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Vivencias en el 74º Festival de Granada

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A lo largo de un mes y desde este blog he ido subiendo mis críticas y reseñas del 74º Festival de Granada, que paso a resumir en esta entrada, los conciertos que tuve que seleccionar ante la oferta inmensa, este año también asistiendo a la Danza -otra de las señas de identidad del Festival- en el Generalife y parte del FEX,

sumando alguna noche flamenca, que podéis ver y leer en las distintas entradas a ellas dedicadas, sin poder constatar en primera persona los Cursos Manuel de Falla, la versión pedagógica del Festival.

Muchas experiencias únicas e inolvidables en este 2025, tercer año al completo desde mi jubilación domo docente, y donde el sábado 21 de junio a la noche, con prórroga y mucha emoción, viví desde mi teléfono el ansiado ascenso a Primera del Mi Oviedín del alma tras 24 años de espera, recordando a mi padre que no pudo revivir este regreso, con la foto que me sacó Teresa Montellano, otra de las profesionales de la fotografía en Granada.

Mi eterna gratitud a todo el EQUIPO del Festival desde su director Paolo Pinamonti en su primera edición, pasando por la Jefa de Prensa Teresa del Río, la encantadora María José Serrano en el Patrocinio y Relaciones Externas, la insustituible Nina von Krogh en la Coordinación Artística y la mio neña Lorena Jiménez con sus «Encuentros» y «Off Stage» en las Redes Sociales para el festival, por citar sólo a mis «habituales», este año con Carlos y Alba como becarios.

También mis gracias eternas al fotógrafo, y ya amigo, Fermín Rodríguez, cuyas imágenes oficiales nunca pueden faltar en todas las entradas de mi blog, RRSS y noticias… por supuesto al amplísimo y numeroso personal (azafatas, técnicos más el «ejército de voluntarios y voluntarias») con quienes este festival funciona como un perfecto engranaje muy entrenado tras tantos años de trabajo, no siempre visible y que merecen todo mi reconocimiento vivido en primera persona.

Proseguir los agradecimiento al equipo humano de Radio Clásica con mis queridos Jesús Trujillo y Elena Horta, siempre un placer las tertulias y paseos tras los conciertos, sin olvidarme del «imprescindible» Arturo Reverter con quien compartir tanto, no solo recuerdos comunes sino toda su sabiduría de gallego en la capital madrileña.

Al personal del ambigú que el Grupo Abades montaba (y desmontaba) en el Palacio de Carlos V y en el Generalife, ya conocidos de estos tres años y que me tenían siempre fresquita «una verde» antes y después de cada concierto, siendo cada noche los que casi cerrábamos y recogíamos.

Imposible relacionar el encuentro con amistades de anteriores ediciones, granadinos ilustres, melómanos llegados de toda la geografía española y críticos de distintos medios: al «maestro» Rafael Ortega Basagoiti, con quien compartir toda su sabiduría, Pablo L. Rodríguez, José Manuel RuizJosé Antonio Lacárcel, José Antonio CantónJusto Romero, Alejandro Fernández «mi boquerón» junto a Paco Naranjo, por citar solo a unos pocos sin dejarme a Mercedes García Molina, profesora de música que espero tenga un buen destino el próximo curso, gran crítica y orgullosa madre además de cantante a quien disfruté desde mi butaca en palacio.

Reencuentros con Mercedes Pérez Villena o Paloma Viana (con mi querido paisano Nacho de Paz) a los que sumar «nuevos fichajes» como al inclasificable profesor Luigi (de madre ovetense) o ponerle cara al director artístico de la Sociedad Filarmónica de Burgos, José Miguel González.

Especial ilusión la visita de mi amigo el abogado mexicano Mario Herrera que me acompañó el día de mi santo en el concierto matinal, café en mano, haciendo un paréntesis en su largo periplo profesional por España, y al que volveré a ver, si nada lo impide, en Oviedo a finales de septiembre.

Siempre una mención especial al Colegio Mayor Santa Cruz La Real, mi segunda casa en otro mes granadino donde me trataron con la cercanía y cariño del «colegial repetidor» y todas las atenciones inmerecidas para este melómano noctámbulo (no solo por los horarios de los conciertos).

Gracias a Laura y Perico durante la semana, junto a Óscar y Natalia por «dar de comer al hambriento», a mis «guardianes» Paqui, David, Samuel y Manolo (by night), junto a todo el personal de limpieza, con el resto de trabajadores de un alojamiento increíble donde conviven los Padres Dominicos (Don Antonio Larios a la cabeza) y muchos grupos de estudiantes.

Cada día y cada noche hay que descubrir Granada, embrujo y magia, tapas con cerveza de la tierra (también malagueña), el Pub irlandés (Hannigan & Sons) con una Doble IPA de Almuñecar, que repetiría más de una noche con un camarero que conocía las Danzas húngaras de Brahms (!),

y entre mis habituales paradas por el Realejo citar el Rosario Varela (con las tapas más originales de Granada), las plazas de Santo Domingo (en La esquina de Juande) o de Carlos Cano (siempre sonando en mi cabeza) en Disloque

Volver a visitar mi oficina de «La Auténtica Carmela» en la calle Colcha, viendo la espalda de la estatua dedicada a Yehuda Ibn Tibon para seguir disfrutando de su carta, amabilidad y profesionalidad de todo el personal, agradeciendo un trato de «vecino»,

y el apoyo al Real Oviedo cada vez que vestía gorra o camisetas, extensible a tanta gente con la que me cruzaba por la capital nazarí, alegrándose de la vuelta a la máxima categoría del fútbol nacional.

No quiero dejarme otra parada «obligada» en la Plaza de la Trinidad a comer un salmorejo exquisito tras los conciertos matutinos en San Jerónimo, y donde compartí sobremesas con alemanes, sirios, ingleses y suecos (Granada siempre es internacional).

En otra entrada colocaré un resumen con los enlaces (links) a todas las reseñas de mis 33 conciertos en 8 espacios y  25 días… tengo que dejar algo más estrictamente musical aunque sin nada de lo anterior no hubiera sido lo mismo.

En casa iré retomando la normalidad y los horarios con todas las novedades que no faltarán desde este blog.

Nadine Valéry la Traviata de Granada

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 23). Ópera.

Viernes 11 de julio, 22:00 horas. Palacio de Carlos V: Verdi: La traviata. Ópera en tres actos, versión concierto. Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

Hace ahora dos años que disfrutábamos en Granada del Turandot llegado del Teatro Real en versión concierto, y esta vigésimo tercera noche de mi festival nos traían La traviata, sin la escena de Willy Decker, pero ideal para quienes no gusten de nuevas producciones, pese a que la madrileña estrenada en Salzburgo es ya un «clásico» tras dos décadas (guardando el DVD como oro en paño junto a otras versiones igualmente referentes), manteniendo el festival nazarí la apuesta por seguir ofreciendo ópera a tantos aficionados que llegan de todas partes para escuchar a un elenco de voces internacionales en este entorno único.

La expectación previa era grande ante esta ópera que aterrizaba desde el Real madrileño con un elenco de altura, donde Nadine Sierra protagonizaba una entrevista a toda página en el diario granadino Ideal:

Ya la propia web nos anunciaba este título verdiano que muchos conocemos casi como si lo hubiésemos cantado a lo largo de nuestra vida:

La ópera de las óperas
Después del exitoso Turandot de 2023, vuelven los conjuntos del Teatro Real al Palacio de Carlos V, esta vez con la que puede ser considerada la ópera más famosa y popular de todos los tiempos. Inspirada en La dama de las camelias de Dumas hijo, Verdi se acercó en La traviata a conflictos de su época para abordar temas como el amor, el sacrificio y la hipocresía social con una fuerza por completo inédita en su tiempo. Dos de los grandes cantantes de las escenas líricas internacionales de nuestros días, la soprano estadounidense Nadine Sierra y el tenor donostiarra Xabier Anduaga pondrán sus voces al servicio de los principales protagonistas. La batuta estará en las manos del húngaro Henrik Nánási, reconocido especialista que frecuenta los grandes templos líricos centroeuropeos, de Viena a Múnich.

Nadine Sierra fue la figura de la noche, la mejor Violetta Valéry del momento, de belleza absoluta con una interpretación llena de personalidad, expresividad, encanto, mandando en los tempi de  un excelente concertador como el húngaro Henrik Nánási al que se le notó el trabajo previo y las funciones que lleva en Madrid, encajando todo al detalle con una Orquesta y Coro Titulares del Teatro Real impecables. Desde la primera aparición en escena la soprano marcó un personaje que lo siente, manejando el escenario de izquierda a derecha con una voz prodigiosa que además de fiato único, crescendi, pianissimi y todas las virtudes que debe tener una cantante verdiana, cautivó en cada aria, en cada dúo, logrando los silencios de un público embelesado ya desde el brindis inicial al trágico Addio, del passato, la progresión dramática a lo largo de esta ópera que nos dejó hechizados.

El donostiarra Xabier Anduaga interpretó un Alfredo de buena escuela, de color homogéneo en un grave ya asentado, unos medios redondos y unos agudos valientes, muy matizado y perfectamente implicado en la acción, no solo en sus arias y dúos (convincente con Giorgio)  sino mostrando una línea de canto elegante para secundar a la Violetta arrolladora.

El barítono polaco Artur Rucinski nos dejó un Giorgio Germont joven en carácter y presencia, aún sin redondear aristas y luchando por mantener volumen con una poderosa orquesta detrás, pero de técnica suficiente con un fraseo muy ligado y acertado, redondeando el trío protagonista de esta Traviata granadina.

