Sábado 19 de octubre, 21:00 horas. XXX FIOCLE y CNDM, Ensemble Organum, Marcel Pérès (director): Peregrinatio II. París – Limoges – Moissac – Compostela.
Penúltimo concierto del festival con otro lleno histórico para vivir en directo el espectáculo de este quinteto vocal que nos deleitó con el Ars Antiqva de los grandes Perotin y Leonin convirtiendo la Pulcha Leonina en Notre Dame, impecables como sus blancos hábitos, procesionando por todo el templo, de la sacristía a la entrada, crucero y sobre todo en el coro, repasando liturgias de S. Martial de Limoges, el Codex Calixtinus, Moissac, Alberto de Paris e incluso el Aleluya: Ortus conclusus como máximo exponente de nuestros cantos mozárabes de Toledo.
Los inicios de la polifonía tan difíciles de entonar, conductus que la formación francesa mima con el maestro Pérès de auténtico oficiante, esas segundas voces que se abren y cierran (puntum contra punctum) como una sola en empaste sobrehumano, el ritmo que impone el latín, la liturgia del canto hecho filigrana «resonare fibris» del público convertido en peregrino. Los muros y bóvedas catedralicias reverberaron con los tenor y alto, con el bajo impresionante y verdadero sustento en la construcción polifónica, el tactus con mimo, el paso latino, cada palabra bien ubicada y la sutileza de cinco voces emitiendo desde los cuatro puntos cardinales que rompieron malos hábitos y lograron el necesario silencio meditativo cerrado por Congaudeant Catholici.
Me pregunto si todos comulgamos con esta polifonía inicial tan difícil de ejecutar y escuchar en un marco como el leonés, si realmente sabían con lo que se iban a encontrar, pero el milagro vocal del Ensemble Organum alcanzó por momentos la reflexión y deleite interior.
Como «leónigan» convencido no tengo mejor forma de cerrar el curso musical que con mi admirado coro luanquín, a su vez broche de oro de un festival gijonés que he podido seguir en su totalidad, viendo su avance en estos 16 años donde he crecido y viajado muchas veces por ellos, sintiendo cada concierto como algo propio, apreciando los progresos (muchos) y sufriendo por los recesos (pocos), sintiendo ausencias y disfrutando incorporaciones, compartiendo el amor por lo que cantan, las enseñanzas del maestro P. Phillips, la ampliación de repertorios no siempre valorados por el gran público, y sobre todo ese «bien inalcanzable» que siguen anhelando: «el sonido perfecto» al que ganan terreno para darnos cuenta «que el ideal no está sino un poco más lejos».
LDO tras su gira andaluza mi coro de referencia traía a Gijón probablemente el programa«más suntuoso al que se ha enfrentado» (palabras de Marco), esencia coral de la mayor belleza y dificultad que plasmaron en el coliseo «playu» con una entrada de primera tras pasar por taquilla, lo que refleja las pasión y entendimiento coral de la capital costera.
El nombre del espectáculo era un dogma de fé, polifonía alemana del Renacimiento al Barroco teniendo al gran Lasso de sus años en Munich como primera parte, para en la segunda añadir órgano y violone del sajón Schütz, referente además de puente entre épocas, y finalizar con «el dios Bach» y dos motetes, buscando el diálogo con el alma, porque «nadie ha tocado un alma, ni la ha visto, ni escuchado ni paladeado. ¿Cómo cantar al alma? Con el eterno lenguaje abstracto de tres de los mayores creadores de belleza que hayan existido. Con una música que no nos dice nada, que no significa nada, que no tiene traducción, que simplemente es bella. Bella y eterna como bella y eterna es el alma».
El León de Oro sigue teniendo a Orlando di Lasso y su Missa Bell’ Amfitrit’ altera a 8, como obra de cabecera que sigue demostrando un coro capaz de desdoblarse (7 mujeres +10 hombres y 9+9) sin perder nada de calidad, afinación, matices, emisión, técnica impecable y sobre todo esa musicalidad que hace meditar en un Santus «ex-missa» por la suntuosidad desde la interiorización. Media vita con «medio coro» (8+9) es la versión mínima para otra obra interiorizada desde el magisterio de Marco A. García de Paz que lleva la música renacentista minimalista a calidades increíbles, mimando afinaciones, respiraciones, fraseos e intepretaciones de época, introspección cantada. El motete Omnes de Saba recuperaba el coro al completo capaz de mantener volúmenes en los pianos y engrandecer los fortes sin renunciar a nada, manteniendo el «sonido LDO» que les diferencia del resto de formaciones corales cercanas. Primera parte muniquesa de un Lasso al que siempre necesitamos volver a escuchar para seguir rindiendo «pleitesía al sonido y la entrega a un bien superior como es la belleza» que ¡nunca está en crisis!.
La segunda parte trajo la incorporación de órgano y violone como perfecto complemento para los germanos Schütz y Bach, auténtico bajo contínuo de lujo, enriquecedor de un color coral de por sí bello con una pronunciación y vocalización alemana académica donde los instrumentos sacaron el brillo y sustento (espiritual) para las cuatro obras del primero y el subrayado perfecto en las dos del segundo.
