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De NY a OV

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Viernes 20 de enero, 20:00 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo Jazz. Moisés P. Sánchez 4tet: Dedication II. Entrada butaca: 8 €.

Un conocido slogan llevado a pegatinas y todo tipo de merchandising ponía «I❤️NY» que este viernes de Jazz podría cambiarse por  «I❤️OV» siendo Oviedo un pequeño New York con la música del Cuarteto de Moisés P. Sánchez (Madrid, 1979) que presentaban 13 años después de su Dedication la segunda parte tras una grabación donde junto al pianista madrileño también estuvieron el contrabajo de Antonio «Toño» Miguel (Zaragoza) y el saxo tenor de Javier Vercher (Madrid, 1978), más la batería de Borja Barrueta (Getxo, 1975) que para esta gira patrocinada por el CNDM (donde es artista residente) y la posterior grabación cuentan con la joven Naima Acuña (Londres, 1988) quien con ese nombre tan coltraniano por sus padres de Pontevedra, estaba predestinada al jazz y nos sorprendió gratamente en este concierto. Este regreso hecho música de NY a OV con el Moisés P. Sánchez 4TET pareció la banda sonora de Williams B. Arrensberg, el viajero o emigrante cercano del siempre recordado Úrculo, vista a la Catedral y maletas llenas de sentimientos.

En poco tiempo Moisés P. Sánchez volvía a Asturias, pero si en Gijón nos acercó a Bach, en esta «Dedicatoria» nos trajo la música y el músico (como bien nos explicó el propio pianista a un Teatro Filarmónica lleno hasta la bandera recordando a Philip Glass), el disfrute para todos y la profesión no ya de intérprete sino también como compositor de unos temas muy trabajados y variados en inspiración y escritura, llenos de matices, cambios de ritmos, estilos y enfoques siempre ricos en las exposiciones pero todavía más en las improvisaciones, ese «cocer» las melodías en vivo, el directo irrepetible y grandioso para un concierto que tocaba este cuarteto tras la presentación en Madrid.

Arrancando con una Dedication trece años después nos pondría en ambiente Moisés con P de Picasso, el pintor universal del piano capaz de sonar como Jarret o Evans, McCoy Tyner junto a Mehldau o Corea, e incluso toques de Chano con Camilo, músicas atlánticas caribeñas pero con sello propio, «Moisés P punto» dominador de todos los lenguajes desde el suyo, excelente dibujante, académico azul y rosa, colorista, cubista y gigantista por equipararlo con el malagueño universal del que este años se cumplen los 50 años de su muerte. Y la paleta del trío se engrandece con un saxo tenor de paleta tan grande como la del maestro,  Javier Vercher jugando con la caña para engrandecer cada tema, evocaciones de Coleman Hawkins y John Coltrane, de Benny Carter y Ben Wester, Dester Gordon, Lester Young y Charlie Parker, pero incluso nuestro Iturralde, tantos maestros donde el saxofonista madrileño, como su paisano y amigo pianista, han bebido. Cada tema e improvisación de Sánchez con la réplica sonora de Vercher. Y la sección rítmica increíble, rotunda, clara y precisa, creativa del contrabajo del seguro Toño Miguel más una batería de Naima Acuña que con un set no muy grande logró una tímbrica hermosa, baquetas, escobillas, mazas o manos, unos platillos más allá de lo ambiental y sobre todo un toque de caja luminoso, clamorosamente colorido, imprescindible incluso en los silencios.

En esta dedicatoria nueva desfilamos por Pennsylvania con el hotel, hoy desaparecido, del mismo nombre en el 401 de la 7ª Avenida de Manhattan, justo enfrente de la estación Pennsylvania Station y el Madison Square Garden, cercano al estudio de grabación donde Moisés esperaba al ayudante de sonido que no aparecía. Recuerdos de angustias previas y felicidad final tras unos tiempos de juventud que hoy son el poso a una vida con el piano protagonista siempre, el jazzman que transita por estados de ánimo, imágenes llevadas a los pentagramas casi papiros o periódicos del día a día. Otro tanto de Melancolía necesaria para disfrutar del cuarteto, ambientes, atmósferas, el plato cocinado por los cuatro donde cada solo, cada combinación tímbrica nos llevaría por tantos mundos que conviven en la música por excelencia del siglo XX, ya interiorizada sin etiquetas en el actual. Obras que funcionan como suites, unidas por un músico que disfruta y contagia su música, polirritmias, acordes melódicos, exuberancia sonora y todos los calificativos que mi tocayo Pablo Sanz nos deja en las notas al programa.

Seguirían los estrenos, y Dedication II como reflejo de los trece años que llenan la mochila, mucho trabajo y menos pelo, el estudio por tantos estilos y compositores, de Shostakovich a Gershwin pasando por Beethoven (su próximo acercamiento), Europa y el Caribe aterrizando en los EEUU que tanto han influido en la historia, la musical incluida. Introducción libre, efectista, evolución bebop, tributo «clásico» a Chopin o Rachmaninov (otro de aniversarios) y el siempre insustituible Waltz for Debby del «dios Evans» sonando en esta dedicatoria segunda.

Y entre dioses no podía faltar «el Monje«, The Monk con una intro de Naima portentosa, poderosa, seguida por un Javier heterodoxo, el sustento de Toño y el vuelo por el universo de las 88 teclas pero sacando color al blanco y negro, banda sonora sentimental, sonido expansivo muy bien amplificado por los técnicos de la casa. La iluminación la pondría el 4TET de Moisés.

Para cerrar programa otra «locura» del músico y compositor transversal (como así le han definido), Dodecatónico, con intervenciones de sus tres músicos impresionantes para una partitura compleja por sus motivos dodecafónicos, polirritmias, matices extremos y las genialidades del directo que dejaron atónito a un público tan variopinto como la música del Cuarteto y el empuje de la gallegolondinense.

De propina Nobody knows what’s behind (Nadie sabe lo que hay detrás), títulos en inglés como Naima y el origen primigenio para esta segunda parte que también es buena contradiciendo el dicho, impregnada en mi memoria del mejor Bach y el recuerda de su Cantata 147, alegría de los hombres de buena voluntad tocados por el eterno y universal lenguaje de la música.

La Burlesque de Forma Antiqva

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Sábado 14 de enero, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio: Forma Antiqva, Aarón Zapico (director). Burlesque, Suite de variedades. Música de G. Ph. Telemann (1681-1767).

