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Músicas viajeras

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 8). Música de cámara.

Jueves 26 de junio, 22:00 horas. Patio de Los Mármoles (Hospital Real). De al-Ándalus a Isfahán. Accademia del PiacereConstantinople. Músicas del Renacimiento español y de los imperios persa y otomano de los siglos XV y XVI. Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

Es asombroso el caso la Accademia del Piacere y cómo se puede pasar en un día de un programa complejo como el vivido en el Palacio de Carlos V a este en el Patio de Los Mármoles (Hospital Real), si bien es cierto que la complejidad de uno no tiene nada que ver con esta fusión entre Oriente y Occidente donde la calidad de los músicos les permite afrontar un concierto «llevadero», con mucha improvisación y unas obras que estos intérpretes llevan años transitando. Podría comparar este recital con una jam session renacentista donde todos los músicos tuvieron su protagonismo, sus solos y las «ruedas» que transitan entre los cuatro acordes básicos de la tonalidad (I-IV-V–I) aunque no llegaría como tal hasta el barroco posterior.

La presentación en la web del Festival ya dejaba claras la «línea programática» de la formación hoy en trío de Fami Alqhai con el cuarteto Constantinople:

Fusiones mediterráneas
«Dos conjuntos occidentales creados por dos músicos originarios de Oriente Próximo: Fahmi Alqhai nació en Sevilla, pero su familia es de Siria, donde él vivió de niño; Kiya Tabassian nació en Irán, pero desde adolescente reside en Canadá. Se reúnen en un proyecto que ha sido ya testado con gran éxito. Accademia del Piacere, el grupo de Alqhai, se presenta en formación básica de trío de violas da gamba; Constantinople lo hace como cuarteto. La música antigua europea se cruza aquí con las tradiciones orientales (persa y otomana, esencialmente) para un recorrido que tiene al Mediterráneo como la gran corriente que cohesionó sus orillas y propició un mestizaje cultural sin el que no se entendería el mundo moderno».

En tiempos convulsos para las tierras de donde provienen estos músicos, al menos nos queda la certeza que el patrimonio cultural se mantendrá por mucho que las guerras destruyan, y la esperanza de que más hermanamientos y fusiones como las de estas composiciones, muchas de transmisión oral que los especialistas y musicólogos han preservado en papel desde manuscritos desenterrados en monasterios y bibliotecas de palacios como el de Topkapi o los archivos catedralicios hispanos.

El trío de violas de gamba (Fahmi Alqhai, Rami Alqhai y Johanna Rose) son el sustento de unas músicas más cercanas a la monodia acompañada que a la polifonía, aunque comparta ambas, y si Fahmi «cantaba» era Rami quien realizaba el bordón o Johanna los «contracantos». Increíbles el setar de Kiya Tabassian, cómo sacar tanta música de un instrumento de cuatro cuerdas que igual rasgeaba que punteaba, y el maravilloso kanun de Didem Basar, una especie de cítara que no solo aportaba una tímbrica especial a este orgánico tan especial, también sus ornamentos a esa monodia instrumental que en los temas persas lo hacía con la voz de Tabassian. En este tránsito de oriente a occidente me recordó ese viaje de la tonada asturiana con o sin gaita, desde esa Persia hasta Marruecos, los cantos de los muecines en el alminar, el salto a Sevilla, los orígenes del cante flamenco y finalizar el trayecto por la originalmente romana Ruta de la Plata hasta mi tierra, del Mediterráneo al Cantábrico.

Los melismas, estilo de canto y acompañamiento instrumental son de la misma sangre, una transhumancia musical de la que todos han bebido. Y no puede faltar una excelente percusión, dos instrumentistas (Patrick Graham y Hamin Honari) que utilizaron desde los djembé y darbukas hasta un surtido «set» con panderos, panderetas, sonajas y mucho más, el necesario empuje rítmico pero también de amplio color, las pinceladas sonoras tan ancestrales que enriquecen unas obras de por sí monótonas (por lo repetitivas) y que solamente la tímbrica las hace men0s «aburridas», precisamente por el planteamiento de improvisar sobre unas melodías que se pierden en el túnel del tiempo.

Dejo a continuación las notas al programa firmadas por Juan Ramón Lara:

De al-Ándalus a Isfahán

«En 1582, Argote de Molina editó en Sevilla Embajada a Tamorlán, el extraordinario libro de viajes que escribiera Ruy González de Clavijo a inicios del siglo XV en el que narra su viaje junto al fraile dominico Alfonso Páez de Santamaría como embajadores del rey Enrique III de Castilla, hasta la corte del mítico Tamerlán: desde Cádiz a Samarcanda, con travesías tan deslumbrantes como Constantinopla o Persia. Por los mismos años de la publicación del sevillano Argote, el príncipe persa Uruch Beg, luego conocido como don Juan de Persia, hacía el viaje inverso desde Oriente a Europa, partiendo de Isfahán para establecerse en Castilla tras visitar las grandes cortes europeas.

