Inicio

Sobriedad frente al exceso

Deja un comentario

Miércoles 7 de febrero, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Concierto nº 1678 de la Sociedad Filarmónica de Gijón: Ciclo de Jóvenes Intérpretes de la Fundación Alvargonzález: Jaeden Izik-Dzurko (piano). Obras de Bach, Liszt y Rachmaninov.

Segundo concierto de este ciclo de jóvenes pianistas patrocinado por la Fundación Alvargonzález,  este miércoles con el canadiense Jaeden Izik-Dzurko (Salmom Arm -Columbia británica-, 1999) ganador del XX Concurso Internacional de «Paloma O’Shea» (2022), y con un programa «no apto para todos los públicos» pero con mucho poso ante composiciones de compositores y virtuosos del piano que están bien en las competiciones, con lo que ello supone de oportunidad para mostrar tanto talento, y que en el caso del compatriota de Glenn Gould mostró sobriedad frente a la tentación del exceso, elegancia en todo, desde el impecable traje negro (siempre abrochando la chaqueta antes de saludar), zapatos de charol negro, camisa con gemelos, corbata y pañuelo, hasta la gestualidad, sin aspavientos cara a la galería, nada superfluo, apenas ligeros movimientos del torso dejando al desnudo toda su impresionante técnica al servicio de la música en unas interpretaciones de alto voltaje.
El respeto y admiración por dios Bach como «padre de todas las músicas», hizo sucumbir desde entonces a todos los músicos, épocas y estilos. El «abate Liszt» en sus años de peregrinaje mundial exhibiendo sus dotes al piano para sacar de él sonoridades grandiosas, voluptuosas, que en cierto modo le convertirían en un mito (o diablo) del piano, no dejó pasar la oportunidad de rendirle homenaje y ayudar a acercar la música de órgano de «El kantor de Leipzzig» al competidor por el reinado del teclado, un piano que el propio húngaro pondría de moda en la época romántica. Las notas al programa del profesor Francisco Jaime Pantín nos cuentan que «las transcripciones de la música de Bach realizadas por Liszt revelan el respeto profundo, rayano en la devoción, que el gran compositor húngaro sentía por estas obras (…) Su transcripción de los 6 Preludios y Fugas para Órgano constituyen un ejemplo elocuente de este modelo, siendo el ‘Preludio y Fuga en La menor’ uno de los más conocidos y frecuentemente interpretados en concierto y constituye una magnífica muestra de la capacidad de Liszt para sintetizar de manera magistral las texturas polifónicas más complejas en un solo teclado sin merma aparente de intensidad y grandeza, a partir de una escritura pianística fascinante –repleta de octavas y series de sextas paralelas– capaz de recoger la práctica totalidad del original organístico bachiano, incluyendo el importante papel del pedalero, en una obra que parece desarrollarse bajo el signo de la improvisación y que incluye frecuentes cadencias de marcada vocación virtuosística». El canadiense agrandaría este respeto al original y al transcriptor con una sonoridad grandiosa, descubriendo cómo la música escrita es solo un lenguaje donde la interpretación es fundamental para comprender cada detalle: inflexiones, matices, pausas, acelerandos y retardandos que marcan las diferencias de lectura de lo escrito cuando hay un estudio concienzudo detrás. Como decía al inicio, Izik-Dzurko no cayó en la tentación de los excesos y supo entrar en los detalles sin obviar los ornamentos, el preludio limpio y cristalino donde los registros del órgano los consiguió con un despliegue dinámico amplio, un uso de los pedales y resonancias del piano más una mano izquierda que por momentos era el pedalero del piano-órgano que en el Weimar feliz de Bach (la fuga luminosa parece reflejarlo) aún resuena en la Academia Liszt allí instalada, el apóstol más famoso que el propio dios pagando su penitencia que en el Jovellanos redimió este nuevo testamento juvenil.
Para no dudar del respeto por ambos y también en el Weimar de Goethe o Schiller más que de Bach, la Sonata para piano en si menor, S. 178 del Liszt «republicano» en la interpretación de Izik-Dzurko pareció un duro ejercicio de martirio soportando las continuas tentaciones de esta inmensa sonata que no vende el alma a Mefistófeles sino que hace triunfar el amor por Margarita, una fantasía que alarga la forma clásica en un solo movimiento lleno de indicaciones muy precisas (Lento assai- Allegro enérgico- Grandioso- Recitativo- Andante sostenuto- Quasi Adagio- Allegro enérgico- Stretta quasi presto- Presto- Andante sostenuto- Allegro moderato- Lento assai) para marcar ritmos, tormentos, emociones y luchas que el pianista canadiense venció con las virtudes morales de prudencia y templanza, más que las teologales de fe, esperanza y caridad infundidas en la inteligencia y en la voluntad del hombre para ordenar sus acciones; siempre con la sobriedad entendida como mesura y serenidad y también adjetivo sinónimo de «carecer de adornos superfluos». La exageración en la longitud de esta sonata lisztiana también rinde homenajes a Beethoven o Schubert, y esa unidad musical sin pausas esconde tres movimientos donde hay también su coda (en el análisis detallado y desmenuzado por Jaime Pantín), con una ejecución por parte de Izik-Dzurko igual de minuciosa en los contrastes agógicos y expresivos de los breves motivos que se van transformando, reapareciendo y siguiendo «un hilo conductor de vocación dramática» que llenó de contenido desde un color variado y una riquísima gama tímbrica sin llegar a la lujuria tan de Liszt de ffff o pppp, fuerza y delicadeza contenidas, escalas descendentes y ascendentes sin «tapar» lo imprescindible, stacattos ásperos y dulces venciendo siempre los desafíos y tentaciones siguientes: rítmicas precisas, grandiosidad en su justa medida y hasta cierta religiosidad interior entendida como batalla entre lo escrito y lo interpretado cual coral luterano que vence las turbulencias pecaminosas hasta la presentación del último tema: amplio, lírico y contemplativo muy en la onda del misticismo del reconvertido abate viejo, luces y sombras hechas sonido de piano con un fugato bachiano que entroncaba con la primera transcripción, lleno de tensión y grandeza sinfónica en las 88 teclas. Última penitencia para alcanzar la redención de un joven pianista honesto, sobrio, elegante y capaz de explorar la sonoridad de su instrumento hasta límites inalcanzables para muchos estudiantes, «profundidades del teclado a la que se contraponen luminosos acordes que parecen aunar lo celestial con lo depresivo» como concluye el propio Paco Pantín.
La segunda parte también tendría sus excesos y «grandonismo» que diríamos los asturianos, la Sonata para piano nº1 en re menor, Op. 28 (1908) de Rachmaninov, sin la popularidad de la segunda pero «recuperada» en los últimos tiempos por jóvenes para muchos concursos. El compositor ruso ya expresaba sus dudas sobre la forma y extensión de esta sonata de dimensiones exageradas por su duración incluso después de los recortes ya en su versión definitiva. Obra densa en sus tres movimientos, compleja de ejecución y escucha, pero con el sello personal del virtuoso del pasado siglo, continuador en cierto modo del Liszt del XIX con muchas similitudes incluso físicas (recuerdo el molde en cera de las gigantescas manos de ambos): la probable inspiración faústica o la sonoridad «sinfónica». De nuevo los tormentos llevados al papel y ejecutados con la pasión consustancial y el ímpetu juvenil, fuerza desde el control, lirismo con contención sin amaneramientos. El I. Allegro moderato envuelto en tinieblas bien entendidas con unos pedales perfectos y el virtuosismo adecuado a esta «fantasía» donde escuchamos incluso campanas y motivos tan personales del Rachmaninov de los conciertos para piano (sobre todo el cuarto que álguien calificó como de los elefantes por la fuerza y esfuerzo). Jaeden Izik-Dzurko desplegó todo su poderío físico para explorar acordes en todos los matices, melancolía romántica y aires polacos de los salones parisinos hoy convertidos al Jovellanos gijonés, sobre todo en el II. Lento central, hermoso, poético, melancólico, antes de afrontar con valentía pero «sin despeinarse», el III. Allegro molto deslumbrante, luminoso y trágico alternando nuevamente luz y sombra como en Liszt, ritmos impactantes e interludios líricos, un auténtico frenesí donde recordar el motivo inicial de ataque tétrico como las referencias al Dies Irae que castigaría tanto exceso escrito e interpretado por este joven canadiense que simboliza la sobriedad y elegancia frente a tanto ornamento vacuo de moda en estos tiempos.
Aún le quedarían fuerzas para dos propinas donde aparentemente relajado pero igual de concentrado, volvió a dejarnos el buen gusto por lo escrito desde la «querencia hacia los grandes virtuosos rusos«: de nuevo Rachmaninov con el Preludio op. 23 nº 4 (Andante cantabile en re mayor) menos explosivo que la sonata pero más delicado y tímbricamente íntimo; después el tormentoso Scriabin y su «Étude pathétique» (Estudio op. 8 nº 12 en re sostenido menor), aires de virtuosismo chopiniano que sobrevolaron el teatro culminando más de hora y medio de sobriedad frente a los excesos románticos y febriles traídos a nuestro tiempos por un sensible y soberbio (como adjetivo de grandioso o magnífico) Jaeden Izik-Dzurko al que los premios han posibilitado poder disfrutarlo en nuestro país.
PROGRAMA
I
Johann Sebastian BACH (1685-1750): Preludio y fuga en la menor, BWV 543 (transcripción de Franz Liszt).
Franz LISZT (1811-1886): Sonata para piano en si menor, S. 178.
II
Serguéi RACHMÁNINOV (1873-1943): Sonata para piano nº1 en re menor, Op. 28 (I. Allegro moderato – II. Lento – III. Allegro molto).

Papoian: heredero del legado ruso

1 comentario

Miércoles 24 de enero, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, concierto nº 1677 de la Sociedad Filarmónica de Gijón: Ciclo de Jóvenes Intérpretes de la Fundación Alvargonzález: Ilia Papoian (piano). Obras de Scriabin, Médtner, Tchaikovsky y Rachmaninov.

