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Giulio Cesare in Ovetum

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Martes 17 de febrero, 19:30 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Georg Friedrich Händel (1685-1759): Giulio Cesare in Egitto, HWV 17 (ópera en versión de concierto). Ópera en tres actos con libreto de Nicola Francesco Haym (1678–1729), basado en un texto anterior de Giacomo Francesco Bussani. Estrenada el 20 de febrero de 1724 en el King’s Theatre, Haymarket, de Londres. Fotos de Pablo Piquero.

(Crítica para Ópera World del miércoles 18 de febrero, con el añadido de los enlaces siempre enriquecedores, tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar, y las fotos de Pablo Piquero más alguna propia)

Oviedo es capital lírica desde hace años con temporadas de ópera, zarzuela y muchos Conciertos del Auditorio donde tanto las galas líricas como las versiones en concierto de títulos no siempre “atrayentes” para la escena, acercan a muchos aficionados de todas partes, que a menudo son referentes por los intérpretes, caso de este Giulio Cesare in Egitto donde el reclamo era Il Pomo D’Oro con el contratenor polaco Jakub Józef Orliński (que volvían por tercera vez al auditorio ovetense tras abril de 2022 y octubre de 2023) más la afamada soprano francesa Sabine Devieilhe en los dos papeles protagonistas de esta joya haendeliana que combina virtuosismo vocal y refinamiento expresivo, recordando la estrenaron en Londres el célebre, caprichoso e idolatrado castrato Sinesino y la prima donna Francesca Cuzzoni, y que al igual que Händel como empresario además de compositor hace doscientos dos años, los programadores son conscientes de que el público melómano paga su entrada atraído por el renombre de los cantantes, y que en ellos reside a menudo el éxito de una ópera.

En todo drama los mal llamados papeles secundarios deben estar no solo bien (d)escritos sino mejor elegidos para hacer que todo funcione a la perfección, y poniéndoles música ocurre otro tanto para poder armar un espectáculo completo, a menudo sin necesidad de decorados porque la acción es de todos conocida y la escena la pone cada uno mentalmente. Así pues el elenco vocal de este Giulio Cesare in Ovetum resultó ideal junto a la formación de Francesco Corti que sigue siendo sinónimo de calidad interpretativa en el barroco, tres horas y media para afirmar que se pasaron volando ante esta representación operística que seguro permanecerá en el recuerdo del numeroso público que se congregó en la capital asturiana sin mirar el reloj.

Desde la obertura y el coro de egipcios formado por las ocho voces “secundarias” todos sabíamos que estábamos ante un verdadero espectáculo musical. Si el dúo protagonista eran Julio César y Cleopatra, el resto de voces brillaron en cada intervención, sentida, dramatizada vocal y corporalmente, con los sobretítulos para entender aun mejor una historia que con la música del “inglés” Haendel enamora y cautiva de principio a fin todavía más.

Siempre difícil elegir los roles con sus cantantes, el acierto absoluto en este “Giulio Cesare” con buenos contrastes de color en las voces, comenzando por la Cornelia de la mezzo escocesa Beth Taylor, oscura, poderosa, brillante y brava como su mujer romana, o el Sesto de su homóloga y compatriota Rebecca Leggett, que cuenta y canta varias de las arias más conocidas de esta ópera, que nos dejarían complicidad, gusto y entrega individual tanto en solitario como en sus conjuntos.

Impresionante el Achilla (Aquiles) del bajo californiano Alex Rosen, poseedor de un amplio y caudaloso registro, barítono por color y tesitura con el grave poderoso que no es óbice para dar todos los muchos matices a su personaje.

Y dos contratenores más en el elenco, igualmente ideales en la elección por color y expresividad, comenzando por el Tolomeo del ucraniano Yuriy Mynenko, (porque no solo para barítonos son los roles de “los malos de la película”), de color uniforme incluso en los agudos forte que llenaban el auditorio, más el Nireno del francés Rémy Brès-Feuillet brillando en sus intervenciones de un “secundario” de nivel. Completó este equilibrado reparto el Curio del barítono italiano Marco Saccardin, aplaudiendo el acierto de unas voces que elevaron esta cita lírica en concierto hasta límites y calidades increíbles.

