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Cierre de Oro

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Sábado 13 de julio, 20:30 horas. Teatro Jovellanos, Gijón. XVI Festival de Música Antigua: «Deutsche Polyphonie: el lenguaje eterno del alma». Coro El León de Oro (LDO), Marco Antonio García de Paz (director), Javier Utrabo (violone), Alfonso Sebastián (órgano). Obras de Orlando di Lasso, Heinrich Schütz y J. S. Bach. Entrada: 12€.

Como «leónigan» convencido no tengo mejor forma de cerrar el curso musical que con mi admirado coro luanquín, a su vez broche de oro de un festival gijonés que he podido seguir en su totalidad, viendo su avance en estos 16 años donde he crecido y viajado muchas veces por ellos, sintiendo cada concierto como algo propio, apreciando los progresos (muchos) y sufriendo por los recesos (pocos), sintiendo ausencias y disfrutando incorporaciones, compartiendo el amor por lo que cantan, las enseñanzas del maestro P. Phillips, la ampliación de repertorios no siempre valorados por el gran público, y sobre todo ese «bien inalcanzable» que siguen anhelando: «el sonido perfecto» al que ganan terreno para darnos cuenta «que el ideal no está sino un poco más lejos».

LDO tras su gira andaluza mi coro de referencia traía a Gijón probablemente el programa «más suntuoso al que se ha enfrentado» (palabras de Marco), esencia coral de la mayor belleza y dificultad que plasmaron en el coliseo «playu» con una entrada de primera tras pasar por taquilla, lo que refleja las pasión y entendimiento coral de la capital costera.

El nombre del espectáculo era un dogma de fé, polifonía alemana del Renacimiento al Barroco teniendo al gran Lasso de sus años en Munich como primera parte, para en la segunda añadir órgano y violone del sajón Schütz, referente además de puente entre épocas, y finalizar con «el dios Bach» y dos motetes, buscando el diálogo con el alma, porque «nadie ha tocado un alma, ni la ha visto, ni escuchado ni paladeado. ¿Cómo cantar al alma? Con el eterno lenguaje abstracto de tres de los mayores creadores de belleza que hayan existido. Con una música que no nos dice nada, que no significa nada, que no tiene traducción, que simplemente es bella. Bella y eterna como bella y eterna es el alma».

El León de Oro sigue teniendo a Orlando di Lasso y su Missa Bell’ Amfitrit’ altera a 8, como obra de cabecera que sigue demostrando un coro capaz de desdoblarse (7 mujeres +10 hombres y 9+9) sin perder nada de calidad, afinación, matices, emisión, técnica impecable y sobre todo esa musicalidad que hace meditar en un Santus «ex-missa» por la suntuosidad desde la interiorización. Media vita con «medio coro» (8+9) es la versión mínima para otra obra interiorizada desde el magisterio de Marco A. García de Paz que lleva la música renacentista minimalista a calidades increíbles, mimando afinaciones, respiraciones, fraseos e intepretaciones de época, introspección cantada. El motete Omnes de Saba recuperaba el coro al completo capaz de mantener volúmenes en los pianos y engrandecer los fortes sin renunciar a nada, manteniendo el «sonido LDO» que les diferencia del resto de formaciones corales cercanas. Primera parte muniquesa de un Lasso al que siempre necesitamos volver a escuchar para seguir rindiendo «pleitesía al sonido y la entrega a un bien superior como es la belleza» que ¡nunca está en crisis!.

La segunda parte trajo la incorporación de órgano y violone como perfecto complemento para los germanos Schütz y Bach, auténtico bajo contínuo de lujo, enriquecedor de un color coral de por sí bello con una pronunciación y vocalización alemana académica donde los instrumentos sacaron el brillo y sustento (espiritual) para las cuatro obras del primero y el subrayado perfecto en las dos del segundo.

Para Schütz nuevo derroche de combinaciones corales: los motetes Die mit Tränen säen, SWV 378 (10+9), el doble coro (13+12) a seis voces del Selig sind die Tote, SWV 391 y también Ich weiß daß mein Erlöser lebet, SWV 457 (7 mujeres +7 hombres) manteniendo uniformidad vocal y volcando emociones, sobre todo en el segundo, antes de afrontar nuevamente a doble coro y 8 voces el Deutsches Magnificat SWV 494, un magníficat alemán «magnífico», muestrario colorista de emotividad y buen hacer, contrastes de todo tipo con el complemento instrumental siempre en su sitio, órgano de registros bien elegidos y un bajo de arcos amplios fraseando con la cuerda masculina.

Para los motetes de Bach mantuvieron el doble coro y bajo continuo instrumental en distinta combinación pero igual resultado: El «controvertido» Ich lasse dich nicht, BWV 159a (7+10 y 9+9) sigue respigando su escucha, auténtico lenguaje terno del alma y las armas del LDO: «entusiasmo y calidad, amor y perseverancia» con unos fraseos y cambios de tempo capaces de traernos Sto. Tomás de Leipzig al teatro gijonés, rematando con Komm, Jesu, Komm, BWV 229 para dos coros mixtos (6+9 y 8+8) del kantor, eterno bálsamo musical para los mundanos placeres auditivos, aún mayor de haber estado en una iglesia con acústica al uso, encanto vocal en cada cuerda y desdoble, contrapunto virtuoso desde el convencimiento interpretativo, éxtasis poético en cada frase y consonante final donde música y palabra se hacen gozo espiritual. Este «león no ruge» sino que hipnotiza con sus cantos, los rugidos van a la entraña del melómano que se retuerce de placer.

Y el siempre eterno Palestrina de propina, Nunc dimitis (a ocho) «a capella» para retomar el Trento hispano, Contrarreforma llevadera porque se hace música, aunque LDO nos hagan pecar sin propósito de enmienda… y con ganas de repetir. Tomaremos las vacaciones como penitencia.

