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El Barroco está de moda

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Miércoles 8 de abril, 20:00 horas. Centro Nacional de Difusión Musical, Auditorio Príncipe Felipe, OviedoSala «Luis G. Iberni». Primavera Barroca: Luz mediterránea. Il Pomo D’Oro, Dmitry Sinkovsky (violín y dirección). Obras de D. Scarlatti y A. Vivaldi.

El centro que dirige Antonio Moral, presente entre nosotros, ha vuelto a contar con Oviedo para la «Primavera Barroca» por segundo año, y ante el éxito del primer concierto supongo que seguirá apostando por la capital asturiana, donde el barroco siempre está de moda. Hace precisamente dos años actuaba la gran mezzo Joyce DiDonato en la sala principal con Il Complesso Barocco de Alan Curtis dirigido por el contratenor, violinista y director Dmitry Sinkovsky, que ahora se presenta con otro grupo (en 2011 ya lideró La Voce Strumentale), Il Pomo D’Oro, habitualmente con Ricardo Minasi, en esta mini gira con seis músicos jóvenes que contagian la alegría de lo que interpretan, siempre al servicio de un auténtico «divo» como el ruso que mantiene los tics de entonces pero que transmite desde su violín auténtica energía. La rusa Alfia Bakieva y la italiana Esther Crazzolara son las violinistas que se entienden y suenan como una; Giulio d’Alessio es un viola solvente, capaz de marcarse un solo de timbre hermosísimo; Federico Toffano al chelo y Davide Nava al contrabajo no sólo resultan el sustento del grave que en los unísonos engordan con un empaste único, sino que el continuo junto al clave del ruso Maxim Emelyanychev resulta poderoso y limpio, ornamentaciones presentes en el momento justo más un chelo virtuoso que completan una formación juvenilmente muy cuidadosa con cada partitura.

El programa se centraba en el siempre agradecido Vivaldi y nuestro «adoptado» Domenico Scarlatti en las revisiones, más que arreglos, del inglés Charles Avison (1709-1760), alterando levemente el orden inicial pero no el mismo espíritu de los dos italianos cuyas músicas parecen intercambiables, con los comentarios al programa titulados «Aficionados y virtuosos» que dejo a continuación.

Todo gira en torno a mayor gloria de Sinkovsky quien dejó su sello tanto como violín primero pero sobre todo solista en su Vivaldi RV 246 (que sustituyó al RV 242 previsto) perteneciente a los conciertos «Per Pisendel» que ya escuchásemos en su anterior visita aunque echase en falta un fagot… Sus ornamentos resultan a menudo algo exagerados pero hay que reconocerle una técnica y musicalidad impecables, lo mismo que en el RV 177, si bien Scarlatti – Avison lo resolvió con los mismos medios. A su grupo le tiene bien aleccionado para su forma de entender el barroco, difícil de seguirle por momentos, con velocidades de vértigo o cambios de ritmo bruscos aunque el trabajo conjunto se nota en cada obra.

En la Sinfonía en do mayor para cuerdas del italiano dieron lo mejor de ellos sin su director al frente, demostrando precisamente su excelente formación: dinámicas muy trabajadas y expresivas con unos pianissimi impactantes que cortaron la respiración, fraseos amplios, y sobre todo una sonoridad muy especial que en la sala de cámara resulta cautivadora.

También me agradó la Sonata «al Santo Sepulcro» de Vivaldi precisamente por el continuo juego de contrastes tan barroco y el intimismo de esta bella partitura, aunque sigo pensando que demasiado extremista, pero todo es cuestión de gustos.

Del éxito dan buena prueba las cuatro propinas que pusieron al público de pie, nuevamente para el lucimiento del ruso: un último movimiento del Verano vivaldiano que me recordó el ímpetu de nuestros Forma Antiqva, con todo el virtuosismo esperado del violinista ruso, y no podía Sinkovsky dejar de cantarnos con su registro de contratenor, aunque me sigo quedando con «La DiDonato», un aria («Pianta bella») de Il nascimento dell’Aurora dell’innocenza (eso creí entender) de Albinoni más sentida que bien interpretada, donde la voz no es el violín y las agilidades no corrían todo lo esperado, pero hay que agradecerle el intento y sobre todo disfrutando de su formación que no sólo acompaña sino que viste con lujo las obras, con unos pizzicati casi de laúd sinfónico.

Menos mal que a la cuarta fue la vencida y volvió al violín para bisarnos el último Allegro del «Pisendel» Vivaldi y dejarnos con buen sabor de boca. Todos los pasamos bien porque el barroco es disfrute, inyección de moral, luminoso como la primavera, con un público que también necesita musicoterapia para desconectar de tensiones, algo ideal con conciertos como este primero de un ciclo que se consolida en Oviedo.

