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DiDonato trajo la paz

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Martes, 6 de junio, 20:00 horas: Oviedo, clausura de los Conciertos del Auditorio: «En guerra y paz: armonía a través de la música».
Joyce DiDonato (mezzosoprano), Il pomo d’Oro, Maxim Emelyanichev (clave y dirección musical). Coreógrafo y bailarín: Manuel Palazzo; director de escena: Ralf Pleger; iluminador: Henning Plum; diseñador de vídeo: Yousef Iskandar; vestuario: Vivienne Westwood y Lasha Rostobaia; maquillaje M.A.C. Fotos de webs, Sven Lorenz y Javier del Real.

Un mensaje de «La DiDonato» entregado en sobre cerrado nos pregunta como en la web ¿En medio del caos, cómo encuentras paz?… Múltiples respuestas en estos tiempos de atentados, hambre, migraciones, guerras y muchas crisis incluyendo la cultural, pero la respuesta la dio la propia diva internacional en sus palabras de despedida: el Oviedo que conoció en los exterminados Premios Líricos del Campoamor, su anterior concierto y este martes de campo festivo en Vetusta, con música y bailes tradicionales en el Campo San Francisco, los árboles, la hierba, las familias comiendo bollos preñaos que compartió, la inocencia y alegría de los niños, la inocencia y sobre todo el amor por la música que convierte a la capital asturiana en «La Viena del Norte» de España, una ciudad que las figuras, los grandes nombres que la han visitado, saben colocar en el mapa (cultural) sin dudar la ubicación, con ganas siempre de volver.

Joyce DiDonato nos trajo un verdadero espectáculo más allá de la propia música, perfectamente elegida y organizada, con textos traducidos y proyectados que la mezzo norteamericana representó, microrrelatos llenos de belleza, hondura guerrera y luz pacífica, interpretando en cuerpo y alma, con una puesta en escena completísima donde Il Pomo d’Oro con Emelyanichev al mando de esta nave, al clave, dirigiendo, marcándose un solo de «cornetto» en De Cavalieri, auténtico espectáculo cuidado al mínimo detalle, sobrio y elegante, nada accesorio, todo en su sitio, con la voz carnosa de una Joyce que gana con los años como los buenos vinos, aunque las agilidades no brillen como antaño, musicalidad a borbotones, buen gusto, elegancia, saber estar, llenar la escena en todo momento… Si además la orquesta es de lo mejor que podemos encontrar hoy en día en estos repertorios, un ruso todoterreno y virtuoso al mando de un continuo impecable, unos graves poderosos y unos instrumentistas de viento capaces de pasarse a las flautas como si fuesen sus primeros instrumentos, incluso el piccolo de Anna Fusek virtuoso aún más que con su violín segundo y escenificando convincentemente al pastor, no es de extrañar que el resultado fuese de verdadero «rejoice».

Colas para entrar, detalles en el vestíbulo con grandes pantallas de plasma proyectando la imagen de esta diva cercana, carteles con el diseño corporativo de esta gira, todo estudiado para una velada a la altura de sus protagonistas en un cierre de temporada que ha vuelto a dejar el listón muy alto. Dejo el programa que también disfrutaron en Madrid y Barcelona para seguir situando a Oviedo como capital musical de primera y mis impresiones nada más llegar a casa.

Primer parte – Guerra
G. F. HÄNDEL: Scenes of horror, scenes of woe (Storgè), de «Jeptha», HWV 70 (1752).

L. LEO: Prendi quel ferro, o barbaro! (Andromaca) de «Andromaca» (1742).
E. DE’ CAVALIERI: Sinfonia: «Rappresentatione di anima e di corpo» (1600).
H. PURCELL: Ciaconna in sol minor for 3 violins and basso, Z730 (instrumental); Dido’s Lament (Dido) de «Dido and Aeneas», Z626 (1689).
HÄNDEL: Pensieri, voi mi tormentate (Agrippina) de «Agrippina», HWV 6 (1709).
C. GESUALDO: Tristis est anima mea. Tenebrae Responsoria Nº 2 (1611) (instrumental).
HÄNDEL: Lascia ch’io pianga (Almirena) de «Rinaldo», HWV 7 (1711).

