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Musika Música toma 1

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Viernes 6 marzo 2015, 18:00 horas: Músika-Música 2015, Bilbao. Palacio Euskalduna, Sala Príncipe Leopoldo: Raquel Lojendio (soprano), Andrew Tortise (tenor), Coro «El León de Oro» (Marco A. García de Paz, director), Forma Antiqva, Aarón Zapico (director). HaendelOda para el día de Santa Cecilia HWV 76. Entrada: 8€.

Inicio del mayor espectáculo musical que podemos disfrutar durante un fin de semana en Bilbao, este año dedicado a Haendel y Bach, con presencia de músicos de mi tierra a los que siempre hay que seguir fuera de ella para pulsar públicos distintos y mostrar todo mi apoyo incondicional.

Tras encajar mi personal puzzle de ocho piezas, comenzamos el espectáculo con mis dos pasiones: leónigan de LDO que en esta obra del de Halle volvió a brillar cuerda por cuerda pese a no estar al completo y continuar el bien preparado relevo, en una obra con pocas pero precisas intervenciones cantadas en inglés, buena pronunciación y emisión global más que correcta: el cuarto número From harmony, con Andrew Tortise en The trumpet’s loud clangot y el gran coro con Raquel Lojendio As from the pow’r of sacred lays, volúmenes adecuados en todos con entradas no muy seguras pero sin desajustes dignos de mención.

Los dos solistas ya mencionados fueron idóneos para la Oda handeliana, el tenor inglés con color ideal para estas obras barrocas y la soprano canaria de timbre algo metálico en el agudo y sonoridad poderosa que le permite alcanzar toda la tesitura con bastante uniformidad. Cierto que las agilidades barrocas son siempre difíciles y las cinco arias exigentes en expresión, pero que Lojendio resolvió con seguridad pese a algunos apoyos más de estilo operístico que religioso.

De Forma Antiqva en formación mediana solamente elogios, desde la Obetura: Larghetto e staccato-Allegro-Minueto se mostraron convencidos, dominadores de un repertorio todos y cada uno de los músicos, con un continuo donde el tándem Zapico (trioba y laúd) más la «hermana» Verona y el órgano-clave de Silvia Márquez conforman el toque propio de la formación asturiana, los acompañados siempre redondeados con intervenciones solistas subrayando las partes vocales, momentos primorosos de cada uno de ellos, o el colorido de la Marcha donde las trompetas naturales sonaron virtuosas sin necesitar excesos dinámicos, además de una formación que adaptada a los distintos programas, siempre suena sin fisuras.

Al frente de todo un Aarón Zapico más cómodo con su formación que en los conjuntos, atento a los solistas más que al coro, pero resultando su visión de la Oda a Santa Cecilia realmente brillante, todo un trabajo de tiempo donde Haendel ocupa un lugar de honor. El público que casi llenaba la sala mediana del Euskalduna brindó una larga y merecida formación en este arranque de «maratón musika» llevando el nombre de Asturias a esta capital barroca del primer fin de semana de marzo.

La difícil sencillez

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Viernes 19 de diciembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto Extraordinario «Europa canta a la Navidad«: El Mesías (Haendel). María Espada (soprano), Kristina Hammarström (mezzo), Valerio Contaldo (tenor), José Antonio López (barítono); Coro de la FPA (maestro de coro: José Esteban García Miranda); OSPA, Pilar Montoya (clave), Juan Carlos de Múlder (archilaúd), Eduardo López Banzo (director).

Final de año y trimestre, inicio de vacaciones navideñas, El Mesías me sirve como punto y seguido cada diciembre, nacimientos y muertes, el ciclo vital que las creencias religiosas conforman y los pueblos transmiten. Este 2014 suponía dejar atrás la Catedral y escucharlo en el Auditorio, con todo lo que queramos añadir para buscar el fiel de la balanza. A menudo la comodidad puede resultar peligrosa, como el todo gratis, y el lleno no evitó que existan los maleducados pendientes del reloj a quienes su egoísmo y miopía cultural no impide levantarse y marchar cuando les da su real gana. Ni siquiera saben esperar el final de un número, la hora les expulsa como una diarrea hacia otro destino cuando conocían dónde estaban y a qué venían, ¡aunque no les costase ni un euro!. Supongo que en las iglesias es habitual marchar en medio de la misa, antes de la comunión e incluso a medio sermón porque es «la hora de…». Puedo asegurar que incluso los ateos son más educados, al menos aplican el refrán de «donde quiera que fueres haz lo que vieres». De toses, móviles y ruidos tristemente habituales ya ni los comento porque me encabrono todavía más. Llevo toda la semana con resfriado, tos y malestar general, me he quedado sin asistir a varios conciertos para evitar sobresaltos, y hoy algo mejor decidí a última hora no perderme este Mesías distinto, aunque siga siendo descorazonador el comportamiento de una parte del público que parece contagiarse más que la gripe y convierten en cotidiano lo que siempre ha sido irreverente y maleducado. Me estoy haciendo mayor.

Tras el rollo inicial fruto del estado anímico e insalubre, este Mesías 2014 lo recordaré como el mejor de los últimos años, y han sido muchos, precisamente porque la misma obra nunca suena ni la percibimos igual por veces que la disfrutemos, canten o interpreten. Los ingredientes estuvieron todos en su justa proporción y el resultado final de nota.

Y esta vez quiero comenzar por el responsable de este Mesías distinto por el rigor desde el primer momento. Eduardo López Banzo conoce a Händel desde todas las facetas musicales, incluyendo la de profesor de canto que le da una visión realista de cómo llevar tiempos y dinámicas para que cada número brille en su medida. Tanto las arias como los números corales están llenos de dificultades sólo salvables cuando se conocen antes de afrontarlas. Maravilloso poder degustar tanto el fraseo como las agilidades sin perder frescura ni solemnidad cuando así lo requería el número. Por lo tanto el Coro de la Fundación estuvo y se le notó feliz, cómodo, adaptado a una obra que cada año afrontan como nueva y que en este parecía todo sencillo: volúmenes precisos, seguridad pasmosa, claridad en la emisión y placer al cantar que se transmitió desde el primer hasta el último número.

Del cuarteto solista, por fin todos de gran nivel, y puedo añadir lo mismo pues el aragonés López Banzo supo concertar y elegir el aire exacto para cada aria, mimando el acompañamiento para solaz de los solistas, y por poner sólo algún ejemplo con dos voces conocidas en Oviedo, el Rejoice de María Espada nos contagió de esa alegría desde ese color único y musicalidad firma de la emeritense, o el final del barítono-bajo José Antonio López realmente convincente en The trumpet shall sound con Maarten en pie resonó en el auditorio sin reverberaciones indeseadas o excesivas. Y he citado todo españoles, tanto el maestro como estos dos solistas aunque quiero resaltar a la mezzo sueca, barroca convencida de registros homogéneos y color hermoso, y especialmente al tenor italiano, que nos devolvieron la fe en estos papeles de oratorio porque cuando hay calidad vocal y además el repertorio es adecuado, no puede haber malos resultados. Contar con un cuarteto tan homogéneo siempre es para nota, y este 2014 por fin se alcanzó. Incluso el detalle de cantar todos juntos el Amen es más que indicativo del buen ambiente de trabajo y el placer compartido de este Mesías para recordar.

