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Calentamiento global y musical

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Miércoles 18 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, concierto nº 1690 de la Sociedad Filarmónica de Gijón (a favor de la Asociación Gijonesa de Caridad – Cocina Económica): Ensemble Praeteritum, Pablo Suárez Calero (violín). Obras de Corelli y Vivaldi.

Con la siempre amena presentación de Pachi Poncela, quien nos hablaría de estos clásicos no muy reconocidos en vida pero que ya están «incrustados en la conciencia universal» y que «sobrevivirán incluso a la Inteligencia Artificial«, reconociendo que «El futuro está en el pasado» y que tanto Corelli como Vivaldi se nos muestran con las obras de este mi último concierto del año como «irremediablemente humanos«, a cargo del Ensemble Praeteritum que fundase en 2011 el violinista madrileño Pablo Suárez Calero, recomendándonos igualmente la lectura de las interesantes notas al programa de Mar Norlander, comenzaba este «Viaje musical… del barroco a la solidaridad» con el muy apropiado concierto «para  la noche de Navidad» de Corelli,  presentación del sexteto: cuarteto de cuerda al que sumar contrabajo y archilaúd en vez del clave, para demostrar el buen entendimiento y la sonoridad, al menos peculiar -que sería más potente con Vivaldi- con el maravilloso sonido del Nicola Gagliano (Nápoles 1780) en manos del fundador, un programa que tienen grabado desde 2015.

Primeras pinceladas de la visión que Suárez Calero tiene de este barroco italiano donde además del virtuosismo apostaría por unas dinámicas propias y unos tempi muy personales, manteniendo la alternancia y contrastes tan propios de la época tanto de los aires, de la alternancia entre los solistas y el grosso como en los matices, aunque el continuo no sea el mismo sin el clave y con un archilaúd algo oscurecido -no estaba Pedro Jesús Gómez sustituido por Juan Carlos de Mulder– en cuanto a presencia, la (re)visión de este Corelli mostró el perfecto entendimiento del ensemble.

Punto y aparte ya con los siete músicos, el sexteto más el violín solista de Pablo Suárez Calero afrontarían una versión muy personal de las conocidas y ya populares Las cuatro estaciones  que presentan «en versión senza fine« con una obertura del Allegro del concierto RV 157 y los cuatro conciertos donde se irían intercalando las cadencias añadidas como «improvisaciones» por Pablo Suárez que al menos puedo calificar de personales pero no rompedoras.

Y es que desde mi primera escucha en vivo con la OSA dirigida por Alberto Blancafort y Pedro León de solista allá por un lejano 16 de enero de 1973 en el derruido Teatro Capitol de Mieres, puedo contar por decenas (o cientos) mis conciertos de El cura pelirrojo, amén de discos y CDs con todo tipo de versiones (algunas con los profesores de mi tocayo), acercamientos y estilos tanto «románticos» como los mal llamados historicistas, pues sí rompedor fue la grabación que Canarios (con Teddy Bautista y García de Diego en aquella formación más progresista) en un doble LP de 1974 titulado «Ciclos» (y remasterizado a CD ¡en Alemania!) del que incluso escribí en la revista de mi «Bernaldo» mi año en COU. Buscando imágenes y concordancias serían como Las Meninas de Velázquez y las de Picasso.

La «limpieza» del cuadro me la hicieron los asturianos Forma Antiqva con Aitor Hevia en Granada el 7 de julio de 2011 dentro del 60º Festival de Música de Granada, que titulé entonces como «Vivaldi resucitado» y mucho más detallado «Vivaldi redescubierto«, el mismo que grabarían a continuación para debutar con su sello alemán Winter&Winter (más los «añadidos» de Uri Caine al piano y Theo Bleckmann en la voz), para posteriormente el 30 de abril de 2013 volver a escucharlos en Oviedo donde hablaría de «El cambio climático». Más actual es la visión de Lina Tur Bonet que apuesta por jugar con una tímbrica pintando musicalmente estos cuadros barrocos manteniendo el espíritu vivaldiano desde una libertad interpretativa que debe ser el acercamiento a los nuevos públicos con tiempos nuevos en todos los sentidos. De las visiones comerciales para turistas en Venecia o Praga mejor no comentarlas porque no son aptas para cualquier bolsillo y menos para oídos educados

Está claro que Suárez Calero entendió este «su Vivaldi» con cambios en la partitura (siempre abierta a cualquier interpretación) introduciendo además de la sonoridad ya presentada en Corelli, silencios muy dramáticos, ¡reguladores!, rubati que demostraron el buen ensamblaje con su «pretérito actual» y un virtuosismo unido a esa gestualidad propia donde poder disfrutar con el sonido del Gagliano. También se rehicieron compases, calderones, cesuras, añadidos, más que originales, cortando el discurso musical esperado pero que son la aportación del profesor madrileño a estas «estaciones sin fin«, cadencias propias, con el archilaúd del limeño afincado en España ganando presencia más allá de los rasgueos, una sonoridad y coordinación con el cellista madrileño o el peso grave que doblaría la contrabajista soriana. Igualmente impecables las contestaciones de la primer violín zamorana o la presencia siempre clara de la violista madrileña.

De las cuatro estaciones que fueron subiendo temperatura, coraje y buena musicalidad, me quedo con un otoño verdaderamente cálido, la «transición» (cual veranillo de San Martín) de un ya más confiado De Mulder en una cadencia bellísima, y el invierno de alta temperatura, el verdadero «calentamiento global» del que bisarían el Largo con una sonoridad bien armada entre los pizzicatti de violines, contrabajo y archilaúd con el eterno e inmenso arco de viola y cello, que también lograron aires de gaita pastoril como «roncón y puntero» en una deconstrucción muy de nuestros tiempos que hizo las delicias del público, solidario y melómano, donde también había jóvenes estudiantes tomando nota de Suárez Calero.

ENSEMBLE PRAETERITUM: Pablo Suárez, violín solo – Laura Delgado, violín I – Íñigo Grimal, violín II – Paula García, viola – Marco Pannaría, violonchelo – Laura Asensio, contrabajo – Juan Carlos de Mulder, cuerda pulsada.

PROGRAMA

Arcangelo CORELLI (1653 – 1713)

Concerto grosso en sol menor, fatto per la Notte di Natale, Op.6, nº 8

I. Vivace – Grave. Arcate, sostenuto e come stà

II. Allegro

III. Adagio – Allegro – Adagio

IV. Vivace

V. Allegro

VI. Largo. Pastorale ad libitum

Antonio VIVALDI (1678 – 1741)

Las cuatro estaciones (en versión senza fine)

Obertura: Concierto para cuerdas en sol menor, RV 157 (III. Allegro)

Cadence*

Concierto para violín en mi mayor, RV 269, La primavera

Allegro – Largo – Cadence* – Danza pastorale – Cadence* – Adagio spicatto

Concierto para violín en sol menor, RV 315, L’estate

Allegro non molto – Cadence* – Adagio e piano – Presto e forte – Presto Arpegiatta antec autumnus*

Concierto para violín en fa mayor, RV 293, L’autunno

Allegro – Adagio molto – Cadence* – Allegro – Cadence*

Concierto para violín en fa menor, RV 297, L’inverno

Allegro non molto – Largo – Allegro

* Cadencias añadidas como improvisaciones por Pablo Suárez

Gloria a Amneris

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Viernes 13 de diciembre de 2024, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVII Temporada de Ópera: «Aida» de Verdi.

(Crítica para OperaWorld del sábado 14, con las fotos de Iván Martínez, y propias al finalizar la función, más el añadido de los siempre enriquecedores links y la tipografía que no siempre se puede utilizar)

«Aida» marcaría un hito en la historia musical italiana siendo la culminación de la llamada “grand- opéra”, pues Verdi compuso una obra ambientada en el Egipto faraónico llena de teatralidad, más allá de un libreto plagado de sucesos inverosímiles y anacronismos pero también de intimismo dramático. Los amores desgraciados entre la princesa etíope y el capitán de la guardia egipcia cautivaron al público desde su primera representación y en Oviedo ya había ganas de volver a disfrutarla, pues desde 2005 no se subía a las tablas del Campoamor este penúltimo título de la actual temporada asturiana, nada menos que con el montaje de la llamada “piccolina Aida” por el propio Franco Zeffirelli quien la diseñase para el coqueto Teatro Verdi de Busetto en el festival de 2001 que lució y mucho en el centenario coliseo carbayón.

Esta gran ópera que es «Aida» tiene todos los ingredientes “faraónicos” por su grandiosidad coral, exotismo, monumentalidad, colorido orquestal junto a la necesidad de unas voces poderosas que deben conjugarse con el dramatismo y la fuerza lírica más allá del propio triángulo protagonista. Con más concertantes -sobre todo dúos- que romanzas, como llama Verdi a las arias, encontrar el elenco ideal que logre el equilibrio de todos para transmitir la psicología de las voces no es nunca tarea fácil. Si la monumentalidad es uno de los adjetivos para «Aida» está claro que esta función asturiana lo merece dentro del diseño “cinematográfico” fiel al compositor, bien iluminado y que tan bien encaja en el Campoamor por el número de voces, figurantes y bailarines, añadiendo un foso (más la banda interna) colosal, sumándole el colorido y acertado vestuario más un reparto homogéneo que lo dio todo sobre la escena.

