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Lucia televisada

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Lunes 15 de octubre, 20:00 horas. Casa de Cultura de Mieres, retransmisión en directo desde el Teatro Campoamor de Lucia de Lammermoor (Donizetti).

Mariola Cantarero (Lucia), Arturo Chacón-Cruz (Edgardo), Dalibor Jenis (Enrico), Simón Orfila (Raimondo), Mª José Suárez (Alisa), Charles Dos Santos (Lord Arturo), Josep Fadó (Normanno); Coro de la Ópera de Oviedo (Patxi Aizpiri, director); Dirección de escena: Emilio Sagi; diseño de escenografía: Enrique Bordolini, Orquesta Oviedo Filarmonía. Director musical: Marzio Conti.

Cincuenta y cuatro personas acudimos en Mieres a la televisada segunda representación del título segundo de la LXV temporada de la Ópera de Oviedo que triunfó en la primera del pasado sábado como así recoge la prensa regional de Oviedo y Gijón, aunque más cercano a la de mi admirado Aurelio M. Seco, por lo que no entraré en muchos detalles técnicos de esta Lucia carbayona.

Agradecer que vuelvan a acordarse de los pueblos en tiempos de crisis, pese a la poca presencia de público que achaco a la escasa publicidad y poco lectora de prensa que es la gente de mi pueblo.

Volver a reflejar que no tiene nada que ver el directo del teatro (el viernes estaré en el llamado «reparto joven» fuera de abono) con una retransmisión que sigue adoleciendo de muchos defectos ya apuntados en otras pasadas: fatal la realización, poca luz y un sonido algo irreal que capta hasta el taconeo de los cantantes, con unos planos sonoros irregulares que no reflejan lo que pasa ni encima del escenario ni en el foso (el excelente arpa sonó siempre demasiado presente y por encima de la orquesta).

La Lucia sigue siendo mucha ópera con todos los ingredientes, Oviedo ha tenido muchas para el recuerdo (el «mío» con Rosetta Pizzo y Jaume Aragall) y el elenco estuvo equilibrado, destacando el excelente hacer de Raimondo Orfila, todo un seguro en escena, y Alisa Suárez (no me extraña que David Orihuela le dedique un artículo a la mezzo asturiana), así como un Enrico eslovaco con poderío, tanto en sus arias como en dúos y concertantes, aunque aún podrían limarse algunas asperezas. De los protagonistas el tenor mexicano promete y tiene «poderío» para este rol, aunque creo que deberá cuidar su voz si quiere tener una larga y exitosa carrera, y la Lucia di Cantarero resultó muy personal, más «exagerada» de lo que me gustaría y cuya pirotecnia vocal incluye de todo, vistosidad y relleno que no empañan el resultado global. Sí hubo química en los dúos, aunque «si las mujeres mandasen…».

También cumplieron sin problemas el breve Arturo uruguayo y Normano Fadó.

El Coro de la Ópera volvió a estar impresionante tanto escénica como vocalmente, siendo lo más destacado para mí en una obra que domina de cabo a rabo.

También la OvFi resultó perfecta para lo que fue concebida, bien en todos los aspectos y con un Conti que mimó más a Doña Lucía que al resto, forzando a veces los tempi que hacían perder legibilidad pero ayudan -no siempre- en los pasajes difíciles, siendo más concertador con la protagonista ayudando a una visión vivaz de toda la ópera (de lo que puedo discrepar en parte).

De la escenografía de Sagi nada destacable en ese mundo gótico, romántico y decimonónico de Bram Stoker con chisteras y gafas, donde la imaginación tuvo que funcionar más de lo necesario y las espadas «chirriaban» un poco, pudiendo optar para el suicidio del tenor por un pistoletazo y pólvora en vez de la daga, pero al menos se hace más entendible que otras apuestas escénicas.

Como resumen el equilibrio de todos (sonó muy bien esa maravilla de sexteto) que le dan a esta representación el calificativo de aseada y muy del gusto del público en general. Personalmente no me disgustó pero tengo mucha esperanza en Sabina de Lammermoor…

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No funcionó

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Viernes 12 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto nº 2 de abono: OSPA, Michelle Johnson (soprano), Margaret Mezzacappa (mezzo), Adam Frandsen (tenor), Luis Ledesma (barítono), Coro Lírico de Cantabria, Coro El León de Oro, Rossen Milanov (director). Novena sinfonía de Beethoven.