La OSPA tiene claroscuros desde hace tiempo, y esta vez dividida entre el foso del Campoamor para «el Barbero» y este Mesías con una plantilla ideal en todo (cuerda 6-6-4-4-2, 1 fagot, 2 trompetas y timbales) con el añadido del continuo de clave y archilaúd -excelencia habitual con López Banzo-, en un repertorio donde no se mueven todo lo bien que sería exigible a músicos de plantilla. La Sinfonía inicial fue desconcertante por los desajustes en entradas, que de haber sido en la Catedral hubiese achacado a la acústica, no siempre hubo la respuesta exigida desde la dirección precisamente en los tiempos, pero al menos respondieron en todas las dinámicas, y fueron calentando en un escenario que es su casa, para bien y para mal. Prescindir de los oboes (que no hubo en el estreno dublinés de El Mesías como comentaba el maestro López Banzo en la entrevista que dejo al final) y mimar el contingente sonoro sirvió para conseguir una versión de aparente sencillez en una obra compleja como tantas del universal Haendel. Lástima que siempre haya algún pero que poner a nuestra orquesta, nunca del todo perfecta y dependiendo del maestro que los conduzca. Esta vez pienso que no había disculpa alguna.

Los recitativos con archilaúd fueron un placer, los unísonos realmente vocales en la instrumentación, los fugados claros en su discurrir, la contención de timbales y trompetas realmente dignas de admiración, sobresaliente el papel acompañante de un coro que duplicaba los efectivos instrumentales rindiéndose al equilibrio buscado. No sé cómo estarán «los de la barbería»…

Para pérdida de los impacientes, el regalo de Stille Nacht Heilige Nacth (Gruber) también lo recordaremos por la elección de la versión original a dúo femenino celestial con acompañamiento terrenal de archilaúd (cual guitarra) y posterior incorporación del dúo masculino, la orquestación discreta y el coro suficiente para dejarnos una auténtica «Noche de Paz» tras las turbulencias que en estas fechas olvidamos para acabar ciclo y comenzar otro. La vida no sigue igual pero debemos vivirla ¡es nuestra obligación! y la música ayuda mucho.

Entrevista al Maestro López Banzo en LNE del viernes 19 de diciembre de 2014:

FELIZ SALIDA Y ENTRADA DE AÑO

Diez años que somos del ciclo de Don Alfredo

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Viernes 12 de diciembre, 20:30 horas. San Isidoro el Real de Oviedo: Concierto de clausura del X Ciclo de Música Sacra «Maestro de la Roza». Svetoglas Quartet, Polifonía Sacra Ortodoxa. Entrada libre. Lleno absoluto.

Durante cinco viernes Oviedo volvió a ser la capital de la música sacra recordando a nuestro querido Alfredo de la Roza, un ciclo que se mantiene con todo tipo de apoyos, pocos en estos tiempos pero incluyendo el popular desde la campaña «Yo soy del Ciclo», con difusión en cada concierto y en las redes sociales donde la Escolanía de San Salvador, organizadora desde hace diez años de esta cita obligada en el final del otoño carbayón, trabaja para mantener una música atemporal que nos toca la fibra a todos los aficionados. Este año por coincidencia de fechas con otros conciertos a los que estoy abonado, sólo pude asistir al último, pero la falta hubiera sido imperdonable.

Como novedad intentan acercarnos cada año alguna formación nueva, recordando todavía a Cuncordu e tenore de Orosei, y hace cinco años aunque parezca que fue ayer, que continuaron incluso en la plaza para completar aquel concierto con música popular de Cerdeña.

Esta vez desde Bulgaria acudía el Svetoglas Quartet cuya polifonía ortodoxa abarca un amplio repertorio desde el siglo IX hasta el XIX, incluyendo tanto obras escritas como las de transmisión oral con todo lo que ello supone.

Conforman este cuarteto dos tenores, barítono y bajo pero no desde la concepción o clasificación vocal clásica sino desde el canto natural de voces de hombre agudas y graves combinándose en dúos, tríos o cuartetos dependiendo de la obra elegida, tanto del folklore búlgaro (especialmente las dos propinas) como los cantos religiosos desde una visión actual que sin necesidad de ahondar en criterios necesariamente musicológicos, hacen de esta música actual desde sus interpretaciones que nunca pierden la novedad de descubrir cantos hasta ahora desconocidos por muchos, sonando cercanos e incluso modernos.

Daniel Spassov, Stanimir Ivanov, Tihomir Borissov y Milen Ivanov, que hace las veces de director, son las voces de este cuarteto «a capella» con la mezcla necesaria de juventud y experiencia, explicándonos en inglés el origen, estructura o forma de las obras a escuchar.

Organizadas en dos partes con un intermedio necesario para descansar ellos y marchar algunos del público (habitual en los conciertos gratuitos) para agradecimiento del público que estaba de pie, la primera parte ofreció diez obras variadas en estilos y combinaciones, con la letra traducida al español y proyectada en la pantalla gigante central, siempre desde el Misterio de la polifonía búlgara con referencias o recuerdos a músicas medievales recogidas en España como en el «Condúcenos, Santa Cruz» que aunque del siglo XIX y cantado por dos de ellos en «monodia con roncón» parecía sacada del Llibre Vermell de Montserrat, o con la misma forma el canto dedicado al «Sacerdote» que me trajo recuerdos del canto en las mezquitas por el muecín, con una melodía utilizando esos giros arábigos y melismas u ornamentaciones típicas, al igual que el «Aleluya» interpretado en séptimo lugar.

La primera del siglo IX en cuarteto como la melodía popular «Bendiciendo el nombre de Dios» para dejarnos un dúo del siglo X en la tercera, casi como del rito mozárabe o el tradicional y heredado en versión a tres voces «Gospodi», contrastando la música escrita y la transmitida que va enriqueciendo las melodías como en los inicios polifónicos de Leonin o Perotin, mismas formas musicales a partir de las propias composiciones de autores anónimos y posteriores armonías añadidas como el hermosísimo «Bautismo» a cuatro voces antes del trío para la «Lamentación sepulcral» riquísima incluso en matices y reguladores que desde la acústica perfecta por la ubicación de las voces y su empaste nos transportaron a esa música de los monasterios búlgaros que parecían estar en San Isidoro.

Finalizaron esta primera parte con «Te bendecimos, Santa Madre» con el cuarteto y no pudiendo faltar la temática mariana tras este recorrido cristiano desde el bautismo a la muerte como esperanza.

Otras diez obras para la segunda parte que comenzaron con la «Bendición» a dúo del siglo XIV antes de seguir el resto con música de transmisión oral y autores anónimos manteniendo las combinaciones a tres, dos o cuatro voces, sin perder nunca el «basso» como sustento para la monodia, la polifonía básica a tres voces o la más elaborada a cuatro casi académica de no ser por el tamiz que Bulgaria realiza como cualquier otro pueblo que hace suya la tradición. La penúltima «Sálvanos, Hijo de Dios» prescindió del habitual tenor primero sustituyéndolo por el segundo, para acabar a cuatro voces con «Te glorificamos María», nuevamente cierre mariano antes de las dos propinas folklóricas llenas del colorido interpretativo de «ayes guturales» que Don Alfredo, hombre abierto a todas las músicas, hubiera disfrutado como los demás.

