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Trío solidario y asturiano

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Miércoles 22 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Filarmónica de Gijón, concierto 1642: Gala Lírica: Beatriz Díaz (soprano), Serena Pérez (mezzo), Juan Noval-Moro (tenor), Marcos Suárez (piano). Arias de ópera y romanzas de zarzuela.

Mi último concierto de este 2021 con un recital lírico a cargo de tres cantantes asturianos y a beneficio de la Asociación Galbán, con un Pachi Poncela de maestro de ceremonias, inspirado como siempre, melómano verdiano que al inicio de la parte de zarzuela informó que se recaudaron 4.200 €.

Recital con ópera en la primera parte y donde pudimos disfrutar tres arias en solitario de Carmen, dando cierta unidad y con la Micaela de «La Díaz» que recientemente interpretase en Alicante, dúos como la conocida Barcarolla de Offenbach con las dos damas astures en dúo de calidad y empaste perfecto, o la deseada Mimí de Puccini con Beatriz Díaz y Juan Noval (O soave fanciulla) en su salsa, incluso finalizando como en la propia ópera entre bastidores para cerrar la primera parte.

Destacar igualmente la incorporación de Idomeneo (Mozart) al repertorio de la soprano allerana que le va como anillo al dedo en este momento de su carrera, impecable técnica y escénicamente, espero poder disfrutarla en escena porque el papel de Elettra lo tiene plenamente asimilado y este aria del tercer acto fue un lujo de auténtico furor barroco.

La zarzuela tiene en Asturias su segunda capital y no podía faltar en esta gala, romanzas y dúos para comprobar el excelente nivel del trío vocal y una selección adecuada a cada voz, desde Las hijas del Zebedeo (Chapí), el Moreno Torroba con el dúo de Luisa Fernanda a cargo de Serena Pérez y Juan Noval muy sentido seguido de pasacalle de La Chulapona de la mezzo gijonesa, o la poderosa romanza de Doña Francisquita (Vives) con el tenor poleso en todo su esplendor vocal.

El cierre con Manuel Fernández Caballero y dos de sus números estrella, el dúo femenino de Los sobrinos del Capitán Grant, interpretación bien entendida y equilibrada, y el dúo y jota «No cantes más La Africana» de Beatriz Díaz y Juan Noval que siempre nos toca más de cerca que el Puccini aún sin estrenar por la allerana.

No podían faltar las propinas donde seguir disfrutando de las voces asturianas en más combinaciones, desde las conocidas «Mañanitas» de Don Gil de Alcalá con las damas de nuevo cómplicas en empaste y gusto que cohibió la participación de más público, «No puede ser» de La tabernera del puerto (Sorozábal) con el tenor volcado de nuevo en volúmenes impactantes, siempre muy aplaudidos, para finalizar los tres con el villancico francés Cantique de Noël (Adams) una estrofa cada uno (mezzo, soprano y tenor) y el final de ellas a trío.

Mención especial para el pianista Marcos Suárez, auténtico trabajador con un programa no ya extenso sino exigente, con buen entendimiento y complicidad entre las voces, trabajando esas reducciones orquestales que son más guiones que partituras pianísticas, resueltas con profesionalidad y gusto en un repertorio en el que se está asentando poco a poco.

Felicitar de nuevo a la Filarmónica Gijonesa por su tarea de apostar por lo nuestro y además con fines solidarios, y también por la calidad de sus programas, esta vez con unas completísimas notas de Mª Antonia Entrialgo que redondearon esta gala en el Jovellanos.

P.D.: con tiempo tras las vacaciones navideñas añadiré los enlaces habituales.

Choni sin etiquetas

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Miércoles 15 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Filarmónica de Gijón, concierto 1641: Dmytro Choni (piano). Obras de Debussy, Brahms, Scriabin, Schumann y Rachmaninov.

Volvía en este 2021 a Asturias el joven pianista ucraniano Dmytro Choni, esta vez a Gijón dentro de su temporada de conciertos, en solitario y con público joven, la necesaria renovación, procedente muchos del Conservatorio local que verán en este virtuoso un espejo donde mirarse.

Y no decepcionó en absoluto el último ganador del prestigioso concurso de Santander afrontando un programa variado, sin entrar en épocas, cronologías o estilos puesto que las obras elegidas abarcaron un amplio espectro donde primó la técnica impecable de este prodigio unido a personal interpretación de todas ellas con mayor o menor entrega pero irreprochable su ejecución llena de guiños que presagian la amplia carrera que tiene por delante.

