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Renacer en el museo

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Jueves 5 de marzo, 19:00 horas. Museo de Bellas Artes de Asturias, Oviedo. II Ciclo de Música Antigua «Sonidos de la historia«. Alfred Fernández (laúd renacentista): Il Divino, Música para laúd de Francesco da Milano, Francesco Spinacino y Marco Dall’Aquila. Entrada gratuita.

La Joven Asociación de Musicología de Asturias ha puesto en marcha la segunda edición de su ciclo volviendo a dar en el clavo, al combinar masterclass, conferencias (en el Centro «La Lila») y conciertos, volviendo a un museo muy vivo donde además de pintura, arquitectura, escultura, también se llenó de poesía y música, con un aforo completo, incluso personas de pie, algo impensable pero que demuestra el tirón de una música no sólo para iniciados en una ciudad que respira arte por todas partes, una industria que sin subvenciones es capaz de mover capital humano, la cultura en el amplio sentido de la palabra y considerada como un bien irrenunciable. Mi primer aplauso para organizadores, colaboradores y público.

El programa del concierto, que dejo aquí encima escaneado, nos dejaba unas notas del propio instrumentista catalán explicando las obras a interpretar en un laúd de seis órdenes construido por Alfonso Marín (Amsterdam, 2011) basado en el modelo de Georg Gerle (Kunsthistorisches Museum Wien, c. 1580) que se comportó admirablemente. El lugar elegido podría despertar dudas pero la acústica para los espectadores, respondió y captamos toda la gama dinámica y tímbrica de una réplica de sonido más que suficiente para deleite e instrospección.

El orden de las obras y autores pergeñado por el músico no solo fue idóneo sino que entre ellos Alfred Fernández recitó con gran profesionalidad, dicción e intención, textos de la época con referencias musicales, caso de la «Oda a Salinas» o «Qué descansada vida» de Fray Luis de León e incluso de Garcilaso de la Vega, ilustraciones orales para unas partituras de música pura, modales, capaces de recordarnos la polifonía renacentista con su característico «tactus» y el virtuosismo o técnica para un instrumento noble sin el que no podríamos entender toda la evolución posterior. Todo un renacer musical que iluminó las artes plásticas y visuales con lírica llena de sonidos, interiores y espontáneos brotando de las seis cuerdas dobles con todo el sentido de la épica, la belleza o la contemplación.

Impresionante el silencio de los presentes, casi retiro místico en cada obra, nunca mejor la llamada «música callada» con las Siete fantasías de Milano, como perlas engarzadas, tres Ricercare de Spinacino, el primer laudista en imprimir su obra e incorporar el término «Recercare» al panorama musical, como escribe Alfred Fernández en las notas al programa ya citado, más otros dos de Dall’Aquila, pugna de estilos sin perder composturas, antes de volver al «duelo de Francescos», intimismo ayudado por la luz tenue en la sala, regocijo y viaje espiritual desde la cercanía sonora de unas cuerdas que cantaban y contaban historias venecianas antes de la vorágine barroca, La Serenissima más que nunca desde el magisterio del laúd en las manos del músico catalán.

La cita tiene día de la semana marcado, todos los jueves (menos el santo) hasta el 23 de abril, aniversario de Cervantes y Shakespeare, día del libro como compañero de unas músicas antiguas más actuales que nunca y renaciendo en el museo del Palacio de Velarde carbayón.

Con todos los sentidos

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Sábado 4 de octubre, 23:00 horas.  Noche Blanca 2014: Campo de San Francisco, Oviedo. «Zapico a la carta. Música y comida improvisada. Forma Antiqva celebra 15 años». Aarón Zapico (clave), Daniel Zapico (tiorba), Pablo Zapico (guitarra barroca y archilaúd), Pedro Martino (chef de «Naguar«. Obras de Caldara, Händel, Kapsperger, José de Nebra, Purcell, D. Scarlatti y otros.

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En las antiguas instalaciones de la Escuela de Hostelería, conocida popularmente como el «Pavo Real» los hermanos Zapico quisieron celebrar sus 15 años con un concierto a la carta y música para todos los sentidos, donde el público elegía obra asociada a unos ingredientes que el cocinero Pedro Martino del afamado Restaurante «Naguar», preparaba mientras sonaban tres obras por sorteo, que los agraciados degustarían después el plato resultante ante la imposibilidad de invitarnos a todos.

Propuesta original para un evento que en el caso citado no estaba muy iluminado aunque la gente acudió de más a menos, mucho público en los dos primeros «platos», con duraciones nunca superiores a los 15 minutos para dar tiempo al cocinero, y menguando a medida que avanzaba la noche.

La carta resultó una auténtica caja de sorpresas, hubo «platos» que no salieron (curiosamente faltaron pan y huevos) más algunos que el azar hizo repetir aunque nunca sean iguales en cocina musical y gastronómica. Como recordaba entre plato y plato, funcionaba parecido a los primeros reproductores de CDs que tenían la posibilidad «Randomize» o «Shuffle» donde alterando el orden original resultaba una escucha totalmente distinta que en este caso afectaba a los propios intérpretes. Claro que Forma Antiqva en su genuina formación son capaces de realizar todas las combinaciones posibles de los mismos ingredientes para conseguir resultados siempre increíbles, tal es el dominio de las obras y el entendimiento más que fraternal entre los hermanos Zapico. Del «artista fogonero» faltó catar los productos, todos a la vista, pero el listón lo tuvo alto y era hipnotizante verle cocinar sobre la marcha en un espectáculo muy europeo por fusión, entorno y horario noctámbulo.

