Inicio

Últimos apuntes veraniegos

Deja un comentario

Sábado 30 de agosto, 20:00 horas. Teatro de La Laboral: Clausura del XV Festival Internacional de Piano de Gijón «Jesús González Alonso», Alberto Nosè (piano). Obras de Beethoven, Debussy y Chopin. Entrada libre.

El verano en cuanto a periodo vacacional toca a su fin y Gijón lleva siendo capital del piano las dos últimas semanas de agosto desde hace quince años, celebrando clases magistrales a los mejores jóvenes pianistas de todo el mundo con profesores capitaneados por el asturiano residente en Nueva York José Ramón Méndez, este año los reconocidos mundialmente Yuan Sheng y Alberto Nosè, galardonados en muchos concursos, siendo el italiano quien cerraba esta edición en el teatro del recinto diseñado por Luis Moya Blanco (1904-1990).

Con un público formado por alumnado, amigos, familiares y muchos aficionados al piano llegados hasta la capital de la Costa Verde, el profesor veronés nacido en 1979 brindó en un Yamaha que respondió bien a un programa básico y presente siempre en la formación instrumental de las ochenta y ocho teclas desde la interpretación profesional tamizada siempre por su visión personal siempre fiel a las partituras, con el toque latino que no se explica ni estudia pero buscan muchos orientales sobrados de técnica.

Para comenzar nada menos que Beethoven y su conocida «Patética», la Sonata en do menor, op. 13, arrancando Grave, con duraciones y silencios perfectos subrayando claroscuros antes de atacar literalmente el Allegro di molto e con brio, discurso diáfano que sería como apuntes pictóricos realizados con carboncillo, cuidadoso en evitar manchar el papel, bien dibujado el romántico y melodioso Adagio cantabile roto por una rabieta que tardó en alejarse con su madre, e interrumpido nuevamente por ruidos de la megafonía (que no se apagó tras las primeras palabras de Amy E. Gustafson, subdirectora del festival) intentando atacar rápido el Rondo: Allegro final aunque con esa ruptura en la limpieza para todos de esta conocida sonata tripartita del genio de Bonn.

Debussy volvió a centrarnos a todos, seleccionando seis preludios (de las dos docenas agrupadas en dos libros) que resultaron auténticas acuarelas, más insolentes y espontáneas que el óleo, jugando con una amplia paleta colorista: La puerta del vino cual gama de robles y uvas de este ritmo de habanera perteneciente al libro segundo, Les collines d’Anacapri más esbozadas y tranquilas del primer libro al igual que La cathedral engloutie impregnada de azules en toda su intensidad con las campanadas realmente marinas, «General Lavine» – eccentric… de postal americana y juguetona (Cakewalk), La fille aux cheveux de lin realmente dorados antes de la explosión colorista de los Feux d’artifice, armonías casi sinfónicas que cierran los veinticuatro preludios del mejor Debussy pianístico.

Tras un breve descanso, el profesor daría su clase final con los 12 estudios Op. 10 de Chopin, auténticas aguadas que no permiten errores, trabajo de todas las técnicas necesarias con la maestría del polaco, algunas más rehechas como con tinta china en los conocidos y bautizados «Tristeza» el tercero o «Revolucionario» el último, con intensidades amplias en los monócromos y tenues donde la policromía abundaba. Rejuvenecí cuarenta años rememorando mis años de estudiante de piano con estas obras cuya partitura recreaba mentalmente mientras el maestro Nosè las hacía llegar tan eternas como siempre.

La despedida tenía que ser cercana, jovial, casi con bolígrafos de colores para regalarnos tres propinas del gran Gershwin: de sus «3 Preludes» los Allegro ben ritmato e deciso primero y tercero en mi bemol, dejando entre ambos la hermosa nana o Blue Lullaby, preludio número 2 llenos de ritmo, pletóricos y juveniles como el alumnado que pudo disfrutar de Música con mayúsculas desde el rigor estilístico de todos, la honestidad en la interpretación y sobre todo el amor por el piano de Alberto Nosè que contagió a todos.

Inmejorable despedida musical de agosto, de periodo vacacional al que debo una entrada resumen en el inicio de septiembre, nuevo curso académico cuando parece que terminábamos hace pocas sonatas… digo semanas.

Cendrillon palaciego

2 comentarios

Viernes 15 de agosto, 20:30 horas. 63 Festival Internacional Santander. Noches Líricas del Palacio de Hualle, Treceño. Cendrillon, opereta de salón de Pauline Viardot, basada en «Cenicienta» de Perrault. Entrada y coctel – cena: 50 €.

Dirección de escena, vídeo e iluminación: Tomás Muñoz
Dirección musical y piano: Aurelio Viribay
Reparto
Cenicienta: Soledad Cardoso (soprano)
Príncipe Encantador: José Manuel Montero (tenor)
Barón de Picorvo: Isidro Anaya (barítono)
Conde Barrigula: Pablo García-López (tenor)
Magalona: Mercedes Lario (soprano)
Armelinda: Marta Knörr (mezzo)

 

Hada madrina: Sonia de Munck (soprano)

Volvía a disfrutar de este proyecto veterano como el Cendrillon madrileño de la Fundación Juan March con un equipo similar, salvo la cenicienta y el barón, pero en un entorno privilegiado, otro marco histórico recuperado de la ruina en 1988 por el tristemente fallecido Henri Jova, y dentro del FIS junto a la Asociación Cultural Amigos de Lírica Palacio de Hualle (constituída en 2011) que preside Raymundo Viana, entre otros patrocinadores.

Si el montaje en Madrid resultó impecable por el maridaje nuevas tecnologías y economía de medios, Tomás Muñoz sacó todo el provecho y partido al propio palacio, puertas, jardines, personajes apareciendo por todas partes, lo que hizo aún más creíble este cuento musical, ópera de salón totalmente exportable cuando se cuenta con un reparto vocal de primera, todos en un momento óptimo para una temporada que en verano no se toma vacaciones, destacando las novedades respecto a Madrid:

La excelente María Cendrillon de Soledad Cardoso, cuya maternidad le ha dado redondez vocal en el grave manteniendo su hermosísimo color, afrontando nuevos papeles que darán muchas alegrías, junto a una presencia escénica ideal para este «juguete musical», y el Picorvo de Isidro Anaya, rol difícil vocal y actoralmente que sacó a flote sin problemas, crecidos todos ante la calidad y equilibrio mostrado por el elenco montañés.

De las hermanas sin madrastra, tanto la soprano Mercedes Lario como la mezzo Marta Knörr cumplieron sin dificultad en sus intervenciones, tanto solistas como dúos y concertantes de empastes perfectos incluso en los diálogos hablados. Sigue enamorando el hada Sonia de Munck por su magisterio total recreando cada personaje que canta, sean carnosos o ligeros, contemporáneos o barrocos, convincente siempre, de nuevo con su perro Fito ideal para completar el elenco femenino.

De las voces masculinas impresionante el príncipe José Manuel Montero que «rehizo» su personaje antes de la entrada del público al recinto mientras degustábamos un Tío Pepe, un pobre de solemnidad que algunos se creyeron al igual que la cenicienta barriendo los soportales mientras nos acomodábamos en las sillas. Vocalmente continúa ganando quilates en el grave -de hecho el papel original es de barítono-, potencia en el medio y calidez en el agudo, recreando su doble papel con el humor innato. Otro tanto del tenor cordobés Pablo García-López, recién finalizada la grabación del Turandot valenciano con Mehta, voz mozartiana ideal que sigue creciendo y enriqueciendo repertorio, siendo este Barrigula un auténtico juguete al que saca todo su jugo, nunca forzado empastando felizmente con todos y gustándose en sus intervenciones solistas.

