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FeliciBach

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Sábado 9 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. RIAS Kammerchor, Concerto Kölhn, Hans-Christoph Rademann (director). Motetes y sinfonías de Bach.

No había mejor forma de celebrar mis 22 años de matrimonio que acudir con mi señora, casi religiosamente, a disfrutar de Bach, rememorando nuestro particular Peregrinaje a tierras del Cantor de Leipzig en agosto de 2007, cantado por uno de los coros de referencia y con una agrupación instrumental de la que hay en casa muchas grabaciones.
Los alemanes están de mini gira por España (Kursaal de San Sebastián, Auditorio de Oviedo, Baluarte de Pamplona, Palau de la Música Catalana de Barcelona) con un recital bien armado y los Motetes 225 a 29 como eje vertebrador, intercalando las sinfonías de diversas Cantatas. Gustavo Moral Álvarez en las excelentes notas al programa de Oviedo titula «Música para sentirse en el centro del mundo» y para los que amamos a Bach sobre todas las cosas y a sus intérpretes como a nosotros mismos, escuchar estas obras siempre es alivio de espíritu, pues pese a ser «fúnebres» cuatro de los cinco motetes de esta tarde, «no son visiones tristes o dolientes de la muerte sino que nos confortan y consuelan, preparando el alma para el tránsito hacia la vida eterna, donde gozará la presencia de Dios» que escribe Rafael Banús en las notas del Baluarte.

El concierto comenzaba con el Motete BWV 226, credenciales de coro para no dudar de lo que esperaba: empaste, afinación, equilibrio, técnica prodigiosa al servicio de una música que subraya siempre el texto bíblico, y un conjunto instrumental perfecto para el acompañamiento colla parte aunque algo titubeante en el fagot u órgano, como si aún no acertase Rademann con ellos, más centrado en las voces a doble coro.
La Sinfonía de la Cantata BWV 21 dio protagonismo al concertino y al español Rodrigo Gutiérrez en el oboe, que el director casi llevó de la mano para una formación historicista que domina este repertorio, donde el tempo lento resultó conmovedor y el entendimiento comenzó a fluir.

El Motete BWV 228 volvió a traer un coro envidiable acompañado de un continuo que sí funcionó, con un órgano portativo, cello y contrabajo redondeando colores, «No temas, estoy contigo».
La Sinfonía de la Cantata BWV 42 sirvió para gozar los solos de concertino, oboes y fagot, más «entonados» aún, cual preludio para el primer gran motete de la noche, el conocido Jesu, meine Freude BWV 227, doble coro del que salen los cuatro solistas para renovar «mi alegría», color vocal idéntico en la división, disfrute de fugados, destacando hasta los silencios tras los nichts (nada) del texto, toda la gama posible de matices, arte vocal con mayúsculas como no puede ser menos en un coro profesional que interpretó este Bach de Sto. Tomás de forma magistral, siempre bien arropado por la orquesta y continuo. De agradecer el respeto del público que no aplaudió hasta finalizar esta primera parte, como pasaría con la segunda, aportando ese clima de espiritualidad que la música de El Cantor es capaz de transmitir.

El oboista español bordó sus intervenciones en la Sinfonía de la Cantata BWV 156 con reminiscencias o regusto italiano, que Bach conocía, y buen gusto interpretativo, dando paso al Motete BWV 229. Mismos calificativos y aún mayor compenetración entre todos, con un Rademann convincente por convencido, voces todas bien dirigidas, sonsacando estos tratados casi matemáticos del gran Bach.
La Sinfonía de la Cantata BWV 49 tuvo en el órgano al solista correspondiente, algo desigual en sus intervenciones, como si hubiese retardo en los ataques y cromatismos, pero sin pega a sus hermosas ornamentaciones, así como el oboe d’amore / da caccia español que tuvo su merecido minuto de gloria compartido con el corno inglés y fagot, más una cuerda siempre en su sitio, sinfonía de alegría contagiosa y quasi brandemburguesa.

Para cerrar Singet dem Herrn ein neus Lied, BWV 225, «Cantad al Señor un cántico nuevo», aire festivo y jubiloso, uno de los motetes más duros para doble coro que los berlineses bordaron técnica e interpretativamente con un cuarteto de solistas nuevamente impactantes junto a «los de Colonia». Qué maravilla escuchar las agilidades cual instrumentos de viento, registros extremos con un color siempre cuidado en igualarse, dinámicas nunca exageradas, afinación perfecta, contrastes de «tempi» sin fisuras, seguridad aplastante para esta joya bachiana, atreviéndose incluso a bisar el Aleluya. Mejor aniversario de boda imposible.

Un Nevsky en cuerpo y alma

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Miércoles 6 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo. Proyección de la película de Sergei Einsenstein «Alexander Nevsky» (música de S. Prokofiev). Intérpretes: Marina Pardo (mezzosoprano), Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (director: José Esteban Gª Miranda), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Entrada libre.

Organizado por la Universidad de Oviedo y como ya hiciese con «Metrópolis» en el Campoamor en mayo pasado, esta vez en la pantalla gigante del Auditorio pudimos deleitarnos con la proyección de otra joya del Séptimo Arte, película de 1938 que no pierde con el paso del tiempo ni desmerece de las grandes producciones, en versión original con subtítulos al castellano de una calidad global impresionante en todo, máxime cuando la banda sonora original de Prokofiev pudimos escucharla en directo con unos intérpretes perfectos siempre guiados por el maestro italiano, que sigue arriesgando con propuestas que además salen bien.

Si la partitura de Prokofiev es una auténtica cantata que el Coro de la FPA dirigido por mi querido Pepu ya interpretó al menos otras dos veces que yo recuerde (guardando además una copia de la partitura), todo el entorno de este miércoles ayudó a disfrutar tanto a los músicos como al público.

