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Belleza sinfónica

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Jueves 6 de julio, 22:00 horas. 72 Festival de Granada, Palacio de Carlos V, “Conciertos de Palacio”: Yuja Wang (piano), Orchestre Luxembourg Philharmonic, Gustavo Gimeno (director). Obras de Coll, Rajmáninov, R. Strauss y Ravel. Fotos propias y de Fermín Rodríguez.

La Filarmónica de Luxemburgo llegaba a su primera noche granadina con el titular valenciano Gustavo Gimeno (1976) al frente, y no pudo dejarme mejores sensaciones con un programa que sacó músculo por tratarse de obras sinfónicas “potentes” para una orquesta equilibrada, robusta en plantilla, con excelentes primeros atriles y todas las secciones perfectamente ensambladas, colocadas “a la vienesa” con los contrabajos detrás de los violines primeros y las trompas a la derecha en línea con el resto de metal. Todo ayudó a conseguir un sonido redondo y rotundo en las cuatro obras del decimosexto día de Festival.

Con este ambiente de grandes orquestadores, abría velada el también valenciano Francisco Coll (1985) y su Aqua Cinerea (2005, rev. 2019) que Gimeno está llevando con su formación en muchos conciertos. Obra de amplísima paleta sinfónica llena de sugerentes tímbricas actuales pero siempre con la mirada puesta en los “maestros del XX” que hoy le acompañaban en el programa. Pablo L. Rodríguez la define en las notas al programa como “(…) un líquido de tono grisáceo o quizá escuchamos la imagen de la ceniza cayendo como lluvia. Lo visual y el sonoro se funden en esta opera prima del joven compositor valenciano, de 2005 (…) donde se concentran intuitivamente todos los elementos de su universo tan proclive a los extremos, desde la excitación a la melancolía”. Una obra que encajó con las dos obras sinfónicas de la segunda parte.

La Suite de su ópera Der Rosenkavalier, TrV227d (1944) de Richard Strauss (1864-1949) no tardó en llegar a las salas de conciertos, y en ella Gimeno y los luxemburgueses volvieron a demostrar su excelente calidad y sonido claro, lleno de matices (excelentes el sonido de las trompas que Strauss siempre mimó) y juegos rítmicos, desde el torrencial motivo de Octavian y la Mariscala, la bellísima «Presentación de la rosa» y el egocéntrico vals vienés del Barón Ochs, sutilmente llevado con elegancia y rubato tan propio del “un, dos y…” que parece no llegar al tres, el bullicio instrumental de una orquesta al fin recreando fielmente lo escrito y sin fisuras.

Y si acababa en tiempo de vals vienés la anterior, el otro gran orquestador sería el hispano francés Maurice Ravel (1875-1937) con su propia visión envolvente y cautivadora de La valse (1919-1920), auténtico retrato sinfónico para disfrutar de la Luxembourg Philharmonic y el perfecto entendimiento de ella con el maestro Gimeno. De gestualidad clara, con una batuta precisa y una mano izquierda llevándoles y dejándose llevar, el sonido a medio camino entre el impresionismo y el expresionismo sería perfecto complemento, dos visiones del 3/4 tan distintas y tan buenas, al igual que las dos propinas que nos brindaron, manteniendo en cierto modo una estructura tímbrica y hasta rítmica aprovechando el potencial de los luxemburgueses:

Con otro Vals, el primero de la Jazz Suite nº 1 de Shostakovich (1906-1975), no tan cinematográfico como el segundo pero más breve, y estando en Granada no podía faltar la Danza ritual del fuego de Falla, coincidencia con Perianes también como segundo regalo, con una orquesta que captó, gracias al director valenciano, todo el color y emoción de una partitura que siempre resulta mágica y más en la noche palaciega.

Evidentemente la “figura” de la noche era la pianista china Yuja Wang (Pekín, 1987), a quien recuerdo en solitario hace ocho años en las “Jornadas de piano” ovetenses. Está claro que sigue teniendo tirón mediático y sus actuaciones se esperan con expectación, más en sus conciertos de Serguéi Rajmáninov (1873-1943), esta vez con “el quinto” que es la Rapsodia sobre un tema de Paganini en la menor, op. 43 (1934).

La pequinesa mandó desde el principio y Gimeno resultó buen concertador al tener que llevar a su orquesta por donde pedía la solista, de amplísimas dinámicas y cierta agógica que no siempre es fácil de encajar aunque se logró por parte de todos. Técnicamente sigue siendo la virtuosa que asombró desde sus inicios, más en estas páginas, aunque supongo que el tiempo le dará el poso necesario para afrontar con más enjundia estas obras con orquesta. Personalmente me pareció muy adecuada la elección del tiempo y fraseo de la cinematográfica Variación XVIII: Andante cantabile, encontrando el balance perfecto con la orquesta y una cuerda siempre bien conjuntada, en este “movimiento central” sedosa, y más agresiva en un Dies Irae donde las dinámicas se llevaron al extremo sin resquebrajarse la sonoridad deseadamente potente por parte de todos.

Yuja Wang, de quien debemos dejar de hablar sobre su vestimenta o tacones, aunque se hizo algo de rogar, también regalaría nada menos que ¡tres propinas! cerrando la primera parte de la noche, manteniendo los esperados “fuegos artificiales” que su técnica le permite:

La primera el arreglo de Franz Liszt de la maravillosa Gretchen am Spinnrade (Margarita en la Rueca) de Schubert, de virtuoso a virtuosa con algo más de hondura que en Rachmaninov.

Segunda propina, que parece ser casi “necesaria” en estos jóvenes pianistas que miran a los históricos, caso de las Variaciones sobre la Carmen de Bizet que V. Horowitz dejó casi como “prueba extraordinaria” de concurso, y que tras las de Paganini con orquesta querían dejar a Yuja Wang el protagonismo solístico y habitual con esta página que la china interpreta sin problemas aunque más vistosa que honda.

No la esperábamos pero llegó la tercera con la Danza de los espíritus bienaventurados del “Orfeo y Eurídice” de Gluck, no tan explosiva técnicamente y más honda de expresión, que se quedó algo apagada tras el despliegue de recursos de las dos anteriores, incluso recordándosela a otros y otras pianistas con mucha más musicalidad y lirismo, así como un sonido más íntimo.

Al menos la Luxembourg Philharmonic y Gustavo Gimeno me han dejado con muchas ganas de volver a escucharla en el decimoséptimo día de Festival y con una Sexta de Mahler más el propio homenaje de Tomás Marco y su Angelus Novus (Mahleriana 1) (1971) que contaremos desde aquí.

Un jardín barroco en el colegio renacentista

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Miércoles 5 de julio, 22:00 horas. 72 Festival de Granada, Colegio Mayor Santa Cruz la Real, “Cantar y tañer. Sones antiguos y barrocos”: Avi Avital (mandolina), Il Giardino Armonico, Giovanni Antonini (flauta y dirección). Obras de Durante, Barbella, C. Ph. E. Bach, Paisielllo y J. S. Bach. Fotos propias y de Fermín Rodríguez.

Decimoquinto día de Festival y la música volvía a “mi colegio” con la ilusión de escuchar al mandolinista israelí Avi Avital (Beerseba, 1978) al que sigo como diletante del instrumento que heredase de mi padre. Y además se presentaba junto a Il Giardino Armonico y su fundador Giovanni Antonini, con lo que las espectativas eran altas añadiendo un programa donde primaría lo italiano pero no podía faltar “Mein Gott”. La mandolina napolitana de cuatro órdenes (que afina como el violín) sería uno de los instrumentos que los barrocos compondrían por esa sonoridad tan evocadora y hasta cautivadora, exigente para la mano derecha pertrechada de un plectro o púa, pero aún más para la izquierda que puede asegurar destroza las llamas de los dedos.

Il Giardino abriría la velada nocturna con dos napolitanos, primero con uno de los ocho conciertos a 4 conservados de Francesco Durante (1684-1755) , el Concierto nº 2 en sol menor para cuerdas y bajo continuo bien contrastados (Affettuoso / Presto / Largo affetuoso / Allegro) siguiendo la “receta de la sonata de Corelli”, donde poder disfrutar de la sonoridad perfecta de estos intérpretes italianos que dominan el repertorio de su tierra, con un Antonini marcando todo y la plantilla ideal para ello (4-4-2-2-1, más continuo de tiorba y clave); después Emanuele Barbella (1718-1777) ya con Avital en el Concierto en re mayor para dos violines, mandolina y bajo continuo en tres movimientos (Allegro / Andantino / Allegro) que ya mostraron el dominio de la mandolina y los dos solistas de violín en conjunción exacta para encontrar las sonoridades que tan bien maridan entre los tres, catálogo de virtuosismo en la púa capaz de matices amplísimos con la amplificación equilibrada para todo el concierto. Un aperitivo para abrir boca ante lo que aún nos esperaba.

