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Maestro querido

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Lunes 22 de septiembre, 11:30 horas. Sala de cámara del Auditorio «Príncipe Felipe». I Festival de Piano «Joaquín Achúcarro». Clase magistral. Entrada libre. Fotos propias, de Pablo Piquero y de Fernando Agüeria.

Aún recuerdo mi primer concierto en la Sociedad Filarmónica de Oviedo en 1971 cuando era un estudiante de piano y mi recordado tío Paco me hizo socio para aprender de primera mano con los pianistas que venían a Asturias (Mieres, Gijón pero especialmente Oviedo). Y Joaquín Achúcarro (Bilbao, 1 de noviembre de 1932) me haría conocer lo sacrificado y a la vez único del instrumento que marcaría el resto de mi vida.

Tiempo después sabría que ha sido el intérprete que más veces ha actuado en el teatro de la calla Mendizábal, y a quien la centenaria sociedad ovetense le otorgaría la medalla de oro en 2013 de manos del siempre recordado doctor Jaime Álvarez-Buylla, un «hermano» para el vizcaíno a quien siempre acogió en su casa.

Así he ido disfrutándole siempre que he podido, por lo que este primer lunes de otoño no podía perderme esta nueva visita a «su» Oviedo pero no para escucharle tocar el piano sino impartiendo unas clases magistrales, siempre en compañía de su querida esposa Emma Jiménez, otra gran pianista con quien llegó a ofrecer conciertos a 4 manos (yo no llegué a escucharles) y que renunció a una carrera más que prometedora para apoyar la de Joaquín, mimarlo, estar siempre a su lado, atenta a todo y hasta tener que avisarle a las 13:45 que había sobrepasado con creces el tiempo previsto de 30 minutos para los cuatro alumnos del CONSMUPA (Conservatorio Superior de Música del Principado de Asturias).

Maravillosos estos cuatro jóvenes pianistas -en la foto superior- a quienes El Maestro (así con mayúsculas) iría aconsejando, mimando, llevándoles por aspectos más allá de la técnica, siempre necesaria, hurgando en las obras que cada uno traían cual lección bien aprendida, a las que poder seguir descubriendo detalles, los que toda una vida siguen apareciendo, algo que el bilbaíno sabe como pocos tras una longeva trayectoria.

Mejor que comentar cada lujo de las enseñanzas individualizadas a los cuatro elegidos, pongo las fotos con cada uno de ellos sin entrar en las obras elegidas, y sin sonido porque esta vez «una imagen vale más que mil palabras» (las encontrarán más adelante y no son mías):

Primero Manuel Argos que elegiría a Cécile Chaminade.

Después Héctor del Río con Brahms, uno de los «mejor transitados» por Achúcarro, todo un referente incluso para los melómanos que compartimos esta clase.

Pasadas las 12:3o horas llegaría Laura Puente y un Mozart siempre traicionero por la engañosa facilidad, nada de porcelana, comparando al genio de Salzburgo con «el sordo de Bonn» o el polaco de espíritu francés si no se interpreta correctamente.

Finalizaría con Juan Vicente Cabo y un Scriabin que siempre «dará problemas» por mucho estudio que haya detrás, y lo había además de talento aunque los años irán asentando.

Analizar los ataques, el fraseo, las acentuaciones, el pedal, el «rubato» bien entendido y hasta la digitación que resulta todo un mundo, así iríamos escuchando a Don Joaquín con los oídos muy abiertos, pues finalmente somos alumnos a lo largo de nuestra vida.

Maravillosas palabras del Maestro refiriéndose a “La jaula de las cinco líneas y las líneas de compás” para poder abrir la puerta más allá de lo escrito en el pentagrama: conocer, indagar, vivir cada día como algo nuevo ante obras que nunca resultan iguales. Y los ejemplos prácticos, primero desde el lado izquierdo, después levantándose, sentándose, tocando, cambiando de posición como siempre he recordado a todos mis profesores y profesoras, a nuestra derecha.

Chus Neira en el diario «La Nueva España» -donde suelo colaborar puntualmente y también reflejo en este blog- le realizó una entrevista el pasado 14 de septiembre donde Achúcarro confesaba: «No di ningún concierto en el que no hubiera un momento de pánico absoluto», sintiéndose como un explorador que ha recorrido un camino difícil y que sus discípulos (más de 100 en su Fundación de Dallas) están empezando: «Como explorador, conozco algunos senderos y atajos, y los comparto», y así fue esta enriquecedora e instructiva mañana de lunes, festivo en Oviedo.

De los que ya han triunfado escucharé a Lucille Chung y Alessio Bax, dos conocidos en Asturias que inauguran el festival en tres conciertos, esperando reflejarlos desde aquí. Y de los que comienzan, mejor transcribo el excelente reportaje de Neira en la web del diario antes del primer concierto (que incluye fotos de Irma Collín) permitiéndome poner mi habitual tipografía y color:

Tocar las teclas del piano como si pasaras el polvo o atacarlo con la fuerza de quien pretende mandar el Steinway© contra la pared, pensar que Mozart no es sagrado, entender que detrás del acorde que queda sonando en la última cadencia de uno de los Intermezzi de Brahms está el rugido de las olas del mar o la muerte. Intentar invertir el orden lógico de los acentos y probrar a cambiar los ritmos. Jugar y aprender. Así, como un maestro inquieto, con la curiosidad del niño, la paciencia del anciano y el mejor de los ánimos, siempre divertido e inquieto, Joaquín Achúcarro, leyenda viva del piano, se sentó ayer con cuatro chavales del Conservatorio Superior de Música de Asturias en la sala de Cámara del Auditorio Príncipe Felipe en una clase magistral y pública que hizo las delicias de todos.

La sesión de dos horas, media hora por cada alumno, sirvió para inaugurar este lunes la primera edición del festival que lleva su nombre en Oviedo ya que incluiría, ya por la tarde, el concierto de su discípula Lucille Chung. Pero la mañana, pasaron por el piano los estudiantes de cuarto curso Juan Vicente Cabo, Laura Puente y Héctor del Río y el de tercero Jose Manuel Argos. Llevaron las obras que están preparando para compartirlas con el maestro y escuchar sus indicaciones, composiciones de Cécile Chaminade, Brahms, Mozart y Scriabin. Achúcarro, siempre sonriente y paciente, se sentó al lado de cada uno de ellos, les dejó tocar y fue aconsejándoles abandonar sus rutinas y explorar otras posibilidades. En muchos casos, admitió, pueden parecer cosas simples, pero a él le llevó mucho tiempo descubrirlas y ahora se las ofrece a los alumnos como el explorador que ya ha llegado a esos atajos. Insistió a casi todos, por ejemplo, en la necesidad de combinar otros ataques distintos en el piano e incluso a buscar otra posición en la muñeca. Chopin, justificó cuando pedía que elevaran más la banqueta, “tocaba prácticamente de pie, según las representaciones que tenemos de la época”.

El primero en sentarse con el maestro fue Jose Manuel Argos, con “Otoño”, de Cécile Chaminade. Achúcarro le dejó interpretar la pieza hasta el final y luego fue introduciendo matices en el tempo. Le aconsejó alargar unos ritardandos para tener un arco de dinámicas más amplio en determinadas frases. Incapaz de estarse quieto, en una forma envidiable a sus 92 años, a los pocos minutos Achúcarro ya estaba de pie, chasqueando los dedos para marcarle el ritmo a Argos.

A él ya le habló sobre las forma de atacar con impulso hacia delante el piano sirviéndose del pulgar. “Son movimientos que hay que trabajar hasta que sean instintivos”, le recomendó. Aunque el maestro siempre mantuvo una posición muy tolerante:; “El último que tiene que decidir cómo se hace es usted; esto solo es un recurso y a vosotros os sobra energía a vuestra edad para probar todas estas cosas”.

Juan Vicente Cabo trajo los números 1 y 2 de los “Intermezzi” de Brahms, Op. 117, canción de cuna que Achúcarro invitó a tocar de forma decidida, con el ritmo necesario para que se duerma un niño. Otra vez de pie, el profesor se entusiasmaba cada vez que sugería alguna novedad en la ejecución y los alumnos lograban llevarla a cabo. “¡Ole, ole!”, les jaleaba como si fuera una faena taurina. Pero también se mostró comprensivo. Son obras que estos alumnos llevan tocando mucho tiempo y cuando Achúcarro les pide que hagan un pianísimo donde antes era forte y viceversa, sabe de la dificultad: “Da miedo hacer eso, lo sé, porque no es lo que te han enseñado”.

Regaló entre medias algunas reflexiones generales, como cuando explicó que los ritmos ternarios son, en realidad, todos distintos. “Un vals, una mazurca, una siciliana o una jota, todo es ¾, pero cualquier vienés sabe lo que es un vals y un maño una jota”. “La jaula son esas cinco líneas horizontales y esas dos verticales”, resumió refiriéndose al compás en un pentagrama, “y ahí está la lucha”.

También recomendó ejercicios. Como el de las seis intensidades, consistente en atacar una nota e ir incrementando el volumen hasta llegar al fortísimo, para luego desandar ese camino, desde la nota pulsada con toda la fuerza posible, “con cuatro dedos si hace falta”, hasta ese sonido apenas perceptible, que aparece cuando se pulsa “como si estuvieras quitando el polvo”.

