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Excelencia coral para la clausura

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Domingo 9 de abril, 20:00 horas. Iglesia de San Nicolás de Bari, Avilés: Concierto de clausura de la XL SMRA: Crux Fidelis. Coro CantArte, Mario Morla (piano), Judith Martínez (soprano), Guillermo A. Ares (director). Obras de J. Sheppard, C. Morales, VictoriaBello-Portu, Arvo Pärt, R. Pearsall, A. Alcaraz, O. Gjeilo, J. Tavener y Gregoriano.

Brillante clausura de la cuadragésima edición de la Semana de Música Religiosa de Avilés, que esperamos no sea la última, con el coro leonés CantArte que dirige el antiguo escolano de Covadonga Guillermo A. Ares en su segunda visita al templo de la plaza de Domingo Acebal que volvió a registrar un lleno corroborando el buen estado de esta semana ya histórica dentro de la música religiosa asturiana que cerraba este domingo de ramos con un programa variado, con alguna variación en el orden y omitiendo a Poulenc. El propio director se encargó de explicar el nexo de cada obra desde este domingo hasta el de Pascua, el latín que marca el ritmo libre o el inglés de inspiración ortodoxa pasando revista a nuestro Siglo de Oro con Morales o Victoria más las aportaciones actuales de Tavener, Pärt, Gjeilo o el alicantino Albert Alcaraz (1978) compartiendo programa, inspiración y calidad.

Coro joven disciplinado, de cuerdas muy bien compensadas, jugando con los espacios tanto «a capella» como con los acompañamientos instrumentales de piano (eléctrico pero bien conseguido en timbre y dinámicas) y hasta de un saxo soprano capaz de ofrecernos páginas abarcando del Gregoriano, encabezadas por el propio Guillermo, hasta las polifonías más contemporáneas, siempre desde el respeto a la llamada música sacra que trasciende lo litúrgico para convertirse en un viaje espiritual a través de la música coral.

Si Sheppard nos dejó «en paz«, los Oficio de tinieblas de Cristóbal Morales, Victoria o el irrepetible Javier Bello-Portu (1920-2004) dejaron momentos indescriptibles, el coro mixto, las voces graves con el piano más el saxo soprano de Ordoño Sancho sumando tímbricas y texturas que Guillermo A. Ares entiende desde el conocimiento y el convencimiento de una música sublime.
La calidad del coro volvió a imponerse en ese himno que da título al programa Crux fidelis, atribuido a Juan IV Rey de Portugal, voces circulantes aprovechando la acústica e inmersos en la tradición de la Semana Santa, al igual que las velas apagándose para «celebrar» esas tinieblas que en las voces del coro leonés dramatizaron como pocos estas páginas corales. Otro tanto puedo decir del Tu es Petrus de R. Pearsall (1795-1856) interpretado en décimo lugar, dinámicas y respeto al texto con un empaste y afinación dignos de mención en un ambiente casi íntimo.

Por época, cercanía temporal y gusto ante unos estilos que se imponen entre las nuevas generaciones corales, impresionantes el Nunc dimitis (Alcaraz) con piano, previo al Crux fidelis, pero muy especialmente la recta final con Ola Gjeilo (1978) y su The ground (de la «Sunrise Mass«) con piano, Song for Athene de John Tavener (1944-2013) con las referencias a la música de la liturgia exequial ortodoxa en una voces circulantes de tesituras compactas no ya en las voces graves sino en las blancas de dulzura casi infantil por color, el pianístico Für alina de Arvo Pärt (1935) felizmente interpretado por Mario Morla, resonando cual perfecto «preludio» Tintinnabulli, antes del penúltimo número, repertorio difícil y no asequible a todos los coros pero que esta nueva generación de voces jóvenes dominan desde el duro trabajo y el convencimiento de unas obras de bellísima factura que comienzan a renovar este repertorio de la música sacra capaz de convivir con los genios de la polifonía, a los que el tiempo pondrá también en el Olimpo compositivo.

Despedida de concierto con unas disonancias plenamente actuales del Exsultate jubilate (K. Jenkins) y nuevamente en procesión monacal con un Aleluya, polifonía de oro y mística del dogma de fe hecho música, la resurrección de los coros con calidad, esta vez nuestros vecinos de León que no pudieron poner mejor cierre a una semana llena de esperanza.

Contra la adversidad más música

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Jueves 6 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: Ayuntamiento de Oviedo – CNDMIV Primavera BarrocaMusica Boscareccia, Andoni Mercero (violín y dirección). «Paseos por la Real Capilla», cantadas sacras y música de cámara en torno a Francisco Corselli. Obras de Boccherini, Corselli, Schmidt Comaposada, Brunetti y D. Scarlatti.

Tener un programa preparado con la soprano Alicia Amo y que por la mañana no tenga voz, peregrinar por farmacias y doctores para finalmente convencerse de la imposibilidad del concierto plantea soluciones drásticas: cancelar, con todo lo que supone, o acordar con la organización un programa nuevo tirando de nuevas tecnologías para recuperar partituras ya vistas, otras que se están preparando así como aprovechar lo previsto, y por supuesto dar el concierto en un tiempo récord completando hora y media sin decepcionar al público. Incluso hubo tiempo de imprimir el nuevo programa (aunque sin una obra) tal y como Andoni Mercero (San Sebastián, 1974) nos lo contó, ejemplo de profesionalidad a cargo del director de esta formación donde la responsabilidad estuvo a cargo de Alexis Aguado (violín) y Mercedes Ruiz (violonchelo) para asombrarnos con unos tríos clásicos, virtuosos, frescos, interpretados desde el conocimiento y el entendimiento. Un aplauso de gratitud y reconocimiento para ellos por parte de un público, nuevamente con excelente asistencia, que reconoció el esfuerzo. Completaron dos cuartetos (sin el segundo violín) otros músicos de primera como Juan Carlos de Múlder (archilaúd) y Carlos García Bernalt (clave), cerrando concierto todos en el músico que mantuvo la línea argumental como Francisco Corselli o Courcelle (Parma, 1705- Madrid, 1778), un músico italiano que como tantos llegaron a Madrid tras haber sido maestro de capilla del Duque de Parma, futuro rey de España con el nombre de Carlos III, sucediendo a José de Torres como Maestro de la Real Capilla, y contemporáneo de José de Nebra, compositores que conformaban el programa original (que también dejo arriba con la breve historia) aunque podemos disfrutarlo en la última grabación de estos intérpretes y seguro que en YouTube© irán apareciendo conciertos con la hoy añorada soprano Alicia Amo.

Aunque dejo aquí autores y obras, quiero ahondar en cada una porque mereció la pena disfrutar un excelente concierto de Musica Boscareccia, seguro más que los intérpretes tras una tensión que no mermó sino incluso ahondó en una velada de emociones y buena música.
El concierto se abría con el Trío para dos violines y cello en si bemol mayor op. 4 nº 2, G. 84 (L. Bocherini) con tres movimientos (Allegro – Largo amoroso – Presto assai) contrastados en aires, ricos de matices y el feliz entendimiento de una partitura que exige del trío empaste, sonoridad y coordinación de protagonismos bien llevados por Mercero, Aguado y Ruiz.
Continuaban con una sonata de 1776 de Corselli también en tres movimientos pero en cuarteto (sin Aguado) donde el protagonismo lo llevó el violín de Mercero mientras el continuo mezclaba sonoridades de clave y archilaúd que completaron más la armonía pero donde la cuerda frotada llevaba todo el peso en una obra barroca por la moda y gustos de aquella corte española pero con aires pre-clásicos dado el conocimiento de lo que se hacía en el resto de Europa.