La moscovita Karina Demurova como Flora Bervoix lució sin desentonar en sus apariciones y concertantes, no así la Annina de la mezzo gerundense Gemma Coma-Alabert, muy oscurecida en sus breves intervenciones.

Del resto del elenco, el bajo Giacomo Prestia (Grenvil) le dio el caracter solemne a su personaje, presente aunque limitado en volumen, y correctos el barítono Tomeu Bibiloni como Douphol , David Lagares (marqués de Obigny) con un discreto Albert Casals como Gastone.

No hacía falta escena porque todos se movieron por el escenario delante de la orquesta, transitando de izquierda a derecha incluso delante del director, entradas y salidas donde lo que faltaba lo suplíamos con nuestros recuerdos e imaginación, carnaval del coro, toreros de negro, un casino imaginario y la Violetta único foco de atención con su rojo pasional y sanguíneo hasta la muerte.

Insistir en la buena dirección musical de Henrik Nánási que jugó con los tempi llevados por Nadine Sierra o algo más ligeros para el coro. A la batuta nos dejó dos preludios matizadísimos, con una concertino y un oboe a destacar, y «llevando de las manos» la concertación exacta con los protagonitas. Tan solo tachar de excesiva la colocación de la «banda fuera de escena» que por la acústica palaciega rebotaba en la cúpula interior dando la sensación de estar ubicada encima y que en el primer dúo de Violetta y Alfredo les dejaron «emparedados» a nivel sonoro, mientras ayudó al tenor en el Sempre libera más presente que en un teatro fuera de escena.

Pasadas las cinco de la madrugada dejo estas primeras impresiones ante un fin de festival don programas dobles que seguiré contando desde aquí.

FICHA

La Traviata. Ópera en tres actos (1853). Versión concierto.

Música de Giuseppe Verdi (1813-1883)
Libreto de Francesco Maria Piave, basado en La dama de las camelias de Alexandre Dumas hijo

ELENCO:

Orquesta y Coro Titulares del Teatro RealHenrik Nánási (director musical) – José Luis Basso (director del coro).

Nadine Sierra, soprano (Violetta Valéry) – Karina Demurova, mezzosoprano (Flora Bervoix) – Gemma Coma-Alabert, mezzosoprano (Annina) – Xabier Anduaga, tenor (Alfredo Germont) – Artur Rucinski, barítono (Giorgio Germont) –  Albert Casals, tenor (Gastone, vizconde de Létonières) – Tomeu Bibiloni, barítono (El barón Douphol) – David Lagares, bajo (El marqués de Obigny) – Giacomo Prestia, bajo (Doctor Grenvil) – Joan Laínez, tenor (Giuseppe)

Payasos de cine

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 20). Ópera y Cine (II).

Martes 8 de julio, 22:30 horas. Palacio de Carlos V. Pagliacci (Leoncavallo) – The Circus (Chaplin). Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

Programa doble y largo que llevó a parte del público a marcharse en el descanso tras un Pagliacci en versión concierto con mínima escenificación y los textos proyectados además de traducidos, mientras que El Circo de Chaplin sí resultó cine con música en vivo.

En la web del Festival se presentaba esta segunda función de cine de verano con ópera, esta vez en el Palacio de Carlos V y no en el Teatro del Generalife (como inicialmente estaba previsto):

Payasos
La segunda sesión del ciclo Ópera & Cine dirige la mirada hacia el verismo italiano con Pagliacci, la obra maestra de Leoncavallo, que nos sumerge en las emociones intensas y trágicas de los artistas de circo y en cuyo Prólogo se contenía casi un auténtico manifiesto del nuevo estilo verista. El complemento cinematográfico es también un lujo, El circo (1928), último film mudo de Charles Chaplin, al que puso música el compositor alemán Arthur Kay. Serán los conjuntos del Programa de Jóvenes Intérpretes de la Junta de Andalucía, esto es, la OJA y el Joven Coro, este último completado con el Coro de la OCG, los responsables de la interpretación del programa, que contará con un director operístico, el madrileño Guillermo García-Calvo, y un especialista en la música de cine, muy especialmente en Chaplin, Timothy Brock.

Una agradable sorpresa los Payasos de Leoncavallo con un elenco donde quiero comenzar por la Orquesta Joven de Andalucía que sonó adulta desde la introducción orquestal hasta el final de la ópera, profesional, con el maestro García Calvo claro, preciso, dándoles la confianza y seguridad necesarias a una auténtica cantera de músicos que en nada estarán engrosando sinfónicas por toda la geografía nacional e internacional. Y otro tanto a un gran coro uniendo al Joven Coro de Andalucía, que ha hecho doblete tras el concierto del pasado día 5 con Marco Antonio García de Paz, con el Coro de la Orquesta Ciudad de Granada que dirige Héctor Eliel Márquez. Esta joya del verismo es exigente para todas las voces, y la formación coral rindió al máximo, afinada, con buenas cuerdas, matizada y empastada.

De los solistas, y no es chauvinismo, el tenor asturiano Alejandro Roy como Canio volvió a demostrar que estos papeles son ideales para su voz: potencia, expresividad, escena (lástima las obligadas distancias), de tesitura amplia que además los años han reforzado sus graves, y un empaste con todo el reparto que le convirtió en «el malo de la película» triunfando en este circo palaciego con la famosa aria Vesti la giubba de cortarnos la respiración.

El Tonio del barítono italiano Claudio Sgura (1974) tiene larga trayectoria en su carrera y se notó por la escena, memorización, gran envergadura, color rotundo y amplio volumen que mantuvo en toda la obra.

Desconocía a la soprano bolivano-albanesa Carolina López Moreno (1991) que planteó una Nedda llena de matices, sensualidad, desgarro, buen fiato, graves sin perder la homogeneidad y unos agudos claros y limpios redondeando una brillante interpretación. Habrá que seguir su trayectoria.

El Beppe del tenor granadino Moisés Marín (La Zubia, 1985), además de poseer un color vocal precioso, gusto y línea de canto muy pulida, la escena del dúo con Nedda nos privó, por la distancia, del beso y la «cercanía» de un rol donde apreciar las diferencias entre los dos tenores que necesita Leoncavallo.

Finalmente el Silvio del barítono granadino Pablo Gálvez (Guadix, 1987) no lució tanto, algo apagado y poco expresivo pero como en los tenores buscando la diferencia de color con Tonio.

Aplaudir la apuesta por el talento nacional y granadino en esta ópera, aunque fuese en versión concierto, una forma de atraer público y ofrecer la posibilidad de escuchar a una generación vocal que triunfa en escenarios fuera de nuestras fronteras.

Tras un largo descanso donde director y cantantes posaron para la prensa (con parte del público abandonando el palacio rondando la medianoche), aún quedaba El circo de Chaplin que siendo una joya de película, idealmente restaurada y con las cartelas subtituladas al español, poder contar con la música orquestal en vivo engrandece aún más la última película muda de Charlot.

La música suponía el estreno en España de la banda sonora original (1928) de Arthur Kay (1882-1969), recuperada por Timothy Brock hace tres años (en las notas al programa de Joaquín López González se explica todo el programa), y se ponía al frente de la Orquesta Joven de Andalucía donde aparecen motivos del Pagliacci anterior, de Wagner, el «organillo circense» o la conocida sintonía de Jeff Alexander (1910-1989) utilizada por Hitchcock en su serie televisiva, pues el maestro Brock que lleva años investigando el archivo suizo de Charles Chaplin, no ha podido completar la banda sonora al completo como contaba en los encuentros del Festival (Canal YouTube©) su enorme labor cual «restaurador», siendo capaz de completar este puzzle sonoro que los jóvenes interpretaron magistralmente, con solistas de categoría, perfectamente encajada la imagen con el sonido (incluso en los efectos imprescindibles en el cine mudo) y haciéndonos olvidar, viendo y riéndonos con la genial película de Charlot, la edad de estos músicos que sonaron mejor que muchos mayores.

PROGRAMA:

Pagliacci (1892)
Drama en un prólogo y dos actos, en versión concierto.
Música y libreto de Ruggiero Leoncavallo (1857-1919)

Orquesta Joven de Andalucía
Joven Coro de Andalucía
Marco Antonio García de Paz, director del coro
Coro de la Orquesta Ciudad de Granada
Héctor Eliel Márquez, director del coro
Guillermo García Calvo, director

Carolina López Moreno, soprano (Nedda) / Alejandro Roy, tenor (Canio) / Claudio Sgura, barítono (Tonio) / Moisés Marín, tenor (Beppe) / Pablo Gálvez, barítono (Silvio)

The Circus (1928)
Película de Charles Chaplin (1889-1977)
Música de Arthur Kay
 (1882-1969)
The Circus © Roy Export S.A.S.
Estreno en España de la banda sonora original de Arthur Kay de 1928, recuperada por Timothy Brock en 2022

Orquesta Joven de Andalucía

Timothy Brock, director

Camino al paraíso

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 17a). Conciertos matinales.