La venta de discos del cuarteto búlgaro al finalizar el concierto corroboró el nuevo éxito de este concierto de clausura. Esta décima edición hay que volver a felicitar a la organización, siempre impecable, con cuatro conciertos y una conferencia glosando, como no podía ser menos, la vida de Don Alfredo a cargo del párroco José Luis Alonso Tuñón en el Monasterio de San Pelayo, y manteniendo San Isidoro como sede principal. Desde mañana ya está en marcha la undécima, el público la espera y la oferta ovetense sigue siendo algo que asombra a foráneos y propios, por lo que contra viento y marea, cantando esa «paz en la tierra» que titulaba esta edición aunque válido para todos los hombres de buena voluntad incluyendo «Amicus meus» del concierto de la Escolanía, amigos todos de un ciclo que no debe faltar.

Clausura de curso con estrenos

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Domingo 7 de diciembre, 19:00 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo. XIII Curso «La voz en la música de cámara»: Concierto de clausura en homenaje al Excmo. Ayuntamiento de Oviedo. Intérpretes: Ana Peinado (soprano), Ana Cristina Tolívar (mezzo), Fernando Fernández (tenor), Oscar Castillo (barítono), Irina Palazhchenko (piano); Santiago Ruiz de la Peña (cello), Nora Suárez (piano); Laura Mota (piano); Marco Antonio Guardado (gaita), Yelyzaveta Tomchuk (piano); Patricia Rodríguez (soprano), María Heres (soprano), Pablo Romero (tenor), Marisa Arderíus (piano); Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo», Rubén Díez (director); Alfonso Peñarroya (piano). Obras de Guillermo Martínez, G. Goltermann, J. S. Bach, Glinka / Balakirev, José Manuel Fernández «Guti»/ Juan Manuel Morán, Sigfrido Cecchini, Pablo Moras / Javier Almuzara, Rubén Díez / Juan Carlos De la Madrid, Santiago Ruiz de la Peña / Carlos Fernández. Entrada libre.

Trece años de un curso que bajo la dirección artística de Begoña García-Tamargo organiza la Asociación Cultural «La Castalia» con patrocinios y colaboraciones diversas que en el largo discurso de la citada profesora (más de un cuarto de hora incluyendo el desmayo de la joven Laura Mota) no solo sirvió de agradecimiento sino que hizo toda una historia del pasado, presente y hasta futuro musical de la ciudad de Oviedo en el terreno musical, en este homenaje al Ayuntamiento que sonó propagandístico dando paso a otra intervención del «alcalde heredero» Agustín Iglesias Caunedo, con todos los intérpretes en el escenario a pie firme escuchando unos discursos que nos llevaron hasta las siete y media de la tarde, avanzando una sorpresa lírica para el próximo año desvelando tan solo que será un elemento estratégico para Oviedo, música y cultura como pasiones de la capital asturiana, integrando otras músicas y creadores como los de este concierto clausura y homenaje. El desmayo citado apenas interrumpió el discurso aunque trastocó el orden del programa, que pudimos escuchar completo con varios estrenos de autores jóvenes, presentes en la sala y profesores muchos de este curso, así como otras obras cercanas en el tiempo de su estreno, sin olvidar los «clásicos», con artistas en formación y otros ya consagrados, dando un nivel algo desigual donde el protagonismo estuvo más en las obras que en los intérpretes salvo casos puntuales.

Dejo aquí el programa y profesorado del curso, pasando a comentar por alto lo que pudimos escuchar en una sala ideal para estos repertorios, que se llenó más allá de lo esperado.

El primer estreno absoluto Cantos de primavera de Guillermo Martínez sobre texto de F. Hölderlin para cuarteto vocal y piano, de factura académica a la que nos tiene acostumbrados este compositor, con reminiscencias germanas de Mendelssohn o Brahms e incluso los corales luteranos con introducción liederística del piano antes de la intervención vocal en distintos movimientos contrastados no ya en tiempo sino en expresión (lástima la poca claridad textual en las voces) con momentos dramáticos casi «parlatos» que no fueron paralelos siempre en calidad interpretativa, descompensadas las voces donde brilló por volumen la soprano sobre el resto. La creatividad de Guillermo no tiene límites y aún nos esperan muchos estrenos más.

El Allegro del Concierto para violonchelo nº 5 en re menor, op. 76 (G. Goltermann) sirvió para disfrutar de dos jóvenes intérpretes donde las enseñanzas de la música de cámara se centran en ambos, no ya el solista lógico sino en el difícil papel que tiene siempre el llamado pianista acompañante o correpetidor en tanto que las reducciones orquestales no siempre son agradecidas ni fáciles. Los detalles puntuales los conocen ellos mejor que nadie.

Segundo estreno absoluto para una formación original como gaita, piano y narradora: Vals de Naveo de «Guti» y Juan Manuel Morán, dúo de compositores para un dúo musical donde la gaita adquiere categoría sinfónica más que académica por una escritura cromática, exigente para el instrumentista por venir de un compositor que la domina, modos menores siempre agradecidos incluso desde el acompañamiento y coprotagonismo del piano en lenguaje impresionista totalmente actual,  notándose el otro compositor, con percusiones en la caja armónica que ayudan a una expresividad aún mayor con la narración bien dramatizada, y pasajes de arpegios variados en solitario o con la gaita recreando una sonoridad que los amantes del folk calificamos como «celta» pero tratada desde la sala de concierto al incluir una cadenza o fermata de la gaita con un piano de percusión, solo virtuoso lleno de cromatismos, trinos, explotación de los registros agudos hasta el máximo antes del regreso al tema del vals sin perder nunca referencias. Bravo por los compositores y por el trío de intérpretes.

Tercer estreno de la «Suite» del musical de Sigfrido Cecchini La Regenta, que en reducción a piano nos privó de poder degustar todo el trasfondo de una música casi minimalista en el amplio sentido del término y con todas las características a él asociadas (básicamente ritmos ostinatos casi monotónos y líneas de más expresividad narrativa que cantables), con claras referencias a Nyman no sólo en el pobre papel del piano, y también recuerdos de canto gregoriano y música medieval entendida desde la recreación de Carl Orff, melodías nada líricas pensadas más para voces ligeras y amplificadas que las trabajadas en repertorios operísticos. Tomemos esta «suite» más como un avance o trailer de lo que puede suponer la puesta en escena de este musical tan clariniano y de Vetusta como el propio «Coro de vetustenses» de todas las voces solistas destacando el poderío vocal y de buen gusto de la ferrolana Patricia Rodríguez en el papel principal con una partitura que engrandeció desde su arte, superior siempre en presencia y volumen con pasajes extremos donde evitó el griterío hasta ese final «Me llaman la Regenta».

Hermosa la partitura para coro mixto Hoy de Pablo Moras (1983) con texto de Javier Almuzara (1969) a cargo de «la Polifónica» con Rubén Díez dirigiendo, obra escrita con mucho gusto y conocimiento de los recursos corales en interpretación que derrochó empaste y belleza, siendo uno de los momentos álgidos del concierto.