Para Schütz nuevo derroche de combinaciones corales: los motetes Die mit Tränen säen, SWV 378 (10+9), el doble coro (13+12) a seis voces del Selig sind die Tote, SWV 391 y también Ich weiß daß mein Erlöser lebet, SWV 457 (7 mujeres +7 hombres) manteniendo uniformidad vocal y volcando emociones, sobre todo en el segundo, antes de afrontar nuevamente a doble coro y 8 voces el Deutsches MagnificatSWV 494, un magníficat alemán «magnífico», muestrario colorista de emotividad y buen hacer, contrastes de todo tipo con el complemento instrumental siempre en su sitio, órgano de registros bien elegidos y un bajo de arcos amplios fraseando con la cuerda masculina.
Para los motetes de Bach mantuvieron el doble coro y bajo continuo instrumental en distinta combinación pero igual resultado: El «controvertido» Ich lasse dich nicht, BWV 159a (7+10 y 9+9) sigue respigando su escucha, auténtico lenguaje terno del alma y las armas del LDO: «entusiasmo y calidad, amor y perseverancia» con unos fraseos y cambios de tempo capaces de traernos Sto. Tomás de Leipzig al teatro gijonés, rematando con Komm, Jesu, Komm, BWV 229 para dos coros mixtos (6+9 y 8+8) del kantor, eterno bálsamo musical para los mundanos placeres auditivos, aún mayor de haber estado en una iglesia con acústica al uso, encanto vocal en cada cuerda y desdoble, contrapunto virtuoso desde el convencimiento interpretativo, éxtasis poético en cada frase y consonante final donde música y palabra se hacen gozo espiritual. Este «león no ruge» sino que hipnotiza con sus cantos, los rugidos van a la entraña del melómano que se retuerce de placer.
Y el siempre eterno Palestrina de propina, Nunc dimitis (a ocho) «a capella» para retomar el Trento hispano, Contrarreforma llevadera porque se hace música, aunque LDO nos hagan pecar sin propósito de enmienda… y con ganas de repetir. Tomaremos las vacaciones como penitencia.
«Oviedo es música» es el nombre del Festival de Verano de la capital más musical de España, estos días con turismo cultural que también deja ingresos en tiempos de crisis, y para empezar con buen pie llegaba el espectáculo de La Fura del Baus, tras cuatro años funcionando por el mundo casi con el mismo elenco, al «templo del Campoamor» con las entradas agotadas para las dos funciones (12 y 13) y conocedores del éxito de esta producción que resulta impactante, trepidante o si se prefiere rompedora en todos los sentidos incluso antes de presenciarla, por la propia obra de Orff, la más conocida y popular, la puesta en escena de La Fura que nunca deja indiferente, y unos intérpretes que dieron la talla, incluso con «altos vuelos», auténticos profesionales capaces de plegarse a exigencias durísimas de trabajo sin perder nunca su musicalidad.
Los que me conocen saben que comenzaré por la parte musical, con una orquesta colocada en el escenario muy atrás, rodeada de telas, quedando su sonido algo opaco, con más presencia sonora de la percusión precisamente por esa disposición. Perfectas todas sus secciones, pianissimi incluso en metales que ayudaron siempre a las voces, vigor en los tutti sin estridencias, una Tanz delicada y rítmicamente preciosista, y el sonido compacto al que nos tienen acostumbrados en estos casi quince años que comienzan a dar sus frutos.
El coro, auténtico sustento de la cantata, a ambos lados y separando voces blancas (izquierda) y graves (derecha), con una dimensión tímbrica distinta, sin ver directamente al director, y pese al número de cantantes, sin la pegada esperada para una obra donde su presencia debería ser mayor. Agradecerles el esfuerzo escénico (bien danzando incluso), dotados de carpetas con «leds» que dieron mucho juego, siempre respetuosos con la partitura, afinación correcta pero emisión algo corta, puede que necesitando más confianza para «soltarse» (sobre todo en el Ecce gratum y el ataque del Reie aunque compensando con los pianos), teniendo además la orquesta detrás, lo que siempre ayuda o como en Floret silva donde las sopranos afrontaron con miedo sus agudos. Tampoco fue muy inteligible Chramer, gip die warve mir o Were diu werlt alle min, aunque la rítmica y presencia que Conti imprimió tapó más carencias. Bien los hombres In taberna quando sumus compartiendo puesta en escena con el barítono que salpicó con el agua-vino la primera fila. Faltaron los niños para Amor volat undique que la cuerda de sopranos no pueden igualar como en Tempus est iocundum. Ya avanzada la obra estuvieron más asentados en Veni, veni, venias. Y el último O Fortuna no resultó lo apoteósico que esperábamos pero sí en la línea aseada de todas las intervenciones, arropados por una orquesta bien llevada por su titular.