De nuevo como trío llegó una obra que están preparando tras su rescate del Archivo de la Catedral de Salamanca, asombrándonos de los tesoros ocultos que guardamos, Gaspar Schmidt Comaposada ?(1767-1819), también podemos encontrarlo como Gaspar Smit, y su Trío para dos violines y chelo nº 2 en si bemol mayor, tres movimientos (Allegro molto – Larghetto – Minuetto) totalmente clásicos en estilo, un descubrimiento que interpretado con la profesionalidad de Mercero, Aguado y Ruiz promete y pide figurar en los repertorios camerísticos por su frescura y calidad. Es interesante saber que estuvo de organista y Maestro de Capilla en Astorga y Tui, Orense o A Coruña, trayectoria documentada entre otros por Xoán Carreira.

Volvería el preparado Corselli en cuarteto con la Sonata para violín y bajo en re menor (1765) de cuatro movimientos (Largo – Allegro – Andantino – Presto) donde Andoni Mercero volvía a mostrarnos su magisterio con el violín y cómo el bajo se enriqueció en el último movimiento al incorporar el archilaúd de Múlder rasgueos y leve percusión en la caja, mientras clave y cello aportaban el continuo que revistió cada aire clásico más vienés que italianizante barroco salvo la inspiración del violín virtuoso como protagonista de esta sonata, aunque el estilo de Corselli sea difícil de clasificar.

Otro músico que se está recuperando tanto por los musicólogos como por formaciones especializadas en el barroco y el clasicismo y dentro de la Capilla Real es Gaetano Brunetti (Fano, 1744 – Colmenar de Oreja, 1798), el compositor preferido de Carlos IV ¡el Borbón más melómano! ya desde sus tiempos como Príncipe de Asturias de quien fue profesor de violín y continuaría en la Real Cámara organizándola como ninguno, pero que caería en el olvido tras su muerte pese a ser equiparable sin complejos a sus conocidos Haydn o Boccherini, si bien diferenciándose e incluso distanciándose de ellos. El Trío para dos violines y cellos en re mayor, L. 118 es buena prueba del oficio que este compositor tenía, dominando la escritura de todos los géneros (para trío de cuerda compuso nada menos que 47 que sepamos a día de hoy), distribuyendo protagonismos como así lo entendieron Mercero, Aguado y Ruiz en los tres movimientos (Allegro con moto – Larghetto – Rondeau: Allegretto) dejándonos ese sabor que la música de cámara del Clasicismo tiene, cantera de compositores, intérpretes y público, bien ejecutado antes del final dedicado a otro «español» nacido en Italia, Domenico Scarlatti (Nápoles, 1685 – Madrid, 1757).

El Andante de la Sonata K. 32 en re menor adaptada por Mercero para la formación de dos violines y bajo continuo, al igual que el Allegro de la Sonata K. 96 en do mayor nos permitieron disfrutar de este quinteto para la ocasión, timbres de cuerdas frotadas, punteadas y percutidas en el estilo barroco de la corte madrileña que mantuvo cohesionado un programa donde no solo Corselli sino «La Música» pudo con la adversidad gracias a unos músicos de larga y variada trayectoria con el donostiarra al mando, capaces de tomar decisiones desde la profesionalidad unida al trabajo de años.

Avilés ¡40 años de SMR!

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Domingo 2 de abril, 20:15 horas. Avilés, Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery, XL Semana de Música Religiosa (SMRA). Cuarteto de Metales Arsequali, Judith Busquets (Órgano). Obras de Giovanni Gabrieli (ca. 1555-1612), Biagio Marini (ca. 1597-1663), Girolamo Frescobaldi (1583-1643), Geor Daniel Speer (ca. 1636-1707) y Felix Mendelssohn-Bartholdy (1809-1847).

Del 1 al 9 de abril se celebra la cuadragésima edición de la SMRA en este 2017 con un variado conjunto de programas e intérpretes, apostando por la calidad desde la humildad y los recortes económicos pero siempre fiel a esta cita que con la ilusión de José María Martínez, Chema, su fundador junto a Avelino González Fernández, puede mantenerse en el calendario luchando contra todos los elementos y volviendo a salir airoso, aunque la jubilación no haya mermado ganas ni trabajo, siempre con la música como prioridad y haciendo de Avilés la capital del órgano asturiano.

El segundo concierto traía una formación muy oportuna para los templos en tiempos del renacimiento, y el posterior barroco, como el órgano más un cuarteto de trombones, entonces sacabuches, quienes «cantaban» la polifonía religiosa equiparando voces e instrumentos, cuando no sumándose, así como la evolución al romanticismo donde esta combinación de «tubos» alcanza sonoridades increíbles además de impactantes. Citar a los componentes de Arsequali es obligado y remarcar el perfecto entendimiento de este cuarteto ya muy rodado, tan necesario para afrontar unas obras vocales desde los trombones que realmente frasean y cantan sin el texto: Christian Brandhofer (principal de la OSPA), José Andrés Mir (principal de la Oviedo Filarmonía), Ángel Sapiña (coprincipal de la Oviedo Filarmonía) y Luis Fuego (trombón bajo principal de la Oviedo Filarmonía).

El programa estuvo centrado básicamente en el veneciano Giovanni Gabrieli, organista y compositor renacentista sobrino de Andrea con quien estudió y superó en fama, sucediéndole como titular en el primer órgano de San Marcos, inaugurando unas sonoridades que hoy llamaríamos en stereo por los efectos logrados en ambos lados de la basílica veneciana, la policolaridad no ya vocal sino instrumental. De él escuchamos cuatro obras donde el órgano optó por registros acordes con los instrumentos de la época, algo que el construido en Torquemada por Acitores S.L. siempre tuvo en cuenta para adaptarse a todos los repertorios: los vocales del motete para doble coro O magnum mysterium o el «tractus» Domine, exaudi orationem meam completando las voces necesarias, y sumándose a las instrumentales Sonata Pian’ e Forte y Canzona per sonare Nº 3 , juegos dinámicos desde el cuarteto y el órgano subrayando tímbricamente sonoridades de lengüetería y flautados, obras polifónicas aún modales pero con ciertos avances hacia la tonalidad plena del barroco próximo. Es difícil el balance de los cinco instrumentistas pero la escritura del veneciano está tan lograda que pudimos disfrutar de todos ellos pese a una reverberación que por momentos no ayuda a la limpieza en las voces, sobre todo en los tiempos más ligeros caso de la Sonata.
Se intercaló, como dejo en el programa de arriba, la Canzona (B. Marini) para cuarteto, rítmica y jugando con la lengüetería y trompetería del órgano con ataques cortos para subrayar al conjunto de trombones, más ligero e incluso con ornamentos que la acústica no permitió disfrutar el detalle.
La Canzona sopra Rugier (Frescobaldi) de estilo barroco a partir del llamado bajo Ruggiero, fiel a la partitura, junto a la Sonata a 4 (Daniel Speer) nos dejaron distintos sabores de dos escuelas polifónicas más avanzadas, que los trombones se encargaron de cantar con un órgano haciendo de bajo continuo pero sin entorpecer el discurrir de las cuatro voces.

