Jueves 26 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Conciertos del Auditorio: Metamorphosen Berlin, Alban Gerhardt (violonchelo), Wolfgang Emanuel Schmidt (violonchelo y director). Obras de Vivaldi, Haydn, Janácek y Karayev.
Bohemia capital BIlbao (6)
10/03/2017
clásica, conciertos, música, sinfónica, viajes conciertos, Heiko Mathias Förster, Hermine Haselböck, Janacek, Janáček Philharmonic Ostrava, Mahler, música, viajes 1 comentario
Sábado 4 de marzo, 19:30 horas. Palacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música». Concierto Nº 19, Auditorio. Hermine Haselböck (mezzo), Janáček Philharmonic Ostrava, Heiko Mathias Förster (director). Obras de Janáček y Mahler. Entrada: 12 €.
Las notas al programa de este extraordinario concierto hacen referencia a los dos compositores que lo ocuparon de manera brillante. De Janáček comenta de su última ópera «Desde la casa de los muertos» que está inspirada en la novela homónima de Dostoyevski y que comienza con la llegada de Gorianchov al campo de prisioneros y termina cuando éste sale de prisión, añadiendo que la completó en mayo de 1928 muriendo al poco, siendo su estreno en Brno en 1930.
La Obertura y Suite “From the house of the Dead” (arr. Frantisek Jílek) resultó impecable por esta formación que en mi juventud diríamos «orquesta del este» y además llevando el nombre del compositor, totalmente novedosa para quien escribe. La limpieza de sonido, sumada a la acústica perfecta del Euskalduna, es digna de admiración, con una plantilla grande pero perfectamente balanceada en sus dinámicas y planos y un director que la conoce sacando de la obra momentos admirables, especialmente de una cuerda signo de identidad «bohemio» que tantas grabaciones han dejado a precios bajos pero de calidad altísima.
Pero mi verdadero descubrimiento fue con Mahler y sus Lieder eines fahrenden Gesellen (Canciones de un caminante o Canciones de un compañero de viaje) interpretados por una de las mejores mezzos hasta el momento de este Musika-Música tan bohemio, llegando casi a preferirla sobre las versiones con voz masculina pese a que las hay estratosféricas. La austriaca Hermine Haselböck puso más que su voz a unas canciones carnosas, bien emitidas y aún más sentidas donde la orquesta sonó como si fuese de cámara, tal fue el mimo con el que Heiko Mathias Förster la llevó con cuatro números emocionantes sobre los textos de Des Knaben Wunderhorn, esas cuatro etapas del camino que es la vida a través de un héroe que resultó heroína:
1. Wenn mein Schatz Hochzeit macht (El día que mi amor se case). Schneller – Sanft bewegt. El dramatismo de la voz y la orquesta como si de la versión con piano se tratase, «la Haselböck» contagiando la madura adolescencia.
2. Ging heut’ morgen übers Feld (Esta mañana caminé por el campo). In gemächlicher Bewegung. Alegría y brillantez sentidas en cada párrafo y en cada frase, transmitida vocal e instrumentalmente, maderas pastoriles, percusión colorista y nuevamente la cuerda única, limpia, transparente pero sobre todo luminosa.
3. Ich hab’ ein glühend Messer (Tengo un cuchillo al rojo vivo). Stürmisch, wild. Si existe la sinestesia, la mezzo austriaca puso sangre en su voz redonda de color uniforme en todo el registro, expresividad, buen gusto y dramatismo en el amplio sentido de la palabra, bien subrayada por una orquesta que seguía demostrando cómo aunar calidad y calidez aunque suene reiterativo, metales redondos, presentes pero sin tapar nunca a la cantante de emisión perfecta y gusto exquisito.
4. Die zwei blauen Augen (Los ojos azules de mi amor). Mit geheimnisvoll schwermüthigem Ausdruck. Dolor siempre en el transfondo mahleriano transmitido por «la Haselböck» más íntima y la madera construyendo la cuna en la que mecer una voz que vehicula como ninguna los textos que Mahler disfrutó durante su azarosa vida con el maestro alemán Förster verdadero artesano sonoro capaz de hacer escuchar cada sección y pasaje con la misma nitidez que la voz de la mezzo austriaca.