De nuevo Il Giardino dando un paso adelante en el tiempo con Carl Philipp Emanuel Bach (1714-1788) y la Sinfonía nº 1 en sol mayor para cuerdas y bajo continuo, Wq 182/1, organizada en tres movimientos (Allegro di molto / Poco adagio / Presto), obra de tensión y agitación del movimiento conocido como Sturm und Drang, aún con aromas barrocos pero ya respirando nuevos aires prerrománticos, con los reguladores de la “Escuela de Manheim” que generan toda la tensión que Antonini con Il Giardino imprimen a esta composición del hijo más famoso de Johann Sebastian, y apostando por tempi exprimidos al máximo para comprobar la calidad de unos intérpretes que funcionan como una máquina perfecta.

Pero el padre siempre acaba reinando en este jardín, siendo el elegido para el broche de cada una de las dos partes con transcripciones (o reutilizaciones) del material que Johann Sebastian Bach escribe “soportando” cualquier combinación instrumental.
El Concierto en re menor, BWV 1060, para flauta, mandolina, cuerdas y bajo continuo, como bien explica Pablo J. Vayón en las notas al programa, «…nos ha llegado en una copia para dos claves (y Avital ha transcrito para su mandolina y la flauta dulce de Antonini) se trata seguramente de la versión de un original para violín y oboe. En ambas obras, Bach aplica los principios del concerto ritornello típico de Vivaldi, con estructura tripartita y unos tiempos rápidos en los que alternan los tutti orquestales con los pasajes solistas. En cualquier caso, el genio de Eisenach aporta siempre la especial densidad de su trabajo contrapuntístico, dando relieve a las voces internas”. El tejido orquestal del “Giardino” fue alfombra floral para Avital y Antonini en un duelo virtuosístico por parte de ambos, tímbricas que empastan jugando el flautista con la piccolo en los rápidos y la contralto en el movimiento central (Allegro / Adagio / Allegro) mientras la mandolina recorría toda la tesitura del instrumento, ambos dialogando, acercándose, explorando nuevas sonoridades que para El Cantor siempre vienen bien.

Antonini dejaría sus flautas para centrarse ya en “su” Giardino y los dos conciertos de Avital para la segunda parte, subiendo tanto la carga emocional como el virtuosismo bien tratado en un claustro colegial que parecía respirar aires del sur.

De Giovanni Paisiello (1740-1816) han sobrevivido tres conciertos, entre ellos el Concierto en mi bemol mayor para mandolina, cuerdas y bajo continuo, R 8.14, sin las violas y con el continuo algo “apagado” en presencia pero reinando la mandolina mágica de Avi Avital en los tres movimientos (Allegro maestoso / Larghetto / Allegretto). Más allá del dominio técnico, destacar la amplia gama de sonidos y matices, pasando de las melodías a los acordes que realzaban el ritmo, y sobremanera el movimiento central donde Il Giardino fue una alfombra floral para adornar la sonoridad y sentimiento del israelí.

Y el propio solista ha transcrito para la mandolina dos de los conciertos para clave de Bach, escuchando este miércoles el Concierto nº 1 en re menor, BWV 1052 , del que sabemos usó en los conciertos del Collegium musicum de Leipizg, y como la inmensa mayoría de los conciertos que el genio de Eisenach destinó al clave, eran transcripciones de obras anteriores, seguramente creadas en su feliz período de Cöthen, donde estuvo centrado en la música instrumental, por lo que este concierto para clave, hoy para mandolina en la transcripción del israelí, se ha reutilizado el Concierto para violín en mi menor y usado ya en las cantatas 146 y 188. El timbre de la mandolina resultó ideal para esta joya de concierto, si del violín posee la afinación, del clave el sonido metálico y la armonía, por lo que Avital desplegó todos los recursos del instrumento al servicio de la música de Bach, siempre divina y más si se interpreta con buen criterio, caso de Il Giardino con Avital.

Los tres movimientos (Allegro / Adagio / Allegro) se sucedieron con la sensación de ser originales para mandolina, orquesta de cuerda y continuo, y sólo un virtuoso como el israelita pueden afrontarlos con tan amplia gama dinámica, combinaciones de melodía y armonía, ornamentos increíbles, arpegios poderosos, agudos al límite y acordes completos sin perder nunca la referencia. De nuevo el movimiento central lento ofrece el color (casi el olor en este jardín) único de mi instrumento favorito, pero los rápidos soportaron todo el peso (como los magnolios del claustro) de la exigente escritura clavecinística. Público rendido a Bach y a estos intérpretes que hicieron grande la música de “Mein Gott”.

Pero habiendo una mandolina italiana, no podía faltar, aunque fuese la propina, Vivaldi y el primer movimiento de su Concierto en do mayor, que cambiaría el perfume alemán por el veneciano en este jardín barroco del claustro renacentista

Il Giardino Armonico

Violines pimeros: Stefano Barneschi (solista), Fabrizio Haim Cipriani, Ayako Matsunaga y Liana Mosca.
Violines segundos: Angelo Calvo (solista), Francesco Colletti, Archimede De Martini y Gabriele Pro
Violas: Ernest Braucher (solista) y Maria Cristina Vasi
Violonchelos: Marcello Scandelli (solista) y Elena Russo
Contrabajo: Giancarlo De Frenza – Tiorba: Michele Pasotti – Clave: Riccardo Doni.
Avi Avital mandolina
Giovanni Antonini dirección y flauta

PROGRAMA

I

Francesco Durante (1684-1755): Concierto nº 2 en sol menor para cuerdas y bajo continuo (Affettuoso / Presto / Largo affetuoso / Allegro)

Emanuele Barbella (1718-1777): Concierto en re mayor para dos violines, mandolina y bajo continuo (Allegro / Andantino / Allegro)

Carl Philipp Emanuel Bach (1714-1788): Sinfonía nº 1 en sol mayor para cuerdas y bajo continuo, Wq 182/1 (Allegro di molto / Poco adagio / Presto)

Johann Sebastian Bach (1685-1750): Concierto en re menor, BWV 1060, para flauta, mandolina, cuerdas y bajo continuo (Allegro / Adagio / Allegro)

II

Giovanni Paisiello (1740-1816): Concierto en mi bemol mayor para mandolina, cuerdas y bajo continuo, R 8.14 (Allegro maestoso / Larghetto / Allegretto)

Johann Sebastian Bach: Concierto nº 1 en re menor, BWV 1052 (transcr. de Avi Avital para mandolina y orquesta). (Allegro / Adagio / Allegro).

Historia del lied en Granada

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Martes 4 de julio, 21:30 horas. 72 Festival de Granada, Patio de los Mármoles (Hospital Real), “Universo vocal”: Anna Lucia Richter (mezzosoprano), Ammiel Bushakevitz (zanfona, piano). Licht!. Obras de Wolfenstein, Vogelweide, Bach, Mozart, Schubert, Fanny Mendelssohn, Mendelssohn, Schumann, Wolf, Berg, Reinmann, Rihm, Eisler y Weill. Concierto Homenaje a Victoria de los Ángeles en el centenario de su nacimiento. Fotos propias y de Fermín Rodríguez.

Impresionante lección histórica del “lied” alemán en este “Universo vocal” granadino con dos intérpretes de altura: la mezzosoprano Anna Lucia Richter (Köln, 1990) y el pianista Ammiel Bushakevitz (Jerusalén, 1986) que nos deslumbró también con la zanfona.

Siempre comento la lírica como poesía musicada, pues si los textos son importantes, cuando se les ponen melodías y acompañamientos se engrandecen, máxime en esta feliz unión donde la voz declama y comparte el protagonismo con el instrumento que la viste a la moda del momento. El dúo RichterBushakevit nos brindaron un repaso de calidad a las mejores canciones alemanas de la historia, desde el medievo hasta nuestros días, donde no faltaron ni un Bach siempre único que con el piano sigue sonando actual, los clásicos Haydn y Mozart que en la “canción de concierto” son tan brillantes y cercanos como en sus óperas, los hermanos Mendelssohn románticos «de catálogo», incluso la trilogía del lied (Schubert, Schumann y Wolf) pero también Schumann, el paso al expresionismo puro y duro de Berg o Weill más los todavía vivos Reimann o Rhim, continuadores de una tradición tan alemana como el propio género.