Los concursos y premios además de darnos a conocer figuras emergentes, supone para los ganadores la posibilidad de ofrecer bastantes conciertos en distintos escenarios, descubriéndonos verdaderos talentos que en el caso del piano nos traía a Gijón. tras su paso el pasado año por la homónima de Oviedo, al ruso Ilia Papoian (San Petersburgo, 2001), con un currículo que tras escucharle en el Steinway© del Jovellanos no extraña su palmarés.
Con el Primer Premio del V Concurso Internacional de Piano «Ciudad de Vigo» en 2021 y Tercer Premio del XXVII Concurso Internacional de Piano Tchaikovsky (2023), llegaba a la capital de la Costa Verde con el patrocinio de la Fundación Alvargonzález, aunque su palmarés resulta impresionante a sus solo 22 años. Y es que el pianista ruso parece predestinado a ser uno de los grandes del siglo XXI, digno heredero de la llamada «Escuela Rusa» que en tiempos de globalización sigue siendo un referente a la vista de la cantera que está llenando los mejores escenarios, un país donde desde siempre ya en la educación primaria se enfoca al alumnado hacia las cualidades en las que destaca. Por ello Papopian comenzó directamente en la Escuela Secundaria Especial de Música en el Conservatorio Estatal Rimsky-Korsakov de su ciudad natal, y con 9 años ya ganó el  de su ciudad. Con 13 años daría su primer concierto en solitario, así pues el niño prodigio ya es un joven que lleva toda su corta vida unido al piano, con disciplina, un trabajo que se nota en su técnica asombrosa pero sobre todo con una madurez interpretativa que marca diferencias, ¡y aún sigue estudiando en el Conservatorio de San Petersburgo! con el profesor Alexander Sandler. El futuro es esperanzador y debemos tomar nota de su nombre.
El programa que traía Ilia Papoian a Gijón era una auténtica maratón de exigencias y nos dejaría una «tercera parte» con cuatro propinas que me recuerda a Don Gregorio Sokolov por su generosidad y exigencia tras un concierto durísimo donde su tierra fue la protagonista, como bien escribe Mar Norlander en las notas tituladas «La pasión y el talento del legado ruso» aplicables tanto al repertorio como al intérprete.
Para abrir boca nada menos que los 24 preludios, Op. 11 de Scriabin, no solo con valentía y riesgo ante esta magna partitura que enamoraría a otros grandes pianistas como Horowitz, Ashkenazy o S. Richter, y parece que también a nuestro Papoian. Verdadero homenaje a Chopin pero con una paleta inmensa de ritmos, melodías y armonías que el joven ruso fue desgranando tras una concentración previa y afrontándolos cual perlas bien engarzadas, jugando con el tempo y tonalidad de cada uno, poses y tics que transmiten lo que se escucha y toca desde una amplísima paleta de ataques (muñeca, mano, brazo y antebrazo) que suponen la gama dinámica en todos los extremos pero también la musicalidad de todos ellos, con un pedal derecho perfectamente incrustado y dejándonos no solo unos preludios vertiginosos además de limpios, sino los lentos de un lirismo y madurez que parecen imposibles en un aún estudiante de tan alto nivel, tomando casi al pie de la letra las indicaciones metronómicas desde un virtuosismo plegado a la maravillosa música de Scriabin.
Vuelta a un ritual previo de concentración para pasar a Médtner y su Sonata opus 30 compuesta coincidiendo con su plena madurez en la amplia obra pianística en 1914, con el inicio de la Primera Guerra Mundial (de hecho es conocida con el subtítulo de After the War Sonata). Amigo de Scriabin y Rachmáninov (quien le dedicó su Concierto para piano nº 4), que compartían programa, es una obra bella pero complejísima y más allá de la forma sonata clásica, ésta solo en un movimiento pero con una profundidad emocional y técnica al alcance de pocos pianistas donde encontramos como bien nos recuerda Mar «una gran conexión con la tradición romántico-rusa al incorporar elementos folclóricos rusos».  Maravilloso ver y percibir el poderoso sonido en ambas manos y momentos originales, sublimes, todos dramáticos, sacando del piano todos los recursos escritos y tejiendo sonidos como el alegre repique de campanas antes de un final potentísimo de esta sonata difícil de escuchar en vivo y aún más de interpretar que en las manos de Papoian pareció tomar de nuevo el legado ruso que en el siglo XIX comenzaría también en su San Petersburgo nada menos que Antón Rubinstein (1829-1894).
Descanso para tomar fuerzas porque aún quedaba lo más duro desde la siempre equivoca sensación de sencillez que Ilia Papoian transmite al piano, alejándose del teclado, la cabeza ladeada al lado contrario, sentado casi al borde de la banqueta para tocar con todo el cuerpo en una apabullante gama dinámica  y una musicalidad de quien lleva a su espalda toda una mochila llena de vivencias. El Chant élégiaque, nº 14 (de las de 18 piezas, op. 72) del tercer ruso, Tchaikovsky, fue buena muestra de todo ello: una miniatura gigantesca en su interpretación, expresividad, sonoridad romántica que nunca faltó en el concierto, fraseos elegantes con toda una labor de orfebre del sonido en este Adagio profundo, introspectivo y adulto.
Quedaba el cuarto as de la tarde, el último romántico ruso, Rachmáninov y su gigantesca Sonata para piano nº 2 en si bemol menor (1913), una de las grandes obras para piano del siglo XX, siendo la primera versión la preferida como es el caso de la ofrecida por Papoian. Obra de grandes dimensiones  al alcance de pocos pues «exige una gran madurez y mucha formación pianística para ejecutar correctamente el fraseo, las dinámicas, el tempo, el uso del pedal, saber destacar la melodía del acompañamiento con los desplazamientos melódicos continuamente entrecruzados y un sinfín de detalles técnicos y sonoros que surgen desde los seisillos iniciales de esta gran sonata» como bien la describe Mar Fernández (Mar Norlander) que pareció adivinar lo que disfrutaríamos con el pianista de San Petersburgo. Sonoridades majestuosas, sinfónicas, evocadoras de los conciertos para piano con el estilo inimitable de Don Sergio, una tentación para todo pianista que Papoian afrontó con un talento innato, puede que bebiendo de las fuentes de la primera capital rusa. Agitación interior en el primer movimiento, pausado segundo para seguir degustando el joven pianismo maduro, y un impactante tercero donde los dedos volaban igual que las imágenes tejidas desde el teclado, todo un discurso adulto en un cuerpo joven para un programa que desde las emociones resultó una «montaña rusa» (y perdón por la obviedad) para esta sonata majestuosa tan apabullante cono el intérprete.
La «tercera parte», distendido, como sabedor del deber cumplido, volvería a demostrar que el legado ruso sigue vigente, las variaciones y paráfrasis tan habituales en los grandes virtuosos del pasado siglo que en el actual suelen servir para epatar técnicamente en manos de chinos que compiten en dar mil notas por segundo pero carentes de la musicalidad propia de estas páginas ideales como propinas.
El Largo al factótum de «El barbero de Sevilla» (Rossini) parafraseado por el soviético Grigori Ginzburg (1904-1961) es un verdadero homenaje al aria más famosa de la ópera, cantando siempre la melodía pero tan adornada que parece imposible tocarse con dos manos y diez dedos. Papoian parecía fresco, desinhibido y feliz con esta página virtuosa de la siempre adorada «escuela rusa». Y como deseando demostrar la hondura de la música de su tierra, de nuevo Médtner y su Canzona serenata op. 38 nº 6, profundidad expresiva, música pura sin calificativos, que cerrando los ojos era la de un veterano pianista que vuelve a casa sin aspavientos ni fuegos artificiales.
Bendita juventud de mente abierta que nos traería al Beethoven de salón con su conocida y nada fácil Para Elisa en unas variaciones del pianista de jazz norteamericano Ethan Uslan con toques de ragtime, boogie-woogie, música sin etiquetas bien ejecutada, sentida y un verdadero placer comprobar la veresatilidad de un Papoian disfrutando en el piano.
Aún tendría fuerzas para emular al gran Horowitz y sus «Variaciones sobre Carmen« que dejaron boquiabierto a todo el teatro, velocidad de vértigo y ornamentaciones que nunca ocultaron el sabor de la famosa «Seguidilla», óperas ambientadas en España en un homenaje musical de Ilia Papoian a un país que ya está conquistando con su piano y musicalidad increíble.
PROGRAMA:
I
Aleksandr SCRIABIN (1872-1915): 24 preludios, Op. 11:
I. Vivace en do mayor – II. Allegretto en la menor – III. Vivo en sol mayor – IV. Lento en mi menor – V. Andante cantabile en re mayor – VI. Allegro en si menor – VII. Allegro assai en la mayor – VIII. Allegro agitato en fa sostenido menor – IX. Andantino en mi mayor – X. Andante en do sostenido menor – XI. Allegro assai en si mayor – XII. Andante en sol sostenido menor – XIII. Lento en sol bemol mayor – XIV. Presto en mi bemol menor – XV. Lento en re bemol mayor – XVI. Misterioso en si bemol menor – XVII. Allegretto en la bemol mayor – XVIII. Allegro agitato en fa menor – XIX. Affettuoso en mi bemol mayor – XX. Apassionato en do menor – XXI. Andante en si bemol mayor – XXII. Lento en sol menor – XXIII. Vivo en fa mayor – XXIV. Presto en re menor).
Nikolái MÉDTNER (1880-1951): Sonata para piano nº 9 en la menor, Op. 30.
II
Piotr Ilich TCHAIKOVSKY (1840-1893): Chant élégiaque, nº 14 de «18 piezas, Op. 72»
Serguéi RACHMÁNINOV (1873-1943): Sonata para piano nº 2 en si bemol menor, Op. 36 (primera versión, 1913): I. Allegro agitato – II. Non allegro—Lento – III. L’istesso tempo—Allegro molto.
Propinas (III)
ROSSINI – GINSBURG: Paráfrasis Largo al factótum de «El barbero de Sevilla».
N. MÉDTNER: Canzona serenata op. 38 nº 6.
BEETHOVEN: Variaciones sobre Para Elisa (arreglo Ethan Uslan).
G. BIZET – V. HOROWITZ: Variaciones sobre Carmen.

Guillermo Martínez y La Castalia

1 comentario

Domingo 17 de diciembre, 20:45 horas. Sala de cámara del Auditorio de Oviedo: Concierto de clausura del XXI Curso «La voz en la música de cámara» (Homenaje a Jeaninne Bouché). Obras de: Guillermo Martínez, Debussy, Berlioz, Ylioppilaskunnan, Whitacre y Ariel Ramírez.

Lástima que muchos homenajes se celebren tras morir, pero Jeaninne Bouché (1930-2023) lo tenía pendiente en Asturias y La Castalia pudo al fin entregar, aunque hubo de ser Luis Español, su hijo presente en la sala, el merecido reconocimiento que esta pianista de carrera truncada en 1953 por una patología de columna, siguió volcada en la música hasta sus últimos días, primero desde su magisterio en la Escuela Superior de Canto como catedrática, y posteriormente en la ‘Cátedra Alfredo Kraus’ de la prestigiosa Escuela Superior de Música Reina Sofía (tras «ficharla» Paloma O’Shea desde el primer curso allá por 1995), eminente profesora de «Fonética francesa aplicada al canto» que seguirá siendo un referente para tantas promociones de cantantes desde nuestro país.

Begoña García-Tamargo fue la encargada de abrir este concierto del vigésimoprimer curso ««La voz en la música de cámara con una semblanza de su amiga y compañera en las labores docentes (aún se recuerda la presencia en Oviedo de la maestra Bouché en el «I Congreso de pedagogía e investigación performativa y creatividad musical» dentro del Centenario Debussy), imposible plasmar aquí su enorme y dilatada carrera y en cierto modo manteniendo la humildad del segundo plano que la madrileña de padres franceses siempre tuvo a bien.

También lo reconoció su hijo Luis, emocionado y agradecido por este homenaje de la asociación ovetense, que reflejaría los vínculos que la música consigue y más desde la docencia, verdadera familia así entendida por tantos que nos dedicamos de una u otra forma a ella.

