Inicio

Temes al rescate

Deja un comentario

Facundo de la Viña: Obras orquestales. Orquesta Filarmónica de Málaga, José Luis Temes (director). CZ117.

Necesitaríamos varias vidas para poder escuchar tanta música que duerme el sueño de los justos en archivos necesitando resucitarlas, escucharlas y grabarlas para no permanecer en el olvido. Y si algún director e investigador puede con tan magna tarea es José Luis Temes (Madrid, 1956), habiendo realizado 359 estrenos absolutos a día de hoy, desde 1979 más 111 discos grabados (con algunos pendientes de publicación y otros en «misceláneas» compartidas), contando este dedicado a las obras orquestales del astur-castellano Facundo de la Viña y Manteola (Gijón, 21 de febrero de 1876 – Madrid, 9 de noviembre de 1952) que se presentó recientemente en la villa natal del compositor, donde incluso tiene calle en el barrio de Viesques aunque no sea muy conocido (y menos aún escuchado), si bien en Asturias pudimos disfrutar de su «Covadonga» en el Conciertu de les Lletres asturianes (28 de septiembre de 2020) con Óliver Díaz dirigiendo la OSPA.

La labor del maestro Temes no tiene adjetivos, es incalificable porque se ha dedicado en cuerpo y alma a la música, con una biografía tan inmensa como su propia vida: titulado en 1976 por el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, ampliando estudios con profesores como Federico Sopeña, Enrique Llácer o Ana Guijarro entre otros; director del pionero Grupo de Percusión de Madrid entre 1976 y 1981, difundiendo el repertorio internacional contemporáneo; fundador en 1983 del Grupo Círculo (en la nueva etapa que por aquel año iniciaba el Círculo de Bellas Artes de Madrid) de quien tomará el nombre para realizar una extensísima labor de estreno y difusión de la nueva música española hasta 2001, siempre aportando, luchando contra todo y todos en su titánica labor de «rescatador» y divulgador, pues las partituras hay que hacerlas sonar. De su faceta como escritor destacar 17 títulos, inagotable siempre y con una energía que transmite en todo lo que hace, sin olvidarme tampoco de su Proyecto LUZ.

En el podio como director orquestal desde los años 80 ha dirigido regularmente la práctica totalidad de las formaciones sinfónicas españolas y varias de otros países, y su biografía sigue ampliándose, pudiendo encontrarnos auténticos hitos con cifras dignas del Guinness, pues lleva dirigidos más de 1.000 conciertos.

Esta recuperación de la obra orquestal de Facundo de la Viña parte en 2017 de la Tesis de Sheila Martínez Díaz sobre la vida y obra del compositor gijonés (…el regionalismo musical castellano) dirigida por María Encina Cortizo y coordinada por Ramón Sobrino, «matrimonio y patrimonio» si se me permite el juego de palabras pues siguen la estela en la recuperación de nuestra historia musical desde Oviedo al mundo. El propio José Luis Temes en el amplio cuadernillo que acompaña el CD realiza una amplia semblanza del astur-castellano, pues nacido en Gijón estará a caballo entre Valladolid (donde cursaría el Bachillerato) y Madrid (completando los estudios musicales con maestros como Fontanilla o Emilio Serrano), ampliándolos en París a inicios del pasado siglo nada menos que con Paul Dukas) para regresar a España en 1904 residiendo principalmente en Pucela con estancias en la provincia de Ávila, llegando a ser miembro de la Junta Nacional de Música desde su creación en 1931, catedrático de Solfeo en el Real Conservatorio de Madrid en 1939 nada más concluir la guerra, así como miembro del Consejo Nacional de Música y académico de la de Bellas Artes de Valladolid.

No falta tampoco un análisis detallado de las obras incluidas y grabadas por vez primera. Como asturiano tenemos que agradecerle al maestro madrileño que haya llevado al disco la integral sinfónica de otros dos compositores de nuestra tierra: Ramón de Garay (Avilés, 1761 – Jaén, 1823) y sus diez sinfonías -en 3 CDs- y María Teresa Prieto (Oviedo, 1896 – Ciudad de México, 1952) con la Orquesta de Córdoba, discos nada fáciles de encontrar y que son verdaderos tesoros fonográficos del ahora «triunvirato astur» completado con la Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM) y la obra orquestal de Facundo de la Viña.

Reconocido en vida como un compositor de oficio y rigor de ideas, de amplio catálogo que incluye casi todos los géneros sin olvidar la ópera (siete títulos de los que sólo uno llegó a estrenarse), llegó a gozar de cierto reconocimiento en vida, siendo premiado por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando con su ópera en un acto Almas muertas (1905), o por el Círculo de Bellas Artes de Madrid en 1912 por su poema sinfónico Hero y Leandro, llegando incluso a ganar el primer Concurso Nacional de Ópera con La Espigadora en 1924, que se llegaría a estrenar en el Liceo de Barcelona al año siguiente.

Parece que tras caer en el olvido, recogido ya por el gran Enrique Franco en 1976, al fin se ha roto el silencio con esta primicia de grabación que recoge cuatro de sus obras sinfónicas. A la muerte en Madrid del compositor el 19 de noviembre de 1952, muchas de las obras quedaron inéditas, y sería su hijo Carlos de la Viña quien custodió su legado, donado posteriormente al Archivo de Música de Asturias por el que tanto luchó mi siempre recordado Juan Bosco Gutiérrez, cuya muerte prematura impidió que el «Fondo Facundo de la Viña» sonase antes (y cuya recuperación material sigue pendiente y en muy mal estado). El maestro Temes lo refleja detalladamente y apunta que por lo que conocemos de la producción de Facundo de la Viña «estamos ante un excelente sinfonista y un melodista de alto vuelo. Su mundo estético es el del romanticismo tardío, fundamentado en muy buen oficio técnico. Paradójicamente, pese a su formación francesa, su paleta orquestal está más cercana al germanismo de sonoridades anchas, debitario del Richard Strauss de los poemas sinfónicos».

Cuatro obras sinfónicas, poemas o suites componen esta grabación que aumenta la discografía de la orquesta malagueña con José Luis Temes a la batuta. Abre la antología Poema de la vida (1946), la más cercana en el tiempo y perfecto inicio para un viaje tan vital dividido en cinco movimientos o «cantos» como los define el autor: I. Canción de cuna, una nana bella y arrulladora con la cuerda «madre» en un «arrorró» delicado que avanza con el viento hasta cerrar los ojos con un violín celeste que recuerda las añadas asturianas con los cantos de los angelinos; II. Juego de niños, algarabía infantil cual canción de corro y aires militares en una orquestación vivaz de jolgorio limpio en todas las secciones; III. Juventud, compleja como la propia vida, de ritmo constante y sinfonismo nórdico con unas trompas redondas y un buen tejido orquestal «relatando» el empuje juvenil de esta etapa; IV. Meditación, para el propio Temes «la más original… con una larga parrafada de los violines a solo y algunas frases de otros instrumentos en estilo camerístico», casi una oración musical con un pasaje de trompas que me lleva a los Picos de Europa en otoño, la penúltima estación de la vida antes del invierno, V. Epitafio como trance vital «en el que hay más serenidad que tragedia», optimismo o esperanza en lo desconocido, con una textura sinfónica madura, reflejo de una vida vivida en plenitud a la que marcha toda la orquesta malagueña desde un lirismo de sonoridad rotunda.

El maestro madrileño intentó estrenar en julio de 1977 en el Teatro Real para conmemorar el centenario del compositor con la Orquesta de RTVE que consideró «excesiva su duración» suprimiendo los tiempos II y III, por lo que habría de esperar ¡más de 60 años después de su composición! para estrenarse completa en el Teatro Monumental (2019) con la misma orquesta y ahora al fin grabada. Obra firmada en Pedralaves (Ávila) en el verano de 1946 figurando en el primer manuscrito «Cómo se pasa la vida» como los versos de Jorge Manrique, modificado posteriormente por el autor y quedando inédita a su muerte. Cinco tránsitos de la existencia del ser humano bien descritos en los títulos y mejor expresados en la música.

El caminante sobre el mar de nubes (Caspar David Friedrich)

Prosigue la grabación con el sexto corte, Sierra de Gredos (1915), indicada por el compositor en el subtítulo como «Evocación sinfónica en forma de poema» como bien refleja en el libreto el profesor Temes. La tierra adoptiva del gijonés reflejando esas montañas en las estribaciones de Madrid y Ávila con el espíritu puramente romántico del amante de la naturaleza, firmada en el Barco de Ávila en la festividad de Santa Bárbara de 1915, siempre inspiradora como lo fue para su contemporáneo Richard Strauss uniendo lo popular con lo sinfónico. Corno inglés pastoril y cuernos (trompas) majestuosos, bien templados por la OFM con una cuerda aterciopelada y un concertino impecable, presente incluso el arpa cristalina en una toma de sonido perfecta.

El estreno se vivió en el ciclo de «Conciertos Populares del Círculo de Bellas Artes de Madrid» con la Orquesta Filarmónica dirigida por Bartolomé Pérez Casas un 15 de diciembre de 1916 en el Teatro Price, y sigue siendo penoso que cayese en el olvido tan magna obra, pero al menos queda esta grabación con la esperanza de escucharla más frecuentemente en los siempre irrepetibles directos de cualquier temporada en las muchas orquestas con las que el maestro Temes ya ha trabajado.

Procesión de Covadonga (Genaro Pérez Villaamil)

De Covadonga (1918), una «evocación sinfónica» como está subtitulada la partitura, transcribo casi íntegro lo que escribí la primera vez que la escuché en directo, aunque tenerlo grabado supone poder disfrutarlo con pausa y sin prisas:

Arrancamos con el gijonés afincado en Valladolid Facundo de la Viña (1876-1952), triunfador en su época, con una carrera que finalizaría en Madrid tras estudiar en París con el mismísimo Paul Dukas, y caído en el olvido como tantos otros, aunque poco a poco se esté revitalizando con distintas publicaciones y la tesis doctoral de Sheila Martínez Díaz. El Poema Sinfónico Covadonga (1918) consta de tres secciones que comienzan con la melodía a nuestra Patrona «Santa María, en el cielo hay una Estrella que a los asturianos guía«, a la que sigue un rítmico Allegro a partir de dos temas populares, ampliamente desarrollados, «Fuisti a cortexar a Faro» y «Aquel pobre marino» además de alusiones a otras dos canciones marianas asturianas como «Virgen de Guía» y la propia «Virgen de Covadonga«, antes de una última sección evocadora de cualquier fiesta asturiana que se precie, el «Fandango de Pendueles» más la tonada que canta «La virgen de Covadonga ye pequeñina y galana» (hasta mi madre la tocaba con un dedo en el piano de casa), típica advocación de «fe, fervor y heroísmo» -como escribía Avello en el programa de 2020-, que no podía faltar en esta composición «ex profeso» para la conmemoración de la «Cuna de España» de un asturiano lejos de «la tierrina» inspirándose en nuestro folklore (…) para poder disfrutar de una Covadonga llena de sonoridades románticas y donde (el) concertino (…) puede lucirse «ad libitum», siempre bien arropado por sus compañeros y un podio que permite esos «rubati» para solaz de solistas sin perder la unidad agógica.