Sábado 5 de julio, 12:30 horas. Monasterio de San Jerónimo. Joven Coro de Andalucía (JCA), Marco Antonio G. de Paz (director). Paraíso abierto para muchos: obras de Falla, Poulenc, Messiaen y Pizzetti. Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

El mundo coral español goza de muy buena salud y más con una generación joven muy preparada técnicamente que representa la necesaria cantera que vaya tomando el relevo de tantas formaciones. Desde su creación el JCA en 2007 (como ampliación de la Orquesta Joven que la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales -de la Consejería de Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía- creaba en 1994 con el objetivo de impulsar y complementar la formación musical de los jóvenes valores que aspiran a incorporarse al ámbito profesional), ha contado con la colaboración de directores de la talla de los maestros Michael Thomas (fundador del JCA), Julio Domínguez, Román Barceló, Juanma Busto, Íñigo Sampil, Carlos Aransai, Lluís Vilamajó y su actual titular desde 2019 Marco Antonio García de Paz, quien tras mucho trabajo en Mollina nos traería una matinal sabatina de envergadura.

La página web del Festival presentaba este concierto coral del JCA bajo la dirección del maestro asturiano Marco Antonio G. de Paz.

Entre espiritualidad y modernidad
De la mano de Marco Antonio García de Paz, el Joven Coro de Andalucía está situándose entre los proyectos más ilusionantes de la música nacional. En este programa han reunido obras corales de cuatro compositores que exploraron la música sacra desde perspectivas contemporáneas. Manuel de Falla lee con reverencia a Tomás Luis de Victoria, creando de sus motetes versiones expresivas que fusionan tradición y modernidad. Poulenc y Messiaen aportan su sello francés, con los austeros Quatre motets pour un temps de pénitence y el luminoso O sacrum convivium. Finalmente, Pizzetti retoma el estilo de la polifonía renacentista con su Messa di Requiem, impregnándola de un dramatismo moderno. Un recorrido sonoro por la espiritualidad del siglo XX, cargado de introspección y de belleza.

Este camino al paraíso arrancaría con 32 voces (4 por cuerda dispuestas como casi siempre suelen colocarse) para comenzar con las tres «versiones expresivas de obras de Tomás Luis de Victoria» que Falla trabajaría entre 1932 y 1942. García de Paz lleva años marcando escuela en su coro El León de Oro, y el Renacimiento español es uno de sus fuertes, agrandado tras la colaboración con el británico Peter Phillips. Pero las visiones del gaditano muestran una relectura del abulense, desde el Ave María (ahora parece que de Jacobus Gallus) que el JCA interpretó con esa visión romántica «transformada» (por las indicaciones muy personales del gaditano sobre las dinámicas, tempo y carácter que son curiosidades bien alejadas de los llamados «criterios historicistas») por el conocimiento que de nuestro siglo de oro tiene el maestro asturiano; el O magnum misterium rico en dinámicas con el final en un inmenso decrescendo hasta el pianissimo verdaderamente bien ejecutado; y las Tenebrae factae sunt donde disfrutar de los solos de contralto, dos sopranos y tenor para un final sin bajos que dieron luz a unas tinieblas originales. De las excelentes notas impresas, tituladas como el elegido para todo el concierto, Paraíso abierto para muchos, aunque no tienen firma las iré intercalando en este color con mis comentarios. Así la presentación y las visiones fallescas:

«Del poeta granadino Pedro Soto de Rojas (1584-1658), discípulo y ferviente admirador de Luis de Góngora y al mismo tiempo dotado de una personalísima delicadeza de orfebre, proviene el título que por sí mismo ha llegado a convertirse en un lema tan críptico como sugeridor de tesoros semiocultos: Paraíso cerrado para muchos, jardines abiertos para pocos. Federico García Lorca, al hilo del título aludido, atinaba con estas palabras bien precisas para subrayar ese carácter recogido y primoroso del poemario: «Soto de Rojas se encierra en su jardín para descubrir surtidores, dalias, jilgueros y aires suaves. Aires moriscos, medio italianos, que mueven todavía sus ramas, frutos y boscajes de su poema». Una leve alteración de los términos nos permite abrir, de par en par, el elocuente título de Soto de Rojas para mostrar al público del Festival de Granada el «paraíso sonoro abierto para muchos» que propone el Joven Coro de Andalucía, en un programa conformado por una sucesión de joyas, no siempre suficientemente conocidas, pero todas ellas dotadas de un singular detallismo lírico en el que se entrelazan nombres esenciales de las primeras décadas de la Europa del siglo XX: Manuel de Falla, Francis Poulenc, Ildebrando Pizzetti y Olivier Messiaen.

Con una caligrafía de un preciosismo equiparable a la filigrana poética de Soto de Rojas, Manuel de Falla, desde su recoleto Carmen de la Antequeruela Alta de Granada, situado en el entorno de la Alhambra, comenzó a recrear con letra diminuta –en partituras manuscritas de tinta negra y lápiz rojo y azul– una colección de «versiones expresivas» de obras predilectas del Renacimiento español –de las que en este caso se escogen tres obras bien conocidas de Tomás Luis de Victoria–, pero añadiendo el propio Falla unas indicaciones muy personales de dinámica, de tempo y de carácter que las convierten en curiosidades bien alejadas de los criterios historicistas de nuestro tiempo, pero dotadas de un encanto singularmente atemporal».

Ya con la plantilla al completo, donde me pareció contar 24 voces blancas y 21 graves, tras recolocarse a izquierda y derecha para el resto del concierto, la sonoridad, afinación, equilibrio en los balances y empaste de esta juventud cantora fue la ideal para el resto de las obras, sumando una vocalización clara de los textos en latín donde los finales de palabras en consonante marcan un color especial.

«Francis Poulenc, 22 años más joven que Falla, fue alumno de piano del gran Ricardo Viñes en su París natal. Poulenc conoció a Falla en casa de éste hacia 1918. Era el periodo en el que Diaghilev, Picasso y Falla preparaban la fascinante obra El sombrero de tres picos. Su amistad se extendió hasta 1932, siendo esta la última vez que se vieron en el marco de un Festival de Música en Venecia. En este encuentro ambos compartieron ensayos y música, llegando Poulenc a narrar un recuerdo muy especial: «Una tarde, durante un paseo por las calles de Venecia, encontramos una pequeña iglesia que poseía unos preciosos órganos. Nada más entrar en la iglesia, Falla se puso a rezar, y así como cuentan que ciertos santos en éxtasis desaparecen súbitamente de la vista de los profanos, yo tuve esa misma impresión con Falla. Al cabo de un tiempo, decidí marcharme, así que me acerqué a él y le golpeé suavemente en el hombro. Me miró un instante, sin verme, y se sumergió de nuevo en sus oraciones. Salí de la iglesia, y desde entonces no le volví a ver […]». Concluía Poulenc: «Para mí, esa última visión de un músico al que tanto he querido y admirado es… ¡como una especie de Asunción!».

Poulenc guardaría en su memoria esta imagen final de Falla, «la de un hombre, o mejor, de un fraile de Zurbarán, rezando en una iglesia de Venecia». El ciclo de Motetes penitenciales de Poulenc (1939) puede servirnos como un extraordinario punto de encuentro musical entre ambos autores y sus distintos acercamientos a la fe. Estos cuatro motetes se compusieron en los albores de la Segunda Guerra Mundial, lo que los hace siempre atrayentes por ser un difícil desafío. Su uso de la armonía, la sorprendente conducción melódica de sus voces y la particular acentuación de su latín a la francesa lo hacen muy especial. Su escritura diatónica, sabor modal y adecuación al texto hacen de este ciclo una experiencia sublime».

Los cuatro motetes más que penitenciales fueron gozosos en cuanto al comportamiento del coro bien llevado por el maestro asturiano, marcando con claridad, con respuestas dinámicas amplias que fueron «in crescendo» en el tercero (Tenebrae factae sunt) de nuevo con un regulador hasta el pp con la «t» final bien pronunciada, más el epatante Tristis est anima mea con un hoquetus  central que se repite antes de la doble barra última resultó efectivo y espectacular en estos motetes del compositor feancés casi contemporáneos al Falla anterior.

«Como “cortante sonoro”, como algo que va a preparar nuestros oídos para el plato fuerte del programa, haremos una pequeña incursión en el universo del gran Olivier Messiaen, alumno aventajado de Paul Dukas, autor que también tuvo una gran relación con Falla. Será a través de su breve motete de ofertorio O sacrum convivium (1937). Es una gran oportunidad para poder escuchar a este extraordinario autor, cultivador del serialismo y constructor de sus propios modos de transposición limitada. Esta pieza es cautivadora por su color sonoro; construye una suntuosidad mágica a través de su armonía y su tonalidad. A pesar de su complejidad, podemos afirmar que es una obra principalmente tonal; está en fa sostenido mayor, la tonalidad favorita de Messiaen. Este color tonal intenta expresar la experiencia mística del amor sobrehumano. Todo un reto para el coro y que entronca con el mundo religioso de los autores anteriores.

Como obra principal del programa traemos el magnífico Requiem de Pizzetti, un compositor prolífico, que cultivó todos los géneros y destacó por ser un importante compositor de óperas. No es una obra dramática en el sentido ordinario del término. Es apacible, serena, obra de un creyente en la vida eterna y la resurrección. Al igual que Gabriel Fauré en su Requiem, se refiere a la muerte como «una feliz liberación», una aspiración al bienestar del más allá, más que como un tránsito doloroso. Trata de no colocar la vida y la muerte en oposición, como un brote de curiosidad ante algo “extraterrenal”. Sigue una corriente de composición de principios del siglo XX que sintetiza técnicas neorrenacentistas y neomedievales, pero pasadas por el tamiz de un lenguaje armónico y de estructuras formales que beben del siglo XIX. Abunda la escritura modal y polifónica, así como el uso de melodías procedentes del canto gregoriano. Desde el punto de vista compositivo es de gran variedad. Indica cantar partes con la mitad del coro, números con doble cuerda de bajos, utiliza un triple coro para el Sanctus y emplea unos 10 minutos de duración para el Dies irae. Su exitosa relación música-texto nace de su experiencia como compositor teatral y su conexión con el texto del Requiem, que fue escrito tras la muerte de su primera esposa. Es probable que Pizzetti haya estado más oculto de lo debido por los propios italianos al considerarlo un músico próximo al régimen fascista en época de Mussolini. Quizá estemos ante un error histórico, que poco a poco se va subsanando. Realmente es una obra fascinante, emocionante y a la cual le daremos presencia en este paraíso».