Nuevo espectáculo de los langreanos Forma Antiqva en gran formato y desde casa, esta vez dedicado a la música instrumental del prolífico Georg Ph. Telemann organizada con el mismo gusto del propio compositor y casi descriptivo, sin límites con el género tan francés de la obertura orquestal, realmente seis suites de danzas perfectamente explicadas por Stefano Russomano en las notas al programa, que por momentos pudieron resultar monócromas, nunca monótonas, más por la poca variedad tímbrica que por los contrastes de tempi, matices o claroscuros tan barrocos como los que domina Aarón Zapico al frente de los distintos proyectos y combinaciones instrumentales.

Con un buen corpus de cuerda bien conocido en los grandes espectáculos, el habitual continuo de clave, guitarra, tiorba, dos cellos y contrabajo con fagot más dos oboes y percusión, la primera parte ya nos avanzaba la «línea argumental» del compositor alemán tamizado por el estilo francés pero recogiendo danzas de todas las procedencias barrocas de su época. Destacable la Sinfonía melódica en do mayor TWV 50:2 antes de «La Bizarre» que cerraría la primera parte, con efectos de pájaros y la presencia de un bailarín que no figuraba en el programa pero parecía encarnar personajes, interpretaciones subliminales o directamente recrear corporalmente la música de Telemann que iba alternando aires siempre con los mayores contrastes y claroscuros «marca Zapico».

Precisamente por buscar un tema de unión para este «teatro de variedades», eché de menos algún metal  puntual que diese más color a una música monotemática aunque evidentemente bella y muy bien escrita. Las apariciones de Enrico Dau Yang We, presentado al finalizar el concierto, intentaron al menos romper esa uniformidad de color aunque los juegos dinámicos resultaron magníficos, con unos pianissimi dignos de mención y un trío con Jiménez, Pinteño y Verona digno de resaltar. Lástima que la percusión de Pere Olivé no se mostrase más presente y variada o el clave de Daniel Oyarzabal sonase con mayor protagonismo, que en cambio sí tuvieron los gemelos Zapico.

La segunda parte al menos tuvo momentos muy trabajados en «La Changeante«, especialmente en Les Scarampouches, con unos pizzicatti «modernísimos», la Hornpipe sin metales, el íntimo Avec douceur y un Canarie que dio el toque español antes de la última «Suite Burlesque de Don Quixotte» en sol mayor, TWV 55:G10, ocho números donde la música pura es protagonista aunque el argumento lo podamos ir siguiendo e incluso visualizándolo con Enrico D. Wey, la verdadera sorpresa de este teatro musical (con un «juego con silla» que me recordó a Pepe Viyuela con la escalera), una burla musical con la que Forma Antiqva vuelve a sorprender apostando por el prolífico Georg Phillip en estado puro y estrenándolo ante su público asturiano. Supongo que su sello Winter&Winter lo lleve al soporte digital pues tenemos música de Telemann para llenar varias bibliotecas (tiene más de 15000 mil obras) y acertar en la elección es la verdadera dificultad… su interpretación por los asturianos al menos es siempre segura.

Forma Antiqva:

Dirección: Aarón Zapico – Oboes: Miriam Jorde, Daniel Ramírez – Fagot: Quim Guerra – Violines primeros: Jorge Jiménez, Guillermo Santonja, Roldán Bernabé, Fumiko MoriePablo Prieto – Violines segundos: Daniel Pinteño, Miriam Hontana, Cecilia Clares, Roger Junyent, Sergio Suárez -Violas: José Vélez, Daniel Lorenzo, Isabel Juárez, Leticia Moros – Violonchelos: Ruth Verona, Elisa Joglar – Contrabajo: Jorge Muñoz – Guitarra / Archilaúd: Pablo Zapico – Tiorba: Daniel Zapico – Clave: Daniel Oyarzabal – Percusión
Pere Olivé.

BURLESQUE (Suite de variedades):

Sinfonia spirituosa en re mayor, TWV 44:1: I. Spirituoso II. Largo III. Vivace.

Sinfonía melódica en do mayor, TWV 50:2: I. Allegro assai II. Sarabande
III. Bourrée
IV. Menuet en rondeau
V. Loure a l’unison VI. Chaconnette
VII. Gigue en Canarie.

Ouverture “La Bizarre” en sol mayor, TWV 55:G2: I. Ouverture II. Courante
III. Branle
IV. Sarabande
V. Fantaisie
VI. Menuet I – Menuet II
VII. Rossignol
VIII. Gavotte en rondeau.

PAUSA

Ouverture Burlesque en si bemol mayor, TWV 55:B8: I. Ouverture
II. Scaramouches
III. Harlequinade IV. Colombine
V. Pierrot
VI. Menuet I – Menuet II
VII. Mezzetin en Turc.

Ouverture-Suite “La Changeante” en sol menor, TWV 55:g2: I. Ouverture II. Loure
III. Les Scaramouches IV. Menuet I – Menuet II
V. La Plaisanterie VI. Hornpipe
VII. Avec douceur VIII. Canarie.

«Suite Burlesque de Don Quixotte” en sol mayor, TWV 55:G10: I. Ouverture
II. Le Reveil de Quixotte
III. Son Attaque des Moulins à Vent
IV. Les Soupirs amoreaux après la Princesse Dulcinée
V. Sanche Panche berné VI. Le Galope de Rosinante
VII. Celui d’Ane de Sanche VIII. Le couché de Quixotte.

Aire, viento y huracanes sinfónicos

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Sábado, 10 de diciembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: CONCIERTOS DEL AUDITORIO. Sergei Dogadin (violín), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías Navarro (director). Obras de Erkoreka, Beach y Chaikovski.

