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La Escolanía San Salvador cierra curso

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Viernes 22 de junio, 20:00 horas. Iglesia de los PP. Carmelitas, Oviedo: Concierto Coral «Día europeo de la música», Pueri Cantores y Escolanía San Salvador, directores: Elisa García Gutiérrez y Gaspar Muñiz Álvarez.

Aunque no hacen faltas disculpas para celebrar con música cualquier evento, nada mejor que finalizar el curso con mi querida Escolanía San Salvador, la de Don Alfredo, la de siempre, primero con los Pueri Cantores y después con los escolanos que no cumplen años. Repertorio popular de Asturias al mundo, con armonizaciones y obras de grandes que nos han abandonado pero dejado su legado: Benito Lauret, Ángel Émbil y por supuesto Alfredo de la Roza, siempre formando voces desde el sacrificio. Los pequeños todavía en proceso de crecimiento con unas terceras siempre en el difícil trance de la muda de voz no siempre fácil de encajar en las obras seleccionadas, primeras y segundas bien empastadas y afinadas para ir desgranando A orillas de una fuente, Alsa piripi, Si te dan chocolate, Cuando canta en el árbol o ese «Voga voga, marinero», Stjenka-Rasi que tanto le gustaba a Don Alfredo. Siguieron Zöld erdóben de Kodaly, Widerhall de Erhard Raubuch o el siempre emotivo Amazin grace, con todo el esfuerzo de los Pueri que siempre «llevados de la mano» dirige Elisa, para poner el punto y seguido plátanos en mano del «Oh Lily Banana«, el Day-o de IrvingBurgie, que rompió tensiones y malos tragos para continuar compartiendo, ya con Gaspar al frente las dos obras que abrirían la segunda parte: In stiller Nach (Brahms) y Seguidillas en eco (del «Cancionero de Sablonara«).

Los peques respiraron y llegaba la recta final para los escolanos «de siempre», repertorio clásico y de casa, desgranando Si abrá en este baldrés (del «Cancionero de Palacio«), Ce mois de mai (Clement Janequin), la popular salmantina Ya se murió el burro en armonización de O. Martí, contagioso para ese final de curso, la siempre agradecida polifonía de O. di Lasso y L’ecco, para gozar de La zorra del siempre añorado A. Émbil, ese «jorobado» o «chepu» que decimos en Asturias de la tarantela Gobbo so pare (Jaufrée) pletórica de gozo sin caer en excesos y manteniendo el espíritu, y dos obras tan cercanas y compromtedias coralmente como el Rondó de la jeringosa del candasín Pedro Braña, llevada en el «tempo giusto», o Sal de ahí, chivita en arreglo de Mario Esteban. Aún hubo tiempo para un regalo de película, ese divertimento de The Lion Sleeps Tonight que ponía punto y final a un curso 2011-12 realmente duro para todos donde la música volvió a ser protagonista en su día europeo, aunque para muchos de nosotros TODOS LOS DÍAS SON MÚSICA.

A disfrutar del verano que el otoño llega antes de lo que creemos (y queremos), nuevo curso, nuevas metas, nuevas sensaciones, nuevos retos… siempre desde el trabajo diario y el apoyo familiar para la música coral de esta Escolanía que sigue en pie. Gracias a todos.

Mucho Oro para El León

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Domingo 27 de mayo, 19:00 horas. XVI Festival de Masas Corales «José Mª Díaz Bardales»: Los Peques del León de Oro, Coro Masculino «El León de Oro», Coro Femenino «Aurum», Coro «El León de Oro» (LDO); directores: Elena Rosso Valiña y Marco Antonio García de Paz.