El respeto tanto de Verdi como de Zeffirelli por la eficacia dramática del texto en ningún momento hizo pesar la escena ni los despliegues en ella sobre los protagonistas, todos perfectamente organizados por Vivien Hewitt con cantantes físicamente verosímiles en sus papeles para conjugar dramatismo e intimismo, con gran expresividad por parte de todos y cada uno, superponiéndose individualidad y colectividad. Lo visto y escuchado este frío viernes de Santa Lucía fue buen ejemplo de lo que buscaba el genio de Busseto: dotar a las voces de mayor expresividad huyendo de malabares ornamentaciones, con una partitura muy “cantabile” donde impera la melodía, siempre con buen balance entre foso y escena, todo en su sitio al contar con un reparto eficaz en cuanto a los volúmenes requeridos, aunque parece que el problema indicado por Verdi en los matices (ppp, dolce o morendo) perdure en el tiempo, y es que «Aida» sin permitir lucimientos técnicos, sí es exigente en los fraseos, pero sobre todo en la intensidad de emisión a lo largo de toda la tesitura, esenciales para el dramatismo del propio libreto tan bien reflejado sobre la partitura.

Del trío protagonista quien más problemas tuvo con las dinámicas fue el potente Radamés de Jorge de León, tenor de color ideal para el personaje y con volumen suficiente en todo el registro del que esperaba mayor contención para los momentos íntimos, careciendo de la expresividad para resaltar la melancolía o la ternura. Comenzar con la conocida aria Celeste Aida es un reto para todo tenor y el canario lo solventó con más potencia de la requerida para la escena, al igual que los dúos, tríos y concertantes donde pudo más la fuerza, necesaria,  que la ternura. Mejor junto al Nilo con su amada, siendo destacable el final O terra addio con Aida más melancólico y sentido.

La esclava etíope encontró en la italiana Carmen Giannattasio todos los atributos verdianos con su timbre de voz cálido y suave que encajó a la perfección con su rol desde una buena línea de canto de máxima expresividad y buen empaste con todos, destacando su enérgica línea de canto en las multitudinarias escenas corales, manteniendo el registro agudo y con soltura en el paso al grave, sumándole unos buenos “fiatos” en los solos (el Gloria ai Numi o el Trionfo de los actos primero y tercero respectivamente) e impecable el entendimiento con Radamés, sin dejarme el nostálgico O patria mía del tercer acto o la emocionante escena con la romanza Retorna vincitor así como el sentido dúo con la mezzo Amore, amore.

Quien se coronó como reina en Oviedo fue Ketevan Kemoklidze, una Amneris solvente vocal y escénicamente, uno de los grandes roles de Verdi para mezzo que algunos han llamado “la Éboli faraónica”. Desde una tesitura que se mueve abundantemente en los registros medio y grave, pese al color tan diferente en ambos, la georgiana logró máxima expresividad en ambos al igual que con unos agudos más que suficientes, de timbre bien diferenciado y más oscuro en los agudos al unísono con Aida, volcándose en la dualidad pasión-violencia de su personaje desde unos celos a los que Verdi pedía tener “chispa diabólica”, y Kemoklidze la tuvo hasta el final sobre la losa que cierra la cripta implorando la paz.

Los barítonos verdianos son casi una categoría en sí, por una tesitura alta y un color especial. El Ma tu re suplicante del segundo acto fue la carta de presentación de Àngel Òdena, un Amonasro impresionante en todo: heroico, poderoso en timbre, entendiendo e interpretando el dolor y el patetismo pero también el consuelo en el dúo con Aida, personalmente un tarraconense rey ovetense muy aplaudido.

También estaría tocado con corona regia dese su primera aparición (consultando a Isis quién será el general de los ejércitos) el malagueño Luis López Navarro, “bajo cantabile” de proyección suficiente en los grandes concertantes y con carácter, al igual que el alicantino Manuel Fuentes, un bajo joven pero ya profundo que aún irá ganando volumen con el tiempo. Su Ramfis de timbre redondo en toda su extensión resultó igual de solvente escénicamente y majestuoso su Gloria ai Nuri!.

Por cerrar el elenco vocal y pese a la brevedad de sus apariciones, muy segura desde el fondo del escenario la debutante mezzo asturiana Carla Sampedro como sacerdotisa, y Josep Fadó, el siempre seguro tenor de Mataró como mensajero, llamado a tener más papeles protagonistas siendo un lujo tenerlo dentro del elenco de esta producción, ayudando a mantener ese equilibrio vocal sobre las tablas.

Punto y aparte merece el Coro “Intermezzo” titular de la Ópera de Oviedo, porque «Aida» les exige de principio a fin: sacerdotisas y esclavos, pueblo y prisioneras, hombres y mujeres dentro o fuera de escena, juntos y separados con momentos “a capella” impecables, afinados, empastados, seguros en las entradas, amplitud de matices desde unos poderosos fortissimi a los delicados pianissimi, constituyendo el verdadero apoyo de cada escena tanto cantada como actoral (bravo por las esclavas “arpistas”), excelentemente preparados por Pablo Moras, siendo un pilar imprescindible en cada temporada, madurando en cada título que con este Verdi han podido dar la talla como así se les reconoció al final de la función.

De la OSPA que volvió al foso tras la anterior «Arabella», pese a la inestabilidad emocional que supongo tendrán por distintos problemas que han saltado a toda la prensa nacional, la orquesta asturiana siempre funciona, hoy de plantilla ampliada y contando con la Banda de Música “Ciudad de Oviedo” como banda interna, así como el cuarteto de trompetas en escena redondeando esta monumental «Aida» llevada con mano de hierro por Gianluca Marcianò, siguiendo todas las indicaciones del director italiano, incluso las siempre difíciles fuera de escena, por momentos excesivo en las dinámicas (puño en alto) aunque sobre el escenario sabía que responderían, exprimiendo cada pentagrama con la música de Verdi y realzando la acción dramática con soltura y seguridad. Pese a algún problema de afinación en la cuerda (el frío siempre influye) el resultado global fue notable, con unos solistas de calidad más que demostrada, desde el oboe hasta el arpa pasando por la flauta o una percusión siempre en el plano correcto.

Redondeando la grandiosidad egipcia, además de la cantidad de figurantes, merecen mención especial las cinco bailarinas con Olimpia Oyonarte que también se encargó de la coreografía, parte importante de esta “gran ópera italiana” que trajo Egipto a Oviedo con la mejor escena y vestuario posibles. Larga vida a Verdi.

FICHA:

Viernes 13 de diciembre de 2024, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVII Temporada de Ópera. G. Verdi (1813-1901): «Aida», ópera en cuatro actos, con libreto de Antonio Ghislanzoni basado en la versión francesa de Camille du Locle de la historia propuesta por el egiptólogo francés Auguste Mariette. Estrenada en el Teatro Vice-Real de la Ópera de El Cairo el 24 de diciembre de 1871. Producción SUONI, edizione Busseto.

FICHA TÉCNICA:

Dirección musical: Gianluca Marcianò – Directora de escena: Vivien Hewitt – Escenógrafo: Franco Zeffirelli – Diseñadora de vestuario: Anna Anni – Iluminador: Gianni Mirenda – Coreógrafa: Olimpia Oyonarte  Director del coro: Pablo Moras.

REPARTO:

El rey: Luis López Navarro (bajo) – Amneris: Ketevan Kemoklidze (mezzosoprano) – Aida: Carmen Giannattasio (soprano) – Radamés: Jorge de León (tenor) – Ramfis: Manuel Fuentes (bajo) – Amonastro: Àngel Òdena (barítono) – Un mensajero: Josep Fadó (tenor) – Una sacerdotisa: Carla Sampedro (mezzosoprano).

Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias

Banda de Música “Ciudad de Oviedo”

Coro Titular de la Ópera de Oviedo (Coro Intermezzo)

Aida nos espera

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Este año operístico asturiano (que no la temporada aún pendiente de finales de enero con Las bodas mozartianas) se cierra en Oviedo este viernes 13 a las 19:30 horas (festividad de Santa Lucía) con una muy esperada «Aida» de Verdi que seguro agotará las entradas, pues no se subía a las tablas del Teatro Campoamor desde 2006, lo que ya ha generado muchas expectativas en toda la prensa especializada (lo contaré como es habitual para Opera World pero también desde este blog), con un elenco de talla mundial junto a la escenografía original de Zeffirelli, su llamada piccolina Aida.

