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Buster Keaton y su maquinista Prutsman

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Domingo 16 de noviembre, 19:00 horas. Teatro de La Laboral, concierto 1974  de la Sociedad Filarmónica de Gijón, en colaboración con el 63 Festival Internacional de Cine de Gijón/Xixón (FICX): Sonorización de la película El Maquinista de La General (1926) de Buster Keaton y Clyde Bruckman, música de Stephen Prutsman (Los Angeles, 1960): Trío Arbós y amigos.

Desde sus inicios el llamado como «El Séptimo Arte» siempre tuvo música en vivo antes de poder incorporarle sonido, por lo que no me gusta hablar de «cine mudo» dado que según los medios disponibles en las salas y sus propietarios, el acompañamiento de las películas podía tener desde una gramola, una pianola, un piano solo, o toda una orquesta sinfónica, y con músicas improvisadas, que ayudaban y subrayaban la narrativa proyectada, pero también partituras originales que se interpretaban en vivo con la proyección. Muchos han sido los compositores a quienes sedujo escribir música para el cine desde entonces, sin incluir las adaptaciones o utilización de obras anteriores para conformar (y confirmar) las bandas sonoras, originales o adaptadas.

Personalmente he tenido la ocasión de participar como pianista unos años antes del centenario del cine, precisamente en Gijón (capital cinematográfica con su FICX) allá por 1982 coincidiendo con el Mundial de Fútbol en un «mundial cultural» de cine, donde en la Feria de Muestras se organizó un ciclo con películas cómicas y serias organizado por Isaac del Rivero, alternando junto al gran músico Antolín de La Fuente. También participé en lo que hoy se llama sonorización, junto a mi recordado Luis Miguel A. Ruiz de la Peña al violín, de La aldea maldita (1930) de Florián Rey, entonces con Juan Bonifacio Lorenzo, Boni, al frente en 1996 de la extinta Filmoteca Asturiana, en el Ateneo Jovellanos, así como «ponerle» música en vivo, durante la proyección en el teatro del paseo de Begoña, a la película Mieres del Camino (1926, Juan Díaz Quesada) felizmente recuperada de unos almacenes y restaurada para su exhibición., que incluso llevamos en 2013 dentro de las Jornadas Culturales a mi instituto mierense.

La ventaja de cumplir años me ha llevado a buscar siempre que hay ocasión de asistir a proyecciones donde la música en vivo es impagable, desde un lejano «Alexandre Nevsky» hasta reestrenos con partituras nuevas para películas de siempre, muchas ya reflejadas en el blog, así que no había otra opción dominical que escaparme hasta el Teatro de La Laboral para disfrutar con esa joya de película que es El Maquinista de La General de Buster Keaton con la música de Stephen Prutsman escrita en 2023 y que la formación que lidera Juan Carlos Garvayo (con el Trío Arbós y sumando amigos) está llevando estas incursiones dentro de la «música de cine» (alguna disfruté en Granada) que este tercer domingo de noviembre traía a Gijón uniendo dos sociedades tan significativas para la Villa de Jovellanos como son su Filarmónica y el Festival de Cine.

De “La General” de Buster Keaton, como se publicitaba cuando se estrenó en España en 1927, ya dijo Orson Welles que se trataba de una de las grandes obras maestras del cine, una producción espectacular para la época por la la planificación de las escenas, los extras, efectos y cómo se desarrolla la historia. No son una serie de gags (que hay, y muchos, en una historia ambientada en la Guerra de Secesión) como en otras películas del propio Keaton, sino un largometraje de casi 80 minutos, y para él la música compuesta por Stephen Prutsman en 2023 dialoga a la perfección con la imagen y la enaltece además de encajar a la perfección en una sincronización muy trabajada. Todo lo que escuchamos  da perspectivas distintas, desde un músico  que ama profundamente el cine y Garvayo «en quinteto» de amigos no solo la disfrutan muchísimo tocándola, algo que se percibe, sino que además compartieron la alegría con el público que casi llena el gran teatro de la antigua Universidad Laboral, manteniendo una acústica perfecta.

Juan Carlos Garvayo (Motril, 1969),en una entrevista para la revista Ritmo, ya nos hablaba de Prutsman a raíz de la premiere de este maquinista en el «Círculo de Cámara» (que programa Antonio Moral) el 12 de enero pasado, en el Teatro Fernando de Rojas del Círculo de Bellas Artes madrileño, que se inauguró en 1926, donde comenzó como cine donde se hacían las proyecciones con música en directo como la que hemos disfrutado nosotros un siglo después:

Cuando estudiaba en EEUU ya conocía su trabajo. Siempre me ha interesado el mundo de la música y el cine. Prutsman es un pianista y compositor que fue premio Tchaikovsky en los 90 y como hobby solía tocar en películas el piano con cuarteto de cuerda. Tuvo unas circunstancias vitales excepcionales que le obligaron cortar su carrera como pianista y dedicarse a su hijo que tenía un autismo severo para estar cerca de él.

Empezó a dar conciertos con cuarteto de cuerdas muy famosos americanos y él tocando el piano para bandas sonoras de estas películas. 

