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Ferrum la forja ganadora en Ejea de los Caballeros

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Ferrum, el coro masculino de El León de Oro, ganador del 51 Certamen Coral de Ejea de los Caballeros

El coro masculino Ferrum, parte del Proyecto LDO (El León de Oro), ha sido el ganador del 51º Certamen Coral de Ejea, uno de los encuentros corales más consolidados de España, que tuvo lugar del 25 al 27 de abril de 2025 en el Polideportivo Municipal de Ejea de los Caballeros. El Premio Popular ‘David Tellechea’, elegido por el público, también ha sido para Ferrum.

Este certamen, organizado por el Ayuntamiento de Ejea y bajo la dirección artística de Enrique Azurza, reunió este año a ocho formaciones corales procedentes de diferentes puntos del país, distribuidas en las categorías de coro adulto y juvenil. La competición destaca por su exigencia artística, su reputación nacional y por un jurado compuesto por reconocidos expertos en dirección y composición coral.

Desde su creación en 1970, el Certamen Coral de Ejea ha acogido a más de 500 coros y más de 20500 coralistas, y ha sido reconocido como Actividad de Interés Turístico de Aragón por su impacto cultural, pedagógico y su capacidad para proyectar la imagen de Ejea y de la comunidad.

Una de las señas de identidad del certamen es el encargo de una obra de obligado estreno en cada edición, lo que les hace poseedores de un gran patrimonio y legado de música aragonesa. En esta ocasión, se trataba de Madejas, del compositor José Manuel García Hormigo, reconocido por su aportación a la música coral contemporánea.

Además de esta obra obligatoria, Ferrum interpretó, como piezas libres:

En palabras del propio Certamen, la actuación de Ferrum fue una propuesta que va más allá del canto: un sonido propio, sensibilidad y una marcada vocación formativa. Bajo la dirección de Marco Antonio García de Paz, sus 32 coristas han ofrecido una actuación intensa y emocionante. Ferrum ha venido a Ejea pisando fuerte: no solo canta, también transmite y conmueve”.

Dirigido por Marco Antonio García de Paz, Ferrum es una agrupación de voces graves que renació en 2024, tras el parón de la pandemia, como nueva rama del proyecto LDO, con el objetivo de explorar la riqueza y profundidad de las voces graves y potenciar el desarrollo de jóvenes cantores comprometidos. Aunque de reciente trayectoria, ya cosechó el segundo premio en el Certamen de la Canción Marinera de San Vicente de la Barquera 2024.

Este certamen es una maravillosa ocasión para aprender y mejorar, y es, en definitiva, lo que nos mueve a estar allí, afirma su director, García de Paz. Testarte con las mejores agrupaciones del país, con grupos que trabajan enfocados en una competición, te aporta mucho. Además, lo estamos disfrutando con un programa precioso, y forma parte del desarrollo de un coro que quiere construir compromiso, calidad, atraer voces jóvenes y, por supuesto, lo principal siempre, disfrutar de la música.

Ahora, como coro ganador del primer premio en la categoría de adulto obtendrá el pase al Gran Premio Nacional de Canto Coral 2026, que se celebrará en Cocentaina (Alicante).

El Sistema también tiene coral

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Lunes 25 de marzo, 19:45 horas. Teatro Filarmónica de Oviedo, Concierto 2067 de la Sociedad Filarmónica de Oviedo (número 6 del año): Coral Nacional Simón Bolívar, Lourdes Sánchez (directora), Calio Alonso (piano). Obras de Fauré y música sacra a capella.

Oviedo sigue pidiendo pidiendo a voces la «capitalidad musical» y este Lunes Santo en apenas 300 metros teníamos dos conciertos corales: un laureado El León de Oro en la Catedral y la Coral Nacional Simón Bolívar en gira por España, agradeciendo tener a la capital asturiana entre sus paradas. Mi opción fue la segunda pues a los asturianos les disfruto más a menudo como «leónigan» confeso, pero tenía mucho interés en escuchar esta sección coral de «El Sistema» venezolano también a iniciativa del recordado José Antonio Abreu, quien decidió cumplir otro sueño: tener un gran coro profesional tras lis infantiles y juveniles (como con la orquesta) que manejara un elevado nivel de repertorio académico. Así fue como nació la Coral Nacional hace 18 años de la que esperaba un mayor nivel si tenemos en cuenta no ya el número de voces, rondando las 90, sino el grado profesional de una formación que además traía un programa que es habitual en «mi LDO» más el Requiem de Fauré que se escuchó el pasado viernes en el auditorio, aunque esta vez reducido al piano (ya recalcaba El Sistema que «Será difícil, lograr la atmósfera interna de espiritualidad sin el cobijo que ofrece una orquesta sinfónica») y que de optar por esta versión hubiese preferido el órgano por la mayor gama tímbrica.

Para un coro profesional está bien alternar repertorios de distintas épocas así como jugar con distintas formaciones, todas bajo las manos de Lourdes Sánchez de «gesto académico» contenido y que no siempre encontró la respuesta esperada. Arrancaron las voces blancas con el Miserere de la donostiarra Eva Ugalde, la única donde la directora dio el tono desde el piano (preparado para la segunda parte), y debiendo parar para repetir ante la falta de afinación. Una versión muy «plana» antes de incorporarse las voces graves, colocándose a la derecha de las blancas y desde entonces un miembro del coro sería quien diese los tonos, para comenzar con el impresionante Nunc Dimitis a 8 voces de Holst. El «poderío» previsto se contuvo en parte por un desequilibrio entre las cuerdas, con unas sopranos demasiado presentes y unos bajos sin la rotundidad exigible para que todo estuviese mejor asentado. Del gran compositor argentino Dante Andreo su Tenebrae Factae Sunt adoleció de los mismos problemas, con tardanza siempre en las entradas que el gesto de Sánchez tampoco «ayuda», necesitando más equilibrio entre las voces, mejor pronunciación aunque en los finales siempre fuera exacta, sobre todo los «nasales» donde el coro sí se mostró disciplinado y siempre afinado.

Las siguientes obras de Gjeilo y Vila se interpretaron con la misma intención que las anteriores, demasiado planas para todo lo que hay escrito tanto del noruego del catalán (llena de emoción hasta en el propio texto), con una línea de canto muy homogénea de matices y fraseos, más la repetida falta de mejor articulación.

Las voces en Brahms sonaron más empastadas y afinadas, aunque el texto en alemán no marcó suficientemente las consonantes ni los balances, mejor las voces graves que las blancas otra ez desequilibradas en presencia, antes del grupo masculino, voces iguales con unos bajos limitados en volumen para nuestro gran Javier Busto que tiene en España coros que defienden mejor su repertorio, y esperaba que los venezolanos hubiesen bebido de las fuentes directas, pero la solemnidad la resolvieron con más volumen que expresión, perdiéndose el tapiz coral del doctor Busto.