Imposible destacar algo concreto porque el recital de este decimocuarto día del Festival de Granada en el Patio de los Mármoles quedará en mi memoria como todo un acontecimiento, la parte vocal con esta mezzo alemana de timbre carnoso, dicción impoluta, proyección pluscuamperfecta, emisión impecable, dramatización perfecta haciendo entender unos textos de por sí verdaderos microrrelatos que con su amplio y homogéneo registro resultaron plenamente creíbles con un color lleno de matices. Sumemos un pianista israelí tan protagonista como la voz que no sólo manejó la zanfona de manera magistral sacando matices increíbles y jugando con los “bordones” o el manubrio empujando la acción cantada, también auténticamente plausible su papel de acompañante (aunque no me guste el término), con todas las obras exigentes y la compenetración exacta en cada página engrandeciendo a la mezzo, revistiéndola del carácter apropiado en cada obra, y sacando del Yamaha CFX de última generación una sonoridad tan luminosa como el título del recital.

Licht!, luz y sombra a lo largo de la poesía cantada, historia que con Wolkenstein pregunta por “el iluminado” o el minnesinger Vogelweide cantando bajo los tilos tal vez berlineses, Anna Lucia Richter y la zanfona de Ammiel Bushakevitz nos transportarían a los auténticos orígenes germanos sobre la pasión por la poesía cantada. Con los textos y traducción proyectados sobre las piedras renacentistas era un placer entender la lengua de Goethe toda la carga poética transmitida por este dúo que enamoraron desde la primera nota.

El maestro Arturo Reverter titula sus notas al programa «Y la luz se hizo» donde desmenuza cada página, y de las dos canciones de “Mein Gott” escribe “en su contención algo escolar, aparecen cortadas por similar patrón. Der lieben Sonne Licht und Pracht, BWV 446, revela una mayor fantasía. O finstre Nacht, BWV 492, discurre lánguidamente a lo largo de una línea muelle y serena”, adivinando el carácter que la mezzo y el pianista imprimieron, Bach siempre eterno con un piano casi organístico y el color vocal ideal para El Cantor.

Más luz y alegría con los clásicos vieneses, Haydn “Lujuria de país” y de canción, más Mozart y la “sensación de la tarde” describiendo casi al momento estos momentos granadinos que voz y piano nos transmitieron. Si “La Richter“ enamoraba, Bushakevitz ayudaba, perfecto entendimiento y sentimiento antes de continuar con otros tres románticos sin olvidarnos de los textos que musicaron, y que dejo al final de esta entrada con el programa íntegro.

La época que le tocó vivir a Schubert no fue justa con él, pero su música le hará eterno. Sus lieder son todo un ejemplo de engrandecer los poemas de sus contemporáneos imaginando aquellas sesiones de salón que se conocen como “schubertiadas” por la feliz unión de las artes y donde la poesía y su música iban de la mano, tal y como Richter con Bushakevitz nos mostraron. Tres canciones que transitarían por el espíritu del vienés, “en el agua para cantar” cristalino por ambos intérpretes, el trágico enano lleno de dolor y otro atardecer porque la luz vespertina tiene magia, y más en Granada con dos artistas que transmitieron todo en cada página.

Los hermanos Mendelssohn no podían faltar en este repaso del lied, el Leipzig romántico con Fanny ahora recuperada y con tanta calidad como Felix, primavera y crepúsculo contrapuestos pero también unidos, voz arropada y subrayada por un piano sin complejos femenino, o el “nuevo amor” masculino con unos textos de los más grandes, incluso los que inspirarían a un Mahler que en este repaso histórico no pudo estar, imposible condensar tanta historia musical.

Una primera parte para comentar al descanso pero aún quedaba la segunda que nos acercaría aún más a una luz casi deslumbrante ya en plena noche granadina.

Schumann y Wolf, dos periodos que escuchados juntos dan continuidad a la poesía alemana y a la escritura lírica, mismos temas con dos técnicas que Richter y Bushakevitz hicieron propias, “cristal de la ventana” por la que escuchar “cantar a la tarde” en Leipzig, o preguntarse “Qué hacer con la alegría” tras un apocalíptico “jinete rojo” que no figuraba en el programa, donde Anna Lucia Richter parecía preparar lo que vendría en el tramo final, simbolismos, metáforas y tragedias, más el piano de Ammiel Bushakevitz dando no ya la confianza necesaria sino todo el dramatismo y ambientación de unas poesías que crecieron con ambos.

Nuevo paso adelante en la historia del lied llegando al expresionismo total de las cuatro canciones de Alban Berg que sólo un dúo tan compenetrado y conocedor de la lengua de Goethe llevada al pentagrama puede interpretar con la fuerza y emoción mostrada, sumándole la última Warm die Lüfte “calentando el aire” y a capella desgarradora, subiendo la temperatura tanto ambiental como emocional antes de los tres más cercanos en el tiempo, manteniendo la misma calidad, intención e intensidad por parte de Richter y Bushakevitz.

Proseguirían textos de luz y hasta de renuncia a ella (Reinmann), “flores marchitas” de Rihm que sonaron bellas y hasta perfumadas, o cantando Eisler desde la meca cinematográfica “Y finalmente” como banda sonora antes del auténtico cabaret berlinés de Kurt Weill con luces de neón o reflectore en los clubes sórdidos que el cine y la música convierten en pequeños templos de culto. Si Ute Lemperer marcó estilo en estos repertorios, tras escuchar a la mezzo Anna Lucia Richter con el piano mágico de Ammiel Bushakevitz la sucesión está garantizada.

“Y la luz se hizo” con el recuerdo y homenaje a nuestra Victoria de los Ángeles en el centenario de su nacimiento, con un regalo a la altura de nuestra soprano internacional, Sommerabend op. 85 nº1 de Brahms, verdadera delicia vocal y auténtico despliegue pianístico tras un paseo histórico por el inigualable lied alemán.

De nuevo la magia y la luz se dieron la mano, y para cerrar el círculo volverían Richter y Bushakevitz al medievo, la zanfona marcando el paso en el escenario mientras la mezzo hacía recorrido real por el “claustro” envolviéndonos con su canto y voz penetrante, cautivadora, luminosa ya cercana la medianoche.

PROGRAMA

I

Oswald von Wolkenstein (1377-1445)

Wer ist, die da durchleuchtet

Walther von der Vogelweide (c. 1170-1230)

Unter den Linden

Johann Sebastian Bach (1685-1750)

Der lieben Sonne Licht und Pracht, BWV 446 (Texto: Christian Scriver)

O finstre Nacht, BWV 492 (Texto: Georg Friedrich Breithaupt)

Joseph Haydn (1732 – 1809)

Die Landlust , Hob. XXVIa:10 (Texto: Georg Ernst Stahl)

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)

Abendempfindung, KV 523 (Texto: Joachim Heinrich Campe)

Franz Schubert (1797-1828)

Auf dem Wasser zu singen, D 774, op. 72 (Texto: Friedrich Leopold Graf zu Stolberg-Stolberg)

Der Zwerg, D 771, op 22/1 (Texto: Matthäus Kasimir von Collin)

Im Abendrot, D 799 (Texto: Karl Lappe)

Fanny Mendelssohn (1805-1847)

Frühling, op. 7/3 (Texto: Joseph von Eichendorff)

Dämmrung senkte sich (Texto: Johann Wolfgang von Goethe)

Felix Mendelssohn Bartholdy (1809 – 1847)

Minnelied, op. 34/1 (Texto de Des Knaben Wunderhorn)

Neue Liebe, op. 19a/4 (Texto: Heinrich Hein)

II

Robert Schumann (1810-1856)

Die Fensterscheibe, op. 107/2 (Texto: Titus Ullrich)

Abendlied, op. 107/6 (Texto: Gottfried Kinkel)

Hugo Wolf (1860-1903)

Wohin mit der Freud? (Texto: Robert Reinick)

Alban Berg (1885 – 1935)

Vier Gesänge, op. 2:

Schlafen, nichts als schlafen (Texto: Christian Friedrich Hebbel)

Schlafend trägt man mich (Texto: Alfred Mombert)

Nun ich der Riesen stärksten überwand (Texto: Alfred Mombert)

Warm die Lüfte (Texto: Alfred Mombert)

Aribert Reimann (1936)

Nach dem Lichtverzicht, de Eingedunkelt – Neun Gedichte nach Paul Celan (Texto: Paul Celan)

Wolfgang Rihm (1952)

Verwelkte Blumen, de Vier späte Gedichte von Friedrich Rückert (Texto: Friedrich Rückert)

Hanns Eisler (1898-1962)

Und endlich, de Hollywood Liederbuch (Texto: Peter Altenberg)

Über den Selbstmord, de Hollywood Liederbuch (Texto: Bertolt Brecht)

Kurt Weill (1900-1950)

Berlin im Licht (Texto: Kurt Weill)

Perianes de Califa a Emperador

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Lunes 3 de julio, 22:00 horas. 72 Festival de Granada, Palacio Carlos V, “Grandes intérpretes”: Javier Perianes (piano). Concierto homenaje a Alicia de Larrocha en el centenario de su nacimiento. Obras de Falla, Debussy, AlbénizGranados. Fotos de Fermín Rodríguez.