Tras las personales presentaciones de David Roldán al inicio de cada parte, completando un excelente programa de mano con notas de la vicepresidenta de la sociedad Mar Fernández, Chony comenzó su recital con un Debussy abocetado, delicado, de sonoridades ricas antes de las dos rapsodias de Brahms, personalmente lo más acertado por la elección de unos tempi ajustados para poder disfrutar de la rica escritura del alemán unido a unos rubati bien entendidos, siempre con la fidelidad a la partitura desde un enfoque intimista en busca de sonidos amplios de matices, ataques y fraseos muy cercanos. Cerraría Scriabin esa primera parte con su Sonata para piano nº4 en fa sostenido mayor, op. 30, intensa en todos los ámbitos donde parece que la genética musical soviética solo puede ser entendida por pianistas de su entorno o incluso escuela. Está claro que pese a la juventud del ucraniano hay un gran poso y trabajo previo de cada página, y la sonata del ruso es un ejemplo claro de cómo afrontar un repertorio que comienza a ser reconocido e interpretado en este siglo nuestro.

La segunda parte mantuvo el nivel de limpieza y personal acercamiento a dos obras muy distintas pero con igual exigencia interpretativa, primero la Novellette de Schumann que nos trajo un enfoque jovial antes de la Sonata nº2 de Rachmaninov en un alarde de virtuosismo que sin ser lo mejor del compositor ruso, volvió a demostrar la «genética casi necesaria» para afrontar páginas de semejante complejidad. De hecho su volumen creció notablemente y hasta pudimos disfrutar de algún que otro «arrebato» que redondearía un concierto muy personal además de exigente amén de muy trabajado.

Las propinas siguieron la línea de conjugar una técnica apabullante con el sentimiento y madurez de un Chony ya encumbrado que como todo intérprete optó por el artificio en dos obras para su lucimiento: la conocida Soirée de Vienne de Alfred Grünfeld que ya nos regalase en Oviedo, casi aperitivo del más famoso concierto vienés del año, y repitiendo igualmente Rachmaninov, la tercera de sus Daisies, op. 38, nueva demostración de un repertorio bien asentado que esperamos siga creciendo en paralelo al intérprete ucraniano. Alegrías pianísticas sin etiquetas en una temporada donde las 88 teclas estarán muy presentes esperando seguir contándolas desde aquí.

Feliz NaviBach

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Martes 14 de diciembre, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio: Gabrieli Consort & Players, Paul McCreesh (director). Cantatas de Navidad de J. S. Bach.

Con Bach comienza la Navidad y esta vez no con su famoso oratorio sino con una selección de cantatas de este tiempo en la interpretación de los pupilos de Paul McCreesh que hicieron parada en Oviedo, como no podía ser menos, y la mejor terapia para mi primera salida tras la obligada cuarentena del Covid que nos acabará tocando a todos con más seguridad que la lotería, incluso vacunados con las dosis pertinentes.

No importó que del cuarteto solista enfermase el tenor Jeremy Budd del que no pude anotar el sustituto, la «cantera McCreesh» está viva, voces capaces de afrontar coros y solos con la misma facilidad, empastar ocho voces a la perfección (cierto que no todas iguales en volumen), destacando sobre todos el barítono Morgan Pearse, esplendor vocal en cada intervención suya, y la soprano Rowan Price.

Como bien decía al descanso un querido amigo escolano, son atletas de la voz, la tradición de los «colleges» británicos mantenida con los siglos que marcan la diferencia. Y del ensemble instrumental podría decir otro tanto, un orgánico mínimo pero suficiente, todo encajado al detalle como no puede ser menos para la música del Dios Bach, limpieza más allá de la pulcritud, planos perfectos y solistas para quitarse el sombrero, desde el organista William Whitehead hasta el oboe de Christopher Palameta, sin olvidarse de la inicial flauta de Lisa Beznosiuk (ver PD final).

Selección ideal la navideña de Paul McCreesh, comenzando por la Cantata BWV 151 seguida del «poderío» instrumental de la Sinfonía BWV 169.

