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Celebrando Mozart y Beethoven en Pamplona

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Viernes 13 de diciembre, 20:00 horas. Pamplona: Baluarte, Concierto 5, Temporada OSN «Colores». Beatriz Díaz (soprano), Orquesta Sinfónica de Navarra, Manuel Hernández-Silva (director). Obras de Mozart y Beethoven. Entrada butaca: 30€.

Sigue el tándem Díaz y Hernández-Silva para disfrutar a Mozart y Beethoven al que ya estamos celebrando antes de sus 250 años el próximo 2.020, y el maridaje de la soprano asturiana con el director hispanovenezolano sigue dando sus frutos tras el Fidelio malagueño en este segundo concierto del abono de la orquesta navarra de la que Manuel Hernández-Silva es su titular, tres sesiones en el inmenso auditorio de Iruña más hoy sábado en Tudela, descubriendo la faceta sinfónica con la soprano asturiana no ya en un Mozart que domina hace tiempo sino con un Beethoven que abre aún más la paleta vocal en el siempre agradecido idioma italiano.
Programa organizado con ese acento vienés de los dos grandes, obertura más aria de ambos en la primera parte más la poco escuchada «Segunda» del Sordo de Bonn.

Desde los primeros acordes de la Obertura de «La Flauta Mágica«K 620 (Mozart) se notó la complicidad entre la orquesta navarra y Hernández Silva, claridad en todas las secciones, agilidades precisas, amplia gama de matices y la sensación de fluir permanente antes de atacar el Aria de concierto Misera, dove son, K 369 con la soprano Beatriz Díaz, nueva incursión en un repertorio difícil pero en el que se mueve con seguridad, graves que han tomado cuerpo, potencia sin contención junto a pianísimos sobrecogedores que fluyen por la sala con facilidad (y estaba sentado en la fila 26), amplitud de recursos junto a su conocida musicalidad para esta página mozartiana felizmente arropada por una formación que con Manuel Hernández-Silva siempre mima la voz.

El homenaje a Ludwig van Beethoven lo comenzó la Obertura de Las criaturas de Prometeo op. 43, todavía con ese clasicismo vienés de aires haydinianos más que mozartianos, aunque parezca flotar la venganza de Don Juan, la escritura que apunta los contrastes románticos pero sin las rotundidades que vendrían al final del concierto. Y a continuación nueva Aria de concierto Ah, pérfido op. 65 con una Beatriz Díaz pletórica, recitativo orquestal de vértigo, emisión y dicción clara, gama amplísima de matices que en su voz siempre son un regalo, dramatismo en el texto siempre «legible» y el subrayado musical lleno de sutilezas, con la orquesta escuchando y la batuta dejando que cada nota sean pinceladas, fondo de lienzo y redondeo total de perfección entre solista e instrumentos, una perla musical que está al alcance de pocas formaciones y sopranos, para otra nueva lección de buen hacer. El público se entregó a la cantante asturiana obligada a saludar repetidas veces junto al maestro hispanovenezolano. Una delicia que espero sea simplemente un aperitivo para la soprano en este repertorio con orquesta más allá de la ópera que en su caso puede compaginar sin etiquetarse en ninguno y haciéndonos disfrutar con todo lo que canta.

De regalo nuevamente Mozart y el aria Dove sono de «Las bodas de Fígaro», piel de gallina cantada por la allerana, microrrelato lleno de entrega, gusto, elegancia, con una orquesta que escucha y siente llevada por el director hispanovenezolano desde el recitativo hasta esa maravillosa página, transmitiendo seguridad y magisterio en el siempre difícil de la dirección. Como dice nuestro querido amigo común eMe «BraBoo!».

Impresionante la segunda parte con la Sinfonía nº 2 en Re Mayor op. 36 de Ludwig van Beethoven, la más clásica abriendo camino con la firma irrepetible del genio. El primer movimiento I. Adagio molto-Allegro con brio marcaría el sentido que imperaría en toda ella, claroscuros nítidos, luminosos, contrastes ricos y una orquesta de primera a la que Hernández-Silva lleva de la mano, marcando lo necesario para dejar disfrutar la calidad de todas sus secciones y solistas. El II. Larguetto pudimos recrearnos con un equilibrio desde la belleza instrumental casi coral, casi sin batuta antes del III. Scherzo: Allegro verdaderamente juguetón y «bromista», una cuerda aterciopelada, una madera (a dos) inspirada y unos metales (dos trompas y dos trompetas) contenidos, afinados, junto a los timbales precisos mientras en el podio el baile innato llevaba este movimiento hacia el Beethoven en estado puro del IV. Allegro molto, poderoso, sentido y consentido, con sentido clásico diáfano heredero del Mozart inicial redondeando una celebración vienesa en el Baluarte pamplonés que continuará esta tarde de sábado en Tudela. La Orquesta Sinfónica de Navarra camina con paso firme de la mano de Manuel HernándezSilva al que se le nota feliz con ella en esta su segunda temporada, madurez que deja poso.

Disfrutando a pares

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Sábado 30 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Lucas y Arthur Jussen (piano), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Obras de Brahms y Poulenc.

No hay mejor manera de terminar noviembre y una semana musicalmente plena que a pares, con dos obras de Brahms, un concierto para dos pianos y dos hermanos, más dos compositores que en el tándem Oviedo Filarmonía y Lucas Macías resultaron redondos en todos los sentidos.

La orquesta ovetense está pletórica y su titular contagia una alegría a la formación, un «buen rollo» desde su elegancia en la dirección, entrega y dominio de las obras trabajadas que la comunicación entre músicos y público, de nuevo con una entrada satisfactoria, fluye. Memorizar a Brahms supone conocer las obras al detalle, transmitir conocimiento y seguridad a todas las secciones, confiar en un resultado óptimo que aún no ha tocado techo, y el maestro Macías Navarro seguirá dándonos muchas alegrías. Contar además con unos solistas simpáticos, en completa empatía que suma calidades como en el caso de los hermanos Jussen, siguen elevando el listón de estas jornadas de piano con la orquesta de casa, concertación exquisita y entrega total para dejarnos un concierto donde tampoco faltaron propinas a pares en un suma y sigue de excelencias.

Brahms de inicio y cierre marca diferencias, primero la Obertura trágica, op. 81 donde la sonoridad no tuvo pegas, las dinámicas suficientes para poder escuchar todo lo escrito con total limpieza, unos metales en estado de gracia, una madera delicadamente precisa, los timbales siempre mandando para transmitir decisión y especialmente la cuerda, creciendo en calidad por empaste, claridad, cuerpo en los graves, tersura y presencia que permite un balance de volúmenes muy cuidado, seguridad además de convencimiento con el podio, claro y elegante, auténtico mago de los contrastes separando con delicadeza cada plano de la masa orquestal que en el maestro de Hamburgo está cuidado al detalle. Como dicen las notas al programa de Juan Manuel Viana (enlazadas al inicio con los autores), «fogoso movimiento sinfónico en forma sonata de gran aliento dramático cuyo ímpetu rítmico, de acentos beethovenianos, cede solo en la sección intermedia, más lírica y reservada«, perfecta traducción de una escritura cuidadosa que es necesario desentrañar, y el titular de la OFil lo hizo hasta el más pequeño detalle.

