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El Brahms de Stutzmann

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Jueves 24 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Benjamin Grosvenor (piano), Oviedo Filarmonía (OFil), Nathalie Stutzmann (directora). Obras de Brahms.

Es difícil aportar algo a dos obras tan grabadas y escuchadas como las de este jueves brahmsiano, pero un pianista de talento que dará mucho que hablar, ampliando la nómina de grandes en esta temporada, más una contralto y directora con las ideas muy claras más allá del barroco en el que se ha dado a conocer, sacaron lo mejor de una OFil que cuando hay «mando en plaza» da lo mejor de ella. Lástima que la plantilla en la cuerda grave sea un poco corta porque el resultado global resultó notable en las dos partituras.

El Concierto para piano y orquesta nº1 en re menor, op. 15 resulta complicado para todos, un solista que debe equilibrar sus apariciones en volúmenes y presencia, una concertación ajustada muy pendiente de cada detalle, más una orquesta de dinámicas amplias. Así resultó una interpretación que mantuvo un lenguaje y líneas muy homogéneas para este Brahms de Nathalie Stutzmann donde Benjamin Grosvenor se mostró inmaculado, limpio, presente en sus cadencias, empastado en el conjunto y puede que aún en plena «crianza» aunque llegará a «reserva». El entendimiento con el podio resultó perfecto, con un juego de agógica que resultó el sello de la velada, buscando la máxima expresividad romántica desde los extremos. El Maestoso resultó chocante de entrada por cierta lentitud, respondida por la primera aparición del piano, la mano izquierda cual masa orquestal mientras la derecha dibuja un lirismo exquisito, pero que fue creciendo en intención y emoción por parte de todos, aunque el verdadero refinamiento se alcanzó en el Adagio donde las manos de la directora francesa hicieron cantar a la formación ovetense casi cual «boca cerrada» arrullando un pianismo cristalino donde el empaste tímbrico se alcanzó por la búsqueda de una sonoridad ideal por parte de solista y orquesta, tan solo carente de una profundidad que los años, como al vino, aportarán a este joven talento británico. El Rondo. Allegro ma non troppo pareció ceñirse al tempo sin calificativos, realmente rápido y vibrante aunque en el desarrollo fue conteniéndose para paladear un conjunto donde las dinámicas resultaron bien tratadas sin dar nunca el máximo, dosificadas en pos del romanticismo intrínseco a un Brahms dominador de la orquestación tanto como del piano y su papel en este concierto, como bien comenta en las notas al programa Iván J. Román Busto.

La propina del joven pianista (podría ser de Abram Chasins) nos dejó la misma sensación que con la orquesta, sonido limpio de técnica apabullante y nada aparatosa, elegancia y fraseo contenido en matices pero un buen sabor en boca (y oído) a pesar de las toses siempre inoportunas.

La Sinfonía nº 1 en do menor, op. 68 tras lo mostrado en la primera parte ahondaría en las mismas líneas de una Stutzmann que apuesta por extremos en los tiempos, forzando sin problemas al igual que en las dinámicas buscando un éxtasis parece no llegar nunca, conteniendo emociones al dibujar cada melodía cantabile que los solistas y secciones de la OFil entendieron a la perfección. El arranque Un poco sostenuto parecía casi fúnebre pero fue levantando vuelo con el Allegro – Meno Allegro que resultó luminoso. De nuevo el Andante sostenuto pareció entenderlo Stutzmann como un movimiento coral donde las secciones iban sacando a flote las bien delineadas melodías del hamburgués, con unos «rubati» ajustados aunque suficientes en tensión. Un poco Allegretto e grazioso como una ventana abierta a la esperanza, gesto claro en el podio y respuesta inmediata por parte de los músicos, calentando motores para un final que parece resumir toda la genialidad sinfónica de Brahms en un movimiento de recovecos y cambios de aire (Adagio – Più Andante – Allegro no troppo, ma con brio – Più Allegro), luces y sombras, presencias alternas de las distintas secciones donde los violines sonaron esta tarde presentes y aterciopelados, bien toda la cuerda salvo lo apuntado de necesitar al menos un contrabajo y un par de cellos más que pudiesen equilibrar una tímbrica presente, empastada y poderosa, con unos timbales que dan seguridad y empaque a todo el conjunto donde la madera suele estar bien y los metales sonaron orgánicos en esta orquesta coral como Stutzmann entendió esta Primera de Brahms en un crecimiento global que tiene un cénit único en tensión y emoción, romanticismo en estado puro.

Largamente aplaudida por músicos y publico la directora francesa ha demostrado que encasillarse en ciertos repertorios no suele hacer justicia, y su autoridad en la batuta ha sido corroborada con este Brahms ovetense.

Heterodoxia suiza

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Sábado, 19 de noviembre, 20:00 h. Conciertos del Auditorio, Oviedo: OCL (Orquesta de Cámara de Lausanne), Renaud Capuçon (violín), Joshua Weilerstein (director). Obras de F. J. Haydn, L. Bernstein, Ligeti y R. Schumann.

Entendiendo el adjetivo heterodoxo como «disconforme con hábitos o prácticas generalmente admitidos«, el concierto de la Orquesta de Cámara de Lausanne en esta gira europea que recalaba en la capital asturiana dentro de su ciclo, así resultó por autores y obras que compartieron programa, algo habitual en los suizos, por un lado mostrando una versatilidad a prueba de estilos y épocas pero sobremanera teniendo al frente a un joven director preparado y plenamente convencido de hacer sonar compositores vivos (o más cercanos que los llamados «clásicos») en una labor pedagógica necesaria a pesar del disgusto para cierta audiencia constreñida por cierta comodidad auditiva que parece negarse el esfuerzo por catar sabores distintos o al menos de leerse las notas al programa (esta vez a cargo de la asturiana Lorena Jiménez) y no preguntarse qué sucedía en el último movimiento de «la 60 de Haydn«, como subrayando el sobrenombre de la misma.

Porque fue F. J. Haydn y su Sinfonía nº 60 en do mayor, Hob. I/60, «El distraído» la encargada de abrir boca en una plantilla ideal para esta obra que gozó de más fama que la actual, bien llevada por un Weilerstein con las ideas claras en cuanto a planos y dinámicas que los músicos suizos interpretaron a la perfección, detalles como colocar el fagot al lado de los cellos buscando color y dinámicas plenamente clásicas así como el empleo de los timbales «antiguos» (sin pedales) detrás de ellos, si bien las trompetas fueron de pistones (un detalle más visual que acústico) flanqueando con las dos trompas (sabor hispano) a los oboes. El gesto del director en el Prestissimo buscó la complicidad de un público no instruido previamente con toda la carga de humor habitual en «Papá Haydn«.

Cercano en el tiempo y popular aunque no siempre (re)conocido genio de la dirección, composición e intérprete de piano al menos singular, L. Bernstein (1918-1990) compuso su Serenata para violín y orquesta sobre «El Banquete» de Platón (1954) por encargo de la Fundación Koussevitzky (también para el Ligeti de la segunda parte) al músico norteamericano,
dedicada a la memoria de Serge
y Natalie Koussevitzky que contó con el violinista Renaud Capuçon, de nuevo en Oviedo, como solista de esta inusual y original composición para orquesta de cuerda, percusión y solista llena de novedades para su momento que hoy resultan tan «normales» como el Haydn anterior, cinco movimientos verdaderos cantos al amor platónico, verdadero simposio, placer y dolor, intimismo y voluptuosidad hechos música, diálogos complementados donde el Guarneri del Gesù “Panette”(1737) que perteneciese a IsaacStern (el mismo que estrenase esta obra y comprado para Capuçon por la Banca Svizzera Italiana), transitó por todos los estados anímicos, sonoridades y buen gusto desde sus primeras notas solo, esfuerzo y ejercicio interior más que extroversión y sin efectismos aparentes en una lección del maestro bien asumida por su alumno francés desde un perfecto entendimiento con Weilerstein y la OCL, contando con amplia percusión, reforzada para esta obra, funcionando como un reloj suizo, más unos solistas de primera en toda la cuerda (más el arpa), especialmente el diálogo con la chelista inglesa Catherine Marie Tunnell. Siempre de agradecer volver a escuchar a Bernstein en estas obras poco transitadas y tan vigentes como entonces, con la «firma» de Lenny en muchos pasajes más allá del jazz o las músicas judías.

