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Pájaros nocturnos

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 19). Recitales.

Lunes 7 de julio, 22:00 horas. Patio de los Arrayanes. Pierre-Laurent Aimard, piano. Olivier Messiaen: Catálogo de aves (Catalogue d’Oiseaux). Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

Como bien presentaba la web, este día de San Fermín sería El día de los pájaros:

Pierre-Laurent Aimard (Lyon, 1957) es, entre las grandes estrellas del piano, uno de los artistas que en el último medio siglo más atención ha prestado a los repertorios contemporáneos, comprometiéndose a menudo con proyectos especiales. Este lo es: un viaje único a través del Catalogue d’Oiseaux de Olivier Messiaen, obra monumental inspirada en los cantos de las aves que el genial compositor francés escribió entre 1956 y 1958 y dedicó a la pianista Yvonne Loriod, que sería desde 1961 su segunda esposa y que fue profesora de Aimard en el Conservatorio de París. En un formato excepcional, el pianista lionés interpretará las trece piezas de este ciclo en cuatro recitales, repartidos de la mañana a la noche por otros tantos lugares emblemáticos de la colina de la Ahambra. Y como colofón, antes del último recital en el Patio de los Arrayanes, el conocido naturalista madrileño Joaquín Araújo ofrecerá una conferencia sobre las aves y las sonatas del bosque.

Al pianista lionés tuve el placer de escucharlo hace diez años en Oviedo con un monográfico dedicado a Bach nada menos que con ¡el primer cuaderno al completo! de El clave bien temperado, por lo que al ver programado este monográfico ornitológico de Messiaen (Aviñón, 1908 – Clichy, 1992) que ya grabase en 2018, y recordando que además fue su maestro, en cierto modo no me sorprendió del todo (la duración total ronda las dos horas y tres cuartos), si bien la novedad radicaba en hacerlo durante cuatro sesiones el mismo día con cuatro escenarios distintos de la Alhambra, siendo el último precedido de una conferencia del naturalista y escritor Joaquín Araújo (sus intervenciones radiofónicas además de su archivo sonoro, como el de Messiaen, ha sido único) en el Palacio de Carlos V. Por cuestiones de aforo y horarios, tan solo pude asistir al de la noche en el Patio de los Arrayanes, que siempre es especial  y mi preferido de los recintos históricos del festival granadino. En todo Catalogue el compositor llega a emplear las vocalizaciones de 77 aves, organizando esta monumental obra en 13 cuadernos o cahiers, repartidos, a su vez, en 7 libros, más quiero añadir otra curiosidad: «la clasificación de los trece cuadernos en cada uno de estos siete libros proyecta un planteamiento bastante original, pues conforma un patrón numérico en forma de palíndromo (3-1-2-1-2-1-3). Tanto los números 1, 2 y 3, como el total de cuadernos (13) y el número de libros (7) son números primos», tal y como explica Gregorio Benítez en la web de la revista Melómano.

Como estoy rodeado de excelentes críticos, a algunos les leeré cuando publiquen para hacerme una idea de cómo fueron estos «Pájaros monumentales» aunque también en la tertulia posterior comentamos un mínimo avance del resultado y de este último compartido, con las fotos de ©Fermín Rodríguez que son las ilustraciones perfectas de los conciertos de este lunes.

Toda una experiencia como la vivida por Luis Gago que explica y relata en sus extensas notas al programa:

Y ¿hasta qué punto plasmó Messiaen con precisión los cantos de pájaros que llevó luego a los pentagramas? Él mismo aventuró una respuesta en 1959: «Todo es preciso: las melodías y ritmos del solista, los de sus vecinos, el contrapunto entre los dos, las respuestas, conjuntos y momentos de silencio, así como la correspondencia entre la canción y el momento del día. Los pájaros por sí solos son grandes artistas. ¡Son ellos quienes son los verdaderos compositores de estas piezas! Si en ocasiones decae la calidad musical, ello se debe a que el compositor, afuera en el campo, ha salido torpemente de su escondite o ha provocado un ruido perturbador al moverse con sus pies sobre la gravilla, al pasar una página o al tronchar una rama seca».

Quienes me conocen saben que soy noctámbulo por naturaleza, y poder escuchar la elección de Pierre-Laurent Aimard () para cerrar este «maratón Messiaen» parecía relatar mi propia historia con dos números del Livre 3, el V. La Chouette Hulotte (El cárabo. Strix aluco) y el VI. L’Alouette Lulu (La alondra totoví. Lullula arborea), y finalmente el VII. La Rousserolle effarvate (El carricero común. Acrocephalus scirpaceus) del del Livre 4.