De las misas luteranas la BWV 236 en sol mayor para gozar de la genialidad del Kantor, el encaje perfecto de voces e instrumentos donde todo está en su sitio, el texto del ordinario capaz de elevar el espíritu como el del idioma de Lutero, el subrayado de las palabras por parte de unos instrumentistas entregados al maestro McCreesh.

Y la segunda parte comenzando por Vom Himmel hoch, da komm ich her BWV 701 para lucimiento del organista antes de la impresionante Cantata BWV 63 Christen ätzet diesen Tag con un cuarteto de trompetas naturales que no rindieron como hubiésemos querido pero la climatología y si complicada afinación tienen estos inconvenientes que no empañaron en absoluto el resultado final, ocho voces sonando cual gran coro, ideales «a capella» y esa «orquesta navideña» de la que Bach siempre sacó lo mejor, conocedor de los recursos de cada instrumento, en estos tiempos difíciles que como bien titula en las notas al programa Mª Encina Cortizo, ¡Dulce consuelo, Jesús ha nacido! sólo la música de «mein Gott» Bach puede elevar a Fiesta.

PD: gracias por el comentario que aclara «la flautista no fue la anunciada Lisa Beznosiuk, sino que la sustituyó la española Laura Quesada; su impresionante curriculum mereció la confianza de Paul McCreesh». Seguimos exportando talento.

Ángeles y demonios al piano

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Martes 23 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de PianoBenjamin Grosvenor (piano). Obras de: Brahms, Liszt y Chopin.

Crítica para La Nueva España del jueves 25, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
Había una vez un alemán, un húngaro y un polaco encerrados en una lámpara con forma de piano a los que un joven genio británico sacó a la luz frotando las teclas con el forro de su chaqueta haciendo magia para que en una misma tarde fría y lluviosa, pasásemos del cielo al infierno con la dosis suficiente para hechizarnos en plena pandemia de virus sin nacionalidad, junto a toses, móviles y paraguas caídos muy nuestros.
Benjamin Grosvenor (1992) volvía después de cinco años al auditorio ovetense, esta vez en solitario, con un programa comprometido y bien planeado que ha llevado en su mini gira española (Las PalmasBarcelona y Oviedo, parada obligada en la capital del piano que escribía ayer en estas mismas páginas): primero los Drei Intermezzi op. 117 de Brahms, un aperitivo delicado donde el dolor emerge al final tras un ambiente íntimo creado desde la pureza y limpieza de sonido, sumada al poso que van dando los años.
Preparación necesaria para la impresionante Sonata en si menor, S. 178 de Franz Liszt, ángeles caídos remontando el vuelo desde una visión pianística que ha llevado al disco pero el directo hace siempre único e irrepetible. Cima compositiva del virtuoso abate magiar, cinco movimientos en continuidad demostrando que el intérprete británico tiene perfectamente interiorizada la fuerza que Liszt vuelca en esta sonata tan especial, auténtico éxtasis sonoro que alterna solemnidades celestiales y agitaciones demoníacas, luz cegadora y fuego extremo en un “Fausostenido” (si se me permite la licencia del fa# con el invocado Fausto), entrega tan explosiva que hubo de “extinguirse” al descanso, siempre necesario tanto para el Steinway© como para el intérprete tras el esfuerzo de este pianista menudo -en apariencia- tornado a “menudo pianista” en su regreso a nuestra tierra.
Misma pócima mágica para la segunda parte: Liszt y una «Berceuse quasi ChopiNana» (última licencia por hoy), pasional en entrega y lírica de visión global, antes de atacar la Sonata nº 3 en si menor, op. 58 del otro mago del piano romántico, Chopin tras Liszt. Una nueva visión de ángeles y demonios sin necesidad de mayores argumentos, que en las manos de Grosvenor fueron capaces de volar cual ángel caído redimido y regresar al Olimpo de Orfeo, reescribir una historia llena de colores pintados sobre el blanco y negro del teclado. Verdadera sonata cuatripartita reflejando la inquietud interior, el debate entre lo contundente y lo delicado, mano de hierro en guante de seda bien entendido, contrapuntos relucientes y derroche expresivo de un piano decimonónico con la visión del siglo XXI, una nueva aproximación del británico fascinado con poner juntos al polaco y al húngaro en un mismo programa, como comentaba en la entrevista para este periódico publicada el mismo día del concierto.
Repertorio imprescindible y de siempre por pianistas de hoy para llegar a un público joven de mañana, que debe conocer estas composiciones maravillosas llenas de sorpresas por descubrir. Y de regalo casi una tercera parte con igual receta, pero latina y del siglo pasado, obras que Benjamin Grosvenor transita habitualmente junto a los españoles: dos de las tres Danzas argentinas op. 2 del porteño Alberto Ginastera planteadas nuevamente como binomio, sensual y brillante, femenino y masculino en tiempos de indefiniciones, primero la Danza de la moza donosa y después la Danza del gaucho matrero. Si la primera vez auguraba a este Grosvenor del 92 un buen vino, la segunda degustamos ya un reserva que seguirá madurando en barrica de piano.

