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La madurez de Yuja Wang

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Jueves 17 de enero, 19:30 h. Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo. Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”. Yuja Wang (piano), Mahler Chamber Orchestra, Matthew Truscott (concertino), Fabien Gabel (director). Obras de Stravinsky, György Ligeti, Mozart y Chopin. Fotos de Pablo Piquero y propias.

Cada visita a Oviedo de la pianista china, afincada en Nueva York, Yuja Wang (Pekín, 1987) es un espectáculo desde su primer concierto en solitario allá por diciembre de 2009 (con algún comentario «fuera de lugar») y su vuelta en febrero de 2015. Aún he tenido la suerte de volver a escucharla en el Festival de Granada de 2023 con la Orquesta Filarmónica de Luxemburgo dirigida por Gustavo Gimeno, así que puedo presumir de comprobar su progreso acercándose a unos 39 años ya maduros en el universo de las 88 teclas en el que lleva desde su infancia.

Más allá de una imagen y un protagonismo en las redes sociales (RRSS) que vende y mucho, con un lleno de los históricos en un auditorio caldeado en todos los sentidos, la aportación de la china Wang al mundo del piano sigue siendo interesante y alejada de otros compatriotas donde solo parece importar el virtuosismo, que es necesario pero nunca suficiente. Y las obras elegidas para este regreso a “La Viena española” con la Mahler Chamber Orchestra (MCO) ha vuelto a demostrarnos que la artista afincada en NY nunca apuesta sobre lo seguro al dejarnos el famoso primero de Chopin junto al nada programado de Ligeti, que supone seguir ampliando su vasto repertorio.

En esta gira española de Wang y la MCO que arrancaba el día antes en el Palau de la Música Catalana, Oviedo sigue estando en el mapa, parada antes de Donosti y el salto a las Islas Canarias dentro de su Festival, con un programa lo suficientemente ensayado, por lo que hay que calificar de éxito rotundo tanto por las obras como por la respuesta de un público rendido a Wang, que desde Barcelona comentaban en las RRSS: «Puro virtuoso, elegancia y magnetismo. Ayer (…) la gran Yuja Wang y la Mahler Chamber Orchestra realizaron el desafiante ‘Concierto para piano’ de Ligeti, una obra de extrema complejidad, llena de ritmos irregulares y fascinantes texturas. Completaron la velada con el refinamiento neoclásico de la ‘Pulcinella Suite’ de Stravinsky, una selección del ‘Idomeneo’ de Mozart y el puro lirismo del ‘Concierto para piano nº 1’ de Chopin bajo la dirección de Fabien Gabel. ¡Otra noche de contrastes para recordar con entradas agotadas!». Se podría suscribir literalmente para este tercer jueves de enero en Oviedo.

La MSO también regresaba a Oviedo ocho años después tras un recordado Mozart con Mitsuko Uchida, y el genio de Salzburgo no faltaría esta vez, abriendo la segunda parte con dos números (I. Chaconne y II. Pas seul) del ballet de «Idomeneo», K. 367, mostrando sus mejores cualidades con una plantilla ideal, equilibrada, muy bien empastada en todas las secciones, con unas trompas aterciopeladas y siempre seguras, comandada la cuerda por el concertino Matthew Truscott y con Fabien Gabel (París, 1975) de estilo elegante, gesto claro y preciso, en un «clásico» donde esta orquesta con sede en Berlín y fundada por Abbado en 1997, es verdaderamente un «colectivo global» al que denominaba como «The Sound of Listening» (El sonido de la escucha).

Muy distinto el Stravinsky que abría la velada con la suite de Pulcinella (1922), K034 desigual, pese a una sección de vientos ejemplar, orgánica pero a la que le faltó «pegada» así como más impulso rítmico por parte de la batuta del parisino.

Gabel no encontró el balance ni equilibrio necesario en esta obra plena de «modernidad» que el ruso escribe en un neoclasicismo único. De cualquier forma estuvo bien ubicarla como preparación al «concierto con piano» de Ligeti donde una formación camerística jugaría con el piano de Yuja Wang (que también tiene en su repertorio los estudios del húngaro), a menudo opacado por unas dinámicas exageradas que también taparon las intervenciones de un concertino que no brilló como hubiésemos deseado.