Le seguí en esa etapa y cuando me establecí en España y fundamos el Trío Arbós, contacté con él para hacerlo aquí. Confío en nosotros y hemos tenido el privilegio de tocar sus partituras. En “Sherlock Junior” que fue la primera que hicimos en el Círculo, le invité y vino. Estuvimos con él trabajando esa película. Nos dio todas las pautas para sincronizarnos. Él me decía “yo me siento a tu lado en el piano y si hay algún problema te digo aquí…. En los primeros ensayos vio que nos desenvolvíamos muy bien y me dijo que ya se podía sentar con el público a disfrutar.

La música de Prutsman tiene una viveza y unos matices tan intensos que se perciben desde el primer acorde. Se le nota el eclecticismo como jazzman, teclista de rock o arreglista para televisión, pero también de inmensa formación como pianista clásico (premiado en los concursos de piano Tchaikovsky y Queen Elisabeth) sin olvidarme de su larga colaboración con el Kronos Quartet. Su escritura aúna toda esa mochila musical, llena del glamour, textura y orquestación de la época dorada de Hollywood, pero donde la música y el cine no son dos espejos enfrentados sino que se realzan y se hacen eco mutuamente. Y como pianista le da al instrumento de sus bandas sonoras el protagonismo y liderazgo que Garvayo asumió desde los títulos iniciales hasta «The End».

Parece clara la inspiración de Prutsman en el estilo musical de la época vodevilesca, encontrándonos abundancia de ragtime, valses y fanfarrias, en un viaje sonoro con la locomotora «General» arrastrando y transportándonos a ese período, amplificando a la perfección los ingeniosos efectos cómicos de Buster Keaton, tanto el humor físico desmesurado, su torpeza casi copiada por el inspector Clousseau, como las expresiones más sutiles que hacen que la película siga siendo tan efectiva incluso 100 años después. No faltan  divertidos guiños musicales, a menudo con ingeniosas referencias anacrónicas para el oyente atento, y Garvayo junto a sus amigos nos deleitaron con una interpretación magistral de la partitura del músico estadounidense, con todo un racimo de melodías vigorosas, marciales, románticas, humorísticas, perfectamente ejecutadas y ajustadas con la película.

ARBÓS & FRIENDS
Juan Carlos Garvayo, piano
Ferdinando Trematore, violín
José Miguel Gómez, violonchelo
Paul Cortese, viola
Martina Alonso, violín

Espíritu CIMCO

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Jueves 18 de septiembre, 19:30 horas: Sala de cámara del Auditorio de Oviedo. IV Ciclo CIMCO: Trío Arbós (con Olimpia Oyonarte, baile): “Figuras de aire y fuego”. Obras de J. Turina, E. Granados y Jesús Torres. Entrada: 10 €.

(Crítica para La Nueva España del sábado 20 de septiembre, con fotos propias, tipografía que el papel no siempre soporta, más el añadido de los enlaces –links– siempre enriquecedores)

Cuando algo funciona se debe mantener, y el Ciclo Interdisciplinar de Música de Cámara de Oviedo (CIMCO) llega ya a su cuarta edición dirigido por Cristina Gestido, quien también presentaría este primero de los cuatro conciertos mensuales programados hasta diciembre con figuras reconocidas y conjugando diversas disciplinas artísticas que suponen otra apuesta sobre seguro de la Concejalía de Cultura ovetense para la candidatura a Capitalidad Cultural 2031, en pugna con otras ciudades españolas, personalmente manteniendo mi calificativo de “La Viena Española” por su oferta musical en comparación a su población y extensión, nuevamente en una sala de cámara ideal para estos formatos cercanos.

Este primer concierto nos traía al reconocido “Trío Arbós” (Premio Nacional de Música 2013) con un programa de tres autores españoles y épocas distintas pero siempre actuales, buen reflejo y tarjeta de presentación de este trío con larga y afamada trayectoria a nivel internacional, más de una treintena de grabaciones, recuperaciones de nuestro patrimonio musical y estrenos a ellos dedicados.

El granadino Juan Carlos Garvayo (Motril, 1969), fundador en diciembre de 1996 del trío, eligió el nombre como homenaje al madrileño Enrique Fernández Arbós (1863-1939), una figura mítica de nuestra música en su faceta de violinista, director y compositor. Garvayo es pianista, catedrático de Música de Cámara del Conservatorio de Madrid y académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, además de investigador y poeta, que además nos brindaría una excelente y documentada charla de introducción a las obras y compositores, todos españoles aunque de épocas distintas pero siempre actuales, reflejo y tarjeta de presentación de este trío con una amplia trayectoria a nivel internacional, más de una treintena de grabaciones, muchas recuperaciones de nuestro patrimonio musical y estrenos a ellos dedicados, como así fue este primer CIMCO del año.