Granada sigue siendo mágica y la mejor disculpa para que el onubense Javier Perianes (Nerva, 1978) armase un programa con la capital nazarí como nexo de unión, aunque también serviría la inspiración propia de cuatro compositores que sin ser naturales de esta tierra, e incluso sin conocerla, en los feliz inicios del pasado siglo lo exótico era La Alhambra y sus leyendas, la historia que para los europeos debía de resultar cual un parque temático del momento sin pisar otro continente.

Y esta inspiración la tuvieron los cuatro compositores elegidos: el gaditano Manuel de Falla (1876-1946) que acabaría enamorado de Granada y viviendo en el Carmen de los Mártires y en el de la Antequeruela; visiones en el París capital cultural del momento que las transmitiría al francés Claude Debussy (1862-1918) bebiendo la misma fuente del idioma musical con la añoranza que da la distancia; el gerundés Isaac Albéniz (1860-1909) en ese mismo “exilio” pergeñará la biblia del piano actual que es su suite Iberia donde no falta esa página tan granadina como es “El Albaicín”. Y otro catalán como el ilerdense Enrique Granados (1867-1916) probablemente impregnado de la misma magia que todos los anteriores buscando trasladar al piano esa inspiración española que nuestros intérpretes más señeros llevaron por todas las salas de concierto y continúan haciéndolo.

En este año del centenario de la gran Alicia de Larrocha, quien sería nuestra mejor embajadora de todos ellos, varios intérpretes de ahora están homenajeando a la catalana, y no podía faltar nuestro Javier Perianes con un programa tan mágico como La Alhambra donde está como en casa, del Patio de los Arrayanes en ediciones anteriores a este Palacio de Carlos V donde el andaluz moró durante dos horas para convertirse en el emperador de la noche.

Hace tiempo que he calificado a Perianes como “El Sorolla del piano” porque mima el sonido de cada nota, en cada mano, con un manejo del pedal capaz de crear unas atmósferas cual veladuras, un limpieza y frescura en el trazo que asemeja la acuarela donde no hay posibilidad de error, gamas de matices tan extensas que pasan de acariciar las teclas a volcar toda la energía que exija el pasaje, claridad en lo melódico casi de tinta china sobre el papel y perfilar la esencia. Por finalizar con tantos paralelismos, el manejo de los tempi o del rubato que los años han madurado desde una musicalidad de siempre pero con la hondura emocional que solo los grandes intérpretes alcanzan, por lo que el mejor homenaje a Doña Alicia ha sido este programa que el onubense interpretó dos días antes en Campo de Criptana, aunque nunca hay dos conciertos iguales.

Sin pausas afrontó la primera parte, “de un tirón” y como dicen por aquí “estuvo sembrao”, primero Falla y su Homenaje «Le tombeau de Claude Debussy» (1920) donde el dibujo musical del francés que nunca quiso ser llamado “impresionista” pintó una habanera no sé si del Cádiz de Don Manuel o de la Huelva de Don Javier. Está claro que en la interpretación encontró todos los colores de los dos compositores, tal vez por lo que Ana García Urcola llama “españolidad francesa” del onubense y “penetra plenamente en ese sabor amargo, apasionado y seductor”.

Dándole la vuelta al epíteto de la profesora donostiarra, Perianes nos dejaría las tres páginas del Debussy imbuido por Falla desde la “francesa españolidad”, imágenes que se funden el oido como los colores en la retina pero siempre con la luminosidad mediterránea o atlántica pues el mar consigue reflejos que el compositor francés entendió y llevó al piano. Estampas como la tarde en Granada para enmarcar en nuestra memoria melómana, el paseo pasando por La Puerta del Vino o la interrupción de una serenata nocturna, en este caso por el vuelo de avión que intentó confundir la única estrella que brillaba en el firmamento (quiero pensar que Alicia de Larrocha estaba disfrutando de este digno heredero), tres láminas distintas con la misma temática pero sentidas e interpretadas con unidad estilística y toda la gama de recursos que Perianes domina, asombrando con unos pianísimos imperceptibles que cortaban la respiración en esas caricias, pero la energía de una mano izquierda prodigiosa capaz de pasar del canto al ropaje desde una rítmica personal que maravilla, la habanera gaditana y onubense como hilo conductor jugando con el grosor de los trazos.

Y uniendo este paisaje sonoro contemplar el de El Albaicín que tan bien musicó Albéniz, evocación de guitarra en la tierra que mejor las construye y en los dedos de un onubense que entiende estos ritmos desde el “pellizco” clásico manteniendo la esencia popular, no quedó atrás la vuelta a Falla y una Fantasía bætica (1919) para recordar por la fuerza, entrega, pasión y musicalidad capaz de recrear nuestra música andaluza por momentos chopiniana, zapateado cual polonesa y el sonido elegante además de muy trabajado del onubense, romanticismo en estado puro y virtuosismo necesario para trasmitir todo “lo jondo” que esconde la partitura de nuestro gaditano universal, lo que cautivó al público que le jaleó al finalizar esta primera parte.

Si Granada es la inspiración que París materializaba, nuevamente “la pintura musical” sigue siendo el hilo conductor de este “Sorolla del piano” que ha encontrado en las Goyescas (1911) de Granados otra galería sonora donde los dedos son pinceles que recrean al primer impresionista que fue Goya antes de acuñarse el término. Escuchar los dos libros seguidos, al igual que en Oviedo el pasado mes de abril dentro de las Jornadas de Piano, redondean la elegancia de la escuela parisina que Perianes transmite, despliegue de contrastes y dinámicas, de ritmos y fraseos, de pulir las melodías con una sonoridad tan trabajada que hasta parecía estar escuchando a la gran Teresa Berganza cantarlas en el universo del piano que de blanco y negro solo las teclas más el mueble. No quiero olvidarme del excelente sonido que devolvió el Steinway en el palacio imperial, y reajustado al descanso tras el “tute” de la primera parte.

«Las Goyescas es una obra de todo tiempo» decía el propio Granados, la escritura pianística es un compendio de técnica, claroscuros, pasiones y herencias románticas con la genialidad e inspiración española, y Perianes las ha hecho suyas de principio a final. Los dos cuadernos como toda una galería del Prado en este Palacio de Carlos V, cartones que son cuadros y páginas monumentales para seguir contemplándolas a toda hora, aunque la noche granadina redondeó la magia.
Otro triunfo del andaluz y más Falla que no falla en dos propinas manteniendo todo lo bueno, incluso el respeto de un público entregado (hasta un ramo de flores), la Serenata Andaluza más flamenca y guitarrística llevada al concierto, más la Danza ritual del fuego de “El Amor Brujo”en otro homenaje al Festival que también lo es de danza, personal interpretación y final en la medianoche para que el hechizo no se rompiese en este decimotercer día.

PROGRAMA

I

Manuel de Falla (1876-1946): Homenaje «Le tombeau de Claude Debussy» (1920)

 Claude Debussy (1862-1918): La soirée dans Grenade, de Estampes, L. 100/2 (1903) / La Puerta del Vino, de Préludes – Libro II, L. 123/3 (1911/1913) / La sérénade interrompue, de Préludes – Libro I, L. 117/9 (1909)

Isaac Albéniz (1860-1909): El Albaicín, de la suite Iberia (1905-1909)

Manuel de Falla: Fantasía bætica (1919)

II

Enrique Granados (1867-1916): Goyescas (1911)

 Los requiebros / Coloquio en la reja / El Fandango del candil / Quejas o La maja y el ruiseñor / El amor y la muerte (Balada) /  Epílogo: Serenata del espectro

Y hoy descafeinado

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Domingo 2 de julio, 22:00 horas. 72 Festival de Granada, Palacio de Carlos V, “Conciertos de Palacio”: Orchestre des Champs-Elysées, Philippe Herreweghe (director). Obras de Mozart y Beethoven. Fotos propias y de Fermín Rodríguez.

