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Una cantata para el Milenario

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El pasado sábado 20 de abril asistía en la Iglesia de San Juan Bautista del Monasterio de San Salvador de Cornellana al estreno mundial de la Cantata Sancti Salvatoris in Corneliana de mi admirado Guillermo Martínez (¡cosecha del 83!), con tiempo de sobra para disfrutarla a partir de las 20:00 horas, y con el templo del milenario monasterio a rebosar, pudiendo encontrar una silla vacía en un lateral con poca visión pero suficiente para escucharla, que era de lo que se trataba.

La Cantata para el Milenario del Monasterio de Cornellana (1024-2014) es un encargo de la FUNDACIÓN “VALDÉS-SALAS” con el patrocinio de CMC “XXI” (Cosmen Menéndez-Castañedo), escrita en 7 movimientos para soprano, mezzo-soprano, octeto vocal, coro de voces mixtas y un ensemble de metales, percusión, arpa y órgano. Al final de esta entrada dejo todo el elenco cercano a los cien intérpretes para una obra que contaba con un excelente programa de mano para los asistentes donde se incluía además de los textos, un interesantísimo artículo de mi profesor Ángel Medina, catedrático de Musicología de la Universidad de Oviedo ya jubilado, explicando la génesis de esta cantata, y uno más del profesor Daniel Moro Vallina titulado Músicas para un milenario con un análisis pormenorizado de esta cantata de Guillermo Martínez, un libreto para guardar en mi biblioteca como imprescindible fuente de consulta.

Tras la presentación, todos los músicos con el maestro Joaquín Valdeón responsable de otros estrenos de Guillermo Martínez, arrancaban la cantata organizada en siete partes, con una acústica no muy buena para los tutti, teniendo en cuenta que el ensemble instrumental era de viento y percusión más arpa y en el órgano el propio compositor, haciendo difícil la comprensión de los textos, que al menos pudimos seguir por escrito, haciendo difícil encontrar el balance justo ante tal contingente sonoro, aunque hubo momentos más delicados en la instrumentación donde poder apreciar el estilo del compositor y la hermosa musicalidad de varias partes bien interpretadas por los distintos solistas y todo el conjunto.

A nivel global y antes de algunas anotaciones a vuela pluma, comenzar por las dos solistas, la soprano ferrolana Patricia Rodríguez Rico y la mezzo gijonesa Serena Pérez, la primera con más protagonismo y «fija» en los estrenos de Guillermo, desde un prólogo en el segundo número o un aria muy exigente por todo lo que debe y tiene que cantar en el tercero de agudos casi imposibles que flotaron sobre el «ejército milenario», mientras la segunda resultó el contrapeso ideal, el contraste de color de su voz con una bellísima aria en el quinto número, más un buen empaste entre ambas voces.

Insistiendo en la acústica, mejor el Octeto vocal, auténtico «corazón» de la cantata, que el inmenso coro formado la unión de tres (Universitario, «Bloque al Canto» de los aparejadores asturianos más la Capilla «Palacio de Meres») en cuanto a la percepción de las armonías vocales de todo un castillo sonoro para el inicio y final cual fachada coral, si bien el impacto sonoro de ese Coro para el Milenario junto al ensemble instrumental y resto de intérpretes resultó por momentos impresionante.

En la escritura de esta cantata y sin entrar en los detalles del profesor Moro Vallina, hay partes delicadas, otras camerísticas alternando con tutti jugando con los propios textos y creando un clímax sonoro donde no faltaron los textos leídos, solos o sobrepuestos para unas tímbricas muy trabajadas. El Introito «In nomine Patris» arrancó con todo el coro más el ensemble, para que en el Tránsito («Los que buscan al Salvador») el octeto vocal entrase cantando cual coro gregoriano hasta ubicarse en su posición final a la izquierda del coro, mientras el prólogo corría a cargo de la soprano gallega. Interesante la alternancia de los textos, octeto, órgano, arpa, percusión, varias partes a capella y efectistas campanas antes del aria «En el corazón de la antigua España».

Otro de los números donde poder disfrutar fue el quinto, «Por mil años más, brille tu luz» con el aria de  la mezzo asturiana acompañada en momentos por el octeto vocal, otros por el ensemble y la delicadeza con órgano y arpa, buen ropaje para la voz con texturas muy trabajadas.