Del cuarteto vocal impresionante el barítono alemán Bauer capaz de cambiar no ya de ubicación o vestuario en poco tiempo sino de registros en un papel complicado musicalmente y aún más con su puesta en escena, tan pronto a remojo como saliendo por el patio de butacas. Su color vocal y gama dinámica resultaron de lo más apropiado para el papel que le han diseñado. «El sol todo lo suaviza» (Omnia sol temperat) resultó cálido como los rayos y ya «en la taberna» su Estuans interius literal: «Ardiendo interiormente» por lo apretado del agudo. La salida entre el público como abad en Ego sum abbas permitió paladear su voz y dotes interpretativas coqueteando con el respetable y bien contestado por el coro, al igual que en In taberna quando sumus. Los difíciles cambios de registro para Dies, nox et omina los solventó con técnica al servicio de la melodía, mezcla de lírica y canto popular. Bien con el coro en Circa mea pectoracon los cambios rítmicos bien encajados entre todos y buena gama dinámica, al igual que en Tempus est iocundum.
Otro tanto sobre las condiciones del contratenor Sábata, bien conocido en Asturias y que en posición casi horizontal colgado de las alturas, tuvo que «lidiar» actoral y musicalmente notándosele incluso cómodo, lo que dice mucho de su profesionalidad, afrontando un solvente Olim lacus couleram con el coro y orquesta (también el público), a sus pies…
La crevlillentina Espinosa demostró unas facultades físicas dignas de su entrenamiento como karateka, además del musical, incluso natación sincronizada por el tiempo que pasa sumergida en ese vaso – tinaja de agua – vino. Como en un music-hall la valenciana, pareja en otras representaciones de este Carmina su paisana Amparo Navarro, vuelca toda su capacidad en escena aunque nos quedásemos con ganas de escucharla en otros repertorios.
Y dejo para el final a la soprano asturiana, la todoterrenoBeatriz Díaz en un nuevo rol que volvió a hacer suyo con toda la dificultad añadida de cantar sobre una grúa que sobrevoló el patio de butacas o dando vueltas para desenrollar los cinco metros de tela: potencia en el momento preciso (Dulcissime), fiatos increíbles, registro medio redondo y sobre todo una línea de canto (In trutina) donde la musicalidad que emana en cada intervención (Stetit puella) es un placer para el oyente, sin olvidar una teatralidad increíble para esta «Monster High» al uso. Lo da siempre todo y es de agradecérselo, esperando siga apostando por partituras como la de Orff que resultan todo un descubrimiento en su voz, actualmente en un momento excelso donde puede «con lo que le echen», siendo la auténtica Fura de Boo.
Al maestro Conti habrá que ir preparándole un homenaje por los nuevos aires que ha traído a nuestra tierra con arriesgadas apuestas desde su llegada a la titularidad, destacando personalmente las bandas sonoras en vivo que pienso han venido a complementarse con esta escenografía de La Fura para esta cantata escenificada donde las imágenes proyectadas y el movimiento actoral encajaron a la perfección desde una dirección que no brilló más por lo apuntado de la colocación de orquesta y coros. Mimó cada intervención solista y bisar O fortuna ayudó a rubricar el espectáculo de las etapas de la alegría de vivir en 25 cuadros, armonía con los astros y la luna, suerte, sol, agua, música infinita que diseñaron Padrissa y La Fura.
Retomando palabras del propio Carlus así como del reportaje que Jesús Ruiz Mantilla en «El País» hace cuatro años atrás, la puesta en escena de esta Carmina de ritmo atávico repetido en la historia del ser humano, pasa por varios estados, nos creamos en el agua, pasamos al aire cuando nacemos y finalmente a la tierra, proceso de vivir corto en relación al universo, cambios de intensidades como el pulso del corazón, los goliardos que apuntaban buenos momentos de vivir, lo que queremos todos, y una música que nos hace felices. Casi nada y casi todo en una hora frenética de luces y sombras, movimientos escénicos bien calculados y la música invadiéndolo todo. Fiestas mediterráneas tan de La Fura dels Baus que vienen del origen de la tragedia griega y aún antes, el hombre y sus manifestaciones artísticas que han ido perdurando según las culturas, aunque cambien el nombre, el hombre como ser vivo de lo que se impregnan estos catalanes, artista libre que se deja llevar por la naturaleza, pasionalmente, Fura que en su larga trayectoria se acerca últimamente a la ópera, manifestación «interface» de cómo unir diferentes disciplinas y sumar lo máximo, lo más parecido al «arte global», ¿wagnerianos de nuestro tiempo?, el público como coro distinto, silencio tan provocativo como el grito.
Carmina Burana como obra de arte madura aglutinando y codificando diferentes disciplinas, percusión que marca el pulso vital, nada gratuito ni falso, sin excesos (!), y cuatro imágenes: tierra, mar, aire, agua (como los cuatro elementos de las imágenes en la propia web de Beatriz Díaz, esta vez rojo fuego como el vino de la vendimia) que van mostrándose en un montaje realmente logrado, imágenes sobre ese círculo de tela como «acelerador de partículas» que se mueve, sube y baja o se inclina, donde se proyectan vídeos con «imágenes que cumplen una función de luz para el espectáculo», como aseguraban David Cid y Sagar Fornies (autores de todo el trabajo visual) en el citado reportaje del 4 de agosto de 2009 en plena Quincena. Todo en el «haber» pero en el «debe» parecen olvidarse que hacer música es complicado siempre, y las condiciones en las que hacen trabajar a los intérpretes (orquesta, coro y cantantes) no son siempre las idóneas para cumplir con su cometido. A pesar de todo y pensando también en un público global, todo un espectáculo antes, durante y después.