En un foso «redescubierto» (que nunca antes se abrió en los muchos años del Auditorio) donde se colocó la orquesta, el coro sentado y separado en dos bloques de blancas y graves en el escenario, con atriles iluminados tenue pero suficientemente (qué bien funcionan los leds) y la caja escénica adelantada, el piano con Sergei Bezrodni a la izquierda, para coronar sobre ellos la pantalla gigante, unido a un sonido perfecto, pudimos saborear imagen y sonido como auténticos privilegiados, un público que hizo cola una hora antes y abarrotó la sala (algunos no sabían de qué iba, pero era gratis), escuchando nuevas texturas en esta disposición y ubicación global.

Casi dos horas de épica total, con una dirección perfecta en ajuste con la propia película, una orquesta que sonó «de otra forma» destacando por protagonismo los abundantes metales y percusiones, sin obviar la madera más una cuerda compacta y homogénea capaz de transmitir y subrayar el poderío escénico pergeñado por Eisenstein, y el coro empastado como nunca, cómodo, de amplias dinámicas y protagónico como pueblo a lo largo del film, sin olvidarme la breve pero emocionante intervención de la mezzo asturiana Marina Pardo, elegante, en el centro, ubicación excelente para proyectar su voz hasta el fondo del auditorio con la orquesta a sus pies, literalmente. Un Nevski en cuerpo y alma.

Enhorabuena a todos, especialmente a la Universidad y la Fundación Príncipe de Asturias, siempre con el Ayuntamiento apoyando, por seguir ofreciendo espectáculos de esta calidad y originalidad que ayudan a rescatar joyas de la historia cultural muy escasas, apuesta de futuro para unos tiempos donde los políticos parecen ir en dirección contraria.

Fuego que no quema

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Viernes 1 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Jornadas de Piano «Luis G. Iberni». Rudolf Buchbinder (piano), David Menéndez (barítono), Coro Universitario de Oviedo (director: Joaquín Valdeón), Joven Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (director: José Ángel Émbil), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de G. Fauré (1845-1924), G. Gershwin (1898-1937), Ildebrando Pizzetti (1880-1968) e I. Stravinski (1882-1971).

Programa variopinto con música más cercana a nuestro tiempo y donde el protagonismo estuvo compartido entre el magisterio pianístico y el vocal de mi tierra.

Cual pastillas para arrancar la chimenea Le Pas Espagnol de «Dolly Suite para orquesta», Op. 56 (Fauré) originalmente para piano a cuatro manos en orquestación de Henry Rabaud, breve y agradecido número con la orquesta preparándose para el más puro estilo newyorker.

El Concierto para piano y orquesta en Fa (Gershwin) aún bebe del lenguaje de su «hermana azul» aunque resulte más académico sin perder un ápice el genuino sabor americano pese a que «el Rachmaninov de Broadway» presente la estructura tripartira con pasajes pianísticos realmente hermosos. El fraseo claro y la limpieza de Buchbinder siempre atento a un Conti con quien se entendió a la perfección mantuvieron ese difícil equilibrio entre el swing y el rubato, disfrutando todos de los Allegro extremos y recreándose en el central Adagio – Andante con moto en el más caldeado ambiente con humo de los clubs de jazz. Agradecer esta obra poco programada aunque del amplio repertorio que domina ésta de Don Jorge sea casi una bandeja de carbayones de Camilo de Blas.

Y evidentemente un concierto enmarcado en El Piano, el intérprete austríaco no podía marcharse sin más a pesar del excelente «concierto americano», por lo que nos regaló una auténtica perla de virtuosismo, limpieza, ritmo vienés y música de piano en estado puro con la paráfrasis sobre «El murciélago» de J. Strauss titulada Soirée de Vienne, Op. 56 (A. Grünfeld) que rubricaba el título de las Jornadas y nos dejaba con ganas de más.

La segunda parte vendría con más fuego que (me) da juego a la colaboración de dos coros jóvenes y con talento como los dirigidos por Valdeón y Émbil, hoy dos coralistas más, capaces de sonar empastados como si llevasen juntos años y logrado olvidar la descompensación entre voces graves y blancas en una obra breve de apenas 12 minutos pero muy exigente para todo el elenco de casa, incluyendo al barítono David Menéndez que sigue mostrando poderío y gusto en cualquier repertorio que le echen. La Sinfonía del fuego (Pizzetti) para barítono, coro y orquesta que Luis Suñén describe a la perfección en las notas al programa, es la invocación a Moloch de la banda sonora en vivo para la película muda Cabiria (1914) dirigida por Giovanni Pastrone y efectos especiales del español Segundo de Chomón, «género filmográfico» que Conti domina y se encarga de traernos con su orquesta, alcanzando niveles de madurez y complicidad con su titular, esta vez con el coprotagonismo vocal de solista y coros, todos en su sitio, vibrando y avivando un fuego que no les quemó. Ojalá los organizadores continúen apostando por formaciones y solistas de la tierra, cuyo nivel no tiene nada que envidiar a muchos de fuera con renombre.

Para acabar esta especie de danza prima invernal y cinematográfica alrededor de las llamas musicales, El pájaro de fuego (versión 1919) de Stravinski para corroborar el excelente momento de la Oviedo Filarmonía en todas sus secciones y solistas en esta música de ballet que Conti llevó de memoria, conocedor de partitura y músicos para transmitir en los cuatro números la calidad de esta formación. Interpretación brillante, solos emocionantes de Miljin, Cadenas, Giménez, Bronte y demás, cuerda que va puliendo una sonoridad propia muy firme y delicada, sin olvidarme de la percusión, consiguiendo sacar adelante un programa peligrosamente inflamable controlando chispas y llamaradas con el «Jefe de Bomberos» Don Marzio responsable de un cálido concierto en una tarde noche fría y lluviosa que siempre es de agradecer.

