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Vuelta a casa

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Domingo 20 de octubre, 20:00 horas. XXX Festival Internacional de Órgano Catedral de León: Adolfo Gutiérrez Viejo (órgano). Obras de Cesar Franck y Ch. M. Widor. Concierto Homenaje a la Asociación de Amigos del Órgano Catedral de León.

De auténtico éxito podemos calificar esta trigésima edición del festival leonés donde el auténtico protagonista ha sido el nuevo órgano de Klais inaugurado el pasado 21 de septiembre por Jean Guillou con diecisiete conciertos variados y colas enormes para todos ellos, incluso hora y media antes del comienzo, para abarrotar la catedral independientemente del programa del día. Anécdotas aparte sobre las colas o los asientos reservados para la asociación que homenajeaba al primer director de este festival, la emoción estaba presente este domingo como nunca.

Tras un discurso del director actual, Samuel Rubio, con agradecimientos varios y sinceros al público, a la propia Catedral, a los artistas que han pasado por ella, al nuevo órgano, a sus colaboradores del festival, a la asociación y sobre todo al amigo Adolfo, también el de Lugán quiso rendir su propio homenaje, leyendo sus notas al programa y después deleitándonos en este instrumento por el que ha esperado 30 años y que ya pudo estrenar el día 22 de septiembre, pero cerrando edición supondría dar, darle y darnos este homenaje nada menos que con los Trois Chorals (1890) de Cesar Franck, el compositor que más ha hecho tras Bach por este  monumental rey de los instrumentos desde su conocimiento y magisterio, tanto del compositor como del intérprete, ayudado en los registros por otro amante del órgano y amigo como el asturiano José Mª «Chema» Martínez.

«El bicho de Klais», este animal sonoro salvaje aún, fue domado desde la experiencia, luchando con el pedal de expresión tan necesario en los corales, encontrando registros en los teclados III y IV realmente conmovedores, utilizando el trémolo con cautela, pedaleros siempre en el equilibrio sonoro para dejarnos tres interpretaciones de madurez en la lectura y ejecución.

El Coral nº 1 en mi menor ya presentó el «ideario» a seguir, pianisimi delicados, crescendos y decrescendos enriqueciendo dinámicas, cromatismos, transiciones entre teclados ceñidas al discurso y los tutti siempre redondos y potentes.

Para el Coral nº 2 en si menor los registros estuvieron cercanos a la intimidad del armonio y la claridad en ambas manos para esa melodía que irá alternando teclados, dialogando, con ligados hermosos, contrastes en matices y dinámicas realmente logradas, el Franck más romántico, ingenioso, inspirado y delicado con un «Cor de nuit» celestial sumado a los fortisimi uniendo teclados y pedalero, vigoroso, virtuoso y riguroso, misterio sonoro desvelado por Gutiérrez Viejo.

Y el Coral nº 3 en la menor cerrando trinidad organística, poderosamente bachiano, silencios dramáticos, trompetería poderosa, trémolos melódicos para unas dinámicas llenas y bien reguladas desde el pedal de expresión ya dominado, con un oboe y/o fagot creando un momento lumínico mientras la melodía pasaba del flautado en el III antes de caer la mano derecha en el IV en otro remanso lírico que acaba con esa nota pedal sobre la que las manos revolotean los teclados antes del «crescendo» hacia el tutti final.

No pudimos escuchar el estreno de los Vitrales I, II y III que la premura y horarios impidieron trabajar la partitura del propio Adolfo, pero la Toccata, último movimiento de la Quinta Sinfonía para órgano en fa mayor de Widor cerró concierto pasadas las nueve de la noche, ciclo, homenaje y espera, desde una tímbrica algo yanqui con reminiscencias electrónicas más que neumáticas desde el poderío sonoro y un aire mantenido de principio a final por Don Adolfo, juegos expresivos, riqueza dinámica y de elección acertada en los registros, pianísimos para paladear en el teclado III y Tutti regios como el clima leonés en un órgano que comienza a adquirir el acento castellano traído desde Alemania y domado poco a poco por estos gladiadores expertos en luchar con «fieras» en peores condiciones. Un triunfo en esta vuelta a casa que he podido disfrutar de cerca.