El salto estilístico lo puso el Salmo 91, Denn er hat seinen Engeln befohlen über dir de Mendelssohn, donde «el Acitores» que cumplirá siete años, brilló con luz propia esta vez con el cuarteto de metales completando una herencia bachiana que en la fórmula elegida resonó cual coro de voces graves. La propina me recordó el bellísimo «Nimrod» de las Variaciones Enigma de Elgar en un logrado arreglo del Adagio de un cuarteto de Tchaikovsky, completando un concierto que buscó sonoridades orgánicas más allá del teclado.

Supongo que con tiempo se vayan subiendo al Canal en YouTube© que tiene la SMMR avilesina desde hace años para poder compartir sensaciones, aunque desde el coro las sonoridades sean muy distintas de las percibidas desde abajo, siempre con la proyección en pantalla de lo que sucede, para integrarnos aún más en la cocina de todo concierto con el órgano de protagonista, hoy compartido con Arsequali. Este lunes volverá el órgano en femenino plural desde el País Vasco, y desde aquí lo contaremos, si el tiempo no lo impide.

Creo en Dios Bach Todopoderoso

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Sábado 1 de abril, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Nuria Rial (soprano), Rebecca Martin (mezzo), Markus Schäfer (tenor), Thomas Laske (barítono), Akademie für Alte Musik de Berlín, Coro de niños de Windsbach (Windsbacher Knabenchor), Martin Lehmann (director). J. S. Bach: Misa en si menor, BWV 232 (H-moll-Messe).

Si la Misa de Bach es Patrimonio de la Humanidad desde octubre de 2015 para preservarla del olvido, quienes la hayan escuchado en la multitud de versiones que hay en la actualidad estarán de acuerdo en que se trata de un bien cultural eterno que trascenderá nuestra propia vida. Incluso para agnósticos o ateos existe un Bach todopoderoso cual dios padre de todas las músicas, y que siendo un luterano convencido y de oficio, encabezando cada obra suya escribiendo en latín «Soli Deo Gloria» (Gloria al único Dios) no tuvo reparos en componer esta misa católica, obra magna que hace vibrar lo más profundo del ser humano sin más destino que la propia música, un mismo dios para todos.

Los comentarios de esta magna obra y sus avatares los encontramos tanto en las notas al programa de Carlos García de la Vega como en la crítica de Mario Guada para Codalario del concierto que dieron el día 30 en el Auditorio Nacional de Madrid estos mismos intérpretes del primer sábado abrileño en plena Cuaresma, con una gira que sigue poniendo a Oviedo en el mapa como «La Viena del Norte».
Auténtica liturgia musical con el «pastor» Martin Lehmann al frente de un coro de niños como probablemente lo ideó y ejecutó en Leipzig «mein Gott Bach» en Santo Tomás, más numeroso pero igual o más disciplinado (por lo que cuenta Gardiner), voces educadas en el trabajo desde los seis a los dieciséis años donde las voces blancas (tiples y contraltos) mantienen esa pureza tímbrica y tras la muda llegan a tenores y bajos aún sin redondear pero con la frescura que da la propia edad. Impresionante el trabajo de los más de 70 cantores del «Coro de niños de Windsbach» para afrontar esta obra al alcance de pocos. Por supuesto que la Akademie für Alte Musik de Berlin sigue siendo la mejor formación posible en estos repertorios, equilibrio dinámico perfecto para dar la importancia que Bach siempre dio a los textos, esta vez en latín, al que la música realza pedagógica y didácticamente haciendo más comprensible el ordinario de la misa que nos eleva hasta el Paraíso.

La cuerda con la concertino Lisa Immer (impecable su solo con la soprano) impacta por claridad junto al continuo de cello sumándoe el órgano del finlandés Petteri Pitko (impecable desde el Kyrie hasta el pacem) o un par de contrabajos virtuosos; la madera, a pares, no se queda atrás, flautas, oboes (desde el Sanctus trío) o fagotes ayudan a subrayar un latín cantado y comprensible para todos. Del trío de trompetas naturales podríamos hablar para escribir toda la entrada porque no ya la complicada afinación sino la limpieza de sonido y la presencia idónea bien sujeta por Lehmann dio más color a una obra que traspasa el dogma. Incluso el único solo de trompa (con el barítono) volvió a dar una lección de cómo interpretar el barroco con precisión y musicalidad. Por último los timbales de cobre donde el sevillano Francisco Manuel Anguas Rodríguez mantuvo el nivel estratosférico de los berlineses, entradas ajustadas, volúmenes en su sitio «y mandando» en los ritardandos marcados por el Maestro. Coro y orquesta alemanes para esta Misa atemporal del dios Bach. Y de la afinación pese al calor de la sala, una maravilla comprobar que la revisaban entre los propios huecos de la misa, con Lehmann bajado de la tarima e Immer de perfecta ayudante. Rapidez y el «pastor Martin» dando los tonos al coro con su voz cómo buen maestro, llevándoles casi de la mano en cada número, mimándolos y compartiendo el disfrute con todos nosotros, incluso eligiendo unos tiempos arriesgados que lograron más luminosidad para esta misa. Una lección cada final distinto según lo escrito, manteniendo la última nota en el aire o cortando con precisión, mano derecha firme en la pulsación tan difícil de mantener, e izquierda controlando las dinámicas atento siempre a las entradas de «sus chicos«. El gesto se le supone pero el trabajo anterior marca la diferencia y esta «Academia para la Música Antigua de Berlín«, renovada como tantas otras formaciones según el momento, brilló en parte por el propio Lehmann que ofreció una interpretación para recordar.

Del cuarteto solista, algunos coincidentes en grabaciones, destacar la búsqueda del complemento en tesitura más que tímbrico, como si del órgano o la propia orquesta se tratase, pero donde la «afinación barroca» parece disipar unos graves más presentes incluso con acompañamientos únicamente de continuo mientras están sobrados en los agudos. Los registros se entrenan como el propio cuerpo y mi opinión es que los intérpretes preparan sus intervenciones en este repertorio olvidando el producto final.