Un sábado ya con aires navideños, sin viento pero con un huracán sinfónico en el auditorio ovetense con cambio de última hora que no impidió respirar una atmósfera musical perfecta, sin apenas toses porque hubo momentos donde los pianísimos y la emoción cortaron el aire.
Nuevos aires en los programas de los conciertos, apostando por compositoras de calidad, históricas y hasta actuales.
Vientos de cambio al organizarlos colocando el concierto con solista en la segunda parte, que  vengo reclamando hace tiempo.
Obras que pasan como ciclones, otras con vientos del norte y un aire gélido que no mata sino que resucita.
La música popular siempre ha sido motivo de inspiración para los grandes compositores, y los tres de este sábado tenían mucho de esos aires, populares hasta en muchas de nuestras expresiones: en asturiano el llamado «airín de las castañas» (definiciones varias al final), nos dan ventoleras, «darse un aire», y así podría continuar porque hubo aire, viento y hasta huracanes en muchas de las acepciones que comento al final de esta entrada para solaz de quien llegue hasta ellas.
Y todo me vino por la primera obra del concierto, Tramuntana (2017) del bilbaíno Gabriel Erkoreka (1969), que en las excelentes notas al programa (enlazadas al inicio en las obras) el doctor Ramón Sobrino explica al detalle: “Tramuntana –según describe el propio compositor– aporta a la orquesta una evocación única del sonido del viento”, ese viento frío y turbulento, que, viene desde “más allá de las montañas”, para soplar sobre Baleares y el nordeste de Cataluña. En la obra “los instrumentos de viento y cuerda se alternan en momentos que van desde la calma hasta la turbulencia, en los que la percusión juega un papel destacado mediante el uso de timbales, sobre los que se colocan diferentes objetos que sirven para articular la estructura de la obra”. En Asturias no tenemos tramontana pero la obra levantó algún murmullo porque el numeroso público que acudió no tiene el oído entrenado a estos aires novedosos aunque tenga referencias a melodías catalanas donde el oboe casi suena a flabiol si bien esperaríamos más viento del norte con chistu. Obra compleja la del vasco y no solo para la sección de viento de la OFil, también para los dos percusionistas y en general para toda la orquesta de la que su titular Lucas Macías Navarro saca «hasta debajo de las piedras» (o de los pentagramas) lo mejor de ella en todo lo que afrontan. La confianza mutua se nota, el momento actual les permite sonar con una amplia gama de matices en cualquiera de los estilos a los que están acostumbrados. El oído se entrena como la vista, los gustos también. Las preferencias son otra cosa, pero Velázquez y Kandinski no son excluyentes y disfrutar de ambos lleva su tiempo. Y la obra de Erkoreka demostró esa complicidad necesaria entre director y orquesta sin perder de vista la labor pedagógica de conocer «nuevas músicas» que dan otros aires a intérpretes y aficionados.
La compositora y pianista estadounidense Amy Beach (1867-1944) comienza a recuperarse poco a poco en este siglo XXI después de triunfar en su país en tiempos más difíciles que los actuales. Su Gaelic Symphony op. 32 en mi menor (1894-96) es su primera gran obra sinfónica que tiene aires románticos cercanos en el tiempo, utilizando melodías tradicionales irlandesas-gaélicas que como asturianos nos suenan cercanas por la parte «celta», rítmica y melódicamente. Sus cuatro movimientos (I. Allegro con fuoco; II. Alla siciliana- Allegro vivace; III. Lento con molto espressione; IV. Allegro di molto) nos permitieron disfrutar de una partitura con calidad y elementos de disfrute sonoro donde cada sección y primeros atriles tuvieron sus momentos de protagonismo, con un Macías que les deja respirar esos pasajes manteniendo siempre un sonido compacto lleno de matices. Movimientos con aires europeos, reminiscencias de Dvořák que pareció guiar a los norteamericanos por el mejor camino sinfónico donde Beach es una de las primeras en seguirle. Viento metal y viento madera arropados por una cuerda clara y precisa, los aires al pie de la letra, fogoso el primero, danzable el segundo, expresivo el tercero con el violín primoroso de Marina Gurdzhiya, más el último muy rápido y brioso con la música de Miss Amy sonando más grandiosa de lo esperado, aires de gloria con alguna ventolera, pasajes evocadores y casi cinematográficos para esta música irlandesa exportado a los Estados Unidos, que aún sigue alimentándose del folclore del viejo continente porque el viento del este no ha dejado de soplar.
A última hora se comunicaba en una hoja impresa a la entrada, que Daniel Lozakovich se veía «obligado a suspender su compromiso en Oviedo debido a un problema personal sobrevenido», siendo sustituido por Sergei Dogadin que llegaba por la mañana para el Concierto para violín y orquesta en re mayor, op. 35 de P. I. Chaikovski (1840-1893), una de las obras cumbres de la literatura violinística que no suele faltar en el auditorio de «La Viena española» a lo largo de estos años. Si el virtuoso sueco tiene un currículo impactante, el del ruso no se queda a la zaga, ganador igualmente del Primer Premio del Concurso Internacional Chaikovski (2019), así que lo difícil estaba hecho: encontrar un solista de la misma categoría que el previsto, y la profesionalidad fue solo una brisa comparada con el huracán de toda la segunda parte.
Con un violín Domenico Montagnana (Venecia 1721) cedido por a Rin Collection de Singapore, Dogadin y Macías formaron el mejor tándem posible para interpretar los tres movimientos del concierto de Chaikovski, entendimiento mutuo, máxima atención y tensión por parte de los músicos y sensación de triunfo nada más escuchar el ataque del I. Allegro moderato: sonido redondo en los graves, agudos penetrantes, una cadenza de quitar la respiración con todos los recursos posibles, un arco magistral, armónicos incisivos como murmullos, aire fresco en la interpretación del virtuoso ruso donde se notan no ya sus maestros sino el largo recorrido tanto en la música de cámara como solista con las mejores orquestas y batutas. La II. Canzonetta: Andante nos puso la piel de gallina, emoción y entrega con una concentración por parte del solista y concentración por el resto gracias a un Macías atento a todo, dejando fluir la música de Dogadin y escucharla todos para la mejor interpretación, disfrute compartido en un aire contenido, casi pintando el aire de los pájaros de Casals desde el violín. Y sin miedo para nadie, arriesgando en las velocidades siempre exigentes para todos, el III. Allegro vivacissimo donde confluir la técnica con la música, necesaria una para la otra, claridad en la concertación de Macías, vuelo huracanado de Dogadin, respuesta global de la orquesta y el paso del huracán por el escenario que nos limpió con el aire puro de Chaikovski.

Si el vértigo del último movimiento no fuese suficientemente fuerte, el paso del huracán traería su coletazo a modo de propina: el Paganini «endiablado» de las Variaciones sobre «La Molinara» de Paisiello, toda una lección de música para virtuosos sin fuegos artificiales, solo el disfrute del sonido del violín en las manos de Dogadin que nos hizo olvidar quién era el programado para aplaudir la rapidez y eficacia de los organizadores de estos conciertos (especialmente Cosme Marina) donde las cancelaciones nunca han supuesto merma de calidad y las suspensiones se han convertido en cambios de fecha, sin perder la esperanza ni el ánimo.