Obra épica en escritura, compuesta a instancias del maestro Enrique Fernández Arbós para su gira con la Orquesta Sinfónica de Madrid en la primavera de 1919 y estrenada primero en el Teatro del Centro (actualmente Teatro Calderón) el 4 de noviembre, para volver a sonar en junio del mismo año en Gijón, Oviedo y Valladolid, el periplo vital de Don Facundo. Épica igualmente en la interpretación de una OFM y Temes en estado de gracia, dominadores de la partitura, nuevamente «enorme» el concertino y espléndidas todas las secciones en esta auténtica banda sonora para un documental sobre nuestra Cuna de España que Facundo de la Viña escribió pensando tal vez en ello desde la banqueta del piano que ambientaba musicalmente el cine de entonces (como bien cuenta Sheila Martínez en los Cuadernos de Etnomusicología, nº 3 (2013) «Facundo de la Viña y sus Seis impresiones para piano en los inicios del cine sonoro»).

Castillo del Barco de Ávila (Benjamín Palencia)

Finaliza el disco con Paisaje Castellano (1933) que nace también como tributo a Fernández Arbós, un pilar en la carrera del asturiano (y de sus contemporáneos), estrenada con la antes citada Orquesta Sinfónica de Madrid el 28 de marzo de 1934 en el Teatro Calderón de la capital de España. Inicio de contrabajos y arpa en el registro grave pintando con la pincelada del oboe una llanura árida que crece en extensión, cromatismos desde la magnitud sinfónica de una orquesta de cámara sin violines, sensación de calma para un final lleno de interrogantes.

Excelente interpretación de la OFM con mi admirado José Luis Temes al mando, en una toma de sonido perfecta de Javier Monteverde (Cezanne Producciones) en la Sala de ensayos Carranque de la orquesta malacitana, a la espera desde hace años de una nueva.

A celebrar 25 años de excelencia

1 comentario

Este primero de septiembre al mediodía en la sala de cámara se presentaban los Ciclos «Conciertos del Auditorio» y Jornadas de Piano «Luis G. Iberni», una temporada marcada por las bodas de plata del edificio diseñado por Rafael Beca sobre los antiguos depósitos de agua, y que marcaría a Oviedo como capitalidad musical o como la he bautizado en «La Viena Española».

Peinando canas aún recuerdo la inauguración aquel ya lejano 29 de abril de 1999 con nuestra OSPA dirigida entonces por el chileno Max Valdés, y dos días después vendría Riccardo Muti con la Filarmónica de La Scala, un verdadero lujo que abriría un ciclo por donde han pasado casi todas las grandes formaciones y figuras internacionales a lo largo de estos 25 años, algunos desde aquí reseñados desde 2008. Recordar también que seis años antes Oviedo fue  pionera en organizar las primeras jornadas dedicadas en exclusiva al piano en España en el Teatro Campoamor, que con el Auditorio pasarían a celebrarse aquí, sin olvidarnos del primer gestor que fue el siempre recordado (esta mañana también) Luis G. Iberni, a cuya memoria llevan el nombre del gran musicólogo y crítico aragonés afincado en nuestra tierra donde llegó en la primera promoción de los estudios de Musicología en la Universidad de Oviedo con Emilio Casares al frente.

Tenía que ser este Auditorio, y mejor aún en su Sala de Cámara de acústica excelente, la presentación de este ciclo doble del 25 aniversario, que además arrancaría, como no podía ser menos, con música (el Rondeau, tercer movimiento del Cuarteto para oboe y cuerdas en fa mayor de Mozart ) a cargo de Lucas Macías, director de la Oviedo Filarmonía (OFil), hoy al oboe junto a tres grandes músicos de sa orquesta que va unida tanto a los dos ciclos como a la ópera y zarzuela: Andrei Mijlin (concertino), Rubén Menéndez (viola principal) y Gabriel Ureña (chelo principal) que inauguraba informalmente la temporada, esperando ya el 31 de octubre del primer Concierto del Auditorio.

En el acto tomaron la palabra David Álvarez, concejal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo y Presidente de la Fundación Municipal de Cultura, un reconocido melómano al frente del auténtico motor cultural de la capital del Principado y buen fichaje de su alcalde Alfredo Canteli. En sus palabras también recordó y enseñó el abono de aquella primera temporada más el sueño de llegar a presentar 25 años después este ciclo que ha colocado a Oviedo en el mapa mundial de la música por su oferta y calidad  envidiable para una ciudad de su tamaño. También hablaron el responsable de la Fundación EDP en Asturias Juan García-Ovies Sarandeses, tan necesario el apoyo privado a la música en Asturias, el jefe de Oviedo del periódico La Nueva España Álvaro Faes, otro pilar importante en la difusión y publicidad desde su medio de comunicación que presta todos sus recursos a la actividad musical, María Ablanedo como vicepresidenta de la Fundación Musical Ciudad de Oviedo, resaltando el protagonismo femenino tanto en la plantilla de la OFil como en tantos excelentes intérpretes de nuestra tierra, espejo en el que se miran los estudiantes de los distintos centros educativos del Principado, también autores de quienes se estrenarán obras así como de compositoras que tienen su sitio ganado por su calidad, y por supuesto el director artístico de los ciclos, el incombustible Cosme Marina, un gestor digno heredero de Iberni que sigue organizando y trayendo a este Auditorio lo mejor del circuito europeo y mundial, con Oviedo parada obligada que algunas veces fue la única en esas giras que siguen reafirmando a «La Viena Española».

Imposible desgranar lo que nos deparará esta temporada 2023-24, aunque dejo el enlace o link al avance, el Dossier de Prensa que se nos entregó a la entrada y algunas de las fotos que realicé durante la presentación. Las notas del concejal tituladas «El poder de la música» y de Cosme «Un viaje fascinante» expresan a la perfección lo que suponen estas bodas de plata y las líneas maestras de este doble ciclo, donde destacan:

TEMPORADA EXTRAORDINARIA por los 25 años del Auditorio Príncipe Felipe con una temporada muy especial que traerá a Oviedo algunos de los grandes artistas y de las mejores formaciones orquestales de nuestro tiempo, y que no tendrá como en otras ocasiones ningún concierto extraordinario porque toda la temporada lo es.

UN CICLO SOSTENIBLE. Con la deseada y esperada llegada del AVE a Asturias, permitirá, a partir del próximo mes de enero, un diseño de las giras de conciertos con el fin de que la mayoría de las orquestas lleguen a Oviedo en medios de transporte menos contaminantes, sustituyendo el avión por el tren, en un compromiso del ciclo con la sostenibilidad, tal y cómo se está haciendo en los festivales y temporadas de referencia en Europa, y que el responsable de la Fundación EDP también destacó.

GRANDES SOLISTAS. Esta temporada pasarán por Oviedo nombres como Jakub Józef Orlinski, István Várdai, Christina Pluhar, Ermonela Jaho, Antonio Corianò, Christian Tetzlaff, Javier Camarena, Ellinor D’Melon, Dorottya Lang, Alison Oakes, Jakob Pilgram, María Dueñas, Jean-Ghihen Queyras, Dinara Alieva, Ekaterina Semenchuk o Rolando Villazón, entre otros muchos.

Algunos de ellos repiten (están con mis links) conocedores de lo que supone actuar en Oviedo por la historia tan musical de esta ciudad, y otros lo harán por primera vez, convencido que volverán porque así lo atestiguan los años de experiencia de los que mis canas puede dar fe.

DIRECTORES DE REFERENCIA. Maestros de primer nivel estarán en la ciudad: Kirill Petrenko, Sir John Eliot Gardiner, esperando retome su agenda tras el «parón autoimpuesto» por su incidente, Paavo Järvi, Alan Gilbert, Alondra de la Parra, Kahchum Wong, Ádám Fischer, Jaime Martín, Andrea Marcon, Lucas Macías y Aarón Zapico.

En las columnas del Auditorio figuran algunos nombres de grandes batutas que han dirigido en este templo musical asturiano, y seguro que aún queda sitio para poner alguna placa más.

LAS MEJORES ORQUESTAS. Una de las características del ciclo de conciertos de Oviedo es la presencia de formaciones orquestales y camerísticas de referencia: Philharmonia de Londres, NDR Elbphilharmonie Orchestra, Sinfónica de Düsseldorf, Orquesta Nacional de España, Gustav Mahler Jugendorchester, la Cetra Barockorchester, Il pomo d’oro, L’Arpeggiata, Oviedo Filarmonía –como orquesta residente-, Deutsche Kammerphilharmonie Bremen, Forma Antiqva. También acudirán formaciones corales como El León de
Oro, el Joven Coro de Andalucía y el Vokalensemble Basel.

Como también apuntarían Ablanedo o Marina, Oviedo ha defendido a músicos de nuestra tierra porque la calidad en su paso por el escenario quedó refrendada siempre e incluso dando el salto internacional, caso de Forma Antiqva con Aarón Zapico, El León de Oro con Marco Antonio G. de Paz o la pianista  avilesina Noelia Rodiles, sin olvidarnos de la propia OFil con Lucas Macías que ha supuesto «una bendición» para el panorama musical asturiano, así como el principal invitado Iván López-Reynoso.