Oviedo capital del piano

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Martes 23 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de PianoBenjamin Grosvenor (piano). Obras de: Brahms, Liszt y Chopin.

Reseña para La Nueva España del miércoles 24, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
Tras Las Palmas y Barcelona, última y obligada parada en Oviedo de la gira que el pianista británico Benjamin Grosvenor ha realizado con un mismo programa plenamente romántico, que hubiera hecho las delicias del recordado Luis G. Iberni, “alma mater” de esta capitalidad ovetense para las 88 teclas desde hace 30 años.
Concierto con delicadezas como los Drei Intermezzi op. 117 de Brahms y la Berceuse de Liszt junto a dos de las más potentes sonatas para piano del siglo XIX: la tercera de Chopin y especialmente la Sonata en si menor de Liszt, repertorio al alcance de muy pocas manos, ahora en las de Grosvenor que volvía tras su visita hace ya cinco años con la Oviedo Filarmonía y N. Stutzmann.
Entonces me pareció un intérprete prometedor con el primer concierto de Brahms, comentando que el tiempo acabaría, convirtiendo como los buenos vinos, en un gran reserva.
Confirmación ovetense del aclamado pianista británico, ya figura mundial, Brahms delicado e íntimo antes del endiablado Liszt capaz de quemar el cielo y congelar el infierno, impactante interpretación que requirió reajustar el piano para volver con la pócima mágica: la “nana” engañosa del abate e incendiarlo con un Chopin fastuoso.
Sigue la pandemia, toses, paraguas y móviles que merecen castigo eterno en el Averno, solo absueltos por el Grosvenor “angelicalmente” poseído para danzar como malditos con el gaucho Ginastera en pareja: moza donosa con furioso matrero.
P. Siana

Festejando con el Ateneo Musical de Mieres

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Sábado 20 de noviembre, 20:00 horas. Salón de Actos del Recinto Ferial de Mieres, Concierto de Santa Cecilia: Banda Sinfónica del Ateneo Musical de Mieres, Antonio Cánovas Moreno (director). Obras de Manuel Morales, Naf Fernández, José Vicente Fernández y David Rivas. Entrada gratuita.

Santa Cecilia,  nuestra patrona, nada mejor que celebrarla con música, además de regalarnos tres estrenos de esta Banda Sinfónica del Ateneo Musical de Mieres que cumple tres años desde su presentación en 2018, y a la que la Pandemia no le ha quitado ilusión, esfuerzo ni trabajo, mucho para mantener el nivel de calidad y apuesta por repertorios y compositores de nuestro tiempo.

En su lugar de ensayo, a la espera de retomar el Auditorio Teodoro Cuesta si el Covid lo permite, nada menos que 65 músicos con el maestro Cánovas al frente, volvía a festejar a a su patrona en el concierto más especial del año, con un programa muy completo, exigente, arrancando con el pasodoble Las Arenas del valenciano Manuel Morales Martínez, aire mediterráneo que homenajea la hostelería de La Malvarrosa a la que nos transportó la Banda Sinfónica, pasodoble potente para abrir boca (y oídos).

Llegarían dos estrenos absolutos, en la línea habitual de un Ateneo Musical de Mieres que sigue apostando por la nueva generación de compositores, hombres y mujeres, desde sus inicios. Dos obras difíciles con instrumentaciones actuales que no pierden la esencia de la formación para la que están escritas, la banda sinfónica que engrandece sonoridades y son verdaderas bandas sonoras de su tiempo:

Vortex de Naf Fernández puso a prueba cada una de las secciones de la banda, partitura rica en matices y texturas, rítmicamente poderosa y auténtica vorágine tímbrica que Antonio Cánovas desgranó al detalle con la respuesta exacta de unos músicos entregados.

