Miércoles 4 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, sala de cámara: IX Primavera Barroca. De locuras y tormentos: Raquel Andueza (soprano) y La Galanía. Obras de Bailly, Monteverdi, Cavalli, Lully y anónimos.
Raquel Andueza: locura sin tormento
05/05/2022
Asturias, conciertos, conferencias, discos, música, música antigua anónimos, Bailly, Cavalli, conciertos, conferencias, David Mayoral, Jesús Fernández Baena, Lully, Manuel Vilas, música, música antigua, Monteverdi, Pablo Prieto, Pierre Pitzl, Raquel Andueza Deja un comentario
Balada por los trasterrados
23/04/2022
Asturias, clásica, conciertos, música, piano, sinfónica Auditorio de Oviedo, Chopin, conciertos, Médtner, música, música clásica, Nicolai Lugansky, OSPA, Perry So, Schumann 3 comentarios
Viernes 22 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono IX: OSPA, «Ballade», Nicolai Luganski (piano), Perry So (director). Obras de Médtner y Schumann.
La RAE define Trasterrar o transterrar(de trans- y tierra) como «Expulsar a alguien de un territorio, generalmente por motivos políticos» y este noveno de abono con la OSPA fue verdaderamente una «Balada por los trasterrados», compositores e intérpretes, sirviendo para ver cómo la música y los músicos son ciudadanos del mundo, y el tiempo parece poner todo en su sitio.
Este viernes volvían a la OSPA varios conocidos, primero el director chino Perry So (Hong Kong, 1982), «eterno aspirante» a titular desde 2011 (al fin lo tenemos, pero será Nuno Coelho) en aquellos tiempos esperanzados esperando acertar en la elección. Pero un cocinero «vúlgaro» fue minándonos al quitarnos los mejores deseos, especialmente durante la anterior visita del pianista ruso Nicolai Luganski (Moscú, 1972) que me dejó muy mal sabor de boca por la malísima dirección del innombrable. Y al fin se hizo justicia con ambos en este concierto de Médtner. Qué distinto hubiese sido entonces de coincidir como hoy la entrega del ruso, el buen hacer del chino y una OSPA universalmente asturiana que vuelve a esperanzarnos, aunque sigamos sin concertino, esta vez nuevamente invitado nuestro admirado Aitor Hevia. Las invitaciones de la orquesta a So siempre han traído veladas de calidad y buena química entre todos, algo que el público, de nuevo escaso para disfrutar de nuestra orquesta, se lo agradeció al final con largos y cálidos aplausos que le obligaron a salir varias veces a saludar. Bienvenido Perry y gracias.
El Concierto para piano nº 3 en mi menor, op.60 «Balada» del ruso Nikolái Kárlovich Médtner (1880-1951) no pudo tener mejor solista que su compatriota Nicolai Luganski, uniones de dos trasterrados que desde su pasión por el piano nos ofrecieron esta joya tan poco programada pese a la belleza, dificultad y todas las razones para hacerla tan atractiva. Tres movimientos sin pausa, entrelazados, que nos recuerdan la excelencia musical rusa, el paso adelante en los albores del pasado siglo de Scriabin y sobre todo Rachmaninov, y que por lo escuchado bebería de las mismas fuentes que Médtner. Concierto con todos los ingredientes para disfrutarlo, sonoridad siempre plena en el solista, la fusión orquestal en muchos momentos, el balance perfecto entre todas las secciones desde el inicio al que se van sumando efectivos con una delicadeza previa al posterior discurrir emocional, y una dirección de So precisa, cómplice con el piano y concertando con exactitud por los intrincados vericuetos, especialmente en el inmenso Finale: Allegro molto, Svegliando, eroico que aporta las novedades propias del compositor tras su «tributo» y herencia de sus contemporáneos: cambios de compás, de ritmo y tempo donde piano y orquesta funcionaron y se fusionaron como si llevasen años interpretando esta «Balada» rusa. Impresionante el sonido de Luganski, la elegancia, el rubato justo, su conmovedora entrega a la música que parece sentirse más honda en la distancia y el dolor, con este último de los conciertos para piano de su paisano Médtner que lo compondría en los primeros años 40 del pasado siglo, tan preocupantes como esta segunda década actual.
Y si el concierto de los dos rusos fue de altos vuelos y lejanos sentimientos, la propina nuevamente de otro trasterrado, luminosamente introspectiva y esperanzadora: la Fantasía Impromptu en do sostenido menor, Op. 66 de Chopin, la belleza del dolor expresada desde el piano magistral de un Luganski técnicamente perfecto y enorme su romántica interpretación como buen heredero de la tradición y «escuela rusa», aportando una personalidad tan grande como la música para su instrumento del polaco, un enamorado más de las 88 teclas.