Y no se puede pedir más de la Sinfonía núm. 1 en do menor, op. 68, cada movimiento creciendo en sentimiento, monumental, apasionada desde la introducción, toda la orquesta ganando en calidades, escuchando todo lo escrito con el balance ideal para disfrutar y paladear esta heredera del genio de Bonn en la creación de su primer admirador y calificada por Von Bülow como «la décima de Beethoven«. Tiempos bien contrastados, una agógica llevada con mimo por el maestro onubense contestada con rigor por sus músicos, intervenciones solistas llenas de talento, gama rica de matices con autoridad y respuesta inmediata, compenetración global para dejarnos una «primera de Brahms» que recordaré mucho tiempo, digna de formaciones de renombre que cerrando los ojos nadie diría que sonaba con nuestra orquesta y su titular. Gratitud total que también nos dejó de regalo, ojalá no se pierda esta buena costumbre, una orquesta reforzada para poner en todo lo alto este último sábado de noviembre.

Las figuras de la velada fueron los hermanos Jussen, Lucas y Arthur, en el Concierto para dos pianos y orquesta en re menor de F. Poulenc, con una orquesta ideal detrás y un concertador de primera como Lucas Macías Navarro. Entendimiento fraternal casi mágico, sonido potentemente delicado, entregado, virtuoso y compartiendo protagonismos, desde el Allegretto inicial misterioso a la par que melancólico, hasta el desenfadado Allegro molto siempre actual, pasando por esa maravilla de Larghetto de tintes mozartianos en una obra atemporal y casi centenaria donde los dos pianos redondean una tímbrica ideal. Química entre solistas, orquesta y podio que nos permitieron disfrutar de esta página difícil de escuchar en vivo con esta calidad.

Los hermanos Jussen, muy aplaudidos tras conectar desde su juventud y naturalidad, nos regalaron unas variaciones de Igor Roma de lo más personales, juguetonas y brillantes sobre la Sinfonía 40 de Mozart con final de «soldado americano» de Carosone, más cuatro manos delicadas y vigorosas verdaderos «juego de niños», Jeux d’enfants, op. 22 (Bizet) que redondearon un final de mes para el recuerdo.

De nuevo Liszt y más Beethoven

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Viernes 29 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: OSPA Abono 3, Beethoven 250: Denis Kozhukhin (piano), Garret Keast (director). Obras de Beethoven y Liszt.

A veces los programas de los conciertos presentan conexiones «inexplicables» y en menos de cinco días volvíamos a escuchar el Concierto para piano y orquesta nº 1 en mi bemol mayor, S. 124 de Liszt aunque hayan sido dos mundos casi irreconciliables y apostando por colocar el concierto único en la segunda parte en vez de mantener el orden casi secular de obertura, concierto solista y sinfonía.

La OSPA, este tercero de abono con Elena Rey de concertino, continúa sin director titular y esta vez el invitado fue el norteamericano  Garret Keast, entrevistado en OSPATV, que se mostró buen concertador, de gesto claro pero que no aportó nada nuevo a un programa donde Beethoven volvió a ser el «homenajeado» antes de conmemorar sus 250 años en 2.020.
Es de agradecer escuchar la poco habitual obertura de Las criaturas de Prometeo, op. 43, que pone a prueba a cualquier orquesta y así parecieron tomárselo, «calentando dedos» toda la cuerda en un inicio impetuoso e inseguro donde se vio claramente que el objetivo primordial estaba en cuidar las sonoridades. Buen balance en todas las secciones de la formación asturiana pero sin la garra esperada para un Beethoven al que se le supone esa carga emocional llena de contrastes en esta obra de 1801 aún clásica en factura pero ya con el sello del genio de Bonn y cercana a la sinfonía que cerraría el concierto.

Para la segunda parte nada menos que la Sinfonía n.º 3 en mi bemol mayor, op. 55, “Eroica”, supongo que casi en la genética de toda formación sinfónica y abecedario casi biblia directorial de toda batuta, por lo que se hace complicado conseguir algún detalle diferenciador por parte de todos. De nuevo faltó «punch» a pesar de la claridad de todas las secciones de la OSPA que vuelven a brillar como en los mejores tiempos aunque pecasen de mayor entrega. Alejandro G. Villalibre en las notas al programa (enlazadas al principio en los autores) escribe del «primer movimiento desafiante, altivo y pretendidamente iconoclasta. Desde la decisión de orquestar utilizando tres trompas (lo canónico hubiese sido utilizar dos), hasta sus poderosos y extensos clímax, el autor establece las bases del denominado ‘segundo estilo’ en su producción». Cierto que Keast no acertó en su visión de esta Heróica, con un I. Allegro con brio que pareció caerse en intensidades y tempo, todo muy pulcro pero sin convencimiento ni nada de lo apuntado sobre esta maravilla sinfónica. Probablemente tocó el resorte adecuado para la II. Marcia funebre (Adagio assai) más centrada por parte de todos, jugando con un sonido redondeado y equilibrado, destacando los motivos, ayudado en parte por la disposición de violines enfrentados que logra unas dinámicas ricas por parte de toda la cuerda, presencias claras en las distintas intervenciones de los primeros atriles y ese ambiente donde lo fúnebre tiene motivos de esperanza divina. Irregular también el III. Scherzo (Allegro), falto de mayores claroscuros aunque todo en la línea de aseo y corrección del concierto, con el IV. Finale (Allegro molto–Poco andante–Presto) más entregado y marcado, puede que por el empuje de la propia partitura con esa orquestación o incluso parafraseando al doctor Villalibre con «un ciclón en las cuerdas» que se quedó en ventolera. La magnitud de «La Tercera» sobrepasa cualquier interpretación y es un placer escucharla siempre, pero debemos exigir siempre más pasión y entrega en un Beethoven al que esta temporada escucharemos sobremanera.

El Concierto para piano y orquesta nº 1 en mi bemol mayor, S. 124 de Liszt nos trajo de nuevo a Oviedo al ruso enamorado de España Denis Kozhukhin (también en OSPATV en un castellano muy correcto) para volver a disfrutar de esta inconmensurable página concertística en su versión sinfónica al completo –la de Argerich y la Kremerata fue con el arreglo para orquesta de cuerda de Gilles Colliard– que no resistió la comparación con el domingo pasado a pesar de contar con todo el arsenal orquestal. Demasiado cercana en el tiempo aunque el maestro Keast concertó a la perfección con Kozhukhin quien apostó desde un virtuosismo esperado y nunca vacío (como él mismo comentaba en la entrevista para La Nueva España que dejo al final de esta entrada), por el vigor, la potencia y la sonoridad plena, desde ese arranque en octavas fuerte y expansivo, el Quasi adagio que nos dejó los mejores momentos de la velada, para ir ganando hasta el final en buen equilibrio con una orquesta centrada, atenta a los detalles desde el podio y disfrutando en primera fila cada intervención del ruso.
Los dos regalos de una Romanza sin palabras«La canción del gondolero» op. 30 nº 6 (Mendelssohn) y una Primavera, Op. 43 nº 6 (Grieg) dejaron constancia del gran pianista que es Denis Kozhukhin con una riqueza de matices, un sonido limpio y una musicalidad aún mayor en estas propinas solo. Me hubiera gustado que el concierto hubiese acabado con él, pero organizar los programas también tiene opiniones para todos los gustos.

Eternamente joven Argerich

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Domingo 24 de noviembre, 19:00 h. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”:
Martha Argerich (piano), Mate Bekavac (clarinete), Kremerata Baltica. Obras de Bach, Busoni, Kremer, Weinberg y Liszt.
Reseña rápida para La Nueva España del lunes 25 desde el teléfono móvil, con los añadidos ya en casa de links (siempre enriquecedores y a ser posibles con los mismos intérpretes en el caso de las obras), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Primera visita esta temporada de la eterna Argerich nombrada artista en residencia de estas jornadas, junto a los bálticos de Gidon Kremer, otro “habitual” en Oviedo, de gira española con parada obligada en “La Viena del Norte” español y una excelente entrada para un público algo acatarrado en los movimientos lentos y pianissimos en parte por un aire no acondicionado al gusto de todos.

