otra carta de adulto, pero mi mamá dicen que ya está bien de pedir… al menos mantener ópera y zarzuela porque suprimir la gala de los Premios Líricos Campoamor sin encontrar relevo sigue enfadándome. A todos mis amigos músicos repartidos por el mundo les mando siempre «MUCHO CUCHO®» antes de cada actuación, normalmente de vaca asturiana, y podría escribir una carta más detallada para tantos que tengo repartidos por el planeta (para que luego digan de la «maldición» ENTRE MÚSICOS TE VEAS).
Mientras tanto espero que la palabra corrupción desaparezca de nuestra cotidianidad y que las crisis, ya en plural, pasen hoja definitivamente y se olvide de la MÚSICA y de toda la CULTURA en general, donde «recortes» o «supresión» se escuche menos que «Cataluña» ¡lo qué ya es decir!, para este año 2019 que acaba de nacer, aunque nuevamente parezcan estar «duros de oreja» (supongo que con el 155, tripartitos de tonada y demás «ocurrencies de oficalidá» no tendrán ni para un sonotone y la edad no perdone ni siquiera la vox).
A propósito, si pudieran dejarnos la música en la educación un poco más que ínfima y optativa, entonces tiraría fuegos artificiales… pero ya ven que no está entre las peticiones musicales, ni siquiera que algún día en «esta España nuestra» que cantaba la recordada Cecilia (no la Santa sino la Evangelina) se alcance un pacto de estado donde la educación sea inversión en vez de gasto y prime el menos común de los sentidos en vez de la partitocracia e independentismos que intentan reescribir la historia a base de tantos eufemismos que hasta a la mentira la llaman posverdad.
Gracias señores majos y Magos (de donde vengan y utilizando el transporte que tengan sin entrar en cabalgatas municipales de las que mejor no opinar) por seguir llenándonos de esperanza e ilusiones.
Pablito, 12 años.

 

Flores de Pascua musicales

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Jueves 13 de diciembre, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Isabel Villanueva (viola), Oviedo Filarmonia, Yaron Traub (director). Obras de I. López Estelche, W. Walton y Beethoven.

En la temporada del 20 aniversario de la OFil, pasamos en dos semanas de los «Buenos modales» anteriores a unas «Flores de Pascua«, ambas con Marina Gurdzhiya de concertino, que anuncian la Navidad, tanto en la decoración del frontal escénico como por un programa que sigue organizándose como hace doscientos años y que podría haberse invertido cronológicamente comenzando con la sinfonía, seguir con el concierto solista y terminar con el estreno, aunque por las fechas debo reconocer que «La séptima» del sordo de Bonn es mejor que un villancico e incluso eleva los ánimos de todos, público e intérpretes.

Dicho lo anterior, el estreno absoluto de Victoria’s secret for orchestra del compositor de Santoña Israel López Estelche (1983) podría haber sido el remate a este concierto casi navideño porque es un regalo seguir componiendo y además inspirado en nuestro gran Tomás Luis de Victoria. El toque humorístico no falta ni en el título, que induce a pensar en lencería y ángeles más que en el genio abulense de nuestro Siglo de Oro musical. En las notas al programa el doctor Julio R. Ogas explica la génesis de esta obra «los motetes policorales de Tomás Luis de Victoria «Magnificat Primi Toni» y «Regina Caeli Laeteram» constituyen “la huella de una escritura anterior” sobre la que se plasma la nueva composición, como si de un palimpsesto se tratara«, dividiendo en dos la orquesta jugando con la ubicación del viento y los metales no solo buscando sonoridades organísticas sino todo un mundo tímbrico inspirado en el mundo renacentista y tridentino de Victoria. Porque las melodías de las que parte Israel son modales y los ritmos puramente medievales y no el tactus para una orquesta actual (muy interesante el colorido de la marimba o el arpa) que plantea al oyente unas texturas verdaderamente originales.

Hubo que aparcar el estreno del concierto de cello con la OSPA y Adolfo G. Arenas que espero se retome en el año que comienza, pero López Estelche sigue trabajando duro y asentándose con unas ideas propias plenamente exportables a más formaciones orquestales siempre que los directores también quieran implicarse. La OFil con el maestro Traub fueron el instrumento perfecto de este «secreto de Victoria» triunfante que obligó al compositor afincado en nuestra tierra a subir dos veces para recoger el aplauso de un público que ocupó tres cuartas partes del Auditorio, más que otras «titulares» del recinto.

Con ganas de volver a escuchar a la violista Isabel Villanueva y el hermoso Concierto para viola y orquesta de Walton no defraudó en ninguno de los tres movimientos, contando con un excelente concertador en el maestro israelí de gesto claro, preciso, aunque por momentos la sonoridad de la viola quedara «tapada» por una orquesta más cómoda que hace diez días. El color de este instrumento en manos de la virtuosa pamplonica es indescriptible, menos hiriente que el violín y cual chelo agudo en un registro diría que de mezzosoprano cual voz natural femenina, y así hace sonar la viola Villanueva desde el Andante comodo solo de indicación, contrastes constantes casi preparando el movimiento central impactante del Vivo, con moto preciso, un verdadero lujo ver y escuchar esa viola sobrevolando la masa orquestal en momentos precisos y fundida con ella en los otros, con un Traub atento a todo antes del último Allegro moderato. Belleza inglesa este concierto casi de banda sonora donde las imágenes podemos añadirlas nosotros o simplemente dejarse embriagar por la belleza que recoge.

Un verdadero regalo la versión de la Nana de Falla intimista, sin toses y cortando el aire de la sala desde esa voz de mezzo que suena con la viola de Isabel Villanueva, sola ante la inmensidad y arrullando una tarde que resultó florida musicalmente.