Händel cierra mi 2012

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Viernes 21 de diciembre, 20:00 horas. Catedral de Oviedo: Fundación Príncipe de Asturias, Concierto «Europa canta a la Navidad»: El Mesías, HWV 56 (Händel). Raquel Lojendio (soprano), Carlos Mena (contratenor), Gustavo Peña (tenor), Jochen Kupfer (barítono), Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (director: José Esteban García Miranda), OSPA, Juanjo Mena (director).

Como el famoso anuncio televisivo, el oratorio del alemán nacionalizado inglés «vuelve a casa por Navidad», siempre Mesías y siempre distinto. Con un coro que domina la obra como nadie y disciplinado ante todos los directores que han abordado esta obra maestra, la otra parte de la OSPA (esta vez con algún refuerzo JASP) que Händel tiene ocupada todo este último mes del año, un cuarteto vocal bien equilibrado y en parte conocido ya de nuestra tierra, con la presencia del contratenor Carlos Mena y su hermano Juanjo al frente, resultó un concierto espléndido en una catedral abarrotada desde media hora antes, con público variopinto, minoría maleducada, pasillos sin un hueco con sillas trasegadas, pantallas gigantes, cámaras por doquier, y las ganas de poner punto final a mi año musical.

El Coro de la Fundación rinde a tope con maestros exigentes y el vitoriano les hizo trabajar en todas las intervenciones, aportando detalles que dan los toques de distinción más allá del «Aleluya», llevando los tempi alegres con agilidades brillantes y matices ricos donde los ff estuvieron cantados, y un «Amen» realmente brillante. Enhorabuena a mis muchas amistades corales.

La OSPA en pequeña formación y abordando el barroco siempre es un placer (qué bien sonó «Pifa»), esta vez con alguna cara nueva que me llenó de alegría, unos timbales de terciopelo, trompeta solista excelente, oboe genial, la cuerda seguro de éxito, y el clave / órgano de Óscar Camacho, perfecto en todas sus intervenciones, con el maestro Mena llevando cada número bien contrastado, colores tímbricos mimados y planos sonoros bien equilibrados, concertando a la perfección una obra que tiene mucho que dirigir. Destacar la afinación bien mantenida en las dos horas, solamente con un reajuste entre los coros «His yoke» y «Behold the Lamb». Enhorabuena a la orquesta de todos los asturianos.

Del cuarteto solista destacar al barítono alemán Jochen Kupfer que volvió con un hermoso timbre igualado en toda su tesitura, potente en los recitativos, con cuerpo en el registro central y una línea melódica que dejó unas arias emocionantes, especialmente en «The Trumpet» final a dúo con el holandés. Otro tanto del contratenor Carlos Mena cuya voz fluye en Händel limpia y clara, grosor y color perfectos olvidándome de las versiones femeninas de mezzo o contralto para decantarme por una voz que, gracias a tantos compañeros de cuerda, está volviendo a protagonizar la música barroca. Un placer para el oido cada aria y el precioso dúo «He shall feed His flock» con la canaria Raquel Lojendio que fue a más en su vuelta barroca a Asturias, calentando todos en el discurrir del concierto, con la soprano entregada en la siempre agradecida «Rejoice» y su último «I know that my Redeemer» que resultó como el texto, alzándose sobre el polvo, esta vez frío de invierno recién estrenado. Y enorme satisfacción redescubrir a Gustavo Peña, pensando que Las Palmas algo debe tener para dar tenores tan brillantes, color vocal ajustado al género y estilo, recitativos decididos y seguridad en las arias, completando un elenco de solistas más que aseado para «El Mesías de la Catedral». Enhorabuena al cuarteto.

Todavía nos regalaría un arreglo para coro y orquesta del villancico más universal, «Noche de Paz» cantado con parte del público (al que no puedo dar la Enhorabuena) y el maestro Mena concertando.

Punto y final para un año 2012 que ha sido completo. La carta a los Magos llegará puntual y aprovecho para desear a mis habituales y quienes aquí lleguen por vez primera, unas musicales y

FELICES FIESTAS

Lágrimas doradas

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Viernes 14 de diciembre, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Coro El León de Oro (LDO), Beatriz Díaz (soprano), Borja Quiza (barítono), Oviedo FilarmoníaMarzio Conti (director). Obras de Sergio Rendine (1954), Debussy y Fauré.

