Sábado 13 de julio, 19:30 horas. 73º Festival de Granada, Auditorio Manuel de Falla, sala de cámara B: Música de cámara | #Schubert esencial: Cuarteto de la Staatskapelle Berlin, Elisabeth Leonskaja (piano). Obras de Brahms y Schubert. Fotos de ©Fermín Rodríguez y  propias.

Tras la matinal del penúltimo día de festival (y 28º mío) llegaba este concierto que la Web del evento titula «Entre amigos»: «El ciclo dedicado a Schubert termina con un encuentro entre un cuarteto de cuerdas de músicos de la Staatskapelle de Berlín, el conjunto asociado a la Staatsoper Unter den Linden tantos años dirigido por Daniel Barenboim, y con el que el maestro bonaerense visitó el Festival en inolvidables conciertos sinfónicos, y la gran pianista Elisabeth Leonskaja, en su segunda actuación en la muestra. Será como un reencuentro entre viejos amigos para afrontar un programa en el que, junto a otro de los grandes cuartetos de Schubert, el nº 12, se interpretarán dos obras esenciales del camerismo romántico alemán, dos obras salidas de las manos de otros de los grandes, Johannes Brahms, el último de sus cuartetos con piano y ese monumento de la música del siglo XIX que es el Quinteto en fa menor». Y no podía haber mejor remate a estos homenajes al Schubert de cámara que este concierto en el Auditorio granadino que registró una entrada aceptable con un aire acondicionado fresco contrastando con el calor exterior.

En apenas 24 horas volvía Elisabeth Leonskaja con dos Brahms de altura junto al Cuarteto de la Staatskapelle Berlin. Las notas al programa del maestro Arturo Reverter, que está retransmitiendo para Radio Clásica estos últimos conciertos del festival, las titula como «Supremo Romanticismo», pues los dos compositores de la sesión vespertina lo eran: «Hermosísimo paisaje musical el que se nos ofrece en este sustancioso concierto protagonizado por tres obras maestras firmadas por Franz Schubert y Johannes Brahms, unidos en el tiempo y en el espacio. Uno y otro vivieron y murieron en Viena. El hamburgués, seguidor en tantas cosas del vienés, contribuyó no poco a divulgar su legado editando y corrigiendo algunas de sus obras, las Sinfonías sin ir más lejos en 1884-85».

Y Leonskaja con tres de los solistas de los berlineses (sin Krzysztof Specjal) comenzarían el concierto con el Cuarteto nº 3 en do menor, op. 60 de Brahms, valiente la georgiana y empaque con su trío donde el cello de Claudius Popp me haría vibrar en cada aparición. Don Arturo escribe de esta página: «la forma de cuarteto con piano, a la que solo habían prestado atención con anterioridad, de entre los famosos, Mozart –K 478 y 493– y Schumann –op. 47–. Ya en 1855, según varios indicios y opiniones (Kalbeck) pergeñaría algunos esbozos de lo que más tarde sería el Cuarteto nº 3 en do menor, op. 60, terminado en 1875 (..) Nos quedamos ya embebidos de su extensa y lenta introducción. La exposición aparece encabezada por un primer tema apasionado y brusco que, según confesión del propio compositor, evocaba la idea del suicidio de Werther, conectada con la desesperanza en la relación con Clara Schumann. Después de una idea subsidiaria de índole rítmica, sobreviene el segundo tema, melódico, calmo, confidencial. En el electrizante desarrollo será el sujeto de apertura el que adquiera protagonismo. El Scherzo presenta una libre forma sonata con una sección central solemne y mística. El Andante es un lied ternario que parte de una hermosa y lírica melodía cantada por el violonchelo sobre un lecho de acordes sincopados. El Finale, Allegro comodo, presenta tres temas, el tercero una especie de apasionado coral. Coda tranquila en do mayor, una suerte de liberación de tantas pasiones encontradas». Cuatro movimientos donde hubo pasión, desesperanza, ritmo y mucha poesía que enlaza al hamburgués con la misma Viena de Schubert. Habremos escuchado muchas versiones incluso con formaciones españolas que saben ahondar en este cuarteto, pero la genética y la geografía creo que tienen que ver porque la interpretación resultó sosegada, reposada, enérgicamente contenida y clara en cada movimiento, todo con el acento germano (y vienés) que este Brahms ofrece.