Volví a escuchar distintos fragmentos de la zarzuela La Carrera de América (Rubén Díaz / Juan Carlos de la Madrid) por los mismos intérpretes que en octubre aunque al piano Alfonso Peñarroya y el coro completo y más numeroso que en octubre. De nuevo la soprano Ana Peinado destacó sobre el resto aunque el Aria de Teresa sigo asociándola a la voz de Beatriz Díaz, y también la mejoría en el grave de Pablo Romero, igualmente pensando en un color distinto para los protagonistas, por otra parte difíciles de encontrar y más que apuesten por obras nuevas. Estoy convencido que de contar con un elenco vocal de primera y conociendo la orquestación original, subirla al escenario no debería tener más problemas que el pecuniario.

Mi admirada Laura Mota se repuso del susto y siempre le agradeceremos el esfuerzo porque pocas veces se me caen las lágrimas ante una pianista, pero es que el Preludio de la «Suite Inglesa» BWV 807 (J. S. Bach) me conmovió nada más atacar el inicio. Escucharla es olvidarte de su edad porque su musicalidad, fraseo, gama dinámica, rigor, pulsación y todo lo que queramos añadir en el siempre intrincado estilo del kantor en sus dedos resulta no ya fácil sino hondo cercano a la pura espiritualidad que engrandecen obra e intérprete en perfecta armonía y unión. Es difícil expresar con palabras lo que Laura transmite al teclado. Y La Alondra (Glinka / Balakirev) es otro micromundo opuesto al bachiano, fuegos artificiales limpios, claros, explosión emocional frente a la introspección anterior, pero hilando ambas y como esperando menos aplausos para coser desde su inmaterialidad ambas obras que se aúnan con Mota. Siempre sabe a poco y cada vez más intensa mi escucha.

El Canto a Oviedo con música de Santiago Ruiz de la Peña y letra de Carlos Fernández, para coro mixto y piano no resultó el final apoteósico ni siquiera heróico, incluso monótono por momentos al cantarse a unísono y con un piano meramente acompañante, aunque siempre se agradece escuchar obras cercanas en el tiempo, pero claro que Laura nos dejó el oído demasiado cerrado a nada que viniese a continuación.

Cuatro días para un curso donde profesores y alumnos trabajaron estas obras, bebiendo algunas directamente del compositor lo que da un plus interpretativo, y compartidas con el público como deseado colofón.

CompositoresCurso

Santa Cecilia coral en Mieres

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Sábado 22 de noviembre, 19:30 horas. Auditorio «Teodoro Cuesta», Mieres: Concierto Santa Cecilia: Coro Mixto «San Pedro» de Cudillero (director: Pablo Moras) y Orfeón de Mieres (director: Joaquín Sandúa).

La mina y el mar además de una bella canción es un emparejamiento que va más allá de la conocida explotación de La Camocha en Gijón. La villa pixueta y la minera de Mieres siempre han estrechado lazos, más en el mundo coral, y son habituales los encuentros de sus dos formaciones, bien al lado del Mar Cantábrico o a la vera del río Caudal, el último celebrado este mismo mes hace quince días en el 14º Certamen Internacional de Habaneras y Canción Marinera «Añoranzas en Cudillero», donde nuestro centenario orfeón acudió.

Celebrar la festividad de los músicos con música, más la coral, es buena disculpa para llenar el auditorio de la calle Manuel Llaneza de aficionados fieles que siguen disfrutando con las canciones de siempre, habaneras y tradicionales asturianas sin olvidar «clásicos populares» presentes en el repertorio de todas las formaciones.

El Coro Mixto «San Pedro» de Cudillero ahora dirigido por Pablo Moras, es formación veterana en el panorama asturiano aunque algo reducida en la actualidad, y trajo a Mieres una selección donde no faltaron el salitre de «El abanico» (Trayter), «Háblame del mar» (A. Barja) o » A tu lado» (Javi Busto) con el regusto a sidra de «Ay! Pinín» (Alfonso Sánchez Peña) o una vaqueira. Obras agradecidas para intérpretes y público, aunque son formaciones amateurs que necesitan renovación en voces de querer mantener una tradición que exige cantera (Cudillero la tiene) y apostar por nuevos repertorios a los que no siempre pueden acceder por las limitaciones habituales. Con todo dejaron un buen sabor de boca.

El Orfeón de Mieres en esta última etapa con Joaquín Sandúa está cambiando repertorio, recuperando obras que cantaban en los años setenta y eran casi la seña de identidad como: «Capricho» (J. Ignacio Prieto), «Canción crepuscular» (F. Mendelssohn) o la hermosa habanera «La niña de Marianao» (Fernando Moraleda) manteniendo otras muy trabajadas, ahora con otro «aire», caso de «Ay un galán» (Javier Armenter), «Ilusión de amor» (Santos Montiel, armonización de Ginés Abellán)
o «Un velero y una canción» (Santos Montiel), necesitando también renovación en las voces, pero que como en el caso de los pixuetos, tendrán más difícil sin cantera infantil, siendo más un «hobby» (que les ocupa mucho tiempo) para sus componentes, haciendo de embajadores allá donde van con su música. Los enlaces en los temas están en el canal del Orfeón en YouTube©.

Tras la entrega de obsequios del Orfeón y Ayuntamiento de Mieres al coro invitado y amigo, ambos coros dirigidos por Pablo Moras interpretaron conjuntamente y con la participación del público asistente el himno oficial «Asturias, patria querida».

No había mucha gente joven que parece tener otros gustos musicales, como podríamos comprobar el día siguiente, aunque lo contaremos en otro momento. Sigo preguntándome qué hacer para implicar más a la juventud en el canto coral, si bien la Escuela de Música (con muchas zancadillas) está cubriendo la base y sembrando para el futuro, pero quedando ese hueco juvenil que parece buscar otros terrenos musicales distintos del coral.

El periódico «La Nueva España» en su edición Cuencas este lunes recogía la reseña que dejo aquí:

Aurum, mujeres al poder

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Miércoles 29 de octubre, 20:30 horas. Auditorio del CONSMUPA, Oviedo: Coro Femenino «Aurum», Elena Rosso Valiña (directora). Obras de César Alejandro Carrillo, Jacobus Gallus, R. Schumann, Eva Ugalde, Jackson Berkey, Javier Fajardo, Idoia Azurmendi, Javier Busto, Tobin Stokes, Josu Elberdin y Julio Domínguez.

El León de Oro más que un proyecto musical es una filosofía coral, una familia numerosa bien avenida y planificada, donde «Aurum» ha alcanzado su mayoría de edad sin abandonar nunca el hogar. En dos años han crecido en todos los sentidos y los premios solamente avalan el duro trabajo bien hecho con Elena Rosso al frente.

Como embajadoras corales acudirán el próximo fin de semana a Tolosa para competir en la 46 edición de su reconocido concurso, con las mejores formaciones mundiales, así que hemos podido comprobar en el auditorio del conservatorio carbayón con un público entendido, que escuchó con riguroso silencio, respeto y admiración, el programa que defenderán en la capital coral guipuzcoana y cantarán en una minigira por tierras vascas antes de llegar al destino final.