Por el trío, siempre liderado por Garvayo, ha pasado un granado elenco de músicos que actualmente lo forman Ferdinando Trematore (violín) y José Miguel Gómez (chelo) junto al piano de Garvayo. Comenzarían con el sevillano Joaquín Turina (1882-1949) de quien han grabado su integral, y el Trío nº 2 en si menor, op. 76 (1932) mostró su lenguaje propio reflejado en esta obra que recuerda motivos de su “Sinfonía Sevillana” tras su paso por París y donde lo andaluz no se queda en lo folklórico. El “Trío Arbós” conoce a la perfección la partitura y el entendimiento, sentimiento y musicalidad permitieron disfrutar de una interpretación jugosa y cercana en los tres movimientos.

Del Trío en do mayor, op. 50 (1895) de Enrique Granados  (1867-1916), Garvayo es el “causante” de poder escucharla a partir del manuscrito original. Estudioso de su correspondencia y obra, esta partitura, escrita en una pensión madrileña, esperaba ser la “recomendación musical” para obtener una cátedra nunca lograda (curiosidades siempre interesantes narradas por el motrileño), siendo estrenada por el propio Granados al piano, Julio Francés al violín y el chelo de un joven estudiante en Madrid, Pau Casals, pero mutilada en su primera edición, que gracias al trabajo del granadino se puede escuchar “de primera mano”, tal y como la concibió el ilerdense, además de estar disponible la publicación de forma abierta, acceso libre y gratuito en la web del trío. Obra que compagina esta forma romántica centroeuropea pero respirando un lenguaje netamente español de estructura formal compleja, muy tardorromántica e inspirada del carácter personal y poético del compositor  catalán que el “Trío Arbós” interpretó de forma magistral, latiendo todos con el mismo pulso, conjugando protagonismos con una sonoridad clara, equilibrada y precisa donde disfrutar de una obra eternamente joven.

Y en este tránsito cronológico hispano del siglo XIX al actual, el compositor aragonés Jesús Torres (Zaragoza, 1965) aceptó la invitación del “Trío Arbós” a distintos músicos de nuestro tiempo para escribirles un trío donde el flamenco fuese inspiración sin ninguna indicación concreta. Así les regaló la “Malagueña ausente” (2016), espectacular en todo. Partiendo del ritmo primigenio de un palo muy nuestro, perfectamente marcado por el trío, se iría ausentando con un doble sentido: obra dedicada a su madre, que padece Alzheimer, y “huyendo” del flamenco aunque se sienta y respire. Para ello la “asturiana” Olimpia Oyonarte puso su alma granadina en una coreografía que partía desde el pasillo central con la danza española más contemporánea y académica. Sentida, bella visualmente vestido crema elegante, deambulando perdida como la mente enferma para lograr el “pellizco”, pausas, gestos, después palmas y pies en perfecta sincronización del aire tradicional con el trío que sintió suyo este regalo musical  de Torres, enmarcado en la tradición de sus predecesores  en la tarde de este jueves mateín, la música española internacional, lo popular más clásico y que tan buena música nos sigue dejando como seña identitaria universal.

Este primer concierto del CIMCO resultó un buen aperitivo a lo que aún queda hasta diciembre, el buen hacer con mejores ideas desde una buena programación y el respaldo de públicos habituales pero también nuevos.

Arranca el cuarto CIMCO

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Jueves 18 de septiembre, 19:30 horas: Sala de cámara del Auditorio de Oviedo. IV Ciclo CIMCO: Trío Arbós (con Olimpia Oyonarte, baile): “Figuras de aire y fuego”. Obras de J. Turina, E. Granados y Jesús Torres. Entrada: 10 €.

El Ciclo Interdisciplinar de Música de Cámara de Oviedo (CIMCO), que dirige y además presentó Cristina Gestido, inauguraba su cuarta edición -donde se ofrecerá un concierto mensual hasta diciembre- en otra apuesta musical pero también educativa y creativa donde la danza tiene su hueco, aunando diversas disciplinas artísticas con programas muy bien armados que cuentan con músicos de renombre actuando en la sala de cámara del auditorio ovetense, el espacio ideal para esta música de cámara por acústica y aforo.

En este primer concierto llegaba el “Trío Arbós”, Premio Nacional de Música 2013 con su pianista y fundador, el catedrático motrileño y además académico Juan Carlos Garvayo que nos daría una pequeña “MasterClass” sobre el programa de música española que escuchamos: obras de Turina (Trío nº 2 en si menor, op. 76), Granados (Trío en do mayor, op. 50) y Jesús Torres (“Malagueña ausente”) donde la granadina afincada en Asturias Olimpia Oyonarte pondría la danza española como complemento a esta obra del compositor zaragozano a la “memoria ausente” de su madre que padece Alzheimer.

El “Trío Arbós” fundado en diciembre 1996 eligió su nombre como homenaje al madrileño Enrique Fernández Arbós (1863-1939), una figura mítica de nuestra música en su faceta de violinista, director y compositor. En los 29 años de trayectoria El Arbós ha grabado más de treinta discos donde la música española es su tarjeta de presentación, recuperando mucho de nuestro patrimonio, y cientos de estrenos, con alguno de ellos vivido en primera persona desde Granada, de obras escritas especialmente para ellos.