El concierto comenzaría con unas palabras de Guillermo Martínez (1983), explicando la génesis de las obras a estrenar esta fría noche de diciembre. Importante reseñar cómo al compositor asturiano siempre se le ha apoyado desde La Castalia, como a tantos jóvenes, siendo un ejemplo precisamente los intérpretes de esta velada.

Es un auténtico lujo poder asistir al estreno de obras actuales y además conocer de primera mano estas aportaciones a nuestro patrimonio musical que todos debemos defender, y ya se encargó la directora de La Castalia en recordar los de estos cursos únicos en España y de dilata trayectoria, un alumnado eterno de profesionales que siguen formándose toda su vida, al que reconocerle el esfuerzo de dedicar todo su tiempo a una profesión donde la gratitud es poder demostrar su valía además del aplauso del público, que hoy desafió la climatología acudiendo a esta clausura.

El estreno de dos «Cantos de Minnesinger» pertenecientes al ‘Ciclo de Fantasías para mezzo y piano’ abría el concierto, magníficas obras de nuestro juglar asturiano inspirado en los alemanes (allí los grabará con orquesta) y manteniendo un puro estilo de lied donde voz y piano son uno para realzar la poesía medieval alemana, inspiración pastoral y amatoria como en el siglo XII pero actual en nuestros días. María Heres fue la voz ideal de estas melodías llenas de agilidades y gran tesitura, ricos matices y cambios de tempo, con un exigente registro grave que bien posee la mezzo asturiana más un complicado pero bellísimo ropaje de piano con María Cueva, para poder disfrutar del magisterio compositivo de Guillermo Martínez que se mueve cómodo en todos los estilos.

Un acierto este «aperitivo» de fantasías vocales que seguirán creciendo y encontrando un lugar en el nuevo repertorio del lied más allá de la tierra originaria de los minnesinger, actualizando el lenguaje camerístico de la hoy llamada «Canción de concierto», bien expuesta por el dúo de estas dos Marías artistas, Heres–Cueva.

Y segundo estreno de la Rapsodia «Reflejos del Sur» para el piano de Henar F. Clavel, aires sevillanos del barrio de Triana con un virtuosismo nada superfluo donde verter esa inspiración universal al lado del Guadalquivir, como Turina pero también Albéniz y ahora Guillermo Martínez. Escritura pianística de alto voltaje para volver a reivindicar la magia de la intérprete avilesina y el talento del antiguo escolano de Covadonga, agradecidos de poder disfrutar su música desde La Castalia y augurándole una larga carrera de «opus» que siempre  seguirán sorprendiéndonos por su belleza y riqueza de estilos sin perder nunca el amor por la música que en esta velada mostraron todos y cada uno de los intérpretes.

Si la maestra Bouché sentó cátedra desde la «Fonética francesa aplicada al canto», no podía faltar música en la lengua de Moliere en la que los compositores franceses siguen siendo únicos, pues no se canta igual que se habla.

Primero Debussy y sus «Tres melodías de Verlaine» L. 81, en la voz del barítono venezolano Ángel Simón con el piano de Mario Álvarez Blanco (otro de los pilares de La Castalia del siglo XXI), timbre cálido y preciosista expresando todo el poderío poético del francés, expresión compartida con un piano cristalino y merecedoras de tener los textos originales y traducidos para disfrutar aún más de estas tres bellezas líricas.

Después Mario Álvarez continuaría desde el piano con Berlioz y las «Noches de verano» sobre poesías de Théophile Gautier junto a la soprano venezolana Ángeles Rojas (componente del Coro de la Ópera de Oviedo y alumna de la Cátedra de Canto Alfredo Kraus), cuatro de las seis escritas por el gran sinfonista y que son nuevamente un ejemplo de la música que encierran los versos, lírica en el amplio sentido de la palabra a las que la soprano de Barquisimeto puso su buen hacer vocal aunque la grandeza de la orquesta sea casi imposible reducirla al piano pese a los esfuerzos del asturiano. Voz poderosa en todo el registro y con musicalidad innata, más segura en la ópera que en las canciones de concierto, hay que felicitarla por el esfuerzo que suponen estas «noches de Berlioz».

Y hablando de ópera y coros, el mejor broche final lo pondría el Coro Arsis de la Escuela de Música Divertimento, verdadera cantera musical en la capital del Principado y dirigido por Cristina Langa junto al joven pianista y director de orquesta Luis María López Aragón. Cuatro temas bien enlazados para evitar pausas desde las modulaciones al piano que fueron desde Finlandia hasta la República Dominicana pasando por los EEUU  y Argentina.

Maravillosas estas laureadas voces juveniles con mayoría de chicas (habrá que pensar cómo sumar chicos a los coros) bien empastadas, con movimiento escénico y coreografías, bien llevados por otra promesa de la dirección como la Maestra Langa, bien memorizado todo, afinadas, empastadas, de dicción perfecta en finés, inglés y castellano, transmitiendo emociones y alegría, especialmente con el último villancico dominicano, y felicitar la elección de estas cuatro páginas corales donde personalmente me sigue emocionando Alfonsina y el mar del gran Ariel Ramírez en un arreglo hermosísimo del porteño Vivian Tabbush (1936-1917) con el piano original del argentino muy sentido por López Aragón.

En estas fechas no podía faltar Noche de Paz que pondría el primer regalo navideño, musical como debe ser, con Arsis y el piano antes de la salida de todos los participantes en este homenaje y clausura de otro curso de perfeccionamiento que nunca tiene vacaciones.

PROGRAMA

Guillermo Martinez (1983):

CANTOS DE MINNESINGER. Ciclo de fantasías para mezzo-soprano y piano
(estreno absoluto):

1. «Slâfest du friedel ziere?»
(poesía de Dietmar von Aist, ca. 1115- ca.1171).

2. «Kuster mich?»
(fragmento del poema «Under der Linden»)», de Walther von der Vogelweide, ca. 1170- ca.1228).

María Heres (mezzosoprano) – María Cueva (piano).

RAPSODIA «REFLEJOS DEL SUR»
(estreno absoluto).

Henar F. Clavel (piano).

C. Debussy (1862-1918): TROIS MELODIES DE VERLAINE:

1. «La mer est plus belle – 2. «Le son du cor s’afflige ver le bois» – 3. «L’échelonnement des haies»

Angel Simón (barítono) – Mario Alvarez (piano).

H. Berlioz (1803-1869): LES NUITS D’ÉTÉ
(Poesías de Théophile Gautier):

1. «Villanelle» – 2. «Le spectre de la rose» – 4 «Ас оле*

Ángeles Rojas (soprano) – Mario Álvarez (piano)

CORO ARSIS de la Escuela de Música Divertimento:

Ylioppilaskunnan: «On suuri sun rantas».

Eric Whitacre: «Sing Gently».

Ariel Ramirez: «Alfonsina y el mar» (Arr. Vivian Tabbush).

Tradicional República Dominicana: «Cantemos a María».

Directora de coro: Cristina Langa – Pianista: Luis María López Aragón.

Gracias Don Joaquín Achúcarro

2 comentarios

Miércoles 13 de diciembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Joaquín Achúcarro (piano). Obras de Brahms, Liszt, Ravel, Debussy, Rajmáninov y Scriabin.

Decir Achúcarro (1 de noviembre de 1932) es decir piano, toda una vida dedicada a las 88 teclas, y en mi recuerdo aún perdura la primera vez (después vendrían muchas más) allá por 1972, ¡51 años y parece que fue ayer! cuando le escuché en la Sociedad Filarmónica de Oviedo, la ciudad donde más ha tocado después de su Bilbao natal, como bien recuerda Ramón Avello en las notas al programa.

Y Don Joaquín Achúcarro Arisqueta sigue ejerciendo magisterio, afrontando un programa de altura al alcance sólo de jóvenes maduros como es el bilbaíno, pues antes de arrancar con las Variaciones sobre un tema de Schumann nos contó micrófono en mano del Brahms con 19 años enamorado de Clara Schumann de quien incluye en la variación décima una melodía suya, grandeza musical de juventud, amor casi adolescente del alemán y pasión madura del vasco enamorado del piano, sonoridad impecable, moldeando el sonido como sólo los grandes saben, resaltando lo importante aunque  no haya nada superfluo en la música del hamburgués.

Limpieza en la ejecución, sabiduría en los pedales, exposición clara del tema principal siempre reconocible en cada variación. Y no digamos los dos Intermezzi siguientes, el primero grandioso, cristalino, romántico en estado puro, paladeando cada nota sin apuros, deleitándonos con su interpretación con tanto poso a lo largo de más de 75 años de carrera, la que comenzaba en Oviedo donde Ángel Muñiz Toca intuyó y creyó en él para dar un concierto de Mozart con la Orquesta Clásica de Asturias, que recordaría al final del concierto; y el segundo pura reflexión, silencios que «duelen», los claroscuros de estas «miniaturas» sólo en extensión, Klavierstücke de madurez cual verdadero regalo contraponiendo las dos etapas del sempiterno enamorado, el joven y el maduro con la visión paralela del maestro Achúcarro en una sentida interpretación con tanto poso de amor.

No bajaría el listón de exigencia ni de entrega con Liszt y su Valse oubliée nº 1, nada olvidado y recuperados en un collar de perlas sonoras, jugando con el tempo como los grandes que son leyendas en vida, seguido del famoso «Sueño de amor», dos páginas para afrontarlas nuevamente desde la visión que da la experiencia y los años, obras cinceladas día a día con el trabajo que nunca falta en los pianistas, pues además del talento innato que Don Joaquín tiene, hay que sumar su infatigable día a día donde confiesa que sigue aprendiendo.

La segunda parte de nuevo con compositores que Achúcarro ha interiorizado, los franceses cercanos y unidos por nuestro Mar Cantábrico, primero el vascofrancés Ravel y sus Valses nobles que no dudó en contarnos antes de comenzarlos la anécdota de Rubinstein en España, «aislado» en plena Primera Guerra Mundial con lo que donde había un piano ahí estaba Don Arturo, aprendiendo a hablar un español correctísimo y además estrenar estos valses en Madrid con un abucheo del respetable aunque el resto del concierto fuese un éxito «obligándole a regalar de propina» nuevamente los valses pues parecía que el público debía entenderlos. Genio y figura a quien también disfruté en Oviedo en 1975 ¡con 88 años! y que tantos paralelismos al piano tiene con nuestro Joaquín Achúcarro. El sonido preciosista en cada uno de los ocho valses, la genialidad sorprendente aún hoy del compositor, las armonías que son una «Valse» en miniatura, los tempi escritos e interpretados fielmente con delicadeza o rotundidad y siempre el ímpetu de este joven de 91 años. Y después Debussy del que El Maestro también aclaró micrófono en mano que más allá de nubes, aguas y atmósferas etéreas junto a otros calificativos del músico que no quería le llamaran impresionista, lanzaba también cañonazos, como así nos demostró primero con ese Claro de luna dibujado con mano firme y limpieza de trazo musical, después unos Fuegos artificiales verdaderamente luminosos, descriptivos como pocos incluso con la «datación musical» de París un 14 de julio con el eco de una Marsellesa que sigue siendo el mejor himno mundial, libertad, igualdad y fraternidad pianística de un Achúcarro que parece haber detenido el tiempo transmitiendo un pianismo del que apenas quedan representantes en activo y con su siempre sentido recuerdo a la Francia de su biografía.