ALGUNAS DEFINICIONES DE LA RAE:
Aire: 3. m. viento (‖ corriente de aire). 4. m. Apariencia, aspecto o estilo de alguien o de algo. 5. m. Parecido, semejanza, especialmente de las personas. 6. m. Vanidad o engreimiento. 7. m. Ínfulas, pretensiones, alardes. 9. m. Primor, gracia y brío en el modo de hacer algo. 11. m. canción (‖ música de una canción). 12. m. coloq. Ataque parcial y pasajero de parálisis u otra afección que se manifiesta instantáneamente. 14. m. Mús. Grado de presteza o lentitud con que se ejecuta una obra musical. 15. m. pl. Aquello que viene de fuera alterando los usos establecidos e impulsando modas, corrientes o tendencias nuevas. 16. interj. U. para incitar a una o varias personas a que despejen el lugar donde están o a que se pongan a su tarea lo más pronto posible.
Viento: 1. m. Corriente de aire producida en la atmósfera por causas naturales, como diferencias de presión o temperatura. 5. m. Cosa que mueve o agita el ánimo con violencia o variedad. 6. m. Vanidad y jactancia. 7. m. Cuerda larga o alambre que se ata a una cosa para mantenerla derecha en alto o moverla con seguridad hacia un lado. 8. m. coloq. Expulsión de los gases intestinales. 9. m. Mar. rumbo (‖ dirección trazada en el plano del horizonte). 11. m. Mús. Conjunto de instrumentos de viento de una orquesta. U. t. en pl. con el mismo significado que en sing.
Huracán: 1. m. Viento muy impetuoso y temible que, a modo de torbellino, gira en grandes círculos, cuyo diámetro crece a medida que avanza apartándose de las zonas de calma tropicales, donde suele tener origen. 2. m. Viento de fuerza extraordinaria. 3. m. Suceso o acontecimiento que causa destrucciones o grandes males. 4. m. Persona muy impetuosa.

Ventolera: 1. f. Golpe de viento recio y poco durable. 3. f. coloq. Vanidad, jactancia y soberbia. 4. f. coloq. Pensamiento o determinación inesperada y extravagante.

Aire de les castañes: vientos muy típicos del otoño en el Principado, de ahí la procedencia de su nombre, ya que se dan cuando «cae» la castaña, aunque pueden darse en cualquier época del año. El aire de las castañas es un viento del suroeste asociado a las borrascas atlánticas, suele soplar con una intensidad moderada.

El piano de ayer y hoy

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Miércoles 7 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, concierto nº 1657: Noelia Rodiles (piano). Obras de Sánchez Allú, Rueda y Schubert.

La pianista avilesina Noelia Fdez. Rodiles (1985) volvía a casa con un programa hispano alemán que aunaba el romanticismo y la visión actual, demostrando estar en plena madurez vital y artística, mostrando las dotes que la han encumbrado entre las mejores de nuestro panorama, que sigue exportando talento desde hace décadas, asombrando con su trabajo minucioso al afrontar obras de distinto calado con las que se encuentra igual de «cómoda», sin etiquetas, aunque está claro que su Schubert no podía faltar, recordándome a otra pianista del pasado siglo como fue Alicia de Larrocha.
Y es que Rodiles continúa en su línea, melodismo puro, pasión y delicadeza, sonido muy trabajado en cada detalle, entrega total más una honestidad al afrontar cada partitura digna de elogio. Así comenzaba su concierto en el Jovellanos con la Sonata para piano op. 1 en mi bemol mayor del salmantino Martín Sánchez Allú (1823-1858), una maravilla recuperada por la asturiana gracias a la Fundación Juan March, pianismo con recuerdos de Mozart o Beethoven, estructura de sonata clásica en cuatro movimientos pero muy bien elaborada, con momentos profundos que Noelia Rodiles exprime desde su conocimiento y las notas al programa de  María Alonso Bustamante ayuda a comprender aún mejor. Al escuchar estas obras rescatadas del polvo, siempre me pregunto qué hubiera sido de Sánchez Allú si su vida fuese un poco más longeva y de cuánto nos privó su joven muerte. Patrimonio hispano a la altura del alemán que Noelia Rodiles interpretó de manera magistral.
La Sonata nº 5 «The Butterfly Effect» (2017) del madrileño Jesús Rueda (1961) ya la conocía por ser una de las que conforman el CD del año 2020 con el mismo título y su escucha en vivo siempre resulta deliciosa por la destinataria de esta inspirada obra en tres movimientos con las «Mariposas» de Schumann como feliz disculpa, Wings impresionista, Evanescent y etéreo de sonoridades propias donde el pedal debe ir en el lugar justo, y el virtuosismo del Perpetuum Mobile, un verdadero ciclón donde dudo entre calificarlo como delicadamente pasional o pasionalmente delicado. No hubiera estado mal escuchar las otras dos obras de encargo (Magrané y David del Puerto), pero Schubert nos esperaba toda la segunda parte.
La versatilidad refinada de Noelia Rodiles le permite reunir como ella dice, «ofrecer el gran repertorio… junto con obras que se han quedado olvidadas o perdidas», y lo grande vendría con los Seis momentos musicales, D. 780, op. 94 de Franz Schubert (1797-1828). No es cuestión de poner en duda el orden pues el presentado fue alternando aires y expresión con una limpieza infinita, reposado el más conocido de ellos como el nº3, arriesgado como el quinto y vibrante el último, siempre «cantabile» incluso en los más rápidos, aportando ese buen hacer y elegancia de la avilesina en este repertorio tan exigente que con su aparente sencillez lo hace todavía más grande.
Las propinas otras dos joyas de ayer y hoy, hispana y alemana, la Rapsodia Asturiana de Benjamín Orbón (1879-1944), paisano suyo que siempre se agradece escucharlas aunque sea de propina, pues «la tiene siempre en dedos«, y el maravilloso arreglo que el gran Wilhelm Kempf hiciese sobre la Danza de los espíritus bienaventurados o Sgambati del «Orfeo y Euridice» de Gluck.
De nuevo el piano de ayer y hoy, de siempre, gran repertorio con obras que no pueden olvidarse ni perderse, el compromiso de Noelia Rodiles en este último del año en Gijón, que siempre se lo agradezco. Espero que 2023 siga siendo tan fructífero como este que vamos acabando, con música por supuesto.

Literatura musical con ‘Malats’

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Miércoles, 30 de noviembre, 19:45 h. Teatro Filarmónica, concierto 16 de la Sociedad Filarmónica de Oviedo. Trío Malats. Obras de MalatsSuk y Mendelssohn.

Crítica completa para LNE del viernes 2 de diciembre sin problemas de espacio, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva, que la prensa no suele admitir.