Esta semana estoy bajo de moral por la pérdida de un amigo entrañable que el programa de esta tarde ayudó a mantenerlo vivo en mi memoria, con emociones diversas por muchos motivos y cercanías sobre el escenario.
El auténtico protagonista de la velada fue el coro que dirige Marco Gª de Paz, «El León de Oro» capaz  de afrontar con solvencia, seguridad y musicalidad en cada nota la obra que le encarguen, con el secreto del trabajo duro, un auténtico equipo que disfruta cantando y transmite ese amor coral a la legión de «leónigan» que les seguimos. Volvía a colaborar con la OvFi y no me extraña que se hagan asiduos porque sus actuaciones son siempre únicas.
Esta vez comenzaba el concierto con el estreno de Lamentum in mortem herois del napolitano Rendine, obra sinfónico-coral encargada por la orquesta ovetense, un auténtico «collage» desde un lenguaje actual deudor del antiguo como base, espíritu religioso en letra y música con reminiscencias del Ars AntiqvaLeonin, Perotin, Notre Dame… el origen de la llamada «música moderna», con cuartas y quintas, también el tritono pecaminoso y demoniaco como bien comenta Nuria Blanco en las notas al programa, de una orquestación rica en timbres organísticos donde la percusión y hasta dos gaitas (los directores de la Banda «Ciudad de Oviedo» El Pravianu y Guti fuera de escena) ambientan un medievo casi de película, obra llena de dificultades para todos, especialmente para el coro que con 42 voces sonó presente, rico en matices y recreando una obra que acabará sonando en muchos más escenarios, aunque LDO haya dado a luz esta obra que ruega por el alma de los muertos, con una dirección de Conti en su línea de contagiarnos su ímpetu, y aplaudiendo la idea de encargar obras a compositores de nuestro tiempo como es su compatriota Rendine.
Los tres Nocturnos (Debussy) volvieron a demostrar el excelente momento de la orquesta capitalina que ha dado un salto de calidad desde la llegada del director italiano. Cuidadoso del detalle optó por mimar la tímbrica en todas las secciones, desde unos timbales siempre aterciopelados (alguno que me sigue está pensando la enorme diferencia con «el otro») hasta una cuerda etérea pero limpia, arpas de ensueño: el rondó Nuages realmente blancas, luminosas, el viento como brisa dando sensación global y detallista al mismo tiempo; Fêtes trajo el colorido y la danza, banda de música sinfónica bien trazada (qué poco le gustaba a Don Claudio que calificasen su música de impresionista) y llevadas con decisión por Conti, hasta las Sirènes donde las voces blancas del LDO realmente enamoraron, vocalizaciones dificilísimas con poliritmias perfectas, mar dorado más que plateado para dejar flotando en el ambiente una espiritualidad preparatoria de la segunda parte.
Hay un libro del recordado Federico Sopeña que es de obligada lectura para comprender mejor el de esta triste tarde de viernes: El «Requiem» de la Música Romántica (Rialp, 1965), donde hace un estudio del Réquiem en Re m., Op. 48 de Fauré que no tiene desperdicio (como nada de lo que ha escrito el Padre Sopeña), considerándolo como la más significativa introducción a la música del organista y compositor parisino, emparedado y oscurecido entre el romanticismo y el impresionismo frente a la «apisonadora» de su compatriota Debussy, y tengo que seguir citándolo para poder expresar lo sentido en esta obra que amo desde lo profundo de mi espíritu «mundano» y poco creyente como el propio Fauré, que «sucumbre, no a la sensualidad, sino a un raro espíritu de esa sensualidad que se llama charme, encanto, sugestión para lo más fino y lo más peligroso de lo corporal».
Interpretación nada exagerada, adaptada a los medios y nuevamente el coro como protagonista, deleitándonos desde el Introit et Kyrie, seguro, empastado, celestial, con pianísimos siempre primorosos y fortes contenidos pero potentes como los ataques orquestales, avanzando con paso firme voces graves, blancas que siguen sorprendiendo, tutti, contrastes deslumbrantes sin perder sonoridad con una formación instrumental igualmente poderosa a la vez que delicada. Nueva luz en la entrada de la cuerda del Offertoire con el coro otra vez puro terciopelo vocal, y el tránsito con la primera intervención de Borja Quiza sobre la palabra Hostias, una de las cumbres de Fauré, registro rotundo, lleno, sin sentimentalismos pero sí de expresión que está más allá de lo amoroso-profano, color perfecto para esta obra que Sopeña tilda de «Encanto y austeridad» en el capítulo XI por ir contracorriente y no usar abundantes ni variadas intervenciones de solistas, sólo barítono y soprano. El Sanctus va trenzando esa espiral de coro y cuerda donde la orquesta estuvo plena, casi «parsifaliana», el «organístico» Hossana y el concertino cual remolino y trino final antes del cambio del Benedictus por el Pie Jesu que traería a nuestra asturiana Beatriz Díaz entonándolo como ella sabe aunque Monti optase por la brillantez en vez del recogimiento especialmente acentuado en esta parte de la obra. Emoción contenida e intensidad ajustada de la soprano allerana en su breve intervención.
Volvería el protagonismo coral con el Agnus Dei et Lux Aeterna subyugante, coro celestial recreándose en cada frase y matices, muchos en este número, sin olvidarme del órgano también importantísimo en la vida y obra de Fauré, magistralmente interpretado por el virtuoso Sergei Bezrodny, arrancando el emocionante, profundo y subyugante Libera Me con un Quiza y un LDO capaces de lograr convencernos de una ira de Dios con la orquesta entregada a lo que el compositor pretendía y Monti buscó: «feliz liberación, una aspiración a una felicidad superior, antes que una penosa experencia», final de trayecto In Paradisum, las mujeres angelicales, los hombres sustento, coro divinamente terrenal y último suspiro tras la contención del dolor y la angustia, consecución de una paz interior que sólo la música sinfónico-coral logra.

Bálsamo para el alma

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Viernes 30 de noviembre, 20:30 horas. Real Monasterio de San Pelayo, Oviedo. Concierto de clausura del VIII Ciclo de Música Sacra «Maestro de la Roza». Escolanía San Salvador, Gaspar Muñiz Álvarez (director). Requiem de John Rutter (24/09/1945), estreno en Asturias.

Don Alfredo, Diego y Emilio disfrutaron en el primer banco celestial, pero el público que abarrotó desde media hora antes «Las Pelayas» (como se conoce familiarmente este monasterio que también está bendecido por Santa Clara y seguramente por Santa Cecilia) pudimos tocar el cielo desde el recogimiento, la emoción, la palabra subrayada y sublimada por una música tan bien escrita e interpretada por escolanos, «escolinos» e instrumentistas volcados en las manos y buen hacer de Don Gaspar, digno heredero de mi admirado y siempre querido Alfredo. También sonó su Salve Regina como colofón al homenaje que la Escolanía tributó a Sor Ángeles Álvarez (organista, compositora, directora y gran difusora de la obra del Maestro) al finalizar el concierto, gregoriano en voces blancas con y como  las monjas de clausura en el coro contrapuesto a la sabia polifonía tras la medalla de oro que seguro lucirá con el amor hacia el lenguaje universal de la música unido al de la oración.