De Aurelio Viribay solo me cabe admiración desde su dominio técnico no ya del piano sino de esta obra que dibuja desde la primera intervención solística, acompañando con su habitual y reconocida maestría, pendiente de las voces incluso cuando cantan desde el primer piso, auténtico responsable musical cuya discreción siempre es digna de elogio.

Como guiños al entorno y montaje, hacer partícipe a parte del público llamado al baile bajo los arcos palaciegos antes de compartir coctel finalizando el segundo acto, en principio rompiendo la continuidad musical pero logrado hilo conductor al integrarse en la propia obra y retomar el último acto nuevamente acomodados para salir del palacio siendo despedidos por los propios artistas. También destacar la excelente acústica no ya de la piedra sino de la carpa que cubría al público, volúmenes y planos más que suficientes para el piano con tapa abierta totalmente, hermanas y padre proyectando perfectamente tanto desde los balcones del primer piso como en los soportales, y concertantes presentes todas las voces, redondeando una noche de cuento en palacio.

Ofrenda Bruggen de La Tempestad

1 comentario

Jueves 14 de agosto, 22:00 horas. 63 Festival Internacional de Santander, Ciclo «Marcos históricos»: Santillana del Mar, Claustro de la Colegiata de Santa Juliana. La Tempestad: 1747: «Una ofrenda musical». Música de cámara para Federico II de Prusia. Obras de C. Ph. E. Bach y J. S. Bach. Entrada: 6 €.

Festivales de verano como forma de turismo cultural y en uno de los más asentados de España que sale de la propia capital cántabra para llegar a lugares con historia como es Santillana del Mar. La formación con sede en Murcia fundada en el año 2000, liderada por la clavecinista aragonesa Silvia Márquez y dedicada a la música antigua, acudía como cuarteto para un concierto dedicado a la memoria de Frans Bruggen, fallecido el día anterior y uno de los padres de estas músicas que nunca pasan de moda, siendo las que están captando más público joven, con colas dos horas antes para adquirir unas localidades en la propia colegiata (desconozco la imposibilidad de hacerlo en internet o cajeros) con un programa muy trabajado.

Con la Ofrenda musical en torno al rey músico de Prusia, como el recordado Bruggen, fue Guillermo Peñalver al traveso quien ejercería de monarca junto al violín de Pablo Prieto y el continuo del cello Guillermo Turina más el clave de la citada Silvia Márquez, abriendo velada nocturna con la Sonata a trío en si menor Wq. 143 (H. 567) para flauta de Carl Philipp Emanuel Bach en tres movimientos (Allegro – Adagio – Presto) bien contrastados e interpretados por el cuarteto, perfecto preámbulo y referente antes de afrontar la gran obra del concierto del padre Bach:

«Una ofrenda musical«, Eine musikalische Opfer BWV 1079, densa, dura, llena de historia partiendo del tema de Federico II que el rey Bach recrearía con dos fugas a tres y seis voces (casi nada), diversos cánones y la sonata final para flauta travesera, violín y bajo continuo, «despliegue de maestría, virtuosismo y laberinto de juegos y variaciones sobre un mismo tema» como la propia profesora Silvia Márquez Chulilla escribe en el programa del concierto, no solo declaración de intentaciones para una interpretación emocionada de principio a fin sólo «rota» por las campanadas de media y completas las once de la noche además del pertinaz teléfono móvil femenino que sigue mostrando su mala educación en cualquier lugar, primero al finalizar el Ricercar a 3 inicial a cargo del clave solo, con sonoridades rotundas en el grave y delicadas en el agudo (no pude fijarme en el modelo) antes de comenzar los cánones sobre el tema regio en las distintas combinaciones instrumentales para solaz y virtuosismo de los músicos: dúos de Cancrizans para violín y chelo, cambiado por el clave en Violin in unissono, el trío con la flauta del Per motum contrarium o el lento per Augmentatione, contrario Motu del cuarteto, segunda y eterna melodía telefónica. Chelo y violín per Tonos con las campanadas de las 22:30 horas y la impresionante Fuga canonica in Epidiapente, cuarteto en estado puro para ir armando la estructura académica compositiva e interpretativa, violín clave, chelo y finalmente la flauta, sin precipitaciones, paladeando la matemática musical.

Tras semejante torbellino los «pianissimi» del Canon perpetuus super Thema Regium despojados del clave prepararon el rápido octavo número Canon perpetuus en «tutti», arcos amplios, respiraciones ajustadas a las frases y nuevamente el clave presente siempre y protagonista en su sitio.

Aún quedaba la recta final: Quaerendo invenietis con el Canon a 2 del clave, esforzandos y amplia gama dinámica en el Canon a 4 y el Ricercar a 6 con el clave solo de Silvia plagado de musicalidad en cada voz, virtuosismo en tecla que engaña al oido cual laud con plectro por las tímbricas encontradas, antes de la Sonata Sopr’Il Sogetto Reale a Traversa, Violino e Continuo que cerraba esta ofrenda y homenajes varios, del propio Bach, de La Tempestad a Bruggen, como repartidos en cada movimiento:

Largo, Allegro, once campanadas sumándose al festín, Andante y Allegro, disfrute por y para todos, emociones que trajeron como propina el bis de uno de los cánones finalizados en do. Marcos históricos para músicas históricas desde la atemporalidad y el rigor incluso de las noches de verano.

Pimiento Verdi, tomate Wagner y vinagre Boadella

1 comentario

Viernes 25 de julio, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: Festival de Verano. El pimiento Verdi de Albert Boadella. Segunda función. Entrada butaca: 21€ +1€ por compra on-line (todas las fotos de la web excepto programa escaneado y la indicada).

Aunque el bicentenario de Verdi y Wagner fuese en el 2013, como este espectáculo que ya se vió en Madrid por partida doble, el argumento sigue vigente sobre todo en un teatro como el nuestro que acoge la segunda temporada de ópera de España, coliseo habitualmente verdiano como ya he escrito alguna otra vez frente al wagneriano Gijón, algo que se notaba entre los asistentes, como Madrid frente a Barcelona, y curiosamente mientras Radio Clásica emitía en vivo desde Bayreuth un Tanhausser algo accidentado que pude escuchar al inicio y final durante el viaje motorizado desde mi aldea (también cantada) a la capital lírica astur.

Sin entrar en etiquetas, aunque sea puro teatro, está claro que el espectáculo de Boadella no se entiende en su complejidad sin conocer a fondo todo lo que sucede, que es mucho, sobre unas tablas donde los personajes son actores que cantan, porque cantantes que actúan se da por supuesto aunque no siempre sea así, y hasta el público que lo deseó formó parte de la clientela de la taberna restaurante de Sito, el barítono Luis Álvarez Sastre al que disfrutamos mucho más en el pasado Curro Vargas del mismo teatro y sigue siendo actoralmente irremplazable.

Del reparto en escena debo destacar al pianista Borja Mariño en el papel de Fidel, un pedazo de músico que acompañó el complejo montaje musical sin el que no habría nada, y al actor Jesús Agelet, Blas el camarero (realmente importante como si de El Guateque del gran Blake Edwards se tratase), habitual en las cocinas de Boadella desde hace años.