Actualmente junto al piano de Garvayo el trío lo forman Ferdinando Trematore al violín y José Miguel Gómez al chelo. Con una importante y destacada trayectoria internacional, Oviedo sigue en el mapa como “La Viena española” y candidata a la capitalidad cultural 2031 al escuchar al “Trío Arbós”.

Turina abría la tarde y marcó el paso a seguir de una formación que late con el mismo pulso y sentimiento (tienen grabada su integral).

Con Granados, otra recuperación a cargo del trío, se demostró los años que llevan juntos interpretando estas obras que son fieles recreaciones de nuestro patrimonio con el sello ya inconfundible del compositor catalán en una interpretación impecable.

El mejor remate sería la espectacular obra de Torres y su “malagueña muy presente” compuesta para ellos con el baile sentido, vivido, plástico, bello y actual de Olimpia Oyonarte plenamente integrada con la música en vivo del Arbós para captar esos aires de flamenco universal con calidad atemporal, todo un espectáculo único e irrepetible, verdadera seña de identidad en esta fusión “interdisciplinar” del CIMCO.

Inquietud y sosiego

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 18a). Conciertos matinales.

Domingo 6 de julio, 12:30 horas. Crucero del Hospital Real. Trío Arbós. Juan-Alfonso García y la Nueva Música en Granada. Obras de Bach, Busoni, Sánchez-Verdú, Manuel Hidalgo, García Román y Francisco Guerrero. Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

Finalizando mi tercera semana de Festival volvía en sesión matinal al crucero del Hospital Real para seguir recordando a Juan-Alfonso en otra de la llamada «Nueva Música en Granada» que verdaderamente siempre suena nueva, y más en nuestro caso.

La web del Festival presentaba este aperitivo musical del domingo así:

La Nueva Música en Granada y Bach
El Trío Arbós presenta un fascinante diálogo entre Johann Sebastian Bach y la Nueva Música granadina, bajo el magisterio de Juan-Alfonso García. Juan Carlos Garvayo ha tomado algunos de los corales de Bach que Ferruccio Busoni transcribió para el piano y los ha convertido en piezas camerísticas vibrantes, que resuenan al contacto con la música de vanguardia de cuatro compositores que, desde distintos puntos de Andalucía, representan sensibilidades diferentes: el antequerano Manuel Hidalgo y el algecireño José María Sánchez-Verdú con su fuerte conexión con la creación germana; el linarense Francisco Guerrero, con su indomable y volcánica personalidad, en una obra para piano que preservó como la primera de su catálogo; y el granadino José García Román rindiendo homenaje a «la ciudad del corazón y de la amistad».

Nueva música en Granada de una escuela así bautizada desde Madrid con una conexión andaluza entre sus compositores y «Mein Gott, padre de todas las músicas», con transcripciones para trío de Juan Carlos Garvayo (también autor de las notas al programa) que fueron estreno absoluto, y donde explica a la perfección cómo unir el Bach de Busoni para recrearlo y combinarlo desde el preludio inicial al cierre desde un círculo virtuoso perfecto en un programa de Inquietud y sosiego, pues pese a que esta generación de compositores (dos de ellos presentes entre el público) no es tan nueva, menos aún se puede seguir denominando «vanguardias» tras 20, 30 o 40 años, aunque siguen provocando muchas preguntas al oyente que sólo, y siempre, dios Bach -en cualquier versión- es capaz de responder.

Explica y escribe el compositor además de pianista Juan  Carlos Garvayo (Motril, 1969):