La Fura de Boo

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Viernes 12 de julio, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: Carmina Burana (Carl Orff), Cantata escénica (1937). Montaje de La Fura del Baus. Beatriz Díaz (soprano), Luca Espinosa (soprano), Thomas E. Bauer (barítono), Xabier Sábata (contratenor), Orfeón Pamplonés (director: Igor Ijurra), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Director de escena y escenógrafo: Carlus Padrissa. Figurinista: Chu Uroz. Iluminadora: Melanie Schroeder. Entrada butaca: 38,50€.

«Oviedo es música» es el nombre del Festival de Verano de la capital más musical de España, estos días con turismo cultural que también deja ingresos en tiempos de crisis, y para empezar con buen pie llegaba el espectáculo de La Fura del Baus, tras cuatro años funcionando por el mundo casi con el mismo elenco, al «templo del Campoamor» con las entradas agotadas para las dos funciones (12 y 13) y conocedores del éxito de esta producción que resulta impactante, trepidante o si se prefiere rompedora en todos los sentidos incluso antes de presenciarla, por la propia obra de Orff, la más conocida y popular, la puesta en escena de La Fura que nunca deja indiferente, y unos intérpretes que dieron la talla, incluso con «altos vuelos», auténticos profesionales capaces de plegarse a exigencias durísimas de trabajo sin perder nunca su musicalidad.

Vídeo del Ensayo General 11JUL13: ©Canal YouTube Ayto. Oviedo 

Los que me conocen saben que comenzaré por la parte musical, con una orquesta colocada en el escenario muy atrás, rodeada de telas, quedando su sonido algo opaco, con más presencia sonora de la percusión precisamente por esa disposición. Perfectas todas sus secciones, pianissimi incluso en metales que ayudaron siempre a las voces, vigor en los tutti sin estridencias, una Tanz delicada y rítmicamente preciosista, y el sonido compacto al que nos tienen acostumbrados en estos casi quince años que comienzan a dar sus frutos.

El coro, auténtico sustento de la cantata, a ambos lados y separando voces blancas (izquierda) y graves (derecha), con una dimensión tímbrica distinta, sin ver directamente al director, y pese al número de cantantes, sin la pegada esperada para una obra donde su presencia debería ser mayor. Agradecerles el esfuerzo escénico (bien danzando incluso), dotados de carpetas con «leds» que dieron mucho juego, siempre respetuosos con la partitura, afinación correcta pero emisión algo corta, puede que necesitando más confianza para «soltarse» (sobre todo en el Ecce gratum y el ataque del Reie aunque compensando con los pianos), teniendo además la orquesta detrás, lo que siempre ayuda o como en Floret silva donde las sopranos afrontaron con miedo sus agudos. Tampoco fue muy inteligible Chramer, gip die warve mir o Were diu werlt alle min, aunque la rítmica y presencia que Conti imprimió tapó más carencias. Bien los hombres In taberna quando sumus compartiendo puesta en escena con el barítono que salpicó con el agua-vino la primera fila. Faltaron los niños para Amor volat undique que la cuerda de sopranos no pueden igualar como en Tempus est iocundum. Ya avanzada la obra estuvieron más asentados en Veni, veni, venias. Y el último O Fortuna no resultó lo apoteósico que esperábamos pero sí en la línea aseada de todas las intervenciones, arropados por una orquesta bien llevada por su titular.

Del cuarteto vocal impresionante el barítono alemán Bauer capaz de cambiar no ya de ubicación o vestuario en poco tiempo sino de registros en un papel complicado musicalmente y aún más con su puesta en escena, tan pronto a remojo como saliendo por el patio de butacas. Su color vocal y gama dinámica resultaron de lo más apropiado para el papel que le han diseñado. «El sol todo lo suaviza» (Omnia sol temperat) resultó cálido como los rayos y ya «en la taberna» su Estuans interius literal: «Ardiendo interiormente» por lo apretado del agudo. La salida entre el público como abad en Ego sum abbas permitió paladear su voz y dotes interpretativas coqueteando con el respetable y bien contestado por el coro, al igual que en In taberna quando sumus. Los difíciles cambios de registro para Dies, nox et omina los solventó con técnica al servicio de la melodía, mezcla de lírica y canto popular. Bien con el coro en Circa mea pectora con los cambios rítmicos bien encajados entre todos y buena gama dinámica, al igual que en Tempus est iocundum.

Otro tanto sobre las condiciones del contratenor Sábata, bien conocido en Asturias y que en  posición casi horizontal colgado de las alturas, tuvo que «lidiar» actoral y musicalmente notándosele incluso cómodo, lo que dice mucho de su profesionalidad, afrontando un solvente Olim lacus couleram con el coro y orquesta (también el público), a sus pies…

La crevlillentina Espinosa demostró unas facultades físicas dignas de su entrenamiento como karateka, además del musical, incluso natación sincronizada por el tiempo que pasa sumergida en ese vaso – tinaja de agua – vino. Como en un music-hall la valenciana, pareja en otras representaciones de este Carmina su paisana Amparo Navarro, vuelca toda su capacidad en escena aunque nos quedásemos con ganas de escucharla en otros repertorios.

Y dejo para el final a la soprano asturiana, la todoterreno Beatriz Díaz en un nuevo rol que volvió a hacer suyo con toda la dificultad añadida de cantar sobre una grúa que sobrevoló el patio de butacas o dando vueltas para desenrollar los cinco metros de tela: potencia en el momento preciso (Dulcissime), fiatos increíbles, registro medio redondo y sobre todo una línea de canto (In trutina) donde la musicalidad que emana en cada intervención (Stetit puella) es un placer para el oyente, sin olvidar una teatralidad increíble para esta «Monster High» al uso. Lo da siempre todo y es de agradecérselo, esperando siga apostando por partituras como la de Orff que resultan todo un descubrimiento en su voz, actualmente en un momento excelso donde puede «con lo que le echen», siendo la auténtica Fura de Boo.