El duelo salpimentado por parejas soprano-tenor estuvo encarnado por María Rey-Joly y José Manuel Zapata (Leonor y Roberto) versus Elvia Sánchez y Antoni Comas (Brunilda y Sigfrido) en un juicio musical casi de judicatura y fiscalía aunque el público jurado se iba decantando hacia Verdi en parte por la caricatura wagneriana (incluida la grosería inicial de mal gusto escupiéndose las parejas en una poco lograda parodia canoril) que con el transcurrir del discurso, especialmente en la recta final donde mezclando los roles triunfó la farsa siendo todos ¡verdianos!, curioso viniendo de un catalán como Albert Boadella, si bien no necesitase veredicto porque el juicio resultó nulo desde el principio, argumentando subjetividad y engaño deliberado por parte de todos, sin culpables ni inocentes.

 

No se puede hablar de arias, dúos o coros verdianos ni wagnerianos -aunque los hubo y muchos, sobre todo el de esclavos de Nabucco– como de guiños a la zarzuela siempre por parte de Sito, que para eso es el dueño de «El Pimiento Verdi».

De Zapata sigue sin gustarme la parte lírica aunque llena escena y sus personajes son creíbles (impresionante la narración futbolística wagneriana), pero como cantante de ópera lo dejo para otros títulos (y espectáculos) que los elegidos por Manuel Coves, asesor musical que se entendió a la perfección con la dirección y dramaturgia de Boadella.

En cambio Antoni Comas pese a personificar «al malo» resultó mejor, completo incluso al piano o la guitarra, puede que como en todas las ficciones donde sabedores del final seguimos disfrutando con los mal llamados perdedores.

El duelo Verdi – Wagner, musical y humano, resulta por momentos hilarante y más hispano que Don Mendo sin venganza, con el pseudolenguaje ítalo o germano bien traído por autor y personajes, morcilleo más leonés que de Burgos.
Y con Elvia Sánchez pese a tener menos protagonismo que María Rey-Joly, sucedió otro tanto, buscado o rebotado, el emparejamiento está más que logrado, los «primeros actores» y los de «reparto» donde todos son excelentes con los mal llamados secundarios sin los que la trama nunca quedaría redonda, blanca o negra… Reconocer a las dobles parejas el esfuerzo vocal que supone cambiar bruscamente de Verdi a Wagner más allá de registros o idiomas, teniendo presente el perdón o ausencia de pena en este juicio que perdimos todos, sobre todo en el desenlace.

Boadella y su equipo han escenificado todos los tópicos de los bicentenarios compositores con humor y amor hacia la ópera donde no faltaron gotas de Rossini, Donizetti o Bellini en botella y chorro desigual para todos los paladares, decayendo siempre en el alemán frente al mejor interpretado italiano, puede que cercano y por ello exigiendo menos, fomentando unos odios que finalmente no son tales, ni siquiera de enfrentamiento futbolístico o gastronómico sino burla del propio drama, tragedia y comedia como dualidad inseparable.

La ensalada de pimiento también llevaba tomate, la cebolla opcional, sal y pimienta en la medida justa, el aceite español, aunque lo etiqueten italianos, y el vinagre catalán en cantidad siempre al gusto del chef, que no necesariamente del cliente, aunque pague, pero todos conocíamos la carta, el menú y el precio. En la taberna de Sito con la fiesta de Blas, pese al chuletón de Ávila, el Rioja mejor que la cerveza e incluso cava extremeño con toda la ironía catalana (para un brindis final esperado donde sólo bebe Blas que para eso es camarero y el resto saben imaginarlo), la ensalada actual admite lo que queramos echarle, incluso sin necesidad de lechuga, y los asturianos también tenemos buen diente. Personalmente satisfecho y con hueco para seguir degustando, que por algo mi amigo Mario Guada me llama «omnívoro».
©Foto Pablo Siana

Un amor de teatro

Deja un comentario

Oviedo en verano tampoco se detiene musicalmente y el turismo, tanto regional como nacional e incluso internacional, pienso que lo agracede. Además del llamado «Festival de Verano» que presenta una amplia oferta, personalmente quiero recomendar las visitas teatralizadas al Teatro Campoamor que bajo el título «Vámonos pal Campo Amorrrr» está colgando el cartel de ENTRADAS AGOTADAS con días de antelación, pese a venderse solamente en la propia taquilla, con un precio de 6€.

En Julio los días 11, 12, 18 y 19 fueron un auténtico éxito y en agosto sólo quedarán los días 1, 2, 22 y 23, con dos pases – visitas de una hora- viernes a las 18:30 y 20:00 y sábados 11:30 y 13:00, que van más allá de una visita, por otra parte también con historia sin perder rigor desde el humor.

Se cuenta con el guión y dirección de escena del gran Enrique Viana, un auténtico acierto como en él suele ser norma, una escenografía, iluminación y vestuario muy logrados de Luis A. Suárez, las coreografías de Estrella García y Beatriz Cabrero coordinando al equipo musical formado por Anabel Santiago (tonada), Maria José Suárez (mezzo), Juan Noval Moro (tenor), Marta Mardó (actriz), Julio César Picos (pianista) y Noel García (gaita), todo un plantel de primera desde casa y otro detalle a tener en cuenta, un «Made in Asturias» que supone publicidad y marca propia.

Los grupos de 80 personas van asombrándose desde la misma entrada donde el recibimiento ya capta la atención, para ir desgranando simpáticos diálogos entre dos hermanas que interpretan Marta y María José, con «el servicio» donde Anabel encarna y mejora una actualizada y asturiana Gracita Morales, Juan Noval como el señorito que vuelve «entrado en años»dominando el skate, siempre jugando con palabra (no hay descanso para la risa, sonrisa, doble intención, crítica actual y calidad) y música (variada y reflejo de la que se puede escuchar en el coliseo capitalino) en un viaje que asciende al entresuelo, Salón de Té, volviendo al patio de butacas y finalizando en el escenario para sentirse protagonista por un día.

Podemos escuchar una habanera, un bolero, todo un desfile de fragmentos (como muestrario en rebajas) de arias, quedando con ganas de más, a cargo de Juan y Maria José, sin olvidar la gaita «galáctica» y la impresionante voz de una Anabel ampliando horizontes siempre, además del gijonés Julio César Picos que tiene a su disposición dos pianos verticales en el interior más el de cola sobre el escenario para ser el perfecto «hombre orquesta» salido entre el público. Sin querer contar un argumento realmente bien llevado (con guiños gastronómicos donde el carbayón es más que el pastel típico de Oviedo) para los que acudan en agosto, la recomendación para todas las edades no puede faltar.

La oferta veraniega ovetense es amplia, siendo la musical un referente y esta visita al Campoamor además de original cargada de humor y amor.

Pasiones y afectos de Forma Antiqva

2 comentarios

Martes 15 de julio, 20:00 horas. XVII Festival Música Antigua, Gijón: Centro de Cultura Antiguo Instituto. «Crudo Amor«. Pasiones y afectos en la voz de Agostino Steffani (1654-1728), Forma Antiqva: María Eugenia Boix (soprano), Carlos Mena (alto), Ruth Verona (chelo), Pablo Zapico (guitarra barroca), Daniel Zapico (tiorba), Aarón Zapico (clave y dirección).