Un Requiem fascinante, verdadero templo coral sustentado por unos buenos cimientos en la cuerda de bajos que van construyendo una escalera con tenores y contraltos hasta la aguja  celestial de las sopranos, voces limpias, frescas, matizadas, sin abrir en los fuertes y delicadas en los pianos, respondiendo a las peticiones de García de Paz. Si personalmente el de Fauré está en mi lista de preferidos, siempre vuelvo al Padre Sopeña y su libro que atesoro en mi biblioteca musical, pero suscribo las notas que dicen «se refiere a la muerte como «una feliz liberación», una aspiración al bienestar del más allá, más que como un tránsito doloroso”» y así el Dies irae resultó un caleidoscopio vocal con la delicadeza del Amen final, el Sanctus luminoso con un «excelso» Hossanna -que bisarían de regalo- para felizmente liberarnos y conducirnos camino del paraíso coral con este JCA guiado por el arcángel Marco.

Aún habrá en este Festival otro grandioso Requiem, pero lo contaré puntualmente…

PROGRAMA:

Paraíso abierto para muchos

Manuel de Falla (1876-1946)

Versiones expresivas de obras de Tomás Luis de Victoria:

Ave Maria (1932)

O magnum mysterium (1940-42)

Tenebrae factae sunt (1940-42)

Francis Poulenc (1899-1963)

Quatre motets pour un temps de pénitence (1938-39):

Timor et tremor

Vinea mea electa

Tenebrae factae sunt

Tristis est anima mea

Olivier Messiaen (1908-1992)

O sacrum convivium (1937)

Ildebrando Pizzetti (1880-1968)

Messa di Requiem (1922-23):

Requiem aeternam

Dies irae

Sanctus

Agnus Dei

Libera me

Homenajes corales

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 11 a). Conciertos matinales.

Domingo 29 de junio, 12:30 horas. Monasterio de San Jerónimo, Academia Barroca del Festival de Granada, Carlos Mena (dirección musical). Spiralem tempore: Obras de A. Scarlatti y José García Román. Concierto en conmemoración del 300 aniversario de la muerte de Alessandro Scarlatti. Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

Los días pasan muy rápido pero el festival no se detiene y así llegaba otro doblete de finde en la celebración de la onomástica de los santos Pedro y Pablo, todo un regalo que la mañana me reencontraba de nuevo con la Academia Barroca del festival este año dirigida por Carlos Mena (Vitoria, 1971). Loable su trabajo con una agenda al completo y que no defraudó con sus alumnos en un programa que además de conmemorar los 300 años de la muerte de Alessandro Scarlatti (Palermo, 1660 – Nápoles, 1725) nos daba la oportunidad de compartir su música con la del maestro granadino José García Román (Las Gabias, 1945), presente en el monasterio, en esta edición donde la llamada «Nueva Música de Granada» está poniendo en valor -aunque no me gustan las frases hechas- una generación de compositores de nuestro tiempo como Juan-Alfonso García, por lo que mejor homenajes en vida escuchando tanta música aún por descubrir.

Así figuraba la presentación en la web de esta matinal de domingo en mi undécimo día de festival:

Un proyecto consolidado
La sexta convocatoria de la Academia Barroca, puesta una vez más bajo los auspicios del gran contratenor y director Carlos Mena, culminará este año con un concierto en el que se celebra el aniversario de la muerte de Alessandro Scarlatti hace 300 años. Scarlatti fue figura esencial de la Europa de principios del siglo XVIII con una música que marcó la historia tanto de la ópera como de la música sacra, hasta el punto de que muchos le atribuyen si no el invento sí la consolidación del aria da capo. Además, obras religiosas del granadino José García Román, cuyas creaciones actuales conectan tradición y modernidad. Una ocasión única para disfrutar de dos universos musicales separados por siglos de distancia, pero unidos por su profundidad y riqueza expresiva.

Diez voces que sobre el papel parecían descompensadas (dejo al final de la entrada la plantilla con sus nombres): cuatro sopranos, dos altos (uno de ellos contratenor), dos tenores y dos bajos que sonaron afinadas, empastadas, ricas en los matices en las obras del ítalo-español (con el sustento de mi paisano Daniel Zapico a la tiorba y del granadino, afincado en Ginebra, Darío Tamayo alternando clave y órgano  reforzando y completando las armonías), pero brillando «a capella» en los tres estrenos del granadino ubicándose en las escaleras del altar con una mejor resonancia y acústica que en el crucero, y así poder apreciar la calidad de unas voces jóvenes y talentosas en todas las cuerdas (alguna ya conocida en Asturias) siempre atentas al magisterio de un Carlos Mena que incluso participaría como solista en el Miserere o en el «inicipit» del Magnificat donde además «empujó» un tutti victorioso y más que suficiente en todos los sentidos.

Las notas al programa de mi tocayo sevillano Pablo J. Vayón explican muy bien este concierto que ponía fin a una semana de intenso trabajo por parte de una academia barroca del festival que tantas alegrías nos está dando estos años, analizando las obras de dos compositores unidos en San Jerónimo con la presencia del propio García Román:

Scarlatti y García Román: tres siglos en diálogo

Alessandro Scarlatti fue figura esencial en la evolución del Barroco italiano de entre siglos. Nacido en Palermo y formado en Roma desde los 12 años, desarrolló su carrera entre la capital pontificia y Nápoles, con estancias intermitentes en Florencia y Venecia. Aunque más conocido por su ingente producción operística, su música sacra refleja tanto su maestría contrapuntística como una sensibilidad estética profundamente personal. Muchas de sus obras religiosas fueron compuestas durante sus años en Roma, donde trabajó al servicio de cardenales como Ottoboni y Colonna, así como en Nápoles, donde ocupó el cargo de maestro de capilla en la corte virreinal. Son piezas de extraordinaria variedad que muestran una síntesis admirable entre la tradición polifónica romana y el nuevo estilo dramático del Barroco tardío.

En la biblioteca musical de Pietro Ottoboni se preservó un Salve Regina a 4 voces fechado en febrero de 1703 en que se combina el antiguo estilo palestriniano con audaces disonancias de carácter retórico. En el Dixit Dominus a cinco voces (SSATB) y acompañamiento de órgano llama la atención la entrada en canon (muy ornamentada) de las voces. La pieza, sin datar, se divide en seis números y, además de combinar imitación con homofonía, destaca por su notable complejidad rítmica.

El Miserere a doble coro fue interpretado en la Capilla Sixtina el Jueves Santo de 1708, aunque algunos estudios sugieren que podría tratarse de la obra que el compositor escribió ya en 1680 para sustituir el célebre Miserere de Gregorio Allegri. Scarlatti adopta los mismos principios formales que su antecesor: alternancia entre un coro a cuatro voces y otro a cinco, uso del estilo alternatim con los versos pares entonados en canto llano, y empleo del fabordón, una sencilla técnica de armonización. Sin embargo, frente a la sobriedad del modelo, Scarlatti introduce una mayor variedad en las secciones libres, con armonías más elaboradas y un tratamiento expresivo de las disonancias, que realzan términos clave del salmo y dotan a la obra de una intensidad emocional más acusada.

Aunque se desconoce el lugar y la fecha exacta de composición de este Magnificat (en todo caso, parece ser anterior a 1714), la obra revela un notable cuidado en la expresión musical del texto mariano. Escrita para cinco voces y bajo continuo, se articula en varias secciones diferenciadas, tanto en tonalidad como en estilo. Scarlatti no se limita a ilustrar el texto, sino que lo amplifica retóricamente: el ritmo danzante de «exsultavit spiritus meus», los arpegios descendentes en «et exaltavit» o las disonancias cuidadosamente colocadas en palabras como «humiles» o «misericordiae suae» dan cuenta de su sensibilidad dramática y su fino dominio del contrapunto.

Sin comentar cada obra del padre de Domenico, esta academia granadina consiguió combinarse a cuatro voces en el Salve Regina (con tiorba y teclados), a cinco en el Dixit Dominus, cuyos cambios de tempo y articulación Tamayo pasaba del órgano positivo al clave enriqueciendo una tímbrica especial, otro tanto en el Miserere a doble coro, reubicándose  las cuerdas repartidas en cinco a izquierda y derecha, con dos buenas sopranos solistas -no puedo distinguir sus nombres- y homogeneidad de color en la alternancia de las estrofas y empaste total, con excelentes dinámicas en los conjuntos.