Programar a G. Ligeti (1923-2006) sigue siendo un reto y más sus Ramificaciones para orquesta de cuerda (1968 por la exigencia técnica a una cuerda específica que debe tocar «desafinada» por exigencias del autor. Weilerstein se encargó de avisarnos antes de escucharla leyendo en perfecto español y haciendo gala de su «química con el público» que no intentásemos escuchar la música sino pensarla como un cuadro de Pollock, casi una sinestesia porque Ligeti siempre supone imágenes, personales o ajenas aunque el paralelismo pictórico y cinematográfico resulte más cercano a muchos, si bien Pollock tampoco convenza a quienes no les gusta Ligeti (quien siempre declaró «enemigo de las ideologías en el arte»). Lo dicho de abrir la mente y el oído. La OCL y Weilerstein volvieron a demostrar su calidad y simbiosis para esta partitura complicada que resultó necesaria y complementaria de un concierto «clásicamente heterodoxo» como en principio pensé titularlo.

Y es que cerrando el círculo estaría R. Schumann y su Sinfonía nº 3 en mi bemol mayor op. 97, «Renana» con la orquesta realmente al completo (todos los refuerzos traídos para la ocasión), que nos dejaron una interpretación profunda, limpia, de tiempos bien resueltos, equilibrios a pesar del despliegue de metales con líneas melódicas siempre claras destacando la rotundidad emocional por el empaste alcanzado entre todas las secciones del Nicht schnell y la ligereza brillante del Lebhaft, sonido impoluto, equilibrado (bravo por el cuarteto de trompas con tres españoles), vivo pero sin excesos, paladeando timbres y dinámicas en una versión de ideas precisas que se transmitieron sin dudas desde el podio a la formación suiza en esta última sinfonía (aunque lleve el número tres) del romántico alemán cerrando la forma con la que el padre de la misma abría velada plenamente heterodoxa.

La propina ese Boccherini cinematográfico de la música nocturna de Madrid «traducida» por Weilerstein (a quien se lo rifan muchas orquestas mundiales) como de Oviedo, dejándonos nuevamente a esa cuerda camerística y virtuosa con protagonismo para los «segundos» y un tiempo vivo que permitió a los cellos sonar como uno pese al aire elegido. Tendremos que seguir a este premiado del Concurso Malko en 2009 porque los daneses siempre han tenido buen ojo (quizá oído) para los directores prometedores. Sobre la visión cultural de los regidores mejor no hago leña del árbol caído (espero álguien vea las consecuencias) pero ni conocen la historia ni se preocupan en estudiarla, aunque tampoco calculan la inversión (que no gasto) en publicidad que supone este Oviedo musical, amén del beneficio económico en muchas áreas (la propia donde debemos sumar todo lo referido al ocio como restauración, alojamientos, pequeño comercio, transporte, etc.) porque no suelen ser habituales de los conciertos, las óperas o las galas con entrada gratuita…

Música entre amigos

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Viernes 28 de octubre, 20:00 horas. Málaga, Teatro Cervantes: Programa 3 OFM (Orquesta Filarmónica de Málaga), Gabriela Montero (piano), Manuel Hernández-Silva (director). Obras de T. Marco y P. I. Tchaikovsky.
Había que cruzar España para no perderse un concierto en el que volvían a reencontrarse dos amigos venezolanos en mi segunda casa en el segundo día del tercer programa de la OFM con su titular al frente.

Para comenzar la Sinfonía nº 10… «Infinita» del madrileño Tomás Marco (1942) que estrenase en el Festival de Santander el 14 de agosto de 2012 con todas las evocaciones cántabras que vienen más de los títulos de los movimientos aunque resulten de lo más evocadores, al menos para un oyente asturiano, trabajadas con un material sonoro modelado por Marco como pocos de sus contemporáneos, y que desde mi perspectiva suenan cercanos: el 1 Reverso de la marea inquietante presenta registros extremos y matices amplios con un ritmo de los parches en glisandi unido al de todas las secciones. 2 Mar y monte me resultó profundo y grave en tesituras incluida el arpa junto a unos timbales poderosos, el contraste de color y hasta de olor, totalmente distinto del 3 Rincón de poetas, mortecino y celeste por los toques de arpa y fagot más un solo de viola hermoso a cargo de Evdokia Erchova, o ese dúo de flautas mitológicas en ambientes lúgubres, los dos movimientos que en cierto modo vuelven al ciclo vital y paisajístico, 4 Cumbre y valle, 5 Colores de la caverna, vigor majestuoso de tempestades con origen marino y perlas de espuma salpicando en los cellos, más evocador que los dos primeros cual vistas marinas desde las alturas con canto de los bronces como sirenas, las literales del faro de Ajo cuando hay niebla, contrabajo y glisandos varios de esa incertidumbre inestable en continuo juego de dinámicas sin opulencia, timbres etéreos con sordina disipada en un solo de trompa de Cayetano Granados antes de los nuevos embites del hombre primitivo en Altamira, solo de fagot (a cargo de Alberto Reig) y calma cortada por armónicos preparando un final in crescendo tras un enorme trabajo de dirección e interpretación a cargo de la orquesta malagueña que alcanzó momentos de total entendimiento con su titular Hernández-Silva que demuestra nuevamente su talento y profesionalidad en todos los repertorios, sacando de sus músicos lo mejor. Unir magisterio y rigor al trabajo continuado marca la trayectoria ascendente de director y orquesta que solo con tiempo se alcanza, y el venezolano deja huella por donde pasa. El propio Tomás Marco, presente los dos días, compartió aplausos para una «infinita» sinfonía que cambió el Cantábrico por el Mediterráneo de manos de un caribeño con espíritu asturiano.

La esperada segunda parte me devolvía el Concierto nº1 para piano y orquesta en si bemol menor, op. 23 (Tchaikovsky), totalmente distinto al reciente de Oviedo, con una Gabriela Montero lesionada en el dedo anular de su mano derecha por un percance doméstico que a punto estuvo de cancelar, incluso con el sobreesfuerzo del día anterior podría hacerme pensar que mermaría la parte técnica, cosa que no ocurrió, máxime cuando su musicalidad es superlativa y el entendimiento alcanzado con su amigo compatriota fue sobresaliente. Concierto exigente para todos, el Andante non troppo e molto maestoso-Allegro con spirito marcó la pauta a seguir, la fortaleza física y sonora de la pianista, el equilibrio orquestal y el encaje ideal de la batuta con la solista para una página conocida que utiliza un motivo popular ucraniano más el segundo romántico en plenitud de pasiones e «inquietante ansiedad» que escribe José Antonio Cantón en las notas al programa. Tras ese volcán sonoro y cristalino donde pudimos disfrutar de todos los detalles, el Andantino semplice-Allegro vivace assai central fue un remanso remando todos en las mismas emociones, la flauta de Jorge Francés dialogando con un piano rivalizando en lirismo y el alegre aire de vals que Hernández-Silva entiende como vienés de espíritu, contagiado a su formación que fue perfecta pareja de baile venezolana, sin pisotones, encajado al detalle para llegar al verdadero «fuego» final, el Allegro con fuoco que comienza vertiginoso y saltarín, nueva danza de entendimiento único para alcanzar lo sublime, la batuta siempre atenta al piano, protagonismos en diálogos sin quitarse la palabra, completándose para engrandecer ese derroche de emociones con un virtuosismo hondo que puso la carne de gallina a mis compañeras de palco.

