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Oviedo es lírico

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Domingo 6 de abril, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio: Gaëlle Arquez (mezzosoprano), Le Cercle de l’Harmonie, Jérémie Rhorer (director). Amor, furor, obras de Mozart, Gluck, Donizetti, Verdi, Saint-Saëns, Mendelssohn, Rossini y Bizet.

Desde hace años las llamadas orquestas historicistas (incluyo también las de nuestro Savall) están ampliando el primigenio repertorio barroco hasta el clasicismo y el romanticismo, con incursiones operísticas donde las formaciones francesas han sido de las pioneras defendiendo su patrimonio. Y Le Cercle de l’Harmonie con Jérémie Rhorer llegaron a Oviedo con un muestrario de su buen hacer en un programa variado con la francesa Gaëlle Arquez que nos dejó cinco arias flanqueadas por páginas instrumentales con una excelente entrada en el auditorio para un Oviedo que ama la lírica y no quería perderse esta nueva cita con una voz de mezzo verdadera (nada de sopranos maduras) que está triunfando por su buen hacer.

En las partes instrumentales la veinteañera orquesta de Rhorer arrancó impetuosa en el tempo con la obertura de Le nozze mozartianas, como intentando demostrar su sonoridad aterciopelada y buen quehacer de una cuerda segura y virtuosa, con vientos afinados y bien balanceados, más unos timbales que en el auditorio resuenan como en un circo romano. El director conoce bien su orquesta, y del alemán adoptado francés Gluck nos dejaron dos danzas impecables del Orfeo y Eurídice, la de los espíritus con la flauta impecable de Anne Parisot, llena de musicalidad, más unas «furias» poderosas, jugosas, nuevamente virtuosas y dinámicas, en un repertorio donde se les nota cómodos y cercanos a lo que hoy entendemos por historicismo.

Por su parte Gaëlle Arquez comenzó tras la obertura nupcial mozartiana con la bella aria Voi che sapete aún fría pero con un color homogéneo en todo el registro aunque en los graves la orquesta parece olvidar quitar una letra de los matices pues está detrás de la cantante y no en el foso. Mejor con Gluck y el aria de «Ifigénia en Áulide» con la mezzo, que esperó sentada en un lateral las partes instrumentales, entonada, un hermoso timbre de registro medio muy matizado, agudo tan aterciopelado como la orquesta, y graves suficientes manteniendo un fraseo impoluto, con la dicción natural de su idioma (siempre una ventaja para las cantantes francófonas) diferenciando en dinámicas y aire recitativo más aria.

Una primera parte que se hizo breve y más por los tempi exhibidos por Rhorer antes de entrar en una segunda parte con mucha ópera y plantilla ampliada con el arpa y el oficleido (que sustituiría al el serpentón renacentista en el equivalente a la actual tuba). Impresionante Arquez que arrancó la primera gran ovación con su aria de Leonora del tercer acto («La Favorita», Donizetti), que con su registro gana en fuerza, más aún junto a una orquesta ya amoldada en volúmenes (muy bien las trompas naturales), luciéndose con un fraseo muy melodioso y ornamentos claros. El segundo gran triunfo de la mezzo llegaría con una de las arias más bellas y seductoras para su voz, la Dalila de Saint-Saëns (que bisaría al final del concierto). Por fin una orquesta acompañante para hacer brillar la voz de la mezzo francesa, con buenos instrumentos solistas en clarinete o arpa, unos metales muy afinados y empastados (más difícil con los naturales) más la dirección de Rhorer plegada a la voz.

En las páginas instrumentales otro punto a favor de Le Cercle de l’Harmonie con un preludio de «La traviata» verdiana más que digno, matizado, contrastado en todo primando una cuerda dúctil, más la obertura de «El sueño de una noche de verano» de Mendelssohn que remató las intervenciones orquestales con una rica paleta tímbrica de esta orquesta capaz de sonar igual de bien en toda la música que trajeron a Oviedo antes de partir hacia el Kursaal donostiarra. El remate el aria de «La Cenicienta» rossiniana con Arquez perfecta, dramatizando su personaje, emisión clara, musicalidad plena bien arropada por la orquesta y buen colofón para esta mezzo «verdadera», de agilidades precisas, limpias, respirando entre todos para disfrutar de un timbre esmaltado y rico.