La elección de instrumentos por parte del compositor británico está acorde con un dominio minimalista de los recursos para el subrayado de las siete partes de este requiem estrenado en 1985 pero escuchado por primera vez este último viernes de noviembre: órgano (Elisa García Gutiérrez), oboe (Juan Ferriol), flauta (Jorge Caro), cello (Elena Miró), arpa (Miriam del Río), timbales (Jaime Moraga) y glockenspiel (Andrés García). Hay múltiples referencias, homenajes directos e íntimos en el Requiem, pero además cada parte vocal rebusca en colores y matices intrincados, duros por momentos, en especial para las jóvenes voces blancas que se comportaron como campeones, sea el latín o el inglés el idioma utilizado.

Requiem aeternam, italianizado en su pronunciación, completo en un arranque sincero que entrega todo antes de lograr combinaciones siempre inspiradas, emocionadas, bien comunicadas por Gaspar Muñiz batuta en mano.

El arranque de cello para el Psalm 130: Out of the deep supuso también arrancar un girón del alma, sumándose coro, órgano, oboe, círculo que se cerraría antes del Pie Jesu, instrumental con un órgano omnipresente, claro, lleno, apoyando las voces blancas, serpenteando la melodía o rematando un tutti siempre íntimo.

Luz cegadora para el Sanctus – Benedictus, carillones, órgano y arpa ensamblados, voces graves, suma de cello y oboe, timbales, voces blancas, coralidad única en ensamblaje ayudado por la acústica deseada, dirección clara y precisa, entrega sin límites de todos, voces mixtas en perfecta mixura instrumental.

El abismo, lo tétrico del Agnus Dei perfectamente delineado en cada intervención instrumental y vocal, piedad cantada contrapuesta con arpa, madera, el bajón orgánico que nos dará La Paz.

Nueva esperanza en el Psalm 23: The Lord is my shepherd, guiados por arpa, órgano, oboe pastoralmente celestial, voces blancas, música instrumental, partes «a capella», música completa, tributo a Fauré, «nada me falta»…

La esperanza, Lux aeterna con timbales y órgano, «escolinos» con arpa y órgano, siempre Gabriel presente, delicia auditiva con esa vuelta al principio del «descanso eterno» casi deseado, susurrado, acunado y mecido entre algodones vocales.

Anotaciones como guión para intentar describir lo inenarrable, lo inefable: emociones, lágrimas y acto de contrición, penitencia y salvación con esta Escolanía de San Salvador realmente bendecida, voces del cielo acompañadas por unos músicos entregados al hecho religioso desde el propio entorno y un Gaspar Muñiz cuyo sacrificado dolor nos devolvió el placer terrenal. Nada mejor que repetir el Sanctus para liberar tanta tensión.

Las palabras de Ignacio Rico Suárez siempre en su sitio, gratitud y homenajes sentidos, incluido el final a Sor Ángeles con lectura por parte de Lucía Nieto del acta que daba pública fe de La Casa de Todos, sobre todo de La Música.

El trabajo hecho con el corazón parece menos sacrificado, pero la «Escolanía de Don Alfredo» afrontó su mayor reto en estos 40 años de historia, al menos el programa más ambicioso, y el premio merecido además de compartido con todos los asistentes. No podemos pedir más.

GRACIAS desde lo más profundo de mi alma musical.

Unen Canto y emoción

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Martes 20 de noviembre, 20:00 horas. Casa de la Cultura de Mieres: Concierto Coral en honor a Santa Cecilia. Coros de la Escuela de Música de MieresReyes Duarte (directora), Verena Menéndez (piano); Orfeón de Mieres, Joaquín Sandúa (director).

Titulo la entrada parafraseando a mis admirados Les Luthiers aunque en el concierto de nuestra patrona lo que se unió fue canto y emoción. Canto porque los coros locales volvían a reunirse para conmemorar esta fiesta que siempre es la música, y emoción porque se recordaba a Jovino Martínez Cueva, fallecido hace menos de un mes y persona querida en el mundo coral al haber sido componente del Orfeón de Mieres y del Ochote «La Unión» que ponía fin a su trayectoria recientemente, dirigido por Juan Rionda Mier, actual presidente del Orfeón.

Corín de la Escuela de Música de Mieres

Podría haber titulado «Cantera cantora» porque sobre el escenario y entre el público que llenó el Auditorio Teodoro Cuesta se unieron varias generaciones de cantantes corales, la semilla que está germinando en la Escuela de Música bajo la dirección de Reyes Duarte, enamorada de este mundo porque no hay otra explicación para seguir al pie del cañón «a pesar de todo», y la veteranía de la agrupación coral más antigua de Asturias y de las históricas españolas como es el laureado y centenario Orfeón de Mieres, dirigido por Joaquín Sandúa que retornaba hace un año a «su casa» tras habernos dado años de gloria musical.

También Alba Toledano cantando Vivo por ella con el acompañamiento al piano de Verena Menéndez (en la foto superior), un ejemplo del camino emprendido pues pasó por todas las formaciones corales de la EMM y ex-alumna de El Batán

El programa lo dejo aquí y no voy a entrar en detalles porque la fiesta, bien presentada por Celso Fernández, director de la COPE en Mieres, gran amigo y fan de todo lo que «haga ruido» en nuestra tierra, es para disfrute de todos. Sí dejar algunas pinceladas, la primera como crítica constructiva para un público mayormente familiar que oye en vez de escuchar y sólo atiende cuando aparece quien quiere, pero la educación y civismo daría para mucho.