De los números musicales destacar en primer lugar que Il Pomo d’Oro es un lujo en su orgánico y su sonoridad compacta, cuidada y bien balanceada en cada número instrumental, también el perfecto ropaje para las voces con un continuo de altura (además del propio Corti al clave que las mima) junto a Guillaume Haldenwang en el segundo clave -casi arpa que no estaba- junto al tiorbista Miguel Rincón, o los dos chelos más la viola de gamba; seguir sumando dos contrabajos escoltando el “grosso” para dar el cimiento y sustento grave, una madera donde Petra Dámec Ambrosi alternaría el trasverso con la flauta de pico y hasta uno de los oboes, dos fagotes que citaré más adelante (con Ángel Álvarez doblando la flauta) y el puntual cuarteto de trompas naturales donde el dúo de Christian Biende en el aria nº 15 de la escena IX con Giulio Cesare demostró la calidad y perfecto ensamblaje con Orliński, desde la siempre difícil afinación y un timbre redondo.

A lo largo de la ópera que contiene algunas de las arias más célebres del Barroco, habituales en recitales de solistas mundiales que bien conocemos en la capital asturiana, hubo muchos momentos estelares que hacen difícil resaltarlos, pero al menos debo citar varias como el dueto final del primer acto (escena XI) de Sesto y Cornelia «Son nata a lagrimar» con las mezzos entregadas, bellísima línea de canto, empaste  prodigioso y los primeros suspiros de un público emocionado ante una interpretación increíble, que siempre dudó en aplaudir dentro de un silencio que indica mucho de lo vivido este martes de carnaval.

Del Julio César protagonista y cabeza de cartel, Orliński nos dejaría el aria del segundo acto «S’in fiorito, ameno prato» a dúo con el pájaro en manos, o mejor boca, de la viola de gamba Natalia Timofeeva rivalizando en musicalidad y gorjeos, con el polaco incluso silbando y dejándonos antes del “da capo” un guiño al Jesus bleibet meine Freude de la cantata 147 de Bach con unos ornamentos y flato “marca de la casa” que siguen poniendo la carne de gallina y dominando la escena de principio a fin, figura internacional que llena cada evento musical.

La pausa se hizo con toda la intención en la escena VIII del segundo acto tras el aria de Cleopatra «Se pietà di me non senti» donde Sabine Devieilhe lució la magia de su voz desde su primera aparición. Muy expresiva en un papel complicado que reúne estados de ánimo cambiantes a lo largo de la obra, tras el amoroso «V’adoro pupille» de la escena segunda en el acto central, agilidades hasta un agudo increíble en pianissimo, fuerza junto al dúo de los fagotes (Álvarez y Bernat Gili Díaz) verdaderamente primoroso en conjunto, poniendo el auditorio patas arriba tras casi dos horas antes de salir a estirar las piernas porque aún quedaba la segunda parte, pese a que algunos pensaron se acababa ya que las diez de la noche es la hora habitual de finalizar en el auditorio carbayón y no se leen el programa de mano (ni parece conozcan la historia de la pareja más cinematográfica).

El último acto contiene más arias de lucimiento de todos los protagonistas, comenzando con «Dal fulgor di questa spada» de Aquiles arrancando con el continuo perfectamente encajado antes del tutti con Alex Rosen y unas agilidades portentosas; Tolomeo y «Domero la tua fierezza» buscando igualar belleza y ornamentos del segundo contratenor Mynenko; la conocida y siempre emocionante aria «Piangerò la sorte mia» con una Devieilhe íntima junto a Il Pomo d’Oro remarcando y vistiendo de terciopelo cada frase cantada desde el gusto y dominio de esta página única; y por supuesto el duetto con Orliński «Caro! – Bella!» antes del impactante coro final «Ritorni omai nel nostro core la bella gioia» con todas las voces que nos dejaron con ganas de ‘volver a nuestro corazón’ para poner broche d’Oro pasadas las once de la noche con esta ópera que se recordará mucho tiempo en Oviedo, a quien seguiré calificando como “La Viena Española” nuevamente en el mapa ibérico entre Barcelona y Madrid dentro de una gira que dará mucho que hablar.

REPARTO

Giulio Cesare: Jakub Józef Orliński (contratenor) – Cleopatra: Sabine Devieilhe (soprano) – Tolomeo: Yuriy Mynenko (contratenor) – Cornelia: Beth Taylor (mezzosoprano) – Sesto: Rebecca Leggett (mezzosoprano) – Achilla: Alex Rosen (bajo) – Curio: Marco Saccardin (barítono) – Nireno: Rémy Brès-Feuillet (contratenor)

IL POMO D’ORO – Francesco Corti (director)

 

Oviedo sucumbe a Jephtha

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Domingo 4 de mayo de 2025, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: «Jephtha», HWV 70, oratorio en tres actos. Música de Georg Friedrich Händel (1685-1759). Libreto de Thomas Morell, basado en el Libro de los Jueces y en Jephthas, sive votum (1554) de George Buchanan. Estrenado en el Covent Garden de Londres el 26 de febrero de 1752.