Dos partes como es costumbre, polifonía y folklore, difíciles ambas, memorizadas por todas y dando una lección de excelencia en todo: colorido vocal y visual, coreografías, afinación, empaste, dinámicas impresionantes y sobre todo mucha disciplina. Aún retocarán y asegurarán cada una de las partituras que llevan preparadas al detalle. Destacar la (s)elección de obras básicamente actuales, frescas, cercanas al LDO casi todas y perfectamente organizadas para un certamen competitivo donde el nivel global es altísimo aunque la experiencia de las féminas sea grande y garantía de éxito.

Del programa íntegro que dejo aquí, destacar a Schumann, pero especialmente el hermosísimo Miserere de Eva Ugalde que hacen aún mayor emocionalmente, transmitiendo la riqueza de una partitura casi a medida de «las chicas de oro». También el Ascendit Deus de Jackson Berkey por el alarde polifónico de una obra que conjuga el saber del «Ars Antiqva y Ars Nova» ya trabajado por Los Peques de El León de Oro también para Tolosa, pero que Aurum recrean y engrandecen desde su excelencia vocal. Dejo para el final de la primera parte Fervor na brétema de Javier Fajardo (presente en la sala) por tratarse de una obra ejemplar de principio a fin, participación puntual de dos xilófonos (esta vez metalófonos) y tambor de tormenta, reubicaciones de las voces en el escenario, siempre con una sonoridad rotunda, y la belleza de una partitura que estas voces blancas sienten propia, para ellas compuesta y algo indescriptible que transmiten desde el escenario.

Un breve descanso para afrontar la parte de folklore, calzadas con madreñas que no sólo les dan altura sino el recurso de percusiones más allá de lo asturiano, como en el Zutaz del doctor Busto, la maravilla visual y vocal de Ikimilikiliklik (T. Stokes), conjuro de brujas, aquelarre con rememoranzas maoríes, trabalenguas, magia coral en estado puramente femenino, y D’Alborada de Julio Domínguez, más que una recreación de temas asturianos, inspiración donde la percusión de las madreñas vuelve a integrarse en el canto. Excelentes las Aurum con Elena Rosso que vuelve a marcar diferencias en la dirección por su magisterio, gesto claro y preciso, pero sobre todo una trabajadora nata que ve recompensado su esfuerzo.

Gracias a todas y Tolosa disfrutará con ellas, el mejor premio que se puede tener.

Ensayando para los reyes

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Miércoles 22 de octubre, 20:30 horas. Auditorio de Oviedo, XXIII Concierto Premios Príncipe de Asturias, ensayo general. W. A. Mozart: Réquiem en re menor, K. 626. Ainhoa Arteta (soprano), Maite Arruabarrena (mezzo), Luis Dámaso (tenor), José Antonio López (barítono-bajo), Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (maestro de coro: José Esteban García Miranda), OSPA, Rossen Milanov (director). Entrada libre previa recogida de invitación.

Veintitrés años de conciertos para una semana donde Oviedo se viste de gala para entregar sus galardones más internacionales, pero donde la crisis se nota también. Atrás quedaron las semanas de música con el patrocinio de unas perdidas cajas de ahorros y sus obras sociales, reeconvertidas en bancos que no suelen entender la música como inversión, con figuras internacionales y obras para recordar.

Para este 2014 la FPA ha programado el siempre bello, emocionante y exigente Réquiem de Mozart a cuyo ensayo general acudió público variado que llenó el auditorio aunque desconociendo probablemente qué es un ensayo, donde los solistas no suelen darlo todo (enhorabuena para los que sí), se cronometran y ajustan últimos detalles de protocolo, para finalmente retocar o dar esas anotaciones necesarias que desemboquen en un concierto lo mejor posible.

Con la plantilla al completo y en pie se comenzó con el Himno nacional de España que el maestro Milanov aún no parece dominar, siendo imperdonables desajustes hasta en los platillazos. Menos mal que no se tiene en cuenta para la crítica la ejecución (nunca más literal) del himno patrio, sin letra aunque el coro permaneció en escena preparado para la siguiente.

Reubicados y con la plantilla mozartiana para su obra póstuma comenzó titubeante el Requiem aeternam, primero orquesta y después un coro que se adapta a lo que le pidan, y personalmente me congratula porque creo que les faltó más confianza con el director, aunque solventaron la papeleta con una profesionalidad de la que siempre hacen gala. El trabajo de años con Pepu al frente se nota, logrando una formación moldeable, rigurosa y precisa, con una gama dinámica sobresaliente en todas las cuerdas, aportando seguridad. Hasta el Confutatis no hubo comunicación ni interpretación, demasiado silábico y marcado todo, faltando más legato y expresividad, mayor contraste entre orquesta y coro, que no tienen porqué sonar iguales, el contraste es una de las grandezas de esta obra del prodigio de Salzburgo. El Lacrimosa resultó de lo mejor, realmente emocionante y a punto de saltársenos las lágrimas porque la sal apareció por fin. Y con el Sanctus ya parecieron entenderse todos mejor (bien el fugado), si bien eran las voces quienes acababan encontrando la pulsación poco precisa del maestro búlgaro que no parece encontrarse cómodo con estos repertorios, debiendo percatarse que los coristas deben tener siempre claro el tempo y las entradas, algo difícil con la gestualidad del titular. Conocer la obra como este coro siempre ayuda y fueron realmente quienes mantuvieron el tipo. Mis felicitaciones para ellos.

Del cuarteto solista siempre destacar a Ainhoa Arteta, una figura internacional cercana, volcada durante todo el ensayo, incluso en las repeticiones posteriores, cuya voz siempre es un placer degustar con Mozart. Otro tanto de José Antonio López, potencia, claridad de emisión y musicalidad en todas sus intervenciones, convenciendo en el Tuba mirum de inicio a final, bien secundado por Luis Dámaso que cumplió y empastó con sus compañeros, línea de canto hermosa perfectamente adaptada a la partitura; pues el director no pareció pedirles nada especial, por otra parte difícil en una obra tan conocida y cantada. Una pena Maite Arruabarrena que «dejó cojo el banco» y siempre oscurecida, poco volumen, tapada en la mayoría de sus intervenciones, de registro grave inaudible (y esta vez estaba en la fila siete) dejando el medio y agudo justo para poder apreciarla. Supongo que en el concierto será otra cosa, aunque a la vista de los mimbres no sé qué cesto saldrá. Tampoco se contagió de la entrega de sus compañeros, aunque repito que un ensayo general suele ser así.

La orquesta tiene a Mozart en sus genes, siendo capaz de lo mejor y lo peor, incluso de combinarlo en una misma obra. Por lo menos el director corrigió al final detalles que son casi de manual, de los que los profesores tomaron nota. Pienso que sigue faltando más precisión en el podio, no es solamente el discurso musical o los matices, que están siempre pero que sin una pulsación clara (haya o no rubati) es inexistente el encaje necesario, por otra parte más difícil en los ritardandi que sí entienden a la primera. La preocupación por el color sigue vigente, colocaciones incluso de los solistas entre coro y orquesta, eligiendo timbales de bronce o trompetas de llaves, pero la línea no debe sacrificarse en pos del color, menos en el Clasicismo. Felicitar esta vez a los trombones, especialmente en los solos, capaces de transmitir esa sensación orgánica que todo el Requiem respira.