Pese a todo me quedo con una Nuria Rial que volvía a Oviedo en «gran formato» y demostrando la causa por la que se la demanda en músicas de los siglos XVII y XVIII. Timbre hermoso, técnica sobrada para las agilidades, musicalidad en una línea de canto siempre sentida y un color que ayuda al empaste con sus compañeros. Bien el Christe, mejor Laudamus y el dúo con la mezzo Et in unun Dominum, atentas ambas a las respiraciones y finales de frase.
Otro tanto podría decir de Markus Schäfer, bachiano reconocido de timbre algo metálico pero apropiado en estos registros donde el estilo cuenta más que la capacidad de cantarlo, y ahí está el fuerte que no pareció tener este sábado ovetense. Desiguales sus intervenciones, bien el dúo con Rial del Domine Deus pero algo mejorable su Benedictus de color poco homogéneo.
Desigual la mezzo norteamericana nacida en Saigón Rebecca Martin, pese a mi pasión por esta cuerda femenina, pero que no debería cantar lo escrito para la segunda soprano. Buen empaste en el Christe inicial, color apropiado pero de pocos graves ¡y es mezzo!. Más pasión que línea de canto e incluso un flojo Agnus que incluso desafinó levemente, dejándonos mal sabor de boca aunque cantase algo mejor el Qui sedes, más el citado dúo con la soprano.
Y del barítono Thomas Laske decir que sufrió para hacerse escuchar en unos graves necesarios no ya en el ambiente creado por esos registros en la orquesta sino en una tesitura irregular, más lírico que dramático para un barítono que pese al currículo no acabó de cuajar en el cuarteto solista pese a mostrar un fraseo más que correcto, especialmente en el Et in Spiritum.

Pero la Misa de Bach trasciende la interpretación y emociona cuando se la escucha en vivo, pocas veces a lo largo de la vida melómana por larga que sea, más cuando tenemos a «la Akademia» con Lehmann al mando capaz de sacar de cada uno de los veintisiete números la riqueza bachiana de cada nota en cada instrumento, siendo el coro (de voces blancas) el verdadero protagonista para un sábado de gloria anticipada… hacía tiempo que el público no aplaudía tanto, llevándose los chicos la mayor y merecida ración, más allá de la simpatía que los jóvenes cantores siempre despiertan entre todos, más que la propia calidad de los berlineses.
Si las pasiones no pueden faltar cada Cuaresma, esta Misa debería ser obligatoria una vez al año, porque rezo en voz alta «Creo en Dios Bach Todopoderoso…», al menos con oficiantes de altura.

En honor a Lidón

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Domingo 26 de marzo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: Ayuntamiento de Oviedo – CNDM: IV Primavera Barroca. Eugenia Boix (soprano), Marta Infante (mezzo), Carlos Mena (contratenor), Víctor Cruz (barítono), Acadèmia 1750, Emilio Moreno (concertino), Aarón Zapico (director). «En honor a Santa Bárbara«: Oratorio al Iris de paz, la gloriosa Vírgen y Mártir Santa Bárbara (José Lidón, Béjar 1748 – Madrid 1827).

La vida te da sorpresas y la música muchas más. Oviedo, a la que llamo «La Viena del norte» (de España, se entiende), presentaba hoy tres eventos: el recital de José Bros en el Teatro Campoamor dentro de la temporada de zarzuela, y en el propio Auditorio la despedida del Maestro Francisco Vigil Sampedro al frente de la Banda de Música «Ciudad de Oviedo» más la segunda jornada de la primavera barroca. Ante la posibilidad de elegir me decanté por lo último, no ya al tener adquirido el abono (con descuento para los que lo estamos a los otros) sino por la posibilidad de disfrutar de un estreno en tiempos modernos de un oratorio dedicado a Santa Bárbara compuesto por el bejarano José Lidón, otro de tantos grandes compositores españoles que han dormido el mal llamado «sueño de los justos» pues el olvido también es pecado y máxime en obras religiosas que por lo menos tenemos la suerte de ir recuperando con musicólogos de talla internacional como Raúl Angulo y Antoni Pons desde Ars Hispana, que el tiempo deberá reconocerles, trabajando para las muchas formaciones dedicadas a unos repertorios que no pueden seguir archivados. Al menos los aficionados lo agradecimos y poder compartir en una sala de cámara (casi) llena nuevamente con un precio de 15 € esta joya de nuestro patrimonio musical demuestra la grandeza de una oferta cultural para todos los públicos.

Sevilla, Madrid, Burgos y Oviedo han sido las ciudades que Acadèmia 1750 con el gran Emilio Moreno de concertino, visitó estos días para presentar este «Oratorio a Santa Bárbara» (1775) del que no nos dejaron los textos (que yo sí enlazo), bajo la dirección del asturiano Aarón Zapico. A él supongo se debe la elección de las cuatro voces solistas bien buscadas por color, estilo, empaste y musicalidad para una partitura exigente técnicamente pero donde la formación internacional se vistió a la medida para poder disfrutar de todo el esplendor, gracias a un control de dinámicas y tiempos desde su gestualidad amplia y precisa, «respirando con ellos» como cualidad de todo buen director que el langreano posee.

Como bien escribe Mario Guada en su crítica para «Codalario» del concierto celebrado en Madrid el pasado viernes 24, «el manuscrito autógrafo se hallaba en la Real Biblioteca, de donde por fortuna ha sido rescatada, además del libreto del mismo, encontrado en la Biblioteca Pública de Castilla La Mancha, en Toledo. La portada reza de la siguiente manera: Oratorio / que se ha de cantar / en el Real Colegio / de su Majestad / al Iris de Paz, / la gloriosa Virgen y Mártir, / Santa Bárbara, / como patrona y titular, / en el día 4 de Diciembre / de este año de 1775 / Puesto en música / por Don José Lidón, / organista de la Real Capilla y maestro de dicho Colegio«. También aclara algunos errores como que «no tres de los papeles son femeninos y uno masculino, especialmente porque concebir en esos términos roles en aquella época carece de sentido, cuando las mujeres no podían cantar en ámbitos sacros y sí estaban destinados a castrati. Por otro lado, la totalidad de los recitados no es para acompañamiento de cuerda, sino que algunos de ellos se acompañan únicamente por el continuo».

Bien matizado todo lo anterior, el «Oratorio al Iris de Paz» consta de 22 números que se dividieron en dos partes, supongo que por la duración, alternando recitados, arias para cada voz y dúos donde poder apreciar la cantidad de matices en las combinaciones y acompañamientos. Las voces y  roles según rezaba el programa, estuvieron a cargo de: Eugenia Boix (Santa Bárbara, vírgen y mártir cristiana del siglo III), Marta Infante (Custodio, que alienta y reconforta a la santa), Carlos Mena (Valenciano, compañero cristiano de Bárbara) y Víctor Cruz (Dióscoro, cruel y malvado padre de Bárbara, que tras intentar en vano que su hija abandonara el cristianismo, la entrega a la tortura y la muerte).

Si Eugenia Boix como solista es un seguro en repertorios que la buscan, el empaste con Carlos Mena ya lo descubrimos en Crudo Amor grabado precisamente en este mismo recinto (y concierto grabado para «Los Conciertos de la 2» emitido por RTVE en Madrid). Los recitativos siempre sentidos y las arias variadas (Ya no temo la cadena) manteniendo buen gusto, compostura, dicción y buena emisión, independientemente del acompañamiento de cada una. El contratenor vitoriano sigue siendo indiscutible por musicalidad, registro y sobre todo color. Escucharle en escena resulta convincente, desde unos recitados claros (Nuevamente indignado) a unas arias cargadas de expresión (Como nave después de tormenta). Ambos se lucieron en cada intervención con algunas agilidades endiabladas, vocalización clara y verdadero dramatismo en sus papeles.