Tarde desapacible y poco público, aunque siempre fiel el abonado de la Sociedad Filarmónica de Oviedo, para finalizar este noviembre invernal desde la mejor escuela de melómanos e intérpretes como es el teatro de la calle Mendizábal, hoy punto de partida de un viaje casi literario por partida triple, donde el Trío Malats, formado por Victor Martínez (violín), Alberto Gorrochategui (chelo) y Carlos Galán (piano) rendían su particular homenaje en los 150 años del nacimiento de Joaquín Malats (1872-1912), compartiendo programa con Josef Suk (1874-1935) y Felix Mendelssohn (1809-1847) en otro aniversario, los 175 de su muerte.

El trío como formación de cámara llenaría los salones románticos hasta los primeros años del pasado siglo, y no faltarían en aquellas pujantes sociedades filarmónicas que hoy luchan por sobrevivir -como las tres asturianas- transportándonos hasta la actualidad en estos reductos musicales. Trío también como género para que los grandes compositores experimentasen con su escritura cual laboratorio sonoro donde el piano conformaba un “sinfonismo a escala reducida” junto a violín y chelo que, además de enriquecer texturas, encontraban la sonoridad buscada antes del paso a las grandes salas de concierto. Los tres compositores elegidos por el Trío Malats son buen ejemplo para interpretar la música de cámara desde distintas épocas y estilos, manteniendo el buen gusto por la escritura “de salón” ejecutada desde la complicidad de tres solistas de altura unidos para latir con un solo corazón en un viaje donde la música no necesita palabras.

La Elegía op. 23 (1902) del checo Suk, alumno de Dvorak, quien influiría enormemente en este género de cámara, sirvió para abrir el concierto, obra en memoria del escritor de novelas y poemas épicos bohemios Julius Zeyer (1841-1901) con esa inspiración literaria expresada por la propia definición de “elegía”: «composición lírica en la que se lamenta la muerte de una persona o cualquier otro acontecimiento infortunado», casi epílogo para el alemán y prólogo del catalán Malats, un niño prodigio que además de excelente pianista, interpretando con 14 años a Beethoven o Mendelssohn, nos dejó páginas tan conocidas como su Serenata española junto a otras menos difundidas, caso del Trío en si bemol mayor, que “El Malats” está ayudando a programar. Tres movimientos con un piano rotundo, lógico en un intérprete como el barcelonés, especialmente en el Allegro; más trabajado el lírico Andante con los tres instrumentos equilibrados en sus intervenciones; más un vertiginoso Vivace final, escritura para virtuosos con aires parisinos de la época estudiantil sin perder el “mediterraneísmo” despojado de folclorismos pero igual de popular y tan catalán en todas las artes de las que la música también bebería.

Palabras mayores la elección de Mendelssohn al que Malats tenía entre sus preferidos y ahora “su trío” interpretaría en la segunda parte: el Trío nº 1 op. 49 en re menor, cuatro movimientos muy exigentes, nuevamente para el piano, donde disfrutar del ambiente que reinaba en la casa del hijo del banquero judío en Leipzig acompañado de otros contemporáneos, romanticismo puro de salón que pide al trío máxima compenetración, demostrada con creces por estos brillantes músicos reunidos en este repertorio que degustamos en la “sala Mendizábal” de este teatro rodeado de mucha arquitectura y literatura -también musical- en cuatro movimientos, primero cual romanza sin palabras, sueños de una noche de verano del segundo, aires escoceses del scherzo o el último esbozo sinfónico escritos por el gran compositor redescubridor del “dios Bach”.

Y la propina del llamado “Brahms ruso” aunque de origen suizo Paul Jon (1872-1940), otro gran compositor de tríos además de sinfonista no lo suficientemente conocido ni difundido, con nuevo tributo a los escritores de “literatura de viajes musicales”, dejándonos una miniatura de ensueño, Rêverie op. 18 nº 3 ampliando las fronteras del Trío Malats en este acercamiento al género de cámara siempre bienvenido para público e intérpretes, rescatando del olvido páginas que nos transportan a salones europeos sin movernos de nuestra butaca en la centenaria sociedad filarmónica ovetense, “La Viena española” en los años 20 ya de este siglo XXI.

Tres de tres

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Miércoles, 30 de noviembre, 19:45 h. Teatro Filarmónica, concierto 16 de la Sociedad Filarmónica de Oviedo. Trío Malats. Obras de MalatsSuk y Mendelssohn.

Reseña para LNE del jueves 1 de diciembre escrita desde el teléfono móvil con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva, que la prensa no suele admitir.

Segundo concierto del penúltimo y frío mes en la centenaria sociedad filarmónica ovetense, el decimosexto del año (diciembre aún nos dejará otros dos más) y una de las pocas oportunidades que se presentan de escuchar en vivo el Trío en si bemol de Joaquín Malats (1872-1912) -coincidiendo con el 150 aniversario de su nacimiento- que lo ofreció precisamente quienes llevan el nombre del compositor catalán, Trío Malats, ofreciendo un programa que incluyó también la Elegía Op. 23 de Josef Suk abriendo concierto, más el siempre admirable Trío nº 1, Op. 49 en re menor de Mendelssohn ocupando toda la segunda mitad.

Victor Martínez (violín), Alberto Gorrochategui (chelo) y Carlos Galán (piano) forman este Trío Malats uniendo sus carreras individuales con mismo corazón para difundir por todo el mundo el nombre del músico barcelonés, también promocionando obras españolas actuales sin olvidarse de los grandes compositores universales en todo estilo y época con esta agrupación camerística por excelencia, premiada con varios galardones en una carrera muy asentada. Trío de músicos y de obras para disfrutar del género más experimental en la historia.

Suk y su elegía cual prólogo, poesía por la muerte con el amplio sentido de la palabra lírica, cuerdas y piano de salón ambientando este concierto.

Malats mucho más que un homenaje, aires mediterráneos del Allegro, perfume francés de estudiante en el Andante central, más todo el fin de siglo cosmopolita con el Vivace de un trío respetuoso con su “mentor” entregados en feliz entendimiento.

Mendelssohn siempre grande por escritura, exigencia a sus intérpretes, especialmente el piano, romanticismo puro y laboratorio sinfónico a tres, viaje al Leipzig de banqueros y mucha música donde nos llevaron estos tres tríos.

El final de viaje tuvo parada extra con Paul Juon conocido como “el Brahms ruso” concluyendo un largo trayecto para el poco pero agradecido y entendido público de “La Viena española”, necesitado de estas músicas de salón más que de antitusivos.