Tras explicar el proceso y en un ambiente festivo, casi familiar, proyectando imágenes de estos años, con amigos de los langreanos en ellas pero también entre el público, músicos de distintas formaciones y curiosos que se apuntan a todo a pesar de una noche fría y lluviosa, los regalos fueron saliendo al escenario. Primeros ingredientes Händel y su Ritorna, oh caro dolce mio tesoro asociado a una chuleta de vacuno que tenía una pinta increíble, combinada con chocolate, el Fandango de D. Scarlatti, y productos de la mar, las Diferencias sobre las folías, combinación de mar y montaña en la cocina con el toque dulce, y los manjares Zapico de su repertorio en estado puro. Un entrante realmente potente, sutil, maridaje de elementos de la tierra universales en olor, sabor (para quien lo probó), vista y oído, imposible evadirse con el chisporroteo de la sartén como si de un instrumento más se tratase… y el tacto siempre metafórico.
El siguiente plato a preparar también chocolate que se desechó para no repetir, setas de temporada con el Bayle del Gran Duque, hongos asturianos también universales como la carne que parece omnipresente y las hortalizas, crudas o preparadas, Quella Clizia innamorata (A. Caldara) con los toques personales de los distintos chefs, el culinario y los musicales, sumándose siempre plantas de la Passacaglia de Kapsperger que no pueden faltar  como el perejil de Arguiñano. Preparación y presentación de lujo, las cuerdas templadas, fraseos claros como cada ingrediente, ornamentaciones que engrandecen sabores para paladear con el oído.
Otro pase ya en la medianoche, con frío afuera y calor en el interior del «pavo», el chocolate goloso del siempre rico Fandango scarlattiano que puedes tomar solo o mojando, cítricos de nuevo con Kapsperger y las improvisaciones sobre Chaconas, más los quesos de la Xácara, maridaje casi imposible en la cocina y cercano en la tarima, maravillando la preparación y evolución de cada ingrediente musical para conformar un plato único.
El final trajo frutos secos de Purcell y su Chaconne: dance for the Chinese, unas grasas con oliva virgen, tuétano o cañamina que decimos en Asturias con ese impresionante arreglo para dúo de tiorba y archilaúd para A Dios, prenda de mi amor (J. de Nebra) antes de completar con más carne de vacuno astur para Händel, todo universal por supranacional, muestra que además de necesitar productos de primera, que siempre lo son, la cocina puede rematar o estropear la materia prima. Nuestros protagonistas representan la seguridad desde la especialidad y el conocimiento de ingredientes, preparación, presentación y placer final, música para todo los sentidos en otra apuesta por acercar el arte a todos los públicos desde la calidad y seriedad nunca reñida con la informalidad y originalidad de la oferta nocturna gastromusical.
Feliz cumpleaños a la familia Zapico, porque parece que fue ayer pero «quince años tiene mi amor» donde la trayectoria es impresionante y el futuro alentador luchando contra los elementos desde Asturias al mundo, y con la música por montera, regalándoles mi lema bloguero.

Pasiones y afectos de Forma Antiqva

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Martes 15 de julio, 20:00 horas. XVII Festival Música Antigua, Gijón: Centro de Cultura Antiguo Instituto. «Crudo Amor«. Pasiones y afectos en la voz de Agostino Steffani (1654-1728), Forma Antiqva: María Eugenia Boix (soprano), Carlos Mena (alto), Ruth Verona (chelo), Pablo Zapico (guitarra barroca), Daniel Zapico (tiorba), Aarón Zapico (clave y dirección).

Éxito total en la tercera jornada del festival gijonés tanto por la entrada, nuevamente aforo completo incluso en la planta primera con abundante público de pie, como por el programa donde Forma Antiqva estrenaba su último proyecto, Crudo amor, una excelente selección de cantatas de cámara para soprano, contratenor y bajo continuo del recuperado Steffani, todo un personaje capaz de protagonizar novelas y quién sabe si películas, un encargo del Festival «Ludwigsburger Schlossfestpiele» alemán para la formación asturiana que sigue viajando y triunfando allá donde va. Gijón ha sido como su punto de partida a lo largo de muchos años y el afecto es mutuo, algo que se notó desde la primera nota. Además la formación para este programa era igualmente capaz de llenar el antiguo Instituto Jovellanos, con los hermanos Zapico más Ruth casi «cuarta hermana», y dos voces de referencia: el contratenor alto Carlos Mena de reconocida fama mundial, inmenso en un registro como el suyo donde la musicalidad está presente siempre, y la soprano Mª Eugenia Boix a la que he visto crecer musicalmente en cada concierto cerca o directamente en nuestra tierra, demostrando este martes un momento espléndido, que comentaremos más adelante, con un grave más equilibrado, un centro y agudos hermosos en presencia y una vocalización más clara, sumándose a la plantilla de Forma Antiqva donde las voces femeninas siempre han brillado a gran altura.

Apuntaba la recuperación de Agostino Steffani en estos tiempos gracias a artistas y grabaciones mediáticas donde no ha faltado la novela oportuna para que muchos melómanos descubriesen a este polifacético personaje, aunque me consta que los hermanos Zapico llevaban más tiempo en este proyecto, por lo que no se han apuntado a modas sino que la tendencia les ha venido bien para programar la hermosísima música de Steffani, comentando a la salida que va a suceder algo parecido a Salieri tras la película «Amadeus». Bienvenidas sean estas hornadas de fama para poder disfrutar de partituras que dormían el sueño eterno hasta que alguien las resucita. En el caso de Forma Antiqva no solo han seleccionado a la perfección para la plantilla del momento sino que han realizado edición propia para tres de las seis cantatas escuchadas: todo un placer comprobar el detalle de cada interpretación, solos oportunos de cada instrumento, dúos elegidos según la pasión textual y vocal, tutti en la medida exacta, planos sonoros bien diferenciados, doblando partes cantadas, completándolas, coprotagonizando solos y duetos, alternancias de soprano y alto con los instrumentos propicios siempre desde la labor musicológica de los Zapico que continúan asombrando con un magisterio en este periodo musical adaptado siempre a las necesidades.

Entrando ya en las seis cantatas elegidas, textos italianos del sempiterno tema amoroso con sus pasiones y afectos (también en el sentido musical de la teoría) reflejados en cada palabra, en cada párrafo donde el inicial titula cada una de ellas y donde la música complementa una letra de por sí plena: Begl’i occhim oh Dio, no più abría concierto, cuatro números perfectamente combinados vocal e instrumentalmente, comenzando a dúo para alternar solo de alto (Clori mia), de soprano (Se la tua gelosia) y cerrar nuevamente a duo. Primera alegría comprobar el perfecto empaste vocal de dos colores conocidos en solitario que combinaron perfectos en sus dos dúos, tras demostrar sus capacidades solísticas en unas arias siempre difíciles.