Manteniendo el orden habitual de los programas donde faltó un estreno o introducción breve, la segunda parte sería una Sinfonía, en este caso la nº 2 en do mayor, op. 61 de Robert Schumann
(1810-1856) para poner claro que la OSPA funciona cuando está en buenas manos, de nuevo el maestro So sacando lo mejor de cada sección con una visión luminosa y tensa de la segunda del atormentado romántico por excelencia, con los tiempos ajustados a la literalidad indicada: el primer movimiento a la velocidad exacta de crucero para dejar fluir en equilibrio viento y cuerda, un segundo rápido sin sobrepasar los límites, con una cuerda ajustada y redonda (se nota el refuerzo en las graves), el tercero una maravilla de expresividad con oboe y clarinete verdaderamente líricos en sus inspiradas intervenciones, sana pugna por el mejor sonido, más ese cuarto y último movimiento, poderoso en velocidad punta, bien de revoluciones para rugir como un coche de carreras pero respetando las señales, caballos de potencia bien controlados por las manos maestras de Perry So, un campeón sobre el podio conduciendo una OSPA a punto.
El tiempo pone todo en su sitio pero siempre nos quedan los interrogantes ¿cómo hubiera sido si…? Al menos nos quitó la primera de las dudas mientras esperamos acertar con el concertino ya con el portugués fichado por tres temporadas.
Explorando piano y saxo
29/03/2022
Asturias, conciertos, educación, jazz, jazz, música, Música contemporánea, piano, recital Albert Guinovart, Amy Beach, Antonio Cánovas, conciertos, Dúo Saxperience, Elena Miguélez, Joan Albert Amargós, música, Pedro Iturralde, Solana, Teatro Filarmónica, Yoshimatsu 2 comentarios
Martes 29 de marzo, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo: Concierto 6 del año 2022, 2.031 de la Sociedad Filarmónica de Oviedo. Dúo Saxperience: Antonio Cánovas (saxofón), Elena Miguélez (piano). Obras de: Amy Beach, J. J. Solana, A. Guinovart, J. A. Amargós, T. Yoshimatsu y P. Iturralde.
Interesante programa el ofrecido por el Dúo Saxpierence para la sociedad filarmónica ovetense, apostando por un equilibrio interpretativo entre piano y saxo con obras tanto originales como transcripciones que dan una visión de la evolución de un instrumento moderno que se ha convertido en imprescindible en todos los repertorios, desde la llamada clásica, especialmente desde el Impresionismo, hasta el jazz con todas sus fusiones, incluyendo el flamenco, la música ligera, las bandas de musica que serían impensables sin él, y obras actuales pensadas para su peculiar timbre y expresividad en cada tesitura, este martes con los alto y soprano.
Las obras elegidas por Cánovas y Miguélez demostraron la perfecta simbiosis y entendimiento de los dos profesores, una vida en común por y para la música con partituras muy exigentes para ambos, donde poner la técnica al servicio de unas músicas que encantaron a un público variopinto con presencia de estudiantes de los distintos conservatorios asturianos, formando a las nuevas generaciones en ambos lados de la música, desde el trabajo del escenario hasta la butaca, el ocio que tantas alegrías nos dan.
Antonio Cánovas ejerció igualmente de anfitrión y docente, presentándonos cada una de las obras interpretadas. De la compositora norteamericana Amy Beach (1867-1944) decir que está sonando cada vez más en los auditorios y teatros desde todas sus facetas, siendo la camerística igual de interesante que la sinfónica. Su Romance Op. 23 (1893) para violín y piano es muy popular y la transcripción para saxo alto del propio Cánovas mostró la versatilidad de su instrumento, capaz de descubrir sonoridades propias sin «traicionar» el original, siempre con un piano presente de graves redondos y un brillo complementando las texturas del saxo.
El compositor madrileño Juan José Solana Gutiérrez (1957), actual presidente de la Fundación SGAE, compuso en 2015 Gran Vía 6 a.m. para saxo alto y piano dedicado a este dúo que la estrenaría en Madrid. La historia que esconde es la larga espera en esa parada del bus madrileño tras perder el último de las noche y observar el latido de la capital de España a esas horas, auténtica banda sonora del despertar al trabajo y la cotidianidad, música llena de matices y ambientes que los destinatarios compartieron con todos los presentes, poniendo cada uno de nosotros las imágenes para el recuerdo en una partitura muy trabajada como en el maestro Solana es habitual.