Mas toda aparición de Gabriela Montero lleva incluida la felizmente recuperada técnica de la improvisación que siempre asombra allá donde actúa, algo que para «la Divina Emperatriz» (como la rebauticé tras escucharla hace tres años en Barcelona) forma parte de su propia historia desde los juegos infantiles en su amada Venezuela, dañada y más querida aún, con distintas peticiones por parte del público, bandera tricolor incluida, decantándose por ese Alma Llanera de la querida tierra natal de estos amigos reunidos en Málaga, pero con las referencias al recién finalizado primero de Tchaikovsky, reencontrándose con Mozart tras un apunte llegado de lo alto del coliseo, con variaciones y modulaciones en tono menor, ritmos de habanera marina y llanera recorriendo un océano de musicalidad y dolor, físico e interior, para regalarnos diez minutos para el recuerdo y la alegría de este encuentro entre amigos que continuaría tras el concierto, porque los kilómetros no son distancia para unir pasiones.

P. D.: Compartí palco con mi esposa Asun, mi cuñada Olvido e Irene que acudía por vez primera a un concierto. No podía ser mejor bautismo musical para mi sobrina de nueve años.
Antes del concierto y durante el descanso con Alejandro Fernández (crítico de Codalario y de La Opinión de Málaga, entre otras publicaciones) pudimos ponernos voz y conversación.
Especialmente emotivo resultó conocer a Pilar Pino, una zamorana compañera de profesión en Fuengirola, y a su hijo Roque Casabona, joven pianista que tampoco podía faltar a este concierto que nos reunió por unas horas fuera de las redes sociales continuando una amistad de años con la pasión musical como motor vital de nuestras vidas.

Beethoven siempre llena

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Miércoles 19 de octubre, 20:30 horas. Auditorio de Oviedo, Ensayo General XXV Concierto Premios Princesa de Asturias: Sonja Gornik (soprano), Olesya Petrova (mezzo), Daniel Kirch (tenor), Alexey Dedov (barítono), Coro de la Fundación Princesa de Asturias (maestro de coro: José Esteban García Miranda), OSPA, Rossen Milanov (director). Sinfonía nº 9 en re menor, opus 125 «Coral» (Beethoven). Entrada con invitación.

Octubre en Oviedo es sinónimo de los Premios de la FPA y pese a la merma en la oferta musical que siempre va unido a ellos, no falta nunca este concierto que abre las puertas a todo el público en el ensayo general con todo lo que supone: agotadas las entradas con un lleno total en el auditorio para una obra que todos tenemos interiorizada aunque todavía existan personas que acuden por primera vez a estos espectáculos gratuitos (cuesten lo que cueste) lo que se nota en los aplausos entre movimientos o incluso interrumpiendo el conocido último movimiento donde aparecen coro y solistas. Pero todo sea por Beethoven y su Novena.
De este ensayo general donde se incluye el Himno Nacional para abrir y el homónimo de Asturias para cerrar debo comentar que duró 70 minutos, por lo que los «entendidos en la materia» pueden calcular los tempi elegido para la última sinfonía del genio de Bonn.

El maestro Milanov apuesta a menudo por aires extremos, lo que no siempre nos permite disfrutar al cien por cien páginas con mucha sustancia como esta Novena. El Allegro ma non troppo, un poco maestoso resultó más rápido que majestuoso aunque ya apuntó claramente el trabajo del sonido con unos cellos y contrabajos que me encantaron en cuanto a densidad y presencia, además de un equilibrio en todas las secciones que daban el paso al frente al mínimo gesto del búlgaro, nuevamente preciso y «yendo al grano», haciéndose entender sin dudas.
El Scherzo: Molto vivace- Presto sirvió para corroborar el excelente estado de la orquesta de los asturianos (con mi querida María Ovín de ayuda de concertino), realmente vertiginosa ejecución y trabajo de cada sección según el protagonismo de la partitura, una joya colocando este movimiento en segundo lugar.

Personalmente el Adagio molto e cantábile es de una belleza equiparable al segundo del «Emperador» donde la cuerda sonó aterciopelada y verdaderamente cantable, aunque tan «molto» que por momentos se cayó en tensión y emoción, lo que no impidió volver a degustar los primeros atriles pero y sobre todo ese sonido compacto de la formación capitaneada por Milanov en una temporada que promete.
El «esperado» Presto – Allegro assai nos trajo un cuarteto solista de perfecta pronunciación alemana para el texto de Schiller donde la mezzo de San Petersburgo repetía en este escenario aunque con una obra de exigencia e intensidad máxima pese al escaso tiempo de intervención. A favor de las cuatro voces su excelente empaste en cuanto a color, evidentemente con el paisano de la mezzo Alexey Dedov algo más protagonista y de color homogéneo además de buena proyección, bien en sus apariciones conjuntas pero devorados, sobre todo el tenor Daniel Kirch, por ese «tsumani» coral. En un ensayo general no suelen darlo todo y el jueves necesitará que su voz llegue al inmenso auditorio, más todavía con la sala polivalente abierta que influye en la percepción global, lo mismo que la soprano Sonja Gornik, de color algo metálico que le permite «sobresalir» en este maremágnum coral.
El Coro de la FPA se mostró poderoso y suficiente (aunque siempre vienen bien más voces graves) en presencia y calidad, solventes con un trabajo serio aunque el tempo tan rápido nos privase de más dicción (no sólo consonantes tiene el idioma de Goethe) y musicalidad, además de ligeras inseguridades en entradas que seguro serán corregidas en el concierto de mañana. Está claro que el «Coro de la Fundación» puede afrontar estas grandes partituras sin problemas, con dinámicas amplias donde los «súbito» fueron lo más destacado, así como unas voces blancas en registros extremos poderosas y claras de emisión sin excesos. Un aplauso para el coro que dirige el poleso García Miranda capaz de preparar esta formación para cualquier estilo e interpretación, dúctiles y verdaderos profesionales en un mundo amateur pero con una enorme experiencia.

La OSPA volvió a brillar en cada sección, con Milanov mimando el colorido al detalle (baquetas de timbales, flautas de madera o trompetas de llave por citar algunos), pero con una velocidad  excesiva que no empañó la calidad global, trabajando especialmente el fraseo en las cuerdas graves bien contestadas por violas y violines que dieron un resultado conjunto notable, además de la siempre segura madera y unos metales cada vez más compenetrados. Este jueves augura un concierto excelente y así lo deseo de todo corazón.

Redención final

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Viernes 14 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de Abono 1 OSPA, Natasha Paremsky (piano), Rossen Milanov (director). Rusia esencial I, obras de Consuelo Díez y Tchaikovsky.
Tras abrir puertas y el paso por el foso operístico comenzaba la temporada oficial de abono de la orquesta asturiana con si titular en un concierto que continuaba basado en un «esencial ruso» como Chaikovski más la casi obligada presencia contemporánea, esta vez española con la madrileña Consuelo Díez (1958), presente en la sala, y una pianista rusa de nacimiento pero totalmente norteamericana y con la que Milanov ya ha trabajado en los Estados Unidos.