Vetusta tiene su música

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Sábado 26 de noviembre, 20:00 h. Sala principal del Auditorio de Oviedo: Conciertos del Auditorio. Sheku Kanneh-Mason (chelo), Elsa Benoit (soprano), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías Navarro (director). Obras de Raquel Rodríguez, Haydn y Mahler.

Crítica completa para La Nueva España del lunes 28, sin recortes por el espacio, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Siempre es un placer asistir a un estreno, más si es de casa y sumándole que es una compositora asturiana joven pero con larga trayectoria como Raquel Rodríguez (1980), para redondear un concierto donde convivían con la carbayona nada menos que “papá Haydn” y Mahler, cuyo tiempo ya ha llegado hace más de un siglo, tradición y modernidad en la sempiterna y melómana Vetusta.

Oviedo Filarmonía (OFil) sigue creciendo bajo la batuta de su titular Lucas Macías, quien prosigue su apuesta por incluir mujeres compositoras en los conciertos, y este sábado abría un ciclo titulado “Mapa Sonoro de Vetusta” estrenando «Albidum, camino hacia las estrellas» de la ovetense, cinco movimientos partiendo del origen de la palabra latina traducida como blanquecina, uno de los probables orígenes del topónimo de la capital del Principado para una historia sinfónica y asturiana, siglos traídos al nuestro con la música de bella factura y mucho oficio de Raquel Rodríguez. Obra contundente en efectos y efectivos, cinco etapas bien comentadas en las notas al programa de mi compañero Jonathan Mallada, escritura muy elaborada cual banda sonora desde los indígenas astures en peregrinación al Salvador, el Júpiter efectista guiando ese “campo de estrellas” para una orquesta luminosa bien llevada y estudiada por su titular, una “introspección” con la diosa Trivia completando el simbolismo de una página sinfónica más que blanquecina resplandeciente, largamente aplaudida por un público que la entendió cercana, luminosa y cálida.

A Franz J. Haydn (1732-1809) se le considera el padre de la sinfonía y del cuarteto de cuerda, con amplia y variada producción donde el Concierto para violonchelo nº 2 en re mayor, Hob. VIIb:2 ocupa lugar preminente entre sus obras más escuchadas, esta vez con otro joven intérprete, Sheku Kanneh-Mason (Nottingham, 1999) quien con 13 años ya maravillaba en este repertorio concertístico que se puede disfrutar en internet (ganador del premio BBC al mejor músico joven del año 2016), y con el que triunfó el pasado septiembre en la capital británica junto a la Philharmonia londinense volviendo en febrero del año que viene siempre con el cartel de Sold out en todos ellos -es una verdadera estrella dentro y fuera del Reino Unido desde su popularidad tras tocar en la boda de los emigrados a EEUU ex duques de Essex– y que llevará el próximo diciembre a la Sociedad Filarmónica de Bilbao con la Camerata Salzburg, por lo que era de esperar y muy esperada su interpretación desde su dominio técnico, unido al sonido maravilloso y corpóreo de su chelo, siempre bien concertado por el maestro Macías en sus tres movimientos “clásicos” llenos de energía, especialmente el adagio central y el virtuosismo en el rondó final, de sonoridad cálida, contenida por momentos, que desde el podio mantuvo el equilibrio concertando con las manos para lograr mayor expresividad, especialmente en una cuerda siempre aterciopelada, perfecta compañera de viaje.

El regalo del inglés todo un “clásico moderno” de Burt Bacharach, I Say A Little Prayer que conocimos cantado por Aretha Franklin, sacando del cello, sin arco, una sonoridad actual en este arreglo tan popular como el propio Sheku Kanneh-Mason, juvenil hasta en su “camisa africana”, más allá de modas, épocas o costumbres.

Y si Gustav Mahler (1860-1911) decía que el tiempo de su música aún no había llegado, hoy es el más grabado e interpretado de la historia, por lo que no puede faltar en toda temporada que se precie, esta vez con su Cuarta sinfonía estrenada por el propio compositor hace ahora 121 años, un 25 de noviembre, y con no muy buena acogida del público -de hecho estaría reelaborándola hasta unos meses antes de su muerte y a la que llamaba su “hijastro”-. Excelente orquestación aunque más “ligera” que en otras sinfonías, pero perfecta para la plantilla de la formación ovetense y poder disfrutar todas y cada una de las secciones de la OFil con Lucas Macías dominador de la partitura memorizada hasta el último detalle, jugando y apostando fuerte en los aires muy controlados y respondidos a la perfección por “su orquesta”, cortando la respiración en el Ruhevoll, poco adagio tan profundo o más que el de la viscontiana Quinta, para una cuerda en estado de gracia por su sonoridad compacta y uniforme, hasta llegar al último movimiento, Sehr Behaglich (Muy cómodo) ya con la soprano francesa Elsa Benoit cantando los primeros versos de Das himmlische Leben (La vida celestial) perteneciente a la colección Des Knaben Wunderhorn (El cuerno mágico de la juventud), «lied» sinfónico cantando el goce celestial del hombre maravillado pero confundido, que se pregunta con ojos de niño el significado de todo ello, agradeciendo la proyección del texto traducido. Volumen suficiente de la cantante y pura emoción mahleriana, de nuevo con la orquesta en su mejor momento, un universo sinfónico plagado de estrellas en cada primer atril, disfrutando de Birgit Kolar como concertino por partida doble (utilizado otro para la “scordatura” del segundo movimiento) y redondeando una tarde joven para todas las edades.

Toda una premonición cumplida en esta galaxia musical astur para disfrutar de un sábado donde la OFil con Lucas Macías fueron las estrellas gastronómicas en versión sinfónica bien cocinadas y servidas, brillando con luz propia para cerrar estos placeres melómanos con un viaje por la estrellas de Vetusta.

Estrellas sinfónicas

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Sábado 26 de noviembre, 20:00 h. Sala principal del Auditorio de Oviedo: Conciertos del Auditorio. Sheku Kanneh-Mason (chelo), Elsa Benoit (soprano), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías Navarro (director). Obras de Raquel Rodríguez, Haydn y Mahler.

Reseña para La Nueva España del domingo 27 escrita desde el móvil con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Concierto estelar donde no faltó de nada: un estreno mundial de la ovetense Raquel Rodríguez (1980) con el título de «Albidum» (uno de los probables orígenes del topónimo Oviedo) subtitulada “camino hacia las estrellas”; otro brillo en el firmamento con el famoso cellista inglés Sheku Kanneh-Mason, popular mundialmente al tocar en la boda real de los ex duques de Essex; más la Cuarta de Mahler con la soprano francesa Elsa Benoit en el último movimiento, goce celestial visto con los ojos de un niño y el placer melómano.