Qué difícil afrontar una obra tan conocida como la Sinfonía nº 9 en Re m., Op. 125 «Coral» de Beethoven con algo nuevo que aportar, tanto para los intérpretes como para el público. Esta vez, pese a la ilusión previa, nada funcionó. No puedo caer en populismos ni decir que la música de Beethoven triunfa siempre porque precisamente faltó «hacer música», escucharse unos a otros, disfrutarla y contagiarnos. Desde el arranque del Allegro ma no troppo, un poco maestoso ya flotaba cierto temor en el ambiente, indecisión en las entradas, inseguridad, sin pegada en los graves, como una bruma que impedía captar los muchos detalles de un cuadro sinfónico único, más brochazos (y timbalazos) que pinceladas para un fresco brillante que parecía empañado. Era un «querer y no poder» al que le faltaba emoción y limpieza.

El Molto vivace parecía arrancar con otro espíritu pero de nuevo se contagió de cierta melancólica indiferencia, tiempo contenido, partes inconexas, falta de un discurso único, sumas de partes que no lograban el todo. Detalles sin continuidad con altibajos en un «querer y no poder», trompas que no cuajaban, madera por libre, cuerda sin tensión, timbales demasiado fuertes… sin vigor ni rigor.

Parecía que el Adagio molto e cantabile nos redimiría, pero fue otro espejismo. Aquello no funcionaba, esbozos sin cuajar para un movimiento lento que favorecía saborear cada compás pero que el maestro Milanov parecía no tener claro su discurso musical. Las líneas melódicas, las intervenciones solistas, todo seguía con una neblina que impedía arribar a buen puerto. Todos esperando el ansiado Presto final, roto por la aparición de los cuatro solistas que con los aplausos parecían comenzar otra obra en vez de continuar una ascensión ya de por sí tortuosa.

Ni siquiera el tempo elegido logró contagiar algo de este último movimiento que debería suponer esa «Oda a la alegría», hoy tornada en tristeza a la vista de los resultados a pesar de las excelentes notas al programa de mi admirada Hertha Gallego de Torres. La entrada del barítono mexicano prometía por su color vocal, excelente, vigoroso, pero nuevamente quedó en soplo sin continuidad. El coro nunca transmitió confianza ni pegada, juntar dos no hace uno y las concepciones vocales son totalmente distintas, dando como resultado un «simple» entonar olvidando calidad y calidez en la emisión aunque hubiese momentos válidos, pero tampoco funcionó. Si el empaste y color vocal es cuestión de años, es imposible lograrlo en una semana, más el idioma de Schiller y Goethe que requiere mucho tiempo tampoco resultó inteligible, aunque me consta que el LDO lo domina.

La soprano norteamericana, siendo la destacada, cumplió sin emocionar, como su compatriota la mezzo de Ohio, y el tenor danés de color vocal perfecto para el rol, llegó a ser «engullido» por un coro algo desbocado y demasiado apretado en los agudos, parte forzado por dinámicas nunca ajustadas. El cuarteto solista empastó sin más, faltando otra vez la musicalidad, el escucharse todos un poco. Y es que como escribía «en caliente», las partes no lograron hacer un todo, faltó la visión unitaria, el conjunto, el discurrir fluido que esta sinfonía requiere, entenderla globalmente y no sumas individualizadas.

Desconozco el trabajo previo de todos así como lo que buscaba el maestro Milanov en esta versión, pero personalmente me dejó no ya indiferente sino algo cabreado. Beethoven nunca es fácil y requiere algo más, puede que lo que faltó este viernes en Oviedo. Seré raro, especial o vaya Vd. a saber, pero esta vez NO FUNCIONÓ casi nada.