(Crítica para OperaWorld del lunes 5, con fotos de Pablo Piquero, propias, más el añadido de los siempre enriquecedores links, con la tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar)

El último oratorio del ya británico George Frederick Haendel será, como Jephtha, la lucha contra su destino, el drama interior y la desesperación tras un estado de salud que le afectaba a la vista de su ojo izquierdo y le llevó casi un año finalizarlo a la edad de 66 años, casi completamente ciego, cuando lo habitual en sus composiciones eran tres o cuatro semanas. Se estrenaría el 26 de febrero de 1752 en el Covent Garden Theatre de Londres bajo la dirección del propio compositor, y se aleja de sus anteriores oratorios más espontáneos, para componer «una de las obras más profundas e introspectivas de toda su carrera, que llegó a desconcertar incluso a su fiel seguidora y amiga, Mrs Delany: ‘Es un bonito oratorio, pero muy diferente de todos los demás’» como bien refleja Lorena Jiménez en las notas al programa.

Ciertamente «Jephtha» (1751) es como el testamento vital de Händel sobreviviendo a su contemporáneo Bach (que parece “iluminarle» en algunos de los corales de inspiración luterana), y considerada como su última gran obra no es habitual que se interprete, grabe, ni tan siquiera tentar a alguno de los “factotum escénicos” como ya se ha hecho con otros oratorios (caso de «Theodora»), puede que por la enorme exigencia vocal difícil de encontrar en nuestros días, pero Francesco Corti con su formación il Pomo d’Oro al completo (orquesta y coro) logró encontrar un reparto equilibrado e idóneo para preparar esta gira que ha vuelto a colocar a la capital asturiana en el mapa de los grandes eventos musicales, parada este domingo tras Madrid el pasado jueves y Dortmund el viernes, antes de cruzar el estrecho hacia el Barbican londinense el próximo miércoles día 7 camino de Budapest el 9 y Katowice el domingo 11 de mayo.

Con un lleno que trajo público de toda la geografía nacional al auditorio ovetense, todos sucumbimos a este esperado Jepthha más allá de la nueva visita a Oviedo de Joyce DiDonato y la formación de Corti, y es que il Pomo d’Oro son de lo mejor en la actualidad para afrontar obras poco transitadas, con un orgánico comandado por un fenomenal Stefano Rossi muy equilibrado: cuerda (5-5-3-3-2), clave, órgano, flauta, dos oboes, fagot, dúo de trompetas naturales doblando las trompas, y muchísima calidad en cada atril, con el propio Corti dando la entrada a muchos de los recitativos desde su clave. Orquesta de sonido claro, aterciopelado, rico en dinámicas siempre bien marcadas por el maestro italiano, de contrapuntos bien dibujados y la tímbrica perfecta para este drama bíblico novelado y musicado por el gran Jorge Federico Haendel.

Y no digamos el coro, que representa al pueblo de Israel, otro personaje del oratorio, con las voces graves en el centro y las blancas flanqueándolas, cuatro voces por parte (más Anna Piroli en las sopranos, que se reincorporaría tras la pausa tras cantar su breve papel de Angel del último acto), coro con voces solistas reconocidas (el director Maletto, Rossana Bertini o el barítono Marco Scavazza), y poderosamente timbrado, de empaste y afinación perfecta, capaz de empujar el drama o hacernos meditar y hasta vibrar cerrando cada uno de los tres actos, con los solistas sumándose en el Ye house of Gilead que final nos levantó de los asientos cual Aleluya mesiánico. Interesante el coro de seis mujeres Welcome thou que se colocaría en el centro para el número 38, y destacable la ubicación en las tarimas proporcionando esa redondez con la orquesta única.