EL GRAN REPERTORIO. A lo largo de la temporada se ofrecerán obras que abarcan desde el barroco a nuestros días. Del repertorio tradicional se interpretarán tres de las grandes sinfonías de Dvorák, el Réquiem de Verdi, la Sinfonía Fantástica de Berlioz, la Sinfonía italiana de Mendelssohn, arias de autores como Verdi, Puccini, Bizet, Mascagni o Catalani, la Fantasía Coral de Beethoven, la Quinta Sinfonía de Shostakóvich, la Primera Sinfonía de Brahms, el segundo acto de la ópera Tristán e Isolda de Wagner, La Pasión según San Juan de J. S. Bach, el Concierto para violín de Beethoven, el Concierto para violonchelo de Schumann o la
Quinta Sinfonía de Schubert, entre otras muchas.

ESTRENOS Y MÚSICA ESPAÑOLA. Cómo es habitual, la música española y los estrenos absolutos tendrán fuerte presencia, desde el repertorio barroco hispanoamericano pasando por el estreno de Cloches, concierto para piano y orquesta de Manuel Martínez Burgos, la “Danza ritual del fuego” de El Amor Brujo de
Falla, un estreno que forma parte del “Mapa sonoro de Vetusta” de la canaria Laura Vega o el Preludio del tercer acto de Follet de Granados.

JORNADAS DE PIANO. Las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» se abrirán con el protagonismo de Noelia Rodiles y Oviedo Filarmonía. Además, en clave de piano orquestal también estará Igor Levit, a quien escuché en solitario este verano en Granada, y a Oviedo vendrá con la NDR Elbphilharmonie, más una incursión en el mundo del clave con Diego Ares y Forma Antiqva.

Los recitales tendrán un peso significativo con el más reciente ganador del Premio Chopin y su debut en España, Bruce Liu, y con muy pocos días de diferencia compartiendo con el decano de los pianistas españoles en activo, Joaquín Achúcarro, muy querido en Oviedo y su Sociedad Filarmónica donde es el artista que más veces ha actuado desde aquel primer viaje de casi ocho horas en el FEVE, entonces «Económicos» de Bilbao a Oviedo, que sigue recordando tardaba tanto como sus viajes a Detroit (ironizaba Cosme que en esto no ha habido muchos cambios), además de la presentación en las Jornadas de
Yulianna Avdeeva y la presencia de una leyenda viva del teclado como es la portuguesa Maria João Pires acompañada por el catalán Ignasi Cambra.

ABONOS Y ENTRADAS. A partir de mañana 2 de septiembre se iniciará la renovación del abono conjunto, y la venta para nuevos abonados a partir del 22 de septiembre. Se mantienen, además, a partir del 2 de octubre, el abono separado de Jornadas de Piano y Conciertos del Auditorio. Además, se vuelve a incluir el abono Firmamento Lírico y, por primera vez, se ofrecerá un ABONO
JOVEN
, para menores de 30 años. De este modo habrá abonos
desde 86 euros y localidades sueltas desde 10 euros.

Oviedo será destino de muchos melómanos venidos de todas partes, por lo que no está mal recordar que la música es una inversión y el mejor reclamo turístico, generador de riqueza. En breve volveré a pasar por taquilla para renovar mi abono para otra temporada en #LaVienaEspañola como pongo de etiqueta o hastag en el antiguo Twitter© (mal llamado ahora X), y también el acuñado por David Álvarez #CapitalidadMusical que intentamos entre todos difundir para mantener la capital asturiana en el mapa musical mundial. Que la Gustav Mahler Jugendorchester (Joven Orquesta Mahler) cierre ciclo con Kirill Petrenko (titular de la Filarmónica de Berlín) iniciando una gira donde solamente Oviedo, San Sebastián y Granada serán sus paradas, tal y como ya se ha anunciado en la capital alemana, da una idea de lo que supone el trabajo de estos 25 años que son continuadores de los más de 100 de nuestra Sociedad Filarmónica Ovetense o los 76 de la Ópera, semillas tan bien plantadas como el carbayón (roble en asturiano) símbolo de la capital del Principado.

 

Noche de Mahler

4 comentarios

Domingo 9 de julio, 22:00 horas. 72 Festival de Granada, Palacio de Carlos V, “Conciertos de Palacio”: , Tríptico Mahler II. Orquesta Nacional de España (ONE), David Afkham (director). Obras de Tomás Marco y Gustav Mahler. Fotos propias y de Fermín Rodríguez.

Otra noche mágica en Granada, tras el Bach matutino llegaba el Mahler vespertino casi nocturno y con un estreno inspirado en la “Séptima” no muy escuchada, aunque el “Tiempo de Mahler” hace lustros que ha llegado para mantenerse.

Tomás Marco (1942) ya conocía al compositor bohemio antes de “ponerse de moda” con Alfonso Guerra en 1982, aunque siempre se agradece descubrir autores poco escuchados y todavía estamos a tiempo. El compositor madrileño ya compuso cuatro alegorías mahlerianas: Angelus Novus (Mahleriana I), de 1971 que escuchamos el pasado San Fermín, Mahleriana de bolsillo, Angelus Novus II en 2017, reducción de la anterior para 16 instrumentos, dos años después De la vida celestial (Mahleriana III) para combinar con el arreglo de Klaus Simon de la cuarta sinfonía para pequeño conjunto instrumental con armonio y piano, más el estreno absoluto encargado por el Festival de Música de Granada de Ur-Nachtmusik (Mahleriana IV) como preámbulo de la Séptima sinfonía.

La pasión de Marco por la obra de Mahler viene de un conocimiento profundo que le permite “deconstruir” como los buenos cocineros los ingredientes para crear un plato distinto. Esta nueva composición es una evocación de los cantos y presencias de la noche inspirado en sus dos movimientos titulados Nachtmusik o «música nocturna», que explica el propio compositor: «He llamado a la obra Ur-Nachtmusik, algo así como ‘música nocturna primigenia’ como si fuera una pieza escrita antes de las de Mahler que emergerían de ella. Una ficción, claro, pero que me permitía hacer una música mía entroncada con Mahler, y con coherencia con lo que en el concierto se quiere presentar», como bien recoge Pablo L. Rodríguez en sus notas al programa.

La ONE llegó con todos sus efectivos bajo la batuta de su titular, desde 2019, David Afkham (Friburgo, 1983) en pleno estado de forma y clausurando temporada, por lo que la partitura de Tomás Marco encontró en la formación de todos nosotros el mejor vehículo para transmitirnos el espíritu de Gustav Mahler (1860-1911). Noche llena de sueños o pesadillas, de desengaños y pasiones, con un arranque de los contrabajos angustioso, el uso de glissandos en violines y flautas de émbolo evocando la angustia de una imaginada mala noche que nos despierta sobresaltados, una música que provoca el mismo estado anímico de la siguiente utilizando todos los recursos tímbricos con un importante papel de la percusión generando texturas y planos sonoros sumándose unos metales germanos que nos “biografían” la infancia de Gustav pero supongo que la de tantos de mi generación y anteriores con las bandas de música de nuestros pueblos. Evocaciones que la noche ayuda a revivir como sueños antes del despertar con un gong final mantenido en el duermevela granadino. Buena interpretación y acogida del público, con el compositor recogiendo los aplausos y felicitaciones.

Y si Tomás Marco compuso su “Música nocturna” como ficción, la realidad llegó con la Sinfonía nº 7 en mi menor (1904-1905) aumentando aún más los efectivos de la ONE. Si la Sexta del viernes 7 supuso un descenso a los infiernos, esta séptima se la ha considerado la cenicienta de su producción sinfónica, descrita por Pablo L. Rodríguez como que “avanza desde la tragedia hacia la comedia con cuatro movimientos plagados de ambigüedades y un quinto de tinte cómico: trompetas, tambores y cencerros, donde se combinan parodias operísticas con músicas a la turca, un cancán francés, un minué vienés y música circense”. Las pesadillas previas de Marco se hacen reales. El Langsam. Allegro risoluto, ma non troppo es una siniestra marcha con fanfarrias lejanas y pasajes celestiales aunque como en Marco y Mahler no ascienden y llegamos al colapso. Aplausos al finalizar el movimiento, que parecen han venido para quedarse como “público soberano” o directamente desconocedor de una tradición que quiere romperse.

La Nachtmusik I mezcla de nuevo recuerdos de infancia, pastores, una marcha militar y hasta una habanera, «otro colapso” o sobresalto. David Afkham en estos cuatro años ha conseguido de la ONE un sonido compacto, equilibrado en todas su secciones y la complicidad de sus músicos para responder a la visión de cada obra que afrontan, y esta sexta sonó germánica, nuevamente aplaudida aunque con menor intensidad.

El tercer movimiento, Scherzo. Schattenhaft el propio comentario original lo deja claro, «Schattenhaft» significa sombrío o espectral, vida y muerte de la mano desde el nacimiento, música sinfónica llena de significados, danzas que parecen un vals vienés aunque Mahler no lo indica y tampoco Afkham lo interpretó como tal, más bien buscando la tímbrica de una potente ONE que encontró en esta sinfonía su mejor expresión. Menor intensidad en los aplausos que proseguirían tras cada movimiento.

El cuarto, Nachtmusik II: Andante amoroso incorpora mandolina y guitarra, aunque no se pudiesen escuchar con la presencia necesaria que intenta recrear una serenata, supongo que por la propia intención de Mahler o como escribe mi tocayo “también se desploma” en cuanto a las sensaciones, aunque la cuerda mantuvo la marca bohemia de un clima onírico y hasta cinematográfico, una madera más allá de lo pastoril o unos metales siempre templados con el protagonismo justo reclamado desde el podio.

Y los “colapsos” o derrumbes que escribe el crítico maño, continúan en el Rondo – Finale: Allegro ordinario que evoca un circo (sus notas las titula “La noche de Marco y el circo de Mahler”. Si la Sexta es “Trágica”, esta Séptima podría tener título goyesco porque “El sueño de la razón engendra monstruos”, también payasos que dan miedo, carpas con marchas donde disfrutar de metales y percusión de la ONE con Afkham de “jefe de pista”. Noche de sombra y espectros, de pesadillas musicales con cromatismos y los glissandi “soñados” por Marco despertándonos con el Mahler angustiado que no pierde la esperanza desde un lenguaje sinfónico cada vez más actual. Pasado y presente dándoles la vuelta en una noche pletórica antes de intentar conciliar el sueño.

Cuadrando el círculo

2 comentarios

Lunes 26 de junio, 22:30 horas. 72 Festival de Granada, Patio de Los Arrayanes, “Música de cámara”, Ligeti100: Quatuor Diotima. Obras dePedro Osuna, Ligeti, Tomás Marco y Bartók. Fotos de Fermín Rodríguez.