VÍDEO: © OSPA en YouTube®:

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VolvemOS PAra bien

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Viernes 28 de septiembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de Abono nº 1, inauguración de la temporada 2012-13, OSPA, Jean-Efflam Bavouzet (piano), Rossen Milanov (director). Obras de Rimsky-Korsakov, Prokofiev y Debussy. Todos teníamos «mono» de OSPA y las ganas de comenzar la primera temporada con el maestro Milanov de titular. Los titulares de prensa previos ya apuntaban bien y la entrada con «orbayu» no impidió saludar a tantos conocidos, amigos, músicos, encantados del reencuentro esperado. El programa elegido tenía muchos guiños y el pianista invitado un lujo para una ciudad que disfruta con los mejores y hasta tiene unas jornadas propias. La aplaudida salida del maestro búlgaro fue mayor tras la lectura de sus primeras palabras en un castellano más que correcto, cumpliendo su promesa de hablar español para su llegada. Incluso dio las gracias a la gerente Ana Mateo por su trabajo constante, y al Gobierno del Principado por seguir apostando por nuestra mejor embajadora, así como a la Consejera de Educación, Cultura y Deporte mi colega de profesión Ana González Rodríguez. Hasta nos invitó a brindar al descanso con una copa de vino de las Bodegas OSCA, patrocinadora del concierto, que animó un descanso algo más prolongado de lo habitual.

Y sin más arrancó la música con ese Capricho español, Op. 34 de Rimsky-Korsakov, la primera obra sinfónica asturiana y compuesta por un ruso, como bien recuerda Ramón G. Avello en las notas al programa que enlazo en los títulos y figuran en el número 1 de la Revista Trimestral enviada a los abonados (se vende a 2€ en el propio Auditorio aunque se repartía una hoja más que suficiente para seguir el concierto, una forma de ahorro que ya aplaudí y comenté). Los cinco movimientos suponen un examen para toda la plantilla (hoy reforzada) tras el merecido descanso veraniego (esta vez sin las visitas que patrocinaba la antigua Caja de -Ahorros inexistentes- de Asturias, ahora un banco en espera de rescate), y el compromiso en el foso con el Werther del Campoamor. La primera prueba para comprobar cómo se entendían Maestro y músicos: prueba superada, con Vasiliev marcando profesionalidad y el resto sin quedarse a la zaga (muy bien Andreas y demás solistas). Tiempos bien contrastados, con tranquilidad para degustar las melodías asturianas (también la «gitana» del cuarto número), sonoridades nunca estrepitosas, el empaste total siempre deseado (incluyendo unos metales que cada vez están más acoplados), los rubati justos y bien entendidos, con pocas concesiones a la galería en una obra que esta orquesta siente casi como propia desde la Alborada (muchos años de sintonía en Asturias del programa homónimo en Radio Nacional del fallecido Modesto G. Cobas) al Fandango Asturiano.

El francés Jean-Efflam Bavouzet nos brindó un Concierto para piano nº 1 en RE b M, Op. 10 de Prokofiev para recordar (de hecho lo grabó Radio Clásica para su posterior emisión en diferido). Obra dura para todas las partes, Milanov concertó a la perfección con el solista, lo que ya es un triunfo, mimando una paleta orquestal no muy clara pero que así está escrita para goce de admiradores y toses de detractores. Y la propina tenía que ser Debussy, preparando la segunda parte en este homenaje en su centenario, y más teniendo un intérprete que ha grabado la integral de su compatriota: el noveno preludio de su primer libro Serenade interrompueauténtica delicia sonora, rítmica, de aire hispano que voló por todo el auditorio flotando sus aromas rememorando mis primeros conciertos en el Filarmónica. Tras el vino del descanso, que me tomé afuera mientras fumaba mi cigarrillo, la segunda parte mantuvo el perfume francés con aromas españoles, primero rusos y ahora galos.

La Fantasía para piano y orquesta consiguió nuevas sonoridades no ya pianísticas desde su protagonismo, sino orquestales, auténtico impresionismo que mantiene la pincelada pero mezcla la paleta en el aire. Nueva lección de concertación y cohesión sonora en sus tres movimientos que sin perder lirismo consiguieron llenar de color una obra no muy escuchada que contó con uno de los mejores intérpretes actuales perfectamente arropado por nuestra OSPA con Milanov al frente. Para cerrar este concierto de aire español, la Iberia (Imágenes) equiparable a la pianística de Albéniz con el buen hacer orquestador de Debussy, deudor de algunos compatriotas pero magistral en su recreación. Inspirado hasta en los títulos, Por las calles y los caminos como ideario para toda la temporada, Los perfumes de la noche delicados y aromatizados con buen vino, y La mañana de un día de fiesta, pues así entendimos muchos este concierto inaugural. Fiesta de la música desde una pasión que el Maestro Milanov va a compartir con todos… esperando sean muchos años. Pese a la premura por llegar a casa (pasaban quince minutos de las diez de la noche), mi comentario rápido fue «Ésto promete», y el próximo concierto el Día del Pilar nada menos que con La NovenaBeethovende …