Al finalizar el concierto discrepaba con un amigo de siempre sobre la Sinfonía nº 7 en la mayor, op. 92 (Beethoven) y mi apreciación quiero ceñirla a la plantilla con la que se cuenta, perfecta para todo este programa de Santa Lucía, buscando Yaron Traub un color homogéneo sin estridencias, jugando con las dinámicas hasta un nivel comedido y contenido pese a ser Beethoven, optando más por Ingres que por Delacroix, dos visiones coetáneas desde el neoclasicismo hasta el romanticismo, tonos apastelados huyendo de fuertes contrastes y eligiendo los tempi perfectos al ser conocedor de los posibilidades de esta orquesta ovetense similar a la bilbaína que tan bien trabaja.

Cada uno de los cuatro movimientos dieron el aire indicado literalmente, las dinámicas escritas sin pasarse al fortissimi los metales, pudiendo escuchar cada línea melódica limpia al retener velocidades y volúmenes. Elegancia desde la contención, como las flores de Pascua, rojo presente sin fuego, ornamento ideal para un maestro veterano que conoce el material humano y musical antes de subirse al podio, dejando fluir la música y lucirse en obras como esta sinfonía a la que Mocedades también se atrevió a ponerles letra y arreglar (?) para llegar a todos los públicos. Esta vez no hizo falta semejante osadía y «la séptima de Beethoven» volvió a triunfar dignamente.


Aprovecho desde aquí para desear a todos mi lectores unas muy
Felices Fiestas

Buenos modales

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Sábado 1 de diciembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de piano «Luis G. Iberni». Kun-Woo Paik, piano, Oviedo FilarmoníaCarlos Domínguez-Nieto (director). Obras de Beethoven y Tchaikovsky.

Para empezar el último mes nada mejor que dos obras conocidas y también en cierto modo cerrando producciones como el «Emperador» de Beethoven y la «Patética» de Chaikovsky, lo que trajo buena entrada al auditorio carbayón aunque personalmente me dejase ciertos sinsabores por la sensación de falta de entendimiento y mando en la línea de la siempre necesaria «dictadura musical» donde no hay consensos ni buenos modales en pos de una interpretación y no la suma de ellas. Me recordó aquel chiste donde dos gemelos no acababan de salir al mundo porque eran tan educados y «pasa tú primero» les llevaba a continuar en el seno materno.

El coreano Kun-Woo Paik, solista del Concierto para piano nº 5 en mi bemol mayor, op. 73 “Emperador” (L. van Beethoven) se presentó con sonido amplio y delicado aunque sin entendimiento con el director invitado Carlos Domínguez-Nieto, titular de la Orquesta de Córdoba, primero por una clara discrepancia de tempi entre ambos, lo que de entrada sonaba chocante, sumando una fuerte indecisión en cada entrada orquestal, tardando siempre en arrancar cada movimiento o post cadencias hasta que de nuevo alcanzaba la «velocidad crucero». Tampoco se cuidaron los planos orquestales, demasiado discretos para este emperador que se quedó en principesco por no decir claramente republicano. El Allegro inicial fue irregular de principio a fin, incluso «pisando» orquestalmente el final de una de las cadencias, un poco más agradecido el hermosísimo Adagio un poco mosso que nos dejó disfrutar del aterciopelado sonido del coreano y la transición al Rondó-Allegro non troppo con los mismos modales ya comentados, caminos paralelos sin decisiones ni mando que impidieron una interpretación más acorde para una orquesta madura de veinte años capaz de desenvolverse en todos los repertorios. Recordar una de las definiciones de «concertar» como acordar, lo que debe hacerse en los ensayos y tenerlo claro para darle la forma definitiva con el público.

La obra orquestal «póstuma» de P. I. Chaikovsky, su Sinfonía nº 6 en si menor, op. 74 “Patética”, es un caramelo ¿envenenado? para todo director y orquesta por su magnitud, abanico tímbrico y dinámico, casi el cierre de temporada por efectivos y efectividad donde el público sigue aplaudiendo al final del tercer movimiento Allegro molto vivace por colocar el genio ruso a continuación el último Finale: Adagio lamentoso.

Si en Beethoven los modales fueron buenos pero ineficaces, de nuevo en esta Patética faltó decisión en los arranques, como si la potencia o el gesto no llegase limpio al destinatario, claridad en la agógica, más intensidades y otros balances que diesen luces más allá de las sombras, que de todo tiene esta última sinfonía. Cierto que hubo secciones que brillaron como en ellas es habitual (los cellos especialmente) pero faltó más plantilla, al menos contrabajos que den el necesario sustento grave a esta maravilla orquestal, más presencia a unos metales que se contuvieron en pos de una versión algo descafeinada pese a la belleza, y una dirección memorizada pero sin gancho. Hay obras que gustan tanto que la ilusión pone lo que la realidad niega. Lástima porque el concierto prometía y se quedó demasiado en lo superficial.

Para Santa Lucía volverá Beethoven con su séptima en la OFil con un Yaron Traub de más peso directorial y la violista Isabel Villanueva y el concierto de Walton que tanto éxito le está trayendo, sin olvidarme del estreno de Israel López Estelche, otro más de este cántabro muy ligado a nosotros y que sigue su incansable labor compositiva recompensada con la escucha, a lo que todos aspiran y el público también necesita. Espero contarlo desde aquí, como siempre… ahora con muletas.