Vuelta a las voces mixtas con nueva colocación flanqueando las blancas a las graves para el resto de esta primera parte que sacó a relucir de nuevo unas sopranos estridentes y unos bajos comedidos, olvidándose que también tenores y contraltos completan la tímbrica y textura coral. Y pese a enfrentarse a dos obras «barrocas» a 8 voces como las de Lotti o Salazar, la interpretación mantuvo la línea de las obras anteriores, carentes del estilo y entrega necesarias para ellas, sin la intensidad coral del italiano ni el misticismo del español.

Lo mejor de esta selección a capella vendría con el norteamericano Forrest y su Entreat Me Not To Leave You, pues al menos se entendió el inglés y el coro pareció más cómodo en esta obra con las voces entremezcladas, ganando en sonoridad global así como en el entendimiento con la maestra Sánchez.

En el centenario del nacimiento de Gabriel Fauré la coral de El Sistema optó por el Requiem en re menor, op. 48 con el excelente acompañamiento al piano del granadino Calio Alonso, que volvía a este escenario de la calle Mendizábal, aunque un órgano con pedalero hubiese sido mejor opción y evitar contar con tres o cuatro manos (de una componente del coro) en la segunda parte del Agnus o en el hermoso Sanctus.

Esta vez la «contención» vino bien para poder disfrutar de un buen barítono para el Hostias et preces tibi del Ofertorio y el Libera me, o la soprano en un Pie Jesu algo «destemplado» pero bien de emisión, ambos componentes de un coro que no siempre entró a tempo y los matices fueron los escritos por el compositor francés para esta serena misa de difuntos, aunque siga prefiriendo su Cantique de Jean Racine o incluso el menos escuchado Les Djinss, op. 12 para estas formaciones sin orquesta, pero se agradece el homenaje.

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La propina con un tenor desafinando y de nuevo el excelente piano de Alonso, una estática Baba Yetu de Christopher Tin, al menos con una maraca para darle el aire de alegría tras un concierto con música para esta Semana Santa que nos trajo a la Filarmónica esta Coral haciendo un esfuerzo que es de agradecer para la centenaria sociedad ovetense. En defensa de la «Coral de El Sistema» ante mi decepción aquí reflejada, dejo las palabras de la propia directora para el diario La Verdad: «… permitirá que muchos de los exmiembros de la coral, hoy artistas de carrera internacional y que viven en Europa, se sumen y canten con sus compañeros de siempre… Además, conocerán y apoyarán a los nuevos integrantes que participan por primera vez en una gira internacional. Esto representará un encuentro muy emotivo y bonito».

PROGRAMA

Primera parte:

Eva Ugalde (España, 1973): MISERERE.

Gustav Holst (Reino Unido, 1874-1934): NUNC DIMITTIS. Lucas, 2: 29-32.

Dante Andreo (Argentina, 1949): TENEBRAE FACTAE SUNT.

Ola Gjeilo (Noruega, 1978): SECOND EVE.

Josep Vila i Casañas (España, 1966): IN PARADISUM.

Johannes Brahms (Alemania, 1833-1897): SCHAFFE IN MIR, GOTT, EIN REIN HERZ.

Javier Busto (España, 1949): DE PROFUNDIS CLAMAVI.

Antonio Lotti (Italia, c.1667-1740): CRUCIFIXUS.

Antonio de Salazar (España, 1650-1715): O SACRUM CONVIVIUM.

Dan Forrest (Estados Unidos, 1978): ENTREAT ME NOT TO LEAVE YOU. Ruth 1: 16-17.

Segunda parte:

Gabriel Fauré (Francia, 1845-1924): REQUIEM en re menor, op. 48.

Introit et Kyrie –  Offertoire – Sanctus – Pie Jesu – Agnus Dei – Libera Me – In Paradisum.

Piano: Calio Alonso.

Oro molido… y cantado

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Martes 15 de noviembre, 19:45 horas. Sociedad Filarmónica de Oviedo, Concierto 15 del año 2020 (2.040 de la sociedad). El León de Oro, Marco Antonio García de Paz (director): Tres estaciones de la belleza. Obras de S. Vivanco, F. Guerrero, T. L. de Victoria, A. Makor, J. Gavito, J. Vila, J. Busto, J. Domínguez y A. Alcaraz.

La centenaria sociedad ovetense acogió este martes a la formación coral asturiana más internacional y laureada de nuestro panorama musical, El León de Oro (LDO) que cumple ya sus bodas de plata pero por el que los años siguen manteniéndole en todo lo alto, «polifonía de oro» con la renovación generacional lógica de los años que no influye para nada en su excelencia, siempre con el sustento de los pocos fundadores aún en activo sirven para mantener aglutinado un verdadero estilo de vida y una forma de entender la música coral transmitida por el Maestro García de Paz, que además está llevando al Coro de RTVE a unos estándares en la línea de su «coro imagen».

El programa que trajeron hasta el teatro musical ovetense se organizó con el título tan sugerente de Tres estaciones de la belleza, casi un catálogo del amplio repertorio de nuestro coro «dorado» al que los «leónigans» rendimos culto, con obras muy trabajadas para esta temporada, caso de Sebastián de Vivanco (1591-1622) del que se conmemora su 400 aniversario, emparejado con otros dos grandes habituales en las voces del LDO, Guerrero y Victoria,  primera estación renacentista donde todos ellos brillaron al mismo nivel, pero colocando al compositor abulense en el lugar que le corresponde junto a la llamada «trilogía de oro» que los luanquinos interpretan como pocas formaciones y tantas alegrías les han dado desde el feliz maridaje con Peter Phillips. De Vivanco nos dejaron tres motetes con el sello inconfundible de los asturianos: jugando con 24-25-26 voces bien equilibradas y balanceadas, de afinación perfecta, emisión cuidadísima y una interpretación de calidad bien llevada por Don Marco que transmite no ya amor por esta música sino un magisterio de cátedra en perfecta simbiosis con sus coralistas. Y en el mismo bloque el Ave virgo sanctissima de Guerrero con todas las virtudes ya conocidas para finalizar esta primera «estación de belleza» con el Regina coeli de Victoria capaz de seguir emocionando con un doble coro en una acústica irreconocible por lo buena que resultó para estas voces únicas, bisándolo de regalo.

Segunda estación que mantuvo el latín como texto pero cantado para nuestro tiempo, O lux beata trinitas del esloveno Andrej Makor (1987) al alcance de pocos coros por la complejidad que con el LDO no se aprecia por su facilidad para estas partituras, otra joya de nuestro Jesús Gavito (1979) como es O sacrum convivium, uno de los componentes habituales del coro que hoy la docencia le impidió volver a disfrutar, como nosotros, de su magnífica obra interpretada por su «otra familia»; parada In Paradisum del catalán Josep Vila (1966) para degustar unas cuerdas deliciosas de color donde siempre me asombran las sopranos que son increíbles por sus agudos impolutos llenos de matices sin excesos, arropadas por los bajos contundentes a la vez que delicados, sustento coral necesario junto a todo el «tejido» de tenores y contraltos. Y qué decir del doctor Javier Busto (1949) cuyo O magnum mysterium sólo los «leones» pueden mantener en su ADN coral en estos 25 años las distintas generaciones que por él han pasado y pasarán.