En el diario regional «El Comercio» Igor Ijurra señalaba que en este montaje sigue el subtítulo de la obra: «canciones laicas para cantantes y coristas para ser cantadas junto a instrumentos e imágenes mágicas». Añadió que este ‘Carmina Burana’ es una obra para iniciarse, para gente joven, y «que huye de la solemnidad de los grandes conciertos». Por su parte el maestro Conti apuntó que esta obra «mueve una ciudad, ya lo hizo en Florencia». El éxito está asegurado y apostando sobre seguro.
Se celebran estos días los 40 años de unos galardones que premian a los habitantes de mi pueblo que no solo lo llevan allá dónde van sino también muchos anónimos y solidarios vecinos o asociaciones que desde estos premios se les reconoce esa labor callada en favor de los demás.
Laudelino Rodríguez García también conocido en medios periodísticos como Tito Rogar, sigue al pie del cañón luchando por mantenerlos contra viento y marea, dando ejemplo en primera persona a estos «Mierenses del año» que a lo largo de esta semana celebra la efemérides desde diversos aspectos culturales, y lógicamente el mundo coral es tan de Mieres o más que los premios. Así dejó constancia también nuestro alcaldeAníbal Vázquez, que acudió al acto disculpándose por el leve retraso que su actividad diaria le obliga, agradeciéndole el detalle poco habitual y digno de la buena educación que lleva años en crísis…
En este reinicio escolar se subió al escenario el Coro de Adultos de la EMM, que no Coro de Mayores como refleja paupérrimamente la prensa (nada raro por otra parte), esa formación que dirige Reyes Duarte, surgida como entretenimiento para los papás y mamás de los integrantes de los coros infantiles y juveniles de la Escuela de Música de Mieres, así como estudiantes del Aula de Adultos, que con el tiempo se han aficionado trayendo otra forma de entender el canto coral desde los repertorios populares que repasaron en esta velada desde el asturiano Chalaneru, alegre como su interpretación, Blanco velero (Mª Carmen Díaz y Juan Hernando), una habanera cuyo ritmo todos llevamos en la sangre que cantantes y directora balancearon cual tripulación marinera, para volver a puerto astur con un original arreglo de la popular Soy de Verdiciu, «canción de chigre» que se hace coral y adulta, para finalizar con la conocidisíma La xana de Pin de Pría, habitual desde los inicios de esta joven formación coral. Aplausos merecidos para una labor de esfuerzo continuado que Reyes seguramente volverá a la carga en el siguiente ensayo para pulir afinaciones, empastes, matices o aire que no empañan la interpretación del coro.
La fiesta coral siguió con el Orfeón de Mieres de Sandúa a quienes hace poco escuché en su Concierto Sacro, quienes eligieron cuatro temas conocidos y con sus dificultades: La golondrina de José Pagán que ha recuperado vuelo en una interpretación sosegada y delicada, Tengo de ponete un ramu de Lauret con quien el propio Joaquín trabajó en sus años de la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo», pudiendo decir que es una de las versiones más fidedignas, el difícil Capricho del Padre Prieto, gijonés, tema habitual en los años 70 con Baldomero Pérez
en la dirección y vuelve a las renovadas voces de nuestra centenaria formación, para finalizar con el complicado Eli Eli (Bardós)
que tanto gustase en el citado concierto anterior aunque hoy no resultó como entonces.
Y no hay mejor cierre en una fiesta que cantar todos juntos Asturias patria querida a pleno pulmón y acabando en el agudo (algún día contaré cómo se ha desvirtuado) con lo que dábamos por inaugurada esta semana de cumpleaños de unos «Mierenses del año» que espero alcance las Bodas de Oro… ¡o de Platino! como las voces de mi Hermosa Villa.
Disfrutar nuevamente de mi coro preferido, dirigido por un Maestro con mayúscula como el británico Peter Phillips con el repertorio que domina como nadie, y además en el Auditorio Nacional, no tiene precio. Compartirlo con amigos «in situ» supone contar de primera mano otra experiencia irrepetible, porque El León de Oro (LDO) sigue asombrando en cada concierto, independientemente del repertorio o la renovación de voces en sus 15 años de historia. La propia presentación del programa de mano merece leerse como ideario de esta formación que todavía seguirá dando a los «leónigans» muchas alegrías: «lo que cuenta es la pleitesía al sonido, la entrega a un bien superior como es la belleza. La belleza nunca está en crisis. La belleza es. Somos sus intérpretes los que podemos estar en crisis personales, económicas o de otra índole, algo que poco puede importar ante la grandeza de un acorde bien construido por Palestrina como el que cierra este programa».