La sorpresa nada más entrar en la sala casi en penumbra, con la luz muy atenuada y la mezzo al fondo sentada y el bailarín tumbado en escena, solos, innanes, cual decorado mudo mientras el público iba llenando el auditorio antes de la primera escena de horror. El Händel «marca de la casa» con una orquesta ideal, a continuación el poco escuchado Leonardo Leo aumentando la tensión, tragedias épicas, dolor subrayado por la sinfonía de Cavalieri antes de volver a los grandes ingleses, el «Dido DiDonato» único, Purcell en estado puro al igual que la Agrippina haendeliana con un responsorio de tinieblas del Príncipe de Venosa en el medio preparando el más sentido Lascia ch’io pianga que he escuchado en directo, cortando el aire, silencios dramáticos, expresión vocal y corporal irrepetible, permitiendo llorar de emoción, la guerra hacedora de belleza profunda, con un conjunto instrumental verdadero oro de muchos quilates.

Segunda parte – Paz

PURCELL: They tell us that you mighty powers (Orazia) de «The Indian Queen», Z630 (1695).
HÄNDEL: Crystal streams in murmurs flowing (Susanna) de «Susanna», HWV 66 (1749).
ARVO PÄRT: Da pacem, Domine (2004) (Instrumental).
HÄNDEL: Augelletti, che cantate (Almirena) de «Rinaldo», HWV 7 (1711); Da tempeste il legno infranto (Cleopatra) de «Giulio Cesare», HWV 7 (1724).

Media hora de descanso antes de regocijarnos con la paz, cara y cruz, sufrimiento desde el dolor infinito al que sigue el placer interior, compartido nuevamente con los ingleses Purcell y Händel que DiDonato canta como nadie junto a la pincelada gélidamente cálida de Pärt, mimetizado en un barroco cada vez más actual, con Il Pomo d’Oro impresionante en presencia, calidad y musicalidad, con el fuego de artificio final de una Cleopatra madura bien arropada por los italianos capitaneados por el ruso.

De propina el aria Par che di guibilo de «Attilio Regolo» (Niccolò Jommelli), rematando una velada increíble, antes de sus palabras en español e inglés, cercanía, gratitud y simpatía para terminar con un Morgen! (Richard Strauss) atemporalmente barroco en recuerdo de su mañana festiva y carbayona, perfecto cierre luminoso cargado de optimismo en estos tiempos que no ayudan pero donde la música sigue siendo el remanso buscado.

Vientos tañendo a rebato

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Martes 11 de agosto, 20:00 horas. Iglesia de Sta. María la Real de la Corte. Festival de Verano Oviedo 2015: AUDI ALTERAM: María Martínez Ayerza (flautas), Petri Arvo (bajón y flautas), Petros Paukkunen (órgano). Obras de Giovanni Antonio Pandolfi Mealli, Francisco Correa de Arauxo, Jan Pieterszoon Sweelinck, Aurelio Virgiliano, Bartolomeo de Selma y Salaverde, Pierre Regnault Sandrín / Diego Ortiz, Michelangelo Rossi, Carlo Gesualdo y Tarquinio Merula. Entrada libre.

La crisis bancaria abolió en 2013 sin más explicación ni disculpas el Festival de Órgano «CajAstur» de Asturias, una cita para los amantes del llamado instrumento rey durante los meses de mayo y junio que llevaba nada menos que ¡23 años!, rompiendo un apoyo que alcanzó numerosas manifestaciones culturales, siendo las musicales las más perjudicadas y echando por tierra los esfuerzos de muchos implicados en mantener nuestro Principado como referente en los circuitos internacionales, quedando conciertos sueltos en Covadonga con su ciclo de verano que llega éste al séptimo año, la Semana de Música Religiosa de Avilés, XXXVIII ediciones en la pasada Semana Santa, o muy puntuales en los grandes órganos del patrimonio asturiano. No me sirve de consuelo ver que León tras el titánico trabajo en alcanzar financiación para el nuevo órgano de su Catedral, y con 32 ediciones de su festival, también se haya quedado estancado ante el desinterés político e institucional (salvo el ciclo Bach del INAEM a través del CNDM) y parece quedar luchando contra todo el Festival de Órgano Ibérico de Palencia, en los históricos instrumentos de la Tierra de Campos.