El barítono granadino Víctor Cruz me sorprendió gratamente no ya por las mismas cualidades antes apuntadas sino por una tesitura muy igualada en todos los registros sin necesidad de cambiar el color ni abusar de dramatismo para el grave, con el aria Muriendo aleve verdaderamente bien interpretada y el dúo ¡Oh, sumo Bien! «bárbaros» ambos. Capítulo aparte Marta Infante, una mezzo «de verdad», voz carnosa, profunda, llena de matices, perfecta línea de canto, interpretación sentida sin perdernos ni una sílaba y un color empastado con todos sus compañeros de «reparto». Las arias a cuatro (la inicial El cielo y la tierra y la final No tema borrascas) nos permitieron escuchar cada una de ellas con personalidad propia desde el conjunto bien empastado, pero los dúos entre Custodio y Valenciano en contraste a los de éste con Santa Bárbara brindaron momentos sublimes para una escritura de altura a cargo del recuperado Lidón.

La formación instrumental adoleció de más precisión en la afinación (aunque sabemos los problemas con estos instrumentos), aunque las combinaciones en dúos de flautas y oboes sobresalieron sobre las trompas, por otra parte comedidas en presencia y buscando más el color que la intensidad. Brilló con luz propia el continuo de clave (Eva del Campo) y chelo (Mercedes Ruiz) mientras la cuerda comandada por Emilio Moreno logró una paleta dinámica amplia acorde con el estilo de Lidón. Bien el maestro Zapico que se consolida como un director demandado más allá de los proyectos con Forma Antiqva, un investigador y laborioso trabajo de concertar una partitura (por cierto le robaron en el Hotel de Sevilla la suya junto al traverso de Joan Bosch) para esta orquesta que, a la vista de las posibilidades, bien podría ampliar efectivos (especialmente violines segundos) y porqué no, llevarla al disco o DVD porque estamos ante un oratorio de primera en una tierra donde sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, siendo también patrona de artillería y de la minería.

Los caramelos viajeros de Cecilia

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Jueves 23 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. «Un viaje por 400 años de música italiana«: Cecilia Bartoli (mezzo), Antoni Parera Fons (piano).

Cada visita de la mezzo romana asegura lleno allá donde vaya, independientemente de lo que se programa. En esta gira española eligió un programa de música variada, la que ha cantado como solo ella sabe, con simpatía y buen gusto, técnica apabullante, pianísimos que enamoran y acallan toses o móviles, potencia la justa en vivo y esta vez con piano.

Pero está visto que en Oviedo parecemos gafados y el habitual acompañante Sergio Ciomei tras una indisposición obligó a retocar un programa (dejo los dos arriba) con el que el compositor, productor y pianista Antoni Parera Fons (Manacor, 1943) hubo de lidiar tomando algunas propinas para incorporarlas, sustituyendo la Fantasía en re menor de Mozart (que en Oviedo no aparecía) por T’estim i t’estimarem  y con toda la profesionalidad (los modernos dirían «el marrón») adaptarse a la diva que al principio hubo de tranquilizar a su acompañante accidental.

Se notó al mallorquín cauto, en cierto modo apagado abusando del pedal izquierdo como temiendo tapar a «La Bartoli» incluso con la tapa bajada, en un repertorio barroco donde el instrumento no es ideal aunque los estudiantes de canto tienen que estudiar estas obras desde este formato. Selve amiche de Caldara, las dos de Bellini, la encantadora y personal versión donizettiana del Me voglio fa na casa o el «hit» de Händel Lascia la spina que la propia mezzo se basta para cantarlas como sólo ella sabe desde sus inicios. Cierto que a una artista integral como Cecilia Bartoli cuesta acompañarla así de improviso y seguirla en sus acelerandos, pausas no escritas y ornamentos imprevisibles, pero ella siempre ayuda y esta vez se tornaron los papeles en cuanto al temple pero brillando «la diva«.

Nos perdimos por el camino esos esperados VivaldiMozart de Parto, ma tu ben mio («La Clemenza di Tito») que el docto Arturo Reverter comentaba en las notas al programa, aunque con piano hubieran resultado «distintos», y apareció el Rossini de La danza que no nos hace olvidar a los grandes tenores aunque Cecilia no teme repertorios de voces «ajenas» pues siempre los hace suyos. El recuerdo de mi infancia radiofónica resultó el Munasterio ‘e Santa Chiara (Alberto Barberis) de Claudio Villa que aquí hizo famoso y traducido Jorge Sepúlveda aunque tras la versión a dúo romano-barcelonés me quedo con «la Bartoli de cámara», mejor incluso que Mina o Vittorio De Sica que también la (re)interpretaron entre muchos más italianos famosos.

Tras las «chuches» de la primera parte y el cambio de vestuario, seguiríamos con el Puccini melódico e inspirado, descanso vocal incluido con el Piccolo valzer a cargo de Parera con la conocida aria de Musetta enlazada ya con «La Bartoli» y su peculiar Lauretta para otro «hit» como O mio babbino caro. Mejoría con un Tosti que siempre destila belleza en cualquier registro (su Aprile de lo mejor) y que Cecilia siente, canta y transmite incluso en el gesto, grande hasta los mínimos detalles. Después Donaudy, Parera Fons más tranquilo con unas páginas menos exigentes y traidoras, la conmovedora Santa Lucia luntana o simpática Tammurriata nera, ambas de E. A. Mario (1884-1961) napolitanas tan populares y cercanas a toda una generación como las de De Curtis (del que también regaló Non ti scordar di me) o el «Volare» de Modugno que Parera Fons acompañó como si fuese suya y Cecilia la destinataria, antes de las siempre esperadas propinas (algunas «reutilizadas» cual reciclaje obligado): O sole mio que no puede faltar en este recorrido de cuatro centurias de música italiana, la seguidilla de «Carmen» verdaderamente carnosa en la voz de «La Bartoli» apurando al pianista con el taconeo, y Mamma además del citado De Curtis, redondeando una fiesta italiana con pianista manacorí, plagada de dulces que Cecilia Bartoli eleva a delicadezas.

En Asturias diríamos caxigalines con ingredientes y presentación de alta repostería. Como ha pedido en Madrid o Barcelona nos encantaría escucharla en una ópera, aunque con la orquesta en el foso no creo que luciese tanto y el banquete podría atragantarse. Pero siempre nos queda DiDonato que cerrará los Conciertos del Auditorio, parece que manteniendo ese «duelo» en el ciclo ovetense que las suele traer juntas ¡pero distanciadas!. Las grabaciones están bien pero siempre comento que el directo es irrepetible… y sino que se lo digan al bueno de Parera Fons, verdadero héroe para sobrevivir al volcán italiano.

Viva Durón, un «piacere» en primavera

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Lunes 20 de marzo, 20:00 horas. Sala de cámara del Auditorio de Oviedo: IV Primavera Barroca: Durón 300 – Muera Cupido. Accademia del Piacere, Fahmi Alqhai (quintón, viola da gamba y dirección), Nuria Rial (soprano). Obras de Sebastián Durón, José de Torres, Santiago de Murcia,  F. Alqhai y Bononcini. Abono: 67,50 € (58,50 € para abonados al Ciclo y JJPiano).
El inicio de la primavera en Asturias es siempre barroco desde hace cuatro años. La sala de cámara registra entradas impensables demostrando de nuevo que Oviedo es la Viena del Norte por oferta, una inversión que el CNDM capitaneado por Antonio Moral ha entendido desde 2014, y a la vista de los resultados es obvio que se debe continuar en esta línea.

