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Pulsaciones cardinales

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Miércoles 27 de noviembre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, concierto nº 1689 de la Sociedad Filarmónica de Gijón: EntreQuatre (cuarteto de guitarras). Obras de Vera, Chaviano, Sefardíes, Albéniz, Blanco, Falla, Sánchez y Del Águila.

No se asusten con esta foto inicial que todo tiene explicación. EntreQuatre es un cuarteto de guitarras asturiano que celebra en este 2024, que va tocando a su fin, «Cuarenta años entre cuerdas» como así titula las notas al programa el propio Manuel Ángel Paz (Ujo, 1960), fundador del mismo, que explica de primera mano esta singladura a la que mis recuerdos remontan diez años antes, pues nos conocemos desde sus estudios de guitarra a finales de los 70, aprovechando los viajes con el Club Voleibol Hunosa en Pola de Lena (de ahí la foto superior) para practicar, toda una vida unido a ella y a tantos proyectos musicales con múltiples vicisitudes, que darían para un trabajo fin de grado, y entre las que no puedo olvidarme de mi compañero en la Academia Real Musical de Oviedo Carlos Cuanda (Llanes, 1961), otro de los fundadores junto a Roberto Martínez-Vigil (Oviedo, 1952) y  Jesús Prieto (Lena, 1972), después relevaría a Roberto Carmen Cuello (El Entrego, 1979), pero sobre todo al último «fichaje» de mi querida Seila González, alumna mía a finales de los 90 (primera de las fotos inferiores), que compaginaba sus estudios de secundaria en el IES «El Batán» de Mieres cambiando de cuenca minera por las tardes para asistir a clases con Manuel, entonces profesor y jefe de estudios en el Conservatorio de la Mancomunidad del Nalón, y que con los años acabaría se convertiría en concertista (siguiente foto) integrándola a este proyecto que nacía antes que ella como bien recordaría «su profe de guitarra» en el concierto, orgulloso docente como quien suscribe, que además iría presentando las obras.

Presumir de años me trae no solo seguir toda la trayectoria de EntreQuatre sino también haberlos disfrutado siempre que he podido, así que celebrar no solo 25, también 40 años con ellos (desde el 19 de abril de 1984) es uno de los regalos que me ha dado la vida.

Si se me permite la analogía con los cuatro puntos cardinales, Manuel Ángel Paz ha sido el norte que ha guiado este pulsar cuerdas, Jesús Prieto el sur por el «contrapeso» de la brújula y compañero de conservatorio, el este por el «nacimiento» de Seila González, más el oeste de Carmen Cuello, las mujeres que compensan el equilibrio de la brújula de este cuarteto astur, más la estrella polar que sigue siendo Flores Chaviano (Caibarién, 1946) por creer, bautizándoles ya en su primera obra, creyendo en ellos, orientarles, arreglar y componer tantas buenas obras para  ellos, ya como EntreQuatre, dignos herederos de aquellos malagueños Los Romeros, casi tantos años como yo , verdadero referente en los EEUU que les adoptaron con la música de cuarteto de guitarras, y para quienes hasta Joaquín Rodrigo dedicaría su Concierto Andaluz.

A Gijón traerían un catálogo de obras escritas o versionadas para ellos, en un viaje musical de distintos compositores donde no faltaron «los suyos» que siguen ampliándoles repertorio o manteniendo obras que son como la seña de identidad de EntreQuatre, pero también dos «estrenos» de Albéniz y Falla por ellos preparados, dos grandes donde la guitarra estaba presente en su forma de escribir y que con las guitarras de los asturianos parecieron y lograron convencernos de la sonoridad única nuestro instrumento más español e internacional. Multipliquemos por cuatro desde un mismo «pulso vital», la pulsación sincronizada con una tímbrica peculiar que transita igualmente por la escritura actual, con ritmos trepidantes y la necesaria musicalidad común y magnífica para lograr un merecido triunfo este último viernes de noviembre en el teatro del Paseo de Begoña.

De las obras solo unas breves pinceladas al llegar a casa, pues el propio Manuel Paz las describe en las notas y las iría presentando.

Para abrir boca comenzarían Amulepe del chileno Mauricio Vera (1985), un homenaje a la tribu Mapuche a partir de un ritmo de dos simples notas que sorprende por su vitalidad. No podía faltar el cubano afincado en España Flores Chaviano quien de una suite para conmemorar la vuelta al mundo de Magallanes y El Cano nos dejaría dos joyas: el Fado Menor tan portugués donde poder cantar sin letra la Lisboa portuaria antes de irnos hasta las Filipinas inspiradoras de sus instrumentos transformados en cuatro guitarras con la Danza Guerrera, sumándose percusiones que nos transportaron a las sonoridades pacíficas y las escalas de gamelán.
Interesante la transmisión oral del pueblo sefardí y la recuperación de varias canciones tradicionales para voz y piano realizada en 1934 por Alberto Hemsi (1898-1975), esta vez dos melodías, A la una nací yo y Yo me alevanti un lunes, de las que Chaviano «rehace» para EntreQuatre con un gusto y respeto por una música ancestral, esta vez sin necesidad de más voz que la propia de cada guitarra.
Está claro que Isaac Albéniz (1860 – 1909) tenía la guitarra en su cabeza aunque escribiese para el piano, y los que conocemos su obra buscamos esa sonoridad, EntreQuatre no olvida las transcripciones y quiso devolvernos cómo sonarían en realidad -aunque haya versiones para guitarra sola- con el estreno para el cuarteto de dos arreglos propios y muy logrados de los números de la «Suite Española» nº 1 op. 47: Cádiz y Sevilla, respeto por el original, tempi para recrearse y todo el sabor andaluz del compositor gerundés que reflejaría desde su genio la riqueza de nuestra música.

La segunda parte de nuevo alternando obras escritas para ellos sin olvidar a Manuel de Falla (1876 – 1946) que curiosamente sólo compusiese para guitarra el Homenaje a Debussy pero con la guitarra a la que ni siquiera Paco de Lucía pudo sustraerse esta vez nos dejarían dos revisiones -más que arreglos o versiones- de Chaviano: la Danza del Molinero de «El sombrero de tres picos» y la Danza de «La vida breve», nueva inspiración hispana donde el carácter de las seis cuerdas es patente y tener la sonoridad de las cuatro las hicieron verdaderamente «nuevas», como limpiar un cuadro original para descubrir el primigenio.
Primero nos dejarían La ciudad en las nubes del asturiano Javier Blanco (1977), músico polifacético con esta obra cargada de magia e imaginación, muy de nuestro tiempo y válida para lo que llamo música sin etiquetas (como las del propio compositor) que hace unos años podría llamarse «New Wave» o si prefiere minimalista, pero capaz de transmitirnos la sensación de flotar donde cada guitarra va creando un lienzo sonoro que no pueden dejar de interpretar en sus conciertos.

Con el argentino afincado en París Leonardo Sánchez (1966) contactarían para que les compusiese una obra… finalmente les llegaría toda una suite titulada «Itinerario» (2001) inspirada en los  cuatro puntos cardinales argentinos, de ahí mi licencia de tomar prestado parte del título para esta entrada, y eligiendo para la ocasión Sur (Milonga), la madre del tango y ese ritmo tan típico que fue completando un viaje bien pulsado y nostálgico desde el norte asturiano hasta los gauchos rioplatenses.

Y una obra que me marcó cuando la escuché por vez primera  en 2009 con el espectáculo «Tierras Juntas» con el Cuarteto Iberoamericano, y posteriormente en 2010 es la del uruguayo Miguel del Águila (1957), un revulsivo que sonó para cuarteto de cuerda en el Conservatorio del Nalón y Manuel Paz pidió una versión para ellos. Interesante conocer el origen del Presto II: último movimiento de su cuarteto de cuerda como trabajo fin de carrera en la «Hochschule fur Musik and Konservatorium der Stadt Wienen» donde tras tres primeros movimientos de lo más académicos, en el cuarto rompió con todo lo que había «tragado» dándole una verdadera patada a todo y siendo de lo más criticado en su estreno, quedando este Presto como pieza suelta e independiente, posteriormente arreglada por él mismo para nuestro internacional cuarteto de guitarras y por último el título de Presto a 8 al estar «rehecho» para los dos cuartetos, el de cuerda y el de guitarras que disfruté el 2 de marzo de 2010 mientras el enorme mural de Ramón Isidoro colgaba en el auditorio y terminaría troceado dentro de cada CD que grabaron (todavía a la venta y ofrecido a la salida del concierto).