El calor, las giras maratonianas o los suculentos contratos pueden ser la explicación a una velada descafeinada pese a mis expectativas tras disfrutar el pasado 30 de mayo este mismo concierto en “La Viena Española”. Lo vivido en esta noche granadina en el duodécimo día de Festival me dejó con el sabor agridulce de la frustración, con sentimientos encontrados para dos monumentos sinfónicos que me tentaron a titular “No lo sabían”.
No sabían Mozart ni Beethoven el camino de sus sinfonías, la última del salzburgués y la puerta al futuro del alemán, ambos viviendo en la misma capital imperial pero con trayectorias tan distintas aunque no distantes. Del niño que no quería crecer pero madura repentinamente dejándonos un legado de tres sinfonías postreras y rompedoras, al luchador contra el sistema revelándose gritando libertad cambiando moldes a partir de la Heroica que tanta intrahistoria traería con ella.
Mi pregunta tras lo escuchado en este último nocturno sinfónico es si verdaderamente era necesario que nuestros “tótem” de la llamada música historicista, que tanto han aportado al repertorio barroco donde se convirtieron en auténticas autoridades y leyendas, necesitaban ir más allá haciendo incursiones en el Clasicismo, el Romanticismo y hasta el siglo XX, creando orquestas a su medida donde el legado sigue pesando y personalmente han aportado poco en estos “otros” repertorios que se alejan del espíritu juvenil y el ímpetu con el que irrumpieron en el mundo musical, por lo que me pareció triste que el maestro belga al frente de su Orchestre des Champs-Elysées careciese de la misma entrega que apuntaba en el anterior concierto ovetense.
La “Júpiter” que se ha considerado el mayor triunfo de la musica instrumental, no tuvo en Herreweghe ni en su formación lo que esperábamos de ella, pese a la colocación vienesa que ayuda a captar la tímbrica de entonces, pero tampoco el rigor en la dirección del belga, dejando a una orquesta perdida por momentos, sin precisión ni sincronía y hasta un punto desafinada la cuerda, salvándose la madera con unos metales que no encajaban con el resto pese a los intentos por hacerlo. Herreweghe parecía más preocupado por las dinámicas que por los tempi, y el Allegro vivace tardó en armarse y encontrar la velocidad idónea, tan necesaria como la precisión de una obertura operística. La madera fue un salvavidas para la marejada de una cuerda sin garra, aunque el balance se alcanzó, pero no fue suficiente para el arranque.
Ya que de aire operístico hablo, el Andante cantabile que parece esperar la entrada de la voz, no llegó pese al clima de claroscuros que la preparaba. Todo el viento bien empastado pero la cuerda no era seda sino terciopelo por lo espesa, solo con los contrabajos soportando la tímbrica global. El Menuetto: Allegretto encontró mejor acomodo aunque sin la limpieza deseada, con los metales siempre bien sujetos y unos timbales que “emborronaron” la sonoridad de este movimiento. Si el belga insistía en las dinámicas con sus dedos temblorosos, solo el concertino pareció tomar el mando pues el podio no dirigía, más bien invitaba, y la educación en la interpretación no suele resultar bien. Cierto que la sonoridad del viento buscaba las “referencias de época” siendo lo más destacado, pero la orquesta es una maquinaria que necesita funcionar toda ella sn fisuras, algo de lo que los parisinos adolecieron.
Y el Finale: Molto allegro pareció atragantarse ante las dificultades que son conocidas y trabajadas más en una orquesta casi camerística. Escalas poco limpias, desincronización desde unos matices sí marcados por Herreweghe que nos dejaron una “Júpiter” casi “Saturno” por lejana y borrosa.
Tras el descanso esperábamos la «Heroica» para resarcirnos, o al menos eso deseábamos. Pero quedó algo descafeinada, necesitada de más carne en el asador, leña al fuego o la garra del Beethoven rompedor desde el Allegro con brio que ya cojeó en la insegura entrada inicial. Herreweghe seguía invitando más que marcando cada entrada, fraseo, presencia pero sin pulsación clara. Nuevamente la madera (con la llegada de los clarinetes) sacó a relucir lo mejor de la orquesta francesa que nunca encontró el punto exacto. La Marcia funebre. Adagio Assai personalmente pecó de un tempo no acorde con el sentido ni el calificativo, al menos diferenciar los modos aunque las interpretaciones son siempre subjetivas y para gustos colores. Solo pensar la cantidad de formas en pedir y servir un café en cada sitio puede servir para comprender mi sensación de descafeinado (de máquina, de sobre, con leche o solo…).
Mejor servido el Scherzo: Allegro vivace que no puede salir mal si acertamos en las proporciones. El heroísmo del tercer movimiento no llegó a la emoción. Más que una batalla de amplias dinámicas quedamos en fogueo que al menos no dejó heridos. Un poco de brisa hizo peligrar la partitura del belga pese a la pinza de la ropa (obligada al aire libre), pero las trompas naturales hicieron su papel sobresaliente, al menos cargando la proporción para saborearse sin mucha prisa, todo antes del Allegro molto que intentó enderezar un rumbo indeciso para llegar a buen puerto, más pausado para disfrutar de una flauta impecable, con mayor entendimiento en todas las secciones pese a los años que esta nave lleva capitaneada por el maestro, si bien no fuese esta la mejor noche.
Quedó poso en la taza y regusto en el paladar, pero el aroma no engaña. Al menos Mozart y Beethoven no lo sabían.

Koopman, vitalidad y oficio

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Sábado 1 de julio, 21:00 horas. 72 Festival de Granada, Parroquia de Nuestro Salvador, “Grandes intérpretes”: Ton Koopman (órgano). Obras de Bruna, Froberger, Sweelinck, Buxtehude y Bach. Fotos propias y de Fermín Rodríguez.

La Iglesia del Salvador fue arrasada el 10 de marzo de 1936 por un pavoroso incendio, y reemplazadas por frías imitaciones en hormigón. La maltrecha iglesia, que en su día recibiera el título de “Insigne”, así como cuantiosos bienes, luce hoy en la capilla mayor una imagen del Salvador –procedente de la basílica de Nª Sª de las Angustias–, de Pedro Duque Cornejo, así como un lienzo de la Santa Cena, debida a Pedro Atanasio Bocanegra, y dos retablos procedentes de la iglesia de Santa Escolástica. Y desde 2001 Granada tiene un nuevo órgano versátil construido por Francisco Alonso Suárez donde esta tarde de sábado el infatigable Ton Koopman, tras impartir en la mañana unas clases magistrales para unos pocos privilegiados, disfrutó y nos hizo disfrutar de un concierto basado en sus grandes maestros (Froberger, Sweelinck, Buxtehude y Bach) sin olvidarse de comenzar con una anónima Batalha Famosa en do mayor para ir abriendo tubos, especialmente la trompetería siempre bien dispuesta, y el Tiento sobre la letanía de la Virgen de Pablo Bruna (1611-1679) “El Ciego de Daroca”, explorando las sonoridades del llamado “órgano ibérico” que el del Salvador esconde entre sus muchos registros.

Escuchar al maestro holandés desgranar cada obra es una delicia, pues juega siempre a encontrar los registros apropiados, como un niño con un juguete que además hace magia.
Tras el tributo “hispano” llegaría el barroco potente, primero con Johann Jakob Froberger (1616-1667) y la Toccata II (Libro secondo, 1649) escrita en el denominado stylus phantasticus y desembocando en una giga, una demostración del poderío tanto del órgano como del organista para proseguir con Jan Pieterszoon Sweelinck (1562-1621) y la Echo fantasia «Puer nobis nascitur», un despliegue de registros para alcanzar esos juegos de contestación con tímbricas que recrean ese fenómeno de la naturaleza, y el órgano del Salvador respiró por flautados y lengüetas de todas las medidas.

Los grandes alemanes serían los verdaderos platos fuertes en las manos de Koopman, primero el danés (eso dicen en Helsingør) afincado en Lübeck Dietrich Buxtehude (1637-1707) cuyo Preludio, BuxWV 139 sonó poderoso en un despliegue de registros que la composición pedía, un políptico (como bien explica el también organista Pablo Cepeda en las notas al programa), pues encadena sucesivamente un preludio cuasi-improvisatorio, una fuga, un adagio y una tocata final. A continuación el coral «Wie schön leuchtet der Morgenstern», BuxWV 223, verdadera fantasía al órgano, con algún problema de equilibrio pero siempre apreciable la melodía, para terminar con la Fuga, BuxWV 174, luminosa como el verano danés o alemán, que no vamos a discutir de nacionalidades ya que la música es universal.

Y siendo Ton Koopman su profeta, el “sermón final” sería de Johann Sebastian Bach (1685-1750) con una delicia de obras:

La Fantasía en sol mayor, BWV 572, que comienza en tresillos de registros agudos antes de la poderosa parte central con pedal, a cinco voces que se distinguieron y sonaron nítidas.
Los preludios corales de Bach son un muestrario de recursos a partir de glosar las melodías luteranas, y así fuimos disfrutando de «Wachet auf, ruft uns die Stimme», BWV 645, que incluye la conocida aria de la Cantata 140 con un pedal de trompetería pleno y los flautados que nos transportan a los templos protestantes, después en tiempo de adviento «Nun komm‘ der Heiden Heiland», BWV 659, otro juego de registros con un pedal potente pero sereno.

