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En el buen camino

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En la recuperación de la llamada canción de concierto, Aurelio Viribay Salazar es una verdadera autoridad desde su cátedra madrileña, además de un pianista solicitado por muchas voces, especialmente jóvenes que sin complejos se acercan a un repertorio de tanta calidad como el francés o el alemán con el pianista vitoriano de referencia para ello.

Tengo las últimas grabaciones con la soprano pacense Mar Morán cantando a García Leoz o al tenor cordobés Pablo García-López en una selección titulada Raíces, uniones atlánticas y mediterráneas que van en esta línea de sacar a la luz tantas partituras olvidadas y seguramente polvorientas, con un canal en YouTube© dedicado a la «Canción Lírica» que aloja multitud de vídeos en vivo donde se muestra nuestro grandísimo patrimonio musical y la calidad de las voces que el vasco Aurelio Viribay comparte desde su magisterio, y a quien Arturo Reverter ha bautizado como «arqueólogo de la canción española» (tras «nacerle» en Bilbao en vez de Gasteiz, pues como dicen los chistes «los de Bilbao nacen donde quieren«).

Ya llevo días disfrutando de esta grabación, No camiño (GeBéMusic del Grupo Beroly), con el barítono Gabriel Alonso (Ferrol, 1991), trece temas de compositores gallegos de distintas épocas que pusieron música a la poesía de mi vecina y querida Galicia, auténticas joyas literarias. Trece poemas en la lengua de la gran Rosalía de Castro, la más conocida, junto a Manuel Antonio, Leiras Pulpeiro, Salvador Golpe, Manuel Cuña Novás, Ramón Otero Pedrayo, Manuel Curros Enríquez, Manuel Martínez González y José Trapero Pardo, lírica escrita que los músicos realzan con unas melodías siempre ajustadas al texto, y en este caso unos más que interesantes pianos compartiendo la métrica interna de la lengua gallega escrita con músicas de salón atemporales.

Todos los compositores, uno para cada canción, son una excelente mezcla, desde los actuales a los veteranos más los que están «por descubrir», todos gallegos de pura cepa, muchos apegados al terruño, otros emigrados, viajeros siempre con la «morriña» presente e inspiradora al igual que la literaria. Aquí los dejo ordenados cronológicamente, como curiosidad y con enlaces a sus biografías, algunas dignas de ser novelas o guiones cinematográficos:

Marcial del Adalid (A Coruña, 1826-1881), Canuto Berea (A Coruña, 1836-1891), Xoán Montes (Lugo, 1840-1899), Xosé Castro «Chané» (Santiago, 1856 – La Habana, 1917), Xosé Baldomir – seudónimo de José Ventura Eduardo Gregorio Valdomir- (A Coruña, 1865-1947), Gustavo Freire (Lugo, 1885-1948), José Fernández Vide (Ourense, 1893-1981), Antonio Iglesias (Ourense, 1918-2011), Margarita Viso (A Coruña, 1957), Juan Durán (Vigo, 1960), Octavio Vázquez (Santiago, 1972), Fernando Buide (Santiago, 1980) y Borja Mariño (Vigo, 1982).

Interesante la variedad de estilos que son cual catálogo de la evolución de nuestro patrimonio lírico, por lo que propongo una escucha de cada canción sin conocer más datos, disfrutarlas siguiendo, si se puede, los textos del libreto (aunque sin traducir) e intentar descubrir la época, pues seguro habrá más de una sorpresa, mestizajes de puro romanticismo del XXI o vigencia plena del XIX para nuestros tiempos, unidad gallega de varias generaciones que son, como el slogan turístico, «Galicia calidade«, al igual que la cantera de voces gallegas de nuestros días.

El barítono ferrolano de registro amplio y bello, redondo en el grave, con buena articulación y matices variados, siempre resaltando los textos, repasa aquí dos siglos de música gallega con el siempre docto piano de Aurelio Viribay en una excelente toma de sonido de esta grabación realizada los días 7, 8 y 11 de enero del pasado año (con Filomena azotando) en los Estudios Cezanne Producciones de Las Rozas (Madrid). Canciones para cualquier voz pero que en las masculinas, y más las graves, son relatos todavía más cercanos a aquellos emigrantes dejando todo en su tierra.

Dejo al final de la entrada el listado con los trece temas, especificando música y letra, pues así debemos entender estas partituras. Personalmente siempre me ha gustado, en cualquier versión, el llamado segundo himno gallego, Negra sombra de Juan Montes, que supone actualizar la visión coral por la camerística aunque desconozco cuál fue primero; el excelente Sós de Durán dedicado al barítono, bien tratado el dúo como unidad, piano rotundo y voz explorando registros; los Dous cantares de Buide que suponen una brisa fresca en el acercamiento al género de la canción de concierto por la excelente armonización y trabajo de voz y piano; al igual que la Saudade de un Mariño verdaderamente inspirado por Rosalía de Castro; el aire popular llevado al concierto por Vázquez del En Cornes de la escritora nativa, e interesante Ao lonxe de Iglesias, casi operístico con silencios dramáticos y dedicado dentro del ciclo «Canciones gallegas» al gran crítico Antonio Fernández-Cid. Ciertas remembranzas extremeñas -encuentro cierta similitud inicial con «Ya se van los pastores»- desde el Caribe (porqué no también asturianas por cantábricas) en la Mariquiña de Chané o la zarzuelística Romanza de Xosé que me recuerda igualmente parte de la «Molinera» ibérica, sencillez sentida tanto en la voz como en el piano de este mosaico lírico.

Habrá que esperar, como se ha hecho con la gallega, la revisión de la lírica asturiana a lo largo de esta misma época (con algunos intentos no muy reconocidos), pues las similitudes musicales corren parejas y también se conjugan compositores interesantes de hoy en día con los señeros, aunque nos han faltado escritores de la talla literaria que nuestros «primos hermanos» siempre han tenido, en parte por no ser una lengua oficial ni parezca que lo sea, siendo todavía motivo de disputas políticas.