P. D.: Críticas de Ramón Avello en El Comercio y Javier Neira en LNE, así como de Aurelio M. Seco en su Web «Codalario«.

Experiencia Milanov

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Ya he sacado mi abono de la OSPA, ilusionado ante una temporada que promete ya desde los prolegómenos.
Me consta que la crisis nos pasará factura a todos, y la cultura, en especial la musical (con orquestas que desaparecen) ha sido de las primeras donde se metió la tijera; de hecho la «caída» de la Obra Cultural de la Caja (de Ahorros) de Asturias ya nos privó de la gira de verano con Daniel Sánchez Velasco a la batuta, y la aportación a nuestra orquesta asturiana desconozco si bajó o directamente desaparecerá, como sucederá igualmente con el Festival de Órgano CajAstur (había llegado a la XXIII edición).
Al menos el precio del abono completo es el mismo que el año pasado, 199,50€ en butaca, lo que siempre agradezco tras el «varapalo» (404,00€) del Ciclo del Auditorio (Conciertos y Jornadas de Piano) y las óperas fuera de abono que también me llevan otro pico (56€) de un sueldo cada vez más menguado…
Pero no quería perderme Turandot con mi querida Liù Beatriz Díaz (ya la disfrutaron en Bilbao) o la siempre emblemática Lucia de Lammermoor con Sabina Puértolas (en el primer reparto está Mariola Cantarero). No descarto poder escuchar alguna otra pero el bolsillo no estira más, las localidades baratas se agotan y las navidades no tendrán paga extra. La OSPA estará en el foso, privándonos como abonados de otros conciertos (es parte de la subvención regional) y obligándonos a pasar por taquilla en el Campoamor.
Septiembre para muchos es el inicio del curso académico, y pendiente del pasado el concierto de Krystian Zimerman para el viernes 14 la puesta de largo con Rossen Milanov será el viernes 28.

A destacar, dentro del obligado ahorro, la publicación trimestral con los programas, intérpretes y comentarios, evitando el despilfarro en programas que acababan, supongo, en el contenedor de papel. Los ejemplares sueltos se venderán a 2€ y espero que en los conciertos repartan una cuartilla con el programa, más que nada para los no abonados y no cargar con la «revista» los habituales. La idea me parece muy buena y ya había organismos que hacían algo parecido, hoja suelta del programa y libretos de pago, caso de la propia Ópera ovetense.
También quiero destacar la sabia elección de programas y formas de pago (siguen los bloques temáticos con obras de siempre alternando con otras menos habituales y algún estreno que otro), los solistas de primera como el violinista Kristof Barati, el trompista Stephan Dohr o el pianista Alexander Melnikov entre otros, así como invitados ya conocidos como David Lockington o Perry So,  mientras «los de casa» también tendrán un hueco, volviendo mi querido Pablo González a la batuta, los solistas Vasiliev o Brandhofer, y en especial mi idolatrado coro «El León de Oro» que cantará una Novena de Beethoven ya lejana en mis directos, el día 12 de octubre apoyado por el Lírico de Cantabria.
La campaña publicitaria de la temporada se encuentra por muchas «piruletas» carbayonas con el slogan Experiencia Milanov. Viviremos una temporada donde la gran novedad será convertirnos en la primera institución europea y de la comunidad hispanohablante colaboradora del Carnegie Hall con su exitoso programa Link Up / Conéctate, de la que iremos desgranando desde aquí las aportaciones en la educación musical para estudiantes de 9 a 13 años, implicación directa del maestro búlgaro que siempre apuntó al aspecto didáctico como creación del público del mañana, algo que el Wert del ramo parece no tener en cuenta para la «vuelta a los 60s» donde la Música, como la Plástica, eran consideradas «marías», aunque la otra María religiosa permanezca en la Enseñanza Pública y parece volver la separación por sexos con dinero de todos los contribuyentes. Pero esto es otro cantar.