De instrumentación poderosa el  Ensemble, con órgano más el octeto de sonoridad muy «olímpica» por la Fanfarria «En el valle de las historias y de los viejos misterios», donde también intervienen el arpa antes de la solista del octeto (Ana Maria Peinado García, otra conocida de La Castalia que ya ha estrenado más obras de Guillermo Martínez) con arpa, una matizada parte central hasta la solista con trompeta, timbales y un Da Capo efectista (silbato incluido), de aires norteamericanos que tan bien maneja nuestro compositor lleno de épica.

Sancti Salvatoris es el último número, nuevos juegos de dinámicas, expresión y tímbricas variadas, con los coros callados  y el octeto a la izquierda, un Ensemble a todo volumen y cambios bruscos de matices (muy bien la trompa solista del mierense Jaime A. Sixto) antes del in crescendo, con los textos hablados alternados con el órgano, un pianisimo final todos juntos, un solo del bajo y mezzo del octeto para la entrada, sumándose la soprano gallega de agudos extremos y finalizando el Tutti  con órgano, arpa, octeto vocal y hasta un glockenspiel cual repique de campanas hasta la última entrada del Coro con las solistas juntas en un final colosal y glorioso que puso al público, que aún no lo estaba, en pie.

Larga vida al milenario Monasterio y toda la inspiración para Guillermo Martínez que sigue regalándonos obras para poder disfrutarlas y enriquecer nuestro patrimonio musical.

INTÉRPRETES

Patricia Rodríguez Rico, soprano

Serena Pérez, mezzo soprano

OCTETO VOCAL «Sine Nomine»:

SOPRANOSAna Maria Peinado GarciaÁngeles Rojas

MEZZOSOPRANOS: Vilma Ramírez ÁlvarezOlga Guseva

TENORES: Fernando Fuego GarcíaEduardo Pintado Sarachaga

BAJOS: André Phelipe Horbatiuk  – Fran Sierra Fernández

CORO UNIVERSITARIO DE OVIEDO

Maestro de coro: Joaquín Valdeón

&

CORO «Bloque al Canto»
(del Colegio de Aparejadores)

Maestro de coro: J. Valdeón

&

CAPILLA MUSICAL «Palacio de Meres»

Maestro de coro: Miguel QA

ORADORES:

Nuria Sánchez y Manuel Valiente (directores de Maliayo Teatro y Rizoma Escena)

ENSEMBLE INSTRUMENTAL

TROMPAS: Jaime Aurelio SixtoKonrad Markowski

TROMPETAS: Guillermo García CuestaSergio Lomas RonceroPablo Núñez Noval

TROMBONES: Ángel SapiñaLuis Fuego Casielles (TROMBÓN BAJO)

TUBA: Rafael de la Torre

TIMBALES: Miguel Díez Casado

PERCUSIÓN: Rafa Casanova OrtizFrancisco Revert GarcíaGabriel Catalán Rivera

ARPA: Mirian del Río

ÓRGANO: Guillermo Martínez

PRENSA:

Emociones contadas

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Domingo  26 de noviembre, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: Asociación Cultural «La Castalia», XVI Curso «La Voz en la Música de Cámara». Concierto de clausura en homenaje a la memoria de Olga Semushina. Entrada libre.

Significado según nuestra Real Academia Española de la Lengua de la palabra emoción (del lat. emotio, -ōnis): 1. f. Alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática.
2. f. Interés, generalmente expectante, con que se participa en algo que está ocurriendo
.

La vida es puro aprendizaje, el trabajo otro tanto y no hablemos de la música donde nunca se termina de aprender y descubrir. Entendamos todo como pura emoción en cualquiera de las dos acepciones de la RAE, sea leer, escribir, escuchar… Y no es lo mismo «contadas emociones» por escasas y excepcionales que «emociones contadas», lo que pretendo desde aquí y algo que en el mundo de la música se intenta hacer continuamente.
Emociones contadas y cantadas, emociones exteriorizadas o interiorizadas, emociones individuales y compartidas, colectivas por la magia de la música pero siempre emociones. Emoción hubo en un concierto final de curso que dejó pequeña la sala de cámara más allá de descubrir nuevas voces, hacer un seguimiento de las conocidas o escuchar dos estrenos. Emoción en quienes se sumaron al recuerdo y homenaje de una amiga, maestra, intérprete, compañera o esposa.

Emoción colectiva con todos los participantes escuchando las palabras de Begoña García-Tamargo, directora artística de «La Castalia«, emocionada por la amiga y compañera, emoción contenida con la música de Beethoven con el Adagio de la sonata en la mayor grabada por Olga Semushina con su marido Vladimir Atapin al cello, verdadero homenaje escuchado por todos con esa alteración del ánimo penosa e interpretada cual vida eterna de una música que nos mantendrá siempre vivos, ejecutada por ese matrimonio roto por una enfermedad contra la que luchó hasta el final, tristemente orgulloso de disfrutarla un poco más de lo diagnosticado.