Dimmi, dimmi, Cupido en edición de Forma Antiqva, volvía a jugar con los mimbres elegidos en nueva combinación y mayor riqueza emocional: solo de Mena, dúo (Son’erede dei tormenti) pleno en calor y color, solo de Boix (Ah, che quei piendi oh Dio) carnoso en todo el registro, y dúo (Non bastava al Dio d’Amore) final corroborando las sensaciones de la primera cantata: juego emocional desde la dicción, emisión y color con la orfebrería instrumental ahora complemento y después compañera, todo desde esta versión propia que enriquece un de por sí bello original.

Podría repetir lo mismo para Occhi, perché piangete? en cuanto a edición hecha a medida, pero la sorpresa y la teatralidad van de la mano en estos «proyectos Zapico», por lo que el inicio solo con la guitarra de Pablo suponía apostar por colores y afectos, también efectos, siguiendo el clave de Aarón antes del lento que comienza cantando Mª Eugenia y continúa Carlos antes del tutti, matemática musical combinatoria ceñida a las expresiones italianas donde cada intervención instrumental parece subrayar palabras y responder preguntas, como la tiorba de Daniel y el cello de Ruth ante las palabras de soprano y alto. Las indicaciones de los tres movimientos (Lento: Occhi, perché piangete?, Allegro: Stolto e ben chi vi crede, y Lento: Dal nostro planto amaro) solo indicativas puesto que cada uno de ellos fluctúa en su microcosmos para buscar la terminación rápida mucho más adecuada anímicamente.

La cuarta cantata que da título al concierto, Crudo Amor, consta de seis movimientos difíciles todos ellos, jugando con todos los elementos barrocos del contraste y pasión textual corroborada en cada instrumento. Así comenzaban las voces a duo con emparejamientos instrumentales igualmente complejos, continuando el recitativo del alto Come nel mar d’Amore como si de una ópera en miniatura se tratase seguido del endiablado arioso bien ejecutado por Carlos Mena Egualmente mi nega opuesto al tranquilo recitativo La stella ch’a me splende y aria Oh, toglimi la speme de Mª Eugenia Boix con el acompañamiento de clave, hermosos y con unas agilidades para degustar antes del dueto final a tutti caminar antes de correr como las propias líneas de canto rotas tras la calma, especialmente al cantar «Speme lusingare» con la guitarra rasgueando cual folia inconclusa y sorpresiva. Tensiones bien resueltas por parte de todos, haciendo que lo difícil parezca fácil en cada intervención y sobre todo con la sensación de grupo compacto, de idea compartida donde todos reman en la misma dirección.

Aún quedaba mucho todavía en este drama musical que eran las cantatas, y así Sol negl’i occhi arrancaba con un solo de cello a cargo de Ruth «Zapico» casi bachiano, fraseado como la posterior tiorba de Daniel llevando casi de la mano a soprano y después alto, juegos amorosos desde la música como el solo Filli, filli crudele de soprano con cello y clave de pureza barroca previo al contrastante de alto Ma, se nel tuo bel viso con tiorba y guitarra sumándose el cello en una catarata de agilidades dificilísimas para todos, especialmente para unas voces siempre completando tesitura en ambos extremos para concluir en el dueto final Chi vedesse la beltá con todos en «tempo giusto» y volúmenes apropiados desde un ensamble y empastes globales dignos de admiración. Sabiduría interpretativa y técnica por parte de todos y cada uno de estos músicos que se volcaban en cada cantata sin tiempo para el desaliento.

La última Placidissime catene, también en edición de Forma Antiqva, remataría un programa estructurado al detalle para cada uno de los seis músicos de la formación, alternancias vocales e instrumentales jugando y buscando el color adecuado, el plano perfecto incluso en los tutti, respirando en la parte del compás precisa, fraseos estudiados al detalle que redondearon un programa perfecto en cada cantata, muy aplaudidas por un público tan pasional y afectuoso como el título elegido.

Y la propina permitió disfrutar con todos ellos desde la calidad y belleza de toda la música escuchada, aunque esta vez Monteverdi, primero el cuarteto y después ambas voces entrando entre bastidores para cantar el dúo de amor final de L’incoronazione di Poppea, última degustación de Poppea y Nerón, Pur ti miro, pur ti godo Boix y Mena en perfecta unión con el acompañamiento nuevamente a la altura del reparto vocal y coprotagonistas siempre con este barroco en el que Forma Antiqva siguen sorprendiendo y los alemanes sacarán provecho de ello…

Verano gijonés con ¿baro qué?

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Lunes 14 de julio, 20:00 horas. XVII Festival de Música Antigua, Gijón: Centro de Cultura Antiguo Instituto. Andreas Prittwitz y Lookingback Baroque Orchestra. Obras de Sammartini, J. S. Bach, Vivaldi, Purcell y Geminiani. Entrada libre.

Decimoséptima edición de un festival que se ha convertido en tradicional cita estival gijonesa, con relevo en la dirección (ahora con Manuel A. Paz) pero manteniendo el espíritu de ofertar calidad desde la llamada «música antigua» que nos explicó antes del concierto el director del festival, músico y pedagogo mierense, con la idea de presentar al público unas líneas generales de lo que vendrá a continuación, conciertos y concurso internacional (tercera edición dedicada al canto) que ponen a Gijón en ese mapa veraniego donde la música forma parte de muchos planes vacacionales, algunos cerca de casa.