La segunda recordar la importancia de la música en la formación integral del individuo en unos momentos donde los gobernantes y ministros desWertgonzados la consideran como un mero entretenimiento que distrae del verdadero estudio. El canto coral no solo une a las personas compartiendo el amor por la música, enseña a escuchar ¡algo tan importante!, trabaja en equipo, fomenta la solidaridad, sabe de sacrificios, conoce lenguas y culturas diversas… prepara buenas personas para la vida.

Coro Infantil de la Escuela de Música de Mieres

El refranero siempre sabio dice «Quien canta su mal espanta». Y por supuesto que entretiene, la mayoría están cantando porque se sienten felices, incluso algunos podrán llegar a profesionales de este difícil y competitivo mundo. Seguimos plantando semillas musicales (el Corín), viéndola crecer (Coro Infantil), replantarse (Coro de Adultos) hasta convertirse en árbol centenario (Orfeón).

Coro de Adultos de la Escuela de Música de Mieres

Distintos paisajes y plantas con el mismo fin: disfrutar con la música coral y recordar a personas de este entorno que nos dejan pero seguimos teniéndoles presentes con sus canciones. Un barquito de cáscara de nuez de Emilio Aragón «Miliki» en las voces del Corín, Enrique Urquijo y su Déjame por el Coro de Adultos o el machadiano Señor me cansa la vida (Juan A. García) que tantas veces cantase con su Orfeón el bueno de Jovino… Idiomas y ritmos universales, el Calypso (Jan Holdstock) de los peques, Oriente con el delicioso «Siempre conmigo» Itsumo nando nemo (Kaku WakakoKimura Yumi) de los jóvenes, el Brasil de Rosa Amarela (H. Villalobos) y La golondrina mexicana. Incluso el inglés con lenguaje de signos de Can you hear me? (Bob Chilcott).

Orfeón de Mieres

Guiños a los boleros o el rock de Los Llopis con un Estremécete coral, y por supuesto la tierrina, desde La Xana de Pin de Pría hasta Tengo de ponete un ramu del desaparecido Benito Lauret con quien el propio Sandúa trabajó en Oviedo con la entonces reciente Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» fundada por Luis Gutiérrez Arias, y que ha vuelto a recuperar para el Orfeón ese Capricho del Padre Prieto grabado en el LP de 1972 bajo la dirección de Baldomero Pérez Méndez y fundador del hoy recordado Ochote «La Unión» de nuestro Jovino.

Fiesta de la música en mi «Hermosa Villa de Mieres» con Santa Cecilia de patrona, amigos conocidos, cercanos o lejanos que están siempre presentes. Un encanto.

In Memoriam: Jovino Martínez

Unen canto y emociones. Viva nuestra Patrona.

No hay tierra extraña con el LDO

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Sábado 3 de noviembre, 20:30 horas. XXIII Quincena Musical de Durango (Vizcaya). Iglesia de Santa Ana: Coro LDO («El León de Oro»), Marco Antonio García de Paz (director). Obras de Mouton, Byrd, Lasso, Palestrina, Rheinbergher, Mendelssohn, Rachmaninov, Biebl, Busto, Sarasola y Elberdin.

Como seguidor confeso y «leónigan» pude escaparme a Durango en el puente de los Santos y volver a recrearme con este coro del que no canso jamás porque siempre hay momentos mágicos, irrepetibles, capaces de seguir creciendo hacia una excelencia coral desde una belleza sonora que plumas y oídos más doctos ya han descrito. Cada directo es irrepetible y único, el repertorio está tan trabajado, las voces tan afinadas y empastadas, la complicidad y entendimiento con Marco tan agradecida, que el resultado siempre es óptimo. Incluso la mezcla de veteranía y juventud en una formación coral que sigue promocionando la cantera hace que las «bajas puntuales» se cubran con una alineación siempre ganadora. El modelo o escuela vasca triunfa siempre y acudir a esta tierra cercana a la nuestra es como cantar en casa, donde se les admira y ovaciona como propios, público entendido que respeta cada obra, los finales y el esfuerzo. Si además finalizas con dos temas en euskera, con premio en esa capital coral que es Tolosa, la apoteósis es lógica y esperada.

Últimamente no llevo conmigo ordenador, solamente uso el teléfono móvil o la tableta, trabajo rápido y cómo para estos viajes cortos aunque con algunas limitaciones (enlaces o links, fotos, formato…) pero sigo fiel a la inmediatez del comentario. Puntualmente amplío desde casa y esta vez no quería dejar sólo unas líneas porque el pasado sábado volví a «levitar» como dice mi amiga Cristina Otadui, que entendió mi opción coral frente a la operística.

La música renacentista sigue siendo referencia con estos leones, buenos y aplicados alumnos bien empapados de las enseñanzas y matizaciones del Maestro P. Phillips, que «tripetirá» a la vista de los resultados.

El francés Mouton, el inglés Byrd, el franco-flamenco Lasso o el italiano Palestrina tienen muchísimo que cantar en distintas combinaciones del coro, capillas, completo o doble coro, con la dificultad añadida del tactus, esa melopea donde manda la letra subrayada por unas melodías llenas de vericuetos capaces de escucharse en su polifonía, como bien indicó el Concilio de Trento al poner de modelo precisamente a Giovanni Pierluigi da Palestrina, cuyo doble coro para el Laudate pueri resultó atemporal por vigencia, aunque las cinco obras de la primera parte fueron impecables y casi pecaminosas para mi lujuria coral.

