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Bohemia capital Bilbao (9)

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Domingo 5 de marzo, 13:30 horas. Palacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música«. Concierto nº 48, Auditorio: Janáček Philharmonic Orchestra Ostrava, Heiko Mathias Förster (director). Mahler: Sinfonía nº 1 en re mayor «Titán». Entrada: 12 €.

Mahler presentó esta obra en Budapest (1889) como «Poema sinfónico en dos partes y cinco movimiento», dirigiéndola en Weimar en 1894 aunque no fuese del agrado de público ni críticos, cosas del momento y quién le iría a decir que «su tiempo» llegaría tan pronto y continuaría revisándola. La versión definitiva de 1899 deja el título simplemente en Sinfonía en re mayor, llena de sonidos de la naturaleza como el viento o el cuco recordando aquellos paseos con su padre por los bosques de Moravia.
Sabor de Bohemia como el de esta «orquesta del este» con la que repetía para «la primera» que era última y cierre de mi particular «Ciclo Mahler» de Bilbao esta mañana de domingo con un vibrante final para la luminosa «Titán» con algunos chaparrones de las trompas que fueron templando, como en el exterior.

El primer movimiento (I. Langsam, schleppend…) que nos acerca a la naturaleza sacó lo mejor de la cuerda checa, sumándose las trompetas fuera de escena bien encajadas con el resto, una dificultad añadida que da espectáculo además de la sonoridad buscada, contestada por el cuco en maderas y el ambiente bucólico de las trompas aún no muy centradas, aunque fueron evolucionando todos en este paseo por el bosque mahleriano.
En el segundo (Kräftig bewegt, doch nicht zu schnell), ese länder o danza popular austríaca que nos recuerda el vals, Förster intentó sacar los grandes contrastes y dominando los tempi, con unos bajos redondos, percusión colorista, los metales calentando (bien las sordinas) y la limpieza de una cuerda que es lo mejor de esta orquesta, sin olvidarnos del arpa, con buenas dinámicas y balance entre secciones.

La conocida Marcha fúnebre (Feierlich und gemessen, ohne zu schleppen) marcó el punto de inflexión e hizo música celestial ese choque brutal uniendo tristeza y música popular, algo que los músicos de esta formación conocen de primera mano, transmitiendo uno de los momentos más emotivos de «La Primera»: cuerda doliente, viento pletórico (muy bien oboe y fagot) más percusión ajustada en dos mundos musicales que son los propios de Mahler, ganando en calidad y preparando el explosivo final con el paso de las tinieblas a la luz, Stürmisch bewegt, toda la intensidad dramática que culmina en esa coda triunfal donde la cuerda volvió a brillar, aunque todos fueron mejorando en esta obra grandiosamente luminosa, incluyendo la percusión. Puedo decir que Mahler lució en esta joya que «la Janáček de Ostrava» sacó a flote, una cuerda además de limpia desgarradora cuando así se le exigía, los bronces ayudando a toda la carga expresiva y la madera sin quedarse atrás, con un Förster conocedor de todo lo que ahí se cocía aunque buscando más precisión que emoción, que sí logró finamente, dando una lección de dirección a todos.

Comida rápida y a la tarde la despedida con un esperado Dvořák muy asturiano…

Bohemia capital BIlbao (6)

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Sábado 4 de marzo, 19:30 horasPalacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música». Concierto Nº 19, Auditorio. Hermine Haselböck (mezzo), Janáček Philharmonic OstravaHeiko Mathias Förster (director). Obras de JanáčekMahler. Entrada: 12 €.

Las notas al programa de este extraordinario concierto  hacen referencia a los dos compositores que lo ocuparon de manera brillante. De Janáček comenta de su última ópera «Desde la casa de los muertos» que está inspirada en la novela homónima de Dostoyevski y que comienza con la llegada de Gorianchov al campo de prisioneros y termina cuando éste sale de prisión, añadiendo que la completó en mayo de 1928 muriendo al poco, siendo su estreno en Brno en 1930.

La Obertura y Suite “From the house of the Dead” (arr. Frantisek Jílek) resultó impecable por esta formación que en mi juventud diríamos «orquesta del este» y además llevando el nombre del compositor, totalmente novedosa para quien escribe. La limpieza de sonido, sumada a la acústica perfecta del Euskalduna, es digna de admiración, con una plantilla grande pero perfectamente balanceada en sus dinámicas y planos y un director que la conoce sacando de la obra momentos admirables, especialmente de una cuerda signo de identidad «bohemio» que tantas grabaciones han dejado a precios bajos pero de calidad altísima. 

Pero mi verdadero descubrimiento fue con Mahler y sus Lieder eines fahrenden Gesellen (Canciones de un caminante o Canciones de un compañero de viaje) interpretados por una de las mejores mezzos hasta el momento de este Musika-Música tan bohemio, llegando casi a preferirla sobre las versiones con voz masculina pese a que las hay estratosféricas. La austriaca Hermine Haselböck puso más que su voz a unas canciones carnosas, bien emitidas y aún más sentidas donde la orquesta sonó como si fuese de cámara, tal fue el mimo con el que Heiko Mathias Förster la llevó con cuatro números emocionantes sobre los textos de Des Knaben Wunderhorn, esas cuatro etapas del camino que es la vida a través de un héroe que resultó heroína:
1. Wenn mein Schatz Hochzeit macht (El día que mi amor se case). Schneller – Sanft bewegt. El dramatismo de la voz y la orquesta como si de la versión con piano se tratase, «la Haselböck» contagiando la madura adolescencia.
2. Ging heut’ morgen übers Feld (Esta mañana caminé por el campo). In gemächlicher Bewegung. Alegría y brillantez sentidas en cada párrafo y en cada frase, transmitida vocal e instrumentalmente, maderas pastoriles, percusión colorista y nuevamente la cuerda única, limpia, transparente pero sobre todo luminosa.
3. Ich hab’ ein glühend Messer (Tengo un cuchillo al rojo vivo). Stürmisch, wild. Si existe la sinestesia, la mezzo austriaca puso sangre en su voz redonda de color uniforme en todo el registro, expresividad, buen gusto y dramatismo en el amplio sentido de la palabra, bien subrayada por una orquesta que seguía demostrando cómo aunar calidad y calidez aunque suene reiterativo, metales redondos, presentes pero sin tapar nunca a la cantante de emisión perfecta y gusto exquisito.
4. Die zwei blauen Augen (Los ojos azules de mi amor). Mit geheimnisvoll schwermüthigem Ausdruck. Dolor siempre en el transfondo mahleriano transmitido por «la Haselböck» más íntima y la madera construyendo la cuna en la que mecer una voz que vehicula como ninguna los textos que Mahler disfrutó durante su azarosa vida con el maestro alemán Förster verdadero artesano sonoro capaz de hacer escuchar cada sección y pasaje con la misma nitidez que la voz de la mezzo austriaca.
La tarde mahleriana redondeándose y esperando el plato fuerte nada más salir de esta caminata que nunca me deja exhausto.