Para cerrar la primera parte el catalán Albert Guinovart (1962), su Fantasía sobre «Goyescas» (1997) para clarinete y piano que con el permiso del compositor por la complementariedad sonora del saxo soprano, no puso reparos al cambio de instrumento. Si la obra original de Granados es una maravilla tanto orquestal como al piano, mantenerlo y variar sus melodías con el soprano en unas armonizaciones actuales, auténtica fusión o visión mediterránea del catalán que mantiene todo el protagonismo pianístico enriquecido aún más con el timbre de un saxo que canta igualmente «jondo» y operístico, enamorando como las majas del ilerdense que el barcelonés reviste de moderno testimonio.
Todavía quedaba mucho más por disfrutar pues la segunda parte nos trajo a dos compositores actuales cuya música explota todos los recursos del saxo alto con un piano capaz de recordarnos al mejor Debussy o Mompou unido con Montoliú o las armonías del lejano oriente plenamente New Wave. Del segundo barcelonés del concierto, Joan Albert Amargós (1950), tengo grabaciones suyas en todos los formatos, estilos y épocas, dominador del clarinete y el piano además de excelente orquestador del que viví los arreglos asturianos disfrutando igualmente con su dirección, En su faceta compositiva, este Homenatge a Lorca (1998) es una joya para el piano y el saxo, los tres cantos populares del granadino universal, otro enamorado de la música como buen poeta, resultan actuales sin perder la esencia, desde Los cuatro muleros rítmicos, variados, casi individualizados, totalmente jazzísticos, piano inmenso y saxo estratosférico, pasando por el Zorongo cual «música callada» de teclas intimistas hasta el desbordante Anda Jaleo que Cánovas y Miguélez llevaron al culmen, auténtica experiencia con el saxo, unísonos y escalas a dos engrandecidas por la precisión y encaje de ambos gracias al magisterio de armonías del catalán.
Y el fin de fiesta con un japonés, Takashi Yoshimatsu (1953), con su Fuzzy Bird Sonate (1991), tres movimientos de estos «pájaros borrosos» que corren, cantan y vuelan, tal y como indica el compositor en cada uno de los cuadros sonoros. Dúo perfecto de saxo y piano por los ambientes creados, (di)fusionando lo tradicional y universal desde el lejano oriente que sigue dándonos compositores interesantes, búsqueda de sonidos explotando los instrumentos y melodías eternas vestidas de modernidad. un piano rítmico y exigente completando el virtuosismo del saxo, jugando con percusiones y un vuelo incesante casi de vencejos por su coordinación en esta interpretación para asombro de todos a la altura de estos dos profesionales.
Un concierto completo, original donde no podía faltar un tributo al gran Pedro Iturralde (1929-2020), nuestro saxofonista de referencia que hubiese disfrutado con estas obras, docente, compositor e innovador, un espejo para tantos que llegarían después, fallecido sin el merecido homenaje en vida que un emocionado Antonio Cánovas le rindió con el primero de los movimientos del tríptico Memorias con el sonido siempre único del soprano para esta melodía tan sentida en escritura e interpretación.
Pintando sentimientos musicales
19/03/2022
Asturias, clásica, conciertos, estreno, música, piano, sinfónica Alba Ventura, Auditorio de Oviedo, conciertos, CONSMUPA, Eduardo Soutullo, estreno, Hindemith, Jordi Francés, Marina Gurdzhiya, música, música clásica, OSPA, piano, Prokofiev Deja un comentario
Viernes 18 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono VII OSPA Matías el Pintor: Alba Ventura (piano), Jordi Francés (director). Obras de E. Soutullo, Prokofiev y Hindemith.
Continuamos con un año pandémico, imprevisible, trágico por lo que está sucediendo en Ucrania, y donde todo parece ir a peor, pues la reciente huelga del transporte por carretera iniciada el pasado lunes nos afecta en todo y también a la música, impidiendo que se celebrase ayer este mismo concierto en Gijón (logística instrumental), que siempre se nota en Oviedo. Al menos resultó positivo ver cómo se ha podido renovar el convenio con el CONSMUPA para que varios de sus estudiantes se sumen a los efectivos de la OSPA.