Conmoción somática la de todo intérprete al salir al escenario con distintas reacciones interiores: cosquilleo, nervios, bloqueos, rigidez… emociones que todo músico conoce pero no siempre controla, cursos de idiomas porque la palabra cantada siempre debe ser escuchada, trabajo de repertorio de cámara que exige emocionarse cantando y emocionar al oyente, transmisión unívoca cuya respuesta llegará con el aplauso. La música de Fauré o Rodrigo, Guastavino o Tosti, Vaughan Williams o Barber, Hahn o Wolf con poemas emocionantes en su lectura pero aún más trascendentes con sus notas, inflexiones y el ropaje del piano, diálogos donde la música complementa la palabra. Emociones del lenguaje tan difícil y distintas en francés o castellano, alemán o inglés pero igual de exigentes para noveles o veteranos. Las sopranos Carla Romalde, Janeth Zúñiga, Canela García o Cristina Suárez, el barítono Pedro La Villa y el tenor Adrián Begega, la mezzo María Heres (me encantó el acento argentino en su su sentida Pampamapa) y la siempre querida soprano ferrolana Patricia Rodríguez Rico que no podía faltar en este homenaje de emociones (impactante y cómplice con el piano en el emocionante poema alemán que es Befreit de R. Strauss) y de estrenos

Búsquedas interna de la voz y el color, elección del repertorio, trabajo de interiorización y el examen constante del público, una vida cantada y no siempre contada. Manuel Burgueras al piano como profesor de estos repertorios llevando cada voz por el camino correcto o guiando a los demás pianistas como Yozhuan Chávez acompañando a Zúñiga o Alma González (con Heres) quien se sumó con un minuto de música al homenaje emocionado e individual de alumna a maestra, Angelico (1959) el primer número de «Música callada» (Mompou) con una rosa blanca sobre el negro barniz del Steinway.

Emoción compartida desde la propia interiorizada de Gabriel Ureña, empatía de cello y dolor con el piano de Patxi Aizpiri en el Andante de la Sonata op. 19 de Rachmaninov, los rusos que sentimos asturianos, intérpretes y compositores, abrazo sin palabras al amigo y compañero Atapin recordando a «la Atapina» con la música que llega donde la palabra no, precisamente en un concierto con la voz de protagonista donde el violonchelo es lo más parecido a ella, verdadera Vocalise capaz de hacernos vibrar con cada cuerda y más con el sentimiento transmitido desde lo más íntimo.

Qué mejor homenaje que estrenar una obra, trabajada además por cuatro de estos alumnos como broche de otro curso, y Gabriel Ordás (1999) que sigue creciendo en todos los sentidos y estilos, nos regalaba «A Dafne«, fantasía para cuarteto vocal y piano con el texto del Soneto XIII de Garcilaso de la Vega. El relevo en el piano lo tomaría hasta el final la ucraniana afincada en Asturias Yelyzaveta Tomchuk, coprotagonista de este estreno junto a Patricia RodríguezMaría HeresAdrián Begega Pedro La Villa que emocionaron con ese soneto musicado exigiendo a cada solista entrega, técnica y solidaridad en el canto, matices con registros amplios y empastes buscados, intimismo camerístico y tensiones con piano recreando la letra desde la voz. Habrá quedado registrado por las muchas cámaras y grabadoras, a cuyos propietarios vendría bien hacer un curso para fotógrafos en conciertos, cómo comportarse sin molestar, el saber estar en cada momento tan importante para todo en la vida.

El segundo estreno vendría de Pablo Moras (1983), recientemente galardonado con el premio de la SGAE Carmelo Alonso Bernaola de jóvenes compositores, y su obra con texto de Xuan Bello «No Escuro» para coro mixto con piano, el propio compositor y director de la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo con Lisa Tomchuk, emociones a flor de piel y emociones cercanas al lujo por poder interpretar una obra nueva dirigida por el autor, asistir en todas las personas, primera, tercera o segunda, singular o plural a la amplia gama de matices y colores emocionales de todo tipo con una obra actual cercana como el homenaje común a Olga desde la voz, solista o en coro.