De la búsqueda de esa belleza sonora puedo dar fe en cada una de sus actuaciones en directo, siendo la más «cercana» y parecida por las obras y autores elegidos la vivida en la Catedral de Oviedo con el propio maestro británico: un arduo trabajo, no ya musical que es enorme, sino de búsqueda de financiación, quedando reflejado en un DVD que atesoro y sirve de pequeña muestra al ímpetu de un coro amateur pero profesional en sus resultados. Para su presentación en la capital de España nada menos que en el templo musical, que celebra sus 25 años, el esfuerzo volvió a tener recompensa, contando con la colaboración del Coro de Voces Graves de Madrid, el Excmo. Ayuntamiento de Oviedo, Hoteles El Carmen de Carreño y Dña. Bettina von Scheidemantel, repitiendo Phillips con el LDO y acrecentando la grandeza de unos intérpretes magistralmente llevados por el británico en unas obras donde la música coral es sublime.
Comenzar con Lasso fue el primer reto. La Missa Bell’ Amfitrit’ altera a ocho voces «a capella» supone para cualquier coro trabajar y condensar todo lo necesario para una interpretación acorde a la magnitud de esta obra: emisión clara, pronunciación correcta, afinación perfecta, seguridad en los ataques, dinámicas amplias y sobre todo un perfecto entendimiento con el director, logrando una flexibilidad impecable desde el Kyrie al Agnus con emociones a veces contenidas y otras rebosantes (Gloria), grandeza de Lasso que también alcanza a Media vita para un coro reducido que volvió a deleitar en todos los aspectos.
El remate nuestro insigne Tomás Luis de Victoria y su Regina coeli, otra lección del Maestro Phillips con sus «leones aventajados», puntuación sobresaliente hasta para el público: educado, emocionado, conteniendo respiraciones y dejando flotar cada final el tiempo suficiente para degustar todas las notas, los finales de frases que se miman al detalle, sin prisas por aplaudir y una acústica de la sala que devolvió en todo su esplendor la obra del abulense en las voces celestiales del coro asturiano «llevado de la mano» por un experto.
Tras la pausa del cigarrilo que me sirvió para saludar a otros «leónigans» venidos de distintas partes de la geografía, una segunda parte tal vez menos interiorizada y exigente para todos pero igualmente sabrosa donde no podían faltar estilos y nombres que llevan el latín a su máxima expresión musical, perfecta unión donde el texto alcanza el paraíso sonoro, o «flotar» como el día antes en Gijón.
Laudibus in sanctis (Byrd) que también titulaba el programa, la óptica inglesa del Renacimiento con lenguaje propio e igualmente universal que director y coro bordaron, Media vita (Nicolas Gombert), acento franco-flamenco en el amplio muestrario vocal que brilla en esta partitura, Ave dulcissima Maria (Gesualdo), la belleza interior del canto a La Mujer compuesto por el Príncipe del madrigal emotivamente llevado, Versa est in luctum (Alonso Lobo) con el color sevillano de un compositor nuestro que El Maestro recuperó para seguir mostrándonos la grandeza del repertorio renacentista en las voces de los gozoniegos, otros escolares siguiendo el camino de sus «armas gemelas» The Tallis Scholars, para finalizar nada menos que con Nunc dimittis (Palestrina), obra trabajadísima con Marco A. García de Paz, interiorizada por todo el coro y que dirigida por «PeP» parece levantar vuelo desde el gesto siempre conciso e íntimo bien contestado por los cantantes. Disfrute de cada obra en su individualidad y grandeza, la universalidad de una música vocal tan bien hecha e interpretada que puede detener el tiempo y volvernos al presente en toda su magnificencia.
De propina otra joya renacentista que LDO tiene muy presente en su amplio repertorio, el motete Nescien mater (Jean Mouton) para rematar una clase magistral, doctorado «cum laude» para los leones asturianos con el catedrático británico en un encuentro satisfactorio a más no poder para ellos compartido por un público entregado que aplaudió merecidamente este nuevo escalón hacia la belleza. No en vano las armas expuestas son «poderosas: Entusiasmo y calidad. Amor y perseverancia. La búsqueda del sonido imposible». Orgulloso de ser leónigan una vez más…
En la parte musical el reencuentro con la formación coral decana de Asturias y una de las más veteranas de España, en un programa exclusivamente sacro para este Martes Santo, con la presentación de cada tema a cargo del que fuera presidente, orfeonista y colega de profesión ya jubilado Eustaquio Álvarez Hevia, palabras medidas, doctas y sinceras como en él es habitual. Obras todas sentidas, bien interpretadas bajo la dirección atenta de Sandúa, con cuerdas bien compensadas (los bajos por fin asientan el coro) que siguen trabajando la técnica y buscando la afinación correcta, algo imprescindible en toda formación, empaste ayudado por las obras y la acústica perfecta en estos recintos. Repaso siempre bueno de partituras antiguas y montaje de nuevas, destacando la del húngaro Bárdos por su enorme dificultad pero que compensó el esfuerzo.
No podía tener mejor inicio vacacional en casa con mis «querencias» corales y personales. La próxima parada, ya en abril, también será con la palabra hecha música en Madrid, pero aquí lo dejo sin más… Seguiremos en contacto por los medios habituales.