Lejos de ser viajes aislados, estas embajadas fueron signo de los tiempos de una verdadera protoglobalización, la misma tendencia que empujó a Portugal a atravesar los océanos de oeste a este en busca del comercio con Oriente, y luego a Colón y Magallanes a cruzarlos en sentido contrario y cerrar el círculo del gran globo. Tales viajes no solo pusieron en contacto a los poderes de Oriente y Occidente, sino a culturas que, aunque lejanas, siempre mantuvieron cordones de contacto en la literatura, las artes y la música, empujando a la primera gran oleada de migraciones e intercambios multiculturales que unieron al mundo.

Inspirados en esos relatos, los conjuntos Constantinople –con sede en Montreal, Canadá, y dirigido desde el setar por Kiya Tabassian, nacido en la vieja Persia– y Accademia del Piacere –dirigido por el violagambista sevillano de origen sirio-palestino Fahmi Alqhai– se sumergen en las músicas del Renacimiento español y los Imperios persa y otomano de los siglos XV y XVI desde un marco narrativo basado en los textos de González de Clavijo y don Juan de Persia, para recorrer los viajes y las exploraciones cruzadas de estos dos viajeros a través de la música. Para ello, parten de manuscritos de los palacios sevillanos y castellanos de la Edad de Oro de la música española: un tiempo aquí llamado Renacimiento, pero igualmente prolífico para los músicos de las cortes persas y de todo el Imperio otomano, de quienes toman igualmente como materia prima musical los manuscritos desenterrados en monasterios y bibliotecas de palacios, como el de Topkapi de Constantinopla. Músicas modales de uno y otro mundo, obras maestras de esencias afines desde al-Ándalus a Isfahán, serán puestas en común por la mirada contemporánea de Alqhai y Tabassian».

No entraré a comentar cada obra del programa, tan solo destacar los proyectos de la Accademia del Piacere que lidera Fahmi Alqhai. Sus raíces y genes les llevan a la interculturalidad desde el conocimiento de cada música con un guiño actual que tiende a la mixtura o fusión. En el repertorio de nuestros Guerrero, Mudarra, Fuenllana o Santiago de Murcia son capaces desde el respeto a los originales, darles «una vuelta de tuerca» y traerlos a nuestro tiempo para acercarlos tanto a nuevos públicos como a los fieles seguidores en estos años.

Y unirse a esta Constantinople afincada en Canadá es otro paso más. Si Estambul es la puerta de Asia, parece que en un mundo ideal sin fronteras en cualquier territorio se pueden llevar y mantener  las tradiciones y el folklore, entendido como la cultura del pueblo (que incluye música, gastronomía, ropajes y costumbres… la llamada etnografía). No entenderíamos lo que cantaba Tabassian a capella o con las ornamentaciones del kanun y los diálogos con Fami, pero el orgánico elegido para ello, así como su expresividad en estos cantos persas, transmitieron un lamento que la música hace comprensible. Más de hora y media con bis incluido que deleitaron estos mármoles sin una silla libre y toda mi admiración por proyectos como este imperial persa, otomano e hispano de los siglos XV y XVI, de Isfahán a al-Ándalus, y si me apuran llegando hasta la Castilla que arrancase primero en el Reino Astur de esta piel de toro.

INTÉRPRETES:

Accademia del Piacere

Fahmi Alqhai, Rami Alqhai y Johanna Rose, violas da gamba

Constantinople

Kiya Tabassian, setar y voz

Didem Basar, kanun

Patrick Graham y Hamin Honari, percusión

PROGRAMA:

De al-Ándalus a Isfahán

Panj-gâh pishrow / Anónimo persa (s. XVI): Golestan

Anónimo / Fahmi Alqhai: Glosa sobre el canto llano Pange Lingua

Pishrow Mohayer / Osul Duyek / Anónimo persa (s. XVI): Ghome Ajam & Pir-e Mey Foroush

Francisco Guerrero (1528-1599) / Fahmi Alqhai:  Si tus penas no pruebo y su glosa

Luis de Narváez (c. 1500-1552): Diferencias de Conde Claros

Aga Mu’men (c. 1580-1640):  Nikriz Pishrow

Alonso de Mudarra (c. 1510-1580): Fantasia que contrahaze la harpa en la manera de Ludovico