Al maestro Conti habrá que ir preparándole un homenaje por los nuevos aires que ha traído a nuestra tierra con arriesgadas apuestas desde su llegada a la titularidad, destacando personalmente las bandas sonoras en vivo que pienso han venido a complementarse con esta escenografía de La Fura para esta cantata escenificada donde las imágenes proyectadas y el movimiento actoral encajaron a la perfección desde una dirección que no brilló más por lo apuntado de la colocación de orquesta y coros. Mimó cada intervención solista y bisar O fortuna ayudó a rubricar el espectáculo de las etapas de la  alegría de vivir en 25 cuadros, armonía con los astros y la luna, suerte, sol, agua, música infinita que diseñaron Padrissa y La Fura.

Retomando palabras del propio Carlus así como del reportaje que Jesús Ruiz Mantilla en «El País» hace cuatro años atrás, la puesta en escena de esta Carmina de ritmo atávico repetido en la historia del ser humano, pasa por varios estados, nos creamos en el agua, pasamos al aire cuando nacemos y finalmente a la tierra, proceso de vivir corto en relación al universo, cambios de intensidades como el pulso del corazón, los goliardos que apuntaban buenos momentos de vivir, lo que queremos todos, y una música que nos hace felices. Casi nada y casi todo en una hora frenética de luces y sombras, movimientos escénicos bien calculados y la música invadiéndolo todo. Fiestas mediterráneas tan de La Fura dels Baus que vienen del origen de la tragedia griega y aún antes, el hombre y sus manifestaciones artísticas que han ido perdurando según las culturas, aunque cambien el nombre, el hombre como ser vivo de lo que se impregnan estos catalanes, artista libre que se deja llevar por la naturaleza, pasionalmente, Fura que en su larga trayectoria se acerca últimamente a la ópera, manifestación «interface» de cómo unir diferentes disciplinas y sumar lo máximo, lo más parecido al «arte global», ¿wagnerianos de nuestro tiempo?, el público como coro distinto, silencio tan provocativo como el grito.

Carmina Burana como obra de arte madura aglutinando y codificando diferentes disciplinas, percusión que marca el pulso vital, nada gratuito ni falso, sin excesos (!), y cuatro imágenes: tierra, mar, aire, agua (como los cuatro elementos de las imágenes en la propia web de Beatriz Díaz, esta vez rojo fuego como el vino de la vendimia) que van mostrándose en un montaje realmente logrado, imágenes sobre ese círculo de tela como «acelerador de partículas» que se mueve, sube y baja o se inclina, donde se proyectan vídeos con «imágenes que cumplen una función de luz para el espectáculo», como aseguraban David Cid y Sagar Fornies (autores de todo el trabajo visual) en el citado reportaje del 4 de agosto de 2009 en plena Quincena. Todo en el «haber» pero en el «debe» parecen olvidarse que hacer música es complicado siempre, y las condiciones en las que hacen trabajar a los intérpretes (orquesta, coro y cantantes) no son siempre las idóneas para cumplir con su cometido. A pesar de todo y pensando también en un público global, todo un espectáculo antes, durante y después.

En el diario regional «El Comercio» Igor Ijurra señalaba que en este montaje sigue el subtítulo de la obra: «canciones laicas para cantantes y coristas para ser cantadas junto a instrumentos e imágenes mágicas». Añadió que este ‘Carmina Burana’ es una obra para iniciarse, para gente joven, y «que huye de la solemnidad de los grandes conciertos». Por su parte el maestro Conti apuntó que esta obra «mueve una ciudad, ya lo hizo en Florencia». El éxito está asegurado y apostando sobre seguro.

Del Pirineo catalán al Reino de Navarra

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Jueves 11 de julio, 20:00 horasGijón Música Antigua 2013XVI Festival de Música AntiguaCentro de Cultura «Antiguo Instituto». Eusakalbarrokensemble & Enrike Solinís: «La última princesa vasca».

La semana gijonesa traía a viejos conocidos esta vez en grupo, desde Euskadi al mundo, jóvenes aglutinados por Enrike Solinís (guitarra barroca y laúd) en torno a esta formación compuesta por Mariví Blasco (soprano), Kiya Tabassian (setar), Tamar Lalo (flautas), Miren Zeberio (violín barroco), Josetxu Obregón (cello barroco), David Mayoral (percusión) y Maddalen Arzallus (recitadora o «bertsolaria»), probablemente la menos valorada por unos textos en euskera que no entendí aunque siempre relacionados con ese proyecto de aunar la música del final del Reino de Navarra en el siglo XVI y textos contemporáneos. Como dice el programa, «la cuestión interpretativa está enfocada desde las premisas de la diversidad cultural (musulmanes, cristianos, judíos) que se dio en el Reino de Navarra en esa época y que se cree formaba parte de la rutina interpretativa musical».

Con obras variadas donde la soprano valenciana, de voz adecuada para este repertorio, jugó con su timbre de voz natural e impostada, siendo el primer registro realmente hermoso en las canciones tradicionales, y una formación que va alternando según las partituras y arreglos, destacando sobremanera la percusión de David Mayoral (por Pedro Estevan), membranófonos por doquier capaces de crear ambientes rítmicos desde la delicadeza, así como el siempre sorprendente Solinís que volvió con Tabassian a hacer las delicias del público en sus improvisaciones avanzado el concierto.

Agrupado en cuatro bloques pudimos escuchar obras cantadas e instrumentales:

«Amorosen Partitzia» incluía dos del «Cancionero de Palacio» cantadas en euskera, Gaiza Zenduan Lenizanok (Malo lo hubísteis lenizanos) y Jançu Janto (de letra enigmática con raíces en el euskara), las Estampies de «Le Manuscrit du Roi«, el popular Oi Pello Pello («Herrikoia», festiva o popular) y la hermosa Mowachah Billadi Askara árabe-andalusí que con el subrayado del setar de Kiya sonó aún más oriental en la voz natural de Mariví.