El fundador de la formación nórdica aunque solo presente como instrumentador de la Chacona en re menor de Bach (a partir de Busoni) es capaz de seguir redescubriéndonos al kantor de Leipzig y más con una orquesta de cuerda poderosamente delicada, compacta y de amplísimas dinámicas comandada por el concertino Dzeraldas Bidva que “hace de Gidon” con igual maestría. Inicio grabado de clave y final de violín encajado por la Kremerata al milímetro.
Otro redescubrimiento del maestro letón es Miezyslaw Weinberg (1919 – 1996), cuya Sinfonía de cámara nº4, op. 153 en cuatro movimientos resulta una autobiografía oscura y dolorosa de este compositor que con el clarinete de Bekavac parece narrar cada etapa con esas reminiscencias de folklore “klezmer” como notas luminosas de esperanza incluyendo las pinceladas del triángulo en el Andantino – Adagissimo final con un excelente Mate Bekavac ejerciendo tanto de virtuoso como ensamblado tímbricamente en el sonido báltico.

La esperada Martha llenaría de más música una segunda parte con Bach siempre presente que en la interpretación de la porteña alcanza cotas sublimes. La Partita núm. 2 en do menor, BWV 826 para piano solo es un testamento vital tanto en lo escrito como en lo escuchado, magisterio de juvenil madurez con balances increíbles, limpieza expositiva y tiempos contrastados de hondura inexpresable en sus seis movimientos con ese Capriccio final pura medicina también para la propia tos de la argentina.
Y madurez juvenil, impetuosa, brillante, vibrante para Liszt y su Concierto para Piano nº1 en mi bemol mayor, S. 124 con la Kremerata casi sinfónica por sonoridades incluido el triángulo. Majestuosa Argerich mandando, valiente de principio a fin con un ímpetu sin perder calidad en nada, emocionando y empatizando con todos desde su eterna juventud pianística.

Propina bachiana para el padre de todas las músicas y esperando ya la próxima visita esta temporada.

Femenino plural

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Viernes 8 de noviembre, 20:00 horas. Oviedo, Auditorio “Príncipe Felipe”: Conciertos del Auditorio. Carolin Widmann (violín), Joana Carneiro (directora), Oviedo Filarmonía. Obras de R. Rodríguez, Beethoven y Prokofiev.

Programa netamente femenino, singular y plural, desde la directora portuguesa hasta la violinista alemana pasando por una compositora ovetense que sigue dándonos muchas alegrías, y en un formato que me gusta al dejar el concierto solista para la segunda parte en vez de cerrando la primera.

A Raquel Rodríguez (Oviedo, 1980) la descubrí en Avilés dentro de la Semana de Música Religiosa de Avilés de 2.009 con su Oración para coro y orquesta que me dejó gratamente impresionado y de quien hacía constar era «digna de comenzar a figurar en los programas de cualquier sala de conciertos«. Por fin vuelvo a reencontrármela en este auditorio de su ciudad natal con su Connection to Mars (estrenada el 4 de noviembre de 2015 en la Fundación Juan March para sus 60 años) a cargo de la sección de cuerda de una Oviedo Filarmonía cada vez mejor, versátil, madura en todos los estilos que abarca su larga trayectoria y con una dirección a cargo de la portuguesa Joana Carneiro, a quien ya recordaba con la OSPA en febrero de 2014 también con Beethoven presente (entonces la Séptima).
La obra de la compositora carbayona la describe perfectamente Ramón Sobrino en las notas al programa (enlazadas en los compositores al inicio de esta entrada) reflejando igualmente las propias del maestro José Luis Temes que la estrenase en Madrid: «En el anuncio previo se comenta que “sobre un ritmo repetitivo y enérgico, la compositora pretende reflejar el continuo «hacer y transformar» que ha caracterizado a la Fundación durante estos sesenta años… la obra “puede tener como arranque compositivo un mundo que interesa especialmente a su autora: el de las energías que fluyen constantes y motrices, sobre ritmos repetitivos, como un discurso energético continuo que nos entrelaza a unos y otros, transformándose sin tregua«. Tratamiento actual de una cuerda clara, presente, afinada, con la directora lusa de amplia gestualidad marcando todo en los 9 minutos que dura aproximadamente la obra, con una energía que parecía saltar del atril a todo su cuerpo, casi danzante y por momentos frenético. El título que juega con la fonética del planeta Marte –Mars en inglés– y la del apellido March, tiene recuerdos o si se prefiere «conexiones» con su homónima de Holst desde una tímbrica muy cuidada, jugando con momentos de percusión en la cuerda grave y unas texturas de lo más cinematográficas como alumna aventajada de sus maestros, entre los que debemos recordar a Alfonso Ordieres, Leoncio Diéguez, Antón García Abril o Zulema de la Cruz entre otros. Poseedora de un lenguaje musical cercano que gustó a todo el público que premiaría con una larga ovación tanto a la obra como a la compositora que subió al escenario a recoger el merecido reconocimiento de todos los presentes.

Con la Sinfonía nº 6 en fa mayor, op. 68 «Pastoral» (Beethoven) estrenada en 1808, es difícil aportar algo nuevo por conocida e interpretada en toda formación orquestal que se precie, desde las académicas hasta las consagradas. Se agradece el adelanto del aniversario del genio de Bonn pero la versión de Carneiro resultó algo precipitada en los cinco movimientos que no siempre encontraron la respuesta deseada de la orquesta, sobre todo a partir del Andante molto mosso (“Escena junto al arroyo” con una madera no todo lo empastada ni encajada que hubiese querido). Cierto que también se dieron momentos de clara intensidad dramática como en el cuarto movimiento, “Relámpagos, tormenta”, Allegro enlazado con el anterior pero que solo trajo esos destellos de calidad en todos los atriles, sobre todo flautín y timbales, mientras que el último movimiento, “Himno de los pastores. Alegría y sentimientos
de agradecimiento después de la tormenta”, Allegretto, llevado con un aire para mi gusto excesivo, trajo los primeros tropiezos y «desenfoques» en el 6/8, ese compás “pastoral” con unos cellos y contrabajos presentes pero poco precisos en las semicorcheas no siempre lo limpias que quisiéramos, dejando una visión global de excesos que no vienen nunca bien, olvidando precisamente ese aire femenino singular de esta pastoral contrapuesta a su «gemela quinta» plenamente masculina con quien compartió estreno en Heiligenstadt en el verano de 1808, si bien este viernes de noviembre resultaría gélido en lo metereológico y de entretiempo en cuanto a esta sexta.

El Concierto para violín y orquesta nº 2 en sol menor, op. 63 (Madrid, 1935) de Prokofiev ocuparía la segunda parte con Carolin Widmann de solista y un Guadagnini de 1782 que sonó a gloria en la interpretación de la violinista alemana.

Desde el inicio en solitario del Allegro moderato se notaba el dominio de esta obra virtuosística y el juego de contrastes con una orquesta de plantilla perfecta (madera a dos, 2 trompas, 2 trompetas, percusión de bombo, caja, platillos y castañuelas en el finale, más la cuerda) para una obra exigente de encajes y cambios dinámicos continuos predominando ese carácter cantabile permanente que Carneiro no obstaculizó en ningún momento, brillando no solo la cuerda, algo a lo que ya estamos acostumbrados, sino todo el viento, una madera más empastada y unos metales aterciopelados además de seguros. El Andante assai fue balsámico y el único momento donde la directora lusa pareció contenerse para disfrutar de este movimiento de engañosa simplicidad con una melodía que se parece al inicio del estribillo de «La vie en rose«. En el último Allegro ben marcato retornó el gesto ampuloso, exagerado incluso aunque siempre claro de la portuguesa y ese aire dramático de rítmica poderosa en una formación ovetense ya asentada, mientras el violín se «separa» de la orquesta a medida que avanza el movimiento hacia un final impactante visual y sonoramente. La propina nos demostró la variedad estilística de la muniquesa Widmann que con el barroco a solo sentó cátedra dejándonos con ganas de más.