Belleza de la estación tercera, también contemporánea de inspiraciones folklóricas porque en todos los estilos LDO mantiene su nivel de entrega y calidad, con dos obras del gallego Julio Domínguez (1965), otro de los compositores fundamentales del coro, con El mar se rizó a contrapelo de bellísima escritura e interpretación, o Si la nieve resbala de sus «Cantos asturianos», donde el público pudo comprobar la riqueza de nuestra tradición elevada a la excelencia coral bien compuesta. «Cuatro Jotas» de Jesús, Josep, Javier y Julio, antes de finalizar con otra de las obras que están como el mejor escaparate «dorado», la Fariñona y marañueles del alicantino Albert Alcaraz (1978), el legado que pasa por todos los cantantes de oro en estos 25 años y esperando siga transmitiéndose de generación en generación, pues no sólo refleja el espíritu asturiano allá donde lo cantan sino también la riqueza de nuestro patrimonio musical cuando se afronta desde el conocimiento coral y se interpreta con la altura de miras de El León de Oro.

De oro y plata: espejos y reflejos

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Sábado 1 de octubre, 20:00 horas. Colegiata de San Juan Bautista (Espacio Liberbank) de Gijón. Espejos y reflejos: El León de Oro (LDO), Marco A. García de Paz (director). Obras de varios autores. Fotos propias y cortesía de Beatriz Montes.

No se puede comenzar mejor este octubre que asistiendo al primero de los conciertos de la temporada del LDO en sus bodas de plata, 25 años que nos han pasado volando, o mejor «en un cantar», un pedazo de mi historia como «leónigan» viéndoles crecer, asentarse, renovarse y siempre sorprendiendo por su permanente búsqueda de la perfección y la belleza, buscando la excelencia con el buen hacer que les acompaña como sello inconfundible desde sus inicios en el bar homónimo de Julio García de Paz en Luanco, convirtiéndoles en todo un referente coral con su proyecto (Aurum y Los Peques) además de  reconocerles como uno de los mejores coros españoles (yo diría europeos sin que me ciegue la pasión).
El título del concierto, Espejos y reflejos, lo describe el propio Marco en las notas al programa: «Celebramos lo que hemos sido, lo que somos y lo que esperamos llegar a ser», un programa donde pasaron revista a las obras que «nos acompañaron en nuestros inicios, que nos hicieron madurar, aprender, enfrentarnos a retos que parecían imposibles, que nos hicieron destacar y crearnos un nombre y que marcan el camino por el que queremos  seguir transitando». Fieles siempre a un estilo propio, conjugando pasado, presente y futuro con un relevo generacional que mantiene la base inamovible y segura, necesaria para el aprendizaje de las incorporaciones.
El pasado, más presente que nunca, con sus interpretaciones del Renacimiento español que les abrió puertas en Inglaterra de la mano de Peter Phillips, un hito y colaboración más allá de lo discográfico, un amigo. Este sábado Vivanco, celebrando el cuarto centenario de su muerte, Guerrero que junto a Victoria (sólo faltaba Morales) completan la «trilogía dorada» que sigue brillando en sus voces: abriendo concierto O quam suavis de Sebastián de Vivanco (1551-1622), empaste ideal, vocalización precisa y la afinación inconmensurable; Mi ofensa es grande y Sancta et immaculata de Francisco Guerrero (1528-1599), la segunda con unas voces blancas siempre impresionantes por unos agudos penetrantes pero aterciopelados y las graves como diría mi compañera de silla, «dulces», para finalizar este bloque con el Regina coeli de Tomás Luis de Victoria (1546 -1611), marca de la casa, el fraseo impoluto, el empaste y equilibrio que dan las voces extremas a modo de sustento perfecto para la edad de oro de la polifonía a cargo de unos leones con muchos quilates.
Presente de compositores que han encontrado en el LDO la mejor formación coral para sus obras y el coro asturiano caminos explorados sin etiquetas, otra trilogía actual con Vila, Dubra y Busto, dedicándole Marco a Óscar Camacho este segundo bloque «presente» en el que causas más cinéticas que «cinégeticas» obligaron a nuestro querido compañero a «chupar banquillo» pero reconociéndole públicamente su trabajo en la sombra a lo largo de tantos años con sus amigos: In Paradisum de Josep Vila i Casañas (1966) verdadera maravilla del sabadellense que en estas voces resulta realmente «paradisíaco», el llamado arcón del que siempre salen obras que han marcado el devenir del coro luanquín; continuarían con un estratosférico Stetit Angelus de Rihards Dubra (1964) en la línea polifónica báltica de nuestros días con este letón que parece componer a medida de los «leones», cómodos en estas obras arriesgadas pero verdadera apuesta por la música actual en las voces con más futuro: para rematar este segundo bloque O magnum mysterium de Javier Busto (1949), la partitura que está en los genes de nuestro coro y el propio doctor de Ondarribia sigue asombrándose por la interpretación de un LDO sonando cada vez mejor, como comentaría el propio Marco, pues en estos tiempos sigue luchando por superarse.
Y futuro esperanzador manteniendo la labor de transmitir nuestro legado español transitando todas las épocas con la misma entrega y calidad, repertorios actuales que conocen de primera mano trabajando duro para afrontar obras que están al alcance de muy pocos coros, desde la apuesta por Ugalde (las mujeres al fin protagonistas) y Alcaraz hasta el icono coral de nuestro tiempo, Whitacre, siempre en busca de la excelencia: como muestra de calidad el Miserere de Eva Ugalde (1973) a cargo de ellas, parte de las Aurum integradas en LDO incluyendo a la propia Elena Rosso (un auténtico placer escucharla entre iguales); el Ecce quomodo moritur justus de Albert Alcaraz (1978) constituye otra de las obras del  compositor alicantino con el que este coro se identifica y hace suyas todas sus obras; finalmente Sainte-Chapelle de Eric Whitacre (1970), polifonía de hoy para coros con solera entre los que se encuentran los asturianos, arranque gregoriano digno de abadías, coralidad impregnada de buen gusto y una interpretación con mucho recorrido antes de engrosar el amplio arcón que en estos 25 años tienen los gozoniegos.
Tres bloques diferenciados, escuchados cada uno con un silencio respetuoso por un público ensimismados ante la calidad de unas voces que hoy, sin llegar a 30, sonaron equilibradas, afinadas y entregadas en un marco de belleza y acústica ideal para un repertorio que constituye la espina dorsal de este coro asturiano e internacional.
Agradecimientos a los mecenas, entre ellos SATEC, a los socios protectores, las administraciones públicas, a los colaboradores, amigos, y por supuesto a la irreemplazable Adela Sánchez. Y un regalo que no hacía falta presentar: Fariñona y marañueles del citado Alcaraz, con solo de Elena, la mejor estampa asturiana comprendida por el noveldense que tantos otros coros interpretan y el LDO lleva siempre en la mochila.
Y para despedirnos, del gran Jesús Gavito Feliz, docente, compositor, director y bajo fundador de estos «leones», En toda la Quintana que se estrenase en este mismo recinto, con solo de Sandra Álvarez, timbre ideal para esta obra nuestra armonizada «a medida» por el músico parragués que puso el mejor broche de oro para esta temporada de plata que los «leónigans» disfrutaremos todo lo que se pueda, esperando llegar a celebrar con ellos los 50 años. Hay cantera, ilusión y el objetivo de alcanzar la excelencia.
FELICIDADES LEONES