Éxito total en la tercera jornada del festival gijonés tanto por la entrada, nuevamente aforo completo incluso en la planta primera con abundante público de pie, como por el programa donde Forma Antiqva estrenaba su último proyecto, Crudo amor, una excelente selección de cantatas de cámara para soprano, contratenor y bajo continuo del recuperado Steffani, todo un personaje capaz de protagonizar novelas y quién sabe si películas, un encargo del Festival «Ludwigsburger Schlossfestpiele» alemán para la formación asturiana que sigue viajando y triunfando allá donde va. Gijón ha sido como su punto de partida a lo largo de muchos años y el afecto es mutuo, algo que se notó desde la primera nota. Además la formación para este programa era igualmente capaz de llenar el antiguo Instituto Jovellanos, con los hermanos Zapico más Ruth casi «cuarta hermana», y dos voces de referencia: el contratenor alto Carlos Mena de reconocida fama mundial, inmenso en un registro como el suyo donde la musicalidad está presente siempre, y la soprano Mª Eugenia Boix a la que he visto crecer musicalmente en cada concierto cerca o directamente en nuestra tierra, demostrando este martes un momento espléndido, que comentaremos más adelante, con un grave más equilibrado, un centro y agudos hermosos en presencia y una vocalización más clara, sumándose a la plantilla de Forma Antiqva donde las voces femeninas siempre han brillado a gran altura.

Apuntaba la recuperación de Agostino Steffani en estos tiempos gracias a artistas y grabaciones mediáticas donde no ha faltado la novela oportuna para que muchos melómanos descubriesen a este polifacético personaje, aunque me consta que los hermanos Zapico llevaban más tiempo en este proyecto, por lo que no se han apuntado a modas sino que la tendencia les ha venido bien para programar la hermosísima música de Steffani, comentando a la salida que va a suceder algo parecido a Salieri tras la película «Amadeus». Bienvenidas sean estas hornadas de fama para poder disfrutar de partituras que dormían el sueño eterno hasta que alguien las resucita. En el caso de Forma Antiqva no solo han seleccionado a la perfección para la plantilla del momento sino que han realizado edición propia para tres de las seis cantatas escuchadas: todo un placer comprobar el detalle de cada interpretación, solos oportunos de cada instrumento, dúos elegidos según la pasión textual y vocal, tutti en la medida exacta, planos sonoros bien diferenciados, doblando partes cantadas, completándolas, coprotagonizando solos y duetos, alternancias de soprano y alto con los instrumentos propicios siempre desde la labor musicológica de los Zapico que continúan asombrando con un magisterio en este periodo musical adaptado siempre a las necesidades.

Entrando ya en las seis cantatas elegidas, textos italianos del sempiterno tema amoroso con sus pasiones y afectos (también en el sentido musical de la teoría) reflejados en cada palabra, en cada párrafo donde el inicial titula cada una de ellas y donde la música complementa una letra de por sí plena: Begl’i occhim oh Dio, no più abría concierto, cuatro números perfectamente combinados vocal e instrumentalmente, comenzando a dúo para alternar solo de alto (Clori mia), de soprano (Se la tua gelosia) y cerrar nuevamente a duo. Primera alegría comprobar el perfecto empaste vocal de dos colores conocidos en solitario que combinaron perfectos en sus dos dúos, tras demostrar sus capacidades solísticas en unas arias siempre difíciles.

Dimmi, dimmi, Cupido en edición de Forma Antiqva, volvía a jugar con los mimbres elegidos en nueva combinación y mayor riqueza emocional: solo de Mena, dúo (Son’erede dei tormenti) pleno en calor y color, solo de Boix (Ah, che quei piendi oh Dio) carnoso en todo el registro, y dúo (Non bastava al Dio d’Amore) final corroborando las sensaciones de la primera cantata: juego emocional desde la dicción, emisión y color con la orfebrería instrumental ahora complemento y después compañera, todo desde esta versión propia que enriquece un de por sí bello original.

Podría repetir lo mismo para Occhi, perché piangete? en cuanto a edición hecha a medida, pero la sorpresa y la teatralidad van de la mano en estos «proyectos Zapico», por lo que el inicio solo con la guitarra de Pablo suponía apostar por colores y afectos, también efectos, siguiendo el clave de Aarón antes del lento que comienza cantando Mª Eugenia y continúa Carlos antes del tutti, matemática musical combinatoria ceñida a las expresiones italianas donde cada intervención instrumental parece subrayar palabras y responder preguntas, como la tiorba de Daniel y el cello de Ruth ante las palabras de soprano y alto. Las indicaciones de los tres movimientos (Lento: Occhi, perché piangete?, Allegro: Stolto e ben chi vi crede, y Lento: Dal nostro planto amaro) solo indicativas puesto que cada uno de ellos fluctúa en su microcosmos para buscar la terminación rápida mucho más adecuada anímicamente.

La cuarta cantata que da título al concierto, Crudo Amor, consta de seis movimientos difíciles todos ellos, jugando con todos los elementos barrocos del contraste y pasión textual corroborada en cada instrumento. Así comenzaban las voces a duo con emparejamientos instrumentales igualmente complejos, continuando el recitativo del alto Come nel mar d’Amore como si de una ópera en miniatura se tratase seguido del endiablado arioso bien ejecutado por Carlos Mena Egualmente mi nega opuesto al tranquilo recitativo La stella ch’a me splende y aria Oh, toglimi la speme de Mª Eugenia Boix con el acompañamiento de clave, hermosos y con unas agilidades para degustar antes del dueto final a tutti caminar antes de correr como las propias líneas de canto rotas tras la calma, especialmente al cantar «Speme lusingare» con la guitarra rasgueando cual folia inconclusa y sorpresiva. Tensiones bien resueltas por parte de todos, haciendo que lo difícil parezca fácil en cada intervención y sobre todo con la sensación de grupo compacto, de idea compartida donde todos reman en la misma dirección.

Aún quedaba mucho todavía en este drama musical que eran las cantatas, y así Sol negl’i occhi arrancaba con un solo de cello a cargo de Ruth «Zapico» casi bachiano, fraseado como la posterior tiorba de Daniel llevando casi de la mano a soprano y después alto, juegos amorosos desde la música como el solo Filli, filli crudele de soprano con cello y clave de pureza barroca previo al contrastante de alto Ma, se nel tuo bel viso con tiorba y guitarra sumándose el cello en una catarata de agilidades dificilísimas para todos, especialmente para unas voces siempre completando tesitura en ambos extremos para concluir en el dueto final Chi vedesse la beltá con todos en «tempo giusto» y volúmenes apropiados desde un ensamble y empastes globales dignos de admiración. Sabiduría interpretativa y técnica por parte de todos y cada uno de estos músicos que se volcaban en cada cantata sin tiempo para el desaliento.

La última Placidissime catene, también en edición de Forma Antiqva, remataría un programa estructurado al detalle para cada uno de los seis músicos de la formación, alternancias vocales e instrumentales jugando y buscando el color adecuado, el plano perfecto incluso en los tutti, respirando en la parte del compás precisa, fraseos estudiados al detalle que redondearon un programa perfecto en cada cantata, muy aplaudidas por un público tan pasional y afectuoso como el título elegido.

Y la propina permitió disfrutar con todos ellos desde la calidad y belleza de toda la música escuchada, aunque esta vez Monteverdi, primero el cuarteto y después ambas voces entrando entre bastidores para cantar el dúo de amor final de L’incoronazione di Poppea, última degustación de Poppea y Nerón, Pur ti miro, pur ti godo… Boix y Mena en perfecta unión con el acompañamiento nuevamente a la altura del reparto vocal y coprotagonistas siempre con este barroco en el que Forma Antiqva siguen sorprendiendo y los alemanes sacarán provecho de ello…

Armas solo musicales

4 comentarios

Lunes 30 de junio, 20.00 horas. S. I. B. Catedral de San Salvador, Oviedo. Coro de la Universidad de Oviedo, Orquesta Clásica de Asturias (OCA), Joaquín Valdeón (director): The Armed Man: A Mass for Peace –selección- (Karl Jenkins, 1944).