«Hamar Manamenduiak» agrupaba cuatro piezas de amplia cronología pero igualmente coherentes en el discurso musical de la formación vasca: Pavana y gallarda (Pabanea eta Gallarda) de C. Gervaise), Pelegria Naizela (Canción de peregrinos) también popular vasca, la judeo-vasca Efthah’na Séfathay para nuevo lucimiento de la valenciana radicada en Sevilla y la movida Bourreé de Avignonez de Philidor l’Aîné, siempre con textos alternando euskera y castellano, Navarra como cruce de caminos.

«Çu icusi ta beste gauçaric…» ya avanzado el programa fue lo que comenzó a animar a un público algo perdido en cuanto a los aplausos, dudando entre esperar cierre de bloque, pero tras Di, Perra Mora de Pedro Guerrero no pudieron sino arrancar de gozo, luego Luis de Milán con la Pavana y gallarda, y nuevo arrebato con la mencionada improvisación. A continuación Con amores, la mi madre (Juan de Anchieta) y Barri onac Dacart ((F. de Salinas) también provocaron bravos para la soprano siempre arropada por una formación que se mueve en este repertorio con una comodidad digna de elogio.

Las «Kontrapas» pusieron el punto final desde la Arpegiatta eta Colassione de Kapsberger en versión casi flamenca (al igual que la otra noche), la canción tradicional de Uzbekistán Gachyari Garalar traducida al castellano y cantada desde el mayor respeto a esas músicas que no necesitan mucha voz sino gusto (y a Mariví le rezuma) con el laúd de Enrique y el setar de Kiya, la Bralea eta Ezpatadantza vasca plena de rítmica popular y para el final recorríamos los Pirineos de los catalanes hasta Navarra con Araniés para escucharlos a todos en Un sarao de la Chacona, misma alegría contagiosa con arreglos adaptados a esta formación, y el estribillo contagioso que casi sirve de «himno» para esta decimosexta edición del festival:

Un sarao de la chacona

 

se hizo el mes de las rosas,
hubo millares de cosas
y la fama lo pregona:

 

A la vida, vidita bona,

 


vida, vámonos a chacona,

 


vida, vámonos a chacona

«A la vida bona«, esa pieza que canta a la sana diversión y a la risa de todos, la chacona como filosofía musical, real como la vida. Dejamos el CCAI hasta el próximo año…

…para el alma dejamos el concierto sabatino de LDO en el Teatro Jovellanos, y ahí estaremos para contarlo (cantarlo ellos) como buen «leónigan».

Josetxu Obregón: Celloterapia

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Miércoles 10 de julio, 20:00 horas. Centro Cultura Antiguo Instituto, Gijón. XVI Festival de Música Antigua: Josetxu Obregón (violonchello Sebastian Klotz, 1740): «De la Basílica de San Petronio en Bolonia al Palacio de Köthen» La evolución del repertorio para violonchelo solo en el Barroco. Obras de Domenico Gabrielli, Giovanni Battista Vitali, Domenico Galli y J. S. Bach.

Cuando el cello se independiza del «bajo continuo» y comienza su larga vida en solitario, sus cuerdas tan semejantes a la voz humana pasarán de acompañar a conmover. Josetxu Obregón con un instrumento cuya alma permanece en el tiempo, es capaz de acallar en solitario a un público entre el asombro y la relajación, atónito ante lo escuchado que hace vibrar desde las cuatro cuerdas lo más profundo del sentir humano.

Qué bien explica el programa esa historia del cello solista desde Doménico Gabrielli y sus dos Ricercar, «Primo» y «Quinto» como los ancestros, auténtica referencia en el cello solo, primer virtuoso el «Minghino dal violoncello» y Josetxu el vehículo que nos lo presenta con la pasión del descubridor antes de afrontar la Suite II en re menor BWV 1008 de J. S. Bach, auténtica cumbre musical para este instrumento cuando el «kantor» trabajaba en Köthen para el Príncipe Leopold, palacio que tuve la suerte de visitar y a donde me transporté cerrando los ojos con Obregón y su Klotz de la época, cuerdas de tripa, arco característico y sonoridad enervante en armónicos y resonancias únicas desde una interpretación más que histórica, fidedigna. Si las suites de Bach no eran danzas propias acabarían siéndolo, y su estructura permancerá en todas ellas: Preludio, Allemande, Courante, Sarabande y Gigue, y entre estas otra llamada «galanterie», en la dos primeras suites un Minueto y una Bourré (ambos ejemplos los pudimos escuchar) en las siguientes para incluir la Gavota en las últimas. La segunda suite exige al intérprete todo un equilibrio entre una ejecución ajustada a la partitura y una interpretación histórica sin perder nada de lo que Bach escribe: fraseos increíbles con un arco cual diafragma para las cuerdas vocales cantando y respirando. Primer eslabón de una cadena todavía sin cerrar y catársis total con el público.

Volvimos al «sescento» con dos italianos igualmente señeros en la independencia del «hijo gambista», Vitali y su Tocata y Bergamasca llena de guiños renacentistas con los avances de la época, música instrumental pura y virtuosa con los aires de danza, enlazados con Galli y su Sonata I, nuevo discurso independiente para un instrumento completo en su soledad que el cellista vasco hace propia.

Y solamente Bach podía cerrar el círculo, la Suite III en do mayor BWV 1009, nuevo despliegue emocional, remanso del alma frotada en cuatro cuerdas, la felicidad del «kantor» en Köthen sin ataduras luteranas, un Prélude brillante, una Allemande de inspiración medieval realmente solemne, la elegante Courante francesa que no italiana más sosegada y asimétrica que Obregón (todo cobró sentido) dibujó con auténtico primor, una Sarabande pausda y expresiva, sincopada como el origen español que el cello transmitió desde la hondura cantábrica, la Bourrée binaria y ligera con nuevos colores baritonales para rematar en esa Gigue inglesa rápida, popular desde el magisterio de Bach que la hace atemporal y transfronteriza, teatral y brillante como toda la interpretación de Josetxu Obregón, magisterio y hondura en un concierto que resultó «celloterapia». La propina calmó aún más a un público que contuvo la respiración como embelesado o hipnotizado por el instrumento más parecido a la voz humana.