En lo relativo a este séptimo de abono pocas cosas nuevas pues seguimos esperando director titular y concertino, aunque este viernes Marina Gurdzhiya, violinista de Oviedo Filarmonía, sería la invitada. Al menos la teníamos cerca. Y del programa organizado como hace lustros o décadas: estreno, concierto con solista y sinfonía, que algún día podría replantearse el orden para ir adecuándonos a los «tiempos modernos». Con todo pude disfrutar de principio a fin en un concierto casi pictórico, dominando todas las técnicas y estilos, con distintas superficies sobre las que plasmar las notas musicales como colores materiales.
Del compositor vasco Eduardo Soutullo (Bilbao, 1968) es estrenaba en Asturias Alén, obra ganadora del X Premio de Composición AEOS -Asociación Española de Orquestas Sinfónicas- de la Fundación BBVA. Compositor muy valorado dentro y fuera de nuestras fronteras, que asistió entre el público supongo feliz porque tanto Jordi Francés como la OSPA pudieron reflejar la magia que esta obra guarda. A Portalén o Porta do Alén en galego significa «Puerta del más allá», un lugar mágico y mitológico de la tierra vecina que se relaciona con la obra del premiado compositor, colores sobre arpillera, con texturas variadas, sonoridades nada habituales cual brochazos sin perfilar en un cuadro al que bien pudieran servir de banda sonora ambientando este céltico «Stonehelm pontevedrés».
Tenía ganas de escuchar en vivo a la pianista catalana Alba Ventura (1978), y no defraudó su Concierto para piano nº 3 en do mayor, op. 26 de Sergei Prokofiev (1891-1953). Obra complicada que podría llamarse «Cuaderno de pintor» pues sus tres movimientos (I. Andante – Allegro; II. Tema y variaciones. Andantino; III. Allegro, ma non troppo ) suenan como un muestrario de la evolución del compositor ruso en la misma obra: cambios de ritmos, recurrencias a sus ballets con Jordi Francés casi bailarín y concertando perfectamente las complejas entradas orquestales. Una auténtica exposición de formas y colores donde en el Allegro Ventura fue delineando primero con delicadeza, después coloreando con fuerza cada aparición; mientras tanto las variaciones del segundo parecían acuarelas con tinta china que pasando las hojas de este particular cuaderno concertístico, tomarían geometrías y pinceladas más gruesas, intensas antes del último gran lienzo, sin pincel ni brocha, directamente sobre descomunal superficie en blanco y negro del piano, mujer sobre fondo neutro pintada en todo tipo de superficies que la OSPA iba generando con un Francés evitando salirse del marco para completar el resto de un auténtico mural musical.
Brillante interpretación esta de la pianista catalana que, para dar continuidad al colorido «tercero de Prokofiev«, nos regalaría la novena de las 10 Piezas de «Romeo & Julieta», Op. 75, Danza de las chicas con lirios, interiorizada, matizada y sacando del piano una paleta aún mayor si cabe desde su intimismo preclaro, limpio, fresco, compartido con un público que, pese a completarse con los «indemnizados gijoneses», sigue siendo cada vez menos. Una lástima que se esté perdiendo.
Y en la segunda parte tocaba sinfonía, al menos de las que conviene programar cada cierto tiempo: la potente Sinfonía «Matías, el pintor» de Paul Hindemith (1895-1963). Bien analizada en las notas al programa del pianista, organista y musicólogo jienense Álvaro Flores Cotelo. que dejo enlazadas al inicio de esta entrada (en obras) y con los seis refuerzos del CONSMUPA más algunos coprincipales de plantilla actuando hoy de solistas, el director alicantino volvió «a sacar petróleo» de nuestra OSPA, continuó su personal taller pictórico casi como homenaje al propio Matthias Grünewald a lo largo de los tres intensos y poderosos movimientos (I. Engelskonzert; II. Die Grablegung; III. Versuchung des heiligen Antonius). Una obra que parece seguir vigente en plena tercera década del tercer milenio, cual castigo de obligarnos a repetir la historia aunque la conozcamos. El clima de represión artística que se estaba viviendo en Alemania en los años 30 del siglo pasado, que no pasó por alto el gobierno nazi para quien Hindemith, pese a ser de uno de los creadores más jóvenes e internacionales del momento, no dudó en condenar su obra como «música degenerada». Tantos artistas censurados también en nuestros días, confundiendo al pueblo con sus dirigentes, degeneración que está en las mentes de los sátrapas y quienes les sustentan. Francés llevó el color y dolor de cada «pintura musical» escrita en 1934, exprimiendo toda la paleta del compositor alemán: el primer Concierto de los ángeles levantando el vuelo con una cuerda capaz de dibujar terciopelo y arpillera, maderas brillando y metales de seda y tapiz, percusión dándole el cuerpo y presencia, planos sonoros muy trabajados y equilibrados; el posterior Entierro del renacentista Grünewald remarcaría los claroscuros y el dolor, música para nuestros sentimientos actuales; finalizando con Las Tentaciones de San Antonio en este retablo de Isenheim (1512-16) casi daliniano por expresionista y adelantado a su época, donde la OSPA mostró en su mejor versión y visión, tal vez con «el trazo» entrenado tras el esfuerzo alpino, que Francés llevó firme y seguro.