Mi generación ha bebido de muchas y variadas fuentes, declarándome y aceptando el calificativo de omnívoro musical, por lo que puedo decir pasado un tiempo que podemos presumir de tener amplitud de miras sin prejuicios, algo similar a la de esos viejos rockeros (que nunca mueren) como Sir Paul McCartney o nuestro Karl Jenkins que dieron el salto a la llamada “música culta” con obras sinfónico corales plagadas de guiños a épocas que seguimos disfrutando como si fuese la primera vez, caso del «Oratorio de Liverpool» (1991) del exbeatle o esta «Misa para la paz» del miembro de Soft Machine, titulada “El hombre armado” que ha inspirado a tantos otros músicos de la historia como bien aparece en el programa de mano.

La obra compuesta en 1999 por encargo del Real Museo de Armamento de Leeds y dedicada a los muertos de Kosovo (extensible a todas las víctimas de la guerra), se estrenó en el Royal Albert Hall londinense el 25 de abril de 2000 con el propio Jenkins dirigiendo la London Philharmonic Orchestra, y consta de trece números (se añadió el decimocuarto en octubre de 2010) con textos de diversa procedencia, mayoritariamente cristiana, en latín lo que será el ordinario de la misa, aunque el compositor galés prescinde del Gloria y el Credo, pasando por el árabe de la llamada a la oración (Al-Adhan), el francés del tema original «L’homme armé«, canción popular sobre la que también han compuesto entre otros muchos Dufay, Palestrina, Josquin Desprez, japonés y por supuesto inglés, con textos bíblicos pero también de Kipling, el Mahabharata, y muchos más, entroncando con el impresionante War Requiem de Britten que pudimos disfrutar en el centenario también en nuestra capital asturiana.

The Armed man es obra poco programada en nuestro país aunque gozando de popularidad sobre todo entre coros jóvenes, por lo que no será extraño que también sea llamada a escucharse como cierre de ciclos sinfónicos por su impactante y atemporal mensaje.

Partitura con amplia orquestación, aunque abierta, que incluye por ejemplo pícolos, flautas, oboes, corno inglés, clarinete, clarinete bajo, fagot, trompetas, trompas, percusión abundante así como órgano, más la cuerda, coro a cuatro voces mixtas, cuarteto vocal solista, un muecín, y solo de violoncello en el antepenúltimo número, Valdeón realizó una selección con la mitad de sus números que pudimos escuchar por primera vez en Asturias (puede que en España) en una catedral a rebosar (y eso que había otro concierto en el Auditorio de la ALAAK) al frente de “su” coro universitario, con una OCA algo mermada en efectivos, de plantilla siempre variable aunque de nuevo resultase garante de profesionalidad desde una media de edad siempre joven, sumándose un músico integral como Guillermo Martínez al órgano, adaptando estos mimbres para construir una versión más que digna de esta forma musical que transciende lo litúrgico o sacro, como en el antes citado Oratorio de Liverpool.

Siete de los catorce movimientos fueron desgranándose por un coro entregado en cuerpo y alma, afinado, empastado, multilingüe en los distintos números, corto en potencia pero rico en dinámicas, sobre todo las voces agudas, con una orquesta disciplinada y casi camerística donde metales y percusión brillaron sin necesidad de avasallar en volumen, sumando magisterio organístico por la elección de los registros adecuados, complementarios o solistas, todo desde la atenta y convincente dirección del maestro Valdeón, conocedor y defensor de la obra, los músicos y sobre todo el entorno, dominando la siempre difícil acústica catedralicia para utilizarla como un plus en vez de enemigo. Lástima unos ruidos molestos en las pausas, tal vez golpes en el micrófono abierto, pero tomados como si de la propia obra se tratase.

El primer número L’homme armé presentó credenciales vocales e instrumentales, arrancando con el ritmo militar en los pies de los intérpretes para ir engordando la escritura instrumental y la aparición del órgano desde el contagioso ritmo del original que finalizado el público no pudo reprimir los aplausos, pese a la indicación contraria del director.

Sin canto árabe de llamada a la oración pasamos al número tres, Kyrie de estructura clásica (Kyrie-Christe-Kyrie) que contó con el solo inicial de la soprano Ana Peinado, bien vocalizado y más que suficiente en presencia y proyección, bien arropada por el resto del coro y una orquesta templada.

El imponente Sanctus, quinto número, hizo vibrar a todos por la capacidad mostrada desde el podio de alcanzar el difícil equilibrio de planos sonoros entre coro, percusión y metales extremos en las dinámicas, pp realmente logrados y ff impactantes donde la orquesta nunca tapó al coro, aprovechando la reverberación para duplicar sensaciones, duraciones acortadas y silencios remarcando la intensidad dramática: coro silábico, rítmico con las trompetas contestando, unísonos de cuerda y coro con la percusión guerrera y cinematográfica casi de romanos, timbales y platillos, efectismos plenos de belleza en la línea del proyecto «Adiemus» del propio Jenkins, el latín idioma musical en el ocaso del siglo XX, lengua muerta pero resucitada siempre para el canto sacro.

El sexto número, Hymn before action (Himno antes de la batalla) con texto en inglés de Rudyard Kipling resultó difícil de entender pero plenamente conmovedor: «La tierra se ha llenado de cólera, los mares, de furia se han oscurecido. Las naciones reúnen a sus guarniciones para cruzarlas en nuestro camino…» y la música perfectamente adaptada a una letra realmente trágica como ese final «… Tú mejor que nadie, Señor, danos fuerzas para morir», tintes épicos de nuevo con referencias a bandas sonoras de los verdaderos clásicos sinfónicos que están en nuestra memoria auditiva, lenguaje universal.

La tensión creciente llegaría en el siguiente número, séptimo «de caballería con verdadera carga», Charge! -que bisarían- realmente épico, fanfarrias dignas de un Péplum, agradecidas de interpretar y escuchar, efectistas, cañonazos sobre parches para llegar a dar las sopranos unos agudos al límite en tesitura y matices bien resueltos, sumando dificultades y riqueza de reguladores por parte de todos, coro incluido hasta las aclamaciones sobrecogedoras, reguladores infinitos de horrores pero nunca gritos en un final (omitido en la propina) impactante como el concluyente silencio.

El toque de trompeta, militar y dulce, fin del horror y del movimiento séptimo, cual canto a los caídos sobre notas pedales, desemboca en el hermosísimo Agnus Dei, número décimo de esta misa, recogimiento roto con disonancias y notas tenidas en la cuerda, lejanas campanadas de muerte, recuerdos de Britten, antes de saltar al duodécimo número con el registro de armonio preparatorio anímicamente al inigualable Benedictus, digno final (aunque faltasen los números siguientes) como reza el programa: «Con su dulzura melancólica que simboliza el fin de la guerra, la tristeza y la asunción de sus consecuencias y, también, cómo no, la esperanza; «Bendito el que viene en nombre del Señor. ¡Hosanna en el cielo!»», melancolía y paz desde el lirismo en el solo de cello a cargo de Elena Robledillo contestado por maderas (oboe, flautas), después dúo de trompas aterciopeladas, las cuatro voces del coro en entradas sucesivas (sopranos, tenores, contraltos, bajos), de buen gusto en escritura y ejecución, sutiles en los pianísimos y rompedoras en los «fortissimi» contrastando volúmenes de todos en un tiempo lento majestuoso antes del “da capo”, esperanzador como el propio concierto, apuesta por repertorios nuevos que serán clásicos dentro de uno o dos siglos y con armas estrictamente musicales.