Cortes, autores (música / letra) y títulos:

1. Juan Durán / Manuel Antonio: Sós.

2. Margarita Viso / Leiras Pulpeiro: O mar.

3. Marcial del Adalid / Popular: Adiós, meu meniño, adiós!.

4. Xosé Baldomir / Salvador Golpe: Meus amores.

5. Fernando Buide / Rosalía de Castro: Dous cantares.

6. Borja Mariño / Manuel Cuña Novás: Saudade.

7. Xoán Montes / Rosalía de Castro: Negra sombra.

8. Antonio Iglesias / Ramón Otero Pedrayo: Ao lonxe.

9. Octavio Vázquez / Rosalía de Castro: En Cornes.

10. Xosé Castro «Chané» / Manuel Curros Enríquez: Un adiós a Mariquiña.

11. Canuto Berea / Manuel Martínez González: Un sospiro.

12. Gustavo Freire / José Trapero Pardo: Romanza de Xosé (Non chores Sabeliña).

13. José Fernández Vide / Ramón Otero Pedrayo: Canción de Corisco – Miñatos de vran.

Nasushkin: Ante todo, Música

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Domingo 6 de marzo, 19:30 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: Ensemble Ars Mundi: «Ante todo, Música II. El lenguaje común de lo diverso«. Director artístico: Yuri Nasushkin. Jóvenes solistas y conjuntos de cámara. Música española, inglesa, austríaca, alemana, belga, mexicana, checa, armenia, klezmer… Entrada gratuita.

La llegada de Los Virtuosos de Moscú para instalarse en Asturias a principios de los 90 supuso uno de los hitos de nuestra tierra en el ámbito musical, no ya por la talla de los intérpretes bajo el mando de Vladimir Spivakov sino por plantar la semilla pedagógica de lo que sería la mejor cantera de cuerda española en un país que carecía de un plantel con esta calidad. No ya los integrantes, entre los que estaba Yuri Nasushkin, que se unieron a las orquestas asturianas, también sus familias y luthiers que conformaron un tejido musical del que en esta década del siglo XXI podemos seguir disfrutando con muchos alumnos hoy convertidos en profesionales repartidos por medio mundo (Aitor Quiroga, María Ovín, Mª Teresa López, Ignacio Rodríguez, Sergio Heredia y tantos otros que bien lo indican en sus biografías).

Y es que Yuri Nasushkin se implicó desde el primer día en todos los proyectos posibles, profesor, promotor, fundador de una hoy desaparecida JOSPA, que continuaría en Madrid y no digamos los años al frente de la Escuela Internacional de Música de la FPA, hoy en el aire con la «disculpa del COVID», a la que jóvenes venidos de todas partes del mundo acudían en verano a nuestra tierra a seguir sumando esfuerzos en convertirse en músicos profesionales.

Desde nuestra tierra y desde hace más de diez años, el Ensemble Ars Mundi es otro de los proyectos del maestro Nasushkin que tomando prestadas sus palabras, su «principal objetivo es la difusión de la música de cámara a través del diálogo, la colaboración, la empatía, la amistad o la solidaridad, valores siempre presentes en su filosofía» con una plantilla joven de distintas procedencias y nivel de formación pero siempre unidos por esta pasión que les ayuda a «redondear su formación y calidad musical«. De la parte solidaria dejo el programa escaneado porque es otra seña de identidad.

Este concierto, nada anunciado y «ninguneado» por las instituciones tanto locales como autonómicas, pese a lo que supone para estos intérpretes poder demostrar sus progresos y mostrar su valía musical, nos trajo más de dos horas de historia camerística en formaciones variadas con unos músicos pasando del atril al solo con total naturalidad y muchas ganas de seguir trabajando en esta vida llena de esfuerzos que los consejos de sus profesores y el aplauso del público compensan con creces el sacrificio de muchas horas dedicadas a cada instrumento, ensayos, fines de semana volcados en su sana pasión juvenil y finalmente el directo cual examen del que también sacarán su aprendizaje.

Yuri salía con su ensemble tras el acto público de ayer sábado pidiendo con la música el «No a la guerra en Ucrania», él que nació en Kiev y se formó en Moscú, con tantas amistades que saben lo que es emigrar de tu casa, con familias rotas y la música en la mochila, de ahí sus palabras, «Ante todo, música».

Asturias, la «Leyenda» de la Suite «España» (Albéniz) en un interesante arreglo para cuerda del chelista alemán Werner Thomas-Mifune y el venezolano Henry Crespo dirigiendo, abría el concierto, la obra pianística con la gestualidad de Crespo cambiando de momento su clarinete por la batuta, para sacar toda la sonoridad y cambios de tempo de esta universal partitura, también conocida en su versión guitarrística, que lleva el nombre de nuestra tierra.

Con un ensemble ya más nutrido en cuerda y viento (dos trompas y dos oboes) escucharíamos al siempre terapéutico, fácil de escuchar y complicado de ejecutar Mozart. De su Concierto para violín nº 5 en la mayor K. 219 con Anastasia Pichurina Esipovich de solista y Nasushkin nos dejarían el Adagio y Allegro aperto, el paso natural del atril al solo, la escucha en común, la responsabilidad de darlo todo y la implicación de un maestro en arropar un talento aún en desarrollo.

Para los violonchelistas el Concierto op. 85 de Elgar es un referente y del atril al primer plano Paula Qiao Lebon Real nos interpretó en arreglo de Duncan McIntyre de esta bellísima página concertística que la añorada Jacqueline Du Pré ayudó a popularizar.

Llegaría el turno de Jesús Méndez Camacho para interpretarnos el Nocturno para violín y cuerda del armenio Eduard Bagdasarian (1922-2987) en arreglo del estadounidense Jeff Manookian, sonido claro y preciso en una obra que personalmente desconocía, agradeciendo a Nasushkin su difusión, dirigiendo y llevando de la mano al joven violinista.

El Allegro del Cuarteto en sol mayor op. 85 (Dvorak) estuvo a cargo de Nicolás Ferreras, Lucía Yusta, Xiana Baliñas y Paula Qiao, la forma ideal de la música camerística, paso necesario del atril orquestal al entendimiento solístico compartido, que estos cuatro jóvenes dieron con total naturalidad para uno de los cuartetos señeros de la historia musical checa.

Siguiente paso al frente como solista de José María Revuelta con el Concierto para contrabajo y orquesta op, 3 en fa sostenido menor del ruso Serguei Kousevitzky (1874-1951), emigrado a los EEUU. del que interpretaría los movimientos Allegro y Andante en arreglo actual de Isaac Trapkus, contrabajista de la Filarmónica de NY, bajo la atenta dirección de Yuri más el perfecto acompañamiento de una cuerda solo reducida en número pero amplia de sonido. Las correcciones técnicas y los pequeños vicios que se adquieren se irán puliendo, pero evidentemente el concierto del ruso tiene mucha tela que cortar.