Adolfo Gutiérrez Viejo: homenaje en su festival

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Si la letra de un tango dice que «Veinte años no es nada», digamos que treinta un poco, y el maestro Adolfo Gutiérrez Viejo, fundador del Festival Internacional de Órgano Catedral de León, cerraba este domingo 20 de octubre a las 21:00 horas y con otro lleno hasta la girola, la trigésima edición, la del «bicho de Klais» en un homenaje a la Asociación de Amigos del Órgano Catedral de León pero igualmente hacia su tenacidad y trabajo para «continuar mis alquimias en la mezcla de colores y sonidos». Los tres corales de César Franck sonaron celestiales en este entorno «al que siempre han embellecido los vientos parisinos», siempre con palabras del propio Adolfo. Y aunque nos quedamos sin escuchar el estreno de sus Vitrales sonoros, Widor y su Toccata de la «Quinta Sinfonía en fa mayor» puso el broche a un mes de festival y sobre todo a 30 años de lucha de este enamorado de la música y en especial la de órgano. Así merece la pena esperar cuando se alcanza lo deseado.

Desde casa y con tiempo, contaremos más detalles.

Daniel Jaime Pérez, herencia musical y genética

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Lunes 3 de junio, 20:00 horas. Salón de Actos de la Casa de la Música, Mieres: Daniel Jaime Pérez (violín), Teresa Pérez Hernández (piano). Obras de Franck, Sarasate y Sibelius.

Dos artistas que ya pasaron por el escenario de nuestro conservatorio local (el mismo al que han vuelto a denegar la categoría de Profesional) de una familia muy musical y querida allá donde van. Daniel Jaime nos visitó con su padre hace tres años, y esta vez con su madre Teresa Pérez, también protagonista hace poco más de un mes de este año celebración de las Bodas de Plata de nuestro Conser. Hablar de Mayte al piano siempre es un placer y escucharla un lujo, máxime compartiendo escenario con su hijo, no ya acompañarle porque la música es el primer lenguaje de esta familia y se nota. El magisterio en esa joya de Franck, el plano perfecto para acompañar Sarasate más el siempre sacrificado papel orquestal «reducido» de Sibelius que mamá engrandeció.

Y supongo que todos me permitan centrarme en este violinista nacido en 1991 que sigue creciendo como intérprete cada vez más, desde el sacrificio que conlleva un instrumento como el elegido aunque tenga todo el apoyo, comprensión y sabios consejos de su familia. Como añadido personal, alegría de haber elegido ese camino cuando a menudo puede resultar lo contrario: odiado sino aparcado como mera afición, esta vez adicción permitida y agradecida.

Daniel Jaime Pérez, con un violín de 2011 construido por el luthier catalán David Bagué, eligió un programa difícil en el que volcó no ya una técnica que sigue mejorando a pasos agigantados, o sonoridades amplias, sino también la musicalidad innata, genética diría yo, que marca la diferencia entre un músico y un artista.

La Sonata en la mayor para violín y piano de César Franck la han bautizado como «una de las joyas más valiosas dentro de la música de cámara», la base de todos, intérpretes y público, hoy músicos en ciernes, docentes pero también aficionados a la buena música. Cuando dos artistas se entienden en el planteamiento resulta joya total, no ya de la composición sino de la interpretación: el Allegretto ben moderato tiene un piano redondo, poderoso, un violín carnoso y bello líricamente, formando un dúo para paladear, como así fue. El Allegro resultó vehemente y y vigoroso, madurez de un Daniel Jaime tan inspirado como el propio movimiento del compositor belga afincado en Francia, jugando con los claroscuros temáticos siempre bien secundado por Teresa Pérez, coprotagonista hasta la doble barra final. El Recitativo-Fantasía volvió a deleitar con emociones cálidas, tranquilas y a la vez apasionadas, cuerpo sonoro y visión juvenil. El Allegretto poco mosso, considerado lo mejor de esta conocida sonata, realmente hermoso, resultó rico y denso como su textura, sonoridades ampias y brillantes en ambos intérpretes que nos dejaron una excelente versión, próximamente «subida a la nube» por Roberto Serrano, como nos tiene acostumbrados este curso que está llegando lentamente a su final.

Sarasate es un hito para lo que entendemos como virtuosismo violinístico pero más allá de la endiablada técnica que exige, la musicalidad de su Habanera, Op. 21 nº 2 irradia desde el inicio. Las dificultades se superan con mucho trabajo pero el sabor musical parece genético y así apostó el dúo familiar, protagonismo del violín con todo el apoyo del piano en esta partitura del pamplonés más universal.