Cercanos sentimientos corales

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Domingo 26 de septiembre, 19:00 horas. Colegiata de San Juan Bautista, Gijón. «Nuestra música actual«: El León de Oro, Marco Antonio García de Paz (director). Obras de: Josu Elberdin, Albert Alcaraz, Javier Busto, Julio Domínguez y Jesús Gavito. Entrada por invitación.

Casi 25 años de historia coral asturiana tiene a sus espaldas El León de Oro –LDO– un proyecto de vida que busca la excelencia, con una cantera que surte de voces al coro adulto donde nunca se notan musicalmente las incorporaciones ni las bajas porque las líneas de trabajo son las mismas desde los inicios y la convivencia entre veteranía y juventud es lo mejor para mantener una calidad suprema que ha convertido a la formación vocal asturiana entre las mejores del mundo dentro de los llamados coros amateurs siempre actuando como profesionales.

Da gusto seguirles en este crecimiento y madurez que dan los años, presumir de «leónigan» y comprobar que el trabajo bien hecho, con entrega y pasión, tienen su recompensa: la actual gira del coro con la Novena de Beethoven junto a la orquesta de Savall, e incluso el debut orquestal  de su director y fundador Marco A. García de Paz con la Oviedo Filarmonía o su reciente nombramiento como titular del Coro de RTVE.

Este último domingo de septiembre, primero otoñal aunque veraniego aún por temperatura en la capital de la Costa Verde, me considero privilegiado y agradecido de la invitación para asistir a la presentación de la segunda temporada propia de «los leones» con una selección de obras sacras y populares escritas por compositores españoles vivos, muy cercanos todos a la propia historia del coro que han entendido el folklore asturiano desde la excelencia coral, y en la línea de seguir apoyando lo nuestro, lo de casa, música y músicos cercanos de distintos estilos corales que son vanguardia del mundo coral español y universal, partituras que LDO ha llevado por todas partes asombrando no ya interpretativamente, como este concierto, sino con unas obras maravillosamente bien escritas que con estas voces alcanzan verdadero sentimiento coral.

Si las chicas solas abrían las partes sacras y populares del concierto, portentosas con páginas a voces iguales que suenan celestiales, el «Aurum» de Elena Rosso, hoy de nuevo solista excepcional,  el coro al completo desgranó lo mejor y más popular de su repertorio, que hasta nos dejaron dos estrenos mundiales pensados por y para ellos: el regalo para la boda de Marco y Elena que les hizo Julio Domínguez y al fin escuchamos en las voces de sus destinatarios, y la «reinterpretación» de En toda la Quintana que Julio Gavito, también bajo del coro, preparó pensando en su propia formación, colocando cuatro voces blancas emparejadas en los dos púlpitos sobre el escenario de la Colegiata desacralizada, que sigue teniendo una acústica ideal para la música. Estrenos de dos compositores igualmente presentes en el resto del programa pues también hubo de regalo O Sacrum Convivium del propio Gavito, que cerraría un concierto de obras sentidas, queridas y mimadas por Marco García de Paz, parte de la propia historia del coro compartida por muchos de los presentes, volviendo a demostrar que son vanguardia coral en interpretación de todos los estilos, comunión sacra y profana en tiempos difíciles que LDO incluso con mascarillas, hacen fáciles y más llevaderos.

Excelente idea conjugar repertorio sacro y popular, pues en ambos se mueven cómodos y entregados, el empaste envidiable, la afinación perfecta, el sustento de unos graves poderosos y el paraíso de unas sopranos estratosféricas siempre contenidas, para un concierto donde los compositores elegidos resultan los ideales para las características corales de las que «los leones» siempre son el mejor exponente. parte de su propia esencia, depositarios de la inspiración de los amigos y embajadores de nuestra música actual como así titularon el programa gijonés.

Programa: Nuestra música actual 

Salve Regina – Josu Elberdin (1976)

Ave María gratia plena – Josu Elberdin (1976)

Ecce quomodo moritur justus – Albet Alcaraz (1978)

O Magnum Mysterium Javier Busto (1949)

Estou amor aquí – Julio Domínguez (1965)

Cantos asturianos – Julio Domínguez (1965)

El mar se rizó a contrapelo – Julio Domínguez (1965)*

Del aire y la arenaJesús Gavito (1979)*

Fariñona y marañueles – Albert Alcaraz (1978)

*Obras de estreno

Notas al programa

Con esta selección musical nos adentramos en el recinto de lo más sagrado y al mismo tiempo el lugar de lo más cotidiano, de aquello que se encuentra vivo en nosotras y nosotros. Hoy escucharemos música coral de nuestro entorno más cercano, autores de varios universos compositivos que se posicionan a la vanguardia de la música coral española, pero sin olvidar la raíz de la tradición popular. 

El programa se inicia con dos obras del guipuzcoano Josu Elberdin, ambas sobre textos de alabanza a la Virgen que celebran su regalo al mundo. Se crea así un fuerte contraste con la composición de Albert Alcaraz sobre el responsorio Ecce quomodo moritur justus por lo solemne de su texto: “Observen como el justo muere. Y nadie se da cuenta”. 

Seguimos con el gran misterio de la Cristiandad puesto en música por Javier Busto, que, haciendo honor al tema, nos mantendrá en suspense con su envolvente inicio. 

Nos iremos acercando a música de nuestra tierra con la primera de las tres obras de Julio Domínguez: Estou amor aquí. Basada en un poema de Xela Arias (1962-2003) es una de las pocas obras que es capaz de traducir a música la enorme intimidad que contiene la mirada entre dos amantes. Dentro de Cantos Asturianos podrán identificar algunos de los temas más populares de nuestro cancionero como Si la nieve resbala o Chalaneru. La última, El mar se rizó a contrapelo, es una obra muy especial para nosotros, ya que se trata de un regalo de bodas para Marco y su mujer, Elena, que hoy, 11 años más tarde, estrenamos por fin. 