De nuevo el cuarteto, esta vez con Anastasia Pichúrina, Cristina Torres, Laura Torroba y Martín Herrera en el Allegro del famoso cuarteto de Schubert La Muerte y la Doncella, D. 810, muy bien interpretado y sentido, entendimiento con cómplices fraseos más una sonoridad compacta digna de formaciones veteranas que demuestran un trabajo previo exigente.

La viola solista de Xiana Baliñas brilló en el arreglo del oriolano Miguel A. Aniorte para el ensemble de la Elegía op. 50 del belga Henry Vieuxtemps (1820-1881) por sentimiento, sonido, entrega y el buen concertar del maestro Nasushkin con «su Ars Mundi», otra oportunidad para los atriles de dar el paso al frente como protagonistas, que no desperdició la joven violista gallega.

Y original el arreglo con el dúo Rodrigo AguileraMartín Herreras de dos de las tres «Danzas latinoamericanas» del chellista y compositor de Monterrey José  L. Elizondo (1972), buen discípulo y seguidor del mexicano con orígenes asturianos Carlos Prieto, que con Otoño en Buenos Aires y Pan de azúcar, trae los aires porteños y brasileños a la viola y el chelo plenamente actuales, apostando Ars Mundi por jóvenes compositores desde sus inicios, sonidos de hoy con dos instrumentistas que se entendieron a la perfección, y un violoncello potente que se nota es el instrumento de Elizondo.

También nuestro compositor Guillermo Martínez arregló las Estampas klezmer basadas en esa danza tradicional, con el Freilech que nos devolvió a Henry Crespo como virtuoso del clarinete, un músico integral egresado de «El Sistema» venezolano (como los hermanos Valeria y Marco Pérez, hoy en los atriles de chelo y contrabajo, todos afincados en Mieres), con un ensemble potente de cuerda, dos trompas, trompeta y percusión que contagiaron la alegría de esa música instrumental festiva que en el pasado se interpretaba en las comunidades judías de Europa del Este como acompañamiento de bodas, festividades religiosas alegres, la celebración de la Torá o la inauguración de una nueva sinagoga. Esta vez la festividad fue musical de principio a fin aunque todavía quedaba el broche emocional.

Yuri Nasushkin con el violín y después acompañado de su Ensemble Ars Mundi nos interpretaron el Himno de Ucrania más sentido que nunca, aunando deseos y esperanzas, hermanando músicos de todo el mundo y amigos soviéticos, hoy asturianos, que no entendemos en pleno siglo XXI la sinrazón ególatra de los dictadores. Pero este domingo «Ante todo, Música».

Músicos:
Violines: Nicolás Ferrer, Jesús Méndez, Anastasia Pichurina, Alba Tocino, Daniel Arnaldo García, Cristina Torres, Lucía Morales, Mencía Gómez, Hannah Kaupp, Carolina Cortijo.
Violas: Marina Gramaje, Rodrigo Aguilera, Laura Torroba, Xiana Baliñas.
Violonchelos: Martín Herrera, Paula Qiao, Lucía Hermida, Valeria del Carmen Pérez.
Contrabajos: José Mª Revuelta, Marco Pérez.
Oboes: José Ferrer, Silvia Andueza.
Clarinete: Henry Crespo.
Trompas: Jaime Sixto, Lucía Díaz.
Trompeta: José Ruibal.
Percusión: Sara González.
Profesor colaborador: Vadim Pichurin.
Compositores colaboradores: Guillermo Martínez, Miguel A. Aniorte.
Director artístico: Yuri Nasushkin.

Ten piedad y danos la paz

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Miércoles 2 de marzo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Concierto 1646 de la Filarmónica de GijónCantus Missae: El León de Oro, Marco Antonio García de Paz (director). Obras de Rheinberger, Mendelssohn, Brahms y Whitacre.

Un miércoles de ceniza coral con varios monumentos vocales que nuestra formación más internacional y laureada como El León de Oro (LDO) trajeron a la temporada de la filarmónica gijonesa en un Jovellanos que presentaba una entrada excelente con los muchos leónigans llegados a la capital de la Costa Verde. El programa que ya pude disfrutar en Oviedo, fue de nuevo un «Monumento canoro» aunque el título esta vez fuese el de «Cantus Missae» por la misa de Rheinberger, más allá de toda creencia religiosa porque la música une, eleva el espíritu y siempre clama por la paz. Así se entendió por todos los presentes, recordando los momentos tan difíciles en Ucrania y la propia pandemia que sigue entre nosotros obligando a seguir «enfocicaos» tanto los asistentes como los cantantes, mascarillas que no nos impiden demostrar no solo que la cultura es segura sino que la música es la mejor terapia posible y que el LDO canta siempre bien hasta con la boca tapada.
La Misa en Mi bemol Mayor (Cantus Missae), Op. 109 de Josef Rheinberger (1839-1901) abría este emotivo concierto, pensada para gran coro, los 47 componentes sobre el escenario del Jovellanos volvieron a sonar «a capella» con su calidad superlativa, no importan los relevos generacionales porque exprimen cada cuerda al límite, capacidad dinámica, tesituras extremas, con las voces blancas siempre cálidas incluso en los pianísimos, hasta los bajos profundos, más graves siempre de agradecer porque son el verdadero sustento que hace brillar al resto de voces. «Señor ten piedad», sentimientos extramusicales en tiempos de guerra, trascendiendo lo religioso porque necesitamos piedad y amor por el prójimo independientemente de creencias, «hacer todo el bien posible» que escribiese Beethoven, una verdadera ceremonia coral que «los leones» llevaron a cabo bajo el sumo sacerdote Marco. Respetuoso silencio de un público agradecido (bisarían el Kyrie como agradecimiento y dedicado a un ucraniano del coro).
De Felix Mendelssohn (1809-1847) al que este coro conoce y se entrega desde siempre, dos salmos  que siguen siendo joyas vocales, Jauchzet dem Herrn, alle Welt (Salmo 100) y Richte Mich Gott (Salmo 43), casi seña de identidad del LDO, la inspiración en Bach, textos que tenemos traducidos en el siempre excelente programa de mano, hoy firmado por Violeta Rubio, entrega y recogimiento equilibrado, pronunciación alemana perfecta, cantos religiosos en esta «puesta en escena» profana para respigarse por tantas emociones desde el buen cantar.
Transitando por un romanticismo cada vez más necesario para toda formación, escucharíamos el monumental Geistliches Lied, Op. 30 de Johannes Brahms (1833 -1897), con el piano del corista Óscar Camacho hoy situado hacia atrás, para evitar los incómodos trasiegos, pero en línea visual con Marco A. García de Paz y «cantando» desde las 88 teclas, conocedor de las «respiraciones» desde el instrumento y con la ductilidad de su formación, el piano vocal ideal para el mejor Brahms coral.
Y final con Eric Whitacre (1970), el verdadero «romántico» de nuestro tiempo, revolucionario coral para nuestro «coro de oro» que canta como pocos al estadounidense, su When David Heard, más que un capricho de Marco, obra exigente a la que «su coro» llega en el momento ideal para interpretarla, las afinaciones extremas siempre controladas, los matices donde el silencio es más importante que nunca, arte vocal subrayando un sufrimiento que en la partitura está siempre presente, respeto de un público en total comunión con «nuestro león», todo un ejemplo de disciplina y trabajo, los ideales de un coro veterano por el que la mezcla generacional le mantiene como un gran reserva. No nos cansaremos de cada concierto único, irrepetible, con emociones imparables sin perder nunca esa «marca de la casa», polivalencia coral o policoralidad, la importancia de los impresioantes silencios intrínsecos a la propia música, dramatismo, afinación muy cuidada (e impagable), partitura y programa con la necesaria compenetración total de cantantes y director.
Si en la misa nos damos la paz antes del Agnus Dei, hoy musicado por Rheiberger, también pedimos Piedad al Todopoderoso (máximo rector o ente eterno, no importan las creencias ante el dolor) con el Kyrie cual plegaria cantada que se repitió más que de regalo, de sentida súplica coral.