Programa para celebrar 20 años

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Oviedo sigue siendo «La Viena del Norte» español, y los Conciertos del Auditorio junto a las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» llegan a sus veinte años con una programación muy completa que hará las delicias de todos los melómanos no solo asturianos sino de los muchos que acuden a la capital del Principado ante su excelencia musical que también tiene una Primavera Barroca camino de los seis años, más ópera y zarzuela en su amplia oferta junto a un festival de verano próximo a comenzar que busca también un hueco estival en los museos arqueológico y de Bellas Artes, incluso un concierto de órgano en La Corte, todo citas para apuntar en las agendas.

De los pianistas que siguen sumando a la amplia nómina que Oviedo ha tenido siempre a lo largo de su dilatada historia, para la temporada extraordinaria de los 20 años las jornadas que llevan el nombre de nuestro recordado Luis Iberni contaremos con la donostiarra Judith Jáuregui que continúa asentando una carrera internacional de primera sin olvidarse de nuestra tierra que lleva visitando hace años en distintos ciclos, abriendo las jornadas con el Cuarteto Singnum en noviembre, continuando con Piotr Anderszewski, el surcoreano Kun-Woo Paik con la Oviedo Filarmonía (OFil), orquesta residente del ciclo, un marzo con el siempre esperado San Sokolov en solitario o Daniil Trifonov nada menos que con la orquesta del Mariinski de San Petersbrugo y Valeri Giergiev a la «batuta», para ir avanzando primavera con Javier Perianes en solitario, otro pianista conocido y querido en Asturias, y mi adorada Gabriela Montero en mayo a dúo con el chelista Gautier Capuçon, pareja reconocida que se unen en un broche de oro a estas jornadas.

En el ciclo paralelo (conjunto para quien quiera abonarse a ambos) de los Conciertos del Auditorio , las grandes voces tienen su terreno propio junto a distintos solistas instrumentales y formaciones orquestales de alto voltaje. Del universo lírico abrirá temporada en octubre Gregory Kunde que sigue disfrutando de una segunda juventud, las sopranos Patricia Petibon con La Cetra y Andrea MarconJulia Lezhneva o Ermonela Jaho con la OFil en febrero y abril respectivamente, con Michael Antonenko dirigiendo a la primera y compartiendo programa con el tenor Benjamin Bernheim la segunda, otro más de los conocidos como el tenor Ian Bostridge con Fabio Biondi y Europa Galante, o la estrella de los contratenores Philippe Jarouskky que vuelve a Oviedo, esta vez con el Ensemble Artaserse, para cerrar temporada con el concierto extraordinario de Juan Diego Flórez y Vincenzo Scalera al piano.
Tomar nota de los instrumentistas de altura como la violista Isabel Villanueva que actuará con la OFil y Yaron Traub a la batuta, la violinista Veronika Eberle con la Filarmónica de Hamburgo y el incombustible Kent Nagano en la dirección, o la virtuosa Hilary Hahn con la Filarmónica de Radio Francia y Mikko Franck; el flautista Emmanuel Pahud vendrá con la Orquesta de Cámara de París y el director escocés Douglas Boyd, el chelista Nicolas Altstaedt que también hará de director con la OFil, más la esperada visita de la Gustav Mahler Orchestra con la dirección del excelente Jonathan Nott y la participación del Coro de la FPA, sin dejarme en el tintero el regreso de René Jacobs que nos traerá un cuarteto vocal con su Orquesta Barroca de Friburgo y el RIAS Kammerchor de Berlín, uno de los mejores coros del mundo, en un mes de mayo para no perdérselo.

En pleno verano, al menos de calendario, felicitar a la organización de estos conciertos y tocando madera para evitar cancelaciones que en el mundo musical son más frecuentes de lo deseado trastocando el trabajo de meses y obligando a encontrar otras fechas o intérpretes que no siempre son igual de bien recibidos aunque seamos comprensivos.

Apasionada “Trágica” mahleriana

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Viernes 22 de junio, 20:00 horas. Día Europeo de la Música, Auditorio de Oviedo: OFIL (Oviedo Filarmonía) y OSPA (Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias), Pablo González (director). Mahler: Sinfonía nº 6 en la menor, “Trágica”. Entrada 5€.

Crítica para La Nueva España del domingo 24, con los añadidos de links, fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva:

El tiempo de Mahler llegó a nosotros antes de lo que el propio compositor imaginó, siempre amado o denostado, exigiendo de todos un esfuerzo mayor o menor más allá de las sensaciones personales. Una lástima que el auditorio no tuviese mayor entrada celebrando un día después la fiesta europea de la música con un espectáculo único y al alcance de todos, reuniendo de nuevo un centenar largo de músicos de las dos principales orquestas asturianas (OSPA y OFIL) con un director de casa como Pablo González empeñado en un apostolado mahleriano con el que prosigue una carrera internacional de la que nos hace partícipes a sus paisanos continuando la “Resurrección” de 2017 y a la espera de “Los Mil” en un futuro espero no muy lejano.

Unir fuerzas siempre es tarea ardua, más en la música, pero «la única Sexta, pese a la Pastoral» que diría Alban Berg, es esta “Trágica” ideal para pulsar el estado de dos formaciones que siguen convergiendo en su crecimiento, primero el Wagner del Campoamor con García Calvo, después este Mahler del Auditorio con González Bernardo, gracias a estas dos batutas españolas, preparadas, convencidas y defensoras de la calidad desde un trabajo serio que siempre contagia pasión. El carbayón ha crecido entre grandes y Mahler sigue siendo referente de una dilatada trayectoria a la que todavía le queda mucho recorrido tras su paso como titular de la OBC (Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña); volver a casa y reunir a OFIL y OSPA es un reto al alcance de pocos, no ya musical sino de liderazgo para aunar sentimientos, superar egos, romper asperezas y defender una obra de tanto calado como la sexta del bohemio. Si hace un año aplaudíamos el esfuerzo y magisterio de mi tocayo para alcanzar una sonoridad propia desde dos grandes orquestas, la reválida ha llegado este primer viernes de verano.