El Romanticismo es otro terreno donde LDO se mueve cómodo, contrastes y emociones más viscerales que espirituales aunque los textos lo sean. El Kyrie de Josef G. Rheinberger impacta por esa montaña rusa de matices y registros extremos siempre afinados, empaste coral que con Mendelssohn roza el paroxismo, sobre todo con el Richte mich, Gott donde las voces graves atacan y las blancas contienen, fluir vocal con cascadas y remansos. Para seguir convenciendo, mezclar rigor y vigor (sé que abuso de los juegos de palabras) el Bogoroditsie Devo de Rajmáninov colocó al público en el centro de la acción rodeado por un coro que cerrando los ojos te envuelve y transporta. No sólo se buscan nuevas sonoridades, que también, sino un compartir musical completo haciendo copartícipes del gozo a intérpretes y público.

Para seguir redondeando actuación, el trío solista Elena Rosso, Fernando Fernández y Ángela P. Alba completan un Ave María de Franz Xaver Biebl único, global, compacto, integrando todas las voces en una sola sensación.

El puente lo tiende un músico de la tierra como Javier Busto, otro enamorado del LDO porque sus obras en estas voces hacen aún más grande su música. O Magnum mysterium rinde tributo religioso y romántico desde lo contemporáneo con el exquisito quehacer coral del doctor, degustador de lo bueno capaz de lograr cual reputado enólogo piezas que son reserva para paladares entendidos. Aroma, sabor, color, maridajes increíbles llevan a un final increíble: disonancias, agudos al límite, contrapuntos endiablados y el acorde final a tono tras los difíciles vericuetos de todas las voces, «Grandísimo misterio». Y noté a Marco revisar la afinación con el diapasón al finalizarla ¡sí, no calan ni un cuarto de tono!. Bien por los leones.

El final sigue con músicos de la tierra y en euskera, X. Sarasola y Neskatx’ ederra reconfortante al oído tras la cumbre anterior, más ese zortzico que mueve a todos, Segalariak (Josu Elberdin) reconocido en esta tierra que con permiso, he rebautizado como País Vascoral.

Propina acorde con el entorno sobrio de Santa Ana y Requiem como adiós que resulta siempre cercano, Agnus Dei que nos quita el pecado pero no de leónigan, pecados musicales capitales sin acto de contrición ni propósito de la enmienda.

© Víctor Gallego Baviano

Larga vida a los Leones

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Domingo 28 de octubre, 19:00 horas. Iglesia de la Laboral, Gijón: Proyecto LDO, Coros de «El León de Oro», directores Elena Rosso Valiña, Marco A. García de Paz y Peter Phillips. Entrada: 10€.

Con los años es difícil sorprenderse con algo, menos en el terreno musical y todavía más en el coral. Reconozco mi subjetividad -siempre he presumido de ella- y gustos un tanto particulares forjados precisamente con la edad y lo que llevo escuchado, pero cada concierto de «El León de Oro»-LDO– suele ser impactante y satisface enormemente ver su crecimiento y búsqueda de la belleza sonora. La Iglesia de la Laboral tiene una acústica increíble además de resultar un entorno hermoso artísticamente, y tanto Forma Antiqva como la defenestrada JOSPA ya investigaron y actuaron en ella.

Para unos exploradores sonoros como el tándem Marco-Elena era lógico querer sentir en carne propia estas sensaciones -en parte ya las habían vivido-, presentando además un Proyecto de forma global, aunque por separado ya los hemos disfrutado con anterioridad.

Este último domingo de octubre se presentaban todos los coros conjuntamente y en un mismo concierto para disfrute del público que llenaba la iglesia de la antigua Universidad Laboral, con la certeza de que los «leónigans» aumentan en proporción geométrica. También servía para presentar el DVD grabado en la Catedral de Oviedo el 18 de marzo pasado con el maestro Peter Philips, buena disculpa para volver a traerlo a nuestra tierra, haciendo un hueco en su agenda, y asentar las muchas enseñanzas que dejó. El Proyecto Coral LDO sigue su andadura y la cantera está asegurada tras lo escuchado.

Los Peques (PLDO) que dirige Elena Rosso son ya referente en su franja de edad y capaces de mamar desde la infancia los ideales de sus mayores, donde se incorporarán en nada porque el tiempo pasa volando. Empaste, afinación, disciplina y una musicalidad envidiable para obras nada sencillas (J.Domínguez, Gibbons o J. Berkey) son sus cualidades princpales. Disfrutan cantando con esa naturalidad envidiable tras la que se esconden muchas horas de ensayo y amor por la música coral.

El LDO con su titular al frente sigue asombrando, jugando como siempre y un poco más con las colocaciones (impresionante la cuadrofonía inicial) y desenvolviéndose en cualquier repertorio, esta vez los conocidos Mendelssohn, Rheinberger, Rachmaninov o Biebl cuyo Ave María sonó celestial y los solistas Elena Rosso, Fernando Fernández y Ángela P. Alba son una muestra de la calidad que la formación atesora en todas sus cuerdas.

Aurum es el coro femenino que también dirige Elena, última apuesta del proyecto y perfecto puente juvenil entre los «infantes» y los auténticos «reyes», atesorando ya buen palmarés en el poco tiempo que llevan y coro de voces iguales que no impide afrontar repertorios como Hassler, Gallus, y sobre todo Palestrina más Victoria que bordan como sus mayores.

La presencia de Peter Philips al frente del LDO nos devolvió no ya el repertorio trabajado entonces y hoy ya disponible en DVD para placer perpétuo de todo «leónigan» y amante de la música coral, sino la maestría de la autoridad en estas obras perfectamente seguidas por un coro disciplinado (bien todos, Byrd, Mouton, Palestrina… pero qué Lasso) y adaptado al estilo del maestro británico, totalmente distinto del titular pero igualmente efectivo en el resultado final: delicias sonoras, calidez y fuerza renacentista con el vigor vocal lleno de matices de nuestro más laureado coro asturiano.