Jaroussky cercano

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Miércoles 26 de enero, 20:00 horas. Los Conciertos del Auditorio, Oviedo: À SA GUITARE. Philippe Jaroussky (contratenor), Thibaut Garcia (guitarra). Obras de Poulenc, Giordani, Caccini, Dowland, Purcell, Mozart, Paisiello, Rossini, Matos Rodríguez, Granados, Schubert, Fauré, Barbara, Lorca, Bonfá, Reis, Ramírez y Britten.

Segundo concierto del triplete de contratenores con otro conocido de la afición como Philippe Jaroussky, esta vez con el guitarrista Thibaut Garcia, la unión de dos mundos, estilos, ambientes, casi una velada íntima para un auditorio con excelente entrada que respiró la cercanía de dos artistas con vínculos españoles en perfecta armonía, comentando los temas y su organización en distintos bloques, bromeando entre ellos y levantando algunos excesivos «bravos» que rompieron la tranquilidad y recogimiento que transmitieron tanto los artistas como la tenue iluminación y una sonorización cuidadísima, amplificación tan bien mezclada que ayudó a redondear un recital de los que llamo para «omnívoros» por la variedad.

Como si de la presentación que hacen las figuras internacionales de sus trabajos discográficos, el recital mantuvo esa estructura, la del CD homónimo al título del concierto, alternando solamente el orden,  con abundante música francesa como era de esperar, algún guiño al repertorio barroco que el contratenor lleva años defendiendo, por supuesto la música «ligera» de mi tiempo, esa que también se ha convertido en clásica, y por supuesto las intervenciones solitas del guitarrista hispanofrancés que demostró sus dotes no ya de acompañante ideal para este formato de repertorio sino un transcriptor de páginas con piano que en la guitarra toman un color casi de salón. Si la séptima cuerda, como bien escribe María Sanhuesa en las notas al programa (enlazadas arriba en obras) es la voz, este concierto, con duración más allá de noventa minutos, fue un auténtico placer para seguir situando a Oviedo como «la Viena española».

Imposible detallar las dos decenas largas de obras, incluyendo las dos propinas, pero quiero destacar el acercamiento al popular García Lorca y su Anda, jaleo con una guitarra cercana al flamenco como bien comentó el propio Thibaut, mucho más «verdadero» que la «maja» de Granados, las canciones de Poulenc, la primera dando el título a la grabación y el concierto, el siempre bello y sentido lirismo de Fauré que Jaroussky con García dejaron para el recuerdo, incluso el Britten «francés» atemporal o el más reciente Septembre de Barbara (1930-1997) porque no había «enero» que bromeó el contratenor. La mezcla de estilos en una voz que adopta y adapta cualquier canción que con la guitarra las hacen actuales y para todos los públicos. Incluso el «tributo» a los laudistas como Dowland que nuestro instrumento identitario engrandece en color y sonido.

Interesante el acercamiento sudamericano, tanto en la versionadísima Mañana de Carnaval en «brasileño» como en la argentina Alfonsina y el mar naturales y que demuestran la versatilidad de estilos tanto de los intérpretes como de estas páginas ya atemporales de las que todos tenemos nuestras referencias.

Al principio citaba el enorme trabajo de Thibaut García como solista y transcriptor, dejándonos La cumparsita uruguaya a nivel concertístico o el Xodó de Baiana (Dilermando Reis), lo popular con la calidad camerística. Pero personalmente me impactó el Schubert elegido, esos elfos (Erikönig D 328) sobre un texto de Goethe que la guitarra francesa «robó» al piano alemán y el contratenor interpretó con el dominio del siempre exigente lied que en esta interpretación demostró la excelente idea de este dúo. Interesantes igualmente las transcripciones de Giordani o Paisiello que todo estudiante de canto conoce pero que con Jaroussky alcanzan la excelencia.

Concierto original y variado como el público, satisfechos y con la amabilidad de siempre por parte de unos intérpretes cercanos siendo estrellas mundiales, sin divismos, firmando autógrafos y fotografiándose con todos, como ya hiciese hace tres años cuando el mundo era más sano y las mascarillas no robaban sonrisas.

Carta a SS.MM.