Por si la dureza exigida hasta el momento no fuese alta, el «Allegro moderato» del Concierto para violín y orquesta en re menor, Op. 47 de Sibelius es de sobresaliente para ambos. Las madres siempre se sacrifican por sus hijos, esta vez literal y musicalmente por tener que sacar del piano toda la compleja orquesta diseñada por el finlandés para arropar esta enorme partitura de la literatura violinísitica. Como público y también docente es un orgullo comprobar el avance de los jóvenes y los logros en tres años que son en estas edades un auténtico paso adelante o toque de calidad.

Daniel Jaime Pérez puede presumir no ya de madre sino de tener la orquesta en casa. Espero poder escucharlo completo porque el despliegue emocional y técnico mostrado con Sibelius apunta alto.

Todavía hubo tiempo de disfrutar el «Adagio» del Concierto de violín nº 3 de Mozart, siempre traicionero por la engañosa dificultad, que tras las tenebrosas sombras finlandesas trajo la alegría vienesa de una velada familiar con altas cotas musicales.

¡Gracias familia!

Apoyando la música de órgano

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Viernes 7 de diciembre, 19:00 horas. Iglesia Parroquial de Soto del Barco, Concierto de órgano: Rubén Díez García. Obras de Lemmens, Rinck, Dienel, Merkel, Rheinberger, Grabert, Urteaga, Franck y Dubois.

Con la tijera podando por doquier siempre es de agradecer el esfuerzo de ayuntamientos con alcaldes como el de Soto del Barco que sigan apostando por la música de órgano, y buscando colaboraciones donde se sabe que de momento responden a este derecho universal que es la cultura, como es la entidad catalana de «La Caixa».
De forma altruista volvía al renacido órgano de Sabugo en Soto el sacerdote y gran organista praviano Rubén Díez García para ofrecernos un concierto romántico estructurado en dos bloques:

Uno primero con el coral como eje y protagonista en distintos seguidores bachianos, buscando registros siempre apropiados para la melodía, el acompañamiento y el pedalero, sencillez unida a sobriedad como exigen estas obras que no faltan en tantas iglesias nórdicas o germanas: el belga Jacques-Nicolas Lemmens (1823-1881) y el Himno de Adviento «Creator alme siderum» (Creador y sustento de los astros), con flautados íntimos, el alemán Johann Ch. H. Rinck (1770-1846) con «Werde munter, mein Gemüte» (Se despierta mi alma) algo más «poderoso en pulgadas» melódicas y pedal discreto pero presente, avanzando con el berlinés Otto Dienel (1839-1905) «Komm, o komm, du Geist des Lebens» (Ven, oh Espíritu de la Vida) con reminiscencias directas al Kantor por registración, Gustav Adolf Merkel (1827-1885) «Kommt her zum ir, spricht Gottes Sohn» (Ven a mí, habla del Hijo de Dios) de romanticismo germano por tímbrica desde el lenguaje medieval del coral tamizado por Lutero y rematando con el digno heredero de Bach Josef Gabriel Rheinberger (1839-1901) donde el Trío über den Choral «Wenn ich einmal soll scheiden» (Cuando yo haya de partir ¡no te apartes de mí!) recreó todo un mundo polifónico a los teclados que resonaron siempre claros en la parroquia de San Pedro.

Para el segundo bloque tendríamos una muestra del romanticismo pleno por los cambios de registro exigidos al instrumento, siempre perfectos como conocedor que es Rubén de este órgano al que ha dedicado mucho tiempo en buscar sonoridades nuevas, disfrutando de su magisterio desde la pantalla, y con alguna obra menos conocida pero igualmente adaptada a las características globales del programa elegido.

La «Fantasie» de Martin Grabert(1868-1951) sirvió para comenzar a deleitarnos de las capacidades del pedal de expresión unidas a unos contrastes dinámicos desde los propios registros realmente exigentes, con unos oboes muy del gusto del compositor. La «Misa para órgano para la festividad de Cristo Rey» de Luis José Urteaga Iturrioz (1882-1960) resultó una agradable sorpresa en sus seis números, de estética cercana a la escuela francesa y digna de compartir concierto con el resto de compositores y organistas, intérprete y compositor de amplia producción donde también tuvo su hueco el harmonio cual hermano menor del grandioso de tubos. Triunfante Entrada (Exibunt aquae vivae de Jerusalem), lirismo contenido en el Ofertorio (Vexilla Christus inclyta), tintes impresionistas de recogimiento para la Elevación (Ecce vir Oriens), desarrollo tímbrico y melódico en la Comunión (Dominus judex noster) con momentos virtuosos lógicos para la escucha en esta parte de la Misa, y apoteosis final para la Salida (In caelo et in terra), desplegando todos los recursos posibles en una lección organística de Rubén Díez.