Dicen que Casals desayunaba una suite de Bach a diario, nosotros las merendamos de vez en cuando porque pocos violonchelistas se atreven en solitario con tal manjar de difícil digestión, y el último grande que recuerdo fue nada menos que Yo-Yo Ma en Avilés con tres de las seis. Josetxu Obregón es español, lo compartió en Gijón y además hizo de musicoterapeuta. Qué más podemos pedir…

Vaya sarao más bueno

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Martes 9 de julio, 20:00 horasGijón Música Antigua 2013XVI Festival de Música AntiguaCentro de Cultura «Antiguo Instituto». Nuevo Sarao: El Sarao de la Chacona, «Libro segundo de tonos y villancicos a una, dos, tres y quatro voces» (Roma, 1624).

La recuperación del patrimonio musical es casi una obligación para todos y labor minuciosa además de trabajosa. El SCT Laboratorio de Musicología de la Universitat de Lleida y el Festival de Música Antiga dels Pirineus han impulsado esta producción íntegra, estrenada hace dos veranos, del compositor Joan Araniés o Juan Arañés (¿1580?-¿1650?) que también está recogida en disco y pudimos disfrutar en directo en esta semana musical gijonesa que además del concurso está llena de conciertos con figuras españolas de talla internacional, nombres que pasean la llamada «música antigua» por festivales como el nuestro en la capital de la Costa Verde, perfectos continuadores de los hermanos Paniagua o Jordi Savall, savia nueva para largo plazo que beben de las fuentes y recrean paisajes sonoros.

Nuevo Sarao está compuesta por Mercedes Hernández (soprano), Marta Infante (alto), José Pizarro (tenor), Guadalupe del Moral (violín), Manuel Vilas (arpa), Oriol Aymat (violoncelo) y Rafael Bonavita (guitarra barroca y dirección musical), sin olvidar el asesoramiento filológico de Judith Farré imprescindible para unos textos que incluyen a Lope de Vega o Góngora.

La información recogida en el programa explica tanto el intento de recordar el ambiente y paisaje sonoro de aquellas reuniones cortesanas o aristocráticas, saraos del siglo XVII, así como las relaciones políticas y culturales de Italia y España sin olvidar el reflujo con ultramar, siempre enriquecedor para ambas partes, y Nuevo Sarao podemos decir que consiguieron transportarnos a esos tiempos.

Arrancaba el concierto literalmente A la luz del día, dúo soprano-contralto, Dígame un requiebro con soprano y tenor,  más la extensa Para recibir a Lisa de contralto y tenor con un final instrumental exquisito enlazando con el Anónimo San Juan de Lima con sus diferencias, auténtico primor en el paso del arpa al cello, vioín y guitarra que cerraron el primer bloque. Todo apuntaba a un recital impecable.

El segundo bloque comenzaría con Dulce desdén (texto de Lope) a cargo del tenor enlazado con La suave melodía (Andrea Falconiero) instrumental donde se incrustó un breve recitado. Mejor la voz en solitario que en los dúos anteriores, color perfecto para lieder aunque algo corto en proyección.

Araniés es el protagonista y seguimos con Pensamientos altos, soprano y tenor arrancando «a capella», Avecillas suaves con las tres voces bien empastadas y Mi zagala nuevamente con tenor. Buena elección de los roles vocales si bien las féminas siguen primando por vocalización y proyección, especialmente Marta Infante.

Cual intermedio musical pudimos disfrutar de la Sonata seconda detta ‘La Lucimina contenta’ (Marco Uccellini) para deleite con el violín de la cordobesa argentina Guadalupe del Moral bien secundada por sus tres compañeros, con un regusto zíngaro melódico y armónico, que fue complemento perfecto del sarao.

Nuevamente tres canciones de Araniés alternando las combinaciones vocales: En dos lucientes estrellas (con texto de Góngora) a cargo del trío vocal, de lo mejor del concierto, Halconcillo nuevo para contralto y conjunto donde el arpa no participó, y Aquel niño nuevamente para trío e instrumentos omitiendo el violín. Detalles texturales en la elección del acompañamiento, delicia tímbrica de la compostelana Mercedes Hernández en la línea de nuestras grandes sopranos del repertorio antiguo, más el perfecto complemento de la ilerdense Marta Infante, dos voces perfectamente empastadas.

Volvían a sonar en esta semana Lanchas para baylar (recopilado por Martínez Montañón) con recuerdos de joropo, arrancando percusiones en guitarra o cello, unos solos de violín de vertiginoso sabor americano y los toques del arpa centenaria que recobró vida en Paraguay o Venezuela, música de ida y vuelta siempre vigente.

Para el final siempre con Araniés y escucharlos a todos: Parten las galeras donde no participó el violín, y Un sarao de la Chacona, protagonista total, fiesta de alegría contagiosa, alternancias de voces y tutti, sorprendiendo las féminas nuevamente con una Marta Infante impactante en todos los registros, y ese estribillo contagioso entonado por el trío vocal:

Un sarao de la chacona

se hizo el mes de las rosas,

hubo millares de cosas

y la fama lo pregona:

A la vida, vidita bona,
vida, vámonos a chacona,
vida, vámonos a chacona

«A la vida bona«, pieza que canta a la sana diversión y a la risa de todos de la época, la chacona como filosofía de vida.