Otra alumna, Laura Puente, trajo a uno de los más grandes, a Mozart, la Sonata no. 13 en Si bemol, y Achúcarro citó las palabras de Alfred Brendel en “Advertencias de un intérprete de Mozart a sí mismo», que dicen que Mozart “no está hecho de porcelana, ni de mármol, ni de azúcar, no es el Mozart del no me toques, sentimental, ni el niño de las flores”. “A lo mejor es una blasfemia”, le dijo a Laura Puente, pero ayuda pensar que lo que vas a tocar de Mozart es de Beethoven, o de Chopin. La joven intérprete confesaría después que los consejos de Achúcarro le habían servido de mucho: “Te hace sentir muy segura y confiada y te ofrece una perspectiva que te ayuda a comprender todo; en vez de media hora es como si hubiera sido un mes de clase. Llevo un año y no conseguía cambiar la idea que tenía sobre el segundo movimiento, y gracias a él lo he interiorizado”.

El último turno de las clases “discipulares”, como las llama el maestro quitándose importancia, fueron para Héctor del Río, con una impresionante interpretación del estudio “Patético” de Scriabin, op. 8 no. 12. Achúcarro admiró las capacidades del intérprete y trató de sacarlo de su zona de confort, buscando otras posibilidades para mejorar la ejecución de una obra muy compleja técnicamente: “Te sobran facultades, y por eso no te puedo perdonar”, le diría varias veces antes de pedirle que practicase nuevos movimientos de muñeca para ganar en agilidad y precisión: “Y esto, luego, un domingo por la tarde lo puedes hacer cien, mil veces. Y luego el lunes también”.

Habría seguido Achúcarro pegado a la banqueta junto a sus alumnos de Oviedo, metiendo la mano para explicarles cómo se hace, descubriéndoles estrategias insospechadas para buscar nuevas sonoridades, pero era tarde y su mujer, la también pianista Elena, se aproximó al escenario y le llamó la atención: “¡Joaquín, que son menos cuarto!”. Unos minutos más, todo sonrisa, Achúcarro posó para las fotos y firmó las partituras de sus nuevos pupilos de Oviedo. “Diga lo que te diga, aunque sea en la dirección contraria de lo que estás trabajando, te está hablando la historia del piano. Y hay que tenerlo en cuenta. Se vino a disfrutar y se disfrutó”, resumía Héctor del Río.

Solo añadir al talante del Maestro que bromeaba cuando alguna de sus indicaciones resultaban como había explicado, ponía la mano para «cobrar» imaginariamente o devolverlo como «premio» a unas clases que todos los muchos presentes disfrutamos. Casi 93 años de vitalidad y magisterio compartido donde el tiempo no contaba.

¡¡GRACIAS MAESTRO!!

 

Achúcarro vuelve a Oviedo

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LA FUNDACIÓN MUNICIPAL DE CULTURA INAUGURARÁ EN SEPTIEMBRE EL I FESTIVAL DE PIANO “JOAQUÍN ACHÚCARRO” CON DOS INTÉRPRETES DE RENOMBRE INTERNACIONAL

Este viernes 1 de agosto me llegaba la siguiente nota de prensa de la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento. de Oviedo, a la que añado enlaces y fotos:

La Fundación Municipal de Cultura (FMC) ovetense pone en marcha una nueva iniciativa ligada a la disciplina pianística que se estrenará en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo el próximo mes de septiembre. La Sala de cámara del Auditorio acogerá los días 22, 23 y 24 a las 19:30 horas el I Festival de Piano “Joaquín Achúcarro”, una nueva cita con la música clásica ligada a la Fundación Southern Methodist University, con sede en Dallas (EE.UU.), que lleva el nombre del prestigioso maestro.Esta primera edición contará con la participación de dos destacados artistas internacionales: Alessio Bax y Lucille Chung, pianistas que forman parte de la Fundación Achúcarro y reconocidos por su brillante trayectoria internacional.

El festival incluirá una clase magistral impartida por Joaquín Achúcarro a estudiantes de música y pianistas en formación, reforzando el carácter pedagógico de esta iniciativa.

La programación abarcará un amplio repertorio que va desde Bach, Schumann, Liszt, Rachmaninoff y Chopin hasta Ligeti, Debussy o Piazzolla, con interpretaciones tanto solistas como a dúo.

“El Maestro Achúcarro es una de la figuras indispensables en la historia del piano, una figura ya legendaria, indisolublemente unida a Oviedo, desde que actuara por primera vez en la Sociedad Filarmónica en 1953”, apunta el presidente de la FMC de Oviedo, David Álvarez, quién quiso agradecer la implicación personal e  inestimable en la organización del Festival, de Dña. Janet Kafka, fundadora, presidenta y alma mater de la Fundación Joaquín Achúcarro, creada para ayudar a los pianistas que acababan sus estudios con Achúcarro en su cátedra de Dallas y empezaban su carrera internacional como intérpretes.

“Este nuevo festival bajo el nombre de Joaquín Achúcarro prestigia y refrenda el compromiso cultural y musical de Oviedo, ahora que estamos en la carrera por ser Capital Europea de la Cultura, siguiendo por la senda de la excelencia, buscando nuevos públicos y generando las condiciones para el encuentro y diálogo entre público e intérpretes”, finaliza el concejal.

Los abonos estarán disponibles desde mañana sábado 2 de agosto hasta el 4 de septiembre en los canales habituales: entradas.oviedo.es y en las taquillas del Teatro Campoamor (recordando que cierra sábados y domingos de este mes de agosto). El abono completo para los tres conciertos tendrá un coste de 36 € (estudiantes: 28,80 €), promoviendo así la fidelización del público y el acceso a experiencias artísticas de primer nivel.

Las entradas sueltas saldrán a la venta el 5 de septiembre con un precio general de 15 €, y un descuento del 20 % para estudiantes (12 €).

El festival cuenta con el apoyo inestimable de la Fundación Joaquín Achúcarro y la colaboración especial de la Fundación Reny-Picot, reafirmando la alianza entre cultura y mecenazgo empresarial.

JOAQUÍN ACHÚCARRO:

«Tengo esa alegría interna, secreta, tan difícil de explicar, que el Primer Festival que lleva mi nombre sea en Oviedo y lo estrenen mis chicos.

Oviedo fue uno de mis primeros contratos profesionales cuando yo era poco más que un guaje. Momentos de la vida que no se olvidan nunca. Fue el Concierto en re menor de Mozart con Ángel (Angelín) Muñiz Toca. Y después, cada vez que venía a Oviedo (y han sido muchas) había una anticipación de días felices. Y lo eran. Y ahora ver que he servido para algo.

La «prole» de Joaquín Achúcarro anda por el mundo llevando nuestro aforismo: Todos tenemos un límite… pero no sabemos cuál es. A trabajar para buscarlo.

Gracias Oviedo. Gracias Asturias (que también es Mi Patria Querida)”.

Personalmente siempre será una alegría enorme escuchar al maestro bilbaíno y socio de honor de la Sociedad Filarmónica de Oviedo, del que siempre guardo los programas de mis dos primeros conciertos donde le disfruté (el que encabeza esta entrada y sobre estas líneas). Después vendrían muchos más y el reconocimiento que la revista Codalario© le rindió en Madrid el 11 de octubre de 2014.

Homenajes corales

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 11 a). Conciertos matinales.

Domingo 29 de junio, 12:30 horas. Monasterio de San Jerónimo, Academia Barroca del Festival de Granada, Carlos Mena (dirección musical). Spiralem tempore: Obras de A. Scarlatti y José García Román. Concierto en conmemoración del 300 aniversario de la muerte de Alessandro Scarlatti. Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

Los días pasan muy rápido pero el festival no se detiene y así llegaba otro doblete de finde en la celebración de la onomástica de los santos Pedro y Pablo, todo un regalo que la mañana me reencontraba de nuevo con la Academia Barroca del festival este año dirigida por Carlos Mena (Vitoria, 1971). Loable su trabajo con una agenda al completo y que no defraudó con sus alumnos en un programa que además de conmemorar los 300 años de la muerte de Alessandro Scarlatti (Palermo, 1660 – Nápoles, 1725) nos daba la oportunidad de compartir su música con la del maestro granadino José García Román (Las Gabias, 1945), presente en el monasterio, en esta edición donde la llamada «Nueva Música de Granada» está poniendo en valor -aunque no me gustan las frases hechas- una generación de compositores de nuestro tiempo como Juan-Alfonso García, por lo que mejor homenajes en vida escuchando tanta música aún por descubrir.

Así figuraba la presentación en la web de esta matinal de domingo en mi undécimo día de festival:

Un proyecto consolidado
La sexta convocatoria de la Academia Barroca, puesta una vez más bajo los auspicios del gran contratenor y director Carlos Mena, culminará este año con un concierto en el que se celebra el aniversario de la muerte de Alessandro Scarlatti hace 300 años. Scarlatti fue figura esencial de la Europa de principios del siglo XVIII con una música que marcó la historia tanto de la ópera como de la música sacra, hasta el punto de que muchos le atribuyen si no el invento sí la consolidación del aria da capo. Además, obras religiosas del granadino José García Román, cuyas creaciones actuales conectan tradición y modernidad. Una ocasión única para disfrutar de dos universos musicales separados por siglos de distancia, pero unidos por su profundidad y riqueza expresiva.

Diez voces que sobre el papel parecían descompensadas (dejo al final de la entrada la plantilla con sus nombres): cuatro sopranos, dos altos (uno de ellos contratenor), dos tenores y dos bajos que sonaron afinadas, empastadas, ricas en los matices en las obras del ítalo-español (con el sustento de mi paisano Daniel Zapico a la tiorba y del granadino, afincado en Ginebra, Darío Tamayo alternando clave y órgano  reforzando y completando las armonías), pero brillando «a capella» en los tres estrenos del granadino ubicándose en las escaleras del altar con una mejor resonancia y acústica que en el crucero, y así poder apreciar la calidad de unas voces jóvenes y talentosas en todas las cuerdas (alguna ya conocida en Asturias) siempre atentas al magisterio de un Carlos Mena que incluso participaría como solista en el Miserere o en el «inicipit» del Magnificat donde además «empujó» un tutti victorioso y más que suficiente en todos los sentidos.

