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Calidade romántica

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Sábado 20 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono XII OSPA: «OSG Romántica». Orquesta Sinfónica de Galicia (OSG), Liza Ferschtman (violín), Antonello Manacorda (director). Obras de Brahms y Tchaikovsky.

«Solo la música ilumina, reconcilia y consuela» (carta de Tchaikovsky a la señora Von Meck)

Sábado de aire neerlandés en la Sinfónica de Galicia con un programa romántico de calidad y dos obras de envergadura que todo melómano se sabe de memoria. Intercambio y hermanamiento asturgalaico entre nuestra OSPA y la OSG, fundada por el siempre recordado en el Principado Víctor Pablo Pérez, y que nos permite comprobar el nivel sinfónico de nuestros vecinos, esta vez con dos invitados como la holandesa Liza Ferschtman y el italiano Antonello Manacorda, antes también violinista y ahora un reputado director, tercero de este programa tras Vigo y Coruña, recalando finalmente en Oviedo.

El Concierto para violín y orquesta en re mayor, op. 77 de Johannes Brahms (1833-1897) es no sólo el único sino probablemente el más grande de la literatura solista, el compositor hamburgués instalado en Viena, deudor del de Beethoven pero con el sello inconfundible y sinfónico de este Brahms admirador del sordo de Bonn, sonando ambos el 1 de enero de 1879 en Leipzig con el virtuoso Joseph Joachim (1831-1907) de solista y el propio compositor dirigiendo.

El violín de Liza Ferschtman impactó a un público, más abundante que en anteriores abonos, por su sonido carnoso y dulce, siempre presente en toda la gama dinámica, a lo que ayudó un Manacorda cómplice y conocedor del concierto, mimando siempre a la solista, respeto mutuo y «apretando» cuando  podía a una OSG que brilló en todas sus secciones, con una plantilla similar a la asturiana. Maravillosas las cadencias escritas por Joachim en la interpretación de Ferschtman, matizando, brillando, emocionando, compartiendo sonoridades, buena concertación para esta joya de Brahms a cargo de todos. Los tres movimientos (I. Allegro non troppo; II. Adagio; III. Allegro giocoso, ma non troppo vivace – Poco più presto) llenos de claroscuros tan románticos como el título de este duodécimo de abono, donde el maestro Manacorda desplegó todo su acervo violinístico al servicio del compositor y la intérprete, BrahmsFerschtman. El director italiano de gestos contenidos pero clarísimos, una batuta cual pincel de movimientos amplios, precisos, marcando todo, pero sobremanera su mano izquierda que hacía de la OSG un instrumento en común unión con la solista. Excelentes balances e intervenciones de los músicos principales y maravillosa la entrega de la violinista holandesa con un sonido preciosista, entrega apasionada, fraseos impecables y esas melodías únicas del hamburgués que en Pörtschcach decía «surgen por doquier y debe ponerse cuidado en no pisarlas al caminar», llenas de color y sabor, de «calidade» gallega con sus dos invitados que brillaron y nos hicieron vibrar en el último movimiento.

Ovación de gala para todos, en especial para Liza Ferschtman que nos regalaría el virtuoso Capricho Recitativo y Scherzo op. 6 de Fritz Kreisler (1875-1962), una propina de altos vuelos, joya de lucimiento y «romanticismo vienés» donde el violín reinaba con el esplendor del momento.

La segunda parte nos traería al amigo de Brahms e igual de «tardo romántico» y excelente orquestador además de melodista, el ruso Piotr Ilich Chaikovski (1840-1893), bien contado en las notas al programa por Maruxa Baliñas, directora de Mundoclásico. Dentro del mundo sinfónico siempre escribo que «no hay quinta mala», y la Sinfonía nº 5 en mi menor, op. 64 es prueba de ello. Con una super orquesta donde el cálculo de su plantilla nos lo da la presencia de ocho contrabajos (y demás proporciones necesarias para equilibrar las impresionantes dinámicas e instrumentación de esta partitura), la OSG sacó músculo sonoro con la dirección de un apasionado Manacorda atento a todo, jugando bien con los tempi de los cuatro movimientos (I. Ante – Scherzo: Allegro con anima; II. Andante cantabile, con alcuna licenza; III. Valse: Allegro moderato; IV. Andante maestoso – Allegro vivace – Molto meno mosso), luciéndose tanto la cuerda de amplias dinámicas, la madera y unos timbales que empujaron continuamente no siempre reconocidos en su papel. Evidentemente los metales tienen mucho protagonismo y es difícil que no se desboquen, pero comprendo el afán de engrandecer esta quinta que el director italiano no pudo «sujetar los caballos» de estos bronces. Con todo, el famoso además de versionado andante (hasta por Sinatra) permitió lucirse al trompa solista, el vals respiró de nuevo cierto aire vienés y el último movimiento sigue impactando en su escucha a un auditorio que agradece el repertorio de siempre, también por nuestros «primos» gallegos arropados por los músicos de la OSPA en el patio de butacas.

