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Grandiosa discreción

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Viernes 20 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 8, OSPA, Asier Polo (violonchelo), Corrado Rovaris (director). Obras de Mozart y Chaikovski.

La musicóloga y chelista Andrea García Alcantarilla, autora de las notas al programa que incluyo como link en los autores del inicio, ofrecía la conferencia previa al concierto con el título «Mozart y Chaikovski: una huida hacia el pasado que inexorablemente culmina en el presente», ella misma reconociendo lo excesivo pero también razonando y explicándonos de forma clara la conexión entre dos autores que parecen (y lo son) tan distintos confluyendo en un gusto hacia las etapas anteriores, Mozart al italiano de la policoralidad veneciana de San Marcos y Chaikovski al rococó del joven Mozart que parecía ver la vida en rosa. Siempre está bien acudir a estas charlas tan ilustrativas que abren aún más los oidos para el concierto posterior porque esa hilo argumental tejería las tres obras a escuchar desde una aparente sencillez, puede que también entendiendo la discreción como virtud, con un director de la vieja escuela como el Maestro Rovaris que sin excesos pero con claridad académica, logró la máxima efectividad en un programa de los que no provocan grandes pasiones pero que son necesarios para todos, músicos y público. En sus anteriores visitas operísticas ya me convenció, pero lo de este viernes corroboró pese a su discreción, que es Maestro con mayúsculas.

El director italiano dispuso a la orquesta, hoy con Eva Meliskova de concertino, de formas distintas para cada obra, un primer ejemplo de cómo debe mimarse el sonido, dejando instantánea prohibida de esa colocación que ayudó siempre a una escucha perfecta de las tres partituras.

Mozart abría velada con su Serenata nº 6 en re mayor, K. 239 «Serenata nocturna» (1776), música de baile, que no molesta, rememorando los efectos buscados entre un cuarteto solista protagonista (con la citada Meliskova, Corpus, Moros y Mijno en estado de gracia) y el «grueso» donde los timbales en el centro ponían el cimiento de esta joya casi de juguete. El Maestro siempre pulcro, adelantándose lo necesario para recordar el matiz exacto, el tiempo que va también «in crescendo», dejando al cuarteto disfrutar y contagiar al resto. Toda una lección de música la Marcha: Maestoso, el imaginativo Minueto y sobre todo el Rondó: Allegretto – Adagio – Allegro dibujado como haría un orfebre sin levantar la mano, contraste barroco hecho clásico por el genio de Salzburgo.

Cada visita de Asier Polo es un placer para el melómano y prueba del nivel que nuestros violonchelistas españoles tienen en un mercado competitivo al máximo donde el toque diferencial lo ponen músicos como el bilbaino. Las Variaciones sobre un tema rococó para violonchelo y orquesta, op. 33 (1876) de Chaikovski son agradecidas para el solista y más aún para la orquesta cuando desde el podio se domina todo el tejido de texturas como volvió a demostrar Rovaris. A partir del Moderato assi, casi Andante – Tema: Moderato semplice la obra va agrandándose en ornamentos que no oscurecen el motivo principal sino que están tan bien escritas para el colega en el Conservatorio de Moscú Fitzenhagen que el violonchelo se hace voz más allá del hermosísimo Andante del que todos hablan. El sonido del Francesco Rugieri (Cremona 1689) en las manos de Polo cautiva en todos los registros, incluyendo unos armónicos estratosféricos, en cada variación, con cada técnica aplicada no ya en las cuerdas sino también en el arco, obra de energía positiva que Asier transmite a todos, sonriente, elegante en el diseño y en la interpretación bien secundada por todos desde Rovaris. Las intervenciones de las maderas todo un ejercicio de color sin perder unidad, contestando y arropando al solista, misma intención en la misma dirección para una ejecución preciosista especialmente en la sexta variación, el «dichoso» Andante colocado en lugar estratégico por belleza más que concepción.

La gratitud mutua vino en forma de propina con una obra de nuestro gran cellista y compositor Gaspar Cassadó, el Preludio – Fantasía de de la «Suite para violonchelo solo» (1926) digna de figurar directamente en el programa y ocupar mayor espacio en este comentario porque pudimos disfrutar de una interpretación íntima, bella, majestuosa, maravillando de nuevo ese arco prolongación del propio Asier Polo. Aperitivo de una obra grande aunque todavía vendría otro regalo, la Bourré de la Suite nº 4 de Bach, un triángulo equilátero, tres compositores para el instrumento más cercano a la voz humana que siempre hace perfectamente entendible el chelista vasco, con tres épocas en una sola visión maestra.