Leuca (Isla de las Serpientes) de José Vicente Fernández completaría el doblete de estrenos absolutos en la fiesta de los músicos, obra premiada en los Global Music Awards con la medalla de plata que se escuchó al fin (ese es el objetivo), siendo Mieres la que figurará en la biografía propia y del Ateneo. Magnífica composición de esta banda sonora, casi un poema sinfónico, de lenguaje musical cercano a todos los públicos, que explota al máximo la plantilla instrumental, efectista, momentos grandilocuentes frente a otros más íntimos, en un despliegue sonoro emocionante que arrancó la gran ovación del auditorio con una interpretación de nuevo «milimetrada» por parte del director murciano asentado en nuestra tierra, con un trabajo meticuloso bien solventado por la banda.

Al fin se podía escuchar en Asturias, celebrando el aniversario histórico de los 450 años de la histórica batalla, Lepanto del toresano David Rivas, vinculado al Ateneo desde el primer concierto al dedicarle un pasodoble que resulta la auténtica presentación y seña de identidad de esta Banda Sinfónica. Auténtica explosión musical para una celebración, partitura exigente y una interpretación total en sus cuatro números, el tercero capaz de convertir el salón de actos en un claustro conventual con varios músicos entonando un gregoriano bien imbricado en el discurrir musical de esta suite, y cierre con Marcha Triunfal poniendo el mejor broche para un sábado de celebraciones por todo lo alto.

Los tres compositores presentes en el concierto, fueron agasajados por la asociación y el ayuntamiento  local, además de largamente ovacionados, agradeciéndoles su excelente aportación al patrimonio bandístico nacional que la Banda Sinfónica del Ateneo de Mieres bajo la batuta de Antonio Cánovas presentó a su público, con Alberto Cienfuegos «Michel» al micrófono, más allá de la presentación todo un animador de la escena musical asturiana e incondicional de este Ateneo al que le queda mucho fuelle… el día 5 de diciembre habrá homenaje a otra patrona, Santa Bárbara. Desde aquí lo contaremos, y las redes sociales también dejarán constancia de estos eventos.

Futuro románticamente joven

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Jueves 18 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Alexandra Dovgan (piano), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Obras deG. Ordás, Chopin y Schumann.

Crítica para La Nueva España del sábado 20, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
El romanticismo trasciende el calificativo y hasta el periodo histórico al que se circunscribe. Este jueves pudimos disfrutar de un concierto romántico lleno de juventud en el siglo XXI.
Primero un nuevo estreno de Gabriel Ordás (1999) para la Oviedo Filarmonía, último del Proyecto Beethoven, con un preludio y fuga sinfónico de título muy actual (Hip-Hop Fugue!) pero escrito con un lenguaje cargado de la madurez académica que el compositor ovetense tiene tras años de trabajo y experiencia en su aún corta pero ya extensa carrera, obra con sello propio de orquestación muy rica, inspiración en el genio de Bonn que sigue siendo referente para los compositores actuales, partitura rica y bien defendida por Lucas Macías que está en su “momento dulce” al frente de la orquesta de la capital sacando sonoridades compactas.
La pianista Alexandra Dovgan (2007) es un prodigio que no tiene nada de niña, pues su interpretación del Concierto para piano nº 2 de Chopin fue para cerrar los ojos y escuchar cada movimiento lleno de delicadeza, honestidad, fidelidad a la partitura y perfectamente concertada por el director titular, página maestra digna de una intérprete con más años de los vividos. Su personalidad y madurez son dignas de elogio y admiración, la grandeza musical permite estos regalos, como lo fue igualmente la Mazurca op. 17, nº 4 en La m. del compositor polaco, donde la rusa ha demostrado que se puede aportar genialidad a su edad, el mismo idioma para ambas obras donde el protagonismo del piano en sus jornadas fue absoluto.
El repertorio sinfónico del siglo XIX sigue vigente y necesario no ya para el público en general sino para toda orquesta, prueba de fuego en cada atril, así como exigente para los directores que afrontan obras muy conocidas donde aportar algo nuevo siempre es difícil. La Sinfonía nº 3 en mi bemol mayor, op. 97 de R. Schumann, “Renana”, resultó ideal para examinar el estado de la OFil que no defraudó en ninguno de los cinco movimientos, interiorizada por el maestro Macías que además de la claridad en el gesto, fue dotando de color y vitalidad esta sinfonía compuesta en Düsseldorf donde los aires populares flotan tanto en el aire como en la propia partitura. Cada sección tuvo sus momentos de gloria, destacando especialmente los metales bien empastados cual órgano catedralicio en Colonia (donde parece haberse inspirado el compositor alemán), y sonoridad global muy trabajada desde el podio, echando de menos un mayor peso de las cuerdas graves que siguen necesitando más efectivos, aunque el control de las dinámicas por parte del director onubense ayuda a subsanar carencias.
Concierto lleno de una juventud muy madura, romanticismo como forma de entender la música y optimismo, siempre moderado en tiempos de pandemia, al comprobar que el público del auditorio sigue fiel, Oviedo recupera los aforos totales, completando una oferta musical rica y única en “La Viena del norte español”, con función de ópera en el Campoamor a la misma hora, lo que nos hace presumir a los melómanos de capitalidad cultural, siempre hambrientos del directo aunque mantengamos la mascarilla.