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Muy señores nuestros, si me permiten este trato epistolario:
Como todavía queda algo de inocencia (será por los años), lo único que les pido a Los Magos (lo de reyes cada vez lo llevo peor y no solo por esta tendencia mía a La República) es pasar cuanto antes este «bicho» del Covid que lleva ya demasiado tiempo entre nosotros y ha trastocado todas las vidas, además de llevarse muchas por delante.
Musicalmente, y a la vista de las cambiantes circunstancias, mantener toda la música posible en vivo, aunque sea con mascarillas y todas las medidas que ya hemos asimilado hasta para estar en el cole, y si puede ser con los aforos completos, aún mejor. Sé que la salud es el mejor regalo en estos tiempos.
Sin necesitar aniversarios pido, como todo los años que son como mi Scalextric, poder escuchar en Asturias la Octava Sinfonía «De los Mil»  de Mahler con todas nuestras orquestas (OSPA, OvFil, la Universitaria ya renacida), coros («El León de Oro», grandes, chicas doradas y peques, igual que el de la Fundación Princesa y también la Escolanía de Covadonga con la de San Salvador…) y nuestros solistas, de los que tenemos un montón y de primera en mi querida Asturias: Beatriz Díaz, Elena Pérez Herrero, Ana Nebot, Mª José Suárez, Lola Casariego, Alejandro Roy, David Menéndez, Miguel Ángel Zapater, Juan Noval-Moro… (algunos «adoptados» o directamente de nuestra familia cordobesa). Sería lo más deseado de mi larga lista…
Eso sí, mantengo mi ilusión de tener a Pablo González como director de un acontecimiento que saben me copió Dudamel, al que le perdono casi todo… y mi tocayu ya dirigió en Barcelona cuando estuvo de titular y ya que se despide de la OCRTVE, aprovecho para pedirles le diesen una orquesta para este 2022 y siguientes. Ya por redondear este paquete, podrían traernos otro incluyendo un concertino para la OSPA, pues llevamos huérfanos y necesitados de ambos.
Con la ilusión infantil de este día tampoco quiero olvidarme de pedirles mucho trabajo para Forma Antiqva, esperando les llegue un Grammy clásico (se lo merecen), sobre todo a los hermanos Zapico que pese a todo, siguen «a tope» haciendo historia volando desde casa, y que sigan grabando nuevos discos.
También quiero recordar a mis queridos pianistas con la mierense nacida en la capital Carmen Yepes a la cabeza (de docente en Madrid), sin olvidarme de mis admirados Diego Fernández Magdaleno, Judith Jáuregui o Gabriela Montero, a quienes les vendrá bien trabajar mucho este recién estrenado e incierto 2022.
Mantengo la ilusión y pido más composiciones de Jorge Muñiz junto a las de la joven e inconmensurable pareja Guillermo Martínez y Gabriel Ordás que en el año pasado y pese a todas las circunstancias, han seguido de lo más inspirados, regalándonos muchos estrenos.
Para La Dama del Alba de mi querido Luis Vázquez del Fresno creo que ya me escucharon el pasado 2021 con la «sorpresa» de poder estrenarla al fin este año de «los dos patitos» tras tantos lustros de ilusión. Veo que la esperanza tampoco podemos perderla.
Y por mantenerla, pido para los llamados «gestores culturales» se olviden de una crisis permanente (Covid aparte), pues la intelectual sigue tan contagiosa como la Omicron, y den mucho más trabajo a los de casa, no por patriotero barato sino por la calidad contrastada, incluso variar de agencias de contratación… y sobre todo ¡no más recortes, cancelaciones, ni cierres!, pues saben de sobra que la Cultura es Segura.
Este año no pido nada para mis jóvenes violinistas favoritos, pues están trabajando y bien (Ignacio Rodríguez, emigrado a Alemania, y María Ovín en la OSPA), creciendo y cumpliendo años… solo desearles mucho éxito.
Para mi adorada Beatriz Díaz siempre les escribo otra carta porque se merece todo lo que traigan 2022 y más. Además de darle las gracias de nuevo, felicitarla por un repertorio que sigue creciendo (especialmente un Mozart que pido pueda llevar a las tablas) y en mayo cruzará de nuevo el charco llevando su prodigioso talento a Brasil como verdadera embajadora de Asturias y España. Que siga creciendo su agenda aunque espere mucha más ópera en el Campoamor como protagonista (de la zarzuela no me quejaré) y le llegue pronto esa Mimí, a ser posible en el Teatro Real de Madrid o el Liceu barcelonés, pues en Italia saben que es muy querida, recordándoles que en Londres, Nueva York o Viena aún no se han enterado y Vds. lo saben por ser Magos… la magia de la soprano allerana es tan única como la suya y debemos compartirla.
Para la ópera necesitaría otra carta de adulto, pero mi mamá dice que ya está bien de pedir… al menos mantenerla en Asturias.
A todos mis amigos músicos repartidos por el mundo les mando siempre «MUCHO CUCHO®» antes de cada actuación, normalmente de vaca asturiana, y podría escribir otra misiva más detallada para tantos como tengo repartidos por el planeta (para que luego digan de la «maldición» ENTRE MÚSICOS TE VEAS). Al menos me consta que los envíos llegan a destino y se agradecen.
Por ultimo no quiero olvidarme de mi Ateneo Musical de Mieres del que me regalasteis su presidencia en junio de 2018, pidiendo la misma salud que en el ya finalizado 2021. A pesar de todo (de la Lotería no les pido que toque), que mantengan su Banda Sinfónica, dirigida por Antonio Cánovas, al mismo nivel tras tres años sin pararla ni siquiera el Covid, llevando su música, además del nombre de nuestra Villa, lo más lejos posible, con una calidad y programas que son la envidia de muchos. Salud es lo importante porque ganas e ilusión no faltan.
A propósito, si pudieran dejarnos la música en la educación un poco más que ínfima y optativa, entonces tiraría fuegos artificiales… pero ya ven que no está entre las peticiones musicales, ni siquiera que algún día se alcance un pacto de estado donde la educación sea inversión en vez de gasto y prime el menos común de los sentidos en vez de la partitocracia que intenta reescribir la historia a base de tantos eufemismos como el de nueva normalidad. Me entristece ver que la Ley Celáa se impone y ya van demasiadas para empeorar progresivamente en pos de una generación de ignorantes digitales… A esta ya no me apunto y abandonaré cansado (por no decir asqueado).
Gracias señores majos y Magos (de donde vengan y utilizando el transporte que tengan sin entrar en cabalgatas de las que mejor no opinar y menos las que se han inventado como ¡estáticas! y hasta con Baltasar descolorido) por seguir llenándonos de esperanza e ilusiones.
Y como siempre, que no se me olvide
Pablito, 12 años.