Sábado romántico con más calidad que morriña y una climatología perfecta para ambientar «La Viena española», pues como citaba al comenzar esta entrada, «Solo la música ilumina, reconcilia y consuela».

P.D.: Concierto dedicado a la memoria de las mellizas de La Ería.

El romanticismo gallego

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Viernes 18 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, OSPA abono V: Orquesta Sinfónica de Galicia (OSG), Clara Jumi-Kang (violín), Asier Polo (cello), Juanjo Mena (director). Obras de Brahms y Schumann.

Es habitual entre las formaciones musicales establecer intercambios que no solo vienen bien como proyección propia sino también para pulsar el estado de forma de otras equivalentes. Y así resultó este intercambio Oviedo – La Coruña llegando al auditorio ovetense la OSG con el vitoriano Juanjo Mena a la dirección, muy apreciado por nuestra OSPA y todos los melómanos asturianos, que se presentaba con un programa romántico de los que gustan, ponen a prueba orquestas similares (la gallega un año menos que la asturiana) y si además los solistas son de altura, esta vez la violinista alemana de origen coreano Clara Jumi-Kang y el cellista bilbaíno Asier Polo, otro músico muy querido, el éxito está asegurado aunque el público no acudiese como deberíamos esperar.

El Concierto para violín y violonchelo en la menor, op. 102, “Doble Concierto” de Johannes Brahms (1833-1897) es obra de madurez donde el dominio instrumental está llevado al máximo, no solo en lo orquestal sino en la elección de dos instrumentos solistas que no compiten sino que manteniéndose al mismo nivel, dialogan, se unen y ensamblan con toda la orquesta. Maravillosa y necesaria la complicidad de Jumi-Kang y Polo con sonoridades amplias, siempre bien concertados por un Mena atento, sin excesos gestuales pero perfectamente entendido y atendido por todos. La OSG mostró una plantilla bien equilibrada en todas las secciones, con las proporciones ideales en cuerda que se agradecen para obras como las de este concierto. Tres movimientos (I. Allegro; II. Andante; III. Vivace non troppo) para lucimiento de los solistas, maravilloso ver y escuchar esas cuerdas compactas y aunadas, más una orquesta de dinámicas controladas para no enturbiar un resultado excelente, sobre todo el último movimiento exigente por el tempo que no impidió escuchar todo lo escrito por la llamada «tercera B» alemana.

Y sin perder romanticismo ni esencias, nadie mejor que Robert Schumann (1810-1856) y su Sinfonía nº 4 en re menor, op. 120, el encuentro maduro con un sinfonismo propio, trabajado, rico en texturas y dinámicas, cambios de tempo exigentes en la interpretación, concatenaciones en busca de sonoridades estudiadas que enriquecen la forma romántica por excelencia.

Cuatro movimientos (I. Ziemlich langsam – Lebhaft; II. Romanze: Siemlich langsam; III. Scherzo: Lebhaft; IV. Langsam – Lebhaft) donde la OSG y Mena sacaron «músculo» y mucha calidad, buenas y equilibradas cada una de las secciones, con primeros atriles de calidad desde el concertino Massimo Spadano hasta la cellista Rouslana Prokopenko (por poner en paralelo con los solistas de Brahms), sonido muy cuidado que el maestro vitoriano supo mimar en esta «cuarta» que es segunda, rotunda y convincente de los gallegos. Importante la contención además de los planos sonoros sin excesos pero manteniendo la esencia, con gestos precisos, escucha atenta y una pulsión mantenida sin pausas hasta el final. Buena muestra sinfónica de nuestros primos hermanos que podrán disfrutar del intercambio galaico-astur sin entrar en competiciones pero tomando el pulso a dos orquestas de larga trayectoria que marcan señas de identidad tras treinta años en los que el mundo, también el musical, ha cambiado mucho.