Y qué mejor rol para esta mezzo que la Carmen de Bizet, eligiendo de regalo el aria «Près des remparts de Séville» que la aupó entre las intérpretes actuales con Le Cercle de l’Harmonie ideal junto a un gran concertador como Jérémie Rhorer de gesto académico, claro, contenido y siempre efectivo con los suyos. Público lanzando bravos, varias salidas a saludar y sin esperar que bisasen la Dalila que nos dejó con ganas de más arias de ópera en este primer domingo de abril. Oviedo ama la lírica y hoy disfrutó con este concierto.

PROGRAMA:

«AMOR, FUROR»

Primera parte

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791):

Obertura. «Le nozze di Figaro» (Las bodas de Fígaro)

Voi che sapete «Le nozze di Figaro»

Christoph Willibald Gluck (1714-1787)

Danse des esprits bienheureux «Orphée et Eurydice»

Dieux puissants que j’atteste… Jupiter, lance la foudre «Iphigénie en Aulide»

Danse des furies. «Orphée et Eurydice»

Segunda parte

Gaetano Donizetti (1797-1848)

L’ai-je bien entendu ?… Oh mon Fernand «La Favorite»

Giuseppe Verdi (1813-1901)

Preludio. «La traviata»

Camille Saint-Saëns (1835-1921)

Mon cœur s’ouvre à ta voix «Samson et Dalila» (Sansón y Dalila)

Felix Meldelssohn (1809-1847)

Obertura. «El sueño de una noche de verano»

Gioachino Rossini (1792-1868)

Non piu mesta «La Cenerentola»

La música siempre victoriosa

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Domingo 11 de junio, 19:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Helena Rasker (contralto), Polina Pastirchak (soprano), Giulia Semenzato (soprano), RIAS Kammerchor Berlin, Orquesta Barroca de Friburgo, René Jacobs. «Orfeo ed Euridice», Azione teatrale en tres actos, música de Christoph Willibald Gluck (1714-1787) y libreto de Ranieri di Calzabigi, estrenada en el Burgtheater de Viena el 5 de octubre de 1762. Ópera en versión concierto.

Crítica para Ópera World del lunes 12, con los añadidos de fotos (propias y de las RRSS), links siempre enriquecedores, y tipografía que a menudo la prensa no admite.

Clausura de la llamada «Temporada del reencuentro» en Oviedo, «La Viena Española», que está en el mapa musical de esta gira española (con paradas en Madrid y Barcelona) con el incombustible René Jacobs (Gante, 1946) trayéndonos otra ópera barroca, aunque sea en concierto, con este repertorio en el que sigue siendo autoridad, más con los años, contando con un trío protagonista no muy conocido por estos lares aunque muy adecuada su elección, junto al siempre seguro RIAS Kammerchor berlinés y la Freiburger Barockorchester (FBO) para disfrutar de la versión original vienesa del «Orfeo y Eurídice» de Gluck.

Cuando hay calidad, sabiduría y talento, Oviedo capital lírica desde hace 75 años ininterrumpidos, agradece también las versiones en concierto, podríamos llamar semiescenificadas pues el decorado nos lo imaginamos, y además el barroco se está asentando no ya en la «Primavera» homónima ovetense sino también en la Temporada del Campoamor tanto en la ópera como esperemos pronto en su Festival de Teatro Lírico Español. Y es que este «Orfeo y Eurídice» estuvo a la altura de lo esperado con René Jacobs dirigiéndola en un conjunto perfecto para la ocasión.