P. D.: También el diario El Comercio entrevistaba a Gabriel Ordás:

Jóvenes sobradamente preparados

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Jueves 18 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Alexandra Dovgan (piano), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Obras deG. Ordás, F. Chopin y R. Schumann.

Reseña para La Nueva España del viernes 19, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
Hace unos cuantos años un anuncio televisivo hablaba de los JASP (Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados), y este jueves no sólo teníamos con 13 años a la prodigiosa pianista rusa Alexandra Dovgan (2007), también un nuevo estreno del ovetense Gabriel Ordás (1999), Hip-Hop Fugue! que cierra los encargos del “Proyecto Beethoven” de la propia Oviedo Filarmonía (OFil) que la Pandemia ha pospuesto pero al fin pudimos disfrutar, bajo la dirección de Lucas Macías Navarro (1978), todos preparados y fiel reflejo de los tiempos actuales.
Concierto de estas pujantes generaciones que vienen apretando desde la excelencia, la visión “beethoveniana” de un Ordás dominador de la composición académica (nada menos que un preludio y fuga orquestal) con mucho trabajo previo en un músico de su tiempo; el Concierto nº 2 de Chopin con una Dovgan impactante en lo técnico y adulta en la interpretación, y el titular de la OFil, todo un acierto su fichaje para corroborar el excelente momento de la formación ovetense que sigue camaleónica afrontando tanto repertorio actual como el necesario para continuar formando intérpretes y auditorios, como el Chopin siempre agradecido en estas jornadas de piano, para finalizar con “La Renana” de Schumann, la tercera sinfonía del romántico alemán paradigma del artista completo que compartía programa con los de ahora.
P. Siana
P.D.: La crítica queda para mañana.

Mantener la ilusión

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Domingo 14 de noviembre, 19:30 horas. Teatro Palacio Valdés, Avilés: El León de Oro, Marco A. García de Paz (director): Romería para una pasión. Obras de: Victoria, GuerreroA. Alcaraz, J. Elberdin, A. Makor y J. Gavito.

En tiempos de Covid cantar es toda una hazaña, con mascarillas una heroicidad y mantener con el paso de los años la calidad y la ilusión, un hito. Este coro asturiano que se renueva sin fisuras, no sólo continúa su imparable actividad sino que ha conseguido crear una temporada de conciertos estable (patrocinada por SATEC) que abrían en Gijón y continuaron este domingo en La Villa del Adelantado, programas que aprovechan su amplio repertorio (siempre necesario refrescarlo) y las novedades que se agradecen, organizándolo temáticamente como en El León de Oro es costumbre.

Con el título “Romería: música para una pasión” presentaron una peregrinación coral que va más allá de lo meramente auditivo para seguir disfrutando de unas voces únicas, envidiables, empastadas siempre sin importar los efectivos, con el balance ideal y unos matices “marca de la casa”. Un auténtico viaje de los “leónigans” cual peregrinos recorriendo con el coro este itinerario pasional organizado en nueve etapas, cada una distinta, interiorizada y expresada como sólo LDO es capaz.