Lo festivo continuaría con «In dulci jubilo», BWV 729 a cuatro voces donde manos y pies de Koopman volaron juveniles y con el oficio de toda una carrera, ornamentaciones aéreas e improvisadas desde una vitalidad pasmosa, para cerrar los corales con «Schmücke dich, o liebe Seele», BWV 654, complicado de escritura y ejecución por la necesidad de acertar con los registros, entrando todos sin dificultad ni gemidos, respondiendo el órgano a las exigencias del holandés.

Y mejor cierre que la Fuga en sol menor, BWV 578 no podíamos encontrarlo, de extenso desarrollo para que Koopman siguiese “tirando” de vitalidad y oficio. Con el tema conocido por todos los bachianos, voló y sonó cual violín por estilo y sonoridad; cada entrada del tema en una mano y registro le precede otro anticipando el contenido de la siguiente entrada. Maravillosa fuga e interpretación para un público entregado que llenó la iglesia parroquial del Albaicín.

No importaba el esfuerzo ni la edad para el incombustible Koopman que aún nos regaló dos joyas, una bachiana (creo que uno de los corales de Leipzig) y otra que me recordó a las Fantasías de Jean Alain por la búsqueda de registros que resultaron un verdadero muestrario de sapiencia para explotar al máximo los recursos de este potente y versátil órgano joven, casi tanto como un maestro que no parece cumplir años en este concierto vespertino del undécimo día de Festival.

Con la música de Corte en Corte

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Sábado 1 de julio, 12:30 horas. 72 Festival de Granada, Monasterio de San Jerónimo, “Cantar y tañer. Sones antiguos y barrocos”: María Espada (soprano), Nereydas, Javier Ulises Illán (director). Senderos del alma, obras de Pergolesi, Galuppi, Corselli, Ugena, Soler y Ferrer. Fotos de Fermín Rodríguez. 

La música italiana ha estado de moda desde el siglo XVIII y en España también merced a los reyes Felipe V, Carlos III y Carlos IV, pues tanto las consortes del primero como el traerse a la Corte muchos de los músicos del momento los segundos, harán que como titula sus notas Ana García Urcola hay “Caminos espirituales entre Italia y España”.

Con un repertorio aunando estas músicas que no pasan de moda sino que siguen siendo actuales y con un público que llenó San Jerónimo, el programa Senderos del alma trajo al grupo de Javier Ulises Illán (Toledo, 1981) con la soprano extremeña María Espada (Mérida, 1969) en un concierto dominical para recogimiento primero, disfrute después, de unas páginas para ello.

Abría Giovanni Battista Pergolesi (1710-1736) y su Salve Regina, una de las obras con el sello inconfundible del italiano, con el “ensemble” adaptado a la soprano emeritense que, en un momento vocal espléndido, nos deleitaron con los cinco números de que consta. Oraciones cantadas con una emisión perfecta, aprovechando la acústica al máximo para no perderse ningún silencio, el maestro Illán llevando la obra entre claroscuros tímbricos donde brillaron todos los instrumentistas, órgano y tiorba necesarios, y la dicción latina de Espada pluscuamperfecta, con los finales en consonante ajustados realzando un latín al alcance de los diletantes.

Tras “reinar” las emociones, el Concerto a quattro nº 3 en re mayor de Baldassare Galuppi (1706-1785), con dos movimientos (Maestoso y Allegro) donde violines y viola unificaban tímbricas y el continuo daba no solo la base armónica sino la fluidez de esta joya instrumental, alternando Minguillón tiorba y guitarra, con Javier Ulises Illán marcando lo justo para que la música fluyese casi sola.

Volvía María Espada con las primeras “lamentaciones” del programa, la de Francisco Corselli (1705-1778) Lamentación segunda de Miércoles Santo en re menor que emergió por el monasterio con todos los matices de una oración, luz en la sombra del texto y vestido instrumental a la medida, acallando incluso los esperados aplausos.

Tras unas palabras explicativas del director toledano sobre las tres lamentaciones para los tres días y la numerología cristiana, Antonio Ugena (c. 1750- c. 1816), alumno de Corselli, y el Andante: De Lamentatione Jeremiæ Prophetæ, de la Primera lamentación de Viernes Santo, en sol menor, oraciones de los Reales Sitios escuchadas en este Monasterio de San Jerónimo bello, histórico, para seguir regocijándonos con la soprano pacense de timbre corpóreo, carnoso, la técnica al servicio de la música y del texto que recrea en cada frase, con una gama de matices amplísima y unos filados que ponen la piel de gallina. «La contención melódica, junto a la elección de tempo lentos y de tonalidades oscuras son rasgos distintivos de estas composiciones con las que se busca acompañar el recogimiento propio de la época de la Pasión» en palabras de Lluís Beltrán y Juan Miguel Illán (responsables del proyecto en el ICCMU de la Complutense madrileña) y recogidas también en las notas al programa. Nereydas y María Espada plasmaron todos esos “senderos del alma”.

Y con la alternancia necesaria para el descanso vocal, de nuevo Galuppi “Il Buranello” con su Grave e adagio y Spiritoso, del Concerto a quattro nº 1 en sol menor, la grandeza del barroco italiano cada vez más contemporáneo por la hondura de la música en una interpretación preciosista del grupo liderado por Illán.

Alfonso Sebastián al clave nos interpretaría una luminosa Sonata en re mayor, R 84 del Padre Antonio Soler (1729-1783), el aire escurialense en el granadino, preparando y uniendo caminos reales y espirituales antes de volver sin violines ni viola con la última Lamentación segunda de Miércoles Santo en sol menor, un “duelo” y dueto entre María Espada y el cello de Guillermo Turina emocionante en musicalidad, sonoridad, fraseo y entendimiento, arropados por un continuo mínimo pero suficiente para revestir de sentimiento esta lamentación de San Lorenzo hasta San Jerónimo.

Al menos la cronología musical permite pasar de la Pasión a la alegría navideña en un momento, y así sucedió con el villancico (compuesto para la mañana de Navidad de 1798) Soy pastorcilla, de Jaime Ferrer (1762-1824), tres movimientos (Andante / Seguidilla / Andante) de aire hispano aunque pudiésemos imaginarnos un belén napolitano de fondo. Del discípulo y sucesor del Padre Soler como Maestro de capilla en El Escorial, Nereydas y María Espada nos volverían a regalar calidad, pasión, rigor, musicalidad y alegría en este cierre de concierto, “perfecta suma de espiritualidad, tradición española y gusto italiano” como finaliza sus notas la profesora García Urcola.

Aprovechando la complicidad de estos intérpretes, dejando atrás lo religioso pero apostando por nuestra música que todos tienen muy trabajada, la propina con María Espada cantándonos el aria Llegar ninguno intente de la ópera “Iphigenia en Tracia” de José de Nebra (1702-1768), esplendor vocal, ornamentaciones claras, color homogéneo en toda la extensión y el ropaje a medida de Nereydas.

No había forma de parar los aplausos y un segundo regalo retomando a Bárbara de Braganza y Doménico Scarlatti, el último proyecto con sus arias favoritas, “El libro secreto” que estos mismos intérpretes han grabado recientemente, rescatando estas músicas gracias al propio Javier Ulises IIlán y Sara Erro. Dedicatoria al siempre recordado Eduardo Torrico (1958-2023) y el aria Deh, se pietà pur senti de la ópera “Mario in Numidia” de Rinaldo Di Capua (1705-1780), regia desde la Corte vocal de Espada con la nobleza de Nereydas.

Nereydas

Ricart Renart y Leonor de Lera, violines – Lola Fernández, viola – Guillermo Turina, violonchelo – Ismael Campanero, contrabajo – Alfonso Sebastián, tecla – Manuel Minguillón, cuerda pulsada – Javier Ulises Illán, dirección.

María Espada, soprano.

Yo confieso ante dios Bach

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Viernes 30 de junio, 22:00 horas. 72 Festival de Granada, Patio Colegio Mayor Santa Cruz la Real, “Solo Bach”: Orquesta Barroca de Sevilla (OBS), Giovanni Antonini (director). Johann Sebastian Bach (1685-1750): Suites orquestales.

Décimo día de festival y no hay mejor fiesta que la música de Bach que sigue sonando en Granada, esta vez desde “mi casa colegial” con la OBS más el artista residente de esta septuagésima edición el italiano Giovanni Antonini (Milán, 1965) para disfrutar de las cuatro suites orquestales de “Mein Gott”.