Cinco conciertos en cuatro días pueden parecer muchos para cualquiera aunque mis lectores saben de mi caso ¡no me pierdo uno! (salvo causas mayores). Si a la mañana el órgano era el protagonista, la tarde no podía tener mejor disculpa para este servidor que la música coral, y nada menos que mi coro favorito del que me declaré hace tiempo «leónigan». Pero no solo era el mejor coro de España y Europa sino que «El León» no sólo continúa rugiendo y la cantera está asegurada; preocupados por el espacio que quedaba entre Los Peques y los adultos, presentaban «Aurum», oro en femenino con edades entre 12 y 20 años dirigido por Elena y manteniendo vivo un proyecto que resulta envidiable y espero que contagioso a todos los amantes del mundo coral.

La Iglesia de Nuestra Señora de Fátima estaba rebosante y con un calor que hacía difícil mantener la concentración, pero estos cantantes pueden con todo. «Los Peques del León de Oro» con Elena Rosso siguen siendo una gozada de coro infantil, afinados, disciplinados, trabajadores, con matices tan amplios que sobrecogen, y capaces de afrontar temas realmente difíciles. Nos cantaron Pater noster (Julio Domínguez), Sanctus (Dante Andreo), Zai itxoiten (Javier Busto) incluyendo el lenguaje guestual, Ascendis Deus (Jackson Berkey) para finalizar con esa perla de la música coral desde la óptica juvenil que es Vox Tronica (Tobin Stokes), llevando toda la carga emocional de la electrónica y el baile a un nivel de excelencia que no me extraña asombre a quien la escucha por vez primera, con coreografía incorporada que enriquece todavía más una obra sin texto pero llena de «electricidad vocal». A estas alturas del curso, «Los Peques» lo son de edad pero realmente adultos musicalmente y el orgullo de saber que el futuro ya está aquí.

El Coro Masculino «El León de Oro» que dirige Marco no se quedó atrás al comprobar el nivel de los alevines, afrontando cuatro temas realmente sobrios de hechura aunque personalmente algo más «relajados» que de costumbre, lo que no debe tomárseles en cuenta porque la excelencia es imposible mantenerla siempre y la tensión no es igual que en temporada de competiciones. Salve Nos (Jean Mouton), Miserere (Eva Ugalde), Beati mortui (Mendelssohn) y la dificilísima Incantatio maris aestuosi (Veljo Tormis) fueron desgranándose por las voces graves del LDO, incorporando repertorio de nuestro tiempo con la misma facilidad que el «clásico», destacando la última del estonio y fruto de los concursos donde acuden pues además de triunfar sirven para descubrir (nos) obras corales que son auténticos regalos para melómanos incondicionales y «leónigans» de todo el mundo.

La presentación del Coro Femenino «Aurum» fue un acontecimiento al que pudimos asistir en primera persona. Elena sigue el camino emprendido hace años con «Los Peques» y el nivel alcanzado le permite afrontar unas obras contemporáneas que llevarán próximos concursos internacionales: el motete O quam suavis est (Pierre Villette), la complicada y difícil Virita criosa (Thomas Jennefelt) cantada no ya con gusto sino con delicadeza a la que nunca es ajena su directora, Ave Maris Stella (Eva Ugalde) y Lafa-lafa (Javi Busto), nueva demostración de la calidad de estas chicas que lograron interpretar esta maravilla coral del «doctor», uno de los enamorados del proyecto que en esta obra utiliza recursos como los hoquetus, polirritmias, disonancias endiabladas y unos reguladores extremos que aumentan la dificultad que precisamente resulta el motor y objetivo de la excelencia coral.