Y sumándose a la Capilla algunas de las alumnas nada mejor que la alegría de un musical tan conocido como West Side Story (L. Bernstein) en un arreglo con piano de Len Thomas que redimensiona el original a coro, números de Tony por las voces graves, de Maria por las blancas, y el empuje coral conjunto bien compenetrado con el piano por un coro algo corto en hombres (endémico en casi todos) pero convincente, entusiasta y emocionado a la vez que emocionando.

No se podía pedir más, aunque Atapin volvió a dar las gracias a todos, orgulloso con la placa que le entregó «La Castalia» de manos del presidente y amigo Santiago Ruiz de la Peña, tras la foto final con todos los profesores, alumnos e invitados a este homenaje emotivo, porque de bien nacidos es ser agradecidos.

Estrenos cercanos

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Sábado 10 de octubre, 20:00 horas. Teatro Municipal Bergidum, Ponferrada. Ciclo romántico«Cantando a Gil y Carrasco». Patricia Rodríguez Rico (soprano) y Manuel Alejandre Prada (piano). Obras de Alejandre, Schubert, Lortzing, Rossini, Lehár, Arrieta y Giménez. Entrada: 7,50 €.

Llevaba tiempo sin escuchar a la soprano ferrolana, muy solicitada para estrenos gracias a su poderío vocal basado en un trabajo meticuloso y versatilidad, la misma que le trajo hasta la capital de El Bierzo para regalarnos el «Tributo a Gil y Carrasco» opus 64, en homenaje al bicentario de su nacimiento, siete lieder sobre poemas de Enrique Gil y Carrasco del compositor local y pianista Manuel Alejandre Prada. No es accesorio titular esta obra de «lied» puesto que el diálogo y protagonismo de piano y voz marcan esta obra de dificultades extremas para el registro de soprano, con poemas no excesivamente musicales a los que Alejandre intenta sacar más la expresión que la lírica propiamente dicha.

Siete poemas distintos con el sello del músico berciano donde aparecen colores y atmósferas grises, duras, llevadas al discurso melódico en saltos de octavas realmente abismales, medios tonos generadores de indecisión tonal como en El Sil, agudos altísimos en pianísimo o graves profundos sin poder perderse nunca la inteligibilidad de unos textos difíciles caso de Niebla. La soprano gallega hubo de pasar por todos los registros defendiendo una partitura realmente agotadora con detalles de lirismo como en La mariposa o Una gota de rocío que cerraba este ciclo con un pianismo igualmente vertiginoso de arpegios alternando con reposos casi litúrgicos de Campana de una oración sin caer en descriptivismos literales pero sí buscando esa ambientación romántica deudora de muchos compositores volcados en poner música a textos. Obra la de Alejandre que seguramente habrá de «readaptar» al terreno vocal para voces graves o incluso para una mezzo de amplia tesitura en el agudo pueden lograr un color más adaptado a la buena idea del pianista y compositor local.

La segunda parte tras el esfuerzo de la primera, dejó la voz preparada para los dos lieder de Franz Schubert, An die Musik D. 547 y la conocidísima serenata póstuma Stänchen, D. 957 nº 4 con el piano coprotagonizando estas bellísimas perlas románticas de salón, o las arias de opereta vienesa que tan bien le van a Patricia R. Rico como las de Zar und Zimmerman de Lortzing o la balada de Vilja de La Viuda Alegre (Franz Lehár) en el mejor estilo desenfadado y lleno de melodismo que nos imaginaba a la soprano con guantes largos y trajes negros de encaje sin copa de champán pero el mismo aire pícaro de ambas.

No podía faltar entre lo germano nuestro querido bufo Rossini, del que Non si da follia maggiore de «El turco en Italia» volvió a corroborar el dominio técnico de Patricia para unas arias exigentes como las del italiano con un piano reduciendo la orquesta solo en tímbrica porque así trabajó Manuel su siempre impecable y certero acompañamiento.

Y en un recital lírico lo español nada menos que con dos grandes como Arrieta y Pensar en él de «Marina«, género grande compartiendo programa con alemanes e italianos en esta romanza operística de agilidades y hondura interpretativa para rematar con Me llaman la primorosa de «El barbero de Sevilla» de Gerónimo Giménez, la voz que ha ido ganando registro grave y mantiene los agudos de flauta tan característicos de Patricia Rodríguez Rico, no mero juego pirotécnico sino gusto vocal por cualquier página que afronte.