Las notas al programa de mi tocayo sevillano Pablo J. Vayón explican muy bien este concierto que ponía fin a una semana de intenso trabajo por parte de una academia barroca del festival que tantas alegrías nos está dando estos años, analizando las obras de dos compositores unidos en San Jerónimo con la presencia del propio García Román:

Scarlatti y García Román: tres siglos en diálogo

Alessandro Scarlatti fue figura esencial en la evolución del Barroco italiano de entre siglos. Nacido en Palermo y formado en Roma desde los 12 años, desarrolló su carrera entre la capital pontificia y Nápoles, con estancias intermitentes en Florencia y Venecia. Aunque más conocido por su ingente producción operística, su música sacra refleja tanto su maestría contrapuntística como una sensibilidad estética profundamente personal. Muchas de sus obras religiosas fueron compuestas durante sus años en Roma, donde trabajó al servicio de cardenales como Ottoboni y Colonna, así como en Nápoles, donde ocupó el cargo de maestro de capilla en la corte virreinal. Son piezas de extraordinaria variedad que muestran una síntesis admirable entre la tradición polifónica romana y el nuevo estilo dramático del Barroco tardío.

En la biblioteca musical de Pietro Ottoboni se preservó un Salve Regina a 4 voces fechado en febrero de 1703 en que se combina el antiguo estilo palestriniano con audaces disonancias de carácter retórico. En el Dixit Dominus a cinco voces (SSATB) y acompañamiento de órgano llama la atención la entrada en canon (muy ornamentada) de las voces. La pieza, sin datar, se divide en seis números y, además de combinar imitación con homofonía, destaca por su notable complejidad rítmica.

El Miserere a doble coro fue interpretado en la Capilla Sixtina el Jueves Santo de 1708, aunque algunos estudios sugieren que podría tratarse de la obra que el compositor escribió ya en 1680 para sustituir el célebre Miserere de Gregorio Allegri. Scarlatti adopta los mismos principios formales que su antecesor: alternancia entre un coro a cuatro voces y otro a cinco, uso del estilo alternatim con los versos pares entonados en canto llano, y empleo del fabordón, una sencilla técnica de armonización. Sin embargo, frente a la sobriedad del modelo, Scarlatti introduce una mayor variedad en las secciones libres, con armonías más elaboradas y un tratamiento expresivo de las disonancias, que realzan términos clave del salmo y dotan a la obra de una intensidad emocional más acusada.

Aunque se desconoce el lugar y la fecha exacta de composición de este Magnificat (en todo caso, parece ser anterior a 1714), la obra revela un notable cuidado en la expresión musical del texto mariano. Escrita para cinco voces y bajo continuo, se articula en varias secciones diferenciadas, tanto en tonalidad como en estilo. Scarlatti no se limita a ilustrar el texto, sino que lo amplifica retóricamente: el ritmo danzante de «exsultavit spiritus meus», los arpegios descendentes en «et exaltavit» o las disonancias cuidadosamente colocadas en palabras como «humiles» o «misericordiae suae» dan cuenta de su sensibilidad dramática y su fino dominio del contrapunto.

Sin comentar cada obra del padre de Domenico, esta academia granadina consiguió combinarse a cuatro voces en el Salve Regina (con tiorba y teclados), a cinco en el Dixit Dominus, cuyos cambios de tempo y articulación Tamayo pasaba del órgano positivo al clave enriqueciendo una tímbrica especial, otro tanto en el Miserere a doble coro, reubicándose  las cuerdas repartidas en cinco a izquierda y derecha, con dos buenas sopranos solistas -no puedo distinguir sus nombres- y homogeneidad de color en la alternancia de las estrofas y empaste total, con excelentes dinámicas en los conjuntos.

En el Magnificat final si cerrábamos los ojos y escuchábamos un coro de cámara más el continuo, al abrirlos parecía imposible la pequeña plantilla, con balances extremos desde un sonido compacto. Otro solo en el Gloria (a cargo de la alto Paula García Mendoza) y destacar los enlaces para pasar de García Román a Scarlatti  ornamentando y llenando el tránsito del altar al crucero, primero de Daniel Zapico (antes del Miserere), ornamentando siempre «cantando» en unos punteos cristalinos y presentes, siendo todo un seguro en el continuo, después con Darío Tamayo previo al Dixit desde el órgano (eligiendo los registros y volúmenes apropiados) y al clave antes del Magnificat, perlado, utilizando graves y agudos con la portentosa sonoridad del crucero, para proseguir con unos saltos cronológicos pero unificados en intención, emoción, fraseos textos religiosos en latín.

Poder asistir a estrenos suponte un regalo impagable para los melómanos. Retomo las notas de Pablo J. Vayón sobre las tres obras de García Román pertenecientes a su Parva opera (de los años 2014 y 2016):

En el tercer centenario de la muerte de Scarlatti su música entrará en diálogo con la de José García Román, en concreto con tres piezas de su ciclo Parva opera, iniciado en 2014, y que escucharán por vez primera en este concierto. Se trata de breves meditaciones musicales sobre máximas éticas y filosóficas tomadas de autores de la Antigüedad, como Persio Flaco, Lucio Floro o Juvenal. Con una escritura austera y atonal, pero cargada de intención expresiva, el compositor busca devolver actualidad a estos aforismos latinos, realzando su tensión interior a través de disonancias, silencios y texturas depuradas. Más que ilustrar los textos, la música los atraviesa, los suspende o los deja vibrar en la resonancia coral, como si se tratara de fragmentos de sabiduría antigua que siguen interrogando al presente.

Meditar con el canto «a capella» supuso un descubrimiento auditivo y sensorial por la escritura tan actual, que seguramente tomarán nota otros coros jóvenes dentro y fuera de nuestras fronteras, y nada mejor que la expresión de mi tocayo sevillano: «Más que ilustrar los textos, la música los atraviesa», proyección vocal sublime de las diez voces, frescas, seguras, compensadas, capaces de interpretar, guiadas por el vitoriano, a dos compositores tan distintos y distantes en el tiempo pero tan cercanos en la espiritualidad y buen gusto compositivo.

PROGRAMA:

Spiralem tempore

Alessandro Scarlatti (1660-1725):

Salve Regina, en re menor (a cuatro voces, 1703).

José García Román (1945):

Scire tuum nihil es…?, nº VI de Parva opera (para coro mixto. 2016) *

Alessandro Scarlatti:

Dixit Dominus (a cinco voces y continuo, s.d.)

José García Román:

Eam vir sanctus, nº I de Parva opera (2014) *

Alessandro Scarlatti:

Miserere (a doble coro, s.d.)

José García Román:

Vitam impendere vero, nº IV de Parva opera (2014) *

Alessandro Scarlatti:

Magnificat (a cinco voces y bajo continuo, s.d.)

INTÉRPRETES:

Academia Barroca del Festival de Granada

Darío Tamayo, órgano positivo y clave

Daniel Zapico, tiorba

Carlos Mena, dirección musical

SOPRANOS:

Carmen Callejas García – Andrea Ceballos Martín – Luna Celemín Trevín – Laura Rivas Pérez

ALTOS:

Paula García Mendoza – Alejandro López Ramiro

TENORES:

Íñigo Fernández Elorriaga – Raúl Jiménez Medina

BAJOS:

Imanol Gamboa Eguia – Jorge Trillo Valeiro

* Estreno absoluto

Concierto en conmemoración del 300 aniversario de la muerte de Alessandro Scarlatti

Clave fabricado en 1982 por Willard Martin en Bethlehem, Pennsylvania, según un original de Nicolas Blanchet.

Predicando con el ejemplo

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Viernes 14 de marzo, 20:15 horas. Auditorio del Conservatorio Profesional de Música «Anselmo González del Valle», Oviedo. Orquesta de la Universidad de Oviedo, Pedro Ordieres (director). Obras de Mozart y Delius. Entrada libre.

Siempre es un placer volver a casa, y aunque por edad no llegué a disfrutar del nuevo edificio en la Casa del Deán Payarinos (Corrada del Obispo) no he perdido nunca el contacto del que en mis tiempos ya era Conservatorio Profesional (dependiente de la Diputación), y que hoy en día lleva el nombre de Anselmo González del Valle, cuyo retrato, entre tantos otros, estaba en el último piso de la calle Rosal (hoy Escuela Municipal de Música «María Teresa Prieto»).

Y también en casa se sentía este viernes Pedro Ordieres (Oviedo, 1979), quien sí estrenaría el nuevo edificio estudiando solfeo, aunque tenía al maestro en casa (mi siempre querido y recordado Alfonso Ordieres, también profesor en el Conservatorio, violinista de la Orquesta «Muñiz Toca», posteriormente Orquesta Sinfónica de Asturias (precursora de la OSPA) y fundador de la Orquesta de la Universidad de Oviedo, hoy dirigida por su hijo que tomaría el relevo en 2016 tras un triste paréntesis de años en silencio), como bien nos recordó a todos los presentes -que llenaron el auditorio del último sótano- el director del mismo Santiago Ruiz de la Peña, quien le haría entrega al inicio de un detalle, dándole la palabra para que «junior» nos contase el programa elegido para esta ocasión.

Muchos de los componentes de esta orquesta ya han pisado el mismo escenario y están llevando desde su nueva etapa con Ordieres junior la música sinfónica por casi toda Asturias y parte de la geografía nacional, muchos con años de veteranía ya desde sus inicios estudiantiles, por lo que la calidad y el relevo generacional está asegurado, esperando poder formar parte de las orquestas profesionales que siguen renovándose y están completando un panorama que en mis años 70 era impensable. Y además están predicando con el ejemplo como pudieron comprobar gran parte del alumnado que escuchó y disfrutó de este concierto, soñando con estar pronto en el mismo lugar.