Concierto de claroscuros pero de presencia femenina en un mundo que es de ellas, compositora, directora, solista, orquesta con casi paridad en los atriles y unas obras que conjugan pasado, presente y futuro manteniendo el listón alto para un mes de noviembre que no ha hecho más que comenzar.

Un fichaje esperanzador

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Sábado 26 de octubre, 20:00 horas. Oviedo, Auditorio «Príncipe Felipe»: Conciertos del Auditorio. Lucas Macías (director, oboe), Oviedo Filarmonía. Obras de Beethoven, Mendelssohn y R. Strauss.

No podía comenzar mejor la temporada de conciertos en el auditorio ovetense, con la orquesta de la casa y el estreno de Lucas Macías como titular, portada del último número de Scherzo, quien hace año y medio ya me dejase con la esperanza de tenerlo entre nosotros y al fin se hizo realidad. Entonces escribía sobre el maestro onubense «… Macías sacó lo mejor de la OFil, unos violines tersos y claros, las violas con su momentos álgidos… los cellos con Ureña marcándose un solo también de lo más lírico, cuatro contrabajos dándolo todo en presencia y claridad, las maderas bien empastadas con intervenciones dignas de admiración y hasta los metales redondos, afinados, sin olvidarme de los timbales mandando con su precisión habitual. Los tiempos elegidos casi metronómicos en las indicaciones, sin demasía… coronando una segunda de Brahms digna de las orquestas y directores grandes, y la de Oviedo lo fue este último sábado de abril«. Casi podría repetirlo para el programa de presentación aunque añadiendo que la OFil sonó como nunca, un trabajo en la dirección espectacular, de memoria en todas las obras y además deleitándonos como solista y director en un cierre que cambió la fórmula para dejar a un auditorio casi lleno el mejor sabor de boca en este programa que abría un año Beethoven con Egmont, la agradecida Italiana de Mendelssohn y esa lección de oboe controlando todo en R. Strauss para terminar regalándonos al Bach camerístico y el dúo casi asturiano de Bartok con Mijlin… No se puede pedir más.

«Egmont», obertura en fa menor, op. 84 (Beethoven) puso el músculo, la energía, la paleta del genio de Bonn, el brillo sinfónico con todos los cambios esperados de dinámica, aire, ritmo, tensión, cuerda presente, madera bucólica, timbales poderosos, metales refulgentes, todos ellos felizmente llevados por un Lucas Macías (Valverde del Camino, Huelva, 1978) que apretó a los músicos como buen conocedor de sus capacidades y abriendo temporada con el compositor al que dedicaremos todo 2.020.

La Sinfonía nº 4 en la mayor, op. 90 «Italiana» (Mendelssohn) todavía aumentaría el nivel de exigencia, apostando por los tempi literales que la OFil respondió con cohesión, limpieza, valentía incluso. El Allegro vivace literalmente vivo, apostando por el brío romántico, verdadero «carnaval» con una cuerda homogénea, una madera en estado de gracia y unos metales brillantemente contenidos; el Andante con moto supuso el momento de paladear sonoridades, majestuosidad en ese movimiento procesional inspirado en Italia pero totalmente transportable a la Andalucía que el maestro conoce; el Con moto moderato redondeó sonoridades palaciegas en un equilibrio cuerda y viento perfecto, balanceando protagonismos con elegancia y gesto preciso; verdadera apoteosis el Saltarello Presto pisando el acelerador donde nadie quedó descolgado, frenético baile popular, intervenciones claras, limpias, amplia paleta de matices y reguladores con los timbales empujando, la cuerda atacando toda a una, el viento empastado y saboreando esta «Italiana» desde Oviedo con un onubense al mando que augura muchas tardes de éxito.

Aún quedaba la segunda parte con el Concierto para oboe y pequeña orquesta en re mayor, op. 144 (R. Strauss), donde Lucas Macías, cambiando camisa blanca y pajarita por negra y corbata a juego, demostró no ya el dominio del oboe, que le tuvo en las mejores orquestas europeas, sino el control en la dirección de una «pequeña orquesta» por plantilla y enorme por el resultado. Tres movimientos sin apenas respiro que obligaron a escucharse todos, a disfrutar de cada pasaje en complicidad total y cerrando un concierto romántico a más no poder. Perfectamente descrito por Jonathan Mallada en las notas al programa, enlazadas al inicio, «en un claro retorno al estilo romántico que había marcado su juventud, pero con la austeridad y economía de medios en la orquestación que caracterizaría gran parte de la música del último periodo compositivo del germano«, asombroso el sonido del oboe sonando a oboe, siempre presente en interacción total con la orquesta, fraseos impecables, cadencias de impresión virtuosa y un ropaje a medida de una OFil con personalidad propia, versátil en un programa agradecido donde el maestro Macías se erigió en el auténtico triunfador de esta velada estrenándose como titular, que el público premió.

Si el esfuerzo fue titánico, dejarnos de propina ese «aria» con la cuerda del Oratorio de Pascua de Bach nos devolvió el barroco atemporal y al padre de todas las músicas, para retornar finalmente con esa Cornamusa de Bartok a dúo con Andrei el concertino, auténticos aires asturianos de gaita para una página que elevó el estudio microcósmico a regalo de la tierra. Bienvenido maestro Macías.

Conexiones ibéricas

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Jueves 24 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: OSPA Abono 2, Reflejos I: António Rosado (piano), Nuno Côrte-Real (director). Obras de Falla, Côrte-Real, E. Halfter y Stravinsky.

Nuestras conexiones con los portugueses son seculares y van desde la propia historia a la geografía, con unos ríos que siempre nos han unido a los vecinos más que el ferrocarril o las carreteras. Son para muchos los grandes desconocidos pese a la cercanía, y este jueves volvían a unirse nuestras tierras preparando la gira donde nuestra OSPA llevará bien alto este fin de semana el estandarte sinfónico asturiano al Festival Darcos dirigido musicalmente por el lisboeta Nuno Côrte-Real con el programa que pudimos disfrutar en este segundo de abono y que estuvo precedido por un encuentro con el director y compositor en la sala de cámara.

Conexiones de baile que nuestra OSPA tiene muy interiorizadas y de la que recuerdo su paso por el Auditorio de Santander hace siete años, los ballets rusos de Falla y Stravinsky, la escuela del gaditano seguida por Ernesto Halfter llamado el «Halfter portugués» de esta saga de grandes compositores, y del que escuchamos su Rapsodia portuguesa con el pianista de Évora quien también estrenaría la versión sinfónica de la Elegía del compositor y director Côrte-Real (interesante escucharlo en OSPATV), entroncada con la anterior por el solista además de esos aires hispanolusos mezclando saudade y morrinha galaicoportuguesa, meigas y bruxas, esplendores y angustias con la música como nexo único.
La Suite nº 1 de El sombrero de tres picos (Falla) es la obertura ideal para que toda la OSPA disfrute en cada sección, al igual que en el ballet del ruso: una cuerda compacta donde se agradece el peso en los contrabajos, la percusión magnífica que mantiene el empuje rítmico tan necesario, las maderas donde degustar el corno inglés y hasta los metales con una trompeta solista algo fría en el inicio (se desquitaría en la segunda parte), pero ajustada a las órdenes de un maestro luso que no aportó nada nuevo salvo el gusto por el equilibrio en los planos. Interpretación algo plana donde la música del gaditano universal no falla.