P. D.: Crítica en El Arte de la fuga de Javier Sarría Pueyo.

ReJoice DiDonato

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Lunes 11 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio: Joyce DiDonato (mezzo), Il Complesso Barocco, Dmitry Sinkovsky (violín y director). Obras de A. Cesti, D. Scarlatti, Monteverdi, G. Giacomelli, Vivaldi, G. M. Orlandini, J. A. Hasse, Händel, G. Porta, Gluck y Keiser.

El último disco de la mezzo norteamericana se titula Drama Queens que como bien explica en las notas al programa Carlos García de la Vega, es una expresión coloquial inglesa que «Tiene un matiz jocoso a la vez que peyorativo y viene a definir a aquellas personas que tienden a exagerar y sobreactuar ante la más mínima contrariedad que se encuentran en su vida diaria», y el único que la diva de Kansas tuvo en Oviedo fue entrar para la segunda parte y caerse por dos veces al pisar el vestido de Vivienne Westwood Couture que también luce en las fotos del CD, del que también tenemos información en el programa. No constaban los calcetines rojos de los caballeros, a juego con el color de los dos vestidos de la «Reina Barroca«.

La formación musical italiana de Alan Curtis, que también figura en el CD, estuvo liderada en esta ocasión por el contratenor, violinista y director ruso Dmitry Sinkovsky, lleno de tics y gestos que por momentos resultaron exagerados, pero dejándonos un Concierto para violín y cuerdas «per Pisendel», RV 242 del cura pelirrojo muy aseado, limpio y virtuoso aunque algo pobre de sonido. Los números instrumentales dieron prueba de calidad en una semana plenamente barroca (que finalizará el próximo sábado con otra mezzo como «La Bartoli»), formación de sonido brillante, dinámicas amplias y afinación siempre cuidada. Como acompañante en las arias de DiDonato sonó en su sitio, en tutti y continuo, incluso los solistas como Marco Brolli a la flauta brillando a gran altura.

De los dos bloques elegidos por una de las divas de ahora, y volviendo a las notas de García de la Vega, resultó un «pasatiempo de Auditorio con estas Reinas de Drama, princesas, emperatrices. personajes escritos por músicos del XVIII (excepto Monteverdi) que «La DiDonato» interpretó con su estilo propio y las críticas habituales que no desmerecen en absoluto su entrega en el escenario.

Hace tiempo que las voces se clasifican por color en vez de tesitura, y las mezzos para el barroco necesitan un registro casi de soprano con el cuerpo grave casi de contralto más una técnica que exige incluso más que el belcanto. La americana tiene todo esto con limitaciones; personalmente me gusta su timbre -sé que muchos discreparán- aunque juegue con cambios guturales, dentales o nasales que pueden enmascarar el color aunque siempre se dan en momentos de dramatismo puntual. El estilo para el barroco es impecable en técnica, ornamentos de locura siempre claros, aunque el grave quedase más de una vez tapado por la agrupación camerística y, al menos en Oviedo, demostró una riqueza y variedad interpretativa según los roles, en especial la Ottavia de «la Poppea» de Monteverdi en la primera parte o el aria lenta de la «Ifigenia» de Porta llena de lirismo donde los músicos arroparon aún más la elegancia.

Me encantó el Piangerò la sorte mia del «Julio César» de un Händel (que ya cautivó con su anterior «Furore»), más en la parte rápida que en los lentos flanqueantes, aunque la belleza de la partitura es capaz de sonar siempre bien. Los pianissimi cortaron la respiración y hasta las toses del respetable, porque también las divas son capaces de detener un instante…

El «regocijo» o si se me permite jugar con el inglés ReJoyce de Donato, fueron las cuatro propinas que parte del público parece evitar al llegar la hora de la cena, pillándoles de pie en la puerta de salida. De todos es conocido el caracter extrovertido y simpático de la cantante que también cautiva, incluso su italiano para agradecer los aplausos y explicar que prefiere cantar a caminar con polisones siempre incómodos.

Lasciami piangere de Reinand Keiser (de su ópera «Galsuinde, reina de España»), recogida en el CD, Col versar, barbaro, il sangue de Orlandini («Berenice»), pues ya estaba bien de amoríos y llantos, más los bises de la primera y de Da torbida procella del citado Giuseppe Maria. Sin prisas seguro que hubiera continuado enamorando, pero también los músicos debían alimentarse de algo sólido.

El duelo de mezzos en semana barroca carbayona se decidirá el próximo sábado con «Mission» imposible y entradas agotadas. Para gustos, colores, y DiDonato brilló y enamoró…