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Furlanetto sigue regalando ópera

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Lunes 10 de febrero, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Boris Godunov (Mussorgski) versión concierto. Ferruccio Furlanetto (bajo), Anastasia Kalagina (soprano), Garry Magee (barítono), Ain Anger (bajo) y más solistas del Teatro MariinskiOrchestre National du Capitole de Toulouse, Orfeón Donostiarra (director: Sainz Alfaro)Tugan Sokhiev (director).

En mis años jóvenes acudí a un «Boris Godunov» que pese a su grandiosidad tan solo recuerdo haberme dormido. Corría el año 1986 dentro de la duodécima edición de aquellos festivales internacionales de música y danza de Asturias organizados por la Universidad, sucediendo las primeras Semanas con mi profe Casares en cabeza, y distintas colaboraciones más patrocinios que eran todo un lujo entonces, relevo tomado por el malogrado Luis G. Iberni, y sirven para seguir presumiendo de tradición en la capital del Principado. Los programas de cada festival siguen siendo como reliquias por sus cortas tiradas, de los que conservo algunos con artículos que aún son referentes amén de información que tendré que ordenar algún día (de momento siguen en cajas y archivadores).

Esta vez aguanté despierto las dos horas y cuarto sin descanso gracias a un elenco completo, poderoso, equilibrado, comandado por el maestro Sokhiev, donde el protagonista total resultó el veterano Ferruccio Furlanetto, otro habitual en Oviedo en los años 70 pero que conserva no ya magisterio o cátedra sino un registro de bajo que ya quisieran muchos cantantes actuales. Resultó el más convincente para una ópera en concierto que, con la ayuda de los sobretítulos en español y la profesionalidad de todos, salió más redonda y creíble que algunas del Campoamor, lo que corrobora mi conocida apuesta por la música y las voces antes de nada (serán los años que no perdonan).

Catorce solistas del nivel escuchado no se encuentran fácilmente y menos para esta obra en la versión original (1869) de Don Modesto. Distintas presencias y protagonismos para un reparto impresionante, especialmente en voces graves aunque el tenor John Graham Hall como príncipe Chuiski (o Shuiski, que ya sabemos los problemas con el cirílico) se quedó un escalón por debajo frente a un Anger (Pimen) al que tendré que seguir de cerca. De las féminas la Xenia (ó Yenia) de la soprano Kalagina aunque secundaria me gustó su color vocal, más el de la mezzo Svetlana Lifar como el zarevich Fiodor.

Por supuesto «El Donostiarra» sigue siendo el coro ideal para estas producciones sinfónico-corales y que el director Sokhiev buscó «ex profeso» para ensamblar junto a la orquesta de la que es titular (las campanas fuera de escena repicaron incluso de más), todo un espectáculo dentro de estos conciertos y como propina a la recién finalizada temporada de ópera.

En el Baluarte pamplonés también disfrutaron del evento el sábado, compartiendo y corroborando todo lo escrito en «Beckmesser» por Jose M. Irurzun.

Felicitar a los organizadores por un excelente y grueso programa de mano que además de biografías y notas al programa del doctor González Villalilbre, incluye el libreto en castellano con las siete escenas.

La música se hizo luz con Guillou

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Sábado 21 de septiembre de 2013, 21:00 horas. Catedral de León: Concierto inaugural del nuevo órgano construído por la Factoría Klais. Organista: Jean Guillou; obras de Cabanilles, Bach, Guillou y Moussorgski.

En la música, como en la vida, paciencia y perseverancia deben regir nuestro devenir aunque conlleva sacrificio, desesperanza, desánimo… y todo compensa si podemos ver realmente conseguido aquéllo por lo que tanto se ha luchado.

El organista Adolfo Gutiérrez Viejo comenzaba hace treinta años la organización de un festival internacional para el instrumento rey en su Pulchra Leonina tal vez inspirado en el Leipzig de Bach y buscando hacer llegar al público la importancia de la música más allá del culto. Claro que el instrumento de Organería Española no era el más adecuado para transmitir un amor compartido por muchos en una sociedad de provincias. Con todo, el festival fue trayendo en el inicio otoñal leonés a los mejores intérpretes, Jean Guillou entre ellos, de un órgano que nunca rendía como deseáramos. La dirección del festival pasaría a otro organista, Samuel Rubio, continuando la ardua labor de conseguir fondos para un órgano nuevo acorde con la Catedral más luminosa y bella de España. Negociaciones que llevarían en 2009 a prometer (la firma después) un instrumento nuevo que se estrenaría en la XXX edición.