Voy contando los días para el comienzo de mi actividad habitual donde la música es parte de mi vida, profesión y vocación de la que puedo presumir en estos tiempos. Prometo seguir compartiéndolo desde aquí (ya van a cumplirse cuatro años tecleando).

Mahler siempre

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Sábado 1 de septiembre, 20:00 horas. Auditorio del Kursaal, 73 Quincena Musical de San Sebastián. Orquesta Sinfónica de Bamberg, director: Jonathan Nott. Gustav Mahler: Sinfonía no. 6 en La m. «Trágica». Entrada: 55€ (+ 0,85€ de gestión).
Un verano feliz pero con cierto aire premonitorio de tragedia que no parece reflejar la realidad del momento… y aunque pueda ser autobiográfico es realmente lo que Mahler afronta en esta sinfonía bautizada como «trágica» que mi admirado Pérez de Arteaga considera una de las cimas creativas y para mí una cumbre con distintos accesos todos difíciles.

La Sinfónica de Bamberg ya la escuché varias veces (en vivo, registros y radios aún más) siendo Nott siempre un seguro de calidad con su orquesta, con Mahler piedra de toque que está grabando al completo. La interpretación donostiarra optó por el Scherzo en segundo lugar y la eliminación del tercer golpe de martillo, es decir que la versión fue la primigenia del propio Mahler, que luego cambiaría. De estos «detalles» ya han escrito plumas doctas y no insistiré aunque siempre me resulta una versión más habitual (invito a que lo intenten con un CD en este orden si tienen la otra versión). La orquesta alemana suena perfecta tanto en conjunto como sección a sección, y cuenta con unos solistas seguros en cada intervención, con un Nott que saca de ella toda una paleta pletórica de timbres desde un minucioso trabajo sonoro que comienza con una colocación vienesa con las ocho trompas a su derecha tras una fila que arranca en trompetas hasta la tuba, logrando una equilibrada estructura donde sumamos unos metales aterciopelados, nunca estridentes ni en los tutti, dinámicas amplias perfectamente acopladas a una partitura que como apuntaba al salir, tiene mucho que tocar (por todos y cada uno), mucho que dirigir (el británico con Mahler da gusto verle) y mucho que escuchar, resultando un auténtico placer reconocer las distintas melodías que conforman el todo mahleriano en sus cuatro movimientos, lo único clásico en una obra no romántica sino atemporal, aún más viviéndola desde la fila 7 y con un público que es la envidia del que suscribe: ni un ruido, ni una tos, silencio sepulcral casi místico que siempre ayuda a esta comunión entre música,
intérpretes y receptores.
Si la dirección resultó pulcra, dominadora de todo, por momentos impactante (hasta se le cayó la batuta y las dos manos seguían «dibujando la música»), la respuesta orquestal fue consecuente, destacando el concertino, así como los solistas en general, especialmente el trompa y la oboe, sin olvidarme una percusión cuadrada y artista hasta en detalles que enriquecen globalmente esta Sexta mahleriana, caso de cencerros, campanas, escobillas y el esperado mazo, dobles timbales, cuatro platillazos exactos y en su sitio pudiendo seguir así con todas sus intervenciones. La formación tiene tal calidad y sonoridad que la distinguiré entre las mejores en la actualidad, lo que corrobora sus continuas actuaciones fuera de su sede, algunas incluso costeándose los gastos caso de esta donostiarra, como pude leer en algún sitio que no recuerdo.
Del amplio catálogo dinámico de cada movimiento siempre ajustado, románticamente alemanes en el mejor sentido de precisión y respuesta al director, desde el Allegro energico, ma non troppo literal, melodía de Alma y con alma, ese Scherzo: Wuchtig que no repite motivos «pero sugiere malicia, picardía» (como dice mi querido Fernando Toledo), y sobre todo poderío orquestal, el Andante moderato considerado por tantos malherianos una de las páginas más bellas (yo no puedo quedarme sólo con esta) para llegar al Finale que resulta una montaña rusa de emociones sin fin, demoledor y trágico destino que evita el tercer golpe que le abatiría como a un árbol según el propio Mahler, para atisbar la fortaleza de un roble al que ni los incendios veraniegos pueden matar aunque dejen un paisaje desolador.
Septiembre marca un punto de inflexión en nuestras vidas, al menos en España, y como tantas veces, Mahler sigue más presente que nunca, otra vez desde San Sebastián.
Sólo pido poder seguir peregrinando hasta Zurriola cada Quincena.