El recital sabatino resultó muy exigente y se volcó en cada partitura, incluyendo una propina de lujo como el conocido O mio babbino caro de «Gianni Schicchi» (Puccini) que gallega y leonés entendieron a uno para comunicar la emoción final a un público que no llenó el coliseo ponferradino pero disfrutaron del estreno y aún más con estos clásicos románticos.
Los medios locales reflejaron el evento y los presentes esperamos volver a escuchar aunque sea grabado, pues siempre reconforta el interés de las jóvenes generaciones de compositores españoles por nuestro patrimonio literario llevándolo al perfecto maridaje con la música como forma de difusión y conocimiento, aunque el novelista de Villafranca del Bierzo fallecido joven -casi obligatorio en su época- Enrique Gil y Carrasco (1815-1846) tenga su sitio en la historia de la literatura en este año romántico.

Clausura de curso con estrenos

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Domingo 7 de diciembre, 19:00 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo. XIII Curso «La voz en la música de cámara»: Concierto de clausura en homenaje al Excmo. Ayuntamiento de Oviedo. Intérpretes: Ana Peinado (soprano), Ana Cristina Tolívar (mezzo), Fernando Fernández (tenor), Oscar Castillo (barítono), Irina Palazhchenko (piano); Santiago Ruiz de la Peña (cello), Nora Suárez (piano); Laura Mota (piano); Marco Antonio Guardado (gaita), Yelyzaveta Tomchuk (piano); Patricia Rodríguez (soprano), María Heres (soprano), Pablo Romero (tenor), Marisa Arderíus (piano); Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo», Rubén Díez (director); Alfonso Peñarroya (piano). Obras de Guillermo Martínez, G. Goltermann, J. S. Bach, Glinka / Balakirev, José Manuel Fernández «Guti»/ Juan Manuel Morán, Sigfrido Cecchini, Pablo Moras / Javier Almuzara, Rubén Díez / Juan Carlos De la Madrid, Santiago Ruiz de la Peña / Carlos Fernández. Entrada libre.

Trece años de un curso que bajo la dirección artística de Begoña García-Tamargo organiza la Asociación Cultural «La Castalia» con patrocinios y colaboraciones diversas que en el largo discurso de la citada profesora (más de un cuarto de hora incluyendo el desmayo de la joven Laura Mota) no solo sirvió de agradecimiento sino que hizo toda una historia del pasado, presente y hasta futuro musical de la ciudad de Oviedo en el terreno musical, en este homenaje al Ayuntamiento que sonó propagandístico dando paso a otra intervención del «alcalde heredero» Agustín Iglesias Caunedo, con todos los intérpretes en el escenario a pie firme escuchando unos discursos que nos llevaron hasta las siete y media de la tarde, avanzando una sorpresa lírica para el próximo año desvelando tan solo que será un elemento estratégico para Oviedo, música y cultura como pasiones de la capital asturiana, integrando otras músicas y creadores como los de este concierto clausura y homenaje. El desmayo citado apenas interrumpió el discurso aunque trastocó el orden del programa, que pudimos escuchar completo con varios estrenos de autores jóvenes, presentes en la sala y profesores muchos de este curso, así como otras obras cercanas en el tiempo de su estreno, sin olvidar los «clásicos», con artistas en formación y otros ya consagrados, dando un nivel algo desigual donde el protagonismo estuvo más en las obras que en los intérpretes salvo casos puntuales.

Dejo aquí el programa y profesorado del curso, pasando a comentar por alto lo que pudimos escuchar en una sala ideal para estos repertorios, que se llenó más allá de lo esperado.

El primer estreno absoluto Cantos de primavera de Guillermo Martínez sobre texto de F. Hölderlin para cuarteto vocal y piano, de factura académica a la que nos tiene acostumbrados este compositor, con reminiscencias germanas de Mendelssohn o Brahms e incluso los corales luteranos con introducción liederística del piano antes de la intervención vocal en distintos movimientos contrastados no ya en tiempo sino en expresión (lástima la poca claridad textual en las voces) con momentos dramáticos casi «parlatos» que no fueron paralelos siempre en calidad interpretativa, descompensadas las voces donde brilló por volumen la soprano sobre el resto. La creatividad de Guillermo no tiene límites y aún nos esperan muchos estrenos más.

El Allegro del Concierto para violonchelo nº 5 en re menor, op. 76 (G. Goltermann) sirvió para disfrutar de dos jóvenes intérpretes donde las enseñanzas de la música de cámara se centran en ambos, no ya el solista lógico sino en el difícil papel que tiene siempre el llamado pianista acompañante o correpetidor en tanto que las reducciones orquestales no siempre son agradecidas ni fáciles. Los detalles puntuales los conocen ellos mejor que nadie.