Aún quedaban dos rusos, verdaderos pesos pesados que el bilbaíno afrontó con valentía, seguridad, aplomo y el mismo nivel de autoexigencia que en el resto del concierto. Los tres preludios de Rajmáninov (de los 24 que escribió) dignos ejemplos para afrontarlos y organizarlos, dos épocas de su vida, evolución de escritura pero unidad estilística: el bello nº 1 op. 23, la potente mano izquierda y trinos claros del op. 32 central y la vuelta a la juventud del nº 2 op. 3 que el propio Sergei solía dar de propina en sus recitales. agitación y tensión pero delicadeza en la ejecución, sabedor el pianista bilbaíno que no hay obstáculos cuando se domina y entiende la obra desde su atalaya privilegiada.

Para terminar en Rusia nada menos que dos estudios de Scriabin, del que Achúcarro siempre fue su valedor (de hecho la última propina sería el conocido «Nocturno para la mano izquierda» que «lo dice todo»). El primero, opus 2 compuesto a los catorce años, de raíz chopiniana (como la primera propina del Nocturno op. 9 nº2) con un juego de voces interiores perfectamente escuchadas en el piano siempre enorme del bilbaíno, y el nº 12 de la op. 8, bautizado como “Patético” por la pasión exacerbada pero espectacular en la interpretación del Maestro vasco, unas octavas plenas y ritmos en tresillos que hacen sonar fácil lo intrincado de estos «estudios» donde «intensidad, vehemencia y pasión constituyen los ingredientes de este estudio trágico y épico» como escribe Ramón Avello.

Tras la primera propina de un Chopin para enmarcar, un sencillo y rápido homenaje tomando la palabra David Álvarez, melómano reconocido y Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo quien en compañía de dos «familiares» de «su» Filarmónica de Oviedo (Santiago González del Valle Rodríguez y Manuel Álvarez-Buylla, presidente y vicepresidente respectivamente), que le hicieron entrega del primer programa que Joaquín Achúcarro ofreció un 13 de abril de 1956, emociones, gratitud suya y nuestra para despedirse con la mano izquierda que siempre ha tenido El Maestro y una de sus propinas preferidas, el Scriabin que tendrá en Achúcarro un referente para tantos alumnos que ha tenido en su larga carrera docente, todo un lujo combinar interpretación y enseñanza, algunos incluso aprendiendo a escuchar el piano con él.

Gracias Maestro Don Joaquín.

PROGRAMA

I

Johannes Brahms (1833-1897):

Variaciones sobre un tema de Schumann, op. 9

Intermezzo nº 1 en la menor, op. 118

Intermezzo nº 2 en la mayor, op. 118

Franz Liszt (1811-1886):

Valse oubliée nº 1, S. 215/1

Liebestraum nº 3, S.541/3 (Nocturno “Sueño de amor”)

II

Maurice Ravel (1875-1937):

Valses nobles et sentimentales:
1. Modéré, très franc – 2. Assez lent, avec une expression intense – 3. Modéré – 4. Assez animé – 5. Presque lent, dans un sentiment intime – 6. Vif – 7. Moins vif – 8. Épilogue. Lent

Claude Debussy (1862-1918):

Clair de Lune (de la «Suite bergamasque») L.75/3

Feux d’artifice (de los «Préludes», Libro 2)

Sergei Rajmáninov (1873-1943):

Preludio nº 1 en fa sostenido menor, op. 23

Preludio nº 12 en sol sostenido menor, op. 32

Preludio nº 2 en do sostenido menor, op. 3

Alexander Scriabin (1872-1915):

Estudio nº 1 en do sostenido menor, op. 2

Estudio nº 12 en re sostenido menor, op. 8, “Patético”

Bruce Liu: visiones al piano

1 comentario

Lunes 4 de diciembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «LUIS G. IBERNI»: Bruce Liu (piano). Obras de Rameau, Chopin, Ravel y Liszt.

Diciembre tendrá en estas jornadas de piano dos generaciones de pianistas que a mi edad me sitúo entre ambos extremos: el próximo miércoles 13 Joaquín Achúcarro (1932) a quien sigo desde 1972 cuando me embrujase en la centenaria Sociedad Filarmónica, y este lunes a Bruce Liu (1997), impactante, joven ya maduro que dará mucho que hablar en este siglo XXI. Tantas figuras han pasado por «La Viena Española»  que sigue escribiendo la historia, y además en la festividad de Santa Bárbara suponía el debut en nuestro país del Primer Premio del Concurso de Piano Chopin 2021 -la misma edición donde el gijonés Martín García ganaría el tercero-, un talento nacido en París de padres chinos y criado en Montreal -tiene la nacionalidad canadiense- en tiempos de globalización también en el mundo de las 88 teclas, olvidándonos de escuelas pianísticas o tendencias.

Y esta figura de nombre ligado a las artes marciales y apellido pucciniano no defraudó en un programa verdaderamente de virtuoso que ofreció a dos gigantes del piano que se inspiraron nada menos que en el Don Giovanni mozartiano pero también su asombrosa técnica al servicio de la música con dos franceses casi en las antípodas pero delicados para confrontar sonoridades, estilos y visiones desde la interpretación madura del cosmopolita y generoso Liu.

Si Rameau es el máximo representante del clavecinismo francés junto a Couperin, la tentación de interpretar música barroca al piano supera cualquier opinión personal e incluso histórica, y así lo pude comprobar también en estas jornadas con Don Gregorio y su Purcell emparejado con Mozart, quien también ha incorporado a su amplio repertorio el clave del francés, sin dejarme mi pasado Festival de Granada con una pléyade de pianistas que en las llamadas «Play lists» figuran entre los más reproducidos.

El directo de Bruce Liu es único, con una técnica impecable donde el uso de los pedales marca sonoridades propias y muy cuidadas pero la limpieza en la digitación, la claridad expositiva y una amplísima gama de matices le dan todos los recursos para enfrentarse al repertorio de cualquier época con una solvencia y madurez asombrosa pese a su edad. Dice un proverbio que «Algo tendrá el agua cuando la bendicen» y ganar el Chopin no está al alcance de cualquiera aunque los concursos parezcan estar desprestigiados, en parte por los miembros de los jurados. Lo mismo podría decir de «fichar» por el sello amarillo que acierta en lo comercial pero también supone un escaparate mundial para sus «primeras figuras», independientemente de su mayor o menor calidad, y en el caso de Bruce Liu el acierto ha sido grande.

La selección de piezas de Rameau que el maestro Francisco Jaime Pantín desgrana en las notas al programa (enlazadas igualmente al inicio), se centró en las tres colecciones que dejo indicadas al final, y que representan una brillantez de escritura y un catálogo de expresividad. Liu exprimió al máximo las seis, limpieza en todos los sentidos, pedales comedidos para no enturbiar el discurso pero dándole todo el color desde el piano a estos «grabados» clavecinistas, como sucederá con Bach en tantos intérpretes del siglo pasado. El antes citado Sokolov tiene a Rameau entre sus propinas favoritas y ha grabado también para el sello amarillo como Liu. Así Les Cyclopes fueron más calmados que las del ruso nacionalizado español mientras Les Sauvages el canadiense la ejecutó ligeramente más rápida sin perdernos ni una nota. A la multinacional alemana no le importa repetir obras con distintos intérpretes y el mundo de la crítica discográfica es aficionado a compararlas también en los tiempos. Lo que tengo claro tras lo escuchado este primer lunes de diciembre por el canadiense nacido en París con su Rameau aporta una visión actual a un repertorio que sin ser pianístico luce siempre cuando el acercamiento respeta lo escrito y lo llena de colores personales.

Y para el «Premio Chopin» no podía faltar el gran polaco del piano con las Variaciones sobre “Là ci darem la mano”, obra de un joven pianista y compositor además de se la primera obra para piano con orquesta (opus 2) pero despojada del acompañamiento sinfónico para poder disfrutar de todos los recursos del instrumento en aquellos salones del XIX y donde la inspiración en las óperas no solo las hacían llegar a todos los públicos sino a impactar con el virtuosismo que se hace y sigue haciendo casi imposible a tantos estudiantes de piano. Liu «cantó» el famoso dúo del Don Giovanni de Mozart con respiraciones, fraseos y el estilo propio del polaco que emana en cada una de las cinco variaciones, incluso indicadas en la partitura. La técnica es necesaria pero la musicalidad de Bruce la hace parecer menor de lo que es, la siempre engañosa facilidad mozartiana que transvasada al lenguaje chopiniano es vestir con traje romántico un clasicismo latente con cualquier ropaje.

La segunda parte volvería a emparejar lo francés y la inspiración en Mozart de otro virtuoso del piano, Ravel con Liszt. Desde esta divergencia cronológica convergiendo al piano y dando cierta homogeneidad a las obras elegidas, los Miroirs (1904-1905) de Ravel casi fueron un viaje en el tiempo del estilo clavecinístico, una visión más que versión propia como pueda ser Picasso y Velázquez con «Las meninas». Cinco piezas que fueron espejos, reflejos, ilustraciones a los propios títulos como harían Debussy el propio Liszt. De nuevo el color de Bruce Liu mezclando y superponiendo sonoridades, si en Rameau era acuarela de un solo y leve trazo, en Ravel óleo de amplia pincelada, lo etéreo y melancólico junto al misterio y la angustia, paleta de color y emotividad pianística, con una Alborada del Gracioso plenamente sinfónica desde las 88 teclas demostrando de nuevo la maravillosa escritura y capacidad de Ravel para crear estos enormes lienzos conformando una exposición que termina en el Valle de las Campanas de serenidad contrapuesta a la sensualidad anterior, soledad del intérprete tras un intenso paseo.

Había que reponer fuerzas porque Liszt y sus Réminiscences de Don Juan suponen una exigencia física puede que mayor que la propia técnica necesitada para tocarlas. De nuevo Mozart en el fondo, paráfrasis operística que como en las variaciones chopinianas parte de melodías siempre reconocibles, también «Là ci darem la mano» que parece pedir una tercera ante el despliegue diabólico de octavas rapidísimas, escalas en terceras, saltos como triples mortales sin red que Bruce Liu ejecutó con total seguridad y unos matices extremos com Liszt exige, tres «p» y tres «f» marcando incluso cuatro, con el Steinway© bien ajustado para devolver cada gesto, cada pentagrama, cada frase de la ópera mozartiana en la vertiginosa demostración del que fuera rey del piano en los salones parisinos, el exagerado húngaro cuya sobra emergía como la del propio Comendador amenazando al protagonista. Liszt no mató a Liu sino que lo elevó a categoría de héroe en estas «reminiscencias» donde primaría de nuevo el amor del anterior dúo utilizado por Chopin y hasta el Aria del Champagne.