La primavera es el reinicio anual, ciclo natural lleno de esperanza y vida, que esperemos alcance a todas las artes y seres humanos. Su color es único y la sinestesia nos hace mezclar los sentidos como en este concierto pictórico.
Goethe en el lied
17/03/2022
Asturias, clásica, conciertos, lírica, música, piano, recital Beethoven, Camilo Comas, conciertos, David Roldán, Grieg, lírica, Marcos Suárez, música, Mozart, Paula Iragorri, Schubert, Schumann, Tchaikovsky, Wolf Deja un comentario
Miércoles 16 de marzo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, Concierto nº 1648: «La Lírica de Goethe». Lieder sobre textos de Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832). Paula Iragorri (mezzo), Marcos Suárez (piano). Obras de Mozart, Beethoven, Schubert, Schumann, Tchaikovsky, Grieg, H. Wolf y Camilo Comas.
No cabe duda que el alemán Goethe, de quien se conmemora este año el 190 aniversario de su muerte, está unido a la historia del lied y muchos compositores tomaron su obra para musicarla, siendo el triunvirato por excelencia el formado por Schubert, Schumann y Hugo Wolf como así nos lo contaba mi admirado profesor Emilio Casares en aquellos felices años de facultad.
Evidentemente la lírica de Goethe resultó ideal por su propia musicalidad como bien explica el musicólogo Jorge Trillo Valeiro en las notas al programa de este concierto de la filarmónica gijonesa, apostando por la calidad de cada concierto y la importancia de la voz en una temporada digna de elogio.
De no afrontar un ciclo completo, siempre muy exigente para un concierto de lieder, elegir las obras con Goethe como inspirador resultó una auténtica lección donde pudimos escuchar otros compositores en la voz de la mezzo donostiarra Paula Iragorri Bascarán y el pianista langreano Marcos Suárez, el protagonismo compartido de todo lied que exige además un dominio idiomático, «genético» en Paula, y un compañero de viaje capaz de afrontar cada partitura como una obra solista para poder dialogar, subrayar el texto, completar el espíritu de cada poema, y brillar a la misma altura, disfrutando además de la proyección de Alejandro Carantoña con la traducción de cada canción, otro tanto a favor de la centenaria sociedad gijonesa que además apoya económicamente la rehabilitación de la capilla de San Esteban del Mar en colaboración con el Rotary Club local, cuyo presidente presentó antes del concierto agradeciendo igualmente el apoyo del consistorio.
Muy interesantes tanto las obras como los compositores elegidos, siguiendo un orden cronológico que además, tal y como nos contó al descanso David Roldán, los de la primera parte siendo más jóvenes que Goethe, murieron mucho antes, mientras en la segunda avanzamos hasta un desconocido para mí abogado catalán nacido probablemente en 1880, Camilo Comas y Mora (o de Mora), «distinguido aficionado a la bella música«, pianista entre otros instrumentos más, y compositor rescatado por María Sanhuesa y la propia Paula Iragorri, que indagando por Internet me encuentro algún dato curioso como haber sido miembro de la delegación española en el Patronato del Festival de Bayreuth creado para sufragar el estreno de Parsifal (Wagner), posteriormente su breve paso como juez de instrucción en Ibiza, donde además de dar un concierto vocal e instrumental en el Círculo Agrícola con un programa donde aparece otra obra suya, también parece que estrenaría en la catedral una Pasión según San Juan en 1901, indicando Mossèn Francesc Xavier Torres Peters en su artículo: «El Sr. Comas en las piezas que cantó y en las que ejecutó, demosstrónos nueva vez que, más que aficionado a la música slecta y al canto, es un acabadísimo profesor y un artista consumado«. La obra que cerraría el concierto, Gretchen, Op. 15, inspirada en el Faust de Gounod, con traducción al francés, demostraría no ya el conocimiento musical de sus «vecinos del norte» sino la inspiración y el excelente tratamiento musical con un piano efectista y una melodía vocal compuesta para mezzo, al mismo nivel que sus compañeros de programa en Gijón.