Segundo estreno absoluto para una formación original como gaita, piano y narradora: Vals de Naveo de «Guti» y Juan Manuel Morán, dúo de compositores para un dúo musical donde la gaita adquiere categoría sinfónica más que académica por una escritura cromática, exigente para el instrumentista por venir de un compositor que la domina, modos menores siempre agradecidos incluso desde el acompañamiento y coprotagonismo del piano en lenguaje impresionista totalmente actual,  notándose el otro compositor, con percusiones en la caja armónica que ayudan a una expresividad aún mayor con la narración bien dramatizada, y pasajes de arpegios variados en solitario o con la gaita recreando una sonoridad que los amantes del folk calificamos como «celta» pero tratada desde la sala de concierto al incluir una cadenza o fermata de la gaita con un piano de percusión, solo virtuoso lleno de cromatismos, trinos, explotación de los registros agudos hasta el máximo antes del regreso al tema del vals sin perder nunca referencias. Bravo por los compositores y por el trío de intérpretes.

Tercer estreno de la «Suite» del musical de Sigfrido Cecchini La Regenta, que en reducción a piano nos privó de poder degustar todo el trasfondo de una música casi minimalista en el amplio sentido del término y con todas las características a él asociadas (básicamente ritmos ostinatos casi monotónos y líneas de más expresividad narrativa que cantables), con claras referencias a Nyman no sólo en el pobre papel del piano, y también recuerdos de canto gregoriano y música medieval entendida desde la recreación de Carl Orff, melodías nada líricas pensadas más para voces ligeras y amplificadas que las trabajadas en repertorios operísticos. Tomemos esta «suite» más como un avance o trailer de lo que puede suponer la puesta en escena de este musical tan clariniano y de Vetusta como el propio «Coro de vetustenses» de todas las voces solistas destacando el poderío vocal y de buen gusto de la ferrolana Patricia Rodríguez en el papel principal con una partitura que engrandeció desde su arte, superior siempre en presencia y volumen con pasajes extremos donde evitó el griterío hasta ese final «Me llaman la Regenta».

Hermosa la partitura para coro mixto Hoy de Pablo Moras (1983) con texto de Javier Almuzara (1969) a cargo de «la Polifónica» con Rubén Díez dirigiendo, obra escrita con mucho gusto y conocimiento de los recursos corales en interpretación que derrochó empaste y belleza, siendo uno de los momentos álgidos del concierto.

Volví a escuchar distintos fragmentos de la zarzuela La Carrera de América (Rubén Díaz / Juan Carlos de la Madrid) por los mismos intérpretes que en octubre aunque al piano Alfonso Peñarroya y el coro completo y más numeroso que en octubre. De nuevo la soprano Ana Peinado destacó sobre el resto aunque el Aria de Teresa sigo asociándola a la voz de Beatriz Díaz, y también la mejoría en el grave de Pablo Romero, igualmente pensando en un color distinto para los protagonistas, por otra parte difíciles de encontrar y más que apuesten por obras nuevas. Estoy convencido que de contar con un elenco vocal de primera y conociendo la orquestación original, subirla al escenario no debería tener más problemas que el pecuniario.

Mi admirada Laura Mota se repuso del susto y siempre le agradeceremos el esfuerzo porque pocas veces se me caen las lágrimas ante una pianista, pero es que el Preludio de la «Suite Inglesa» BWV 807 (J. S. Bach) me conmovió nada más atacar el inicio. Escucharla es olvidarte de su edad porque su musicalidad, fraseo, gama dinámica, rigor, pulsación y todo lo que queramos añadir en el siempre intrincado estilo del kantor en sus dedos resulta no ya fácil sino hondo cercano a la pura espiritualidad que engrandecen obra e intérprete en perfecta armonía y unión. Es difícil expresar con palabras lo que Laura transmite al teclado. Y La Alondra (Glinka / Balakirev) es otro micromundo opuesto al bachiano, fuegos artificiales limpios, claros, explosión emocional frente a la introspección anterior, pero hilando ambas y como esperando menos aplausos para coser desde su inmaterialidad ambas obras que se aúnan con Mota. Siempre sabe a poco y cada vez más intensa mi escucha.

El Canto a Oviedo con música de Santiago Ruiz de la Peña y letra de Carlos Fernández, para coro mixto y piano no resultó el final apoteósico ni siquiera heróico, incluso monótono por momentos al cantarse a unísono y con un piano meramente acompañante, aunque siempre se agradece escuchar obras cercanas en el tiempo, pero claro que Laura nos dejó el oído demasiado cerrado a nada que viniese a continuación.