Nada mejor que comenzar con el siempre didáctico Mozart, piedra de toque para todo estudiante y profesional, perfecto en la llamada «música de cámara» y tan necesario en la orquestal. La obertura de la ópera Don Giovanni K. 527, ayudó a ensamblar las secciones, bien afinadas, aplicadas a la mano del maestro Ordieres y con buenas dinámicas para una partitura más llevadera al oído que a los atriles pero interpretada para mantener esa engañosa facilidad de la música del genio de Salzburgo.

Toda formación debe explorar repertorios menos transitados o interpretados incluso por las orquestas profesionales, por lo que debemos destacar esta apuesta de Pedro Ordieres en rescatar al inglés de origen alemán Frederick Delius, nacido en Bradford (West Yorkshire), un centro de producción de lana a quien su acomodada y adinerada familia enviará a Florida para trabajar en una plantación de naranjas, pero la pasión musical ya le venía desde la infancia (sus padres eran grandes melómanos) y volverá a Europa para estudiar en Alemania. La vida del compositor británico es de lo más interesante y sus recuerdos en la península caribeña marcarán esta Suite Florida escrita en 1887 durante sus años de estudiante en Leipzig, donde entablaría amistad con Grieg, obra juvenil con cuatro movimientos variados donde toda la orquesta (con piano), de gran plantilla, tiene su protagonismo. ​Sir Thomas Beecham, gran defensor de la obra de Delius, tenía una partitura del copista, que usaba para sí mismo, realizada a partir del manuscrito original del compositor. La suite fue publicada por primera vez en 1963 y una edición corregida de la partitura fue publicada en 1986.

Destacar los variados tempi y ritmos de esta suite, de amplias dinámicas bien marcadas por la batuta de Ordieres y respondidas por «su orquesta». Destacable el cuarteto de trompas, con solos muy aterciopelados, y sobre todo el protagonismo de la oboe, dándole ese carácter algo pastoril y hasta «nórdico» sin perder la inspiración en las danzas afroamericanas o los espirituales negros.

A favor de «la Uni» tener la obra ya rodada de anteriores conciertos (Oviedo o Luarca) y la excelente acústica del auditorio de la Corrada del Obispo que permitió escuchar cada detalle y donde el público aplaudió cada uno de los cuatro números.

Fuera de programa llegaría el Danzón nº 2 (1994) del mexicano Arturo Márquez (Sonora, 1950) que se ha hecho muy popular en todas las versiones por su energía y riqueza, propina y obra ideal para una orquesta joven a la que Ordieres hizo moverse literalmente, con el empuje de la sección de percusión y buen protagonismo de maderas y metales siempre bien arropados por una cuerda que mantuvo la disciplina y la entrega en este «hit» que todo melómano acaba tarareando a la salida, en una muy matizada y rica interpretación de la Orquesta de la Universidad de Oviedo bajo la batuta de Pedro Ordieres.

PROGRAMA:

W. A. Mozart (1759-1791):

Don Giovanni, K. 527: obertura.

Frederick Delius (1862-1934):

Florida Suite (1887):

1.  Daybreak – Dance (Amanecer – Danza)

2. By the River (En la ribera del río)

3. Sunset – Near the Plantation (Anochecer – En la plantación)

4. At Night (De noche)

Aprendiendo con los clásicos

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Jueves 30 de enero, 19:30 horas. Auditorio «Teodoro Cuesta», Mieres: Orquesta Sinfónica del Conservatorio Superior de Música del Principado de Asturias (CONSMUPA), Lucas Santos Santos (flauta), Elba Rodal Graña y Luis López Aragón (directores). Obras de Haydn, Mozart y Beethoven.

No me canso de repetir lo sacrificado que es estudiar música y más en estos tiempos donde la juventud no opta habitualmente por las llamadas Ciencias Humanas. Tanto para todo el alumnado como sus familias el esfuerzo a menudo es sobrehumano, dedicándole a su instrumento todo el tiempo posible y no digamos si quieren llegar a profesionales porque entonces será toda la vida. Caso aparte los que compaginan el estudio de la música con otra carrera universitaria, como si la de músico no fuera suficiente (algo que recuerdo los Virtuosos de Moscú a su llegada a Asturias en 1990 no entendían… ni muchos otros aún en 2025).

Para los músicos la formación orquestal es básica no ya por los valores de tocar juntos y escucharse unos a otros, verdadero trabajo en equipo, también por unas relaciones personales que durarán años aunque opten por otros caminos (bien por afición o profesión) y donde siempre tendrán a la música que les abrirá muchas puertas.

En el CONSMUPA siempre se trabaja duro, es El Superior y cada instrumento conlleva el estudio no ya de materias llamadas complementarias en una educación que no se acaba nunca, también la técnica en solitario, con piano, y evidentemente la «música de conjunto» (tríos, cuartetos… banda, orquesta) ocupa parte del horario lectivo, por lo que con alumnado de cuerda, viento y percusión la orquesta sinfónica es el primer paso hacia un horizonte lleno de ilusión y esfuerzo. El doctor Manuel Real Tresgallo ostenta la cátedra de dirección de orquesta y dos de sus alumnos volverían a dirigir a sus compañeros instrumentistas en un programa clásico que no puede faltar en su formación: Haydn, Mozart y Beethoven, casi como un examen a mitad de curso para ir comprobando la evolución, mejorar el estilo, asentar lo aprendido y sobre todo ponerlo en práctica con público en vivo.

La plantilla para el concierto, que dejo a continuación, pese a no estar «compensada» en la cuerda ni siquiera al completo (sin contrabajos o un clarinete bajo duplicando un fagot), sonó muy equilibrada y balanceada. Deberán seguir trabajando la afinación (igual que muchos profesionales) pero la entrega, respeto y «acatamiento» a las señales del podio la superaron con nota. Muy positivo trabajar con dos estilos de dirección y tres obras diferentes aunque del mismo periodo, el llamado «Clasicismo» con esa tríada donde el «sordo genial» será el puente al Romanticismo que comenzaría precisamente con él.La maestra gallega Elba Rodal Graña (Cangas do Morrazo), además de clarinetista (el Ateneo Musical de Mieres presume de ella), esta tarde ejercería de presentadora siempre en tono didáctico para un público no muy numeroso en este gélido final de enero, y sobre el podio dirigiría la Sinfonía nº 103 en mi bemol mayor (1795) de F. J. Haydn (1732-1809), llamado «el padre de la sinfonía» (tiene datadas 106) y en concreto esta perteneciente a las llamadas Sinfonías de Londres, la penúltima antes de volver a Viena y como muchas otras también con apodo, «Redoble de timbal» por ser quien la inicia, y de la que Wagner en su juventud realizaría una transcripción para piano.

La dirección contó con un gesto claro, sin necesidad de batuta, precisa, matizando los detalles con respuesta generosa de la orquesta, bien contrapuestos los tempi y enfrentándose a una partitura rica en todos los recursos a lo largo de sus cuatro movimientos: se abre con un solemne motivo del adagio al que sigue un allegro (clara la influencia que Haydn tuvo en Beethoven); el segundo movimiento es un andante expresivo al que sigue el minuetto cuyo trío en modo menor tiene ese aire de ternura o melancolía bien marcado desde el podio, que emplea materiales del folklore croata, para terminar con el alegre Finale: Allegro con spirito que «canta» una melodía de tipo popular con un efecto de música de gaita (siempre internacional). Destacar el «saber estar» en los timbales de Eduardo Llosa García y la buena intervención de la concertino María Cotarelo García en su solo del segundo movimiento.

El relevo en el podio lo tomaría Luis López Aragón, pianista que también ha elegido el difícil arte de la dirección. Comenzaría con el Allegro maestoso, primer movimiento del Concierto para flauta en sol mayor, K. 313 de W. A. Mozart (1756-1791), actuando de solista Lucas Santos Santos de sonido amplio, limpio, bien concertado y dejándonos una cadenza perfecta, fraseada y de sobresaliente.

Ya batuta en mano, e incorporándose los efectivos de Haydn, el maestro López Aragón afrontaría los dos primeros movimientos de la Sinfonía nº 3 en mi bemol mayor, op. 55, «Heroica» de L. van Beethoven (1770-1827), el Allegro con brío sin forzar el aire, palabras mayores para esta orquesta que sonó muy equilibrada haciendo olvidarnos de la verdadera plantilla, y la siempre emocionante Marcha fúnebre. Adagio assai. Buen balance de las secciones, con seis cellos que compensaron el grave ante la ausencia de contrabajos y destacable toda la sección de viento, tanto el metal pero especialmente la madera, con el solista mozartiano, el clarinete y sobre todo el oboe (Manuel Álvarez Fernández), impecable en todo el concierto.

Luis López apunta maneras y estilo propio (su compañera Elba comentó que «en 10 años estará en todo lo alto»), sabiendo hasta dónde llegan sus compañeros y delineando una «tercera» que nos dejó ganas de escucharla completa, espero que como fin de curso, aunque el catedrático Real Tresgallo será quien siga formando esta nueva generación de directores y directoras (que en este siglo van llegando más a un podio no hace mucho totalmente masculinizado).

El Barbero crea afición para todas las edades

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Sábado 19 de octubre de 2024, 17:30 y 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVII Temporada de Ópera. Gioachino Rossini (1792-1868): «El barbero de Sevilla». Versión para la infancia de Maite García Heres. Compañía musical infantil «La Federica», residente de la Ópera de Oviedo.