Gracias a estos mimbres, el reparto vocal se caracterizó por una entrega que fue más allá de la propia dramatización, casi escenificación, enfrentados en ubicación Storgè e Iphis a la izquierda con sus mejores galas, y Zebul, Jephtha más Hamor con sotanas o guardapolvos negros (con la mencionada Angel de elegante traje, en el coro). La escritura de Händel es una sucesión de recitativos, arias, dúos puntuales y el bellísimo quinteto All that is in Hamor mine (con Iphis, Hamor, Storgè, Jephtha y Zebul). Tras la obertura inicial sería el barítono americano Cody Quattlebaum, quien ya presagiaba It mus be so («Así debe ser») lo que vendría a continuación. De voz poderosa y amplia tesitura (hoy se la llama de bajo-barítono), su imagen que me recordó al autorretrato de Alberto Durero en la pinacoteca de Munich, y excelente en cada intervención, dramatizada, hasta dialogando con la mirada en cada personaje citado, un buen jefe militar (incluso con las botas adecuadas).

El tenor estadounidense Michael Spyres fue el Jephtha juez de Israel y jefe del ejército rotundo, con un fiato increíble que le permite cantar todos los ornamentos sin perder la unidad del fraseo, una gama dinámica que mantiene el color uniforme gracias a unos graves que le tildan de «baritenor», controlando cada pasaje sin trampas ni apoyos innecesarios, con esa engañosa facilidad que le da su voz privilegiada. Transitó del Horror! Horror! al dolor con el desgarrador recitativo Deeper and Deeper still del segundo acto o el agradecido recitativo A father, off’ring up his only child o su última aria For ever blessed be thy holy name.

La mezzo de Kansas Joyce DiDonato encarnó a Storgè, la sufrida esposa de Jephtha que a pesar de los años mantiene ese aura que logra en cada personaje, dramatización absoluta con arias tan bellas como la primera In gentle murmurs will I mourn y la maravillosa Scenes of horror, scenes of woe del primer acto, emocionante visual y vocalmente. En el cuarteto O separe your daugther con Hamor, Jephtha y Zebul se optó por el empaste de colores y sigue siendo una estrella madura y comprometida en cada actuación.

Es difícil encontrar voces de contralto verdaderas, y Jasmin White, natural de Oregón, es una mezzo “reconvertida” por su voz profunda y cálida, encarnando a Hamor, el guerrero y prometido de Iphis que esta vez no recayó en un contratenor, más creíble visualmente pero que por vocalidad ganamos tanto en color como en volumen, unido a una interpretación de alto voltaje que transitó, como el resto de roles, por distintos estados de ánimo tan bien escritos por Händel en este «Jephtha», muy estadounidense hasta aquí.

Dos serían las excepciones por procedencia: primero la soprano francesa Mélissa Petit como Iphis, algo menor de volumen que sus compañeros pero de timbre bellísimo y agilidades limpias, de unísonos con la cuerda perfectos hasta en el fraseo y las respiraciones, con voz bien proyectada y un hermoso dúo del primer acto con Hamor (These labours past), así como en el cuarteto y quinteto final muy homogéneos. Y finalmente la italiana Anna Piroli que “tuvo ángel” y se merece mayores roles, pues su recitativo y aria Happy, Iphis, shalt thou live fue un dechado de delicadeza, dicción, gusto y técnica al servicio de la música del alemán nacionalizado británico.

Las tres horas largas, con una pausa tras el número 34 de los 71 de que consta «Jephtha» y aplausos al finalizar cada acto, se hicieron cortas -salvo para las posaderas- y el público disfrutó no solo con el elenco vocal, muy vitoreado, sino con la orquesta fundada en 2012 (con Maxim Emelyanychev y Francesco Corti de principal director invitado) que se llevaría una gran ovación, pero especialmente para el coro que dirige Giuseppe Maletto, todo un equipo de grandes talentos que entienden el Barroco a la perfección, y que armaron este último oratorio de Händel desde el respeto a lo escrito y el virtuosismo bien entendido.

FICHA:

Domingo 4 de mayo de 2025, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: «Jephtha», HWV 70, oratorio en tres actos. Música de Georg Friedrich Händel (1685-1759). Libreto de Thomas Morell, basado en el Libro de los Jueces y en Jephthas, sive votum (1554) de George Buchanan. Estrenado en el Covent Garden de Londres el 26 de febrero de 1752.

REPARTO

Michael SpyresJephtha, juez de Israel y jefe del ejército

Joyce DiDonatoStorgè, esposa de Jephtha

Mélissa PetitIphis, hija de Jephtha, prometida a Hamor

Cody QuattlebaumZebul, hermanastro de Jephtha, guerrero

Jasmin WhiteHamor, guerrero, prometido a Iphis

Anna PiroliAngel

il Pomo d’Oro, orquesta y coro

Giuseppe Maletto, maestro de coro

Francesco Corti, dirección musical y clavicémbalo

Orliński ¡Aleluya!