La Sinfonía nº 40 en sol menor, K. 550 de Mozart forma parte de la memoria colectiva no solamente melómana. Perderemos la cuenta de las grabaciones, versiones y directos que atesoramos todos los presentes en el concierto y aún más mis fervientes lectores (gracias siempre), así como ejecuciones a cargo de nuestra orquesta, siempre la misma partitura pero distinta en cada momento. Estoy seguro que el jueves en Gijón fue otra visión del paisaje aunque contase con el mismo pintor y lienzo. Corrado Rovaris optó por la claridad total, la limpieza contagiada a las tres secciones que sonaron como nunca, todos a una, escuchando cada nota en equilibrios y protagonismos marcados en el instante previo por una batuta honesta y delicada, lejos de los estiletes o mandobles de otros, la izquierda puntualmente acertada, la cabeza asintiendo y el cuerpo balanceándose ocasionalmente. El Molto allegro sonó vivaz sin perderse nada, el Andante todo un remanso de belleza, el Minueto: Allegretto de una dramatización musical que daría para una sola lección por los diferentes planos dibujados entre madera y cuerda, para finalizar con el Allegro assai en pulsación mantenida con apenas rubato, todo ello con esta tercera colocación buscando el sonido adecuado a esta sinfonía de la que nuestra conferenciante hizo notar su composición global y central dentro de la llamada trilogía final, siendo «La 40» el gran movimiento central. Me imagino escuchar a continuación la última con estos mismos colores y pintor, OSPA y Rovaris porque la emoción y placer del concierto hubiese alcanzado cotas únicas. Estaremos atentos a la retransmisión por Radio Clásica de esta velada que me ha dejado feliz como hacía tiempo no sentía, puede que compensando mi ausencia vacacional para el Requiem Alemán de Brahms del próximo viernes 27. Aunque lea críticas nunca será igual que el irrepetible y mágico directo.

La disidencia siempre es apertura

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Jueves 12 de marzo, 19 horas. Centro La Lila, Oviedo:  Joven Asociación de Musicología de Asturias. II Ciclo de Música Antigua «Sonidos de la historia». Conferencia de Ángel Medina: «Disidencias del canto gregoriano».

Primera conferencia del «ciclo de los jueves» que organizan estos jóvenes de espíritu abierto, enamorados de la música sin etiquetas, consolidando la llamada antigua que tiene su espacio en la capital asturiana, estrenando escenario como es el Salón de Actos del Centro «La Lila», perfecto para eventos como el de esta tarde de jueves, donde el Catedrático Ángel Medina nos dio toda una clase magistral llena de anécdotas, ilustraciones musicales y sobre todo la amplitud de miras que da el conocimiento, presentado por la presidenta de la asociación María García.

Con el sustantivo tan sugerente de «disidencias» sumado al concepto que tenemos de canto gregoriano, pudimos comprobar de la mano de un estudioso cómo la unificación o intento de normalizar siempre supone perder identidad, más cuando además se realiza desde la imposición y el nepotismo. Interesantísimas teorías, bien documentadas como siempre en Ángel Medina, sobre los distintos cantos gregorianos repasando desde los orígenes hasta nuestros días sin olvidarse de Solesmes, Carlomagno, el Papado, Trento, Silos o nuestras Pelayas, de las distintas liturgias que acabarán prohibidas por la romana, trufado todo de anécdotas realmente jugosas. Impresionante el discurrir de la notación musical y su ejecución, las letras latinas, los tropos y secuencias, la tradición oral, el abrir los ojos sabiendo que siempre hubo disidentes que intentaban mantener lo propio como seña de identidad que no debemos perder, y siendo genial el juicio por considerar hereje la hispánica (visigoda y mozárabe), con la quema de los dos «misales» romano e hispano saltando éste del fuego que finalmente fue pateado por el rey Alfonso VI para volver a convencernos de que la ley es lo que diga el rey, tan vigente en pleno siglo XXI.

Igualmente maravilloso el análisis que el profesor Medina hizo de los «gori gori«, onomatopeya infantil para expresar lo ilegible de los cantos en las misas de difuntos, explicándonos cómo se pagaban hasta no hace mucho, siendo una fuente de ingresos tan imponente lo que suponían esas liturgias cantadas a toda prisa, porque entonces los curas cumplían a rajatabla, o la visión que la orden de Cluny tenía, no ya del arte o la decoración llevada al mínimo, incluyendo el gregoriano melismático para despojarlo de tanto adorno -que finalmente no se llevó a cabo- y de la regla benedictina del ora et labora que aún hoy parece rota olvidando la segunda parte, puede que por considerar el trabajo como castigo divino para los católicos (cosecha propia). Sabedor de las críticas que los llamados gregorianistas tienen hacia estas visiones, su razonamiento es apabullante por aplicar el sentido común del conocimiento.