(Crítica para Ópera World del domingo 20, con el añadido de los links siempre enriquecedores, tipografía que no siempre se puede adaptar, y fotos propias más las de Néstor Fernández para Ópera de Oviedo)

Cerrando el segundo título de la 77ª temporada de ópera ovetense llegaba este sábado la adaptación de la directora Maite García Heres al frente de la compañía musical infantil “La Federica” que ella dirige en este proyecto cuyo título de “infantil” lo es por los intérpretes y por ser el público destinatario aunque de todas las edades y llenado las dos funciones con precios 6€ a 15€ que encandiló a pequeños y mayores.

Y es que la adaptación de su directora con unos textos bien traducidos con los mínimos cambios necesarios pero fieles al italiano, añadiendo partes habladas que mejoraron la comprensión argumental para todo el público, junto a la impecable adaptación musical de Adrián Arechavala, capaz de mantener toda la música imprescindible del barbero rossiniano, cortando la longitud de los números sin perder la esencia, compartiendo arias entre solistas y coro, casi todas voces blancas capaces de abordar desde su color y tesitura natural cada personaje (el asesoramiento vocal de Iván Carriedo y Andrea Gutiérrez es impagable), así como una formación instrumental ideal -un ensemble propio que detallo en la ficha- para esta ópera camerística con mucho futuro, dejándonos un espectáculo que entusiasmó a un público nuevo que repetirá (así lo comentaban al final de cada función) y asombró a los habituales que pudieron comprobar que hay no solo afición en Asturias sino una verdadera cantera lírica que esperemos no se pierde según vayan cumpliendo años.

Con una escenografía “cercana” a la propia producción de “El Barbero de Oviedo” pero más sencilla (de Carmen Fernández González), donde el coro y todo el elenco son un bloque implicado de principio a fin, moviéndose, actuando y cantando como verdaderos profesionales, sumándole el vestuario de Susana de Dios que resultó maravilloso sin obviedades (me gustó su concepto de Tuna sin necesidad del negro y las cintas de colores) más la siempre buena iluminación de Roberto Lorenzo Martín (la escena de “la tormenta” mejoró la del “otro Barbero”), dando como resultado final una producción donde todo el equipo merece reseñarse, y lo dejo en la Ficha final.

La famosa obertura ya nos centró la acción, introduciendo partes cantadas cual mezcla entre “The King Singers” y “La Trinca” en versión asturiana y calidad lírica, con charangas y murgas que venían del Carnaval de Ciudad Rodrigo hasta Sevilla, con un conde salmantino a cargo de Teresa Rodríguez García de Albéniz que triunfó de principio a fin en sus desdobles del Lindoro rondador, un Alonso marinero borracho de agua dulce, el tunante maestro de canto y por supuesto un conde que cantó maravilloso, pudiendo escuchar esa voz natural tan educada además de una escena adulta que hace increíble una profesionalidad digna de mayores junto a una musicalidad que hace creer en un futuro esperanzador.

Y no digamos encontrar, ver y escuchar a Jorge Martínez Ferreño, un Fígaro de conveniente “acento andaluz”, adolescente con su propia voz cantando el “Factótum” plenamente creíble, un peluquero de ahora con hechuras de siempre. Otro tanto del Bartolo de Daniel Villar Álvarez con timbre y color casi traspasada “la muda” por cuerpo, pero tan buen actor como cantante que no desperdició sus arias para disfrutar lo bien asimilado que tenían todos sus roles. Sumar en estos registros a un simpatiquísimo Basilio de Manuel Cañas Avello, cuya “calumnia” en su tesitura natural me hizo repensar el original, tanto por la dicción en castellano como su entonación que fue otra de las agradables sorpresas de esta tarde, niños que encandilan ya sobre las tablas con un aplomo envidiable.

A todos nos enamoró la Rosina de Elena Fernández McLean, vocalmente impecable, fiel a la partitura despojada de ornamentos pero con los suyos propios tan necesarios, una voz “adulta” porque en las mujeres ya queda definido su color, escénicamente arrolladora y empastando en los dúos y concertantes cual mezzo internacional. La comicidad de Berta, Adriana Cañas Avello, nos soltó más de una carcajada, pero además cantó al mismo nivel que sus compañeros, los mal llamados secundarios sin los que la ópera no sería igual, y menos en las bufas. Tampoco quiero olvidarme del Fiorello de María Baragaño Apesteguía, asombrándome a partes iguales su escena y su canto, o la Policía de Sara Montoto del Fueyo que nos hizo cambiar el Ambrogio mudo por una actriz que declama y se mueve como si hubiese nacido sobre las tablas de nuestro templo lírico.

El “grueso” coral no solo llenó la escena, también bailaron (gracias Olimpia Oyonarte) con los paraguas de auténtico musical americano, impresionantes las criadas por desparpajo, simpáticas las peluqueras, más el coro de tunos y policías que dotaron a esta producción de una calidad, entrega, buen hacer y trabajo digno de matrícula de honor.

Si los “más mayores” son el soporte además de ejemplo y ayuda a los “grandes pequeños”, de todos ellos Maite García Heres ha sacado lo mejor, una ardua tarea de tiempo y sacrificios con el premio de este barbero para niños de 6 a 106 años que deberían disfrutar más allá de nuestra tierra. El trabajo bien hecho lo merece, el objetivo de crear afición se ha conseguido y habrá más títulos desde la Ópera de Oviedo pero que necesita todo el apoyo de instituciones, mecenas y patrocinadores pues el reconocimiento de los que ya peinamos canas lo tiene.

FICHA:

Sábado 19 de octubre de 2024, 17:30 y 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVII Temporada de Ópera. Gioachino Rossini (1792-1868): «El barbero de Sevilla». Versión para la infancia de Maite García Heres. Compañía musical infantil «La Federica», residente de la Ópera de Oviedo.

FICHA TÉCNICA:

Dirección y adaptación: Maite García Heres – Adaptación musical: Adrián Arechavala Díez – Asistente de dirección: Deva Jiménez García – Escenografía: Carmen Fernández González – Regiduría: Alba Delgado Arronte – Coreografía: Olimpia Oyonarte Martos – Dirección y diseño de luces: Rafael Echeverez Villanueva – – Sonidista: Roberto Lorenzo Martín – Vestuario: Susana de Dios – Asesoramiento vocal: Iván Carriedo Martín, Andrea Gutiérrez D’Soignie – Asesoramiento teatral: Arancha Fernández Ramos.

REPARTO:

El conde de Almaviva: Teresa Rodríguez García de AlbénizBartolo: Daniel Villar ÁlvarezRosina: Elena Fernández McLeanFigaro: Jorge Martínez FerreñoBasilio: Manuel Cañas AvelloFiorello: María Baragaño ApesteguíaCriadas: Cayetana Martínez Fernández, Carlota Pelegrín Santiago, Ángela Remis Mieres, Paula Suárez NaharroBerta: Adriana Cañas AvelloPolicía: Sara Montoto del FueyoTunos y policías: Emma Ceán Martínez, Alba Delgado Arronte, Álvaro Díaz Cid, Ángel Eneko García de Con, Lola García Grueso, Deva Jiménez García, Adrián Santín Fernández, Julia Viñuela GarcíaPeluqueras: María García Canellada, Olaya Pelegrín Santiago.

Músicos: Adrián Arechavala Díez, Jorge Díaz Seijo, Iria Rodríguez González, Mercedes Schmidt Inglés, Marcos Suárez Fernández, Sofía Trueba Fraile.

Mieres presenta a pianistas jóvenes

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El próximo sábado 25 a las 20:00 horas tendrá lugar en el Auditorio «Teodoro Cuesta» de Mieres, con entrada libre (hasta completar aforo) la primera Gala Pianística de Mieres. En ella participarán seis jóvenes pianistas que cursan estudios en el CONSMUPA (Conservatorio Superior de Música «Eduardo Martínez Torner»): Hugo Álvarez Lanero, Henry Sebasthian Crespo, Iván Gómez García, Héctor del Río Fernández, Laura Puente Novales, Juan Vicente Stroup más el chelista mierense Aníbal Mortera P. Las obras elegidas figuran en el programa de mano que dejo a continuación, varias y todas ellas de un nivel altísimo de exigencia, pero como rezaba un eslogan para promocionar un coche hace años de este acrónimo que se convertiría en todo un neologismo, son JASP (Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados).

Esta iniciativa proviene de un joven pianista venezolano afincado en Mieres que no para de darnos alegrías a todos los aficionados y vecinos de nuestra villa, también del resto de Asturias, pues en poco tiempo ha conseguido despuntar en un mundo tan difícil donde encontrar talento pueda parecer una rareza, pero que nos devuelve la esperanza en una generación joven más allá de lo que muchos creen, y por ello quiero dedicarle esta entrada en mi blog.

Con tan sólo 10 años de edad y un año estudiando el piano, Henry Sebasthian Crespo (Valencia, estado Carabobo, Venezuela – 2003) inicia de forma prodigiosa su carrera artística realizando una gira de conciertos en los cuales interpretando de Mozart el Concierto para piano n° 3 (KV. 40) en re mayor y la Sonata n°16 en do mayor (KV. 545)además de la Bagatella en la menor WoO 59 ‘Fur Elise’ de Beethoven con varias orquestas en su país: Orquesta Sinfónica de la Victoria, Orquesta Sinfónica de Aragua, Orquesta Sinfónica de Puerto Ordaz, culminando en el Teatro «Teresa Carreño» de Caracas bajo la dirección del afamado director de orquesta Christian Vázquez (que recientemente dirigió en Oviedo) y la Orquesta Sinfónica «Teresa Carreño» de Venezuela.