He asistido a varios conciertos del ciclo «Durón 300» y este lunes ponía punto y seguido porque además de cerrar su aniversario servía para abrir esta cuarta edición de barroco primaveral en Oviedo con la formación que comandan el pequeño de los Alqhai, más una de las voces españolas ideales para sentar cátedra en este repertorio como es la catalana Nuria Rial, sumándose a Raquel Andueza, Marta Almajano o Eugenia Boix que también han celebrado a Sebastián Durón (1660-1716), protagonista de este recital de Accademia del Piacere reflejado en un pequeño folleto que recoge el ciclo del 300 aniversario desde Brihuega a Oviedo.

Sin entrar en detalles para cada una de las obras seleccionadas, que dejo aquí escaneadas, se sigue apostando por arreglos, adaptaciones, investigación y recuperación histórica de nuestro repertorio (siempre con el apoyo del CNDM), y la formación elegida para estos programas estuvo conformada por Rodney Prada (quintón), Rami Alqhai (violón), Johanna Rose (viola da gamba), Miguel Rincón (guitarra barroca), Javier Núñez (clave) y Fahmi Alqhai (dirección musical y quintón más viola da gamba puntual en un tema permutándose con Johanna), sirviendo este banquete musical donde hubo desde verdaderos atracones hasta delicateseen para todos los paladares.
Hay que reconocer que la acústica no siempre juega a favor de los músicos ni la elección de los instrumentos arropando la voz por ser muy personal (recordar que el barroco siempre está abierto a múltiples interpretaciones) y cada concierto es distinto del anterior. El apunte quería hacerlo porque hubo momentos que resultaron pesantes al intervenir todos los músicos, con frecuencias y timbres desiguales, duplicando voces en el grave o acordes repetidos en guitarra y clave que enturbiaban el discurso, más aún cuando la catalana se unía al conjunto perdiéndose dicción ante la avalancha sonora. Mejor resultaron las combinaciones con menos instrumentación que favorecen fraseo vocal y visten más adecuadamente unas melodías hermosas, especialmente en la voz de la tarraconense Nuria Rial.

La calidad de los músicos del «piacere» la conocemos desde hace tiempo y las intervenciones solistas resultaron una lección de virtuosismo y buen gusto, especialmente el clave de Núñez y la guitarra de Rincón, capaz de «vestir de flamenco» cada solo suyo aportando la rítmica tan nuestra que enriquecen las visiones barrocas desde nuestro tiempo. Poder paladear en este «ciclo Durón» las distintas recetas y acentos para la conocidísima Ay, que me abraso de amor en la llama vuelve a demostrar la riqueza de este repertorio, aires sevillanos, navarros o catalanes para un mismo cuerpo, vestimentas adaptadas a las voces e ingredientes de cada formación.
No faltaron xácaras, folías, marionas o canarios instrumentales que rellenan programa y descansan la voz, pero también Tarantella y fandango de Santiago de Murcia con sabor y aliño andaluz de Fahmi para unos platos conocidos y cocinados con sello propio. Como entremeses de este banquete pudieron resultar excesivos, aunque Durón en la voz de Rial se encargaba de cantarnos Sosieguen, descansen, palabras mágicas y momentos para las dosis en su punto justo, como también el recitado y aria de El imposible mayor en amor, le vence Amor de José de Torres pero mal atribuido a Durón (aunque ya sabemos que Raúl Angulo ayudó a poner las autorías en su sitio) o el aria que daba título al programa «Muera Cupido» de Salir el amor del mundo, bien cocinado y servido por la Accademia del Piacere con Nuria Rial enamorando también en Oviedo.

Del variado menú tampoco quiero olvidarme la Pastorella che tra le selve (G. Bononcini) rescatada de la BNE, manuscrito 2246, que bisarían para comprobar que la música escénica española en los tiempos de Durón reunía lo mejor del momento, gastronomía musical al más alto nivel, y con una formación capaz de templar gaitas con cuerdas varias, en parte por los sevillanos Alqhai quienes hicieron puntero y roncón con quintón más violón, estilos populares elevados al gran salón como una buena fabada cocinada a la andaluza porque los climas necesitan adaptar estos menús.

El convite primaveral solo acaba de servir el primer plato pero el éxito está asegurado, músicas sin complejos y bien servidas que se digieren a la perfección resultando la mejor terapia para todas las edades.

Forma Antiqva: café en La Felguera

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Sábado 18 de marzo, 20:00 horas. Nuevo Teatro de La Felguera (El Maripeña): «Café Telemann», Forma Antiqva. Entrada: 5 € más 0,60 € por gestión (desde mi casa y paseo hasta un cajero para retirarlas, es decir, ¡Liberbank nunca pierde! y siempre pagamos nosotros). Obras de Georg Philipp Telemann (1681-1767).

Forma Antiqva siguen en plena erupción tras el CD titulado The Volcano Symphony (para el sello alemán Winter & Winter del que son artistas exclusivos) interpretando una composición original calificada como «poema sinfónico» del holandés Ernst Reijseger (1954), que recomiendo escuchar con detenimiento por lo que supone hacer música de hoy con instrumentos de ayer y hoy en feliz conjunción atemporal, tal como hicieron en la propina de este sábado desde «la otra Cuenca» para los de ésta, uniendo dos temas asturianos: la popular Santa Bárbara Bendita (desde el minuto 39:26 del enlace) y un Fandango de Leitariegos. Porque no hay etiquetas para los langreanos que volvían a su casa con otros dos «adoptados» encontrando por fin el apoyo merecido a su trabajo de difusión del concejo, del Principado y de la que muchos llaman #MarcaEspaña pero olvidando a menudo la música y sus intérpretes. Por cierto que pese a la agenda tan apretada de la formación y sus integrantes con distintos programas, están metidos estos días en la grabación del nuevo CD volviendo a apostar fuerte, titulado Poem of a cell con música de Vivaldi, Mozart, Haydn, Fumio Ysadu, Fabio Nieder y Uri Caine (el mismo de las exitosas Estaciones Zapico) en el Estudio Uno de Colmenar Viejo que espero escuchar en cuanto salga.

Ya había degustado el pasado verano este «Café Telemann» que este sábado servían a un público venido de toda Asturias con la misma formación que entonces: Alejandro Villar (flauta de pico), Daniel Pinteño (violín), Daniel Zapico (tiorba), Pablo Zapico (guitarra barroca) y Aarón Zapico (clave), del que tuve además el honor de realizar mi crónica para el diario La Nueva España, aunque la total libertad de espacio que me da el blog supuso una entrada con múltiples enlaces a toda la repostería que acompañaba cada café.

Como los reconocidos baristas, este café puro se preparó en cuatro entregas con postres por parte de Forma Antiqva, bloques de distintas sonatas bien organizadas para poder saborear las combinaciones que ese quinteto, para la ocasión, pueden realizar a partir de la música de Telemann, en el año de celebración de los 250 años de su muerte (porque los grandes genios siempre siguen vivos).