Oviedo viene a paliar el desaguisado y barbecho organístico (entre todos mataron y él solo se murió), quedándose en una simple agonía porque cada verano recupera parte de este legado, estando presente algún concierto como el último al que asistimos, con un nuevo lleno «pagando» incluso la misa previa en La Corte, la antigua iglesia del monasterio de San Vicente, el mismo del Padre Feijóo que preside la plaza, y cuyo claustro acoge hoy el Museo Arqueológico, sede de la mayoría de conciertos veraniegos, una iglesia restaurada en el XVIII que tiene el mejor órgano ovetense y una de nuestras joyas (junto al de Puerto de Vega), instrumento barroco (1705) “mudo” desde 1950, restaurado por Grenzing en 1988 cuando quedaba dinero para casi todo, y que si pudiese hablar daría para muchas y variopintas historias de muerte y resurrección musical con Moisés casi patrono por «salvado» de las aguas en 2003.

El trío Audi Alteram en gira española que les llevará el jueves 13 al Festival de Santander y el sábado 15 hasta Cuenca, es una formación hispanofinesa que se encuentran en Amsterdam, aún capital de la música antigua, audi alteram … Las piedras y los árboles movía para titular su concierto «Música para un mundo cambiante», y así resulta, cambiante y sabia conjunción de soplo mecánico en el órgano ovetense tañido por Petros y el humano de su compatriota Petri al bajón y flautas, más la española María Martínez, todos de amplio recorrido y experiencia en estas músicas instrumentales esta vez centradas en el «seicento», alcanzando momentos de empaste con el órgano de unidad tímbrica todavía más enriquecedora, a lo largo de diez piezas (hicieron dos de Sweelinck). Las notas al programa que dejo arriba, hablan de su nacimiento para promover el Stylus Phantasticus, estilo de música instrumental del siglo XVII que se caracteriza por utilizar una variada paleta expresiva, grandes contrastes y una libertad compositiva insólita hasta el momento, gracias a que desde 1600 los instrumentos encuentran su propio vocabulario independiente del vocal, lleno de virtuosismo, trinos, acentos, escalas, cromatismos… y así resultó cada obra, alguna adaptada por y para esta formación de vientos, que como su nombre latino, «escucha a los otros».

El siglo XVII resultó revolucionario también en la música y las artes plásticas por un efecto dramático que rompe con la simetría y el equilibrio renacentista y deja paso a las emociones «desde el sufrimiento extremo o la alegría más desbordada», seña de identidad en cada pieza donde alternan grandes maestros de la música instrumental con obras para órgano tituladas de “durezze e legature” como llamaría Frescobaldi, traducido a esta música como «disonancias y suspensiones», alternancia de acordes puede que «duros» para entonces, hoy más placenteros por educación y tiempo, con armonías placenteras que expresan contrastes preparatorios del barroco pleno, dolor y serenidad como pilares emocionales.

A destacar cuánto cuidó el detalle en toda la gama de registros del órgano ovetense Petros Paukkunen, sabedores de la dificultad que tiene hacerse con un instrumento único, sabiendo elegir los adecuados para ser capaz de confundirse con las flautas y bajón (fagot barroco) de su compatriota que tuvo su protagonismo cual ministril de tantos templos, mezcla perfecta de lengüetas mecánicas y humana, y las flautas dulces de la conquense María Martínez, combinadas en obras para demostraciones virtuosísticas por parte de los tres intérpretes donde no faltó elegancia ni musicalidad, presencia clara de la emancipación instrumental a partir de 1600 frente al dominio vocal: trinos, acentos, escalas y cromatismos de todo tipo resueltos con excelencia.

Variados compositores para un concierto de autores variados comenzando por la Sonata quarta: La Castella de Pandolfi Mealli, una «sonate à violino solo, per chiesa e camera» de tres movimientos donde aparecen los contrastes antes mencionados, en versión para órgano y dos flautas en subidas y bajadas dialogadas con solos intermedios de la tecla desde registros similares capaces de confundir a oídos inexpertos, para seguir con nuestro Correa de Arauxo y su Tiento de dos tiples de séptimo tono básicamente flautas, arreglo para órgano y flautín antes de la incorporación de la segunda flauta contralto al final de esta obra con tintes virtuosos rica en disonancias, como la mayoría de formas elegidas, .

El órgano solo llegó con la Fantasía (contraria) en sol, SwWV. 270, S. 3 (g1) del genio Sweelinck, nueva lección de Petros Paukkunen y sabia elección de registros de menor a mayor dinámica según avanzaban las variaciones, incluyendo la trompetería que aguantó sin problemas de afinación en un derroche sonoro y virtuoso. Del mismo compositor hicieron una nueva obra para «canto e basso» donde se conjugaron órgano, flauta y bajón con alguna dificultad de afinación de éste con la tubería homónima, especialmente en los pasajes agudos, que no sucedió con la flauta soprano siempre atinada y empastada con el padre organístico.