Simpática la reflexión sobre Cielo e Infierno, en manos de Dios, y el Purgatorio con entrada y salida, direcciones incluidas, cuyas llaves están manejadas por la Iglesia, inventora del lugar más concurrido de la eternidad. Admiración por el saber enciclopédico del egregio catedrático al que siempre da gusto escuchar.

Por supuesto que no podía olvidar en esta lección, imposible de resumir, hacer referencias al ritmo, la polifonía, los instrumentos que estaban presentes en las liturgias hasta que, como suele suceder, algún avispado decide prohibirlos, con todo lo que ello supuso, citando el curioso caso del serpentón.

Y así con todos los puntos desgranados durante más de una hora de estos «cantos gregorianos» sin olvidarse de los populares, transmitidos oralmente de generación en generación, manteniendo desde la lejanía la identidad y evitando prohibiciones al preservarse geográficamente, como su estudiada «Misa de gaita» que pondría el broche de oro a una clase tan amena que el tiempo pasó volando. Gracias a mi querido Medina y enhorabuena a la JAM de Asturias por seguir instruyendo y deleitando con palabras musicales y música sin palabras. Los jueves no son santos y hasta el 23 de abril queda mucho por delante.

Kraus, el tenor y también el hombre

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Miércoles 3 de diciembre, 20:00 horas. Fundación Gustavo Bueno, Oviedo: mesa redonda sobre «Kraus, el hombre».

La Asociación Lírica Asturiana Alfredo Kraus (ALAAK) que preside Carlos González Abeledo, dentro de los actos recordando los 15 años del fallecimiento de Kraus «El Tenor», organizó una mesa redonda centrada en Alfredo Kraus Trujillo (Las Palmas de Gran Canaria, 24 de noviembre de 1927 – Madrid, 10 de septiembre de 1999), el hombre, aunque después de emocionarnos durante hora y media escuchando relatos cercanos, íntimos y desconocidos para casi todos, sólo podría concluir diciendo que cuanto más conozco al hombre más admiro al cantante, figura que es ya leyenda, pues el paso del tiempo acaba dándonos a todos una perspectiva y objetividad únicas. Normalmente celebramos el recuerdo de su cumpleaños en noviembre, pero como se dijo, las fechas redondas también marcan, y quince años son una de ellas.

En la mesa moderada por el alma mater de la ALAAK, estuvieron Rosa Kraus, hija del siempre recordado maestro, Alfredo Matallana, médico urólogo que lo acompañó durante su enfermedad coordinando un equipo de especialistas, el catedrático de Filosofía retirado de la Universidad de Oviedo Vidal Peña, y el empresario asturiano César Fernández, que entabló amistad con el tenor cuando trabajaba de botones el Hotel Principado donde Kraus se hospedaba cuando cantaba en el Teatro Campoamor y que mantuvo una relación cercana en el tiempo pese a los avatares de la vida de ambos.

Conocer en la distancia corta a un hombre entrañable como Alfredo, descubre y derrumba leyendas falsas, malintencionadas algunas veces pero que contadas por su hija primero, o de su tocayo en las vacaciones en Lanzarote que retomaría ya como médico en la capital de España, nada menos que en Hospital «Puerta de Hierro», donde además realizó el seguimiento de sus últimos días, nos trajo al hombre que era siempre un señor, educación, elegancia, rigor, honestidad, timidez y en busca de la perfección y la excelencia, algo extensivo también a su vida.

Las charlas en Oviedo con un chaval de 17 años recién terminado el bachillerato y trabajando antes de comenzar los estudios de Perito Industrial en Gijón tras coincidir en la puerta del hotel, en plenas fiestas de San Mateo (cuando la ópera ocupaba doce días para seis funciones) llamados por el cántico de unas jotas aragonesas delante del edificio de la calle San Francisco sin saber quién era aquel hombre que le acabó invitando a un ensayo en el teatro de al lado, y le hizo, nos hizo descubrir la grandeza del personaje desde la calidez humana del hombre, compartiendo fabada con los padres de César, ese hombre cuya profesión de cantante de ópera le hacía parar poco en su casa y disfrutar de la familia, algo que pudimos conocer era su mayor anhelo…

Por supuesto que «El Tenor» también surgió durante la charla, lógico al ser dos caras de la misma moneda, inseparable también en casa donde preparaba a conciencia cada título, pidiendo no ser molestado, sus ejercicios de gimnasia diaria para mantener esa forma y porte durante toda su vida, algunas anécdotas de Vidal Peña y el propio Abeledo, sus papeles trabajados al 100% porque así era de exigente el canario universal, y también su compañerismo a todos los que le pedían consejo al Maestro, así con letras grandes, lo bien que hablaban las grandes divas con las que compartió escenarios y éxitos, más el apoyo siempre fiel de Rosa, su compañera desde los 14 años cuya pérdida comenzó a minar la salud de hierro de Alfredo.