No podía faltar el belga afincado en París César Franck (1822-1890) con su «Preludio, fuga y variación, Op. 18» en un programa romántico, obra difícil bien resuelta por el praviano con momentos quasi pianísticos técnicamente (pues además de organística hay opción para dos pianos o piano y harmonio) en los pasajes rápidos pero bien armonizados buscando la potencia sonora y polifónica del instrumento rey, y cerrar con la conocida Toccata en SOL M. del organista y compositor francés Théodore Dubois (1837-1924), penúltimo despliegue de registros en un órgano que se ha hecho al enclave, con acento propio en esta ubicación y nueva aportación del taller de Federico Acitores a la cada vez mayor lista de instrumentos rehabilitados que necesitan seguir vivos con conciertos como el de Rubén Díez cerca de su casa, obra de lucimiento para un intérprete que crece en cada concierto con un trabajo previo que muchos desconocemos pero que da siempre sus frutos en una profesión donde no hay vacaciones, todos los días son «de guardar».
Una fuga del Kantor tenía que ser la propina agradecida por todos como rúbrica que corroboraba un concierto con el órgano siempre protagonista.

Mis aplausos a todos los que lo han hecho posible.

Sorpresas veraniegas

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Jueves 19 de julio, 20:00 horas. Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery, Avilés: Hans-Peter Retzmann, órgano. Obras de Bach, Franck, Boëllmann y el propio Retzmann. Organizado y patrocinado por la Fundación Avilés Conquista Musical.

Siempre es un placer escaparme hasta Avilés a escuchar «el niño de Chema» y la prensa avisó de este concierto (también este compañero bloggero) en el órgano fabricado por Acitores además del acompañamiento de la Eucaristía previa al mismo, otra sorpresa agradable al escucharlo durante el culto, como supongo hace este organista nacido en Colonia y titular de la Iglesia de S. Juan Bautista de Mönchengladbach.

Cada vez descubrimos nuevas sonoridades en esta joya de «Sabugo Nuevo», y me alegra saber que más allá del Festival de Órgano o la Semana de Música Religiosa, Avilés sigue apostando por mantener vivo un instrumento que tanto esfuerzo (y dinero) ha costado. Escuchar a tres de los grandes en la interpretación de Retzmann resultó bien aunque no esté acostumbrado a unos registros como los elegidos por el alemán, puede que por falta de tiempo para investigar en los miles de combinaciones posibles apropiadas para las obras de esta tarde gris del verano avilesino, si bien me consta el esfuerzo realizado porque la profesionalidad del músico germano está demostrada y seguro estuvo perfectamente asesorado tanto por el «titular» José Mª Martínez como por el propio Federico Acitores. También a su favor la evolución y trabajo a lo largo del concierto «haciéndose» con un instrumento que seguirá asombrándonos en cada escucha.

El Preludio y Fuga en RE M., BWV 532 (J. S. Bach) resultó algo confuso en los planos sonoros pese a un tempo más reposado de lo «normal», aunque la Fuga diese más luz, y un pedalero bien ajustado, siempre desde una interpretación ajustada históricamente.

La Pastoral de Cesar Franck sí sonó puramente romántica en el instrumento de Santo Tomás, gran variedad de registros y matices para un intérprete de técnica impecable, con momentos realmente de belleza tímbrica.

De esta tríada inicial destacó Priére á Notre-Dame, tercer número de la «Suite Gotique» de Léon Boëllmann, descubriendo combinaciones en los teclados soberbias, en especial un trémolo de «cromormo» quasi armonio en el Teclado I mientras en el III desgranaba una «voz celeste» realmente hermosa.