Alonso de Mudarra / Fahmi Alqhai: Romanescas

Dimitrie Cantemir (1673-1723): Buzurg

Miguel de Fuenllana (c. 1500-1579): Fecit potentiam & Fantasia 37

Santiago de Murcia (1673-1739) / Fahmi Alqhai: Fandango

Kiya Tabassian: Chavosh

Mucho Mudarra

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Domingo 16 de julio, 12:30 horas. 72 Festival de Granada, Crucero del Hospital Real, “Cantar y tañer. Sones antiguos y barrocos”: El dulce trato hablando: la música de Alonso Mudarra, Armonía Concertada (María Cristina Kiehr, soprano; Ariel Abramovich, vihuelas de mano). Obras de Alonso de Mudarra. Fotos propias y de Fermín Rodríguez.

Comprendo al porteño Ariel Abramovich quien confiesa en su propia biografía «Deslumbrado por una fantasía de Luis de Narváez, decide –aún adolescente– su exclusiva dedicación al repertorio para laúd y vihuela del siglo XVI, decisión que mantiene hasta el día de la fecha sin mayor arrepentimiento». Este enamoramiento lo mantiene con los años, y en 2013 fundará Armonía Concertada dedicado a la literatura ibérica para voz y cuerda pulsada del siglo XVI.

En sus notas al programa, Pablo J. Vayón explica cómo la vihuela en el Renacimiento toma importancia, desde 1536 cuando «Luis Milán publica en Valencia el Libro de música de vihuela de mano intitulado El Maestro, la tradición vihuelística estaba ya bien asentada en España”, libros que ya en tiempos de buenas imprentas van reflejando tradiciones y adaptándose a la evolución de instrumento y estilos.

El palentino Alonso Mudarra (1510-1580), ya como canónigo de la catedral sevillana escribirá sus Tres libros de música en cifra para vihuela, un saber enciclopédico pues los dos primeros libros incluyen unas pocas piezas instrumentales destinadas a la guitarra que le ganaría terreno a la propia vihuela (fantasías, tientos, diferencias, danzas y glosas sobre números de misas polifónicas, casi todas de Josquin Desprez), y es en el tercer libro donde están varias piezas vocales que escucharíamos en este concierto matutino del vigésimosexto día de Festival en el ciclo “Cantar y tañer. Sones antiguos y barrocos”.

La soprano María Cristina Kiehr emigrada de Tandil a Basilea y alumna de René Jacobs también cambiaría el violín por la voz, especializándose en repertorios renacentistas y barrocos tempranos. De emisión natural aunque algo monótona al no ser unas páginas solísticas sino más bien en el estilo que sostiene la polifonía desde la vihuela, como explica el experto sevillano «la voz del superius mientras su acompañante reducía en un instrumento (de cuerda pulsada o de teclado) el resto de voces», una tradición heredada de los italianos siempre de moda en España.

Con un programa monográfico sobre el citado tercer libro de Mudarra, el recital se hizo algo pesante pese a la buena dicción de la soprano argentina y el polifónico acompañamiento de las vihuelas de su compatriota Ariel, aunque el calor le jugase alguna pasada de afinación (me hizo gracia que utilizase la aplicación de los “celulares” para tal menester) y antes del último bloque tuviese que acudir al camerino por la tercera “de reserva” ante la imposibilidad de lograr templar el instrumento. Mi posición en un lateral tampoco fue la óptima para poder escuchar mejor la proyección musical del dúo, alabando de todas formas esta defensa del patrimonio de voz y vihuela.

Las intervenciones solistas de Ariel Abramovich nos ofrecieron la calidez de “La abuela vihuela” (como reza el cuento musical de Noemí González), esa sonoridad ancestral antes de mudar a la guitarra más nuestra, una fantasía como forma libre de tocarla, caso del famoso romance de Conde Claros, o las dos glosas sobre partes de misas de Josquin.

Personalmente reconozco mi gusto por la polifonía renacentista pero en conjunto vocal y “a capella”, con el tactus y los modos antes de la llegada del barroco rompedor que unificaría tonos, modos y ritmos. Los textos elegidos por Mudarra son de por sí pura poesía en castellano, italiano y hasta latín, como en el último bloque que nos contó María Cristina Kiehr mientras Ariel buscaba la tercera vihuela. Pero optar por la melodía cantada más el resto de voces en la vihuela les da mayor peso y protagonismo, aunque la cantante confesase estar sin dormir y no tener la voz en condiciones óptimas. Tampoco la temperatura ni la sesión matutina son las mejores para este monográfico que se me hizo soporífero y falto de variedad, entendiendo la labor de difusión de Armonía Concertada que nos regalarían un coetáneo como Juan Vázquez también con texto de Juan Boscán.