Sólo me queda pedir y esperar la escucha completa de la obra, completa en todos los sentidos sin desmerecer lo vivido en San Salvador, pues las emociones colmaron cualquier necesidad anímica para cerrar un curso musical con este junio que todavía no respira verano en Asturias, por otra parte lo habitual contrastado con lo especial de esta paz musical siempre necesaria tras la guerra no deseada.

Vuelve la zarzuela solidaria a Mieres

1 comentario

Jueves 26 de junio, 20:00 horas. Auditorio «Teodoro Cuesta», Mieres: Escuela de Canto y repertorio Vocal Haragei: «Gala de Zarzuela y lírica asturiana«, Entrada 5€ para AMICOS (Asociación Mierense de la Cocina Solidaria).

Elena Pérez-Herrero es una cantante y docente mierense que tiene tras de sí una amplia trayectoria profesional, avalada con distinciones tanto propias como de su alumnado, el cual está triunfando allá donde va. Mujer comprometida siempre, desde «Haragei« nunca se olvida de ese refrán tan musical de «Quien canta su mal espanta», y cuando es necesario arrimar el hombro a causas solidarias siempre está en primera línea, lo que volvió a traerla a su Mieres natal con una representación de su alumnado, nuevo y de siempre, para dejarnos una gala de zarzuela que hizo las delicias de un público menos numeroso del esperado pero igualmente entregado y solidario con Amicos, para quien fue toda la recaudación de taquilla.

Hubo bajas de última hora en el programa previsto por causas ajenas a la organización, como la del pianista y compositor Guillermo Martínez, o los cantantes Faustino Reguero Santimoteo y Fernando García, pero los que acudieron y actuaron en esta gala de zarzuela dieron todo, desde debutantes hasta veteranos, conviviendo y compartiendo el aprendizaje que siempre supone subirse a un escenario.

Sin entrar en valoraciones, comenzar citando a los siempre poco reconocidos pianistas repertoristas, más que acompañantes y auténtico sustento en partituras que resultan diabólicas al reducir la orquesta al teclado, amén de conocer a cada cantante para amoldarse, «respirar» con ellos y completar un éxito del que tienen siempre parte importante: Laura Martín Graña y el joven Marcos Suárez que además hubo de preparar casi a primera vista el repertorio que le correspondería a Guillermo Martínez, con todo lo que ello supone de trabajo añadido. Sobresaliente para este pianista que ha entendido a la perfección el siempre difícil arte del acompañante.

De las dos voces masculinas gustó el color vocal y potencia de Gaspar Braña, y el gracejo en escena de Cristóbal Blanco, mientras que en las femeninas brillaron con luz propia Sandra Gutiérrez y Yolanda Secades, junto a otra joven veterana Elisabeth Expósito, sin desmerecer otras conocidas como Gloria Díaz Morán, Ana Peinado o Azucena Bedia, junto a la debutante Silvia Inés Fraga que pondrá Mieres en su currículo. La elección de romanzas y dúos de zarzuela siempre acordes a las características de cada voz resultó apropiada, incluso dura para algunos, con alguna página poco escuchada y felizmente recuperada, participando incluso los compañeros en los coros puntuales que contagiaron a parte del público, conocedor de estas páginas populares en mi generación y anteriores pero que debemos seguir programando para mantener vivo un repertorio tan nuestro y de igual (o superior) calidad a la ópera.

Paso a citar el programa escuchado la tarde del último jueves de junio, volviendo a felicitar a todos, Elena a la cabeza y presentadora de lujo que también colaboró en los coros, así como a Carlos Muñiz, presidente de AMICOS que agradeció al final de la gala el gesto solidario y dejando ya anunciada la próxima de 2015 que intentará convertirse en cita obligada para la lírica en Mieres, villa musical de primera.

Primera Parte:

Gloria Díaz – Laura Martín: Qué te importa que no venga de «Los Claveles» (José Serrano).

Cristóbal Blanco – Laura Martín: Chinito soy -tango triste- de «Don Quintín el Amargao» (J. Guerrero).

Ana Peinado – Gaspar Braña – Marcos Suárez: Dúo de «Luisa Fernanda» (F. Moreno Torroba).

Elisabeth Expósito – Marcos Suárez: Romanza de Marola de «La Tabernera del puerto» (Pablo Sorozábal).

Gaspar Braña – Marcos Suárez: Romanza de Leandro de «La Tabernera del puerto» (Pablo Sorozábal).

Ana Peinado – Marcos Suárez: Romanza de «Chateaux-Margaux» (M. Fernández Caballero).

Gloria Díaz – Cristóbal Blanco – Laura Martín: Quiéreme mucho (Gonzalo Roig).

Elisabeth Expósito – Cristóbal Blanco – Marcos Suárez: Dúo Ese pañuelito blanco de «La Chulapona» (F. Moreno Torroba).

Segunda parte:

Sandra Gutiérrez – Marcos Suárez: Carceleras de «Las hijas del Zebedeo» (R. Chapí).

Silvia Inés Fraga – Marcos Suárez: Anxelinos (Ángel Émbil).

Azucena Bedia – Marcos Suárez: Romanza de Roseta de «Las segadoras» (Leopoldo Magenti).

Silvia Inés Fraga – Azucena Bedia – Marcos Suárez: Dúo de «Don Gil de Alcalá» (M. Penella).

Yolanda Secades – Marcos Suárez: Tango de la Menegilda de «La Gran Vía» (F. Chueca).

Sandra Gutiérrez – Marcos Suárez: Yo he nacido muy chiquita de «El dúo de la Africana» (M. F. Caballero).

Sandra Gutiérrez – Yolanda Secades – Marcos Suárez: Dúo de «Los diamantes de la corona» (F. Asenjo Barbieri).

Una tarde de zarzuela que además resultó ser alimento también para el alma. Gracias como suelo decir al Haragei Team, que sigue sumando esfuerzos, voces y buen hacer musical sin olvidar el necesario lado humano.

Curro Vargas deslumbrante

5 comentarios

Viernes 20 de junio, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Zarzuela – XXI Festival Lírico Español: Curro Vargas (R. Chapí), segunda función.  Entrada butaca: 39,50€ (en TiquExpress).

Con auténtica impaciencia acudía a escuchar este drama lírico en tres actos de casi cuatro horas de duración del que apenas conocía la romanza final de Curro nada menos que por Alfredo Kraus. Si en la conferencia del martes y dentro de las organizadas por la Universidad de Oviedo como «Diálogos de Zarzuela«, Pablo Viar, ayudante de dirección de Graham Vick, junto a Mª Encina Cortizo y sobremanera Emilio Casares, nos pusieron en antecedentes de lo que nos íbamos a encontrar en Oviedo tras su paso en febrero por el Teatro de la Zarzuela de Madrid, lo vivido en esta segunda función del título que clausura el festival de Oviedo se quedó no ya completado sino aumentado con la representación.

Obra más que difícil y exigente para todo el elenco, con una puesta en escena impecable de un genio como el inglés Vick, vestuario, iluminación, cuadro de actores, banda de música, coro de niños, gran coro, y un reparto de primera equilibrado, que necesita dotes actorales casi tanto como las vocales y donde no se escatimaron medios por ninguna parte, alcanzando con este título de Chapí todo un hito en la capital asturiana, digno de figurar incluso como ópera, aunque apostar por una obra tan completa y dura no es fácil, además de tener que encontrar por las propias exigencias un reparto que no se logra ni programando a largo plazo. Pero esta vez sí alcanzamos el pleno de principio a fin.