Llegaría el momento del piano con orquesta en dos composiciones muy diferentes pese a la conexión ibérica de ambas, primero la Elegía para piano y orquesta, Op. 33b (Nuno Côrte-Real, 1971) en su versión sinfónica tras la original escrita para el Ensemble Darcos, lleno de una tristeza que el propio compositor asoció, tanto en el encuentro previo como en la presentación de ambas obras al público, que hoy no llenó el Auditorio, con el martirio en su concepción general, obra fácil de escuchar, sin excesos tímbricos, con momentos de lucimiento de António Rosado, sonoridades de reminiscencias variadas y orquestación amplia aunque poco luminosa, tal vez por ese transfondo místico, nebuloso, aunque no siempre podemos disfrutar en nuestros días de un estreno dirigido por el propio compositor, lo que en siglos pasados era lo habitual. Me encantó el pasaje con las violas y el solista verdaderamente bien resuelto y tal vez sacado de la versión camerística que me gustaría escuchar en algún momento.

La luz vendría con la Rapsodia portuguesa de Ernesto Halfter (1905-1989), la instrumentación brillante, el piano de Rosado presente, limpio, ensoñador, las melodías populares como motivo de recreación e inspiración al igual que su maestro Falla, siempre tamizadas por el sabor español de castañuelas o pandereta como si un Ribera del Duero tomase cuerpo en las tierras vecinas, el recuerdo del Tajo lisboeta que arrastra tanto hispano, y así lo entendieron todos. Interesante contraponer dos conceptos compositivos con el piano de protagonista, donde el español dominó al luso de principio a fin antes de escuchar una propina deliciosa en sus manos con el mismo bouquet.

La banda sonora de la segunda parte la preparó el propio Côrte-Real presentando la Petrouchka (versión 1947) de Stravinsky como tal, marioneta de la protagonista incluida, simpatía portuguesa del maestro que la mantuvo en el podio y mantuvo ese toque infantil para esta joya de ballet nuevamente disfrutando de las calidades de los músicos de la OSPA, movimientos bien contrastados, paralelismos cronológicos y casi estilísticos con Falla que además mejoraron dinámicas, la agógica siempre difícil, pulsión global, buen balance en todas las secciones y un final fantasmagórico con esa Petrouchka emparentada con el Samaín celta, astur y gallego como las ánimas, tradiciones que conectan y hacen una esta Iberia siempre motivo de inspiración.

Todo este programa lo disfrutarán nuestros vecinos con una OSPA plenamente ibérica unidos por la música.

Horizontes lejanos

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Viernes 11 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: OSPA Abono 1, Horizontes I: Pablo Ferrández (chelo), Manuel López-Gómez (director). Obras de Wagner, Saint-Säens y Dvořák.

Tras un año horrible volvía a retomar mi «normalidad» con los conciertos, el Auditorio y nuestra OSPA aunque mirando atrás, solo unos meses, me faltaban muchos amigos con los que no pude festejar mi retorno: mi tío Paco en el «paraíso», delante mis queridos Ramón Jiménez y a su lado Jaime Martínez, al que se rindió un emotivo homenaje hora y media antes en el vecino Club de Prensa Asturiana donde Beatriz Díaz con Marcos Suárez al piano se sumó a un acto lleno de recuerdos que intentar mantener vivos a todos mis ausentes (ninguno hubiera faltado), con tres arias de quitar el hipo, sentidas y con la excelencia que en ella es costumbre.

Mi vuelta coincidía con la del director invitado, el venezolano Manuel López-Gómez, de la «cantera» venezolana aunque no todos sean como Dudamel, y creo que la sexta del chelista madrileño Pablo Ferrández que de nuevo resultó el verdadero triunfador de la noche con su Stradivarius Lord Ayslerford (1696) y una OSPA con Xabier de Felipe de concertino, a los que encontré casi como yo: mantienen el músculo pero falta más ejercicio, esperando vayamos recuperando a la par a medida que avancemos en el tiempo de esta temporada de horizontes lejanos sin titular, esperando vayan llegando buenos candidatos y se acierte en la elección.

La obertura de Lohengrin (Wagner) resultó ideal como tal aunque algo destemplada, calidades en cada sección en una formación ideal en plantilla, equilibrada incluso en los contrabajos pero pesante, con un maestro López-Gómez al que los tempi lentos parecen caérsele y las imprecisiones del gesto influyeron en ciertas desconfianzas sonoras que se repetirían acrecentadas en la segunda parte. La cuerda sonó sedosa aunque algo desajustada en unas entradas poco claras, la madera nunca defrauda y los metales siempre «orgánicos» además de empastados a pesar de las inseguridades, más la percusión acertada, todo en un crescendo imparable de buena sonoridad que no me llenó del todo. Para abrir boca en todos los sentidos… esperando enamorarme de nuevo.

El Concierto para violonchelo nº 1 en la menor, op. 33 (Saint-Saëns) fue como la defensa wagneriana de su compositor por visión e interpretación, aunque esta vez el mando lo llevase mi tocayo. Su sonoridad es impresionante, los tres movimientos sin pausa ayudaron a darle unidad a esta obra con una plantilla algo más reducida, por momentos camerística, bien concertada porque Pablo Ferrández empuja y transmite poderío tanto en sus partes protagonistas como con los tutti donde la calidad del instrumento sumada a la del intérprete no supone merma alguna de presencia. Si el inicial Allegro non troppo fue valiente y «sin demasías», brillante arranque virtuoso del madrileño bien contestado por el tutti, con esos cambios de aire escritos y concertados al detalle, haciendo fácil lo difícil; en el Allegretto con moto no pisó el acelerador para degustar su lirismo de graves rotundos revestido por una orquesta ideal en este concierto solista, para retomar el Tempo primo que salió curiosamente más contenido aunque dando nuevamente muestras de unas agilidades limpias, brillantes perfectamente secundadas por la orquesta.
Decía nuestro común tocayo Pau Casals que se desayunaba una suite de Bach cada día, y auténtico homenaje la primera propina del catalán (esa Sarabande de la nº 3 en do mayor BWV 1009), posada y reposada, aunque me emocionase aún más ese El cant dels ocells en recuerdo de los que ya no están, recreación dolorosa y muy sentida de Ferrández para cortar el aire profundo que todos respirábamos en un auditorio con una excelente entrada, digna para esta música.

Sobre la Sinfonía nº 9 en mi menor, op. 95 «Del Nuevo Mundo» (Dvořák) el maestro venezolano intentó aportar algo nuevo que me resultó desconcertante, casi diría que «blandito», con una visión caribeña por momentos tan calmada que la llama parecía extinguirse por momentos, los pianissimi resultaban lentos y los forte rápidos, nuevamente con gesto impreciso sobremanera en las entradas de dinámicas tan recogidas que no transmitían la seguridad necesaria para los músicos. Si todavía recuerdo al maestro Griffiths que nos dejó una versión de la octava esperando por «su» novena, López-Gómez no resultó nuevo ni de otro mundo sino distinto en tanto que mimó las dinámicas pero no la agógica, cambios inesperados de velocidad casi sorpresivos y poco convincentes. El conocido tema del primer movimiento (Adagio-Allegro molto) lo ralentizó tanto que frenaba el discurso y perdía intensidad expresiva aunque se pueda hacer más lento y mantener la tensión dramática. Al menos pudimos paladear toda la madera; pero la lentitud casi exasperante llegó en el Largo que resultó monótono por no decir tedioso, insípido, salvado por las pinceladas del metal y el redoble de timbales así como el impecable solo de corno inglés de Romero, lo mejor de «este mundo». El Molto vivace pecó de lo mismo a pesar de esa indicación de aire, cuidando más el sonido de cada sección que el vigor interior de esta sinfonía con una pulsación errática y confusa para lo que estoy acostumbrado; y el Allegro con fuoco casi se apaga en el final pese al poderío sonoro y la inspiración del viento metal unida al esfuerzo de una cuerda tensa e intensa de una «sintonía» que para mis hoy recordados ausentes era la del programa radiofónico «Ustedes son formidables«.