En el Magnificat final si cerrábamos los ojos y escuchábamos un coro de cámara más el continuo, al abrirlos parecía imposible la pequeña plantilla, con balances extremos desde un sonido compacto. Otro solo en el Gloria (a cargo de la alto Paula García Mendoza) y destacar los enlaces para pasar de García Román a Scarlatti  ornamentando y llenando el tránsito del altar al crucero, primero de Daniel Zapico (antes del Miserere), ornamentando siempre «cantando» en unos punteos cristalinos y presentes, siendo todo un seguro en el continuo, después con Darío Tamayo previo al Dixit desde el órgano (eligiendo los registros y volúmenes apropiados) y al clave antes del Magnificat, perlado, utilizando graves y agudos con la portentosa sonoridad del crucero, para proseguir con unos saltos cronológicos pero unificados en intención, emoción, fraseos textos religiosos en latín.

Poder asistir a estrenos suponte un regalo impagable para los melómanos. Retomo las notas de Pablo J. Vayón sobre las tres obras de García Román pertenecientes a su Parva opera (de los años 2014 y 2016):

En el tercer centenario de la muerte de Scarlatti su música entrará en diálogo con la de José García Román, en concreto con tres piezas de su ciclo Parva opera, iniciado en 2014, y que escucharán por vez primera en este concierto. Se trata de breves meditaciones musicales sobre máximas éticas y filosóficas tomadas de autores de la Antigüedad, como Persio Flaco, Lucio Floro o Juvenal. Con una escritura austera y atonal, pero cargada de intención expresiva, el compositor busca devolver actualidad a estos aforismos latinos, realzando su tensión interior a través de disonancias, silencios y texturas depuradas. Más que ilustrar los textos, la música los atraviesa, los suspende o los deja vibrar en la resonancia coral, como si se tratara de fragmentos de sabiduría antigua que siguen interrogando al presente.

Meditar con el canto «a capella» supuso un descubrimiento auditivo y sensorial por la escritura tan actual, que seguramente tomarán nota otros coros jóvenes dentro y fuera de nuestras fronteras, y nada mejor que la expresión de mi tocayo sevillano: «Más que ilustrar los textos, la música los atraviesa», proyección vocal sublime de las diez voces, frescas, seguras, compensadas, capaces de interpretar, guiadas por el vitoriano, a dos compositores tan distintos y distantes en el tiempo pero tan cercanos en la espiritualidad y buen gusto compositivo.

PROGRAMA:

Spiralem tempore

Alessandro Scarlatti (1660-1725):

Salve Regina, en re menor (a cuatro voces, 1703).

José García Román (1945):

Scire tuum nihil es…?, nº VI de Parva opera (para coro mixto. 2016) *

Alessandro Scarlatti:

Dixit Dominus (a cinco voces y continuo, s.d.)

José García Román:

Eam vir sanctus, nº I de Parva opera (2014) *

Alessandro Scarlatti:

Miserere (a doble coro, s.d.)

José García Román:

Vitam impendere vero, nº IV de Parva opera (2014) *

Alessandro Scarlatti:

Magnificat (a cinco voces y bajo continuo, s.d.)

INTÉRPRETES:

Academia Barroca del Festival de Granada

Darío Tamayo, órgano positivo y clave

Daniel Zapico, tiorba

Carlos Mena, dirección musical

SOPRANOS:

Carmen Callejas García – Andrea Ceballos Martín – Luna Celemín Trevín – Laura Rivas Pérez

ALTOS:

Paula García Mendoza – Alejandro López Ramiro

TENORES:

Íñigo Fernández Elorriaga – Raúl Jiménez Medina

BAJOS:

Imanol Gamboa Eguia – Jorge Trillo Valeiro

* Estreno absoluto

Concierto en conmemoración del 300 aniversario de la muerte de Alessandro Scarlatti

Clave fabricado en 1982 por Willard Martin en Bethlehem, Pennsylvania, según un original de Nicolas Blanchet.

Cantando a Padre y Madre

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 4). Conciertos matinales.

Domingo 22 de junio, 12:30 horas. Crucero del Hospital Real. Numen Ensemble, Héctor Eliel Márquez (director). Obras de Falla, Victoria, Rachmaninov, Juan Alfonso García, Duruflé y Stravinsky. Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

Cuarto día de mi festival con sesión matinal, coral «a capella» y un programa variado donde se volvía a homenajear a Juan-Alfonso García que sigue siendo  y sonando actual, con obras interesantes que Helena Martínez Díaz en las notas al programa titula «Diálogo entre música y palabra» (que iré intercalando a lo largo de esta entrada) donde no faltó un estreno del compositor y organista catedralicio. De este tributo musical, la web del festival dice:

«Homenaje a Juan-Alfonso García
Este homenaje del conjunto coral Numen Ensemble se articula en dos partes bien relacionadas entre sí: la primera reúne piezas sobre dos de las oraciones más populares del orbe cristiano, el Ave María y el Padre Nuestro, desde Victoria a Rajmáninov, Falla, Stravinsky y Duruflé. Sobre un motivo del Ave María de Victoria escribieron además Falla su Invocatio ad individuam trinitatem, que abre el recital, y Juan-Alfonso García su Letrilla al Niño Jesús. Con esta pieza arranca la segunda sección del concierto que incluye obras del homenajeado, el compositor nacido en Extremadura pero avecindado en Granada desde los once años de edad. Se podrá escuchar El corazón de la materia, sobre un texto de Teilhard de Chardin, que es estreno absoluto, y otras piezas sobre poemas de los poetas granadinos Elena Martín Vivaldi, Federico García Lorca y Antonio Carvajal».

Numen Ensemble (creado en febrero de 2011) es un coro de cámara con larga trayectoria y distintos repertorios, que se presentaba con 16 voces dirigidas por el también compositor Héctor Eliel Márquez, y aunque en el programa de mano aparecían cuatro por cuerda, se presentaron con 10 voces blancas y 6 graves, lo que en cierto modo descompensó el balance y color, aunque en general sonó empastado, afinado y moviéndose muy bien en el repertorio de García, de quien Helena Martínez relata que fue una «figura clave en la música española de la segunda mitad del siglo XX, en conmemoración de los diez años de su fallecimiento. Organista titular de la Catedral de Granada durante más de cincuenta años, perteneció a esa «inmensa minoría» –como él mismo se definía– que pudo dedicarse a la profesión que había sentido y escogido: la música y el sacerdocio. Su formación estuvo guiada por Valentín Ruiz-Aznar, maestro de Capilla de la Catedral de Granada, quien le transmitió un ideal musical arraigado en la tradición polifónica religiosa española de Tomás Luis de Victoria y el contrapunto de Johann Sebastian Bach. Nacido en Extremadura, pero avecindado en Granada, Juan-Alfonso García estuvo profundamente ligado a la ciudad y su ambiente intelectual y artístico, en estrecha relación con músicos y escritores, desde donde configuró su estilo compositivo más vanguardista».

En Granada y con un programa que unía música y poesía así como las dos oraciones universales del Ave María y el Padre Nuestro, nadie mejor que Falla para comenzar el concierto con la Invocatio ad Individuam Trinitatem (1935) e ir calentando las voces, y continuar con el conocido Ave Maria atribuido al Padre Victoria, renacimiento inspirador matizado e interpretado diferenciando dinámicamente y en «tactus» la segunda parte del Sancta Maria, Mater Dei donde las cuerdas agudas sobresalieron más de lo esperado pero siempre atentas al maestro granadino Márquez (13 abril de 1979).

Del Ave Maria renacentista pasamos a la tradición ortodoxa con Rachmaninov y su Bogoroditse Devo de 1915 (contenido en sus Vísperas, op. 37), esfuerzo de los bajos por sustentar esta catedral coral, con la que llegaríamos al de Juan-Alfonso García de quien Helena Martínez cita: «En 1939 Falla dejó constancia de la autoría «compartida» de esta pieza en el borrador de una carta dirigida a María de Cardona, dado a conocer por Juan-Alfonso García en 1976: «La invocación propiamente tal es mía, mientras el Amén es de Victoria». (…) Continuamos esta tradición musical con un Ave Maria (1975) del mismo Juan-Alfonso, escrito para cuarteto solista y coro a cuatro y seis voces mixtas». Interesante optar en colocar al cuarteto solista al fondo y el coro a seis voces mixtas sobre el estrado, muy efectista en esta obra que mantiene el sabor contemporáneo tan del gusto de los actuales coros jóvenes que apuestan por repertorios agradecidos como este del clérigo pacense que se haría granadino.

Si ayer en la mañana sonaba Duruflé en el órgano del Santuario del Perpetuo Socorro, en esta dominical sonaba el Notre Père, op. 14  (1977) bien ubicado en el progama y donde el Numen Ensemble volvió a mostrarse incómodo en las notas agudas de emisión abierta que hacían perder un empaste demostrado en la oración anterior, dos oraciones que vertebraban este concierto donde sonarían ambas con el Stravinsky ortodoxo pero en latín: Pater Noster (1926) y después Ave Maria (1934), dos de las primeras obras religiosas del ruso, con el coro reubicado y logrando homogeneidad de color más una afinación digna de destacar, así como la buena emisión en los melismas.