Como viene siendo habitual, el sabor de este primero de abono me ha dejado luces y sombras. Pasión Cautiva (1997-2001) no me aporta nada nuevo a nivel compositivo, inspiración cervantina en tres movimientos explicados en las notas al programa incluidas de Juan Manuel Viana en la revista nº 15 de la OSPA (y links al principio con los autores), aunque reconozca que no haya afán descriptivo (cada uno puede pones sus imágenes) y mucho trabajo previo por «las proporciones y relaciones numéricas elaboradas a partir de datos y cifras significativas en la vida del autor de El Quijote«, obra por otra parte ahondando en texturas y ritmos que son tendencia en muchos de los compositores de mi generación y que la orquesta asume sin mayores dificultades, con una percusión siempre acertada. El problema pienso que se encuentra en la gestualidad del maestro titular, poco clara demasiadas veces que si le intentamos seguir no concuerda lo visto con lo escuchado, demasiada amplitud y poca precisión que se contagia a la orquesta, lo que tendría consecuencias nefastas en la siguiente obra, ya conocida y esencial.

concertar –verbo transitivo-

1.Acordar [dos o más personas] algo que se va a hacer.
«concertar una cita; concertar la paz entre dos naciones; los reyes concertaron el casamiento de sus hijos»
2.
Hacer que dos o más cosas armonicen o actúen de forma conjunta.
«solo si concertamos nuestros ideales conseguiremos la paz»
3.
GRAMHacer que una palabra variable de la oración concuerde con otra palabra.
«concertar el nombre con el adjetivo»
4.
verbo intransitivoArmonizar o actuar [una persona o cosa] de forma conjunta a otra u otras.
«casi todas sus determinaciones concertaban con el estado de la naturaleza»
5.
GRAMTener concordancia las palabras variables de una oración.
«en español el adjetivo concierta en género y número con el nombre»
6.
verbo pronominal(concertarse)

Ponerse de acuerdo [una persona] con otra para hacer algo.

«el que induzca a una potencia extranjera a declarar la guerra o se concierte con ella para el mismo fin, será castigado con pena de reclusión mayor»

El cierre de la temporada anterior me pareció nefasto por la incapacidad en concertar el primero de Brahms y otro tanto ha sucedido con este de Chaikovski, con una Paremsky que intentó mandar, luchó en encajar y terminó divergiendo en una interpretación que no pasará a mi memoria particular. El Concierto para piano nº 1 en si bemol menor, op. 23 (1874-1875) requiere pactos previos y una lectura clara para alcanzar cotas de calidad, pero el entendimiento mutuo es obligado además de la escucha atenta. En la entrevista para OSPATV la pianista confesaba su dedicación profesional desde esta obra en su escucha infantil rusa, sueño hecho realidad con la pasión que obliga a darlo todo en este concierto inmenso que domina pero no transmitió, un sonido no siempre claro desde el empleo de unos pedales que no ayudaron a la limpieza pero sí con la fuerza capaz de luchar con la masa orquestal a la que se impuso en más de una ocasión. La dirección no ayudó en la precisión obligada, necesidad de marcar con claridad en la derecha y templar con la izquierda que no se mantiene, máximo con los endiablados cambios de tiempo no siempre interiorizados por todos. La frescura y pasión de la pianista puede rebosar hasta el punto de hacer muy difícil la concertación, pero no ya en los movimientos extremos, el Allegro de inicio algo precipitado para mi gusto o el «con fuoco» que pareció «quemarse», sino en el central Andantino semplice reposado antes del Prestissimo, puesto más que nunca es obligado anticiparse en el gesto para que todo encaje, concierto de concertar y no desconcierto, esfuerzo casi sobrehumano en escritura e interpretación, totalmente virtuosa además de rica en su gama dinámica y un espectáculo sin el premio del disfrute del que suscribe, porque ya sabemos que no hay dos días iguales para una misma obra e intérpretes, magia única indescriptible. Sonoridades pianísticas eclipsando las orquestales con las que debe compartir sin eclipsar.

La Mazurka nº 40 en fa menor, op. 63 nº 2 (Chopin) que nos regaló no supuso cambios en mi opinión sobre esta intérprete pasional, virtuosa aunque algo desenfrenada y ahora contenida, más clara en el lento y bello discurso del polaco, una de las muchas jóvenes pianistas que buscan y encuentran un hueco en las salas de concierto para una carrera que tiene mucho camino por delante.

Menos mal que la Sinfonía nº 6 en si menor, op. 74 «Patética» (1893) del ruso si alcanzó la esencia buscada, por fin «mi» Milanov esperado, dominador de memoria de una partitura donde el gesto fue claro y preciso y encontró la respuesta esperada de su orquesta para una interpretación de extremos en los tempi, exigente en sonoridades y verdaderamente rusa para una plantilla ajustada que lo dio todo, patetismo de padecimiento por parte de todos hecho obra de arte. Impecables los solistas, seguros Sirva como anécdota la ruptura de una cuerda del ayudante de concertino este viernes (tuvo tiempo de cambiarla) como ejemplo de la fuerza exigida a toda la familia, menos numerosa de la deseada para esta sexta que es un testamento en sí del atormentado Chaikovski, levantando ¡como siempre! los aplausos al finalizar el Allegro molto vivace (la tensión acumulada no entiende de buenas costumbres) antes de la despedida angustiosamente bella del Finale: Adagio lamentoso. Ojalá que el concierto de piano hubiese tenido la misma implicación y exactitud para habernos brindado «otro primero», y aunque haya momentos donde los brazos del maestro nadan en una emotividad ya implícita que provocan desajustes o inseguridades en las entradas, el pulso se mantuvo marcial en la batuta y el terciopelo de la izquierda fue consolidando una más que digna «sexta» esencial que fue asentándose a lo largo de los cuatro movimientos.

El jueves afrontarán «la Novena de Beethoven» con el Coro de la Fundación y cuatro solistas de «esencia rusa» por descubrir en el Concierto Extraordinario presidido por SS.MM., cita anual ya consolidada y con ensayo abierto al público el miércoles 19 a las 20:30 horas tras recoger invitaciones (habrá 1.650 disponibles) que seguro llenarán el Auditorio, esperando lo mejor, como siempre, de nuestra mejor embajadora, la OSPA de todos los asturianos.

Explorando pasiones

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Jueves 13 de octubre, 19:45 horas. Sociedad  Filarmónica de Oviedo, Teatro Filarmónica, concierto inauguración de la Temporada 2016-17, concierto 12 del año y 1.944 de la Sociedad en su año 110. Juan Barahona (piano). Obras de Bach, Schumann, Albéniz y Prokofiev.
Es un placer comprobar el crecimiento de los artistas desde sus inicios, ver la progresión basada en el duro trabajo y la búsqueda de la perfección pero también de un lenguaje propio que puede llevar toda una vida. Juan Barahona es músico de nacimiento y luchador incansable que ha decidido tomar el camino difícil. El programa que trajo en su vuelta a la centenaria sociedad carbayona era exigente, algo habitual siempre, con retos por tratarse de cuatro compositores y épocas tan distintas en su enfoque como en su interpretación, ordenados cronológicamente.

Abrir concierto con J. S. Bach y su Concierto Italiano en Fa Mayor BWV 971 es comenzar en lo alto, máxime cuando al pianista le «fusilaron» los periodistas gráficos con flashes pareciendo olvidar lo importante que es la concentración para los músicos, y teniendo que pedir por favor no continuaran en esa línea nada más finalizar el Primer Movimiento (sin indicación de tempo) que fue mucho más que un calentamiento de dedos. Ya retomado el hálito perdido el Andante le sirvió para reencontrarse con el intimismo cálido del kantor, limpio y claro en fraseos y sonido con ese toque romántico al que lleva esa pasión contenida, sonido de clave en el piano con cada nota exacta, esculpida y cantabile, totalmente contrapuesta al Presto brillante, virtuoso por vertiginoso y con todo el empuje vital de una juventud madura basada en el estudio del sonido. Impecable el respeto a la partitura desde un piano de hoy en día y confirmación de muchos calificativos que ya hice en su tiempo como «pintor y escultor de sonidos».