El regalo sería otra de las joyas de EntreQuatre y la mano maestra de Flores Chaviano con la adaptación del conocido bolero-son Lágrimas Negras (1929) compuesto por Miguel Matamoros (1894-1971), un enorme compositor que «no sabía qué era un pentagrama» pero verdadera historia de la música cubana y universal en cualquier versión o interpretación desde la recreación en las bodas de plata del hoy «cuarentañero» cuarteto asturiano.

 

Espiritualidad romántica

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Un hito de la OFIL y «El León de Oro», con Marco Antonio de Paz a la batuta

Miércoles, 20 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo, Conciertos del Auditorio. El León de Oro (LDO), Oviedo Filarmonía (OFil), Marco Antonio García de Paz (director). Obras de Bruckner y Cherubini.

(Crítica para LNE del viernes 22, con el añadido de los links siempre enriquecedores, tipografía que no siempre la prensa puede adaptar, y fotos propias)

En este 2024 que va llegando a su fin, se está conmemorando el bicentenario del nacimiento de Anton Bruckner (1824-1896), por lo que en la que seguiré llamando “La Viena Española” no podía faltar su homenaje dentro de los Conciertos del Auditorio con la orquesta titular del ciclo para interpretar la Sinfonía nº 00 en fa menor, WAB99 (1863) muy poco escuchada y que tiene como subtítulo “Sinfonía de estudio” que no pudo escuchar en vida, que hasta 1924 no se estrenaría completa, y considerada en principio la nº 1, como era habitual en el compositor, rectificaría después dejándola sin numerar, siendo editada en 1973 por Leopold Nowak. Primer acierto de este concierto.

Tener al frente al maestro Marco Antonio García de Paz por sus estudios de violín, conocedor desde el atril de la dirección y la complicidad con la OFil, el segundo acierto. Para rematar quedaba unir sapiencia y experiencia coral desde “su” coro, El León de Oro, con muchas décadas trabajando repertorio variado, donde además del propio Bruckner con distintas formaciones (como el Coro de RTVE o el Joven Coro de Andalucía), en sus programas sinfónicos ha ido labrándose una trayectoria impecable, así que el “Requiem en do menor”, op. 21 de Luigi Cherubini (1760-1842) ha sido otro hito en Oviedo del que disfrutarán hoy en Santander.

Sin ánimo de recargar con adjetivos este programa doble, globalmente fue espléndido por la elección que une lo sacro y clásico del italiano con la monumentalidad romántica del austriaco, el espíritu católico de ambas obras y autores, más allá de creencias, pues la música de los dos es emocionante, además de contar con una escritura de herencias mozartianas que las hace aún más agradecidas de escuchar, más cuando están interpretadas con conocimiento y mucho trabajo previo.

La «Studiensymphonie» de Bruckner en sus cuatro movimientos (Allegro molto vivace / Andante molto / Scherzo (Schnell) – Trio (Langsamer) / Finale. Allegro) no es ni un trabajo de clase ni un mero ejercicio académico como se la llegó a clasificar en su momento. Los amplios contrastes dinámicos, fraseos, balance entre secciones y un estilo propio de esta sinfonía “juvenil” suponen un reto que el director luanquín asumió. Con una colocación de la OFil “a la vienesa”, ya supuso un juego tímbrico muy conseguido, matices siempre equilibrados conteniendo la justa medida del poderío en los metales y con una gama de contrastes dinámicos, así como de tiempos, plenamente románticos, sin obviar los momentos clásicos tan “cantabiles” en cuerda y madera. Si algo puedo añadir es haber conseguido que la orquesta sonase como un gran coro, delineando cada fraseo y agradeciendo que se optase por esta sinfonía felizmente recuperada por un Eliahu Inbal, que ya me emocionase el pasado año en el Festival de Granada con “la séptima” dirigiendo a la JONDE. El tándem OFil-García de Paz con esta “doble cero” será otra referencia para quien suscribe.

Desde sus inicios, el LDO me cautivó por tratarse de un proyecto con sello propio que ya marcaba diferencias buscando una sonoridad cercana a la perfección coral, declarándome un “leónigan” confeso y que no le he perdido nunca el rastro en más de veinte años de andadura. Los cambios de ubicación de sus formaciones son casi señas de identidad en pro de juegos tímbricos, espaciales y adaptándose al repertorio. Para el “Réquiem en do menor” de Cherubini, compuesto entre 1815 y 1816 por encargo de Luis XVIII para estrenarse al año siguiente en el panteón real de la monarquía francesa, Marco A. García de Paz aprovechando la disposición orquestal ubicó detrás al LDO situando en el centro a bajos y tenores escoltados por sopranos y contraltos a ambos lados de los hombres, contraponiendo agudos y graves instrumentales con los vocales en una obra sin solistas, pero con las cuatro cuerdas cantando en feliz simbiosis con una orquestación “rompedora” y hasta revolucionaria del italiano venerado en la Francia borbónica, volcado en la música sacra desde 1809 para marcar el modelo de “misa de difuntos” romántica (con la herencia y recuerdo mozartiano) admirada desde Beethoven a Berlioz pasando por Schumann o Brahms. Afinación perfecta, emisión amplia, empaste, dicción latina italianizante y dinámicas extremas sustentadas por una OFil que lo mismo completaba las armonías como las “adornaba”, cantando sin palabras o convirtiendo al viento (sin las “odiadas” flautas para Cherubini) en un órgano catedralicio con trompetas naturales. Siete partes con el Introitus et Kyrye recogido, Graduale contrastado, Sequentia donde aparecería el “inicipit” gregoriano de los hombres antes del impactante Dies irae, aterrador, con el golpe de gong cual campana apocalíptica, seguido del  clásico y hermoso Lacrimosa, el complicado encaje fugado entre coro y orquesta en el Quam olim Abrahae del Ofertorio, bien llevado por el director gozoniego, con exigentes cambios de tempo como en Hostias et preces tibi sin perder la concentración pese a los apagones de algunos focos o el “pecador” e impertinente teléfono antes de un Pie Jesu que verdaderamente parecía pedir descanso eterno y piedad. Emociones transmitidas por un LDO al que no se le notan los cambios generacionales, manteniendo el “esqueleto inicial” en las cuatro cuerdas, uniendo experiencia y savia nueva en una transición natural, con el Agnus Dei et Communio feliz de esta joya sinfónico coral que García de Paz entendió desde su amplia y fructífera trayectoria, grandiosa e introspectiva como el Requiem, dejando a todo el auditorio, casi lleno, sobrecogido y feliz de haber disfrutado con una música llena de espiritualidad romántica.

Difuntos muy vivos

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Éxito coral de la OFIL y «El León de Oro» en el Auditorio

La sinfónica ovetense y la agrupación luanquina, bajo la experimentada dirección de García de Paz, ofrecen un sublime y sentido concierto

Pablo Siana

Miércoles, 20 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo, Conciertos del Auditorio. El León de Oro (LDO), Oviedo Filarmonía (OFil), Marco A. García de Paz (director). Obras de Bruckner y Cherubini.