Escuchar El cárabo me llevó a la pareja que anidaron muchos años en el bajo-cubierta de mi casa en Siana, el planeo desde el castaño al atardecer y los ruidos que escuchaba en el techo de la habitación hasta poder asomarme y verles sobre el calderín, hasta el día en que se colaron por la chimenea y mi primo David los devolvió a su guarida tras camuflarse debajo de las lámparas del salón y del despacho. Así sentí este número quinto que describe el lado más aterrador de la noche a través del curioso empleo de procedimientos seriales destinados a evocar la oscuridad, el miedo y la tenebrosa soledad de un bosque habitado por los aullidos de estas rapaces nocturnas como «mi» cárabo, el búho chico o el mochuelo.

Si la partitura de Messiaen es increíble, la interpretación de Aimard recrea por línea directa todo el lenguaje de su compatriota: el piano creando atmósferas que el estanque de los Arrayanes decoraba cual «video mapping» en el Palacio de Comares, manejo de todos los matices cuidados cual acuarelas para reflejar en el instante cada color, un piano cristalino como el agua y evocador de vuelos, noches de incertidumbre y la elegancia del planeo del cárabo.

La alondra totoví revoloteó, se posó, el piano trinaba en una sonoridad aguda controlada con una técnica y expresión únicas, el ritmo libre de un vuelo cantaba mientras los graves resonaban poderosos para «observar» con el oído una vegetación mecida por una breve brisa que solo Aimard puede plasmar con la hondura, conocimiento y expresividad escrita por Messiaen, y dos aviones sobrevolando como alondras tecnológicas de un tiempo eterno. Si el canto de esta alondra está constituido por una estrofa larga, que comienza de manera relativamente lenta, pero avanza con rapidez, acelerándose y haciéndose progresivamente más grave, el piano recreó lo capturado en la partitura por el «ornitólogo».

Y llegaba el enorme nocturno final con el carricero común, una estampa sonora de este pájaro hermoso, de tonos pardos uniformes y canto agradable, que busca las principales zonas húmedas del litoral y de los valles fluviales de la Península Ibérica y Baleares, ocupando formaciones de vegetación palustre, «visibilizándolos» en la música de Messiaen y su mejor intérprete, casi transmutación del carricero, un migrador transahariano que visita nuestro país y esta noche comía los insectos que el piano «capturaba». Casi treinta minutos donde degustar un piano colorido, rotundo, descriptivo, capaz de silenciar la noche con un aleteo en el agudo que nos hacía buscar en el cielo granadino si era un pájaro o la música quien protagonizaba esta noche nazarí.

Pierre-Laurent Aimard el mejor naturalista al piano, concentrado, entregado, mago del sonido, impecable ejecución y un intérprete que traduce al compositor como nadie en la actualidad.

Otro de los conciertos para recordar de esta 74ª edición que ya entra en su última semana, e iré contando puntualmente desde aquí.

PROGRAMA COMPLETO:

10:00: Fundación Rodríguez-Acosta

Pierre-Laurent Aimard, piano (1)

Olivier Messiaen (1908-1992)
Catalogue d’Oiseaux (Catálogo de aves. 1956-1958)

IV. Le Traquet stapazin

IX. Le Bourcarle

XII. Le Traquet rieur

12:30: Iglesia de Santa María de la Alhambra

Pierre-Laurent Aimard, piano (2)

Olivier Messiaen
Catalogue d’Oiseaux

XI. La Buse variable

VIII. L’Alouette Calandrelle

II. Le Loriot

III. Le Merle bleu

19:00: Parador de Granada

Pierre-Laurent Aimard, piano (3)

Olivier Messiaen
Catalogue d’Oiseaux

I. Le Chocard des Alpes

X. Le Merle de roche

XIII. Le Courlis cendré

20:30: Palacio de Carlos V

Encuentro con Joaquín Araújo (naturalista y escritor)

22:00: Patio de los Arrayanes

Pierre-Laurent Aimard, piano (y 4)

Olivier Messiaen
Catalogue d’Oiseaux

V. La Chouette Hulotte

VI. L’Alouette Lulu

VII. La Rousserolle Effarvate

En el nombre de Bach

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Viernes 9 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni». Pierre-Laurent Aimard (piano), Das wohltemperierte Klavier I, BWV 846-869 (J. S. Bach).

Casi una gesta supone interpretar completo el primer libro de «El clave bien temperado«, todo un universo condensado en veinticuatro preludios con sus correspondientes fugas en cada tonalidad de toda la escala cromática, profundidades para pianista y público iniciado, más aún para el de estas jornadas dedicadas a las 88 teclas que dejó muchas butacas vacías pese a la inmensidad del artista francés.

Antes de comenzar Aimard realizó la dedicatoria, en inglés, a las víctimas de los atentados de París de este concierto precisamente con la mejor forma posible para él como «su Bach«, música para la paz.