Para quienes disfrutaron por vez primera del espectáculo recordarán lo anecdótico, cencerros y campanas fuera de escena, el despliegue de percusión, el gigantesco mazo que golpea dos veces despertando alguna conciencia, arpas a pares, la impresionante estampa de ocho trompas con las campanas al cielo, toda una legión de viento, hasta la reprimenda del maestro al detener el inicio del segundo movimiento por la insistencia de las toses maleducadas y pidiendo celeridad en quitar el papel al caramelo siempre inoportuno.

Los habituales pudimos paladear una obra que no da tregua a nadie, arrancando y finalizando cuatro movimientos con energía, de estructura académica con la tonalidad menor, trágica por escritura y trasfondo vital mahleriano, el Andante con firma propia de felicidad y sufrimiento por el amor efímero, miedo a perderlo todo como sucedería en un breve tiempo (su hija, el trabajo en la ópera de Viena y la salud con la enfermedad coronaria que le mataría). Desde el dolor se crea belleza y esta sexta asturiana conmovió a los presentes con mano firme en el podio y respuesta certera por parte de todos los músicos. González revalidó su magisterio dominando los tiempos globales e internos de cada microcosmos temático, sonoro y anímico en cuatro capítulos, alcanzando una visión de conjunto a partir de sonoridades propias para cada sección, con dinámicas ricas siempre claramente marcadas desde el podio. Cuerda contundente en los graves y tersa en los violines con Mijlin de concertino, permutando violas y cellos para el balance deseado; una legión de madera “desfilando toda a una” rivalizando en calidades solistas; los flancos de metales refulgentes, poderoso octeto de trompas equilibrado en brillos con trompetas, trombones y la tuba colosal de Moen; celestiales celesta y arpas de Danuta y Miriam en feliz comunión; punto y aparte la amplia percusión criticada en su estreno, comandada este viernes por los timbales de Arias, el rico xilófono y el siempre llamativo martillo de Mahler ejecutado por Casanova.

Despliegue humano al servicio de una “Trágica” apasionada, sentida y reteniendo el último hálito de silencio antes del largo aplauso tras el esfuerzo en unir con música lo que otros separan por sordera e incapacidad. Pablo González al frente de esta orquesta idealmente real interpretando al mejor Mahler, acercando lo inalcanzable en nuestra temporada para despedir curso de la mejor forma posible y desde casa.

Clausura con Brahms

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Miércoles 13 de junio, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo (clausura): Lisa Batiashvili (violín), Chamber Orchestra of Europe, Yannick Nézet-Séguin (director). Obras de Smetana y Brahms.

Feliz clausura de un ciclo con figuras de talla mundial, esta vez la violinista georgiana Lisa Batiashvili (Tbilisi, 1979) y el director franco-canadiense Yannick Nézet-Séguin (Montreal, 1975) junto a la Chamber Orchestra of Europe (COE) con Brahms de protagonista total, primero su concierto para violín y después la tercera sinfonía, todavía reciente en la memoria al haberla escuchado hace un mes con Harding y la Orquesta de París, aunque el directo siempre es irrepetible y la grandeza de los maestros hacen que cada interpretación sea única.

La COE solo es de cámara por su nombre porque la plantilla es numerosa e ideal para el programa que presentaban en esta gira que sigue colocando a Oviedo como «La Viena del Norte» español. Sus credenciales quedaron claras con la Obertura de La novia vendida (Smetana) con el enérgico, impetuoso y siempre preciso Nézet-Séguin con una limpieza en la cuerda independientemente de la velocidad sumada a una amplia gama dinámica bien marcada con manos firmes, dispuesta «a la vienesa» que en estas obras se agradece al equilibrar frecuencias, añadiendo un viento impecable igualmente ubicado casi orgánicamente, maderas en el centro con trompetas y trombones juntos a la derecha y trompas en el lado contrario, siendo los timbales el centro final. Un viaje en mi recuerdo del pasado verano en Praga visitando la casa museo de Smetana y sentir cómo la música nos transporta sin movernos de la butaca. Versión vigorosa y cálida llena de matices antes del «Todo Brahms» hasta el final.

Lisa Batiashvili figura en esas listas de jóvenes virtuosos de la extinta Unión Soviética que todavía mantienen una sólida formación heredada de sus mayores, si no queremos llamarlo escuela, está claro que los cimientos son suyos aunque hoy en día la universalización pedagógica ha roto fronteras, pero Georgia es una cantera de intérpretes de apellido difícil y largo recorrido. El Concierto para violín en re mayor, op. 77 de Brahms lo tiene tan interiorizado Batiashvili que simplemente contemplarla es todo un espectáculo. Nézet-Séguin es un experimentado concertador que ya ha dirigido en muchas ocasiones a la georgiana, de quien confiesa es su violinista preferida, sacando de la COE una textura ideal donde el violín solista parece emerger de la propia orquesta cual objetivo de cámara que mantiene el plano y nos acerca el protagonismo sin desenfocar el fondo.