Además de rescatar de mi biblioteca el libreto publicado por Ediciones Daimon de Elena Posa y el siempre recordado Roger Alier, también saqué de mi videoteca esta maravilla de 1986 (ya por entonces en estéreo, con el vídeo y televisión de tubo enchufados a mi cadena de música cuando no había redes sociales) y unas voces únicas: Pavarotti, María Chiara, Ghena Dimitrova, Paata Burchukadze, Nicolai Ghiaurov y nuestro Juan Pons en la Scala milanesa con Lorin Maazel en el podio en la producción de Luca Ronconi. Para seguir preparándome cada función, pues como dice el refrán muriendo y aprendiendo (atribuido al sabio Salomón), suelo ir habitualmente a las conferencias previas que la Fundación Ópera de Oviedo organiza en el Club de Prensa de La Nueva España (de la que también soy colaborador).

El pasado martes 10 estuve aprendiendo de dos maestros presentados por el responsable de publicaciones  Adolfo Domingo López: primero de mi querido compañero de facultad y andanzas el arqueólogo Ángel Villa Valdés, sin perder de vista y reivindicar la propia arqueología asturiana (Del Nilo al Navia), y a continuación con el doctor en Musicología formado en Oviedo y especialista en Verdi Víctor Sánchez Sánchez, que nos acercarían a los orígenes de la llamada «Egiptomanía» para entender mejor al Verdi de Aida.

Ambos pasaron revista a las personalidades que movieron al genio de Busetto a escribir una gran ópera ambientada en el Egipto siempre mágico (el enlace lleva a la conferencia íntegra).

Así, el doctor Villa Valdés nos habló de Napoleón, del entorno histórico del momento, centrando ya en su terreno de nombres como Dominique Vivant Denon, que realizó el primer recuento de aquellos monumentos desconocidos en Europa y «rapiñó» muchas de las obras que acabaron en museos como el Británico, el Louvre y en menor medida los alemanes o el florentino (visitado por Verdi); de Gian Battista Belzoni, gigantesco y forzudo arqueólogo de vida curiosa; del prusiano Karl Richard Lepsius; no podía faltar Auguste Mariette, arqueólogo y totalmente relacionado con nuestra Aida, pues aconsejará al compositor sobre el libreto y diseñará el vestuario para la ópera (era un gran dibujante); de Jean François Champilion y la Piedra Roseta para cerrar la lista con Howard Carter, conocido por descubrir la famosa Tumba de Tutankamon, enfocando la arqueología desde la inicial a la actual que mira más al pueblo, sus costumbres, útiles y el peso español que hemos tenido en esta disciplina, aclarando que las ruinas restauradas siguen siéndolo, ruinas que deben mantenerse como tales por todo lo que aportan, citando también los documentos históricos del asturiano José María Flórez Gonzalez (de Cangas de Narcea), de Antonio García Bellido descubriendo el Castro de Coaña, y por supuesto de nuestro ilustre Juan Uría Riu, añadiendo yo al propio Ángel  Villa Valdés en esta lista de personalidades, pues sigue trabajando desde 1995 en los castros de Chao de Sanmartín y Coaña con los mismos criterios con los que actualmente se interviene en los yacimientos egipcios.

Egipto siempre atrae pero también por un sentimiento que fascina como es la eternidad de una belleza indescriptible. Por su parte el catedrático Víctor Sánchez también hablará de Mariette, de su labor como difusor de «lo egipcio» desde la grandiosidad y el misterio, las excavaciones o mejor desenterramientos, citando “La caja de las magias” por la referencia teatral y visual de esta ópera faraónica en todos los sentidos, que también se encuentra en «mi joya de libreto» (imprescindible el capítulo Ópera, tumbas y sabios), y el origen del proyecto de Verdi , las cartas y correspondencia en 1870 con Giulio Ricordi, siendo autor del propio “guión original”, con una idea que le llega de Europa como compositor cosmopolita que era, plagado de anécdotas, su documentación de los instrumentos e historia previa con las «mentiras» de François Joseph Fétis,  y aclarando que no la escribió para la inauguración del Canal de Suez, aunque era lo noticiable entonces, sino para el construido exprofesso Teatro Vice-Real de El Cairo, pues la capital egipcia se unía a las grandes ciudades con un teatro de la ópera, que se inauguraría antes con «Rigoletto» (el 1 de noviembre de 1869), siendo el estreno de «Aida» el 24 de diciembre de 1871, y donde no acudió el compositor por la Guerra Franco-Prusiana, además de ser poco viajero pero que ya estaba preparando el estreno de esta última ópera de encargo (cobrando 150.000 francos de entonces) donde podía «controlarlo todo», sin perder de vista la brutalidad de todas las guerras incluida ésta llevada a la ópera aunque «suavizada» y llena de simbolismos.

En Oviedo el elenco parece equilibrado (toco madera) por el trío protagonista: Amneris (la mezzo georgiana Ketevan Kemoklidze debutante en Oviedo), Aida (la soprano italiana Carmen Giannattasio también nueva en Oviedo) y Radamés (mi admirado y muy querido en Oviedo el tenor canario Jorge de León), sin olvidarme del resto: El rey (Luis López Navarro, bajo), Ramfis (Manuel Fuentes, bajo), Amonastro (el catalán Àngel Òdena, barítono), Un mensajero (Josep Fadó, tenor) y Una sacerdotisa (la mezzo asturiana Carla Sampedro). Habrá también un segundo reparto que me perderé por cuestiones de agenda.

En la dirección musical al frente de la OSPA estará mi bien recordado italiano Gianluca Marcianò con la directora de escena Vivien Hewitt y la escenografía que Franco Zeffirelli diseñase para el coqueto Teatro Verdi de Busetto, más el vestuario de la oscarizada y «musa» del director, la florentina Anna Anni. No puede faltar en esta gran ópera verdiana el Coro Intermezzo, titular de la ópera ovetense, que prepara Pablo Moras.

Ávila espera a nuestro LDO

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El León de Oro, por duplicado, en el 4º Festival Internacional Tomás Luís de Victoria en Ávila

El Festival, que mezcla cultura y patrimonio bajo la atenta mirada de Tomás Luis de Victoria, ofrecerá conciertos en distintos recintos culturales de la ciudad de Ávila.

Será hoy y mañana cuando el coro asturiano El León de Oro, dirigido por Marco Antonio García de Paz, cerrará este prestigioso festival dedicado a unos de sus compositores más relevantes: Tomás Luis de Victoria.

La idea del festival es que el legado y la obra de Tomás Luís de Victoria no queden en el olvido, algo que El León de Oro viene haciendo ya desde hace muchos programas. Con ese fin, el Ayuntamiento de Ávila celebra cada año un festival internacional, siendo este año su cuarta edición y que en esta ocasión abarca del 16 de noviembre al 8 de diciembre.

Los conciertos tienen lugar en cinco espacios del patrimonio de Ávila: Auditorio de San Francisco, Catedral del Salvador, Episcopio, Basílica de San Vicente y Real Monasterio de Santo Tomás.

El León de Oro ofrecerá los programas «El compositor celeste» el 7 de diciembre en el Real Monasterio de Santo Tomás a las 20:30 horas, y «Contrafacta» en el Auditorio de San Francisco el domingo 8 a las 12:30 horas. Todos los eventos serán con entrada libre y gratuita.

«El León de Oro» (LDO) es una agrupación vocal con una sólida trayectoria. Lo que comenzase como un pequeño grupo de amigos apasionados del canto hoy por hoy se ha convertido en un respetado proyecto que ya es una referencia en todo el mundo. Así lo refrendan numerosos galardones, las invitaciones a los mejores festivales y el clamor de público y crítica, con una verdadera legión de «leónigans».

La formación coral asturiana destaca por su versatilidad en cuanto a programas y cuenta con una plantilla de geometría variable, lo que le permite contar con un amplio repertorio que abarca desde los maestros del Renacimiento y Barroco hasta las obras más vanguardistas. Pero si en algo está especializado LDO es en música del Renacimiento, por lo que interpretando a Tomás Luis de Victoria, y a pesar de la gran dificultad de sus obras, es cuando alcanza su cota de excelencia más alta.

Aquí dejo los dos programas:

Sábado 7, 20:30 h: Real Monasterio de Santo Tomás.

“Tomás Luis de Victoria – El compositor celeste”

Tomás Luís de Victoria (1548-1611)

O Domine Jesu Christe (SAATTB)

Una hora (SSAT)

Tenebrae factae sunt (SATB)

Versa est in luctum (SSATTB)

Caligaverunt oculi mei (SATB)

Libera me (SSATTB)

O vos omnes (SSAT)

Sancta Maria succurre miseris (SATB)

Salve Regina (SSABar + SATB)

Regina coeli (SSAB + SATB)

Este programa está enteramente dedicado a la figura monumental de Tomás Luis de Victoria, un compositor cuyo nombre ha quedado indeleblemente grabado en la historia de la música sacra. En sintonía con el espíritu de este festival, el programa rinde homenaje a su inigualable relevancia, tanto en el ámbito artístico como en el espiritual, destacando por qué su obra sigue siendo una referencia esencial más allá de las generaciones y las fronteras.