De propina una obra instrumental (entendí desde el primer piso «Césare Allegri Capella d’amor») antes de bisar nuevas estrofas de la chacona de la buena vida, auténtico Nuevo Sarao del bueno en Gijón.

Y a la noche más sarao, es decir más música

Calzas verdes argentinas

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Segunda final del concurso gijonés en el marco del festival, con un grupo argentino joven de cuerda pulsada y un espectáculo que incluye textos de Tirso de Molina, de quien toma nombre el grupo o Sebastián de Villaviciosa que titula el espectáculo, basado en un baile que el alcalde ofrece haciendo desfilar distintas danzas y seleccionarlas en modernas o antiguas para la época en que fue escrito el texto, siendo músicas renacentistas, barrocas ibéricas y latinoamericanas.

Natacha Cabezas (archilaúd), Sebastián Strauchler (laúd renacentista) y Laura Fainstein Sestopal (guitarra barroca) forman este trío con cuerda para rato, Don Gil de las Calzas Verdes, que organizan el programa en dos partes sin pausas, auténtica dramaturgia incluso en el atuendo (estrenaban las calzas verdes) y unos textos que no pude escuchar claramente por una acústica excelente solo para la música. El repaso a ritmos y danzas desde unos arreglos propios realzan la poesía entrelazada aunque por el color instrumental demasiado similar pudo resultar algo monótono. Con todo resulta un placer escuchar a Gaspar Sanz con la Danza de las hachas que abría espectáculo o la Pavana por la D intercalado con Diego Ortiz y dos de sus Ricercadas, sobre «pasamezzo antico» y «pasamezzo moderno» en ese hilo argumental de tempi algo lentos, sin olvidar a Santiago de Murcia como mortero unificador de ida y vuelta con sus Gallardas puente hacia la segunda parte,  primero Marizápalos, Folías italianas, y ya animándose los Canarios en Sol, una Jota bien llevada y alabada por «el alcalde», pero sobre todo los Impossybles cuyo fino arreglo permitió escuchar los «3 en 1» (como el aceite engrasador válido para todo) al pasar con auténtico primor escalas ascendentes y descendentes de uno a otro con «mimo textural» si se me permite la expresión. Los Villanos de Martín y Coll fueron cual entremés entre Murcia antes del salto hacia América precisamente con las Lanchas para baylar de Martínez Compañón y la fiesta final de los Zarambeques «murcianos» macerados también en el Códice Saldivar, percutiendo los instrumentos que enriquecieron la paleta del trío.

El jurado tuvo difícil la elección de ganador (a la que dedicaré otra entrada) pues el trío argentino demostró un poso artístico enorme, desde la organización de las obras y textos hasta los arreglos musicales para su formación, difícil en tres «laúdes» tan distintos en su tratamiento pero que solventaron con un rigor muy de agradecer.

Todos ellos tuvieron papeles solísticos, de acompañamiento rítimico además de armónico, y sobre todo de conjunto, auténtico trío que suena como uno aunque se pierda colorido, supliéndolo con la alternancia de ritmos y tempi así como un intercambio de roles en todos ellos, especialmente en guitarra y archilaúd, siendo «menos protagonista» el laúd renacentista que cuando tuvo que hacer lo «Impossyble» cambió el color del grupo, sobre todo y como ya apunté, en la segunda parte. Los elogios que les precedían se quedaron cortos al escucharles en esta segunda final. El resultado, en breve…

Barrockeros potentes y convincentes

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Domingo 7 de julio, 20:00 horasGijón Música Antigua 2013. XVI Festival y II Concurso Internacional de Música Antigua, Centro de Cultura «Antiguo Instituto». Final Grupo 1: Barrock’n Roll. Obras de Andrea Falconiero, A. Corelli, Telemann, Marco Uccellini, C. Ph. E. Bach, Frescobaldi y Vivaldi.

Primera final del concurso gijonés en el marco del festival, con un grupo joven hasta en el nombre: Barrock’n Roll formado por Moisés Maroto y Olga Radón (flautas), María Simón (violonchelo) y Sara Johnson (clave), formados en el Conservatorio Superior de Aragón en 2010 aunque de procedencias diversas, y que nos ofrecieron un programa arriesgado, completo y variado, con algunas adaptaciones (recreaciones prefiero llamarlas) realmente logradas para esta formación, transmitiendo desde la primera nota una alegría contagiosa viéndoles disfrutar con la música que nos regalaron desde un dominio técnico impecable y con auténtica madurez interpretativa que comentaré en detalle. Destacar unos finales muy trabajados, cuidado de la sonoridad de una formación personal que domina la articulación, las dinámicas, los fraseos y ornamentos, así como una permanente preocupación por la afinación que puntualmente les jugó alguna sin desmerecer el trabajo global que pondrá el veredicto del jurado difícil antes de escuchar el del lunes.

La Batalla de Barrabaso, yerno de Satanás (A. Falconiero) con dos flautas soprano resultó una delicia de simpatía y efectismos, auténticas diabluras técnicas incluyendo glissandis en todos los instrumentos.

De Arcangello Corelli afrontaron con flautas contralto la Trío Sonata en fa mayor, op. 3 nº 1 en tres movimientos claramente contrastados, Grave, Allegro y Vivace, éste en un tiempo perfecto nada exagerado para degustar los contrapuntos entre flautas y un dúo cello-clave que dejaron momentos impactantes.

La Trio Sonata en la menor, TWV42 a 4 de Telemann mantuvo la línea de calidad en los cuatro movimientos, un Largo impecable, un Vivace excelente con una amplia paleta ornamental y dinámica disfrutando de los silencios como subrayados temáticos, un Affetuoso íntimo de empastes perfectos y un Allegro remate perfecto de una obra difícil.

El aire fresco trajo de nuevo las flautas sopranos para el Aria quinta: sopra la Bergamasca op. 3 (M. Uccellini) en este danzante con entradas sucesivas de clave, cello y flautas que fueron variando el tema desde unas ornamentaciones en su sitio por parte del cuarteto, técnicamente perfectos y sonoridades cuidadas nunca estridentes en diálogos complementarios dentro de una globalidad siempre virtuosa.