Del «Coro LDO» con Marco al frente creo que me faltan adjetivos cada vez que los escucho, su repertorio sigue siendo amplio, variado, muy trabajado y premiado allá donde van, pudiendo hacer el mismo comentario que para las voces graves pero sin perder un ápice su estratosférica calidad en las obras que eligieron, tanto el coro completo como en sus distintas combinaciones y colocaciones, siendo de reseñar las últimas donde podemos encontrar las voces mezcladas que dan nueva sonoridad coral más cercana a la escena que al tradicional, y no debemos olvidar que para aunar tradición y modernidad son los mejores con creces: Nesciens Mater (J. Mouton), Laudibus in sanctis (William Byrd), Media vita (Orlando di Lasso), Warum ist das Licht gegeben (J. Brahms) y las dos «últimas» incorporaciones que volvieron a resonar en La Calzada, Neskatx’ ederra (Xabier Sarasola) que yo casi me atrevo a calificar de música celestial, y el Segalariak (Josu Elberdin) redondo, impactante y alegre. Tras dos horas todavía nos regalaron el Trébole (Julio Domínguez) para algarabía y regocijo de todos, sin faroles pero luz vocal por todas partes.

Como apuntaba nada más salir del concierto, con Marco y Elena la familia crece… ¡gracias pareja!, ¡gracias a todos!, y sobre todo ánimo para continuar con este Proyecto LDO que es una feliz realidad con el esfuerzo de tantas personas que hay detrás de estos Leones con Oro de muchos kilates.

Guillermo Martínez suma y sigue

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Sábado 28 de abril, 20:00 horas. Auditorio Valley de Piedras Blancas. Oviedo Filarmonía y Coro Universitario de Oviedo, Joaquín Valdeón (director). Entrada gratuita.

Obras y solistas: Magnificat (J. Willcocks) para soprano, coro, metales, órgano y percusión, Patricia Rodríguez Rico (soprano), Sergei Bezrodny (órgano). El sueño eterno (Guillermo Martínez) para soprano, bajo, sexteto vocal, coro y orquesta (sobre textos de Edgar Allan Poe): Juan Jurado y Nuria Sánchez (narradores, Maliayo Teatro), Patricia Rodríguez (soprano), Sebastián Covarrubias (barítono), Ángel Álvarez (órgano y armonio).

El compositor asturiano, aunque nacido en Venezuela, Guillermo Martínez Vega (1983) volvía a estrenar en Oviedo el día antes otra obra donde la voz es protagonista contando nuevamente con «su soprano» la ferrolana Patricia Rodríguez Rico y Joaquín Valdeón como destinatario y responsable del resultado global, comenzando la velada con otra obra de nuestro tiempo que resultó un maridaje perfecto para el concierto que llegaba al auditorio de la capital del concejo de Castrillón, pequeño y acogedor, con buena acústica aunque algo «apretados» todos los intérpretes.

El Magnificat (1997) de Jonathan Willcocks para soprano, coro mixto, órgano, metales y percusión es una nueva incursión del compositor británico nacido en 1953 en la música vocal que tanto domina, cinco partes que mezclan latín e inglés del siglo XV inspirado en oraciones a María, con ciertos paralelismos con la obra siguiente: músico formado en escolanía, utilización de textos eclesiásticos y profanos en distinto idioma, y sobre todo volcados en la voz solista y coro con unas instrumentaciones de nuestro tiempo que no pierden nunca la referencia tonal. Las notas o comentarios al programa son de Daniel Moro Vallina dejándolas enlazadas desde aquí.

De los instrumentos utilizados en el Magnificat la formación de metales de la OvFi contó con cuatro trompetas, tres trombones (uno bajo) más una tuba, lo que da idea del potencial sonoro, sumándoles dos timbalistas con distintas percusiones y un órgano que quedó algo oscurecido por momentos ante el derroche instrumental, siempre excesivamente presente para compartir protagonismo con un coro reforzado -aunque todavía corto en efectivos- para contrapesar toda la masa sonora, falto igualmente de una afinación más precisa así como de la deseada homogeneidad y empaste por otra parte esperables cuando se «arman» voces para la ocasión al no contar con plantilla suficiente para abordar estas obras. Con (que no frente a) todo, la soprano gallega nunca quedó tapada y en sus intervenciones volvió a brillar su voz, amplias dinámicas desde la calidez a la fuerza en Et misericordia o There is no rose, así como el «tutti» final del Gloria. La dirección de Valdeón siempre atenta y precisa aunque prendada del poderío de esta obra donde podría haber equilibrado un poco más las texturas y dinámicas.