Un nudo en la garganta la narración de su tocayo amigo y médico que en unos días de mejora del maestro se escapó al Lanzarote que les había unido y cerrando círculo separado al no poder volver para la despedida final. Pero sobre todo la grandeza del hombre sabedor de su última función, padre y hermano con planes de futuro en la docencia y la familia, un mundo difícil de conjugar y conciliar cuando se era una leyenda viva.

Ahora Don Alfredo es Historia de la Lírica, ejemplo a seguir con las nuevas generaciones que entienden este modelo nunca pasado de moda, porque el trabajo en pos de la excelencia no tiene recompensa a corto plazo en una sociedad donde las prisas son malas consejeras, más aún en el difícil y arduo mundo lírico. Parece que fue ayer y llevamos quince años sin el hombre, aunque el recuerdo, las grabaciones (no tantas como quisiéramos), y su ejemplo como cantante, siguen vivos.

Como remate alegre, puedo culpar al maestro universal de no haberme acercado lo suficiente a Wagner. Zarzuela, folklore canario, la Tuna, y sobre todo sus personajes operísticos con los que casi aprendí italiano antes que música, compartiendo pasión lírica no siempre bien entendida. Kraus nos sigue uniendo a muchos, y este jueves el duodécimo concierto homenaje de la ALAAK en el Teatro Filarmónica seguirá rindiendo homenaje, exigente como el propio Maestro, donde Wagner sólo estará pero en el apellido de Virginia Wagner, soprano, el tenor Francisco «Pancho» Corujo y el pianista Juan Francisco Parra, línea de unión krausiana en esta cita imprescindible del otoño ovetense, con fragmentos operísticos de Gounod, Massenet, Verdi y Cilea en la primera parte, y de piezas de zarzuela: Soutullo y Vert, Sorozábal, Giménez y Penella, en la segunda, ese repertorio que Alfredo Kraus bordó y legó. Lo contaremos también desde aquí.

Sin sobresaltos en cuatrocientos años

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Viernes 7 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 2: OSPA, Maarten van Weverwijk (corno da caccia), Miquel Ortega (director). Obras de Miquel Ortega, Johan Baptist Neruda y F. Mendelssohn.

Noviembre nos devuelve a nuestra orquesta tras el paréntesis operístico, retomado por la OvFi, y con un programa variado, poco escuchado, incluyendo un estreno del propio director invitado y la participación como solista del trompeta de la casa aunque con un instrumento para muchos desconocido. Primero tuvimos conferencia de la gerente Ana Mateo que compartió con «El camino hacia el concierto» la enorme trastienda y camino a recorrer, con un equipo poco reconocido e igualmente necesario antes de llegar al punto final, y que este segundo de abono nos traía al catalán Miquel Ortega en su triple vertiente de compositor, clavecinista y director, lo que redundó en una respuesta homogénea y entregada por parte de nuestra OSPA.

El bestiario que comenzó como ballet de encargo, como sucede en la mayoría de obras para danza, acaba conformando una suite que se estrenaba en Asturias (el jueves dentro del programa «Avanti» en Piedras Blancas) de la mano del propio compositor.

Del ballet de 2010, inspirado en el bestiario de García Lorca quedaban diez animales pequeños que el músico catalán acaba reduciendo a cuatro danzas y una persecución, con principio y final, de las que extrae esta suite con cinco números agradables de escuchar, cercanos al público por la utilización de un lenguaje lleno de «guiños» al tiempo que nos ha tocado vivir a la mayoría, desde el excelente Prokofiev del Romeo y Julieta hasta el tango porteño, la música popular de mi época donde en las casas escuchábamos el «pop» de los 40 y 50, el jazz, Glenn Miller y Cole Porter, Ginger y Fred hasta la pulga de cuplé y cabarets, todo «citado» con una música bailable y consumible incluso en esta versión sinfónica de cinco números. Como suelo hacer, dejo mis anotaciones ante esta primera escucha según iban apareciendo, corroborando tras la entrevista en OSPA TV al maestro, visualizada siempre después para impedir «interferencias», las impresiones de un compositor de mi generación, cercanía cronológica y vivencial.