Interpretación peculiar la del maestro venezolano que no me convenció aunque la belleza sinfónica resista cualquier versión y el público disfrutó con un programa para todos los públicos armado como hace demasiados años: obertura, concierto solista central y una sinfonía para cerrar.

El Ateneo Musical de Mieres cumple su primer año

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Esta asociación mierense con el nombre de Ateneo Musical de Mieres, se crea el 23 de junio de 2018, un proyecto ambicioso a largo plazo que comienza su singladura con la banda de música dirigida por el maestro Antonio Cánovas Moreno, y en tan breve espacio de tiempo comienza sus ensayos el último trimestre del pasado año en el salón de actos de la Feria de Muestras, un espacio infrautilizado que nos sirve para trabajar, no siempre en las mejores condiciones, pero con todas las ganas y luchando «contra viento y marea» como dice el dicho. Realmente nueve meses dan para mucho, habiendo realizado varias actuaciones que paso a detallar, ilustrando esta entrada con fotografías y carteles así como enlaces a todo aquello que considero digno de mención de este corto pero intenso recorrido cultural del que me enorgullezco ser su presidente.

No podíamos perder un capital humano que se nos iba por razones que no ha lugar comentar, dejándonos nuevamente huérfanos en Mieres, así que nos pusimos manos a la obra y tras la lectura de un manifiesto inicial con el apoyo de numerosas personalidades del mundo de la cultura, quedábamos constituidos como asociación cultural y con una banda de música prometedora. Nuestro agradecimiento al Ayuntamiento de Mieres que cuenta con nosotros dentro de su amplia oferta musical y cultural, a los medios de comunicación que nos apoyaron desde el principio, a Joaquín García González por diseñarnos tanto el logo como la cartelería de captación de socios y colaboradores, a J. R. Viejo que con su cámara inmortaliza muchos buenos momentos de nuestra banda, a los comercios y empresas locales que nos ayudan a mantener este proyecto, a los músicos sin los que nada es posible, y por supuesto a nuestros socios, rondando los 200 en un año, y que confiaron desde la presentación y a lo largo de estos doce meses de vida en un Ateneo de largo recorrido donde la música es nuestra seña de identidad, abierta a cualquier manifestación que la tenga presente, aunque lo más visible y auténtico elemento vertebrador del mismo sea la banda llamada a llevar siempre desde la excelencia el nombre de Mieres.
No queremos olvidarnos de nuestros ilustres Amadeo Gancedo, socio honorífico, y a Julián Burgos, socio nº 1, triste y recientemente desaparecidos en muy corto espacio de tiempo.

Paso a desgranar las actuaciones, de las que la crítica musical corresponde a otros, pues no creí oportuno ni ético hacerlo personalmente en ningún momento, pese a mi total implicación con este proyecto y el conocimiento del tema como siempre he realizado desde esta ventana.

8 de septiembre: Llanes, fiestas de La Guía, nuestra primera actuación estrenando instrumentos de percusión y corbatas para uniformarnos en una cita imperdible del oriente asturiano donde Mieres siempre ha estado presente con un recordado «Tren de Madera» que unía ambas villas y donde Los Nardos del granadino maestro Alonso suenan continuamente.

11 de noviembre: Moreda, San Martín (Los Humanitarios), la llamada fiesta del otoño asturiano donde incorporamos una sección de gaitas participando por primera vez en el desfile de carrozas una banda de música, la del Ateneo Musical de Mieres.

Ya dentro de nuestro concejo empezábamos el último trimestre del año cargados de ilusión y proyectos que nos llenarían de alegría y ganas de seguir trabajando en la línea de unir repertorios habituales y propios.

20 de octubre: Homenaje en el Pozo Fortuna de Turón (organizado por el Ayuntamiento de Mieres), una breve actuación plagada de emoción y sentimientos en el homenaje a las víctimas de la represión franquista.

17 de noviembre: la «verdadera» presentación de la Banda Sinfónica del Ateneo Musical de Mieres para festejar Santa Cecilia en el Auditorio Teodoro Cuesta, un lleno que agotó las invitaciones y auténtica “puesta de largo” en la capital del concejo aunque la patrona musical sea el día 22. Ahí estrenamos el pasodoble del compositor toresano David Rivas Ateneo Musical de Mieres dedicado a nuestra asociación y un orgullo para todos, con un programa exigente del que tenemos vídeos en nuestro canal de YouTube.

En este concierto también contamos con la colaboración en el Joropo (Moisés Moleiro) con el cuatro venezolano en las manos del avilesino Moisés Arnáiz, del ovetense Jorge Areces a la gaita junto a un grupo de la Banda de Gaitas de Mieres que dirige, en La Noche Celta, así como del presentador de la TPA el mierense Laudelino Martínez Fernández, Laude para todos, que cantó el tema de Víctor Manuel Asturias, quien nos envió un vídeo de salutación junto a los compositores de los que interpretamos sus obras: el citado David Rivas, Ramón Prada (La Noche Celta) y José Alberto Pina (The Gosht Ship).

2 de diciembre: actuación en la carpa del Parque Jovellanos de Mieres para la Asociación Cultural Santa Bárbara en su fiesta anual, retomando bailables y músicas festivas en un entorno amigable y gastronómico alrededor del picadillo de chorizo.

Segundo gran reto de nuestra programación al tratarse de un concierto temático donde las músicas y poemas de Federico García Lorca ocuparon este proyecto que esperamos poder exportar a otras ciudades dada la calidad y actualidad del mismo, con otro lleno histórico en el Auditorio Teodoro Cuesta.

En el mismo participaron la cantante Nerea Vázquez Torres junto a las actrices mierenses Eliana Sánchez y Patricia Suárez, más el irremplazable técnico y músico Marco Castañón.

20 de diciembre: Concierto de Navidad junto al Orfeón de Mieres en la Iglesia de San Juan Bautista, primera colaboración con la centenaria y laureada agrupación coral que dirige Carlos Ruiz de Arcaute donde no faltaron villancicos españoles e internacionales con arreglos para banda y coro que hicieron las delicias de un público que abarrotó el templo ubicado en La Pasera y separado del emblemático barrio de Requejo por el río San Juan.

La Cadena COPE en Mieres nos hizo una entrevista donde contamos nuestro particular fin de año compartiendo micrófono con José Carlos Muñiz Fernández, presidente de AMICOS (Asociación Mierense de la Cocina Solidaria).

22 de diciembre: Pasacalles solidario para recaudar fondos destinados a la asociación AMICOS, música navideña con villancicos inundando los lugares más típicos de Mieres y donde nos encontramos con Víctor Manuel que aceptó gustosamente posar con nosotros y saludarnos en persona ante la imposibilidad de hacerlo el día de nuestra “puesta de largo”, aunque lo tuvimos presente con su vídeo grabado momentos antes del concierto que dio en Avilés el 28 de octubre.