Por organizar un poco mis impresiones debo comenzar con la propia partitura de una modernidad para 1898 que ya quisieran muchos contemporáneos, y es que Ruperto Chapí conoció de primera mano todo lo que en su época se representaba en Europa, y con Bretón marcarán un estilo que tristemente no les dio de comer y apenas tuvo continuidad para lo que hubiese sido la «Gran ópera española» en unos momentos históricos de crisis que la música escénica también padeció, con un nacionalismo asociado al «andalucismo» que siempre parece ser nuestra imagen exterior, y que Curro Vargas pese a ser un «drama lírico» potente, de orquestación poderosa y un libreto a partir de «El niño de la bola» de Pedro Antonio de Alarcón, dos dramaturgos con oficio como Joaquín Dicenta y Manuel Paso Cano dieron la impronta perfecta para su puesta en escena musical, manteniendo las partes habladas realmente bien encajadas en esta edición crítica para el ICCMU de Javier Pérez Batista, aunque el argumento note el inexorable paso del tiempo.

Todos los solistas sin excepción tienen que rendir a tope en cada intervención, partitura llena de pasajes comprometidos, a menudo en el límite de su tesitura, en la llamada zona de paso que pone en riesgo cada intervención y con una orquesta por momentos «wagneriana» o si se prefiere «verista» como toda la obra. El reparto de Oviedo, parecido al madrileño, resultó creíble en cada uno de los solistas, tanto física como musicalmente, citándolos en el orden del programa:

Cristina Faus (Soledad) de colores variados y dicción irregular por momentos, con volumen algo desigual según los registros (lógico en una mezzo cantando este papel de soprano dramática), intimismo en sus momentos, lirismo siempre delineando esa esposa y madre con el remordimiento en lucha con su auténtico amor. Milagros Martín (Doña Angustias) inconmensurable, no ya en su línea de canto donde dio una lección, sino actoralmente con un verbo bien proyectado, convincente para la viuda madre y abuela, que en ningún momento fue tapada por una orquesta vigorosa. Fresca y sincera la Rosina de Ruth González, esos «segundos papeles» que son necesariamente exigentes para poder completar una función redonda, al igual que La Tía Emplastos de Aurora Frías, tal vez menos «cantábiles» pero metidas en su papel. El auténtico triunfador y protagonista fue el asturiano Alejandro Roy dibujando un Curro Vargas asociado a su físico y voz, demoledor para cualquier cantante desde su primera aparición en escena, con registros poderosos llenos de matices, un grave contundente, un medio cautivador y un agudo arrebatador, capaz de recrear cada una de las emociones que su personaje exige. Solo, en dúo y sobremanera en los concertantes «tutti» su emisión resultó arrolladora sin perder nunca la seguridad y el convencimiento de este papel que nadie se atreve por sus exigencias. El desgaste es mayor que tres Cavaradossi pero el plus de Roy en casa es casi una marcha extra. Israel Lozano como Timoteo resultó mejor declamado que cantado, en parte por una puesta en escena que en su principal intervención requiere un esfuerzo por subir de espaldas la escalera.

El Don Mariano de Joan Martín-Royo fue desigual pero también convincente actor, si bien el color y empaste con Soledad no fuese de lo que más me emocionó. Parecido el Capitán Velasco de Gerardo Bullón aunque el peso escénico siempre resultó equilibrado y seguro. El segundo triunfador, además con el personaje más exigente desde el punto de vista actoral, fue Luis Álvarez Sastre, el Padre Antonio que además de dar por su aspecto la perfección del papel, cantó con una gama estilística según el momento dramático realmente bella. El Alcalde Airam de Acosta es personaje bien dibujado y con menos peso musical que resolvió con profesionalidad. Del trío de arrieros además de encajar perfectamente con la idea escénica de Vick, simpáticos todos comenzando con Francisco Javier Sánchez Marín, continuando con Sebastiá Peris y rematando con Juan Manuel Padrón un zurdo que también toca la guitarra en vivo, completando la escena un niño (alternando Jorge Correas Pérez y Diego Cortés Alonso). La figuración auténticamente profesional, desde los que representan tres burros humanamente burros, hasta los soldados y costaleros totalmente metidos en sus papeles como las distintas señoritas que por momentos llenaron la escena sin dar sensación de agobio, al contrario, movimiento bien organizado y sabiamente llevado por el ayudante de escena.

Ya que cito la amplia figuración debo hacer un punto aparte con la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» que dirige Rubén Díez Fernández. Para Curro el coro es tan protagonista, sino más, que los propios solistas, pues en cada uno de los actos se les exige y mucho a todas las cuerdas, graves y blancas, separadas y  enconjunto, sin olvidar un movimiento sobre las tablas que dominan como si de profesionales se tratase. Salvo un pequeño desajuste en el tercer acto, solventaron las dificultades que la partitura presenta, unida a la puesta en escena que les hizo cantar de espaldas, en movimiento e incluso fuera de escena. Un placer comprobar cómo están comportándose en óperas y zarzuelas alcanzando un nivel muy alto. Muy bien los niños del Coro de la Escuela de Música Divertimento, ángeles y querubines encaramados al fondo pero de emisión clara y afinación exacta.

Sobre el escenario también pudimos disfrutar de la colaboración de varios miembros de la Banda de Música «Ciudad de Oviedo» que además de dar realismo a la procesión del segundo acto, completaron ese escenario que a la vista de los efectivos pareció más grande de lo que realmente es. Los leves problemas de ajustes en el tempo se debieron más a la falta de visión del foso cuando desfilaban que no cuando tocaron situados en la «grada» trasera dentro del escenario.

Aquí tendría que detenerme para hablar de la puesta en escena diseñada por Graham Vick donde luces y sombres se conjugaron a partir de una estética muy de los años 60 en todo (apropiadísimo el vestuario), con la visión que un británico pueda tener de la Semana Santa malagueña, por otra parte nada transguesora. Simbolismos de todo tipo en un escenario redondo móvil que da mucho juego a los elementos sobre él colocados, incluso los que descienden y luego se anclan, dignos de analizar uno a uno como hizo Pablo Viar en la conferencia citada del martes pasado, más otros que fui descubriendo: los globos de colores cúpula de iglesia y verbena primaveral sureña después, las escaleras de tijera, el sofá, la mesa del despacho, el archivador, el olivo, la gran cruz, la tómbola colgante final… incluso la originalidad de utilizar los palcos-bolsas laterales del primer y segundo piso para ubicar en ellos personajes y balconadas de flores, agrandando un escenario que tiene las dimensiones que tiene. Igualmente me pareció genial la irrupción por el patio de butacas de Curro en el baile del tercer acto, sin dejarme una iluminación muy bien diseñada subrayando esos contrastes del libreto capaces de resolver momentos de tensión con los guiños de sainete que equilibran un drama auténticamente de libro y políticamente incorrecto en estos tiempos nuestros donde el dicho «la maté porque era mía» constituye delito y causa prisión inmediata. Auténticas genialidades para una escena pletórica en el amplio sentido de la palabra donde todo funcionó con precisión británica.

Para el final dejo a la Oviedo Filarmonía que en el foso de este «su festival» sonó empastada, equilibrada, comedida para una orquestación realmente impresionante que puede a las voces, pero que el maestro Martín Baeza-Rubio supo mantener en el punto exacto, mimando a todas las voces, marcando cada entrada y dando la confianza y seguridad necesarias para que todo encaje en una obra tan completa como Curro Vargas  que el director de Almansa llevó con mando en plaza tanto en el escenario como bajo él.