Solo con este inicio, Sebasthian, que toma su segundo nombre nada menos que de «Mein Got Bach» dando una idea del ambiente musical en su casa, siendo además ahijado del famoso Gustavo Dudamel, probablemente el mayor referente de El Sistema, se presenta como uno de los talentos más prominentes y aventajados que han surgido en los últimos tiempos en
Venezuela, convirtiéndose en el único niño venezolano que con tan sólo un año de aprendizaje al piano, realice el montaje de obras complejas para su edad y con la que emprendería dicha gira de conciertos sinfónicos.

A los 13 años su destacado y precoz talento le impulsa a presentarse con un nuevo proyecto artístico y bajo la dirección
de su padre Henry Crespo y la Orquesta Sinfónica de Aragua, interpreta el primer movimiento del Concierto para piano en la menor de Grieg y como obra extra la Fantasía-impromptu op. 66 en do sostenido menor de Chopin.

Henry Sebasthian Crespo inicia sus estudios musicales con el violonchelo en el Sistema de Orquestas Juveniles de Aragua. Su formación pianística comienza a los 9 años bajo la directrices y enseñanza de su padre.
Después, recibe formación técnica con los maestros, Luis Laya y Antonio Abolió, para, posteriormente tener una relación estrecha con el afamado
concertista de piano David Ascanio, que trabaja con él de forma pedagógica y orientadora en su desarrollo artístico.

En nuestro país fue invitado como joven intérprete en el prestigioso Festival Internacional de Piano de Gijón organizado por la maestra Amy Gustafson que incentiva a su padre con ocasión de los sucesos sociales y políticos de su país, con el objetivo de encontrar un mejor destino para la formación pianística de Sebasthian. De esta manera trasladan su residencia a Gijón y posteriormente en Mieres, iniciando su formación académica en el Conservatorio Profesional de Oviedo bajo directrices del maestro Francisco Jaime Pantín, quien le inspira a participar e incursionar debutando en un concurso como solista de piano, y obteniendo el primer premio de Concurso Intercentros Melómano en Asturias.

En la celebración de dicho concurso para jóvenes solistas interpretó los Momentos Musicales 5 y 6 de Franz Schubert y los Estudios opus 25 n° 2 y opus 10 n° 12 de Frederick Chopin en Avilés.
De su trayectoria formativa en España Sebasthian realiza un importante recorrido con obras emblemáticas de los grandes compositores: Schubert, Rachmaninov, J. S. Bach, Mozart, Beethoven, Chopin…
todas orientadas a una experiencia bajo la tutela de Francisco Pantín, con quien concluye su paso por el grado profesional y prosigue el grado
superior en el CONSMUPA de Oviedo bajo las directrices del maestro Manuel Cabo.

La interpretación de la Ballade nº 1 en sol menor op. 23 de Chopin, uno de sus compositores de referencia, le ha hecho merecedor de críticas que resaltan su madurez interpretativa y las cualidades que le caracterizan al comunicar su interpretación al público.
Recientemente ha participado en el 4th Lugano Internacional Music Competición (Suiza) celebrado «on line» en la categoría de piano solista, obteniendo el 1st Prize, otorgándole como recompensa el premio “Career Project”. Los medios de comunicación no solo venezolanos sino asturianos se hicieron eco del galardón y aquí dejo tanto el enlace a la entrevista en la TPA como el recorte del diario El Comercio del 8 de marzo:

Incansable Sebasthian se encuentra preparando su segunda gira de conciertos en Venezuela y paralelamente elabora una gira de recitales en
Asturias donde estará en esta primera gala pianística de Mieres, antes de irse a estudiar a Bruselas a partir del verano, pues la carrera de pianista no se detiene nunca con todo lo que supone de sacrificio familiar y personal, pero con un buen apoyo y asesoramiento que a buen seguro le llevará a alcanzar sus objetivos con un futuro esperanzador, pues facultades y talento los tiene.

El Ateneo Musical de Mieres, siempre abierto a impulsar y proyectar el talento que no siempre sale a la luz pública, cuenta con él para aquellas obras donde se requiera un piano en la plantilla, y también dar a conocer su increíble musicalidad.

Por citar las dos últimas donde ir dándole a conocer en su Mieres de adopción, el 21 de marzo dentro del Día de la Poesía (Homenaje a Efrén Martínez) ambientó al piano el acto celebrado en el Espacio Cultural 19-10 organizado por la Librería La Pilarica, otro referente en Mieres en la difusión y promoción de nuestro patrimonio.

Y apenas un mes atrás, el 26 de abril Henry Sebasthian Crespo abría y cerraba el acto de entrega del III Premio Gastronómico «Saber y sabor» al Bar Restaurante TC28 organizado por Tertulia 17, celebrado en el salón de actos del IES Sánchez Lastra, donde con un piano electrónico, que nunca es igual que uno acústico o aún mejor de cola) deleitó y asombró con dos obras de altura que dejaron maravillados a los asistentes: el Momento musical en si bemol menor, op. 16 nº 1 de Rachmaninov y la Balada nº 1 en sol m, op. 23 de Chopin, dos partituras que sigue trabajando para interiorizarlas y «hacerlas suyas» dado que la interpretación no para y por mucho que se ejecuten, nunca serán iguales.

Mientras prepara la gala del próximo sábado en buena compañía , Sebasthian aún tiene tiempo para organizar este miércoles 21 a las 18:30 horas en la Casa de la Música de Mieres una charla-concierto con dos de sus compañeros del CONSMUPA, amigos y también pianistas, bajo el interesante título «La música de la resiliencia» que bien conoce en su propia vida, y con el subtítulo «El arte de estudiar piano sin morir en el intento», donde los asistentes escucharán de primera mano cómo seguimos en nuestro país sin valorar los estudios musicales aunque hayamos ido mejorando más adagio que presto en ello, aunque precisamente el piano no sea instrumento sinfónico por lo que las oportunidades menores conllevan dar  visibilidad con conciertos como los que Henry Sebasthian está llevando a cabo gracias a una ilusión juvenil y fuerza que no le sobra.

Desde este blog, personalmente sabe que tiene todo mi apoyo, deseándole todo lo mejor a este talento venezolano que la vida le ha traído a nuestro Mieres del Camino para continuar una andadura que espero sea larga y fructífera.

Ópera para Madagascar

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Jueves 16 de mayo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: Gala Lírica Pro MadagascarJuan Jesús Rodríguez (barítono), Anna Cabrera (soprano), Marcos Suárez (piano). Arias, dúos y romanzas de zarzuela y ópera. Entrada: 10€.

La ONG “Ópera sin fronteras” y la Fundación «Agua de coco» llegaban a Oviedo para presentar un proyecto multidisciplinar, transversal, pedagógico y sobre todo solidario, porque la música lo puede todo, llegar a estrenar en Madagascar su primera ópera con un elenco de allí como después contarían los responsables, «El sueño de Nirina», con libreto de la asturiana Lucía Vilanova , con quien contactaron en el Campoamor tras el estreno de «María Moliner», y música de Juan Antonio Simarro, dos figuras conocidas en nuestra tierra, y además en malgache. Una bendita locura que cuenta entre otros apoyos, nunca suficientes, de la Fundación Ópera de Oviedo, siempre dispuesta a colaborar con estas iniciativas solidarias de cooperación social, siendo su director, el avilesino Celestino Varela, el primero en tomar la palabra presentando el evento.

Paco Azorín como presidente y fundador junto al coreógrafo Carlos Martos De la Vega de la ONG “Ópera sin fronteras” comentarían a dúo quiénes son y cuales son sus objetivos, desde el propósito de hacer llegar la ópera a todos aquellos colectivos que tradicionalmente han sido excluidos de ella, con el fin de visibilizar sus conflictos a través del hecho escénico.

Entienden la ópera como un instrumento de transformación social, no como un elemento de entretenimiento sólo al alcance de unos pocos.
La ópera, como arte integrador, en la que convergen la música, la danza, el teatro y las artes plásticas, es el vehículo idóneo para situar en el centro de la creación a los colectivos más desfavorecidos y ayudarles así, a solucionar sus conflictos, desde sus primeros contactos allá por 2019 en Mérida y después Sevilla con «Sansón y Dalila», el contacto en Badajoz con otra ONG («PIE, Plena Inclusión Extremadura») de enfermedades raras entre muchas más, y lo terapéutico que ha sido la ópera, al año siguiente el proyecto didáctico «El monstruo en el laberinto» (de Jonathan Dove) en el Liceu barcelonés para niños en peligro de exclusión, o el triste 2022 a raíz de la guerra de Ucrania (que aún continúa) dentro de cultura de emergencia en Madrid para integrar a los primeros refugiados en un montaje de «La Odisea» con la Escuela Municipal de Arte Dramático para edades comprendidas entre 7 y 21 años.

Con la proyección de un vídeo con la génesis del proyecto de esta ONG que contarían Paco y Carlos, se centrarían en este continuarían primer proyecto en Madagascar que lleva como título «Madagasikara» con la ONG “Agua de coco” sumándose que lleva años allá, y con distintas fases que movilizan a 300 personas entre 6 y 20 años enseñándoles  música y dándoles instrumentos, por lo que el objetivo o fase final será hacer una ópera participativa y la primera en el idioma malgache, que espera nestrenar en Toliara el próximo 6 de septiembre de 2025 en el centro multidisciplinar CASEL.

Tras la proyección del segundo vídeo, presentarían al compositor Juan Antonio Simarro, que ya hacía sus pinitos «en africano» de crío y también de adulto, explicándonos la génesis tras libreto de Lucía Vilanova primero en francés y la posterior traducción al malgache, proyectándonos las letras y avanzando al piano algunas melodías.