La última obra que debuta esta tarde se la debemos a nuestro compañero, Jesús Gavito, quien ha imaginado para nosotros una disposición policoral en la que se juega con la llamada entre el mundo de los inmortales y aquellos a los que solo nos queda llorar nuestras penas. 

El fin de fiesta lo pone Fariñona y marañueles, también del alicantino Alcaraz, ideal para menear la saya con otras tres armonizaciones
del cancionero asturiano que seguro, reconocerán. 

Por último, sepan que entra en la elección de este programa nuestro compromiso para con los compositores que construyen las obras con las que nos edificamos como coro. A su buen hacer y su afán por mantener la música coral viva y llena de belleza, calidad y calidez, gracias.

Melodías de la vida con unos cachorros ¡espectaculares!

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Domingo 18 de abril, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo: Past LifeLos Peques del León de Oro, Elena Rosso (directora). Entrada: 6 €.

Es verdaderamente maravilloso comprobar que todavía queden emociones desde la música capaces de hacernos brotar las lágrimas. En tiempos duros, difíciles, sacrificados, montar un espectáculo como el de estos «grandes Peques» merece todos los elogios, pues además de cantar con mascarilla, trabajaron la excelencia del canto coral con un montaje que nos dejó sin palabras. Una puesta en escena sobria, con las luces adecuadas, entradas y salidas perfectamente coreografiadas por la maestra Elena, medias alternando gris y rojo, expresión corporal en todas las componentes (abrumadoramente femeninas como nuestro presente y futuro), cambios de posiciones para cantar en todas las permutas y combinaciones posibles, el piano puntual siempre en su sitio de Maite García, la utilización de la percusión tanto corporal como con «boomwhackers» rítmicos armonizados con estas voces celestiales de afinación pluscuamperfecta donde las campanas no solo daban el tono sino que creaban el ambiente para cada número de un programa que las notas al programa de Violeta Rubio describen punto por punto contando esta historia que quiero dejar aquí:

«Hoy os queremos acompañar en una historia que comenzó hace mucho, mucho tiempo, cuando aún no había nada. Oímos cantos celestiales que nos suenan antiquísimos, Past Life Melodies, como si pertenecieran a una vida pasada, todo estaba oscuro y de repente… se hizo la luz. El Sol con su fuego lo iluminó todo, O nata lux, luz nacida de luz que ilumina todo lo que nos rodea y nos permite ver, por primera vez. El fuego no solo nos dio luz, también trajo el calor y nos llenó de energía y así es como sentimos el Fervor, un abrazo que nos rodea el alma. Luego tuvimos el agua y en ella nacieron las primeras formas de vida. En este elemento, muchos animales como nuestra pequeña foca de The Seal Lullaby tienen su hogar y refugio donde dormirse acunados por las olas del mar. Pero el agua también se evapora, y entre las brumas de la tarde, la lluvia cae con Murasame y algo que no habíamos visto nunca, comienza a florecer. La tierra también se llena de vida: bosques, praderas, desiertos, montañas y un habitante que va a ser capaz de adquirir el Gnothi Safton, el conocimiento necesario, para habitar en cada uno de ellos: el ser humano. El tiempo va pasando y el humano envejece también, experimenta sensaciones nuevas, pero no sabe qué son ni como describirlas… ¡sentimientos! y cuando ya es anciano en On suuri sun rantas recuerda la primera vez que las lágrimas rodaron por sus mejillas. ¡Algo tiene que cambiar, uno no puede llorar solo! Y entonces conquistamos el aire. Aprendimos a hablar, a comunicarnos, a describir nuestro alrededor. Ahora puedo contarte que, bajo el sauce, Under the Willow, no se oye apenas ruido y mi amor descansa con sus cabellos mecidos por el viento. O que, aunque tenga miedo, siempre me quedará la esperanza, Zai Itxoiten, como una mariposa blanca que volando ilumina mi camino. Todo está oscuro otra vez, pero… ¿qué es eso que suena? Parece que son de nuevo esas antiquísimas melodías celestiales, Past Life Melodies, que en su viaje han unido los cuatro elementos, aunque ahora que ya nos sabemos la historia, estamos listos para unirnos a cantar con ellas«.

Palabras que expresan la música, los sentimientos, desde la penumbra inicial y un silencio sobrecogedor con la entrada por los laterales cantando de Past Life Melodies (Sarah Hopkins), mientras Elena Rosso marcial en el centro controla las voces en distintas disposiciones, murmullos, notas tenidas,  círculos y líneas de geometría coral, los «cachorros» entrenados, la disciplina desde el juego y las emociones que saltan como la luz, O nata lux (Richard Ewer), maravillosas armonías, empastes increíbles, la pureza a capella y el Fervor na brétema (Javier Fajardo), campanadas de vida, vibraciones maduras para toda una vida por delante, la patada rítmica que reafirma delicadezas únicas, partituras memorizadas, interiorizadas, sentidas e interpretadas primorosamente.

No podía faltar Eric Whitacre, siempre inspirado para las voces blancas como en la nana The Seal Lullaby con un piano tan coral como las propias voces, lecciones de idiomas, compañerismo, solidaridad, entrega sobreponiéndose a las dificultades, esperanza coral de esta cantera dorada que es modelo a seguir.

En la misma línea de canto total con piano y mensajes claros el Murasame (The Mists of the Evening) (Victor C. Johnson) de espiritualidad oriental y lluvia musical que cala el alma. Los Peques muy grandes, impresionantes tubos sonoros mucho más que juguetes, y palmas tan celestiales como sus voces, Gnothi Safton (Jim Papoulis), de ritmo contagioso y matices increíbles, agudos perfectos con sonidos para un mundo mejor que realmente transmiten estas voces educadas, un «conócete a ti mismo» cantando y compartido, la mejor «autoayuda» porque no se puede pedir más.

Un viaje alrededor del mundo cantando y también con los escandinavos más cálidos, On suuri sun rantas autis (canción tradicional finlandesa en arreglo de Matti Hyökki, voces solistas de Claudia González Aitana Carnicero Peinado a quienes no importan las mascarillas para transmitir buen gusto, el coro escuela de vida arropado por las manos maestras de Elena Rosso.

Under the Willow de Stephen C. Foster, en arreglo de Susan LaBarr, canción de cuna bajo un sauce para un sueño hecho realidad, una siesta reparadora que despierta emociones, armonías de ángeles terrenales transportándonos al paraíso coral, seguida de otra obra que está en los genes de estos peques dorados, pasando de mayores a pequeños, herencia de esta familia dorada y unida,  Zai Itxoiten (Javier Busto), el euskera más musical del «padre espiritual» de los leones, esperando el nuevo día con la inocencia cantada desde la adolescencia que no puede expresarse mejor que con esta unión de letra y música del doctor Busto Vega recetando la mejor vacuna en tiempos de pandemia: su obra coral.