El título que han elegido para esta ocasión, «Tomás Luis de Victoria – El compositor celeste», captura la esencia misma de su legado. Este sobrenombre no es casual, sino que surge de una característica notable de su carrera: a lo largo de su vida, Victoria jamás se desvió hacia la música profana, dedicando toda su obra a la música sacra, al servicio de lo divino. En un momento de la historia en que muchos de sus contemporáneos alternaban entre composiciones religiosas y seculares, Victoria se mantuvo firme en su vocación espiritual, plasmando en su música su profunda devoción y fe inquebrantable.

Domingo 8, 12:30 h: Auditorio de San Francisco.

Contrafacta

Tomás Luís de Victoria (1548-1611)

O vos omnes (SSAT)

Lorenzo Donati (1972)

Davanti alle tenebre

Tomás Luís de Victoria

Tenebrae factae sunt (SATB)

Lorenzo Donati

Dentro alle tenebre

Tomás Luís de Victoria

Caligaverunt oculi mei (SATB)

Lorenzo Donati

Oltre le tenebre

Tomás Luís de Victoria

Nunc dimittis (SATB)

Arvo Pärt (1935)

Nunc dimittis

Tomás Luís de Victoria

Kyrie – Officium defunctorum (SSATTB)

Josef Gabriel Rheinberger (1839 – 1901)

Kyrie – Cantus Missae

Tomás Luis de Victoria

O magnum mysterium (SATB)

Morten Lauridsen (1943)

O magnum mysterium

En este especial programa, «Contrafacta», emprenderan un fascinante y bello recorrido a través de seis ejemplos de contrafacta, sumergiéndonos en las complejidades y maravillas que este procedimiento musical nos ofrece. A lo largo de este viaje sonoro, descubriremos cómo una misma obra puede adquirir nuevas dimensiones cuando es reimaginada a través de otro prisma artístico.

En cada uno de los casos, el punto de partida será una obra del inigualable Tomás Luis de Victoria, uno de los más grandes compositores del Renacimiento, cuya música sacra resplandece con una pureza y espiritualidad difícilmente alcanzables. Sin embargo, el verdadero deleite del programa radicará en el contrapunto que le ofreceremos: cada obra de Victoria irá acompañada por la creación de otro compositor, quien, partiendo del mismo material, del mismo texto o melodía, consigue un resultado profundamente distinto, tanto en estilo como en tiempo. De esta manera, las obras dialogan entre sí, revelando la capacidad infinita de la música para renovarse y reinterpretarse.

Y hoy también se ponen a la venta las entradas (al precio de 12 €) para el CONCIERTO DE NAVIDAD que el Proyecto LDO dará el próximo 28 de diciembre a las 20:00h en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo, evento que es ya una cita imprescindible de la temporada navideña y reúne en una velada única a las cinco formaciones que conforman este prestigioso proyecto: el coro de adultos (LDO), el coro femenino (Aurum), el coro masculino (Ferrum), el coro infantil (Peques LDO) y, como gran novedad, el nuevo Coro Joven Lithos, recientemente fundado y dirigido por Jesús Gavito Feliz.

Bajo la dirección de Marco Antonio García de Paz y Elena Rosso, esta gala será un homenaje a todos los que han acompañado al coro en su trayectoria, así como el broche perfecto para despedir el año y dar la bienvenida a un prometedor 2025.

Además, ya se puede avanzar que El León de Oro tiene una cita muy especial el lunes 10 de febrero de 2025 en el Palau de la Música de Barcelona, donde llevará su excelencia coral a uno de los escenarios más emblemáticos de España, dentro del ciclo La Casa del Cants.

Orgullo asturiano y embajadores creativos

El León de Oro se siente profundamente vinculado a Asturias, su tierra natal. Como parte del Talento Asturiano y embajadores de la industria creativa de Asturias, la agrupación lleva el nombre de la región a los rincones más destacados del panorama musical nacional e internacional.

Regalar LDO en Navidad es regalar un trocito de Asturias.

Comprensión con pasión

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Viernes 29 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, OSPA abono 2 «Arquitectura hecha música»: Anke Vondung (mezzo), Nuno Coelho (director). Obras de Schubert y Bruckner.

Tras la «Arabella» de la ópera ovetense regresaba al Auditorio nuestra OSPA y su titular con el segundo concierto de abono con un programa interesante que Nuno Coelho presentó primero en la sala de cámara manteniendo los encuentros previos, emparejando a dos compositores que Jonathan Mallada en sus notas los llama «Arquitectos de la música», en cierto modo unidos no ya por Viena sino por su lucha vital, el levantarse de los sinsabores y críticas adversas a sus obras para renacer con pasión, y con la mezzo alemana Anke Vondung sustituyendo a la colaboradora artística Fleur Barron que hubo de cancelar, esta vez con Yuri Kalnits de concertino invitado, pues seguimos sin cubrir esa plaza, y ahora también sin gerente.

El malogrado e incomprendido Schubert nos dejó alrededor de 600 lieder donde mostrar su capacidad para escribir unas melodías que muchos aficionados pueden tararear concebidas para voz y piano que formaban parte de aquellas veladas de salón en la Viena imperial conocidas precisamente como «schubertiadas». De las muchas versiones e interpretaciones me quedo con las de barítonos y mezzos por el color de voz además de los textos -incluidos y traducidos en el programa de mano- que son pura poesía musicada. Contar además con una cantante alemana es un plus por su dicción, fraseos y hasta gestualidad, como así resultó con Anke Vondung (Espira, 1972), alumna del irrepetible Fischer-Dieskau, pues aunque no sea igual cantar con orquesta por el volumen, si bien el director portugués intentó hacerla camerística en los planos sonoros, debo añadir que no todas las orquestaciones (que dejo detalladas al final de esta entrada) ayudan ni mejoran el original pianístico con quien la voz comparte el protagonismo y no un mero acompañamiento, y así los entendió el director portuense, buen concertador con la germana de voz poderosa en todo el registro.

De los cinco lieder elegidos para la ocasión (más la propina de An Sylvia) interesantes y conocidas Die Forelle D. 550 (La trucha) o la «Serenata» con una instrumentación siempre sugerente, pero sobre todo Erlkönig D. 328 (El rey de los elfos) con texto de Goethe, donde Franz Liszt «cargó las tintas» pero la mezzo alemana la llenó de todo su dramatismo en el amplio sentido de la expresión, amén del dulce regalo con texto de Shakespeare.

Si la semana pasada homenajeábamos a Bruckner en su bicentenario con su «sinfonía de estudio», esta vez manteniendo mi aforismo de que «no hay quinta mala», la OSPA afrontaría esta pétrea «catedral sonora», exigente, monumental, emocionante y muy trabajada, donde comprobar que la capacidad técnica, musicalidad y sonoridad de cada sección de la formación asturiana es un lujo del que tristemente no se disfruta como debería, pues daba pena ver medio patio de butacas vacío.

Coelho sigue creciendo desde el podio con un trabajo meticuloso, riguroso, armando este monumento bruckneriano, comunicando a la perfección todo el trabajo previo para con sus gestos «sacar petróleo» de la formación ajustada a la plantilla, jugar con los tempi sin amaneramientos, mantener el balance preciso, dejar lucirse a los primeros atriles y mantener esa sonoridad compacta que es ya seña de identidad, junto a unos silencios subyugantes que subrayaron el excelente discurso sinfónico.

Para hablar de Bruckner no podemos olvidarnos de su religiosidad y del trabajo como organista, una espiritualidad interior que sin tener melodías «reconocibles» es capaz de construir un templo sinfónico desde un contrapunto y superposiciones tímbricas más allá del poderío que tienen los metales. El siempre recordado maestro Max Valdés hablaba de «los bronces» pero hoy todo el viento fue de oro: un quinteto de trompas esmaltado, compacto, un trío de trompetas comandado por Maarten van Weverwijk con un timbre aterciopelado, los trombones y tuba verdaderos registros organísticos, más la «lengüetería» de la madera jugando con combinaciones tímbricas fabulosas en esta Quinta Sinfonía.

Sumemos la cuerda que por momentos es protagonista y en otros verdadero sustento del viento, con unos pizzicatti muy presentes, unos fraseos claros y precisos, trabajando no solo las dinámicas necesarias para mantener el plano ante el poderío te «los tubos», igual de aterciopeladas en un Adagio del último movimiento que seguramente inspiró a Mahler, el tránsito desde su maestro Bruckner en la construcción sinfónica, aunque el bohemio traerá lo celestial a lo terrenal. Enorme esfuerzo por parte de todos, entrega máxima y una versión de la que presumir ante tantas que todo melómano atesora en su discoteca esta que cerraba noviembre con el «arquitecto» Nuno Coelho y la OSPA, de la que no volveremos a disfrutar (amén del ya reiterativo «Mesías» navideño) hasta el tercero de abono en enero con el concierto de piano de Grieg más la décima de Shostakovich en otro programa que promete tras la esperada «Aida» nuevamente en la ópera ovetense.

