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Una cantata para el Milenario

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El pasado sábado 20 de abril asistía en la Iglesia de San Juan Bautista del Monasterio de San Salvador de Cornellana al estreno mundial de la Cantata Sancti Salvatoris in Corneliana de mi admirado Guillermo Martínez (¡cosecha del 83!), con tiempo de sobra para disfrutarla a partir de las 20:00 horas, y con el templo del milenario monasterio a rebosar, pudiendo encontrar una silla vacía en un lateral con poca visión pero suficiente para escucharla, que era de lo que se trataba.

La Cantata para el Milenario del Monasterio de Cornellana (1024-2014) es un encargo de la FUNDACIÓN “VALDÉS-SALAS” con el patrocinio de CMC “XXI” (Cosmen Menéndez-Castañedo), escrita en 7 movimientos para soprano, mezzo-soprano, octeto vocal, coro de voces mixtas y un ensemble de metales, percusión, arpa y órgano. Al final de esta entrada dejo todo el elenco cercano a los cien intérpretes para una obra que contaba con un excelente programa de mano para los asistentes donde se incluía además de los textos, un interesantísimo artículo de mi profesor Ángel Medina, catedrático de Musicología de la Universidad de Oviedo ya jubilado, explicando la génesis de esta cantata, y uno más del profesor Daniel Moro Vallina titulado Músicas para un milenario con un análisis pormenorizado de esta cantata de Guillermo Martínez, un libreto para guardar en mi biblioteca como imprescindible fuente de consulta.

Tras la presentación, todos los músicos con el maestro Joaquín Valdeón responsable de otros estrenos de Guillermo Martínez, arrancaban la cantata organizada en siete partes, con una acústica no muy buena para los tutti, teniendo en cuenta que el ensemble instrumental era de viento y percusión más arpa y en el órgano el propio compositor, haciendo difícil la comprensión de los textos, que al menos pudimos seguir por escrito, haciendo difícil encontrar el balance justo ante tal contingente sonoro, aunque hubo momentos más delicados en la instrumentación donde poder apreciar el estilo del compositor y la hermosa musicalidad de varias partes bien interpretadas por los distintos solistas y todo el conjunto.

A nivel global y antes de algunas anotaciones a vuela pluma, comenzar por las dos solistas, la soprano ferrolana Patricia Rodríguez Rico y la mezzo gijonesa Serena Pérez, la primera con más protagonismo y «fija» en los estrenos de Guillermo, desde un prólogo en el segundo número o un aria muy exigente por todo lo que debe y tiene que cantar en el tercero de agudos casi imposibles que flotaron sobre el «ejército milenario», mientras la segunda resultó el contrapeso ideal, el contraste de color de su voz con una bellísima aria en el quinto número, más un buen empaste entre ambas voces.

Insistiendo en la acústica, mejor el Octeto vocal, auténtico «corazón» de la cantata, que el inmenso coro formado la unión de tres (Universitario, «Bloque al Canto» de los aparejadores asturianos más la Capilla «Palacio de Meres») en cuanto a la percepción de las armonías vocales de todo un castillo sonoro para el inicio y final cual fachada coral, si bien el impacto sonoro de ese Coro para el Milenario junto al ensemble instrumental y resto de intérpretes resultó por momentos impresionante.

En la escritura de esta cantata y sin entrar en los detalles del profesor Moro Vallina, hay partes delicadas, otras camerísticas alternando con tutti jugando con los propios textos y creando un clímax sonoro donde no faltaron los textos leídos, solos o sobrepuestos para unas tímbricas muy trabajadas. El Introito «In nomine Patris» arrancó con todo el coro más el ensemble, para que en el Tránsito («Los que buscan al Salvador») el octeto vocal entrase cantando cual coro gregoriano hasta ubicarse en su posición final a la izquierda del coro, mientras el prólogo corría a cargo de la soprano gallega. Interesante la alternancia de los textos, octeto, órgano, arpa, percusión, varias partes a capella y efectistas campanas antes del aria «En el corazón de la antigua España».