Dos bloques franceses y parisinos como el propio pianista que nos regalaría dos joyas resumiendo el propio programa con el que debutaba en España: primero el Preludio en si menor BVV 855a de Bach en el arreglo de Siloti, el clave que crece en el piano, y de nuevo Chopin con su famosísimo Vals del minuto (que duró sólo un poco más), el Bruce Liu figura emergente que engrandece la larga lista de pianistas en «La Viena Española».

PROGRAMA

PRIMERA PARTE

Jean-Philippe Rameau (1683-1764):

Les tendres plaintes. Rondeau (de Pièces de clavecin avec une méthode), RCT 3/1.

Les Cyclopes. Rondeau (de Pièces de clavecin avec une méthode), RCT 3/8.

Menuet I y II (de Nouvelles suites de pièces de clavecin), RCT 6/3 y RCT 6/4.

Les Sauvages (de Nouvelles suites de pièces de clavecin), RCT 6/14.

La Poule (de Nouvelles suites de pièces de clavecin), RCT 6/5.

Gavotte et six doubles (de Nouvelles suites de pièces de clavecin), RCT 5/7.

Frédéric Chopin (1810-1849): Variaciones sobre “Là ci darem la mano”, op. 2:

Introducción. Largo- Poco piu mosso; Tema. Allegretto; Variación 1. Brillante; Variación 2. Veloce, ma accuratamente; Variación 3. Sempre sostenuto; Variación 4. Con bravura; Variación 5. Adagio- Alla Polacca.

SEGUNDA PARTE

Maurice Ravel (1875-1937): Miroirs, M. 43:

I. Noctuelles; II. Oiseaux tristes; III. Une barque sur l’océan; IV. Alborada del grazioso; V. La vallée des cloches.

Franz Liszt (1811-1886): Réminiscences de Don Juan, S. 418

Sonaron campanas de gloria

2 comentarios

Viernes 24 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Noelia Rodiles (piano), El León de Oro -LDO- (Marco A. García de Paz, maestro de coro), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías Navarro (director). Obras de Jaëll, Martínez Burgos y Beethoven. Fotos de Beatriz Montes y propias.

Buena inauguración de las Jornadas de Piano del siempre recordado Iberni, con la avilesina Noelia Rodiles protagonista por partida doble y nuestro coro más laureado e internacional los luanquinos del LDO, con el titular de OFil el onubense Lucas Macías «armando» un programa muy interesante donde no faltó una obra de compositora (esta vez la francesa Marie Jaël) como bien anunciase su intención el maestro en cada concierto, un estreno absoluto de Manuel Martínez Burgos, catedrático del Conservatorio Superior de Música del Principado de Asturias (CONSMUPA) de amplísimo curriculum y galardones, para reencontranos con el genio de Bonn en la segunda parte.

Y es que Jaëll fue la primera pianista en interpretar todas las sonatas para piano de Beethoven en París y tras sufrir una tendinitis, realizó estudios sobre fisiología y psicología que posteriormente aplicaría a las técnicas manuales para tocar el piano, creando un método que lleva su nombre por sus investigaciones  que incluían cómo afecta la música a la conexión entre la mente y el cuerpo, así como la forma de aplicar estos conocimientos a la inteligencia y la sensibilidad en la enseñanza de la música. Nacida en 1846, la familia de Marie Trautmann la enviaría a París para recibir la mejor educación posible en su conservatorio. En ese entorno su círculo de amistades se ampliará y conocerá al austríaco Alfred Jaëll –antiguo alumno de Chopin– con quien terminará contrayendo matrimonio en 1866. De su obra titulada Harmonies d’Alsace (1917), Jonathan Mallada escribe en las notas al programa (enlazadas al inicio en obras) que «la compositora se inspiró en los recuerdos de su infancia en Steinseltz, su localidad natal y comuna francesa, situada en el departamento de Bajo Rin en la región de Alsacia (…) bajo el magisterio compositivo de César Franck y Camille Saint-Saëns, con quienes mantendrá una abundante correspondencia epistolar (…) supone un canto de amor hacia su tierra de origen (Alsacia) ante el inminente desenlace de la Primera Guerra Mundial. Compuesta para pequeña orquesta, es una obra llena de lirismo y belleza que evoluciona desde una ligera inquietud y nostalgia –a través de una armonía algo oscurecida– hacia la brillantez de la cuerda, que llega para disipar cualquier mal presagio».  Buen arranque «camerístico» de la OFil con una cuerda que gana enteros cada día, siendo asombrosa la versatilidad de la formación ovetense pasando del foso lírico al escenario del auditorio donde se ha consolidado como orquesta residente de este ciclo. El maestro Macías Navarro siempre de gesto claro y preciso le da a la orquesta la confianza para afrontar repertorios de lo más variado, y esta breve «obertura» prepararía el estreno absoluto con todo el músculo sinfónico y excelentes refuerzos en la cuerda  para completar la plantilla ideal (14-12-10-8-6-4).

Cloches (2023) es un concierto para piano y orquesta lleno de detalles sonoros y tímbricos que Martínez Burgos domina desde una orquestación muy trabajada en todas sus secciones más allá de la percusión. Las notas al programa nos dicen que «es una búsqueda en las posibilidades expresivas de las campanas como un medio sonoro portador de mensajes a largas distancias». En una entrevista para el diario La Nueva España el propio compositor cuenta que refleja el paisaje sonoro que descubrió cuando llegó a Oviedo y le evocaba el de París y Oxford, el mejor cosmopolitismo para estrenarse en «La Viena española». Con Noelia Rodiles de solista, su piano se fundió en resonancias seculares junto a la OFil, en un trabajo meticuloso del maestro Macías, cinco movimientos con guiños a otros grandes orquestadores pero en un lenguaje propio dándole al piano momentos muy virtuosísticos junto a otros que engrandecen la tímbrica sinfónica. El primer movimiento, La vallée des cloches recuerda a Ravel más allá de que Miroirs contenga también unas «campanas», y personalmente me evocó un concierto en St Gallen hace nueve años, conectando todas las iglesias del valle que en el caso de Martínez Burgos hacen referencia a un metafórico valle de campanas que conectaría sinbólicamente toda Europa. El segundo número, La cloche Wamba, nos traslada directamente a la «Sancta Ovetensis» tras un análisis espectral de la campana en activo más antigua de Europa, “Wamba” –fundida en 1219–. El compositor trabaja las sonoridades incluso en un vibráfono cuyas láminas también vibran con dos arcos más allá de toda la percusión que se une a unos metales que calificaría de «broncíneos», utilizando el devenir armónico que vertebrará este movimiento. La recreación será aún más evidente en Grande volée de cloches à Notre-Dame de Paris, movimiento central del concierto con todas las campanas parisinas repicando, el piano sumándose con fuerza y fundiendo timbres grandiosos, incluso «debussyanos» de «Catedral sumergida», resonancias mágicas de sonoridades muy trabajadas y bien llevadas por el maestro onubense con la pianista avilesina verdadera «argamasa sonora» engordando unas texturas muy logradas. Cadenza y Finale cierran este original y exigente concierto, sonando algunos de los temas previos y dando una coherencia a la obra con un final virtuoso en el piano y explosivo a nivel orquestal en una lucha titánica de dinámicas muy actuales. Como escribe Mallada «En síntesis, las campanas sirven para dotar a la obra de un contexto armónico nada tradicional sobre el que se urde un concierto donde se conjugan la consabida dialéctica entre el solista y la orquesta, pero donde el piano trata de integrarse en la sonoridad general de la obra, demostrando el oficio, la originalidad y las facultades compositivas de su autor».

Y campanas de gloria en la despedida a la arpista polaca Danuta Wojnar, 40 años en nuestra tierra además de ser fundadora de la OFil desde aquellos tiempos de OSCO, una institución en la música asturiana a quien Noelia Rodiles le entregó su ramo de flores, con palabras de Lucas Macías y la propia principal Danuta que pasa a engrosar el «selecto club de músicos jubilados» en plena madurez.

Para Beethoven Fidelio fue “su hijo más querido” y en cualquier momento su música se hace necesaria. Si la ópera trabajaba los recursos y valores revolucionarios además de «heróicos» que aparecían en la “Tercera”, el obsesivo sordo genial le hacía rehacer constantemente sus manuscritos y tras su crisis depresiva de 1802 a causa de su incipiente sordera, la segunda de las cuatro oberturas para esta ópera,  (Leonora nº 2) encierra todo el dramatismo que Macías y la OFil mostraron sin complejos. Como en el foso para Fidelio pero con la acústica del auditorio de Rafael Beca, pudimos rememorar las mazmorras sevillanas o el aria de Florestán “In des Lebens Frühlingstagen”. Desde el podio fuimos paladeando la lenta y pesante Introducción con unas maderas bien empastadas y realzando los silencios tan importantes en el romanticismo y toda la música. En el allegro la cuerda se defendió limpia lo mismo que en el Presto final con una trompeta natural fuera de escena que anunciará no solo la llegada del emisario real a la prisión sino el ejército coral de leones para la Fantasía con el retorno de la pianista avilesina.

La Fantasia para piano, coro y orquesta, opus 80, dedicada al rey Maximiliano José de Baviera, está concebida en dos partes de longitud desigual: un Adagio (iniciada por una cadenza improvisada del piano solo de 26 compases) y un Finale formado por varias secciones de diferente tempo: allegro, meno allegro, allegro molto, adagio ma non tropo, marcia, allegro, allegretto, presto. Es una marravilosa fantasía libre para piano solo, conjunto de variaciones de la pieza “Seufzer eines Ungeliebten – Gegenliebe” (del propio Beethoven) y como concierto para piano que parece estar experimentando su «Emperador».

El inicio de Rodiles con el aplomo ya mostrado en las «campanas» y la fuerza llena de limpieza en todas sus intervenciones, diálogos con la orquesta que no flojeó en ninguna de sus secciones bien concertado todo por Lucas Macías (y de memoria toda esta segunda parte). El tema desarrollado es otro «banco de pruebas» para la Oda a la Alegría, cambiando a Schiller por el poeta Christoph Kuffner, y la letra traducida además de proyectada en el escenario.

LDO hoy con 45 voces sonó inmenso, en su línea de perfecta afinación, matices extremos y total entrega, destacando los cuatro solistas (las sopranos María Peñalver San Cristóbal y Elena Rosso Valiño, la contralto Andrea Gutiérrez D’Soignie, los tenores Jairo Flórez Gutiérrez y Jesús Fernando Torres Delgado, más el bajo Jesús Gavito Feliz). Cuando el público queda con ganas de volver a escuchar esta fantasía es por las emociones y belleza de una partitura que nunca cansamos de escucharla, con un piano impoluto pasando del protagonismo al diálogo, disfrutando de todas las variaciones en madera y cuerdas solistas, atmósferas preparadas con las «campanas de Burgos» para transitar entre lo lírico, lo majestuoso y el mejor fundido de piano, orquesta y coro con Lucas Macías perfecto maestro bruñidor. «Inmejorable
preludio del universal canto de fraternidad»
(Mallada scribit).