Si en el mes de julio me asombraban con estas joyas, destacando la búsqueda no ya de repertorio sino de cómo presentarlo, con el paladar hecho a este café alemán volvíamos a degustar las sonoridades tan logradas que permiten no ya el lucimiento individual a modo de dulce, sino los diálogos entre violín y flauta uniendo virtuosismo en los pasajes rápidos y lirismo en los lentos.

Escuchar la tiorba a dúo con el violín abre nuevos sabores más allá de la decoración florida, que también. Y las intervenciones de los hermanos Zapico en solitario fueron impecables además de virtuosas, especialmente Aarón que sacó del clave sonidos impensables, ataques dinámicos (para que opinen los expertos), otros secos jugando con la resonancia junto a acordes tenidos que iban quedando en la nota principal.

Por supuesto reencontrar a Alejandro Villar en este repertorio barroco para situarle entre los virtuosos de la flauta de pico, asombrándonos el fiato, las dinámicas y la musicalidad amén del empaste con el violín de Daniel Pinteño, otro músico impresionante que Forma Antiqva ficha en estas formaciones que crecen desde el trío, tanto como su propio repertorio. Excelente café antes de una Guinness© en «mi oficina» de Mieres.

Santísimo Durón

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Sábado 11 de marzo, 20:30 horas. Auditorio Ciudad de León, CNDM, XIV Ciclo de Música Históricas: La Grande Chapelle, Albert Recasens (director). Música al Santísimo Sacramento (Sebastián Durón, 1660-1716). Entrada: 10 €.

Buena entrada en el auditorio leonés para lo que suele ser habitual y un excelente programa en el decimocuarto ciclo patrocinado por el CNDM que ocupa el actual curso escolar, este sábado dedicado a clausurar el año «Durón 300» (ya el arranque en octubre fue de lo más prometedor) con una formación adaptada a un repertorio del que Raúl Angulo Díaz, el mayor especialista en el músico de Brihuega, comenta lo difícil que es establecer cuáles son versiones «originales» y «modificadas», autor de unas excelentes notas al programa que iré citando puntualmente en el formato habitual de este blog (cursiva en este color), pero obras de una calidad enorme en un compositor no lo suficientemente reconocido. Quince números variados en distintas combinaciones vocales e instrumentales durante hora y media que pasó volando por lo bien que se estructuraron tonos, villancicos o cantatas con unos músicos encabezados por Recasens en la dirección musical, muchos de ellos participantes en la grabación del último CD dedicado a Durón «Música para dos dinastías» con el sello «Lauda» propio de La Grande Chapelle, en gira nacional:

Eugenia Boix y Soledad Cardoso (sopranos), Gabriel Díaz Cuesta (contratenor), Gerardo López Gámez (tenor); Peter Barczi y Eva Borhi (violines), Sara Ruiz (viola de gamba), Kim Stockx (bajón), Maria Ferré (guitarra y tiorba), Sara Águeda (arpa) y Herman Stinders (órgano).

Formación «ad hoc» para las obras seleccionadas de Sebastián Durón, algunas recuperaciones históricas siendo estreno en tiempos modernos en transcripciones de Mariano Lambea (CSIC, Institución Milá y Fontanals) y el ya citado Raúl Angulo Díaz (Ars Hispana), de las que dejo a continuación el programa que iré comentando en cada una sin entrar en los textos, que también se incluían, aunque perfectamente vocalizados e inteligibles, punto notable este porque no siempre es así:

Todo es enigmas amor, tono a 4 al Santísimo Sacramento, con las cuatro voces en perfecto empaste polifónico más los instrumentistas, optando Ferré por la guitarra barroca como en la mayoría de sus intervenciones (salvo las indicadas), tímbricas muy logradas donde el bajón completa una sonoridad colorista más allá de duplicar voces, y el órgano dando el sustento grave necesario para unas voces todas ellas agudas.
Aves canoras, villancico a 4 al Santísimo Sacramento, jugando como siempre entre estribillo y las «coplas a 4» y todo el conjunto con la tiorba, elección buscando la mejor tímbrica con el arpa, siempre presente y colorida, amén de unos violines etéreamente claros y precisos con la dirección de Recasens atenta a todos los detalles.
Ay infelice de aquel agresor, villancico a 4 al Santísimo Sacramento (1699), unas voces que van tejiendo una página de recogimiento solo acompañada por la cuerda del arpa y la tiorba de complemento instrumental engrandeciendo el texto cantado en alternancia de solistas y cuarteto en las coplas.
Corazón, que suspiras atento, solo de «Miserere» con violines, en la voz de Eugenia Boix más la cuerda y la entrada posterior del bajón, suspirando desde el canto elegante y seguro de emisión ideal sobrevolando los instrumentos.
Duerme, rosa, descansa, dúo con las dos sopranos, Boix y Cardoso, acompañadas por órgano, viola de gamba y tiorba de una hondura indescriptible, perfecta unión de color y sentimiento en ambas con el subrayado de la cuerda más el sustento organístico, adornos en su sitio para las pausas textuales sin espacio vacío.
Hola, hao pastorcillo, villancico a 4 al Santísimo Sacramento con violines y todo el «ensemble», casi una égloga musical con el trasfondo religioso pero exportable al profano de no ser por la emoción y juego instrumental donde el órgano supone casi una firma distintiva.
Atención a la fragua amorosa, villancico a 4 al Santísimo Sacramento, sin los violines en un «juego ingenioso que busca asombrar al espectador (…) representa de modo contrapuntístico el repiqueteo que hacen los martillos al forjar el corazón del creyente, al tiempo que se expresa la urgencia de la tarea mediante progresiones armónicas ascendentes» a cargo de los instrumentistas en feliz acompañamiento que equipara su protagonismo al vocal, siempre claro además de empastados.
Y pues de tu error los suspiros, tono a 3 al Stmo. Sacramento de nuevo con un solista, esta vez el contratenor sevillano Gabriel Díaz Cuesta de buen color para esta partitura y potencia suficiente acompañado solamente por bajón, tiorba y arpa, con sorprendentes disonancias para la época así como unos cromatismos que realzan un expresionismo avanzado en aquella España no siempre a la «última moda».
Impresionante y hermoso Segadorcillos que al son de las hoces, villancico a 4 al Santísimo Sacramento, con una escritura donde van apareciendo los distintos solistas contestados en polifonía, sumándose los instrumentos en una construcción sonora realmente impecable, a partir de melodías profanas construido sobre el entonces muy conocido baile del «Tatatá» como recuerda Angulo.