PROGRAMA:

FRANZ SCHUBERT (1797 – 1828)

Lieder:

▪ Die Forelle (La trucha), op. 32 (D. 550) (orq. Benjamin Britten)

▪ Rosamunda, Romanza, D. 797

▪ Gruppe aus dem Tartarus (Grupo del Tártaro), D. 583 (orq. Max Reger)

▪ Ständchen (Serenata), D. 957, nº4 (orq. Jacques Offenbach)

▪ Erlkönig (El rey de los elfos), D. 328 (orq. Franz Liszt)

ANTON BRUCKNER (1824 – 1896)

Sinfonía nº5 en si bemol mayor, Cahis 7:

I. Adagio – Allegro – Langsamer

II. Adagio – Sehr langsam

III. Scherzo: Molto vivace – Trio

IV. Finale: Adagio – Allegro moderato

Pulsaciones cardinales

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Miércoles 27 de noviembre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, concierto nº 1689 de la Sociedad Filarmónica de Gijón: EntreQuatre (cuarteto de guitarras). Obras de Vera, Chaviano, Sefardíes, Albéniz, Blanco, Falla, Sánchez y Del Águila.

No se asusten con esta foto inicial que todo tiene explicación. EntreQuatre es un cuarteto de guitarras asturiano que celebra en este 2024, que va tocando a su fin, «Cuarenta años entre cuerdas» como así titula las notas al programa el propio Manuel Ángel Paz (Ujo, 1960), fundador del mismo, que explica de primera mano esta singladura a la que mis recuerdos remontan diez años antes, pues nos conocemos desde sus estudios de guitarra a finales de los 70, aprovechando los viajes con el Club Voleibol Hunosa en Pola de Lena (de ahí la foto superior) para practicar, toda una vida unido a ella y a tantos proyectos musicales con múltiples vicisitudes, que darían para un trabajo fin de grado, y entre las que no puedo olvidarme de mi compañero en la Academia Real Musical de Oviedo Carlos Cuanda (Llanes, 1961), otro de los fundadores junto a Roberto Martínez-Vigil (Oviedo, 1952) y  Jesús Prieto (Lena, 1972), después relevaría a Roberto Carmen Cuello (El Entrego, 1979), pero sobre todo al último «fichaje» de mi querida Seila González, alumna mía a finales de los 90 (primera de las fotos inferiores), que compaginaba sus estudios de secundaria en el IES «El Batán» de Mieres cambiando de cuenca minera por las tardes para asistir a clases con Manuel, entonces profesor y jefe de estudios en el Conservatorio de la Mancomunidad del Nalón, y que con los años acabaría se convertiría en concertista (siguiente foto) integrándola a este proyecto que nacía antes que ella como bien recordaría «su profe de guitarra» en el concierto, orgulloso docente como quien suscribe, que además iría presentando las obras.

Presumir de años me trae no solo seguir toda la trayectoria de EntreQuatre sino también haberlos disfrutado siempre que he podido, así que celebrar no solo 25, también 40 años con ellos (desde el 19 de abril de 1984) es uno de los regalos que me ha dado la vida.

Si se me permite la analogía con los cuatro puntos cardinales, Manuel Ángel Paz ha sido el norte que ha guiado este pulsar cuerdas, Jesús Prieto el sur por el «contrapeso» de la brújula y compañero de conservatorio, el este por el «nacimiento» de Seila González, más el oeste de Carmen Cuello, las mujeres que compensan el equilibrio de la brújula de este cuarteto astur, más la estrella polar que sigue siendo Flores Chaviano (Caibarién, 1946) por creer, bautizándoles ya en su primera obra, creyendo en ellos, orientarles, arreglar y componer tantas buenas obras para  ellos, ya como EntreQuatre, dignos herederos de aquellos malagueños Los Romeros, casi tantos años como yo , verdadero referente en los EEUU que les adoptaron con la música de cuarteto de guitarras, y para quienes hasta Joaquín Rodrigo dedicaría su Concierto Andaluz.

A Gijón traerían un catálogo de obras escritas o versionadas para ellos, en un viaje musical de distintos compositores donde no faltaron «los suyos» que siguen ampliándoles repertorio o manteniendo obras que son como la seña de identidad de EntreQuatre, pero también dos «estrenos» de Albéniz y Falla por ellos preparados, dos grandes donde la guitarra estaba presente en su forma de escribir y que con las guitarras de los asturianos parecieron y lograron convencernos de la sonoridad única nuestro instrumento más español e internacional. Multipliquemos por cuatro desde un mismo «pulso vital», la pulsación sincronizada con una tímbrica peculiar que transita igualmente por la escritura actual, con ritmos trepidantes y la necesaria musicalidad común y magnífica para lograr un merecido triunfo este último viernes de noviembre en el teatro del Paseo de Begoña.

De las obras solo unas breves pinceladas al llegar a casa, pues el propio Manuel Paz las describe en las notas y las iría presentando.

Para abrir boca comenzarían Amulepe del chileno Mauricio Vera (1985), un homenaje a la tribu Mapuche a partir de un ritmo de dos simples notas que sorprende por su vitalidad. No podía faltar el cubano afincado en España Flores Chaviano quien de una suite para conmemorar la vuelta al mundo de Magallanes y El Cano nos dejaría dos joyas: el Fado Menor tan portugués donde poder cantar sin letra la Lisboa portuaria antes de irnos hasta las Filipinas inspiradoras de sus instrumentos transformados en cuatro guitarras con la Danza Guerrera, sumándose percusiones que nos transportaron a las sonoridades pacíficas y las escalas de gamelán.
Interesante la transmisión oral del pueblo sefardí y la recuperación de varias canciones tradicionales para voz y piano realizada en 1934 por Alberto Hemsi (1898-1975), esta vez dos melodías, A la una nací yo y Yo me alevanti un lunes, de las que Chaviano «rehace» para EntreQuatre con un gusto y respeto por una música ancestral, esta vez sin necesidad de más voz que la propia de cada guitarra.
Está claro que Isaac Albéniz (1860 – 1909) tenía la guitarra en su cabeza aunque escribiese para el piano, y los que conocemos su obra buscamos esa sonoridad, EntreQuatre no olvida las transcripciones y quiso devolvernos cómo sonarían en realidad -aunque haya versiones para guitarra sola- con el estreno para el cuarteto de dos arreglos propios y muy logrados de los números de la «Suite Española» nº 1 op. 47: Cádiz y Sevilla, respeto por el original, tempi para recrearse y todo el sabor andaluz del compositor gerundés que reflejaría desde su genio la riqueza de nuestra música.

La segunda parte de nuevo alternando obras escritas para ellos sin olvidar a Manuel de Falla (1876 – 1946) que curiosamente sólo compusiese para guitarra el Homenaje a Debussy pero con la guitarra a la que ni siquiera Paco de Lucía pudo sustraerse esta vez nos dejarían dos revisiones -más que arreglos o versiones- de Chaviano: la Danza del Molinero de «El sombrero de tres picos» y la Danza de «La vida breve», nueva inspiración hispana donde el carácter de las seis cuerdas es patente y tener la sonoridad de las cuatro las hicieron verdaderamente «nuevas», como limpiar un cuadro original para descubrir el primigenio.
Primero nos dejarían La ciudad en las nubes del asturiano Javier Blanco (1977), músico polifacético con esta obra cargada de magia e imaginación, muy de nuestro tiempo y válida para lo que llamo música sin etiquetas (como las del propio compositor) que hace unos años podría llamarse «New Wave» o si prefiere minimalista, pero capaz de transmitirnos la sensación de flotar donde cada guitarra va creando un lienzo sonoro que no pueden dejar de interpretar en sus conciertos.

Con el argentino afincado en París Leonardo Sánchez (1966) contactarían para que les compusiese una obra… finalmente les llegaría toda una suite titulada «Itinerario» (2001) inspirada en los  cuatro puntos cardinales argentinos, de ahí mi licencia de tomar prestado parte del título para esta entrada, y eligiendo para la ocasión Sur (Milonga), la madre del tango y ese ritmo tan típico que fue completando un viaje bien pulsado y nostálgico desde el norte asturiano hasta los gauchos rioplatenses.

Y una obra que me marcó cuando la escuché por vez primera  en 2009 con el espectáculo «Tierras Juntas» con el Cuarteto Iberoamericano, y posteriormente en 2010 es la del uruguayo Miguel del Águila (1957), un revulsivo que sonó para cuarteto de cuerda en el Conservatorio del Nalón y Manuel Paz pidió una versión para ellos. Interesante conocer el origen del Presto II: último movimiento de su cuarteto de cuerda como trabajo fin de carrera en la «Hochschule fur Musik and Konservatorium der Stadt Wienen» donde tras tres primeros movimientos de lo más académicos, en el cuarto rompió con todo lo que había «tragado» dándole una verdadera patada a todo y siendo de lo más criticado en su estreno, quedando este Presto como pieza suelta e independiente, posteriormente arreglada por él mismo para nuestro internacional cuarteto de guitarras y por último el título de Presto a 8 al estar «rehecho» para los dos cuartetos, el de cuerda y el de guitarras que disfruté el 2 de marzo de 2010 mientras el enorme mural de Ramón Isidoro colgaba en el auditorio y terminaría troceado dentro de cada CD que grabaron (todavía a la venta y ofrecido a la salida del concierto).