Cuatro días para un curso donde profesores y alumnos trabajaron estas obras, bebiendo algunas directamente del compositor lo que da un plus interpretativo, y compartidas con el público como deseado colofón.

CompositoresCurso

Premio para Guillermo Martínez

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Guillermo Martínez Vega, asturiano de adopción y pación, al que allá por diciembre de 2010 ya destacaba en el Blog como Cosecha del 83, acaba de ganar el I Concurso Nacional de Jóvenes Compositores «Ciudad de Oviedo» (lo recoge la prensa asturiana El Comercio y La Nueva España) con su Rapsodia para violín y orquesta, lo que no me extraña conociendo su trayectoria, aunque en este caso parece que «jugaba con ventaja» puesto que la Oviedo Filarmonía conoce sus trabajos, de hecho estrenó con el Coro Universitario y varios solistas (no estuvieron todos, aunque sí mi querida Patricia Rodríguez) el pasado mes de abril El sueño eterno, con Joaquín Valdeón en la dirección y valedor de otras obras suyas -como ese tríptico– y donde a pesar de todo lo escrito, comenté cómo me había gustado.

Cada obra suya deja huella en quien las escucha, y así recuerdo su Monumentum pro Matematica «Quadrivium Somniat» (febrero 2011) para orquesta de cámara y soprano (con Elisabeth Expósito) en Mieres, o su obra coral con LDO (El León de Oro) que emerge dentro de los nuevos repertorios y se está escuchando en Europa (arriba está el vídeo de ejemplo).

Por lo tanto, además del acierto del jurado formado por el titular de la OvFi, el italiano Marzio Conti, el periodista y crítico musical Guillermo García-Alcalde, valdesano afincado en Las Palmas, y el violinista andorrano Gerard Claret, tengo que darle mi más sincera

ENHORABUENA

por este nuevo galardón que también conlleva premio en metálico (una beca de 3.000€ excelente en estos tiempos de crisis). Espero escucharla cuando se estrene (allá para la Temporada 2013-14), agradeciendo iniciativas como esta de apoyar a jóvenes talentos, que si además son de casa, todavía mejor: será una herencia imperecedera.

Guillermo Martínez suma y sigue

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Sábado 28 de abril, 20:00 horas. Auditorio Valley de Piedras Blancas. Oviedo Filarmonía y Coro Universitario de Oviedo, Joaquín Valdeón (director). Entrada gratuita.

Obras y solistas: Magnificat (J. Willcocks) para soprano, coro, metales, órgano y percusión, Patricia Rodríguez Rico (soprano), Sergei Bezrodny (órgano). El sueño eterno (Guillermo Martínez) para soprano, bajo, sexteto vocal, coro y orquesta (sobre textos de Edgar Allan Poe): Juan Jurado y Nuria Sánchez (narradores, Maliayo Teatro), Patricia Rodríguez (soprano), Sebastián Covarrubias (barítono), Ángel Álvarez (órgano y armonio).

El compositor asturiano, aunque nacido en Venezuela, Guillermo Martínez Vega (1983) volvía a estrenar en Oviedo el día antes otra obra donde la voz es protagonista contando nuevamente con «su soprano» la ferrolana Patricia Rodríguez Rico y Joaquín Valdeón como destinatario y responsable del resultado global, comenzando la velada con otra obra de nuestro tiempo que resultó un maridaje perfecto para el concierto que llegaba al auditorio de la capital del concejo de Castrillón, pequeño y acogedor, con buena acústica aunque algo «apretados» todos los intérpretes.

El Magnificat (1997) de Jonathan Willcocks para soprano, coro mixto, órgano, metales y percusión es una nueva incursión del compositor británico nacido en 1953 en la música vocal que tanto domina, cinco partes que mezclan latín e inglés del siglo XV inspirado en oraciones a María, con ciertos paralelismos con la obra siguiente: músico formado en escolanía, utilización de textos eclesiásticos y profanos en distinto idioma, y sobre todo volcados en la voz solista y coro con unas instrumentaciones de nuestro tiempo que no pierden nunca la referencia tonal. Las notas o comentarios al programa son de Daniel Moro Vallina dejándolas enlazadas desde aquí.