El Allegro non troppo sonó unitario y lleno de color, romanticismo en estado puro, tal vez rápido olvidando el «no demasiado» aunque brillante en textura y melodías claras, entrando el violín aterciopelado en vez de hiriente, un clima sereno y mágico, tensiones contenidas y relajaciones solistas que cortaban el aire, todo encajado al detalle, con una cadencia lánguida susurrada desde el trémolo del timbal. El Adagio arrancó con una madera verdaderamente camerística antes del desarrollo temático, con metales plateados meciendo el inicio antes de incorporarse la cuerda de terciopelo y el violín solista de seda, donde Batiashvili derrochó delicadeza siempre presente desde su Guarnieri «del Gesu» de 1739, disfrutando del protagonismo revestido por una COE ideal antes de atacar el último movimiento jocoso sin velocidades vertiginosas y con el virtuosismo al servicio de las melodías infinitas del mejor Brahms que parecía dejar el clímax emocional para el final, aires zíngaros, contestaciones paralelas, poderío controlado explotando sincronizadamente como traca de fuegos artificiales acompasados por las manos de Nézet-Séguin y el violín de Batiashvili. La propina resultó casi otra obra fuera de programa también con orquesta en un movimiento lento para volver a saborear calidades y matices en todos ellos.

La Sinfonía nº 3 en fa mayor, op. 90 (Brahms) no pudo tener mejor «preparación» porque las virtudes del concierto de violín se ampliaron, Nézet-Séguin frenando tempi para disfrutar cada sección orquestal, cada matiz, cada regulador, contagiando el ímpetu necesario y frenando el mínimo exceso dinámico. Claroscuros románticos y moldeando sonoridades cual ingeniero de sonido, sonido global con el balance justo, leve y suficiente en cada momento melódico de instrumentos, secciones o toda la orquesta. El conocido Poco allegretto al que Frank Sinatra puso letra sirvió para sujetar ímpetu y disfrutar del sonido pulcro de toda la cuerda sin perderse ninguna nota del viento, esculpiendo la orquesta como globalidad, ideal de todo director. El Allegro final remató un concierto brahmsiano bien entendido por el canadiense que la ha trabajado y grabado con «su» orquesta de Filadelfia y en esta gira traducida a la COE uniendo talentos para alcanzar esa sonoridad deseada en toda formación.

PD: del avance para la próxima temporada escribiré un post dada la calidad de intérpretes tanto en las Jornadas de Piano como los Conciertos del Auditorio que alcanzan 20 años.

Amarga despedida tras 27 años

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Viernes 8 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «Música y literatura IV» abono 15 OSPA, Rossen Milanov (director). Obras de Smetana, Tchaikovsky, Kavalevsky y Shostakovich.

Despedía la OSPA su temporada de abono con mal pie y peor sabor de boca, pues conocedores por las redes sociales y la web de la orquesta de los cambios en el último programa, ni siquiera una hoja informativa para un público que merece todo el respeto, aunque se avisase por megafonía. Tampoco lo hacía mejor la prensa escrita «gijonesa» que seguía anunciando el que aparecía en la revista, faltando «cintura» para comunicar el cambio, aunque erraría igualmente citando a Alejandro del Cerro en el Leandro de La Tabernera del puerto jueves y sábado, que lo cantará el uruguayo Martín Nusspaumer.
Sabedores de las programaciones para la temporada 18-19 en casi todas las formaciones, eché de menos un mínimo avance, aunque fuese fotocopiado, de las Perspectivas de la OSPA, pues se presentaban a los medios de comunicación por la mañana y solamente algunas «píldoras» en Twitter más la nota de prensa en el Facebook de la orquesta y su página web avisaban de ello, enterándome de esta forma que al director titular se le ha vuelto a renovar o prorrogado contrato, desconociendo la trastienda en unos tiempos donde la transparencia es obligada.

Quienes me leen conocen mi descontento cada vez mayor con el titular en los repertorios «de siempre» (de los estrenos lógicamente no tengo referencias) y a la vista de los hechos, colmándose el vaso con unos gestores que parecen acomodados en una inercia que no me gusta, solo me queda divorciarme o si se prefiere suspender temporalmente mi relación de veintisiete años como abonado de la OSPA, a la que seguiré como aficionado eligiendo conciertos puntuales hasta que corran nuevos aires en una orquesta que pagamos todos los asturianos aunque la disfrutemos unos pocos, sin olvidar que está en un momento óptimo pero delicado pues puede verse abocada a seguir perdiendo seguidores y debiendo afrontar en breve una renovación mayor. Retirar mi «aportación» de 230 € para 15 conciertos desde la Fila 13, butaca 18 es lo único que me queda para quejarme. El restaurante me gusta, la carta es excelente y los productos de calidad, pero cuando no me agrada cómo se cocina solo queda devolver el plato y esperar que en la siguiente visita mejore, aunque pasados estos años repitiendo errores la confianza está perdida y dejaré de comer aquí, aunque como dice mi admirado Paco «La OSPA siempre merece la pena» y como ves ¡no me pasará!.

De la música que sonó este viernes unas pocas pinceladas, pues el cabreo me impide ahondar en más detalles y no puedo llamar Maestro con mayúsculas al desconcertante titular para quien no tengo más calificativos, no dirige ni conduce (los ingleses lo llaman «conductor»), simplemente gesticula por libre llegando a finalizar cada obra con un nuevo «muestrario» desconocido al que sumar «la Termomix©», «el barrido» o el «manos arriba» (sin atraco). Si se quiere llamamos a Chicote pero la «experiencia Milanov» ha sido para olvidar. Orquesta ideal en número y calidades para unas obras donde primó lo soviético y que piden siempre más, comenzando con B. Smetana y Mi tierra, El Moldava. Este río no fluyó, las dinámicas caprichosas, cambios de aire forzados y una simpleza que no logró recordarme Praga.
La potencia romántica de Chaikovsky con Romeo y Julieta: obertura: fantasía careció de la entrega amorosa esperada, el ardor resultó incendio asesinando a Julieta con un despliegue sonoro carente de mimo, solo salvado por la profesionalidad de unos músicos que acatan órdenes demasiado chocantes para un mínimo de sensibilidad, pidiendo estar al servicio de las obras y no servirse de ellas como he ido comprobando en demasiados conciertos.