Y personalmente llegaría la mejor parte con las obras de Juan-Alfonso García que Helena Martínez Díaz desgrana y analiza en sus notas:

«La Letrilla al Niño Jesús (1979), basada en un poema de San Juan de la Cruz, retoma el motivo del Amen de Victoria y da paso a la segunda parte del programa, centrada íntegramente en la obra de Juan-Alfonso García, en la que se entrelaza espiritualidad, poesía y la ciudad de Granada, elementos esenciales en su producción musical. A continuación, se presenta El corazón de la materia (2002), sobre un texto del sacerdote y filósofo Pierre Teilhard de Chardin, que es estreno absoluto. La poesía intimista de Elena Martín Vivaldi se traduce en Amarillos (1978), una trilogía que explora atmósferas cambiantes y disonancias que ilustran a modo de madrigalismo los versos de la poeta. Le siguen los Seis caprichos (1986) sobre textos de Federico García Lorca, donde descubrimos a un Juan-Alfonso más vanguardista y rítmico, especialmente en piezas como Guitarra, Crótalo y Pita, hasta llegar a Cruz, que recuerda un coral bachiano. El concierto culmina con Cada vez que una mano se me ofrece (1979), sobre un poema de Antonio Carvajal, cierre de un homenaje que es también un diálogo profundo entre música y palabra».

Buenas solistas la soprano y contralto (mezzo), vocalización de unos textos que figuran en la web y que se debían haber añadido en el programa para comprobar qué bien entendió Juan-Alfonso la lírica coral, feliz unión de textos que su música engrandece. Digno destacar el estreno de El corazón de la materia ¡23 años después de su composición!, aplaudir a Héctor Eliel Márquez el haberla traído a la Granada amada por el extremeño, y donde Numen Ensemble al fin mostró  toda su calidad. Los Amarillos fueron interpretados con los mismos  calificativos de «plenitud», «encendida» (que bisarían al final bajados de la tarima) y «serena», pero sobremanera los Seis caprichos (1986) a 4-8 voces mixtas que son muy actuales, variados, encontrando técnicas que utilizan los «nuevos» compositores tan programados por las agrupaciones jóvenes (de las amateur no comento su estado vocal ni la media de edad), con un Crótalo y una Pita rítmicos,  jugosos, bien encajados, antes de ese coral final que es Cruz, homenaje a «dios Bach» por parte del Padre García.

Y Cada vez que una mano se me ofrece (1979) citar parte del texto del granadino Antonio Carvajal (Albolote, 1943) que Juan-Alfonso eleva a lírica con su música coral:

Cada vez que una mano se me ofrece / tiemblo de sombras, a su luz me entrego, / y su luz una espiga en mi alma acrece, / casi de ausencia perseguido y ciego, / abro mi mano y tiendo hacia esa mano / leve la espina. Luego, qué sosiego. / Alas la espiga tiene en cada grano.

PROGRAMA

Manuel de Falla (1876-1946):
Invocatio ad individuam trinitatem (1935)

Jacobus Gallus / Valentinus Judex (atrib. T. L. de Victoria):
Ave Maria

Serguéi Rajmáninov (1873-1943):
Bogoroditse Devo (de Vsenoshchnoe bdenie, op. 37. 1915)

Juan-Alfonso García (1935-2015):
Ave Maria (1975)

Maurice Duruflé (1902-1986):
Notre Père, op. 14 (1977)

Igor Stravinsky (1882-1971):
Pater Noster (1926)
Ave Maria (1934)

Juan-Alfonso García:
Letrilla al Niño Jesús (1979)
El corazón de la materia (2002) *
Serena de Amarillos (1978)
Seis caprichos (1986)
Cada vez que una mano se me ofrece (1979)

* Estreno absoluto

Despidiendo esta otoñal primavera musical

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Jueves 22 de mayo, 19:30 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara, XII Primavera Barroca: CNDM y FMC del Ayuntamiento de Oviedo. #Palestrina.500, Vox LuminisLionel Meunier (bajo y dirección). Obras de Lasso y Palestrina.

La aclamada agrupación vocal Vox Luminis, bajo la dirección de Lionel Meunier, en esta gira que prosigue en Madrid y Estocolmo, llegaba para clausurar el ciclo Primavera Barroca de Oviedo (en colaboración con el CNDM «Circuitos OVIEDO») en el marco del ciclo #Palestrina.500, que sigue celebrando el quinto centenario del nacimiento del gran compositor italiano Giovanni Pierluigi da Palestrina, uno de los máximos exponentes del repertorio polifónico del Renacimiento.

En este concierto se abordaron las lamentaciones Hieremiae prophetae lamentations de Orlando di Lasso y la famosa Missa Papae Marcelli de Palestrina, probablemente su obra más conocida y una de las grandes obras polifónicas de todos los tiempos.

Dejo a continuación parte de las notas de Luis Gago, citando a Orlando de Lassus y el paralelismo con Palestrina:

«(…) cuando ocupó el puesto de maestro di cappella de la basílica de San Giovanni in Laterano en 1555, su antecesor había sido un jovencísimo Orlando de Lassus, que decidió dejar Roma para cuidar de sus padres enfermos (…)

Al duque de Baviera le interesaba tanto la música litúrgica que mantuvo durante casi un año (…) una correspondencia sobre su fisonomía con tres cardenales residentes en Roma, Otto Truchsess von Waldburg, Carlo Borromeo y el citado Vitellozzo Vitelli, que le enviaron a Múnich dos misas de Palestrina, la Missa Papae Marcelli y la Missa Benedicta es. Curiosamente, Lassus pondría música a los textos de las Lamentaciones de Jeremías (tres para cada uno de los días que integran el Triduum Sacrum, interpretadas en el servicio de maitines) hacia el final de su vida, en 1585, el mismo año de las compuestas por Tomás Luis de Victoria y tres años antes que las de Palestrina. Y el destino quiso que el alemán y el italiano murieran ambos en el mismo año, 1594. Esta música de un extraño fervor expresivo, concentrada, intensa y dolorida, refleja el talento superlativo de un compositor que Felipe Pedrell, en un texto que escribió sobre Palestrina en abril de 1908, situó junto con Victoria como «los rivales más significados entre sus contemporáneos».

Por lo tanto el programa de Vox Luminis unía a estos dos grandes polifonistas, comenzando con las Lamentaciones de Lasso y terminando con la más famosa de las misas de Palestrina, aún celebrando el quinto centenario de su nacimiento y compartiendo ambos, por esas curiosas coincidencias, año de fallecimiento.

Con catorce voces (detalladas en el excelente programa de mano y sobre estas líneas), la agrupación fundada por Meunier demostró «a capella» el dominio de ambas obras, con afinación impecable aunque personalmente faltó más uniformidad de color en el cantus, pues las dos mujeres junto al contratenor poseían un timbre que sobresalía por momentos del resto del coro, más compacto en el resto de cuerdas, así como un «tactus» marcado por el francés (también cantando de bassus) no siempre al servicio del latín con dicción italiana junto a un juego de matices que tuvo igualmente «desajustes» porque la emisión se hacía más abierta en los forti mientras en los piani se mantuvo la homogeneidad polifónica y el empaste, con una cuerda de graves siempre sustento y cimiento ideal sobre el que construir esos templos góticos de Lasso y Palestrina, incluso cambiando las posiciones para uno y otro dada la combinación de las obras (a cinco voces en las Lamentaciones y a seis en la Misa), además de una colocación circular para aprovechar la acústica ideal de la sala de cámara del auditorio capitalino.

De Lasso las Hieremiae Prophetae Lamentations tomaron las del viernes (Secundi Diei) y sábado santo (Tertii Diei) con una pausa entre ambas de un largo silencio monacal, dramático tras las últimas palabras: Jerusalem, Jerusalem / Convertere ad Dominum Deum tuum (regresa a Dios, tu Señor), los finales homofónicos labiales bien marcados creando ese ambiente de reflexión tras casi una hora donde disfrutar del gótico vocal que es esta polifonía renacentista antes de «compartirla» con la Missa Papae Marcelli  que ocuparía la segunda parte.

Luis Gago titula sus notas al programa «La misa de un papa dedicada a un rey» de donde paso a destacar y resumir los distintos párrafos con referencias al último cónclave papal analizando las obras de Palestrina y sus dedicatorias a los papas Julio III, Paulo III que le nombraría director de la Cappella Giulia y al poco de la publicar las misas lo admitiría en su capilla. Episodios dignos de novela puesto que dos meses más tarde fallecería el pontífice que tras otro cónclave eligió sucesor: el cardenal Marcello Corvini, Marcelo II destinatario de esta misa para otro breve papado, ya que moriría a los veintitrés días de ascender al cielo la esperada fumata bianca. Evidentemente hubo otro cónclave (casi tan breve como el reciente para la elección de León XIV) que duró nueve días, siendo elegido Gian Pietro Carafa, decano del colegio cardenalicio, tomando el nombre de Paulo IV, otro papado que ¿sorprendentemente? sería muy breve (poco más de cuatro años), aunque nada propicio a los intereses de Palestrina, pues sería expulsado de la capilla papal en septiembre de 1555 junto con otros dos cantores (por estar casado y tener dos hijos, algo que contravenía las nuevas normas de celibato). La historia aparentemente novelesca parece plenamente actual por lo bien narrada a cargo del profesor Gago, quien prosigue comentando cómo Palestrina se iría de maestro de capilla primero a la basílica de San Juan de Letrán y después, en 1561, a Santa Maria Maggiore (donde reposan ahora los restos del papa Francisco). Y es que Palestrina todavía seguiría en activo en el Collegio Romano y, para cerrar el círculo, en 1571 recuperó su antiguo puesto en la Cappella Giulia aunque seguiría componiendo no solo misas sino motetes y madrigales.

En 1570 se publicaría el Missarum liber secundus, colección de siete misas que se cerraba con esta del Papa Marcelo pero dedicada a Felipe II (ya sabemos lo de «más papista que el Papa») y de aquí el título de las notas de Gago. La Missa Papae Marcelli sigue siendo desde entonces el modelo a seguir para esta forma religiosa impulsada tras el Concilio de Trento, conocida como Contrarreforma para intentar frenar el ascenso de la Reforma luterana con la posterior gran escisión, también musical, que tantas consecuencias tendría para el devenir entre católicos y protestantes.