El cuarteto de cuerda es un organismo musical vivo que requiere compartir incluso la propia vida, cuatro músicos de altura y un solo cuarteto verdadero. Así se entiende la formación camerística por excelencia y para que todos los grandes han escrito, siendo a menudo como un banco de pruebas orquestal.

El francés Quatuor Diotima llegaba y llenaba otra nueva noche mágica en La Alhambra con un programa no ya exigente por las cuatro obras, también dotado de un discurso global que solamente al finalizar pudimos comprender en toda su magnitud.
Cuatro cuartetos, cuatro idiomas traducidos a una unidad expresiva capaz de unir a estos compositores de distintas generaciones que conocen perfectamente la herramienta, los recursos de la cuerda manejándola desde su propia experiencia, un crisol cronológico que encontró los intérpretes adecuados para alcanzar las máximas cotas expresivas.

Para abrir la velada nocturna un joven compositor granadino, Pedro Osuna (1997) que estrenaba en España sus Cuatro danzas (2021), un hallazgo de escritura con el marchamo estadounidense lógico en estas generaciones que han cruzado el charco para su formación. Según las describe Juan Manuel Viana en las notas al programa “refleja el amor del músico por el arte de su ciudad natal, donde compuso las danzas centrales, y el de Boston y Los Ángeles, su lugar de residencia, donde escribió la primera y la cuarta”. Escuchar cada una de ellas supuso un viaje a cargo del Diotima, sonoridades extremas en dinámicas, latido único, tímbricas tan bien escritas como interpretadas desde la Introducción que da paso a Ritual nazarí, los recuerdos granadinos en un obsesivo juego de los cuatro instrumentos sonando como uno solo, algo que parece increíble por la dificultad que entraña; la Tarantella en palabras de su autor «juega con el famoso tema napolitano y conduce al movimiento final, una danza celebratoria en la que quise explotar la visceralidad de la música electrónica del presente y la riqueza armónica del jazz» y Celebración con el aire americano, el sello granadino y el sueño francés reunidos en estas cuatro páginas de una calidad sorprendente tanto en la escritura como en la ejecución impresionante del Quatuor Diotima. No sé cómo sería el estreno con el Cuarteto Carpe Diem en Siena (28 de junio de 2022), pero este de Siana hacía tiempo que no se asombraba con una obra actual.

Y tras salir el compositor a recoger los merecidos aplausos de un público agradecido por esta apuesta del festival, nada menos que György Ligeti (1923-2006) de quien se conmemora el centenario de su nacimiento, optando los franceses por deleitarnos con su Cuarteto de cuerdas nº 2 (1968), casi medio siglo de diferencia con el de Osuna e igual de actual. Del húngaro podríamos comentar su (r)evolución personal y el segundo cuarteto supone un reto para cualquier formación que quiera explorarlo en toda su riqueza. Quatuor Diotima demostraron que no puede hacerse mejor homenaje, cuatro músicos como remeros de un kayak que no solo van perfectamente sincronizados, las paladas entran y avanzan en este fluir musical del mejor Ligeti, cinco movimientos unidos y sentidos desde todos los recursos de cuerdas, arcos, armónicos, pizzicati, resonancias que en el Patio de los Arrayanes aún calaban más. Hasta algún avión nocturno parecía sumarse a una tímbrica tan actual, una joya del siglo pasado plena de fuerza y angustias, mecánica intrínseca que latió en “un solo Cuarteto”.

La influencia de este segundo de Ligeti nos explicó el de Osuna pero igualmente el siguiente tras el descanso.
Un viaje cronológico, ideológico y hasta geográfico nos traería al madrileño Tomás Marco (1942), compositor residente de esta septuagésima segunda edición del festival granadino, quien siempre ha tenido en su amplio catálogo obras cuartetísticas. Este Cuarteto nº 6 «Gaia’s Song» (2012) encargado por el CNDM y penúltimo hasta la fecha, recoge materiales de danzas de todo el mundo olvidándose del legado occidental que tanto ha constreñido la creación, optando por la expresividad, la rítmica y un tratamiento tímbrico del cuarteto que Los Diotima entendieron con una sonoridad apabullante y una compenetración al alcance de pocos músicos de cámara. El compositor felicitó a los intérpretes y todos compartieron el aplauso más que merecido en un concierto que tomaba forma y sentido tras la obra que cerraría esta “cuadratura del círculo”.

El Cuarteto nº 4, Sz. 91 (1928) de Béla Bartók (1881-1945) sigue siendo tan “moderno” como Ligeti, Osuna o Marco, y Quatuor Diotima ayudaron a redondear el concepto de cuarteto actual, impactante, brillante, caleidoscópico de sonoridades con este cuarto considerado “una de las más altas cimas de todo el repertorio”. Con una estructura en arco o espejo, que Viana define “a modo de palíndromo”, los cinco movimientos sonaron perfectos, bien balanceados en las analogías y protagonismo de los cuarto intérpretes respirando como un solo organismo. Si los extremos resultaron rítmicos, agresivos, sonoridad global, los pares todo un catálogo de efectos como sordinas, pizzicati, diálogos y enfrentamientos aunados por una magia indescriptible que rodearían el hermosísimo lento central, el corazón de la obra y del cuarteto, nocturno como todo el concierto para saborear un chelo rotundo sobre el que sobrevolaron sus tres compañeros de viaje.

Un concierto que tomó sentido gracias a la sabia elección de las obras y la magistral interpretación del Cuarteto Diotima, que retransmitido en vivo por Radio Clásica espero disfrutasen tanto como los presentes en el Patio de Los Arrayanes. Habrá que rogar lo tengan disponible algún tiempo para volver a paladearlo y decir el anhelado “Yo estuve ahí”.

Quatuor Diotima:

Yun-Peng Zhao, violín – Léo Marillier, violín – Franck Chevalier, viola –
Pierre Morlet, violonchelo.

El baúl sinfónico

Deja un comentario

Viernes 16 de junio, Auditorio «Príncipe Felipe» de Oviedo, I Festival Universitario de Música Iberoamericana (musicUO). Clausura . 19:00 horas, Conferencia de Ramón Sobrino y Tania Perón: «Soledad Bengoechea, Mª Teresa Prieto y Pedro Miguel Marqués: tres compositores que regresan a los atriles sinfónicos». 20:00 horas, Concierto: OSPA, Néstor Bayona (director). Obras de Bengoechea, Mª Teresa Prieto y Pedro Miguel Marqués.

Junio marca el final de curso, de los campeonatos donde el fútbol sigue siendo el deporte rey, pero también de las temporadas musicales antes de los esperados festivales de verano.

Igualmente llegaba a su fin este primer festival «musicUO» que ha llevado por distintos conejos asturianos a intérpretes y obras que están saliendo del «baúl de los recuerdos», desempolvándose y hasta restaurándolas gracias a una Universidad de Oviedo donde la Musicología es pionera y de su facultad salen promociones que continúan la labor incansable y no siempre reconocida de recuperar nuestro patrimonio musical.

De nuevo el doctor Ramón Sobrino nos daría una clase para hablarnos de una poco conocida compositora madrileña como Soledad Bengoechea (1849-1893), recordarnos de nuevo al mallorquín Pedro Miguel Marqués (1843-1918), más la ovetense Mª Teresa Prieto (1896-1943) de quien su máxima conocerdora e investigadora la profesora Tania Perón completarían esta clase de «extensión universitaria», preparándonos a las obras que sonarían en el concierto posterior de la OSPA.

Tengo que calificar de interesante conocer a Soledad Bengoechea y todo su entorno vital, social y musical, de biografía curiosa y con muchas obras desconocidas donde no faltaba la música de salón, y de ella el Capricho-Scherzo (1872) original para piano, una obra de apenas cinco minutos que orquestada por otra personalidad musical de su tiempo como Casimiro Espino (1845-1888), ganó en calidad gracias al oficio de este maestro y compositor con multitud de obras estrenadas por la Sociedad de Conciertos de Madrid (SCM), siendo el doctor Sobrino uno de sus «descubridores» y artífices de este reestreno en el siglo XXI. Tanto la SCM de la que en la anterior conferencia nos habló el profesor como de la Unión Artístico-Musical y los conciertos también en el verano madrileño, darían para todo un trimestre, pero al menos situamos a la compositora y uno de sus valedores musicales, sin dejarse en el tintero las contraprogramaciones y hasta los «duelos líricos» entre el citado Casimiro Espino y su «rival» Mariano Vázquez, «conflictos musicales» con otra historia para conocerla aunque sólo disfrutásemos con las pinceladas y buen humor de nuestro Ramón. De Marqués ya escuchamos el pasado 1 de junio su poema En la Alhambra que casi termina en la basura. Al menos sus cinco sinfonías están editadas y grabadas, escuchando este viernes la tercera. Diseccionadas y analizadas nos permitieron apreciar la calidad de una generación de compositores que conocían muy bien su trabajo, lo que se hacía en Europa y aportando unas obras que correrían distinta suerte, por lo que la recuperación al menos las reubica y reconoce en nuestro tiempo.

De la compositora trasterrada a México Mª Teresa Prieto (1896-1943), la profesora Perón nos la situó sin tiempo para ahondar mucho en aquel entorno familiar de Ciudad de México y su estilo, que navegaría entre dos maestros que además creyeron en sus composiciones: Manuel M. Ponce y especialmente Carlos Chavez, el mundo nacionalista tradicional del primero frente al segundo más moderno, y que además estrenaría la obra que volveríamos a escuchar en la primera parte.

La OSPA llega a junio en el mejor estado de forma aunque con algunos cambios «en la alineación titular» de principales no habituales pero igualmente sinónimo de calidad y entrega tras una temporada llena de esperanza pero sin concertino (este viernes tomando las riendas Héctor Corpus) y bajo la dirección del ilerdense Néstor Bayona, a caballo entre Berlín y Barcelona, pianista  y batuta invitada por muchas formaciones, siendo el director residente de la NOSPR (Orquesta Sinfónica de la Radio Polaca), quien este viernes debutaba con la OSPA defendiendo un programa exigente.

El  Capricho-Scherzo (1872) de Bengoechea pese a ser como una miniatura sinfónica, el maestro Bayona ya marcaría su estilo personal, de gestos claros y muy expresivos, buscando el mejor balance orquestal para una música  agradable de escuchar.

