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Un buen Duque de Alba

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Domingo 13 de diciembre, 19:00 horas. Teatro Campoamor, LXVIII Temporada de Ópera de Oviedo: Il Duca d’Alba (G. DonizettiM. Salvi). 19:00 horas. Primera función. Entrada: 15 €.

Tras 128 años volvía esta ópera de Donizetti con todo el esplendor de su lenguaje bien entendido por su discípulo Mateo Salvi que supo continuar y completar la obra del maestro para seguir sonando a puro belcanto con un reparto más que digno donde brilló la jovencísima Maria Katzarava (Ciudad de México, 1984), el Coro de la Ópera manteniendo su excelente nivel con Enrique Rueda sustituyendo de manera provisional al defenestrado Patxi Aizpiri, y una producción de la Opera ballet Vlaanderen, con una puesta en escena de Carlos Wagner que no molesta nunca en los cuatro actos, con momentos logrados, un vestuario excelente aunque sin aportar más que un intento de actualizar algo que es historia de España, y una buena dirección de Roberto Tolomelli al frente de una OFil siempre competente en el foso.

De la obra comentar que es Donizetti en estado puro con todo el drama hecho música lleno de arias hermosas para el trío protagonista, dúos, concertantes y un peso del coro tanto en escena como fuera de ella que en algún momento quedó corto exigiéndoles más volumen del necesario para compensar, pero siempre con acierto. Instrumentaciones que recuerdan su Lucía -hoy su onomástica- o Roberto, y un cuidado en la escritura vocal donde cada papel tiene su protagonismo escénico, por algo se le considera al de Bérgamo como el padre de la ópera romántica.
Amelia d’Egmont es una típica heroína operística con muchas dificultades para una soprano lírica porque requiere un buen registro grave además de todo el agudo belcantístico, y la debutante soprano mejicana Katzarava resultó perfecta para el rol, de color hermoso, emisión clara, amplia gama de matices y sobre todo un presencia escénica que eclipsó al resto del reparto. Habrá que seguir a «la Katzarava» desde ahora porque tiene mucha carrera por delante.

De sus compañeros, José Bros nos dejó un buen Marcel de Brujas, papel muy válido para su voz, más allá de la conocida aria Angelo casto e bel, aunque el color tienda a nasalizar por momentos para mejorar la emisión, lo que no quita un resultado global más que aceptable, bien en los dúos y concertantes, entregado al personaje con todo el dramatismo que tan bien sabe transmitir el tenor catalán, muy querido en Oviedo. El barítono Ángel Ódena está en un momento pletórico y mejorando con el tiempo aunque no me gusta su vibrato más allá de lo expresivo, pero reconozco que El duque de Alba es un papel grande en escena y lo defendió con solvencia, caracterizado para la ocasión como un actor de película.
Cumplieron mejor que en anteriores títulos el barítono Felipe Bou como Sandoval y el bajo Miguel Ángel Zapater como Daniele, aunque siga echando en falta la redondez de antaño. Bien las breves intervenciones del Carlo de Josep Fadó y el tabernero de Ricardo Domínguez.
La OFil sonó bien desde la obertura, bien controlada por un Tolomelli con quien los cantantes no tuvieron problemas ni por velocidad ni por dinámica.

Intentaré repetir el martes este cuarto título de la temporada, porque la obra bien lo merece y la música siempre triunfa, más con un reparto equilibrado para lo exigente de este Duque de Alba, independientemente de las licencias del argumento, a los españoles nunca nos dio miedo…

Norma ciega

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En un periplo mediterráneo llegamos a Perelada el martes 6 de agosto conocedores de la Norma del Festival con entradas baratas agotadas y caras inalcanzables, autoconvenciéndome que las gradas de Roland Garros no eran lo mismo que la grandeza de un teatro. Pudimos comprobar el calor y la explicación del horario, las 10 de la noche, analizando la posterior ubicación en el punto de escucha porque lo importante era disfrutar desde el exterior, cual entradas ciegas de mi juventud, y en un banco nos sentamos a disfrutar de Bellini en estado puro, compartiendo «palco» con tres melómanos hasta el descanso y solo las dos parejas que llegamos al final, imaginando y recreando la puesta en escena asturiana, porque también la ópera de Oviedo estaba en el Castillo.
Del reparto la única, inimitable y auténtica prima donna Sondra Radvanovsky recreó su personaje, voz poderosa e íntima capaz de despertar y contagiar su musicalidad a los pájaros del castillo, reafirmando la grandeza demostrada en Oviedo en un rol que será suyo en este siglo XXI aunque la Bartoli busque su otro punto vocal.
Prudenskaia con unas arias bien cantadas algo livianas en el registro grave pero unos concertantes y sobre todo los dúos bien empastados completó el protagonismo femenino.
Los caballeros estuvieron un escalón por debajo, Colombara mejor que un Bros válido incapaz aún de convencerme pese a su encomiable esfuerzo, Pollione siempre engullido por la gran Norma.
El coro de cámara del Palau bien en todas sus intervenciones y la OBC estuvo bien en conjunto con detalles excelentes que el Maestro Montanaro se encargó de realzar, optando por tiempos y dinámicas siempre adecuados a las voces.
Experiencia estival que quiero apuntar para reflejar esta «Norma ciega» donde Sondra fue la diva capaz de conmover y arrancar lo mejor de este público volcado con ella.
Caminando hacia el apartamento todavía retumbaba el auditorio en sus salidas a saludar. Después parecíamos unirnos todos en el regusto operístico. La tormenta descargó hacia las 4 pero no pudo protagonizar esta representación única.
Ficha Artística:
Sondra RADVANOVSKY , soprano: Norma.
Marina PRUDENSKAYA, mezzosoprano: Aldagisa
Josep BROS, tenor: Pollione
Carlo COLOMBARA, bajo: Oroveso
Jon PLAZAOLA, tenor: Flavio
Mireia PINTÓ, mezzosoprano: Clothilde
CORO DE CÁMARA DEL PALAU DE LA MÚSICA CATALANA
ORQUESTA SINFÓNICA DE BARCELONA I NACIONAL DE CATALUNYA (OBC)
Carlo MONTANARO, dirección musical
Susana GÓMEZ, dirección escénica
Antonio LÓPEZ FRAGA, escenografía
Alfonso MALANDA, iluminación
Gabriela SALAVERRI, vestuario
Producción de la Ópera de Oviedo.

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