El año 2019 arrancó con la grabación y posterior emisión el domingo 20 de enero del programa de la TPA “De Romandela” dedicado a Mieres (disponible en la web a la carta), donde abríamos la cuarta temporada de la mano de su presentador Laude Martínez que sigue apoyando nuestro Ateneo Musical de Mieres desde su creación y no perdió la ocasión de repetir su versión del Asturias que volvió a emocionarle porque cantar con una banda en directo no es algo habitual para nadie.

6 de febrero: la solidaridad está entre nuestros objetivos y no podíamos rechazar la invitación de la Asociación Española contra el Cáncer en Asturias desde la delegación mierense presidida por Loli Olavarrieta, que organizaría por vez primera fuera de Oviedo su concierto solidario anual.

Varios grupos de cámara de nuestro Ateneo ofrecieron una actuación de gran calidad con distintos músicos de nuestra banda de música: dúos con piano de violonchelo, trompeta, trombón o flauta, un trío de clarinete, flauta y piano, más dos cuartetos de clarinetes y saxofones, compartiendo escenario con el Coro Minero de Turón, tradición y juventud unidas en historias con música.

10 de marzo: desde la Concejalía de Igualdad del Ayuntamiento con motivo del “Día internacional de las mujeres” estuvimos actuando en el Auditorio mierense con un concierto titulado “De Ellas” donde además de interpretar obras compuestas exclusivamente por mujeres como Carmen Loriente, autora del pasodoble Sosia (componente de nuestra banda) y la gallega Magdalena Argibay autora de O faro dos brigantes que vino hasta Mieres para escuchar su composición. Dirigieron dos de nuestros valores al alza: Elba Rodal (clarinete) y Lara González (oboe), ambas con larga experiencia a la batuta desde su juventud como así lo demostraron, llegando a sonar un fragmento en el programa de Radio Nacional «Entre dos luces» (anunciando nuestro concierto en Vega de Arriba de mayo) que presenta Carlos Santos «La Libreta Colorá«, un gran seguidor de nuestro Ateneo.

También participó como narradora en La bella durmiente de María Mendoza nuestra querida Eliana Sánchez a quien siempre le agradecemos su colaboración desinteresada con el Ateneo Musical de Mieres.

El nº 53 del Magazine CL (Ciudad Lineal) que se distribuye gratuitamente por el concejo de Mieres, nos dedicó varias páginas donde recogíamos la actividad desarrollada por nuestro Ateneo hasta marzo, parte de la cual queda aquí reflejada.

13 de abril: en el Parque Jovellanos y dentro de la Folixa na Primavera que naciese allá por 1996 y ya está plenamente consolidada como fiesta sidrera y folklórica, nuestra Banda Sinfónica además del pasacalles previo por las principales arterias mierenses. Como dato emotivo debutó como abanderado Manuel Noval Fernández.

En el auditorio al aire libre del parque, ese que si las piedras sonasen nos llenarían muchas páginas musicales de nuestro Mieres del Camino, nuestra Banda del Ateneo ofreció un concierto a base de pasodobles y bailables que hizo las delicias del público mientras degustaban unos culines de sidra traída de distintos lagares asturianos o llenaban las terrazas adyacentes en un soleado día, poniendo la nota musical de la mañana sabatina con páginas asturianas, del pop español e internacional de los 70 y 80 que algunos espontáneos nos animamos a tararear y hasta marcarse unos pasos de baile quien pudo (mis lectores ya conocen mi mala pata).

Tras este pistoletazo primaveral y festivo, en los dos meses siguientes la Banda Sinfónica del Ateneo Musical de Mieres continuó con sus conciertos dentro del municipio.

12 de mayo: Polígono de Vega de Arriba, sesión vermut para una mañana soleada en sus fiestas de mayo interpretando bailables tradicionales y discotequeros de mis años jóvenes que no pueden faltar en estas actuaciones distendidas, contando de nuevo con Manu de abanderado.

La primera semana de junio tocó presentar los dos últimos eventos del mes, con una rueda de prensa en el Ayuntamiento donde participamos el maestro Cánovas, José Mª Castillo Rojo, un servidor y el concejal de cultura Juan Ponte, con la posterior participación del director musical, inspector y presidente del Ateneo en el informativo matutino de la COPE en Mieres que presenta Sara Rodríguez.

8 de junio: nuestra primera salida de Asturias tuvo lugar a Guardo (Palencia) donde fuimos invitados a participar en el VI Festival Internacional de Bandas de Música ”A tresbandas” que organiza la Asociación Musical de Guardo cuyo objetivo es intercambiar culturas y costumbres con la música como nexo de unión y por donde han desfilado agrupaciones llegadas desde Reino Unido, Holanda, Portugal, EE.UU., China o Puerto Rico en este año 2019.

Todo un honor llevar el nombre de Mieres y Asturias con lo mejor de nuestro repertorio, empezando la mañana con un pasacalles por la palentina localidad minera antes del concierto en la carpa, donde se nos hizo entrega de una placa conmemorativa y el primer corbatín para nuestro estandarte, uniéndose las tres formaciones sinfónicas de Caguas (Puerto Rico), Mieres y Guardo, alternando la dirección sus respectivos titulares, Miguel A. Rivera Trinidad, Antonio Cánovas e Isabel Vélez García donde sonaron El Gato Montés (Penella), Carrascosa (Teixidor) y Los Estudiantes (J. Vélez) para concluir con el Himno de Guardo compuesto en 1956 por Sindimio Allende que fue entonado por todos los presentes junto a la voz solista de Bea Rivera Reyes (arreglado para banda por Carlos De la Fuente Lucas-Torre) en un fin de fiesta donde la posterior comida de hermandad con una directiva siempre volcada con todos, continuó hasta bien entrada la tarde antes del merecido regreso a casa con las primeras luces nocturnas.

15 de junio: Para conmemorar nuestro año de vida nos embarcamos, con la inestimable colaboración de nuestro Ayuntamiento dentro de las fiestas patronales, en organizar el I Festival de Bandas de Música “Villa de Mieres” que queremos se convierta en cita obligada de los amantes de la música de banda y un evento imprescindible dentro de nuestras fiestas de San Juan.

La banda invitada fue la de la Unidad de Música de la Academia Básica del Aire de La Virgen del Camino (León) dirigida por el Capitán Don Julio César Salamanca que trajo también al coro de la academia, quienes a las 11:00 horas iniciaron un pasacalles por el centro de Mieres en una soleada mañana en compañía de nuestra banda anfitriona.

 

A las 12:00 horas con puntualidad británica y tras acomodarse las autoridades civiles y militares más el público que hubo de recoger la invitación completándose el aforo, comenzó el concierto que fue retransmitido en streaming por el canal del Ateneo en Facebook.

Programa variado donde no faltaron temas populares en ambas formaciones así como un sentido Santa Bárbara armonizado por el propio maestro Salamanca que hizo brotar lágrimas de emoción.

Tras la entrega de distintos trofeos y los corbatines conmemorativos para los estandartes, las dos bandas se unieron para interpretar los himnos de Asturias (dirigido por el maestro Cánovas) y el de España (con el capitán Salamanca) poniendo el punto y final de una mañana festiva tras la cual hubo un ágape de hermandad, agradeciendo la presencia de tantas autoridades con la delegada del Gobierno en Asturias, la mierense Delia Losa en cabeza, y recibiendo las felicitaciones de todos por la organización y éxito de este festival, premio al inmenso trabajo realizado por todo el Ateneo Musical de Mieres.