Palabras mayores para la conocida Sinfonía nº1: Sinfonía Asturiana (1942-43) de Mª Teresa Prieto que sonaría por vez primera en su Oviedo natal de la mano del maestro Ángel Muñiz Toca al frente de «su» orquesta (entonces Orquesta Sinfónica Provincial de Educación y Descanso) un 30 de diciembre de 1951 en el Campoamor. Como bien nos contó la profesora Perón es una obra que recoge las enseñanzas e ideas de Ponce en cuanto a la cita directa y estilizada de temas folklóricos españoles, todos reconocibles en los movimientos extremos, (más en el primero Adagio-Allegro) del que la propia compositora dejó escrito que la comenzó a escribir llena de nostalgia y sentimientos de su Asturias natal. Mucho más interesante el Andante central en la línea de Chavez quien además le daría el empujón de ampliar la plantilla orquestal. Esta sinfonía asturiana vuelve más a menudo a los atriles y la OSPA con Bayona nos dejarían una interpretación muy luminosa, llena de matices, con todas las secciones presentes y respondiendo a las indicaciones de una batuta ágil aunque la gestualidad fuese completa y entregada.

La segunda parte la ocuparía la Sinfonía nº 3 en si menor (1876) de Pedro Miguel Marqués de las cinco que escribió. Cuatro movimientos «de escuela» (I. Andante non troppo. Allegro assai; II. Andante con moto; III. Tema con variaciones. Allegretto gracioso; IV, Allegro brillante), forma muy trabajada, aires evocadores por las múltiples referencias (más allá de las que nos adelantase mi admirado Ramón Sobrino como esa «marsellesa» del brillante final), papeles exigentes para todas las secciones que sonaron empastadas, limpias incluso en los pasajes más complicados, con unísonos rotundos, y destacando por lo original ese tercer movimiento donde las variaciones sirvieron para valorar la excelente escritura y oficio de Marqués en el destacado buen momento final de la formación asturiana a pleno rendimiento, con unas maderas nuevamente de sobresaliente.

Pese a la entrada libre, el auditorio no presentó buena entrada, y no creo sea disculpa el calor con tormenta a la salida. El programa era interesante, novedoso y con una orquesta de altura para disfrutar este viernes, pero supongo que la evaluación final de los responsables intentarán subsanar posibles errores y buscar soluciones para recuperar un público que se ha ido perdiendo y no solo por la pandemia que evidentemente dejó tocada parte de la afición. Al menos en otros entornos se ha recuperado y además con éxito. Decía nuestro siempre recordado e insustituible Vasiliev que «un pesimista es un optimista bien informado», pero sigo con muchas esperanzas para el próximo curso. Ahora toca cargar las pilas antes del otoño que siempre da el pistoletazo de salida, aunque estar jubilado me suponga no mirar el calendario.

Rescatar del olvido

1 comentario

Jueves 1 de junio. I Festival Universitario de Música Iberoamericana. Auditorio Príncipe Felipe: «Redescubriendo la música sinfónica de la España del XIX: Carnicer, Marqués y Bretón». Ramón Sobrino, Oviedo Filarmonía, Rubén Díez (director).

La Universidad de Oviedo está plenamente integrada en su ciudad y a ella le devuelve mucho en todos los campos, siendo la música uno de los pilares fundamentales de una capital que puede presumir no solo de una afición única y oferta amplia, también de ser pionera en los estudios de Musicología, aumentando y alimentando el patrimonio humano y cultural de primer orden. Desde la década de los 80 con Emilio Casares marcando el paso a siguientes generaciones, con la ayuda del no siempre reconocido Ángel Medina, ya organizaba aquellas primeras semanas de música y posteriormente un inolvidable y magno Festival de Música en la primavera, creciendo cada año, que ampliaría la ya buena oferta en la capital del Principado, preparando a los programadores culturales (siempre en mi recuerdo Luis G. Iberni y su digno actual sucesor Cosme Marina) más toda una generación de musicólogos encabezados por Ramón Sobrino, María Encina Cortizo, María Sanhuesa, Celsa Alonso, y tantísimos más, hoy en sus respectivas cátedras universitarias por todo España e Iberoamérica, trabajando en archivos catedralicios o de bibliotecas de medio mundo, pues hay quedan muchos tesoros por descubrir, desempolvar, rehacer, publicar y finalmente interpretarse.

Recordar es vivir como olvidar es morir, rescatar supone resucitar.

A tantas hornadas salidas de aquella Facultad de Geografía e Historia en la Plaza Feijóo al estrenado Campus del Cristo, primeras promociones de Musicología (1987) hasta recalar en el actual Campus del Milán, les debemos el rescate de tantos archivos musicográficos, la recuperación del patrimonio musical español y sus herederos transatlánticos, luchando contra todas las dificultades imaginables que poco a poco superan, poniendo siempre a Oviedo, su universidad y nuestro Principado de Asturias como capital de la musicología española a quien no me cansaré de bautizar «La Viena española».

Este año la Universidad de Oviedo recupera esa emblemática tradición musical del pasado siglo y vivida como estudiante, con el primer Festival Universitario de Música Iberoamericana «musicUO», presentado el 17 de mayo y que pretende afianzar la presencia de nuestra universidad fuera de aquellas localidades en las que se ubican sus campus, un festival dedicado a aquellas manifestaciones musicales de países del continente americano con los que históricamente la institución académica ha mantenido una relación muy estrecha. Este ciclo que se está desarrollando desde el 24 de mayo y se prolongará hasta el próximo 16 de junio, cuenta con la colaboración de los concejos de Ribera de Arriba, Piloña, Navia y Langreo, distintos intérpretes más las dos orquestas OSPA y OFIL.

Al auditorio acudía a las 19:00 horas este primer día de junio a la conferencia presentada por la vicerrectora de Extensión Universitaria y Proyección Cultural María Pilar García Cuetos, y el catedrático Ramón Sobrino, catedrático de Musicología y codirector del festival, quien nos daría una verdadera clase con su tono habitual lleno de sabiduría trufada con anécdotas e ironía sobre tres compositores del siglo XIX que la Musicología ha recuperado para nuestros días. La primera vez que escuché el término «Alhambrismo sinfónico» fue precisamente a mi admirado Ramón a raíz de aquel inolvidable 1992 donde la Junta de Andalucía, desde el Centro de Documentación Musical, editaría un CD dentro de su colección «Documentos sonoros del Patrimonio Musical de Andalucía» con la Orquesta Ciudad de Granada dirigida por Juan de Udaeta con obras de Chapí, Bretón, Monasterio y M. Carreras en una edición musical del ICCMU, fundado por nuestro querido profesor Emilio Casares, ya con un trabajo musicológico de años a cargo del entonces profesor Sobrino escribiendo un libreto acompañando al disco, que por entonces ya suponía todo un profundo estudio sobre esta música tan nuestra, y que con el hispánico «complejo de inferioridad» donde lo foráneo se creía mejor, tristemente valorado lo nuestro mucho más fuera de nuestras fronteras (hoy me acordaba de Carnicer cuyas óperas Alemania se hacía cruces por no estar en cartelera aquí). Lo de siempre, el refrán «nadie es profeta e su tierra», y la música no es ajena.

En menos de 40 minutos, tras la breve presentación de la catedrática Pilar Cuetos, el doctor Sobrino nos presentó, ilustró y preparó para el concierto posterior: las necesarias pinceladas biográficas donde no pueden faltar las anécdotas, comenzando por el ilerdense Ramón Carnicer y Batlle (1789-1855), de amplia producción operística y promotor de los estrenos en la España del momento con los mismos repartos italianos o franceses, desmenuzando el pot-purri que escucharíamos después; prosiguiendo con el mallorquín Pedro Miguel Marqués (1843-1918), sus cinco sinfonías, la Sociedad de Conciertos madrileña que se las estrenaría, pero también las peripecias tras enviudar y volver a su isla con cuatro poemas sinfónicos que nunca llegó a escuchar y acabaron en la basura, felizmente recuperadas por el archivero de la Orquesta Sinfónica de las Islas Baleares, que la familia Sobrino-Cortizo ha «rehecho» para escucharse este jueves en estreno absoluto del tercero; y finalmente el salmantino Tomás Bretón (1850-1923) de quien conmemoramos el primer centenario de su muerte, no sólo gran compositor de óperas o zarzuelas sino también un sinfonista por redescubrir que bien pasaría en este repertorio por germano o incluso ruso, y cuya integral ha sido grabada pero no interpretada en vivo, criticable pues el proceso debería ser el inverso ya que el directo no es un estudio. Una clase amena, ilustrativa, y «marca de la casa» no en la Facultad sino en la sala de cámara de esta «Extensión Universitaria» con buena asistencia (casi pasamos lista), donde pudimos también escuchar fragmentos en MIDI junto a las partituras que nos darían las pinceladas cual guía para lo que escucharíamos después a la Oviedo Filarmonía (OFil) bajo la batuta del avilesino de Rubén Díez a partir de las 20:00 horas.

Para abrir concierto, Ramón Carnicer y su Potpurrí de aires característicos españoles (1837) que no se escuchaba desde su estreno, y donde el catalán ya curtido en óperas, oberturas-sinfonías, sin perder una escritura orquestal poderosa, engarza canciones propias (El poder de las mujeres) junto a la Tirana = El sonsonete de Mercadante, o el Polo del contrabandista de Manuel García, muy populares entonces, y utilizadas por Carnicer en una original página sinfónica que sonó ideal con la OFIL y el maestro Díez. Mi reconocimiento a esta orquesta ovetense tan versátil en sus repertorios y que Rubén Díez conoce bien, sacando de esta partitura lo mejor de la formación.

El estreno absoluto sería el de Pedro Miguel MarquésEn la Alhambra, pequeño poema instrumental arabesco-español en tres tiempos (ca. 1905). Ayudó mucho la «clase de Don Ramón» para comprender el «invento del alhambrismo» a partir de evocaciones y recursos musicales que el mallorquín utilizó en este breve poema sinfónico. Primer número titulado I. Noche embriagadora (Adagio), orquesta bien matizada con una cuerda siempre presente, siguiendo la II. Danza de odaliscas (Allegretto giocoso) que de no conocerse el autor podría estar enmarcada en Francia o incluso la Alemania wagneriana, orquestación trabajada, vientos y percusión con protagonismos compartidos, y la poderosa III. Marcha de héroes al combate (Tempo di marcia), con una fanfarria de metales incluida en ella a partir de los apuntes del propio Marqués que el doctor Sobrino adoptó y apostó por añadirla (sin la tentación de sumar timbales), dándole mayor cuerpo a este último tiempo.