Cerrando el círculo de nuevo Past Life Melodies, melodías de vidas pasadas cantadas hoy, sabedores que hay mucho futuro por delante, esperanza vocal y humana de una juventud admirable con unas familias que transmiten y apoyan su afición. Si las palabras de Violeta Rubio son un cuento en sí, la historia cantada por Los Peques del León de Oro fue todo un espectáculo.

41 años de SMRA y otro estreno en Avilés

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Sábado 17 de marzo, 20:30 horas. XLI Semana de Música Religiosa de Avilés, Parroquia de San Nicolás de Bari: coro femenino de cámara Aquam Lauda, Javier Busto (director). Obras de Josu Elberdin (1976), Alfonso X El Sabio (1221-1284), Michael McGlynn (1956), Tomás Luis de Victoria (+1611), Javier Bello-Portu (1920-2004), David Basden (1957), Christine Donkin (1976), Hyun Kook (1967) y Javier Busto Sagrado (1949).

La Semana Santa avilesina tiene una cita previa en el terreno musical, otra veterana y referente de la música religiosa dirigida por Chema Martínez al frente de un equipo que con mucho trabajo y esfuerzo de todo tipo en esta era de recortes siguen apostando por la calidad y ofreciendo conciertos de primera donde sigue el espíritu de los estrenos que marcan parte de estas cuarenta y un ediciones.

Un coro de cámara hoy con 17 voces blancas irundarras con Javier Busto de director era todo un reclamo y cartel ideal para arrancar la edición 2018, primero de los cinco conciertos y tres espacios, con un público abarrotando la iglesia de San Nicolás tanto local como aficionados de toda Asturias y alumnos además de amigos del doctor Busto, muchos «leones» que han bebido de las enseñanzas de esta figura de la música coral internacional. Un lujo tenerlo entre nosotros y volver a disfrutar no solo de la calidad de sus coros sino de los repertorios que explora como conocedor de toda la actualidad coral en los múltiples certámenes internacionales a los que es invitado como jurado.

Aquam Lauda, con todo el juego de su propio nombre, es un coro ideal para cantar partituras de todas las épocas y estilos, apostando por un eclecticismo enriquecedor para coralistas y director, aunque centrándose en la temática religiosa avilesina trajeron una selección desde las Cantigas de Santa María medievales arregladas por el propio Busto (que sigue dando los tonos desde un mini teclado electrónico) hasta nuestros días pero siempre con más peso contemporáneo. Las voces iguales permiten la homogeneidad de color, aún más las femeninas a las que sumando una técnica prodigiosa, un empaste ideal y una musicalidad innata en los coros vascos, da por resultado este canto cristalino.

Desde la sacristía al frente del altar y en corro comenzaron con Beata es, Virgo María (Elberdin) antes de presentarnos las tres cantigas elegidas y arregladas por Javier Busto, las números 257 y 328 con pandero de percusión y vestimenta armónica medieval pero totalmente a capella y sentida de hoy la conocida Santa María (nº 100) en el medio, la vuelta al pasado con los medios actuales, preparando nuestros oídos a una polifonía deliciosamente espiritual.

Mariam Matrem del irlandés Michael McGlynn contó con el solo de Montse Latorre, una soprano de voz pura y cristalina, casi infantil que repetiría en el Dona nobis Pacem (Hyun Kook), antes de nuestro Victoria y su Domine, non sum dignus transportándome estas voces femeninas al Monasterio de las Descalzas Reales madrileño cual otra inspiración del tolosarra Javier Bello-Portu y su O vos omnes, motetes renacentistas de todas las épocas, la polifonía pura que permite orar con música, sin perderse ni una sílaba siguiendo el espíritu tridentino.
La figura de la velada sería el australiano David Basden que de los cuatro cantos sacros escritos para Aquam Lauda, el último, Alleluia, sonaría por vez primera en Avilés, estreno mundial tras Ave Maria, God be in my head y Ave Maris stella, cantos marianos desde las voces blancas, estilos religiosos atemporales pero bien entendidos por compositor e intérpretes.

La mezzo Pili Anuncibay sería la solista en el pasillo central para el complicado Magnificat de Donkin con el coro «abrazándonos» en paralelo a parte del público en un despliegue efectista y efectivo, sin necesidad de director (el trabajo previo nos lo imaginamos) y escucha mutua atenta, donde la unidad tímbrica resultó milagrosa, continuidad de unas voces a otras, disonancias que finalizaban consonantes en un clima irrepetible.
Cerraría este concierto seguido en un silencio casi sepulcral Ubi caritas del propio Javier Busto, este himno religioso antifonal de Jueves Santo y el lavado de pies que comienza cantando «Donde hay caridad y amor, allí está Dios» que han musicado grandes compositores de todas las épocas, amor coral y religiosidad suma en cántico celestial, elevado en el amplio sentido de la palabra por las mujeres de Aquam Lauda que aún nos regalarían otro tema de su director sobre texto de Santa Teresa de Jesús, unión de música y mística por parte del músico de Hondarribia y un himno propio mientras se retiraban a la sacristía dando por finalizada esta verdadera eucaristía coral con Busto de oficiante, común unión vocal.

Alleluia (D. Basden)

 

Aurum, mujeres al poder

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Miércoles 29 de octubre, 20:30 horas. Auditorio del CONSMUPA, Oviedo: Coro Femenino «Aurum», Elena Rosso Valiña (directora). Obras de César Alejandro Carrillo, Jacobus Gallus, R. Schumann, Eva Ugalde, Jackson Berkey, Javier Fajardo, Idoia Azurmendi, Javier Busto, Tobin Stokes, Josu Elberdin y Julio Domínguez.

El León de Oro más que un proyecto musical es una filosofía coral, una familia numerosa bien avenida y planificada, donde «Aurum» ha alcanzado su mayoría de edad sin abandonar nunca el hogar. En dos años han crecido en todos los sentidos y los premios solamente avalan el duro trabajo bien hecho con Elena Rosso al frente.

Como embajadoras corales acudirán el próximo fin de semana a Tolosa para competir en la 46 edición de su reconocido concurso, con las mejores formaciones mundiales, así que hemos podido comprobar en el auditorio del conservatorio carbayón con un público entendido, que escuchó con riguroso silencio, respeto y admiración, el programa que defenderán en la capital coral guipuzcoana y cantarán en una minigira por tierras vascas antes de llegar al destino final.

Dos partes como es costumbre, polifonía y folklore, difíciles ambas, memorizadas por todas y dando una lección de excelencia en todo: colorido vocal y visual, coreografías, afinación, empaste, dinámicas impresionantes y sobre todo mucha disciplina. Aún retocarán y asegurarán cada una de las partituras que llevan preparadas al detalle. Destacar la (s)elección de obras básicamente actuales, frescas, cercanas al LDO casi todas y perfectamente organizadas para un certamen competitivo donde el nivel global es altísimo aunque la experiencia de las féminas sea grande y garantía de éxito.