Para El sueño eterno además de los anteriores efectivos el compositor aumentó hasta niveles desconocidos en su ya amplia producción la plantilla: la Oviedo Filarmonía creo que completa con cuerda, arpa, maderas, metales y una percusión más que abundante destacando siete timbales, campanas y un gran despliegue de placas, parches, látigo, carraca, triángulos, platillos, gongs… apareciendo también el órgano, sustituido en el centro de la composición por un armonio situado detrás de mi fila 13 que enriqueció el ya por sí caleidoscópico colorido instrumental, con el tenor del sexteto vocal, quinteto al frente en distintos momentos (se ve en algunas de mis fotos), el coro, como apunté anteriormente algo corto para las necesidades de la obra, y los solistas que tuvieron que lidiar con este tonelaje tímbrico, nuevamente la otra protagonista del concierto Patricia Rodríguez y el barítono chileno afincado en Barcelona Sebastián Covarrubias, que sustituyó al bajo inicialmente previsto (Miguel Ángel Arias Caballero) sin hacerme olvidar el color vocal tan distinto. Todavía queda añadir a los dos actores que interpretaron al inicio los textos en español de Allan Poe en los que se inspira, «La durmiente» o «El sueño eterno», ya onírico desde el planteamiento inicial (sin escuchar ninguna nota).

Las cinco partes de esta cantata son un nuevo ideario de sonoridades y armonías a cargo de un Guillermo Martínez que me asombra con cada obra, si bien ésta tenga altibajos en cuanto a mantener tensiones o expectativas que parecen llevar una senda y toman otra. Puede ser cierto «abuso» por momentos, en mi humilde opinión, de cierta reiteración en un leit motiv no del todo «redondo» aunque rítmicamente resulte. Su experiencia coralista (Escolanía de Covadonga, El León de Oro) y organista es clara en todas sus obras por el mimo con el que compone para ellos, en esta cantata tanto el Inicipit coral como las arias de bajo -esta vez barítono- y soprano, Hechizo y Nocturnos respectivamente, algo corta la interpretación del primero y sobrada la segunda, teniendo nuevamente a su favor poder mantener tensión y volumen para todo lo que las envuelve. Pese a ello destacar la musicalidad demostrada por ambos solistas, aunque componer pensando en una voz concreta creo que se nota.

Las partes instrumentales buscan más que melodías, que las hay y hermosas, texturas y combinaciones realmente asombrosas, destacando el juego entre arpa, cello y corno inglés seguido del ya mencionado armonio con el tenor del sexteto, y creador de solos plenamente líricos para el violín de concertino Andrei Mijlin o la exquisitez del cello a cargo del premiado Gabriel Ureña, sobremanera en el interludio orquestal central cuyo título es el de la propia cantata.

No analizaré la obra, que lo hace muy bien Daniel Moro, pero quiero reflejar que supone un paso adelante corroborando un lenguaje propio donde ese «tutti» final de Lux despliega sueños y realidades, recursos bien utilizados como ese acorde final del órgano que parece cerrar un ciclo abierto por Richard Strauss en su Zaratustra, conjugando herencias siempre claras que Guillermo Martínez nunca esconde pero trasciende, cinematografías siempre presentes porque su música (re) crea imágenes.

Enorme trabajo de todos los participantes, orquesta entregada, coro muy implicado en una obra complicada de concertar, solistas seguros y la dirección de un Joaquín Valdeón capaz de ensamblar todo el complejo sonoro de esta nueva obra, actual y espero que atemporal, auténtico valedor de la música de Guillermo Martínez. La cosecha del 83 sigue regalando unos frutos que darán mucho que contar.