Comienzo con los pioneros Mozart (Das Veilchen, K, 476) y Beethoven para conocer el camino por el que discurriría el lied, la voz con la tesitura vocal central (habitualmente barítonos pero también mezzosopranos) y el piano casi sonatístico, siempre con la música al servicio del texto como así lo entendieron Iragorri y Suárez, transitando al dramatismo romántico del Egmont. Y el culmen de la primera parte con Schubert, que exprimiría a Goethe en sus casi 80 lieder a él dedicados, eligiendo aquí una pequeña muestra, desde el juvenil Wandrers Nachtlied sencillo y honda declaración de amor, hasta el conocido e impactante Erlkönig D. 328 que la mezzo «vivió» jugando con una amplia gama dramática con el piano brillando de forma frenéticamente segura, eligiendo un tempo exigente para ambos y verdadera joya del malogrado compositor vienés. La propina, en esta misma línea de feliz conjunción lírica, An die musik, paso del estilo final clásico al romanticismo del Sturm und Drang, modelos de lied que ocuparán todo el XIX impregnando de poesía las músicas de salón más allá de lo germano.
Variedad temporal y geográfica duranre la segunda parte, primero Schumann, de quien escucharíamos tres de los ocho lied de su Myrtheu, Op. 25, feliz continuador de Schubert, el piano tan poético como la voz, expresividad de Marcos cual narrador descriptivo y subrayado de Paula, cómoda en su canto pese a la exigencia interpretativa. Continuaría la influencia de las «canciones de Goethe» hasta Tchaikovsky, escuchando el último de los 6 romances, Op. 6 (Nur wer die Sehnsucht kennt), optando la mezzo por la traducción al ruso de este rey melódico, la Mignon casi operística con un piano orquestal, más la quinta de las 6 canciones, op. 68 (Zur Rosenzeit) del noruego Grieg, exprimiendo la dramaturgia del texto que el dúo así interpretó, con dominio estilístico y lingüístico de la mezzo de la mano de un piano poderoso, rico en matices, claro y disfrutando ambos de una escritura que ayuda a lucirse.
Palabras mayores, también en lo musical, las de Hugo Wolf y su noveno número, Mignon: Kennst du das Land? (de los Goethe-Lieder, IHW 10), el último romántico del lied camerístico que abriría puertas a los sinfónicos, el culmen de un recital para disfrutar de este género tan difícil, exigente, ideal para la tesitura y color de Paula Iragorri que encontró en Marcos Suárez su igual y fiel acompañante, dos caminantes a los que también cantaría Schubert.
Broche final el agradable «rescate» ya comentado, Gretchen, Op. 15 del citado Camilo Comas, que puso a este catalán al mismo nivel emocional de sus compañeros de programa compartiendo la lírica de Goethe, sin vender almas y girando en la rueca como Margarita. Así lo defendieron y sintieron Paula y Marcos en un programa atractivo para los amantes de este género, feliz conjunción de voz y piano, que como escribió el Padre Sopeña en su estudio El lied romántico (1973), también citado por Trillo, «la música como autobiografía con genial capacidad de transmigración, es lo que hace de la música romántica novedad y constante a la vez«.
Tinieblas luminosas
16/03/2022
Asturias, clásica, conciertos, música, música antigua Auditorio de Oviedo, conciertos, Couperin, Lynda Sayce, Madison Nonoa, Marianne Beate Kielland, Marin Marais, música, música antigua, Reiko Ichise, Robert King, Sainte-Colombe, The King's Consort 1 comentario
Martes 15 de marzo, 20:00 horas. Sala de Cámara, Auditorio de Oviedo: IX Primavera Barroca (en colaboración con el CNDM «Circuitos»). The King’s Consort: Trois leçons de ténèbres. Madison Nonoa (soprano), Marianne Beate Kielland (mezzo), Lynda Sayce (tiorba), Reiko Ichise (viola da gamba), Robert King (órgano y dirección). Obras de F. Couperin, Sainte-Colombe y Marais.
Oviedo sigue siendo «La Viena del Norte de España» y el Barroco se asienta plenamente tras diez años de este ciclo, en colaboración con el CNDM, inaugurándose esta novena edición con la presencia de su director Francisco Lorenzo entre el público, para disfrutar con unas «delicatessen» de François Couperin «Le Grand» (1668-1733) bajo el título Lecciones de Tinieblas (1714) con el inglés Robert King al frente de un «consort» formado este martes por cuatro intérpretes femeninas brillando en un martes donde la arena sahariana llegó hasta nuestra tierra como queriendo sumarse a unas tinieblas llenas de luz.