La sonoridad de la FBO es única, aterciopelada, capitaneada por Cecilia Bernardini, con un excelente clave de Ricardo Magnus y el arpa de Mara Galassi, todas las secciones equilibradas (sumándose el excelente percusionista Charlie Fischer), bien balanceadas siempre por el maestro Jacobs, contrastes  barrocos entre lo luminoso y lo tétrico, rigor interpretativo realzando la trama argumental, colocados para completar una presencia que se adaptó en todo momento a las voces, con la “escapada fuera de escena” de un grupo para el eco de Orfeo.

El RIAS Kammerchor Berlin volvió a demostrarnos su dominio en cualquier periodo histórico pero aún más en el barroco, 35 voces distribuidas a ambos lados del escenario, entrando y saliendo de escena (lástima el ruido sobre la tarima), girándose cual telón infernal del Hades, con empaste y afinación perfectos e incluso dramatización final todos adormecidos antes de la brillante conclusión, su habitual rotundidad coral con dinámicas amplias que completaron esta ópera de Gluck.

Del trío solista, el Orfeo de la holandesa Helena Rasker fue ganando progresivamente en los dos actos, moviéndose partitura en mano, sentándose, con un color ideal para este rol protagonista donde se necesita la corporeidad vocal y una homogeneidad en el volumen, si bien hubo algún pasaje algo más piano ante el acompañamiento instrumental que no deslució para nada su línea. Redondearía una interpretación que emergió aún más tras el descanso (acto II desde la escena 2), con buen empaste tanto con Amore como con su amada Euridice, dramatismo total de la pareja y unos ornamentos-apoyaturas muy personales en el aria más famosa, Che farò senza Euridice, con una orquesta perfecta en sintonía, al igual que el citado eco del primer acto.

Buen gusto el Amore de la soprano italiana Giulia Semenzato, excelente actriz que llevó su papel con soltura por toda la escena y hasta saliendo por el patio de butacas, acompañándose de la pandereta o bailando la Danza de los espíritus bienaventurados (mientras se lucía el duo de traversos). Con proyección suficiente, agudos impecables y agilidades en su sitio, mantuvo la altura tanto argumental como vocal.

Euridice aparece en la segunda parte, estando a cargo de la soprano húngara Polina Pastirchak, de presencia escénica y voz con cuerpo en los graves que supone un plus en la interpretación de su personaje. Interesante el contraste de colores entre ambas sopranos y el empaste con Orfeo, matices siempre cuidados por Jacobs.

Un broche operístico y barroco para esta temporada 22-23 donde ya se anuncia el avance de la próxima, con lo mejor del panorama mundial desde esta Asturias mía y su capital «vienesa» hasta en los dulces.

Ficha:

Auditorio “Príncipe Felipe” de Oviedo, domingo 11de junio de 2023, 19:00 horas. Clausura de los Conciertos del Auditorio “Temporada del reencuentro”. «Orfeo ed Euridice», Azione teatrale en tres actos, música de Christoph Willibald Gluck (1714-1787) y libreto de Ranieri di Calzabigi, estrenada en el Burgtheater de Viena el 5 de octubre de 1762. Ópera en versión concierto.

Reparto:

ORFEO: Helena Rasker (contralto) – EURIDICE: Polina Pastirchak (soprano) – AMORE: Giulia Semenzato (soprano) – Coro: RIAS Kammerchor Berlin – ORQUESTA: Freiburger Barockorchester (FBO) – DIRECCIÓN: René Jacobs.

El piano de ayer y hoy

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Miércoles 7 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, concierto nº 1657: Noelia Rodiles (piano). Obras de Sánchez Allú, Rueda y Schubert.