Más que las estrellas gastronómicas de la Guía Michelín (que vamos ganando para Asturias), este último sábado de noviembre con un Auditorio lleno y supongo hambriento, disfrutamos nada menos que de tres soles sinfónicos:

Primera: Raquel Rodríguez, mucho más que un contundente entrante femenino al que el “master chef” Macías se ha comprometido en servirnos cada menú por él elaborado esta temporada. Un plato para repetir en cualquier momento por su calidad, sabor y guarnición.

Segunda: número 2 de los conciertos para violonchelo de Haydn, donde el plato principal sería el solista británico, un Sheku de camisa y etnia subsahariana para paladear en tres pasos, conectando desde el principio con el titular onubense, maridando y madurando con una orquesta que sigue brillando en cualquier carta siempre bien servido.

Un sorbete original de propina en pizzicato Forever and ever de la oración que nos cantase la gran Aretha Franklin.

Y tercera, digna de ser doble para el Mahler siempre contundente, tradicional pero actual 121 años y un día del estreno de su cuarta sinfonía, donde el sabor especial lo da incluir “La vida celestial”, poema del «Cuerno mágico de la juventud» con soprano en el último movimiento, la francesa Elsa Benoit cual verdadera esencia final para una hora de esta “sinfonía de mortales” donde alcanzar el paraíso mahleriano, magnífica sinfonía de ángeles bien acompañada por el jefe Macías y respetuoso silencio final antes del aplauso unánime.

Merecidas estrellas sinfónicas para este menú que ofreció tres platos estelares, por los ingredientes (compositores de ayer y hoy) junto a unos condimentos especiados y servidos por unos intérpretes esenciales para alcanzar este firmamento musical, desde el primero al último, con una Oviedo Filarmonía que “liga con todo” y brilla en la galaxia sonora de Vetusta, con mejor salud que Don Gustavo.

Bach resiste 300 años

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Jueves 24 de noviembre, 20:30 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Jazz Xixón, Sociedad Filarmónica de Gijón, concierto nº 1658: «Bach (Re)Inventions», Moisés P. Sánchez Invention Trío.

Hace 300 años que «Mein Gott» Bach escribiese sus quince invenciones a dos voces en Köthen, una pequeña ciudad muy cerca de Leipzig donde poder alejarse de la su oficio de kantor y disfrutar con la música instrumental donde estas lecciones para la formación de su hijo Wilhelm Friedeman, explorando el contrapunto, la independencia de manos y los movimientos de danza, conforman un «corpus» no ya didáctico sino de pura exploración para cualquier músico.

A lo largo del tiempo J. S. Bach sigue reafirmándose como el padre de todas las músicas, y hace años que mantengo mi propia teoría que sus obras soportan todos los estilos para acercarse a ella, bien directamente con interpretaciones en sintetizadores (W. Carlos), vocales (Bobby McFerrin), mezclas africanas (Lambarena) o con ritmos cubanos, pasando por el rock y evidentemente el jazz, dejo fotografías de algunas grabaciones de mi fonoteca, donde Jacques Louissier marcó un estilo con su trío que en cierto modo me recordó este nuevo acercamiento de la Filarmónica de Gijón dentro del Festival de Jazz con el trío de Moisés P. Sánchez, como ya hiciesen hace cinco años con Chopin los pianistas Pepe Rivero y Judith Jáuregui.

La apuesta gijonesa atrajo al teatro del paseo de Begoña tanto a los más fieles del jazz asturiano, que va recuperando espacios, como a los socios de la sociedad, para quien Moisés P. Sánchez (Madrid, 1979) no solo dejó unas excelentes notas al programa (escritas para MarchVivo en 2021) sino también palabras dichas con humor y retranca, agradecimientos y piropos a nuestra tierra donde no faltó la gastronomía, preguntándose qué haría o diría Bach en nuestro siglo XXI. Por lo escuchado al finalizar, parece no pudo convencer a todos aunque personalmente creo que Mein Gott disfrutaría tanto como yo con estas (re)invenciones, inspiraciones o recreaciones partiendo de las quince Invenciones BWV 772-782 con el añadido de la improvisación que tan importante era en el barroco como en el jazz, con un formato de trío donde los dos Pablo’s (Pablo Martín Caminero al contrabajo y Pablo Martín-Jones a la percusión) compartieron el buen gusto y hacer del pianista madrileño. La música después de Bach ya estaba pre-escrita (que no prescrita) y el tiempo la ha ido colocando en cada época sin que nunca prescriba porque siempre es actual.

En una de sus recientes entrevistas Moisés Patricio Sánchez (aunque la P. le da todo el misterio, simbología y hasta marketing en convertir el apellido como marca propia junto al primer nombre) decía que ‘La emoción viene de lo que escuchas de pequeño’, y de formación académica muy seria parecía que el jazz le ha dado toda la libertad que la mal llamada clásica no permite, aunque su música no necesita etiquetas ni tiene fronteras. Mi querido Mario Guada me bautizó hace años como «omnívoro musical», y así lo entendió Carlos Santos quien en su ya finalizado programa nocturno «Entre dos luces» le dedicó precisamente a Moisés el último especial titulado El piano omnívoro de Moisés P. Sánchez, artista residente del CNDM para esta temporada, donde disfrutar de este polifacético intérprete en vivo y en directo, sonando parte del Bach «reinventado» que con Bartok y Beethoven conforman las tres B del artista madrileño. Me alegró mucho que nuestro común amigo aplicase este calificativo que refleja a la perfección la ya larga trayectoria del pianista, y especialmente el espíritu de este trabajo, encargo de la Fundación March en 2018 y finalmente llevado al disco con su propio sello, que abarca, como su propio Canal March, épocas y estilos variados.

Las invenciones no sonaron todas ni en orden, pero siempre son distintas, reconocibles porque «todo está en Bach», pasajes de solos increíbles, desde el delicadamente poderoso contrabajo de Martín Caminero (utilizando también el arco magistralmente), a la kalimba virtuosa de Martín Jones, percusión total, acústica y electrónica perfectamente combinada en la dosis exacta, más el piano sin límites de Moisés P. Sánchez, amplificación igualmente cuidada para jugar con estilos amplios surcando el universo bachiano, un caleidoscopio siempre arrebatador e inspirador como el jazz, más una iluminación sencilla pero muy cuidada.