PROGRAMA:

1. Marie Jaëll (Steinseltz -Alsacia-, 17 de agosto de 1846 – París, 4 de febrero de 1925):

Harmonies d’Alsace

2. Manuel Martínez Burgos (Madrid, 1970):

Cloches, concierto para piano y orquesta *:

I. La vallée des cloches – II. La cloche “Wamba” – III. Grande volée de cloches à Notre-Dame de Paris – IV. Cadenza – V. Finale

* Estreno absoluto. Partituras propiedad de Universal Edition A.G.

3. Ludwig van Beethoven (Bonn, 1770-Viena, 1827):

Obertura Leonora nº 2, op. 72

Fantasía para piano, solistas, coro y orquesta en do menor, op. 80 (Fantasía coral)

I. Adagio – II. Finale: Allegro – Allegretto – Allegro molto –
Adagio ma non troppo – Marcia, assai vivace –
Allegro ma non troppo – Presto

Sin riesgo no hay emoción

1 comentario

Viernes 13 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 1: OSPA, Javier Perianes (piano), Nuno Coelho (director). Obras de Brahms, Ligeti y Bartók.

Con ilusión arrancaba este viernes al fin otoñal la segunda temporada del director portugués Nuno Coelho al frente de la OSPA y con un encuentro previo 45 minutos antes con el público en la sala de cámara, que como el propio maestro indicó, en compañía de la gerente Ana Mateo, se repetirán antes de cada abono con la presencia de los invitados, solistas y respondiendo a las dudas o aclarando las obras a escuchar, como en el caso de este primero, algo que repetiría al inicio de la segunda parte, una de las tres novedades junto a los conciertos de cámara dominicales a las 12:30 horas, que serán mensuales en esta misma sala donde poder disfrutar de los músicos de nuestra orquesta, y el Concierto de San Xuán el 21 de junio del próximo año donde sonará música de su país con Camané & Trío en el espectáculo «Fado» junto a la dupla OSPA-Coelho donde cada abonado que traiga otro nuevo se le regalarán dos entradas.

Este primer concierto, con escasa presencia de público que comienza a ser precupante, independiente de que en el Campoamor hubiese la función «joven» titulada «Viernes ópera», traía un arriesgado programa tanto por las obras como por la apuesta personal del propio director, contando en la primera parte con Javier Perianes como solista del Concierto para piano y orquesta nº 1 de Brahms (1833-1897). El regreso del onubense como colaborador de la OSPA –que sigue sin concertino, estando hoy el  murciano Jordi Rodríguez y de ayudante Fernando Zorita (no como indicaba el programa de mano, más pequeño y delgado que en temporadas anteriores)- parece no fue suficiente para llenar más butacas, una verdadera lástima porque el excelente momento por el que atraviesa el de Nerva unido al trabajo del maestro de Oporto que ya comienza a notarse en la orquesta, era un motivo más que suficiente.

Con un Maestoso poderoso en la OSPA y algo titubeante el arranque del pianista, las líneas divergentes  con unos pedales no muy claros, fueron confluyendo y caminando paralelas a medida que avanzaba este primer movimiento, casi una sinfonía por escritura y auténtico duelo de titanes que el maestro Coelho concertó a la perfección, manteniendo unas dinámicas muy equilibradas y sacando el mejor Brahms. Pero sería el Adagio la maravilla del programa donde Perianes y la OSPA mostraron una amplísima paleta de matices, pianissimi de cortar el aire con una línea melódica plena y riquísima. Más arriesgado por tempi el último Rondó: Allego non troppo que pese a «caerse alguna nota» no impidió volver a disfrutar del equilibrio dinámico entre piano y orquesta de nuevo con un total dominio de la partitura por parte del director portuense, caídas a tempo, encajes perfectos y llevando este primero de Brahms a buen puerto con todas las aristas que conlleva para los intérpretes pero que el onubense amalgamó desde su amplio bagaje con todas las referencias de Brahms a Mozart, Beethoven o la propia Clara Schumann tan excelentemente retratada en el adagio central. Una lección de piano contundente a cargo de un Perianes que saldría al descanso camino del aeropuerto asturiano para tomar un vuelo a Barcelona (donde interpretará el «Emperador» junto a la Orquesta Sinfónica del Liceu bajo la batuta de Josep Pons) con una agenda de lo más apretada que nos lo traerá de nuevo a Oviedo el 10 de mayo junto al Cuarteo Quiroga.

Aún hubo tiempo para el homenaje de Perianes a la centenaria Alicia de Larrocha con el Notturno de Grieg, el nº 4 de las «Piezas líricas», libro V, op. 54, una perla sentida, delicada, con los claroscuros «marca de la casa» que siempre me han llevado a llamarle «el Sorolla del piano«.

Arriesgada segunda parte magiar, comenzando por San Francisco Polyphony (1973-74) de György Ligeti (1923-2006), aprovechando otro centenario como el del húngaro nacionalizado austriaco, obra escrita para conmemorar el 60º aniversario de la Orquesta Sinfónica de San Francisco estrenada el 18 de enero de 1975 por el entonces titular Seiji Ozawa, con el que Haruki Murakami, Premio Princesa de Asturias de las Letras este año, conversa en su obra Música, sólo música como bien recuerda en las notas al programa Pablo Gallego. Esta obra de Ligeti no  está al alcance de cualquier orquesta ni director pues exige un control absoluto de los registros en cada sección e instrumentos, y el juego polifónico obliga a un permanente balance en el punto exacto, más allá de virtuosismos, silencios y hasta la textura sinfónica, que el húngaro teje como pocos en todas sus obras, tanto camerísticas como sinfónicas, en esa denominada «angustiosa incomodidad» de su escucha. Sin imágenes para esta «otra banda sonora» no utilizada por Kubrick pero que bien podría haberlo hecho, OSPA y Coelho apostaron por el riesgo de la dificultad para emocionar con música del pasado siglo que sigue estando demasiado ausente en el actual y que aplaudo haber programado en este #Ligeti100 del que disfruté y mucho este verano en Granada, con un final para anotar: los músicos y el director «congelados» literalmente tras el final, fotografía musical que perduró para disfrutar también del silencio en una auténtica «Atmóspher» final.

Y para rematar emociones, orquestaciones impresionantes, calidades de la mejor Hungría, trabajo minucioso de orquesta y director, así como otra «banda sonora» con imágenes terroríficas tras una primera guerra mundial, de la que seguimos sin aprender nada en estos días, la suite de El mandarín maravilloso, op. 19, Sz. 73 (1918-24) de Béla Bartók (1881-1945), «música infernal», depravación humana tan tristemente actual, caótica en expresión pero perfectamente ordenada a cargo de Coelho y una OSPA musculada de gran plantilla en donde el clarinete de Andreas Weisgerber nos subyugó y sedujo como a los vagabundos del ballet, riesgo asumido por todas las secciones a la misma altura (triples vientos, cuatro percusionistas, celesta y piano), partitura muy trabajada que nos dejó impactados y emocionados con este mandarín maravilloso que nos «robó» el final trágico de la pantomima original.

La próxima semana volverá la OSPA para el llamado «Concierto de los Premios», aunque me conformaré con el ensayo general, pero el programa (Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis y Dona nobis pacem de Ralph Vaughan Williams) y el director (Martyn Brabbins) merecerá la pena para seguir comprobando el nivel ya recuperado por la orquesta de todos los asturianos.

A celebrar 25 años de excelencia

1 comentario

Este primero de septiembre al mediodía en la sala de cámara se presentaban los Ciclos «Conciertos del Auditorio» y Jornadas de Piano «Luis G. Iberni», una temporada marcada por las bodas de plata del edificio diseñado por Rafael Beca sobre los antiguos depósitos de agua, y que marcaría a Oviedo como capitalidad musical o como la he bautizado en «La Viena Española».

Peinando canas aún recuerdo la inauguración aquel ya lejano 29 de abril de 1999 con nuestra OSPA dirigida entonces por el chileno Max Valdés, y dos días después vendría Riccardo Muti con la Filarmónica de La Scala, un verdadero lujo que abriría un ciclo por donde han pasado casi todas las grandes formaciones y figuras internacionales a lo largo de estos 25 años, algunos desde aquí reseñados desde 2008. Recordar también que seis años antes Oviedo fue  pionera en organizar las primeras jornadas dedicadas en exclusiva al piano en España en el Teatro Campoamor, que con el Auditorio pasarían a celebrarse aquí, sin olvidarnos del primer gestor que fue el siempre recordado (esta mañana también) Luis G. Iberni, a cuya memoria llevan el nombre del gran musicólogo y crítico aragonés afincado en nuestra tierra donde llegó en la primera promoción de los estudios de Musicología en la Universidad de Oviedo con Emilio Casares al frente.

Tenía que ser este Auditorio, y mejor aún en su Sala de Cámara de acústica excelente, la presentación de este ciclo doble del 25 aniversario, que además arrancaría, como no podía ser menos, con música (el Rondeau, tercer movimiento del Cuarteto para oboe y cuerdas en fa mayor de Mozart ) a cargo de Lucas Macías, director de la Oviedo Filarmonía (OFil), hoy al oboe junto a tres grandes músicos de sa orquesta que va unida tanto a los dos ciclos como a la ópera y zarzuela: Andrei Mijlin (concertino), Rubén Menéndez (viola principal) y Gabriel Ureña (chelo principal) que inauguraba informalmente la temporada, esperando ya el 31 de octubre del primer Concierto del Auditorio.

En el acto tomaron la palabra David Álvarez, concejal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo y Presidente de la Fundación Municipal de Cultura, un reconocido melómano al frente del auténtico motor cultural de la capital del Principado y buen fichaje de su alcalde Alfredo Canteli. En sus palabras también recordó y enseñó el abono de aquella primera temporada más el sueño de llegar a presentar 25 años después este ciclo que ha colocado a Oviedo en el mapa mundial de la música por su oferta y calidad  envidiable para una ciudad de su tamaño. También hablaron el responsable de la Fundación EDP en Asturias Juan García-Ovies Sarandeses, tan necesario el apoyo privado a la música en Asturias, el jefe de Oviedo del periódico La Nueva España Álvaro Faes, otro pilar importante en la difusión y publicidad desde su medio de comunicación que presta todos sus recursos a la actividad musical, María Ablanedo como vicepresidenta de la Fundación Musical Ciudad de Oviedo, resaltando el protagonismo femenino tanto en la plantilla de la OFil como en tantos excelentes intérpretes de nuestra tierra, espejo en el que se miran los estudiantes de los distintos centros educativos del Principado, también autores de quienes se estrenarán obras así como de compositoras que tienen su sitio ganado por su calidad, y por supuesto el director artístico de los ciclos, el incombustible Cosme Marina, un gestor digno heredero de Iberni que sigue organizando y trayendo a este Auditorio lo mejor del circuito europeo y mundial, con Oviedo parada obligada que algunas veces fue la única en esas giras que siguen reafirmando a «La Viena Española».