Bien reunir todo los géneros vocales en este recital, analizados al detalle por el crítico y musicólogo sevillano, aunque personalmente presentar esta música renacentista de esta forma no sea una de mis mejores elecciones, más cuando presumimos de un siglo de oro polifónico y con excelentes grupos vocales nacionales que lo interpretan y llevan a unos discos cada vez más escasos en las grandes superficies. Al menos la casa Arcana publicó el primer disco del dúo, Imaginario: de un libro de música de vihuela, primera reconstrucción de un cuaderno para cantar acompañado a la vihuela, y hace dos, Glossa el segundo, The Josquin Songbook. El trabajo al menos queda recogido aumentando nuestro patrimonio musical y sonoro.

Armonía Concertada (2013)

María Cristina Kiehr, soprano – Ariel Abramovich, vihuelas de mano

PROGRAMA

El dulce trato hablando: la música de Alonso Mudarra

Alonso Mudarra (1510-1580)

De Tres libros de música en cifra para vihuela (Sevilla, 1546):

Si me llaman a mi
Gentil cavallero

Israel, mira tus montes

O, gelosia d’amante (Jacopo Sannazaro)

Claros y frescos ríos (Juan Boscán)

Fantasía por el segundo tono

Si por amar, el hombre

Por ásperos caminos (Garcilaso de la Vega)

Conde Claros

Itene all’ombra (Jacopo Sannazaro)

Fantasia por el primer tono

Recuerde el alma dormida (Jorge Manrique)

La vita fugge (Petrarca)

Hanc tua Penelope (Ovidio)

Dulces exuviæ (Virgilio)

Isabel, perdiste la tu faxa

Con dos eMes

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Martes 22 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: IX Primavera BarrocaCircuitos CNDM: Per voi ardo. La canción en los libros de vihuela. Carlos Mena (contratenor), Manuel Minguillón (vihuela).

Nuestro Siglo de Oro musical aún esconde muchas obras para seguir disfrutando. El dúo Mena-Minguillón han llevado al disco, con el sello IBS, este patrimonio titulado como el segundo concierto primaveral ovetense, Per voi ardo, obras de cinco de los grandes vihuelistas, más el siempre «actual» Juan del Enzina, una verdadera «playlist» de éxitos para escuchar con dos emes (Maravillosa Música) que ya tienen rodada y en Oviedo volvieron para dejarnos disfrutarla en vivo desde una sala ideal por acústica para estas maravillosas partituras, que escritas casi todas para cuatro voces, también era habitual cantar sólo la voz más aguda (bien explicado por el propio Minguillón en las notas) con las otras tres voces en la propia vihuela, un instrumento tan español como esta pareja de grandes intérpretes en un formato muy cercano. De nuevo la unión de poesía y música en estos madrigales italianos o franceses, también nuestro romancero y villancicos, que pese a estar escritos en el siglo XVI siguen igual de vigentes quinientos años después.

El vitoriano Carlos Mena mantiene su color vocal intacto, esmaltado, que en este repertorio resulta perfecta en su expresión y tesitura, dicción perfecta en todos los idiomas de villanescas o madrigales renacentistas, fraseos sentidos y melodías onomatopéyicas, con el siempre ideal complemento, más que acompañamiento, del madrileño Manuel Minguillón con dos vihuelas (en sol y en mi) de distinta sonoridad como también pudimos comprobar en sus intervenciones solistas, colocadas en cada uno de los compositores, de sonido delicado, cuidado y refinado.

Cinco de los siete cancioneros renacentistas que los vihuelistas españoles transcribieron con mimo para deleite de los cortesanos y reyes hispanos de nuestro «cinquecento», sin olvidarnos de Enzina, un avanzado de su época, al que Mena recreó con su gusto y poderío vocal. Y preciosistas las obras instrumentales con Minguillón, que no solo hizo de profesor explicándonos el origen de este repertorio sino que cada fantasía o tiento tan nuestros, fueron verdadera clase práctica del buen tañer.

El público disfrutó de estos dos músicos, conocidos de los buenos aficionados, como si la sala fuese del «Palacio del Agua» donde recrear esta música con cinco siglos que sigue sonando actual y admirada en esta real capital a la que llamo «La Viena Española», música de nuestro imperio y el mejor patrimonio posible interpretada por esta M al cuadrado (Mena y Minguillón).