El primer número de tempo medio, arranca con una melodía en el clarinete de ritmo ternario que pasará a fagot y dúo de trompetas en la cercanía de Nino Rota con Fellini, bien construida con planos equilibrados y una estructura clara. La cuerda siempre aterciopelada toma otra melodía más española, zarzuelístico por terreno bien conocido del maestro catalán cual homenaje a La canción del olvido, continuando con diálogos de maderas a dos, trompetas con sordina, intervenciones del glockenspiel o la flauta marcando a uno el compás ternario para finalizar este animal de forma seca.

Lúgubre arranca el segundo con el toque de gong, misterioso, melodía en el registro agudo del oboe, de nuevo la trompeta con sordina, toques de pandereta, flauta y los pizzicati de la cuerda donde el protagonismo en dinámicas medias, comedidas, va alternando hasta llegar a cambios de tempo para lograr una densa atmósfera en la cuerda con rellenos del tutti siempre en mezzo forte y estructura compositiva muy clásica, vueltas al inicio incluso en las sonoridades que huyen de tentaciones rompedoras y finalizan en un retardando parejo al descenso melódico de agudos a graves hasta los contrabajos antes del final seco y fortísimo.

El tercer movimiento de la suite es vivo, «rusamente prokofieviano» (con perdón) en orquestación, utilización en la percusión de silbato y caja militar, con disonancias delicadas dentro de la tensión y ligereza del motivo que crece globalmente, en tempo, volúmenes, texturas y el cuco, número exigente para toda la orquesta que solventaron limpiamente permitiendo disfrutar de todos los detalles.

Para el cuarto nos picó la pulga del cabaret al que hacía referencia más arriba, instrumentación muy de musical en Broadway, marimba y temple-block marcando ritmos para la melodía del clarinete como si Fred Astaire y Ginger Rogers bailasen otro «Cheek to cheek», mejilla con mejilla, cuerda de película, trompeta de jazz bien traída y melódicamente pegadiza con mucha calidad y elegancia para un final seco y fuerte, por otra parte previsible.

El cierre de la suite resultó un tango sinfónico tan argentino como Piazzolla, con solo de violín porteño (aunque ruso en estado puro), llevando el ritmo el resto de la cuerda compartiendo y dialogando acentos, dialogando con maderas y dúo «por dos cabezas» entre los solistas primero y segundo nacarados, de discurso cálido, meloso, con el güiro remarcando los pasos, la melodía engrandeciéndose en toda la cuerda y la madera para un «crescendus interruptus» que devuelve dúo a flauta y clarinete, MyraAndreas antes de apropiárselo VasilievOrdieres, arietes de arco traspasados a FerriolRomero en juego vertiginosamente acelerado para frenarse en una «paradinha» aumentativa rematada a puerta.

Un placer de suite agradecida de principio a fin en un bestiario diminuto en sustantivo y enormemente adjetivado.

Salto cronológico del siglo XXI al XVIII, cuatrocientos años que separan a Miquel Ortega Pujol de Johann Baptist Georg Neruda, abismo estilístico para el barroquísimo Concierto para corno da caccia y cuerdas en mi bemol mayor (1750) con nuestro solista Maarten van Weverwjik en un instrumento para cazar bestias mayores con el maestro catalán dirigiendo desde el clave a la cuerda de nuestra OSPA capaz de dar este giro con toda la naturalidad y adaptándose a una obra puede que menor aunque exigente para todos pues solista y cuerda caminan a la par en tres movimientos contrastados escritos según la receta de la época: Allegro-Largo-Vivace con las correspondientes cadencias para lucimiento del solista en un instrumento traicionero siempre, más en el movimiento lento, organizado cual aria operística donde no faltan saltos melódicos, ornamentaciones y todo tipo de recursos expresivos que tanto Maarten como la cuerda y el clave entendieron de principio a fin.

El Allegro presentó un sonido dulce y potente con agilidades claras y fraseos precisos, con la cuerda siempre en su sitio en cada momento y el apoyo necesario, cadencia primera breve y lograda en todo, segura además de matizada. El Largo resultó delicioso, de esencia italiana, corroborando la colocación del solista detrás y no delante para estar más arropado por la cuerda siempre reconfortante, movimiento difícil por las notas largas soltándose, como es de esperar, en la cadencia correspondiente. El Vivace siempre exigente, más «operístico» por respiraciones, ornamentos y la orquesta ajustada al solista y el apoyo del clave directorial que siempre mimó el canto, nuevamente desde la trayectoria de un Ortega que domina la música escénica como pocos. La última cadencia resultó virtuosa por saltos, registros extremos sin perder el carácter «cantabile» y dejándose gustar. Bien todos los ritardandi, preparatorios o conclusivos y todas las dinámicas nada exageradas en cada uno de los movimientos, destacando el perfecto entendimiento entre todos y una dirección siempre precisa, clara y respetuosa con un estilo musical agradecido siempre para intérpretes y público. Podemos seguir presumiendo de tener unos solistas capaces de ofrecernos obras como la de Neruda con una profesionalidad y musicalidad dignas de los mejores especialistas, sin movernos de la OSPA.