Y esta segunda jornada resultó todo un éxito con lleno hasta arriba, literalmente, media hora antes del inicio musical que traía a Andreas Prittwitz de nuevo a esta su «otra casa» precisamente con un ensemble que «mira atrás» como un viaje al pasado desde el tiempo actual, esta vez el barroco de la flauta de pico que trajo a este alemán de Munich a nuestro país, ortodoxo como él mismo apuntó en esta primera parte, también vital, y el imaginario viaje al futuro de aquellos barrocos tan actuales desde los saxofones o clarinete de nuestro querido Andreas, los que le abrieron otras puertas para seguir haciendo Música con mayúsculas allí donde era requerido (también en la acepción de «querido doblemente») sin olvidar la faceta docente que en Gijón conocen muy bien desde hace 15 años por lo menos…

El calor motivó algo de retraso en la primera parte por la necesidad de afinación del clave y resto de este «ensemble» de cuerda con intérpretes capaces de afrontar este repertorio con total profesionalidad sin buscar más allá que disfrutar con esta música atemporal y transmitirlo al respetable. El Concierto en fa para flauta soprano, cuerda y bajo continuo (G. Sammartini) fue de los llamados «de libro» en forma y fondo:  tripartito en movimientos contrastantes, virtuosismo por parte del solista, diálogos con diferentes intensidades más el lirismo del lento Siciliano central.

Otro tanto de la conocida Suite orquestal nº 2 en si menor para flauta, cuerda y bajo continuo, BWV 1067 (J. S. Bach) que Prittwitz ejecutó con la flauta dulce contralto en vez del original «traverso», algo menor en volúmenes pero igualmente difícil para el solista, optando por «tempos» extremos hasta la virtuosa y archiconocida «Badinerie», dejándome personalmente indiferente en cuanto a la visión global, si bien la música del kantor es siempre grande. No puedo decir que lo escuchado tenga rigor historicista o aporte algo más que una hermosa escucha sin emoción mayor que la de una obra inmensa de por sí pero mínima en mi goce.

Curiosamente esperaba menos «ortodoxia» en la línea de la segunda parte, el acercamiento que muchos intérpretes llevan haciendo mucho tiempo atrás desde distintas visiones, comenzando con Jacques Louissier que marcó estilo Jazz Bach, el proyecto Lambarena, que «visitó» también a Mozart, el británico de las cajas de ritmo Louis Clark con aquello «clásicos a ritmo de…» que el ínclito Luis Cobos retomó para cabrear a muchos puristas, sin olvidarme de nuestros Canarios y su Ciclos vivaldiano tan sintetizado como hiciesen Wendy – Walter Carlos o Isao Tomita, Emerson, Like & Palmer, los excelentes arreglos de Gil Evans y hasta el Falla de Paco de Lucía, todos bebiendo de la llamada música clásica aunque el barroco siga siendo el padre de todas las músicas posteriores.

Precisamente sería la segunda parte donde Andreas Prittwitz con su ensemble afrontó tres páginas hermosas con instrumentos cercanos, «modernos» y eternos finalmente, capaces de recrear paisajes reconocibles como los pintores hacen desde sus distintas escuelas:

El Concierto para flauta en sol menor «La Notte» (Vivaldi) en versión de saxo alto nos trajo al «jazzman» formado en la historia, conocedor de la forma y técnica barroca para revitalizarla desde un saxo para el que seguramente hubiese compuesto «el cura pelirrojillo», con un continuo de lujo capaz de tocarlo todo sin olvidar que estamos en el siglo XXI.

Con el clarinete Andreas Prittwitz saca la vena más íntima, el cello de lengüeta como cercano a la voz, y del Dido y Eneas de Purcell arregla cinco números donde realmente «canta» como si de Ella Fitzgerald se tratase, seleccionando la Danza de las Furias, Aria 37, Ritornello 22, Aria 23 y Aria 24 para volver a demostrar que la música no tiene etiquetas, sólo el placer por el buen gusto que el intérprete hispanoalemán (más que germanoespañol) demuestra en todo lo que toca, y más con una orquesta detrás que suena ajustada de principio a fin. Aprovecho aquí para citarlos (varios en la OCNE): Joan Espina, Krzysztof Wisniewski y Javier Gallego en los violines, Cristina Pozas (viola), Miguel Jiménez (cello), Roberto Terrón (contrabajo), Sara Erro (clave) y Ramiro Morales (archilaúd), quien no trajo la guitarra barroca que hubiese dado más calor en los rasgueos que ese «grandón» acompañante del continuo.

Y si hay en la historia musical forma típica para llenar e improvisar, esa es «La Folía», con un Concerto grosso que Geminiani adapta a esa otra forma tan barroca de las variaciones originales de A. Corelli, esta vez con Andreas soplando el saxo soprano curvo (no el recto) y jugando todos con melodía más esplendorosa que el sol asturiano, contagiando alegría antes de retomar la flauta para regalarnos una marchosa Alla turca telemaniana cerrando círculo musical y vital: orígenes de Prittwitz desde una madurez que le permite afrontar proyectos desde cualquier óptica como el renacentista, el barroco, Chopin o lo que se le ponga por delante sin olvidar su faceta compositiva. Sabe que en Gijón u Oviedo tiene carta blanca y un hueco en las distintas programaciones, porque la conexión con el público es éxito seguro.

Primavera de cantatas

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Lunes 21 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara. CNDM Circuitos: «Primavera Barroca«. ¡Albricias, oh mortales! La cantata, entre Italia y América. María Eugenia Boix (soprano), Nerea Berraondo (mezzo), La Ritirata, Josetxu Obregón (chello y dirección artística). Entrada sin numerar: 15€ (abono seis conciertos: 72€).

Tercer concierto de una primavera barroca de climatología casi invernal que no logró llenar más de media sala de cámara, a pesar de la calidad de intérpretes e interesante programa donde nuevamente había obras recuperadas por encargo del CNDM y por tanto estreno en tiempos modernos.

La formación que lidera el chelista bilbaíno se presentaba en Oviedo con Tamar Lalo (flauta dulce), Hiro Kurosaki (violín), Miren Zeberio (violín), el continuo con Enrike Solinis (guitarra barroca y tiorba), Daniel Oyarzábal (clave) y el propio Josetxu Obregón (chello) más las cantantes María Eugenia Boix (soprano) y Nerea Berraondo (mezzo), recién llegados de las américas en Bogotá y Quito donde volverán -salvo el guitarrista y tiorbista bilbaino al que suplió «nuestro» Daniel Zapico– con este programa que completa precisamente el de Forma Antiqva en cuanto a la recuperación de las «cantadas» y la música italiana con el paso y peso de España aún con «sede napolitana» en esa época y dando el salto transoceánico.