Final con Asturias patria querida y mismas sensaciones, tapado por un público que no mantiene pulso con el escenario y acaba «mandando», populismo mal entendido nuevamente para un himno que, hace tiempo ya comenté, se le viste de solemnidad con una orquestación para estos momentos.

Después vinieron las correcciones puntuales con parte del público interrumpiendo al salir en plena labor directorial. Del técnico de sonido preparando la microfonía mientras sonaba Mozart mejor ni opino porque denota falta de prudencia, algo parecido a los fotógrafos cuyos clic enturbian y rompen un ambiente necesariamente de concentración. Hubo tiempo para enchufar antes del inicio, y ajustar niveles sin tanta molestia para todos, incluso la visual.

El jueves es el día, Felipe y Letizia estuvieron como príncipes y vuelven como reyes, aunque todos sabemos que la melómana es Doña Sofía. El concierto no llega a la hora y Mozart gusta a todos, incluso a los entendidos…

Distintos, no distantes

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Viernes 17 de octubre, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Sabina Puértolas (soprano), Mª José Suárez (mezzo), Roger Padullés (tenor), Christopher Robertson (barítono), Coro «El León de Oro» (director: Marco A. García de Paz), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (Director). Obras de Bach y Schönberg.

Comienza la temporada de los Conciertos del Auditorio con dos mundos totalmente distintos en un mismo universo sonoro, dos obras opuestas, «amor sacro y amor profano» que titula Juan Manuel Viana sus notas al programa, dos visiones distintas pero no distantes pero capaces de mostrar la versatilidad de una orquesta que sigue ganando en calidades bajo la dirección de su titular, y disfrutar de nuevo con el mejor coro asturiano capaz de cantar «a capella» o con orquesta siendo su sonoridad la de un instrumento más sin renunciar a sus señas de identidad: la búsqueda de la perfección desde un arduo y meticuloso trabajo que les ha llevado a triunfar incluso en Londres y todavía nos seguirán dando muchas alegrías.

El Magnificat en re mayor, BWV 243 (J. S. Bach) representa un despliegue sonoro y catálogo de emociones en sus doce números bien contrapuestos como joya barroca que es y cántico de la iglesia católica donde el genio nacido en Eisenach logra exprimir los textos en latín como si de su lengua vernácula se tratase. Una orquesta reducida y colocada para la ocasión (con el continuo de Sergei Bezrodni), cuatro solistas aseados y un coro valiente, convencido desde la primera intervención, siempre con las intensidades adecuadas, presencia y musicalidad en una formación que sigue renovando voces sin perder un ápice una sonoridad y estilo propio. Conviene recordar la dificultad técnica de esta obra cuya virtud está en parecer sencilla, y los tres números corales finales así sonaron, desde el potente fugado del Fecit potentiam hasta el Gloria Patri en momentos celestiales.

Me sorprendió la actitud corporal de Sabina Puértolas por una gestualidad a la que no estamos acostumbrados en estas obras. siempre más recogida incluso en la posición para sujetar la partitura, pero su voz y gusto superaron presencia en el Et exsultavit y continuaron en Quia respexit, cumpliendo sobradamente (con su «Micaela» madrileña aún en el subconsciente). El barítono Robertson, estadounidense afincado en Bilbao, cantó con el continuo su Quia fecit algo corto en el grave -parece difícil encontrar bajos cantantes, recurriendo a barítonos cuyo color de voz nunca es igual- aunque suficientemente. Del tenor catalán especialista en estos repertorios, me gustó cómo empastó con la mezzo asturiana en Et misericordia pero su Deposuit quedó algo mermado en volúmenes buscando asegurar afinaciones desde unas dinámicas menos arriesgadas, con una voz agradable y bien colocada. De mi querida Mª José Suárez siempre hay que destacar su profesionalidad y saber estar, sin excesos vocales en el citado dúo y bien en su Esurientes, fluido para esa ternura del texto latino. Finalmente la orquesta sin ser especialista ni dotarse de instrumentos para la ocasión, desde una sonoridad cercana al barroco pero con cierto romanticismo en cuanto a la intención por parte de todos, estuvo siempre acertada, un trío de trompetas sin complejos, los timbales mandando y con los ritardandi perfectos, maderas de tímbricas recogidas, y una cuerda siempre con el «vibrato» adecuado dando una textura homogénea para una obra tan bien concebida. Conti mimó cada número y se le vio cómodo tanto con los solistas como con un coro que muchas batutas quisieran tener enfrente, redondeando una interpretación bachiana no memorable pero si honrada en sus planteamientos y ejecución.

El salto espacio-temporal resultaría impensable tras la primera parte, no por los estilos, que también, sino por la búsqueda de sonoridades, y es que el Pelleas und Melisande, op. 5 (Schönberg) puso sobre el escenario una gran formación sinfónica (con muchos refuerzos) para un poema sinfónico exigente, vibrante, en cuatro secciones sin pausa, cercanas, emocionantes, disfrutando con cada tema en intervenciones solistas personales y de calidad, empaste, dinámicas extremas perfectamente logradas por Marzio Conti, versátil como su orquesta, capaz de afrontar en un mismo concierto dos mundos distintos pero no distantes, al gusto de todo buen melómano, extremos que se tocan, el «padre de todas las músicas» y el compositor vienés que revolucionaría la escritura musical desde la investigación y el conocimiento de los orígenes, el contrapunto como «madre de la composición», esponsales musicales para este inicio de temporada de grandes conciertos en la capital del Principado.  Obra compleja la del vienés basada en el drama de Maeterlinck que la Oviedo Filarmonía llevó fiel a su espíritu, sigue creciendo fuera del foso, aunque resulte un espejismo la plantilla desplegada para esta apertura, pero el florentino es capaz de liderar proyectos arriesgados como el de este luminoso viernes otoñal.

El próximo domingo 26 a las 19:00 horas nos espera otra celebración con Sir John Eliot Gardiner y su Orquesta Revolucionaria y Romántica no Bach o Monteverdi sino un Beethoven que seguro pondrá el listón muy alto, y un Berlioz en medio corroborando esta leyenda de distintos, no distantes…

Armas solo musicales

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Lunes 30 de junio, 20.00 horas. S. I. B. Catedral de San Salvador, Oviedo. Coro de la Universidad de Oviedo, Orquesta Clásica de Asturias (OCA), Joaquín Valdeón (director): The Armed Man: A Mass for Peaceselección- (Karl Jenkins, 1944).

Mi generación ha bebido de muchas y variadas fuentes, declarándome y aceptando el calificativo de omnívoro musical, por lo que puedo decir pasado un tiempo que podemos presumir de tener amplitud de miras sin prejuicios, algo similar a la de esos viejos rockeros (que nunca mueren) como Sir Paul McCartney o nuestro Karl Jenkins que dieron el salto a la llamada “música culta” con obras sinfónico corales plagadas de guiños a épocas que seguimos disfrutando como si fuese la primera vez, caso del «Oratorio de Liverpool» (1991) del exbeatle o esta «Misa para la paz» del miembro de Soft Machine, titulada “El hombre armado” que ha inspirado a tantos otros músicos de la historia como bien aparece en el programa de mano.