El regalo sería otra de las joyas de EntreQuatre y la mano maestra de Flores Chaviano con la adaptación del conocido bolero-son Lágrimas Negras (1929) compuesto por Miguel Matamoros (1894-1971), un enorme compositor que «no sabía qué era un pentagrama» pero verdadera historia de la música cubana y universal en cualquier versión o interpretación desde la recreación en las bodas de plata del hoy «cuarentañero» cuarteto asturiano.

 

Espiritualidad romántica

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Un hito de la OFIL y «El León de Oro», con Marco Antonio de Paz a la batuta

Miércoles, 20 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo, Conciertos del Auditorio. El León de Oro (LDO), Oviedo Filarmonía (OFil), Marco Antonio García de Paz (director). Obras de Bruckner y Cherubini.

(Crítica para LNE del viernes 22, con el añadido de los links siempre enriquecedores, tipografía que no siempre la prensa puede adaptar, y fotos propias)

En este 2024 que va llegando a su fin, se está conmemorando el bicentenario del nacimiento de Anton Bruckner (1824-1896), por lo que en la que seguiré llamando “La Viena Española” no podía faltar su homenaje dentro de los Conciertos del Auditorio con la orquesta titular del ciclo para interpretar la Sinfonía nº 00 en fa menor, WAB99 (1863) muy poco escuchada y que tiene como subtítulo “Sinfonía de estudio” que no pudo escuchar en vida, que hasta 1924 no se estrenaría completa, y considerada en principio la nº 1, como era habitual en el compositor, rectificaría después dejándola sin numerar, siendo editada en 1973 por Leopold Nowak. Primer acierto de este concierto.

Tener al frente al maestro Marco Antonio García de Paz por sus estudios de violín, conocedor desde el atril de la dirección y la complicidad con la OFil, el segundo acierto. Para rematar quedaba unir sapiencia y experiencia coral desde “su” coro, El León de Oro, con muchas décadas trabajando repertorio variado, donde además del propio Bruckner con distintas formaciones (como el Coro de RTVE o el Joven Coro de Andalucía), en sus programas sinfónicos ha ido labrándose una trayectoria impecable, así que el “Requiem en do menor”, op. 21 de Luigi Cherubini (1760-1842) ha sido otro hito en Oviedo del que disfrutarán hoy en Santander.

Sin ánimo de recargar con adjetivos este programa doble, globalmente fue espléndido por la elección que une lo sacro y clásico del italiano con la monumentalidad romántica del austriaco, el espíritu católico de ambas obras y autores, más allá de creencias, pues la música de los dos es emocionante, además de contar con una escritura de herencias mozartianas que las hace aún más agradecidas de escuchar, más cuando están interpretadas con conocimiento y mucho trabajo previo.

La «Studiensymphonie» de Bruckner en sus cuatro movimientos (Allegro molto vivace / Andante molto / Scherzo (Schnell) – Trio (Langsamer) / Finale. Allegro) no es ni un trabajo de clase ni un mero ejercicio académico como se la llegó a clasificar en su momento. Los amplios contrastes dinámicos, fraseos, balance entre secciones y un estilo propio de esta sinfonía “juvenil” suponen un reto que el director luanquín asumió. Con una colocación de la OFil “a la vienesa”, ya supuso un juego tímbrico muy conseguido, matices siempre equilibrados conteniendo la justa medida del poderío en los metales y con una gama de contrastes dinámicos, así como de tiempos, plenamente románticos, sin obviar los momentos clásicos tan “cantabiles” en cuerda y madera. Si algo puedo añadir es haber conseguido que la orquesta sonase como un gran coro, delineando cada fraseo y agradeciendo que se optase por esta sinfonía felizmente recuperada por un Eliahu Inbal, que ya me emocionase el pasado año en el Festival de Granada con “la séptima” dirigiendo a la JONDE. El tándem OFil-García de Paz con esta “doble cero” será otra referencia para quien suscribe.

Desde sus inicios, el LDO me cautivó por tratarse de un proyecto con sello propio que ya marcaba diferencias buscando una sonoridad cercana a la perfección coral, declarándome un “leónigan” confeso y que no le he perdido nunca el rastro en más de veinte años de andadura. Los cambios de ubicación de sus formaciones son casi señas de identidad en pro de juegos tímbricos, espaciales y adaptándose al repertorio. Para el “Réquiem en do menor” de Cherubini, compuesto entre 1815 y 1816 por encargo de Luis XVIII para estrenarse al año siguiente en el panteón real de la monarquía francesa, Marco A. García de Paz aprovechando la disposición orquestal ubicó detrás al LDO situando en el centro a bajos y tenores escoltados por sopranos y contraltos a ambos lados de los hombres, contraponiendo agudos y graves instrumentales con los vocales en una obra sin solistas, pero con las cuatro cuerdas cantando en feliz simbiosis con una orquestación “rompedora” y hasta revolucionaria del italiano venerado en la Francia borbónica, volcado en la música sacra desde 1809 para marcar el modelo de “misa de difuntos” romántica (con la herencia y recuerdo mozartiano) admirada desde Beethoven a Berlioz pasando por Schumann o Brahms. Afinación perfecta, emisión amplia, empaste, dicción latina italianizante y dinámicas extremas sustentadas por una OFil que lo mismo completaba las armonías como las “adornaba”, cantando sin palabras o convirtiendo al viento (sin las “odiadas” flautas para Cherubini) en un órgano catedralicio con trompetas naturales. Siete partes con el Introitus et Kyrye recogido, Graduale contrastado, Sequentia donde aparecería el “inicipit” gregoriano de los hombres antes del impactante Dies irae, aterrador, con el golpe de gong cual campana apocalíptica, seguido del  clásico y hermoso Lacrimosa, el complicado encaje fugado entre coro y orquesta en el Quam olim Abrahae del Ofertorio, bien llevado por el director gozoniego, con exigentes cambios de tempo como en Hostias et preces tibi sin perder la concentración pese a los apagones de algunos focos o el “pecador” e impertinente teléfono antes de un Pie Jesu que verdaderamente parecía pedir descanso eterno y piedad. Emociones transmitidas por un LDO al que no se le notan los cambios generacionales, manteniendo el “esqueleto inicial” en las cuatro cuerdas, uniendo experiencia y savia nueva en una transición natural, con el Agnus Dei et Communio feliz de esta joya sinfónico coral que García de Paz entendió desde su amplia y fructífera trayectoria, grandiosa e introspectiva como el Requiem, dejando a todo el auditorio, casi lleno, sobrecogido y feliz de haber disfrutado con una música llena de espiritualidad romántica.

Difuntos muy vivos

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Éxito coral de la OFIL y «El León de Oro» en el Auditorio

La sinfónica ovetense y la agrupación luanquina, bajo la experimentada dirección de García de Paz, ofrecen un sublime y sentido concierto

Pablo Siana

Miércoles, 20 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo, Conciertos del Auditorio. El León de Oro (LDO), Oviedo Filarmonía (OFil), Marco A. García de Paz (director). Obras de Bruckner y Cherubini.

(Reseña rápida para LNE del jueves 21, escrita desde el teléfono, con el añadido de los links siempre enriquecedores, tipografía que no siempre la prensa puede adaptar, y fotos propias)

Interesante concierto “Made in Asturias” que también llegará a Santander este viernes con nuestro coro más internacional, del que me he convertido en “leónigan” y Marco Antonio Gª de Paz asumiendo esta vez la dirección total junto a la OFil, con el bagaje de muchos años trabajando desde Covadonga hasta Luanco, de Madrid hasta Andalucía y recorriendo medio mundo con su LDO. Dirigir el Réquiem  de Cherubini además de muchas emociones es un espejo donde mirarse, mas Bruckner y la Sinfonía en Fa menor “de estudio” de 1863 (sin entrar en ceros) todavía mayor reto al aunar en ambas obras no solo un compromiso con la música sacra, también una religiosidad que trasciende creencias religiosas por su magnificencia musical siempre atemporal.

Bruckner abría el concierto con la OFil capaz de transitar por programas variados y encontrándose cómoda y convincente con el maestro gozoniego al frente. La “Studiensymphonie” WAB 99 es mucho más de lo que su título sugiere en cuanto a composición, y no digamos interpretación de los cuatro movimientos. García de Paz colocó la orquesta en disposición vienesa para jugar con la tímbrica y los balances logrando contrastes muy satisfactorios en matices y tempi desde una sonoridad romántica muy “coral” en todas las secciones.

El Requiem en do menor, op. 21 de Cherubini es auténtico «progreso por volver a lo antiguo” como escribiría Verdi y una obra que Beethoven pidió para su entierro, auténtica revolución para los románticos que la tomarán como modelo de “misa de difuntos”, enlazando en parte con el organista de Linz. Obra sinfónico coral sin solistas, introspectiva y grandiosa a la vez, sobrecogedora, que solo se puede afrontar con un conocimiento profundo por parte de todos, y García de Paz lo demostró llevando a su coro verdaderamente “de la mano” optando por una colocación que a los leónigans nunca sorprende: bajos y tenores en el centro flanqueados por sopranos y altos, verdadera simbiosis de apuesta sonora que redundaría en una interpretación “de autor”, magnífica, sublime y sentida por todos.