Como seguidor del Festival lo fui igualmente de las vicisitudes a través de internet (prensa incluida también en la red dando puntual información) del desmontaje del viejo y adquisición del nuevo órgano fabricado en la factoría Klais en Bonn, con fotos, llegada, montaje, sus primeras notas y ¡al fin pude escuchar en vivo! en la festividad de San Mateo que marcará un nuevo hito para León, la cultura, y especialmente el órgano.

La fiesta comenzó a las cinco de la tarde con un encuentro de las agrupaciones y bandas de la Semana Santa leonesa en la propia plaza, pendones y hasta las dulzainas de la Escuela Municipal de Música. Para horror de los británicos y muchos de los presentes, la cola inicial se fue duplicando, triplicando y no digamos de caraduras que se hacen «los longuis» charlando y poniéndose delante de uno con todo el descaro. Se hablaba de 4.000 personas… lógicamente las autoridades, enchufados y clero tenían otra entrada con invitación y asiento asegurado (1.000 más a la vista de mis cuentas), mientras que al abrirse las puertas a las 20:30 las carreras y codazos para entrar me recordaban todo menos un concierto de órgano.

No hubo control ninguno para el público de a pie y pasé a «acomodarme» en una de las sillas laterales al pie de los tubos de uno de los coros, lo que pudo cambiar mi escucha global aunque no las primeras impresiones. Durante la espera pensé en el dicho «Espectáculo gratis cueste lo que cueste» y cómo no suele resultar, con lo poco que costaría cobrar 2€ (como el programa completo del Festival), ayudar al mantenimiento del instrumento que se estrenaba, y hasta evitar la «vergüenza ajena» que supuso el viaje más la larga cola de pie mientras sonaban tres horas de música procesional que no es lo más reconfortante para mi espíritu en estas fechas.

Toda inauguración y celebración lleva implícitos discursos de agradecimiento y loas, eso sí, sin mencionar costes (dicen que es de mala educación), críticas o aportaciones varias, comenzando por el deán catedralicio Eduardo Prieto, Phillip Klais, bisnieto del fundador de la factoría constructora del nuevo órgano, hablando en un castellano más que aceptable, y cómo no, Samuel Rubio como director del festival totalmente emocionado y con voz entrecortada. Curiosidad que me tocó explicar a mi vecina de localidad, el histórico pago al organero consistente en 300 litros de vino que es lo que llevaría el tubo más largo construído, evidentemente «mermado» en una botella «Magnum» de Palacio de Canedo de las bodegas del berciano «Prada a tope«.

A las 21:26 h arrancaba el concierto del veterano maestro francés Jean Guillou (Angers, 1930), con proyección bien realizada en varias pantallas gigantes repartidas estratégicamente en todo el templo -pero no sincronizada imagen y sonido- con el Tiento de 6º tono (Juan Bautista Cabanilles), todo un detalle abrir con música española. A él se debe la concepción y creación de este órgano (junto al diseño de Paco Chamorro Pascual), que en el tiento no sonó como esperaríamos pero fue tomando vida una sonoridad luminosa como las vidrieras de la catedral. Algún registro gimió pero todo estaba en marcha.

Si bien los dedos y pies del gran organista de San Eustaquio no son los de años atrás, su mente sigue joven y afrontó de memoria el Preludio y Fuga en re mayor, BWV 532 (Bach) que sirvió para hacernos una idea de las posibilidades del nuevo instrumento de acento alemán que acabará hablando cualquier idioma. Obra comprometida para manos y pies, con un preludio exigente en fraseos claros pero en especial la fuga, siendo envidiable el respeto a cada nota pero sobre todo la elección de registros que fue la de un auténtico Maestro, aunque como apuntaba al inicio, mi colocación no era la más adecuada (como ejemplo digamos que era tener descompensado el balance y escuchaba más un canal que otro, pero también tiene la ventaja de apreciar el fraseo siempre complicado de la mano izquierda). Queda aquí la copia no ya del programa sino de la disposición y tubería del órgano de Klais que con Bach alcanzó su doctorado, como era de esperar.