Las «Escenas del bosque» (Waldszenen Op. 82) de Schumann son nueve cuadros románticos donde la búsqueda de un sonido propio se hace más clara, con una técnica asombrosa llena de ricos matices, un pedal siempre en su sitio y unos climas bellos además de diferenciados, paisajes que exploran las cuatro estaciones árbol por árbol hasta completar un bosque global en intención con el mínimo apoyo de una partitura recostada en el arpa para no olvidarse ningún color. Tras la Entritt casi marcial, «El cazador al acecho» (Jäger auf der Lauer) límpido y vibrante, ágil además de claro antes de las «Flores solitarias» (Einsame Blumen) delicadas, cantarinas antes de las sombras de un «Lugar embrujado» (Verrufene Stelle) sacando graves inquietantes cual ocres otoñales con rayos de sol que no calientan pero dan brillos, antes de encontrar un claro de «Paisaje amigable» (Freundliche), buen tempo sin perder el paso ni el aire y descansar en el plácido «Albergue» (Herbergue), melódicas manos que alternan protagonismo sin perder presencia. Después vendrían «El pájaro profeta» (Vogel as Prophet), tintas impresionistas, perlas y silencios, ligados de un trazo ejecutado cual acuarela por la inmediatez y frescura, la triunfal «Canción de caza» (Jaglied), martilleando el paso cual orquesta en blanco y negro con toques de trompa y la alegría de un buen día antes de la «Despedida» (Abschlied) cual canción sin palabras, nocturno elegíaco, claroscuros ligados a sonidos envolventes para un Schumann con el que Juan Barahona se siente cómodo y entregado.

Avanzando en el tiempo y también en la exploración desde el trabajo, si Schumann parece tener en Bach el referente, sus «apuntes impresionistas» nos llevarán a nuestro Albéniz con una página digna de estar en Iberia como es La Vega (h. 1887), del acento alemán al francés de un español universal como la idea de una Suite «Alhambra», toda la dificultad técnica y expresiva en apenas un cuarto de hora capaz de desatar pasiones diversas, ataques con fuerzas extremas y contornos difuminados, la masa sonora cual paleta que se fundirá en nuestro oído desde esa forma tan peculiar de Barahona por esculpir cada nota. Unamos al trabajo diario el tiempo que siempre da reposo y madurez en la visión de esta partitura para volver a asombrarnos.

Y el salto a la Rusia de S. Prokofiev parecía culminar este viaje idiomático explorando el mapa pianístico que Juan Barahona sigue trazando, nuevos acentos para una endiablada Sonata nº 6 en La Mayor Op. 82, arrebatadora y tormentosa, aterrradoramente voluptuosa y rítmica, cuatro movimientos que pasan por todos los estados de ánimo, tumultuosa interior y exteriormente. El Allegro moderato tiene el sello inconfundible del ruso, salto del impresionismo a los coqueteos atonales disfrazados de melodías que deben salir a flote cual cubismo en el piano, ritmos de ballets sinfónicos reducidos a la geometría colorista; el Allegretto buscando graves limpios sobre los que danzar sin perder el equilibrio; el Tempo di Valzer Lentissimo un oscuro objeto de deseo con profundidades cinematográficas donde el aire se corta antes del espectacular Vivace, virtuosismo en todo el teclado, pulsión desaforada, guiños de sarcasmo y dibujos sueltos de trazo, bocetos sinfónicos desde la soledad angustiosa que estalla en fuegos fatuos convertidos en artificio por un Barahona dominador y enamorado de esta satánica sonata, trabajando un acento ruso que tiene interiorizado.

Había que cruzar el charco desde Europa hasta la Argentina cosmopolita de Ginastera y disfrutar la Danza de la Moza Donosa (segunda de las «Tres Danzas Argentinas»), herencias y fusión con el folklore, mestizaje bien entendido por un Juan Barahona más íntimo y recuperado del demonio ruso. Toda una tarde llena de búsquedas sonoras y pasiones por explorar, calentando motores rusos para volver con la OSPA en abril y de nuevo Prokofiev, esta vez el segundo de piano.

Dudoso Fausto proyectado

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Martes 11 de octubre, 20:00 horas. Auditorio «Teodoro Cuesta», Casa de Cultura de Mieres, proyección en vivo desde el Teatro Campoamor de Oviedo, LXIX Temporada de Ópera: Fausto (Gounod), segunda función.

Volvía la ópera transmitida en directo desde el coliseo ovetense aunque con un título de esos que no enganchan demasiado al público en general, y que en Mieres congregó a unas 40 personas, muchas de las cuales se fueron al descanso, perdiéndose lo mejor que siempre está por venir.

Quiero insistir en este tipo de iniciativas pero con varias reservas. Primero que la iluminación para el teatro no es la mejor para la pantalla (donde hubo auténticos fogonazos), lo que sumado a una pésima realización no es equiparable a las proyecciones profesionales donde se cuida todo para después comercializarlo. Puedo entender la precariedad de medios como tener solo tres cámaras pero son imperdonables los cambios sin sentido en ellas olvidando quién está cantando, zoom no siempre adecuado y no digamos  los enésimos saltos de eje además de enfocar las espaldas de los cantantes o cortarles directamente. Hay profesionales en Asturias capaces de una realización más cuidada y no dejar esta «promoción» en manos equivocadas, al menos para una ópera (y ya viene de tiempo). Lamentar también la pantalla en negro durante los cambios de decorado. Felicitar los subtítulos aunque con ligeros despistes.

La toma de audio fue buena aunque sin olvidar que los micrófonos están sobre el escenario, recogiendo todo tipo de sonidos, y para el espectador no muy ducho en el tema puede parecer que los cantantes siempre suenan más que la orquesta, en segundo plano pero no tanto, totalmente distinto del irrepetible directo en el teatro.
De esta historia de Goethe bastante conocida por el tema de vender el alma al diablo con el protagonista que da título a la obra, Faust, dudando de todo y queriendo alcanzar la juventud y todo lo que conlleva en una autodestrucción con final no exento de moralina como la pérdida de valores, siempre vigente, de tristes finales en los amores y sobre todo cómo todo está corrupto, daría para puestas en escena de lo más variadas si tenemos en cuenta ese «mensaje», pero esta vez Curro Carreres pienso que no acertó o se quedó a medias, algo bastante compartido por muchos de los que acudieron e incluso patearon la primera función dominical, aunque pueda servir curiosamente de publicidad por esa teoría de que lo viral pone de moda algo que podría pasar desapercibido.

Si algunas escenografías intentan actualizar acciones (algo que yo no entiendo en muchos títulos) parecen no molestar o «chirriar» aunque siempre queda cerrar los ojos y quedarnos con la música, privándonos de la propia esencia operística, esta vez no convenció, de nuevo olvidando que la acción debe cantarse pero nunca obligando a un esfuerzo extra como poner de espaldas a cantantes y coro, incluso con baile aumentando el ejercicio físico para una buena emisión, incluso sentado en una silla de ruedas que debe moverse mientras se canta.
Mucho ambiente de moda con un Satán Lagerfeld de raza negra y pinchadiscos de un vals nada discotequero ni de pasarela, o de una mal llamada orgía de un Baco con rayos de niño Jesús (cosas peores hemos visto), un pase de modelos del avilesino Alberto Valcárcel que no encajaba con los «esperados» soldados, matronas y estudiantes borrachos, y no digamos el abuso de los teléfonos móviles sacando selfies que con ser un reflejo de la sociedad actual, también cansan, haciendo de la primera parte un gran bostezo.

Tras el descanso todo resultó algo más atemporal y llevadero, apenas unos neones y poco más (para un Guantánamo aún abierto), unido a una parte vocal que fue también mejorando aunque no consiguió llegar a convencerme del todo, puede que por estar con la mente recordando al reciente y sorpresivo fallecimiento del joven David López Linares, amigo de la música en las redes sociales cuyo espíritu espero permanezca disfrutando de la luz eterna y renacido como en el final de la ópera.