Del flautista y director milanés su biografía completa una lista del llamado “historicismo musical” que en este festival está bien representado como vamos comprobando. El fundador de Il Giardino Armonico hace casi cuatro décadas, tiene ya su lugar propio en la recuperación y grabación no solo de lo más destacado del barroco italiano sino que Bach ha pasado a ser otro referente en su ya larga trayectoria, sin olvidarse de “los clásicos” Haydn y Mozart, aunque para este ciclo granadino las suites del cantor han sido las protagonistas con la OBS, curtida en estos repertorios con la gran violinista Lina Tur Bonet de concertino, tándem con Antonini para conseguir el entendimiento necesario en los cuatro monumentos que son las ya populares suites bachianas, y ya interpretadas el pasado año, por lo que el rodaje estaba más que hecho, aunque nunca hay nada igual.

Sin entrar a analizar cada una de las cuatro Suites BWV 1066 a BWV 1069, pues ya se encarga de ello Enrique Martínez Miura en las notas al programa, más que colección de danzas son obras de concierto, y así las entendió Antonini con la OBS (aunque no sea Il Giardino).

En la Suite orquestal nº 1 en do mayor, BWV 1066 pudimos encontrar todos los recursos barrocos de pregunta y respuesta, contrastes en tempi, siempre “apretando” (Forlane bien agitada) y exigiendo a la orquesta, de ritmos, y especialmente los cambios dinámicos que optó el milanés por los súbitos no en las respuestas sino a mitad de la pregunta, con frases más ricas en buen balance entre las secciones. Impecables las lengüetas con el fagot siempre preciso y claro, sin olvidarme del clave con ornamentaciones perladas.

La Suite orquestal nº 2 en si menor, BWV 1067, casi un concierto de trasverso en el que Bach también era un virtuoso, nuevamente jugando con los contrastes y dando la presencia no siempre al máximo del solista Rafael Ruibérriz de Torres, auténtico protagonista «examinado» por el maestro, virtuosismo que va creciendo a lo largo de los siete números, con agilidades por momentos imperceptibles por la búsqueda de una sonoridad más global y homogénea, pero brindándonos la conocida Badinerie final plena de buen gusto, ornamentos perfectos, cromatismos y la aportación bien llevada por Antonini y la OBS, con los cambios de ubicación de la cuerda lógicos en esta segunda suite.

Un descanso para volver a templar instrumentos y ampliar la plantilla con metales y timbales para la Suite orquestal nº 3 en re mayor, BWV 1068, tras las dos primeras más introspectivas pese a números más espontáneos, la tímbrica y “rearme” de los números nos traen lo mejor de “Dios Bach”, con la conocida Air para disfrutar de una cuerda aterciopelada con Lina Tur Bonet “cantándonos” el solo con respuesta bien empastada y disfrutando del clave tan necesario para una textura tan barroca como bella.

Y se hizo la luz, la luna reinaba sobre el claustro del Colegio Mayor Santa Cruz La Real, con la Suite orquestal nº 4 en re mayor, BWV 1069 y toda la OBS (sumándose un tercer oboe), manteniendo la tonalidad de la tercera pero con la agrupación instrumental de trompetas a trío, bien templadas con los timbales sin ensuciar y con el balance perfecto, las lengüetas compartiendo protagonismo, y la cuerda con el continuo, tempi con ritmos casi extremos, Antonini exigiendo y la orquesta respondiendo. Aires de danzas elegantes y tutti rotundos hasta la explosión de la Réjouissance final (que bisarían), imperial, clausura perfecta de un concierto donde la música de Bach fluye limpia, con los músicos escuchándose y el director marcando lo preciso para dejarles “respirar” en cada número, danzable o concertístico, pues las cuatro construcciones combinan conceptos, instrumentos, aires, historias y sentimientos.

Numerosos acólitos que «creemos en un solo Bach» y acudimos a estos regalos que los distintos apóstoles van predicando por Granada. Nos hacemos preguntas y encontramos respuestas, aunque también las damos sin pedírnoslas. Al menos nunca perdemos la fe, y con los años los bachianos fortalecemos nuestra creencia.

Y sábado donde peregrinaremos a escuchar al profeta Koopman desde el órgano de la Parroquia de Nuestro Salvador, pero como todo sábado granadino habrá “misa matutina” en San Jerónimo. Que Dios Bach nos de fuerzas para seguir contándolo: Yo confieso ante Bach todopoderoso que he pecado…

Orquesta Barroca de Sevilla (OBS)

Violines primeros:
Lina Tur Bonet (concertino) – Miguel Romero – Víctor Martínez – Valentín Sánchez – Nacho Ábalos

Violines segundos:
Leo Rossi – Raquel Batalloso – Antonio Almela – Rafael Muñoz-Torrero

Violas:
José Manuel Navarro – Kepa Artetxe – Carmen Moreno

Violonchelos:
Mercedes Ruiz – Aldo Mata
Contrabajo:
Ventura Rico

Clave:
Alejandro Casal

Flauta:
Rafael Ruibérriz de Torres

Oboes:
Jacobo Díaz – José Manuel Cuadrado – Valle González

Fagot:
Javier Zafra

Trompetas:
Jonathan Pia – Ricard Casañ – César Navarro

Timbales:
José Tur

Director:
Giovanni Antonini.

PROGRAMA

Johann Sebastian Bach (1685-1750):

Suite orquestal nº 1 en do mayor, BWV 1066:

Ouverture / Courante / Gavotte I & II / Forlane / Menuett I & II / Bourrée I & II / Passepied I & II

Suite orquestal nº 2 en si menor, BWV 1067:

Ouverture / Rondeau / Sarabande / Bourrée I & II / Polonaise & Double / Menuett / Badinerie

Suite orquestal nº 3 en re mayor, BWV 1068:

Ouverture / Air / Gavotte I & II / Bourrée / Gigue

Suite orquestal nº 4 en re mayor, BWV 1069:

Ouverture / Bourrée I & II / Gavotte / Menuett I & II / Réjouissance

Ofrenda granadina

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Jueves 29 de junio, 21:30 horas. 72 Festival de Granada, Patio de los Mármoles (Hospital Real), “Solo Bach”: Miembros de la Amsterdam Baroque Orchestra, Ton Koopman (clave y director). Johann Sebastian Bach (1685-1750): Musikalisches Opfer, BWV 1079. Fotos de Fermín Rodríguez.

Tarde de “hospital” con calor que no impidió disfrutar de otro espectáculo de nuestro “Dios Bach” y su apóstol Koopman, hoy con un quinteto de los “Amsterdamer» para una verdadera Ofrenda Musical que culminaría en la ofrenda del Festival entregándola la medalla de esta septuagesimosegunda edición.

La historia de esta obra, fechada en 1747, es conocida de todo buen “bachiano” y perfectamente explicada en las notas al programa por Enrique Martínez Miura. El cantor es padre de todas las músicas y sólo una mente tan inspirada y genial como la suya fue capaz de componer casi una hora de música pura a partir de un tema parece que compuesto por el rey Federico El Grande en Potsdam, donde trabajaba de clavecinista el digno hijo C. Ph. Emanuel Bach, para construir todo un templo sonoro a partir de una improvisación y en forma de fuga. La matemática sonora llevada al máximo de combinaciones cual Pitágoras de los doce sonidos que forman la escala cromática.

El maestro Koopman, hoy al clave, comenzaría a desgranar en solitario el tema «Ricercar a 3», para ir tejiendo con sus músicos esa maravilla de vejez que es la Ofrenda musical. Desde ese germen comenzaríamos a disfrutar no ya del genio compositivo de “Mein Gott” sino del perfecto ensamblaje sonoro de estos músicos, primero la cuerda (sin el violone o contrabajo) y sumándose después el trasverso, homenaje al propio reto del monarca que al parecer era buen flautista.

Y desde el Thematis Regii elaborationes canonicae en inspirada elaboración cual fórmula magistral, las notas iban combinándose como ingredientes mágicos en este matraz gigantesco. Primero el “Canon a 2 cancrizans” con los dos violines, seguido del “Canon a 2 violini in unisono” que tan bien mezclaron apareciendo con un sonido único. La receta iría combinando y jugando con las proporciones de esta pócima, “Canon a 2 per motum contrarium”, “Canon a 2 per augmentationem, contrario motu”, alternando las cuerdas de un cuarteto premonición de estilos posteriores aún por descubrir.