El cuarteto de la Staatskapelle Berlin nos brindaría su «Schubert esencial» plácidamente camerístico, el Quartesttatz D 703 -que queda del inacabado Cuarteto nº 12, uno de los seis que el músico dejó inconclusos de una colección de 20 de acuerdo con la clasificación de Deutsch- que bien nos recuerda Arturo Reverter. Dos movimientos con peso y poso de una formación equilibrada, de sonido compacto , balanceado como si fuese vocal donde nuevamente el cello de Claudius Popp junto a la viola de Yulia Deyneka consiguieron ese calado en los graves tan necesario para asentar las tesituras de los violines. Aire patético, dramático como si de un lied se tratase (Reverter lo relaciona con Erlkönig) y que hubiese encajado en la matinal de este penúltimo día, homenajeando al Schubert desesperado.

Buen descanso para cambiar la temperatura interior y exterior antes de volver a la Viena de Brahms, ciudad tan musical como la Granada del Festival y con el impresionante Quinteto en fa menor, op. 34 con una simbiosis entre el piano de Leonskaja y un cuarteto berlinés compacto, escuchándose unos a otros para construir este arrebatador y rítmico quinteto del hamburgués. Si en Schubert había lirismo, Brahms lo eleva a la quintaesencia por la que transitó también en su versión como sonata a dos pianos sin perdernos una arquitectura sonora plenamente emocional jugando con distintos temas que nos seguirían martilleando minutos después de una interpretación con calado.

De nuevo «mi maestro» Arturo Reverter desmenuza en pocas líneas este quinteto: «El primer movimiento, Allegro non troppo, organizado a partir de tres temas, es de excepcional poder. La idea inicial, expuesta al unísono por violín, violonchelo y piano, es muy conocida. La segunda es de carácter lírico y la tercera, claramente rítmica, conecta con la de apertura. La serenidad más noble embarga al Andante un poco adagio. «Una punzante canción de cuna», en curiosa definición de Robin Golding. Vivo contraste establece el Scherzo, que comienza pianissimo y se inscribe en el clima del Brahms más “nórdico”. Y el proteico Finale presenta tres ideas bien diferenciadas. La segunda, Allegro non troppo, se extiende a lo largo de más de trescientos compases y es un híbrido de sonata y rondó con cuatro temas principales y varios subsidiarios. El Presto que cierra el movimiento, en 6/8, conduce a una coda restallante, plena de alegría y de afirmación». Calidad individual en los cinco músicos, momentos casi de sonata para cada arco con un piano imponente, empaste de los violines y energía en viola y chelo transmitida por la eternamente joven Leonskaja poderosa, delicada, perfecta argamasa del mejor Brahms que además volvieron a regalarnos, tras el éxito que puso al público en pie, su Andante, un poco adagio aún más germánico.

Buen cierre de homenaje a un Schubert camerístico que siempre sorprende, y esperando por un domingo 14 de julio que será de varias finales, con polémicas, sanas discusiones y un doblete donde haré malabares para seguir contándolo.

PROGRAMA:

-I-

Johannes Brahms (1833-1897)

Cuarteto para piano nº 3 en do menor, op. 60 (1856-75):

Allegro non troppo

Scherzo. Allegro

Andante

Finale. Allegro comodo

Franz Schubert (1797-1828)

Cuarteto nº 12 en do menor, D 703 «Quartettsatz» (1820)

Allegro assai – Andante 

-II-

Johannes Brahms

Quinteto con piano en fa menor, op. 34 (1864):

Allegro non troppo

Andante, un poco adagio

Scherzo. Allegro – Trio

Finale. Poco sostenuto – Allegro non troppo

Cuarteto de la Staatskapelle Berlin:

Wolfram Brandl, violín – Krzysztof Specjal, violín – Yulia Deyneka, viola – Claudius Popp, violonchelo

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Elisabeth Leonskaja, piano

Notas al programa de Arturo Reverter: «Supremo Romanticismo»