Todo los músicos de La Ritirata son conocidos en estos circuitos tanto en solitario como completando otras formaciones, siendo una auténtica selección internacional que conforma distintos «equipos y entrenadores». Del equipo que vino a la capital asturiana (en Gijón estuvieron varios el pasado verano) además de Obregón recordar por mi parte a Oyarzábal al que escuché en el festival de órgano leonés así como a las dos cantantes (con Eduardo López Banzo).

El orden del programa se rehizo para equilibrar apariciones evitando igualmente entradas y salidas de los intérpretes, formando pequeños bloques en las dos partes donde la soprano montisonense abrió y cerró concierto dejando para la mezzo pamplonica el final de la primera e inicio de la segunda. Igualmente las combinaciones de los seis instrumentistas sirvieron para dotar de más colorido sonoro un programa realmente atractivo aunque desigual en las calidades de las obras interpretadas.

Francesco Mancini abría concierto con el «Amoroso y Allegro» del Concierto de cámara en re menor para el sexteto instrumental, antes de entrar con A. Scarlatti donde quedó quinteto (marchó el violín de la tolosarra) para presentarnos el «Allegro» del Concierto nº 9 en la menor que dió paso a Quella pace gradita (cantata de cámara) con la «Sinfonía» entrando Mª Eugenia Boix, recitativos sin flauta, también sin violín dejando a dúo el continuo y tres arias con la última en «tutti instrumental» y juegos entre flauta y voz que resultaron hermosísimos. Soprano lírica aunque no me gustan las clasificaciones para una voz ancha de gran centro pero agudos algo metálicos aunque los alcance sin problemas, algo totalmente distinto al registro grave donde, como la mayoría de voces actuales, pierde color aunque no demasiado volumen. Lo compensa con gran expresividad, musicalidad y entrega en un repertorio que siempre resulta engañoso entrañando dificultades a menudo mayores que el bel canto.

De Caldara escuchamos en el trío del continuo su «Adagio» y «Allegro» de la Sonata en sol mayor, disfrute del chelo y clave aunque la guitarra en vez de la tiorba resultó poco apropiada pese al intento de color español que parece aportar en rasgueo. Sin parar y como obertura escuchamos «Huye con ella» de El mayor triunfo de la mayor guerra (Manuel Ferreira) en la voz de Nerea Berraondo a dúo con el chello resultando destemplado en el amplio sentido de la palabra. Recuperada la formación de cuarteto y más afinada afrontó dos obras recuperadas de Juan Francés de Iribarren: Bello Esposso, dulce Amante, aria al Santísimo del archivo catedralicio malagueño, con recitativo acompañado por el continuo y el «area amorosa» a la que se sumó la flauta, lástima de mejor vocalización o dicción pero con un cuerpo y color grave que sigue siendo único, cercano al registro de contralto pero con agudos propios de su registro, por otra parte difícil de mantener equilibrado y abusando a veces de apoyaturas o crescendos que finaliza en unos fortes poco naturales. Y para contralto el «area» que titula el programa de La Ritirata, Albricias, oh mortales!, «cantada de contralto» con lo ya apuntado de notarse algo grave para la voz de la mezzo navarra, que compensó cambiando el color para afrontar con algo más de volumen las notas bajas.

La segunda parte comenzaba con el sexteto instrumental (tiorba de nuevo) que nos regalaron una buena interpretación del «Adagio» y «Allegro» del Concierto nº 23 en do mayor para flauta dulce, dos violines y continuo de A. Scarlatti, virtuosismo de la flautista israelí bien arropada por sus compañeros. Cambiando a la guitarra, la formación acompañó a una Nerea más cómoda en Tu sei quella che al nome sembri, como la instrumental del archivo napolitano de su conservatorio, introducción que prepara recitativo y aria por partida doble para la voz carnosa y redonda de Nerea Berraondo que estuvo más cómoda, finalizando con Il nomne non vanta di santa colei donde el tiempo vivo sirvió para dejarnos el virtuosismo de los dos violines y de nuevo la flauta de la israelí compitiendo con la mezzo en un remate hermoso de musicalidad a raudales.

Para finalizar nuevamente la soprano de Monzón con flauta y continuo de guitarra en dos anónimos bolivianos recuperados del archivo de Moxos: Aquí Ta Naqui Iyai y Chapie, Iyai Jesu christo, contrastadas en lento y vivo donde esta vez sí hubo el color rítmico de los rasgueos en la guitarra y las melodías con textos indígenas aunque poco claros en su vocalización. De Domenico Zipoli pudimos escuchar cual intermedio instrumental su Sonata para violín y continuo en la mayor para apreciar al excelente solista austríaco de origen japonés (y profesor de su instrumento en el Conservatorio Superior de Música de Madrid), obra con los habituales clichés de su época bien escrita en cuatro movimientos contrastados (Largo – Allegro – Largo – Allegro) y cómoda de escuchar -supongo que menos de interpretar-, antes de que Mª Eugenia nos cantase solo con el continuo (guitarra en vez de tiorba) O Daliso, da quel di che partisti, recitativo y aria también por partida doble donde los instrumentos se combinaron buscando colorido que reforzase los textos, nuevamente poco inteligibles, de esta obra del compositor italoargentino: el primer recitativo con clave y chelo, el aria Per pietade aure serene con chelo y guitarra, el recitativo Aure fonti cantada solo con el chelo (repitiendo la afinación imprecisa) y el aria final Senti o caro ya con el trío y una Boix entregada.

Una propina de Monteverdi, Damigella tutta bella, SV 235 con el dúo vocal femenino y los seis instrumentistas puso final a esta velada barroca muy llevadera, con obras interesantes por lo que supone de recuperar patrimonio aunque no entre las llamemos inmortales, pero que desde la profesionalidad de estos músicos de La Ritirata siempre suenan con frescura y plenamente actuales. A fin de cuentas esta llamada «música antigua» sólo tiene de antigua el nombre cuando se interpreta como lo hace esta generación.