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Siempre tengo a Bach

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Miércoles 18 de abril, 19:45 horas. Iglesia de San Pedro, Gijón. J. S. Bach: Corales de Pasión y Pascua, Orgelbüchlein (Parte III). Escolanía de Covadonga (director: Jorge Laria), Grupo Coral «Melisma» (director: Fernando Menéndez Viejo), Adolfo Gutiérrez Viejo (órgano).

Mi querido Fernando M. Viejo comparte conmigo muchas cosas, sus proyectos nunca olvidan la parte pedagógica porque la jubilación en el trabajo no significa de la vida y mucho menos de la música, y evidentemente Bach reúne todo y más. Muchos años de docencia en el instituto y aún más en este mundo musical donde siempre es una referencia para los que venimos detrás así como todo un placer compartir amistad y recibir sus sabios consejos e inmerecidos halagos.

La colaboración de «Melisma» con el organista leonés, afincado en Asturias, Adolfo Gutiérrez Viejo viene de lejos, y recuerdo el primer acercamiento en mayo de 2010 más un Bach navideño del mismo año en esta misma Iglesia donde se sienten realmente como en casa, apuntando nuevas colaboraciones en este mismo terreno.

Los Corales de Pasión y Pascua abrían la posibilidad de contactar con otros coros asturianos para lograr las cuatro voces mixtas necesarias, repitiendo las versiones organísticas que van más allá de la propia reflexión del gran Bach sobre los corales luteranos (qué grande es el «Pequeño libro de órgano») que ya intentaron solamente con voces graves. El guante lo recogió precisamente la Escolanía del Santuario de Covadonga, que es una casa más con las puertas abiertas para Fernando, y pese a calendarios y otras obligaciones de todos los participantes impidiesen ensayos conjuntos, reunir las voces blancas de los escolanos con las voces graves gijonesas resultó un triunfo -con distintas calidades que esta vez no voy a analizar- porque el esfuerzo ya merece todos mis elogios.

Alternando en la dirección el propio Fernando M. Viejo y Jorge Laria, los coristas fueron desgranando los seis corales de Pasión y cinco de Pascua perfectamente traducidos en el programa de mano, así como el complemento del órgano que además abrió con la Fuga en Do m. BWV 562 y cerró con ese complejo Preludio y Fuga en SOL M. BWV 541, pues Adolfo Gutiérrez Viejo es para muchos asturianos y leoneses el organista de Bach, otro maestro del instrumento con alumnos aventajados en nuestra tierra. El próximo sábado a partir de las 16:30 horas repetirán el concierto en Covadonga.

Dejo abajo el programa (con los links a los corales organísticos en la traducción al español con el número de catálogo BWV), y mi más sincera enhorabuena por conseguir conjugar en primera persona del plural el verbo «educar», a cantantes y público precisamente con uno de los mejores pedagogos musicales.

CORALES DE PASIÓN:

Nº 20 O Lamm Gottes, unschuldig («Oh Cordero de Dios inocente», BWV 618).
Nº 21 Christe du Lamm Gottes («Cristo, Cordero de Dios», BWV 619).
Nº 22 Christus, der uns selig macht («Cristo en medio de los ultrajes», BWV 620).
Nº 23 Da Jesu an der Kreuze stund («Cuando Cristo pendía en la Cruz», BWV 621).
Nº 24 O Mensch, bewein’ dein, Sünde groß («Oh hombre, llora tu gran pecado», BWV 622).
Nº 25 Wir danken dir, Herr Jesu Christ («Te agradecemos, Señor Jesús», BWV 623).

CORALES DE PASCUA:

Nº 26 Hilf ‘ Gott, dass mir’s gelinge («Ayúdame, oh Dios, que yo consiga», BWV 624).
Nº 27 Christ lag in Todesbanden («Cuando Cristo estaba en tinieblas», BWV 625).
Nº 28 Jesus Christus, unser Heiland («Jesucristo, Salvador nuestro», BWV 626).
Nº 30 Erstanden ist der heil’ge Christ, Halleluia («Cristo ha resucitado, Aleluya», BWV 628).
Nº 32 Heut’ triumphiret Gottes Sohn («Hoy triunfa el Hijo de Dios», BWV 630).