La tarde mahleriana redondeándose y esperando el plato fuerte nada más salir de esta caminata que nunca me deja exhausto.
Bohemia capital Bilbao (4)
07/03/2017
clásica, conciertos, música, piano, recital, viajes conciertos, Dvorak, Janacek, Judith Jáuregui, música, Nadège Rochat, piano, viajes 1 comentario
Sábado 4 de marzo, 13:30 horas. Palacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música». Concierto Nº 28, Sala A-3. Nadège Rochat (violonchelo), Judith Jáuregui (piano). Obras de A. Dvořák. y L. Janáček. Entrada: 6 €.
Verdadero descubrimiento de obras e intérpretes, especialmente la chelista francosuiza Nadège Rochat que debutaba en España con la donostiarra Judith Jáuregui, una pianista a la que sigo hace años y habitual en estas ediciones de «Musika-Música» tan solvente de solista como acompañante o con orquesta, en un repertorio donde se comparte magia a partes iguales, investigando, grabando y trabajando duro para seguir asentándose entre la larga lista de intérpretes internacionales.
L. Janácek: Pohadka – Fairy Tale, verdadero cuento de hadas por fuerza y vigor, inspirada en el poema del ruso Zhukovsky «El cuento del zar Berdyev» está cargado de ese mundo de fantasía de nuestra infancia y las dos intérpretes hicieron sonora una historia compuesta tras la pérdida de la segunda hija del compositor unido al rechazo de sus óperas, otra vida de película para un músico incomprendido que desde el dolor es capaz de escribir partituras tan mágicas como este dúo para cello y piano.
A. Dvořák: Lasst mich allein opus 82, B.157 y Silent Woods opus 68 nº 5, obras «liederísticas» por sus melodías tan cantábiles de tiempo lento o medio retomando aires sosegados para hacer emerger temas vocales desde el chelo, la música de salón donde Rochat emociona dialogando con el piano de Jáuregui, dos páginas con historia propia contadas por ellas mismas incluso en las notas al programa para las cuatro obras elegidas: «… en pocos días hubo de componer el Rondó en sol menor, arreglar dos de sus Danzas Eslavas y terminar también el arreglo de «Silent Woods», original del ciclo para piano a cuatro manos «From the Bohemian Forest». Las cuatro obras dejan percibir cuán y cómo se sentía Dvořák escribiendo para el cello como instrumento solista, la tesitura es alta y las cualidades líricas del instrumento están explotadas al máximo. El arreglo del lied Lasst mich allein no pertenece al autor pero es de gran interés ya que su melodía inspiró el Adagio del Concierto en si menor, pieza clave del repertorio para cello». Si la elección del repertorio supone un hallazgo, la interpretación fue sorpresivamente emocionante.
Tras una breve pausa volvía Judith Jáuregui en solitario para otro descubrimiento de Janáček, En la niebla, rememorando el estilo evolucionado de Chopin a Debussy (también lo recogen las notas que dejo al final del párrafo), el virtuosismo más el impresionismo de salón conjugando técnica y pasión en un idioma que se afianzará a lo largo del siglo XX e incluso me recordaba por momentos al mejor Albéniz parisino. «En la niebla da muestra de la catarsis en la que se encontraba (…) y evidencia cómo de la melancolía y la falta de autoestima nace una de sus obras más importantes, un ciclo en cuatro movimientos escrito en tonalidades «nebulosas» en las que encontramos la influencia del impresionismo de Debussy». Si la pianista donostiarra nos ha dejado hace poco su «éXtasis» espero que Janáček sea la siguiente grabación en su propio sello discográfico (Berlimusic), apostando por la belleza del dolor.
Para cerrar la mañana otras dos obras de Dvořák, el Rondó en sol menor opus 94, eslavo y moldavo, virtuoso con un entendimiento digno de alabar en ambas intérpretes que cantaron esta página con tanto sabor, pero sobre todo las dos Danzas eslavas opus 46, B. 172, «Polka» y «Furiant» tocadas independientemente con verdadero sabor y perfección, especialmente la última conocida en la versión orquestal, donde piano y cello sonaron sinfónicamente camerísticos.