Tras una hora que supo a poco, y aunque tengamos el disco para seguir disfrutándolo en su totalidad, todavía nos regalarían la primera folía de Rodrigo Martínez en el Cancionero de Palacio, y el bis de  la simpática Madonna mía famme bonna offerta de Willaert que cerraba el programa, además de quedarse un buen rato a firmar autógrafos y conversar con una afición fiel a la mal llamada «Música antigua«, más moderna que nunca.

Programa:

Enríquez de VALDERRÁBANO (ca. 1500-ca. 1557),  de Libro de musica de vihuela, intitulado «Silva de sirenas» (1547): «Gloriar mi poss’io, donne«, «Madonna, qual certeza» y «Amor tu sai pur fare«.

Juan del ENZINA (1468-1529): «Una sañosa porfía«, «Todos los bienes del mundo» y «Levanta, Pascual».

Alonso MUDARRA (ca. 1510-1580), de Tres libros de música en cifra para vihuela (1546): «Fantasia I», «Itene a l’ombra» y «O gelosia, d’amanti orribil freno».

Miguel de FUENLLANA (1525-ca. 1605) de Orphénica lyra (1554): «Tiento II», «Quanto sia lieto il giorno», «Il bianco e dolce cigno» y «Quando ti vegio».

Luis de NARVÁEZ (ca. 1505-1552), de Los seys libros del delphín de música para tañer vihuela (1538): «Fantasia», «Mille regretz» y el Romance ‘Paseábase el rey moro‘.

M. de FUENLLANA
de Orphénica lyra (1554): «Madonna per voi ardo» y «Tant que vivray».

Diego PISADOR (ca. 1509-1557)
del Libro de música de vihuela (1552): «Sparsi sparcium», «A quand’a quand’havea», «O bene mio fa, famm’uno favore» y «Madonna mia famme bonna offerta».

Todo con cuerda

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Jueves 29 de abril, 19:00 horas. Sala de cámara del Auditorio de Oviedo, Primavera BarrocaCNDM «Circuitos«: Enrike Solinís (laúdes y guitarras): «Ars Lachrimae«. Obras del Renacimiento y el Barroco. Entrada: 15 €. Fotos ©PabloSiana.

Continúa la cultura segura, las ganas de directo y el florecimiento de la Primavera Barroca de Oviedo en esta su octava edición que mantiene la colaboración con el CNDM y sus «Circuitos», trayéndonos en solitario al guitarrista vasco Enrike Solinís (Bilbao, 1974) que hizo un recorrido por la cuerda pulsada a través de la historia antigua desde la óptica actual, con cumbres y cordilleras, ascensos y descensos en un denso programa titulado Ars lachrimae, una panorámica de este personal viaje con mucha cuerda pulsada y todo un legado de la música para dichos instrumentos señeros desde una perspectiva y visión con identidad propia y distintas calidades.

Bien el primer bloque con el laúd renacentista y los aires melancólicos de Dowland que nos trajeron el intimismo de salón sin apenas descanso en esa senda hasta los grandes vihuelistas españoles pero desde el mismo laúd, algo que no entiendo pues MudarraMilánNarváez con sus pavanas y diferencias podrían haberse escuchado en nuestro instrumento identitario, «la abuela vihuela» de la que los hispanos fueron su verdadero «tridente». Explorar estas nuevas vías de ascensiones para este repertorio están bien, pero la cuerda elegida no me convenció del todo, si bien las notas al programa de Pablo J. Vayón son como el libro de ruta para explicar este itinerario opcional del instrumentista bilbaíno: «dicotomía entre dos mundos, el renacentista y el barroco, que son visitados siguiendo las líneas de las formas y los géneros esenciales de la música publicada (o simplemente interpretada) para los instrumentos de cuerda pulsada, muy en especial las danzas (…)  En un primer momento, las cuerdas pulsadas se vieron sustancialmente beneficiadas (…) aunque la realidad interpretativa estaba aún indiscutiblemente unida a la improvisación… los géneros trascienden las fronteras … fantasías (es decir, piezas más o menos libres que podían traducir justo una improvisación), glosas y variaciones sobre conocidas obras del tiempo (en España se llamaron «diferencias») y danzas, muchas danzas«.

Al Solinís en «estado puro» lo encontramos precisamente con ese «rabel pulsado» que nos recordó el medievo y la música del arco atlántico, el ritmo con aires reconocibles de los dos manuscritos del siglo XVI: el Barbarino con Quaranta de Francia y el de Osborn con dos danzas renacentistas, el Enrike rompedor desde hace años apostando por estos enfoques arriesgados y convincentes.