Escuela juanalfonsina de composición

«Sólo cuando existe un nexo vital, efectivo y afectivo entre maestro y discípulo (como en los viejos talleres de arte), sólo entonces se puede hablar con algún sentido de escuela. Y puede que algo de esto exista entre nosotros». Estas palabras de Juan-Alfonso García pronunciadas en su discurso de contestación al de ingreso de José García Román en la Real Academia de Nuestra Señora de las Angustias de Granada, describen a la perfección la esencia de esa supuesta «escuela granadina de composición» —así denominada desde Madrid—, que engloba a los compositores incluidos en este programa en torno a su maestro común, Juan-Alfonso García. Sin embargo, la ausencia de rasgos estilísticos y estéticos comunes entre ellos, frente a la vigencia de los mencionados nexos vitales, efectivos y afectivos, nos inclinan más bien a hablar de una «escuela juanalfonsina de composición». La música de Juan-Alfonso no suena en este programa, pero su presencia simbólica aflora abrazando las músicas diversas y únicas de sus queridos discípulos, a través de cinco de los corales de Bach que Busoni reinterpretó en sus geniales versiones pianísticas. El copioso material polifónico y tímbrico propuesto por Busoni, invita a una nueva reelaboración del material, en este caso para trío con piano, que entronca con una práctica común entre los compositores representados: desde las originales orquestaciones guerrerianas de la Iberia de Albéniz, los corales de Franck orquestados por García Román, las reelaboraciones de obras beethovenianas de Hidalgo, hasta las recientes adaptaciones de Lieder de Schubert para voz y cuarteto de cuerda de Sánchez-Verdú. Describe José Luis Téllez el Trío III «Wie ein Hauch aus Licht und Schatten» (Como un soplo de luz y sombra) de Sánchez-Verdú como «una fascinadora exploración por los diferentes tipos de armónicos y de sonidos concomitantes […] para generar una música ingrávida y casi fantasmal que surge de la nada y a ella regresa». Sus nueve secciones van precedidas, como una suerte de guía emocional para los intérpretes, de versos extraídos de Poemas de la consumación de Vicente Aleixandre. Algunos de ellos («Ignorar es vivir: saber, morirlo» o «Pero ya no amanece») definen el pulso poético y trascendente en el que flota la obra. De civitate cordis de José García Román forma parte del ciclo de ciudades reales o metafóricas iniciado con la obra De civitate aquae en el año 2000. Esta «ciudad del corazón y de la amistad» rinde un homenaje criptográfico a José Luis Ocejo y a su Coral Salve de Laredo. Un fugaz motivo extraído del Te Deum gregoriano es sometido a sorprendentes combinaciones tímbricas y rítmicas entre violín, chelo y piano dibujando un personal y delicado trazo sonoro pleno de luminosidad y belleza. La música del antequerano residente en Alemania Manuel Hidalgo ha sido descrita como «sensual, arcaica, irrespetuosa, libre de dogmas» (F. Kämper). El particular universo de su Trío esperando reconstruye, mediante gestos precisos, elocuentes y un exquisito equilibrio de dinámicas y timbres, estilemas sonoros alojados en nuestra memoria musical más profunda. La obra sucede milagrosamente durante la espera de una resolución que nunca llega. Op. 1 Manual de Francisco Guerrero es fruto de un nuevo periodo en el decurso compositivo de Francisco Guerrero iniciado en 1976. Marcado por exigentes procesos de construcción formal que emanan de «acontecimientos» (que el propio compositor define como modos de ataque, diseños sobre los que estos actúan y duraciones), su título alude a los manuales o teclados del órgano —instrumento de su maestro Juan Alfonso— y a su capacidad de espacialización sonora. Articulada en cuatro secciones sin solución de continuidad, su ejecución supone un verdadero tour de force, un gesto casi heroico de naturaleza xenakiana.

«Efectivo» utilizar el Bach tamizado por Busoni, más actualizado que los corales originales y donde Garvayo desmenuza para el trío los registros organísticos y pianísticos de ambos. «Afectivo» alternarlo con esta «escuela granadina» donde Juan-Alfonso sigue presente en un festival que también dirigió y donde el órgano catedralicio fue su herramienta, pero sobre todo la ciudad que le inspiró tan vasta producción musical para saber aglutinar en su entorno una verdadera escuela «abrazando las músicas diversas y únicas de sus queridos discípulos«.

El Preludio-Coral BWV 667 es grandioso en «el rey de los instrumentos», Busoni lo reduce y Garvayo para su Trío Arbós lo reelabora tras la «deconstrucción» italiana y enlazarlo con el algecireño Sánchez-Verdú (1966), compositor residente de la pasada edición al que «los Arbós» ya han intrepretado, esta vez su trío III Wie ein Hauch aus Licht und Schatten para pasar del sosiego a la inquietud, una auténtica «Arquitectura de la ausencia» del gaditano muy exigente para un trío que debe trabajar unas tímbricas especiales, resonancias, golpes y una reflexión sonora que ya tiene 25 años pero sigue causando al menos perplejidad, con una interpretación rica por parte del Trío Arbós.

Tras los aplausos el despertar bachiano de su cantata BWV 140 con el posterior coral BWV 645 del que el Trío Arbós cantó sin palabras y devolvió sonoridades que Busoni en cierto modo «robó» para engrandecer el piano, ahora devuelta la raíz con los registros de las dos manos y pies traídos al violín, cello y piano «esperando» el trío del antequerano Manuel Hidalgo (1956) emigrado a Alemania pero de «escuela juanalfonsina» como la llama Garvayo. Nuevo desasosiego que explica el anterior y prepara los posteriores: recursos tímbricos, texturas y estructuras de hace 30 años que hoy en día siguen sonando novedosas para muchos (alguno se fue de la sala).

El coral BWV 615 nos «devolvió la alegría» (In dir ist die Freude) triplicada desde Busoni en otra interesante reconstrucción del compositor motrileño. Riqueza sonora más allá del piano con un buen «reparto» entre un violín casi viola y un chelo agradecido, enlazando sin respiro con De civitate cordis de otro alumno «juanalfonsino», el granadino José García Román (1945), una obra de 2004 que titula en latín «De la ciudad del corazón» con un lenguaje instrumental moderno, abriendo camino idiomático a sus continuadores pero sin olvidar los cánones compositivos clásicos, innovador en el tratamiento y desarrollo temático que el Trío Arbós interpretó con la profesionalidad y respeto a estas partituras, recibiendo el aplauso del autor al finalizarlo.

Como si corriese aire fresco el siguiente coral pedía «Ahora alégrense, queridos cristianos» (Nun freut euch, lieben Christen) BWV 734, más garbayiano que busoniano, ligerísimo en el trío que además coincidiría con un despliegue de abanicos sincronizados cual coreografía visual al «dios Bach», aplaudido sin dejar conectar con el siguiente como había sucedido en los anteriores.