Un dúo donde el violonchelo de Nadège Rochat resultó cálido y presente, humano y cercano, además de bello (del que ya escribí en el prefacio de estas notas), y el piano de Judith Jáuregui todo un lujo solo y compartiendo pentagramas.
Marzo comienza en Bilbao
06/03/2017
clásica, conciertos, coros, música, piano, recital, sinfónica, viajes Ainhoa Zubillaga, conciertos, David Menéndez, Dvorak, Hermine Haselböck, Isabel Villanueva, Janacek, Judith Jáuregui, Mahler, Mª José Montiel, música, Nadège Rochat, OSPA, Perry So, viajes 4 comentarios
La fiesta de la música que supone el macroevento o Festival «Musika-Música» organizado por la Fundación Bilbao 700 en el Palacio Euskalduna durante cuatro días es cita obligada para todo melómano que se precie y siempre que puedo acudo, pasando previamente por esa taquilla virtual donde además de realizar las gestiones y poner nosotros tiempo y papel, se nos cobran 0,90 € por ello, independientemente del precio (ya grabado con el abusivo 21% de IVA), por lo que mis 10 entradas por duplicado (hay que viajar siempre en compañía) les han supuesto 18€ de ganancia extra. Mejor no enfadarme pero por lo menos lo reflejo aquí. Los precios iban este año de los 12€ (auditorio) a los 4€, aunque normalmente abundan los de 6€ en las salas pequeñas, pero siempre hay actividades gratuitas una vez dentro del Euskalduna. La cafetería tiene «precios vascos» si bien alrededor hay oferta para todos los gustos y bolsillos. Como suele ser habitual, abundante presencia de turistas franceses por cercanía y disponibilidad, pero también de distintos puntos de nuestra geografía además de la excelente tradición musical vasca en general y bilbaina en particular, moviendo cada espectáculo verdaderas riadas de aficionados y familias de los estudiantes que dieron la talla como verdaderos profesionales.
Este año la «maratón musical» estuvo dedicado a la Bohemia, con todo lo que me supondrá escribir correctamente los nombres, aunque seguro que elegiré la opción «occidentalizada», agrupando a cuatro compositores clave de esa zona: Gustav Mahler, Antonín Dvořák, Leoš Jánaček y Bedřich Smetana, participando 850 músicos en 75 conciertos y actividades como conferencias, encuentros con músicos o firmas de discos (este año «los del triángulo verde» pusieron su stand, supongo que con remordimiento al comprobar que en sus establecimientos la llamada música clásica sigue menguando en oferta), sin olvidar todo el personal del Euskalduna además de afinadores donde volví a encontrarme con mi querido Jesús Ángel Arévalo, habitual desde las primeras ediciones, al que veo más en Bilbao que en Oviedo.
Y si los números son de impacto, saber que hubo más de 30.000 espectadores, colocados carteles de completo en muchos conciertos (solo estaban numerados los del Auditorio) además de la oportunidad que tienen las formaciones de distintos conservatorios de actuar y asistir en vivo a muchos de los espectáculos ofertados, es toda una alegría y un oasis a tres horas de mi casa.
Para Bilbao supone seguir siendo capital cultural con todo el impacto económico que supone (hoteles llenos, bares, cafeterías, museos…) y el gasto revirtiendo en ingresos, pese a que los políticos solo vean números fríos y se plieguen a ¿órdenes europeas? de recortar, normalmente en cultura… No podemos esperar de nuestros dirigentes algo más de cultura pero podrían pasarse por estos eventos y comprobar en primera persona o a pie de escenario todo lo que se mueve, la vida fuera de los despachos, y especialmente sembrar para la gente joven pues el futuro para ellos no es precisamente halagüeño como sigan gobernando así… Pero mejor no sigo que me enfado y la fiesta continúa.