Sin pausa pero dando descanso al cuarteto vocal pudimos disfrutar a continuación Qué sonoro instrumento, dúo del «ensemble» para lucimiento de los intérpretes como bien reza el título, en un despliegue de timbres variado dentro de esas polifonías «intercambiables» capaces de convertir páginas vocales en instrumentales recreando unas armonías muy del momento.
Cupidillo volante, solo al Stmo. Sacramento, nos permitió disfrutar del tenor Gerardo López Gámez con la viola de gamba y la tiorba, un trío para degustar color vocal, dicción, emoción y buen gusto en un repertorio que precisa precisamente de todo esto, la melodía y el acompañamiento al servicio del texto, los «morir» en melodías descendentes y graves, «mariposa amante» sobrevolando, buscando la rama y la llama, y cómo la ronda… La grandeza del texto con música sacra de devoción popular.
Una de las páginas más conocidas de Durón es la cantata Ay, que ma abraso de amor, interpretada y sentida por una Eugenia Boix cada vez más asentada en un repertorio que domina y en el que se siente a gusto, con todo el «ensemble» completando esta colorida partitura, verdadera «pintura musical (…) sobre la metáfora del amor de Dios entendido como una llama que abrasa al creyente y que le hace renacer como el Ave Fénix, el movimiento agitado en octavas de los violines que se escucha al comienzo trata de ilustrar el movimiento de las llamas, así como la punzante ansia amorosa que experimenta el creyente« en palabras de Angulo.
Ah, Señor embozado, villancico a 4 al Santísimo Sacramento, para los instrumentistas sin los violines y nuevamente las cuatro voces empastadas pese a ser de registro agudo, por el contrapeso de La Grande Chapelle en un acompañamiento adaptado para disfrutar de los textos además de engrandecerlos subrayados siempre instrumentalmente.
Volcanes de amor, tono a 4, continuó la línea de expresividad tanto vocal como instrumental, con la guitarra dando también el toque rítmico casi percusivo más el colorido bajón en contracanto, nueva metáfora de amor y fuego interpretadas textualmente, ardientes y queridas.
Prescindiendo del órgano llegamos al final con Negliya, qué quele, cuatro de Navidad, nuevo juego de estribillo polifónico y las distintas coplas para disfrutar de voces e instrumentistas en común unión al servicio de una música celestial.

Como propina bisaron el Todo es enigmas amor en un recital con predominio de partituras en ritmo ternario y alternancias muy variadas de tiempos, muy matizados en expresión por parte de todos los intérpretes, con Albert Recasens en la dirección de los números «totales» dejando en los solos y dúos a los propios intérpretes que marcasen el discurrir musical, calidad que atesoran todos ellos como pudimos comprobar, brindándonos un concierto (re)descubriendo a Durón en León.

La Ortodoxia rusa

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Viernes 17 de febrero, 20:30 horas. San Isidoro el Real, Oviedo: XII Ciclo de Música Sacra Alfredo de la Roza. Doros: «Música Ortodoxa de la Catedral de San Basilio, Moscú».
DorosVruyr Ananikyan, tenor – Aleksandr Gorbatov, tenor – Aleksandr Kamyshintcev, barítono – Konstantin Senchenko, bajo-barítono – Bekseit Ryspaev, bajo.

El ciclo que homenajea a Don Alfredo de la Roza ha cambiado noviembre por febrero pero sigue contando con el apoyo popular volviendo a registrarse un lleno histórico ocupando totalmente el templo desde media hora antes del concierto del quinteto vocal Doros.

Dos partes de música coral rusa de distintas épocas y estilos pero cercanos al oído por tratarse de obras bien armonizadas diría que académicas, para mostrarnos la calidad de los componentes tanto individualmente, con solos de los cuatro, especialmente presente el barítono Aleksandr Kamyshintcev (mientras el bajo Ryspaev lo haría en la segunda de las propinas) bien situados en el programa, como del quinteto capaz de cantar imprimiendo emoción y calidad llena de excelencias, amplios reguladores, matices variados, emisión clara y cuantos calificativos vocales queramos añadir.

La gama de dinámicas bien trabajada según la partitura dejaba pianísimos impactantes perfectamente audibles en una iglesia de acústica apropiada y los fortísimos modulados sin perder nunca un sonido compacto, afinado, con un bajo profundo verdadero sustento de las variadas obras ofrecidas por los moscovitas, profesionales de la música y embajadores de sus compositores, muchos desconocidos pero con tanto oficio como sus intérpretes.

Armonizaciones para un quinteto de voces graves que destacaron la religiosidad de melodías y textos (sin traducir pero avanzados por los títulos de salmos y plegarias ortodoxas) salpicados por otras populares desde la sacralidad como los Doce ladrones, una balada rusa que aquí en Asturias se ha conocido por agrupaciones similares desde el Peregrino de la noche (Jaroff). Repaso histórico de obras anónimas junto a compositores desde el barroco de Deletsky, el clasicismo del italiano Sárti, Bortnyantsky o Degtyaréff, a la plenitud coral del XIX con Arkhangelski y el más cercano siglo XX con Khristov también famoso cantante búlgaro, o Tchesnokoff, el más presente dentro del programa, todos buenos conocedores de los recursos vocales al servicio del culto, la herencia europea con toques tradicionales rusos desde la tonalidad occidental para melodías que siguen sonando cercanas pese a la distancia geográfica.

Como decía, unos solistas de hermoso timbre y grandes recursos bien arropados por el cuarteto para obras de herencia occidental en cuanto a su composición, y quintetos de empaque que gustaron al respetable, sonido increíble que cerrando los ojos presumía mayor número de componentes, verdaderos profesionales del canto coral.

Tras agradecer la acogida, tres propinas con dos populares y una armonización del conocido Ave María de Schubert en latín, nuevamente permitieron disfrutar de la voz solista de Gorbatov, uno de los dos tenores, el más matizado y con timbre ideal para lo sacro, finalizando a las diez de la noche este segundo concierto del ciclo antes de la clausura el próximo viernes con la Escolanía San Salvador organizadora de esta cita imperdible con mucho apoyo popular, que este año incorpora conferencias y mesas redondas sobre la figura del querido y siempre recordado Don Alfredo.

PROGRAMA:
PRIMERA PARTE
El canto de los Querubines (Serbia)
Canto sobre la Natividad de Cristo
Aleksandr Arkhangelski (1846-1924)
Salmo 20
Dmitri Bortnyantsky (1751-1825)
Mi alma pecadora (Poesía sacra del norte de Rusia)
Glorificación de Dios (Salmo)
Nikolay Deletsky (1630-1681)
En tu Reino de la bienaventuranza
Bóris Khristov (1914-1993)
Canto de Pascua
Pavel Tchesnokoff (1877-1944)
Señor, escucha mi plegaria
Pavel Tchesnokoff (1877-1944)
El Señor está elevado
Stepán Degtyaréff (1766-1813)
Amor santo
Georgy Svirìdoff
SEGUNDA PARTE
Concierto de Navidad
Stepán Degtyaréff (1766-1813)
Nuestro Padre
Nikolay Kèdroff, padre
¿Por qué me has abandonado?
Georgy Rùtoff
Canto consagrado al icono de la Virgen de Kazan
Pavel Tchesnokoff (1877-1944)
Canto de Pascua
Pavel Tchesnokoff (1877-1944)
La cena
Aleksandr Lvoff
Canto de Pascua
Giuseppe Sárti (1729-1802)
Doce ladrones (Balada rusa sacra)
En memoria eterna del justo
Nikolay Kedróff, hijo
Veré los rápidos del río (Canción popular rusa)
arr, Victor Popov.

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