Otro de los números donde poder disfrutar fue el quinto, «Por mil años más, brille tu luz» con el aria de  la mezzo asturiana acompañada en momentos por el octeto vocal, otros por el ensemble y la delicadeza con órgano y arpa, buen ropaje para la voz con texturas muy trabajadas.

De instrumentación poderosa el  Ensemble, con órgano más el octeto de sonoridad muy «olímpica» por la Fanfarria «En el valle de las historias y de los viejos misterios», donde también intervienen el arpa antes de la solista del octeto (Ana Maria Peinado García, otra conocida de La Castalia que ya ha estrenado más obras de Guillermo Martínez) con arpa, una matizada parte central hasta la solista con trompeta, timbales y un Da Capo efectista (silbato incluido), de aires norteamericanos que tan bien maneja nuestro compositor lleno de épica.

Sancti Salvatoris es el último número, nuevos juegos de dinámicas, expresión y tímbricas variadas, con los coros callados  y el octeto a la izquierda, un Ensemble a todo volumen y cambios bruscos de matices (muy bien la trompa solista del mierense Jaime A. Sixto) antes del in crescendo, con los textos hablados alternados con el órgano, un pianisimo final todos juntos, un solo del bajo y mezzo del octeto para la entrada, sumándose la soprano gallega de agudos extremos y finalizando el Tutti  con órgano, arpa, octeto vocal y hasta un glockenspiel cual repique de campanas hasta la última entrada del Coro con las solistas juntas en un final colosal y glorioso que puso al público, que aún no lo estaba, en pie.

Larga vida al milenario Monasterio y toda la inspiración para Guillermo Martínez que sigue regalándonos obras para poder disfrutarlas y enriquecer nuestro patrimonio musical.

INTÉRPRETES

Patricia Rodríguez Rico, soprano

Serena Pérez, mezzo soprano

OCTETO VOCAL «Sine Nomine»:

SOPRANOSAna Maria Peinado GarciaÁngeles Rojas

MEZZOSOPRANOS: Vilma Ramírez ÁlvarezOlga Guseva

TENORES: Fernando Fuego GarcíaEduardo Pintado Sarachaga

BAJOS: André Phelipe Horbatiuk  – Fran Sierra Fernández

CORO UNIVERSITARIO DE OVIEDO

Maestro de coro: Joaquín Valdeón

&

CORO «Bloque al Canto»
(del Colegio de Aparejadores)

Maestro de coro: J. Valdeón

&

CAPILLA MUSICAL «Palacio de Meres»

Maestro de coro: Miguel QA

ORADORES:

Nuria Sánchez y Manuel Valiente (directores de Maliayo Teatro y Rizoma Escena)

ENSEMBLE INSTRUMENTAL

TROMPAS: Jaime Aurelio SixtoKonrad Markowski

TROMPETAS: Guillermo García CuestaSergio Lomas RonceroPablo Núñez Noval

TROMBONES: Ángel SapiñaLuis Fuego Casielles (TROMBÓN BAJO)

TUBA: Rafael de la Torre

TIMBALES: Miguel Díez Casado

PERCUSIÓN: Rafa Casanova OrtizFrancisco Revert GarcíaGabriel Catalán Rivera

ARPA: Mirian del Río

ÓRGANO: Guillermo Martínez

PRENSA:

Bálsamo para el alma

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Viernes 30 de noviembre, 20:30 horas. Real Monasterio de San Pelayo, Oviedo. Concierto de clausura del VIII Ciclo de Música Sacra «Maestro de la Roza». Escolanía San Salvador, Gaspar Muñiz Álvarez (director). Requiem de John Rutter (24/09/1945), estreno en Asturias.