La segunda parte un plato nuevo con D. Kabalevsky y su Colas Breugnon: obertura, op. 24 de claras reminiscencias yanquis, fuegos de artificio y muy aparente, rítmicamente agradecida pero falta de sal. Todo lo contrario de la esperada Sinfonía nº 6 en si menor, op. 54 (D. Shostakovich), el plato fuerte para cerrar temporada donde pasamos de la sosa monotonía inicial de bostezo al esperpento caricaturizado final pese a una cuerda primorosa aunque empapizada, para dejarme el último bocado con tanta sal gorda que me fue imposible saborear un manjar con productos de primera. Lo dicho, este restaurante lo tacho de mi lista y solo entraré en jornadas gastronómicas con invitados que aporten y no me aparten.

El oso bailó

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Viernes 1 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Inspiración IV, abono 14 OSPA, Shai Wosner (piano), Rossen Milanov (director). Obras de Silvestrov, Mozart, Britten y Haydn.

Crítica para La Nueva España del domingo 3, con los añadidos de links, notas al pie, fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva:

La temporada llega a su recta final y junio nos devolvía al titular para los dos últimos conciertos de la OSPA, esta vez junto al pianista Shai Wosner con quien ya ha trabajado en EEUU. Cuarta “inspiración” bien explicada en la conferencia previa de Israel López Estelche (1) explicando y razonando el vínculo de los cuatro compositores del programa que le hubiera venido bien más público para entender aún mejor los emparejamientos del decimocuarto concierto al que se cambió el orden previsto para darle mayor coherencia.

Unir a Valentin Silvestrov (1937) con Mozart sin pausa, como una obra única para la primera parte, quedó bien por ser ambas con el mismo solista aunque obligase a permanecer ya sentados al viento y los timbales durante “El mensajero” para cuerdas y piano (1996) antes del concierto nº 21 del genio de Salzburgo pero dando unidad desde el “sonido Mozart” que se aprecia y cita el ruso como Picasso a Velázquez y Las Meninas. Primero el piano sumaría texturas más que solista, pedales creando una atmósfera lineal y plácida con esbozos temáticos, engrandeciendo a la cuerda, verdadera protagonista que no puede sonar mejor en cualquier repertorio, aquí aunando dos clasicismos, volviendo a brillar con luz propia desde un cuidado estatismo que prepararía al mejor Mozart con una óptica compositiva cercana. Símil pictórico trasladable a la cocina como deconstrucción de un plato tradicional bien digeridos ambos por un auditorio que sigue dando la espalda a estos menús, siendo preocupante comprobar tantas butacas vacías.

Sutil continuidad con el concierto de Mozart popularizado en el cine como “Elvira Madigan” que nunca defrauda y sigue impresionando por su belleza. Wosner (2) marcó estilo limpio y contenido que hace parecer fácil lo difícil, con Milanov en su incomodidad habitual para estos repertorios, que tras Silvestrov solo necesitaba dejar escucharse a la orquesta con el solista realmente encajando una música perfectamente escrita y difícil pasarla de punto. Andante publicitario entre dos “Allegros” brillantes, bien balanceados y con cadencias originales, cita operística incluida, realmente para lucimiento del pianista. La propina continuista en estilo y recogimiento: el Andante de la Sonata 13 de Schubert.

El segundo emparejamiento BrittenHaydn era lógico tras el primero, dando protagonismo nuevamente a la cuerda sola con las Variaciones sobre un tema de Frank Bridge antes de completarse formación para la sinfonía nº 82, repitiendo virtudes y defectos nunca a partes iguales.
Mejor llevada la nueva cocina, de aparente escasez en el plato, que el “oso sinfónico”, resultando más el que se comió a Favila que los de Xuanón de Cabañaquinta abrazados hasta la muerte.

La OSPA siempre condimento perfecto para unas obras no servidas como se merecen. Britten engordado de camerata a orquesta pero en su punto, pese a demandar mayor exigencia a toda la cuerda, un orgullo por homogénea, tensa, disciplinada, sonido puro en el vals vienés (séptima variación) más que intención, al faltar mando en una batuta pasada de vueltas como Thermomix© equivocada. Impecables los pasajes rápidos (Moto perpetuo octava y regalo de primeros violines melódicos como uno solo con pizzicati del resto cual gigantesca mandolina), emocionantes lentos y así cada variación de los Tres idilios para cuarteto de cuerda que el alumno Britten engrandeció hasta la Fuga y Finale de vértigo bien ejecutado.

La parisina Sinfonía nº 82 de Haydn tras las variaciones del británico, no mantuvo la tensión, el carácter humorístico del Finale vendría por falta de compenetración entre música y podio danzante, a pesar de la belleza de sus cuatro movimientos. Oso bailarín con gaita asturiana y no musette francesa aunque mejor olvidar el “estilo Rossen” sustituyendo la “experiencia Milanov” de su primera temporada. Imposible saber por sus gestos si el ritmo es binario o ternario, las dinámicas venideras o pasadas, danzar en vez de marcar, otro año corroborando que su repertorio, como los platos, no es el tradicional y básico en la alimentación de los melómanos asturianos. Lástima nuevamente que una orquesta en madurez total, demostrada con los distintos directores invitados, no se mantenga para este final, esperando que la “Pesadilla en la cocina” traiga un Master Chef.