Pero mientras Lutero se apoyaría en los sencillos corales (de melodías fáciles y textos en la lengua vernácula), Palestrina rompería esa línea partiendo de una polifonía católica y en latín, llena de complicados elementos contrapuntísticos donde las superposiciones textuales hacían difícil la inteligibilidad, además de impedir la participación del pueblo, por lo que pasaría a componer una polifonía más «transparente» y de textos más comprensibles, un empeño alentado por el Papa Marcelo II. Desde entonces, la Missa Papae Marcelli (escrita dos años antes de su publicación) conlleva esa leyenda de «nueva polifonía católica» buscando el equilibrio entre homofonía y polifonía, lo que el padre Samuel Rubio llamaría «la polifonía clásica».

Más equilibrado sonó Palestrina que Lasso, no ya por la citada claridad textual sino también por la colocación de las voces, un «tactus» más variado y con la acústica pétrea de los antiguos depósitos de agua ovetenses, sin la reverberación catedralicia y un empaste distinto al de otras formaciones, básicamente inglesas pero también asturianas, igualmente válido. El público guardó un respeto aún mayor que si de la liturgia se tratase, y Vox Luminis resultaron «luminosos» especialmente en el Sanctus, con el «Dios de los ejércitos» resonando con alegría antes de rogar la piedad en el Agnus Dei que nos dio la paz.

Final de esta duodécima Primavera Barroca plenamente asentada en la vida musical asturiana, con gran éxito de un público fiel a la mal llamada música antigua, cada vez más moderna, que mantiene a Oviedo como «La Viena Española» que llevo años reivindicando por su amplia oferta, aspirando a convertirse en Capital Europea de la Cultura para 2031. Ya queda poco para cerrar esta temporada y lo iré contando desde aquí.

PROGRAMA:

Orlando di LASSO (1532-1594):
De Hieremiae Prophetae Lamentations, a cinco, LV 815-823 (1585)

Viernes Santo / Secundi Diei

Lamentatio prima – Lamentatio secunda – Lamentatio tertia

Sábado Santo / Tertii Diei

Lamentatio prima – Lamentatio secunda – Lamentatio tertia

Giovanni Pierluigi da PALESTRINA (1525-1594):

Missa Papae Marcelli, a seis (1562)

Kyrie – Gloria – Credo – Sanctus – Agnus Dei

Oviedo sucumbe a Jephtha

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Domingo 4 de mayo de 2025, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: «Jephtha», HWV 70, oratorio en tres actos. Música de Georg Friedrich Händel (1685-1759). Libreto de Thomas Morell, basado en el Libro de los Jueces y en Jephthas, sive votum (1554) de George Buchanan. Estrenado en el Covent Garden de Londres el 26 de febrero de 1752.

(Crítica para OperaWorld del lunes 5, con fotos de Pablo Piquero, propias, más el añadido de los siempre enriquecedores links, con la tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar)

El último oratorio del ya británico George Frederick Haendel será, como Jephtha, la lucha contra su destino, el drama interior y la desesperación tras un estado de salud que le afectaba a la vista de su ojo izquierdo y le llevó casi un año finalizarlo a la edad de 66 años, casi completamente ciego, cuando lo habitual en sus composiciones eran tres o cuatro semanas. Se estrenaría el 26 de febrero de 1752 en el Covent Garden Theatre de Londres bajo la dirección del propio compositor, y se aleja de sus anteriores oratorios más espontáneos, para componer «una de las obras más profundas e introspectivas de toda su carrera, que llegó a desconcertar incluso a su fiel seguidora y amiga, Mrs Delany: ‘Es un bonito oratorio, pero muy diferente de todos los demás’» como bien refleja Lorena Jiménez en las notas al programa.

Ciertamente «Jephtha» (1751) es como el testamento vital de Händel sobreviviendo a su contemporáneo Bach (que parece “iluminarle» en algunos de los corales de inspiración luterana), y considerada como su última gran obra no es habitual que se interprete, grabe, ni tan siquiera tentar a alguno de los “factotum escénicos” como ya se ha hecho con otros oratorios (caso de «Theodora»), puede que por la enorme exigencia vocal difícil de encontrar en nuestros días, pero Francesco Corti con su formación il Pomo d’Oro al completo (orquesta y coro) logró encontrar un reparto equilibrado e idóneo para preparar esta gira que ha vuelto a colocar a la capital asturiana en el mapa de los grandes eventos musicales, parada este domingo tras Madrid el pasado jueves y Dortmund el viernes, antes de cruzar el estrecho hacia el Barbican londinense el próximo miércoles día 7 camino de Budapest el 9 y Katowice el domingo 11 de mayo.

Con un lleno que trajo público de toda la geografía nacional al auditorio ovetense, todos sucumbimos a este esperado Jepthha más allá de la nueva visita a Oviedo de Joyce DiDonato y la formación de Corti, y es que il Pomo d’Oro son de lo mejor en la actualidad para afrontar obras poco transitadas, con un orgánico comandado por un fenomenal Stefano Rossi muy equilibrado: cuerda (5-5-3-3-2), clave, órgano, flauta, dos oboes, fagot, dúo de trompetas naturales doblando las trompas, y muchísima calidad en cada atril, con el propio Corti dando la entrada a muchos de los recitativos desde su clave. Orquesta de sonido claro, aterciopelado, rico en dinámicas siempre bien marcadas por el maestro italiano, de contrapuntos bien dibujados y la tímbrica perfecta para este drama bíblico novelado y musicado por el gran Jorge Federico Haendel.

Y no digamos el coro, que representa al pueblo de Israel, otro personaje del oratorio, con las voces graves en el centro y las blancas flanqueándolas, cuatro voces por parte (más Anna Piroli en las sopranos, que se reincorporaría tras la pausa tras cantar su breve papel de Angel del último acto), coro con voces solistas reconocidas (el director Maletto, Rossana Bertini o el barítono Marco Scavazza), y poderosamente timbrado, de empaste y afinación perfecta, capaz de empujar el drama o hacernos meditar y hasta vibrar cerrando cada uno de los tres actos, con los solistas sumándose en el Ye house of Gilead que final nos levantó de los asientos cual Aleluya mesiánico. Interesante el coro de seis mujeres Welcome thou que se colocaría en el centro para el número 38, y destacable la ubicación en las tarimas proporcionando esa redondez con la orquesta única.

Gracias a estos mimbres, el reparto vocal se caracterizó por una entrega que fue más allá de la propia dramatización, casi escenificación, enfrentados en ubicación Storgè e Iphis a la izquierda con sus mejores galas, y Zebul, Jephtha más Hamor con sotanas o guardapolvos negros (con la mencionada Angel de elegante traje, en el coro). La escritura de Händel es una sucesión de recitativos, arias, dúos puntuales y el bellísimo quinteto All that is in Hamor mine (con Iphis, Hamor, Storgè, Jephtha y Zebul). Tras la obertura inicial sería el barítono americano Cody Quattlebaum, quien ya presagiaba It mus be so («Así debe ser») lo que vendría a continuación. De voz poderosa y amplia tesitura (hoy se la llama de bajo-barítono), su imagen que me recordó al autorretrato de Alberto Durero en la pinacoteca de Munich, y excelente en cada intervención, dramatizada, hasta dialogando con la mirada en cada personaje citado, un buen jefe militar (incluso con las botas adecuadas).

El tenor estadounidense Michael Spyres fue el Jephtha juez de Israel y jefe del ejército rotundo, con un fiato increíble que le permite cantar todos los ornamentos sin perder la unidad del fraseo, una gama dinámica que mantiene el color uniforme gracias a unos graves que le tildan de «baritenor», controlando cada pasaje sin trampas ni apoyos innecesarios, con esa engañosa facilidad que le da su voz privilegiada. Transitó del Horror! Horror! al dolor con el desgarrador recitativo Deeper and Deeper still del segundo acto o el agradecido recitativo A father, off’ring up his only child o su última aria For ever blessed be thy holy name.

La mezzo de Kansas Joyce DiDonato encarnó a Storgè, la sufrida esposa de Jephtha que a pesar de los años mantiene ese aura que logra en cada personaje, dramatización absoluta con arias tan bellas como la primera In gentle murmurs will I mourn y la maravillosa Scenes of horror, scenes of woe del primer acto, emocionante visual y vocalmente. En el cuarteto O separe your daugther con Hamor, Jephtha y Zebul se optó por el empaste de colores y sigue siendo una estrella madura y comprometida en cada actuación.

Es difícil encontrar voces de contralto verdaderas, y Jasmin White, natural de Oregón, es una mezzo “reconvertida” por su voz profunda y cálida, encarnando a Hamor, el guerrero y prometido de Iphis que esta vez no recayó en un contratenor, más creíble visualmente pero que por vocalidad ganamos tanto en color como en volumen, unido a una interpretación de alto voltaje que transitó, como el resto de roles, por distintos estados de ánimo tan bien escritos por Händel en este «Jephtha», muy estadounidense hasta aquí.