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Jueves 21 de abril de 2022, 20:00 horas. Conciertos de Auditorio: “Anima Aeterna”, Jakub Józef Orliński (contratenor), Il Pomo d’Oro, Francesco Corti (clave y dirección). Obras de Davide Pérez, Johann Joseph Fux, Baldassare Galuppi, Jan Dismas Zelenka, Francesco Bartolomeo Conti, Francisco Antonio de Almeida, Georg Reutter der Jüngere, Gaetano Maria Schiassi y G. F. Haendel.
Reseña para Opera World del viernes 22 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos mías, y tipografía cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
No cabe duda de que los contratenores son las nuevas estrellas del canto y las discográficas de siempre, que aún se mantienen, siguen vendiendo en formato físico además del digital, siendo los recitales el primer escaparate. Los Conciertos del Auditorio han ofertado dentro de su abono para esta temporada uno específico con las tres voces más mediáticas (a precios de 86€ y 74€), arrancando el argentino Franco Fagioli (1981) el pasado 22 de enero, prosiguiendo con el francés Philippe Jaroussky (1978) el 26 del mismo mes y finalizando este 21 de abril con el polaco Jakub Józef Orliński (1990), recuperando así su actuación prevista en abril de 2020 en pleno confinamiento y con cancelaciones mundiales.
Con presencia de muchos aficionados jóvenes que optaron por esta nueva opción en La Viena española, donde el Barroco tiene incluso ciclo propio, cada uno de los conciertos han mostrado las grandes diferencias no ya vocales sino de estilo, repertorio y acompañamiento, donde cada uno de ellos se mueve más seguro y hasta “comercial” como bien han entendido sus sellos discográficos, tres contratenores de nuestro tiempo que la renacida ópera barroca parece haber colocado entre las figuras vocales mundiales y las redes sociales han acercado nuevos públicos, con un lleno en Oviedo que demuestra la buena salud, incluyendo muchas mascarillas por precaución.
El afamado Orliński alterna la escena con recitales variados y grabaciones muy laureadas, y Anima Aeterna es su tercer disco con arias y motetes del siglo XVIII lanzado en octubre del año pasado precisamente con Il Pomo d’Oro (ILPDO), siendo este cierre del abono “especial” el inicio de su gira española (Oviedo, Madrid y Barcelona) con la presentación en vivo que nunca suena como en estudio ni desde casa por el siempre irrepetible directo, con algunas otras obras para compensar las ausencias lógicas como el coro o la soprano Fatma Said presentes en el CD (que tiene hasta una edición especial en el renacido formato de LP, aunque sea grabación digital).
Recital en formato habitual alternando obras vocales y sólo dos instrumentales, para comprobar de nuevo la calidad de ILPDO bajo la dirección y el clave de Corti, más allá del necesario descanso en este tipo de actuaciones, pues Orliński siempre lo da todo, brillando los instrumentistas tanto en el Concerto a quatro en do menor de Il Buranello como en la Ouverture à 7 ZWV 188 de Zelenka con todo el orgánico, siendo el perfecto acompañamiento en este repertorio tras el trabajo previo a la grabación. Pero evidentemente la figura esperada fue el contratenor polaco de principio a fin, gustándose y enamorando con su voz de contratenor contralto y color homogéneo en todos los registros, técnica a medida, de volumen algo corto en el grave pero siempre mimado por Corti e ILPDO, agudos aterciopelados, agilidades perfectas, proyección ideal y una dicción clara que pudimos comprobar con los sobretítulos, también traducidos, de estas páginas sacras bellísimas, y además generoso al dejarnos tres propinas o quedarse a firmar discos sin prisa y fotografiándose con quien quiso.
Siempre seguro, dominando la escena, contagiando la felicidad del encuentro esperado, descubriéndonos cuánto repertorio queda aún por disfrutar, con el fragmento del Gloria de la “Misa a cinco voces” del maestro de capilla del rey de Portugal Davide Perez (1711-1778) Orliński ya puso todas las cartas sobre la mesa con unos melismas exquisitos y una orquesta de plantilla perfecta, con un continuo de muchos quilates, antes del aria del oratorio Il fonde della salute aperto dalla grazia nel calvario K293 de J. Fux (1660-1741) donde la viola sonó paralela a la voz (emulando al barytón ausente), melodía maravillosa para un texto del Viernes Santo aún cercano que siempre remueve nuestro interior de “pecador contrito”.