(Reseña rápida para LNE del jueves 21, escrita desde el teléfono, con el añadido de los links siempre enriquecedores, tipografía que no siempre la prensa puede adaptar, y fotos propias)

Interesante concierto “Made in Asturias” que también llegará a Santander este viernes con nuestro coro más internacional, del que me he convertido en “leónigan” y Marco Antonio Gª de Paz asumiendo esta vez la dirección total junto a la OFil, con el bagaje de muchos años trabajando desde Covadonga hasta Luanco, de Madrid hasta Andalucía y recorriendo medio mundo con su LDO. Dirigir el Réquiem  de Cherubini además de muchas emociones es un espejo donde mirarse, mas Bruckner y la Sinfonía en Fa menor “de estudio” de 1863 (sin entrar en ceros) todavía mayor reto al aunar en ambas obras no solo un compromiso con la música sacra, también una religiosidad que trasciende creencias religiosas por su magnificencia musical siempre atemporal.

Bruckner abría el concierto con la OFil capaz de transitar por programas variados y encontrándose cómoda y convincente con el maestro gozoniego al frente. La “Studiensymphonie” WAB 99 es mucho más de lo que su título sugiere en cuanto a composición, y no digamos interpretación de los cuatro movimientos. García de Paz colocó la orquesta en disposición vienesa para jugar con la tímbrica y los balances logrando contrastes muy satisfactorios en matices y tempi desde una sonoridad romántica muy “coral” en todas las secciones.

El Requiem en do menor, op. 21 de Cherubini es auténtico «progreso por volver a lo antiguo” como escribiría Verdi y una obra que Beethoven pidió para su entierro, auténtica revolución para los románticos que la tomarán como modelo de “misa de difuntos”, enlazando en parte con el organista de Linz. Obra sinfónico coral sin solistas, introspectiva y grandiosa a la vez, sobrecogedora, que solo se puede afrontar con un conocimiento profundo por parte de todos, y García de Paz lo demostró llevando a su coro verdaderamente “de la mano” optando por una colocación que a los leónigans nunca sorprende: bajos y tenores en el centro flanqueados por sopranos y altos, verdadera simbiosis de apuesta sonora que redundaría en una interpretación “de autor”, magnífica, sublime y sentida por todos.

Carnavalesca Arabella

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Domingo 17 de noviembre de 2024, 19:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVII Temporada de Ópera. Richard Strauss (1864-1949): «Arabella», Lyrische Komödie en tres actos, op. 79, con libreto de Hugo von Hofmannsthal. Estrenada en el Sächsisches Staatstheater de Dresde el 1 de julio de 1933. Producción del Aalto-Musiktheater Essen.

(Crítica para Ópera World del lunes 18 con el añadido de los siempre enriquecedores links, tipografía y fotos propias más de las RRSS)

Una ópera muy esperada en Oviedo el tercer título de la septuagésimo séptima temporada, que además de ser estreno en la capital del Principado, llegaba con el cambio de la inicialmente prevista Maite Arberola por la británico-canadiense Jessica Muirhead en el rol de Arabella, que ya interpretase precisamente en esta producción alemana del Aalto-Musiktheater Essen, lo que parecía augurar un éxito. En la línea de seguir apostando por nuevos títulos, no hubo lleno pero sí la “división de opiniones” habitual con los ya cansinos abucheos -cada vez menos- mezclados con tibios aplausos (algo extraño para los muchos forasteros que acuden al Campoamor) en la primera función de la Vetusta decimonónica, con tímidas ovaciones al final de la representación a cargo de los abonados habituales pero sin el triunfo esperable tras una representación globalmente plana, gris, deslucida pese a las buenas intenciones y trabajo de todos, que no convenció y hasta por momentos resultase anodina, por no decir soporífera, sobre todo los dos primeros actos, que en el descanso aún vaciarían más las butacas.

La puesta en escena de Guy Joosten y Katrin Nottrodt pretendía ser como dicen ahora “rompedora” o al menos provocadora, incidiendo en la esquizofrenia y decadencia de la Viena imperial de 1866 que se derrumbaba, usando elementos que incidieran conscientemente en la chabacanería y mal gusto de esta tragicomedia escrita por Hugo von Hofmannsthal a partir de sus “Lucidor” y “Le coche deben compte”, dos historias de falsedades y continuos disfraces en aquel eterno Fasching vienés, aunque hurtándonos del que debería ser el lucido “baile de los cocheros” para convertirlo en una cena de cumpleaños, solamente carnavalesca por las máscaras de cerdos que portaban los tres condes pretendientes, todo muy “marxista” en este “Hotel de los líos” como definió en el programa de mano la doctora María Sanhuesa, auténtica astracanada decadente donde hubo más teatro que canto, verdadero vodevil de figurines poco acertado: el casi protagonista vestido “azul acero” que debe lucir Arabella quedó reducido a una especie de guardapolvos sobre el camisón con el que aparece incluso antes del inicio musical; los condes pretendientes uniformado s igual, y el croata Mandryka más un cazador polar junto a su fiel Welko, ambos con el mismo ropaje toda la función. Faltó el glamour que no debe ir reñido con la crítica ácida a esa familia desestructurada buscando seguir viviendo del cuento a costa de un matrimonio de conveniencia, pues las apariencias deben seguir siendo bellas aunque engañen sin resultar tan explícitas. Para rematar los desatinos hasta se cambia el final feliz para dejar compuesta y sin novio a la pequeña de los Waldner.

La increíble escritura musical de Richard Strauss careció de la chispa necesaria pese al buen estado de la OSPA (con Daniel Jaime de concertino) donde Corrado Rovaris no pareció el mismo de sus anteriores visitas al auditorio con la formación asturiana, pero tampoco en su paso por el Campoamor con un «Don Carlo» muy verdiano e incluso con el Golijov del «Ainamadar» en un recordado 2013 donde el maestro italiano sí funcionó con la calidad esperada. En su haber el excelente  preludio del tercer acto, un sinfonismo sin complejos que al menos me quitaría parte de la decepción del foso, y su apuesta por unos tempi arriesgados con los que la orquesta asturiana nunca tiene problemas, contando además con unos solistas de altura.

Foto ©Matthias Jung

Enorme el esfuerzo de Jessica Muirhead que apenas tiene descanso, pero cuya voz posee un vibrato que por momentos llega a resultar molesto, reconociéndole a la soprano el dominio de su Arabella en esta misma producción de Essen. Mejor su “hermano Zdenko” con una María Hinojosa de color bien contrastado con la protagonista, poseedora la soprano catalana de una buena técnica, dicción y gusto a quien le faltó, como suele suceder, un poco más de volumen en los graves, o al menos que el foso bajase decibelios.

El barítono alemán Heiko Trinsinger tiene un timbre desigual, buen volumen pero una línea de canto donde pareció elegir el lado brusco de Mandryka en todos los aspectos, pese a ser un straussiano reconocido, y otro tanto con el padre de Arabella, el Conde Waldner del bajo austriaco Christoph Seidl, bastante tosco en todos los sentidos, donde lució más la parte escénica que la musical. Su esposa Adelaide, la mezzo británica Carole Wilson, se sumó a la astracanada lírica pese a contar con un buen instrumento que ni lució ni convenció, como tampoco con un vestuario chabacano hasta para carnavales.

Los pretendientes de Arabella desarrollaron distinto trabajo: interesante el de los tres condes aunque igualmente contagiados de esa falta de emociones, optando por una desmesura interpretativa. Mejor el Elemer del tenor barcelonés Vicenç Esteve, progresando lentamente “nuestro” bajo asturleonés Javier Blanco como Lamoral, que va ganando enteros poco a poco, y un oscurecido Dominik del barítono de Palamós Guillem Batllori. El Matteo a cargo del tenor coreano Jihoon Son no tuvo el peso vocal esperado, de poca proyección y agudos metálicos, aunque sí dio todo en su lado actoral que por momentos incluso provocaría cierta chanza cada vez que colocaba la pistola sobre la sien.

De los roles más breves, en el primer acto la mezzo gerundense Claudia Schneider como La tiradora de cartas fue convincente, el Cartero del venezolano debutante Ángel Simón (que canta en el Coro de la Ópera) más limitado vocalmente pero un barítono que irá creciendo y perfeccionándose paulatinamente en nuestra tierra porque “hay madera”. Mientras tanto en el segundo acto cuando esperábamos un tirolés canto “yódel” de La Fiakermilli escrito para lucirse, Cristina Toledo nos dejó todo un catálogo de gritos sobreagudos que contribuyeron a todo un esperpento lírico. Por último el actor ovetense Carlos Mesa convence hasta hablando en alemán.