P. D.: La página Web del Orfeón está «hackeada» y fuera de servicio temporalmente.
La Coral de Los Corrales de Buelna organizadora de estas jornadas, apostó este año como decía la prensa por la calidad, y nada mejor que traer hasta su tierra a los vecinos asturianos del LDO, pues no me ciega la pasión si digo que actualmente es el mejor coro español. En trabajo permanente, con cantera que permite renovar sin perder esencia ni calidad, tras un concierto en Palencia llegaban al Santuario con un programa cantado en latín y en dos partes bien diferenciadas, la primera de polifonía renacentista que sigue siendo referente coral. Basta con citar obras y autores para comprobar cómo las perlas se engarzan desde la delicadeza en la elección de ellas con una interpretación íntima, recogida, técnica por lo que supone el siempre dificilísimo «tactum» que dominan como nadie:
Para la segunda parte, también con el latín como lengua vehicular que marida a la perfección con la música, al menos para los melómanos, polifonía religiosa cercana en el tiempo donde las combinaciones vocales tanto en colocación como interpretación siguen siendo todo un espectáculo coral. Voces blancas para Ubi Caritas (Ola Gjeillo), graves para el Kyrie de Ramona Luengen (1960), medios coros sólo en número y ubicaciones buscando magnificencia sonora para el Agnus Dei de Pizzetti (1880-1968), el pletórico Sanctus (Josep Vila), todos juntos para el «veterano» pero siempre actual Bruckner (1824-1896) del Os Justi, nueva demostración de gusto por la calidad y emociones a flor de piel, la joya del Ave Maria (Biebl) que sigue cautivándome cada vez que lo escucho, con los solistas en primer plano y el coro al fondo logrando sonoridades de colorido impactante, y el remate de Serenity (O Magnum Misterium) del noruego Gjeilo (1978) para violoncello y coro donde el bajo Manuel Quintana hace realmente cantar al instrumento que encaja perfectamente con ese color vocal único de «los leones» y que .
Disfrutar con cada obra, hasta las propinas envolviendo al público que abarratoba el Santuario de Caldas mucho antes del comienzo, ocupando incluso el crucero, nueva muestra de bordado artesanal donde el hilo áureo y de seda comienza a brotar capas corales que dibujan un cuadro en cada pieza, global y en detalle sin perder nunca entidad. Contraste temporal pero continuidad estilística de un coro que volverá a trabajar parte del repertorio renacentista escuchado en Cantabria con Peter Phillips para su actuación en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional madrileño el próximo sábado 6 de abril, otro logro y ocasión para gozar con fruición del maestro británico al frente del coro asturiano. Los «leónigans» seguimos nuestro particular peregrinaje porque cada concierto es único, irrepetible, grandeza musical que no tiene explicación tangible pero refleja nuevamente el objetivo común de «disfrutar y hacer disfrutar con la música coral».
Como filosofía de vida puede resultar paradójico hablar de muerte y después creación en un devenir donde la materia ni se crea ni se destruye, se transforma. Música coral donde la palabra (todo un detalle regalar el libreto bilingüe) se recrea, subraya, describe, emociona y transciende. Independientemente del significado que esta obra tenga para mí (se cantó «el dúo» en mi boda), el oratorio La Creación casi siempre es placentero escucharlo, y más cuando confluye todo para lograr un resultado excelente en directo, siempre irrepetible:
El Coro de la FPA afrontó con equilibrio, seguridad, decisión, empaste, afinación y convencimiento una composición exigente para todas las voces, que pese a encontrarse con un auditorio medio lleno, dieron lo mejor de ellos. Están en plena forma y como dicen los entrenadores, llegando al pico de rendimiento, pues la fuga final resultó sobresaliente.
Los solistas en conjunto resultaron como suele decirse aseados, y utilizando el lenguaje coloquial paso a describirlos: un alto «tenorín» australiano (de origen finlandés) de precioso color vocal aunque algo escaso de volumen para el plantamiento global, una soprano escocesa rubia como la cerveza brillante en todos los sentidos, y especialmente el barítono «roxu» que destacó entre ellos no ya por su color sino por la expresividad en cada una de sus apariciones como Rafael o Adán, narrando o actuando para enamorar a Eva. Las combinaciones que Haydn hace en su oratorio dan mucho juego para disfrutar de recitativos con un pianoforte inusualmente utilizado, arias, dúos y tríos, solos o con el coro, de ahí mi clasificación de menos a más. No me olvido de la mezzo del coro Carmen Luz que participó completando el cuarteto final con sus compañeros.
La orquesta plenamente asentada, con calidad desbordante en todas sus secciones que se adapta como un guante a las exigencias de cada director, sabedora de su capacidad para cumplir sobradamente y todavía más en el Clasicismo, siendo el director quien marque las diferencias, contando con Jorge Jiménez como concertino invitado para la ocasión.
Y como responsable total el también australiano (que no aunque parecido a asturiano) Maestro Bayl, que volvía de nuevo a Oviedo, tras un Mesías y otro Haydn que en su momento me emocionó así como la última Agrippina, se puede decir que con mando en plaza y con quien los intérpretes locales se sienten realmente cómodos aunque les exprima al máximo para lograr resultados como el del concierto fuera de abono que dió un paso más.