P. D.: Crítica de Cuca Alonso en LNE.

Viernes de Dolor musical

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Viernes 30 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo. Concierto extraordinario de Semana Santa. OSPA, Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (maestro de coro: José Esteban García Miranda), Nuria Rial (soprano), Marifé Nogales (mezzo), Albert Casals (tenor), David Menéndez (barítono). Director: Howard Griffiths. Obras de Händel y Mozart.

Puede que el 29-M me haya dejado tocado musicalmente, que el listón esté tan alto o bien la costumbre ancestral de escuchar La Pasión Según San Mateo de mi dios Bach en estas fechas, pero este concierto se me hizo realmente como reza la entrada (o nada más salir comentado en el teléfono): «Demasiadas coronas» y no precisamente danesas.

Con la orquesta recortada por y para el programa que ya hicieron el día de la huelga en Gijón, realmente fue el coro que dirige mi querido Pepu el verdadero protagonista, metiéndose como se dice en Asturias una «xatada» de muy señor mío, con desiguales resultados a pesar del enorme trabajo previo tanto con él como con el maestro Griffiths que tan buen sabor de boca me dejó en su anterior visita al podio de la OSPA (el comentario del 6 de noviembre de 2009 es uno de los censurados y enviados a la papelera que espero recuperar). De ella logró un buen «sonido barroco» incluso en la disposición, con un órgano perfecto en manos de Olga Semouchina, aunque acabe soñando con los timbales de Mr. Prentice, y el trío de trompetas (hoy reforzado por Iván Rodríguez) que estuvo perfecto a pesar de una dirección algo cansina para mi gusto.

Las Antífonas de la coronación («Coronation Anthem»), HWV 258-261 de Händel resultaron demasiado «largas» y más navideñas que cuaresmales, una sucesión de obras con el oficio del ya nacionalizado Haendel para la corte británica que parecen variaciones o ejercicios sinfónico-corales sobre el «Aleluya». Las cuatro antífonas o himnos no están pensados para ejecutarse todos juntos, perdiendo parte del sentido a pesar del orden establecido por el director inglés:

Buen arranque sin espectacularidades con Zadok the Priest, HWV 258, coro seguro en las entradas, voces que «corrían» perfectas en los largos melismas, afinados, fugas perfectas pero nuevamente descompensadas en la cuerda de los graves. Tal vez medio coro (ya no pido The Sixteen) hubiese sido suficiente. Continuó un estupendo Let thy hand be Strengthened, HWV 261, orquesta y coro bien llevados por el maestro Griffiths atento al fraseo, y en tercer lugar The King shall rejoice, HWV 259 que a la vista de los aplausos del respetable quería haber finalizado tras tanto «aleluya» anterior, aunque todavía faltaba el My heart is Inditing HWV 260 que hubiese resultado una perla cultivada de no tener todo el collar.

Menos mal que Mozart siempre alegra el oído aunque la Misa en DO M., K. 317 «Coronación» no sea una de las obras cumbres globalmente aunque a los genios les perdonamos todo. Nuestro coro la tiene hace tiempo en el repertorio, lo que se nota por la seguridad en su ejecución, y el cuarteto vocal estuvo aseado, destacando mi querido David Menéndez más allá de localismos que hace tiempo superamos, y sobre todo los catalanes Nuria Rial que nos brindó la joya del Agnus Dei, y Albert Casals siempre seguro, de color vocal perfectamente adecuado al papel, siendo la «pata coja» una Marifé Nogales que apenas pudimos escucharla al faltar más proyección y registro grave corto de volumen, aunque me conste que en escena mejora. Una pena porque al menos hubiese quedado todo más equilibrado, con la media orquesta sin las violas en un concierto donde el programa no ayudó a disfrutar más. Supongo que la crisis obliga a conciertos como el de este Viernes de dDlor…

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