Si «Arabella» es un título poco representado, con los mimbres mostrados en Oviedo pienso que tardará lustros en reponerse, mostrando las falsedades de la vida moderna que resultarían paralelas a la propia representación. Una lástima porque el tándem Strauss-Hofmannsthal nos ha dejado tres páginas para disfrutarlas (junto a «El caballero de la Rosa» y «Elektra») y no para abrir la boca o echar una cabezada, pues “la vida para los ociosos también es espectáculo”, pero como los clientes de este “hotel de los líos” nos fuimos a dormir porque no puede pasar nada más.

FICHA:

Domingo 17 de noviembre de 2024, 19:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVII Temporada de Ópera. Richard Strauss (1864-1949): «Arabella», Lyrische Komödie en tres actos, op. 79, con libreto de Hugo von Hofmannsthal. Estrenada en el Sächsisches Staatstheater de Dresde el 1 de julio de 1933. Producción del Aalto-Musiktheater Essen.

FICHA TÉCNICA:

Dirección musical: Corrado Rovaris – Dirección de escena: Guy Joosten – Escenografía y figurinista: Katrin Nottrodt – Iluminación: Jürgen Kolb – Repositora de iluminación: Charlotte Marr.

REPARTO:

Arabella: Jessica Muirhead (soprano) – Zdenka: María Hinojosa (soprano) – Conde Waldner: Christoph Seidl (bajo) – Adelaide: Carole Wilson (mezzosoprano) – Mandryka: Heiko Trinsinger (barítono) – Matteo: Jihoon Son (tenor) – Conde Elemer: Vicenç Esteve (tenor) – Conde Dominik: Guillem Batllori (barítono) – Conde Lamoral: Javier Blanco (bajo) – La Fiakermilli: Cristina Toledo (soprano) – La tiradora de cartas: Claudia Schneider (mezzosoprano) – Welko: Carlos Mesa (actor) – Cartero: Ángel Simón (barítono).

Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias.

«Ravelación» con libertad

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Miércoles 6 de noviembre, 20:30 horas. Teatro Jovellanos, JazzXixón y Concierto nº 1687 de la Sociedad Filarmónica de Gijón, «más filarmónica»: Marco Mezquida Trío, Ravel’s Dreams.

Nueva colaboración (yo lo llamaría aportación) entre el festival de jazz gijonés y la Sociedad Filarmónica en esa trasversalidad musical más allá de etiquetas, acercando la que es genuinamente música estadounidense del pasado siglo a los «académicos», y viceversa. Si la mal calificada como «música clásica» ha servido siempre de inspiración al jazz, también los músicos de conservatorio bebieron de él, y sólo por hacer una lista rápida en ambas direcciones: Debussy, Ravel o Gershwin conocían esa «nueva música popular»; Keith Jarret, F. Gulda o Yo-Yo Ma han transitado por las dos corrientes y hasta Gil Evans arregló para sus big band muchos «clásicos» (también a Ravel); incluso Duke Ellington también pasó por un conservatorio dando el salto para poder dejar atrás los convencionalismos (por algo se llaman «conservatorios») que en estos nuevos -ya no felices- años 20 del siglo XXI  todavía parecen lastrar o separar públicos que simplemente deberían disfrutar de la música.

La Filarmónica de Gijón arriesgó en 2017 con la unión chopiniana de Pepe Rivero y Judith Jáuregui, mantuvo el tipo hace dos años con el trío de Moisés P. Sánchez y sus «ReInvenciones» bachianas, ya colaborando con el Festival JazzXixón, y este primer miércoles de noviembre repetía «hermanamiento» con el trío del pianista menorquín Marco Mezquida con Ravel’s dreams (Los sueños de Ravel), una formación tras tres discos y 8 años junto al percusionista catalán Aleix Tobías (ambos compañeros de lujo con Silvia Pérez Cruz) más el chelista cubano Martín Meléndez, afincado en la capital catalana, rescatando un proyecto encargado al polifacético Mezquida para L’Auditori de Barcelona en 2016 con un acercamiento libre y actualizado para un ciclo dedicado al compositor vascofrancés, que también grabarían al año siguiente, «sacándolo del baúl» para esta ocasión, y que ha ganado con el poso más el bagaje de casi una década juntos.

En el programa se nos presente como «un viaje onírico a través del imaginario musical y personal de Maurice Ravel. Un sueño sobre la vitalidad de su legado y el eclecticismo de la música que le sedujo: desde los clásicos franceses a los virtuosos románticos; desde la experimentación con la música popular hasta las influencias de sus contemporáneos y la efervescencia del jazz». El propio Marco Mezquida iría presentando las obras elegidas aclarando su formación de conservatorio y animando, como a este «omnívoro musical» que suscribe, a disfrutar con su personal acercamiento, lleno de ritmo, buen gusto, texturas actuales, las mismas que usan también los compositores de esta generación, con el piano del balear siempre limpio, académicamente libre, añadiendo campanas, efectos en la caja armónica y bebiendo de los grandes, junto al chelo cubano que suena a contrabajo (¡qué bien amplificado!), sumándose también a la percusión y cantando con ese timbre propio, cerrando este taburete una percusión del catalán (cual Trilok Gurtu actualizado) capaz de empujar, colorear, sacar sonidos imposibles  de su propio «set» o directamente a un bohdrán e incluso la humilde pandereta, para entre los tres, con una sonorización perfecta y unas luces bien ambientadas, dejarnos una verdadera «ravelación» desde el respeto a Don Mauricio, con la libertad que da el conocimiento tanto de sus obras como del dominio técnico y buen gusto con sus respectivos instrumentos.

Abrirían el concierto con el Cuarteto en Fa, sus cuatro movimientos donde el trío iluminó melodías y armonías centenarias jugando con tímbricas, contrastes y lucimiento tanto por separado como en todas las combinaciones, un maravilloso acercamiento con un lenguaje atemporal y guiños a los grandes.

De la «infantil» o naif como Marco calificó Ma Mère l’Oye (Mi madre la oca), escrita para piano a 4 manos, además de contarnos ese «idilio» buscado con otra pianista, que nunca cuajó, pero que sí logró con sus dos actuales compañeros, verdadera ensoñación las dos piezas elegidas: la efectista Pavana de la bella durmiente armando y desarmando entre los tres esa escala pentatónica enlazada con la Princesa de las pagodas, saltos de cuentos, sueños o ensueños, con el canto del chelo, las luces percusivas desde los cascabeles o el pandero irlandés, y el piano impresionista con campanas colgando de la tapa o haciendo clúster sobre el arpa armónica, tímbricas, melodías y ritmos del mejor jazz.

En este viaje onírico llegaría Le Tombeau du Couperin, el empuje inicial que me hizo rememorar los Different Trains de Steve Reich sin perdernos nada del compositor nacido en Ciboure (frente a San Juan de Luz), y su mundo interior del que Marco Mezquida también nos hablaría, rarezas, colección de muñecas, vida con su madre, sexualidad siempre en interrogante pero la grandeza e inspiración de Ravel que este trío fue recreando, tan solo echando de menos un vaso e incluso aquellos clubs con el ambiente cargados de humo a donde viajé desde entresuelo con los ojos cerrados.

En este recorrido raveliano no podía faltar la bellísima Pavana para una infanta difunta, anécdota incluida del estreno donde el compositor parece comentó al pianista con un original juego de palabras ante la lentitud del intérprete que no era igual «una pavana difunta para una infanta» que «una pavana para una infanta difunta», con una percusión inicial donde irían sumándose piano y cello, nada triste, más bien mágicos y auténtico canto optimista además de luminosa versiób de este trío que pareció cambiar el Mediterráneo por el Cantábrico, el mismo que baña Gijón.