Otro regalo fue el estreno en España de Säya, el pájaro azul (L’Oiseau bleu, Op. 50), inspirado en un tema popular coreano, del propio Guillou, órgano contemporáneo heredero directo de Messiaen que pasó de las sonoridades y armonías barrocas a toda una exhibición de matices y registros para una hermosísima composición cual poema musical degustada en el siempre irrepetible directo, y la segunda interpretada con partitura, fiel incluso a sí mismo. No se podía pedir más al maestro francés, dándolo todo en su obra, instrumento e interpretación.

La explosión de luz y color vino con la transcripción del propio Guillou de los conocidos Cuadros de una exposición (Moussosrgski) que hicieron vibrar todo, cuerpo y alma, auténtico despliegue sonoro que convirtió esta partitura en «Música para una inauguración», todo un museo de registros al que el propio Guillou tiene acostumbrado a sus seguidores, no importa que los dedos, pies o incluso alguna combinación no funcionasen a la perfección. Cada «paseo» era una delicia distinta, un muestrario de la capacidad del tándem órgano-organista, perfecta simbiosis y recreación de la orquestación raveliana. Imposible describir la búsqueda de líneas y colores en el nuevo instrumento catedralicio que resultó todo un éxito al comprobar el perfecto funcionamiento de esta inversión para muchos años.

El remate tenía que ser una improvisación en la que Guillou es uno de los redescubridores y maestro de las nuevas generaciones. Cristóbal Halfter le entregó una breve melodía muy del estilo de ambos, que tras ser expuesta con una registración plenamente acorde al lenguaje del español, deambuló por derroteros actuales en las variaciones siempre buscando climas y clímax sonoros en los cinco teclados más el pedalero. Un incunable que seguro se grabó para la posteridad y partitura autógrafa dedicada que se llevó como presente de un concierto único, o lo que es lo mismo, otro estreno de genio.

A las 22:40 el obispo Julián López Martín tomaba la palabra para agradecer lo escuchado y vivido, recordando a Francisco de Salinas (también el propio Adolfo G. Viejo en el programa del festival:

«El aire se serena
y llena de hermosura y luz no usada
Salinas, cuando suena
la música estremada
por vuestra sabia mano gobernada»

y buscando misma etimología en culto, cultura y agricultura (como amor por la naturaleza) para que el genial Guillou también mostrase su gratitud a todos los que hicieron posible el órgano, pasando uno a uno los maestros organeros para volver a los teclados y regalarnos la Badinerie de Bach seguida de una Victory Song que clausuraba al filo de las once de la noche un acontecimiento vivido en primera persona y no podía ni quería perderme por nada del mundo.

El domingo 22 toma el relevo mi admirado lujanés (¿o luganés?) Adolfo Gutiérrez Viejo que también clausurará este XXX Festival Internacional de Órgano Catedral de León el 20 de octubre en un homenaje a la Asociación de Amigos del Órgano con el siempre inmenso Franck más el estreno de Vitrales sonoros de Don Adolfo en «el esperado», o si se me permite la licencia del nuevo «bicho» (que así llama mi amigo Paolo Zaccheti al del Duomo de Milán).

De bien nacidos es ser agradecidos, y él tiene más que merecido ser protagonista de un acontencimiento que lleva treinta años funcionando.

Milanov pintor sinfónico

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Viernes 23 de marzo, 20:00 horas. OSPA, Concierto de Abono nº 8: Albena Danailova (violín), Rossen Milanov (director). Obras de Rachmaninov, Bartók y MussorgskyRavel.

La apuesta del director búlgaro como titular de nuestra OSPA se reafirma cada vez y ya es realidad antes incluso de su toma de posesión para la próxima temporada. Este nuevo concierto de abono conectaba el programa directamente con la pintura, como el propio Milanov comenta en la entrevista para OSPA TV y las notas al programa de mi admirada María Sanhuesa Fonseca también reflejan.