Crecida la flautista y profesora española en Londres nos dejó un impecable Ricercare de Virgiliano (de Il Dolcimelo), obra solística pleno de recursos al servicio de la partitura, haciendo cantar sola una flauta no ya española sino internacional, trinos imposibles, fraseos vocales y poderío instrumental, virtuosismo en estado puro en todo el amplio registro de la flauta contralto.

Brillante protagonismo de los intérpretes finlandeses en la Fantasía 5 a basso solo (Bartolomeo Selma y Salaverde), tres movimientos más empastados y afinados que en el trío “canto e basso”, con verdadero canto del fagot y contracanto organístico siempre con el registro adecuado para no tapar nunca la doble lengüeta humana con la mecánica, hermanamiento con el bajón gemelo de un compositor referente de los fagotistas.

Igualmente buena mecánica y combinaciones con la flauta baja en la cláusula Doulce memoire de Sandrin que glosase nuestro Diego Ortíz, respetuosas dinámicas del órgano con la piccolo femenina en una hermosísima reinvención remanso de paz que aumentaría en intensidad con la incorporación del bajón nuevamente en difícil afinación que no enturbió la interpretación del trío.

Habiendo órgano no puede faltar la forma por excelencia, Toccata 7 de M. Rossi que trajo un verdadero catálogo de recursos a cargo del organista finlandés, auténtico virtuoso de sonido limpio en ambos teclados, con sonoridades plenas, floreos u ornamentaciones ricas de disonancias contrarias en oposición de teclados y con registros variados y contrastados, demostrando una calidad excelente este joven intérprete corroborada con la Gagliarda del «Príncipe di Venosa» Carlo Gesualdo cual marcha procesional en tubería segura y afinada de contrates variados, trompetas frente a plenos, violones contra tutti que «el resucitado» por Grenzing soportó con la misma seguridad y templanza del intérprete nórdico, solamente frío por nacimiento y realmente fogoso sin quemar naves.

Los danzantes pájaros del dúo de flautas con órgano de la Ciaccona de Merula, perteneciente a las «Canzoni» publicadas en Venecia en 1637, redondearon una completa velada de formas instrumentales para lucimiento de todos, entendimiento de soplo humano felizmente casado con el mecánico, todo un amplio despliegue de recursos musicales que hicieron cantar a los tres vientos, ya que es denigrante el público mal educado al que no le importa siquiera estar en un templo religioso, algo que debe cantarse a los cuatro vientos pese al dicho de «espectáculo gratis, cueste lo que cueste».

 
P. D.: Dejo aquí mi crítica publicada en LNE del 13 de agosto:

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Magisterio renacentista

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Foto: Diego Domínguez Pérez

Sábado 6 de abril, 19:30 horas. Auditorio Nacional de Madrid, Sala de Cámara: Peter Phillips & El León de Oro: Grandes Maestros del Renacimiento. «Laudibus in sanctis», obras de Lasso, Victoria, Byrd, Gombert, Gesualdo, Lobo y Palestrina. Entrada: 15€.

Disfrutar nuevamente de mi coro preferido, dirigido por un Maestro con mayúscula como el británico Peter Phillips con el repertorio que domina como nadie, y además en el Auditorio Nacional, no tiene precio. Compartirlo con amigos «in situ» supone contar de primera mano otra experiencia irrepetible, porque El León de Oro (LDO) sigue asombrando en cada concierto, independientemente del repertorio o la renovación de voces en sus 15 años de historia. La propia presentación del programa de mano merece leerse como ideario de esta formación que todavía seguirá dando a los «leónigans» muchas alegrías: «lo que cuenta es la pleitesía al sonido, la entrega a un bien superior como es la belleza. La belleza nunca está en crisis. La belleza es. Somos sus intérpretes los que podemos estar en crisis personales, económicas o de otra índole, algo que poco puede importar ante la grandeza de un acorde bien construido por Palestrina como el que cierra este programa».