Del programa íntegro que dejo aquí, destacar a Schumann, pero especialmente el hermosísimo Miserere de Eva Ugalde que hacen aún mayor emocionalmente, transmitiendo la riqueza de una partitura casi a medida de «las chicas de oro». También el Ascendit Deus de Jackson Berkey por el alarde polifónico de una obra que conjuga el saber del «Ars Antiqva y Ars Nova» ya trabajado por Los Peques de El León de Oro también para Tolosa, pero que Aurum recrean y engrandecen desde su excelencia vocal. Dejo para el final de la primera parte Fervor na brétema de Javier Fajardo (presente en la sala) por tratarse de una obra ejemplar de principio a fin, participación puntual de dos xilófonos (esta vez metalófonos) y tambor de tormenta, reubicaciones de las voces en el escenario, siempre con una sonoridad rotunda, y la belleza de una partitura que estas voces blancas sienten propia, para ellas compuesta y algo indescriptible que transmiten desde el escenario.

Un breve descanso para afrontar la parte de folklore, calzadas con madreñas que no sólo les dan altura sino el recurso de percusiones más allá de lo asturiano, como en el Zutaz del doctor Busto, la maravilla visual y vocal de Ikimilikiliklik (T. Stokes), conjuro de brujas, aquelarre con rememoranzas maoríes, trabalenguas, magia coral en estado puramente femenino, y D’Alborada de Julio Domínguez, más que una recreación de temas asturianos, inspiración donde la percusión de las madreñas vuelve a integrarse en el canto. Excelentes las Aurum con Elena Rosso que vuelve a marcar diferencias en la dirección por su magisterio, gesto claro y preciso, pero sobre todo una trabajadora nata que ve recompensado su esfuerzo.

Gracias a todas y Tolosa disfrutará con ellas, el mejor premio que se puede tener.

XIII Encuentro Coral de los pueblos mineros

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Los días 13 y 14 de junio en el Auditorio «Teodoro Cuesta» de la Casa de Cultura de Mieres a las 20:00 horas, fueron elegidos este año 2014 para la decimotercera edición de «La mina canta unida», encuentro coral de los pueblos mineros que organiza el Orfeón de Mieres en colaboración con FECORA, el Excelentísimo Ayuntamiento de Mieres y el Club Cultura Principado de Asturias, amén de distintos patrocinios del comercio e industria locales, adelantándose este año a las Fiestas de San Juan que todavía no lanzaron el chupinazo.

Dos jornadas bien distintas e imposibles de pormenorizar, que tuvieron como maestro de ceremonias al presidente del Orfeón Eustaquio Álvarez Hevia, proyectándose un breve montaje en homenaje a la minería que sirve de nexo a los pueblos de donde vienen los distintos coros, y guardando un minuto de silencio por los coralistas fallecidos.

El viernes 13 participaron dos coros vecinos, el Coro del Centro Asturiano de Oviedo bajo la dirección de Patricia Miriam Martínez Iglesias, y el Orfeón de Castrillón que dirige Martín Martínez Bastián, el primero con un repertorio conocido y muy del gusto del público que pese a la competencia futbolística se acercó a escuchar los dos invitados asturianos de la primera jornada:

Como la flor (Eduardo Martínez Torner), hermosa canción asturiana que sigue presente con el paso de los años en los distintos coros de mi tierra, el son cubano Las cuatro palomas (I. Piñeiro) con un acertado acompañamiento de cajón peruano, la popular mexicana Borrachita, buscando arreglos y repertorios que dinamicen el mundo coral, como un buen arreglo del famoso bolero Piel canela (Bobby Capo) también con la percusión del mal llamado cajón flamenco que resultó de lo mejor, la poco agradecida Dime paxarín parleru (Ángel Émbil) algo «destemplada» que siempre pone a prueba formaciones, solistas y directores, cerrando intervención la canción africana popularizada por el cine The Lions Sleeps Tonight nuevamente con cajón más abundantes efectos vocales emulando la fauna y sonoridad de la selva realmente conseguidos que salvó una actuación discreta.

Por su parte el Orfeón de Castrillón que dirige Martínez Bastián, realizó cambios sobre el programa previsto, y puede que mermados en número, cantando Esta tierra (Francisco Pino – Javi Busto) que harían del compositor de Hondarribia el más escuchado estas jornadas, 
Camino del indio (F. Cabedo – A. Yupanqui), bien empastados aunque como en el coro ovetense, algo descompensadas las cuerdas si bien la musicalidad siempre es digna de mención, dos habaneras que parecen ser indispensables en los conciertos: Nostalgia del mar (Rosa Mª Tarruel)
 de apego asturcubano, y Habladme del mar (Ángel Barja) desde tierra adentro del siempre recordado compositor orensano-leonés, esta difícil de afinaciones y comprometida para todos; finalmente Alma, Corazón y vida (Adrián Flores) y El día que me quieras (C. Gardel – arr. Vivian Tabbusch), dos temas que nunca me han gustado armonizados para coro al perder el sabor primigenio, aunque los de Piedras Blancas dieron lo mejor de ellos. Y de propina un tema casi «propio» del coro anfitrión como Ay! un galán (Javier Armenter) al que le dieron su toque personal con un aire más bailable de regusto llanisco (frente al pausado local como de danza prima).

Para el sábado 14 venía el plato fuerte con la Coral Camino de Santiago de Ayegui (Navarra) dirigida por José Mª Chasco Urabayen, devolviendo visita al orfeón mierense, y con un programa amplio, duro, difícil y muy variado, mostrando un alto nivel para un coro casi de cámara (5 sopranos -más la pianista Alba Etxarri Chasco cuando no intervenía-, 6 contraltos, 7 tenores y 6 bajos) muy equilibrado en sonoridades, de empaste perfecto y atento a la magistral dirección del maestro y farmacéutico Chasco, echando de menos voces más jóvenes aunque sea un mal casi endémico, al menos en muchos de los coros del norte.

El programa se organizó en dos bloques, el más purista por así decir con obras digamos clásicas: el motete Ubi Caritas (M. Duruflé), Insanae Vanae Cure (J. F. Haydn) con acompañamiento de piano (difícil por ser reducción orquestal) al igual que Wie Lieblich del «Réquiem Alemán» (J. Bramhs), exigente para un coro de estas dimensiones del que salieron más que airosos, cuidadosos de matices y planos sonoros, el poco escuchado Ave Verum (E. Elgar) hermosura coral aunque sin el órgano, y también «a capella» el Padrenuestro o Aita Gurea (Padre F. Madina) que sirvió de puente para la segunda parte más popular donde no faltaron dos temas populares vascos arreglados por Javi Busto: Nerea Izango Zen (M. Laboa) y Axuri Beltza, contrapunto y ritmo perfectamente entendidos por el director y sus coristas, más Maitia Nun Zira (popular – José Tomás Uruñuela). Una de las obras más escuchadas del doctor Busto es A tu lado, bien trabajada en Donosti donde José Mª Chasco amplió formación musical, llevando limpiamente las distintas voces con una musicalidad innata en los coros vascos y navarros. Otra seña de identidad es su apuesta por los nuevos repertorios, y de nuevo con acompañamiento de piano (eléctrico) pudimos escuchar dos arreglos de sendos temas de QUEEN y su auténtico genio Freddy Mercury: Somebody to love (donde aparece «dibujado» el We are the champions) y una excelente armonización de la Bohemian Rhapsody donde los solistas también tuvieron su protagonismo aunque el inglés no resultase tan convincente como la difícil música que cerró la excelente actuación del coro navarro.