Aún quedarían más joyas: el hermosísimo segundo movimiento Concierto en Sol, delicado, íntimo, lógicamente con el piano protagonista pero parte también la entrada melódica del cello y las pinceladas de una percusión impecable, y por supuesto el Bolero tan famoso que planteaba a Mezquida cómo afrontar de forma distinta esta obra tan conocida que además mantiene ese ostinato rítmico casi «ad infinitum». No nos hizo pero “al revés” sin spoiler, y pudimos comprobar la forma de darla literalmente la vuelta, casi un Orelob donde cambiar el crescendo total del pianísimo al fortísimo para invertirlo: arrancar directamente con el ff jugando tanto con la armonía como con el  propio ritmo, manteniendo la modulación final pero finalizando en el pp apágandose totalmente con las luces para este auténtico «sueño de Ravel».

Tras más de hora y media, con un público rendido y los intérpretes felices además de agradecidos, reivindicando la música en vivo, que es siempre única e irrepetible, invitando a comprar las grabaciones que estarían a la venta al salir, todavía habría tiempo para una propina de Vals noble y sentimental con el chelo colocado como un bajo (increíble sus graves) y la percusión única de una pandereta estratosférica, con el piano siempre elegante, original, personal y espléndido de Marco Mezquida. El mejor arranque de este festival que se prolongará hasta el domingo y donde no faltarán las necesarias y casi obligadas sesiones durante este mes en el Meidinerz Jazz Club de la calle San Agustín. Me las perderé porque mi agenda está completa, pero es de lo más recomendable y Gijón siempre merece una escapada.

Un trabajo «made in Asturias»

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Martes 5 de noviembre, 18:00 horas. Club de Prensa LNE, presentación del CD «Mysterium» (©2024 Eudora Records, SL).

Este martes se presentaba el nuevo disco de la pianista Noelia Rodiles (Oviedo, 1985) con la Orquesta Oviedo Filarmonía (OFil), dirigida por el maestro Lucas Macías. Además la intérprete estuvieron el director titular -y reciente «fichaje» de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla-, el compositor Manuel Martínez Burgos y Pilar Rubiera, presidenta de la Fundación Musical Ciudad de Oviedo, que haría de maestra de ceremonias y moderadora.

El quinto disco de la pianista «avilesina» y cuarto con el sello Eudora, contiene dos obras para piano solista y orquesta que pude disfrutar en el estreno del 24 de noviembre del pasado año, y grabadas entre el 31 de enero y el 2 de febrero de este año: la Partita nº 4 de Julián Orbón, y Cloches del maestro Martínez Burgos.

Tras unas primeras palabras de Pilar Rubiera con los agradecimientos y reconocimientos (sin olvidar la Beca Leonardo del BBVA) comenzaría con una semblanza de la artista avilesina y la presentación de la mesa, pudimos ver el vídeo con la génesis de este CD (en la propia web de Noelia Rodiles), que dejo a continuación.

La pianista formada en La Villa del Adelantado nos contaría su acercamiento a nuestro compositor Julián Orbón (Avilés, 1925 – Miami, 1991), sin dudarlo uno de los grandes desconocidos en España y cuyo archivo se conserva felizmente en Indiana (Universidad de Bloomington) donde acudió Noelia guiada primero por la curiosidad desde su conservatorio de Avilés que lleva el nombre del compositor, y después para ahondar en la producción y seguimiento para «redescubrir» esa joya que es la Partita nº 4, que tras su estreno e interpretación por medio mundo, tras su fallecimiento y del de su alumno y valedor el director Eduardo Mata, que la estrenó caería en el olvido hasta nuestros días. Menos mal que Noelia pudo revivirla primero en el concierto ya citado, y poder llevarla al disco, preservando esta obra que esperamos siga sonando; este proyecto se uniría al Cloches en un trabajo en paralelo de ambas obras llenas de misticismo, la inspiración en Victoria y su Magnum Mysterium más la de nuestra campana catedralicia, «La Wamba» de la que nos hablaría a continuación el compositor.

Manuel Martínez Burgos nos contaría cómo fue gestando Cloches desde su llegada a Oviedo -hace ya 9 años- y haber leído que la capital asturiana «sonaba a música», atmósferas como la propia sonoridad de la ciudad convertida en obra musical, uniendo sus dos ciudades anteriores (Oxford y París) para este triángulo de catedrales que se convirtieron en tres de los cinco movimientos de este concierto para piano. Destacó la implicación de todos los intérpretes con un trabajo conjunto y pausado por el tiempo transcurrido entre el estreno y la grabación en febrero, aún en la memoria reciente de los músicos pero reposado lo suficiente para lograr sacar todos los detalles que podemos disfrutar en el CD.

A continuación el titular de la OFil, Lucas Macías nos transmitiría cómo mantiene un recuerdo maravilloso tanto del estreno como de la grabación donde coincide con el compositor, destacando lo fácil que resultó trabajar con la pianista y el catedrático, pudiendo aportar ideas para redondear un trabajo difícil pero con una orquesta motivada y disfrutando todos con ambas obras.

Con la presencia de varios miembros de la propia OFil, Pilar Rubiera invitaría a Marina Gurdzhiya, ayudante de concertino desde su llegada a la capital asturiana en 2002, contándonos cómo fue el trabajo, sintiéndose orgullosa del mismo unido a las emociones tales como la confianza que le dio el maestro Macías cuando estuvo tres años cubriendo la baja del concertino Andrei Mijlin, la entrega de Noelia (sin necesidad de conocer el curriculum), y cómo pese a ser obras nuevas hubo entrega total, disfrutando de nuevo la pasada semana con el último estreno Martínez Burgos, esperando pueda grabarse igualmente.

Pilar nos hablaría de la lotería de poder tener en Oviedo a tres músicos «de aquí» (Lucas y Manuel casi reconocidos como asturianos adoptivos), yo llamo a todo este proyecto «Made in Asturias», formados fuera de nuestras fronteras para abrir un breve debate sobre qué se puede mejorar en la educación musical tan diferente a la nuestra por parte de estos tres grandes músicos: Noelia desde su trabajo docente en Zaragoza retomaría lo apuntado al inicio del encuentro por la Presidenta de la FMC ovetense, los profesores deben ser músicos en activo (algo que en España es difícil y en Asturias imposible) y así se les exige; Manuel pide más dotación a los centros de enseñanza, aquí como en otras ciudades compartidos entre los grados Profesional y Superior, además de mayor inversión y entender la  cultura como bien inmaterial; Lucas recordaría su paso en el año 2000 por la Mahler Jugendorchestre donde sólo eran seis españoles y hoy es nuestro país el que más  músicos aporta (también a la European Union Youth Orchestra), aunque muchos hayan salido tristemente de centros privados más que de los públicos, siendo un talento joven de difícil retorno a casa.

El coloquio se abriría a los presentes con el tema de la presencia de público joven en los conciertos y óperas , aunque está claro que depende de ciudades. Juan Carlos R. Ovejero preguntaba a Macías por la clave para captar público nuevo, comentando el maestro onubense cómo su padre desde el Teatro de la Maestranza sevillano le enviaba un mensaje admirado por el lleno de jóvenes en el ensayo general del «Turandot«, o cómo tener precios especiales para ellos, como también hace Granada o Tenerife, puede ser una solución.

Finalmente se comentaría la tradición coral asturiana pero que salvo honrosas excepciones las formaciones vocales están envejecidos en su mayoría, y cómo buscar la participación con orquestas como apuntaba Lucas, quien apunta como una de las soluciones la integración de la música en los centros desde edades tempranas, contándonos su propia experiencia buscando uno para sus hijos, todavía buscando encajar el transporte escolar para su nuevo destino hispalense, y optando en Sevilla por el Colegio Internacional Europa que cuenta con cuatro coros (Rosetta, Mozart, Palestrina y Brahms) dentro de sus actividades extraescolares, un ejemplo privado en el que debería mirarse la educación pública.

Un encuentro interesante que finalizaría con la firma de discos por parte de Noelia Rodiles, hoy verdadera protagonista en el Club de Prensa.