Rafael Banús titula sus notas al programa «Del caos a la luz» que entronca muy bien con mi reflexión inicial de muerte y vida, progresión a lo largo de la obra con tres partes perfectamente estructuradas, «recuperando, a la manera de las Pasiones, la idea de una “pequeña ópera espiritual”, en la que se alternaran los pasajes de las Santas Escrituras con otros líricos y contemplativos, propios del teatro dramático«, con todas las reminiscencias luteranas, anglicanas y hasta mozartianas que queramos, pues de muchas fuentes bebió «Papá Haydn» para este oratorio, que supone seguir ampliando repertorio para el tradicional concierto antes de la Semana Santa, pues no sólo de Bach vivimos los melómanos. Volviendo a las notas de Banús en cita del propio Haydn, “La Creación de Dios ha sido siempre considerada como la obra más noble, la más capaz de inspirar respeto al hombre que la contemple. Componer un acompañamiento musical adecuado a esta gran obra no puede tener otros efectos que intensificar el sentimiento de respeto en el corazón de los hombres y volverles más sensibles hacia la bondad del todopoderoso Creador. ¿Cómo podría ser todo esto irrespetuoso con la Iglesia?”, cerrando el círculo Catedral – Auditorio con la palabra hecha música y ésta Arte. Un concierto redondo del que disfruté como lo hicieron el jueves en el Jovellanos de Gijón… ¡o un poco más!, dando la enhorabuena a Benjamin Bayl como cabeza visible.
Fiel cita anual y musical para recordar al Rey Casto con curiosidades como el coro protagonista que hace un alto en la zarzuela del casto José para homenajear al rey astur en un Requiem poco escuchado de un compositor español que todos los que hemos estudiado música conocemos más por su labor docente que compositiva, y esta vez una obra que escuchaba por primera vez en directo, volviendo a clamar por la recuperación o activación de nuestro patrimonio, agradeciendo la sabia elección.
En plena época de podadora económica, que se nota sobremanera en la cultura en general y la música en particular, la crisis parece más política que artística, pues sirve para apostar por lo de casa sin perder calidad y como dice el refrán, agudizando el ingenio.
No vamos a analizar la enorme calidad de una obra encajada perfectamente en el evento, aunque se quedase corta en duración e intención al faltarle la Eucaristía, con el oficio de Don Hilarión. Exigente en todos sus números, el coro estuvo por momentos en la cuerda floja y al límite de la afinación, calando levemente en alguna parte, así como la sensación de ir detrás del órgano (que no a la inversa a la vista del gesto directorial), estando más cómodo en las breves intervenciones a capella, pero totalmente entregado interpretativamente, dando muestras de una musicalidad a prueba de repertorio, con buena gama dinámica y el «pero» de la precisión con el diapasón.
Sobre el acompañamiento, no sólo armónico y de «relleno» (para reforzar una buena cuerda de bajos ya potente de por sí) sino con protagonismo en las partes introductorias e interludios con sentido orquestal, que el pedal de volumen y los registros utilizados apoyaron en todo momento el peso vocal, algo desequilibrado en número, y por consiguiente volumen, de las voces blancas, no siempre bien empastadas con unos tenores algo desiguales, que se adelantaron más de una vez, preocupándose en sonar sin tapar, conocedor del papel de todos en cada parte del «ordinario».
Mejorable el color y emisión globales de esta formación pero comprendiendo el trabajo acumulado y el brusco paso de «La Corte del Faraón» a este Requiem donde la única coincidencia fue «El Casto«. Al menos bisaron un Sanctus que resultó de lo mejor de este concierto. Y «vuelta a Egipto» tras un compromiso bien resuelto globalmente.
Comenzó la XXXVI Semana de Música Religiosa de Avilés en plena recesión económica pero nunca artística porque cuando no se tienen recursos suficientes para ofrecer figuras nacionales o internacionales, los de casa, muchos de ellos también docentes, salen más baratos y en muchos casos de igual calidad. También sirve para enseñar los frutos de tantos años de trabajo (36 la propia semana) y dar oportunidades a nuevos y jóvenes intérpretes de esta tierra mía, aunque como bien contaba al final del concierto Chema, algunos no quieren volver y otros incluso dejan de hablar a la organización… Pero esto es otro cantar.
La organista Judith Busquets fue la solista del Concierto para órgano y orquesta en SIbM, Op. 7 nº 3 HWV 308 de Händel, bien resuelto tanto en sus intervenciones solistas como las concertadas con una orquesta bien empastada dirigida con la mano firme y clara del director allerano aunque avilesino de adopción. El orden de los tiempos pudo despistar a algunos que aplaudiendo entre ellos rompieron un poco el buen discurso interpretativo desde el Andante inicial, con algunas notas del famoso «Aleluya», el Órgano ad libitum para disfrute de la solista que utilizó todos los recursos del portativo, un Spiritoso literal en todos los músicos, desde la cuerda a la madera y metal en una fuga de las que el de Halle saca oro e inundaron «la Iglesia de Garralda» y ese Menuet final auténtica danza con protagonismos bien repartidos, aunque hubiese momentos donde el órgano, por ubicación y recursos, quedase algo tapado.