La segunda parte nos dejaba casi a medio camino en el tiempo de las dos obras anteriores, ahora ocupada por una primera escasamente programada, la Sinfonía nº 1 en do menor, op. 11 (1824) de Mendelssohn, obra de juventud pero delicada a la vez que complicada de interpretar, apareciendo muchos de los signos que el hamburgués desarrollará en años posteriores y hacen de esta primera obra sinfónica todo un reto en su interpretación. Cuatro movimientos muy académicos que la orquesta del Principado solventó como si se tratase de la Escocesa o la siempre bella Italiana, casi podríamos rebautizarla como Asturiana por el sentido con que el maestro Ortega llevó cada uno de los mosaicos sonoros de esta primeriza composición, bocetos para las posteriores sin olvidar su «Sueño», sonoridades, armonías y formas del pasado actualizadas para convertir la orquesta en un laboratorio sonoro y por momentos camerístico: Allegro di molto, Andante, Minueto: Allegro molto y Allegro con fuoco, cuatro juegos para todas las secciones sin perder nunca uniformidad, belleza comedida, dinámicas de recogimiento sin arrebatos románticos, dirección de gestos precisos, tiempos ajustados, fraseos marcados y claros para otra obra «menor» e igualmente bella y bien ejecutada, sentida y consentida desde el podio y asentida por unos músicos a los que se les notó la empatía con el director. Velada agradable sin sobresaltos pese a las diferencias en el tiempo y estilos.

Salitre también en el aire

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Jueves 23 de octubre, 19:00 horas. Oviedo, Museo de Bellas Artes de Asturias: «La Carrera de América», conferencia de Juan Carlos De La Madrid.

La capital del Principado estaba este jueves otoñal tomada por la policía pero en «El Bellas Artes» olía a salitre, a puerto pesquero, a emoción en el relato, público con el corazón en ultramar, música bañada en lágrimas y la historia como evasión a un mundo en «la otra capital» en esta tarde donde lo real se palpaba en el museo y lo que en él acontecía, Darío Regoyos, Nicanor Piñole y tantos otros como callados testigos de excepción.

Alfonso Palacio, director del museo, hacía la presentación de una original actividad a partir de un cuadro de mediados del siglo XIX perteneciente a los fondos de nuestra pinacoteca: La corbeta ‘Villa de Avilés’, de William Andrews Nesfield (1793-1881), un buque construido en 1851, que transportó cincuenta mil jóvenes emigrantes entre los años 1853 y 1869.

Y ese cuadro que hoy ocupaba la segunda planta estaba en la charla del polifacético Juan Carlos De La Madrid, autor del libreto de la zarzuela La Carrera de América con música de Rubén Díez Fernández, dos avilesinos nacidos en la llamada Villa del Adelantado de la Florida, tierra de marinos como Pedro Menéndez.

Nos embarcamos en un viaje lejano desde la cercanía del verbo fácil del historiador y la música atemporal del compositor, todo bien aderezado en alternancia equilibrada que siempre evitó naufragios. Al contrario, las felicitaciones tras hora y media de conferencia y música demostraron que el museo está vivo, la música ya no puede faltar, y el tema bien ensamblado hacía imposible varar.

Rubén Díez al piano electrónico y dirección, fue desgranando en medio del relato distintos números de una zarzuela estrenada, como no podía ser menos, en Avilés allá por el 2007, con mi querida Beatriz Díaz, la Sabugo Filarmonía o Gabriel Ureña entre otros.

La soprano María Fidalgo, el tenor Pablo Romero, el cellista Pelayo Cuéllar y varias voces blancas de la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» (de la que el propio Rubén es director adjunto aunque viva en el Teatro Campoamor, como ironizó Juan Carlos), pusieron el complemento a una modélica charla con ilustraciones visuales y musicales. No en vano era «una conferencia en todos los sentidos».