El Concierto para piano y orquesta, escrito entre 1985 y 1988, supone en palabras del propio Ligeti «un cambio estilístico radical en mi escritura» como bien recoge en las notas al programa mi admirado musicógrafo Luis Suñén, donde el ritmo y las texturas son verdaderos protagonistas, citando de nuevo a mi amigo madrileño, afincado en tierras gallegas: «tomando el concepto de la fotografía, «el grano», según sea el deseo de mayor o menor veladura o densidad de su aspecto, evocando la relación entre píxeles e imágenes en una pantalla de televisión: la ilusión de movimiento es creada por elementos inmóviles». No quiero dejar de reflejar el impecable trabajo de los dos percusionistas que llevan el verdadero peso de este concierto tan sacrificado para ellos (pocas veces lo tocan), aunando color con un piano no siempre protagonista, al que Wang (en su estreno con esta obra) le intentó dotar de mayor presencia pero el director francés Fabien Gabel no «enfocó», más preocupado en no perder la pulsación ni el empuje rítmico que eché de menos en Stravinsky.

Cinco movimientos bien diseccionados por Suñén que explican esta obra tan poco habitual, difícil de escuchar, y provocando las mismas toses que el ruso siempre concita ¡en pleno siglo XXI!, sumándose un teléfono que parecía querer sumarse al «catálogo tímbrico» del húngaro:

«El primer movimiento emerge como una Toccata en la que el ostinato tiene un papel fundamental en su desarrollo. En el segundo, piano y orquesta llegan a una suerte de pacto que en el tercero adoptará la forma de un perfecto equilibrio entre la exactitud del discurso y la expresividad de sus líneas maestras. El cuarto ha sido definido por Pierre-Laurent Aimard como «un ejemplo de la articulación musical del idioma húngaro integrada como parte, a veces aparentemente excéntrica, de un único y sorprendente conjunto». En el polirrítmico quinto, Ligeti somete a piano y orquesta a una suerte de breve y concentrada aventura colectiva en la que sólo se puede llegar al final a través del riesgo: todo pareciera conducir al delirio pero desemboca en la lucidez».

Riesgo interpretativo por parte de todos y esa lucidez final en un muy trabajado además de nada agradecido «concierto con piano» desde la espléndida madurez de la artista china tras un paréntesis con el que afrontar esta nueva etapa donde seguir sumando nuevas obras sin dejar atrás las trabajadas hace años.

La segunda parte tras el aperitivo mozartiano ya comentado, donde Gabel y la MSO nos devolvieron a la escucha activa de todas las secciones, tras la nueva «mudanza» para reubicar el piano nos devolvería a Yuja Wang como solista y directora del Concierto para piano nº 1 en mi menor, op. 11 de Chopin.

Cada vez que escucho «el primero de Chopin» (que es el segundo) me viene a la memoria el octavo curso del llamado Grado Profesional de Piano de mi adolescencia donde era obra obligada para los estudiantes, un «tormento» técnico que solo las muchas horas de trabajo alcanzaban a «tocarlo» (interpretarlo sólo con los años y cualidades innatas se logra). Atesoro en mi fonoteca múltiples interpretaciones de todas las épocas, intérpretes o «escuelas pianísticas», y no es habitual que el solista también dirija, aunque es una práctica que comienza a ser más «normal» entendiéndolo como «búsqueda del control total» y la verdadera colaboración de todos los músicos en otro ejercicio de «escucha colectiva» que con formaciones como la MSO se alcanza y es difícil no aceptarlo hoy en día.

Con cambio de vestuario tras el de la primera parte, un vestido que la pianista china pisaba al caminar, la entrada en pie entre la banqueta y el piano solo sirvió para marcar  el «tempo» del Allegro maestoso, bien delineado por la solista y mejor contestado por la orquesta, con una amplia gama de matices donde los pianissimi casi cortaban el aire y los forte esta vez estuvieron perfectamente balanceados (la complicidad con el concertino sí funcionó). Sonido limpio, control total del pedal con los ya conocidos stilettos «Louboutin» de Wang que tiene cogido el «punto exacto», más una visión con pocos rubati que favorecieron el encaje sonoro sin perder nunca el romanticismo del polaco.

Más profundo resultó el Romanze: Larghetto, sin prisas, paladeando piano y orquesta, diálogos bien medidos con un fagot impecable, sonido cristalino del piano y una orquesta «ideal» para este Chopin atemporal. Y de nuevo marcando el aire preciso para el Rondo: Vivace final, el torbellino chino ahora jugando con el tempo, los rubatos siempre intrínsecos al polaco, las agilidades y fraseos de todos, la intención interpretativa bien entendida demostrando cuánta música atesora la pianista china de un virtuosismo plegado a la expresión pura.