A la vista de semejante despliegue cuesta organizar nuestro «menú a la carta», que en mi caso siguió unos criterios: Mahler porque además de gustarme especialmente, escuchar en tan breve lapso de tiempo cuatro sinfonías (1ª, 2ª, 4ª -se ofertaba también en Oviedo- y 5ª) además de los Kindertotenlieder, la «Canción de la Tierra» o las «Canciones del Caminante» son de por sí un hito, teniendo que «rechazar» varios Dvorak de referencia pero también cercanos en la amplia oferta asturiana (toco madera porque los recortes se anuncian como ¡ahorro!). Mi apuesta suele ser sinfónica, no solo apoyando a la OSPA (que ofreció tres conciertos) sino viendo el estado de otras formaciones nacionales pero también de esa Bohemia en la llamada Europa del Este, pero busco siempre un hueco para la música de cámara porque resulta la mejor escuela de compositores y público antes de las obras sinfónicas, encontrando algunas joyas que iremos comentando desde aquí. Dejo mi particular planning para que se hagan una idea, sumando la novedad de solaparse conciertos cuando en otras ediciones no coincidían y uno podía desechar menos (el bolsillo también mandaba).
La rapidez de twitter me permitió ir comentando sobre la marcha mis conciertos y algunas fotos, con la etiqueta (hastag dicen los «nativos digitales») #MusikaMúsica2017, incluso interactuando con algunos de los intérpretes y hasta avanzando noticias de última hora. Todos los detalles los iré colocando en este blog con el título «Bohemia capital Bilbao» que dan más juego, si bien tuve el humor de cargar con una libreta e ir anotando detalles para las distintas entradas, que la memoria no es la de mis años mozos y hay mucho para contar.
Así que sin prisa pero sin pausa, subiremos detallados mis eventos de esta edición que básicamente puedo resumir en:
–Mahler, siempre un seguro aunque el listón esté inalcanzable, pero cuyas obras superan interpretaciones «simplemente» notables; Dvořák más allá de sus sinfonías, la conjunción del oficio y la tradición en todos los campos; y un poco de Jánaček que siempre es mucho, esperando deje de ser una «rareza» en las programaciones, tanto sinfónicas como camerísticas, verdaderas joyas para disfrutar.
-Festival vocal pero sobre todo de mezzos, lógico con tanto Mahler (también me gustan con barítono, sobre todo en recital) y además con la cancelación para la «Resurrección» de Mª José Montiel (había levantado expectativas entre el público tras la inauguración del festival el jueves) me permitió disfrutar por partida doble a la donostiarra Ainhoa Zubillaga (en principio solo «la tenía» para el Stabat Mater dominical con lo que supone afrontar La Segunda de Mahler en estas circunstancias), calidad en todas las voces, algunas jóvenes, otras todavía formándose, varias con la agenda no tan completa como quisieran en esta España nuestra cada vez más empobrecida musicalmente (aunque sigamos exportando talento), pero especialmente el «descubrimiento» de la austriaca Hermine Haselböck en los Lieder eines fahrenden Gesellen con una orquesta (la Jánaček Philharmonic Orchestra Ostrava) y director (Heiko Mathias Förster) ideales para ese concierto.
-La constatación del nivel de unos solistas de talla internacional como la violista pamplonica Isabel Villanueva y la pianista donostiarra Judith Jáuregui que además nos trajo la presentación en España de la cellista francosuiza Nadège Rochat con un «Ex-Vatican Stradivarius» de 1703 prestado por la Academia de las Artes de Florencia bello en presencia y sonido capaz de emocionarnos en las manos de esta joven intérprete que le hace realmente cantar.
-De los asturianos citar al barítono David Menéndez en el buen cuarteto solista del Stabat Mater de Dvořák, además con «nuestra» OSPA, más los «primos hermanos» de la Sociedad Coral de Bilbao y un Perry So al frente que marcó diferencias. Los tres conciertos fueron exigentes, duros y muy trabajados por el chino que transmite no solo alegría sino profesionalidad, seguridad y por tanto calidad a la Orquesta del Principado que brilló con luz propia.
Quedan muchas entregas con fotos, detalles, mis comentarios de la agenda (no es La libreta colorá pero hace las veces) más una semana con piano, orquestas, distintas épocas para seguir este mes de marzo bastante completo antes de la Semana Santa. Y como en los viejos seriales radiofónicos, continuará…
