Entrando en lo estrictamente musical, de todo el reparto me quedo en primer lugar con Borja Quiza entregado desde el principio, cantando «dentro del servicio» (velado) o en una silla de ruedas demostrando poderío físico, escénico y vocal, atravesando un momento artístico de primera, papel romántico y la conocida aria Avant de quitter ces lieux perfecta.

Bien el Mefistófeles de Mark S. Doss con una presencia ideal para su papel bien cantado, convincente y verdadero diablo vestido de Lagerfeld. Tiene buen timbre el tenor rumano Stefan Pop aunque pienso que puede ganar enteros y seguridad en los agudos, con un dúo de amor sin pasión y poco encajado con la soprano (pendiente del monitor más que del tenor), especialmente el final. Habrá que seguir su progresión.

Maite Alberola debutaba esta Margarita que solventó de menos a más, más cantada que sentida, faltando el dominio que dan las funciones, con un «aria de las joyas» más de bisutería que piedras preciosas (con Siebel y Marthe en escena aunque luego se asombra del baúl con el que ya ha estado jugando) pero excelente y dramática en su aria final aunque algo insegura en el trío previo a la bajada del telón.

La ovetense María José Suárez es otra de las voces que aseguran calidad y oficio sobre las tablas, una Marthe contundente ideal para su color, empastando y apoyando siempre en escena. Desigual Lidia Vinyes Curtis que se limitó a hacer elegante una partitura a la que puede sacarle mucho más juego; finalmente correcto Pablo Ruiz. Finalizar apuntando lo difícil que puede resultar cantar en francés y evitar nasalizar.

El coro que dirige Elena Mitrevska también sufrió lo suyo, tanto las voces blancas fuera y dentro de escena, como las graves, algo retrasadas con respecto a la orquesta, en cierto modo pesantes aunque se vinieron arriba en el famoso coro de soldados. Supongo que faltó más tiempo para preparar este título tras el duro Mazepa que bordaron, pero su juventud y profesionalidad les permiten afrontar estos compromisos aunque no haya sido de los inolvidables.

Finalmente la Oviedo Filarmonía en foso pareció estar demasiado comedida (recuerdo los micrófonos enfocados al escenario) y casi adormecida, con un Albiach limitándose a concertar pero sin sacar sonoridades más románticas de las que quisiera incluso en las oberturas, por momentos frenando tiempos que restaron brillantez al conjunto. Está bien mimar las voces pero sin menoscabo de una instrumentación que en vez de engrandecer se limitó a subrayar.

Quedan tres funciones incluyendo el «viernes joven» con segundo reparto de este Fausto que volvía a Oviedo desde hace muchos años, y devolvía a los pueblos la posibilidad de vivirlo gratis desde casa, porque realmente parece que la ópera está de moda.

Faust: Stefan Pop
Méphistophélès: Mark S. Doss
Valentin: Borja Quiza
Wagner: Pablo Ruiz
Marguerite: Maite Alberola
Dirección musical: Álvaro Albiach
Dirección de escena: Curro Carreres – Diseño de escenografía: Italo Grassi – Diseño de vestuario: Alberto Valcárcel – Diseño de iluminación: Eduardo Bravo
Nueva producción de la Ópera de Oviedo en coproducción con la Ópera de Tenerife

La OSPA abre sus puertas

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Viernes 30 de septiembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: «Concierto de puertas abiertas«, OSPA, Rossen Milanov (director). Obras de Weber, Mozart, Beethoven, Grieg, Brahms, Tchaikovsky, Mendelssohn y Chapí. Entrada libre (previa invitación).
Aunque nuestra OSPA ya arrancó la temporada en el foso del Campoamor nada menos que con el estreno en España de Mazeppa, el pistoletazo de salida en el Auditorio sería este último día de septiembre en un concierto gratuito que cambió la primera capital asturiana por la actual, devolviendo a todos los contribuyentes una parte de sus impuestos que, de momento, se lleva la orquesta de todos los asturianos, como el propio Milanov recordó, siendo además el presentador de las obras y compositores de un programa muy llevadero para el público que llenó casi todas las butacas además de agradecer este gesto, disfrutando de principio a fin.

Con la plantilla actual se organizó un concierto con obras conocidas por los aficionados y los músicos que volvieron a mostrar las cualidades de una formación veterana capaz de todo. Cierto que el inicio con la obertura de Oberon (Weber) pudo resultar algo destemplado en cuanto a los balances no del todo correctos perdiéndose presencia de la cuerda por momentos, que tampoco pudo desquitarse en el «Rondó: Allegro», último movimiento de la Pequeña serenata nocturna en sol mayor, K. 525 (Mozart) que hubiera necesitado más compenetración y limpieza aunque la cuerda siga siendo «la niña bonita» de la orquesta.

El «IV. Allegro con brio» de la Sinfonía nº 7 en la mayor, op. 92 (Beethoven) sirvió para encontrar el deseado equilibrio entre las secciones, con empuje rítmico y contrastes «de libro», puede que demasiado impersonal en la interpretación para todo lo que encierra este maravillo último movimiento plagado de grandes matices así como de heroicidad, pero resultó aseada y ya con todos en la temperatura adecuada para afrontar lo siguiente.

De la conocida «Suite nº 1 op. 46» del Peer Gynt (Grieg) se eligieron los dos números iniciales, lentos para poder paladear unas texturas y planos ideales de la formación asturiana: la famosa «Mañana» que hizo brillar la madera, flautas y oboe, más «La muerte de Ase» verdaderamente coral, hasta prescindiendo de la batuta para un Milanov que mece la cuerda alcanzando tímbricas y unos pianísimos «marca de la casa» de lo más emotivos.
La Danza Húngara nº 5 en sol menor (Brahms) suele ser propina de las grandes formaciones para hacer gala del virtuosismo de todas las secciones, y así la planteó el maestro búlgaro con su OSPA, ligera con el rubato en su sitio y dinámicas generosas, con leves desajustes.
De mucha más hondura y aún reciente en foso, Tchaikovsky resulta un talismán para estos intérpretes con mucha genética rusa que parecen darlo todo en sus obras, lo que volvieron a demostrar con la «Polonesa» del Eugene Onegin, claridad en todos los sentidos, brillantez, precisión y pasión que hizo aún más brillante el «Saltarello: Presto» de la Sinfonía «Italiana» de Mendelssohn, ejecución impecable en todos los aspectos, de aire arriesgado pero bien resuelto por nuestra orquesta, solistas seguros, empaste y entendimiento total.

El toque español y castizo lo puso Chapí con el Preludio de La Revoltosa que hubieron de bisar, gustándome el partido que le sacaron todos (de nuevo el oboe de Ferriol en estado de gracia) a una de nuestras joyas sinfónicas, final con este preludio de una esperanzadora temporada oficial que arrancará el viernes 14 de octubre (un día antes en Gijón) con «Rusia esencial«, nuevamente con Tchaikovsky con los mismos protagonistas para «la patética» y el número uno de piano con Natasha Paremski además de Pasión Cautiva (1997, rev. 2001) de Consuelo Díez Fernández, sin olvidar una esperada «Novena» de Beethoven en el extraordinario de los Premios Princesa de Asturias (20 de octubre), el retorno a este concierto con ensayo abierto al público el día antes.

Lo iremos contando como siempre desde aquí porque esto solo acaba de arrancar y me queda mucho por escuchar.