Aplausos y vítores que tras dos conciertos tan distintos y exigentes, nos dejó de regalo el Vals en do sostenido menor, op. 64 nº 2 del Chopin bien entendido e interiorizado, lección de buen gusto, matices, rubato, madurez con emociones que transmitieron otra noche para el recuerdo de estas Jornadas de Piano que llevan el nombre de «Luis G. Iberni» que seguro hubiese disfrutado como todos, y siguen trayendo a Oviedo lo mejor del panorama actual, donde Yuja Wang está en él por méritos propios.

PROGRAMA

I

Igor Stravinsky (1882-1971):

Pulcinella (suite), K034:

I. Sinfonía / II. Serenata / III. Scherzino – Allegretto – Andantino / IV. Tarantella / V. Toccata / VI. Gavotta (con dos variaciones) / VII. Vivo / VIII. Minuetto – Finale.

György Ligeti (1923-2006):

Concierto para piano y orquesta:

I. Vivace molto ritmico e preciso / II. Lento e deserto / III. Vivace cantabile / IV. Allegro risoluto / V. Presto luminoso, fluido, constante, sempre molto ritmico.

II

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791):

Música de ballet de «Idomeneo», K. 367 (selección)

I. Chaconne / II. Pas seul

Frédéric Chopin (1810-1849):

Concierto para piano nº 1 en mi menor, op. 11:

I. Allegro maestoso / II. Romanze: Larghetto / III. Rondo: Vivace

Consagración joven

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Sábado 26 de julio, 20:00 horas. Teatro de la Laboral, Gijón: Joven Orquesta Nacional de España (JONDE), Francisco Fullana (violín), Nuno Coelho (director). Obras de Fabià Santcovsky, Isaac Abéniz – Francisco Guerrero e Igor Stravinsky. Entrada: 6 €.

Cada vez que acudo a un concierto sinfónico con orquestas jóvenes mantengo la esperanza de creer en parte de una generación con poca visibilidad que se sacrifica para dedicar su vida al siempre difícil mundo musical donde poder ganarse la vida, esperando mantener vivo este capital humano para que no tenga que emigrar y demostrando cómo los avances logrados durante tres generaciones nuestro país ha pasado de importar músicos a exportarlos por medio mundo, y conozco muchos.

La JONDE (Joven Orquesta Nacional de España) es como la selección nacional juvenil de los mejores músicos españoles que ya «juegan ligas europeas» en distintas capitales, y celebraba su segundo encuentro del presente año en el Teatro de La Laboral de Gijón preparando una mini-gira que arrancaba este sábado en la capital de la Costa Verde para proseguir en el Palau de la Música Catalana en el Festiva Grec de Barcelona este lunes 28, para volar hasta Alemania, primero a Wiesbaden (viernes 1) en el Kurhaus Wiesbaden dentro del Rheingau Musik Festival, y después en el  Konzerthaus de Berlín (el domingo 3) en el Young Euro Classic Festival.

Muchos días de trabajo previo con una selección de profesores especialistas en cada instrumento llegados de las mejores orquestas europeas, ensayando por parciales y secciones, más un equipo docente formado por unos profesionales que funcionan cual claustro musical, con los primeros «tutti» dirigidos por Miguel Sepúlveda (director asistente de la JONDE) y en los conciertos con el maestro portugués Nuno Coelho (Oporto, 1989), titular de nuestra OSPA, más el violinista mallorquín Francisco Fullana, al que se sumará para Wiesbaden Thibaut Garcia a la guitarra, sin olvidarme, dentro de estos invitados, al compositor catalán Fabià Santcovsky Reschini (Barcelona, 1989), XLI Premio Reina Sofía de Composición Música 2023 (quien comentaba esta semana en el Instagram© de la JONDE: “Es un gran regalo trabajar con estos músicos porque tienen lo mejor de todos los mundos, por un lado lo mejor de una orquesta joven con esta energía y lo mejor de una orquesta profesional”) de quien interpretan su concierto para violín solo y gran orquesta Concierto de los Elementos I&II, pues como toda orquesta profesional, estos jóvenes deben preparar obras de su tiempo sin olvidarse del llamado repertorio sinfónico, que tampoco puede faltar en los programas. El violín solista citaba del compositor catalán en la misma red social:  “Da gusto trabajar con Fabià con esa energía, esa creatividad y ese propio lenguaje que crea con esta obra”.