Cosme Marina, responsable musical de los ciclos municipales ovetenses, en la presentación de esta primavera siempre «adelantada», escribe sobre «La firmeza de un compromiso» donde destaca el poder recuperar conciertos que el Covid obligó a suspender. Uno de ellos fue el inicial de este 2.022 para ir abriendo boca, y como apuntaba más arriba, con verdaderas «delicatessen», pues el programa centrado en el repertorio francés traería lo más refinado del arte de François Couperin, abriendo con dos de sus pocas obras vocales conservadas, su Magnificat anima mea y el Motet pour le jour de Pâques para cerrar con las Tres Lecciones de tinieblas compuestas para el monasterio femenino de Longchamps, que se complementaron con las otras.
Las voces elegidas para este Couperin no pudieron ser mejores, madura juventud y entrega de ambas, la primera parte a dúo mostrando colores vocales en perfecta comunión y empaste, la joven soprano neozelandesa Madison Nonoa, de gusto exquisito y agudos aterciopelados, más la mezzo noruega Marianne Beate Kielland, amplísima gama de matices con un volumen impresionante y un bellísimo timbre, pureza de su tesitura, ambas con la dicción en latín buscando la mejor emisión (las «ues» sonando casi como «íes»), mientras en la segunda parte disfrutamos con cada una por separado, Nonoa cantando la primera y tercera lección delicadas, bien arropada por el trío instrumental, Kielland brillando en la segunda, confirmando en los últimos «Jerusalem» esa argamasa vocal y el buen entendimiento de sus dúos para la siempre emocionante música de Couperin.
El resto del programa se vinculó a la relación entre Jean de Sainte-Colombe y su más distinguido alumno, Marin Marais, recordándome al mejor Savall de «Todas las mañanas del mundo» y gracias a ellos el repertorio para la viola da gamba adquirió sus perfiles más reconociblemente clásicos. El Prelude en mi menor del «maestro» nos lo regaló la violagambista japonesa Reiko Ichise de un lirismo parejo al vocal, y del «alumno aventajado» el homenaje Tombeau pour Sieur de Sainte-Colombe, para redondear la musicalidad de la profesora del Royal College Londinense, finalizando la primera parte con la Chaconne en la mayor, que no podía faltar en esta gran fiesta francesa, a la que se sumó la tiorba de la británica Lynda Sayce y el órgano positivo (hubiera sido más completo el clave) del «Rey Robert», referente en estos repertorios además de excelente director y músico, conformando un trío que al combinar cuerda frotada, pulsada y el «viento de tecla» lograron, tanto en el acompañamiento de Couperin como en la chacona instrumental, una tímbrica muy equilibrada y bien ejecutada junto a estas maestras que Mr. King fichó para este «Consort» internacional, de base británica que se decantó por lo mejor de los franceses.
Femenino plural
11/03/2022
Asturias, clásica, conciertos, música, Música contemporánea, sinfónica Ana Nebot, Anne Hinrichsen, conciertos, Grażyna Bacewicz, Louise Farrenc, Mª Teresa Prieto, música, Oviedo Filarmonía, Tania Perón Deja un comentario
Jueves 10 de marzo, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: Concierto «En clave de mujer». Oviedo Filarmonía, Ana Nebot (soprano), Anne Hinrichsen (directora). Obras de Grażyna Bacewicz, Mª Teresa Prieto y Louise Farrenc. Entrada butaca: 14 €.
Concierto en femenino, desde las compositoras a las intérpretes para un público que apenas ocupó la mitad del Campoamor, una pena porque resulta siempre interesante recuperar obras poco conocidas más en el caso de la ovetense Mª Teresa Prieto y Fernández de la Llana interpretada por su paisana la soprano Ana Nebot que era un aliciente.
Hay que reconocer que las obras elegidas no son para emocionarse pese a su excelente escritura y oficio en cada una de ellas, y esa falta de sentimientos se notó durante todo el concierto, a excepción de las canciones de las asturianas, especialmente las tres últimas, por lo que Anne Hinrichsen, directora alemana afincada en Suiza, se caracterizó por una lectura de las obras algo plana, precisa pero poco «efusiva», limitándose a marcar lo necesario, todo muy académico pero sin pasión, aséptica, aunque la Oviedo Filarmonía siempre responde y volvió a demostrar que funciona tanto en el foso como sobre el escenario afrontando todo tipo de repertorios.