Balances y avances

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Ya finalizando julio, donde todavía queda mucha música, y antes de «cerrar» por vacaciones, me gustaría hacer un balance rápido de la temporada que finaliza, siempre muy rica en Oviedo donde somos privilegiados de contar con una oferta de primera en cuanto a cantidad y calidad.
Quiero comenzar comentando la celebración de las Bodas de Plata de «nuestra» OSPA, aunque sus orígenes, como así se recordó en el último concierto, sean republicanos y todavía haya algunos maestros vivos de unos orígenes que han mantenido una orquesta histórica en nuestro Principado. Como viene siendo «norma» se ha optado, como la mayoría de orquestas españolas,  por una programación que aúna repertorios «imprescindibles» para público y músicos, con obras menos habituales donde no faltaron los estrenos. Igual que en botica o en grandes almacenes, hubo de todo, si bien lo nuevo al carecer de referencias en nuestro recuerdo o memoria auditiva, hace más difícil juzgar las interpretaciones. Me preocupa la poca asistencia en el auditorio incluso de abonados habituales, desconociendo las razones, aunque pueda intuirlas.

El titular, que tampoco dirigió muchos programas, ha ido desencantándonos a muchos y de algunos desaguisados mejor no hablar porque ya está reflejado en su momento. Me quedo con la apuesta que ha supuesto Link Up, cuatro años y preparando el quinto, en cuanto a movilizar a más de veinte mil escolares asturianos para hacer música juntos, labor didáctica y de futuro que no podemos perder si deseamos un siglo XXI con nuevo público que entienda y disfrute de la música en general y la sinfónica en particular. De los 16 conciertos de abono en la capital, parece haberse aparcado la idea gastronómica y pediría más publicidad para las conferencias en colaboración con la Universidad de Oviedo por lo que suponen de acercamiento al concierto posterior, mucho más que las notas al programa (este curso se han recuperado las revistas que siguen siendo necesarias aunque los costes aumenten el siempre ajustado presupuesto). Se ha mantenido al maestro Lockington de principal director invitado así como otras batutas conocidas con resultados desiguales, a los que sumar una larga lista de solistas invitados donde no han faltado los primeros atriles de la OSPA, apostando por los de casa que no desmerecen nunca. No quiero olvidarme de la aportación a la temporada de ópera que pese a privarnos como abonados de una continuidad en la temporada, es la «financiación asturiana» a la segunda temporada más antigua de España y pone el nivel alto en un foso compartido con la OFil.

Del ciclo Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» globalmente todo un éxito en cantidad y calidad, 19 conciertos más el de Lang Lang fuera de abono, apostando sobre seguro con figuras que aseguran llenos frente a otros que «equilibran» una oferta que supone no ya un atractivo cultural de primera sino enriquecer nuestro «Paraíso Natural» y generar un tejido económico que aún debe explorarse más a fondo. La Oviedo Filarmonía, además de su participación en las temporadas de ópera y zarzuela, supone el ropaje ideal para cantantes y solistas que van conociendo la madurez y flexibilidad de una orquesta originariamente «de foso» pero creciendo con los años, aunque nuevamente la titularidad parezca distanciarse de lo que cualquier melómano desea para una orquesta como la ovetense.

Tanto la temporada de ópera como la de zarzuela han ido ganando públicos jóvenes, espantando a los «conservadores» que desean figuras mundiales, con las que no podría mantenerse el actual nivel, apostando también por repartos «noveles» que también sirven de aprendizaje con las voces principales aunque siempre echamos de menos algunas, siendo algo preocupante constatar cierta continuidad en algunos de los elegidos que no van parejos a la «calidad» esperada, echando de menos otras que parecen olvidadas para las temporadas carbayonas cuando no desaparecidas, mientras algunas hacen dobletes en el Campoamor.

De los gestores supongo que daría para mucho, algo como con el fútbol y el seleccionador, pero intuyo que cierta «comodidad» da la impresión de evitar buscar, optando por castings cerrados donde hay de todo. Como subida al carro que en cambio ha resultado muy positiva, en este caso con el CNDM el ciclo «Primavera Barroca» plenamente asentado y con público fiel además del joven al que esta música parece llegarle mejor que la sinfónica, con un avance para 2017 que promete mantener alto el listón, sin dejarme en el tintero el Ciclo de Música Sacra «Maestro De La Roza» que llena Noviembre de músicas e intérpretes singulares y este otoño llegará a su décima edición, todo un hito que demuestra el trabajo bien hecho con mucho amor por la música a pesar del poco dinero con que cuentan, pero el público se ha volcado y «algo tendrá el agua cuando la bendicen«.

De la Temporada 2016-17 ya conocemos fechas, intérpretes y autores, comenzando por la OSPA (que estará en el FIS el próximo 1 de agosto), arrancando el 14 de octubre con 15 conciertos de abono que traerán nuevas batutas además de las conocidas como Bayl, Rasilainen, Rubén Gimeno, J. R. Encinar, Víctor Pablo Pérez que es casi de casa, junto a Oliver Díaz o Pablo González (que estrena la figura de colaborador artístico) y solistas de casa como Andreas Weisgerber, Maximilian von Pfeil o Juan Barahona, además de Leticia Moreno, Jesús Reina o Ning Feng, más los «aportados» por directores que trabajan con otras formaciones y nos «descubren» figuras que triunfan en otros escenarios, también al otro lado del charco, nuevamente con repertorios equilibrando novedades y tradición, destacando los compositores españoles Jesús Torres, Marcos Fernández y Consuelo Díez junto a Mason Bates en contraposición a la interpretación de la novena sinfonía del avilesino Ramón de Garay (1761-1823), un clásico que en La Villa del Adelantado llevan años recuperando.

Mención especial para los 20 Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» que harán volver a Oviedo los grandes Sokolov, Volodos, Pogorelich además del «debut» de Martha Arguerich en la capital junto al último triunfador de Santander, Juan Pérez Floristán, además de «las mezzos divas» Bartoli y Di Donato, también conocidas en Oviedo, sin perder de vista los «fichajes» de Bryan Terfel y Piotr Beczala con la OFil, así como Nathalie Stutzman en la batuta… porque 125 años del Campoamor no podían olvidarse de las figuras actuales aunque sean en recital, sin olvidarnos de formaciones y solistas de primera (Akademie für Alte Musik de Berlín, Orfeus Chamber Orchestra con Alisa Weilerstein, Renaud Capuçón o el nuevo espectáculo de Daniel Hope, así como el Cuarteto Brodsky con la Sinfónica de Guanajuato) que traerán a Oviedo melómanos llegados de todas partes.

Y es que la temporada del coliseo carbayón sigue su línea, ópera y zarzuela con las dos orquestas en foso y dos coros solventes como el propio de la ópera (con Elena Mitrevska de nueva directora) más la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo». Aún no conozco el próximo festival lírico, recién finalizado el actual pero sí la LIXX Temporada, con un estreno nacional, Mazepa de Tchaikovsky combinado con los «imperdibles» Mozart, Verdi, Bellini y Gounod, volviendo a los viernes jóvenes donde los repartos de «cover» siempre preparados para cubrir bajas inesperadas, tienen su protagonismo. Los años anteriores he intentado no perdérmelos por el aire fresco y calidad que los «primeros repartos» no siempre tuvieron. Gijón se ha sumado a la oferta y esperemos continúen las entradas de última hora ¡a 15€! y las proyecciones en pantalla gigante que están llevando la lírica a lugares y públicos que probando seguro repiten en vivo, algo constatable por quien suscribe.

También haremos escapadas puntuales como a la vecina y cercana León donde el órgano Klais de «la Pulchra» seguirá sonando muchos jueves antes del sabatino vermut madrileño, además de conciertos gratuitos donde el pago es el peaje del Huerna y la cola obligada, pero están a poco más de una hora, así como la fiesta del Euskalduna bilbaino. Continuaré jugando todas las semanas a la Primitiva porque mi ilusión es viajar con la disculpa de la música, aunque con ella podamos hacerlo sin movernos de casa.