Festejando con el Ateneo Musical de Mieres

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Sábado 20 de noviembre, 20:00 horas. Salón de Actos del Recinto Ferial de Mieres, Concierto de Santa Cecilia: Banda Sinfónica del Ateneo Musical de Mieres, Antonio Cánovas Moreno (director). Obras de Manuel Morales, Naf Fernández, José Vicente Fernández y David Rivas. Entrada gratuita.

Santa Cecilia,  nuestra patrona, nada mejor que celebrarla con música, además de regalarnos tres estrenos de esta Banda Sinfónica del Ateneo Musical de Mieres que cumple tres años desde su presentación en 2018, y a la que la Pandemia no le ha quitado ilusión, esfuerzo ni trabajo, mucho para mantener el nivel de calidad y apuesta por repertorios y compositores de nuestro tiempo.

En su lugar de ensayo, a la espera de retomar el Auditorio Teodoro Cuesta si el Covid lo permite, nada menos que 65 músicos con el maestro Cánovas al frente, volvía a festejar a a su patrona en el concierto más especial del año, con un programa muy completo, exigente, arrancando con el pasodoble Las Arenas del valenciano Manuel Morales Martínez, aire mediterráneo que homenajea la hostelería de La Malvarrosa a la que nos transportó la Banda Sinfónica, pasodoble potente para abrir boca (y oídos).

Llegarían dos estrenos absolutos, en la línea habitual de un Ateneo Musical de Mieres que sigue apostando por la nueva generación de compositores, hombres y mujeres, desde sus inicios. Dos obras difíciles con instrumentaciones actuales que no pierden la esencia de la formación para la que están escritas, la banda sinfónica que engrandece sonoridades y son verdaderas bandas sonoras de su tiempo:

Vortex de Naf Fernández puso a prueba cada una de las secciones de la banda, partitura rica en matices y texturas, rítmicamente poderosa y auténtica vorágine tímbrica que Antonio Cánovas desgranó al detalle con la respuesta exacta de unos músicos entregados.

Leuca (Isla de las Serpientes) de José Vicente Fernández completaría el doblete de estrenos absolutos en la fiesta de los músicos, obra premiada en los Global Music Awards con la medalla de plata que se escuchó al fin (ese es el objetivo), siendo Mieres la que figurará en la biografía propia y del Ateneo. Magnífica composición de esta banda sonora, casi un poema sinfónico, de lenguaje musical cercano a todos los públicos, que explota al máximo la plantilla instrumental, efectista, momentos grandilocuentes frente a otros más íntimos, en un despliegue sonoro emocionante que arrancó la gran ovación del auditorio con una interpretación de nuevo «milimetrada» por parte del director murciano asentado en nuestra tierra, con un trabajo meticuloso bien solventado por la banda.

Al fin se podía escuchar en Asturias, celebrando el aniversario histórico de los 450 años de la histórica batalla, Lepanto del toresano David Rivas, vinculado al Ateneo desde el primer concierto al dedicarle un pasodoble que resulta la auténtica presentación y seña de identidad de esta Banda Sinfónica. Auténtica explosión musical para una celebración, partitura exigente y una interpretación total en sus cuatro números, el tercero capaz de convertir el salón de actos en un claustro conventual con varios músicos entonando un gregoriano bien imbricado en el discurrir musical de esta suite, y cierre con Marcha Triunfal poniendo el mejor broche para un sábado de celebraciones por todo lo alto.

Los tres compositores presentes en el concierto, fueron agasajados por la asociación y el ayuntamiento  local, además de largamente ovacionados, agradeciéndoles su excelente aportación al patrimonio bandístico nacional que la Banda Sinfónica del Ateneo de Mieres bajo la batuta de Antonio Cánovas presentó a su público, con Alberto Cienfuegos «Michel» al micrófono, más allá de la presentación todo un animador de la escena musical asturiana e incondicional de este Ateneo al que le queda mucho fuelle… el día 5 de diciembre habrá homenaje a otra patrona, Santa Bárbara. Desde aquí lo contaremos, y las redes sociales también dejarán constancia de estos eventos.

Futuro románticamente joven

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Jueves 18 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Alexandra Dovgan (piano), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Obras deG. Ordás, Chopin y Schumann.

Crítica para La Nueva España del sábado 20, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
El romanticismo trasciende el calificativo y hasta el periodo histórico al que se circunscribe. Este jueves pudimos disfrutar de un concierto romántico lleno de juventud en el siglo XXI.
Primero un nuevo estreno de Gabriel Ordás (1999) para la Oviedo Filarmonía, último del Proyecto Beethoven, con un preludio y fuga sinfónico de título muy actual (Hip-Hop Fugue!) pero escrito con un lenguaje cargado de la madurez académica que el compositor ovetense tiene tras años de trabajo y experiencia en su aún corta pero ya extensa carrera, obra con sello propio de orquestación muy rica, inspiración en el genio de Bonn que sigue siendo referente para los compositores actuales, partitura rica y bien defendida por Lucas Macías que está en su “momento dulce” al frente de la orquesta de la capital sacando sonoridades compactas.
La pianista Alexandra Dovgan (2007) es un prodigio que no tiene nada de niña, pues su interpretación del Concierto para piano nº 2 de Chopin fue para cerrar los ojos y escuchar cada movimiento lleno de delicadeza, honestidad, fidelidad a la partitura y perfectamente concertada por el director titular, página maestra digna de una intérprete con más años de los vividos. Su personalidad y madurez son dignas de elogio y admiración, la grandeza musical permite estos regalos, como lo fue igualmente la Mazurca op. 17, nº 4 en La m. del compositor polaco, donde la rusa ha demostrado que se puede aportar genialidad a su edad, el mismo idioma para ambas obras donde el protagonismo del piano en sus jornadas fue absoluto.
El repertorio sinfónico del siglo XIX sigue vigente y necesario no ya para el público en general sino para toda orquesta, prueba de fuego en cada atril, así como exigente para los directores que afrontan obras muy conocidas donde aportar algo nuevo siempre es difícil. La Sinfonía nº 3 en mi bemol mayor, op. 97 de R. Schumann, “Renana”, resultó ideal para examinar el estado de la OFil que no defraudó en ninguno de los cinco movimientos, interiorizada por el maestro Macías que además de la claridad en el gesto, fue dotando de color y vitalidad esta sinfonía compuesta en Düsseldorf donde los aires populares flotan tanto en el aire como en la propia partitura. Cada sección tuvo sus momentos de gloria, destacando especialmente los metales bien empastados cual órgano catedralicio en Colonia (donde parece haberse inspirado el compositor alemán), y sonoridad global muy trabajada desde el podio, echando de menos un mayor peso de las cuerdas graves que siguen necesitando más efectivos, aunque el control de las dinámicas por parte del director onubense ayuda a subsanar carencias.
Concierto lleno de una juventud muy madura, romanticismo como forma de entender la música y optimismo, siempre moderado en tiempos de pandemia, al comprobar que el público del auditorio sigue fiel, Oviedo recupera los aforos totales, completando una oferta musical rica y única en “La Viena del norte español”, con función de ópera en el Campoamor a la misma hora, lo que nos hace presumir a los melómanos de capitalidad cultural, siempre hambrientos del directo aunque mantengamos la mascarilla.