De la búsqueda de esa belleza sonora puedo dar fe en cada una de sus actuaciones en directo, siendo la más «cercana» y parecida por las obras y autores elegidos la vivida en la Catedral de Oviedo con el propio maestro británico: un arduo trabajo, no ya musical que es enorme, sino de búsqueda de financiación, quedando reflejado en un DVD que atesoro y sirve de pequeña muestra al ímpetu de un coro amateur pero profesional en sus resultados. Para su presentación en la capital de España nada menos que en el templo musical, que celebra sus 25 años, el esfuerzo volvió a tener recompensa, contando con la colaboración del Coro de Voces Graves de Madrid, el Excmo. Ayuntamiento de Oviedo, Hoteles El Carmen de Carreño y Dña. Bettina von Scheidemantel, repitiendo Phillips con el LDO y acrecentando la grandeza de unos intérpretes magistralmente llevados por el británico en unas obras donde la música coral es sublime.

Comenzar con Lasso fue el primer reto. La Missa Bell’ Amfitrit’ altera a ocho voces «a capella» supone para cualquier coro trabajar y condensar todo lo necesario para una interpretación acorde a la magnitud de esta obra: emisión clara, pronunciación correcta, afinación perfecta, seguridad en los ataques, dinámicas amplias y sobre todo un perfecto entendimiento con el director, logrando una flexibilidad impecable desde el Kyrie al Agnus con emociones a veces contenidas y otras rebosantes (Gloria), grandeza de Lasso que también alcanza a Media vita para un coro reducido que volvió a deleitar en todos los aspectos.

El remate nuestro insigne Tomás Luis de Victoria y su Regina coeli, otra lección del Maestro Phillips con sus «leones aventajados», puntuación sobresaliente hasta para el público: educado, emocionado, conteniendo respiraciones y dejando flotar cada final el tiempo suficiente para degustar todas las notas, los finales de frases que se miman al detalle, sin prisas por aplaudir y una acústica de la sala que devolvió en todo su esplendor la obra del abulense en las voces celestiales del coro asturiano «llevado de la mano» por un experto.

Tras la pausa del cigarrilo que me sirvió para saludar a otros «leónigans» venidos de distintas partes de la geografía, una segunda parte tal vez menos interiorizada y exigente para todos pero igualmente sabrosa donde no podían faltar estilos y nombres que llevan el latín a su máxima expresión musical, perfecta unión donde el texto alcanza el paraíso sonoro, o «flotar» como el día antes en Gijón.

Laudibus in sanctis (Byrd) que también titulaba el programa, la óptica inglesa del Renacimiento con lenguaje propio e igualmente universal que director y coro bordaron, Media vita (Nicolas Gombert), acento franco-flamenco en el amplio muestrario vocal que brilla en esta partitura, Ave dulcissima Maria (Gesualdo), la belleza interior del canto a La Mujer compuesto por el Príncipe del madrigal emotivamente llevado, Versa est in luctum (Alonso Lobo) con el color sevillano de un compositor nuestro que El Maestro recuperó para seguir mostrándonos la grandeza del repertorio renacentista en las voces de los gozoniegos, otros escolares siguiendo el camino de sus «armas gemelas» The Tallis Scholars, para finalizar nada menos que con Nunc dimittis (Palestrina), obra trabajadísima con Marco A. García de Paz, interiorizada por todo el coro y que dirigida por «PeP» parece levantar vuelo desde el gesto siempre conciso e íntimo bien contestado por los cantantes. Disfrute de cada obra en su individualidad y grandeza, la universalidad de una música vocal tan bien hecha e interpretada que puede detener el tiempo y volvernos al presente en toda su magnificencia.

De propina otra joya renacentista que LDO tiene muy presente en su amplio repertorio, el motete Nescien mater (Jean Mouton) para rematar una clase magistral, doctorado «cum laude» para los leones asturianos con el catedrático británico en un encuentro satisfactorio a más no poder para ellos compartido por un público entregado que aplaudió merecidamente este nuevo escalón hacia la belleza. No en vano las armas expuestas son «poderosas: Entusiasmo y calidad. Amor y perseverancia. La búsqueda del sonido imposible». Orgulloso de ser leónigan una vez más…

El León de Oro refulgente

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Domingo 18 de marzo, 20:00 horas. Catedral de Oviedo: Coro «El León de Oro», Peter Phillips (director). Actos conmemorativos del 1170 aniversario de la muerte del Rey Alfonso II El Casto. Polifonía Sacra Renacentista, obras de Mouton, Byrd, Gesualdo, Palestrina, A. Gabrieli, Lasso y Victoria.