Y la Sinfonía nº 3 en sol mayor (1905) de Tomás Bretón volvería a sonar en vivo después de un siglo largo, tres movimientos académicos» (I. Allegro non troppo; II. Andante con moto; III. Scherzo. Allegro; IV. Allegro) para gran orquesta, la OFil bien llevada por Díez, al que se notó el concienzudo trabajo abordando estas páginas «inéditas», dándole todo el colorido y sabiduría sinfónica del salmantino, sin complejos, escuchándose referencias de los grandes europeos (el propio Bretón lo era pese a no reconocérsele esta faceta más allá de la escena), pasajes que firmarían Brahms, Mendelssohn, Schumann, R. Strauss y hasta Mahler. Bretón conocía todo este mundo sinfónico del momento y se empapará de él, música romántica que mantiene detalles personales, combinaciones tímbricas y aire hispano sin folclorismo. La OFil y Rubén Díez resucitaron esta tercera de dinámicas amplias muy estudiada por el director avilesino, el público aplaudió reivindicando una España más europea de lo que pensábamos. Al menos las músicas del XIX vuelven a sonar en su tierra con sus intérpretes gracias a la Musicología de Asturias al mundo.

Tiempos de guerra

Deja un comentario

Viernes 26 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono XIII OSPA, Alena Baeva (violín), Anna Rakitina (directora). «Música en tiempos de guerra»: obras de Elena Langer y Prokofiev.

Sin supersticiones llegaba el decimotercer concierto de abono de la OSPA, de nuevo con poco público que comienza a ser preocupante, con un programa donde los tiempos de guerra están presentes ayer y hoy, mujeres protagonistas desde un conflicto que continúa hace más de un año aunque parezca olvidado como es la invasión rusa de Ucrania: la violinista rusa Alena Baeva (1985) de familia musical como tantas en la antigua Unión Soviética, la propia directora Anna Rakitina (1989) otra moscovita de padre ucraniano y madre rusa, la compositora Elena Langer (1974) de quien nuestra orquesta está estrenando en Europa el Sueño de Leonora, y hasta la propina de la polaca Grażyna Bacewicz, otra nacionalidad donde los conflictos bélicos a lo largo de la historia han marcado una producción artística llena de dolor pero también de esperanza. Programa con «Música en tiempos de guerra» que continúa dividiendo familias y donde el dolor sigue siendo fuente de inspiración.

La compositora británica Elena Langer (Moscú, 8 de diciembre de 1974) está siendo reconocida por sus óperas y en diciembre de 2020 fue seleccionada por el Conservatorio de Nueva Inglaterra para componer  una obra basada en el tema de Leonora de la ópera «Fidelio» en el 250 aniversario de Beethoven. Así surge Leonora ́s dream estrenada en Boston el pasado noviembre de 2022 por la NEC Philharmonia, y que llega a Europa de la mano de la directora invitada Anna Rakitina que se escuchó ayer en Gijón y mañana en Santander. La directora moscovita, segundo premio del prestigioso «Concurso Malko» de Copenhague en 2018,  lo que la ha llevado al frente de casi todas las orquestas europeas y norteamericanas, defendió esta obra de su compatriota con la misma energía que desprende la partitura. Como explica Vera Fouter en las notas al programa y recogiendo palabras de la propia Langer, «…parte de «el aria que Florestán canta desde la mazmorra en el segundo acto de la ópera: “In des Lebens Frühlingstagen” (En la primavera de la vida), que simboliza la victoria sobre la opresión y el coraje de reivindicar la verdad ante el poder. Langer salpicó su obra de referencias a este aria, jugando ingeniosamente con algunos de sus materiales musicales: lo cita al inicio de la obra, alargándolo en el tiempo y lo deja resonar, usando instrumentos de sonoridad aguda combinados con el glockenspiel y el flexatone. Es entonces cuando la música se convierte progresivamente en “un coro imaginario de pájaros cantores».

Obra de nuestro tiempo que bebe de la gran escuela rusa en cuanto a la instrumentación potente con inmenso protagonismo de la percusión, pero dando juego a todas las secciones orquestales sin perder el sello «made in USA» tan presente. Continúan las notas diciendo la compositora que «Quería darle a toda la orquesta su momento, por eso hay muchos solos y pasajes divisi, pero en algunas ocasiones la orquesta toca al unísono, alegre y fuerte». Un homenaje a esta Leonora de nuestro tiempo que no desentonaría para nada con el ruso Prokofiev que completaría el concierto, con una orquesta de plantilla «musculada» que siguió atenta cada gesto claro y preciso de la maestra Rakitina.

La violinista Alena Baeva con el Guarnerius del Gesù «ex William Kroll» de 1738 (préstamo de un mecenas anónimo con la ayuda de J&A Beares) nos dejaría el Concierto para violín nº 1 en re mayor, op. 19 de Sergei Prokofiev (1891-1953) compuesto en el convulso año 1917 que más de cien años después  sigue siendo difícil de digerir. Sería el gran David Oistrakh quien lo definiría como «un paisaje inundado por la luz de sol» pero no es de los más agradecidos para el lucimiento del violín a pesar de su belleza, además «invirtiendo» la forma clásica al colocar el movimiento rápido enmarcado entre dos lentos (I. Andantino
II. Scherzo: Vivacissimo
III. Moderato
). Baeva lo interpretó y sintió como parte de su propia historia, sonoridad suficiente y fraseos muy interiorizados con profundidad expositiva llevando el peso del desarrollo musical en buen entendimiento con una Rakitina que concertó y exprimió cada detalle de este concierto de Prokofiev. Aires románticos en los inicios del siglo XX donde no faltará el elemento grotesco tan propio del compositor contrapuesto al lirismo de la solista, con una orquestación de aires impresionistas. La OSPA volvió a sacar «músculo» desde una cuerda compacta, comandada de nuevo por Aitor Hevia como concertino invitado, junto a madera y arpa brillantes en sus intervenciones. El scherzo central resultó lo más vistoso del concierto por ese sello característico de Prokofiev por contrastar su música llena de sensaciones e intenciones (divertida, traviesa, malévola, ingeniosa, brillante, dolorosa y optimista) que tanto el violín como la orquesta vuelcan, con ese Moderato final de preciosismo instrumental y final tranquilo, la esperanza que nos hicieron llegar desde esta conjunción astur-soviética en tiempos de guerra.

La magia del violín sólo llegaría con el Capricho Polaco (Kaprys Polski) compuesto en 1949 por Grażyna Bacewicz (1909-1969) que Baeva presentó -en inglés- como un canto de paz acorde con la «línea argumental» de este penúltimo de abono, saboreando el sonido redondo y melódico de su Guarnieri en este virtuoso y breve capricho que nos supo a poco.

Llevo varios conciertos donde asevero que «no hay quinta mala» en cuanto a las sinfonías, y este viernes escuchamos la Sinfonía nº 5 en si mayor, op. 100. De la directora rusa, el maestro Andris Nelsons ha dicho tras tenerla de asistente en la Sinfónica de Boston que «es un placer verla dirigir: sus expresiones son poderosas, pero refinadas, y provienen de una profunda musicalidad. Una de sus mayores cualidades, entre otras, es su lado humano; su sensibilidad y su profunda comprensión psicológica de nuestro trabajo», y la OSPA respondió al buen hacer de esta quinta del ruso a cargo de una Rakitina que dejó buen sabor de boca para una sinfonía con muchas aristas en sus movimientos (I. Andante II. Allegro marcato III. Adagio IV. Allegro giocoso). Frente al «juvenil» concierto de violín, esta sinfonía compuesta en 1944 durante la evacuación del compositor durante la Segunda Guerra Mundial, estrenada el 13 de enero de 1945 en Moscú, sería el retorno tras 16 años a la forma sinfónica tradicional del ruso. Sin necesidad de descripciones pero muy personal y llena de distintos estados de ánimo, con un arranque algo inseguro pero poderoso y rítmico del Andante, una percusión verdadero motor de la formación asturiana, sin perder el equilibrio con «el Prokofiev juguetón»; el segundo «scherzo» complejo por los cambios de tímbricas siempre claras aunque a veces cuesta «sujetar los bronces», pero que el podio buscó la oscuridad escrita más que el brillo, todas las secciones bien balanceadas y una cuerda clara, con una colocación (permutando violasy cellos más el uso de tarimas y los trombones con la tuba a la derecha del escenario) que siempre ayuda a diferenciar los planos sonoros. Maderas incisivas y la percusión siempre impulsando al resto; una verdadera balada el Adagio para comprobar la cohesión orquestal exigida por la directora rusa y el final grandioso del Allegro giocoso, tras el dolor de todo el concierto llegaba la esperanza, vida y alegría que Prokofiev escribe magistralmente desde un estilo propio que se interpretó con entrega, rigor y vigor por parte de todos.

Mayo va llegando a su fin y el próximo abono, penúltimo de la temporada, será el próximo viernes 2 de junio con otra mujer en el podio, Ruth Reinhardt, y el pianista italiano Alessio Bax con el tercero de Rachmaninov, Bartok y el Nocturno Sinfónico de Marcos Fernández Barrero que espero atraiga al auditorio el público que este concierto se merece.

Tesoros navarros

Deja un comentario

Miércoles 24 de mayo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, concierto nº 1668: Sofía Esparza (soprano), Rinaldo Zhok (piano). «Canciones para una reina»: Homenaje a Arrieta y Gaztambide. Obras de E. Arrieta, J. Gaztambide, Martín Sánchez Allú y Dámaso Zabalza.