Buen cierre para la temporada lírica que tiene el domingo a las 19:00 horas la última función y de propina la Gala Lírica con la soprano Cristina Toledo, ganadora del XIV Concurso Jacinto Guerrero, con la Oviedo Filarmonía y Andrés Salado a la batuta el sabado 28 en este mismo y gran Campoamor, que será protagonista también en el Festival de Verano, aunque lo contaremos otro día.

XIII Encuentro Coral de los pueblos mineros

Deja un comentario

Los días 13 y 14 de junio en el Auditorio «Teodoro Cuesta» de la Casa de Cultura de Mieres a las 20:00 horas, fueron elegidos este año 2014 para la decimotercera edición de «La mina canta unida», encuentro coral de los pueblos mineros que organiza el Orfeón de Mieres en colaboración con FECORA, el Excelentísimo Ayuntamiento de Mieres y el Club Cultura Principado de Asturias, amén de distintos patrocinios del comercio e industria locales, adelantándose este año a las Fiestas de San Juan que todavía no lanzaron el chupinazo.

Dos jornadas bien distintas e imposibles de pormenorizar, que tuvieron como maestro de ceremonias al presidente del Orfeón Eustaquio Álvarez Hevia, proyectándose un breve montaje en homenaje a la minería que sirve de nexo a los pueblos de donde vienen los distintos coros, y guardando un minuto de silencio por los coralistas fallecidos.

El viernes 13 participaron dos coros vecinos, el Coro del Centro Asturiano de Oviedo bajo la dirección de Patricia Miriam Martínez Iglesias, y el Orfeón de Castrillón que dirige Martín Martínez Bastián, el primero con un repertorio conocido y muy del gusto del público que pese a la competencia futbolística se acercó a escuchar los dos invitados asturianos de la primera jornada:

Como la flor (Eduardo Martínez Torner), hermosa canción asturiana que sigue presente con el paso de los años en los distintos coros de mi tierra, el son cubano Las cuatro palomas (I. Piñeiro) con un acertado acompañamiento de cajón peruano, la popular mexicana Borrachita, buscando arreglos y repertorios que dinamicen el mundo coral, como un buen arreglo del famoso bolero Piel canela (Bobby Capo) también con la percusión del mal llamado cajón flamenco que resultó de lo mejor, la poco agradecida Dime paxarín parleru (Ángel Émbil) algo «destemplada» que siempre pone a prueba formaciones, solistas y directores, cerrando intervención la canción africana popularizada por el cine The Lions Sleeps Tonight nuevamente con cajón más abundantes efectos vocales emulando la fauna y sonoridad de la selva realmente conseguidos que salvó una actuación discreta.

Por su parte el Orfeón de Castrillón que dirige Martínez Bastián, realizó cambios sobre el programa previsto, y puede que mermados en número, cantando Esta tierra (Francisco Pino – Javi Busto) que harían del compositor de Hondarribia el más escuchado estas jornadas, 
Camino del indio (F. Cabedo – A. Yupanqui), bien empastados aunque como en el coro ovetense, algo descompensadas las cuerdas si bien la musicalidad siempre es digna de mención, dos habaneras que parecen ser indispensables en los conciertos: Nostalgia del mar (Rosa Mª Tarruel)
 de apego asturcubano, y Habladme del mar (Ángel Barja) desde tierra adentro del siempre recordado compositor orensano-leonés, esta difícil de afinaciones y comprometida para todos; finalmente Alma, Corazón y vida (Adrián Flores) y El día que me quieras (C. Gardel – arr. Vivian Tabbusch), dos temas que nunca me han gustado armonizados para coro al perder el sabor primigenio, aunque los de Piedras Blancas dieron lo mejor de ellos. Y de propina un tema casi «propio» del coro anfitrión como Ay! un galán (Javier Armenter) al que le dieron su toque personal con un aire más bailable de regusto llanisco (frente al pausado local como de danza prima).

Para el sábado 14 venía el plato fuerte con la Coral Camino de Santiago de Ayegui (Navarra) dirigida por José Mª Chasco Urabayen, devolviendo visita al orfeón mierense, y con un programa amplio, duro, difícil y muy variado, mostrando un alto nivel para un coro casi de cámara (5 sopranos -más la pianista Alba Etxarri Chasco cuando no intervenía-, 6 contraltos, 7 tenores y 6 bajos) muy equilibrado en sonoridades, de empaste perfecto y atento a la magistral dirección del maestro y farmacéutico Chasco, echando de menos voces más jóvenes aunque sea un mal casi endémico, al menos en muchos de los coros del norte.

El programa se organizó en dos bloques, el más purista por así decir con obras digamos clásicas: el motete Ubi Caritas (M. Duruflé), Insanae Vanae Cure (J. F. Haydn) con acompañamiento de piano (difícil por ser reducción orquestal) al igual que Wie Lieblich del «Réquiem Alemán» (J. Bramhs), exigente para un coro de estas dimensiones del que salieron más que airosos, cuidadosos de matices y planos sonoros, el poco escuchado Ave Verum (E. Elgar) hermosura coral aunque sin el órgano, y también «a capella» el Padrenuestro o Aita Gurea (Padre F. Madina) que sirvió de puente para la segunda parte más popular donde no faltaron dos temas populares vascos arreglados por Javi Busto: Nerea Izango Zen (M. Laboa) y Axuri Beltza, contrapunto y ritmo perfectamente entendidos por el director y sus coristas, más Maitia Nun Zira (popular – José Tomás Uruñuela). Una de las obras más escuchadas del doctor Busto es A tu lado, bien trabajada en Donosti donde José Mª Chasco amplió formación musical, llevando limpiamente las distintas voces con una musicalidad innata en los coros vascos y navarros. Otra seña de identidad es su apuesta por los nuevos repertorios, y de nuevo con acompañamiento de piano (eléctrico) pudimos escuchar dos arreglos de sendos temas de QUEEN y su auténtico genio Freddy Mercury: Somebody to love (donde aparece «dibujado» el We are the champions) y una excelente armonización de la Bohemian Rhapsody donde los solistas también tuvieron su protagonismo aunque el inglés no resultase tan convincente como la difícil música que cerró la excelente actuación del coro navarro.

El Orfeón de Mieres bajo la sabia dirección de Joaquín Sandúa Fernández ponía el cierre con dos habaneras flanqueando una asturiana, Un velero y una canción (Santos Montiel) con salitre y carbón a partes iguales, la citada Ay! un galán (Javier Armenter) que arrastra carencias pasadas imposibles de subsanar por el maestro navarroasturiano, y La niña de Marianao (Fernando Moraleda) recuperada para la formación que un servidor montase allá por los años 70 con su director y en la línea de sacar a flote grandes obras que el Orfeón puso de moda entonces y el tiempo madura como los buenos vinos, reestreno de sabor marinero sin regusto a carbonilla.

Navarros y mierenses cantaron juntos la canción patronal minera Santa Bárbara en armonización de mi admirado José Fdez. Avello, intercambios musicales y encuentros, que son la salsa de coros y localidades, con la música vocal como vehículo cultural en tiempos de crisis que la música supera desde la afición, e ilusión de formaciones corales como las de esta cita del junio mierense. Esperamos ya la decimocuarta, sabedores del trabajo y esfuerzo que conlleva organizar eventos de esta magnitud, felicitando tanto a participantes como anfitriones por seguir cantando en Mieres por San Juan.

Older Entries Newer Entries