Y sería el propio Juan Carlos Garbayo en solitario quien derrocharía todo el poderío, técnica, tímbrica, sonoridad, efectos y dominio del lenguaje contemporáneo en el piano del compositor linarense Francisco Guerrero (1951-1997), siempre recordado al que podría llamarle uno de los pioneros en aquella España de 1974 (junto a mi admirado Luis Vázquez del Fresno) con su colosal Op. 1 Manual -que revisaría en 1981- para abrir camino tras unos años oscuros pero esperanzadores, al igual que este programa de la mañana dominical que he titulado, y repito, como de «Inquietud y sosiego».

Mientras estaba finalizándola, volvían casi de puntillas al estrado Trematore y Gómez para enlazar con «dios Bach», desandar lo andado gracias a la maravillosa invocación del coral al Hijo, Ich ruf´ zu dir, Herr Jesu Christ, BWV 639: relajación, meditación y paz, tanto de Busoni como del Trío Arbós en el que Garbayo nos devolvería nuevamente unas sonoridades que ya han hecho nuestras con la «Nueva música en Granada» que lo es cada vez que la escuchamos en cada irrepetible y único directo (Radio Clásica lo grabaron para emitirlo en diferido gracias a unos técnicos que seguramente mejorarán lo vivido para revivirlo en las ondas).

INTÉRPRETES:

Trío Arbós:

Ferdinando Trematore (violín) – José Miguel Gómez (violonchelo) – Juan Carlos Garvayo (piano).

PROGRAMA:

Johann Sebastian Bach (1685-1750) Ferruccio Busoni (1866-1924)
Komm, Gott Schöpfer!, BWV 667 (1747-49) *
José María Sánchez-Verdú (1968)
Trío III «Wie ein Hauch aus Licht und Schatten (2000)
Johann Sebastian Bach / Ferruccio Busoni
Wachet auf, ruft uns die Stimme, BWV 645 (c. 1746) *
Manuel Hidalgo (1956)
Trío esperando (1995)
Johann Sebastian Bach / Ferruccio Busoni
In dir ist die Freude, BWV 615 (c. 1713-17) *
José García Román (1945)
De civitate cordis (2004)
Johann Sebastian Bach / Ferruccio Busoni
Nun freut euch, lieben Christen, BWV 734 (1708-17) *
Francisco Guerrero (1951-1997)
Op. 1 Manual (1974, rev. 1981)
Johann Sebastian Bach / Ferruccio Busoni
Ich ruf´ zu dir, Herr Jesu Christ, BWV 639 (c. 1713-17) *

* Transcripciones para trío de Juan Carlos Garvayo (estreno absoluto)

Títeres atemporales

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Miércoles 21 de junio, 22:00 horas. 72 Festival de Granada. Palacio de Carlos V, Universo vocal (Ópera I): El retablo de maese Pedro: “Un tríptico sobre Don Quijote”. Orquesta Ciudad de Granada (OCG), Alicia Amo (soprano), David Alegret (tenor), José Antonio López (barítono), Juan Carlos Garvayo (clave), Aarón Zapico (dirección musical); Compañía Etcétera, Enrique Lanz (dirección de escena, títeres, escenografía y proyecciones). Obras de Telemann, Boismortier y Falla.