La obra compuesta en 1999 por encargo del Real Museo de Armamento de Leeds y dedicada a los muertos de Kosovo (extensible a todas las víctimas de la guerra), se estrenó en el Royal Albert Hall londinense el 25 de abril de 2000 con el propio Jenkins dirigiendo la London Philharmonic Orchestra, y consta de trece números (se añadió el decimocuarto en octubre de 2010) con textos de diversa procedencia, mayoritariamente cristiana, en latín lo que será el ordinario de la misa, aunque el compositor galés prescinde del Gloria y el Credo, pasando por el árabe de la llamada a la oración (Al-Adhan), el francés del tema original «L’homme armé«, canción popular sobre la que también han compuesto entre otros muchos Dufay, Palestrina, Josquin Desprez, japonés y por supuesto inglés, con textos bíblicos pero también de Kipling, el Mahabharata, y muchos más, entroncando con el impresionante War Requiem de Britten que pudimos disfrutar en el centenario también en nuestra capital asturiana.

The Armed man es obra poco programada en nuestro país aunque gozando de popularidad sobre todo entre coros jóvenes, por lo que no será extraño que también sea llamada a escucharse como cierre de ciclos sinfónicos por su impactante y atemporal mensaje.

Partitura con amplia orquestación, aunque abierta, que incluye por ejemplo pícolos, flautas, oboes, corno inglés, clarinete, clarinete bajo, fagot, trompetas, trompas, percusión abundante así como órgano, más la cuerda, coro a cuatro voces mixtas, cuarteto vocal solista, un muecín, y solo de violoncello en el antepenúltimo número, Valdeón realizó una selección con la mitad de sus números que pudimos escuchar por primera vez en Asturias (puede que en España) en una catedral a rebosar (y eso que había otro concierto en el Auditorio de la ALAAK) al frente de “su” coro universitario, con una OCA algo mermada en efectivos, de plantilla siempre variable aunque de nuevo resultase garante de profesionalidad desde una media de edad siempre joven, sumándose un músico integral como Guillermo Martínez al órgano, adaptando estos mimbres para construir una versión más que digna de esta forma musical que transciende lo litúrgico o sacro, como en el antes citado Oratorio de Liverpool.

Siete de los catorce movimientos fueron desgranándose por un coro entregado en cuerpo y alma, afinado, empastado, multilingüe en los distintos números, corto en potencia pero rico en dinámicas, sobre todo las voces agudas, con una orquesta disciplinada y casi camerística donde metales y percusión brillaron sin necesidad de avasallar en volumen, sumando magisterio organístico por la elección de los registros adecuados, complementarios o solistas, todo desde la atenta y convincente dirección del maestro Valdeón, conocedor y defensor de la obra, los músicos y sobre todo el entorno, dominando la siempre difícil acústica catedralicia para utilizarla como un plus en vez de enemigo. Lástima unos ruidos molestos en las pausas, tal vez golpes en el micrófono abierto, pero tomados como si de la propia obra se tratase.

El primer número L’homme armé presentó credenciales vocales e instrumentales, arrancando con el ritmo militar en los pies de los intérpretes para ir engordando la escritura instrumental y la aparición del órgano desde el contagioso ritmo del original que finalizado el público no pudo reprimir los aplausos, pese a la indicación contraria del director.

Sin canto árabe de llamada a la oración pasamos al número tres, Kyrie de estructura clásica (Kyrie-Christe-Kyrie) que contó con el solo inicial de la soprano Ana Peinado, bien vocalizado y más que suficiente en presencia y proyección, bien arropada por el resto del coro y una orquesta templada.

El imponente Sanctus, quinto número, hizo vibrar a todos por la capacidad mostrada desde el podio de alcanzar el difícil equilibrio de planos sonoros entre coro, percusión y metales extremos en las dinámicas, pp realmente logrados y ff impactantes donde la orquesta nunca tapó al coro, aprovechando la reverberación para duplicar sensaciones, duraciones acortadas y silencios remarcando la intensidad dramática: coro silábico, rítmico con las trompetas contestando, unísonos de cuerda y coro con la percusión guerrera y cinematográfica casi de romanos, timbales y platillos, efectismos plenos de belleza en la línea del proyecto «Adiemus» del propio Jenkins, el latín idioma musical en el ocaso del siglo XX, lengua muerta pero resucitada siempre para el canto sacro.

El sexto número, Hymn before action (Himno antes de la batalla) con texto en inglés de Rudyard Kipling resultó difícil de entender pero plenamente conmovedor: «La tierra se ha llenado de cólera, los mares, de furia se han oscurecido. Las naciones reúnen a sus guarniciones para cruzarlas en nuestro camino…» y la música perfectamente adaptada a una letra realmente trágica como ese final «… Tú mejor que nadie, Señor, danos fuerzas para morir», tintes épicos de nuevo con referencias a bandas sonoras de los verdaderos clásicos sinfónicos que están en nuestra memoria auditiva, lenguaje universal.

La tensión creciente llegaría en el siguiente número, séptimo «de caballería con verdadera carga», Charge! -que bisarían- realmente épico, fanfarrias dignas de un Péplum, agradecidas de interpretar y escuchar, efectistas, cañonazos sobre parches para llegar a dar las sopranos unos agudos al límite en tesitura y matices bien resueltos, sumando dificultades y riqueza de reguladores por parte de todos, coro incluido hasta las aclamaciones sobrecogedoras, reguladores infinitos de horrores pero nunca gritos en un final (omitido en la propina) impactante como el concluyente silencio.

El toque de trompeta, militar y dulce, fin del horror y del movimiento séptimo, cual canto a los caídos sobre notas pedales, desemboca en el hermosísimo Agnus Dei, número décimo de esta misa, recogimiento roto con disonancias y notas tenidas en la cuerda, lejanas campanadas de muerte, recuerdos de Britten, antes de saltar al duodécimo número con el registro de armonio preparatorio anímicamente al inigualable Benedictus, digno final (aunque faltasen los números siguientes) como reza el programa: «Con su dulzura melancólica que simboliza el fin de la guerra, la tristeza y la asunción de sus consecuencias y, también, cómo no, la esperanza; «Bendito el que viene en nombre del Señor. ¡Hosanna en el cielo!»», melancolía y paz desde el lirismo en el solo de cello a cargo de Elena Robledillo contestado por maderas (oboe, flautas), después dúo de trompas aterciopeladas, las cuatro voces del coro en entradas sucesivas (sopranos, tenores, contraltos, bajos), de buen gusto en escritura y ejecución, sutiles en los pianísimos y rompedoras en los «fortissimi» contrastando volúmenes de todos en un tiempo lento majestuoso antes del “da capo”, esperanzador como el propio concierto, apuesta por repertorios nuevos que serán clásicos dentro de uno o dos siglos y con armas estrictamente musicales.