Notas: (1) Israel López Estelche, autor de las notas al programa en la revista nº 20 y enlazadas en los autores al inicio. Su concierto de cello programado como cierre de la temporada se ha pospuesto para la próxima.
 (2) Entrevista en OSPA TV con el maestro Wosner.
P. D.: Reseña de Andrea G. Torres en La Nueva España del sábado 2.

Herencia soviética

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Lunes 28 de mayo, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del AuditorioMischa Maisky (violonchelo), Orquesta Sinfónica Estatal de Lituania, GintarasRinkevičius (director). Obras de Respighi, Chaikovski y Bruckner.

Crítica para La Nueva España del miércoles 30, con los añadidos de links, fotos propias y tipografía:

Entre las vecinas Lituania y Letonia se organizó esta gira europea con parada en Oviedo, “La Viena del Norte”, la orquesta estatal fundada juvenil por Gintaras Rinkevičius (Vievis, 1960) para ir creciendo juntos en la capital Vilna, y el letón Mischa Maisky (Riga, 1948), verdadera figura mediática del cello bien apoyada por “el sello amarillo” y presumiendo haber sido alumno de Rostropóvich, con una primera parte preparada a la medida de este “santón” mimetizado con su cello de sonido increíble y procedencia desconocida para los mortales.

El Adagio con variaciones de Respighi lo tiene Maisky entre sus obras preferidas antes incluso de peinar canas, ideal en duración y protagonismo, de principio a fin, carácter melódico bien arropado por la orquesta lituana y su titular siempre atento al solista que era quien realmente mandaba, brillando con la claridad y brillantez aunque algo falta de intensidad de la partitura del compositor italiano, destacando la bellísima réplica del corno inglés.

Es imposible explicar cómo es la sonoridad rusa pero quienes hayan escuchado orquestas de la antigua URSS me entenderán. Las Variaciones rococó de Chaikovski sirven de ejemplo, desde el cello de Maisky al que el tiempo da rotundez y quita limpieza, hasta los lituanos en plantilla equilibrada para acompañar al letón con la cuerda empastada, sedosa, tensa y unida, de presencia uniforme, sumando una madera impecable y una trompa solista perfecta para no empañar la exposición de ese tema que tiene algo de británico con la melodía orquestada con la marca inimitable del compositor ruso. Estos mimbres armaron una interpretación puramente soviética en cada una de las siete variaciones, luciéndose todos, Maisky y Rinkevičius con sus pupilos, nombres de jugadores de baloncesto, poseedores de una técnica impoluta pero algo fríos, faltos de unas emociones que no se estudian, con detalles más que visión global. Probablemente las partes solas de Maisky fuesen las pinceladas sinceras de una velada más cercana al grabado que al óleo, aunque las líneas siempre estuviesen claras independientemente del grosor, y la exactitud en los cambios de ritmo digna de admiración.

El regalo tenía que ser también de Chaikovski tras las algo frías variaciones, y nada mejor que el aria de Lensky (de Eugene Onegin) cambiando tenor por cello de Misha, lo más cercano a la voz humana nuevamente revestida a medida por la sinfónica estatal lituana con Gintaras al frente en complicidad muy preparada.

Plantilla esperada en los antiguos soviéticos bálticos más que suficiente para la Sinfonía “Romántica” de Bruckner, su cuarta revisada varias veces (como el Chaikoski de las variaciones), número de catálogo WAB 104 y la única con subtítulo puesto por el propio compositor austriaco que jamás encontraba el resultado deseado, un auténtico “loco revisionista” nunca contento con sus obras sinfónicas. Cuatro movimientos inmensos e intensos de inspiración medieval, casi operística que hoy entenderíamos mejor desde el cine en blanco y negro, como los grabados de la primera parte. El primer movimiento se hizo eterno pese a los matices y dinámicas; el segundo Andante un placer en la cuerda siempre disciplinada, uniforme y presente; el Scherzo tercero una caza sin recompensa con buen protagonismo de los bronces, lo mejor y más romántico de esta cuarta; para el último Finale retomaron sombras y oscuridades con destellos de emociones trazadas con cierta contención en ese inmenso “tutti” orquestal conclusivo por el director fundador de esta sinfónica lituana que tiene calidad en todas sus secciones, con solistas acertados, amplia gama dinámica pero todo bajo el férreo control de Rinkevičius. Personalmente esperaba más pasión y menos contención sin negarles el respeto a la partitura (versión 1880), impecables los metales de sonido organístico brillando como los dibujos a tinta china cuyas sombras a base de finas líneas muy pegadas dan volumen sin color, aunque la riqueza de los grises tenga su propia dificultad. Romanticismo bruckneriano con cuerda brahmsiana para una cuarta bien cargada aunque descafeinada.

El regalo sorpresa tras dos horas largas, con prisas de despertador en parte del público, Libertango de Astor Piazzolla en arreglo sinfónico de tintes armenios para sacar a los percusionistas que no actuaron y reafirmar el virtuosismo orquestal (no entendí el acelerando enloquecido) que coloreó la bella fotografía original en blanco y negro del barrio de Boca para convertirla en Klaipeda, la ciudad portuaria de una Lituania europea pero todavía con herencia soviética, al menos en lo que a música se refiere. Con ella seguiremos para clausurar estos Conciertos del Auditorio el miércoles 13 de junio con la violinista georgiana Lisa Batiashvili y la Chamber Orchestra europea dirigidos por el franco-canadiense Yannick Nézet-Séguin.