Carnavalesca Arabella

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Domingo 17 de noviembre de 2024, 19:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVII Temporada de Ópera. Richard Strauss (1864-1949): «Arabella», Lyrische Komödie en tres actos, op. 79, con libreto de Hugo von Hofmannsthal. Estrenada en el Sächsisches Staatstheater de Dresde el 1 de julio de 1933. Producción del Aalto-Musiktheater Essen.

(Crítica para Ópera World del lunes 18 con el añadido de los siempre enriquecedores links, tipografía y fotos propias más de las RRSS)

Una ópera muy esperada en Oviedo el tercer título de la septuagésimo séptima temporada, que además de ser estreno en la capital del Principado, llegaba con el cambio de la inicialmente prevista Maite Arberola por la británico-canadiense Jessica Muirhead en el rol de Arabella, que ya interpretase precisamente en esta producción alemana del Aalto-Musiktheater Essen, lo que parecía augurar un éxito. En la línea de seguir apostando por nuevos títulos, no hubo lleno pero sí la “división de opiniones” habitual con los ya cansinos abucheos -cada vez menos- mezclados con tibios aplausos (algo extraño para los muchos forasteros que acuden al Campoamor) en la primera función de la Vetusta decimonónica, con tímidas ovaciones al final de la representación a cargo de los abonados habituales pero sin el triunfo esperable tras una representación globalmente plana, gris, deslucida pese a las buenas intenciones y trabajo de todos, que no convenció y hasta por momentos resultase anodina, por no decir soporífera, sobre todo los dos primeros actos, que en el descanso aún vaciarían más las butacas.

La puesta en escena de Guy Joosten y Katrin Nottrodt pretendía ser como dicen ahora “rompedora” o al menos provocadora, incidiendo en la esquizofrenia y decadencia de la Viena imperial de 1866 que se derrumbaba, usando elementos que incidieran conscientemente en la chabacanería y mal gusto de esta tragicomedia escrita por Hugo von Hofmannsthal a partir de sus “Lucidor” y “Le coche deben compte”, dos historias de falsedades y continuos disfraces en aquel eterno Fasching vienés, aunque hurtándonos del que debería ser el lucido “baile de los cocheros” para convertirlo en una cena de cumpleaños, solamente carnavalesca por las máscaras de cerdos que portaban los tres condes pretendientes, todo muy “marxista” en este “Hotel de los líos” como definió en el programa de mano la doctora María Sanhuesa, auténtica astracanada decadente donde hubo más teatro que canto, verdadero vodevil de figurines poco acertado: el casi protagonista vestido “azul acero” que debe lucir Arabella quedó reducido a una especie de guardapolvos sobre el camisón con el que aparece incluso antes del inicio musical; los condes pretendientes uniformado s igual, y el croata Mandryka más un cazador polar junto a su fiel Welko, ambos con el mismo ropaje toda la función. Faltó el glamour que no debe ir reñido con la crítica ácida a esa familia desestructurada buscando seguir viviendo del cuento a costa de un matrimonio de conveniencia, pues las apariencias deben seguir siendo bellas aunque engañen sin resultar tan explícitas. Para rematar los desatinos hasta se cambia el final feliz para dejar compuesta y sin novio a la pequeña de los Waldner.

La increíble escritura musical de Richard Strauss careció de la chispa necesaria pese al buen estado de la OSPA (con Daniel Jaime de concertino) donde Corrado Rovaris no pareció el mismo de sus anteriores visitas al auditorio con la formación asturiana, pero tampoco en su paso por el Campoamor con un «Don Carlo» muy verdiano e incluso con el Golijov del «Ainamadar» en un recordado 2013 donde el maestro italiano sí funcionó con la calidad esperada. En su haber el excelente  preludio del tercer acto, un sinfonismo sin complejos que al menos me quitaría parte de la decepción del foso, y su apuesta por unos tempi arriesgados con los que la orquesta asturiana nunca tiene problemas, contando además con unos solistas de altura.

Foto ©Matthias Jung

Enorme el esfuerzo de Jessica Muirhead que apenas tiene descanso, pero cuya voz posee un vibrato que por momentos llega a resultar molesto, reconociéndole a la soprano el dominio de su Arabella en esta misma producción de Essen. Mejor su “hermano Zdenko” con una María Hinojosa de color bien contrastado con la protagonista, poseedora la soprano catalana de una buena técnica, dicción y gusto a quien le faltó, como suele suceder, un poco más de volumen en los graves, o al menos que el foso bajase decibelios.

El barítono alemán Heiko Trinsinger tiene un timbre desigual, buen volumen pero una línea de canto donde pareció elegir el lado brusco de Mandryka en todos los aspectos, pese a ser un straussiano reconocido, y otro tanto con el padre de Arabella, el Conde Waldner del bajo austriaco Christoph Seidl, bastante tosco en todos los sentidos, donde lució más la parte escénica que la musical. Su esposa Adelaide, la mezzo británica Carole Wilson, se sumó a la astracanada lírica pese a contar con un buen instrumento que ni lució ni convenció, como tampoco con un vestuario chabacano hasta para carnavales.

Los pretendientes de Arabella desarrollaron distinto trabajo: interesante el de los tres condes aunque igualmente contagiados de esa falta de emociones, optando por una desmesura interpretativa. Mejor el Elemer del tenor barcelonés Vicenç Esteve, progresando lentamente “nuestro” bajo asturleonés Javier Blanco como Lamoral, que va ganando enteros poco a poco, y un oscurecido Dominik del barítono de Palamós Guillem Batllori. El Matteo a cargo del tenor coreano Jihoon Son no tuvo el peso vocal esperado, de poca proyección y agudos metálicos, aunque sí dio todo en su lado actoral que por momentos incluso provocaría cierta chanza cada vez que colocaba la pistola sobre la sien.

De los roles más breves, en el primer acto la mezzo gerundense Claudia Schneider como La tiradora de cartas fue convincente, el Cartero del venezolano debutante Ángel Simón (que canta en el Coro de la Ópera) más limitado vocalmente pero un barítono que irá creciendo y perfeccionándose paulatinamente en nuestra tierra porque “hay madera”. Mientras tanto en el segundo acto cuando esperábamos un tirolés canto “yódel” de La Fiakermilli escrito para lucirse, Cristina Toledo nos dejó todo un catálogo de gritos sobreagudos que contribuyeron a todo un esperpento lírico. Por último el actor ovetense Carlos Mesa convence hasta hablando en alemán.

Si «Arabella» es un título poco representado, con los mimbres mostrados en Oviedo pienso que tardará lustros en reponerse, mostrando las falsedades de la vida moderna que resultarían paralelas a la propia representación. Una lástima porque el tándem Strauss-Hofmannsthal nos ha dejado tres páginas para disfrutarlas (junto a «El caballero de la Rosa» y «Elektra») y no para abrir la boca o echar una cabezada, pues “la vida para los ociosos también es espectáculo”, pero como los clientes de este “hotel de los líos” nos fuimos a dormir porque no puede pasar nada más.

FICHA:

Domingo 17 de noviembre de 2024, 19:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVII Temporada de Ópera. Richard Strauss (1864-1949): «Arabella», Lyrische Komödie en tres actos, op. 79, con libreto de Hugo von Hofmannsthal. Estrenada en el Sächsisches Staatstheater de Dresde el 1 de julio de 1933. Producción del Aalto-Musiktheater Essen.

FICHA TÉCNICA:

Dirección musical: Corrado Rovaris – Dirección de escena: Guy Joosten – Escenografía y figurinista: Katrin Nottrodt – Iluminación: Jürgen Kolb – Repositora de iluminación: Charlotte Marr.

REPARTO:

Arabella: Jessica Muirhead (soprano) – Zdenka: María Hinojosa (soprano) – Conde Waldner: Christoph Seidl (bajo) – Adelaide: Carole Wilson (mezzosoprano) – Mandryka: Heiko Trinsinger (barítono) – Matteo: Jihoon Son (tenor) – Conde Elemer: Vicenç Esteve (tenor) – Conde Dominik: Guillem Batllori (barítono) – Conde Lamoral: Javier Blanco (bajo) – La Fiakermilli: Cristina Toledo (soprano) – La tiradora de cartas: Claudia Schneider (mezzosoprano) – Welko: Carlos Mesa (actor) – Cartero: Ángel Simón (barítono).

Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias.

Un idilio lírico ovetense

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Jueves 7 de noviembre de 2024, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo: Conciertos del Auditorio. «Gala Puccini» (conmemoración del centenario del fallecimiento de Giacomo Puccini): Sondra Radvanovśky (soprano), Piotr Beczala (tenor), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Oberturas, arias y dúos de G. Puccini (1858-1924).