El poema sinfónico La isla de los muertos, Op. 29 (Rachmaninov) nos puede remontar no ya al cuadro de Böcklin o la fotografía en blanco y negro con la que el compositor ruso se inspiró -en mi caso la evocación es al San Michele veneciano- sino a todo un catálogo sonoro de intensidades y colores instrumentales que Milanov pinta como nadie, tras lo escuchado en sus anteriores conciertos, y es que más allá del algo manido «Dies Irae» que últimamente parece perseguirnos, el (post)romanticismo y omnipresente tema de la muerte que lleva a Rachmaninov por unos derroteros orquestales llenos de vericuetos y turbulencias sonoras que la sinfónica asturiana pintó con claridad bien delineada por Mister Rossen en una obra maestra de la producción sinfónica, precisamente por la personalidad angustiada del compositor, que la terminará en Dresde hace más de cien años, pero totalmente vigente aunque no muy escuchada. Todas las secciones estuvieron bien desde el arranque en el registro grave de la cuerda, viento y arpa para la evocación de los remos de la barca de Caronte cruzando la laguna Estigia, los colores lúgubres que se tornan brillantes, suaves y apacibles en el Tranquillo central (qué bien el clarinete de Andreas), o ese «órgano de metales» del citado Dies Irae siempre arropado por una cuerda poderosa que logra resaltar el color del resto. Volverían los remos al final sin ápice de mareos tras la marejada tímbrica y toda una paleta dinámica impecable, saboreando la delicada complejidad de esta joya colorista salida del gran Sergei.

Continuando con obras poco escuchadas llegó el Concierto para violín nº 1 Sz. 36 (Bartók) con la extraordinaria violinista búlgara Albena Danailova que afrontaba por primera vez esta obra, como confiesa en su entrevista para el canal televisivo que la OSPA tiene en Internet. Aceptada la invitación de su compatriota, lo que siempre es de agradecer ante una agenda tan repleta como concertino de la Filarmónica de Viena, su interpretación resultó una auténtica delicia desde su inicio sola, continuando los primeros y segundos violines en perfecta fusión cordal, bien concertada por su paisano y entrega total en esta declaración de amor del húngaro hacia la violinista Stefi Geyer, precisamente con una mujer que nos devolvería esta nueva joya -no tan famosa como el segundo-, pero llena en sus dos movimientos de amor hecho música, diría que Romeo y Julieta concertístico sin programa previo, aunque contrastado entre el Andante Sostenuto y el Allegro giocoso que dejó la puerta abierta a un final distinto del real para esta relación imposible. Maravilloso sonido el de la búlgara, delicadeza y desgarro cuando así lo pedía la partitura, escuchando a la orquesta igualmente entregada, plena, todos atentos y pendientes de un desenlace no por conocido igual de arrebatador, nuevas pinceladas de color para la batuta de Milanov y el lienzo sonoro de la OSPA. Aún no han tocado techo y cada concierto supone otro reto, más cuando los solistas aportan tanta calidad como Danailova, haciendo disfrutar a todos.

La segunda parte no dejaba dudas: Cuadros de una exposición en la impresionante orquestación que Ravel hizo de la pianística obra de Mussorgski. El inicial «paseo» tranquilo aventuraba un recorrido sonoro con detenimiento, lejos de esas visitas a galerías o muestras pictóricas donde el público apenas se para como conformándose sólo en haberla visitado. Milanov es el guía perfecto para apreciar todos y cada uno de los detalles que estos diez cuadros esconden, dando vida a cada intervención de los «principales» (titulares o invitados) sin agobios, perfectos, conduciendo a toda la formación por nuevas sendas sonoras, dando lustre a notas otrora oscurecidas y ahora brillantes sin perder la visión de conjunto. Ni siquiera la cascada de metales pudo con una cuerda que de ser más numerosa todavía hubiese dado más empaque a la versión del búlgaro. Cada intervención solista dejó su sello desde la trompeta inicial de Maarten (siempre impecable) hasta El viejo castillo en el saxo alto de Antonio Cánovas Moreno o el Bydlo, esta vez no en tuba sino al bombardino de Christian Brandhofer -que alternó con el trombón- por citar a dos poco habituales, aunque los «Cuadros» nos recordaron la excelencia de todos ellos, sin olvidar unos cascarones realmente únicos (también podemos presumir de percusionistas), una Baba-Yaga bien asentada y esa Puerta de Kiev abierta para un futuro realmente prometedor en manos de Milanov, artífice de los nuevos colores orquestales y la ilusión que transmite, la misma que ha hecho volver al blog los cuadros de mi amigo pintor Jorge Senabre: Música y pintura.

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