El Intermezzo con piano y cello fue casi obertura para una zarzuela contada y cantada, la belleza del sonido de Pelayo Cuéllar, con música en los genes, y un piano capaz de suplir la orquesta original, realidades entremezcladas con el relato de aquellos emigrantes que viajaban en condiciones infrahumanas casi similares a las pateras que dos siglos después buscan lo mismo, dejando atrás familias, ilusiones, amores como el dúo de Teresa y Andrés, María Fidalgo y Pablo Romero más el coro de mujeres de «la Capilla». Fotografías de los pequeños puertos de Gijón o Avilés desde donde marchaban a hacer fortuna allende los mares, La Habana siempre arrebatadora, Buenos Aires y el puerto del barrio de la Bocca, Caracas…

Relato de viajes y desgracias, idas sin vueltas, tragedias, barcos de vela como cascarones en el Atlántico, añorando al amado como en el «Tema de Andrés» cantado con emoción por María Fidalgo, haciendo resonar la sala que pese a no reunir las mejores condiciones acústicas y tener la orquesta reducida al piano, conmovió desde la hermosísima y sentida melodía compuesta por el músico avilesino para una voz bien timbrada.

La segunda oleada de emigrantes en los años 70 del siglo XIX cambiaron condiciones y tiempo para la misma distancia, vapores y grandes veleros, la independencia de Cuba y esa otra emigración que ya no partía de nuestra tierra por necesitar auténticos puertos pesqueros, emigrantes que cambiaban «la carrera de América» por «América como carrera», otro tipo de tripulaciones, de viaje y de puertos para atravesar el Atlántico en 10 días hasta que la Primera Guerra Mundial truncaría el devenir de la propia historia.

No faltó un poema o chascarrillo a cargo del siempre ameno Juan Carlos De La Madrid, donde la «sorpresa» estaba en decir que nadie la recordaría desde que se escuchó en el estreno, surgiendo la espontánea a cantar «Cuello vuelto», la soprano Patricia Martínez cual cupletista que redondearía estos fragmentos de la primera zarzuela del siglo XXI rememorando el XIX.

Quedaba el colofón y remate para hablar de «El Palacio de Cristal«, un conocido comercio en Cuba del avilesino Servando Ovies, que en una escapada a la tierra con el poderío del emigrante empresario, volvía a Cuba en el «Titanic«, siendo leyenda antes y después, encarnando y uniendo las dos oleadas que De La Madrid nos contó y el elenco cantó.

Andrés vuelve al pueblo, Pablo Romero canta «Luché en La Habana» con el acompañamiento al piano del compositor, historia hecha zarzuela, historia como el cuadro de Nesfield que nos acompañó, o la historia de la nota amarillenta perdida como el barco más famoso de la historia para un «Fin» con banda sonora de cello y piano en la mejor tradición de los inicios del cine, otro tema que los protagonistas de hoy, letra y música, también dominan. Seguramente habrá otra «conferencia-performance», aunque se necesiten patrocinadores y mecenas para poder subir a un escenario «La Carrera de América» completa. Mientras en la calle, mucha policía para algo poco real. El pasado se hizo presente con el verso y la música, la historia cercana y misteriosa como la sal que está en las lágrimas y en la mar.

Con P de Pasquale

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Siempre un placer asistir a los «Encuentros Ópera – Universidad» de la Extensión Universitaria en LAUDEO, este lunes 18 de noviembre en el Paraninfo escuchando los «Diálogos en torno a Don Pasquale» con la presencia de Carlos Chausson y el maestro Marzio Conti bien presentados por Mª Encina Cortizo que nos regaló toda una lección de Donizetti y la ópera representada estos días en Oviedo (este martes asistiré a la segunda representación), en este trío de «Ces» al que añadir Cabaletta y Cavatina como motores de la ópera comentada que tras el coloquio pasaron a ser muchas «Pes» en cuanto a la interpretación de un personaje que necesita Poso logrado con el Paso del tiempo para que cada Papel adquiera Peso, evidentemente con todo un trabajo de años que sólo ellos pueden darnos esa visión tanto interpretativa como auditiva. Para seguir con más «Pe», incluso nos meteríamos en el Psicoanálisis.

Anécdotas por parte de todos, incluído el público, y mucho amor por la ópera, en especial este Pasquale tan divertido y aparentemente sencillo que exige un enorme trabajo por parte de cantantes y orquesta como bien recordaron los maestros. En cierto modo como Mozart cuya sencillez resulta engañosa y endiablada en toda su producción, a quien evidentemente también recordaron dentro de este género más que bufo, giocoso…

Sin entrar en la puesta en escena de «película años 50» que nos presenta ese sesentón canoso y todavía atractivo, más cercano que el auténtico vejestorio del libreto original, sabemos que este Don Pasquale sigue vigente: matrimonios de conveniencia, mujeres con mando en plaza (Beatriz Díaz es la Norina), amores románticos y como bien comentó Chausson, sin llegar a bautizar como «calzonazos» y «marimandonas», una historia imposible sin Ernesto (José Luis Solá) que se niega a este apaño porque está realmente enamorado y es el responsable final de una historia de casi tres horas que contaremos como siempre.