Probablemente la obra más compleja del programa y nada barroca fue el Trío en la menor H537 de Carl Philipp Emanuel Bach, partitura de cuarteto que no deja nada al azar en su escritura, tampoco en la adaptación, con gran peso del clave y el cello, que Sara Johnson Huidobro y María Simón hicieron aún más protagonistas desde el Andantino, nueva paleta tímbrica con la flauta contralto de Olga Radón y la soprano de Moisés Maroto, brillantes desde la templanza en el Largo e sostenuto, y el Allegro assai poniendo el énfasis en unos fraseos que nunca se solaparon sino que tuvieron unidad expositiva, cuidando al detalle cada final de movimiento.

La Canzona seconda a 4 (due bassi e due canti) de Frescobaldi resultó ideal para el cuarteto (de nuevo las dos flautas sopranos) con contrastes brillantes, intervenciones de clave y chelo de hondura interpretativa, Da capos siempre bien variados y disfrute total por parte de músicos y público.

No podía faltar Vivaldi en el programa, su Trio sonata en re menor RV63 «Follia» que se les «atrangantó» un poco: afinación algo imprecisa en las flautas contraltos o algún cambio de tempo no del todo bien resuelto aunque demostraron tanta profesionalidad y desparpajo que fueron de menos a más para terminar,  jugando como ellos con las palabras desde el cariño y el respeto, bien «folliados» en el final vivaldiano con atronadores aplausos de un público nuevamente entregado a esta música «barrockera» que no tiene edad para dejar de amarla.

Y como en un concierto, una propina como la Ciaccona del italiano Tarquino Merula para «quitar hierro» y demostrar la calidad musical de un grupo español joven y maduro, completando una hora larga de programa que el jurado, auténticas celebridades y autoridades en la materia, habrá anotado con mucho más detalle que este comentario personal. A esperar la siguiente final de este concurso con el grupo argentino Don Gil de las Calzas Verdes y el veredicto tanto oficial como del público, que también votaremos al finalizar. Lo contaremos en Twitter© y más detenidamente desde Siana…

Música antigua sólo en la partitura

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Sábado 6 de julio, 20:00 horas. Gijón Música Antigua 2013. XVI Festival y II Concurso Internacional de Música Antigua. Concierto La Real Cámara con José Miguel Moreno. Centro de Cultura Antiguo Instituto: Quintetos con Guitarra, Luigi Boccherini (1743-1805). Entrada libre.

El verano gijonés se llena por decimosexto año de actividades que giran en torno a la llamada «música antigua», incorporando el segundo concurso de formaciones noveles, el curso y festival activo con actuaciones en distintos entornos y por supuesto conciertos como este de inauguración tras las palabras de su director Aarón Zapico.

En el claustro del Antiguo Instituto Jovellanos, con un acústica perfecta y un lleno que corrobora el tirón de esta apuesta cultural, el violinista Emilio Moreno hizo la presentación de las cuatro obras que sonarían como aire fresco en unas interpretaciones de altura a cargo de un quinteto formado por el propio Emilio, Antonio Almela (violín), Antonio Clares (viola), Mercedes Ruiz (cello) y José Miguel Moreno (guitarra goyesca), músicos españoles de primera categoría que triunfan allá donde van, eligiendo para la ocasión a un compositor tan ligado a España como Boccherini, «el más castizo de su tiempo» en palabras del maestro de concierto, que supo adoptar nuestras músicas a un lenguaje universal.

El Cuarteto en sol mayor, op. 44/4 G. 223 «La Tirana Española» (1792) denominado «quartettino» solamente por constar de dos movimientos, Presto (Tirana) y Tempo di Minuetto, sirvió para abrir boca con esa dedicatoria «francesa» que sonó con ecos barrocos en un lenguaje clásico, obra de cámara nunca menor en la escritura maestra del hispanoitaliano, al igual que el Quinteto 7 en mi menor, G451 (1799) con la incorporación de la guitarra de José Miguel Moreno, ensamble perfecto de cuerda punteada con frotada no ya en textura sino en interpretación llena de detalles en cada uno de los músicos. El Allegro moderato presentó en el lenguaje híbrido del italiano todo un muestrario compositivo que en el Adagio se tornó en lirismo compartido. El Menuetto / Trío recordó los años de trabajo vieneses para dar juego a todo el quinteto, rematando con un Allegretto más «hispano».

Los organizadores no podían dejar pasar la oportunidad de escuchar en solitario a José Miguel Moreno que maravilló con la Introducción y Variaciones sobre el Mambrú, op. 28 (1827) del «afrancesado» Fernando Sor (1778-1839), sonido de terciopelo en esa guitarra goyesca desde la presentación del conocido tema «Es un muchacho excelente» variándolo con todos los recursos técnicos del momento que en manos del madrileño se hicieron perlas, desde los tiempos rápidos que buscan líneas virtuosas a los lentos de auténtica delicia para finalizar en unos armónicos increíbles. Una lección hecha arte de una música que sólo es antigua en el papel porque sigue sonando de plena actualidad.

Y para concluir volvíamos a Boccherini y su Quinteto 4 en re mayor, G. 448 «El Fandango» (ca. 1798) que comienza con la Pastorale que popularizase como sintonía un programa cultural de televisión  cuando aún podíamos verla, de reminiscencia navideña, un Allegro maestoso que sirvió para degustar el violoncello de Mercedes Ruiz en toda su plenitud y diálogos increíbles con la guitarra, y ese Grave assai – Fandango tan español como los propios intérpretes, pletóricos, rigurosos musicalmente y animosos en todo momento, contagiando a un público entregado con unas partituras vitales, frescas para esta primera tarde del ciclo veraniego gijonés.