Cuando la música fluye

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Viernes 25 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «Orígenes III», abono 13 OSPA, Vicente Mascarell (fagot), James Ross (director). Obras de Ligeti, Mozart y Brahms.

El decimotercer concierto de la temporada de abono de la OSPA tendría al fagot como protagonista, primero con la conferencia en la sala de cámara una hora antes a cargo de John Falcone, Una breve e interactiva historia del fagot siempre amena, simpática (¡no es un oboe!), incluso trayendo un bajón barroco y hasta un trozo de madera para explicar el origen de este instrumento único, ampliando la historia breve con vídeos curiosos de este neoyorkino afincado en Noreña y enamorado del instrumento para el que Mozart escribiría su único concierto, que escucharíamos más tarde por su compañero Vicente Mascarell.
El título «Orígenes III» supongo haga referencia al genio salzburgués sin el que la música no sería la misma, junto a sus acompañantes Ligeti y Brahms de quienes mi admirada doctora Mª Encina Cortizo nos deja unas excelentes notas en el nº 20 de la revista (abril-junio de 2018) que recoge la página de Facebook© de la orquesta y dejo enlazadas en los autores al inicio de esta entrada.

Otro «descubrimiento» el director y trompista bostoniano James Ross, «amante de todo lo español, excepto las corridas de toros« con el que la formación asturiana demostró empatía y comodidad en las tres obras, mimando la sección que él conoce bien para que alcanzase cotas de calidad en empaste, sonido aterciopelado y hasta el guiño de poner fuera de escena a Morató en el Concierto rumano (1951) de György Ligeti que abría el concierto, la «trompa alpina» como excelente tarjeta de presentación para todos. Hubo momentos mágicos en la conjunción del folklore rumano con el lenguaje instrumental bien entendido desde el podio, la pulsación rítmica y las intervenciones de los solistas de la OSPA nos dejaron calidades totales en color, dinámicas amplias, sonoridades delicadas y presentes, especialmente la cuerda, homogénea desde los graves que comienzan la obra solos, bien seguidos por una madera en estado de gracia, unos metales siempre acertados y la percusión precisa como en ella es habitual, asegurando un empuje alegre y colorista. Si el tercer movimiento Adagio ma non troppo es el Ligeti que el cine haría popular (como recuerda Cortizo), los tres movimientos restantes rinden culto a sus compatriotas Bartók y Enescu, las danzas populares junto a la herencia judía traducidas en una interpretación óptima que quedó registrada para Radio Clásica.

Vicente Mascarell protagonizaría su momento como solista dando el paso al frente y demostrando la calidad de los músicos de esta orquesta de todos los asturianos, una oportunidad que el valenciano (entrevistado en OSPATV) no dejó escapar para brindarnos el bellísimo Concierto para fagot en si bemol mayor, KV 191/186E (1774) del genio de Salzburgo, único para ese instrumento que el siempre joven Mozart escribiría con esa peculiar marca de la casa, puro clasicismo que hace «cantar» al instrumento, aquí el noble fagot con Mascarell unificando color en todo los registros. Virtuoso, presente gracias a una concertación bien entendida por Ross que con María Ovín de concertino en esta partitura, comandó una cuerda aterciopelada, limpia, precisa y siempre dejando escuchar al solista. Las cadencias sonaron rotundas y brillantes, con un Andante ma adagio casi operístico, bien escoltado por el primer Allegro luminoso de reguladores controlados y el alegre Rondo: Tempo di menuetto final, verdadera delicia para un auditorio de nuevo con muchos huecos pero rendido a intérpretes y solista, que todavía nos regalaría una excelente «Zarabanda» de Bach.

El maestro Ross, también en OSPATV con Fernando Zorita, dirige con gesto claro pero enérgico, dejando fluir la música y «obligando» a los músicos a escucharse, contestarse unos a otros, empastar y empatizar, manteniendo un sonido propio que se ha logrado con muchos años y trabajo conjunto, cerrando con la Serenata nº 1 en re mayor, op. 11 de Brahms una velada agradecida. Optar por esta obra en vez de cualquier otra sinfonía permitió volver a disfrutar de toda la orquesta, suma de intenciones e intervenciones, seis movimientos llenos de la firma del hamburgués cual esbozados homenajes a los grandes Haydn o Beethoven, sinfonistas con un mimo casi camerístico pese a la instrumentación «ampulosa» por la que Brahms optó para esta serenata. El uso acertado del viento con unas trompas afinadas al fin además de melódicas en sus fraseos, junto a las combinaciones instrumentales especialmente de la madera (un auténtico placer escuchar y ver cómo la interpretaron), hicieron brillar aún más una cuerda bien templada, tersa a la vez que dulce, limpia, unida, equilibrada en cellos y contrabajos, impregnando de calidad una versión que James Ross entendió con la delicadeza necesaria y el ímpetu docente que no mengua con los años.

Obra exigente a nivel global que el norteamericano entendió con dinámicas variadas buscando el dramatismo romántico aunque se quedase algo corto en fuerza pero melódico a más no poder, claro en las exposiciones, atento a los protagonismos de cada solista como hizo notar en los merecidos aplausos finales, levantando secciones completas por ese resultado de conjunto que volvió a dejarnos lo mejor de la OSPA sonando como el maestro Ross quiso en todo momento, disciplinada.

Quedan los dos últimos conciertos de junio con el regreso de Milanov para cerrar temporada (de la que se ha caído y pospuesto el estreno de López Estelche con Adolfo Gutiérrez Arenas), esperando sean más de «MasterChef» que «Pesadilla en la cocina«, tocando madera para conocer pronto el próximo curso 2018-19 que muchas otras formaciones y entidades ya han hecho públicas.

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