El Proyecto, como la vida, no tiene fecha pero es realidad diaria, esta manada de «Leones dorados» tiene futuro asegurado, y como todas las familias de bien, las normas, educación y espejo en los mayores son el mejor legado que tienen.

Suerte para los que seguimos disfrutando con ellos, esperando nos sobrevivan muchos lustros:

Larga vida a los Leones.

Música del Régimen

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Jueves 25 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, XXI Concierto Premios Príncipe de Asturias. Coros de la Fundación Príncipe de Asturias, OSPA, Sergey Romanovsky (tenor), Alexander Vinogradov (bajo), Rossen Milanov (director). Obras de Richard Strauss y Dmitri Shostakovich. Entrada con invitación.

Si el ensayo del día anterior prometía, abriéndolo al público en general que abarrotó el Auditorio, la actuación corroboró las buenas impresiones con la Sala Polivalente para la grandes ocasiones, y el concierto anual para los Príncipes de Asturias es una de ellas, con público variopinto que disfruta con el evento independientemente de lo que se programe, y con las incomodidades conocidas de protocolo y seguridad que todos soportamos con estoicismo y educación, músicos y director incluidos.

Para abrir boca tras el obligado himno nacional algo «tibio», una historieta hecha música, Las divertidas travesuras de Till Eulenspiegel, Op. 28 (R. Strauss) muy bien llevada por una orquesta que esta vez sonó vigorosa y clara, con las dinámicas a las que nos tienen acostumbrados en una obra cuya orquestación exige una amplia plantilla que reforzada para ella rindió como en los conciertos de primera, y Milanov pudo sacarle partido a todos los episodios dramatizados con el protagonismo de los distintos solistas que, salvo pequeños detalles tristemente repetitivos, brillaron como ellos saben hacer, desde los clarinetes y toda la madera hasta la percusión con una cuerda nuevamente centrada y con graves poderosos.

Y llegaba la obra esperada, esa grandiosa cantata -algunos hablan de oratorio- tan del régimen stalinista que es El Canto de los Bosques, Op. 81 del bueno (!) de Shostakovich, compuesta por encargo en 1949 con todos los tics esperados y el excelente oficio de Dmitri que sacó toda la artillería pesada, fanfarria final también, donde los coros personifiquen al pueblo soviético, esta vez más asturiano y protagonista que nunca, con permiso de Vinogradov.

Como hecho histórico local, los tres coros de la FPA unidos para la ocasión, desde los chiquitines que aparecieron al final, pasando por el infantil, ambos dirigidos por Natalia Ruisánchez, el Joven Coro de José Ángel Émbil y el de adultos de José Esteban Gª Miranda, auténtica población coral de todas las edades que cumplieron en todos sus números, afinando, empastando, con matices difíciles ante una mastodóntica orquesta «también de régimen» con el general Milanov al mando y dos oficiales de rango, el narrador moscovita Vinogradov que lleva casi todo el peso con ese timbre casi genético de bajo ruso potente (todo un lujo contar con él) de proyección clara hasta el anfiteatro y recreándose cual militar temeroso de destino en gulag, y el subordinado Romanovsky, tenor que sigue prometiendo aunque se ganó graduación en ese Gloria final que exige darlo todo tras los seis números anteriores.

El pueblo siempre sufridor se mantuvo protagonista, Cuando terminó la guerra era esperanzador y bien guiado por el «mariscal», Visitamos a nuestro país de bosques de difíciles intervenciones por cambios de ritmo y compás exigiendo registros altos, largos y matizados bien mantenidos, El recuerdo de las cosas pasadas siguió esa reforestación muy ecológica en nuestros días aunque mejor no preguntar a quienes les tocó hacerla, dura también musicalmente, tomando el relevo al pie de la letra Los pioneros plantas los bosques de los infantiles que aseguran el futuro coral en auténtico paralelismo con la narración musical como en Los integrantes de la Liga Joven Comunista avanzan ¿qué pensarían los ilustres invitados del número? ante una seguridad y aplomo pese al buen paso exigido por Rossen el general. Claro que Un paseo por el futuro dio la tranquilidad y momentos exquisitos de coro y tenor, con la orquesta en «descanso» aunque estaba cargando toda la pólvora para ese final tan del Régimen, búsqueda de aplauso fácil aunque bien merecido del Gloria con todo el ejército musical de un día otoñal que augura momentos complicados socialmente (al menos ni hubo gaitas destempladas antes ni después) donde también necesitamos unirnos a esta exhaltación de ánimo entre camaradas, calando el mensaje grandioso cual terapia musical. Bien por todos y prosigo mi semana musical, ya que CajAstur dejó la suya en el «Concierto de los Premios» (mejor del día antes), todos sabemos la causa.

Para cerrar, otro himno, el nuestro que sigue sonándome «aldeanu» aunque sea el que tenemos por decisión de los gobernantes (ninguno músico entre ellos, ni siquiera para consultar), donde los pequeños salieron a primera fila para regocijo del respetable y colofón del evento.

Eso sí, lleno hasta la lámpara, entrada previa de cámaras de televisión y fotógrafos con flashes cual fuegos de artificio y toda la corte ¡en un programa muy del régimen! a la que se unirá el mundo periodístico con amplia paleta de colores que convierten a Oviedo en capital mundial por un día y portada de telediarios de todo el espectro mediático. La música sigue siendo perfecta acompañante aunque otros la entendamos como la verdadera protagonista.

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