El Orfeón de Mieres bajo la sabia dirección de Joaquín Sandúa Fernández ponía el cierre con dos habaneras flanqueando una asturiana, Un velero y una canción (Santos Montiel) con salitre y carbón a partes iguales, la citada Ay! un galán (Javier Armenter) que arrastra carencias pasadas imposibles de subsanar por el maestro navarroasturiano, y La niña de Marianao (Fernando Moraleda) recuperada para la formación que un servidor montase allá por los años 70 con su director y en la línea de sacar a flote grandes obras que el Orfeón puso de moda entonces y el tiempo madura como los buenos vinos, reestreno de sabor marinero sin regusto a carbonilla.

Navarros y mierenses cantaron juntos la canción patronal minera Santa Bárbara en armonización de mi admirado José Fdez. Avello, intercambios musicales y encuentros, que son la salsa de coros y localidades, con la música vocal como vehículo cultural en tiempos de crisis que la música supera desde la afición, e ilusión de formaciones corales como las de esta cita del junio mierense. Esperamos ya la decimocuarta, sabedores del trabajo y esfuerzo que conlleva organizar eventos de esta magnitud, felicitando tanto a participantes como anfitriones por seguir cantando en Mieres por San Juan.

No hay tierra extraña con el LDO

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Sábado 3 de noviembre, 20:30 horas. XXIII Quincena Musical de Durango (Vizcaya). Iglesia de Santa Ana: Coro LDO («El León de Oro»), Marco Antonio García de Paz (director). Obras de Mouton, Byrd, Lasso, Palestrina, Rheinbergher, Mendelssohn, Rachmaninov, Biebl, Busto, Sarasola y Elberdin.

Como seguidor confeso y «leónigan» pude escaparme a Durango en el puente de los Santos y volver a recrearme con este coro del que no canso jamás porque siempre hay momentos mágicos, irrepetibles, capaces de seguir creciendo hacia una excelencia coral desde una belleza sonora que plumas y oídos más doctos ya han descrito. Cada directo es irrepetible y único, el repertorio está tan trabajado, las voces tan afinadas y empastadas, la complicidad y entendimiento con Marco tan agradecida, que el resultado siempre es óptimo. Incluso la mezcla de veteranía y juventud en una formación coral que sigue promocionando la cantera hace que las «bajas puntuales» se cubran con una alineación siempre ganadora. El modelo o escuela vasca triunfa siempre y acudir a esta tierra cercana a la nuestra es como cantar en casa, donde se les admira y ovaciona como propios, público entendido que respeta cada obra, los finales y el esfuerzo. Si además finalizas con dos temas en euskera, con premio en esa capital coral que es Tolosa, la apoteósis es lógica y esperada.

Últimamente no llevo conmigo ordenador, solamente uso el teléfono móvil o la tableta, trabajo rápido y cómo para estos viajes cortos aunque con algunas limitaciones (enlaces o links, fotos, formato…) pero sigo fiel a la inmediatez del comentario. Puntualmente amplío desde casa y esta vez no quería dejar sólo unas líneas porque el pasado sábado volví a «levitar» como dice mi amiga Cristina Otadui, que entendió mi opción coral frente a la operística.

La música renacentista sigue siendo referencia con estos leones, buenos y aplicados alumnos bien empapados de las enseñanzas y matizaciones del Maestro P. Phillips, que «tripetirá» a la vista de los resultados.

El francés Mouton, el inglés Byrd, el franco-flamenco Lasso o el italiano Palestrina tienen muchísimo que cantar en distintas combinaciones del coro, capillas, completo o doble coro, con la dificultad añadida del tactus, esa melopea donde manda la letra subrayada por unas melodías llenas de vericuetos capaces de escucharse en su polifonía, como bien indicó el Concilio de Trento al poner de modelo precisamente a Giovanni Pierluigi da Palestrina, cuyo doble coro para el Laudate pueri resultó atemporal por vigencia, aunque las cinco obras de la primera parte fueron impecables y casi pecaminosas para mi lujuria coral.

El Romanticismo es otro terreno donde LDO se mueve cómodo, contrastes y emociones más viscerales que espirituales aunque los textos lo sean. El Kyrie de Josef G. Rheinberger impacta por esa montaña rusa de matices y registros extremos siempre afinados, empaste coral que con Mendelssohn roza el paroxismo, sobre todo con el Richte mich, Gott donde las voces graves atacan y las blancas contienen, fluir vocal con cascadas y remansos. Para seguir convenciendo, mezclar rigor y vigor (sé que abuso de los juegos de palabras) el Bogoroditsie Devo de Rajmáninov colocó al público en el centro de la acción rodeado por un coro que cerrando los ojos te envuelve y transporta. No sólo se buscan nuevas sonoridades, que también, sino un compartir musical completo haciendo copartícipes del gozo a intérpretes y público.

Para seguir redondeando actuación, el trío solista Elena Rosso, Fernando Fernández y Ángela P. Alba completan un Ave María de Franz Xaver Biebl único, global, compacto, integrando todas las voces en una sola sensación.

El puente lo tiende un músico de la tierra como Javier Busto, otro enamorado del LDO porque sus obras en estas voces hacen aún más grande su música. O Magnum mysterium rinde tributo religioso y romántico desde lo contemporáneo con el exquisito quehacer coral del doctor, degustador de lo bueno capaz de lograr cual reputado enólogo piezas que son reserva para paladares entendidos. Aroma, sabor, color, maridajes increíbles llevan a un final increíble: disonancias, agudos al límite, contrapuntos endiablados y el acorde final a tono tras los difíciles vericuetos de todas las voces, «Grandísimo misterio». Y noté a Marco revisar la afinación con el diapasón al finalizarla ¡sí, no calan ni un cuarto de tono!. Bien por los leones.

El final sigue con músicos de la tierra y en euskera, X. Sarasola y Neskatx’ ederra reconfortante al oído tras la cumbre anterior, más ese zortzico que mueve a todos, Segalariak (Josu Elberdin) reconocido en esta tierra que con permiso, he rebautizado como País Vascoral.

Propina acorde con el entorno sobrio de Santa Ana y Requiem como adiós que resulta siempre cercano, Agnus Dei que nos quita el pecado pero no de leónigan, pecados musicales capitales sin acto de contrición ni propósito de la enmienda.

© Víctor Gallego Baviano