El Concierto para orquesta de cuerda (1948) de la polaca Grażyna Bacewicz (1909-1969) presenta un lenguaje propio del inicio del pasado siglo, tres movimientos bien construidos para disfrutar de una forma musical atemporal y guiños históricos desde una escritura con mucho «oficio» que triunfó en los EEUU o Francia, aunque parece que esta tarde en Oviedo pasó sin pena ni gloria, no sé si por desconocida (aplausos al final del primer movimiento Allegro) o por la ausencia de referentes auditivos, si bien donde la cuerda filarmónica pudo lucirse sería en el Vivo final, destacando en toda ella los solistas de los primeros atriles (Marina Gurdzhiya y Gabriel Ureña) aunque sin la suficiente fuerza como para estremecernos.
Interesante escuchar las Canciones modales de María Teresa Prieto (1895-1982) en la voz de Ana Nebot, quien está recuperando la obra vocal de la exiliada compositora ovetense junto al pianista Aurelio Viribay. Las notas al programa de la doctora en Musicología por la Universidad de Oviedo Tania Perón, verdadera autoridad en la vida y obra de nuestra mejor compositora, analiza este ciclo que adaptado para voz y pequeña orquesta se estrenaría en la capital del Principado, en 1957 ya entonces «La Viena Española», cantando la siempre querida profesora Celia Álvarez Blanco (1933), dirigiendo Ángel Muñiz Toca (1903-1964) la entonces denominada Orquesta Sinfónica Provincial, germen de la actual OSPA, que ya entonces defendía a Prieto como un valor de nuestro patrimonio musical.
Seis canciones con giros folclóricos, por populares, como los de otros grandes compositores españoles, muchos también exiliados, que le dan cierto toque nostálgico, con una escritura orquestal sobria y primando la voz, como así lo entendió Anne Hinrichsen para dar todo el protagonismo a Ana Nebot, que defendió cada una de las seis canciones con total entrega y dominio, gestualidad para todas ellas, matices amplios, volumen suficiente en todos los registros y emociones literarias hechas música, pues pese a faltarnos los textos, los escuchamos con suma atención: la mexicana Sor Juana Inés de la Cruz en las dos primeras, Vicente Aleixandre la última, los asturianos Alejandro Casona (tercera) y Carlos Bousoño (quinta) que en el exilio se sentirían aún más cercanos, y hasta Esta verde hierba de la propia Mª Teresa Prieto, cuarta de las seis canciones que emocionaron al teatro, especialmente Cristo en la tarde y ¿Quién dijo acaso? por su expresividad y excelente fusión de letra y música que las canciones deben tener, y las de la ovetense atesoran, breves e intensas. Bien Oviedo Filarmonía y la maestra Hinrichsen arropando en todo momento a la soprano Ana Nebot.
Por último la Sinfonía nº1 en do menor, op. 32 de Louise Farrenc (1804-1875) volvió a demostrar el oficio de la compositora francesa, una figura de su tiempo y de las pocas que siguen escuchándose en las programaciones sinfónicas (hace apenas un año la interpretó la OSPA dirigida también por una mujer). Bien está reivindicar el papel femenino pero no por el hecho del género sino para dar visibilidad a tanto talento olvidado en los archivos (digno de resaltar los trabajos en redes sociales y especialmente la musicóloga Sakira Ventura y su Mapa de Compositoras) con miles de seguidores), y no digamos en el podio, que comienza a ser pujante incluso como titulares de orquestas, pero no todas las obras tienen la suficiente «calidad» que las permita triunfar en los programas. Así me sucedió entonces y esta tarde con la sinfonía de Farrenc. La Oviedo Filarmonía está en un excelente momento como pudimos comprobar hace cuatro días, y la batuta evidentemente es importante en el producto final pero también la conexión, el trabajo previo (que no parece haber sido suficiente) e insisto en las obras elegidas, y esta «primera» tiene buenos momentos para disfrutar pero carece de ese «plus» que sinfonías de mayor enjundia y poco programadas, esconden y también necesitamos escuchar en vivo.
Al menos María Teresa Prieto sigue sonando en su ciudad, recuperando su excelente catálogo, bautizando el Concurso Internacional de Composición para mujeres del Ateneo Musical de Mieres, y demostrando que la música cada vez es más femenino plural.












