Imposible desgranar lo que nos deparará esta temporada 2023-24, aunque dejo el enlace o link al avance, el Dossier de Prensa que se nos entregó a la entrada y algunas de las fotos que realicé durante la presentación. Las notas del concejal tituladas «El poder de la música» y de Cosme «Un viaje fascinante» expresan a la perfección lo que suponen estas bodas de plata y las líneas maestras de este doble ciclo, donde destacan:

TEMPORADA EXTRAORDINARIA por los 25 años del Auditorio Príncipe Felipe con una temporada muy especial que traerá a Oviedo algunos de los grandes artistas y de las mejores formaciones orquestales de nuestro tiempo, y que no tendrá como en otras ocasiones ningún concierto extraordinario porque toda la temporada lo es.

UN CICLO SOSTENIBLE. Con la deseada y esperada llegada del AVE a Asturias, permitirá, a partir del próximo mes de enero, un diseño de las giras de conciertos con el fin de que la mayoría de las orquestas lleguen a Oviedo en medios de transporte menos contaminantes, sustituyendo el avión por el tren, en un compromiso del ciclo con la sostenibilidad, tal y cómo se está haciendo en los festivales y temporadas de referencia en Europa, y que el responsable de la Fundación EDP también destacó.

GRANDES SOLISTAS. Esta temporada pasarán por Oviedo nombres como Jakub Józef Orlinski, István Várdai, Christina Pluhar, Ermonela Jaho, Antonio Corianò, Christian Tetzlaff, Javier Camarena, Ellinor D’Melon, Dorottya Lang, Alison Oakes, Jakob Pilgram, María Dueñas, Jean-Ghihen Queyras, Dinara Alieva, Ekaterina Semenchuk o Rolando Villazón, entre otros muchos.

Algunos de ellos repiten (están con mis links) conocedores de lo que supone actuar en Oviedo por la historia tan musical de esta ciudad, y otros lo harán por primera vez, convencido que volverán porque así lo atestiguan los años de experiencia de los que mis canas puede dar fe.

DIRECTORES DE REFERENCIA. Maestros de primer nivel estarán en la ciudad: Kirill Petrenko, Sir John Eliot Gardiner, esperando retome su agenda tras el «parón autoimpuesto» por su incidente, Paavo Järvi, Alan Gilbert, Alondra de la Parra, Kahchum Wong, Ádám Fischer, Jaime Martín, Andrea Marcon, Lucas Macías y Aarón Zapico.

En las columnas del Auditorio figuran algunos nombres de grandes batutas que han dirigido en este templo musical asturiano, y seguro que aún queda sitio para poner alguna placa más.

LAS MEJORES ORQUESTAS. Una de las características del ciclo de conciertos de Oviedo es la presencia de formaciones orquestales y camerísticas de referencia: Philharmonia de Londres, NDR Elbphilharmonie Orchestra, Sinfónica de Düsseldorf, Orquesta Nacional de España, Gustav Mahler Jugendorchester, la Cetra Barockorchester, Il pomo d’oro, L’Arpeggiata, Oviedo Filarmonía –como orquesta residente-, Deutsche Kammerphilharmonie Bremen, Forma Antiqva. También acudirán formaciones corales como El León de
Oro, el Joven Coro de Andalucía y el Vokalensemble Basel.

Como también apuntarían Ablanedo o Marina, Oviedo ha defendido a músicos de nuestra tierra porque la calidad en su paso por el escenario quedó refrendada siempre e incluso dando el salto internacional, caso de Forma Antiqva con Aarón Zapico, El León de Oro con Marco Antonio G. de Paz o la pianista  avilesina Noelia Rodiles, sin olvidarnos de la propia OFil con Lucas Macías que ha supuesto «una bendición» para el panorama musical asturiano, así como el principal invitado Iván López-Reynoso.

EL GRAN REPERTORIO. A lo largo de la temporada se ofrecerán obras que abarcan desde el barroco a nuestros días. Del repertorio tradicional se interpretarán tres de las grandes sinfonías de Dvorák, el Réquiem de Verdi, la Sinfonía Fantástica de Berlioz, la Sinfonía italiana de Mendelssohn, arias de autores como Verdi, Puccini, Bizet, Mascagni o Catalani, la Fantasía Coral de Beethoven, la Quinta Sinfonía de Shostakóvich, la Primera Sinfonía de Brahms, el segundo acto de la ópera Tristán e Isolda de Wagner, La Pasión según San Juan de J. S. Bach, el Concierto para violín de Beethoven, el Concierto para violonchelo de Schumann o la
Quinta Sinfonía de Schubert, entre otras muchas.

ESTRENOS Y MÚSICA ESPAÑOLA. Cómo es habitual, la música española y los estrenos absolutos tendrán fuerte presencia, desde el repertorio barroco hispanoamericano pasando por el estreno de Cloches, concierto para piano y orquesta de Manuel Martínez Burgos, la “Danza ritual del fuego” de El Amor Brujo de
Falla, un estreno que forma parte del “Mapa sonoro de Vetusta” de la canaria Laura Vega o el Preludio del tercer acto de Follet de Granados.

JORNADAS DE PIANO. Las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» se abrirán con el protagonismo de Noelia Rodiles y Oviedo Filarmonía. Además, en clave de piano orquestal también estará Igor Levit, a quien escuché en solitario este verano en Granada, y a Oviedo vendrá con la NDR Elbphilharmonie, más una incursión en el mundo del clave con Diego Ares y Forma Antiqva.

Los recitales tendrán un peso significativo con el más reciente ganador del Premio Chopin y su debut en España, Bruce Liu, y con muy pocos días de diferencia compartiendo con el decano de los pianistas españoles en activo, Joaquín Achúcarro, muy querido en Oviedo y su Sociedad Filarmónica donde es el artista que más veces ha actuado desde aquel primer viaje de casi ocho horas en el FEVE, entonces «Económicos» de Bilbao a Oviedo, que sigue recordando tardaba tanto como sus viajes a Detroit (ironizaba Cosme que en esto no ha habido muchos cambios), además de la presentación en las Jornadas de
Yulianna Avdeeva y la presencia de una leyenda viva del teclado como es la portuguesa Maria João Pires acompañada por el catalán Ignasi Cambra.

ABONOS Y ENTRADAS. A partir de mañana 2 de septiembre se iniciará la renovación del abono conjunto, y la venta para nuevos abonados a partir del 22 de septiembre. Se mantienen, además, a partir del 2 de octubre, el abono separado de Jornadas de Piano y Conciertos del Auditorio. Además, se vuelve a incluir el abono Firmamento Lírico y, por primera vez, se ofrecerá un ABONO
JOVEN
, para menores de 30 años. De este modo habrá abonos
desde 86 euros y localidades sueltas desde 10 euros.

Oviedo será destino de muchos melómanos venidos de todas partes, por lo que no está mal recordar que la música es una inversión y el mejor reclamo turístico, generador de riqueza. En breve volveré a pasar por taquilla para renovar mi abono para otra temporada en #LaVienaEspañola como pongo de etiqueta o hastag en el antiguo Twitter© (mal llamado ahora X), y también el acuñado por David Álvarez #CapitalidadMusical que intentamos entre todos difundir para mantener la capital asturiana en el mapa musical mundial. Que la Gustav Mahler Jugendorchester (Joven Orquesta Mahler) cierre ciclo con Kirill Petrenko (titular de la Filarmónica de Berlín) iniciando una gira donde solamente Oviedo, San Sebastián y Granada serán sus paradas, tal y como ya se ha anunciado en la capital alemana, da una idea de lo que supone el trabajo de estos 25 años que son continuadores de los más de 100 de nuestra Sociedad Filarmónica Ovetense o los 76 de la Ópera, semillas tan bien plantadas como el carbayón (roble en asturiano) símbolo de la capital del Principado.

 

Belleza sinfónica

6 comentarios

 

 

 

Jueves 6 de julio, 22:00 horas. 72 Festival de Granada, Palacio de Carlos V, “Conciertos de Palacio”: Yuja Wang (piano), Orchestre Luxembourg Philharmonic, Gustavo Gimeno (director). Obras de Coll, Rajmáninov, R. Strauss y Ravel. Fotos propias y de Fermín Rodríguez.

La Filarmónica de Luxemburgo llegaba a su primera noche granadina con el titular valenciano Gustavo Gimeno (1976) al frente, y no pudo dejarme mejores sensaciones con un programa que sacó músculo por tratarse de obras sinfónicas “potentes” para una orquesta equilibrada, robusta en plantilla, con excelentes primeros atriles y todas las secciones perfectamente ensambladas, colocadas “a la vienesa” con los contrabajos detrás de los violines primeros y las trompas a la derecha en línea con el resto de metal. Todo ayudó a conseguir un sonido redondo y rotundo en las cuatro obras del decimosexto día de Festival.

Con este ambiente de grandes orquestadores, abría velada el también valenciano Francisco Coll (1985) y su Aqua Cinerea (2005, rev. 2019) que Gimeno está llevando con su formación en muchos conciertos. Obra de amplísima paleta sinfónica llena de sugerentes tímbricas actuales pero siempre con la mirada puesta en los “maestros del XX” que hoy le acompañaban en el programa. Pablo L. Rodríguez la define en las notas al programa como “(…) un líquido de tono grisáceo o quizá escuchamos la imagen de la ceniza cayendo como lluvia. Lo visual y el sonoro se funden en esta opera prima del joven compositor valenciano, de 2005 (…) donde se concentran intuitivamente todos los elementos de su universo tan proclive a los extremos, desde la excitación a la melancolía”. Una obra que encajó con las dos obras sinfónicas de la segunda parte.

La Suite de su ópera Der Rosenkavalier, TrV227d (1944) de Richard Strauss (1864-1949) no tardó en llegar a las salas de conciertos, y en ella Gimeno y los luxemburgueses volvieron a demostrar su excelente calidad y sonido claro, lleno de matices (excelentes el sonido de las trompas que Strauss siempre mimó) y juegos rítmicos, desde el torrencial motivo de Octavian y la Mariscala, la bellísima «Presentación de la rosa» y el egocéntrico vals vienés del Barón Ochs, sutilmente llevado con elegancia y rubato tan propio del “un, dos y…” que parece no llegar al tres, el bullicio instrumental de una orquesta al fin recreando fielmente lo escrito y sin fisuras.

Y si acababa en tiempo de vals vienés la anterior, el otro gran orquestador sería el hispano francés Maurice Ravel (1875-1937) con su propia visión envolvente y cautivadora de La valse (1919-1920), auténtico retrato sinfónico para disfrutar de la Luxembourg Philharmonic y el perfecto entendimiento de ella con el maestro Gimeno. De gestualidad clara, con una batuta precisa y una mano izquierda llevándoles y dejándose llevar, el sonido a medio camino entre el impresionismo y el expresionismo sería perfecto complemento, dos visiones del 3/4 tan distintas y tan buenas, al igual que las dos propinas que nos brindaron, manteniendo en cierto modo una estructura tímbrica y hasta rítmica aprovechando el potencial de los luxemburgueses:

Con otro Vals, el primero de la Jazz Suite nº 1 de Shostakovich (1906-1975), no tan cinematográfico como el segundo pero más breve, y estando en Granada no podía faltar la Danza ritual del fuego de Falla, coincidencia con Perianes también como segundo regalo, con una orquesta que captó, gracias al director valenciano, todo el color y emoción de una partitura que siempre resulta mágica y más en la noche palaciega.