P. D.: También el diario El Comercio entrevistaba a Gabriel Ordás:

Jóvenes sobradamente preparados

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Jueves 18 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Alexandra Dovgan (piano), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Obras deG. Ordás, F. Chopin y R. Schumann.

Reseña para La Nueva España del viernes 19, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
Hace unos cuantos años un anuncio televisivo hablaba de los JASP (Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados), y este jueves no sólo teníamos con 13 años a la prodigiosa pianista rusa Alexandra Dovgan (2007), también un nuevo estreno del ovetense Gabriel Ordás (1999), Hip-Hop Fugue! que cierra los encargos del “Proyecto Beethoven” de la propia Oviedo Filarmonía (OFil) que la Pandemia ha pospuesto pero al fin pudimos disfrutar, bajo la dirección de Lucas Macías Navarro (1978), todos preparados y fiel reflejo de los tiempos actuales.
Concierto de estas pujantes generaciones que vienen apretando desde la excelencia, la visión “beethoveniana” de un Ordás dominador de la composición académica (nada menos que un preludio y fuga orquestal) con mucho trabajo previo en un músico de su tiempo; el Concierto nº 2 de Chopin con una Dovgan impactante en lo técnico y adulta en la interpretación, y el titular de la OFil, todo un acierto su fichaje para corroborar el excelente momento de la formación ovetense que sigue camaleónica afrontando tanto repertorio actual como el necesario para continuar formando intérpretes y auditorios, como el Chopin siempre agradecido en estas jornadas de piano, para finalizar con “La Renana” de Schumann, la tercera sinfonía del romántico alemán paradigma del artista completo que compartía programa con los de ahora.
P. Siana
P.D.: La crítica queda para mañana.

Mantener la ilusión

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Domingo 14 de noviembre, 19:30 horas. Teatro Palacio Valdés, Avilés: El León de Oro, Marco A. García de Paz (director): Romería para una pasión. Obras de: Victoria, GuerreroA. Alcaraz, J. Elberdin, A. Makor y J. Gavito.

En tiempos de Covid cantar es toda una hazaña, con mascarillas una heroicidad y mantener con el paso de los años la calidad y la ilusión, un hito. Este coro asturiano que se renueva sin fisuras, no sólo continúa su imparable actividad sino que ha conseguido crear una temporada de conciertos estable (patrocinada por SATEC) que abrían en Gijón y continuaron este domingo en La Villa del Adelantado, programas que aprovechan su amplio repertorio (siempre necesario refrescarlo) y las novedades que se agradecen, organizándolo temáticamente como en El León de Oro es costumbre.

Con el título “Romería: música para una pasión” presentaron una peregrinación coral que va más allá de lo meramente auditivo para seguir disfrutando de unas voces únicas, envidiables, empastadas siempre sin importar los efectivos, con el balance ideal y unos matices “marca de la casa”. Un auténtico viaje de los “leónigans” cual peregrinos recorriendo con el coro este itinerario pasional organizado en nueve etapas, cada una distinta, interiorizada y expresada como sólo LDO es capaz.

Maravilloso comprobar las combinaciones en escena, dobles coros, comenzando por Victoria y Guerrero que están en los genes iniciales tras el magisterio de Peter Philips, semilla que ha germinado, voces blancas con su habitual colorido angelical (Elena Rosso impecable en sus solos), y voces graves rotundas en bajos con tenores acertados (pese a su minoría).

Los compositores actuales que tienen en este coro el mejor escaparate para disfrutar de la calidad de sus partituras, Alcaraz o Elberdin junto al esloveno Makor, incorporados a un repertorio que crece como ellos, la música sacra de nuestro tiempo en las voces con futuro e interpretaciones íntimas, entregadas, perfectas en la búsqueda del ideal coral.

Y la música de la tierra, inspiradora de nuestro Jesús Gavito Feliz pero también de Domínguez o nuevamente Alcaraz, folklore de altura que lleva Asturias con su mejor coro, melodías universales con voz natural, canciones de las que presumir y exportar con este coro allá donde va.

Peregrinaje musical y éxito de Gavito con su bellísima e inspirada En toda la quintana que hubieron de bisar, con un cuarteto del coro femenino en la bolsa lateral (y la solista triunfadora) tras el baile final esta vez “sin madreñes ni guiás” porque este camino se hace al cantar.

PROGRAMA

Destino: Tomás Luis de Victoria (1548 – 1611): Regina coeli (SSABar + SATB)

Esperanza: Francisco Guerrero (1528 – 1599): Ave virgo sanctissima (SSATB)

Redención: T. L. de Victoria: Salve Regina (SSABar + SATB)

Pérdida: Albert Alcaraz (1978): Ecce quomodo moritur justus

Oración por las almas: Josu Elberdin (1976): Ave Maria gratia plena.

Llegada: Andrej Makor (1987): O lux beata trinitas.

Entre dos mundos: Jesús Gavito (1979): En toda la Quintana.

Fiesta: Julio Domínguez (1965): Cantos Asturianos.

Baile: Albert Alcaraz (1978): Fariñona y Marañueles.

NOTAS AL PROGRAMA

«Partimos en la etapa del destino ¡Aleluya! Oh, Regina Caeli. Somos afortunados por poder partir en esta empresa. Cuando volvamos habremos resurgido tal y como el que llevaste en tu seno resucitó. Nuestra voz firme y decidida resuena como las campanas en lo alto de la torre. Partimos.