Campanas de esperanza

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Un programa atractivo y exigente marca el estreno de las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»

Pablo Siana

Jueves, 31 de octubre, 20:00 horas. Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”, Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo. Jaeden Izik-Durko (piano), Oviedo Filarmonía, Vincenzo Milletarì (director). Obras de Martínez Burgos, Scriabin y Tchaikovsky.

(Crítica para LNE del sábado 2, con el añadido de los links siempre enriquecedores, tipografía que no siempre la prensa puede adaptar, y fotos propias)

Jueves otoñal cerrando octubre para la inauguración de las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» dedicada a las víctimas de la DANA y guardando un respetuoso minuto de silencio antes de comenzar el concierto con el absoluto ganador en todas las categorías del XX Concurso Internacional de Piano de Santander “Paloma O’Shea (2022) o del 67º María Canals barcelonés entre otros muchos: el canadiense Jaeden Izik-Durko (Salmon Arm, 1999), tras su recital en solitario para la Sociedad Filarmónica de Gijón en febrero de este año, esta vez junto a la Oviedo Filarmonía (OFIL), y el regreso al podio del director italiano Vincenzo Milletarì (Taranto, 1990), a quien disfrutamos dirigiendo la clausura de los Conciertos del Auditorio 2022 en una excelente Gala lírica.

Para esta triste noche de difuntos que contrastaba con el ambiente juvenilmente festivo, un programa atractivo y exigente manteniendo la estructura habitual de estreno, concierto solista y gran sinfonía, para poner a prueba a la siempre versátil y cada vez más madura orquesta ovetense. El programa comenzaba con el estreno absoluto del madrileño afincado en Asturias Manuel Martínez Burgos (1970) titulada «…humanidad que viene de las tinieblas, y se esfuerza, incansable, por llegar a la luz…», obra encargo de la AEOS en colaboración con la SGAE, inspirada en «La Regenta» de Clarín para conmemorar el 25 aniversario del Auditorio y la OFIL. Tomando como título una frase del propio Leopoldo Alas, la obra comienza con una introducción de 25 campanadas metafóricas (pienso que la cercanía de la Wamba catedralicia al CONSMUPA está en el subconsciente del catedrático) donde a la Vetusta musico-literaria va hilvanándose y sumándose las distintas secciones en tres capítulos sin interrupción coincidentes con los párrafos de la cita: I. …humanidad que viene de las tinieblas, II. y se esfuerza, incansable, III. por llegar a la luz…. La luz como símbolo del conocimiento tanto para el escritor zamorano tan asturiano ya como el doctor por la Universidad de Oxford, quien “parirá” esta obra entre 2022 y 2023 como otro hijo sinfónico que al fin vio la luz jugando con todas las combinaciones posibles de la tímbrica orquestal que nuestro catedrático domina como pocos: paleta sinfónica muy rica desde un lenguaje actual y reconocible, la sombra inicial con música abrumadora por momentos, el esfuerzo del camino lírico y melódico con una cuerda sedosa, y la esperanza final llena de fulgurantes ritmos que nos recuerdan al mejor Bernstein, colorista y optimista en su conclusión con el impactante final para lucimiento de metales y percusión de una OFIL bien llevada por Milletarì, recogiendo los grandes aplausos del público junto al propio compositor.

El Concierto para piano y orquesta en fa sostenido menor, op. 20 (1896), de Alexander Scriabin (1872-1915) nos permitió en sus tres movimientos corroborar las buenas sensaciones, técnica y musicalidad de Izik-Durko gracias a una excelente concertación del maestro italiano. La primera composición orquestal del ruso, transición entre siglos y armónicamente muy particular pero aún con influencias de Chopin o Liszt, es una obra introspectiva, refinada y repleta de impulsos, como así la entendieron los intérpretes: un contundente Allegro, bien balanceado, el delicado Andante central con un dúo clarinete-piano emocionante, y el enérgico Allegro moderato final, con el canadiense sabiendo equilibrar brillo y fusión junto a una OFIL siempre clara en todas sus secciones y Miletarì atento a cada detalle gracias a la buena comunicación visual y gestual.

La propina tenía que ser también de Scriabin: el Andante cantabile en fa sostenido mayor de sus “2 Poèmes”, op. 32, casi un actualizado homenaje a Horowitz, uno de los valedores de su compatriota.

Y como suelo repetir a menudo “no hay quinta mala”, porque la Sinfonía nº 5 en mi menor, op. 64 (1888) de Piotr Ilich Tchaikovski (1840-1893) no solo enlaza con la esplendorosa Rusia musical y la contemporaneidad con el anterior Scriabin, sigue siendo una de las más grandes páginas orquestales para gusto de todos los públicos y verdadera prueba de fuego para los intérpretes. Representando el romanticismo último, su pura emocionalidad y melodismo fue bien captado por Miletarì que hizo “cantar” a la OFIL pasando por los estados de ánimo siempre actuales por cercanos, esta sinfonía atormentada que expresa como pocas un destino fatal pero enérgico y brillante. Es difícil aportar algo nuevo a tantas versiones de referencia, pero las sensaciones de desánimo a flor de piel hicieron que el director italiano arrancase el Andante – Allegro con anima iniciado con un pausado inicio antes de atacar con verdadera “alma” para  jugar con unos “tempi” muy contrastados y extremos, impecables los clarinetes en  el recurrente tema “del destino” que iría destilando sensaciones a lo largo de la obra. Las dinámicas también fueron amplias y manteniendo los balances en  el Andante cantabile, con alcuna licenza del maestro italiano en los “rubati” bien marcados, con el conocido y magnífico solo de trompa más una OFIL enriqueciendo la tímbrica. El Valse ligero y nostálgico sería un sólido puente antes del final explosivo, ese Finale: Andante maestoso – Allegro vivace donde la energía se transmitió con una orquesta de sonoridad compacta, madura, limpia, convencida y entregada, brillando todos sus solistas para la grandiosa conclusión que nos dejó una buena, además de personal, interpretación de esta otra “quinta joya” para un concierto esperanzador.

Izik-Durko, pianismo de altura

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El canadiense inaugura las jornadas «Luis G. Iberni» con una OFIL madura y compacta que se despidió con «La Quinta» de Chaikovski

Pablo Siana

(Reseña para LNE del viernes 1, con el añadido de los links siempre enriquecedores, tipografía que no siempre la prensa puede adaptar, y fotos de las RRSS)

Último día de octubre y a la memoria de las víctimas de la DANA tras un minuto de silencio arrancaban las Jornadas de piano «Luis G. Iberni» con el ganador del Concurso Internacional de Santander en 2022, el canadiense Jaeden Izik-Durko con la Oviedo Filarmonía, tras su recital en solitario en febrero de este año para la Sociedad Filarmónica de Gijón, y con el regreso al podio del italiano Vincenzo Milletarì (1990), quien ya estuvo dirigiendo la clausura de los Conciertos del Auditorio 2022 con una excelente Gala lírica.

La inauguración del ciclo, que organiza la Fundación Municipal de Cultura y cuenta con la colaboración de LA NUEVA ESPAÑA, ofreció un atractivo programa que comenzaba con el estreno absoluto «…humanidad que viene de las tinieblas, y se esfuerza, incansable, por llegar a la luz…» , obra de Manuel Martínez Burgos encargo de la Asociación Española de Orquesta Sinfónicas en colaboración con la SGAE inspirada en “La Regenta” de Clarín. Obra vistosa y agradecida de escuchar, se inicia con 25 metafóricas campanadas y consiste en tres movimientos sin interrupción, en los que se juega con todas las combinaciones posibles de la tímbrica orquestal.

El Concierto para piano y orquesta en fa sostenido menor, op. 20, de Alexander Scriabin en sus tres movimientos nos permitió corroborar las buenas sensaciones de Izik-Durko junto a una buena concertación del italiano en la primera composición orquestal del ruso, transición entre siglos y armónicamente muy particular. Obra refinada, introspectiva y repleta de impulsos, como así la entendieron los intérpretes: contundente el Allegro, delicado el Andante central y enérgico el Allegro moderato final, pianismo de altura bien respaldado por una OFil clara en todas sus secciones bien llevada por Miletarì y el necesario entendimiento con el solista.