Escribe la doctora María Encina Cortizo en las notas al programa, y que daría una conferencia el día anterior complementaria para este concierto, en otra excelente iniciativa de la filarmónica gijonesa, como máxima autoridad que es la berciana en los estudios biográficos del compositor de Puente de la Reina«El patrimonio musical español del siglo XIX sigue conteniendo tesoros desconocidos, como revela el programa de este concierto, que reúne fragmentos de los compositores navarros Arrieta y Gaztambide», y algo tiene esa tierra que atesora tanto talento musical, incluyendo a la soprano Sofía Esparza (Pamplona, 1994) que nos trajo con el pianista italiano, afincado en esa tierra, Rinaldo Zhok (Trieste, 1980), parte imprescindible en las recuperaciones que ambos han llevado al disco el pasado año para conmemorar no solo el bicentenario del nacimiento de Emilio Arrieta (1823-1894), también el de su amigo Martín Sánchez Allú (1823-1858), otro compositor y pianista a rescatar del olvido, o el anterior aniversario del tudelano Joaquín Gaztambide (1822-1870), todos presentes en este recital donde disfrutar parte de la música que también escuchaba la reina Isabel II, de quien Arrieta fue su profesor de canto (además de director de la Escuela Nacional de Música de Madrid), pero de más «realeza» como la infanta María de la Paz de Borbón, la regente María Cristina de Habsburgo-Lorena a quien sumar otras «reinas de la lírica» en la corte española de su época como bien recoge Rinaldo Zhok en el libreto del doble CD.

Verdaderos «Tesoros desconocidos de Arrieta y Gaztambide» como titula las notas mi querida María Encina, comenzando por el gran Don Emilio de quien pudimos escuchar cinco canciones para comprobar su capacidad para crear melodías desde el conocimiento belcantístico en sus años milaneses, pero también la inspiración y conocimiento de la voz, para quien escribe unas melodías plenamente líricas, con un piano tanto propio para ellas como «apunte orquestal» en la selección que nos hizo el dúo Esparza-Zhok, letras incluidas en el programa de mano, perfecto complemento para una escucha que nos llevaría por una pequeña muestra del buen hacer de un compositor formado en Italia que es mucho más que el compositor de Marina, aunque fue la que le encumbrase, como pudimos reconocer en la impresionante Gran Fantasía sobre «Ildegonda» de Emilio Arrieta sobre su ópera de 1845 editada en 2004, página de concierto escrita por el virtuoso salmantino Martín Sánchez Allú, en la línea de tantas paráfrasis sobre los compositores de ópera del momento, la forma de hacerlas llegar al público en las veladas de los salones del XIX, que seguro escucharían a otros navarros como Sarasate.

El virtuosismo al servicio de las melodías de óperas como esta primera de Arrieta que apuntaba ya muy alto, o la de Dámaso Zabalza (1835-1894), íntimo amigo suyo y fallecido el mismo año, coincidencias del destino, cuya Fantasía sobre «Marina» de Emilio Arrieta para piano, Op. 103 de nuevo refleja la importancia de un músico que marcó tendencia en su momento. Impresionante esta doble interpretación del maestro Zhok, quien también presentó cada bloque, e intercaladas entre las canciones y romanzas no solo para dar descanso a la voz, también para valorar a dos grandes pianistas y compositores contemporáneos de los dos homenajeados este miércoles en el Jovellanos. El pianista de repertorio, mucho más que acompañante, investigador y capaz de pasar de estas intervenciones solistas a las compartidas en las canciones o a las siempre complejas reducciones orquestales para piano, auténtico soporte vital en este recital desde Gijón.

De las canciones de Arrieta, la voz de la soprano pamplonica mostró todas las virtudes de una lírica que además dramatiza cada página, desde las dos primeras La zingara (alla polacca), virtuosismo vocal sobre un poema de Adela Curti (1810-1845) casi aria operística, a La melancolía sobre el poema «Presentimiento» (Ensayos poéticos, 1848) de Juan Federico Muntadas, unión emocional entre texto y música, voz y piano sumando y rezumando lirismo que podría firmar años más tarde Tosti. Como suelo escribir a menudo, la música engrandece los textos y más en este estilo tan italianizante pero propio de Don Emilio, canciones de concierto que parecen el banco de pruebas de sus grandes producciones. Y otro tanto con las tres siguientes, diferentes en ánimo y expresión: ¡Pobre Granada! compuesta para ayudar con otros compositores a las víctimas del terremoto de la capital nazarí en 1885, el estilo llamado «alhambrista» de Los ojos de las niñas (1857), seguidillas sobre un poema de José Selgas (1822-1882), amigo y correligionario del compositor, danza hispana tan recurrente en nuestra literatura musical con el gracejo de Esparza, abanico incluido, y la «vestimenta» pianística de Zhok, o L’addio di Eleonora a Torquato, tercera canción italiana sobre un poema de Felice Romani de nuevo con aire belcantista que personalmente me recordó el M’appari de «Martha» (Flotow) por el dibujo melódico y el piano tan delicado, demostrando que Arrieta conocía a los grandes la ópera que triunfaban en Europa.

Del segundo operista navarro y contemporáneo de Arrieta, escucharíamos al tudelano Gaztambide con reducciones para soprano y piano, siempre auténticas «locuras», de varias romanzas de zarzuela que Sofía Esparza volvió a interpretar, en el amplio sentido de la palabra, dramatizadas, bien vocalizadas, matizadas y fraseadas junto a un inmenso Rinaldo Zhok, ya cantadas en Madrid el pasado septiembre en el Teatro de la Zarzuela, comenzando por la Romanza de Berta «Pasó la noche» (de la zarzuela Catalina), la curiosa y en cierto modo pícara Canción de Baltasara «Al ver que uno me camela» (Casado y soltero), la Romanza de María «Ay yo me vi en el mundo desamparada», de la más conocida de sus zarzuelas, El Juramento; la Cavatina de Conchita: «Como es la vez primera», de la zarzuela
En las astas del toro, la mejor expresión de nuestro género por excelencia. Para cerrar recital, la «Malagueña y Jota del Tá y del Té» «¡Ay!, yo me enamoré del aire… Y al mirarte sonreír» (Los caballeros de la tortuga). Cinco páginas donde pasar de unos registros a otros, aires y estilos tan operísticos como de raigambre hispana caso del último «doblete» pasando de la malagueña a la jota tan española (y navarra), romanzas de títulos poco (o nada) representados pero escogidos números ideales en la voz de la soprano pamplonica con el magisterio del maestro repertorista imprescindible en recuperar estos tesoros desde Navarra y traerlos al público.

El regalo y avance del siguiente trabajo del dúo recuperando obras de otro grande como Barbieri con la canción El negrito de su entremés «Los dos ciegos«. Complemento de lo más idóneo para redondear estas canciones que nos hicieron sentir realeza del siglo XXI en Gijón.

A la salida más felicitaciones a los intérpretes que gentilmente atendieron al público y firmaron ejemplares del disco con la primera integral de las canciones de Arrieta (en el concierto sólo una breve muestra) y que bien merece la pena adquirirse, escucharlas repetidamente y leerse un libreto que forma parte de la musicología de nuestro tiempo junto a las partituras, con el directo siempre irrepetible.

Mutter sólo hay una

1 comentario

Lunes 22 de mayo, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Anne-Sophie Mutter (violín), Maximilian Hornung (violonchelo), Lambert Orkis (piano). Obras deSebastian Currier, Beethoven, Clara Schumann y Brahms.

Para quien desconozca el alemán, «Mutter» significa «madre», y jugando con el dicho español de «Madre sólo hay una«, también única Dame Mutter (Rheinfeldeln, 29 de junio de 1963) a quien siempre es un placer escucharla nuevamente en el siempre irrepetible directo, la niña prodigio que sigue asombrando en su eterna juventud. Si aquel concierto del 12 de octubre de 2011 sigue en mi memoria y en la de tantos melómanos que llenaron el auditorio ovetense hace trece años con la misma OSG del pasado sábado, entonces dirigida por Víctor Pablo Pérez, de nuevo se hizo la magia en este concierto único de «La dama alemana del violín».

Este lunes 22 de mayo, festividad de Santa Rita, nos devolvía a «La Mutter» o ASM (como figura en su web) con el siempre cercano formato de música cámara junto a su pianista de cabecera desde 1988Lambert Orkis (Filadelfia, Pensilvania, 1946), más el cellista Maximilian Hornung (Augsburgo, 1986) para estrenar en España Ghost Trio (Trío fantasma) del estadounidense Sebastian Currier (Huntingdon, Pensilvania, 16 de marzo de 1959), hoy presente en la sala.

Obra encargo de la propia Anne-Sophie Mutter y a ella dedicada en 2018 por ser la máxima valedora de las composiciones del norteamericano desde 1994, y que sería estrenada por ella con el mismo Lambert Orkis y Müller-Schott en el Carnegie Hall neoyorquino la primavera de 2019, llegando en esta gira donde Oviedo sigue siendo «La Viena Española» y parada obligatoria de las grandes figuras mundiales.

Alternando levemente el orden, como explicó al inicio la propia Mutter, mejor partir del original antes de la inspiración, por lo que sería Ludwig van Beethoven (1770- 1827) el elegido para comenzar con su Trío en re mayor, op.70, nº 1, para violín, violonchelo y piano, “Geistertrio” (Trío fantasma). Siempre digo que el equilibrio está en el tres, intérpretes y movimientos que Mutter, Orkis y Hornung entendieron sin prisas y sin pausas en feliz conjunción, complicidad, respeto y admiración a parres iguales. El I. Allegro vivace e con brio resultó más brioso que ligero, con diálogos, contestaciones, guiños jocosos del aún joven Ludwig, dinámicas ajustadísimas dejando cada espacio personal para degustar las sonoridades de los tres; el II. Largo assai ed espressivo una delicadeza de musicalidad, Orkis «mandando» siempre desde una discreción que no merece ningún pianista (menos siendo un especialista en la música de cámara), y Mutter con Hornung «coqueteando» musicalmente en unos fraseos perfectos; la tercera pata el equilibrio perfecto el III. Presto, vertiginoso, limpio por todos, unísonos encajados al detalle, balances equilibrados incluso en los pizzicati, para disfrutar del Beethoven inspirado e inspirador antes de la Premiére europea que proseguirá por Valencia, Luxemburgo, Basilea, Berna, Viena, Essen o Londres, entre otras capitales.