San Sebastián y Mahler

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Segunda escapada a Donosti con Mahler como disculpa, esta vez la Sexta con J. Nott al frente de la Sinfónica de Bamberg. Mucho que tocar, dirigir y escuchar con una Trágica de dos martillazos para el recuerdo. Desde Siana entraremos en detalles.

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Final y principio en Covadonga

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Miércoles 29 de agosto, 19:00 horas. Real Colegiata de San Fernando, IV Ciclo de conciertos «Órganos de Covadonga»: Rubén Díez García (órgano), Escolanía de Covadonga (director: Jorge de la Vega Laria). Obras de J. P. Sweelinck, P. Bruna, Julio Domínguez, D. Zipoli, J. Rinck, J. Lidón, J. Mª Beovide, y J. Adam Reincken.

Volvía a Covadonga un día antes de la Novena y como final de un agosto organístico dando comienzo a un curso por parte de la Escolanía que se prepara ya con nuevas voces blancas ilusionadas en esta etapa donde compartirán tanto con los ya veteranos, alternando este cierre de ciclo nada menos que en esa joya del siglo XVIII que es el realejo de la Colegiata y en las manos de mi admirado Rubén Díez con un programa lleno de esquisiteces, que dejo a continuación.

La parte coral bien llevada por el maestro De la Vega (antiguo escolano y alumno de Leoncio Diéguez) estuvo perfectamente elegida para un día y lugar donde la Virgen siempre es protagonista. Tras la apertura organística de la Fantasía chromatica (Sweelinck), clara y pulcra como nos tiene acostumbrados el padre Rubén, el «incipi» del Salve Regina de las voces graves alternado con el Tiento de 1º tono de mano derecha y al medio a dos tiples (Pablo Bruna) del órgano portátil, duro en su mecánica pero realmente sobrecogedor en sonoridades y registros divididos, para seguir la Escolanía completando el gregoriano y rematando el tiento, para al completo desgranar ese bellísimo Ave María de Julio Domínguez, sabedores que la nueva hornada tendrá que acoplarse al duro trabajo diario con los veteranos pero compartiendo desde el primer concierto buena música, siempre un placer ver chiquillos de seis años que apenas pueden con las partituras pero «concelebrando» esta liturgia musical de órgano y coro.

La Suite II en Sol m. de Domenico Zipoli tuvo su «interludio coral» a la mitad de sus cuatro movimientos (Preludio, Corrente, Zarabanda y Giga) con el Pange Lingua de Rinck y el posterior gregoriano de las voces graves, buena elección y momento de esa cesura conjugando el perfecto maridaje de las voces a capella y el subrayado instrumental plenamente espiritual como resultó igualmente el Cantábile para órgano al alzar en la misa y allegro (José Lidón), glosa incluída del Pange Lingua, delicia para paladares auditivos, esquisiteces en los registros y subrayado pleno antes de ese nuevo rezo cantado de la Cantiga a la Virgen (Beovide) entonado por las voces graves, veteranas y sustento necesario en el quehacer diario.

El cierre una auténtica maravilla en este recuperado realejo de la Colegiata que ya le había escuchado en Valdediós: la Fuga en Sol de Johann Adam Reincken, organista sin concesiones delineando unas voces cristalinas para esta obra virtuosa en ejecución maestra.

Volví a disfrutar con todo el programa, parte conocido pero siempre nuevo al escucharlo en este órgano cuya mecánica antigua convive con la tubería nueva respetuosa con su ubicación y reverberación, maestría intrepretativa desde la elección de los registros que lograron pasar de momentos íntimos a sonoridades plenas sin olvidar la perfecta ornamentación en Bruna o Zipoli y la íntima mística de Lidón hasta alcanzar la plenitud con Reincken, un Rubén Díez trabajador, estudioso y artista en el amplio sentido de la palabra al que espero escuchar más a menudo.