Tener en Asturias a Peter Phillips ya era noticia. Que le trajese nuestro coro más laureado todo un lujo del que disfrutaron no sólo ellos sino todos los «leónigans» que comenzamos a ser legión con ver una Catedral llena como nunca para un concierto donde todo brilló como nunca.

Si el ensayo abierto al público resultó toda una lección magistral gracias al duro trabajo de meses a cargo de Marco A. García de Paz y su coro, la llegada del maestro inglés supuso un nuevo hito para la formación asturiana. Contar con el mayor especialista en polifonía renacentista para dirigirles es otro escalón de calidad para este coro joven y ya veterano que embelesa nada más escucharlo, cuya aspiración «no es otra que la búsqueda de la belleza sonora, experimentar la pureza de la polifoía y la comunidad que surge del canto conjunto». Phillips ha conseguido sacar aún más brillo del Oro que baña a todos los asturianos.

Del amplio repertorio con el que cuentan, había que pergeñar lo sacro y renacentista para esta ocasión única a la que se sumaba la celebración histórica unida a la grabación en DVD cuyo mecenazgo también resultó noticia: programa duro, difícil y sobre todo interiorizado imbuido del espíritu inglés que hizo sonar al coro plenamente británico, recreándose en cada palabra, en cada consonante, en cada acorde… Phillips hizo un trabajo de orfebre, conocedor como nadie de la música al servicio del texto, el latín de nuestras raíces, la importancia de las notas en la sílaba correcta, el rezo coral precisamente desde las resonancias y reverberaciones catedralicias que esta tarde de domingo sonaron a gloria bendita.

Imposible destacar cada una de las joyas y su brillo, quiero comenzar destacando la excelente labor de Elena Rosso dando los tonos en todas las obras. Desde el inicial Nesciens mater (Jean Mouton) que también ofrecieron de bis, siguiendo con los dos motetes de Byrd demostraron que la polifonía, sea con medio coro, con otro medio o al completo, no pierde nunca unidad ni calidad, exhuberancia y meditación, cinco o cuatro voces mixtas, siguen resultando compactas, conmovedoras, ricas en matices y sobre todo con una musicalidad que me hizo comprender diáfanamente el tactus renacentista viendo al maestro Phillips dirigirles.

Gesualdo daría el toque virtuosístico con ese O vos omnes capaz de jugar con ese «masoquismo vocal» que suena lujurioso en las voces del LDO magistralmente llevadas con el gesto justo tras un trabajo titánico previo del maestro británico.

Palestrina como modelo tridentino para la máxima del rezo donde la música nunca lo oculta sino que lo realza llegó con el motete Laudate Pueri a 8 voces capaz de un contrapunto que en ningún momento ocultó cada línea melódica del salmo, humildad de la letra y de la interpretación capaz de hacer realidad las palabras sin firmar (de Millán González) en el programa aunque sacadas de contexto por mí pero que vienen perfectas: un coro que «se ha dignado a mirar al hombre con misericordia y a obrar maravillas».

Andrea Gabrieli y el motete Deus, qui beatum Marcum trajo luz y color pero para mí también un juego de palabras entre «león», «Marco», Gozón y el Véneto volviendo a retomar y rehacer las notas escritas: «Phillips es grande. ¡Gloria al León Dorado de Marco!».

El director inglés también quiso aportar al repertorio Media vita (Orlando di Lasso), un motete a seis voces realmente complejo por un texto angustioso -«En plena vida estamos muertos»- realzado por la música, pero que transmitió esperanza desde un interrogante siempre lumínico vocalmente.

Y si hasta ahora Victoria, nuestro mejor compositor, sucesor de Palestrina al que superó con creces, parecía tener el monopolio interpretativo de los coros ingleses, el tandem Phillips-LDO logró borrar fronteras y «añadir» Luanco a la Gran Bretaña musical, pues tanto Vidi speciosam (a 6 voces) como la Salve regina a doble coro, sonaron «dulcis», explendorosas, refulgentes, y no me ciega la pasión porque el DVD lo dejará para el perpetuo recuerdo y goce.

Haber participado como testigo de primera fila en este acontecimiento me tuvo cual místico en éxtasis, siguiendo como rezo los textos y levitando con unas músicas celestiales que el LDO transmite como nadie. En Donosti y Hondarribia podrán corroborarlo en breve. Si el Oro en tiempos de crisis sigue subiendo, este León cotiza al alza y con muchos quilates.

P. D.: ¿Minireseña? en LNE y por fin la crítica de Diana Díaz el martes 20.