Y para redondear este concierto, el organista, que estudió con el muy querido en Avilés Naji Hakim composición e improvisación, tuvo a bien ofrecernos dos temas asturianos desde una técnica que va más allá de la  histórica variación a la que los intérpretes de hoy están volviendo. En el órgano positivo del altar nos desgranó unas Variaciones sobre «Carretera de Avilés» que enriquecieron tímbrica y armónicamente un tema tan universal desde lo local, adaptado a esa pequeña maravilla que también tuvo su protagonismo junto al «hermano mayor», preparatorio de la obra final nuevamente en el gran órgano: Sinfonietta asturiana a partir de la melodía «Santa María, en el cielo hay una estrella…», en cuatro movimientos bien contrastados en todo, llámese fraseo, registros, tiempos, matices y lo que queramos añadir, sin perder nunca el original pese a las múltiples variaciones: Introducción, Trío, Meditación y Final, suponiendo habrá quedado grabada para el archivo de la Fundación. Resultó un derroche musical de clara inspiración en Max Reger, compositor sobre el que el maestro Retzmann está preparando una tesis doctoral.

La satisfacción fue generalizada, no ya por estos dos regalos musicales de inspiración asturiana en uno de los mejores órganos de nuestra tierra sino por seguir comprobando cómo queda aún mucha ilusión en mantener viva la llama encendida del rey de los instrumentos. Siempre de agradecer conciertos como el de esta tarde, esperando el pronto relevo de organistas de nuestra tierra (ya los hay) que ayudarán a poder continuar un camino que nunca debió perderse. Los maestros siempre son un referente y el modelo a seguir; Hans-Peter Retzmann ya está en la larga lista de un claustro de profesores que sigue creciendo desde esta tierrina nuestra, y al que esperamos volver a escuchar de nuevo.

Francia en el órgano

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Domingo 27 de mayo, 13:00 horas. XXIII Festival de órgano CajAstur. Soto del Barco, Iglesia de San Pedro: Loïc Malliè. Obras de Grigny, Franck, Messiaen e improvisaciones de Malliè.

La escapada matutina de este domingo pese al agotador sábado no podía perdérmela de ninguna manera, pues escuchar a este maestro francés es un lujo, y realmente el antiguo órgano de Santo Tomás restaurado para Soto, brilló como nuevo en las manos de Malliè. El retraso de casi media hora por causas propias, religiosas (misa con bautizo posterior puede que nos impidiese haber escuchado más programa (¡me faltó Bach!) y alguna propina, pero la hora ejecutada nos hizo quedarnos con ganas de más, aunque siempre suele ser buena señal, lo contrario no lo deseo nunca…

El arranque del Ave maris stella (4 versets) de Grigny fue un abrir boca sin forzar volúmenes ni grandes virtuosismos pero el Coral nº 1 en MI M. (C. Franck) resultó impactante desde el primer acorde. Si bien al intérprete francés parecían gustarles registros en tutti y plenos, los flautados y celestes recobraban unos pianísimos dulces, recogidos, casi íntimos, disfrutando de las combinaciones del renacido órgano de Soto del Barco. El despliegue sonoro sacó el polvo a la tubería, la digitación siempre limpia y la combinación elegida en esta obra de uno de los grandes compositores galos abrió luces para recordarnos esta escuela francesa de órgano en las manos de uno de los alumnos más aventajados.

Pero todavía quedaba escucharle improvisar y donde Malliè es un auténtico genio como así fue con su «Homenaje a Debussy» primoroso de colores quasi orquestales redescubriendo el impresionismo en el órgano explotando todas las posibilidades tímbricas y expresivas no sólo de registración sino con una utilización del pedal dinámico (de volumen) adaptado a las obras en las que se inspiró para esta improvisación: partiendo del flautado del «Preludio a la siesta de un fauno» pudimos deleitarnos con momentos variados de «La mar», «Nubes», melodías de los «Preludes» de piano y siempre desde un magisterio no ya técnico sino armónico por respeto al original y lo que más me asombró, las combinaciones que mejoraron incluso la orquestación original.

Y aún quedaba escuchar Dieu parmi nos de su maestro Messiaen, poderío sonoro, contrastes increíbles sin olvidar la rítmica intrínseca con una claridad para una obra tan compleja que en la interpretación de Malliè brilló sencilla y repleta de emoción. Y la improvisación siguiente no sólo mantuvo el espíritu sino que lo agrandó en toda su ejecución, insuperable en el instrumento heredado que nunca había alcanzado (y creo que tardará) estos niveles de exigencia por parte de un intérprete maestro en todo. El currículo juvenil de Loïc Malliè le dió el cimiento para alcanzar cotas estratosféricas en plena madurez, disfrutando y compartiendo cada momento del concierto, irrepetibles por la propia frugalidad de la vida, atesorándola en la música de órgano francés. Hemos podido escuchar a muchos alumnos suyos realmente buenos, pero el Maestro sigue siendo él.

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