Evidentemente la “figura” de la noche era la pianista china Yuja Wang (Pekín, 1987), a quien recuerdo en solitario hace ocho años en las “Jornadas de piano” ovetenses. Está claro que sigue teniendo tirón mediático y sus actuaciones se esperan con expectación, más en sus conciertos de Serguéi Rajmáninov (1873-1943), esta vez con “el quinto” que es la Rapsodia sobre un tema de Paganini en la menor, op. 43 (1934).

La pequinesa mandó desde el principio y Gimeno resultó buen concertador al tener que llevar a su orquesta por donde pedía la solista, de amplísimas dinámicas y cierta agógica que no siempre es fácil de encajar aunque se logró por parte de todos. Técnicamente sigue siendo la virtuosa que asombró desde sus inicios, más en estas páginas, aunque supongo que el tiempo le dará el poso necesario para afrontar con más enjundia estas obras con orquesta. Personalmente me pareció muy adecuada la elección del tiempo y fraseo de la cinematográfica Variación XVIII: Andante cantabile, encontrando el balance perfecto con la orquesta y una cuerda siempre bien conjuntada, en este “movimiento central” sedosa, y más agresiva en un Dies Irae donde las dinámicas se llevaron al extremo sin resquebrajarse la sonoridad deseadamente potente por parte de todos.

Yuja Wang, de quien debemos dejar de hablar sobre su vestimenta o tacones, aunque se hizo algo de rogar, también regalaría nada menos que ¡tres propinas! cerrando la primera parte de la noche, manteniendo los esperados “fuegos artificiales” que su técnica le permite:

La primera el arreglo de Franz Liszt de la maravillosa Gretchen am Spinnrade (Margarita en la Rueca) de Schubert, de virtuoso a virtuosa con algo más de hondura que en Rachmaninov.

Segunda propina, que parece ser casi “necesaria” en estos jóvenes pianistas que miran a los históricos, caso de las Variaciones sobre la Carmen de Bizet que V. Horowitz dejó casi como “prueba extraordinaria” de concurso, y que tras las de Paganini con orquesta querían dejar a Yuja Wang el protagonismo solístico y habitual con esta página que la china interpreta sin problemas aunque más vistosa que honda.

No la esperábamos pero llegó la tercera con la Danza de los espíritus bienaventurados del “Orfeo y Eurídice” de Gluck, no tan explosiva técnicamente y más honda de expresión, que se quedó algo apagada tras el despliegue de recursos de las dos anteriores, incluso recordándosela a otros y otras pianistas con mucha más musicalidad y lirismo, así como un sonido más íntimo.

Al menos la Luxembourg Philharmonic y Gustavo Gimeno me han dejado con muchas ganas de volver a escucharla en el decimoséptimo día de Festival y con una Sexta de Mahler más el propio homenaje de Tomás Marco y su Angelus Novus (Mahleriana 1) (1971) que contaremos desde aquí.

Perianes de Califa a Emperador

7 comentarios

Lunes 3 de julio, 22:00 horas. 72 Festival de Granada, Palacio Carlos V, “Grandes intérpretes”: Javier Perianes (piano). Concierto homenaje a Alicia de Larrocha en el centenario de su nacimiento. Obras de Falla, Debussy, Albéniz y Granados. Fotos de Fermín Rodríguez.

Granada sigue siendo mágica y la mejor disculpa para que el onubense Javier Perianes (Nerva, 1978) armase un programa con la capital nazarí como nexo de unión, aunque también serviría la inspiración propia de cuatro compositores que sin ser naturales de esta tierra, e incluso sin conocerla, en los feliz inicios del pasado siglo lo exótico era La Alhambra y sus leyendas, la historia que para los europeos debía de resultar cual un parque temático del momento sin pisar otro continente.

Y esta inspiración la tuvieron los cuatro compositores elegidos: el gaditano Manuel de Falla (1876-1946) que acabaría enamorado de Granada y viviendo en el Carmen de los Mártires y en el de la Antequeruela; visiones en el París capital cultural del momento que las transmitiría al francés Claude Debussy (1862-1918) bebiendo la misma fuente del idioma musical con la añoranza que da la distancia; el gerundés Isaac Albéniz (1860-1909) en ese mismo “exilio” pergeñará la biblia del piano actual que es su suite Iberia donde no falta esa página tan granadina como es “El Albaicín”. Y otro catalán como el ilerdense Enrique Granados (1867-1916) probablemente impregnado de la misma magia que todos los anteriores buscando trasladar al piano esa inspiración española que nuestros intérpretes más señeros llevaron por todas las salas de concierto y continúan haciéndolo.

En este año del centenario de la gran Alicia de Larrocha, quien sería nuestra mejor embajadora de todos ellos, varios intérpretes de ahora están homenajeando a la catalana, y no podía faltar nuestro Javier Perianes con un programa tan mágico como La Alhambra donde está como en casa, del Patio de los Arrayanes en ediciones anteriores a este Palacio de Carlos V donde el andaluz moró durante dos horas para convertirse en el emperador de la noche.

Hace tiempo que he calificado a Perianes como “El Sorolla del piano” porque mima el sonido de cada nota, en cada mano, con un manejo del pedal capaz de crear unas atmósferas cual veladuras, un limpieza y frescura en el trazo que asemeja la acuarela donde no hay posibilidad de error, gamas de matices tan extensas que pasan de acariciar las teclas a volcar toda la energía que exija el pasaje, claridad en lo melódico casi de tinta china sobre el papel y perfilar la esencia. Por finalizar con tantos paralelismos, el manejo de los tempi o del rubato que los años han madurado desde una musicalidad de siempre pero con la hondura emocional que solo los grandes intérpretes alcanzan, por lo que el mejor homenaje a Doña Alicia ha sido este programa que el onubense interpretó dos días antes en Campo de Criptana, aunque nunca hay dos conciertos iguales.

Sin pausas afrontó la primera parte, “de un tirón” y como dicen por aquí “estuvo sembrao”, primero Falla y su Homenaje «Le tombeau de Claude Debussy» (1920) donde el dibujo musical del francés que nunca quiso ser llamado “impresionista” pintó una habanera no sé si del Cádiz de Don Manuel o de la Huelva de Don Javier. Está claro que en la interpretación encontró todos los colores de los dos compositores, tal vez por lo que Ana García Urcola llama “españolidad francesa” del onubense y “penetra plenamente en ese sabor amargo, apasionado y seductor”.

Dándole la vuelta al epíteto de la profesora donostiarra, Perianes nos dejaría las tres páginas del Debussy imbuido por Falla desde la “francesa españolidad”, imágenes que se funden el oido como los colores en la retina pero siempre con la luminosidad mediterránea o atlántica pues el mar consigue reflejos que el compositor francés entendió y llevó al piano. Estampas como la tarde en Granada para enmarcar en nuestra memoria melómana, el paseo pasando por La Puerta del Vino o la interrupción de una serenata nocturna, en este caso por el vuelo de avión que intentó confundir la única estrella que brillaba en el firmamento (quiero pensar que Alicia de Larrocha estaba disfrutando de este digno heredero), tres láminas distintas con la misma temática pero sentidas e interpretadas con unidad estilística y toda la gama de recursos que Perianes domina, asombrando con unos pianísimos imperceptibles que cortaban la respiración en esas caricias, pero la energía de una mano izquierda prodigiosa capaz de pasar del canto al ropaje desde una rítmica personal que maravilla, la habanera gaditana y onubense como hilo conductor jugando con el grosor de los trazos.

Y uniendo este paisaje sonoro contemplar el de El Albaicín que tan bien musicó Albéniz, evocación de guitarra en la tierra que mejor las construye y en los dedos de un onubense que entiende estos ritmos desde el “pellizco” clásico manteniendo la esencia popular, no quedó atrás la vuelta a Falla y una Fantasía bætica (1919) para recordar por la fuerza, entrega, pasión y musicalidad capaz de recrear nuestra música andaluza por momentos chopiniana, zapateado cual polonesa y el sonido elegante además de muy trabajado del onubense, romanticismo en estado puro y virtuosismo necesario para trasmitir todo “lo jondo” que esconde la partitura de nuestro gaditano universal, lo que cautivó al público que le jaleó al finalizar esta primera parte.

Si Granada es la inspiración que París materializaba, nuevamente “la pintura musical” sigue siendo el hilo conductor de este “Sorolla del piano” que ha encontrado en las Goyescas (1911) de Granados otra galería sonora donde los dedos son pinceles que recrean al primer impresionista que fue Goya antes de acuñarse el término. Escuchar los dos libros seguidos, al igual que en Oviedo el pasado mes de abril dentro de las Jornadas de Piano, redondean la elegancia de la escuela parisina que Perianes transmite, despliegue de contrastes y dinámicas, de ritmos y fraseos, de pulir las melodías con una sonoridad tan trabajada que hasta parecía estar escuchando a la gran Teresa Berganza cantarlas en el universo del piano que de blanco y negro solo las teclas más el mueble. No quiero olvidarme del excelente sonido que devolvió el Steinway en el palacio imperial, y reajustado al descanso tras el “tute” de la primera parte.

«Las Goyescas es una obra de todo tiempo» decía el propio Granados, la escritura pianística es un compendio de técnica, claroscuros, pasiones y herencias románticas con la genialidad e inspiración española, y Perianes las ha hecho suyas de principio a final. Los dos cuadernos como toda una galería del Prado en este Palacio de Carlos V, cartones que son cuadros y páginas monumentales para seguir contemplándolas a toda hora, aunque la noche granadina redondeó la magia.
Otro triunfo del andaluz y más Falla que no falla en dos propinas manteniendo todo lo bueno, incluso el respeto de un público entregado (hasta un ramo de flores), la Serenata Andaluza más flamenca y guitarrística llevada al concierto, más la Danza ritual del fuego de “El Amor Brujo”en otro homenaje al Festival que también lo es de danza, personal interpretación y final en la medianoche para que el hechizo no se rompiese en este decimotercer día.

PROGRAMA

I

Manuel de Falla (1876-1946): Homenaje «Le tombeau de Claude Debussy» (1920)

 Claude Debussy (1862-1918): La soirée dans Grenade, de Estampes, L. 100/2 (1903) / La Puerta del Vino, de Préludes – Libro II, L. 123/3 (1911/1913) / La sérénade interrompue, de Préludes – Libro I, L. 117/9 (1909)

Isaac Albéniz (1860-1909): El Albaicín, de la suite Iberia (1905-1909)

Manuel de Falla: Fantasía bætica (1919)

II

Enrique Granados (1867-1916): Goyescas (1911)

 Los requiebros / Coloquio en la reja / El Fandango del candil / Quejas o La maja y el ruiseñor / El amor y la muerte (Balada) /  Epílogo: Serenata del espectro

Older Entries Newer Entries