Tras el concierto preclásico y casi vivaldiano de B. Galuppi (1706-1785), solamente con la cuerda, muy equilibrada, más el continuo de órgano, chelo, fagot y contrabajo, vendría el compositor con la obra que abre el CD homónimo del recital: Jan D. Zelenka (1679-1745) con su motete para el Domingo de Resurrección Barbara dira effera ZWV 164, donde el bohemio adopta el estilo italiano desde la corte de Dresde. Orliński, como el famoso destinatario Domenico Annibali, el castrato italiano con poder equiparable al de Farinelli en España, daría lo mejor de su arte desde un aria casi operística, con la fagotista a la par en extensión, virtuosismo y exigencia, intenso recitativo intermedio y esplendoroso Alleluia final que siempre resulta hermoso en la voz del polaco, además de bien cantado con esa base instrumental de ILPDO en su línea de calidad y contención al servicio del solista.
La segunda parte se abría con el Salve sis, Maria del florentino Francesco B. Conti (ca. 1681-1732), una “arietta per la Madona Santissima” exuberante en agilidades y saltos por los que Orliński transitó con un dominio total en perfecto entendimiento y diálogo con los instrumentos bien llevados desde el clave por Corti, enlazando sin pausa con el solo de tiorba delicadísimo para comenzar el lamento Giusto Dio del oratorio “La Giuditta”, una joya del portugués Francisco António De Almeida (1702-1755) en el mejor estilo italiano con la voz aterciopelada del polaco que remataría este inicio desde un tempo reposado y tesitura ideal para el aria D’ogni colpa la colpa maggiore del austriaco Johann Georg Reutter “El Joven” (ca. 1708-1772), perteneciente a su oratorio para la Semana Santa “La Betulia liberata”. Si el libreto de Metastasio -que utilizaría también Mozart– alude a las virtudes teologales, Orliński cantó con las tres: Fe en este repertorio, Esperanza de seguir sacando a la luz obras excelsas, y Caridad entendida como “amor desinteresado que surge de darse a los demás”, algo que en el polaco siempre es así.
De nuevo Zelenka, instrumental con todo el orgánico (incluyendo los dos oboes) de ILPDO para esta suite inspirada e imbuida del “dios Bach”, antes de las dos últimas arias: A che si serbano del oratorio “Maria Vergine al Calvario” para el Viernes Santo, obra del italiano muerto en Lisboa Gaetano Maria Schiassi (1698-1754), nueva demostración del buen hacer de Orliński con agilidades precisas y claras unidas a la dramatización del texto donde San Juan se desespera ante Cristo crucificado. Destacable el violín segundo y la total compenetración entre voz y “ensemble” que fue lo más aplaudido, siendo bisada como tercera propina.
El mejor remate para este inolvidable concierto no podía ser otro que G. F. Haendel (1685-1759) y su Antífona en re menor HWV 269 Amen, Alleluia, un tesoro para alto y órgano al que se fueron sumando la tiorba, un chelo y el órgano más el contrabajo para el alemán nacionalizado inglés en el estilo italiano, la universalidad musical cantada, llena de melismas en una vocalización para poner en valor el excelente momento del cantante polaco entregado a esta música cada vez más actual.
Todavía nos regalaría tres propinas donde no faltó tampoco Vivaldi con el aria de “Il giustino” Vedrò con mio diletto cuimbre, una delicia más antes del bis citado.
Ficha: Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo, jueves 21 de abril de 2022, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio: “Anima Aeterna”. Obras de Davide Pérez, Johann Joseph Fux, Baldassare Galuppi, Jan Dismas Zelenka, Francesco Bartolomeo Conti, Francisco Antonio de Almeida, Georg Reutter der Jüngere, Gaetano Maria Schiassi y G. F. Haendel.
Jakub Józef Orliński (contratenor), Il Pomo d’Oro, Francesco Corti (clave y dirección).
IL POMO d’ORO: Violines I: Evgenii Sviridov, Elfa Run, Matilde Tosetti. Violines II: Anna Dmitrieva, Veronica Boehm, Mauro Spinazze. Violas: Giulio D’Alessio, Maria Bocelli. Violonchelos: Kristina Chalmovksa, Angela Lobato. Contrabajo: Riccardo Coelati Rama. Órgano: Deniel Perer. Tiorba: Jonas Nordberg. Oboes: Roberto de Franceschi, Aviad Gershoni. Fagot: Andrea Bressan. Clave y dirección: Francesco Corti.