Finalizados exámenes y agenda de conciertos de este primer año, toca cargar las pilas para el próximo curso 2019-2020 con nuevos proyectos que intentaré contar desde aquí, aunque quiero recordar que en estos tiempos las redes sociales son importantes para promocionarse y estamos en todas ellas: Facebook, Instagram, Twitter, incluso el citado canal propio de YouTube donde compartimos parte de las actuaciones realizadas en esta breve pero intensa trayectoria. Como dice nuestro lema

“Queremos crecer contigo”.
GRACIAS A TODOS

Doña Paquita de Pasqual

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Miércoles 29 de mayo, 20:00 horas. Teatro de la Zarzuela, Madrid; retransmisión en vivo (desde los canales propios del teatro en Facebook, YouTube y Web): Doña Francisquita (música de Amadeo Vives, texto de Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw inspirada en «La discreta enamorada» de Lope de Vega). Adaptación de Lluis Pasqual. Fotos ©TeatroDeLaZarzuela (capturas de pantalla de la emisión).

Desde sus orígenes la escena siempre ha sido objeto de visiones distintas con un mismo original. Teatro y Lírica forman parte de ello y hace años que los directores de escena y dramaturgos han querido revisar, actualizar o versionar con distinto criterio muchas obras maestras. En el caso de la ópera aún tengo mi primer recuerdo de Peter Sellars con un Cossì mozartiano ambientado en el «Despina’s caffe» o más recientemente una Bohème de Damiano Michieletto con la Netrebko, Beczala y sus amigos «yonkis», escenografías que comenzarían a romper moldes en aquella recordada Traviata de Salzburgo con Villazón firmada por Willy Decker, sin olvidarme de los muchos Elisir solo citando DVDs que tengo en casa. De las muchas «actualizaciones» que han pasado por el Campoamor tengo buen recuerdo de unos Diálogos de Carmelitas de Carsen increíbles frente a la época de balnearios, albornoces y toallas (probablemente portuguesas) pero también el Sagi que ambientó en Llanes el archirrepresentado Elisir amén de las óperas barrocas que continúan la línea escénica en boga.

A nuestra zarzuela también ha llegado este interés por las «revisiones» con mayor o menor acierto, pues Calixto Bieito o La Fura resultan habitualmente «taquilleros» además de controvertidos por desvirtuar la acción original (como en tantas óperas), encumbrando a los directores de escena como los divos actuales, obligando a actuar en condiciones antinaturales para cualquier cantante, buscando más la visión estética que la musical, primando la belleza de cantantes más que su voz, una tiranía en la sociedad del placer. No tengo buenos recuerdos en algunos montajes finalizando con un Sobre Verde que sobraba, y en cambio la última Africana presentada por Joan Font resultaba por lo menos respetuosa desde lo actual. Hay que reconocer que los escándalos y las críticas negativas se hacen virales, ayudan a llevar más público, unos por morbo, otros para comprobar y a veces corroborar lo leído, pero los que se estrenen me preocupa se lleven una visión parcial de grandes obras musicales donde la escena sigue ocupando tres cuartas partes de las críticas.

Mi generación creció con el audio (radio, vinilos, cassettes y CD), y tras la llegada de la televisión y el vídeo (luego el LaserDisc, el DVD o el BlueRay) supuso un avance al acercarnos la otra mitad tan importante como la música: la escena. La llamada «era de internet» es la última revolución que en el acceso a la lírica en general supone «universalizar», pero no siempre con la calidad deseada, aunque siempre con excepciones y la controversia siga vigente.

Toda esta introducción viene a cuento por la última producción del Teatro de la Zarzuela coproducida con el Liceu barcelonés y la ópera de Lausanne de Doña Francisquita y música del maestro Vives y un elenco de primeras figuras que con una excelente realización en directo (que disfruté en el televisor) y una toma de sonido impecable, hicieron llegar a todo el mundo (twitter echaba humo) esta joya de nuestro género por excelencia que llegaba con mucha polémica previa no siempre educada y perdiendo el respeto por quienes trabajan en ella, con mucho dinero invertido en vestuario, luces, atrezzo, escena y todo el personal. Si es gratis apagamos en caso de que no guste, si pagamos podemos no aplaudir, pedir la hoja de reclamaciones (porque quien paga tiene derecho a protestar), aportar opiniones razonadas siempre discutibles (el debate mantiene la mente despejada) e incluso silbar o patear al final del aria, romanza o toda la función (he vivido algunos momentos así con cantantes y últimamente más con las escenografías, lanzamiento de zapato incluido), pero nunca faltar al respeto, algo que tristemente se está dando en nuestra sociedad de la que la zarzuela o la ópera tampoco se escapan, fiel reflejo de estos tiempos, y que la zarzuela siempre criticó por ser algo vivo, irrepetible cada día.

Vuelven los tiempos de los escándalos por Jesucristo Superstar, el desnudo de Victoria Vera en Equus y los mal llamados conservadores que enarbolan la bandera de su moralidad y pensamiento único. Tendremos que recuperar aquel espíritu de libertad y de buenos modales que se han perdido.

Lluis Pasqual, como tantos otros, decide cambiar la acción original de Doña Francisquita del Madrid que arrancaba el pasado siglo, a tres momentos en cada acto (1934 grabando un disco, 1964 en aquella televisión del UHF que en la actualidad parece estar en las madrugadas o madrugando, y un ensayo general de nuestros días), teniendo que introducir al narrador que nos explique su personal visión con textos propios (genialmente interpretado por Gonzalo de Castro) y centrarnos en un argumento perdido con escenografía y bellísimo vestuario de Alejandro Andújar, aunque también hay crítica propia de estas «actualizaciones» por parte de Doña Francisca, que la asturiana Mª José Suárez bordó en cada intervención (seguro que también lleva más de cuarenta representaciones). De los tres actos el segundo me pareció el más logrado.

Las voces principales estuvieron a la altura esperada: Sabina Puértolas (Doña Francisquita) en un rol debutado sin problemas aunque le queda «hacerse con él», e Ismael Jordi (Fernando) que está en un momento álgido de rotundidad vocal aunque sigamos recordando al irrepetible Alfredo Kraus (dedicatario de este título). Los dos lucieron en las romanzas y nos dejaron unos dúos impecables.

No se quedaron atrás Ana Ibarra (Aurora), para mí la verdadera triunfadora de la noche en una complicada partitura que defendió con calidad y belleza a «La Beltrana», más Vicenç Esteve (Cardona), junto a un excelente Santos Ariño (Don Matías).

El cuerpo de baile lució y se lució más allá del esperado Fandango donde la incombustible Lucero Tena volvió a brillar como la figura mundial que es con las castañuelas (el público verdaderamente la aclamó), si bien no entendí que se repitiera, no era un bis, con ella sentada, dentro de esa idea de ambientar como ensayo el último acto.

El coro titular que dirige Antonio Fauró ayudó a completar una escena variada y variable (sentados todo el primer acto) pero perfectamente empastados y con los protagonismos esperados, sumando al conjunto desde su calidad habitual.

Redondearon la música la Orquesta de la Comunidad de Madrid y el titular Óliver Díaz, verdadero maestro sacando de todos lo mejor, defendiendo desde el teatro de la calle Jovellanos nuestras partituras, trabajador incansable, cuidando las dinámicas y los tempi que favorecieron el lucimiento de un elenco vocal que dignifica nuestro género, algo que siempre reclamamos para poder exportar nuestro patrimonio musical al resto del mundo.

Personalmente he visto cosas peores y he disfrutado como algunos otros, aunque esta «Doña Paquita de Pasqual» no sea la genuina «Doña Francisquita» sino más bien un homenaje (o salto en el tiempo) desde una óptica no bien explicada o entendida por muchos.

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