De los instrumentos utilizados en el Magnificat la formación de metales de la OvFi contó con cuatro trompetas, tres trombones (uno bajo) más una tuba, lo que da idea del potencial sonoro, sumándoles dos timbalistas con distintas percusiones y un órgano que quedó algo oscurecido por momentos ante el derroche instrumental, siempre excesivamente presente para compartir protagonismo con un coro reforzado -aunque todavía corto en efectivos- para contrapesar toda la masa sonora, falto igualmente de una afinación más precisa así como de la deseada homogeneidad y empaste por otra parte esperables cuando se «arman» voces para la ocasión al no contar con plantilla suficiente para abordar estas obras. Con (que no frente a) todo, la soprano gallega nunca quedó tapada y en sus intervenciones volvió a brillar su voz, amplias dinámicas desde la calidez a la fuerza en Et misericordia o There is no rose, así como el «tutti» final del Gloria. La dirección de Valdeón siempre atenta y precisa aunque prendada del poderío de esta obra donde podría haber equilibrado un poco más las texturas y dinámicas.

Para El sueño eterno además de los anteriores efectivos el compositor aumentó hasta niveles desconocidos en su ya amplia producción la plantilla: la Oviedo Filarmonía creo que completa con cuerda, arpa, maderas, metales y una percusión más que abundante destacando siete timbales, campanas y un gran despliegue de placas, parches, látigo, carraca, triángulos, platillos, gongs… apareciendo también el órgano, sustituido en el centro de la composición por un armonio situado detrás de mi fila 13 que enriqueció el ya por sí caleidoscópico colorido instrumental, con el tenor del sexteto vocal, quinteto al frente en distintos momentos (se ve en algunas de mis fotos), el coro, como apunté anteriormente algo corto para las necesidades de la obra, y los solistas que tuvieron que lidiar con este tonelaje tímbrico, nuevamente la otra protagonista del concierto Patricia Rodríguez y el barítono chileno afincado en Barcelona Sebastián Covarrubias, que sustituyó al bajo inicialmente previsto (Miguel Ángel Arias Caballero) sin hacerme olvidar el color vocal tan distinto. Todavía queda añadir a los dos actores que interpretaron al inicio los textos en español de Allan Poe en los que se inspira, «La durmiente» o «El sueño eterno», ya onírico desde el planteamiento inicial (sin escuchar ninguna nota).

Las cinco partes de esta cantata son un nuevo ideario de sonoridades y armonías a cargo de un Guillermo Martínez que me asombra con cada obra, si bien ésta tenga altibajos en cuanto a mantener tensiones o expectativas que parecen llevar una senda y toman otra. Puede ser cierto «abuso» por momentos, en mi humilde opinión, de cierta reiteración en un leit motiv no del todo «redondo» aunque rítmicamente resulte. Su experiencia coralista (Escolanía de Covadonga, El León de Oro) y organista es clara en todas sus obras por el mimo con el que compone para ellos, en esta cantata tanto el Inicipit coral como las arias de bajo -esta vez barítono- y soprano, Hechizo y Nocturnos respectivamente, algo corta la interpretación del primero y sobrada la segunda, teniendo nuevamente a su favor poder mantener tensión y volumen para todo lo que las envuelve. Pese a ello destacar la musicalidad demostrada por ambos solistas, aunque componer pensando en una voz concreta creo que se nota.

Las partes instrumentales buscan más que melodías, que las hay y hermosas, texturas y combinaciones realmente asombrosas, destacando el juego entre arpa, cello y corno inglés seguido del ya mencionado armonio con el tenor del sexteto, y creador de solos plenamente líricos para el violín de concertino Andrei Mijlin o la exquisitez del cello a cargo del premiado Gabriel Ureña, sobremanera en el interludio orquestal central cuyo título es el de la propia cantata.

No analizaré la obra, que lo hace muy bien Daniel Moro, pero quiero reflejar que supone un paso adelante corroborando un lenguaje propio donde ese «tutti» final de Lux despliega sueños y realidades, recursos bien utilizados como ese acorde final del órgano que parece cerrar un ciclo abierto por Richard Strauss en su Zaratustra, conjugando herencias siempre claras que Guillermo Martínez nunca esconde pero trasciende, cinematografías siempre presentes porque su música (re) crea imágenes.

Enorme trabajo de todos los participantes, orquesta entregada, coro muy implicado en una obra complicada de concertar, solistas seguros y la dirección de un Joaquín Valdeón capaz de ensamblar todo el complejo sonoro de esta nueva obra, actual y espero que atemporal, auténtico valedor de la música de Guillermo Martínez. La cosecha del 83 sigue regalando unos frutos que darán mucho que contar.

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