Pero el sosiego llegó en la bajada de estos cerros, montañas que son colinas para afrontar con el laúd barroco el ascenso a la verdadera cumbre que fue Robert de Visée (1655-1733) y una selección de la Suite nº 3 en re menor (I. Prélude II. Allemande III. Courante IV. Sarabande), donde la sonoridad es ideal pero faltó una pisada más segura del terreno. Se incrustó a Buxtehude antes que a Bach explicando las afinaciones de los distintos modelos utilizados y cómo la suite será la forma ideal de contrastar aires y transcripciones de la tecla a la cuerda pulsada. Prácticas habituales que personalmente me gustan porque «mein Gott» siempre es único y soporta todos los instrumentos, aunque no tanto Herr Dietrich. Cierto que el kantor se interesó por el archilaúd y la tiorba omnipresente caída en el olvido pero que parece rejuvenecer con esta generación de intérpretes como el propio Solinís o el asturiano Daniel Zapico. La Suite en do menor, BWV 997 de «nuestro señor» es una cumbre que exige un esfuerzo sobrehumano, más en la cuerda pulsada; matizados los cinco números (I. Preludio II. Fuga III. Sarabande IV. Gigue V. Double) la fuga fue lo más destacable por la claridad en las líneas y la sonoridad lograda en este repaso de la danza como columna central de los compositores elegidos.

Enrike Solinís retomó el pulso, cogió aire y nos despertó con la vihuela «salvaje», descarada, rítmica y punzante de nuestro Gaspar Sanz, las danzas que siguen siendo seña de identidad del músico vasco y verdadera alegría su interpretación, manteniendo este final en las dos propinas que fueron gratificantes y muy aplaudidas.

Los montañeros utilizan distintas cuerdas según los ascensos, unos pocos privilegiados han coronado los «ocho miles», todo concuerda en este paralelismo con cuerdas. Un esfuerzo de hora y media sin pausa de Dowland a Sanz sin olvidarse del mítico Bach para otro hito en «La Viena del Norte» español donde el Barroco mueve un público fiel al que la reducción de aforo (de por sí pequeño) en la sala de cámara del auditorio ovetense no le frena para comprobar la acústica ideal de madera y piedra, mucha cuerda que concuerda. La penúltima cita barroca y primaveral será en once días con la mezzo Vivica Genaux y Vespres d’Arnadí (con Dani Espasa), pero aún queda mucha música por el medio arrancando mayo, y aquí lo contaremos si nada lo impide.

La música interior de Santa Teresa

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Jueves 15 de octubre (festividad de Santa Teresa de Jesús), 21:00 horas. Catedral de León, XII Ciclo Música Históricas del CNDM, en coproducción con el XXXII Festival Internacional de Órgano Catedral de León (FIOCLE). Capella de Ministrers: Catherine King (mezzo), Carles Magraner (viola da gamba), Ariel Abramovich (vihuela): Mística: Paisajes sonoros del itinerario fundacional de Santa Teresa de Jesús. Obras de Juan del Enzina, anónimos, Diego PisadorLuis de Narváez, Francisco Guerrero, Miguel de Fuenllana, Antonio de Cabezón, Bartolomé Escobedo, Esteban Daza, Alonso Mudarra, Luys de MilánAdrián de MoxicaEntrada libre.

Nada mejor para comenzar esta crónica que un poema de la propia santa de Ávila en este 2015 donde se conmemora su quinto centenario:

¡Oh hermosura que excedéis
a todas las hermosuras!
Sin herir dolor hacéis,
y sin dolor deshacéis,
el amor de las criaturas.
Oh ñudo que así juntáis
dos cosas tan desiguales,
no sé por qué os desatáis,
pues atado fuerza dais
a tener por bien los males.
Juntáis quien no tiene ser
con el Ser que no se acaba;
sin acabar acabáis,
sin tener que amar amáis,
engrandecéis nuestra nada.

La música podría ser la destinataria de tan bellas palabras juntando dos cosas tan desiguales y necesarias como música y silencio, pues el recital de este trío resultó no ya un paisaje interior sino toda una sesión de recogimiento por parte de una feligresía no toda melómana pero igualmente entregada a una meditación más allá de la mística ante los textos elegidos, cantados o instrumentales que la formación valenciana -aunque plenamente internacional- fue desgranando durante más de una hora, como si música y silencio formasen un todo para que «Nada te turbe» volviendo a la Santa precisamente en el día de su festividad.