De las muchas ayudas para esta primera ópera de Madagascar, ya con la colaboración entre otros del Teatro Real, del Festival de Perelada o la Ópera de Oviedo, aunque siguen buscando apoyo económico, en otro vídeo nos enseñarían el «Container Solidario» lleno de escenografías, vestuario, atrezzo, decorados o incluso luces viejas, material donado por distintos teatros que las almacenaban «caducadas» pero que serán «tecnología punta» en esta isla que sigue sufriendo, y donde ya embarcó camino del estreno en septiembre, que se espera traerlo a Europa en 2026. De ella vino a vivir a Córdoba un músico tradicional como es Kilema que participaría codo con codo junto al compositor. Después entre el piano de Marcos Suárez y el propio Simarro al djembé nos invitaron a cantar una de las melodías, verdaderamente imposible en malgache pero dándonos idea de cómo sonará en las voces protagonistas del estreno.

Y finalmente comenzaría la gala lírica y solidaria ayudando a recaudar fondos, que nunca son suficientes para un proyecto de esta envergadura, con la actuación del barítono Juan Jesús Rodríguez (Cartaya, 1969), la soprano ruso-cubana Anna Cabrera Eliseeva (Moscú, 1997) que sustituyó a última hora a Graciela Moncloa, con todo lo que supuso cambiar más de medio programa del inicialmente previsto, y el pianista asturiano Marcos Suárez (La Felguera, 1992) que hubo de lidiar contra estos imprevistos con la profesionalidad y experiencia que va acumulando en sus años de docente y repertorista.

Del barítono cartayero solo caben elogios por su entrega humana y musical, con la romanza «Ya mis horas felices» del Germán en «La del Soto del Parral», o el aria «Nemico della patria» del Gerard en «Andrea Chenier» que levantaron los bravos de un público que le sigue fielmente en Oviedo, e incluso de fuera de nuestra tierra. Su poderío vocal, buen gusto, escena, dicción y musicalidad son parte de las muchas cualidades que tiene, por lo que en estas dos obras el acompañamiento «orquestal» al piano de Marcos Suárez no necesitó más que disfrutar con el andaluz.

Me encantó la soprano Anna Cabrera, con varios premios desde su llegada a Madrid en 2016, quien eligió para esta gala la conocida «Petenera» de «La marchenera» y la aún más famosa aria «Caro nome», una Gilda sobrada de matices, agilidades, musicalidad y fraseos, bien acompañada por un Marcos que «las tiene en dedos» aunque la premura de los cambios nunca es buena, pero las tablas de ambos permitieron disfrutar de esta voz en crecimiento y triunfando paulatinamente.

Con estos solistas los dúos no podían fallar, aunque no los programados, pero igualmente de calidad y empaste, el mozartiano «La ci darem la mano» primero, enamoramiento a primera vista del Don Juan onubense y la Zerlina ya madrileña, coqueteo a dúo plenamente creíble con el piano bien encajado.

Y si ambos solistas dominan Verdi, el andaluz más que conocido, la rusa demostrado en el «Caro nome», nada mejor para cerrar que el conmovedor dúo «Piangi, fanciulla, piangi» de padre e hija, Rigoletto y Gilda en este dramático dúo escenificado con los intérpretes entregados, poderosos y dolientes, empaste ideal aunque afinación algo al límite y un piano a primera vista que nos privó de mayor satisfacción global para dos voces muy aplaudidas en esta gala.

Aún quedaba un mensaje en vídeo de la madrina de honor de la ONG, «nuestra» María José Montiel que con su homónima Moliner abrió puertas y dio esperanza a este proyecto. Finalmente la lectura del texto que canta Nirina la protagonista, ópera terapéutica, solidaria y un hito en Madagascar que esperemos disfrutar en Oviedo.

PROGRAMA:

Reveriano SOUTULLO (1880-1932) y Juan VERT
(1890-1931):

LA DEL SOTO DEL PARRAL: «Ya mis horas felices»

Federico MORENO TORROBA (1891-1982):

LA MARCHENERA, La Petenera

Umberto GIORDANO (1867-1948)

ANDREA CHÉNIER: «Nemico della patria»

Giuseppe VERDI (1813-1901)

RIGOLETTO, aria de Gilda «Caro nome»

Wolfgang Amadeus MOZART (1756-1791)

DON GIOVANNI, dúo «La ci darem la mano»

Giuseppe VERDI:

RIGOLETTO, dúo «Piangi, fanciulla, piangi»

Prensa:

Cantera musical gijonesa

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Miércoles 8 de mayo, 20:00 horas. Sociedad Filarmónica de Gijón, Teatro Jovellanos: Concierto ‘Jóvenes Intérpretes’ del Conservatorio Profesional de Música de Gijón. Gonzalo Díaz Borjas (saxo alto), Banda Sinfónica del Conservatorio Profesional de Música y Danza de Gijón, José Miguel Merenciano Novejarque (director); Pedro Manuel Fernández Valera (piano), Andrés Rubio Figuera (guitarra), Orquesta Sinfónica del Conservatorio Profesional de Música y Danza de Gijón, Mónica Paris Vendrell (directora). Obras de Demersseman, Chopin y Rodrigo.

El Conservatorio Profesional de Música y Danza de Gijón se fundó en 1986 y en estos 38 años con distintas sedes y oferta educativa, siempre en aumento, su progresión ha sido geométrica hasta instalarse en la antigua Universidad Laboral, un verdadero centro integrado que ya se esperaba en sus inicios (hubo de esperar varias legislaturas) con más de 90 profesores y 20 especialidades. Este concierto para premiar por vigésimo primera vez a los mejores intérpretes, acompañados de dos de sus formaciones, la Banda Sinfónica y la Orquesta, fue el verdadero muestrario del excelente trabajo docente del centro gijonés, hoy con un teatro al completo donde estuvo presente la alcaldesa de Gijón, y esas familias que siempre apoyan el esfuerzo, trabajo y renuncia de una generación que, independientemente del futuro que elijan, siempre tendrán una formación musical que les acompañará toda su vida.

Se levantaba el telón para ver ya colocada una jovencísima Banda Sinfónica del Conservatorio Profesional de Música y Danza de Gijón aunando grados (elemental y profesional) y edades, con una plantilla de unos 40 músicos que bajo la dirección de José Miguel Merenciano Novejarque afrontarían la Fantasía sobre un tema original para saxofón alto y banda del francés Demersseman y con el premiado saxofonista Gonzalo Díaz Borjas al saxo alto -y ya en la Banda de Música de Gijón-, verdadero examen final para una partitura muy exigente siempre bien llevada desde el estrado y comprobando el buen nivel de estos estudiantes que en nada les reclamarán en otras formaciones donde seguir creciendo, tanto para el solista como para la agrupación de viento y percusión del conservatorio gijonés.

Tras esta obra para aprovechar los cambios en escena, llegarían los discursos y entrega de premios, siendo  Silvia Rodríguez Gutiérrez como Jefa del Departamento de Actividades del Conservatorio quien haría las veces de presentadora, la directora Julia Álvarez Gonzalez y el presidente de la Sociedad Filarmónica de Gijón el doctor Antonio Hedrera Fernández.

Palabras de gratitud por parte de todos más el apoyo de instituciones que trajeron este concierto y donde el presidente remarcó el apoyo y colaboración que siempre ha dado la centenaria sociedad gijonesa al alumnado, haciéndoles entrega a los premiados de un abono para los conciertos de la próxima temporada, esperando que algún día no lejano sean los siguientes intérpretes engrosando una larga lista de figuras con repercusión nacional e internacional.

Y continuaría el concierto con el pianista Pedro Manuel Fernández Valera junto a la Orquesta Sinfónica del Conservatorio Profesional de Música y Danza de Gijón bajo la dirección de Mónica Paris Vendrell

para interpretar el segundo movimiento (Larghetto) del siempre exigente Concierto op. 21 nº 2  para piano y orquesta, una orquesta en rodaje, sin completar plantilla y algo descompensada en la cuerda con solo un contrabajo, pero perfecta en sonoridad (la afinación seguirán trabajándola toda su vida) para disfrutar de un piano limpio, presente, con una interpretación de calidad para el nivel del solista, lógico siendo premiado por sus aptitudes, junto a una  clara dirección para encajar entradas, dialogar con el solista e ir acostumbrándose no solo a tocar lo escrito sino a escucharse entre todos, trabajo en equipo tan necesario siempre y aún más en el siempre sacrificado mundo de la música.

Para reubicar la escena, más agradecimientos de Silvia Rodríguez y el turno para Andrés Rubio Figuera, quien junto a la orquesta interpretaría el famoso Adagio (segundo movimiento) del Concierto de Aranjuez de Rodrigo. Una guitarra levemente amplificada de técnica precisa, fraseos sentidos, con una orquesta un poco mayor que la de Chopin con un corno inglés tan protagonista como el solista, y la concertación de la maestra Mónica Paris, atenta a toda la formación y dándole la seguridad a la guitarra para dejarnos a todos con ganas de más.

Una hora que pasó volando aunque esperaba los conciertos completos pero reconociendo la dificultad para afrontarlos con un alumnado que lo dio todo en el Jovellanos. Solo me queda felicitar al profesorado por un trabajo que no se ve pero se aprecia al escuchar a estos alumnos, inculcando el amor por la música en vivo, y de nuevo el apoyo de unas familias sin las que esta joven generación hubiese optado por otras aficiones, sabedoras que la formación musical es universal en cultura, valores y solidaridad, pudiendo llegar a convertirse en una profesión que en mis años hubiera sido casi imposible.