Si cada una de las invenciones las toma como un standard de todas las épocas e historia, las quince invenciones suenan rockeras como la segunda, «con pellizco» como la cuarta en re menor, sintonía de un programa radiofónico en la pública, digna de Chick Corea, Dorantes o Chano Domínguez a ritmo de bulerías donde no faltó el cajón peruano que Paco de Lucía con Tino di Geraldo acabaría haciendo flamenco, juegos de voces entre piano y contrabajo, vuelos de otros grandes como Bill Evans compartiendo su Waltz for Debby con el de «papá Bach», el virtuosismo elegante de Moisés con guiños al mejor Brad Mehldau. Arreglos muy trabajados y libres en el vivo, la electrónica breve y muy bien utilizada en distintos loops desde la percusión o el flanger del contrabajo para pensar en Steve Reich. Apuestas actuales con 300 años como las de tantos clubs nórdicos que me llevaron a Copenhague y Tete Montoliú fichando al danés Niels Henning Ørsted Pedersen (NHOP) que tantas alegrías nos dio dejándonos un legado del que todos hemos bebido.

Pulsación, ritmos, melodías, todo puede reinventarse, rehacerse desde la libertad del jazz y el universo de Moisés P. Sánchez, un músico sin límites esta vez en trío. Invenciones evocadoras que acabarían con la nº 5 en mi bemol mayor para regalarnos como propina la nº 15 en si menor, etapas e itinerarios múltiples por los que optar por una ruta u otra, tonalidades sólo referentes para modular, viajar por los mapas de Bach y volver al inicio tras recorrer paisajes musicales que soportan 300 años y los que vengan.

El vehículo utilizado este jueves me hizo volver a casa tarareando el Bach de Moisés en el CD firmado y dedicado, con la emoción de la música eterna.

Piano espectacular y potente

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Domingo 20 de noviembre, 19:00 h. Auditorio de Oviedo: Jornadas de Piano «Luis G, Iberni». Martín García García (piano). Obras de Chopin y Rajmáninov.

Crítica para La Nueva España del martes 22 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Un lleno espectacular en el auditorio este domingo para disfrutar del mejor piano romántico con el gijonés Martín García García (1996), que sigue madurando como el buen vino, esta vez dejándonos a dos compositores, Chopin y Rajmáninov, con los que se encuentra cómodo, confiado, entregado, sin perder aún la pasión juvenil y unas interpretaciones siempre con un toque personal, no importan algunas imperfecciones mínimas, llegando y emocionando aunque tengamos que seguir sufriendo un amplio repertorio de toses en todas las tesituras, tonalidades (domina el flemol), caídas de paraguas y bolsos, luces más tonos de móviles incluso con conversaciones… hasta niños que preguntan o se suman al coro de estertores en su registro más agudo, haciéndonme anhelar aquellos conciertos de aforo reducido y mascarillas (deberían volver) que llegué a pensar, inocente e ingenuo de mí, vendrían para retornar a la escucha de la música desde el silencio, el respeto, la educación… y la salud. El Covid sigue, la gripe nunca se fue pero la esperanza en el necesario civismo que nos permita disfrutar como se debe, ya se ha perdido del todo convirtiéndose en la verdadera pandemia.

Dos románticos para degustar ocupando cada una de las partes del concierto con el piano protagonista absoluto, iluminación cenital y resto en penumbra. Chopin toda la primera, bien organizada comenzando con las cuatro Mazurkas, op. 33 muy contrastadas en aires y rubati muy apropiados, una brillante Barcarola en fa sostenido mayor, op. 68, cuatro de los Preludios op. 28 igualmente ordenados por sus “tempi” buscando ese ambiente contrastante y hasta lúgubre de los días en Valldemosa, donde la tisis pareció contagiar en el túnel del tiempo al “coro de asistentes”, para cerrar con la conocida “Sonata nº 2 en si bemol menor op. 35”, cuya famosa Marcha fúnebre del tercer movimiento, Martín García le dio toda la pasión y visión personal, más el Presto final donde el virtuosismo es necesario pero la musicalidad aún más. Momentos casi sinfónicos con pasajes que el polaco utilizará en sus dos conciertos para piano junto al intimismo de otros en buena conjunción e interpretación del asturiano.

Y el “Chopin de Broadway”, Rajmáninov, que comparte con el polaco la nostalgia desde el exilio, las añoranzas por “la amada Polonia” o “la madre Rusia” transmitidos en su piano de tragedias y depresiones volcadas por un Martín García pletórico, potente, amplio de dinámicas, desde los dos “Momentos Musicalesop. 16, primero el nº 3 en si menor, después el nº 2 en mi bemol menor, nuevamente buscando los claroscuros románticos en el último de los intérpretes virtuosos además de compositores, el melodismo inimitable del ruso canturreado por el gijonés, al igual que con el polaco, como otra seña de identidad de nuestro joven virtuoso, pasajes inconfundibles que evocan también las páginas con orquesta (en especial las Variaciones sobre un tema de Paganini). Todavía quedaba la “Sonata nº 1 en re menor op. 28” para rematar la faena, sonido muy trabajado, ímpetu e introspección en perfecto equilibrio, música a borbotones, juventud con recorrido y mucho estudio para un recital titánico que levantó a todo el público de sus butacas con bravos y hasta un merecido e inoportuno “¡Grande!” rompiendo la unidad del “momento”, y es que las emociones no entienden de buenos modales.

Sin chaqueta salió Martín para agradecer el entusiasmo que levantó y nos regaló tres propinas en una línea argumental acorde con este concierto puramente romántico por todo lo que escuchamos, incluyendo el “coro de ruidos”. Primero el Étude-Tableau, op. 39, nº 8 en re menor, limpio y cristalino; después el Preludio nº 3 en re menor, poderoso, enérgico, arriesgado “tempo di menuetto”, elefantiásico cual las manos de Serguéi transmutado al gijonés como si comenzase el concierto dos horas después; y si se me permite la expresión, desmelenado pero reposado volviendo a la intimidad con la camisa sudada y la tercera del ruso, de sus siete piezas de salón, la op. 10 nº 6, una delicadísima Romanza en fa menor cuyo “Andante doloroso” más que mosso, solo lo rompió un infantil estornudo que no empañó un concierto para el recuerdo que las notas al programa, felizmente en papel, de mi compañera Andrea García Torres tituló “El virtuosismo expresivo”.

LNE_Diario_20221122-Página 6-Oviedo

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