Y la propina estuvo fuera cuando la Escolanía subió hasta la Sagrada Cueva a entonar el «Himno de Covadonga» a capella y prefacio musical a la Novena de la Santina. Final de ciclo, principio de un curso escolar que en Covadonga arranca a lo grande como no podía ser menos.

Tributo a los organistas anónimos

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Domingo 19 de agosto, 16:30 horas, Basílica de Covadonga. IV Ciclo de conciertos Órganos de Covadonga: Víctor Urdialez Ruiz y Jaime Menéndez Corrales. Obras de Sweelinck, J. Bennett (c. 1735-1784), Frescobaldi, Pachelbel, Bach, Elgar, Henri Mulet (1878-1967) y Satie.

Covadonga es «La Cuna de España», además de un Santuario Mariano en el que cualquier día del año, y más en verano, el peregrinaje es permanente. La Escolanía es también historia de este lugar tan emblemático para todos; la Santa Cueva mantiene todo su simbolismo, y la Basílica cuenta desde hace años con el nuevo órgano de la factoría Acitores S. L., instrumento a pleno funcionamiento que además se sitúa en el itinerario del Festival de Órgano CajAstur (estando la edición XXIV en el aire por la crisis bancaria donde la «tijera cultural» está haciendo estragos); su organista titular, Fernando Álvarez Menéndez, lleva en el puesto 25 años y siempre resulta un placer escucharle.

Coincidiendo con un agosto donde los turistas y peregrinos son multitud, hace cuatro años que comenzó este ciclo dominical de conciertos previos al inicio de la Novena a la Virgen de Covadonga, distinto a otros por ese aire festivo aunque la calidad siempre está presente en el quehacer de los intérpretes. Esta edición la inauguraba mi querido Chema Martínez y continuó Fernando Álvarez. Como bien recordaba el actual Abad D. Juan José Tuñón al inicio del concierto, hay que rendir doble tributo: a los organistas litúrgicos, esos que acompañan domingos y fiestas de guardar, muchos de formación autodidacta, amantes de la música para tecla y auténticos «forofos» más allá de una afición que los feligreses no siempre entienden, caso de Jaime Menéndez (1956) en la Iglesia de San Pedro de Soto del Barco; a los estudiantes de órgano, los futuros profesionales que en plena formación académica pueden ir fogeándose no ya con el repertorio sino con ese público sin el que nada tendría razón de ser, como Víctor Urdialez (1993), un ecuatoriano formado en la Escolanía del Real Sitio de Covadonga que estudia órgano en el CONSMUPA de Oviedo (comenzará su tercer curso) y este domingo compartió concierto en el Órgano Mayor de la Basílica, que atesora una riqueza tímbrica de la que ambos intérpretes nos hicieron partícipes.

El programa lo dejo aquí arriba, y sin entrar en cada obra, al menos comentar algunas cosas.

A modo de presentación, el titular nos ofreció una breve recreación de uno de los temas de La noche celta de Ramón Prada Blanco, otro ex-escolano, músico cangués y obra impresionante que en el órgano tomó una impronta nueva, que seguramente tendrá continuidad con algún proyecto nuevo que me comentó Fernando Álvarez al finalizar el concierto. La apuesta por nuevos repertorios a partir de adaptaciones de calidad como la escuchada, es un camino aún por explorar y del agrado de públicos como el del verano en «La Cuna».

Las obras elegidas por los concertistas fueron muy diferentes pero todas interpretadas desde el rigor y el buen gusto, así como una correcta elección de registros que siempre lleva mucho tiempo, repertorio:

  • siempre necesario en la formación, como en el caso de Víctor Urdialez, difícil no ya técnicamente, que lo es, en especial esa Partita BWV 767 -coral y tres variaciones- de Bach sino en el acierto de la elección tímbrica, todo una vida de oficio donde cada instrumento es un mundo; tomaremos nota porque su nivel de autoexigencia es muy grande y siempre es positivo;
  • personal del organista para el culto diario que conjuga la necesaria ambientación litúrgica, como pueda ser el Adagio (Bennett) con las inquietudes propias de todo músico, incluso uniendo ambas, caso de las dos obras del Kantor: el coral Liebster Jesu, Wir Sind Hier (BWV 731) y el Adagio (BWV 564), donde la sonoridad redondeó unas obras que no faltan nunca en los bancos y Jaime disfrutó con ambas.