En la segunda parte para enlazar con la mejor Rusia musical, la Sinfonía nº 5 en mi menor, op. 64 de Piotr Ilich Chaikovski, repitiendo que “no hay quinta mala” y siendo una de las grandiosas páginas orquestales que no pueden faltar cada temporada para poner a prueba músicos y público. Último romanticismo, melodismo en estado puro de esta página atormentada expresando el fatal destino. Emociones a flor de piel con unos tempi muy contrastados y extremos, como las dinámicas de Milletarì con una OFil madura y compacta donde brillaron sus solistas pero sobre todo la buena y personal lectura de esta joya sinfónica.

Jueves, 31 de octubre, 20:00 horas. Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”, Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo. Jaeden Izik-Durko (piano), Oviedo Filarmonía, Vincenzo Milletarì (director). Obras de Martínez Burgos, Scriabin y Tchaikovsky.

El Barbero crea afición para todas las edades

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Sábado 19 de octubre de 2024, 17:30 y 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVII Temporada de Ópera. Gioachino Rossini (1792-1868): «El barbero de Sevilla». Versión para la infancia de Maite García Heres. Compañía musical infantil «La Federica», residente de la Ópera de Oviedo.

(Crítica para Ópera World del domingo 20, con el añadido de los links siempre enriquecedores, tipografía que no siempre se puede adaptar, y fotos propias más las de Néstor Fernández para Ópera de Oviedo)

Cerrando el segundo título de la 77ª temporada de ópera ovetense llegaba este sábado la adaptación de la directora Maite García Heres al frente de la compañía musical infantil “La Federica” que ella dirige en este proyecto cuyo título de “infantil” lo es por los intérpretes y por ser el público destinatario aunque de todas las edades y llenado las dos funciones con precios 6€ a 15€ que encandiló a pequeños y mayores.

Y es que la adaptación de su directora con unos textos bien traducidos con los mínimos cambios necesarios pero fieles al italiano, añadiendo partes habladas que mejoraron la comprensión argumental para todo el público, junto a la impecable adaptación musical de Adrián Arechavala, capaz de mantener toda la música imprescindible del barbero rossiniano, cortando la longitud de los números sin perder la esencia, compartiendo arias entre solistas y coro, casi todas voces blancas capaces de abordar desde su color y tesitura natural cada personaje (el asesoramiento vocal de Iván Carriedo y Andrea Gutiérrez es impagable), así como una formación instrumental ideal -un ensemble propio que detallo en la ficha- para esta ópera camerística con mucho futuro, dejándonos un espectáculo que entusiasmó a un público nuevo que repetirá (así lo comentaban al final de cada función) y asombró a los habituales que pudieron comprobar que hay no solo afición en Asturias sino una verdadera cantera lírica que esperemos no se pierde según vayan cumpliendo años.

Con una escenografía “cercana” a la propia producción de “El Barbero de Oviedo” pero más sencilla (de Carmen Fernández González), donde el coro y todo el elenco son un bloque implicado de principio a fin, moviéndose, actuando y cantando como verdaderos profesionales, sumándole el vestuario de Susana de Dios que resultó maravilloso sin obviedades (me gustó su concepto de Tuna sin necesidad del negro y las cintas de colores) más la siempre buena iluminación de Roberto Lorenzo Martín (la escena de “la tormenta” mejoró la del “otro Barbero”), dando como resultado final una producción donde todo el equipo merece reseñarse, y lo dejo en la Ficha final.

La famosa obertura ya nos centró la acción, introduciendo partes cantadas cual mezcla entre “The King Singers” y “La Trinca” en versión asturiana y calidad lírica, con charangas y murgas que venían del Carnaval de Ciudad Rodrigo hasta Sevilla, con un conde salmantino a cargo de Teresa Rodríguez García de Albéniz que triunfó de principio a fin en sus desdobles del Lindoro rondador, un Alonso marinero borracho de agua dulce, el tunante maestro de canto y por supuesto un conde que cantó maravilloso, pudiendo escuchar esa voz natural tan educada además de una escena adulta que hace increíble una profesionalidad digna de mayores junto a una musicalidad que hace creer en un futuro esperanzador.

Y no digamos encontrar, ver y escuchar a Jorge Martínez Ferreño, un Fígaro de conveniente “acento andaluz”, adolescente con su propia voz cantando el “Factótum” plenamente creíble, un peluquero de ahora con hechuras de siempre. Otro tanto del Bartolo de Daniel Villar Álvarez con timbre y color casi traspasada “la muda” por cuerpo, pero tan buen actor como cantante que no desperdició sus arias para disfrutar lo bien asimilado que tenían todos sus roles. Sumar en estos registros a un simpatiquísimo Basilio de Manuel Cañas Avello, cuya “calumnia” en su tesitura natural me hizo repensar el original, tanto por la dicción en castellano como su entonación que fue otra de las agradables sorpresas de esta tarde, niños que encandilan ya sobre las tablas con un aplomo envidiable.

A todos nos enamoró la Rosina de Elena Fernández McLean, vocalmente impecable, fiel a la partitura despojada de ornamentos pero con los suyos propios tan necesarios, una voz “adulta” porque en las mujeres ya queda definido su color, escénicamente arrolladora y empastando en los dúos y concertantes cual mezzo internacional. La comicidad de Berta, Adriana Cañas Avello, nos soltó más de una carcajada, pero además cantó al mismo nivel que sus compañeros, los mal llamados secundarios sin los que la ópera no sería igual, y menos en las bufas. Tampoco quiero olvidarme del Fiorello de María Baragaño Apesteguía, asombrándome a partes iguales su escena y su canto, o la Policía de Sara Montoto del Fueyo que nos hizo cambiar el Ambrogio mudo por una actriz que declama y se mueve como si hubiese nacido sobre las tablas de nuestro templo lírico.

El “grueso” coral no solo llenó la escena, también bailaron (gracias Olimpia Oyonarte) con los paraguas de auténtico musical americano, impresionantes las criadas por desparpajo, simpáticas las peluqueras, más el coro de tunos y policías que dotaron a esta producción de una calidad, entrega, buen hacer y trabajo digno de matrícula de honor.

Si los “más mayores” son el soporte además de ejemplo y ayuda a los “grandes pequeños”, de todos ellos Maite García Heres ha sacado lo mejor, una ardua tarea de tiempo y sacrificios con el premio de este barbero para niños de 6 a 106 años que deberían disfrutar más allá de nuestra tierra. El trabajo bien hecho lo merece, el objetivo de crear afición se ha conseguido y habrá más títulos desde la Ópera de Oviedo pero que necesita todo el apoyo de instituciones, mecenas y patrocinadores pues el reconocimiento de los que ya peinamos canas lo tiene.

FICHA:

Sábado 19 de octubre de 2024, 17:30 y 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVII Temporada de Ópera. Gioachino Rossini (1792-1868): «El barbero de Sevilla». Versión para la infancia de Maite García Heres. Compañía musical infantil «La Federica», residente de la Ópera de Oviedo.

FICHA TÉCNICA:

Dirección y adaptación: Maite García Heres – Adaptación musical: Adrián Arechavala Díez – Asistente de dirección: Deva Jiménez García – Escenografía: Carmen Fernández González – Regiduría: Alba Delgado Arronte – Coreografía: Olimpia Oyonarte Martos – Dirección y diseño de luces: Rafael Echeverez Villanueva – – Sonidista: Roberto Lorenzo Martín – Vestuario: Susana de Dios – Asesoramiento vocal: Iván Carriedo Martín, Andrea Gutiérrez D’Soignie – Asesoramiento teatral: Arancha Fernández Ramos.