(Crítica para Ópera World del viernes 8 de noviembre, esta vez con pocos links por problemas de tiempo, y fotos propias)

Es bueno cumplir años para recordar mis vivencias líricas, y nada mejor que seguir celebrando a G. Puccini (1858-1924) con dos voces que ya he disfrutado y además realizando una gira europea homenajeando al genio de Lucca con paradas en España, donde no falta Oviedo: la soprano estadounidense Sondra Radvanovśky (Berwyn – Illinois, 1969), premio lírico a la mejor cantante femenina de ópera en la séptima edición de los Premios Líricos con Gala en el Teatro Campoamor (2012), tras una exitosa “Norma” semiescenificada en diciembre de 2011 (no podría volver a Oviedo para el Réquiem verdiano), aunque volvería a escucharla en Perelada allá por agosto de 2013 con la misma ópera de Bellini, y el tenor polaco Piotr Beczala (Czechowice-Dziedzice, 1966) quien ya cantase dos veces en el auditorio ovetense, primero con Oviedo Filarmonía (OFil) en abril de 2017 -entonces dirigida por Marzio Conti y cuatro años después en un recital con piano (junto a Sarah Tysman), por lo que el inexorable paso del tiempo también ayuda a calibrar la evolución de los intérpretes y los sentimientos de los muchos melómanos llegados de todo el norte de España que llenaron el Auditorio.

Si algo tiene Puccini es su capacidad de emocionar y estaba claro porque no defrauda nunca y más con esta “gala del centenario” ocupada por sus arias y dúos más conocidos con dos de las mejores voces del panorama lírico internacional en un momento de madurez que les ha dotado de unos graves más corpóreos sin perder una técnica impoluta y el volumen más que suficiente para “sobreponerse a la tentación sinfónica” de las dinámicas orquestales a las que también sucumbió la OFil con Lucas Macías, respirando con ellas pero sin bajar potencia. Pero tanto Sondra como Piotr supieron comunicar, enamorar, brillar juntos y por separado desde un buen entendimiento con el podio, unido a una admiración de todos que se notó en cada momento, aunque faltó algo de la magia del irrepetible último operista del pasado siglo.

El dominio orquestal del homenajeado ya se notó en su debut juvenil Preludio sinfónico en la mayor, op. 1, para atemperar una OFil que sonaría con la larga experiencia del foso aunque el escenario aún la haga crecer más. A lo largo de la gala pudimos disfrutar de sus primeros atriles, especialmente los de cuerda (Mijlin, Menéndez y Ureña más el arpa de Domené) y el clarinete de Allué, pero toda ella brilló en cada página, enamorados de las dos voces que si en la primera parte fueron subiendo enteros, para la segunda lo dieron todo con el público rendido olvidándose de ligeros resfriados en un tiempo otoñal que no ayuda (tampoco a las toses inoportunas aunque casi preferibles a los tarareos cercanos).

Primer bloque con «Manon Lescaut» que abriría, como siempre impecable de frac, Piotr Beczala y el aria de Des Grieux “Donna non vidi mai” transitando los registros extremos, para seguir la protagonista, vestida de negro, Sondra Radvanovśky “Sola, perduta, abbandonata”, mucho más que un calentamiento vocal desde el ardor, con dominio técnico (agudos aún tirantes) y caudaloso volumen en una lección de dramaturgia bien entendida por ambos, antes del Intermezzo de una OFil contagiada de la misma belleza, en el orden habitual de alternar arias con intermedios instrumentales.

De «Tosca» el tenor polaco nos dejó las dos arias más populares: “Recondita armonia” y “E lucevan le stelle” (el Adiós a la vida) espléndidas, bien fraseadas, sobre todo la segunda, mejor concertadas por Macías y contestadas por los solistas antes citados, con el color y timbre que mantiene Beczala de siempre, además de una declamación perfecta, mientras la soprano estadounidense nos convenció entre ambas con la que podríamos llamar el aria propiamente dicha  «con su introducción en arioso, su exposición, su sección media y su repetición» (como bien la describe el maestro Arturo Reverter en sus notas al programa):“Vissi d’arte, vissi d’amore”, una interpretación de impacto por su entrega, escena, fiato, crescendos epatantes, agudos con fuerzas sin perder la interiorización de Tosca, y volviendo a demostrarnos que Radvanovśky es una pucciniana de primera, antes de finalizar con el dúo semiescenificado “Mario! Mario! Son qui!”, temperamental, química total e idilio vocal con Floria enamorando y dominando a un Mario más contenido en todos los aspectos, desde una dramaturgia y línea de canto espléndida por parte de ambos. No echamos de menos al “malo de Scarpia» porque ellos ya llenaron la escena dejándonos con ganas de seguir disfrutándolos tras el descanso, necesario ante el empuje orquestal que no minaría el volumen de estas dos voces.

Puede ser que «La bohème» sea la ópera de Puccini que más veces haya escuchado, tanto en vivo como grabadas, y la emoción me puede más que los detalles, pero las dos arias y el dúo volvieron a dejarme un par de lágrimas aunque no las cantasen juntos sobre el escenario: “Che gelida manina” de Beczala muy fluido el legato, elegante y más allá del optativo pero “esperado” Do de pecho, y “Sì, mi chiamano Mimì” de Radvanovśky (con otro vestido más colorido para la segunda parte) que ya no es tan lírica con el paso del tiempo pero sigue igualmente dominadora de los reguladores y el idioma de Dante, aunque me queda siempre el recuerdo de Kraus y Freni, más “O soave fanciulla” incluyendo la salida de escena para este final del primer acto arrebatador y efusivo con el agudo unísono que al menos nos dejaron escuchar casi con veneración antes de la aclamación. El polaco parecía algo cansado pero sigue defendiendo su Rodolfo con poderío, elegancia y buen gusto, mientras la estadounidense juega con cada fraseo y matices que con los años ha ganado graves mientras mantiene los filados junto a la orquesta sin quedar nunca tapada. Hay momentos “de paso” algo más ásperos pero sigue siendo única recreando esta Mimì aunque en el dúo el idilio vocal sería más de Sondra que de Piotr.

Nuevo intermedio orquestal para no aminorar el clima de la OFil con su titular, el Intermezzo “La Tregenda» de «Le Villi», la escritura única del Puccini grandioso, antes del potente final que vendría a continuación con «Turadot», una Radvanovśky ahora perfecta por su edad, color, volumen y dominio en la exigente “In questa reggia” que desde el estatismo del personaje pudo incluso gesticular y luchar con el poderío instrumental donde Macías nunca bajó las dinámicas sabedor de la potente vocalidad de esta soprano que se entrega en cada aria, y así fue especialmente en los grandes intervalos y saltos de registro (Mai nessun m’avrà) apasionados, exaltados pero también emotivos de la terrible princesa. Y no podía faltar Calaf con “Nessun dorma” de un Beczala agotado pero con la emisión suficiente sin necesidad de aguantar hasta la extenuación el si natural agudo del tercer ¡Vincerò! con una orquesta con más pulmón que el tenor.

El esfuerzo tanto vocal como interpretativo nos robó de «Madama Butterfly» el aria del segundo acto “Un bel dì vedremo” como nos indicó la propia Sondra, pero no faltaría el último dúo del primero con partitura en el atril tras una gala que supone mucho más trabajo que toda una ópera, y Puccini exige a todas las voces. Buen rubato por parte de todos con Mijlin acariciando desde el violín ese Vogliatemi bene de Cio-Cio San, antes de las tres propinas, cara a la galería por populares, donde para mí sobraba el aria “Amor ti vieta” de «Fedora» (Giordano) aunque la traen en el segundo programa de esta gira, y el brindis de «La Traviata» con palmas y baile incluido de la pareja, quedándome mejor con el querido papito de «Gianni Schicchi», un inspirado Puccini que ha escrito como nadie para las sopranos y “La Radvanovśky” lo sabe… dice el refrán que “quiten tuvo retuvo”, siendo la auténtica triunfadora de este homenaje junto a un paternaire como Beczala que sigue teniendo esa voz clara y elegante, dos voces consolidadas en lo alto del panorama lírico mundial desde hace años.

FICHA:

Jueves 7 de noviembre de 2024, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo: Conciertos del Auditorio. «Gala Puccini» (conmemoración del centenario del fallecimiento de Giacomo Puccini): Sondra Radvanovśky (soprano), Piotr Beczala (tenor), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Oberturas, arias y dúos de G. Puccini (1858-1924).

PROGRAMA

Primera parte:

Preludio sinfónico en la mayor, op. 1

Manon Lescaut

«Donna non vidi mai»

«Sola, perduta, abbandonata»

Intermezzo

Tosca

«Recondita armonia»
«Vissi d’arte, vissi d’amore»
«E lucevan le stelle»

«Mario! Mario! Son qui!»

Segunda parte:

La bohème

«Che gelida manina»

«Sì, mi chiamano Mimì»

«O soave fanciulla»

Le Villi

Intermezzo «La Tregenda»

Turandot

«In questa reggia»

«Nessun dorma»

Madama Butterfly

Dúo final del Acto I

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