Otoño en primavera

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Martes 1 de abril, 20:00 horas. Sala de cámara, Auditorio de Oviedo. Primavera Barroca: Jordi Savall (viola da gamba): Les voix humaines. Centro Nacional de Difusión Musical (cndmu) «Circuitos». Entrada: 15€. Abono seis conciertos (sin numerar): 72€.
Hay figuras mediáticas capaces de llenar salas con el mero anuncio de su presencia aunque hora y media de música sólo con viola de gamba no sea precisamente la mejor publicidad y el programa esté más que escuchado tanto en vivo como grabado. Un otoñal Jordi Savall volvía en solitario a Oviedo con «su» instrumento, la española viola de pierna o gamba (seguramente nacida en España por el siglo XV en la zona levantina, fusión de fídula con técnicas del rabel morisco) que le mantiene desde hace décadas como figura mediática, primero en Francia y poco a poco también en España, aunque los años no perdonan en la ejecución pero sí sumen magisterio, dominio escénico y don de gentes, popularidad mundial. Tomemos pues esta visita como otro merecido homenaje a su trayectoria.
El repertorio ya no sorprende pero tenerlo en la distancia corta como en el salón de casa, tropezando con el arco en la mesita o la pantalla de la lámpara, con el ambiente que se logró en la sala de cámara carbayona, de acústica perfecta, y explicando incluso la afinación según los bloques confeccionados, hace a Savall único, humano, cercano a fin de cuentas, resultando más una autobiografía sonora que un concierto al uso, por otra parte nada extraordinario.
Titular su presencia abriendo este ciclo barroco de primavera como «Las voces humanas» ya quedaba claro en la presentación escrita: la imitación de la voz en todas sus modulaciones, algo que el músico de Igualada consigue con su joya de siete cuerdas fabricada por Barak Norman (Londres, 1697), con el apoyo del Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya y el Institut Ramon Llull.
Seis bloques independientes y titulados sirvieron para repasar musicalmente su vida, incluso con cierto humor: «cuarenta años tocando pero un tercio afinando» o comentar que «Marais siempre tocó Marais o Bach solo Bach», pudiendo añadir que «Savall siempre toca Savall», pues los Sainte-Colombe, el citado Marin Marais del que toma el título para el recital, o incluso las referencias celtas, son como sus cuarenta principales.
«Invocation» con Abel, Bach o Schenk apenas calentaron cuerdas pero faltó la emoción. «Les Regrets» rememoraron su más célebre banda sonora precisamente de los De Sainte-Colombe aunque sigan resultando monótonas y las «improvisaciones» añadidas sobre la Bourré borrasen la autoría de Bach. «Les voix humaines» de Machy y Marais fueron más de lo mismo antes de entrar en «Musicall humors» de Hume, como si lo militar resultase sinónimo de marcha y su viola ganase sonoridad ante el mayor despliegue de recursos, con un arco más generoso pero igualmente impreciso. Los últimos bloques también resultaron más didácticos, «Lessons for the Lyra-Viol» explicando la afinación para las obras de Ferrabosco, Ford o Playford, y la música cercana de gaitas o cornamusas de los anónimos de Manchester (entre 1580 y 1640) titulados «The Lancashire Pipes«, progresión de las tinieblas iniciales a la tamizada luz con neblina celta (ñublu y orpín que diríamos en Asturias).
Incluso la primera propina mantuvo la permuta de las cuerdas 4ª y 5ª para la misma referencia al bordón gaitero que remueve nuestras raíces astures, otro manuscrito del XIX que recoge músicas anteriores aunque faltase la transmisión maestro alumnos que sirvió para ahondar en la investigación donde El Jordi ha hecho historia. La segunda y definitiva propina fueron unas variaciones sobre una canción de cuna francesa que despertaron más que adormecer a un público entregado a la figura aunque supongo que menos al intérprete o su música.

Notre Dame de León

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Sábado 19 de octubre, 21:00 horas. Catedral de León: XXX Festival Internacional de Órgano Catedral de León, Peregrinatio: VIII Ciclo Músicas Históricas de León: Ensemble Organum, Marcel Pérès (director): Peregrinatio II. París – Limoges – Moissac – Compostela. Peregrinaje musical en la Europa del siglo XII.

Nada más, y nada menos, que un quinteto vocal incluyendo a su director, fue capaz de mantener en silencio hora y media a una catedral a rebosar que escuchó las liturgias latinas del Ars Antiqva como si de una misa se tratase (incluyendo alguna tos resistente y aplausos iniciales rápidamente acallados por el propio Pérès), música no litúrgica aunque sus fuentes sí, pero música sacra a fin de cuentas. Arte antiguo, Ars veterum pero también historia vocal por suponer el arranque de la Polifonía a cargo de unos especialistas que dominan este dificilísimo repertorio logrando sonoridades que resonaron por las bóvedas de la Pulchra leonina al ir cantando y colocándose en distintas ubicaciones, con un empaste digno de admiración, dinámicas increíbles de proyección total fuesen a solo, dúos o conjunto, alguna entrada titubeante pero siempre atentos a los gestos del maestro Pérès.

Salieron de la Sacristía entonando el Conductus Beata viscera Marie Virginis de Perotin El Grande, el de Notre Dame, «conductus» real por ser pieza cantada cuando el leccionario era conducido procesionalmente al sitio en el que se proclamaba la lectura, y así se dirigieron con cirios encendidos hasta el coro antes del Versus (esta vez un «conductus» monofónico) Vellus rore de San Martial de Limoges. Impresionante espectáculo, inédito seguramente para muchos y además en su entorno natural, esos organum melismáticos o floridos, técnica polivocal y adornos por debajo de canto principal.

Del Codex Calixtinus, primera guía del Camino de Santiago, escuchamos ese diálogo que es la Antífona Ad sepulchrum beati lacobi, música que engrandece el texto, que lo subraya y ayuda a comprender, aprender, aprehender y entender en su magnitud desde las voces francesas que proseguían su lección de música antigua difícil de digerir pero capaz de vaciarnos para meditar desde el silencio profundo que toda escucha necesita.