Gaiteros, gaiteres y gaites en Mieres

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Martes 21 de mayo, 19:00 horas. Casa de la Música de Mieres: «Gaiteros, gaiteres y gaites».

Con semejante título arrancan dos jornadas dedicadas a estas gaitas, y en la tarde de este penúltimo martes del mes disfrutamos en el espacio de dos horas sendas conferencias y presentaciones de libros, uno ya conocido por mí y otro totalmente nuevo, aunque lleve cinco meses publicado, que en breve ocuparán mis estanterías de temas asturianos.

Tras la presentación de Roberto Serrano Guerra, director del Conservatorio de Música de Mieres, tomó la palabra mi querido Ángel Medina Álvarez, Catedrático de Musicología de la Universidad de Oviedo, quien nos habló de su libro «La Misa de Gaita («Hibridaciones sacroasturianas»)» de la colección etnográfica Fontes Sonores del Museo del Pueblo de Asturias. Esta obra cuenta con un impagable CD de grabaciones caseras (alguna la viví personalmente en San Marcelo) a modo de documento de interés histórico y cultural pues contiene «La Misa de Salas» (1994) con mis queridos y llorados Lolo’l de Cornellana y Manolo Quirós, más Eduardo y Pepe’l Molín, el organista José Manuel Ovín de la Vega, apareciendo también la «Misa de la Virgen del Rosario» (1973) y las voces de Jesús y Emilio Rodríguez. Libro de fácil lectura para profanos y obligado en la biblioteca de todo amante de la música que se precie, pues las referencias al canto llano, una de las muchas facetas musicológicas que domina Medina, ayudan a comprender mejor un legado secular que conjuga lo popular desde lo religioso, como bien nos contó el catedrático ovetense, siendo además una variante que hoy en día sólo se conserva en Asturias y tras la publicación del libro con CD ayudará a mantenerla viva. De hecho me consta que se grabará nuevamente, y en Cornellana, por dos músicos punteros como Joaquín Pixán y Hevia.

Pasó el tiempo volando como esas clases que siempre me gustaron en la Facultad, al conjugar lo ameno con el saber enciclopédico hecho fácil: esencia de la cultura de nuestra tierra.

Y tras una breve pausa llegó la presentación de otra joya bibliográfica y folklórica: «Cancioneru de la gaita asturiana (Historia y usos y Partitures)», dos tomos a cargo del maestro gaitero Eugenio Otero, el director del Museo de la Gaita del Pueblo de Asturias, Fonsu Fernández y el etnógrafo y estudioso de temas gaiteros Gausón Fernande, del «Colectivo Belenos«, una magna obra que muestra tras muchos años de estudios fuentes, épocas históricas, documentos administrativos, información amplia y detallada sobre intérpretes y artesanos, evolución histórica, presencia en el arte, influencias y papeles sociales o empleo de la gaita para cantos, bailes, cortejos, ritos civiles y religiosos y transmisión hasta la época actual como verdadero patrimonio a heredar y transmitir. Como bien nos contaron los tres autores, deja la puerta abierta a una ampliación, puesto que continúan recopilando materiales de todo tipo, aunque lo presentado, maquetado por Astur Paredes, cual cuarto «pegoyu» de esta obra que ya supone un hito de nuestra historia musical. La organización del libro se hace estudiando el entorno, pues no busca ser un método sino una amplia visión histórica de nuestro instrumento por excelencia, aunque lleve diversas referencias a los primeros cancioneros, pioneros estudiosos del tema y un gran contenido de partituras.

El jueves completará esta propuesta otro estudioso como Daniel García de la Cuesta con «Les Gaites», un estudio sobre el universal mundo de las gaitas y otros instrumentos afines, y a las ocho Llorián García, musicólogo y gaitero (Dixebra, Verdasca, Muyeres) con su tesis «Gaiteres y pandereteros. Xéneru y tresxéneru na música tradicional asturiana», aunque me lo perderé por cuestiones de agenda y prioridades, pero seguro que podré escucharla «en diferido» ya que el archivo sonoro que Roberto Serrano está armando en nuestra «Casa de la Música», y con motivo de estos 25 años lo está compartiendo en Internet (La música de la casa). Enhorabuena.

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