Segunda oportunidad para disfrutar de un espectáculo que hace años Antonio Muñoz Molina llamaba “El teatrillo de mundo”, los títeres de cachiporra que en Granada llaman “cristobicas” o en Jaén (como en Asturias) chacolines, una fiesta para niños y mayores que nunca pasará de moda cuando las historias son pura literatura. El texto de “El retablo de maese Pedro” se basa en el capítulo XXVI de la segunda parte de “El Quijote” cervantino, con unas líneas de otras partes de la obra. En este capítulo, el titiritero Maese Pedro llega por casualidad a la misma venta en La Mancha de Aragón donde se encuentran Don Quijote y Sancho. Es la obra que representa Maese Pedro con sus títeres, la historia de la francesa Melisendra, esposa de don Gayferos, a quien tenía cautiva el rey Moro Marsilio, más la liberación por parte del enamorado de esta dama con el final de la persecución por parte de los moros. Llegado este lance, don Quijote en su locura no se da cuenta de que son títeres, destruyendo teatro y muñecos con el fin, según él, de salvar a los fugitivos.
El 25 de junio de 1923 se estrenó en el palacio de la princesa de Polignac en París El retablo de maese Pedro de Manuel de Falla, una de las obras escénicas más singulares e importantes de la historia de la música española. Concebida como una breve ópera de cámara para títeres, la obra se había escuchado ya en marzo de aquel mismo año en el teatro San Fernando de Sevilla, pero en versión de concierto. Para el estreno parisino Falla contó con la colaboración del profesor, grabador y escenógrafo Hermenegildo Lanz (Sevilla 1893 – Granada 1949). En 2009, su nieto Enrique Lanz, líder de la prestigiosa Compañía Etcétera, creó unas marionetas gigantes para presentar la obra en el Teatro Real que también se llevó al Auditorio de la capital asturiana gracias a la Fundación Ópera de Oviedo, y son esas marionetas las que llegaron al escenario de la Alhambra en dos funciones para celebrar su centenario.
Este jueves ya rodada la primera representación, todo encajó a la perfección: una OCG bien balanceada pese a su disposición, con una cuerda delicada (bravo el concertino), precisa y bien contrastada, las lengüetas encajando, los metales en su justa presencia, el clave “histórico” escuchándose más presente y límpido (con un Garvayo que no falla) y la percusión de Noelia Arco encajada en membranas, pandereta y castañuelas… hasta el eolífono o máquina de viento (que algún periodista en el estreno confundió con corrientes que se colaron en el palacio renacentista de Machuca) sopló más precisa “enlazando aires”. Aarón Zapico mantuvo la tensión necesaria para no dejar nada fuera de control, dominio absoluto tanto de la música como de la escena, mimando al trío vocal que este jueves la amplificación “trató mejor”, y en general un excelente “tríptico quijotesco” capaz de aglutinar y organizar una acción donde las épocas barroca y rococó junto al neoclásico de Falla, todas sin pausas, se organizaron para que el número final tuviese la preparación ideal que ayudase a entender toda esta ópera imperial más que camerística, espectáculo total completando un programa donde la magia volvió a surgir y creer que los títeres tienen vida propia y cantan.
Si el día del estreno la tarde mojó los títeres haciéndolos aún más pesados, la segunda fue perfecta y la compañía de Enrique Lanz volvió a triunfar (pese a algún espectador con los pulgares abajo desconociendo su rechazo). La música unió una acción en siete cuadros donde los títeres grandes cantan y presentan el “teatrillo” ya mágico manteniendo la esencia de hace 100 años. Arrancando alguna que otra risa, Melisendra encantadora con el concertino poniéndole el sentimiento, rescatada a caballo por Don Gayferos, los clarines, los “chacolíes” azotando y la música reforzando, títeres que contemplan los grandes, los cervantinos que cantan y actúan, el esforzado Trujamán de Alicia Amo, el niño de “doble voz”, el Maese Pedro de David Alegret que da con la campana el arranque de la acción, y el potente Don Quijote de José Antonio López todavía más corpóreo que su réplica gigantesca blandiendo la espada con la que desbarata el “tinglado”.
Pero la música de Telemann y Boismortier alternándose como si fuese única ex profeso para el espectáculo redondeó el éxito. Sabia organización del director langreano, un Aarón Zapico con tablas y conocimiento de este repertorio barroco diseñado desde la óptica escénica que encajaría perfectamente con Falla, el pregón musical y después de Maese Alegret invitándonos al palacio cual venta desde la Sinfonía que abriría el telón para que Alicia Trujamán fuese narrándonos la acción de “los Etcétera”.
Final de “Estocadas reveses y mandobles” que no destrozan sino que resucitan este retablo centenario donde Melisendra será Dulcinea y el tríptico sobre Don Quijote una ópera imperial que nos haría despertar después de 100 años con “otro sueño de una noche de verano granadino”.
P. D.: Muy recomendable la exposición en el Centro Federico García Lorca hasta octubre de este año comisariada por Andrew A. Anderson.
Ficha:
Palacio de Carlos V, jueves 22 de junio, 22:00 horas. 72 Festival de Granada. Universo vocal (Ópera I): El retablo de maese Pedro: “Un tríptico sobre Don Quijote”. Obras de Telemann, Boismortier y Falla.
Reparto:
Orquesta Ciudad de Granada (OCG) – Alicia Amo, soprano (Trujamán) – David Alegret, tenor (Maese Pedro) – José Antonio López, barítono (Don Quijote) – Juan Carlos Garvayo, clave – Aarón Zapico dirección musical. Compañía Etcétera. Enrique Lanz dirección de escena, títeres, escenografía y proyecciones.

De princesas y emperadores

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Miércoles 21 de junio, 22:00 horas. Inauguración del 72 Festival de Granada. Palacio de Carlos V, Universo vocal (Ópera I): El retablo de maese Pedro: “Un tríptico sobre Don Quijote”. Orquesta Ciudad de Granada (OCG), Alicia Amo (soprano), David Alegret (tenor), José Antonio López (barítono), Juan Carlos Garvayo (clave), Aarón Zapico (dirección musical); Compañía Etcétera, Enrique Lanz (dirección de escena, títeres, escenografía y proyecciones). Obras de Telemann, Boismortier y Falla.