La pianista avilesina Noelia Fdez. Rodiles (1985) volvía a casa con un programa hispano alemán que aunaba el romanticismo y la visión actual, demostrando estar en plena madurez vital y artística, mostrando las dotes que la han encumbrado entre las mejores de nuestro panorama, que sigue exportando talento desde hace décadas, asombrando con su trabajo minucioso al afrontar obras de distinto calado con las que se encuentra igual de «cómoda», sin etiquetas, aunque está claro que su Schubert no podía faltar, recordándome a otra pianista del pasado siglo como fue Alicia de Larrocha.
Y es que Rodiles continúa en su línea, melodismo puro, pasión y delicadeza, sonido muy trabajado en cada detalle, entrega total más una honestidad al afrontar cada partitura digna de elogio. Así comenzaba su concierto en el Jovellanos con la Sonata para piano op. 1 en mi bemol mayor del salmantino Martín Sánchez Allú (1823-1858), una maravilla recuperada por la asturiana gracias a la Fundación Juan March, pianismo con recuerdos de Mozart o Beethoven, estructura de sonata clásica en cuatro movimientos pero muy bien elaborada, con momentos profundos que Noelia Rodiles exprime desde su conocimiento y las notas al programa de  María Alonso Bustamante ayuda a comprender aún mejor. Al escuchar estas obras rescatadas del polvo, siempre me pregunto qué hubiera sido de Sánchez Allú si su vida fuese un poco más longeva y de cuánto nos privó su joven muerte. Patrimonio hispano a la altura del alemán que Noelia Rodiles interpretó de manera magistral.
La Sonata nº 5 «The Butterfly Effect» (2017) del madrileño Jesús Rueda (1961) ya la conocía por ser una de las que conforman el CD del año 2020 con el mismo título y su escucha en vivo siempre resulta deliciosa por la destinataria de esta inspirada obra en tres movimientos con las «Mariposas» de Schumann como feliz disculpa, Wings impresionista, Evanescent y etéreo de sonoridades propias donde el pedal debe ir en el lugar justo, y el virtuosismo del Perpetuum Mobile, un verdadero ciclón donde dudo entre calificarlo como delicadamente pasional o pasionalmente delicado. No hubiera estado mal escuchar las otras dos obras de encargo (Magrané y David del Puerto), pero Schubert nos esperaba toda la segunda parte.
La versatilidad refinada de Noelia Rodiles le permite reunir como ella dice, «ofrecer el gran repertorio… junto con obras que se han quedado olvidadas o perdidas», y lo grande vendría con los Seis momentos musicales, D. 780, op. 94 de Franz Schubert (1797-1828). No es cuestión de poner en duda el orden pues el presentado fue alternando aires y expresión con una limpieza infinita, reposado el más conocido de ellos como el nº3, arriesgado como el quinto y vibrante el último, siempre «cantabile» incluso en los más rápidos, aportando ese buen hacer y elegancia de la avilesina en este repertorio tan exigente que con su aparente sencillez lo hace todavía más grande.
Las propinas otras dos joyas de ayer y hoy, hispana y alemana, la Rapsodia Asturiana de Benjamín Orbón (1879-1944), paisano suyo que siempre se agradece escucharlas aunque sea de propina, pues «la tiene siempre en dedos«, y el maravilloso arreglo que el gran Wilhelm Kempf hiciese sobre la Danza de los espíritus bienaventurados o Sgambati del «Orfeo y Euridice» de Gluck.
De nuevo el piano de ayer y hoy, de siempre, gran repertorio con obras que no pueden olvidarse ni perderse, el compromiso de Noelia Rodiles en este último del año en Gijón, que siempre se lo agradezco. Espero que 2023 siga siendo tan fructífero como este que vamos acabando, con música por supuesto.

ReJoice DiDonato

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Lunes 11 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio: Joyce DiDonato (mezzo), Il Complesso Barocco, Dmitry Sinkovsky (violín y director). Obras de A. Cesti, D. Scarlatti, Monteverdi, G. Giacomelli, Vivaldi, G. M. Orlandini, J. A. Hasse, Händel, G. Porta, Gluck y Keiser.