Con la edición Urtext (la naranja de toda la vida) adquirida el mismo día al olvidar la suya, sin anotación alguna, ayudado de «pasa hoja» atento a las indicaciones del pianista, normalmente en las fugas que ocupan varias páginas, también una vez iniciada siguiendo sus instrucciones, sin patrón aunque supongo que buscando la mayor unidad entre parejas (preludio y fuga, también en las tonalidades mayor y menor), con un breve descanso tras interpretar la mitad del libro, el estilo del artista de Lyon se caracterizó por la profundidad en cada una de las obras, independientes dentro de esa unidad y globalidad universal que algunos han llamado la biblia de los pianistas. El tocar con la partitura delante indica en este caso no inseguridad, que seguro la tiene más que asumida e interiorizada, sino el respeto a lo escrito y deseo de no dejarse nada en el tintero, refrescar siempre el complejo mundo que Bach dejó para la posteridad de la historia musical.

Aimard optó por intentar ofrecer un acercamiento personal a toda la inabarcable magnitud del primer libro, desde la diversidad en cada obra: romanticismo en los preludios, claridad expositiva en las fugas, manejo del pedal en pos de sonoridades amplias y ricas, contrastes en tiempos pero también en emociones, sin importar «pellizcar» notas más allá de los propios adornos escritos, convencido de la vigencia y atemporalidad de la obra para tecla de Bach, «klavier» que es clave y piano en la lengua de Goethe, honradez y honestidad en cada fraseo, en cada duración, en cada calderón, en cada anotación del propio compositor. El propio Aimard ha dicho «Bach ha sido durante mucho tiempo un objetivo muy lejano para el día en que yo fuera más sabio o me conociera mejor».

Pierre-Laurent Aimard resultó un titán enfrentado a la inmensidad interiorizada para sacar a flote todo lo escrito, visiones claras de lo importante y lo accesorio sin perdernos en discursos introspectivos. Afrontó el primer preludio como si de una autopresentación de intenciones se tratase, nunca el virtuosismo sin más, juego expositivo y sonoro desde una técnica y gestualidad propias, mascando los pasajes en cierto modo «gouldiano» (aunque el canadiense jadease y tararease), recreándose en la boca volcán o sumergiéndose en el magma. Cada preludio y fuga tienen identidad propia, vida condensada para el estudio no ya de los propios hijos de Bach y demás discípulos sino para dedicarle toda una existencia, longeva a ser posible. El músico francés ha grabado el verano pasado este programa para el sello amarillo con quien tiene exclusividad, pero también ha colgado seis minicapítulos en vídeo explicando, en inglés de nuevo por la universalidad del habla, cual preámbulo a una gira que le llevará el martes 13 al Auditorio Nacional.

Si comentaba que el concierto resultó para iniciados, recordar al resto que resulta un acontecimiento casi irrepetible escuchar el libro primero completo en un recital, que las grabaciones llevan tiempo sin contar el invertido de preparación, y lo difícil que supone siempre aportar el toque personal a esta obra pianística. Hay fugas difíciles de paladear pero otras son auténticas delicias, joyas para todos los públicos, la precisión matemática de la escritura bachiana elevada siempre a la mayor espiritualidad que Aimard consiguió en las venticuatro. Los preludios siempre son más «llevaderos», espontáneos, luminosos en su mayoría y verdadera fuente de versiones en todos los estilos. Cuando los bachianos defendemos que toda la música posterior arranca de aquí es fácil argumentarlo, partiendo del acercamiento al jazz que el también pianista francés Jacques Loussier realizó durante años de la obra del kantor de Leipzig donde nunca faltaron preludios y fugas del primer libro. Por lo tanto es un lujo escuchar completo en la misma sesión «El clave bien temperado» (hasta W. Carlos se atrevió con «El sintetizador bien temperado») porque el directo siempre es irrepetible y todo lo que se haga en nombre de Bach no resulta excesivo.

Imposible elegir altos y bajos aunque hay que citar el BWV 849 por reflejar humor e introspección, el poderoso preludio BWV 851, el dificilísimo BWV 852, la única fuga a dos voces BWV 855 auténtico muestrario dinámico, y de la segunda parte la introspección del BWV 861, el complicado ligado de la fuga BWV 862, todo el BWV 864 por contrastes, elección correcta de un tempo ceñido a la máxima de Tovey de «“que no sea ni intocable ni desagradable de acuerdo con una práctica razonable” a fin de conservar la atmósfera de alegría imperante y, al tiempo, no perder la calma expositiva» que el gran Arturo Reverte cita en las notas al programa de Madrid, y finalmente el BWV 868 por lo que supone de respiro y luz tras las sombras anteriores, no interpretativas sino profundas en la escritura bachiana. Aimard se suma a la lista de los grandes intérpretes que han pasado por Oviedo, y su Bach será recordado mucho tiempo. Añadir que los «links» que figuran bajo mis elecciones son del ya citado Glenn Gould, auténtico genio que redescubrió al piano el Bach del clave, con todos los detractores y seguidores que queramos.

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