REPARTO:

El conde de Almaviva: Teresa Rodríguez García de Albéniz – Bartolo: Daniel Villar Álvarez – Rosina: Elena Fernández McLean – Figaro: Jorge Martínez Ferreño – Basilio: Manuel Cañas Avello – Fiorello: María Baragaño Apesteguía – Criadas: Cayetana Martínez Fernández, Carlota Pelegrín Santiago, Ángela Remis Mieres, Paula Suárez Naharro – Berta: Adriana Cañas Avello – Policía: Sara Montoto del Fueyo – Tunos y policías: Emma Ceán Martínez, Alba Delgado Arronte, Álvaro Díaz Cid, Ángel Eneko García de Con, Lola García Grueso, Deva Jiménez García, Adrián Santín Fernández, Julia Viñuela García – Peluqueras: María García Canellada, Olaya Pelegrín Santiago.

Músicos: Adrián Arechavala Díez, Jorge Díaz Seijo, Iria Rodríguez González, Mercedes Schmidt Inglés, Marcos Suárez Fernández, Sofía Trueba Fraile.

Verdaderos homenajes líricos

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Miércoles 16 de octubre, 20:00 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo, La Castalia: Clausura del XXII Curso «La Voz en la música de cámara» -Homenaje a Mª Luz González Peña-. Obras de Gabriel Ordás.

La Castalia y Gabriel Ordás (Oviedo, 1999) ya son cual binomio inseparable que siguen creciendo con los años y manteniendo una colaboración que engrandece tanto a la asociación que preside Begoña García-Tamargo como al compositor carbayón que completa sus estudios en Nueva York, pero manteniendo el contacto «telemático» desde Manhattan para poder supervisar el estreno escénico de dos de sus óperas de cámara (o entremeses contemporáneos como él los prefiere definir), atendiendo a los medios de comunicación asturianos estos días previos en este verdadero homenaje lírico para mi querida amiga y compañera la avilesina Mª Luz González  Peña, buena ocasión para una escapada a la tierrina de donde partiría en 1989.

Con un lleno en el teatro de la calle Mendizábal abriría la velada la directora artística Begoña García-Tamargo agradeciendo al ayuntamiento ovetense su colaboración para estos estrenos escenificados de Ordás, a la Fundación Ópera Oviedo por cederles vestuario y atrezzo, al diario LNE, todos con representantes entre el público y a la SGAE, personificada por la doctora e investigadora Mª Luz González Peña, siempre colaboradora de La Castalia en sus conferencias además de poner a disposición de la misma un amplio repertorio con el que trabajar en los distintos cursos, incluso obras novedosas, haciendo una semblanza de la homenajeada con un  Curriculum Vitae inmenso desde que se marchó a la capital de España con nuestro admirado profesor Emilio Casares, para establecer una colaboración y trabajo inconmensurable desde 1990, tanto en la Biblioteca como en el Archivo de la Sociedad de Autores, siendo desde 1993 la directora de su Fondo, y participando en exposiciones, documentales, comisariando e incluso redescubriendo a María Lejárraga, entre muchas semblanzas como las de Pérez Galdós, Vital-Aza y tantos otros, destacando el proyecto «Pioneras de la SGAE» en 2021 o su participación en 2022 dentro del documental dirigido por Laura Hojman «A las mujeres de España: María Lejárraga» (nominado al Goya), siendo desde 2022 Académica de las Artes Escénicas.

Tras recibir una placa conmemorativa, la propia María Luz improvisaría unas palabras, recordando a sus amistades y familiares, su traslado a Madrid para disfrutar con su trabajo (aunque dice que «él la encontró a ella» en 1989 con el maestro Casares para trabajar en el «Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana» (una entelequia por entonces que hoy en día es una realidad y obra de consulta internacional) y después en el homónimo de la zarzuela. Agradecimientos a Teddy Bautista, director de la SGAE que transformaría el inmenso archivo creando el CEDOA por donde han pasado para la catalogación muchos asturianos de nuestra querida facultad ovetense, digitalizando los fondos y permitiendo el acceso desde internet, aunque no desee perder las visitas presenciales de tantos músicos de nuestra tierra.

Y por supuesto el agradecimiento y felicidad de poder estar disfrutando de las tres obras de Gabriel Ordás, a quien conocemos y admiramos desde su adolescencia, primero como intérprete y pronto como compositor desde una precocidad que ya nos asombraba entonces y seguimos admirando hoy.

Comenzaría la velada con la representación de Doña Esquina (2018) sobre el entremés homónimo de Agustín Moreto (1618-1669) que ya pude escuchar en su estreno instrumental, participando el propio compositor al violín junto a Santiago Ruiz de la Peña al cello y Juan Urdániz al piano en este mismo teatro. Esta vez el trío instrumental contaría con Jesús Méndez, Pelayo Cuéllar y Fernando Santirso desde el piano y la dirección musical del proyecto con un trabajo que comenzaría el pasado mes de septiembre con los cantantes e instrumentistas hasta el día 7 del presente donde ya se incorporaría a la escena Susana Gómez, un lujo para poder «armar» este espectáculo seis años después, una ópera de cámara donde los papeles cantados estarían a cargo de la mezzo María Heres (Doña Esquina), una voz que sigue formándose desde sus inicios en La Castalia y está asentando una carrera donde ha estrenado muchas obras de Ordás, con un color que ha ganado con el tiempo y un volumen suficiente, empastando con el resto del elenco: Daniel Vargas (Gracioso), voz y escena suficientes en esta obra, las sopranos Silvia Llera (Mujer 1) y Noive Solar (Mujer 2) bien desenvueltas escénica y vocalmente con un perfecto acople de ambas, más el barítono Ángel Simón (Esportillero), una voz poderosa, de buena dicción y mejor proyección. El vestuario dieciochesco no impidió disfrutar de la partitura de Gabriel Ordás que en esta obra tiene un estilo ecléctico donde hay pasajes del teatro musical (casi una señal del destino) junto a otros plenamente actuales (como en la obertura inicial) para mantener viva «la idea de los celos y la deslealtad evidenciando el fracaso de las estrategias amorosas», un tema atemporal, tratando a las voces con conocimiento de sus registros y respetando el texto, pues como el propio compositor ha dicho muchas veces, «siempre que compongo pienso que escribo para que esa música la lleven al escenario personas, no instrumentos».

Viaje I (2023), encargo del Trío Malats para su estreno en la Filarmónica de Avilés el 2 de febrero de 2023, ejercería como puente entre los dos entremeses cual viaje que nació entre los numerosos desplazamientos del compositor entre Madrid y Oviedo, con un lenguaje ya nuevo, maduro, un trío donde la escritura del compositor ovetense está más evolucionada y con un conocimiento directo y profundo de los instrumentos que le confiere aún más valor, contando con los mismos intérpretes de la primera obra de este lluvioso miércoles, en una versión de hondura que se notó muy trabajada por el trío.

Tras una breve pausa para reubicar atrezzo y sillas, solo con el acompañamiento del piano, cerraría esta velada el Terceto de Desamor (2019) con las voces de María Heres (mujer), Ángel Simón (hombre) y Ángeles Rojas (amiga) sobre un libreto de María Abella (1999) que nos deja un entremés de nuestro tiempo con la misma temática de enredos, celos y deslealtades.

Ordás conoce y mima las voces que cantan, declaman y realzan unos textos bien entendidos, tres voces de colores bien elegidos para un empaste perfecto y con cantantes experimentados unidos a La Castalia: los registros graves de Heres y Simón más los agudos de Rojas, dieron vida a este terceto con el piano de Santirso completando este «entremés del siglo XXI» de vestuario actual donde el teléfono móvil es ya complemento obligado y los engaños están a la orden del día.

Muy aplaudida esta tercera obra de la velada y saludos de todos los que pudieron completar y traer a la escena del Teatro Filarmónica este homenaje lírico a nuestros queridos asturianos que presumen de «la tierrina» aunque estén lejos de ella.

Como siempre mi reconocimiento al trabajo impagable de La Castalia y todo el equipo que siguen formando voces y haciendo de Oviedo una capitalidad musical que es un ejemplo a seguir.

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