Maravilloso comprobar las combinaciones en escena, dobles coros, comenzando por Victoria y Guerrero que están en los genes iniciales tras el magisterio de Peter Philips, semilla que ha germinado, voces blancas con su habitual colorido angelical (Elena Rosso impecable en sus solos), y voces graves rotundas en bajos con tenores acertados (pese a su minoría).

Los compositores actuales que tienen en este coro el mejor escaparate para disfrutar de la calidad de sus partituras, Alcaraz o Elberdin junto al esloveno Makor, incorporados a un repertorio que crece como ellos, la música sacra de nuestro tiempo en las voces con futuro e interpretaciones íntimas, entregadas, perfectas en la búsqueda del ideal coral.

Y la música de la tierra, inspiradora de nuestro Jesús Gavito Feliz pero también de Domínguez o nuevamente Alcaraz, folklore de altura que lleva Asturias con su mejor coro, melodías universales con voz natural, canciones de las que presumir y exportar con este coro allá donde va.

Peregrinaje musical y éxito de Gavito con su bellísima e inspirada En toda la quintana que hubieron de bisar, con un cuarteto del coro femenino en la bolsa lateral (y la solista triunfadora) tras el baile final esta vez “sin madreñes ni guiás” porque este camino se hace al cantar.

PROGRAMA

Destino: Tomás Luis de Victoria (1548 – 1611): Regina coeli (SSABar + SATB)

Esperanza: Francisco Guerrero (1528 – 1599): Ave virgo sanctissima (SSATB)

Redención: T. L. de Victoria: Salve Regina (SSABar + SATB)

Pérdida: Albert Alcaraz (1978): Ecce quomodo moritur justus

Oración por las almas: Josu Elberdin (1976): Ave Maria gratia plena.

Llegada: Andrej Makor (1987): O lux beata trinitas.

Entre dos mundos: Jesús Gavito (1979): En toda la Quintana.

Fiesta: Julio Domínguez (1965): Cantos Asturianos.

Baile: Albert Alcaraz (1978): Fariñona y Marañueles.

NOTAS AL PROGRAMA

«Partimos en la etapa del destino ¡Aleluya! Oh, Regina Caeli. Somos afortunados por poder partir en esta empresa. Cuando volvamos habremos resurgido tal y como el que llevaste en tu seno resucitó. Nuestra voz firme y decidida resuena como las campanas en lo alto de la torre. Partimos.

Al segundo día el cansancio acecha nuestros huesos, pero afortunados de nosotros, vemos la luz, que, como un faro de esperanza, nos atrae y nos brinda las fuerzas llenándonos de ilusión igual que el Ave Virgo Sanctissima, una brillante perla preciosa. Es muy pronto para rendirse.

En nuestra tercera etapa de andanza recordamos aquello que nos apesadumbra y rogamos perdón a la Reina de los Cielos. Le pedimos clemencia: O clemens, o pia, o dulcis Virgo Maria. Ella, misericordiosa, vuelve sus ojos hacia nosotros y elimina el peso que cargamos sobre los hombros. Nos hemos redimido.

Al cuarto amanecer se empañan nuestros ojos. Ecce quomodo moritur justus: “Observen como el justo muere y nadie se da cuenta. Los hombres justos son sacados del paso y nadie presta atención”. Las pérdidas que hemos sufrido a lo largo de nuestra vida ocupan nuestros pensamientos.

En la quinta etapa abrazamos el pasado por última vez y lo dejamos ir. Rezamos una oración por aquellas almas que nos han convertido en quien somos hoy: Ave maria gratia plena. La belleza y la plenitud inundan nuestros corazones.

Al sexto día vislumbramos la luz del faro de nuestro destino. La luz bendita de la trinidad, O lux beata trinitas, desaparece el cansancio de nuestros cuerpos. Hemos llegado.

La séptima etapa transcurre entre dos mundos. No estamos solos en nuestro destino, hay muchos más devotos, y la celebración transita entre lo religioso y lo profano. Igual lo hace la música, que se oye donde un pequeño coro de ángeles nos invita a transitar entre los más mundano y lo puramente celestial.

Al abrir los ojos la octava mañana ya es de día, tras la ceremonia el pueblo y los caminantes mezclan sus historias y se reúnen para entonar unos cantos populares, Cantos asturianos. Comienza la fiesta.