Al segundo día el cansancio acecha nuestros huesos, pero afortunados de nosotros, vemos la luz, que, como un faro de esperanza, nos atrae y nos brinda las fuerzas llenándonos de ilusión igual que el Ave Virgo Sanctissima, una brillante perla preciosa. Es muy pronto para rendirse.

En nuestra tercera etapa de andanza recordamos aquello que nos apesadumbra y rogamos perdón a la Reina de los Cielos. Le pedimos clemencia: O clemens, o pia, o dulcis Virgo Maria. Ella, misericordiosa, vuelve sus ojos hacia nosotros y elimina el peso que cargamos sobre los hombros. Nos hemos redimido.

Al cuarto amanecer se empañan nuestros ojos. Ecce quomodo moritur justus: “Observen como el justo muere y nadie se da cuenta. Los hombres justos son sacados del paso y nadie presta atención”. Las pérdidas que hemos sufrido a lo largo de nuestra vida ocupan nuestros pensamientos.

En la quinta etapa abrazamos el pasado por última vez y lo dejamos ir. Rezamos una oración por aquellas almas que nos han convertido en quien somos hoy: Ave maria gratia plena. La belleza y la plenitud inundan nuestros corazones.

Al sexto día vislumbramos la luz del faro de nuestro destino. La luz bendita de la trinidad, O lux beata trinitas, desaparece el cansancio de nuestros cuerpos. Hemos llegado.

La séptima etapa transcurre entre dos mundos. No estamos solos en nuestro destino, hay muchos más devotos, y la celebración transita entre lo religioso y lo profano. Igual lo hace la música, que se oye donde un pequeño coro de ángeles nos invita a transitar entre los más mundano y lo puramente celestial.

Al abrir los ojos la octava mañana ya es de día, tras la ceremonia el pueblo y los caminantes mezclan sus historias y se reúnen para entonar unos cantos populares, Cantos asturianos. Comienza la fiesta.

La música no cesa de sonar, la fiesta ha durado todo el día. Con las campanadas de medianoche nos adentramos en nuestra última etapa. El baile. Hay algo hipnótico en tantos cuerpos moviéndose al compás, el ambiente está extasiado. Somos uno más entre la multitud. Caemos exhaustos. La romería ha concluido. Nuestra pasión… se ha incendiado».

Piazzolla, eterna elegancia

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Jueves 11 de noviembre, 20:30 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: JazzXixón (Concierto nº 1640 de la Sociedad Filarmónica de Gijón). Piazzolla x 100: Federico Lechner (piano y dirección), Daniel «Pipi» Piazzolla (batería), Claudio Constantini (bandoneón), Antonio Miguel (contrabajo) y Sheila Blanco (voz). Obras de Piazzolla.

Como bien nos contó Pipi, el nieto de Nino (como así llamaban en casa a Don Astor) existe un «estilo Piazzolla» que resulta perfecto tanto para enmarcarlo en el jazz como en una filarmónica gijonesa que rompe barreras y quita etiquetas.

Este 2021 aún pandémico será recordado por muchas cosas, pero no podemos ni debemos olvidarnos del centenario de Astor Piazzolla (Mar del Plata, 11 marzo 1921 – Buenos Aires, 4 de julio 1992), probablemente el mayor músico del siglo XX, capaz de renovar el tango, adoptar el lenguaje del jazz,  vivir en Nueva York, aunar el París francés y el argentino, que es Buenos Aires, donde sabía que se iba a morir a las seis de la mañana como bien escuchamos en la Balada para mi muerte.

Música de Piazzolla siempre urbanita y cosmopolita, el corazón de la gran ciudad que late con su música elegante, rompedora desde su lenguaje único que admite cualquier interpretación y formato, sinfónico, camerístico, y donde el bandoneón sigue soñando y sonando propio.

Merecido y elegante homenaje el que nos trajeron a Gijón el quinteto comandado por su paisano Federico Lechner, pianista y arreglista igualmente elegante, como su formación, la sonorización delicada, la iluminación discreta y el repertorio elegido, disfrutando de versiones propias que engrandecen estos seis músicos de altura, necesarios para disfrutar de Piazzolla. Si Pipi confesaba que el abuelo compuso más de 2500 partituras de las ni siquiera los «expertos» apenas conozcan el diez por ciento, y ya es una barbaridad la creatividad del genio argentino, también la cercanía humana mostró un carácter afable, bromista, a quien le gustaban las películas de acción.

Y si los instrumentistas nos regalaron momentos inigualables, con solos irrepetibles que sólo la visión del jazz permite esa Libertad mayúscula, la misma que Paul Eluard escribía en los muros de su ciudad y  pondría música Gian Carlo Pagliaro, contar con la voz de la salmantina Sheila Blanco todo un acierto, camaleónica, acento porteño nunca arrabalero, porque el tango de Don Astor no lo es, de timbre ideal para cantar los textos de Horacio Ferrer o Mario Trejo, especialmente esa Balada para un loco (Piantao), Los pájaros perdidos o el Chiquilín de Bachín, sentidos como solo ella sabe, un Ave María casi rezado para convertirse ella misma en la María de Buenos Aires saltando fronteras y localismos, haciendo suyas estas joyas del argentino universal.

No faltaría la «Trilogía del Ángel» (Milonga del Ángel, La Muerte del Ángel y Resurrección del Ángel) para saborear la libertad compositiva e interpretativa, nos contaron una Milonga de la Anunciación y cerraron con Libertango porque el título resume perfectamente el espíritu de quien siempre volvía al sur desde el Buenos Aires sentido, con el instrumento único de Sheila. Todavía nos regalaron un Oblivion en la misma línea de plena libertad lingüística desde la música tras un Invierno Porteño que puso de manifiesto la maestría del cuarteto hoy quinteto con la voz de Sheila, Piazzolla x100, dándonos el cien por cien de arte y música sin etiquetas, música para viajar y recordar, música para recrear y adorar, toda ella grabada por el propio Piazzolla y recreada en todo el mundo. El compositor más programado el año pasado (así nos lo comunicó su nieto) y probablemente este año de su centenario, aunque el concierto resultase el mejor homenaje de quienes sienten a Piazzolla universal, entre los que me incluyo.

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