Dos serían las excepciones por procedencia: primero la soprano francesa Mélissa Petit como Iphis, algo menor de volumen que sus compañeros pero de timbre bellísimo y agilidades limpias, de unísonos con la cuerda perfectos hasta en el fraseo y las respiraciones, con voz bien proyectada y un hermoso dúo del primer acto con Hamor (These labours past), así como en el cuarteto y quinteto final muy homogéneos. Y finalmente la italiana Anna Piroli que “tuvo ángel” y se merece mayores roles, pues su recitativo y aria Happy, Iphis, shalt thou live fue un dechado de delicadeza, dicción, gusto y técnica al servicio de la música del alemán nacionalizado británico.

Las tres horas largas, con una pausa tras el número 34 de los 71 de que consta «Jephtha» y aplausos al finalizar cada acto, se hicieron cortas -salvo para las posaderas- y el público disfrutó no solo con el elenco vocal, muy vitoreado, sino con la orquesta fundada en 2012 (con Maxim Emelyanychev y Francesco Corti de principal director invitado) que se llevaría una gran ovación, pero especialmente para el coro que dirige Giuseppe Maletto, todo un equipo de grandes talentos que entienden el Barroco a la perfección, y que armaron este último oratorio de Händel desde el respeto a lo escrito y el virtuosismo bien entendido.

FICHA:

Domingo 4 de mayo de 2025, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: «Jephtha», HWV 70, oratorio en tres actos. Música de Georg Friedrich Händel (1685-1759). Libreto de Thomas Morell, basado en el Libro de los Jueces y en Jephthas, sive votum (1554) de George Buchanan. Estrenado en el Covent Garden de Londres el 26 de febrero de 1752.

REPARTO

Michael SpyresJephtha, juez de Israel y jefe del ejército

Joyce DiDonatoStorgè, esposa de Jephtha

Mélissa PetitIphis, hija de Jephtha, prometida a Hamor

Cody QuattlebaumZebul, hermanastro de Jephtha, guerrero

Jasmin WhiteHamor, guerrero, prometido a Iphis

Anna PiroliAngel

il Pomo d’Oro, orquesta y coro

Giuseppe Maletto, maestro de coro

Francesco Corti, dirección musical y clavicémbalo

Ferrum la forja ganadora en Ejea de los Caballeros

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Ferrum, el coro masculino de El León de Oro, ganador del 51 Certamen Coral de Ejea de los Caballeros

El coro masculino Ferrum, parte del Proyecto LDO (El León de Oro), ha sido el ganador del 51º Certamen Coral de Ejea, uno de los encuentros corales más consolidados de España, que tuvo lugar del 25 al 27 de abril de 2025 en el Polideportivo Municipal de Ejea de los Caballeros. El Premio Popular ‘David Tellechea’, elegido por el público, también ha sido para Ferrum.

Este certamen, organizado por el Ayuntamiento de Ejea y bajo la dirección artística de Enrique Azurza, reunió este año a ocho formaciones corales procedentes de diferentes puntos del país, distribuidas en las categorías de coro adulto y juvenil. La competición destaca por su exigencia artística, su reputación nacional y por un jurado compuesto por reconocidos expertos en dirección y composición coral.

Desde su creación en 1970, el Certamen Coral de Ejea ha acogido a más de 500 coros y más de 20500 coralistas, y ha sido reconocido como Actividad de Interés Turístico de Aragón por su impacto cultural, pedagógico y su capacidad para proyectar la imagen de Ejea y de la comunidad.

Una de las señas de identidad del certamen es el encargo de una obra de obligado estreno en cada edición, lo que les hace poseedores de un gran patrimonio y legado de música aragonesa. En esta ocasión, se trataba de Madejas, del compositor José Manuel García Hormigo, reconocido por su aportación a la música coral contemporánea.

Además de esta obra obligatoria, Ferrum interpretó, como piezas libres:

En palabras del propio Certamen, la actuación de Ferrum fue una propuesta que va más allá del canto: un sonido propio, sensibilidad y una marcada vocación formativa. Bajo la dirección de Marco Antonio García de Paz, sus 32 coristas han ofrecido una actuación intensa y emocionante. Ferrum ha venido a Ejea pisando fuerte: no solo canta, también transmite y conmueve”.

Dirigido por Marco Antonio García de Paz, Ferrum es una agrupación de voces graves que renació en 2024, tras el parón de la pandemia, como nueva rama del proyecto LDO, con el objetivo de explorar la riqueza y profundidad de las voces graves y potenciar el desarrollo de jóvenes cantores comprometidos. Aunque de reciente trayectoria, ya cosechó el segundo premio en el Certamen de la Canción Marinera de San Vicente de la Barquera 2024.

Este certamen es una maravillosa ocasión para aprender y mejorar, y es, en definitiva, lo que nos mueve a estar allí, afirma su director, García de Paz. Testarte con las mejores agrupaciones del país, con grupos que trabajan enfocados en una competición, te aporta mucho. Además, lo estamos disfrutando con un programa precioso, y forma parte del desarrollo de un coro que quiere construir compromiso, calidad, atraer voces jóvenes y, por supuesto, lo principal siempre, disfrutar de la música.

Ahora, como coro ganador del primer premio en la categoría de adulto obtendrá el pase al Gran Premio Nacional de Canto Coral 2026, que se celebrará en Cocentaina (Alicante).

Tinieblas luminosas

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Lunes 14 de abril, 20:00 horas. Catedral de San Salvador, Oviedo: El León de Oro, Marco Antonio García de Paz (director). Tomás Luis de Victoria (1548-1611): Officium Hebdomadae Sanctae (selección).

Inmersos en plena Semana Santa asistíamos este lunes en la Sancta Ovetensis a una selección del «Oficio de Tinieblas» compuesto casi como la despedida romana de nuestro universal Tomás Luis de Victoria, uno de los polifonistas más destacados de la historia, considerado el mayor de las tierras hispánicas, que publicaría en Roma dentro de una colección de 37 obras bajo ese título de “Officium Hebdomadae Sanctae” (1585), todas polifónicas para dejar la monodia a los celebrantes, con todos los textos para la liturgia de Semana Santa -desde el Domingo de Ramos al Sábado Santo-.

La Iglesia Católica ha presentado durante siglos el Triduum sacrum –jueves, viernes y sábado santos- como una de sus celebraciones litúrgicas más importantes (junto al Corpus Christi y la Navidad), un interés que se reafirmaría a partir del Concilio de Trento como respuesta a la Reforma protestante -que comenzó en 1545 y finalizó 18 años después- en la llamada Contrarreforma tomando como modelo a Palestrina, para que la música polifónica nunca impidiera perder la legibilidad de los textos latinos. Aún tendrían que pasar dos décadas para que Victoria compusiese y publicase esta obra considerada como uno de los monumentos musicales de la liturgia católica de Semana Santa por su originalidad y brillantez compositiva (junto al madrileño Officium Defunctorum de 1605), una obra grandiosa que encierra y sintetiza lo que siempre caracterizó al abulense: la perfecta amalgama en la absoluta sencillez y el estilo más directo.

La selección del maestro García de Paz con su coro El León de Oro (LDO) incluía para abrir este lunes de tinieblas (como en Gijón el día antes) el motete O Domine Jesu Christe a 6 voces para el Domingo de Ramos (uno de las tres compuestos), antes de comenzar a fondo con las lamentaciones antes de los Responsorios de Tinieblas del Triduo Sacro. Contando con 13 voces blancas y 16 voces graves, fueron emocionando a lo largo de los casi 90 minutos de la mejor música sacra del abulense con una interpretación que ha recogido el fruto del «apóstol Peter Phillips», verdadera autoridad en la dirección de nuestra Polifonía del Siglo de Oro y que prendió en este proyecto asturiano para triunfar incluso en Londres, que hasta entonces parecían ser los auténticos especialistas del renacimiento musical español.

Todo ayudaría a conmovernos, el sol que iría apagándose sobre las vidrieras, las campanas sumándose a una polifonía a capella refulgente por la reverberación catedralicia, el retablo mayor de fondo, una dicción italiana del latín donde cada verso y versículo tomaba protagonismo con la música del Padre Victoria, fiel a las «normas tridentinas» en un rezo donde todo se entiende (y en los programas con los textos y sus traducciones aún mejor). Cada día del triduo comenzaría con una (dos para el viernes) de las nueve Lamentaciones de Jeremías ya de por sí capaces de formar parte de un concierto, más los distintos Responsorios de Tinieblas (seis por día) que suponen casi un evangelio coral en este “verdadero retablo de la pasión de Cristo“ como  los definió el padre Samuel Rubio Calzón, de los que LDO nos interpretaría trece, «modestos» en composición pero cuidadosos en el uso de las voces con la armonía de música y texto.

El lenguaje coral de Victoria es exigente por todo, pues hay solemnidad, intensidad, espiritualidad, reflexión sobre la crucifixión… todo un abanico de emociones que su música transmite y el coro luanquín se convierte en el perfecto vehículo. Impresionante cómo juega con las voces (cuatro, cinco o seis) y sus combinaciones sin perder nunca el color, con una afinación perfecta, una gama de matices adecuados a los textos utilizados y con García de Paz marcando el «tactus» renacentista bien llevado por sus voces, siempre plegadas a una interpretación recia muy trabajada.

Un coro al que he visto crecer con esa mezcla de generaciones que mantiene la unidad interpretativa tan difícil de alcanzar, de sonoridad ideal para este repertorio donde se mueven con la misma entrega y pasión desde la mixtura de experiencia y juventud con unos timbres homogéneos en cada cuerda. La experiencia de escucharlos con Victoria es siempre conmovedora y con este monumento coral aún más.

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