PROGRAMA

Jules Auguste Demersseman (1833-1866):

Fantasía sobre un tema original para saxofón alto y banda, op. 32

Gonzalo Díaz Borjas, saxofón tenor

Banda Sinfónica del Conservatorio Profesional de Música y Danza de Gijón

José Miguel Merenciano, director

Frédéric Chopin (1810-1849):

Concierto op. 21 nº 2  para piano y orquesta  (2º mov: Larghetto)

Pedro Manuel Fernández Valera, piano

Orquesta Sinfónica del Conservatorio Profesional de Música y Danza de Gijón

Mónica Paris, directora

Joaquín Rodrigo (1901-1999):

Concierto de Aranjuez para guitarra y orquesta (2º mov: Adagio)

Andrés Rubio Figuera, guitarra

Orquesta Sinfónica del Conservatorio Profesional de Música y Danza de Gijón

Mónica Paris, directora

Una nueva editorial con un libro para disfrutar

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José Luis Conde: «Entre acordes e ideologías. Música, naciones y totalitarismos». Editorial 1/2 Tono, 312 páginas, ©2023.

(Reseña del libro para el Blog de la Editorial con el añadido de fotos, links siempre enriquecedores, fotos de las RRSS y la tipografía adecuada)

La aparición de una nueva editorial siempre es una buena noticia, dedicada a la música, excelente, y si además se ocupa de ella con un enfoque que no es habitual todavía mejor. El propio nombre de medio tono ya indica los pasos a seguir para aumentar su catálogo de divulgación musical, con una portada que ya es una maravilla diseñada por Javier Díaz Garrido (que ha sido Premio Nacional de Diseño Gráfico ‘Anuaria’ 2023), y su primer título marca claramente la línea a seguir de divulgación con calidad y rigor que es más necesario que nunca en estos tiempos de digitalizaciones no siempre acertadas ni contrastadas, especialmente para las nuevas generaciones que han crecido en ese mundo de las redes sociales.

El musicólogo, guitarrista, profesor, crítico y divulgador argentino José Luis Conde (Buenos Aires, 1961), autor de la “Historia ideológica de la música” publicada en 2012 desde el Tucumán actual donde ha ejercido su magisterio, escribe ahora otro interesantísimo ensayo de amena lectura, repasando los compositores de los dos pasados siglos, tanto los que podríamos llamar “imprescindibles” (están todos los que son), como muchos que no han tenido la suerte de engrosar esas listas (son todos los que están). Sirvan de ejemplo entre estos “ilustres desconocidos” el polaco Stanislav Moniuszko, en la URSS Galina Ustvolskaya (“la dama del martillo”), Edison Denisov, Nikolai Roslavets o Alexander Greetchaninov, el italiano Ildebrando Pizzetti, un checo-germánico de origen judío como Hans Krása, o Hanns Eisler, «jaqueado por tres sistemas políticos: nazismo, capitalismo y comunismo», sin olvidarse de nuestro burgalés Antonio José (Martínez Palacios) que al fin comienza a recuperase tras décadas de injusto olvido, y Conde ayuda a ello.

Al menos en este repaso del maestro porteño-tucumano a tantos compositores y nacionalidades analizadas, están todos bien reflejados. La enorme bibliografía manejada (4 páginas) y el amplio índice onomástico (8) dan prueba de un concienzudo trabajo que organiza en dos bloques, desde la música tratada como arte de su tiempo con todos los nacionalismos: Alemania, Francia más los llamados “periféricos” como los nórdicos, el húngaro, el checo o el casi inabarcable ruso del XIX, hasta la música condicionada por las dictaduras: italiana, alemana, soviética o española, los totalitarismos del siglo XX en la segunda parte desmenuzados con la erudición del estudioso que contagian tanto al melómano bien informado como a los interesados en estas relaciones del arte, en nuestro caso musical, con la política, que aún en nuestro tiempo podría seguir ampliándose, “La música como arte dirigido”, pues en sus páginas van desfilando aspectos filosóficos, ideológicos y lógicamente político- sociales en los que se sustentaron estos compositores, «entre acordes e ideologías, entre belleza y sentimiento, entre emoción y acción» en palabras de “medio tono” para presentar su título inicial.

El tratamiento transversal que José Luis Conde plasma en este ensayo de la nueva editorial madrileña, le lleva a un análisis ameno de compositores, obras y entornos sin los que no podríamos comprender en su totalidad la creación musical (que tiene incluso su propia lista musical en la plataforma Spotify© como complemento ideal de la lectura) pero tampoco el carácter de las naciones reflejadas. A lo largo del libro encontramos párrafos dignos de reflejar en estas líneas, desde el tópico del estudio del arte con la distinción entre “pueblos de la culpa” y “pueblos del honor” a la definición que el profesor Conde hace de «un patriota es quien ama a su país natal, mientras que un nacionalista es alguien que desprecia el de los demás» enmarcado para analizar a Bartok y válido para los llamados compositores nacionalistas.

Muy interesante la reflexión sobre «la contaminación cultural, que por obra de la penetración mediática y globalizante causan los (…) subproductos musicales (que) se ha extendido rápida y vorazmente por todos los rincones del orbe», pues este ensayo aporta también una visión actual de los derroteros musicales desde el estudio de los nacionalismos.

De la documentada bibliografía, me quedo con la cita sobre Paderewski tomada de la biografía de Adam Zamoyski sobre el nacionalismo del polaco que «no era metafísico, como el de Chopin, ni pastoral, como el de numerosos compositores de fines del siglo XIX, sino práctico. Es decir, que empleaba la música como un medio para lograr fines políticos», más la de Gilbert Chase analizando el nacionalismo español del que Conde concluye que «es posible (…) en comparación con el desarrollado en otras latitudes, fuera el que se manifestó de un modo más espontáneo», reflejando el amor que profesa a nuestro universal Manuel de Falla.

Si la primera parte se lee con deleite y rápidamente, la segunda es un sesudo análisis de “la música como arte dirigido”, dejando claras las relaciones entre música y política a lo largo de la historia y que el profesor Conde centrará en el comunismo soviético, el fascismo italiano, el franquismo español y el nazismo alemán. Desde la geografía histórica está claro que la Unión Soviética daría para todo un volumen, y por ahí desfilan los compositores exiliados a partir de 1917, no solo los reconocidos, hasta los que sufrieron desde dentro con Shostakovich encabezando la lista, sino los que hoy podemos calificar de “menos difundidos”, subrayando, como ocurrirá con Wagner, que «siempre queda la música sobre toda consideración ideológica».

En el fascismo italiano el autor subraya que «los totalitarismos siempre se opusieron a las vanguardias artísticas» igualmente bien relatadas con obras y autores, para entrar en la España de Franco y una generación en el exilio a la que se intentó acallar privándonos de esta parte de nuestra historia que poco a poco ha vuelto a encontrar su voz, gracias a estudiosos como el propio Conde, como los críticos que sufrieron las consecuencias desde dentro o las vanguardias que le “colaron” al dictador como el denominado “Concierto de la Paz” en el 25º aniversario del triunfo del ejército franquista con Frühbek de Burgos al frente de la Orquesta Nacional de España y el Orfeón Donostiarra.

Finaliza el libro con el apasionante apartado dedicado a la música en la Alemania nazi donde «lo sublime y lo abominable pueden convivir perfectamente» en palabras del autor. En estas últimas 63 páginas desfilan, si se me permite el verbo, compositores y obras, anécdotas, historia pura como la llamada “música degenerada” (Entartete Musik) y la perfecta descripción de la política musical de aquella Alemania donde entre las víctimas también hubo compositores aún no reconocidos como se merecen: Erwin Schulhoff, el checo Rudolf Karel, el pianista y compositor Viktor Ullmann o sus compañeros de destino como Gideon Klein o el moravo Pavel Haas. De los que pudieron exiliarse comenzando por Schönberg, al que Conde considera coherentemente «más como un epígono de la tendencia renovadora wagneriana que de la conservadora brahmsiana», prosiguiendo con Paul Hindemith del que concluye que «el artista sólo puede servir a la humanidad creando belleza», continuando con Kurt Weill de difícil clasificación o Hanns Eisler, poco conocido pese a componer música para películas de Fritz Lang, Douglas Sirk o Jean Renoir, ese género donde muchos nombres del libro (no falta Korngold) pudieron llevar su magisterio al otro lado del Atlántico, y por supuesto los que “se quedaron” sin ser víctimas, estigmatizados por el nazismo (la Segunda Escuela de Viena) analizando las causas, o los protegidos, que también hubo, como Richard Strauss, que fue compositor bajo el imperio del Káiser, siguió durante la República de Weimar, siguió bajo el nazismo “y lo sería si nos gobernaran los bolcheviques” en palabras del propio compositor o los directores Furtwängler, que no fue una creación del nazismo pues ya era importante antes de Hitler y no como Karajan, protegido del mariscal Göring, luces y sombras que el tiempo ha ido poniendo en su sitio. También salen a la luz Hans Pfitzner o Carl Orff que no se libran del acertado análisis del profesor Conde para poner punto y final a su excelente ensayo.

El colofón del autor aclara que sólo ha pretendido plasmar una apretada síntesis de la creación musical con connotaciones ideológicas, y donde lo ideológico es una de las innumerables caras del poliedro musical. Ciertamente no se puede resumir tanto conocimiento en este libro donde las puertas están abiertas a quienes quieran profundizar en cada punto analizado o consultar una bibliografía de toda una vida dedicada al estudio, divulgación y educación musical. Lúcidas reflexiones y citas para pensar como la de no mezclar la actividad artística con la política, tristemente válida para nuestros tiempos actuales donde parecemos estar condenados a repetir la historia por no conocerla. Al menos tras la lectura de este libro muchos no tendrán (ni tendremos) esa disculpa.

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