Volvíamos a Limoges con el grueso de esta peregrinación vocal, la Prosa Alma chorus domini seguida de Veri solis radius, otro conductus (cum cauda por los melismas utilizados) Noster cetus psallat letus y la oración Ora pro nobis Sancta Maria, advocación de la catedral leonesa donde el canto sonó aún más cercano. Juegos virtuosos de interválicas casi imposibles siempre resueltas desde el magisterio de este «ensemble«, reconstrucciones de la manera como se cantaba antiguamente, con especial atención a la ornamentación, los intervalos y los microtonos que tanto me recordó al canto corso de Cortona.

De Moissac, donde la formación tiene su sede, disfrutamos del canto del diácono Venite populi, para dejarnos una muestra de Canto Mozárabe de Toledo, el Alleluia: Ortus conclusus más marcado que los anteriores volvió a enamorar en sonoridades, el cantus firmus en un potente bajo como base románica sobre la que se sustenta el gótico vocal, tenor y alto, con auténticas melopeas.

Del otro maestro parisino, Leonin el Benedicamus Domino a dos voces volvió a convertir la Catedral de Santa María en Notre Dame Leonesa, nueva lección de empaste y fiato en una voz grave que retumbaba abrazando las otras cuatro, antes de volver en peregrinaje al punto de partida procesionando con el Congaudeant Catholici de Albert de Paris, más que un concierto toda una liturgia vocal de formas inverosímiles con un magisterio francés tan cercano a esta peregrinación interior hasta Santiago de Compostela donde León y su Catedral es siempre parada obligada, esta vez musical.

Amores y tormentos en el Paraíso

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Jueves 17 de octubre, 19:30 horas. Patio del Palacio de Velarde (Museo de Bellas Artes de Asturias. Raquel Andueza (soprano) y Jesús Fernández Baena (tiorba): D’Amore e Tormenti (Música profana en la Europa del siglo XVII). I Ciclo de Música Antigua: Sonidos de la Historia. Organiza: Joven Asociación de Musicología de Asturias.

Mi más cordial y sincera enhorabuena a la JAM de Asturias por el esfuerzo y mucho trabajo demostrado en preparar este ciclo en la capital que además contó con un dúo de fama internacional para augurar e inaugurar un buen puñado de eventos para un repertorio que también tiene un público incondicional que llenó el patio y ventanas del primer piso.

Foto © Víctor Gallego

Evidentemente tener entre nosotros a Raquel Andueza y Jesús Fdez. Baena por primera vez en Oviedo, resultaba un aperitivo que no podíamos perdernos, con un programa íntimo, en el amplio sentido de la palabra, que nos hizo sentirnos en Palacio como auténticos cortesanos privilegiados, música antigua siempre tan actual y cercana.

Amor y dolor, placer y tormento, paraíso e infierno, alma y cuerpo«pensar con el corazón y sentir con el cerebro» que decía el filósofo paleño Sebastián Mora en la radio mientras volvía en el coche para la aldea, frase perfectamente aplicable a lo que nos cantó y contó la soprano navarra en perfecta simbiosis con el tiorbista sevillano, con el único intermedio de la Toccata arpeggiata de Kapsperger capaz de hacer hablar sin palabras un instrumento ideal para la voz de Raquel Andueza, natural, limpia, fresca, sentida, teatralizando los bellos textos italianos de Merula, Strozzi, Landi o Ferrari, «apartar los Canarios» tras cantarnos la bellísima nana Figlio dormi, y acabar Si dolce è il tormento de Monteverdi, cuyas palabras abrían las notas al programa escritas por la JAM (casi JASP que decía un anuncio de hace décadas). Lo más aplaudido Ferrari (aunque aquí no pinte nada Fernando Alonso) aunque cada obra resultase un auténtico bombón relleno.

Ligeros cambios en el orden de los temas (tras la nana Son ruinato y Che si puó fare), pero sin perder un ápice esta unidad dual. Mi tocayo sevillano titula en una entrada de su blog «El dulce veneno de Raquel Andueza» comentando el disco que titula el programa disfrutado esta tarde, siempre antónimos que funcionan cual sinónimos, simbiosis vocal en cada joya del siglo diecisiete que embelesó, acalló y enamoró a todos los presentes. Despedida francesa con texto español y ganas de más, aunque el refrán dicte «Lo bueno si breve, dos veces bueno» del dúo Andueza-Fernández Baena, Pamplona-Estepa, Norte-Sur.

Ars Pulchra

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Sábado 12 de octubre, 21:00 horas. Catedral de León, Alia Mvsica, Miguel Sánchez (director). Peregrinatio I. Devoción Mariana. Obras de los siglos XII al XIV. Entrada libre.

Dentro del VIII Ciclo Músicas históricas de León, coproducción del CNDM y enmarcado en el XXX FIOCLE, el sexteto de Miguel Sánchez llenó la «Pulchra Leonina» para mucho despistado que se apunta a todo espectáculo gratis, cueste lo que cueste, incluso esperando escuchar el «bicho» que hoy dormía plácido. Con leer el cartel de la reja exterior hubiesen evitado cola, empujones para coger silla y comentarios fuera de lugar.

Organizado en tres rutas, el programa resultó interesante musicológicamente por el repaso del Ars Antiqva al Nova con anónimos latinos, Hildegard von Bingen, Philippe de Vitry, nuestro Alfonso X El Sabio o M. Iohannis Legalis para cerrar con un Romance de Don Gaiferos.


La ruta europea caminó a capella con las dos féminas hacia el escenario en el crucero y el Gloria, laus et honor tibi sit, contestado por los seis caballeros y el Christus resurgens parando en el coro, primeros «organum» donde la acústica catedralicia ayuda a multiplicar pero resta inteligibilidad. Los hombres compaginan voces e instrumentos, laúd, pandero y viola de brazo o fídula (alternando con el órgano portativo que alguno pensaría fuese el de Klais), siempre complemento o refuerzo a las seis voces empastadas para los orígenes polifónicos a dos y tres voces, monodia acompañada, voces iguales y mixtas, delicada y completa hermana Bingen y su O Virga ac diadema, hasta el Vitry de Vos qui admiramini… Gaude gloriosa, parada y encrucijada de caminos en León, ida y vuelta entre Montserrat y Santiago.