Aplaudir la iniciativa, el apoyo y reconocimiento a estos músicos «anónimos» cuyo amor por la música y más la del rey de los instrumentos, lo comparte con un público que aplaudió cada obra, dejándonos cada uno la propina de rigor en una hora de buenas sensaciones que continuó con la sobremesa en la sombra hablando, cómo no, de músicos, músicas y nuevos proyectos. Aún queda el concierto del día 29 en el realejo de la Colegiata, con la Escolanía y Rubén Díez García, cual pre-novena que comenzará el día 30 con la presencia del Nuncio, esperando poder asistir para cerrar un agosto de órgano.

Después del concierto con Fernando, Jaime y Víctor
Y el próximo año más…

Sigo un verano organístico

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Sábado 18 de agosto, 20:30 horas. XXII Música en la Catedral, Astorga: Ana Belén García Pérez (órgano). Obras de Sweelinck, Buxtehude, Muffat, Pasquini, Bach, Mendelssohn y Boëllmann. Organiza: Asociación Amigos de la Catedral y Cabildo Catedralicio; aportación: 3€.

En verano suelo hacer escapadas musicales, y puede que mi amor por el órgano me lleve a buscar conciertos cerca, como así sucedió este sábado donde mi admirada Ana Belén participaba en el segundo de los tres conciertos programados en la Catedral maragata, a quien la premura me impidió saludar personalmente, y que estuvo asistida, creo, por una de sus compañeras en el Cavaillé-Coll de la Basílica de Santa María del Coro.

Siempre es un placer escuchar a esta intérprete de Andoain que nos deleitó en Asturias un par de veces en el Festival de Órgano CajAstur del pasado año. Destacar su madurez, notoria en cada concierto, excelente registración y búsqueda de obras siempre arriesgadas de todos los estilos, pero sin perder nada de la frescura y limpieza expositiva, máxime en un instrumento que podría calificar de recio como el carácter castellano, y si me apuran berciano restaurado por Federico Acitores, a quien escuché comentar cómo cada órgano tiene su propia idiosincrasia y personalidad cual acento hablado hecho música, y el de Astorga es uno de los que marca por su sonoridad, en especial los violones y las trompetas.

Del programa previsto arrancó la Fantasía Cromática (F. Sweelinck), seguida de la Ciacona en Mi menor (Buxtehude) que ya le escuché en Asturias, para seguir subiendo el listón con la Toccata prima (G. Muffat), exigentes todas y bien expuestas aunque de escucha algo dura por la propia registración, bien utilizada en cambio al introducir en el concierto la Introducción y Pastoral (B. Pasquini) aprovechando ese efecto «pajarillo» que sí forma parte del órgano maragato, aunque las campanas de los cuartos y voladores en el exterior también se sumaron al despliegue sonoro.

Volvió a impresionar en el Preludio y fuga en La m., BWV 543 (Bach) de registros conseguidos para poder paladear toda la paleta sonora del Kantor de Santo Tomás en Leipzig, disfrutando con el pedalier virtuoso y claro, con una exposición de la fuga realmente impactante y una elección de tempi ajustada. Y el «descubridor» también se sumó al regalo organístico con la Sonata III, Op. 65 (F. Mendelssohn), fiel discípulo y seguidor del maestro, sonoridad romántica para los dos movimientos I. Con moto maestoso y II. Andante tranquilo literalmente majestuoso el primero y auténtico «delirio reposado» el segundo, magisterio instrumental de escritura y ejecución, templanza y nobleza cual virtudes organísticas.

Y aunque se «caía» Guridi por cuestiones técnicas, la Toccata final de la «Suite Gótica» Op. 25 (L. Boëllmann) puso el auténtico broche de oro para un programa amplio en el tiempo que fue del agrado de un público que abarrotó la catedral y supuso un repaso a la literatura de órgano que Ana Belén García sigue trabajando duramente.

Desde San Sebastián

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Ana Belén García, titular de la Basílica de Santa María llega hasta Astorga con un repaso histórico de la música para órgano que finaliza, cómo no, con Guridi

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