Sólo me queda pedir y esperar la escucha completa de la obra, completa en todos los sentidos sin desmerecer lo vivido en San Salvador, pues las emociones colmaron cualquier necesidad anímica para cerrar un curso musical con este junio que todavía no respira verano en Asturias, por otra parte lo habitual contrastado con lo especial de esta paz musical siempre necesaria tras la guerra no deseada.

XIII Encuentro Coral de los pueblos mineros

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Los días 13 y 14 de junio en el Auditorio «Teodoro Cuesta» de la Casa de Cultura de Mieres a las 20:00 horas, fueron elegidos este año 2014 para la decimotercera edición de «La mina canta unida», encuentro coral de los pueblos mineros que organiza el Orfeón de Mieres en colaboración con FECORA, el Excelentísimo Ayuntamiento de Mieres y el Club Cultura Principado de Asturias, amén de distintos patrocinios del comercio e industria locales, adelantándose este año a las Fiestas de San Juan que todavía no lanzaron el chupinazo.

Dos jornadas bien distintas e imposibles de pormenorizar, que tuvieron como maestro de ceremonias al presidente del Orfeón Eustaquio Álvarez Hevia, proyectándose un breve montaje en homenaje a la minería que sirve de nexo a los pueblos de donde vienen los distintos coros, y guardando un minuto de silencio por los coralistas fallecidos.

El viernes 13 participaron dos coros vecinos, el Coro del Centro Asturiano de Oviedo bajo la dirección de Patricia Miriam Martínez Iglesias, y el Orfeón de Castrillón que dirige Martín Martínez Bastián, el primero con un repertorio conocido y muy del gusto del público que pese a la competencia futbolística se acercó a escuchar los dos invitados asturianos de la primera jornada:

Como la flor (Eduardo Martínez Torner), hermosa canción asturiana que sigue presente con el paso de los años en los distintos coros de mi tierra, el son cubano Las cuatro palomas (I. Piñeiro) con un acertado acompañamiento de cajón peruano, la popular mexicana Borrachita, buscando arreglos y repertorios que dinamicen el mundo coral, como un buen arreglo del famoso bolero Piel canela (Bobby Capo) también con la percusión del mal llamado cajón flamenco que resultó de lo mejor, la poco agradecida Dime paxarín parleru (Ángel Émbil) algo «destemplada» que siempre pone a prueba formaciones, solistas y directores, cerrando intervención la canción africana popularizada por el cine The Lions Sleeps Tonight nuevamente con cajón más abundantes efectos vocales emulando la fauna y sonoridad de la selva realmente conseguidos que salvó una actuación discreta.

Por su parte el Orfeón de Castrillón que dirige Martínez Bastián, realizó cambios sobre el programa previsto, y puede que mermados en número, cantando Esta tierra (Francisco Pino – Javi Busto) que harían del compositor de Hondarribia el más escuchado estas jornadas, 
Camino del indio (F. Cabedo – A. Yupanqui), bien empastados aunque como en el coro ovetense, algo descompensadas las cuerdas si bien la musicalidad siempre es digna de mención, dos habaneras que parecen ser indispensables en los conciertos: Nostalgia del mar (Rosa Mª Tarruel)
 de apego asturcubano, y Habladme del mar (Ángel Barja) desde tierra adentro del siempre recordado compositor orensano-leonés, esta difícil de afinaciones y comprometida para todos; finalmente Alma, Corazón y vida (Adrián Flores) y El día que me quieras (C. Gardel – arr. Vivian Tabbusch), dos temas que nunca me han gustado armonizados para coro al perder el sabor primigenio, aunque los de Piedras Blancas dieron lo mejor de ellos. Y de propina un tema casi «propio» del coro anfitrión como Ay! un galán (Javier Armenter) al que le dieron su toque personal con un aire más bailable de regusto llanisco (frente al pausado local como de danza prima).

Para el sábado 14 venía el plato fuerte con la Coral Camino de Santiago de Ayegui (Navarra) dirigida por José Mª Chasco Urabayen, devolviendo visita al orfeón mierense, y con un programa amplio, duro, difícil y muy variado, mostrando un alto nivel para un coro casi de cámara (5 sopranos -más la pianista Alba Etxarri Chasco cuando no intervenía-, 6 contraltos, 7 tenores y 6 bajos) muy equilibrado en sonoridades, de empaste perfecto y atento a la magistral dirección del maestro y farmacéutico Chasco, echando de menos voces más jóvenes aunque sea un mal casi endémico, al menos en muchos de los coros del norte.

El programa se organizó en dos bloques, el más purista por así decir con obras digamos clásicas: el motete Ubi Caritas (M. Duruflé), Insanae Vanae Cure (J. F. Haydn) con acompañamiento de piano (difícil por ser reducción orquestal) al igual que Wie Lieblich del «Réquiem Alemán» (J. Bramhs), exigente para un coro de estas dimensiones del que salieron más que airosos, cuidadosos de matices y planos sonoros, el poco escuchado Ave Verum (E. Elgar) hermosura coral aunque sin el órgano, y también «a capella» el Padrenuestro o Aita Gurea (Padre F. Madina) que sirvió de puente para la segunda parte más popular donde no faltaron dos temas populares vascos arreglados por Javi Busto: Nerea Izango Zen (M. Laboa) y Axuri Beltza, contrapunto y ritmo perfectamente entendidos por el director y sus coristas, más Maitia Nun Zira (popular – José Tomás Uruñuela). Una de las obras más escuchadas del doctor Busto es A tu lado, bien trabajada en Donosti donde José Mª Chasco amplió formación musical, llevando limpiamente las distintas voces con una musicalidad innata en los coros vascos y navarros. Otra seña de identidad es su apuesta por los nuevos repertorios, y de nuevo con acompañamiento de piano (eléctrico) pudimos escuchar dos arreglos de sendos temas de QUEEN y su auténtico genio Freddy Mercury: Somebody to love (donde aparece «dibujado» el We are the champions) y una excelente armonización de la Bohemian Rhapsody donde los solistas también tuvieron su protagonismo aunque el inglés no resultase tan convincente como la difícil música que cerró la excelente actuación del coro navarro.

El Orfeón de Mieres bajo la sabia dirección de Joaquín Sandúa Fernández ponía el cierre con dos habaneras flanqueando una asturiana, Un velero y una canción (Santos Montiel) con salitre y carbón a partes iguales, la citada Ay! un galán (Javier Armenter) que arrastra carencias pasadas imposibles de subsanar por el maestro navarroasturiano, y La niña de Marianao (Fernando Moraleda) recuperada para la formación que un servidor montase allá por los años 70 con su director y en la línea de sacar a flote grandes obras que el Orfeón puso de moda entonces y el tiempo madura como los buenos vinos, reestreno de sabor marinero sin regusto a carbonilla.

Navarros y mierenses cantaron juntos la canción patronal minera Santa Bárbara en armonización de mi admirado José Fdez. Avello, intercambios musicales y encuentros, que son la salsa de coros y localidades, con la música vocal como vehículo cultural en tiempos de crisis que la música supera desde la afición, e ilusión de formaciones corales como las de esta cita del junio mierense. Esperamos ya la decimocuarta, sabedores del trabajo y esfuerzo que conlleva organizar eventos de esta magnitud, felicitando tanto a participantes como anfitriones por seguir cantando en Mieres por San Juan.

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