Don Alfredo, Diego y Emilio disfrutaron en el primer banco celestial, pero el público que abarrotó desde media hora antes «Las Pelayas» (como se conoce familiarmente este monasterio que también está bendecido por Santa Clara y seguramente por Santa Cecilia) pudimos tocar el cielo desde el recogimiento, la emoción, la palabra subrayada y sublimada por una música tan bien escrita e interpretada por escolanos, «escolinos» e instrumentistas volcados en las manos y buen hacer de Don Gaspar, digno heredero de mi admirado y siempre querido Alfredo. También sonó su Salve Regina como colofón al homenaje que la Escolanía tributó a Sor Ángeles Álvarez (organista, compositora, directora y gran difusora de la obra del Maestro) al finalizar el concierto, gregoriano en voces blancas con y como  las monjas de clausura en el coro contrapuesto a la sabia polifonía tras la medalla de oro que seguro lucirá con el amor hacia el lenguaje universal de la música unido al de la oración.

La elección de instrumentos por parte del compositor británico está acorde con un dominio minimalista de los recursos para el subrayado de las siete partes de este requiem estrenado en 1985 pero escuchado por primera vez este último viernes de noviembre: órgano (Elisa García Gutiérrez), oboe (Juan Ferriol), flauta (Jorge Caro), cello (Elena Miró), arpa (Miriam del Río), timbales (Jaime Moraga) y glockenspiel (Andrés García). Hay múltiples referencias, homenajes directos e íntimos en el Requiem, pero además cada parte vocal rebusca en colores y matices intrincados, duros por momentos, en especial para las jóvenes voces blancas que se comportaron como campeones, sea el latín o el inglés el idioma utilizado.

Requiem aeternam, italianizado en su pronunciación, completo en un arranque sincero que entrega todo antes de lograr combinaciones siempre inspiradas, emocionadas, bien comunicadas por Gaspar Muñiz batuta en mano.

El arranque de cello para el Psalm 130: Out of the deep supuso también arrancar un girón del alma, sumándose coro, órgano, oboe, círculo que se cerraría antes del Pie Jesu, instrumental con un órgano omnipresente, claro, lleno, apoyando las voces blancas, serpenteando la melodía o rematando un tutti siempre íntimo.

Luz cegadora para el Sanctus – Benedictus, carillones, órgano y arpa ensamblados, voces graves, suma de cello y oboe, timbales, voces blancas, coralidad única en ensamblaje ayudado por la acústica deseada, dirección clara y precisa, entrega sin límites de todos, voces mixtas en perfecta mixura instrumental.

El abismo, lo tétrico del Agnus Dei perfectamente delineado en cada intervención instrumental y vocal, piedad cantada contrapuesta con arpa, madera, el bajón orgánico que nos dará La Paz.

Nueva esperanza en el Psalm 23: The Lord is my shepherd, guiados por arpa, órgano, oboe pastoralmente celestial, voces blancas, música instrumental, partes «a capella», música completa, tributo a Fauré, «nada me falta»…

La esperanza, Lux aeterna con timbales y órgano, «escolinos» con arpa y órgano, siempre Gabriel presente, delicia auditiva con esa vuelta al principio del «descanso eterno» casi deseado, susurrado, acunado y mecido entre algodones vocales.

Anotaciones como guión para intentar describir lo inenarrable, lo inefable: emociones, lágrimas y acto de contrición, penitencia y salvación con esta Escolanía de San Salvador realmente bendecida, voces del cielo acompañadas por unos músicos entregados al hecho religioso desde el propio entorno y un Gaspar Muñiz cuyo sacrificado dolor nos devolvió el placer terrenal. Nada mejor que repetir el Sanctus para liberar tanta tensión.

Las palabras de Ignacio Rico Suárez siempre en su sitio, gratitud y homenajes sentidos, incluido el final a Sor Ángeles con lectura por parte de Lucía Nieto del acta que daba pública fe de La Casa de Todos, sobre todo de La Música.

El trabajo hecho con el corazón parece menos sacrificado, pero la «Escolanía de Don Alfredo» afrontó su mayor reto en estos 40 años de historia, al menos el programa más ambicioso, y el premio merecido además de compartido con todos los asistentes. No podemos pedir más.

GRACIAS desde lo más profundo de mi alma musical.