La voz femenina más natural es la clasificada como mezzosoprano, y así resultó la británica, canto natural, por momentos íntimo pero bien proyectado, con la dificultad del idioma y la dicción clara perdida a menudo por la sonoridad catedralicia que sin embargo compensó unos instrumentos perfectamente percibidos y contrastados, la viola de gamba del solista valenciano, tan cantarina como la humana y en otros momentos grave cual cuerda masculina, más la vihuela del argentino punteando, haciendo el contracanto y solista en sus páginas propias.

Música y textos de la época de la santa en su itinerario español, música como oración sin palabras incluso por compositores también clérigos, latín o castellano antiguo, alternancias instrumentales y vocales en este paisaje sonoro que todos caminamos con respeto casi olvidado. Partituras de distintos cancioneros, formas instrumentales variadas desde villancicos y villanescas a fantasías espirituales, romances y pavanas con sus glosas emparejados con textos de Santa Teresa, bellezas y recogimiento individuales y compartidos desde el silencio interrogante del alma a cargo de este trío con larga trayectoria como Capella de Ministrers. Las notas del programa explican bien este itinerario:

«En su libro Las fundaciones, la santa de Ávila apunta en varias ocasiones la presencia de “mucha música” en sus andanzas y hechos fundacionales. Es un paisaje místico que trata de pintar el concierto de la Capella de Ministrers, que recoge ejemplos de los cancioneros de Palacio y Uppsala. Coetánea de Teresa de Jesús fue la gran música española para vihuela, pero también la gloriosa polifonía, como la de Guerrero o Escobedo de esta velada, ese canto de órgano, tan sutil como un cristal, pues “que un punto o compás que se yerre, disuena toda la música”, como afirma Santa Teresa en el Libro de la vida«.

Dejo el programa así como los textos enlazados, destacando en el terreno instrumental la marcha anónima inicial Sacris Solemnis, la Fantasía del primer tono por gesolreut (de Los seys libros del Delphin (1538) de Narváez o la otra de Mudarra para acariciar la vihuela tenue de Abramovich, las obras de nuestro genio Cabezón,  Tiento X (del Libro de Cifra Nueva) o Para quién crié yo cabellos, romance y pavana con su glosa, recreando el dúo de cuerda tímbricas corales y de tecla siempre con mimo, aunque sería con la mezzo donde alcanzaron los momentos más intensos y bien dosificados a lo largo del concierto.

Nadie mejor que el salmantino Juan del Enzina para comenzar a disfrutar del recital, pero especialmente nuestro gran polifonista Francisco Guerrero con Si tus penas no pruebo, cántico espiritual, con voz y viola primero, voz y vihuela después y ensamblando el trío en orgánico canto realzando los textos, o las últimas Adiós mi amor, instrumental original para dos vihuelas donde la cuerda realmente cantó esta canción para ministriles de Lerma, y Niño Dios d’amor herido, «Canto de cisne blanco. Oh Señor mío y Esposo mío, ya es llegada la hora tan deseada» (Sta. Teresa), incluyendo recitado por parte de Magraner (que a mitad de concierto dirigió unas palabras a un ensimismado auditorio) más la voz de mezzo casi poniendo música celestial a las canciones y villanescas espirituales.

Me emocionaron los motetes, tanto el Erravi sicut ovis a 4 del zamorano Bartolomé de Escobedo y el de Bernardino de Ribera (o Bernardino de Sahagún) Virgo prudentissima donde la polifonía resultó viva con la voz cantada con recogimiento cual rezo de la mezzo y las otras voces instrumentales en un lujo de interpretación casi coral, así como Dama, mi gran querer de Adrián de Moxica. Otro placer el villancico de Miguel de Fuenllana o el de Esteban Daza de título Dame acogida en tu hato, de nuevo voz alternando el acompañamiento entre los dos instrumentos antes de la plenitud del trío, todas las obras engarzadas al detalle, para terminar regalándonos una villanesca de Guerrero para marchar en paz. Emoción teresiana en un itinerario musical y personal desde la Pulchra Leonina, marco perfecto para este verdadero acto de fe y devoción.

Sara Águeda, arpista y artista

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Jueves 19 de marzo, 19:00 horas. Museo de Bellas Artes de Asturias, Oviedo. II Ciclo de Música Antigua «Sonidos de la historia». Sara Águeda (arpa de dos órdenes): El teatro del arpa de dos órdenes. Obras de Fernández de Huete, Lucas Ruiz de Ribayaz, Fr. Agostinho da Cruz, Antonio de Cabezón, Martín y Coll, Juan Bonet de Paredes, Alonso Mudarra, Juan Hidalgo, Bernardo de Zala. Arpa construida por Javier Reyes (2007) basada en el modelo de Juan López de Toledo. Entrada gratuita.