Para aplacar el sofoco «fandanguero final» bisaron el Adagio del quinteto 7 que trajo nuevamente lo mejor de la formación, musicalidad a rebosar que hace grande la música nunca pequeña de Boccherini.

Cuatro estaciones de nota

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Lunes 17 de junio, 20:00 horas. Teatro Filarmónica de Oviedo: «Le Quatro stagioni». Ignacio Rodríguez Martínez de Aguirre (violín), Orquesta Sinfónica del Conservatorio Profesional de Oviedo, Juan María Cué, director. Alba Calle Valiente (clave), Santiago Bastante Arias (guitarra barroca), Emilio Fernández Rivaya (cello), Iker Sánchez Trueba (contrabajo). Obras de Vivaldi, John Munday y Edson Zampronha.

El curso está tocando a su fin y los alumnos de los conservatorios realizan su examen cada vez que dan un concierto en público. El de este lunes contaba con solistas de lujo y un programa que incluía dos estrenos, uno absoluto, relacionados con el título del programa que en Asturias podríamos dejar solo en otoño e invierno, aunque la música brilló primaveral con la alegría estival transmitida por todos los que se subieron al escenario.

Foto © Pedro Martínez

La carrera de mi querido «Don Ignacio» la comenzó hace años pese a tener solamente dieciséis recién cumplidos, y siempre hago referencia al enorme sacrificio que supone alternar los obligatorios del Bachillerato con los musicales. El apoyo de la familia es tan importante o más que el trabajo diario para soportar las penurias de todo tipo que conlleva, sin olvidar las privaciones para todos. Al menos estar como solista en una obra tan difícil como los conocidos cuatro conciertos vivaldianos de Il cimento dell’a armonia e dell’invenzione son un premio más que merecido además de todo un examen superado «Cum Laude».

Alternando los compuestos por «El cura pelirrojo» se incluyeron otras que mostraron la enorme calidad de esta formación estudiantil con unos solistas aventajados a los que las manos del Maestro Cué llevaron por instantes de auténtica delicia. Programa interpretado como unidad, sin interrupciones, con el estreno absoluto de Otoño del brasileño Edson Zampronha dedicada a la propia orquesta, y el estreno en España de Inverno de este compositor afincado en nuestra tierra.

El Concerto en mi mayor RV 269 «La Primavera» lo afrontó Ignacio Rodríguez con un dominio y técnica al servicio de la conocidísima obra, de sonoridad rotunda y aplomo impresionante, con tempi excelentes para disfrutar de un continuo donde la guitarra barroca de Basante y el clave de Calle dieron el color exacto. La Fantasía «Faire Wether» de John Munday nos dejó a la solista de clave mostrarnos una obra virtuosa y ejecutada con la ornamentación idónea.

Continuó Ignacio Rodríguez con el Concerto en sol menor RV 315 «El Verano», seguridad y musicalidad arropada por una orquesta empastada con el solista y magistral concertación del cangués Juan Mª Cué. Sin titubeos y con una madurez impactante emocionó nuestro solista que hace fácil lo difícil: fraseos limpios, sonoridad rotunda, trinos relampagueantes y claros…

La orquesta estrenaba a continuación Otoño de Zampronha, obra a ella dedicada y compuesta con el conocimiento y oficio de este músico que conjuga el homenaje vivaldiano con su propio lenguaje, cercano desde la contemporaneidad que no olvida nunca las fuentes. Un placer de partitura que la joven orquesta hizo sonar fresca y clásica siempre bien llevada por el músico de Cangas de Onís.

Tras el otoño actual, casi como el climático del exterior, volvía con más fuerza aún el Concerto en fa mayor RV 293 «El Otoño» donde el violín de «Don Ignacio» llenó de luminosidad el teatro con sus compañeros, conjunción con concertino y nuevamente el aplomo envidiable para estos jóvenes músicos. Maravilloso el manejo del arco y un sonido diáfano en cada uno de los tres movimientos, precisión que da la seguridad del trabajo bien hecho y enfocado a la interpretación en vivo de estas obras tan comprometidas.

Y el Inverno (2007) de Zampronha que escuchábamos en España por primera vez resultó «ad hoc» en este monográfico climatológico que en cierto modo redescubre lecturas ya avanzadas por Forma Antiqva en su homónima, para dar paso al Concerto en fa menor RV 297 «El Invierno», auténtico derroche de juventud por todos, nuevamente destacable la guitarra barroca y sobre todo la maestría solística con bravos entre un público de la misma edad que supone una auténtica inyección de esperanza en tiempos oscuros y difíciles para la cultura, más aún para la música.

Conjunción ideal tras el arduo trabajo de todos, estudiantes sobresalientes de nuestro tiempo con un director que les entiende a la perfección y saca de ellos lo mejor, trabajo en equipo para alcanzar los objetivos propuestos con la belleza iluminando el quehacer individual. Un orgullo recoger lo sembrado que esperamos no disfruten otros, y el bis del tercer movimiento del verano más que una declaración de intenciones climáticas lo tomaremos como la tan necesitada energía solar que carga las constantes vitales y espirituales. Enhorabuena para todos y un «Cum Laude» para Ignacio Rodríguez Martínez de Aguirre que nos seguirá dando muchas alegrías.

Cum Laude para Don Ignacio

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Este lunes pude asistir en el Teatro Filarmónica de Oviedo al debut como solista de mi querido Don Ignacio interpretando Las Cuatro Estaciones de Vivaldi (obra que sigue siendo referente para muchos) con la Orquesta Sinfónica del Conservatorio Profesional de Música de Oviedo bajo la batuta de Juan María Cué. Un orgullo compartir con Chonchi y Maque este día que no olvidaremos, premio a un curso duro y una larga vida profesional por delante. 16 años donde le he visto crecer en todos los sentidos, y en el musical el estirón igualmente grande. Con más tiempo la crónica completa.

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