Seguimos con gobierno en funciones y hay dudas sobre la magnitud de los «obligados» recortes donde la cultura seguida o unida a la educación parecen estar en primera línea de fuego, así que viendo el curso que se avecina, toquemos madera y digamos aquello de «que me quede como estoy». Mientras tanto, a disfrutar de agosto y hasta la próxima…

Ascenso de la viola de Gestido

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Jueves 21 de julio, 20:00 horas. Oviedo, Claustro del Museo Arqueológico: Festival de Verano: Cristina Gestido (viola), Gala Pérez (violín), Ana Nebot (soprano), Luis Parés (piano). Obras de Mozart, Weber, Brahms y Piazzolla. Entrada libre.

En una reciente entrevista para el diario El Mundo, la navarra Isabel Villanueva decía que «a la viola le falta un Paganini o un Paco de Lucía» reivindicando su instrumento y citando referentes del violín o la guitarra flamenca. Cristina Gestido (Oviedo, 1983) toca la viola, un instrumento maduro que parece un violín grande, curiosamente el más humano (aunque «su hermano chelo» se haya apoderado de esa expresión) pero también la guitarra eléctrica además de una reconocida cantautora, siendo más famosa para algunos como la única española en la orquesta que acompañó a Sting o en su vertiente «rockera» en vez de un larguísimo currículo donde Londres sigue siendo su ciudad habitual desde hace más de una década tras un breve paso por nuestra OSPA. Seguimos exportando talento aunque el «Brexit» hará perder mucho capital humano de calidad.

La propia Gestido reconocía hace poco en el digital La Voz de Asturias: «me salgo un poco de la norma de la clásica y un poco de la del rock«, aunque en este nuevo concierto del festival del estío carbayón optó por la primera, rodeándose de amistades para abordar un programa variado y espléndido en el doble sentido de compartir, la escena y la excelencia por las interpretaciones, siendo la anfitriona en esta visita a casa para reencontrarse con compañeros y lugares que la música hace comunes y duraderos.

La violinista Gala Pérez Iñesta (Burgos, 1982) titulada en Oviedo y tan internacional como Gestido, es otra buscadora de nuevos caminos con el Trío Pérez Iñesta, fundado allá por 2002 en Palma de Mallorca y desde 2012 cuarteto con el chelista leonés Luis Zorita, otro músico emigrante e igualmente ligado a Asturias. Y es que la burgalesa no podía faltar a este encuentro con nada mejor que Mozart para hablar un mismo idioma: el Dúo para violín y viola en sol mayor nº1, K. 423, mano a mano puramente vienés de «dos hermanas» que en los tres movimientos (Allegro, Adagio, Rondó: Allegro) parecían comentar historias y experiencias con total naturalidad, sin quitarse la palabra, alternando protagonismo en un diálogo sin más disculpa que la propia música, enorme y exclusiva del austriaco universal, mínimo esfuerzo aparente y máxima entrega de dos amigas, la aguda y la grave como una sola en momentos indescriptibles y sin más compañía.

Ovetense que ejerce de ello, luchadora y con música en vena como la propia capital asturiana, la soprano Ana Nebot compagina docencia y escena, trabajo permanente, viajera con parada «obligada» en París antes de volver a la tierrina, pero sobre todo puro amor por la ópera, a la que pone la sinceridad que dice le falta, desde el programa de la televisión autonómica «Manos a la ópera» traído este jueves en formato reducido y en vivo con el piano de Luis Parés, un ítalo venezolano también de paso por Londres, solvente, seguro, muy reclamado como acompañante y con la propia Gestido a la viola, para contar y cantar Einst träume meiner sel’gen Base, el aria de Ágata perteneciente a «El cazador furtivo» (considerada la primera ópera romántica) de Carl Maria von Weber, registro y color ideal para nuestra cantante en un alemán perfecto, con detalles como girarse para las dos alas del claustro y así escucharla sin cortapisas, escena y voz arropada por dos compañeros en segundo plano enriqueciendo esta aria bellísima que corrobora un momento vocal de madurez donde la elección del repertorio es tan importante o más que la técnica.

Tras estas amigas invitadas, volvería la Gestido protagonista con Parés, la violista para disfrutar casi nueve años después, el sonido maduro y la interpretación viajera que deja poso como la propia vida, primero Brahms y su Sonata para viola y piano en fa menor nº 1 op. 120, página inicialmente compuesta para clarinete pero que con el arco alcanza el color vocal y la tensión en sus cuatro movimientos (1. Allegro appassionato / 2. Andante un poco adagio / 3. Allegretto grazioso / 4. Vivace), romanticismo en los dos instrumentos con el piano tan del hamburgués, casi de lied en esta sonata donde la indicación de los aires sirve de calificativo para lo escuchado, casi cantado en arco, fraseo, presencia e incluso silencio: apasionado, andando lento y tranquilo, gracioso y vivaz, mientras Irene, mi sobrina de nueve años, se enamoraba de esta música que llenaba el claustro que seguía embutida en la lectura (me lo comentaría nada más terminar, con charco de baba por parte de su tío que la traía otro verano más a disfrutar en la capital).

Los habituales del blog conocen mi debilidad por Don Astor Pantaleón, y en 2009 escribía también de Le grand Tango con estos mismos intérpretes en un concierto casi privado celebrado en el defenestrado Centro Cultural CajAstur de Mieres: «totalmente volcados con la obra, el piano consiguió imprimir no sólo el tempo porteño o la dinámica del bandoneón sino convertir el teclado en una orquestina rioplatense tan protagonista como la viola, ya sin ataduras de papel (facilitando la interpretación, de memoria) cantabile y arrastrá si se me permite la expresión, que el tango reinventado por el gran Piazzolla destila en cada nota y que ha dado geniales versiones más con cello que esta de hoy con viola, aunque no por ello menos agradecida ni fantástica, al menos para un servidor que no pudo sino soltar un merecidísimo ¡Bravo! nada más concluirla.
Todo un privilegio asistir a esta sesión casi familiar con un dúo que demostró no sólo profesionalidad sino compenetración y pinceladas de maestría
«. El tiempo nos ha dado hondura, perspectiva y más carga en la mochila del recuerdo, dejando todo lo escrito como entonces pero debiendo añadir que como un tango bien bailado no levanta los pies de la tarima, casi deslizando las suelas sobre ella como el arco de la viola, el hombre guía con maestría el contoneo sensual de la mujer, piano masculino y viola femenina, duelo, suelo y vuelo pero sin despegarse, ascenso sin aire, solo el porteño de mi recordado barrio de La Boca con la banda sonora en vivo de dos artistas.

Bertolt Brecht con Kurt Weill escribieron la ópera en tres actos «Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny«, pero antes trabajaron varios números, el Mahagonny-Songspiel también conocido como Das kleine Mahagonny (El pequeño Mahagonny), obra de concierto para voces y pequeña orquesta donde aparece la «Canción de Alabama«, un verdadero regalo de Gestido y sus amistades, cabaret alemán en el trazado gótico del claustro, estilos de entonces y de ahora como rag-time, jazz y contrapunto formal, canción en el común inglés (Alabama Song) dentro del texto alemán de la ópera, y que ha sido interpretada por diversos artistas como The Doors, David Bowie o Marilyn Manson. Porque Cristina también conoce versiones y épocas, escenarios y estilos atemporales donde el vestido arropa el mismo cuerpo haciéndolo parecer distinto, y así con Gala poder tocar como en Mozart y hacer los coros a una Ana nuevamente acertada, pletórica y en su salsa, con Luis de pianista irremplazable, omnipresente sin molestar jamás, que acabó de envolver este presente de Gestido recorriendo el mundo del que todos fuimos partícipes, sin caídas en la ciudad imaginaria de Vetusta, esta vez final con el ascenso de la viola.
Personalmente me despido por vacaciones aunque queda festival por delante, especialmente el martes 2 de agosto donde estarán mis queridos y admirados amigos Lola Casariego y Aurelio Viribay a los que mandaré como es habitual «MUCHO CUCHO» y un abrazo en la distancia, con un programa hermosísimo que no deben perderse los buenos aficionados.

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