A partir del homónimo trío de Beethoven, pero también Schubert, Mendelssohn o Brahms como «fantasmas del pasado», Sebastian Currier escribe nueve movimientos breves, que tanto Andrea García Torres en las notas al programa (Tras el fantasma de Beethoven) como el propio compositor explican. Un trío actual con intérpretes únicos explorando la historia y el legado de esta forma musical reinventada para nuestro tiempo. Alternando números lentos y rápidos, los propios títulos son la mejor descripción y disculpa para que Currier juegue con la mezcla de lenguajes que se mantienen tanto en la memoria como en la inspiración actual, sonidos «americanos» emigrados desde la vieja Europa, la propia historia de compositores e intérpretes, viajes reales e interiores. I. Lyrical, melodías de hoy a trío; II. Energetic vital, casi rompedor; III. Remote de sonidos vistos desde los dos lados del océano; IV. Ghost scherzo verdadera «broma» llena del ímpetu juvenil con el que Orkis lleva el «duelo de arcos»;
V. Expressive y la calma tras esa tormenta fantasmagórica incluso en armónicos estratosféricos; VI. Syncopated de aires bernsteinianos, juegos rítmicos y unísonos encajados como un único instrumento; VII. Mysterious en tímbricas difusas de un trío que redescubre uniones; VIII. Forceful en vorágine llena de fuerza con Mutter y Hornung creando un dúo que Orkis apoya con su presencia imprescindible, y IX. Gentle, elegancia compartida, gentileza sonora e interpretativa en un 3×3 de movimientos y 3 músicos que multiplicaron las tímbricas de un trío más que fantasmal, evocador desde un lenguaje muy cercano. Un éxito en esta primera vez con el propio  Currier subiendo a felicitar su interpretación y ovación de un público a quien su trío encandiló.

Va (re)conociéndose la importancia de Clara Wieck (1819- 1896) recuperando su obra que el amor hacia Robert, reconvirtiéndose en Clara Schumannimpidió fuese mayor. De ella la violinista alemana ha grabado hace poco su injustamente olvidado trío junto al cellista español Pablo Ferrández y el mismo Orkis al piano, y esta vez nos trajo al Principado las tres Romanzas para violín y piano, op. 22 con el dúo de intérpretes perfecto por complicidad, entendimiento de tantos años y amor hacia esta música universal llena del romanticismo que nunca pasa de moda. El sonido de Mutter sigue siendo delicado, hermoso, matizado, y Orkis comparte cada nota más que acompañarla. El I. Andante molto nos dejó ese ensamblaje sonoro y lírico de una música que no necesita palabras porque habla sin ellas evocando al amado Robert con aires zíngaros; delicioso el II. Allegretto: Mit zartem Vortrage, enérgico y aterciopelado porque la alemana respira elegancia y el pianista de Filadelfia es la mejor compañía en este viaje; alternancia de protagonismos y feliz dúo con el III. Leidenschaftlich schnell.

Palabras mayores de otro emigrado a la Viena más musical del siglo XIX y eterno enamorado de Clara será Johannes Brahms (1833- 1897) para una Sonata para violín y piano nº 3 en re menor, op. 108 que Mutter y Orkis grabaron en 2010 para el sello amarillo y la exprimen en cada compás tras un largo trabajo previo antes de llevar las tres al CD y volver a interpretar la tercera trece años después en esta gira donde los años no parecen pasar ni pesar por ellos.

Respeto mutuo y hacia esta maravillosa sonata con un I. Allegro marca del de Hamburgo, el violín cantante, el piano arropando, alternando primeros y segundos planos, diálogos, sentimientos, matices increíbles; el II. Adagio una joya sonora e interpretativa, Mutter inmensa y Orkis rotundamente delicado con ella; aún mejor el III. Un poco presto e con sentimento, con el «tempo giusto» donde escuchar todo lo escrito con la presencia precisa de los dos músicos, esos fraseos del violín con un piano casi órgano, sentimiento romántico antes de la explosión final del IV. Presto agitato, encaje de bolillos para el vértigo compartido, entendida al pie de la letra esa agitación siempre controlada pero maravillosa de escuchar. Ímpetu juvenil que sólo con los años se alcanza desde una técnica al servicio de la mejor música y el sentimiento compartido por ellos.

Ovación de gala más propina del gran y muy querido por la alemana John Williams (1932), de «Cinderella Liberty» el tema Nice To Be Around que grabase en 2019 en Across the stars, con un exquisito arreglo para piano que no sólo demuestra la apuesta de la violinista alemana por la música actual de calidad, sino su magisterio desde el violín engrandeciendo todo lo que interpreta la siempre única Mutter.

Y con el auditorio totalmente entregado, nada menos que la Danza húngara nº 1 en sol menor de Brahms en la transcripción para dúo de Joseph Joachim (cuyo fantasma parece seguir en el auditorio tras el sábado pasado), con una lección de virtuosismo al violín de la alemana más un piano norteamericano explosivo, adaptado y adoptado por «Mamá», rubati encajados, catálogo tímbrico de ambos para otro concierto irrepetible del que Oviedo presumirá, porque «Mutter sólo hay una» y a nosotros nos encontró en el Auditorio.

VIVAnco con Victoria de ORO

1 comentario

Domingo 14 de mayo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: X Primavera Barroca. El León de Oro, Marco A. García de Paz (director): Erat autem quidam homo, obras de Vivanco, Tejeda, Guerrero, Victoria y Lobo. Fotos propias y cortesía de Beatriz Montes.

Avanza hacia el final esta décima Primavera Barroca ovetense, en colaboración con el programa «Circuitos» del CNDM, trayéndonos a nuestro mejor coro, El León de Oro (LDO) en otro concierto de repertorio renacentista donde los «leónigans» disfrutamos con esta formación que aunque se mueve bien en todas las épocas, está claro que la polifonía de nuestro Siglo de Oro la llevan en vena y son referente para el relevo generacional del coro luanquín, el cual sigue manteniendo en estos  26 años su «núcleo duro» cual bastión infranqueable en las obras que les han consagrado a nivel mundial. Las nuevas incorporaciones irán tomando confianza en las entradas y sintiéndose seguras en unas obras siempre difíciles por tesitura en todas las cuerdas (especialmente las agudas), con desdobles para todas las combinaciones «marca de la casa», y el siempre complicado tactus que el maestro García de Paz les imbuye creciendo con ellos desde una consolidada madurez al frente y el pleno entendimiento con su coro.

Y aprovechando el reciente cuarto centenario del fallecimiento del compositor abulense Sebastián de VIVANCO (ca. 1551-1622), Los Leones nos ofrecieron lo mejor de su repertorio «a capella» donde escuchar parte de la «terna» (sólo faltó Morales) con un Victoria impresionante (el más aplaudido incluso antes de finalizar las obras) junto a un Lobo de altura, o al menos conocido Tejeda, e incluso recuperar obras que suponen un estreno en nuestros tiempos.

De todo ello el protagonista sería VIVANCO del que en todas las combinaciones o agrupaciones flexibles a que nos tiene acostumbrados el coro gozoniego, desplegaría sus reconocidas cualidades de afinación, empaste, dinámicas, fraseos, dicción y todo lo que queramos añadir.

Así sonaron cinco de los cien de motetes atribuidos al Maestro en su fructífera época salmantina de la cátedra de Música de su Universidad, tres de ellos recuperados (e indicados con ø+): Erat autem quidam homo, que daba título a este concierto, O quam suavis est, Diligite inimicos vestros (ø+) en un primer bloque, y tras Guerrero, Cum ieiunatis (ø+) y O Rex gloriae (ø+). Magisterio compositivo e interpretativo, fraseos claros, balances para degustar una escritura polifónica rica que en distintas combinaciones y número fueron llenando el grueso del programa según fuesen a cuatro voces, cinco (Cum ieiunatais) o las impresionantes seis voces del último, con total control dinámico plegado al latín donde la mezcla de juventud y veteranía se nota por un esmerado trabajo, especialmente en los finales.

Antecesor de Vivanco en la capilla salmantina, el zamorano Alonso de TEJEDA (1540-1628) también rescatado para nuestro tiempo, nos dejaron el motete a cinco voces Hodie in monte (ø+) sobre la transfiguración, la misma que LDO ofrece en cada página. Breve pero impecable, bien situado en el orden del concierto, sin pausas, dotando de unidad «argumental» además de vocal y agradecidos de ampliar un repertorio donde los asturianos siguen siendo un referente coral en nuestros días.

De la trilogía o «tridente dorado», nada mejor que escuchar a Francisco GUERRERO (1528-1599), primero con las voces blancas en el Sancta et immaculata (1589) que aprovechan la «Cantera Aurum» en este canto a la Virgen para tres voces de sopranos y una de alto, ideales por su tesitura brillante para esas dos cuerdas femeninas que mantienen un color y volumen dignos de admiración; proseguirían con la villanesca Mi ofensa es grande (1589), la única que no se cantó en latín pero igualmente de dicción clara en su polifonía; el Ave Virgo sanctissima (1566) a cinco voces (con dos de tiple) sería otro nuevo despliegue vocal, especialmente en los registros extremos (sopranos y bajos), más el motete funerario a seis voces Hei mihi, Domine (1582) que se escuchó en las exequias por Felipe II celebradas en la catedral hispalense en 1598, tal y como nos cuenta en las notas al programa Pablo J. Vayón. Buena elección y colocación de las distintas obras y formas utilizadas (antífona mariana, villanesca, motete) por el maestro de capilla sevillano avanzando ya una policolaridad que el LDO interpreta como pocos dada la versatilidad de sus componentes.

Manteniendo el sabor y buen escribir de la escuela andaluza de polifonía con Guerrero al frente, no podía faltar en este concierto Alonso LOBO (ca. 1555-1617), único que ostentó las dos principales maestrías de capilla de entonces (Toledo y Sevilla), cuyo Versa est in luctum (1598) «prologó» y nos preparó para el gran Victoria de la mejor manera posible.

Y paisano de Vivanco además de compañero en la escolanía de la catedral abulense, Tomás Luis de VICTORIA (ca. 1548-1611) sigue poniendo la carne de gallina cuando lo escuchamos al LDO. La «semilla PP» ha prendido y aprendido en estas voces, nuevamente «refrescando repertorio» para las veteranas y transmitiendo magisterio a las jóvenes. Sus dos antífonas marianas a ocho voces nos trajeron las 31 voces (8-7-8-8) de este coro único y al completo para el «compositor de oro»: Regina coeli, que volvió a emocionar a un auditorio entregado (aunque «algo novato» por interrumpir antes de finalizar) tras el primer Aleluya que bisarían al final, y la Salve Regina, impresionante entendimiento vocal, todos plegados y entregados al maestro García de Paz, doble coro cual estéreo renacentista, dinámicas extremas sin perder nunca afinación, empaste o fraseos, contrastes perfectos con estas obras que son cual «ADN dorado». Si Vivanco sirvió de hilo conductor, Victoria volvió a vencer.

 

Nota: (ø+ ) Recuperación histórica, estreno en tiempos modernos.

Older Entries Newer Entries