Ramón Fernando de Garay Álvarez (Avilés, 27 de enero de 1761 – Jaén, 8 de enero de 1822) fue un compositor de talla internacional contemporáneo de Mozart, Haydn o Beethoven por citar la terna clásica, prolijo en todos los estilos, aunque mayoritariamente el religioso, pero con nada menos que diez sinfonías que ya han sido grabadas hace dos años por José Luis Temes al frente de la Orquesta de Córdoba con motivo del 250 Aniversario del nacimiento del músico de Sabugo. La Orquesta del Conservatorio Julián Orbón está dando a conocer poco a poco en su propia ciudad parte de esa producción, auténtico patrimonio cultural de la tierra que no podía seguir olvidado, en parte por la inestimable colaboración de mi querida compañera y amiga Mª Luz González Peña, directora del CEDOA -Centro de Documentación y Archivos- de la SGAE (donde trabaja), al hacer llegar estos materiales ya digitalizados a su Avilés del alma.
Chema Mtnez. recoge siempre el guante y esta vez con la Orquesta del Conservatorio avilesino, algo reforzada, nos deleitaron con la Sinfonía nº 9 en MIbM (1817) con sabor de clasicismo vienés en sus académicos cuatro movimientos y plantilla utilizada: Largo-Allegretto, Andantino, Allegro (Minué) y Rondó (Allegro) bien interpretados por una orquesta vigorosa en sonido y fiel a la partitura editada por el ICCMU que está al mismo nivel de muchos contemporáneos del compositor de Sabugo. La figura de Garay ha sido muy poco conocida hasta su reciente recuperación, gracias sobre todo a los trabajos del canónigo Raúl Arias del Valle (durante muchos años archivero de la catedral de Oviedo) y del cronista asturiano Justo Ureña junto al estudioso principal de su figura, Pedro Jiménez Cavallé, musicólogo y catedrático de la Universidad de Jaén, a quien debemos no sólo buena parte de los datos biográficos que hoy podemos ofrecer del maestro sino la revisión de su única ópera Compendio sucinto de la Revolución Española(1815) y de sus diez sinfonías. Decir que suena a Haydn o Mozart no es exagerar, y la prueba está en el triple CD para quien pueda escuchar la grabación patrocinada por la Fundación BBVA y el sello Verso.
Siguiendo con obras poco escuchadas, los solistas Iván Cuervo (clarinete) y Roberto Morales (viola) nos recrearon el Doble concierto en Mi m, Op. 88 (1911) -originalmente para violín y viola– de Max Bruch, tan inspirado como el más famoso de violín y dominador de colores y texturas tanto en los solistas como en la orquesta. Obra exigente para todos en sus cuatro movimientos, brillaron a gran altura destacando la potente sonoridad del Rondó (Allegro) final, los excelentes pasajes solistas y la precisión en la dirección del Maestro Martínez, ajustando los tempi siempre buscando la claridad expositiva.
El otro compositor asturiano de la tarde fue Pedro Braña Martínez (Candás, 5 de febrero de 1902 – Salinas, 13 de febrero de 1995), quien durante su larga estancia en Sevilla, de la que es hijo adoptivo, acabó firmando muchas marchas procesionales para su famosa Semana Santa, destacando que tiene una calle con su nombre en el barrio de Nervión de la ciudad Hispalense, sin olvidar obras corales que aún están en los repertorios. La Misa al Sagrado Corazón de Maria tiene las partes del «ordinario» que cantó con seguridad y buen gusto la Coral Avilesina que dirige Elena Baigorri Sáenz, con el acompañamiento de una formación camerística (normalmente con órgano) bajo la siempre atenta dirección de Chema. Cuatro partes donde los textos en latín están bien repartidos entre las voces con una orquesta tejiendo contracantos o subrayando las armonías: el breve Kyrie (Andante sostenido), seguido de un trabajado Gloria (Allegro moderato – Largo – Allegro deciso) brillante en toda su escritura polifónica, un Sanctus (Andante religioso) que bebe de las fuentes clásicas y el Agnus Dei (Andante religioso) tranquilo, dibujado y subrayado por la soprano local Rosa Jorquera en sus solos, con una cuerda cual «órgano imposible» por sonoridades reforzando un bajó armónico. Del compositor candasín -también con calle en su pueblo marinero- fue también el Ave María de propina con la misma solista que puso broche de oro entre merecidísimos aplausos al concierto inaugural de una Semana de Música Religiosa que es historia asturiana todavía viva y resucitando obras desde el duro trabajo y la ilusión por compartirlas.
Músico, melómano y profesor de instituto en mi pueblo natal de Mieres (Asturias); vivo en "la aldea" desde diciembre de 1997. Viajero empedernido (aunque pobre), tengo grandes vínculos con Dinamarca donde viajo casi cada año... Casado con Asun Tejedor desde 1991 ¡y pa' seguir! Dicen que me parezco a Daniel Ravinovich (Les Luthiers) y a García Remón (ex-portero y entrenador); algo menos a Peter Sellers (El Guateque) pero con los años nunca se sabe...