En Gijón la JONDE mostró una calidad suprema en un repertorio exigente, difícil, plenamente entregados, viéndoles disfrutar, además de seguir formándose, con un Coelho cuyas virtudes ya conocemos y que volvió a demostrar al frente de unos músicos excelentes en todas y cada una de las familias y secciones. De ellos también comentaba en Instagram© el director invitado de este segundo encuentro: “Siempre es una experiencia muy bonita estar con la JONDE. Los músicos tocan todo, tienen muchísimas ganas de mejorar, de tocar en conjunto, de trabajar cada detalle, y la verdad es que se les puede pedir todo y lo hacen siempre con una sonrisa”.

Del compositor Santcovsky, formado en Alemania y con un gran catálogo de obras, se ha escrito que «su música es fruto de un imaginario en el que se invoca la representación de ciertos arquetipos de la idea de naturaleza como forma de plantear un lenguaje constituido en el límite entre lo humano y lo natural. Como contraste a esta línea de trabajo, en sus óperas ha desarrollado un lenguaje acompañado de medios electrónicos y planteamientos temáticos inspirados en la ciencia ficción y en la especulación sobre el futuro de la tecnología como motor de cambio de la condición, la forma y la cultura del ser humano». Su Concierto de los elementos I&II para violín y orquesta consta de dos partes: La última representación del mirlo y Resonancia sin nombre. En palabras del propio autor “Este concierto es un conjunto de elementos que propongo entenderlos como fenómenos de un mundo que no sólo se compone de objetos, sino que se manifiesta a través de ellos”, donde cada instrumento es utilizado cual «objeto sonoro». Su estrenó corrió a cargo de la Orquesta de RTVE con su titular Christoph König y el ilerdense Joan Espina de solista el pasado 11 de octubre, y la JONDE lo ha incorporado para esta gira de verano.

La música del compositor catalán es un verdadero cambio que musicalmente bebe del atonalismo para trabajar con texturas, timbres casi ornitológicos (el mirlo que se hace violín y vuelve al pájaro en un perpetuum mobile del arco sobre las cuerdas) en un delicado trabajo tanto del violín solista como de toda la orquesta, transitando en la búsqueda de sonoridades distintas en cada instrumento cual objeto sonoro. Santcovsky tras ganar el premio pedía para su música, y en general para la de nuestro tiempo, en una entrevista para el periódico La Vanguardia «generosidad para recibir su discurso” y proseguía: “Cualquier música que no se ha oído antes va a ser rechazada por el público”, definiendo su estilo como similar a la corriente pictórica del informalismo de mediados de siglo XX, que se desarrolla sobre todo en Italia, y tiene en España a Tàpies como su principal representante». Tras su interpretación puedo afirmar que tanto orquesta como solista y director fueron generosos, entregados, disciplinados, ilusionados y muy aplaudidos junto al compositor, que subió a saludar y felicitar a todos al finalizar, pues esta obra es de nuestro tiempo, y tanto músicos como melómanos debemos consumir lo actual, educarnos en estos lenguajes que beben del pasado pero aportan nuevas sensaciones. Me gustó la comparación con Tàpies y personalmente, tras escuchar las siguientes obras, pensé en Las Meninas de Picasso como reutilización o inspiración en «los clásicos» para poder alcanzar una nueva visión desde lo conocido, o si se quiere, cocinar con los mismos ingredientes combinados desde las técnicas actuales, pues de los pucheros tradicionales hemos pasado a los laboratorios gastronómicos.