Los jueves que no son santos toca ciclo de música antigua, cada vez más joven y con otro lleno en el museo para recapacitar cómo la capital asturiana tiene público adicto a todas las músicas, siendo estas programadas por la Joven Asociación de Musicología de Asturias todo un éxito que tendrá continuidad hasta el siguiente mes, con alternancia de conciertos y conferencias capaces de convocar tanta gente ávida de eventos donde siempre se disfruta. Vuelvo a dejar arriba escaneado el programa porque la información con formación siempre completa la escucha, y la sencillez no está reñida con el rigor. Un acierto y mi más sincera felicitación.

La arpista Sara Águeda traía a Oviedo toda una lección de música recuperada, escrita originalmente en su mayoría para un instrumento que compartió hegemonía y espacios con sus hermanos de cuerda y tecla. Siempre es difícil elegir la música para un recital o grabación, y más todavía organizarlo para no resultar demasiado lineal, máxime cuando se trata de un instrumento solo. Como artista integral que es, no solo fue presentando obras y autores sino que también nos deleitó con su voz natural de bello timbre en tres de los llamados «tonos humanos» donde el arpa acompañaba como entonces en las representaciones teatrales, siendo un recital ameno, didáctico, muy musical y breve. Más no se puede pedir.

Los que habitualmente seguimos a esta joven artista del arpa pudimos escucharla en el programa de Radio Clásica «La dársena» el pasado 26 de enero, presentando su disco «Un viaje a Nápoles» que también se vendió y firmó como una auténtica estrella al finalizar el concierto ovetense, afán de muchos por recuperar repertorios e instrumentos como llevan haciendo esta joven generación de músicos integrales desde España para todo el mundo.

Desfilarían como perlas engarzadas danzas, fantasías o tonos, bien hilvanados dando colorido desde la cercanía. Así comenzábamos con una Canción Alemana de Diego Fernández de Huete como uno de los compositores para arpa y «padre» por su tratado de cifra cual «biblia del arpa antigua» del que también pudimos escuchar unas Gaitas cercanas en geografía musical o los famosos Zarambeques, una Pavana, las Achas, las Españoletas y hasta las Xácaras de Lucas Ruiz de Ribayaz que nos transportaban a las danzas palaciegas bien ensambladas entre otras obras para hacer muy llevadero el orden programado, una pequeña incursión a nuestros vecinos portugueses con un Tento 4º Tom (de falsas do) de Fray Agostinho da Cruz que bien puede ser un fado de la época, siempre por ese intercambio de música vocal e instrumental que se daba en el Renacimiento, y el primer tono humano cantado por Sara Águeda: el anónimo del siglo XVII Yo soy la locura con una frescura y vigencia que cautiva desde el primer momento, acallando voces, respetando respetuosamente los bloques de obras.

Por supuesto no puede faltar nuestro inmenso Antonio de Cabezón, referente más allá de la tecla también para la cuerda del arpa en esas «migajas que se caían de la mesa» transcritas por su hijo Hernando, descubrimiento de sonoridades para un instrumento polifónico rico como es el arpa de dos órdenes (cuerdas cruzadas lo de doble cuerda, unas para las notas naturales y otra para las alteradas, como las teclas blancas y negras) así como los imprescindibles Canarios de Martín y Coll. El complemento Alonso Mudarra y su Tiento «Cifras para arpa y órgano» y la única obra no original pero claramente trasladable como es la conocida Fantasía X que contrahaze la harpa a la manera de Ludovico.

Cada obra era un redescubrir sonoridades, gama amplia de matices, nuevos ritmos frente al tactus y un instrumento cálido pero poderoso que Sara tañe con auténtico virtuosismo y musicalidad. Volver a escucharla cantar el anónimo Vuestros ojos tienen de amor, o la Noche tenebrosa del compositor y arpista Juan Hidalgo fue como un juego de luces y sombras en ese entorno increíble del museo con una acústica perfecta que cautivó a todos los presentes.

Tanto la Sarabanda de Bernardo de Zala como la que nos regaló de propina pusieron el broche brillante que cerraba un collar de perlas antiguas siempre actuales con cualquier vestimenta, y la de Sara Águeda unifica lo sobrio y monumental con la fantasía ligera de unas músicas atemporales. De nuevo felicitaciones a la artista y especialmente a los organizadores, juventud que apuesta por la calidad desde la calidez, auténticas delicias en un menú siempre abundante que para los «fartones omnívoros» como el que suscribe, nunca nos sacia.