El último disco de la mezzo norteamericana se titula Drama Queens que como bien explica en las notas al programa Carlos García de la Vega, es una expresión coloquial inglesa que «Tiene un matiz jocoso a la vez que peyorativo y viene a definir a aquellas personas que tienden a exagerar y sobreactuar ante la más mínima contrariedad que se encuentran en su vida diaria», y el único que la diva de Kansas tuvo en Oviedo fue entrar para la segunda parte y caerse por dos veces al pisar el vestido de Vivienne Westwood Couture que también luce en las fotos del CD, del que también tenemos información en el programa. No constaban los calcetines rojos de los caballeros, a juego con el color de los dos vestidos de la «Reina Barroca«.

La formación musical italiana de Alan Curtis, que también figura en el CD, estuvo liderada en esta ocasión por el contratenor, violinista y director ruso Dmitry Sinkovsky, lleno de tics y gestos que por momentos resultaron exagerados, pero dejándonos un Concierto para violín y cuerdas «per Pisendel», RV 242 del cura pelirrojo muy aseado, limpio y virtuoso aunque algo pobre de sonido. Los números instrumentales dieron prueba de calidad en una semana plenamente barroca (que finalizará el próximo sábado con otra mezzo como «La Bartoli»), formación de sonido brillante, dinámicas amplias y afinación siempre cuidada. Como acompañante en las arias de DiDonato sonó en su sitio, en tutti y continuo, incluso los solistas como Marco Brolli a la flauta brillando a gran altura.

De los dos bloques elegidos por una de las divas de ahora, y volviendo a las notas de García de la Vega, resultó un «pasatiempo de Auditorio con estas Reinas de Drama, princesas, emperatrices. personajes escritos por músicos del XVIII (excepto Monteverdi) que «La DiDonato» interpretó con su estilo propio y las críticas habituales que no desmerecen en absoluto su entrega en el escenario.

Hace tiempo que las voces se clasifican por color en vez de tesitura, y las mezzos para el barroco necesitan un registro casi de soprano con el cuerpo grave casi de contralto más una técnica que exige incluso más que el belcanto. La americana tiene todo esto con limitaciones; personalmente me gusta su timbre -sé que muchos discreparán- aunque juegue con cambios guturales, dentales o nasales que pueden enmascarar el color aunque siempre se dan en momentos de dramatismo puntual. El estilo para el barroco es impecable en técnica, ornamentos de locura siempre claros, aunque el grave quedase más de una vez tapado por la agrupación camerística y, al menos en Oviedo, demostró una riqueza y variedad interpretativa según los roles, en especial la Ottavia de «la Poppea» de Monteverdi en la primera parte o el aria lenta de la «Ifigenia» de Porta llena de lirismo donde los músicos arroparon aún más la elegancia.

Me encantó el Piangerò la sorte mia del «Julio César» de un Händel (que ya cautivó con su anterior «Furore»), más en la parte rápida que en los lentos flanqueantes, aunque la belleza de la partitura es capaz de sonar siempre bien. Los pianissimi cortaron la respiración y hasta las toses del respetable, porque también las divas son capaces de detener un instante…

El «regocijo» o si se me permite jugar con el inglés ReJoyce de Donato, fueron las cuatro propinas que parte del público parece evitar al llegar la hora de la cena, pillándoles de pie en la puerta de salida. De todos es conocido el caracter extrovertido y simpático de la cantante que también cautiva, incluso su italiano para agradecer los aplausos y explicar que prefiere cantar a caminar con polisones siempre incómodos.

Lasciami piangere de Reinand Keiser (de su ópera «Galsuinde, reina de España»), recogida en el CD, Col versar, barbaro, il sangue de Orlandini («Berenice»), pues ya estaba bien de amoríos y llantos, más los bises de la primera y de Da torbida procella del citado Giuseppe Maria. Sin prisas seguro que hubiera continuado enamorando, pero también los músicos debían alimentarse de algo sólido.

El duelo de mezzos en semana barroca carbayona se decidirá el próximo sábado con «Mission» imposible y entradas agotadas. Para gustos, colores, y DiDonato brilló y enamoró…