Granada y Manuel de Falla forman un tándem inseparable desde que el gaditano la visitase varias veces a partir de 1915 hasta instalarse en 1921. La ciudad de Lorca uniría al poeta universal con el compositor y con el artista Hermenegildo Lanz, que llegaría a la ciudad nazarí en 1917, amistades que entre tanto talento dejarían “Los títeres de Cachiporra de Granada” junto al musicólogo Adolfo Salazar, o la “Fiesta del Día de los Reyes Magos” también con el llamado teatro guiñolesco. La princesa de Polignac encargaría a Falla El retablo de maese Pedro, especie de ópera de cámara moderna (que terminaría el 6 de enero de 1923) inspirada en estas funciones con títeres, y se estrenaría en el palacio parisino un 25 de junio de 1925, donde se utilizaron dos tipos de títeres: muñecos grandes para los personajes del público y figuras planas para los personajes del retablo.
Cien años después, “El retablo” sigue siendo palaciego, mejor en la Granada imperial de Carlos V que en el París de los “felices años 20” con la heredera de Singer (el de las máquinas de coser), invadido por el mismo espíritu original de Lorca, Lanz y Falla (muy recomendable la exposición en el Museo Casa de Los Tiros”El pasado presente” sobre el centenario del retablo hasta el 3 de septiembre) y que tenía que estar en este histórico Festival.
Todo un espectáculo en torno a la figura de Don Quijote con la OCG bajo la batuta del asturiano Aarón Zapico que pergeñaría un tríptico desde el barroco que domina desde sus inicios musicales, hasta este Falla centenario, una música global sin pausas con la inspiración literaria para unas músicas que sonaron como un “sueño de una noche de verano” con cumpleaños feliz tras detenerse las tormentas.
Con el palacio al completo en esta inauguración donde no faltó nadie ni nada, comenzaría a sonar Georg Philipp Telemann (1681-1767) y la Burlesque de Quichotte, obertura-suite en sol mayor, TWV 55:G10 (1716), la OCG ubicada atendiendo a la escenografía posterior y con las lengüetas algo separadas que tardaron en ensamblarse, con un Zapico pisando el acelerador apostando por los contrates y tempi arriesgando con una respuesta orquestal impecable y de auténtico barroco.
Sin pausas, aguantando desde la dirección la tensión que enlazaría en una unidad increíble seguiría Joseph Bodin Boismortier (1689-1755) con fragmentos de Don Quichotte chez la Duchesse, op. 97 (1743), misma tensión barroca, cuerda precisa, viento empastando mejor, percusión más “a tempo” y un clave “histórico” algo apagado pese a una amplificación suficientemente discreta que no logró el balance ideal que el Palacio de Carlos V necesitaría para esta música del XVIII con una orquesta del XXI, aunque la entrega de los músicos y su respuesta a la dirección del asturiano fue digna de admiración.
Y con la proyección en el “sobretelón” de los títeres quijotescos llegaría el esperado «El retablo de maese Pedro» (1919-1923) de Manuel de Falla (1876-1946).
El trío solista ubicado a la izquierda pero la acción de la maravillosa Compañía Etcétera de Enrique Lanz, volviéndonos niños nos hizo creer realmente que los títeres cantan, mantienen la acción en total compenetración con la música, y la amplificación que no siempre ayudó a las voces aunque la producción posterior seguramente encuentre el equilibrio justo. Con el cambio al clave “histórico” de Juan Carlos Garvayo, algo limitado en volumen pero con momentos de presencia impecable, una OCG sin limitarse en plantilla a la ideada por Falla, pues el palacio imperial necesitaba más músicos que el salón de “La Polignac” y una sincronización perfecta entre música y escena, Maese Pedro interpretado por el tenor David Alegret daría la pauta de este teatrillo al que cien años no son nada ante su actualidad en todos los aspectos, de amplificación compleja que no ayudó a disfrutar de su color ni textos. Del Trujamán interpretado por la soprano Alicia Amo comentar que tuvo la complejidad vocal de las transiciones entre un timbre de niño con los cambios dramáticos y la no siempre clara dicción, creo que debida a mi cercanía (fila 8) que mezclaba el sonido directo con el amplificado, aunque compensada por esos “cambios de registro” que ayudaron a la conjunción escénica necesaria. En cambio Don Quijote del barítono José Antonio López, siempre seguro de calidad y emisión, no tuvo las diferencias entre «natural y artificial» de su proyección y sensación de poderío, tanto corporal como de proyección, ventajas de esas voces que ni siquiera cambian el color ni la presencia tan necesarias para este Quijote de Falla.
Triunfo total de Enrique Lanz y toda su compañía, un equipo entregado hace años que volvía a dar vida a unos títeres históricos, familiares, con una escena tan creíble como bella con todo lo que conlleva mantener y actualizar un legado centenario. Espectáculo total es la ópera incluso de cámara, el Falla libre para crear esta joya tan actual como entonces desde la grandeza imperial que al fin es justa con una partitura bien leída e interpretada por un elenco al mando del maestro Zapico, conocedor de primera mano de esta producción que ya vivió e interpretó en Oviedo allá por 2009 desde el clave, y con mando absoluto este miércoles de festejos múltiples, llegada del verano para una noche primaveral donde Falla sigue presente y vigente.
La magia prosiguió en la noche granadina sin movernos de La Alhambra, asturianos y hermanos gallegos cerrando círculos y experiencias que mejor contarlas de palabra, pues hay sentimientos y casualidades en la vida que darían para una película. La banda sonora será de Falla…