La ruta española empezó y terminó en el XIII, Cedit frigus hiemale, Maria, virgo virginum hasta la cantiga Por dereito ten a Virgen del rey sabio, nuevas combinaciones íntimas que se perdían en la grandiosa «Pulchra leonina» antes de la tercera ruta directa a Santiago, fuera Roderici (Juan Rodríguez) por indisposición de la soprano «titular» pero con la Vox nostra resonet de Legalis, el anónimo del siglo XII Dum pater familias más el tradicional Romance de Don Gaiferos, mismas combinaciones vocales pensadas para paladear en familia aunque la evolución del Románico al Gótico, de la monodia a la polifonía, viviese en todo recinto. Recreaciones e interpretaciones pulcras y sentidas pero sin la emoción del latín difícil de entender cual pueblo llano y regalo «in secula seculorum» donde prefiero cambiar el amén por un imperativo amen… Con todo, sigo peregrinando!

Ubicación: León

Del Pirineo catalán al Reino de Navarra

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Jueves 11 de julio, 20:00 horasGijón Música Antigua 2013XVI Festival de Música AntiguaCentro de Cultura «Antiguo Instituto». Eusakalbarrokensemble & Enrike Solinís: «La última princesa vasca».

La semana gijonesa traía a viejos conocidos esta vez en grupo, desde Euskadi al mundo, jóvenes aglutinados por Enrike Solinís (guitarra barroca y laúd) en torno a esta formación compuesta por Mariví Blasco (soprano), Kiya Tabassian (setar), Tamar Lalo (flautas), Miren Zeberio (violín barroco), Josetxu Obregón (cello barroco), David Mayoral (percusión) y Maddalen Arzallus (recitadora o «bertsolaria»), probablemente la menos valorada por unos textos en euskera que no entendí aunque siempre relacionados con ese proyecto de aunar la música del final del Reino de Navarra en el siglo XVI y textos contemporáneos. Como dice el programa, «la cuestión interpretativa está enfocada desde las premisas de la diversidad cultural (musulmanes, cristianos, judíos) que se dio en el Reino de Navarra en esa época y que se cree formaba parte de la rutina interpretativa musical».

Con obras variadas donde la soprano valenciana, de voz adecuada para este repertorio, jugó con su timbre de voz natural e impostada, siendo el primer registro realmente hermoso en las canciones tradicionales, y una formación que va alternando según las partituras y arreglos, destacando sobremanera la percusión de David Mayoral (por Pedro Estevan), membranófonos por doquier capaces de crear ambientes rítmicos desde la delicadeza, así como el siempre sorprendente Solinís que volvió con Tabassian a hacer las delicias del público en sus improvisaciones avanzado el concierto.

Agrupado en cuatro bloques pudimos escuchar obras cantadas e instrumentales:

«Amorosen Partitzia» incluía dos del «Cancionero de Palacio» cantadas en euskera, Gaiza Zenduan Lenizanok (Malo lo hubísteis lenizanos) y Jançu Janto (de letra enigmática con raíces en el euskara), las Estampies de «Le Manuscrit du Roi«, el popular Oi Pello Pello («Herrikoia», festiva o popular) y la hermosa Mowachah Billadi Askara árabe-andalusí que con el subrayado del setar de Kiya sonó aún más oriental en la voz natural de Mariví.

«Hamar Manamenduiak» agrupaba cuatro piezas de amplia cronología pero igualmente coherentes en el discurso musical de la formación vasca: Pavana y gallarda (Pabanea eta Gallarda) de C. Gervaise), Pelegria Naizela (Canción de peregrinos) también popular vasca, la judeo-vasca Efthah’na Séfathay para nuevo lucimiento de la valenciana radicada en Sevilla y la movida Bourreé de Avignonez de Philidor l’Aîné, siempre con textos alternando euskera y castellano, Navarra como cruce de caminos.

«Çu icusi ta beste gauçaric…» ya avanzado el programa fue lo que comenzó a animar a un público algo perdido en cuanto a los aplausos, dudando entre esperar cierre de bloque, pero tras Di, Perra Mora de Pedro Guerrero no pudieron sino arrancar de gozo, luego Luis de Milán con la Pavana y gallarda, y nuevo arrebato con la mencionada improvisación. A continuación Con amores, la mi madre (Juan de Anchieta) y Barri onac Dacart ((F. de Salinas) también provocaron bravos para la soprano siempre arropada por una formación que se mueve en este repertorio con una comodidad digna de elogio.

Las «Kontrapas» pusieron el punto final desde la Arpegiatta eta Colassione de Kapsberger en versión casi flamenca (al igual que la otra noche), la canción tradicional de Uzbekistán Gachyari Garalar traducida al castellano y cantada desde el mayor respeto a esas músicas que no necesitan mucha voz sino gusto (y a Mariví le rezuma) con el laúd de Enrique y el setar de Kiya, la Bralea eta Ezpatadantza vasca plena de rítmica popular y para el final recorríamos los Pirineos de los catalanes hasta Navarra con Araniés para escucharlos a todos en Un sarao de la Chacona, misma alegría contagiosa con arreglos adaptados a esta formación, y el estribillo contagioso que casi sirve de «himno» para esta decimosexta edición del festival:

Un sarao de la chacona

 

se hizo el mes de las rosas,
hubo millares de cosas
y la fama lo pregona:

 

A la vida, vidita bona,

 


vida, vámonos a chacona,

 


vida, vámonos a chacona

«A la vida bona«, esa pieza que canta a la sana diversión y a la risa de todos, la chacona como filosofía musical, real como la vida. Dejamos el CCAI hasta el próximo año…

…para el alma dejamos el concierto sabatino de LDO en el Teatro Jovellanos, y ahí estaremos para contarlo (cantarlo ellos) como buen «leónigan».

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