Fullana ya en solitario nos regalaría una interpretación «sui generis» del arreglo de Ruggiero Ricci para violín de los conocidos Recuerdos de la Alhambra (Tárrega) antes de seguir con el gerundense Isaac Albéniz (1860-1909) y tres números de su Suite Iberia compuestos entre 1905 y 1909: Málaga, El Corpus Christi en Sevilla y El Albaicín en las orquestaciones de Francisco Guerrero Marín (Linares, 1951 – Madrid, 1997), un jienense de la que se ha llamado «Escuela granadina» (alumno de Juan-Alfonso García) emigrado a Alemania que entroncaba muy bien con el precedente del catalán (“Tienes que vaciar el ruido mental de tu propio discurso interno para poder dar albergue a la propuesta de otra persona”), uno de los primeros en partir de la receta tradicional del piano para volver a cocinarla con una riquísima orquestación, como otros ya han hecho con esa «biblia pianística» del compositor de Campodrón, eligiendo los números que les inspirarían en la búsqueda de sonoridades. Desde Fernández Arbós y Frühbeck de Burgos pasando por David del Puerto, Mauricio Sotelo o José Luis Turina, solo por citar algunos de quienes buscaron en esta Iberia, la cocina orquestal de Paco Guerrero es de un respeto al original pianístico para engrandecerlo con un trato delicado de la tímbrica, una rítmica bien marcada utilizando nuestras panderetas y castañuelas, con unas dinámicas extremas que en la orquesta resultan verdaderamente ricas, cierto gusto francés (en la memoria siguen Ravel o Debussy pero también el Falla parisino), todo con una opulencia tal vez excesiva pero ideal para poner a prueba a una JONDE donde Coelho volvió a marcar al detalle los motivos, las contestaciones, las combinaciones con un balance muy trabajado de intensidades y planos. Si la cuerda asombró en el concierto del catalán, en este Albéniz de Guerrero brilló con una calidad impecable en todo con arpas, la madera no se quedó atrás, los metales, especialmente las trompas, siempre presentes y afinadas pero contenidas, completando la plantilla una percusión (con celesta) dando las pinceladas que Guerrero remarca al piano de Albéniz en una ruta andaluza que hizo el trayecto de Málaga a Sevilla con final en Granada.

Tras el descanso para reubicar plantilla en el escenario, cambiar la concertino de la primera parte por otro en la segunda (los nombres no estaban especificados en el programa de mano), la gran obra que toda orquesta necesita para comprobar su estado de madurez es La consagración de la primavera (1910-1913) de Igor Stravinski (1882-1971). Inmenso sinfonismo e instrumentación más allá de la visión «danzable» del ruso, con las dos partes donde disfrutar con una JONDE magistralmente llevada por Nuno Coelho atento a cada detalle, cada entrada, cada matiz… Desde el jugoso fagot inicial de la Introducción de la «Adoración de la tierra» cada intervención de los primeros atriles era una pugna por la mayor musicalidad, el empaste de cada sección impecable, las amplísimas dinámicas asombrosas y la entrega total. Las dos grandes danzas (de la tierra en la primera parte y la sagrada de la segunda) solo serían los broches desde la Adoración a El sacrificio de una interpretación madura, rica, limpia y clara, arrebatadoramente rítmica e íntimamente entendida. Recordando otras versiones de afamadas orquestas internacionales, esta sabatina en Gijón será un modelo a seguir que estoy seguro aplaudirán en su gira, que vuelve a poner a España en el sitio de la calidad musical que tiene nada menos que en el epicentro sinfónico alemán.

Y música de España para una «tercera parte» de propinas que con estos intérpretes fueron verdaderos regalos para todos los presentes por el ímpetu, musicalidad, entrega y sorprendente calidad. Comenzaron con el conocido intermedio de La Boda de Luis Alonso (G. Giménez) plena, matizada, con el director portuense jugando con el «tempo», una admirable percusión por compenetración y riqueza interpretativa de tres castañuelas a dos manos alternando con panderetas, unos metales broncíneos, las maderas líricas y la cuerda nuevamente asombrosa.

A este final de fiesta se sumaría de nuevo el Guarnieri «Mary Portman» (1735) de Francisco Fullana para interpretar al mejor y mayor virtuoso navarro Pablo Sarasate (1844-1908), sus Aires gitanos en otra demostración de buen hacer musical por parte de todos, con Nuno Coelho excelente concertador de una JONDE maravillosa en conjunto y el violín zíngaro siempre presente, donde la técnica siempre estuvo al servicio de una música atemporal.

Ya con la alegría del buen trabajo hecho, Coelho se limitó a dar la entrada al «himno no oficial» de la JONDE que es Amparito Roca (Jaume Texidor) para un arreglo de orquestación prodigiosa donde jalear al flautín, trompeta y demás solistas que pusieron en pie tanto a los músicos felices tras el éxito de esta apertura de gira, como al público plenamente entregado y agradecido por esta carga de emoción y adrenalina de una generación JASP (acrónimo de «Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados») que ya es un eslogan para no olvidar.