La música no cesa de sonar, la fiesta ha durado todo el día. Con las campanadas de medianoche nos adentramos en nuestra última etapa. El baile. Hay algo hipnótico en tantos cuerpos moviéndose al compás, el ambiente está extasiado. Somos uno más entre la multitud. Caemos exhaustos. La romería ha concluido. Nuestra pasión… se ha incendiado».

Piazzolla, eterna elegancia

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Jueves 11 de noviembre, 20:30 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: JazzXixón (Concierto nº 1640 de la Sociedad Filarmónica de Gijón). Piazzolla x 100: Federico Lechner (piano y dirección), Daniel «Pipi» Piazzolla (batería), Claudio Constantini (bandoneón), Antonio Miguel (contrabajo) y Sheila Blanco (voz). Obras de Piazzolla.

Como bien nos contó Pipi, el nieto de Nino (como así llamaban en casa a Don Astor) existe un «estilo Piazzolla» que resulta perfecto tanto para enmarcarlo en el jazz como en una filarmónica gijonesa que rompe barreras y quita etiquetas.

Este 2021 aún pandémico será recordado por muchas cosas, pero no podemos ni debemos olvidarnos del centenario de Astor Piazzolla (Mar del Plata, 11 marzo 1921 – Buenos Aires, 4 de julio 1992), probablemente el mayor músico del siglo XX, capaz de renovar el tango, adoptar el lenguaje del jazz,  vivir en Nueva York, aunar el París francés y el argentino, que es Buenos Aires, donde sabía que se iba a morir a las seis de la mañana como bien escuchamos en la Balada para mi muerte.

Música de Piazzolla siempre urbanita y cosmopolita, el corazón de la gran ciudad que late con su música elegante, rompedora desde su lenguaje único que admite cualquier interpretación y formato, sinfónico, camerístico, y donde el bandoneón sigue soñando y sonando propio.

Merecido y elegante homenaje el que nos trajeron a Gijón el quinteto comandado por su paisano Federico Lechner, pianista y arreglista igualmente elegante, como su formación, la sonorización delicada, la iluminación discreta y el repertorio elegido, disfrutando de versiones propias que engrandecen estos seis músicos de altura, necesarios para disfrutar de Piazzolla. Si Pipi confesaba que el abuelo compuso más de 2500 partituras de las ni siquiera los «expertos» apenas conozcan el diez por ciento, y ya es una barbaridad la creatividad del genio argentino, también la cercanía humana mostró un carácter afable, bromista, a quien le gustaban las películas de acción.

Y si los instrumentistas nos regalaron momentos inigualables, con solos irrepetibles que sólo la visión del jazz permite esa Libertad mayúscula, la misma que Paul Eluard escribía en los muros de su ciudad y  pondría música Gian Carlo Pagliaro, contar con la voz de la salmantina Sheila Blanco todo un acierto, camaleónica, acento porteño nunca arrabalero, porque el tango de Don Astor no lo es, de timbre ideal para cantar los textos de Horacio Ferrer o Mario Trejo, especialmente esa Balada para un loco (Piantao), Los pájaros perdidos o el Chiquilín de Bachín, sentidos como solo ella sabe, un Ave María casi rezado para convertirse ella misma en la María de Buenos Aires saltando fronteras y localismos, haciendo suyas estas joyas del argentino universal.

No faltaría la «Trilogía del Ángel» (Milonga del Ángel, La Muerte del Ángel y Resurrección del Ángel) para saborear la libertad compositiva e interpretativa, nos contaron una Milonga de la Anunciación y cerraron con Libertango porque el título resume perfectamente el espíritu de quien siempre volvía al sur desde el Buenos Aires sentido, con el instrumento único de Sheila. Todavía nos regalaron un Oblivion en la misma línea de plena libertad lingüística desde la música tras un Invierno Porteño que puso de manifiesto la maestría del cuarteto hoy quinteto con la voz de Sheila, Piazzolla x100, dándonos el cien por cien de arte y música sin etiquetas, música para viajar y recordar, música para recrear y adorar, toda ella grabada por el propio Piazzolla y recreada en todo el mundo. El compositor más programado el año pasado (así nos lo comunicó su nieto) y probablemente este año de su centenario, aunque el concierto resultase el mejor homenaje de quienes sienten a Piazzolla universal, entre los que me incluyo.

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