Como Merlín experimentado, utilizando los mismos ingredientes pero estirando y encogiendo sin aparente complicación, cada nueva receta ganaba en tímbricas, “Canon a 2 per tonos” y la primera e impresionante “Fuga canonica in epidiapente”. Escuchándose unos a otros, respetando los silencios cuando no intervenían y disfrutando al comprobar cómo evolucionaba la construcción de esta catedral musical, seguía el juego matemático y la rebotica: “Canon perpetuus super thema Regium”, “Canon perpetuus”, “Canon a 2” y “Canon a 4”. Los primeros atriles de la Orquesta Barroca de Amsterdam acertando con la proporción exacta, la presencia, las dinámicas, músicos que suman hasta la unidad.

Y aún proseguiría la magia sonora y tímbrica, el reconocer la melodía primigenia para transformarla, la Sonata sopr’ il soggetto Reale a traversa, violino e continuo con cuatro movimientos (Largo-Allegro-Andante-Allegro) capaces de funcionar solos y ensamblados en la ofrenda global, Merlín Koopman y apóstol de Bach antes de sumarse todos los músicos (el violone daría el cimento y pegamento sonoro) con el “Ricercar a 6”.

En Asturias decimos “poner el ramu” cuando finaliza una construcción, y metafóricamente rematar de forma magistral algo que llevó mucho tiempo. Ton Koopman y la Amsterdam Baroque Orchestra alcanzaron y ofrecieron esta “maravilla de vejez” que no cumple años por ser eterna.

Finalizada la ofrenda, Antonio Moral haría de maestro de ceremonias con las autoridades y patronato para entregarle al incombustible y eternamente joven Ton Koopman una más que merecida medalla, que agradecería con unas sentidas palabras y su fino humor.

Algún músico holandés y también el que suscribe, sin desvelar más acompañantes, tuvimos tiempo de escaparnos hasta el Palacio de los Córdova para disfrutar el final de las “Noches de flamenco”, Encuentro con la inconmensurable María Toledo cantando desde el piano, más un regalo de onomástica con unas bulerías, versión flamenca de Carlos Cano, otro granadino eterno con plaza que cruzo cada día, y su María la Portuguesa junto a Antonio Sánchez a la guitarra, un prodigio de las seis cuerdas, las palmas de Juan Diego Valencia y Lua Cantarote, vistiendo la voz jonda, bravía y entregada, todo a lo grande y con pellizco. Bach es el padre de todas las músicas, así que no podía celebrar mejor este 29 de junio.

Aún me quedaba un poco de San Pedro y San Pablo, por lo que bajando por el Darro llegaría a la Plaza Nueva a repostar y disfrutar de mis últimas horas de santo, aunque la madrugada trajo estas líneas. Mañana más y desde “mi casa granaína”.

Amsterdam Baroque Orchestra:

Catherine Manson y David Rabinovich, violines – John Crockatt, viola – Bob Smith, viola de gamba – Michele Zeoli, violone – Kate Clark, flauta- Ton Koopman, clave y dirección.

La Pasión según Koopman

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Miércoles 28 de junio, 22:30 horas. 72 Festival de Granada, Colegio Mayor Santa Cruz la Real, “Solo Bach”: Amsterdam Baroque Orchestra and Choir, Ton Koopman (director). Johann Sebastian Bach (1685-1750): Johannes-Passion, BWV 245. Fotos de Fermín Rodríguez.

Esta mañana nos despertábamos con la noticia de la concesión al maestro Ton Koopman de la Medalla del Festival de Granada 2003, y a media tarde se nos comunicaba que la hora prevista del concierto se retrasaba hasta las 22:30, pues el avión que debía salir de Amsterdam a las 09:00 para aterrizar a las 13:00 se había estropeado y hasta las 17:00 no despegaban finalmente rumbo a tierra granadina. Así y todo se abrían las puertas al público a las 22:00 y a las 22:19 veíamos llegar a los intérpretes para organizar el escenario llegando con el tiempo justo sin poder realizar la prueba acústica ni tan siquiera meter algo sólido en el cuerpo.
A las 22:45 Antonio Moral, director del Festival, tomaba la palabra para disculparse en nombre de todos y contarnos la odisea, incluso intentando avisar al público que los parkings cerraban pese a los esfuerzos de toda la organización por prorrogar el cierre, siendo imposible y calculando que esta “Pasión” se realizaría sin la pausa prevista, salvo una pequeña parada tras el nº 14 (coral) y la duración prevista sería de dos horas y diez minutos.
Cual acto de penitencia por todos, al fin salía Ton Koopman con su eterna sonrisa y una vitalidad increíble sabiendo todo lo acontecido, con todos los intérpretes preparados, los dos órganos listos tras los repasos matutino y nocturno del inconmensurable Francisco Alonso Suárez (Paco para todos), y escuchando el primer coro Herr, unser Herrscher, aún sin centrarse casi nadie, con las sopranos algo destempladas, Juan el Evangelista y Jesús en el primer recitativo y los sobretítulos bien proyectados para proseguir esta liturgia bachiana tan esperada.
El maestro Koopman debía ajustar la banqueta, pues ni tiempo había tenido, resisitiéndosele el mecanismo pese a “la ayuda de Jesús” y preparado el contratenor curiosamente antes de cantar su aria “Para desatarme de los lazos de mis pecados” (nº 7) con esta pausa no prevista.
Pero el milagro ocurrió y el oratorio iría tomando el rumbo correcto, la primera aparición de la soprano (nº 9) con el aria “Yo también te sigo con alegres pasos” junto al dúo de flautas parecían cantar los acontecimientos; emisión perfecta y color adecuado, el coro más empastado, incluso los solistas manteniendo un nivel alto; la orquesta ensamblada con un continuo que mantendría y hasta iría aumentando su excelente calidad (cello, fagot, órgano y tiorba) pero los dos protagonistas impresionantes, especialmente el Evangelista, que como hace 9 años en Oviedo, sentía y transmitía todos los textos luteranos, y otra maravilla el contratenor, con el mismo cuarteto solista que ya me maravillase entonces y volvía a hacerlo este miércoles “colegial”.
Desde el número 15 esta “Pasión según San Juan” creció en emociones, entrega, encajando cada número como si la “penitencia” previa por todos pasada ya se hubiese redimido, la Zweiter Teil que sería intensa, equilibrada y apasionada. Los corales sonaron empastados y ricos de matices con Koopman tan claro y preciso como es habitual, llevándolos “al pie de la letra”, con sus continuos en el positivo ornamentando primorosamente, el Evangelista emocionándonos, con Jesús completando el relato junto a esta orquesta que mantiene la sonoridad impecable de los holandeses. Si el dúo de flautas competía en belleza con las voces, los oboes no quedaban a la zaga, el fagot redondeaba un continuo donde el cello solista “hablaba” y realzaba los momentos de dolor con Jesús.
El cambio en el arioso de Jesús (nº 19) y el aria del Evangelista (nº 20) con las dos “violas d’amore” consiguió la tímbrica buscada, y las segundas intervenciones de Hana Blažíková (nº 35, Zerfließe, mein Herze) pero sobre todo de Maarten Engeltjes en su aria Es ist vollbracht! (nº 30) fueron rotundas, de una emisión perfecta, color bellísimo y una auténtica dramatización de los textos de Brockes.
Toda la fuerza de la palabras que “dios Bach” realza, un auténtico tratado de simbología musical matemáticamente resuelto por un Koopman que resuelve los enigmas con la sencillez del maestro y la grandeza de la partitura.
Corales, coros y turbas transmitiendo la voz del pueblo, la orquesta subrayando como sólo Bach es capaz, incluso en esta su primera pasión, sin olvidar la reflexión y toda la expresividad. Emociones en el aria de Jesús con el coro, las arias y ariosos del Evangelista junto a esa sucesión de números tan perfectamente compuesto y alternados fueron elevando espíritus y sensaciones.
El Jesús del bajo Klaus Mertens ponía el dolor y resignación pero también la esperanza; San Juan Evangelista del tenor Tilman Lichdi no pudo encontrar mejor narrador. Y todo el Oratorio llevándonos en liturgia bachiana única hasta el clímax final con el coro Ruht wohl, ihr heiligen Gebeine más el coral Ach Herr, laß dein Lieb Engelen.
Redimimos pecados, esperamos la resurrección tras el dolor y las súplicas que no hubiesen sido posibles sin la “Pasión Koopman, siempre a mayor gloria de Bach”. Aún disfrutaremos con el maestro dos días más, que espero seguir contando puntualmente.
FICHA
Amsterdam Baroque Orchestra and ChoirTilman Lichdi , tenor (Evangelista) – Klaus Mertens, bajo (Jesús) – Maarten Engeltjes, contratenor – Hana Blaiková, soprano.
Ton Koopman (órgano y director).
Johann Sebastian Bach (1685-1750):
Johannes-Passion, BWV 245 (La pasión según San Juan, 1724).

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